Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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The Road To Hell [Privado]

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The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Hades el Miér Ago 31, 2016 11:55 am

Por fin el día que he esperado tantos años ha llegado, la noche ha comenzado a hacer su aparición y siento que la emoción recorre mí cuerpo. Mis esbirros han hecho un buen trabajo a la hora de rastrear a aquella presa que se ha escurrido durante tantos años, oculta a mis ojos, pero todos los años de búsqueda han dado sus frutos. No puedo evitar recorrer el lugar con mis ojos y dar un pequeño paseo, todo está preparado, todo está listo para la llegada de esa joven y para el principio del fin. Un final que ella ni osa conocer y que pronto iba a descubrir de una forma diferente y peculiar.

Oigo los pasos que se acercan hasta donde estoy y me giro en aquella gran sala para ver que se arrodillan ante mí y sonrío, la hora esta cada vez más cerca y nada puede parar lo que va a acontecer en las próximas horas. Delante de mí tengo a mis dos mejores hombres con unas órdenes específicas que deben de cumplir, todo está calculado al detalle y no pueden fallar… esa humana tiene que estar aquí esta noche.

-Mis mejores hombres –alzo los brazos al verlos y doy unos pasos en su dirección para luego dejar mis manos sobre sus cabezas- El momento ha llegado y no tenéis que fallarme. Quiero a la humana viva y sin ningún tipo de rasguño –hago presión en sus cabezas y les doy a entender que voy en serio con lo que digo, ella es mía y nadie puede hacerle nada salvo yo- Ya sabéis lo que tenéis que hacer, ahora; traédmela –asienten ya que es lo único que pueden hacer, su lengua fue mutilada hace tiempo como medida de precaución y fidelidad, los veo levantarse y girarse para ir en busca de esa presa especial. En mí interno regodeo de pensarlo me giro y me siento en el trono que siempre ocupo desde donde veo a mis presas encarceladas, y río de forma malvada al imaginar todo lo que tengo preparado- Por fin llegó la hora.




*****




Los neófitos salen de esa enorme casa y se adentran en la noche como perros sabuesos que buscan a su presa, es su cometido, y saben que si fallan algo peor que la muerte será su castigo. Hades nunca tiene piedad cuando sus esbirros le fallan y no será clemente con ellos si no le traen a la humana. Con una mirada se adentran en la ciudad y dejan atrás su guarida y su refugio, están acostumbrados a cazar para su amo pero saben que esa noche no pueden tener fallos, la humana no debe de sufrir ningún daño y eso significa que no le pueden hacer nada.

Otras presas no han tenido esa suerte y antes de llevarla ante Hades han jugado con ella, no pueden hablar pero no les hace falta, sus habilidades de vampiro es suficiente para atemorizar a la presa hasta el punto en que ya no sabe bien distinguir entre ficción y realidad. Esa noche no van a poder hacerlo y tienen que traerle la presa de una pieza. Saben donde está y donde se encuentra, llevan meses observándola entre las tinieblas y nunca se ha percatado de sus presencias. La humana no sabe lo que Hades le tiene reservado y eso, a los neófitos, le produce placer y risa.

La encuentran saliendo de su lugar de trabajo y la observan subidos en los tejados aprovechando que ella no sabe nada, la siguen sin perderla de vista sabiendo el recorrido que hace por las noches y esperan el momento oportuno para atacar. El momento llega cuando ella gira por un callejón, los neófitos sonríen y se dejan caer desde el tejado. Uno aparece delante de ella cortándole el paso, su risa y sus colmillos son visibles y eso la hace retroceder, pero no hay escapatoria. El segundo neófito hace acto de presencia y cae también desde el tejado cortándole el paso a pocos centímetros de ella.

Su única opción es torcer por otro callejón y la risa de los neófitos es más audible y retumba en el lugar. Juegan con ella como una presa aparecen para cortarle el paso haciendo que ella cambie de rumbo, conduciéndola sin saberlo hasta un callejón sin salida.
La humana grita cuando el segundo neófito cae desde arriba y le corta el paso, no tiene nada que hacer y pronto ha caído en la trampa. Se encuentra contra un muro que corta todo camino con un neófito a su espalda y otro que hace aparición a pocos metros de ella. Su final está próximo y siguiendo las órdenes de su amo la aprisionan contra la pared a pesar de la lucha de ella, sus manos quedan inmovilizadas aunque se resiste, su rostro queda tapado por una capucha y un golpe en la cabeza es lo único que recibe para dejarla inconsciente y llevarla ante Hades.



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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Naitiri Zahir el Lun Sep 05, 2016 10:42 am

Era ya bastante tarde cuando terminé de trabajar, había estado ayudando a una de las chicas en la barra y me había tirado allí bastante tiempo sin tener que estar con ningún cliente. El burdel estaba ya casi vacío y no quedaba nadie salvo la gente que estuviera arriba en alguna de las habitaciones, por lo que consideraba que mí turno había acabado. Subí las escaleras hasta llegar a la habitación que siempre ocupaba y me acerqué a la ventana, esta tenía una fina capa de escarcha en el cristal y observé la calle que se veía desde aquel lugar… a pesar de que estábamos en mitad de la primavera y hacía buen tiempo, por la noche refrescaba bastante.

Quise tomármelo con calma ya que seguramente Alessia estuviera durmiendo por las horas que eran, y decidí que me daría un baño antes de salir hacia casa y así ya estaría relajada, en llegar iría directa a la cama y me acostaría. Me gustaba a veces darme allí los baños y no llegar a casa con la olor del ambiente, muchas veces los hombres fumaban bajo y la olor se quedaba impregnada en mi piel, cosa que me asqueaba bastante.

Preparé la bañera con agua templada, dejé la ropa fuera que iba a utilizar al salir y me relajé con aquel baño en el que me tomé mí tiempo… total, nadie me esperaba en casa. Suspiré por aquello, salía a veces tan tarde que no pasaba mucho tiempo con Alessia y lo notaba, ella no me decía nada pero solamente había que ver cómo se comportaba cuando estaba conmigo. Quería demasiado a esa joven y si alguna vez le llegara a pasar algo… jamás me lo permitiría.

No supe cuanto tiempo estuve metida en aquella bañera, lo que sí supe es que salí cuando noté que mis dedos ya estaban arrugados de estar tanto rato en el agua, salí quitando el tapón para que el agua se fuera y me envolví en el albornoz para secarme, y posteriormente, ponerme la ropa que había dejado cerca. Cogí todas las cosas y cerré la puerta de la habitación, bajé las escaleras y me encontré con la Madam que estaba en la barra tomando una última copa antes de irse, me miró sonriendo a lo que le correspondí con otra sonrisa y me deseó buenas noches antes de perderme de su campo de visión y salir por la puerta del burdel.

Nada más salir una ligera brisa rozó mí rostro y me cobijé más en aquel abrigo algo menos pesado y grueso que utilizaba en invierno, resguardándome de la ligera brisa que corría por las calles de París. El recorrido a casa casi siempre era el mismo, a veces cambiaba la ruta pero por inercia iba siempre por el mismo camino, había descubierto un par de atajos para llegar antes por los callejones y es la ruta que iba a tomar aquella noche, sin saber, que eso me cambiaría de una forma que jamás llegué a sospechar.

Torcí por uno de los callejones que solía utilizar para acortar camino, sumida en mis pensamientos que eran bastante diversos, cuando oí el ruido de algo que caía y al alzar mí vista… había un hombre parado justo delante de mí, con sus ojos fijos en los míos. No supe por qué pero un pequeño escalofrío me recorrió de arriba a bajo cuando mí mirada se encontró con la suya, cuando sonrió y pude ver perfectamente unos colmillos asomando de sus labios. Unos colmillos que no era la primera vez que los veía pues ya había tenido alguna que otra experiencia con vampiros, la última fue catastrófica y casi podía haber acabado con mí vida y con la de Astrid. Su risa me congeló por completo hasta el punto en el que retrocedí queriendo alejarme de él… cuando otro ruido a mí espalda me hace girarme.

De nuevo parado delante de mí hay otro vampiro, la risa de este se hace eco en el callejón y me muestra también sus colmillos en una clara advertencia y señal de lo que tienen planeado. Sin pensarlo demasiado y cortada el paso por dos frentes decidí tomar el camino que quedaba a mí izquierda y que era el único por el que podía continuar. Comencé a andar con más rapidez intentando alejarme de aquel lugar y de esos dos vampiros que habían aparecido de la nada, pero cuando intenté salir del callejón por una de las calles… apareció de nuevo uno de los vampiros y me cortó el paso, todavía podía escuchar su risa detrás de mí y eso hizo que comenzara a correr para salir de aquello.

La adrenalina me envolvía y el miedo comenzaba a expandirse por mí cuerpo, desde que conocí el mundo de lo sobrenatural este no ha hecho más que perseguirme en muchos sentidos, hasta el punto en que estaba siendo perseguida por dos de ellos. Y lo peor de todo; estaba sola. Ellos seguían apareciendo cortándome el paso cada vez que intentaba salir de aquel lugar, y la incertidumbre y el miedo se apoderaban de mí cuerpo, mí respiración era errática por la carrera que estaba haciendo e incluso sentía el sudor perlando mí frente.

Giré de nuevo en uno de los callejones y miré hacia atrás para ver si me perseguían cuando al alzar la mirada me di cuenta de que era un callejón sin salida, me di la vuelta rápido pero justo delante de mí apareció uno de los vampiros, y el grito salió de mis labios sin poder controlarlo. Me sentía acorralada y seguramente así era como querían que me sintiera, había intentado escapar por todos los medios pero ellos me habían conducido justo por donde querían: a un callejón sin salida, a una muerte segura.

Escuché una risa detrás de mí espalda y de nuevo aquellos dos vampiros me tenían en el centro de todo, me habían llevado por donde habían querido, habían aparecido en los momentos oportunos para cortarme el paso y ahora me había visto envuelta en medio de ellos, a su merced. ¿Qué harían conmigo? ¿Iban a matarme de forma rápida, o jugarían conmigo como lo habían estado haciendo antes de beber de mí sangre? Me sentía cansada, mi respiración era errática y los latidos de mí corazón eran como caballos desbocados en mi pecho. Sentí miedo, un miedo que jamás había sentido el mí vida al darme cuenta, de una manera horrible, que iba a morir aquella noche en aquel oscuro y frío callejón... alimentando a dos vampiros. Estos no decían nada, lo único que hacían era mirarme de forma fija, con una sonrisa siniestra en sus labios y los colmillos asomando por ellos. Se acercaron a mí los dos y me empujaron con fuerza contra la pared, jadeé por el golpe que había recibido y sentí cómo cogían mis manos entre las suyas con fuerza.



-¡Soltadme! ¡No me toquéis! –les grité soltándome un par de veces de su agarre, pero ellos eran más rápidos y me aprisionaron finalmente pese a que me resistí todo lo que pude empujándolos lejos de mí, ataron mis manos con fuerza sin que yo pudiera hacer nada y uno de ellos sacó una capucha, le di un empujón a uno de ellos y eché a correr pero no llegué muy lejos. Me apresaron de la cintura con fuerza, me pusieron la capucha y sentí un golpe en la cabeza que me hizo perder el sentido.





Cuando desperté después de aquel golpe todavía llevaba la capucha que me habían puesto aquellos vampiros, no podía ver nada y no sabía dónde me encontraba. La cabeza me dolía horrores y sentía que estaba algo mareada. Moví las manos pero estas todavía seguían atadas como antes, y cuando quise mover los pies… no podía, era como si me hubieran puesto unos grilletes y estos también estaban atados sin opción a moverme y el ruido de algo metálico me llamó la atención. Notaba que estaba tumbada sobre algo muy frío, de lado, así que intenté incorporarme y quitarme la capucha que me habían puesto para ver dónde me encontraba, cuando unos pasos que se acercaban a mí me hicieron quedarme quieta, alguien me sujetó por los hombros e intenté revolverme pero su agarre era tan fuerte que no pude hacer nada, me dejó de rodillas y me quitó la capucha.

La poca iluminación que había en el lugar me obligó a cerrar los ojos y a tapar mí rostro con las manos, oí una risa procedente de detrás de mí, y nos pasos alejándose de donde yo estaba. Cuando sentí que ya podía mirar abrí mis ojos para encontrarme en una habitación circular, enorme, iluminada por velas repartidas por toda la estancia y que estaban fijas sobre todo a las paredes. Se podía notar el olor a humedad que había en el ambiente, como si fuera un sitio muy antiguo y viejo, y que no reconocí. Al levantar mí vista me di cuenta de que había un hombre sentado en lo que parecía un trono, oscuro y algo siniestro, que me miraba con una sonrisa en los labios divertido justo en frente de mí.



-¿Qué…? –susurré presa de la conmoción, ¿quién era aquél hombre y por qué estaba encadenada? Preguntas para las que no tenía respuestas, lo único que sabía en cuanto mis ojos se cruzaron con los suyos era que aquel hombre… poseía casi el mismo rostro de la muerte. Y me estaba mirando de forma fija. El miedo volvió a apoderarse de mí extendiéndose por mi cuerpo, y un escalofrío me recorrió entera.


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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Hades el Sáb Sep 10, 2016 10:59 am

Estoy impaciente, mis neófitos han salido ya hace un rato y el desespero me puede por momentos. Todo está calculado desde hace tiempo, todo está previsto y no hay margen de error, no puede haber margen de error esta noche. Ellos tienen que traérmela viva y sin ningún tipo de rasguño, es la única condición que he puesto y es la que tienen que cumplir. Y sé que no osan traicionarme, ellos saben lo que pasa si uno de ellos no me hace caso y no es la primera vez que ven como mato a uno, lo torturo hasta que no puede más, y lo dejo morir encadenado en la pared sin darle ningún tipo de alimento.

Recorro la estancia y me dirijo hasta la parte de donde están las celdas, hay varias pero están todas vacías… a excepción de una. En otros años aquellas celdas estaban llenas de humanos con los cuales jugaba, ahora había cesado aquello durante el tiempo que por fin di con ella y todo el plan fue urdido. Mis pasos resuenan por el lugar y ya puedo sentir a la joven que está presa estremecerse, lleva meses encerrada y su voluntad ya ha caído como una alta torre… está por los suelos y lo único en lo que piensa es en que un día le de fin, pero ese día todavía no ha llegado y aún le queda de ser mí prisionera.

Me paro ante la puerta de la celda y siento a la perfección el latir de su corazón, es desbocado y rápido, errático, y sonrió sin evitarlo. La risa inunda el lugar y ella se encoge mientras piensa que voy a entrar y voy a torturarla de nuevo. Saco la llave de uno de los bolsillos y abro la celda, paso dentro y me agacho hasta la joven para coger un mechón de su pelo y olerlo. Ella se estremece más y niega con la cabeza, que tiene apartada, para no mirarme y yo solo me río más.


-Pronto tendrás compañía –mí voz es un susurro pero sé que ella me oye, sus ojos me miran con miedo y con incertidumbre y levanto su rostro- Pero no durarás mucho para comprobarlo –retiro su rostro con brusquedad y salgo de la celda para pasar a mirar, por enésima vez, la que va a ocupar aquella humana. Las cadenas están fijas y no hay nada que pueda ayudarla a escapar. Va a ser mí prisionera el tiempo que yo así la decida, va a claudicar muchas cosas y por fin iba a ser lo que hace tanto tiempo llevaba esperando.

Salgo de la celda y me voy al centro de la sala, hay un trono donde me siento y me dejo caer sobre el, apoyo un codo en el brazo y mí cabeza en un puño cerrado. Con la otra mano doy ligeros golpes con mis dedos, odio no saber lo que está pasando y la desesperación me invade. No tengo paciencia y ya quiero que crucen por la puerta y me dejen a la humana delante de mí, casi puedo saborear ese momento y me muerdo el labio… pronto, pronto la tendría delante de mí.

Y el momento llega, han pasado más de hora y media y siento que mis hombres han llegado, miro hacia la puerta y hacen acto de presencia. Primero entra uno y seguido de este el otro con la humana entre sus brazos. Tiene una capucha que oculta su rostro, sus manos están atadas y parece inconsciente. Sonrío de lado porque sé que no le han hecho nada, aunque tengo una forma de comprobarlo sin que puedan mentirme. No tienen lengua pero no les hace falta hablar, con solo tocarlos puedo saber todo lo que han hecho. Se acercan hasta donde estoy, se paran a los pies de las escaleras y se arrodillan inclinando su cabeza, el segundo de mis hombres sube hasta llegar delante de mí y, a unos pasos, deposita a la humana tumbada en el suelo. Los miro y me levanto mientras él retrocede hasta donde está el otro.


-Mis hombres, espero que hayáis cumplido con mis órdenes a la perfección, sino… -dejo la frase a medias pero ellos ya saben lo que quiero decir, saben que puedo matarlos fácilmente y que no me supe nada el hacerlo. Dejo mis manos sobre sus cabezas y cierro los ojos, puedo ver desde dos puntos de vista diferentes cómo ha sido el secuestro; cómo la han cercado, como la han perseguido y como la han cogido. No ha sufrido daño alguno y sonrío por ello, quito mis manos de sus cabezas y las levanto- Buenos chicos, ahora, podéis llevaros a la humana de la celda para vosotros –ellos sonríen y les veo lamerse los labios, lo que le vayan a hacer a la humana ya no me importa- Pero dejadla con vida, aún tiene algo que cumplir para mí –se levantan tras mis palabras y se van a las celdas donde está la otra joven, sus gritos se oyen por el lugar y los veo desaparecer al cabo de unos minutos mientras yo me quedo a solas.

Tengo ganas de quitarle la capucha y que se despierte todavía sin creer que todo aquello está pasando, después de tantos años frustrados de búsqueda por fin está ante mí, atada e inconsciente, pero es el principio de su fin, un fin que llegará quiera o no. De repente oigo su respiración algo más agitada, mueve sus manos pero estas están atadas y no puede hacer nada, intenta incorporarse pero sus pies también están atados… está indefensa ante mí, y ni siquiera ella lo sabe. Ando a su alrededor como un tiburón que acecha a su presa y me quedo a su espalda, la levanto de los hombros, la dejo arrodillada y… le quito la capucha que tiro lejos.

Mis pasos se dirigen de nuevo al trono y me siento para mirarla, no sabe donde está y tapa su rostro unos segundos. Su pelo oscuro cae en ondas por su cuerpo como una cascada, su mirada va a todos lados hasta que recae en mí. Sonrío y observo sus ojos de color miel que me miran con duda y temor, su pregunta es un susurro y mí risa se eleva en el lugar. Me levanto y me acerco a ella sintiendo su miedo, pero no puede moverse, levanto su rostro y sonrío. Es preciosa y tal y como la recordaba, su olor me envuelve y su sangre me llama para que la muerda, pero todavía no es el momento.



-Me alegro encontrarte de nuevo, Naitiri, ha pasado mucho tiempo y déjame decirte que eres deliciosa –río por ello y siento que mis colmillos crecen, quiero hacer tantas cosas que no sé si podré contenerme- Voy a disfrutar quebrándote, y luego, serás mía.



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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Naitiri Zahir el Lun Sep 19, 2016 10:25 am

Lo último que podía recordar era haber sido perseguida por unos neófitos que sin que yo me diera cuenta, me condujeron hasta un callejón sin salida, como si supieran exactamente por dónde me estaban guiando… hasta que caí en su trampa de lleno. La risa de aquellas neófitos cuando me tuvieron acorralada fue algo que se quedó en mí mente, sus sonrisas siniestras como si disfrutaran de lo que estaban haciendo resonaban todavía en mí cabeza… y no tenía duda alguna de que habían disfrutado con aquello. Pensé que aquel era mí fin, pensé que mí vida iba a acabar en aquel momento porque, ¿cómo había forma de librarme? Estaba atrapada en un callejón, uno de los tantos que había por París, sin posibilidad de escaparme y sin salida alguna. Nadie me había visto ni nadie sabía que estaba siendo perseguida por aquellos neófitos…

Cuando me tuvieron acorralada por ambos frentes supe que todo se iba a terminar, y solo podía rogar para que aquellos seres tuvieran algo de piedad  y acabaran pronto con mí vida. Si tenían que matar y si ese era mí final nada podía hacer para evitarlo, ¿pedir ayuda? ¿Gritar para que alguien me escuchara? Rondaron mí mente aquellos pensamientos, si aquellos neófitos iban a acabar con mí vida presentaría toda la batalla que pudiera darles aunque no supiera realmente nada sobre defenderme. Lo único que sí sabía es cómo podía matarlos, lo había visto una vez de manera muy… cercana, y sabía de otras formas. Pero no tenía ni idea alguna de luchar, aunque sí sabía repartir algún que otro golpe.

Huir no era una de las opciones ya que no podía hacer nada, cada vez me sentía más cercada y más acorralada por aquellos seres. Y en cuanto di el primer grito pidiendo por ayuda… el que estaba delante de mí se abalanzó estrellando mí espalda contra la pared. Mis manos fue lo siguiente que intentaron apresar pero pude librarme de uno de ellos con un empujón, que aproveché para intentar escabullirme pero no dio resultado. Su risa fue mayor aún con aquel gesto mío de rebeldía, y ni siquiera decían nada, solamente la risa retumbaba por el callejón hasta que sentí que cubrían mí rostro con una capucha… y la oscuridad fue lo siguiente que me envolvió.

Cuando desperté ni siquiera supe cuánto tiempo había pasado ni dónde me encontraba, la cabeza me dolía por el golpe y estaba algo mareada por ello. Seguía llevando puesta la capucha y al intentar incorporarme me di cuenta de que también tenía los pies atados. Estaba tumbada sobre una superficie fría y sentí unos pasos a mí alrededor, lo siguiente que sentí fue unas manos en mis hombros que me levantaron dejándome de rodillas, con las manos atadas delante de mí, y fue justo cuando me quitaron la capucha. La luz que provenía de la estancia fue tanta que, por la diferencia tan brusca, tuve que cubrir mí rostro durante unos segundos mientras me acostumbraba a la luz que había en el lugar.

Los pasos que estaban detrás de mí se movieron por uno de mis lados y se alejaron hasta que sentí que cesaban, y el silencio reinó de nuevo en el lugar. Cuando quité las manos de mí rostro y mis ojos se fueron acostumbrando al lugar lo primero que percibí fue el fuerte olor a humedad que había en el entorno, el lugar estaba repleto de velas en candelabros por toda la pared y una gran lámpara en el techo justo sobre mí cabeza. Era una habitación circular con paredes oscuras, como si hubieran sido hechas de piedra y fuera como una cárcel de un castillo antiguo.

Había bastante moho en todo el lugar y el aire estaba viciado y muy cargado, cada respiración que daba podía notar como era muy pesado, como si costase algo poder respirar de forma normal, y realmente era costoso. Parecía que era un lugar que había estado cerrado durante mucho tiempo y el aire estuviera, por ese motivo, tan cargado. Había por toda una de las paredes grilletes suspendidos que estaban abiertos y parecían bastante oxidados, como si llevaran allí mucho tiempo. Mí vista siguió hasta que tuve que apartarla algo horrorizada, al darme cuenta de que había alguien colgado en uno de los grilletes. Llevé mí mano para tapar mí boca, no se podía ver mucho de lo que quedaba de lo hubiera sido aquella persona, lo único que se podía distinguir eran los huesos que habían dejado su cadáver. Me di cuenta, mientras miraba aquel lugar circular que había una puerta detrás a mí derecha, de hecho, era la única puerta que había en aquella sala, y un pasillo en el lado izquierdo y que estaba iluminado levemente por antorchas en las paredes.

Detrás de mí unos escalones que hacían donde estaba como si fuera algo que sin duda alguna lo hacía ver de mayor grado por estar algo más elevado. Mí vista, entonces, reparó en la risa que provino delante de mí y que hasta ahora había obviado intentando averiguar donde me encontraba. Había a pocos pasos, justo en el centro de aquel lugar, había un hombre sentado sobre un trono oscuro, con algunas calaveras a los lados. Su mirada estaba fija en mí y portaba una sonrisa tan siniestra, que no pude reprimir el escalofrío que recorrió mí cuerpo.

Se levantó dejándome ver lo alto que era y lo que imponía solamente conforme andaba, sus pasos retumbaron por el lugar acercándose a mí, como si yo fuera una presa y el me estuviera acechando. Sus ojos brillaban de una forma que no pude definir con exactitud a qué se debía ese brillo, pero no era nada bueno. Se quedó delante de mí se rió tras mí pregunta, el miedo me recorrió el cuerpo sin saber quién era él y por qué estaba atada en aquel lugar. Sus dedos, fríos como el hielo, tocaron mí piel y desprendieron ese helor que supe ubicar por haber tratado ya con algún vampiro, levantó mí rostro y me miró a los ojos mientras yo solamente quedaba a la esperaba sin poder hacer nada, con el miedo recorriéndome por todo el cuerpo.

Mis ojos se abrieron cuando pronunció mí nombre y él volvió a reírse, como si disfrutara de alguna forma del desconcierto que me provocaba ese hecho. No reconocía a aquel hombre de nada, su rostro apenas podía ubicarlo y que él me tratara con aquella familiaridad, con ese tono y ese toque había hecho al pronunciar mí nombre… me asustó aún más. Quise apartarme de él y alejarme, pero tenía el agarre bien fuerte sobre mí rostro y solamente me quedaba mirarlo mientras él hacía lo mismo conmigo. Sus siguientes palabras no me despejaron más dudas, ¿Quebrarme? ¿Hacerme suya? Iba a decir algo cuando, desde el otro lado de la puerta, comencé a oír gritos de lo que parecía una joven, gritos desgarradores que me encogieron el alma. Fuera quien fuese lo lamentaba por ella, y esperaba, no estar en su situación.

Aquel hombre volvió a reírse de nuevo y sin apartar sus manos de mí rostro me levantó hasta que quedé de pie, incluso así tenía que agacharse para mirarme y que su rostro quedara cerca del mío. Llevé mis manos para intentar apartarle pero lo único que hizo fue apretar su agarre entorno a mí, y con su otra mano tirar de mí pelo hacia atrás con fuerza, haciendo que jadeara por ello. Sus labios perfilaron mí cuello y sentí que, conforme subía por él, inhalaba con más fuerza por su nariz… como si estuviera deleitándose con ello.



-Suéltame –le dije con mis ojos mirando los suyos, azules, que se clavaron en mí para luego sonreírme mostrando así sus colmillos, pasando uno de estos por la piel de mí cuello a lo que intenté revolverme, pero me cogió con mucha más fuerza de la que yo tenía y me inmovilizó, dejándome quieta mientras más gritos y risas sacadas del mismísimo inferno se colaban a través de la puerta.
-¿Soltarte? –Se rió contra mí piel, dejó una lamida por todo mí cuello que me produjo asco y dejó su rostro enfrente del mío- Ahora que por fin, tras estos años he conseguido encontrarte, ¿piensas que te voy a soltar justo cuando te tengo? –su risa era incesante y malévola, retumbando y haciendo eco por el lugar como si quisiera burlarse de mí.
-¿Quién eres, y por qué me tienes aquí? –su risa cesó y sus ojos me miraron, esta vez, como si fueran dos trozos de hielos que me atravesaban con la mirada. Su agarre se intensificó aún más y me dio una sacudida, como si intentara contenerse de algo que yo desconocía.
-¡¿No sabes quién soy?! –Gruñó- ¡Qué rápido te olvidas de aquellos que te quisieron una vez! –no entendía nada de lo que me estaba diciendo, pasaron unos breves segundos y su rostro cambió de nuevo mostrando una sonrisa que no presagiaba nada bueno… como si hubiera cambiado de opinión- Oh, ya tendrás tiempo para que recuerdes quien soy, Nai. Después de todo pasarás aquí mucho tiempo –comenzó a reírse mientras me miraba, y yo, cada vez temía más lo que aquel hombre pudiera hacerme.


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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Hades el Dom Sep 25, 2016 5:12 pm

La visión que tengo delante de mí es la mejor que sin duda he tenido durante muchos años, por fin todo lo que ha costado encontrarla ha sido recompensado, todas las noches que soñé con tenerla, todos los pensamientos de tenerla conmigo de aquella forma; mía. Delante de mí, atada y sin saber por qué está aquí. Su precioso rostro no tiene comparación con ninguno visto en la ciudad, sus ojos de color miel me miran con dudas durante unos breves segundos y luego comienza a mirar y a observar el lugar donde se encuentra. Sus pestañas largas que adornan esos ojos y le dan más viveza, sus labios sensuales y carnosos que solamente he podido probar un par de veces y que he anhelado muchas veces… su pelo, esa cascada castaña que le cae a ondas y enmarca más su rostro, que le da ese aspecto exótico y de alguna forma prohibido.

Sí, muchas noches me la imaginaba así conforme estaba y eso me produce placer, por fin es mía y por fin va a ser para mí de forma definitiva. Por la mente se me pasan muchas cosas y no sé cual de todas quiero hacerle, mientras solamente la contemplo enfrente de mí y dejo que curiosee el lugar. Lo que tengo preparado para ella ni se lo puede llegar a imaginar y esto ni siquiera ha empezado, todavía no he hecho ningún movimiento y ya siento que mis colmillos quieren crecer y hundirse en la suave piel tostada que posee, esa que tantas veces he querido acariciar, que he buscado en otras mujeres, y que siempre he fallado en el intento.

Sus ojos se apartan cuando vi lo que queda de un nombre colgado en la pared con los grilletes puestos, mí sonrisa se acentúa mientras la observo y casi río por ello, disfrutando con la vista que tengo delante de mí. Ha crecido mucho y el recuerdo que tengo de ella no le hace justicia a cómo está ahora, es una mujer muy hermosa y que sin duda estoy seguro que es la perdición de muchos hombres… pero ahora no será más que mí perdición, una que por fin he logrado conseguir. Los gritos que se oyen a través de la puerta me hacen sentir más excitado, mis hombres están disfrutando de esa joven que fue el último intento de tenerla y estoy seguro que ellos la van a tratar con mucha más delicadeza de lo que yo lo haría.

Puedo sentir la calidez de su piel bajo la frialdad de mis manos, está tan viva que me resulta hasta en cierto modo frágil, un agarrón más fuerte de lo normal y puede quebrarse ante mí, pero no es así como quiero que se quiebre, sino de otra forma muy distinta. Levanto su rostro para mirar esos ojos de color miel que me miran con dudas y con miedo, he visto el miedo de muchas maneras distintas y lo distingo sin que me resulte difícil. Sin mucho esfuerzo la levanto sin soltar mí agarre de su rostro, no me es complicado el hacerlo, la fuerza que me confiere ser vampiro hace que la alce como si fuera una pluma, la dejo en pie sin apartar mí mirada de la suya y mí sonrisa en mis labios.

Es algo más baja que yo y me obliga a agachar mí rostro, incluso sin acercarme tanto puedo oler el delicioso aroma que desprende su piel, uno que me hace volverme loco mientras oigo su corazón bombeando con fuerza en su pecho, alterado, bombeando más sangre con mayor rapidez, y mis ganas crecen al igual que crece el bombeo de su corazón. Pero debo de contenerme pues no es así como quiero que sean las cosas, con pausa, con calma… tengo todo el tiempo del mundo.

Sin esperarlo la primera reacción de resistencia llega cuando siento sus manos golpear mí pecho intentando, en vano, apartarme pero no lo consigue, no tiene la fuerza suficiente y necesaria para hacerlo. Me gusta que se revele, que no sea una sumisa obediente porque lo pone todo mucho más interesante. Mí agarre se cierne más sobre ella y tiro de su pelo hacia atrás a lo que ella suelta un jadeo que me excita dejando su cuello tenso. No puedo evitarlo y llevo mí nariz a su cuello inhalando su aroma, dejando envolverme por el, aspirando con fuerza hasta que oigo esa palabra que me hace mirarla, sonreírle mostrando mis colmillos para luego deslizar uno de ellos por su cuello, advirtiendo lo que puedo hacerle.


-¿Soltarte? –río contra su piel, lamo su cuello y me deleito con su sabor y dejo mí rostro a la altura del suyo- Ahora que por fin, tras estos años he conseguido encontrarte, ¿piensas que te voy a soltar justo cuando te tengo? -Ella no sabe lo que significa eso, si es mí prisionera es porque no pienso dejar que se vaya y menos tan rápido. Aún le queda mucho por ver, y mucho por lo que pasar. Su Infierno no ha comenzado todavía y no puede escapar de el. Mí risa es la confirmación de que sus palabras son un sueño y una súplica en vano, mí risa resuena en el lugar y le da un aspecto más tétrico y dramático. Siento que brota desde mí pecho y me resulta hasta gracioso que lo diga, pero no puede hacer nada para cambiarlo. Su siguiente pregunta me hace que pare en seco, mí risa se corta y siento en mí pecho un gruñido que sale desde lo más hondo de mí interior, la rabia sube por todo mí cuerpo y siento que va a explotar en unos segundos. La agarro con más fuerza y hasta la sacudo un poco queriendo olvidar su pregunta- ¡¿No sabes quién soy?! –Gruñí con mis ojos puestos en los suyos- ¡Qué rápido te olvidas de aquellos que te quisieron una vez! –porque yo la quise y aun lo sigo haciendo, a mí manera, para mí, la quiero. Pero, ¿eso no lo hace todo más interesante? Ella no recuerda quien soy pero yo puedo mostrarle de una forma dolorosa quien era y por qué la conozco, solo es un juego más, algo más de diversión para mí y pienso aprovecharla- Oh, ya tendrás tiempo para que recuerdes quien soy, Nai. Después de todo pasarás aquí mucho tiempo –río de nuevo y cojo un mechón de su preciosa melena, inhalo su olor y un suspiro sale de mí boca, la brecha pequeña que tiene en su cabeza me tienta demasiado y al final lamo su sangre. Un gemido se escapa de mis labios al sentir el sabor de su sangre, es la mejor que he probado, la más deliciosa de todas- Deliciosa –murmullo entre su pelo y la miro- Aún no he empezado contigo –sigue atada y así seguirá hasta que yo quiera, la levanto sin mucho esfuerzo y la pongo a mí hombro mientras ella grita y me da patadas parando mí avance, mí mano se eleva con rapidez y le doy un azote en una de sus nalgas con fuerza, tanto, que hace eco en el lugar y su grito no se hace de esperar- ¡Calla!, o te daré más y más fuertes –pero no calla, se rebela y en mí fuero interno disfruto y mí risa estalla en el lugar sonando y llenándolo todo mientras mis pasos van hacia la celda que tengo preparada para ella. Abro la puerta y paso dentro y la dejo caer al suelo sin mucha delicadeza, cojo sus manos atadas y utilizo los grilletes que hay en la celda para inmovilizarla, su mirada desprende fuego y yo siento que me enciendo de solo mirarla… por fin es mía y por fin mí plan va a comenzar. Desato sus piernas y la contemplo agachado frente a ella, con una sonrisa torcida y ladina- Descansa preciosa, si es que puedes, tú estancia en el Infierno ha comenzado y te garantizo… que será una eternidad para ti Nai. Y pronto, te unirás a mí –acaricio su rostro y ella intenta evadirme, pero un guantazo en modo de advertencia le hace saber que no puede hacer nada, y mi dedo la señala- Aprende cuál es tú lugar, el que siempre ha sido y recuerda; sólo eres mía –Sé que con esa frase va a entender algo, su mirada mismo me lo dice pese a que irradia odio y rabia, sé que le hará preguntarse más cosas y yo solo me río, disfruto viendo su debate, y me levanto para cerrar con llave la celda donde pasará el resto de su confinamiento.



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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Naitiri Zahir el Mar Oct 04, 2016 10:52 am

Podía notar como mis fosas nasales se inundaban con aquel olor que estaba impregnado por todo el lugar, el aire estaba mucho más viciado y costaba mucho más respirar… seguramente habría pasado tanto tiempo cerrado que por eso notaba todo el ambiente pesado. Pero a él no parecía para nada costarle respirar, de hecho, dudaba de que respirar fuera una de sus preocupaciones. Se había acercado a mí y me tenía doblegada a su merced sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo. Tenía mucha más fuerza que yo y el hecho de estar atada no hacía más que darme problemas. Pero , ¿qué era lo que podía hacer? ¿Escaparme, quizá? Solo había una puerta en aquella sala y dudaba mucho de que por el pasillo que había a mí izquierda hubiera alguna salida… desde donde estaba podía ver que habían algunas celdas, y me pregunté cuánta gente había estado en aquel lugar antes que yo.

Decía que no iba a soltarme porque había estado años buscándome, ¿quién era aquel hombre que tenía delante de mí, con su mano en mí pelo, y su mirada azul y fría como el hielo? No lo reconocía, intentaba hallar en mí mente algún recuerdo de aquel hombre… pero no había ninguno. Entonces, ¿por qué decía que se había pasado años buscándome? No lo entendía, jamás lo había visto pero al parecer él me decía que si, y que me había olvidado de él. Así que pensé que seguramente se había equivocado de persona y buscara a alguien parecida a mí… pero la forma, la manera en la que tuvo de pronunciar la abreviatura de mí nombre me produjo un escalofrío.

No, aquel hombre como bien decía debía de conocerme pese a que yo no lograba ubicarlo para nada, debía de haberme conocido en algún momento de mí vida y yo no podía saber cuál. ¿Quizás cuando empecé a trabajar con la Madam? Sabía que había vetado la entrada a varios hombres y que no habían podido volver por allí pero… entonces, ¿por qué decía que me había estado buscando esos años? Si sabía donde trabaja no le habría costado mucho encontrarme… con cada frase que decía más y más preguntas acudían a mí mente, mientras seguía con el agarre entorno a mí.

Podía sentir su mano gélida y fría como el hielo, mortecina, sobre mí mentón elevando así mí rostro para que pudiera mirarlo bien. Era un hombre más alto que yo y su cuerpo casi doblaba al mío por la constitución que tenía. Decía que iba a pasar allí mucho tiempo y supe, en el fondo, que una de esas celdas iban destinadas para mí… y no iba a hacer nada para poder evitarlo. Los gritos y las risas todavía se oían fondo y recé para que no fuera yo la siguiente. Aquel hombre cogió un mechón de mí pelo y aunque intenté apartarme pude notar que dejaba su nariz y comenzaba a inhalar con fuerza, mientras yo me revolvía de su agarre como podía.



-Suéltame –volví a pedir mientras él soltó una risa, que me congeló por lo siniestra que fue, lanzó un suspiro y luego lamió la parte de arriba de mí rostro. Gemí por el dolor que me produjo aquello notando como su lengua se pasaba por el lugar de forma lenta, y aunque intento alejarme, su agarre es tan férreo que apenas consigo moverlo a él. Un gemido salió de sus labios mientras yo me sentía asqueada de que hiciera eso, sus palabras de que era deliciosa me produjeron un escalofrío y supe que lo que quería era mí sangre. Estaba atada ante un vampiro que quería beber de mí sangre, y a saber qué más era lo que pretendía hacerme aquel hombre sin que yo pudiera evitarlo. Sin esperarlo siquiera noté que me levantaba de donde estaba, me cargaba, y me ponía en su hombro llevándome como si fuera un saco de patatas que cargara con él- ¡Suéltame imbécil! ¡Bájame de aquí! –comencé a revolverme, a darle puñetazos en la espalda y a darle patadas todo lo fuerte que podía pero él seguía andando tan tranquilo como si no le estuviera haciendo nada.- ¡AH! –el grito salió de mí boca sin que pudiera evitarlo al sentir cómo me había azotado de aquella forma, notando que me picaba demasiado allí donde me había dado y sintiendo que seguramente me habría dejado un rodal por cómo me había pegado de fuerte. Pese a su amenaza de que me daría más y más fuerte no dejé de moverme, no dejé de patalear intentando zafarme de su agarre mientras nos adentrábamos en aquel pasillo lleno de celdas.

Mientras él andaba me di cuenta de que todas, absolutamente todas, las celdas estaban vacías. No había nadie allí metido y yo iba a ser la única que estuviera en aquel húmedo y lúgubre lugar si aquella chica no conseguía salir con vida… porque no me quería ni imaginar lo que le estarían haciendo. Mientras andábamos su risa se hizo eco en aquel pasillo hasta que oí que abría una de las puertas, pasábamos dentro y… me tiró al suelo, haciendo que un quejido de dolor por el golpe saliera de mis labios. Intenté irme y alejarme pero me cogió con rapidez del tobillo y tiró hacia él cogiendo mis manos atadas y encadenarlas a los grilletes que había en la pared, soltó las ataduras de mis pies y le intenté dar una patada que él, sin mucho esfuerzo, paró cogiendo mí pie con fuerza.

Lo miré con la rabia consumiéndome por dentro y el fuego danzando en ellos, quisiera liberarme y ojalá supiera pelear y defenderme porque siento que necesito luchar contra él si quería salir de allí con vida… aunque mis opciones sean escasas. Estaba convencida de que mí fuerza sería un mero roce para él si es que conseguía darle, y es cuando me dio cuenta realmente de lo débil que soy, de que no he podido hacer nada por defenderme, no sabía nada sobre cómo actuar y es algo que hace que mí rabia y la ira crezcan más. Solo pienso en la forma de salir de allí mientras su sonrisa se acentúa y me sus ojos muestran el brillo de la diversión danzando sobre ellos. Esto le divierte, y según ha dicho, ni siquiera ha empezado conmigo.


-Vete al Infierno –le solté cuando me dijo que descansara y que mí estancia en el Infierno había empezado, pero que sería una eternidad para mí. Quisiera hacerle algo, alejarlo de mí, golpearlo, parar esa sonrisa ladina que me estaba crispando por momentos y que no presagiaba nada bueno… al contrario, hacia que un escalofrío me recorriera entera y pensara en todo lo que tenía preparado para mí aquel hombre. Su mano se acercó a mí rostro y, aún atada como estaba, me negué a que me acariciara el rostro por lo que lo giré no queriendo que sus manos me rozaran… un guantazo sonó en el aire cuando su mano estalló contra mí mejilla, ladeando mí rostro tan fuerte que hasta me dolió el cuello por ello. Jadeé por aquello sintiendo que mí pelo me tapaba parte de la visión de mí rostro pero que, aún así, podía ver su dedo señalarme como si intentara advertirme algo. Y lo hace. Sus palabras llegan hasta mí de una forma que jamás llegué a pensar que podría sentirme así de nuevo, lo miré de forma desafiante por ello sabiendo que esas palabras estaban dichas para hacerme daño y con una única intención; hacer que yo recordara. Y para mí desgracia me hacen recordar.

-Jamás seré tuya...
-fue lo único que murmuré mientras él se ríe mirándome y supe que disfrutó con aquello antes de levantarse y dejarme a solas en aquel lugar, cerrando la puerta de la celda y alejándose por el pasillo donde todavía resonaba aquella risa. Solo cuando estoy sola es que rememoro la frase y no tenía que buscar demasiado para saber de dónde la recordaba: era la misma frase que me repetía el proxeneta cada vez que hacía algo que no le gustaba, cada vez que me hacía ver que era de él, que nadie iba a quererme jamás, y que él era mí dueño para hacer conmigo lo que le diera la gana. Me mordí el labio con fuerza y tiré de los grilletes que me aprisionaban presa de la rabia, notando como esa herida que me estaba costando cerrar… se abría de nuevo. Mí pasado, de alguna forma, estaba volviendo para atormentarme y jamás llegaría a saber cuánto lo haría.

Las siguientes horas que pasaron fueron lentas, horribles y como si hubieran pasado mil años. Parecía que el tiempo no quería correr y ni siquiera sabía qué hora era, si era de día, si la noche seguía o estábamos cerca del amanecer. En aquel lugar no había ningún resquicio por donde pudiera entrar algo de luz… y me recordó, sin quererlo, a aquellos años donde había pasado confinada en un cubículo a oscuras, sin poder moverme, atada… justo como estaba ahora. A solas, con la única compañía la oscuridad y el silencio roto a veces por mis llantos que al proxeneta no le gustaba y muchas veces me había pegado para que dejara de llorar. Uno a uno, aquellos recuerdos, volvieron a mí mente cuando pensaba que jamás volvería a revivir aquello… solamente tuve compañía cuando aquellos neófitos que me habían apresado entraron de nuevo en las celdas, justo delante de la mía, y dejaron a aquella joven que por más que traté de llamar en cuanto ellos se fueron era como si estuviera inconsciente, porque no me contestó en ninguna de las veces que la llamé.



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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Hades el Miér Oct 19, 2016 7:05 pm

Mí interior goza al ver que finalmente obtengo lo que tanto tiempo he buscado, se regocija en la presa que he obtenido y que por fin va a ser mía aunque ella aún no lo sepa, aunque no sepa que su destino está sellado y que nada de lo que diga, nada de lo haga va a poder cambiar aquello. No, ella tiene aún muchas cosas que pasar, mucho que recordar y yo iba a ser el encargado de hacérselo ver de una forma que jamás podrá olvidar en el resto de su larga vida. Todo está listo y preparado para el plan siga su curso, ahora que ella está en la celda me siento más tranquilo y sé que nada va a fallar, todo está medido para que nada se salga de lo normal, para que nada falle en esos días que estará presa hasta que, ella quiera o no, sea mía para siempre.

El plan que he urdido por años no tiene fallo ni error alguno, todo está pensado para que los sucesos sigan su curso y terminen en un trágico final para ella que será su renacimiento, como un ave fénix que resurge de sus cenizas. Hermosa, etérea, fría, letal, inmortal y mía… sólo mía. Nadie salvo yo debería de haberla tenido todos aquellos años, nadie salvo yo debería de haberla tenido en su poder y ahora que la he encontrado solo puedo pensar en que llegue el ansiado momento, su mente es frágil y se puede romper en mil pedazos… de hecho, es precisamente lo que busco.

No he estado observándola estos meses sabiendo su rutina, la gente a la que suele ver y que es parte de su vida, sus movimientos, sus gestos que mis neófitos han recabado para mí. Solo tengo que poner mí mano sobre ellos y todo lo que ellos hayan visto pasará a mí conocimiento y a formar parte de mí como si yo hubiera estado allí. Ella se ha convertido en una joven muy hermosa, su piel dorada resalta sin necesidad del sol, su largo cabello ondulado desprende un aroma que me vuelve loco por hacerla mía, sus pestañas largas y negras acentúan esos ojos color miel que pueden derretir a cualquier mortal, e inmortal también. Sus labios son un pecado terrenal y su cuerpo la mayor de todas las lujurias juntas… y será mía, solo mía durante el resto de la eternidad.

Sé que su mente está confusa por las palabras que le he dicho antes de irme, sé muy bien cómo actuaba el proxeneta con ella y quiero que recuerde poco a poco… aún no sabe quien soy pero pronto se dará cuenta y será demasiado tarde. Ya es tarde para que algo cambie. Su mente empieza a quebrarse y aún le queda mucho hasta que esté echa añicos, hasta que no le quede nada más que entregarse a mí y yo la haré inmortal. Ese pensamiento me produce una risa que resuena en el lugar, la he dejado sola en la celda encerrada y atada como siempre solía estar, en un lugar pequeño y sin luz, está sola en aquella gran sala mientras observo cómo mis hombres se divierten con esa humana, cruzo los brazos sobre el pecho y puedo ver sus lágrimas caer de sus ojos.

Apenas le quedan fuerzas y sangre y si dejo que todo continúe acabará muerta en esos momentos. No me importa, ella fue el último error que cometieron mis hombres al pensar que era Naitiri, su vida me es indiferente y sé que pronto va a morir pero si tiene que hacerlo quiero ser yo quien le quite la vida. Está semi desnuda y mis hombres se divierten con ella en pago por haberme traído a Naitiri viva e ilesa tal y como pedí, conocen que si fallan una muerte lenta les espera, pero si son fieles a mí cometido, una recompensa les aguarda. Aquella noche le había tocado a esa humana, la última que quedaba de una larga búsqueda.


-Suficiente –ordeno sin levantar la voz, mis hombres me miran y uno de ellos lame su labio lleno de la sangre de la humana- Quizá la humana nos pueda servir más adelante y ya os habéis divertido bastante –el sabor de la sangre de Naitiri aún la puedo sentir en mí boca y eso me hace morderme el labio… es tan deliciosa como lo es ella a simple vista y sé que debo de ser precavido sino quiero matarla por falta de alimento- Llevad a la humana a su celda, aún le queda para que su muerte llegue y nos va a ayudar todavía un poco más –sonrío ladino pensando que puede ser un eslabón en mí plan y tenerla cerca de Naitiri puede hacerle ver lo que le espera, puede hacerle comprender que solo se salvará si decide unirse a mí. Mis hombres la levantan y me doy cuenta de que la humana ha perdido el conocimiento y oigo su corazón latir débilmente.

La sala se queda en silencio y solo se oyen las pisadas de mis hombres llevando a la humana a su celda dejando tras de sí un rastro de sangre por la herida que tiene, no es mucho, le han mordido en el cuello pero ellos no dejarán que muera o yo mismo los mataré con mis manos. Cruzo el pasillo y salgo a otra sala, más pequeña que donde están las celdas, y veo a los demás neófitos que he creado hace tiempo como un pequeño ejército, mis esbirros, aquellos que llevan los actos en mí nombre. Sus muertes no me suponen nada y desde hacía unas semanas su número había disminuido… una cazadora había estado cazándolos y sabía muy bien el motivo; querían quitarme lo que es mío.

Para decepción seguramente de aquella cazadora mis neófitos no dirán nunca nada porque no pueden, su lengua les fue arrancada cuando se unieron a mí y así jamás podrán desvelar ni mí paradero, ni quién soy, ni lo que hago con mis presas. Ya ha matado a unos cuantos y he tenido que reponer sus pérdidas creando otros neófitos, ahora son más y ahora sé que pueden venir a por mí. Miro a los neófitos que repartidos por la estancia y hago una mueca de hastío, son mí mejor baza y entre ellos hay algunos que llevan ya años conmigo y que son mí guardia personal, esos que nunca salen del lugar y que se encargan de mí protección.


-Vosotros, venid aquí –señalo a unos cuantos neófitos y espero a que se acerquen hasta donde estoy, ninguno tiene lengua y eso es algo que me divierte, como si fuera una iniciación- Necesito que vayáis de nuevo a comprobar a los humanos que frecuentaba nuestra invitada –la palabra sale con ironía y ellos ríen, son hombres despiadados que sabe lo que les espera si fallan- Quiero que me traigáis detalles de todo cuanto les rodea, los lugares donde viven, todo aquello que pueda serme útil y… tened cuidado, una es un cazador –veo la sonrisa en sus rostros- Solo vigilad no quiero que se enteren de vuestra presencia y de lo que tengo planeado… sino nos arruinaría la fiesta. Marchad y no volváis sin lo que os he pedido… ¡largo! –el grito les hace moverse con rapidez y se van para cumplir mí cometido. Han pasado horas desde que la dejé en la celda y aunque tengo hambre por no haberme alimentado el primer día comienza y no puedo evitar acercarme a su celda. Todo está tranquilo, todo está en calma y me quedo mirándola desde la celda hasta que ella reacciona, no hay mucha luz y apenas puede verme pero yo a ella sí- Espero que hayas descansado, empieza el primer día y… va a ser muy largo –mí risa precede a lo que va a acontecer a continuación, y no es nada bueno para ella.



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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Naitiri Zahir el Jue Nov 10, 2016 10:32 am

El tiempo en aquel lugar parecía que se había detenido para siempre porque apenas podía saber si era de día, o si seguía siendo de noche. Nada en aquel lugar me podía dar una pista de en qué momento del día me encontraba, ya que no había ningún lugar por donde hubiera una mínima rendija hacia el exterior, estaba todo completamente cerrado y oscuro, iluminado únicamente por las luces de las velas que había en aquel pasillo donde estaban las celdas. El frío y la soledad fueron mis únicas compañías durante un buen rato, hasta que escuché que una puerta se abría y unos pasos se acercaban, pude oír que eran bastantes y apenas pude distinguir que los mismos que me habían apresado ahora estaban portando a la mujer que estaba en la celda de enfrente, la dejaron sin mucha delicadeza y se alejaron riéndose sin decir una palabra alguna.

No sabía si aquella joven podría estar viva o muerta, aunque dudaba que la dejaran ahí muerta… o quién sabe, podrían hacerlo simplemente porque nadie se lo podría impedir. No podía acercarme a la puerta, de hecho, no podía moverme ya que por más que intenté liberarme y soltarme los grilletes que tenía puesto en las muñecas encadenadas a la pared impedían todo movimiento. Por más que tiré, tiré y tiré no logré hacer nada salvo hacerme daño en las muñecas. Odiaba aquella situación porque sin quererlo me traía recuerdos del pasado, recuerdos dolorosos que no había curado del todo y que tenía la sospecha de que iban a doler y escocer mucho más.

Por más que estuve intentando acordarme de aquel hombre no logré hallarlo, quizás lo habría visto, pero intenté borrar todo aquello acontecido con el proxeneta y guardarlo en el cajón del olvido. Pero la familiaridad con la que pronunciaba mí nombre y la forma en la que me miraban me daba a entender que sí lo había conocido en alguno de aquellos años, debía de ser eso porque me había dicho las mismas palabras que el proxeneta utilizaba hacia mí… las había dicho incluso en el mismo tono, por lo que debía de haber estado frecuentando aquel lugar en el tiempo que yo estuve allí.

Miré hacia delante intentando ver si la joven se movía para darme alguna señal de que estaba viva, pero no se movía del sitio donde aquellos dos hombres la habían dejado, apenas podía oír nada más que mí propia respiración y por un momento temí que aquella joven no despertara nunca. Volví a tirar de los grilletes sin obtener resultado alguno, produciéndome más daño al tirar para intentar soltarme y maldije al hombre que me había encadenado, una y mil veces, por dejarme en aquella situación en la que hacía tantos años que no estaba.




-Eh, ¿puedes oírme? –pregunté queriéndome cerciorar de que estaba bien aunque sabía, en el fondo, por los gritos que había pegado que no lo estaría. No obtuve respuesta alguna pero igualmente decidí intentarlo de nuevo- ¿Estás bien? –De nuevo el silencio fue lo único que me respondió y suspiré- Por favor, dime que estás bien… -nada, de nuevo silencio tras mis palabras. Apoyé la cabeza en la pared y miré hacia arriba esperando que solamente estuviera inconsciente y no muerta. Las horas fueron pasando en lo que para mí fue algo eterno, de vez en cuando volvía a preguntarle por si se había despertado o podía hablar pero no obtenía nada por su parte. Los brazos comenzaban a dolerme de estar tanto tiempo en la misma posición, y apenas fui capaz de dormir un poco en aquella situación.

El ruido de una puerta al cerrarse fue lo que me terminó de despertar por completo, había conseguido dormir algo en aquella posición pero no lo suficiente, estaba cansada, me dolían muchísimo los brazos y un poco el cuello de haber dormido levemente en una mala postura. Los pasos se acercaban de forma tranquila como si no tuvieran prisa alguna por acercarse hasta donde estábamos, y una figura se quedó parada justo en la puerta de la celda. No podía distinguir muy bien quién era aquella persona, pero sí podía sentir unos ojos clavados completamente en mí figura y algo me hizo estremecerme. La voz de aquel hombre volvió a sonar por el lugar y sus palabras, como una amenaza velada, me dicen lo que va a pasar a continuación. Un escalofrío me recorre el cuerpo ante ellas, pero mí mirada pese a todo se mantiene firme ante lo que sus palabras revelan.


-Sería mejor para ti que me soltaras
–no sé por qué dije aquello, puesto que conforme estaba yo no podía presentarle ninguna amenaza para él, y de hecho, la risa inundó el lugar mientras él abría la celda con aquella llave, entraba dentro y se agachaba para quedar a mí altura. Sus ojos rojos estaban fijos en los míos y la sonrisa adornaba su rostro.
-¿Es eso una amenaza? –Preguntó de forma burlón, riéndose de mí en todo momento- Tengo curiosidad por saber lo que harás llegado el momento –me cogió el rostro con una de sus manos y, aunque intenté que me soltara su agarre se intensificó inclinando mí rostro, cogiéndome con fuerza- Veremos si esa mirada desafiante que tienes sigue estando ahí cuando termine el día –sonrió de lado, me soltó el rostro y quitó los grilletes de mis muñecas. En cuanto las sentí liberadas suspiré y las froté, tenía alguna marca roja alrededor de haber estado tirando- Levántate –me ordenó con tono frío y al no hacerlo enseguida fue él mismo quien tiró de mí muñeca con fuerza poniéndome en pie- Veamos hasta dónde aguantas –su mano fue a mí cuello y acarició con el pulgar la vena de este, lo vi lamiendo su labio mientras se fijaba en aquel punto y luego me dio un empujón para que saliera de la celda, sintiendo luego su mano apresando mis muñecas y tirando de mí. No sabía a dónde me llevaba, pero algo me decía que lo peor estaba por comenzar.


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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Hades el Dom Nov 20, 2016 10:22 am

Verla parada en la celda con los grilletes sobre sus preciosas muñecas, aquel gesto que denotaba que estaba descansando pese a lo incómodo de la postura, era como un sueño echo realidad. Por fin estaba allí, por fin iba a tenerla para mí y lo más importante de todo: sería mía por el fin de los días. No habría nada, ni nadie, que pudiera evitar lo que en unos días pasaría sin poder evitarse, no me he tomado la molestia para nada de no ser así. Su pelo oscuro cayendo en esas hondas le tapaban un poco el rostro al tenerlo ladeado, pero aún así puedo verlo tras aquella cortina de ondas oscuras, su expresión es una tranquilo y no evito sonreír ante ello. Por fin despierta y su mirada se fija en la puerta, dudo de que pueda verme parado en la puerta, todo está a oscuras, ahí abajo la luz no consigue llegar al lugar ya que no hay ninguna ventana, ningún pequeño resquicio que indique o haga saber qué pasa en el exterior.

Abro la puerta con la llave que siempre llevo encima, nadie salvo yo es quien la tiene en su poder, y no me fío de ninguno de mis hombres. Aunque sepan que ella es mía, por completo. Su mirada está fija en la mía, esa mirada desafiante que me provoca hasta la última fibra de mí ser, me incita a querer quebrarla, romperla… me incita a querer tomarla solo para mí, en esa celda, en aquel momento. Me gusta tanto que grabo esa mirada en mí memoria, sé que pronto ya no la tendrá y sus ojos mostrarán otra cosa, me gusta ese reto que parece que será para lo que pretendo hacer, y eso solo lo hace mucho más interesante.

Sus palabras hacen que parado delante de ella estalle mí risa, no sabe lo que está diciendo y no puedo ni quiero evitar la carcajada que sale de mí boca. Es una amenaza en falso porque sé que ella no puede hacer nada, que no tiene la fuerza suficiente como para poder hacerme nada, como para poder soltarse… está en mí poder, y aunque es reticente a aceptarlo, pronto no le quedará más remedio que hacerlo. No le dejaré otra opción más que esa. Entro dentro de la celda mientras mí risa aún hace eco en el lugar, me acerco a ella y me agacho para quedar a la altura de su rostro. Ni ella misma se ha creído esas palabras, pero ese comportamiento desafiante la obliga a decirlas, la obliga a no ceder a mí voluntad. Mis ojos la recorren mientras una sonrisa enorme se instala en mis labios.


-¿Es eso una amenaza? –el tono burlón está impregnado en cada palabra, no es una amenaza para mí porque está bajo mí poder y mí influencia, no puede escapar, no tiene la fuerza suficiente como para vencerme o como para salir por la puerta atravesando a todos los esbirros que están a mí cargo- Tengo curiosidad por saber lo que harás llegado el momento –cojo su rostro y lo elevo para que nuestras miradas estén a la misma altura, sí, ese brillo todavía está en sus ojos y eso me hace sonreí de lado, ella intenta apartar su rostro pero mí agarre es mucho más fuerte y la obligo a que mantenga la mirada- Veremos si esa mirada desafiante que tienes sigue estando ahí cuando acabe el día –quizás sí, su voluntad dudaba que se doblegara tan rápido, pero es una forma para infundirle más miedo y darle a entender lo que va a pasar. Suelto su rostro y la libero de los grilletes que apresan sus muñecas, ella se las frota y yo dejo que lo haga sabiendo que no puede escaparse, y que si lo hace, no tardaría ni dos segundos en cogerla. Me levanto esperando que haga lo mismo y la miro con el rostro agachado- Levántate –mis palabras son una orden y el tono lo deja claro, pero al no levantarse ella, soy yo quien la levanta tirando de ella- Veamos hasta donde aguantas- mí mano va a su cuello y lo cojo con fuerza, mí pulgar repasa la línea en donde su vena late, bombeando sangre, mí mirada se fija en ese lugar y me lamo los labios… las ganas de morderlas son enormes, no me he alimentado y mí hambre por ella se intensifica. Le di un empujón apartándola y la saqué de la celda y cogí con mí mano su pelo unos segundos, para luego coger su muñeca y tirar de ella.

Salimos de aquel pasillo dejando atrás a la otra humana, ni siquiera he mirado si sigue con vida o está muerta… poco me importa, ella solo sufrió un destino desafortunado cuando la confundieron con Naitiri. Su paso es algo lento y la obligo tirando de su muñeca a que me siga para salir de aquel lugar, abro la puerta y salimos al lugar donde están las celdas y aquel sillón en el centro de la sala. El pasillo es estrecho y algo largo con antorchas en los lados para iluminar el lugar. Avanzo unos pasos y abro una de las puertas y la lanzo dentro con fuerza, para luego entrar yo. La habitación no tiene nada de especial, hay una silla en el centro y nada más. Ella se queda en el centro de la habitación observando la silla y el lugar, y yo doy vueltas a su alrededor, mirando sus expresiones.


-Seguramente estarás pensando en la posibilidad de que alguien pueda venir a rescatarte, y debo decirte, que esa opción debes de descartarla por completo –sus ojos se elevan y miran los míos, mientras yo sonrío, aún tengo un as bajo la manga que ella desconoce- Nadie podrá encontrarte, nadie podrá venir a buscarte… pero eso es algo que dejaremos para luego –me pongo detrás de ella, mis manos van a sus hombros y recorren estos y su clavícula, hasta llegar a su cuello. Ella forcejea pero no le sirve de nada, inspiro en su cuello y su aroma inunda mis sentidos… tan cálido, tan dulce, tan delicioso que mis colmillos por unos breves momentos se dejan ver en mis labios, recorriendo la piel de su cuello. Si no me controlo mis colmillos atravesarán su piel y no es lo que quiero- Primero vamos a comenzar –de un empujón la aparto de mí y la miro- Siéntate en la silla –ella duda pero al final acabo por sentarla yo en la silla de malas maneras, hay unas correas en cada brazo y paso a atarle los brazos pese a su forcejeo, se revuelve como una fiera enjaulada y eso hace que goce más, pero mí mano se mueve veloz y se estrella contra su rostro de nuevo- Te dije que recordaras cuál era tú lugar, debes de obedecerme ahora, no te queda de otra –río tras aquello y termino de atarla. Me separo para verla y ella intenta tirar de las cuerdas, pero no funcionará nada- Ahora bien creo que no lo estás entendiendo… cuando yo digo que debes de hacer algo, es porque tienes que hacerlo. Sin resistirte, sin oponerte… no puedes hacerlo, ¿crees que podrías ante la fuerza de un vampiro como yo? –río divertido por ello- Vamos Nai, no quiero que me lo pongas tan difícil… sólo tienes que… colaborar –hice un gesto con las manos abarcando algo que no estaba en el lugar, mí rostro cambia de semblante y ahora es más serio, enfadado por aquello aunque en el fondo disfruto con lo que va a pasar- Ahora debo de darte una lección sobre lo que ha pasado, me has desobedecido y eso implica un… castigo –mis ojos miran los suyos- Esta vez, como soy generoso, no voy a ser demasiado malo contigo –mí tono es medio burlón por ello, chasqueo los dedos y en pocos segundos dos esbirros entran dejando a una persona a mí lado, lleva el rostro cubierto, está desnuda y no se sabe quién es, abandonan la habitación y yo miro hacia quien está a mí lado, y luego a Naitiri- Como he dicho toda acción tiene su reacción, y tú me has desobedecido así que no me dejas de otra –quito el saco que tapa el rostro y es una mujer joven, su pelo cae sobre sus hombros y lleva una venda. Sus manos están atadas a la espalda, lleva alguna marca sobre su cuerpo y porta una mordaza que le impide hablar o gritar, solo puede escuchar y dejarse hacer.

Uno de mis dedos recorre de hombro a hombro de la joven y esta pega un respingo, pero no se mueve demasiado, me pongo detrás de ella, aparto su pelo y lamo su cuello mientras ella sólo solloza. Me pongo a su lado y mí dedo baja desde su cuello hasta el canalillo entre sus pechos, oigo a Naitiri que se revuelve detrás de mí y me dice que no la toque, es ahí cuando sonrío, me paro y me giro para mirarla. Sus ojos ya no muestran ese desafío que sus ojos portaban hacía unos segundos, sus puños están cerrados sobre el brazo de la silla y su semblante refleja las dudas que la recorren. Va a presenciar algo que no le gustará ver.


-Qué pare, ¿por qué debería de hacerlo? Te estoy dando una lección y quiero que la aprendas bien, no me gusta repetir las cosas dos veces –mis manos se apoyan en los brazos de la silla y mí cuerpo queda inclinado hacia delante, cerca de su rostro- Ahora sabrás lo que puede ocurrir si me desobedeces –muerdo su labio inferior un instante, me coloco detrás de la humana, le quito la venda y sé que la está mirando a ella. Mí mano veloz apresa uno de sus pechos, ella da un leve suspiro de sorpresa, mis colmillos salen a relucir y siento la mirada de Naitiri sobre ellos, niega con la cabeza y pide que no lo haga… pero ya es demasiado tarde. Mis colmillos se clavan en el cuello de la joven, ella se intenta liberar pero no puede, mí brazo aborda su cintura y la pego a mí cuerpo. Mí otra mano juega con su pecho, con su cuerpo en general mientras siento que su vida se va apagando, con cada tirón siento que se le escapa la vida. Ya se mueve menos, ya no intenta liberarse y siento su cuerpo caer contra el mío, de alguna forma mí mano juega en su sexo y lo noto mojado… es el efecto que tiene que un vampiro te muerda. Se vence, se deja hacer y su respiración aumenta de forma irregular poco a poco. Su vida se escapa y cuando culmina en un orgasmo… su vida se acaba. La suelto y cae al suelo desplomada, lamo mis labios y siento que mí cuerpo vibra, rebosante de vida y energía, recorre todo mí cuerpo y miro a Naitiri con ganas de hundirme en su interior y probar de nuevo su sangre… pero eso tendrá que esperar un poco más. Lágrimas caen de sus ojos y sé que aquello le ha atormentado un poco, para mí gozo y disfrute- Esa era alguien desconocido, la próxima vez, será alguien de tú círculo cercano de quien beba delante de ti, hasta arrebatarle la vida.



Hades
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Re: The Road To Hell [Privado]

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