Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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The Road To Hell [Privado]

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The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Hades el Miér Ago 31, 2016 11:55 am

Por fin el día que he esperado tantos años ha llegado, la noche ha comenzado a hacer su aparición y siento que la emoción recorre mí cuerpo. Mis esbirros han hecho un buen trabajo a la hora de rastrear a aquella presa que se ha escurrido durante tantos años, oculta a mis ojos, pero todos los años de búsqueda han dado sus frutos. No puedo evitar recorrer el lugar con mis ojos y dar un pequeño paseo, todo está preparado, todo está listo para la llegada de esa joven y para el principio del fin. Un final que ella ni osa conocer y que pronto iba a descubrir de una forma diferente y peculiar.

Oigo los pasos que se acercan hasta donde estoy y me giro en aquella gran sala para ver que se arrodillan ante mí y sonrío, la hora esta cada vez más cerca y nada puede parar lo que va a acontecer en las próximas horas. Delante de mí tengo a mis dos mejores hombres con unas órdenes específicas que deben de cumplir, todo está calculado al detalle y no pueden fallar… esa humana tiene que estar aquí esta noche.

-Mis mejores hombres –alzo los brazos al verlos y doy unos pasos en su dirección para luego dejar mis manos sobre sus cabezas- El momento ha llegado y no tenéis que fallarme. Quiero a la humana viva y sin ningún tipo de rasguño –hago presión en sus cabezas y les doy a entender que voy en serio con lo que digo, ella es mía y nadie puede hacerle nada salvo yo- Ya sabéis lo que tenéis que hacer, ahora; traédmela –asienten ya que es lo único que pueden hacer, su lengua fue mutilada hace tiempo como medida de precaución y fidelidad, los veo levantarse y girarse para ir en busca de esa presa especial. En mí interno regodeo de pensarlo me giro y me siento en el trono que siempre ocupo desde donde veo a mis presas encarceladas, y río de forma malvada al imaginar todo lo que tengo preparado- Por fin llegó la hora.




*****




Los neófitos salen de esa enorme casa y se adentran en la noche como perros sabuesos que buscan a su presa, es su cometido, y saben que si fallan algo peor que la muerte será su castigo. Hades nunca tiene piedad cuando sus esbirros le fallan y no será clemente con ellos si no le traen a la humana. Con una mirada se adentran en la ciudad y dejan atrás su guarida y su refugio, están acostumbrados a cazar para su amo pero saben que esa noche no pueden tener fallos, la humana no debe de sufrir ningún daño y eso significa que no le pueden hacer nada.

Otras presas no han tenido esa suerte y antes de llevarla ante Hades han jugado con ella, no pueden hablar pero no les hace falta, sus habilidades de vampiro es suficiente para atemorizar a la presa hasta el punto en que ya no sabe bien distinguir entre ficción y realidad. Esa noche no van a poder hacerlo y tienen que traerle la presa de una pieza. Saben donde está y donde se encuentra, llevan meses observándola entre las tinieblas y nunca se ha percatado de sus presencias. La humana no sabe lo que Hades le tiene reservado y eso, a los neófitos, le produce placer y risa.

La encuentran saliendo de su lugar de trabajo y la observan subidos en los tejados aprovechando que ella no sabe nada, la siguen sin perderla de vista sabiendo el recorrido que hace por las noches y esperan el momento oportuno para atacar. El momento llega cuando ella gira por un callejón, los neófitos sonríen y se dejan caer desde el tejado. Uno aparece delante de ella cortándole el paso, su risa y sus colmillos son visibles y eso la hace retroceder, pero no hay escapatoria. El segundo neófito hace acto de presencia y cae también desde el tejado cortándole el paso a pocos centímetros de ella.

Su única opción es torcer por otro callejón y la risa de los neófitos es más audible y retumba en el lugar. Juegan con ella como una presa aparecen para cortarle el paso haciendo que ella cambie de rumbo, conduciéndola sin saberlo hasta un callejón sin salida.
La humana grita cuando el segundo neófito cae desde arriba y le corta el paso, no tiene nada que hacer y pronto ha caído en la trampa. Se encuentra contra un muro que corta todo camino con un neófito a su espalda y otro que hace aparición a pocos metros de ella. Su final está próximo y siguiendo las órdenes de su amo la aprisionan contra la pared a pesar de la lucha de ella, sus manos quedan inmovilizadas aunque se resiste, su rostro queda tapado por una capucha y un golpe en la cabeza es lo único que recibe para dejarla inconsciente y llevarla ante Hades.


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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Naitiri Zahir el Lun Sep 05, 2016 10:42 am

Era ya bastante tarde cuando terminé de trabajar, había estado ayudando a una de las chicas en la barra y me había tirado allí bastante tiempo sin tener que estar con ningún cliente. El burdel estaba ya casi vacío y no quedaba nadie salvo la gente que estuviera arriba en alguna de las habitaciones, por lo que consideraba que mí turno había acabado. Subí las escaleras hasta llegar a la habitación que siempre ocupaba y me acerqué a la ventana, esta tenía una fina capa de escarcha en el cristal y observé la calle que se veía desde aquel lugar… a pesar de que estábamos en mitad de la primavera y hacía buen tiempo, por la noche refrescaba bastante.

Quise tomármelo con calma ya que seguramente Alessia estuviera durmiendo por las horas que eran, y decidí que me daría un baño antes de salir hacia casa y así ya estaría relajada, en llegar iría directa a la cama y me acostaría. Me gustaba a veces darme allí los baños y no llegar a casa con la olor del ambiente, muchas veces los hombres fumaban bajo y la olor se quedaba impregnada en mi piel, cosa que me asqueaba bastante.

Preparé la bañera con agua templada, dejé la ropa fuera que iba a utilizar al salir y me relajé con aquel baño en el que me tomé mí tiempo… total, nadie me esperaba en casa. Suspiré por aquello, salía a veces tan tarde que no pasaba mucho tiempo con Alessia y lo notaba, ella no me decía nada pero solamente había que ver cómo se comportaba cuando estaba conmigo. Quería demasiado a esa joven y si alguna vez le llegara a pasar algo… jamás me lo permitiría.

No supe cuanto tiempo estuve metida en aquella bañera, lo que sí supe es que salí cuando noté que mis dedos ya estaban arrugados de estar tanto rato en el agua, salí quitando el tapón para que el agua se fuera y me envolví en el albornoz para secarme, y posteriormente, ponerme la ropa que había dejado cerca. Cogí todas las cosas y cerré la puerta de la habitación, bajé las escaleras y me encontré con la Madam que estaba en la barra tomando una última copa antes de irse, me miró sonriendo a lo que le correspondí con otra sonrisa y me deseó buenas noches antes de perderme de su campo de visión y salir por la puerta del burdel.

Nada más salir una ligera brisa rozó mí rostro y me cobijé más en aquel abrigo algo menos pesado y grueso que utilizaba en invierno, resguardándome de la ligera brisa que corría por las calles de París. El recorrido a casa casi siempre era el mismo, a veces cambiaba la ruta pero por inercia iba siempre por el mismo camino, había descubierto un par de atajos para llegar antes por los callejones y es la ruta que iba a tomar aquella noche, sin saber, que eso me cambiaría de una forma que jamás llegué a sospechar.

Torcí por uno de los callejones que solía utilizar para acortar camino, sumida en mis pensamientos que eran bastante diversos, cuando oí el ruido de algo que caía y al alzar mí vista… había un hombre parado justo delante de mí, con sus ojos fijos en los míos. No supe por qué pero un pequeño escalofrío me recorrió de arriba a bajo cuando mí mirada se encontró con la suya, cuando sonrió y pude ver perfectamente unos colmillos asomando de sus labios. Unos colmillos que no era la primera vez que los veía pues ya había tenido alguna que otra experiencia con vampiros, la última fue catastrófica y casi podía haber acabado con mí vida y con la de Astrid. Su risa me congeló por completo hasta el punto en el que retrocedí queriendo alejarme de él… cuando otro ruido a mí espalda me hace girarme.

De nuevo parado delante de mí hay otro vampiro, la risa de este se hace eco en el callejón y me muestra también sus colmillos en una clara advertencia y señal de lo que tienen planeado. Sin pensarlo demasiado y cortada el paso por dos frentes decidí tomar el camino que quedaba a mí izquierda y que era el único por el que podía continuar. Comencé a andar con más rapidez intentando alejarme de aquel lugar y de esos dos vampiros que habían aparecido de la nada, pero cuando intenté salir del callejón por una de las calles… apareció de nuevo uno de los vampiros y me cortó el paso, todavía podía escuchar su risa detrás de mí y eso hizo que comenzara a correr para salir de aquello.

La adrenalina me envolvía y el miedo comenzaba a expandirse por mí cuerpo, desde que conocí el mundo de lo sobrenatural este no ha hecho más que perseguirme en muchos sentidos, hasta el punto en que estaba siendo perseguida por dos de ellos. Y lo peor de todo; estaba sola. Ellos seguían apareciendo cortándome el paso cada vez que intentaba salir de aquel lugar, y la incertidumbre y el miedo se apoderaban de mí cuerpo, mí respiración era errática por la carrera que estaba haciendo e incluso sentía el sudor perlando mí frente.

Giré de nuevo en uno de los callejones y miré hacia atrás para ver si me perseguían cuando al alzar la mirada me di cuenta de que era un callejón sin salida, me di la vuelta rápido pero justo delante de mí apareció uno de los vampiros, y el grito salió de mis labios sin poder controlarlo. Me sentía acorralada y seguramente así era como querían que me sintiera, había intentado escapar por todos los medios pero ellos me habían conducido justo por donde querían: a un callejón sin salida, a una muerte segura.

Escuché una risa detrás de mí espalda y de nuevo aquellos dos vampiros me tenían en el centro de todo, me habían llevado por donde habían querido, habían aparecido en los momentos oportunos para cortarme el paso y ahora me había visto envuelta en medio de ellos, a su merced. ¿Qué harían conmigo? ¿Iban a matarme de forma rápida, o jugarían conmigo como lo habían estado haciendo antes de beber de mí sangre? Me sentía cansada, mi respiración era errática y los latidos de mí corazón eran como caballos desbocados en mi pecho. Sentí miedo, un miedo que jamás había sentido el mí vida al darme cuenta, de una manera horrible, que iba a morir aquella noche en aquel oscuro y frío callejón... alimentando a dos vampiros. Estos no decían nada, lo único que hacían era mirarme de forma fija, con una sonrisa siniestra en sus labios y los colmillos asomando por ellos. Se acercaron a mí los dos y me empujaron con fuerza contra la pared, jadeé por el golpe que había recibido y sentí cómo cogían mis manos entre las suyas con fuerza.



-¡Soltadme! ¡No me toquéis! –les grité soltándome un par de veces de su agarre, pero ellos eran más rápidos y me aprisionaron finalmente pese a que me resistí todo lo que pude empujándolos lejos de mí, ataron mis manos con fuerza sin que yo pudiera hacer nada y uno de ellos sacó una capucha, le di un empujón a uno de ellos y eché a correr pero no llegué muy lejos. Me apresaron de la cintura con fuerza, me pusieron la capucha y sentí un golpe en la cabeza que me hizo perder el sentido.





Cuando desperté después de aquel golpe todavía llevaba la capucha que me habían puesto aquellos vampiros, no podía ver nada y no sabía dónde me encontraba. La cabeza me dolía horrores y sentía que estaba algo mareada. Moví las manos pero estas todavía seguían atadas como antes, y cuando quise mover los pies… no podía, era como si me hubieran puesto unos grilletes y estos también estaban atados sin opción a moverme y el ruido de algo metálico me llamó la atención. Notaba que estaba tumbada sobre algo muy frío, de lado, así que intenté incorporarme y quitarme la capucha que me habían puesto para ver dónde me encontraba, cuando unos pasos que se acercaban a mí me hicieron quedarme quieta, alguien me sujetó por los hombros e intenté revolverme pero su agarre era tan fuerte que no pude hacer nada, me dejó de rodillas y me quitó la capucha.

La poca iluminación que había en el lugar me obligó a cerrar los ojos y a tapar mí rostro con las manos, oí una risa procedente de detrás de mí, y nos pasos alejándose de donde yo estaba. Cuando sentí que ya podía mirar abrí mis ojos para encontrarme en una habitación circular, enorme, iluminada por velas repartidas por toda la estancia y que estaban fijas sobre todo a las paredes. Se podía notar el olor a humedad que había en el ambiente, como si fuera un sitio muy antiguo y viejo, y que no reconocí. Al levantar mí vista me di cuenta de que había un hombre sentado en lo que parecía un trono, oscuro y algo siniestro, que me miraba con una sonrisa en los labios divertido justo en frente de mí.



-¿Qué…? –susurré presa de la conmoción, ¿quién era aquél hombre y por qué estaba encadenada? Preguntas para las que no tenía respuestas, lo único que sabía en cuanto mis ojos se cruzaron con los suyos era que aquel hombre… poseía casi el mismo rostro de la muerte. Y me estaba mirando de forma fija. El miedo volvió a apoderarse de mí extendiéndose por mi cuerpo, y un escalofrío me recorrió entera.



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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Hades el Sáb Sep 10, 2016 10:59 am

Estoy impaciente, mis neófitos han salido ya hace un rato y el desespero me puede por momentos. Todo está calculado desde hace tiempo, todo está previsto y no hay margen de error, no puede haber margen de error esta noche. Ellos tienen que traérmela viva y sin ningún tipo de rasguño, es la única condición que he puesto y es la que tienen que cumplir. Y sé que no osan traicionarme, ellos saben lo que pasa si uno de ellos no me hace caso y no es la primera vez que ven como mato a uno, lo torturo hasta que no puede más, y lo dejo morir encadenado en la pared sin darle ningún tipo de alimento.

Recorro la estancia y me dirijo hasta la parte de donde están las celdas, hay varias pero están todas vacías… a excepción de una. En otros años aquellas celdas estaban llenas de humanos con los cuales jugaba, ahora había cesado aquello durante el tiempo que por fin di con ella y todo el plan fue urdido. Mis pasos resuenan por el lugar y ya puedo sentir a la joven que está presa estremecerse, lleva meses encerrada y su voluntad ya ha caído como una alta torre… está por los suelos y lo único en lo que piensa es en que un día le de fin, pero ese día todavía no ha llegado y aún le queda de ser mí prisionera.

Me paro ante la puerta de la celda y siento a la perfección el latir de su corazón, es desbocado y rápido, errático, y sonrió sin evitarlo. La risa inunda el lugar y ella se encoge mientras piensa que voy a entrar y voy a torturarla de nuevo. Saco la llave de uno de los bolsillos y abro la celda, paso dentro y me agacho hasta la joven para coger un mechón de su pelo y olerlo. Ella se estremece más y niega con la cabeza, que tiene apartada, para no mirarme y yo solo me río más.


-Pronto tendrás compañía –mí voz es un susurro pero sé que ella me oye, sus ojos me miran con miedo y con incertidumbre y levanto su rostro- Pero no durarás mucho para comprobarlo –retiro su rostro con brusquedad y salgo de la celda para pasar a mirar, por enésima vez, la que va a ocupar aquella humana. Las cadenas están fijas y no hay nada que pueda ayudarla a escapar. Va a ser mí prisionera el tiempo que yo así la decida, va a claudicar muchas cosas y por fin iba a ser lo que hace tanto tiempo llevaba esperando.

Salgo de la celda y me voy al centro de la sala, hay un trono donde me siento y me dejo caer sobre el, apoyo un codo en el brazo y mí cabeza en un puño cerrado. Con la otra mano doy ligeros golpes con mis dedos, odio no saber lo que está pasando y la desesperación me invade. No tengo paciencia y ya quiero que crucen por la puerta y me dejen a la humana delante de mí, casi puedo saborear ese momento y me muerdo el labio… pronto, pronto la tendría delante de mí.

Y el momento llega, han pasado más de hora y media y siento que mis hombres han llegado, miro hacia la puerta y hacen acto de presencia. Primero entra uno y seguido de este el otro con la humana entre sus brazos. Tiene una capucha que oculta su rostro, sus manos están atadas y parece inconsciente. Sonrío de lado porque sé que no le han hecho nada, aunque tengo una forma de comprobarlo sin que puedan mentirme. No tienen lengua pero no les hace falta hablar, con solo tocarlos puedo saber todo lo que han hecho. Se acercan hasta donde estoy, se paran a los pies de las escaleras y se arrodillan inclinando su cabeza, el segundo de mis hombres sube hasta llegar delante de mí y, a unos pasos, deposita a la humana tumbada en el suelo. Los miro y me levanto mientras él retrocede hasta donde está el otro.


-Mis hombres, espero que hayáis cumplido con mis órdenes a la perfección, sino… -dejo la frase a medias pero ellos ya saben lo que quiero decir, saben que puedo matarlos fácilmente y que no me supe nada el hacerlo. Dejo mis manos sobre sus cabezas y cierro los ojos, puedo ver desde dos puntos de vista diferentes cómo ha sido el secuestro; cómo la han cercado, como la han perseguido y como la han cogido. No ha sufrido daño alguno y sonrío por ello, quito mis manos de sus cabezas y las levanto- Buenos chicos, ahora, podéis llevaros a la humana de la celda para vosotros –ellos sonríen y les veo lamerse los labios, lo que le vayan a hacer a la humana ya no me importa- Pero dejadla con vida, aún tiene algo que cumplir para mí –se levantan tras mis palabras y se van a las celdas donde está la otra joven, sus gritos se oyen por el lugar y los veo desaparecer al cabo de unos minutos mientras yo me quedo a solas.

Tengo ganas de quitarle la capucha y que se despierte todavía sin creer que todo aquello está pasando, después de tantos años frustrados de búsqueda por fin está ante mí, atada e inconsciente, pero es el principio de su fin, un fin que llegará quiera o no. De repente oigo su respiración algo más agitada, mueve sus manos pero estas están atadas y no puede hacer nada, intenta incorporarse pero sus pies también están atados… está indefensa ante mí, y ni siquiera ella lo sabe. Ando a su alrededor como un tiburón que acecha a su presa y me quedo a su espalda, la levanto de los hombros, la dejo arrodillada y… le quito la capucha que tiro lejos.

Mis pasos se dirigen de nuevo al trono y me siento para mirarla, no sabe donde está y tapa su rostro unos segundos. Su pelo oscuro cae en ondas por su cuerpo como una cascada, su mirada va a todos lados hasta que recae en mí. Sonrío y observo sus ojos de color miel que me miran con duda y temor, su pregunta es un susurro y mí risa se eleva en el lugar. Me levanto y me acerco a ella sintiendo su miedo, pero no puede moverse, levanto su rostro y sonrío. Es preciosa y tal y como la recordaba, su olor me envuelve y su sangre me llama para que la muerda, pero todavía no es el momento.



-Me alegro encontrarte de nuevo, Naitiri, ha pasado mucho tiempo y déjame decirte que eres deliciosa –río por ello y siento que mis colmillos crecen, quiero hacer tantas cosas que no sé si podré contenerme- Voy a disfrutar quebrándote, y luego, serás mía.


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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Naitiri Zahir el Lun Sep 19, 2016 10:25 am

Lo último que podía recordar era haber sido perseguida por unos neófitos que sin que yo me diera cuenta, me condujeron hasta un callejón sin salida, como si supieran exactamente por dónde me estaban guiando… hasta que caí en su trampa de lleno. La risa de aquellas neófitos cuando me tuvieron acorralada fue algo que se quedó en mí mente, sus sonrisas siniestras como si disfrutaran de lo que estaban haciendo resonaban todavía en mí cabeza… y no tenía duda alguna de que habían disfrutado con aquello. Pensé que aquel era mí fin, pensé que mí vida iba a acabar en aquel momento porque, ¿cómo había forma de librarme? Estaba atrapada en un callejón, uno de los tantos que había por París, sin posibilidad de escaparme y sin salida alguna. Nadie me había visto ni nadie sabía que estaba siendo perseguida por aquellos neófitos…

Cuando me tuvieron acorralada por ambos frentes supe que todo se iba a terminar, y solo podía rogar para que aquellos seres tuvieran algo de piedad  y acabaran pronto con mí vida. Si tenían que matar y si ese era mí final nada podía hacer para evitarlo, ¿pedir ayuda? ¿Gritar para que alguien me escuchara? Rondaron mí mente aquellos pensamientos, si aquellos neófitos iban a acabar con mí vida presentaría toda la batalla que pudiera darles aunque no supiera realmente nada sobre defenderme. Lo único que sí sabía es cómo podía matarlos, lo había visto una vez de manera muy… cercana, y sabía de otras formas. Pero no tenía ni idea alguna de luchar, aunque sí sabía repartir algún que otro golpe.

Huir no era una de las opciones ya que no podía hacer nada, cada vez me sentía más cercada y más acorralada por aquellos seres. Y en cuanto di el primer grito pidiendo por ayuda… el que estaba delante de mí se abalanzó estrellando mí espalda contra la pared. Mis manos fue lo siguiente que intentaron apresar pero pude librarme de uno de ellos con un empujón, que aproveché para intentar escabullirme pero no dio resultado. Su risa fue mayor aún con aquel gesto mío de rebeldía, y ni siquiera decían nada, solamente la risa retumbaba por el callejón hasta que sentí que cubrían mí rostro con una capucha… y la oscuridad fue lo siguiente que me envolvió.

Cuando desperté ni siquiera supe cuánto tiempo había pasado ni dónde me encontraba, la cabeza me dolía por el golpe y estaba algo mareada por ello. Seguía llevando puesta la capucha y al intentar incorporarme me di cuenta de que también tenía los pies atados. Estaba tumbada sobre una superficie fría y sentí unos pasos a mí alrededor, lo siguiente que sentí fue unas manos en mis hombros que me levantaron dejándome de rodillas, con las manos atadas delante de mí, y fue justo cuando me quitaron la capucha. La luz que provenía de la estancia fue tanta que, por la diferencia tan brusca, tuve que cubrir mí rostro durante unos segundos mientras me acostumbraba a la luz que había en el lugar.

Los pasos que estaban detrás de mí se movieron por uno de mis lados y se alejaron hasta que sentí que cesaban, y el silencio reinó de nuevo en el lugar. Cuando quité las manos de mí rostro y mis ojos se fueron acostumbrando al lugar lo primero que percibí fue el fuerte olor a humedad que había en el entorno, el lugar estaba repleto de velas en candelabros por toda la pared y una gran lámpara en el techo justo sobre mí cabeza. Era una habitación circular con paredes oscuras, como si hubieran sido hechas de piedra y fuera como una cárcel de un castillo antiguo.

Había bastante moho en todo el lugar y el aire estaba viciado y muy cargado, cada respiración que daba podía notar como era muy pesado, como si costase algo poder respirar de forma normal, y realmente era costoso. Parecía que era un lugar que había estado cerrado durante mucho tiempo y el aire estuviera, por ese motivo, tan cargado. Había por toda una de las paredes grilletes suspendidos que estaban abiertos y parecían bastante oxidados, como si llevaran allí mucho tiempo. Mí vista siguió hasta que tuve que apartarla algo horrorizada, al darme cuenta de que había alguien colgado en uno de los grilletes. Llevé mí mano para tapar mí boca, no se podía ver mucho de lo que quedaba de lo hubiera sido aquella persona, lo único que se podía distinguir eran los huesos que habían dejado su cadáver. Me di cuenta, mientras miraba aquel lugar circular que había una puerta detrás a mí derecha, de hecho, era la única puerta que había en aquella sala, y un pasillo en el lado izquierdo y que estaba iluminado levemente por antorchas en las paredes.

Detrás de mí unos escalones que hacían donde estaba como si fuera algo que sin duda alguna lo hacía ver de mayor grado por estar algo más elevado. Mí vista, entonces, reparó en la risa que provino delante de mí y que hasta ahora había obviado intentando averiguar donde me encontraba. Había a pocos pasos, justo en el centro de aquel lugar, había un hombre sentado sobre un trono oscuro, con algunas calaveras a los lados. Su mirada estaba fija en mí y portaba una sonrisa tan siniestra, que no pude reprimir el escalofrío que recorrió mí cuerpo.

Se levantó dejándome ver lo alto que era y lo que imponía solamente conforme andaba, sus pasos retumbaron por el lugar acercándose a mí, como si yo fuera una presa y el me estuviera acechando. Sus ojos brillaban de una forma que no pude definir con exactitud a qué se debía ese brillo, pero no era nada bueno. Se quedó delante de mí se rió tras mí pregunta, el miedo me recorrió el cuerpo sin saber quién era él y por qué estaba atada en aquel lugar. Sus dedos, fríos como el hielo, tocaron mí piel y desprendieron ese helor que supe ubicar por haber tratado ya con algún vampiro, levantó mí rostro y me miró a los ojos mientras yo solamente quedaba a la esperaba sin poder hacer nada, con el miedo recorriéndome por todo el cuerpo.

Mis ojos se abrieron cuando pronunció mí nombre y él volvió a reírse, como si disfrutara de alguna forma del desconcierto que me provocaba ese hecho. No reconocía a aquel hombre de nada, su rostro apenas podía ubicarlo y que él me tratara con aquella familiaridad, con ese tono y ese toque había hecho al pronunciar mí nombre… me asustó aún más. Quise apartarme de él y alejarme, pero tenía el agarre bien fuerte sobre mí rostro y solamente me quedaba mirarlo mientras él hacía lo mismo conmigo. Sus siguientes palabras no me despejaron más dudas, ¿Quebrarme? ¿Hacerme suya? Iba a decir algo cuando, desde el otro lado de la puerta, comencé a oír gritos de lo que parecía una joven, gritos desgarradores que me encogieron el alma. Fuera quien fuese lo lamentaba por ella, y esperaba, no estar en su situación.

Aquel hombre volvió a reírse de nuevo y sin apartar sus manos de mí rostro me levantó hasta que quedé de pie, incluso así tenía que agacharse para mirarme y que su rostro quedara cerca del mío. Llevé mis manos para intentar apartarle pero lo único que hizo fue apretar su agarre entorno a mí, y con su otra mano tirar de mí pelo hacia atrás con fuerza, haciendo que jadeara por ello. Sus labios perfilaron mí cuello y sentí que, conforme subía por él, inhalaba con más fuerza por su nariz… como si estuviera deleitándose con ello.



-Suéltame –le dije con mis ojos mirando los suyos, azules, que se clavaron en mí para luego sonreírme mostrando así sus colmillos, pasando uno de estos por la piel de mí cuello a lo que intenté revolverme, pero me cogió con mucha más fuerza de la que yo tenía y me inmovilizó, dejándome quieta mientras más gritos y risas sacadas del mismísimo inferno se colaban a través de la puerta.
-¿Soltarte? –Se rió contra mí piel, dejó una lamida por todo mí cuello que me produjo asco y dejó su rostro enfrente del mío- Ahora que por fin, tras estos años he conseguido encontrarte, ¿piensas que te voy a soltar justo cuando te tengo? –su risa era incesante y malévola, retumbando y haciendo eco por el lugar como si quisiera burlarse de mí.
-¿Quién eres, y por qué me tienes aquí? –su risa cesó y sus ojos me miraron, esta vez, como si fueran dos trozos de hielos que me atravesaban con la mirada. Su agarre se intensificó aún más y me dio una sacudida, como si intentara contenerse de algo que yo desconocía.
-¡¿No sabes quién soy?! –Gruñó- ¡Qué rápido te olvidas de aquellos que te quisieron una vez! –no entendía nada de lo que me estaba diciendo, pasaron unos breves segundos y su rostro cambió de nuevo mostrando una sonrisa que no presagiaba nada bueno… como si hubiera cambiado de opinión- Oh, ya tendrás tiempo para que recuerdes quien soy, Nai. Después de todo pasarás aquí mucho tiempo –comenzó a reírse mientras me miraba, y yo, cada vez temía más lo que aquel hombre pudiera hacerme.



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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Hades el Dom Sep 25, 2016 5:12 pm

La visión que tengo delante de mí es la mejor que sin duda he tenido durante muchos años, por fin todo lo que ha costado encontrarla ha sido recompensado, todas las noches que soñé con tenerla, todos los pensamientos de tenerla conmigo de aquella forma; mía. Delante de mí, atada y sin saber por qué está aquí. Su precioso rostro no tiene comparación con ninguno visto en la ciudad, sus ojos de color miel me miran con dudas durante unos breves segundos y luego comienza a mirar y a observar el lugar donde se encuentra. Sus pestañas largas que adornan esos ojos y le dan más viveza, sus labios sensuales y carnosos que solamente he podido probar un par de veces y que he anhelado muchas veces… su pelo, esa cascada castaña que le cae a ondas y enmarca más su rostro, que le da ese aspecto exótico y de alguna forma prohibido.

Sí, muchas noches me la imaginaba así conforme estaba y eso me produce placer, por fin es mía y por fin va a ser para mí de forma definitiva. Por la mente se me pasan muchas cosas y no sé cual de todas quiero hacerle, mientras solamente la contemplo enfrente de mí y dejo que curiosee el lugar. Lo que tengo preparado para ella ni se lo puede llegar a imaginar y esto ni siquiera ha empezado, todavía no he hecho ningún movimiento y ya siento que mis colmillos quieren crecer y hundirse en la suave piel tostada que posee, esa que tantas veces he querido acariciar, que he buscado en otras mujeres, y que siempre he fallado en el intento.

Sus ojos se apartan cuando vi lo que queda de un nombre colgado en la pared con los grilletes puestos, mí sonrisa se acentúa mientras la observo y casi río por ello, disfrutando con la vista que tengo delante de mí. Ha crecido mucho y el recuerdo que tengo de ella no le hace justicia a cómo está ahora, es una mujer muy hermosa y que sin duda estoy seguro que es la perdición de muchos hombres… pero ahora no será más que mí perdición, una que por fin he logrado conseguir. Los gritos que se oyen a través de la puerta me hacen sentir más excitado, mis hombres están disfrutando de esa joven que fue el último intento de tenerla y estoy seguro que ellos la van a tratar con mucha más delicadeza de lo que yo lo haría.

Puedo sentir la calidez de su piel bajo la frialdad de mis manos, está tan viva que me resulta hasta en cierto modo frágil, un agarrón más fuerte de lo normal y puede quebrarse ante mí, pero no es así como quiero que se quiebre, sino de otra forma muy distinta. Levanto su rostro para mirar esos ojos de color miel que me miran con dudas y con miedo, he visto el miedo de muchas maneras distintas y lo distingo sin que me resulte difícil. Sin mucho esfuerzo la levanto sin soltar mí agarre de su rostro, no me es complicado el hacerlo, la fuerza que me confiere ser vampiro hace que la alce como si fuera una pluma, la dejo en pie sin apartar mí mirada de la suya y mí sonrisa en mis labios.

Es algo más baja que yo y me obliga a agachar mí rostro, incluso sin acercarme tanto puedo oler el delicioso aroma que desprende su piel, uno que me hace volverme loco mientras oigo su corazón bombeando con fuerza en su pecho, alterado, bombeando más sangre con mayor rapidez, y mis ganas crecen al igual que crece el bombeo de su corazón. Pero debo de contenerme pues no es así como quiero que sean las cosas, con pausa, con calma… tengo todo el tiempo del mundo.

Sin esperarlo la primera reacción de resistencia llega cuando siento sus manos golpear mí pecho intentando, en vano, apartarme pero no lo consigue, no tiene la fuerza suficiente y necesaria para hacerlo. Me gusta que se revele, que no sea una sumisa obediente porque lo pone todo mucho más interesante. Mí agarre se cierne más sobre ella y tiro de su pelo hacia atrás a lo que ella suelta un jadeo que me excita dejando su cuello tenso. No puedo evitarlo y llevo mí nariz a su cuello inhalando su aroma, dejando envolverme por el, aspirando con fuerza hasta que oigo esa palabra que me hace mirarla, sonreírle mostrando mis colmillos para luego deslizar uno de ellos por su cuello, advirtiendo lo que puedo hacerle.


-¿Soltarte? –río contra su piel, lamo su cuello y me deleito con su sabor y dejo mí rostro a la altura del suyo- Ahora que por fin, tras estos años he conseguido encontrarte, ¿piensas que te voy a soltar justo cuando te tengo? -Ella no sabe lo que significa eso, si es mí prisionera es porque no pienso dejar que se vaya y menos tan rápido. Aún le queda mucho por ver, y mucho por lo que pasar. Su Infierno no ha comenzado todavía y no puede escapar de el. Mí risa es la confirmación de que sus palabras son un sueño y una súplica en vano, mí risa resuena en el lugar y le da un aspecto más tétrico y dramático. Siento que brota desde mí pecho y me resulta hasta gracioso que lo diga, pero no puede hacer nada para cambiarlo. Su siguiente pregunta me hace que pare en seco, mí risa se corta y siento en mí pecho un gruñido que sale desde lo más hondo de mí interior, la rabia sube por todo mí cuerpo y siento que va a explotar en unos segundos. La agarro con más fuerza y hasta la sacudo un poco queriendo olvidar su pregunta- ¡¿No sabes quién soy?! –Gruñí con mis ojos puestos en los suyos- ¡Qué rápido te olvidas de aquellos que te quisieron una vez! –porque yo la quise y aun lo sigo haciendo, a mí manera, para mí, la quiero. Pero, ¿eso no lo hace todo más interesante? Ella no recuerda quien soy pero yo puedo mostrarle de una forma dolorosa quien era y por qué la conozco, solo es un juego más, algo más de diversión para mí y pienso aprovecharla- Oh, ya tendrás tiempo para que recuerdes quien soy, Nai. Después de todo pasarás aquí mucho tiempo –río de nuevo y cojo un mechón de su preciosa melena, inhalo su olor y un suspiro sale de mí boca, la brecha pequeña que tiene en su cabeza me tienta demasiado y al final lamo su sangre. Un gemido se escapa de mis labios al sentir el sabor de su sangre, es la mejor que he probado, la más deliciosa de todas- Deliciosa –murmullo entre su pelo y la miro- Aún no he empezado contigo –sigue atada y así seguirá hasta que yo quiera, la levanto sin mucho esfuerzo y la pongo a mí hombro mientras ella grita y me da patadas parando mí avance, mí mano se eleva con rapidez y le doy un azote en una de sus nalgas con fuerza, tanto, que hace eco en el lugar y su grito no se hace de esperar- ¡Calla!, o te daré más y más fuertes –pero no calla, se rebela y en mí fuero interno disfruto y mí risa estalla en el lugar sonando y llenándolo todo mientras mis pasos van hacia la celda que tengo preparada para ella. Abro la puerta y paso dentro y la dejo caer al suelo sin mucha delicadeza, cojo sus manos atadas y utilizo los grilletes que hay en la celda para inmovilizarla, su mirada desprende fuego y yo siento que me enciendo de solo mirarla… por fin es mía y por fin mí plan va a comenzar. Desato sus piernas y la contemplo agachado frente a ella, con una sonrisa torcida y ladina- Descansa preciosa, si es que puedes, tú estancia en el Infierno ha comenzado y te garantizo… que será una eternidad para ti Nai. Y pronto, te unirás a mí –acaricio su rostro y ella intenta evadirme, pero un guantazo en modo de advertencia le hace saber que no puede hacer nada, y mi dedo la señala- Aprende cuál es tú lugar, el que siempre ha sido y recuerda; sólo eres mía –Sé que con esa frase va a entender algo, su mirada mismo me lo dice pese a que irradia odio y rabia, sé que le hará preguntarse más cosas y yo solo me río, disfruto viendo su debate, y me levanto para cerrar con llave la celda donde pasará el resto de su confinamiento.


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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Naitiri Zahir el Mar Oct 04, 2016 10:52 am

Podía notar como mis fosas nasales se inundaban con aquel olor que estaba impregnado por todo el lugar, el aire estaba mucho más viciado y costaba mucho más respirar… seguramente habría pasado tanto tiempo cerrado que por eso notaba todo el ambiente pesado. Pero a él no parecía para nada costarle respirar, de hecho, dudaba de que respirar fuera una de sus preocupaciones. Se había acercado a mí y me tenía doblegada a su merced sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo. Tenía mucha más fuerza que yo y el hecho de estar atada no hacía más que darme problemas. Pero , ¿qué era lo que podía hacer? ¿Escaparme, quizá? Solo había una puerta en aquella sala y dudaba mucho de que por el pasillo que había a mí izquierda hubiera alguna salida… desde donde estaba podía ver que habían algunas celdas, y me pregunté cuánta gente había estado en aquel lugar antes que yo.

Decía que no iba a soltarme porque había estado años buscándome, ¿quién era aquel hombre que tenía delante de mí, con su mano en mí pelo, y su mirada azul y fría como el hielo? No lo reconocía, intentaba hallar en mí mente algún recuerdo de aquel hombre… pero no había ninguno. Entonces, ¿por qué decía que se había pasado años buscándome? No lo entendía, jamás lo había visto pero al parecer él me decía que si, y que me había olvidado de él. Así que pensé que seguramente se había equivocado de persona y buscara a alguien parecida a mí… pero la forma, la manera en la que tuvo de pronunciar la abreviatura de mí nombre me produjo un escalofrío.

No, aquel hombre como bien decía debía de conocerme pese a que yo no lograba ubicarlo para nada, debía de haberme conocido en algún momento de mí vida y yo no podía saber cuál. ¿Quizás cuando empecé a trabajar con la Madam? Sabía que había vetado la entrada a varios hombres y que no habían podido volver por allí pero… entonces, ¿por qué decía que me había estado buscando esos años? Si sabía donde trabaja no le habría costado mucho encontrarme… con cada frase que decía más y más preguntas acudían a mí mente, mientras seguía con el agarre entorno a mí.

Podía sentir su mano gélida y fría como el hielo, mortecina, sobre mí mentón elevando así mí rostro para que pudiera mirarlo bien. Era un hombre más alto que yo y su cuerpo casi doblaba al mío por la constitución que tenía. Decía que iba a pasar allí mucho tiempo y supe, en el fondo, que una de esas celdas iban destinadas para mí… y no iba a hacer nada para poder evitarlo. Los gritos y las risas todavía se oían fondo y recé para que no fuera yo la siguiente. Aquel hombre cogió un mechón de mí pelo y aunque intenté apartarme pude notar que dejaba su nariz y comenzaba a inhalar con fuerza, mientras yo me revolvía de su agarre como podía.



-Suéltame –volví a pedir mientras él soltó una risa, que me congeló por lo siniestra que fue, lanzó un suspiro y luego lamió la parte de arriba de mí rostro. Gemí por el dolor que me produjo aquello notando como su lengua se pasaba por el lugar de forma lenta, y aunque intento alejarme, su agarre es tan férreo que apenas consigo moverlo a él. Un gemido salió de sus labios mientras yo me sentía asqueada de que hiciera eso, sus palabras de que era deliciosa me produjeron un escalofrío y supe que lo que quería era mí sangre. Estaba atada ante un vampiro que quería beber de mí sangre, y a saber qué más era lo que pretendía hacerme aquel hombre sin que yo pudiera evitarlo. Sin esperarlo siquiera noté que me levantaba de donde estaba, me cargaba, y me ponía en su hombro llevándome como si fuera un saco de patatas que cargara con él- ¡Suéltame imbécil! ¡Bájame de aquí! –comencé a revolverme, a darle puñetazos en la espalda y a darle patadas todo lo fuerte que podía pero él seguía andando tan tranquilo como si no le estuviera haciendo nada.- ¡AH! –el grito salió de mí boca sin que pudiera evitarlo al sentir cómo me había azotado de aquella forma, notando que me picaba demasiado allí donde me había dado y sintiendo que seguramente me habría dejado un rodal por cómo me había pegado de fuerte. Pese a su amenaza de que me daría más y más fuerte no dejé de moverme, no dejé de patalear intentando zafarme de su agarre mientras nos adentrábamos en aquel pasillo lleno de celdas.

Mientras él andaba me di cuenta de que todas, absolutamente todas, las celdas estaban vacías. No había nadie allí metido y yo iba a ser la única que estuviera en aquel húmedo y lúgubre lugar si aquella chica no conseguía salir con vida… porque no me quería ni imaginar lo que le estarían haciendo. Mientras andábamos su risa se hizo eco en aquel pasillo hasta que oí que abría una de las puertas, pasábamos dentro y… me tiró al suelo, haciendo que un quejido de dolor por el golpe saliera de mis labios. Intenté irme y alejarme pero me cogió con rapidez del tobillo y tiró hacia él cogiendo mis manos atadas y encadenarlas a los grilletes que había en la pared, soltó las ataduras de mis pies y le intenté dar una patada que él, sin mucho esfuerzo, paró cogiendo mí pie con fuerza.

Lo miré con la rabia consumiéndome por dentro y el fuego danzando en ellos, quisiera liberarme y ojalá supiera pelear y defenderme porque siento que necesito luchar contra él si quería salir de allí con vida… aunque mis opciones sean escasas. Estaba convencida de que mí fuerza sería un mero roce para él si es que conseguía darle, y es cuando me dio cuenta realmente de lo débil que soy, de que no he podido hacer nada por defenderme, no sabía nada sobre cómo actuar y es algo que hace que mí rabia y la ira crezcan más. Solo pienso en la forma de salir de allí mientras su sonrisa se acentúa y me sus ojos muestran el brillo de la diversión danzando sobre ellos. Esto le divierte, y según ha dicho, ni siquiera ha empezado conmigo.


-Vete al Infierno –le solté cuando me dijo que descansara y que mí estancia en el Infierno había empezado, pero que sería una eternidad para mí. Quisiera hacerle algo, alejarlo de mí, golpearlo, parar esa sonrisa ladina que me estaba crispando por momentos y que no presagiaba nada bueno… al contrario, hacia que un escalofrío me recorriera entera y pensara en todo lo que tenía preparado para mí aquel hombre. Su mano se acercó a mí rostro y, aún atada como estaba, me negué a que me acariciara el rostro por lo que lo giré no queriendo que sus manos me rozaran… un guantazo sonó en el aire cuando su mano estalló contra mí mejilla, ladeando mí rostro tan fuerte que hasta me dolió el cuello por ello. Jadeé por aquello sintiendo que mí pelo me tapaba parte de la visión de mí rostro pero que, aún así, podía ver su dedo señalarme como si intentara advertirme algo. Y lo hace. Sus palabras llegan hasta mí de una forma que jamás llegué a pensar que podría sentirme así de nuevo, lo miré de forma desafiante por ello sabiendo que esas palabras estaban dichas para hacerme daño y con una única intención; hacer que yo recordara. Y para mí desgracia me hacen recordar.

-Jamás seré tuya...
-fue lo único que murmuré mientras él se ríe mirándome y supe que disfrutó con aquello antes de levantarse y dejarme a solas en aquel lugar, cerrando la puerta de la celda y alejándose por el pasillo donde todavía resonaba aquella risa. Solo cuando estoy sola es que rememoro la frase y no tenía que buscar demasiado para saber de dónde la recordaba: era la misma frase que me repetía el proxeneta cada vez que hacía algo que no le gustaba, cada vez que me hacía ver que era de él, que nadie iba a quererme jamás, y que él era mí dueño para hacer conmigo lo que le diera la gana. Me mordí el labio con fuerza y tiré de los grilletes que me aprisionaban presa de la rabia, notando como esa herida que me estaba costando cerrar… se abría de nuevo. Mí pasado, de alguna forma, estaba volviendo para atormentarme y jamás llegaría a saber cuánto lo haría.

Las siguientes horas que pasaron fueron lentas, horribles y como si hubieran pasado mil años. Parecía que el tiempo no quería correr y ni siquiera sabía qué hora era, si era de día, si la noche seguía o estábamos cerca del amanecer. En aquel lugar no había ningún resquicio por donde pudiera entrar algo de luz… y me recordó, sin quererlo, a aquellos años donde había pasado confinada en un cubículo a oscuras, sin poder moverme, atada… justo como estaba ahora. A solas, con la única compañía la oscuridad y el silencio roto a veces por mis llantos que al proxeneta no le gustaba y muchas veces me había pegado para que dejara de llorar. Uno a uno, aquellos recuerdos, volvieron a mí mente cuando pensaba que jamás volvería a revivir aquello… solamente tuve compañía cuando aquellos neófitos que me habían apresado entraron de nuevo en las celdas, justo delante de la mía, y dejaron a aquella joven que por más que traté de llamar en cuanto ellos se fueron era como si estuviera inconsciente, porque no me contestó en ninguna de las veces que la llamé.




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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Hades el Miér Oct 19, 2016 7:05 pm

Mí interior goza al ver que finalmente obtengo lo que tanto tiempo he buscado, se regocija en la presa que he obtenido y que por fin va a ser mía aunque ella aún no lo sepa, aunque no sepa que su destino está sellado y que nada de lo que diga, nada de lo haga va a poder cambiar aquello. No, ella tiene aún muchas cosas que pasar, mucho que recordar y yo iba a ser el encargado de hacérselo ver de una forma que jamás podrá olvidar en el resto de su larga vida. Todo está listo y preparado para el plan siga su curso, ahora que ella está en la celda me siento más tranquilo y sé que nada va a fallar, todo está medido para que nada se salga de lo normal, para que nada falle en esos días que estará presa hasta que, ella quiera o no, sea mía para siempre.

El plan que he urdido por años no tiene fallo ni error alguno, todo está pensado para que los sucesos sigan su curso y terminen en un trágico final para ella que será su renacimiento, como un ave fénix que resurge de sus cenizas. Hermosa, etérea, fría, letal, inmortal y mía… sólo mía. Nadie salvo yo debería de haberla tenido todos aquellos años, nadie salvo yo debería de haberla tenido en su poder y ahora que la he encontrado solo puedo pensar en que llegue el ansiado momento, su mente es frágil y se puede romper en mil pedazos… de hecho, es precisamente lo que busco.

No he estado observándola estos meses sabiendo su rutina, la gente a la que suele ver y que es parte de su vida, sus movimientos, sus gestos que mis neófitos han recabado para mí. Solo tengo que poner mí mano sobre ellos y todo lo que ellos hayan visto pasará a mí conocimiento y a formar parte de mí como si yo hubiera estado allí. Ella se ha convertido en una joven muy hermosa, su piel dorada resalta sin necesidad del sol, su largo cabello ondulado desprende un aroma que me vuelve loco por hacerla mía, sus pestañas largas y negras acentúan esos ojos color miel que pueden derretir a cualquier mortal, e inmortal también. Sus labios son un pecado terrenal y su cuerpo la mayor de todas las lujurias juntas… y será mía, solo mía durante el resto de la eternidad.

Sé que su mente está confusa por las palabras que le he dicho antes de irme, sé muy bien cómo actuaba el proxeneta con ella y quiero que recuerde poco a poco… aún no sabe quien soy pero pronto se dará cuenta y será demasiado tarde. Ya es tarde para que algo cambie. Su mente empieza a quebrarse y aún le queda mucho hasta que esté echa añicos, hasta que no le quede nada más que entregarse a mí y yo la haré inmortal. Ese pensamiento me produce una risa que resuena en el lugar, la he dejado sola en la celda encerrada y atada como siempre solía estar, en un lugar pequeño y sin luz, está sola en aquella gran sala mientras observo cómo mis hombres se divierten con esa humana, cruzo los brazos sobre el pecho y puedo ver sus lágrimas caer de sus ojos.

Apenas le quedan fuerzas y sangre y si dejo que todo continúe acabará muerta en esos momentos. No me importa, ella fue el último error que cometieron mis hombres al pensar que era Naitiri, su vida me es indiferente y sé que pronto va a morir pero si tiene que hacerlo quiero ser yo quien le quite la vida. Está semi desnuda y mis hombres se divierten con ella en pago por haberme traído a Naitiri viva e ilesa tal y como pedí, conocen que si fallan una muerte lenta les espera, pero si son fieles a mí cometido, una recompensa les aguarda. Aquella noche le había tocado a esa humana, la última que quedaba de una larga búsqueda.


-Suficiente –ordeno sin levantar la voz, mis hombres me miran y uno de ellos lame su labio lleno de la sangre de la humana- Quizá la humana nos pueda servir más adelante y ya os habéis divertido bastante –el sabor de la sangre de Naitiri aún la puedo sentir en mí boca y eso me hace morderme el labio… es tan deliciosa como lo es ella a simple vista y sé que debo de ser precavido sino quiero matarla por falta de alimento- Llevad a la humana a su celda, aún le queda para que su muerte llegue y nos va a ayudar todavía un poco más –sonrío ladino pensando que puede ser un eslabón en mí plan y tenerla cerca de Naitiri puede hacerle ver lo que le espera, puede hacerle comprender que solo se salvará si decide unirse a mí. Mis hombres la levantan y me doy cuenta de que la humana ha perdido el conocimiento y oigo su corazón latir débilmente.

La sala se queda en silencio y solo se oyen las pisadas de mis hombres llevando a la humana a su celda dejando tras de sí un rastro de sangre por la herida que tiene, no es mucho, le han mordido en el cuello pero ellos no dejarán que muera o yo mismo los mataré con mis manos. Cruzo el pasillo y salgo a otra sala, más pequeña que donde están las celdas, y veo a los demás neófitos que he creado hace tiempo como un pequeño ejército, mis esbirros, aquellos que llevan los actos en mí nombre. Sus muertes no me suponen nada y desde hacía unas semanas su número había disminuido… una cazadora había estado cazándolos y sabía muy bien el motivo; querían quitarme lo que es mío.

Para decepción seguramente de aquella cazadora mis neófitos no dirán nunca nada porque no pueden, su lengua les fue arrancada cuando se unieron a mí y así jamás podrán desvelar ni mí paradero, ni quién soy, ni lo que hago con mis presas. Ya ha matado a unos cuantos y he tenido que reponer sus pérdidas creando otros neófitos, ahora son más y ahora sé que pueden venir a por mí. Miro a los neófitos que repartidos por la estancia y hago una mueca de hastío, son mí mejor baza y entre ellos hay algunos que llevan ya años conmigo y que son mí guardia personal, esos que nunca salen del lugar y que se encargan de mí protección.


-Vosotros, venid aquí –señalo a unos cuantos neófitos y espero a que se acerquen hasta donde estoy, ninguno tiene lengua y eso es algo que me divierte, como si fuera una iniciación- Necesito que vayáis de nuevo a comprobar a los humanos que frecuentaba nuestra invitada –la palabra sale con ironía y ellos ríen, son hombres despiadados que sabe lo que les espera si fallan- Quiero que me traigáis detalles de todo cuanto les rodea, los lugares donde viven, todo aquello que pueda serme útil y… tened cuidado, una es un cazador –veo la sonrisa en sus rostros- Solo vigilad no quiero que se enteren de vuestra presencia y de lo que tengo planeado… sino nos arruinaría la fiesta. Marchad y no volváis sin lo que os he pedido… ¡largo! –el grito les hace moverse con rapidez y se van para cumplir mí cometido. Han pasado horas desde que la dejé en la celda y aunque tengo hambre por no haberme alimentado el primer día comienza y no puedo evitar acercarme a su celda. Todo está tranquilo, todo está en calma y me quedo mirándola desde la celda hasta que ella reacciona, no hay mucha luz y apenas puede verme pero yo a ella sí- Espero que hayas descansado, empieza el primer día y… va a ser muy largo –mí risa precede a lo que va a acontecer a continuación, y no es nada bueno para ella.


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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Naitiri Zahir el Jue Nov 10, 2016 10:32 am

El tiempo en aquel lugar parecía que se había detenido para siempre porque apenas podía saber si era de día, o si seguía siendo de noche. Nada en aquel lugar me podía dar una pista de en qué momento del día me encontraba, ya que no había ningún lugar por donde hubiera una mínima rendija hacia el exterior, estaba todo completamente cerrado y oscuro, iluminado únicamente por las luces de las velas que había en aquel pasillo donde estaban las celdas. El frío y la soledad fueron mis únicas compañías durante un buen rato, hasta que escuché que una puerta se abría y unos pasos se acercaban, pude oír que eran bastantes y apenas pude distinguir que los mismos que me habían apresado ahora estaban portando a la mujer que estaba en la celda de enfrente, la dejaron sin mucha delicadeza y se alejaron riéndose sin decir una palabra alguna.

No sabía si aquella joven podría estar viva o muerta, aunque dudaba que la dejaran ahí muerta… o quién sabe, podrían hacerlo simplemente porque nadie se lo podría impedir. No podía acercarme a la puerta, de hecho, no podía moverme ya que por más que intenté liberarme y soltarme los grilletes que tenía puesto en las muñecas encadenadas a la pared impedían todo movimiento. Por más que tiré, tiré y tiré no logré hacer nada salvo hacerme daño en las muñecas. Odiaba aquella situación porque sin quererlo me traía recuerdos del pasado, recuerdos dolorosos que no había curado del todo y que tenía la sospecha de que iban a doler y escocer mucho más.

Por más que estuve intentando acordarme de aquel hombre no logré hallarlo, quizás lo habría visto, pero intenté borrar todo aquello acontecido con el proxeneta y guardarlo en el cajón del olvido. Pero la familiaridad con la que pronunciaba mí nombre y la forma en la que me miraban me daba a entender que sí lo había conocido en alguno de aquellos años, debía de ser eso porque me había dicho las mismas palabras que el proxeneta utilizaba hacia mí… las había dicho incluso en el mismo tono, por lo que debía de haber estado frecuentando aquel lugar en el tiempo que yo estuve allí.

Miré hacia delante intentando ver si la joven se movía para darme alguna señal de que estaba viva, pero no se movía del sitio donde aquellos dos hombres la habían dejado, apenas podía oír nada más que mí propia respiración y por un momento temí que aquella joven no despertara nunca. Volví a tirar de los grilletes sin obtener resultado alguno, produciéndome más daño al tirar para intentar soltarme y maldije al hombre que me había encadenado, una y mil veces, por dejarme en aquella situación en la que hacía tantos años que no estaba.




-Eh, ¿puedes oírme? –pregunté queriéndome cerciorar de que estaba bien aunque sabía, en el fondo, por los gritos que había pegado que no lo estaría. No obtuve respuesta alguna pero igualmente decidí intentarlo de nuevo- ¿Estás bien? –De nuevo el silencio fue lo único que me respondió y suspiré- Por favor, dime que estás bien… -nada, de nuevo silencio tras mis palabras. Apoyé la cabeza en la pared y miré hacia arriba esperando que solamente estuviera inconsciente y no muerta. Las horas fueron pasando en lo que para mí fue algo eterno, de vez en cuando volvía a preguntarle por si se había despertado o podía hablar pero no obtenía nada por su parte. Los brazos comenzaban a dolerme de estar tanto tiempo en la misma posición, y apenas fui capaz de dormir un poco en aquella situación.

El ruido de una puerta al cerrarse fue lo que me terminó de despertar por completo, había conseguido dormir algo en aquella posición pero no lo suficiente, estaba cansada, me dolían muchísimo los brazos y un poco el cuello de haber dormido levemente en una mala postura. Los pasos se acercaban de forma tranquila como si no tuvieran prisa alguna por acercarse hasta donde estábamos, y una figura se quedó parada justo en la puerta de la celda. No podía distinguir muy bien quién era aquella persona, pero sí podía sentir unos ojos clavados completamente en mí figura y algo me hizo estremecerme. La voz de aquel hombre volvió a sonar por el lugar y sus palabras, como una amenaza velada, me dicen lo que va a pasar a continuación. Un escalofrío me recorre el cuerpo ante ellas, pero mí mirada pese a todo se mantiene firme ante lo que sus palabras revelan.


-Sería mejor para ti que me soltaras
–no sé por qué dije aquello, puesto que conforme estaba yo no podía presentarle ninguna amenaza para él, y de hecho, la risa inundó el lugar mientras él abría la celda con aquella llave, entraba dentro y se agachaba para quedar a mí altura. Sus ojos rojos estaban fijos en los míos y la sonrisa adornaba su rostro.
-¿Es eso una amenaza? –Preguntó de forma burlón, riéndose de mí en todo momento- Tengo curiosidad por saber lo que harás llegado el momento –me cogió el rostro con una de sus manos y, aunque intenté que me soltara su agarre se intensificó inclinando mí rostro, cogiéndome con fuerza- Veremos si esa mirada desafiante que tienes sigue estando ahí cuando termine el día –sonrió de lado, me soltó el rostro y quitó los grilletes de mis muñecas. En cuanto las sentí liberadas suspiré y las froté, tenía alguna marca roja alrededor de haber estado tirando- Levántate –me ordenó con tono frío y al no hacerlo enseguida fue él mismo quien tiró de mí muñeca con fuerza poniéndome en pie- Veamos hasta dónde aguantas –su mano fue a mí cuello y acarició con el pulgar la vena de este, lo vi lamiendo su labio mientras se fijaba en aquel punto y luego me dio un empujón para que saliera de la celda, sintiendo luego su mano apresando mis muñecas y tirando de mí. No sabía a dónde me llevaba, pero algo me decía que lo peor estaba por comenzar.



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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Hades el Dom Nov 20, 2016 10:22 am

Verla parada en la celda con los grilletes sobre sus preciosas muñecas, aquel gesto que denotaba que estaba descansando pese a lo incómodo de la postura, era como un sueño echo realidad. Por fin estaba allí, por fin iba a tenerla para mí y lo más importante de todo: sería mía por el fin de los días. No habría nada, ni nadie, que pudiera evitar lo que en unos días pasaría sin poder evitarse, no me he tomado la molestia para nada de no ser así. Su pelo oscuro cayendo en esas hondas le tapaban un poco el rostro al tenerlo ladeado, pero aún así puedo verlo tras aquella cortina de ondas oscuras, su expresión es una tranquilo y no evito sonreír ante ello. Por fin despierta y su mirada se fija en la puerta, dudo de que pueda verme parado en la puerta, todo está a oscuras, ahí abajo la luz no consigue llegar al lugar ya que no hay ninguna ventana, ningún pequeño resquicio que indique o haga saber qué pasa en el exterior.

Abro la puerta con la llave que siempre llevo encima, nadie salvo yo es quien la tiene en su poder, y no me fío de ninguno de mis hombres. Aunque sepan que ella es mía, por completo. Su mirada está fija en la mía, esa mirada desafiante que me provoca hasta la última fibra de mí ser, me incita a querer quebrarla, romperla… me incita a querer tomarla solo para mí, en esa celda, en aquel momento. Me gusta tanto que grabo esa mirada en mí memoria, sé que pronto ya no la tendrá y sus ojos mostrarán otra cosa, me gusta ese reto que parece que será para lo que pretendo hacer, y eso solo lo hace mucho más interesante.

Sus palabras hacen que parado delante de ella estalle mí risa, no sabe lo que está diciendo y no puedo ni quiero evitar la carcajada que sale de mí boca. Es una amenaza en falso porque sé que ella no puede hacer nada, que no tiene la fuerza suficiente como para poder hacerme nada, como para poder soltarse… está en mí poder, y aunque es reticente a aceptarlo, pronto no le quedará más remedio que hacerlo. No le dejaré otra opción más que esa. Entro dentro de la celda mientras mí risa aún hace eco en el lugar, me acerco a ella y me agacho para quedar a la altura de su rostro. Ni ella misma se ha creído esas palabras, pero ese comportamiento desafiante la obliga a decirlas, la obliga a no ceder a mí voluntad. Mis ojos la recorren mientras una sonrisa enorme se instala en mis labios.


-¿Es eso una amenaza? –el tono burlón está impregnado en cada palabra, no es una amenaza para mí porque está bajo mí poder y mí influencia, no puede escapar, no tiene la fuerza suficiente como para vencerme o como para salir por la puerta atravesando a todos los esbirros que están a mí cargo- Tengo curiosidad por saber lo que harás llegado el momento –cojo su rostro y lo elevo para que nuestras miradas estén a la misma altura, sí, ese brillo todavía está en sus ojos y eso me hace sonreí de lado, ella intenta apartar su rostro pero mí agarre es mucho más fuerte y la obligo a que mantenga la mirada- Veremos si esa mirada desafiante que tienes sigue estando ahí cuando acabe el día –quizás sí, su voluntad dudaba que se doblegara tan rápido, pero es una forma para infundirle más miedo y darle a entender lo que va a pasar. Suelto su rostro y la libero de los grilletes que apresan sus muñecas, ella se las frota y yo dejo que lo haga sabiendo que no puede escaparse, y que si lo hace, no tardaría ni dos segundos en cogerla. Me levanto esperando que haga lo mismo y la miro con el rostro agachado- Levántate –mis palabras son una orden y el tono lo deja claro, pero al no levantarse ella, soy yo quien la levanta tirando de ella- Veamos hasta donde aguantas- mí mano va a su cuello y lo cojo con fuerza, mí pulgar repasa la línea en donde su vena late, bombeando sangre, mí mirada se fija en ese lugar y me lamo los labios… las ganas de morderlas son enormes, no me he alimentado y mí hambre por ella se intensifica. Le di un empujón apartándola y la saqué de la celda y cogí con mí mano su pelo unos segundos, para luego coger su muñeca y tirar de ella.

Salimos de aquel pasillo dejando atrás a la otra humana, ni siquiera he mirado si sigue con vida o está muerta… poco me importa, ella solo sufrió un destino desafortunado cuando la confundieron con Naitiri. Su paso es algo lento y la obligo tirando de su muñeca a que me siga para salir de aquel lugar, abro la puerta y salimos al lugar donde están las celdas y aquel sillón en el centro de la sala. El pasillo es estrecho y algo largo con antorchas en los lados para iluminar el lugar. Avanzo unos pasos y abro una de las puertas y la lanzo dentro con fuerza, para luego entrar yo. La habitación no tiene nada de especial, hay una silla en el centro y nada más. Ella se queda en el centro de la habitación observando la silla y el lugar, y yo doy vueltas a su alrededor, mirando sus expresiones.


-Seguramente estarás pensando en la posibilidad de que alguien pueda venir a rescatarte, y debo decirte, que esa opción debes de descartarla por completo –sus ojos se elevan y miran los míos, mientras yo sonrío, aún tengo un as bajo la manga que ella desconoce- Nadie podrá encontrarte, nadie podrá venir a buscarte… pero eso es algo que dejaremos para luego –me pongo detrás de ella, mis manos van a sus hombros y recorren estos y su clavícula, hasta llegar a su cuello. Ella forcejea pero no le sirve de nada, inspiro en su cuello y su aroma inunda mis sentidos… tan cálido, tan dulce, tan delicioso que mis colmillos por unos breves momentos se dejan ver en mis labios, recorriendo la piel de su cuello. Si no me controlo mis colmillos atravesarán su piel y no es lo que quiero- Primero vamos a comenzar –de un empujón la aparto de mí y la miro- Siéntate en la silla –ella duda pero al final acabo por sentarla yo en la silla de malas maneras, hay unas correas en cada brazo y paso a atarle los brazos pese a su forcejeo, se revuelve como una fiera enjaulada y eso hace que goce más, pero mí mano se mueve veloz y se estrella contra su rostro de nuevo- Te dije que recordaras cuál era tú lugar, debes de obedecerme ahora, no te queda de otra –río tras aquello y termino de atarla. Me separo para verla y ella intenta tirar de las cuerdas, pero no funcionará nada- Ahora bien creo que no lo estás entendiendo… cuando yo digo que debes de hacer algo, es porque tienes que hacerlo. Sin resistirte, sin oponerte… no puedes hacerlo, ¿crees que podrías ante la fuerza de un vampiro como yo? –río divertido por ello- Vamos Nai, no quiero que me lo pongas tan difícil… sólo tienes que… colaborar –hice un gesto con las manos abarcando algo que no estaba en el lugar, mí rostro cambia de semblante y ahora es más serio, enfadado por aquello aunque en el fondo disfruto con lo que va a pasar- Ahora debo de darte una lección sobre lo que ha pasado, me has desobedecido y eso implica un… castigo –mis ojos miran los suyos- Esta vez, como soy generoso, no voy a ser demasiado malo contigo –mí tono es medio burlón por ello, chasqueo los dedos y en pocos segundos dos esbirros entran dejando a una persona a mí lado, lleva el rostro cubierto, está desnuda y no se sabe quién es, abandonan la habitación y yo miro hacia quien está a mí lado, y luego a Naitiri- Como he dicho toda acción tiene su reacción, y tú me has desobedecido así que no me dejas de otra –quito el saco que tapa el rostro y es una mujer joven, su pelo cae sobre sus hombros y lleva una venda. Sus manos están atadas a la espalda, lleva alguna marca sobre su cuerpo y porta una mordaza que le impide hablar o gritar, solo puede escuchar y dejarse hacer.

Uno de mis dedos recorre de hombro a hombro de la joven y esta pega un respingo, pero no se mueve demasiado, me pongo detrás de ella, aparto su pelo y lamo su cuello mientras ella sólo solloza. Me pongo a su lado y mí dedo baja desde su cuello hasta el canalillo entre sus pechos, oigo a Naitiri que se revuelve detrás de mí y me dice que no la toque, es ahí cuando sonrío, me paro y me giro para mirarla. Sus ojos ya no muestran ese desafío que sus ojos portaban hacía unos segundos, sus puños están cerrados sobre el brazo de la silla y su semblante refleja las dudas que la recorren. Va a presenciar algo que no le gustará ver.


-Qué pare, ¿por qué debería de hacerlo? Te estoy dando una lección y quiero que la aprendas bien, no me gusta repetir las cosas dos veces –mis manos se apoyan en los brazos de la silla y mí cuerpo queda inclinado hacia delante, cerca de su rostro- Ahora sabrás lo que puede ocurrir si me desobedeces –muerdo su labio inferior un instante, me coloco detrás de la humana, le quito la venda y sé que la está mirando a ella. Mí mano veloz apresa uno de sus pechos, ella da un leve suspiro de sorpresa, mis colmillos salen a relucir y siento la mirada de Naitiri sobre ellos, niega con la cabeza y pide que no lo haga… pero ya es demasiado tarde. Mis colmillos se clavan en el cuello de la joven, ella se intenta liberar pero no puede, mí brazo aborda su cintura y la pego a mí cuerpo. Mí otra mano juega con su pecho, con su cuerpo en general mientras siento que su vida se va apagando, con cada tirón siento que se le escapa la vida. Ya se mueve menos, ya no intenta liberarse y siento su cuerpo caer contra el mío, de alguna forma mí mano juega en su sexo y lo noto mojado… es el efecto que tiene que un vampiro te muerda. Se vence, se deja hacer y su respiración aumenta de forma irregular poco a poco. Su vida se escapa y cuando culmina en un orgasmo… su vida se acaba. La suelto y cae al suelo desplomada, lamo mis labios y siento que mí cuerpo vibra, rebosante de vida y energía, recorre todo mí cuerpo y miro a Naitiri con ganas de hundirme en su interior y probar de nuevo su sangre… pero eso tendrá que esperar un poco más. Lágrimas caen de sus ojos y sé que aquello le ha atormentado un poco, para mí gozo y disfrute- Esa era alguien desconocido, la próxima vez, será alguien de tú círculo cercano de quien beba delante de ti, hasta arrebatarle la vida.


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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Naitiri Zahir el Lun Ene 02, 2017 11:48 am

La noche había sido no solo horrible, sino que también había sido de lo más eterna para mí… aunque no podía discernir realmente si había amanecido, o si todavía era de noche, no tenía forma de saber en qué momento exacto del día me encontraba ya que allí no había ningún tipo de ventana, no había nada que me hiciera saber ni dónde podía estar, ni en qué hora. Algo que me recordaba de alguna manera a cómo me tenía aquel proxeneta el que fui vendida, con él no podía salir a la calle y tardé años en ver la luz del sol o de sentirla sobre mí piel de forma libre, con él siempre había estado encadenada en su mayor parte para todo aquello que tuviera pensado para mí, igual que aquel hombre, aquel vampiro, me tenía en su poder.

Él había dicho que no lo recordaba y es que, realmente, no lo hacía. Por más que intentaba buscar en mí mente algún recuerdo de aquel hombre no encontraba algo que me indicara que así lo había conocido, y quizás es que lo vi cuando era muy pequeña, quizás justo cuando fui vendida y por eso no lograba recordarlo. Fueron años muy oscuros para mí y en la medida de lo posible intenté borrar aquellos largos años que estuve junto a aquel despreciable hombre, hasta que fui salvada y rescatada… todo lo demás lo quería olvidar, aunque algo dentro de mí seguía latente en mí interior como si quisiera recordar la lección. Lección que, aquel vampiro, parecía querer que recordara.

En cuanto entró en la celda, con aquella sonrisa, y sus ojos rojos puestos en los míos supe que ciertamente la pesadilla comenzaría. No sabía qué era lo que quería de mí y todavía no me había hecho nada, podría haberme matado en cuanto me tuvo delante de él pero al parecer tenía otros planes de los que yo no tenía ni idea… una idea que me producía un escalofrío, no quería pensar qué tenía para mí. Pero no era nada bueno, de eso estaba segura. No supe por qué pero aquellas palabras salieron de mis labios antes de que pudiera analizarlas bien, sabía que yo no podía representar una amenaza para él porque, ¿qué podría hacer contra un vampiro? Absolutamente nada, era consciente de ello. Sin embargo jamás me daba tan rápida por vencida y, aunque sabía que tenía todo en mí contra, aquella situación no iba a ser diferente.

La risa inundó el lugar e hizo eco mientras él se reía de mis palabras, parecía incluso que hasta disfrutaba con ello porque él era tan consciente como yo de que no podía hacerle nada, de que él llevaba las de ganar en todo aquello. Sus pasos terminan por acercarse hasta donde estoy y coge mí rostro con una de sus manos, una sonrisa está en su rostro y aunque intento que me suelte su agarre es tan fuerte que no puedo hacer nada mientras él aprieta un poco más, sin dejar que deje de mirarlo. Finalmente suelta mí rostro y libera mis muñecas de aquellos grilletes, me escuecen de tenerlas ceñidas a mí carne y las froto mientras él me ordena que me levante. Mí mirada sube a la suya y, ante mí negación, es él mismo quien me levanta y me pone en pie.

Su pulgar recorre mí cuello y lo deja justo sobre mí vena, notaba su mirada fija en aquel lugar y lo vi lamerse los labios, como si estuviera pensando en morderme en aquel momento. Pero su mano va hacia mí pelo y lo agarró con fuerza, para darme un empujón y que saliera de aquel lugar. Su mano aferra con fuerza mí muñeca y tira de mí mientras que yo no puedo hacer nada por soltarme. Me conduce por aquel pasillo y dejamos atrás a aquella joven, salimos de aquella sala y nos metimos en un pasillo algo estrecho iluminado únicamente por antorchas, mientras yo no podía soltarme.

Pronto llegamos a una puerta que él mismo abrió, me tiró dentro para luego sentir la puerta cerrarse tras de mí. Era una sala pequeña que tenía una silla justo en el centro, estaba iluminada por velas en las paredes, salvo eso no había nada en particular en aquella habitación y me pregunté para qué me habría llevado allí. Pronto lo averiguaría y lo notaba dar vueltas a mí alrededor, como si de un tiburón se tratara que estuviera rondando a su presa. Mí mirada estaba en la silla y pude notar que había en cada brazo correas, como de sujeción para quien se sentara allí… y un escalofrío inundó mí cuerpo. Sus palabras hicieron que alzara mí mirada hacia él, si alguien podía venir a rescatarme sabía quien podría ser, pero ni siquiera sabrían qué me había pasado o dónde me encontraban.

Nunca llegué a pensar que podría verme en la situación de necesitar ese tipo de ayuda, de que algún cazador pudiera venir en mí búsqueda y era algo que nunca había contemplado. Saber que un ser que era querido por mí, y apreciado, viniera en mí búsqueda era algo totalmente surrealista para mí. Desconocía mucho de aquel mundo de la noche, y aunque sí que era cierto que tenía en mente a gente que sabía que se dedicaba a cazar, no quería imaginarme a una de ellas preocupada por mí, armada yendo en mí búsqueda. Pero sí es cierto que sus palabras me habían descolocado bastante, ¿qué querría decir exactamente? Sabía que ninguno dejaría que algo me pasara, incluso mí padre tampoco lo haría aunque hiciera algún tiempo que no sabía nada de él.



-¿Nadie? –reí de forma un poco irónica por aquello, no sabía hasta cuánto conocía aquel vampiro de mí o de mí vida, pero se estaba metiendo en un lío como realmente se enteraran de lo que me estaba pasando, y sabía que no se quedarían de brazos cruzados. Era él quien debía de llevar cuidado si lograban encontrarme- Deberías de llevar más cuidado, al final me encontrarán y el único que sufrirá las consecuencias… serás tú –sonaba tan convencida como lo estaba, no sabía cómo ni cuándo se podrían dar cuenta de que había desaparecido, porque yo no tenía forma alguna de escaparme por mucho que lo intentara, eso no quitaba que no fuera a intentarlo… pero cuando lo supieran, y dieron conmigo, sería el fin de aquel vampiro. Ahora se había puesto detrás de mí y recorrió mis hombros mientras yo me apartaba, su dedo fue por mí cuello y yo no quise mostrarle que le tenía miedo, eso seguramente le gustaría demasiado.

Me dio un empujón tras sentir el filo del colmillo en mí cuello y me ordenó que me sentara en la silla, mi mirada bastó para darle a entender que no iba a hacerlo. Tuvo que ser él quien me sentara y pasó a atarme los brazos con aquellas correas. Me resistí tanto como pude y le di tantas patadas como me dejó hasta que su mano, de nuevo, se estrelló por segunda vez contra mí rostro ladeándolo. Había sonado en la habitación y lo miré enfadada, sin echarme a temblar o a llorar por ello. No sería la primera vez que intentaban dominarme de esa manera, de alguna forma, hacía años que habría aprendido a crear un muro contra aquellas acciones… no volvería a llorar de nuevo por algo como aquello. Hacía años que dejé de hacerlo con aquel proxeneta.


-No te obedeceré nunca, puedes pegarme todo lo que quieras que jamás lo haré –que me pegara no iba a hacer que accediera antes. Pero su risa estalló en el lugar mientras yo intentaba en vano quitarme las cuerdas, pero me había apretado tan fuerte que era imposible. Hablaba sobre algo de un castigo por mí desafío y no obedecerle, quería que lo obedeciera en todo cuando él lo dijera… y no era algo que fuera aceptable. Fruncí el ceño cuando me llamó por la abreviación de mí nombre, me daba asco que me llamara de aquella forma, y sacudí los brazos intentando salvarme mientras él insistía en que debía de colaborar- No colaboraré contigo, antes prefiero estar muerta –él pareció no prestarle mucha atención a aquello y habló de un castigo… lo miré de forma fija pensando qué podría hacerme como castigo y miles de cosas se me pasaron por la mente. Chasqueó los dedos y, en cuestión de unos segundos, dos hombres aparecieron por la puerta dejando a su lado a una mujer totalmente desnuda salvo por una capucha que cubría su rostro.

Descubrió el rostro de la mujer, era una joven que portaba una mordaza y una venda en sus ojos, su pelo cayó sobre sus hombros y él comenzó a tocarla, de hombro a hombro mientras la mujer suelta un respingo y se revuelve. Sus manos están en su espalda e intuyo que las tiene atadas para no defenderse, él se pone detrás y le aparta el cuello para lamer su cuello y la oigo sollozar. Sabía lo que podía estar sintiendo, esa sensación de que alguien hacía contigo lo que quería sin poder oponerte, esa sensación que te oprimía el pecho cuando te tocaban en contra de tú voluntad… uno que, tras tanto tiempo, comenzaba a volver a sentir en mí pecho. Aquella escena me estaba resultando incómoda, a la par que grotesca y asquerosa… me revolví en la silla intentando soltarme, quería que dejara de hacer todo aquello.


-¡Para! ¡No la toques! –aquello me estaba recordando a lo que yo tenía que soportar en aquellos años, el miedo del principio, el no saber cuando acabaría… no podía soportar ver todo aquello y que no pudiera hacer nada. No sé que clase de castigo quiere darme pero comienzo a dudar de que sea algo contra mí, presiento que no va a gustarme lo que va a pasar y tras mis gritos de que pare y que no la toque él se gira, su rostro porta una sonrisa y decide apartarse de ella. Se acercó hasta donde estaba apoyándose en los brazos e inclinando su cuerpo hacia mí para quedar más cerca, no sé por qué quiere castigarme utilizando a aquella mujer, pero no puedo soportarlo. De forma indirecta me veo reflejada en ella y la repulsión me puede ante todo aquello. Me advierte de que puede ocurrir más veces si me niego a obedecerle, muerde mí labio inferior y se aleja ante mis negaciones. Está detrás de la joven y sus ojos están fijos en mí, como si disfrutara de lo que está viendo. La venda que portaba en sus ojos cayó al suelo y los ojos de aquella joven buscaron los míos, había duda en ellos cuando su mirada se encontró con la mía, pero tras unos segundos, pude ver perfectamente lo que me estaban diciendo: Ayúdame.

Su mano fue a uno de sus pechos y ella dio un respingo ante la sorpresa, me está diciendo que la ayude con la mirada, podía notar el leve brillo de sus ojos al cristalizarse y sé que está próxima por llorar. El miedo la recorre y es como si me estuviera viendo yo, desde otra perspectiva, hacía muchos años, me sentía sin saber por qué identificada con ella y aquello me dolió demasiado. Miro hacia el vampiro y puedo ver sin ningún problema sus colmillos… y sé lo que va a hacer.



-¡No lo hagas! –Negué con la cabeza y rogué para que no lo hiciera- ¡Déjala en paz! –él solo sonrió, como si fuera lo que esperaba oír y supe que lo iba a hacer- ¡NO! –Pero era demasiado tarde y no me escuchó, sus colmillos atravesaron la piel de la joven, gritaba e intentaba liberarse pero no puede porque él es mucho más fuerte. Le quitó la mordaza y se podían escuchar leves gemidos cada vez que veía cómo tragaba su sangre, rodeó su cintura con el brazo y la pegó a él mientras seguía bebiendo de ella. Comenzó a tocar sus pechos con su mano libre, a tocar su cuerpo desnudo mientras seguía bebiendo de ella y yo no podía hacer nada. Se podía notar que ella cada vez tenía menos vida, cada vez se movía menos y aunque fuera algo extraño… incluso podía notar como su vida escapaba mirando sus ojos. Aquel vampiro fue a más y la mano la llevó a su sexo donde ella gimió en respuesta, la trató como una muñeca que podía hacer lo que le diera la gana, sus pechos suben y bajan y no podía comprender cómo es que notaba placer ante aquello, placer y dolor se podía ver en su rostro. Su boca buscaba por un aire que parecía no llegar a su cuerpo y, cuando gime tras alcanzar el orgasmo… cae, se venció contra aquel vampiro sin vida alguna en su cuerpo. Está pálida y sus ojos, de donde habían caído algunas lágrimas, están inertes e inexpresivos.

Me di cuenta de que también ha habido lágrimas surcando mí rostro, la mujer cayó con aplomo al suelo mientras él se lamía los labios quitando la sangre que había en ellos. Notaba un dolor en el pecho ante la dantesca imagen y situación; no había podido hacer nada por ayudarla mientras él jugaba con ella a su antojo, como habían hecho conmigo antaño. La había matado delante de mí y jamás había visto a nadie morir frente a mis ojos, algo que me acompañaría durante un tiempo sin poder olvidar aquella imagen. No podía parar de llorar ante aquello y agaché la cabeza sin querer ver más de todo aquello, la joven seguía tirada sin vida de cualquier forma sobre el suelo y podía sentir sus ojos puestos en mí.
Saber que, si no hacía lo que él decía, podría hacerle aquello a una persona que era importante para mí me partía en dos. Estaba claro el mensaje de todo aquello, y como él había dicho, aquella joven era una desconocida. No quería dejar que me mostrara que sí, que la próxima vez podría ser alguien que apreciaba. ¿Y si era Alessia? ¿Y si era Astrid? No podía permitir que ellas sufrieran por mí culpa, porque el aviso era más que claro y notorio.
Alguien de mí círculo cercano, había dicho. De nuevo volvían a amenazarme con alguien de mí vida y supe que, de no hacer lo que él quisiera, acabaría cumpliendo su amenaza. No podía correr aquel riesgo, y aunque yo me estuviera muriendo en pequeños pedacitos lentamente… prefería ser yo, que cualquier otra persona importante para mí.



Gracias Estrellita:

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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Hades el Vie Ene 20, 2017 6:44 am

Ese momento, ese dulce momento cuando te das cuenta de que tus sueños se están cumpliendo, de que aquello que has planeado durante mucho tiempo por fin se está realizando tal y como se había imaginado. Incluso mejor ya que no había podido imaginar las reacciones que provocaría todo aquello. Sin duda alguna debo de reconocer que todo lo que pudiera haber imaginado con aquel encuentro superaba por mucho mis expectativas. Nada era mejor que tenerla delante de mí, con aquellos ojos color miel mirándome de esa forma tan desafiante y que poco le duraría, porque pienso quebrar todas y cada una de las barreras que ella conoce hasta tal punto de que lo último que le quedara… fuera yo.

E iba a ser totalmente divertido hacer aquello, me gusta ver el proceso y los cambios que eso lleva durante este, era algo que me gusta hacer y disfruto con ello enormemente. Todo el plan que he elaborado minuciosamente por fin se está llevando a cabo, por fin podríamos comenzar con aquello. Sé que es desafiante y que no se quebrará tan fácilmente, su aura me dice que no se doblegará de forma fácil y tampoco quiero que lo haga, porque arruinaría parte de la diversión. No, su voluntad es fuerte y férrea, su pasado la ha forjado a base de todo lo que hizo aquel que fue su dueño un día, y ahora yo iba a recordárselo poco a poco.

Está sentada delante de mí en aquella silla con los brazos atados a esta, y aún así, no deja de mirarme de esa forma que tanto me provoca y que me da a entender que no se doblegará por mucho que le diga. Pero ella no sabe que yo tengo una sorpresa preparada y que la primera lección viene en forma de castigo… o de tortura. ¿Cómo reaccionará ante ello? No puedo esperar para verlo, pero sus palabras hace que me ría en la estancia mientras espero el momento adecuado para dar el primer paso de todo lo que le tengo preparado. Dice que el que acabará en problemas seré yo si consiguen encontrarla, pero lo que ella no sabe, es que tengo todos los cabos sujetos y no hay margen de error.

Ella no sabe que hay un seguimiento desde hace meses entorno a su persona y que, además, también lo había con aquellos que estaban en su círculo más cercano y próximo. Personas como la joven con la que vivía, como por ejemplo la cazadora que se ha dedicado últimamente a matar a mis esbirros para intentar obtener información. Una información que jamás obtendrá porque mis esbirros no pueden hablar, me he encargado personalmente de ello al arrancarles la lengua, sellando así una confidencialidad que jamás sería expuesta. Ha matado a varios, pero más son los que he vuelto a crear de nuevo. Si alguno de ellos, por alguna extraña razón, se acerca lo más mínimo a donde estamos… se encontrará con un ejército de neófitos dispuestos a matarlo.


-Tal y como he dicho, nadie te va a encontrar Nai, pero eso es algo que dejaré que descubras con el tiempo y que por el momento no debe de… preocuparte –la sonrisa maliciosa que hay en mí rostro oculta una verdad muy grande, pero que solo yo conozco- ¿Es eso una amenaza? Oh, por favor señorita… le ruego que, para la próxima vez, sea algo más… convincente para sus amenazas –río burlándome de ella puesto que, conforme está, su amenaza suena a risa. Pronto va a comenzar la primera lección y ella habla de algo que, sí, he hecho pero que no consistía en lo que pretendía hacer- ¿Pegarte como te hacían en el pasado? No, a eso ya te acostumbraste ¿no es así? No, no, no… mí querida Nai, mis castigos van a ir por un lado mucho más oscuro y siniestro –sonrío alejándome de ella y, tras un chasquido de dedos, un esbirro trae una mujer que entra por la puerta encapuchada y desnuda. Veo en sus ojos que comienza a entender lo que pretendo hacer con ella y me sitúo en la espalda de la joven.

Ella comienza a decir que no lo haga y que no la toque, ¡pero ah! , ahí reside el comienzo de todo. No le va a gustar lo que está a punto de presenciar y sus gritos me lo hacen saber pero ya es tarde, mí mirada está fija en ella y clavo los colmillos en el cuerpo de la joven. La toco mientras bebo de ella que parece disfrutarlo al mismo tiempo que el dolor la recorren. Naitiri no puede parar de revolverse en el sitio para soltarse y noto como su aura se va oscureciendo un poco más, y un poco más. Sigo bebiendo de la joven hasta dejarla sin vida justo cuando llega al orgasmo y la dejo caer al suelo, inerte de vida, sin importarme para nada. Mis ojos buscan los de Naitiri que mira al suelo y puedo ver lágrimas en ellos, hondeo en sus pensamientos durante un momento y me doy cuenta de que lo que ha presenciado le ha devuelto a su pasado, a aquel donde ella no recuerda haberme conocido.

Me acerco a ella aún con la sangre resbalando de mis labios y me agacho para que mí rostro quede a la altura del de ella, sus lágrimas siguen cayendo por su rostro y un pequeño sollozo escapa de ella mientras que yo sonrío, divertido con la situación. Llevo mí mano a su rostro y lo levanto, ella se deja sin mayor problema, como si se sintiera abatida… y sé que así ha comenzado a sentirse. No me mira, no busca mí mirada y yo la observo para ver sus reacciones. Llevo un dedo y quito una lágrima que baja por su mejilla, ella se aparta y acabo por coger su rostro con fuerza con mí mano.


-Como has visto mí castigo es mucho más diferente de lo que podrías haber imaginado nunca. Mucho más cruel que el que una vez pudieran darte –río al ver su expresión y eso me hace gozar, me he alimentado pero mis ganas de tomarla a ella no consiguen disminuir en absoluto- Vuelve a desobedecerme y la persona a la que le arrebate la vida será alguien que quieres y aprecias –me mira, y aún llorando, veo un poco de ese fuego que siempre tiene al mirarme- De ti depende que sigan con vida, o mueran. A mí me da completamente igual, pero si te digo una cosa –acerco mis labios a los suyos- No seré tan benevolente como he sido con ella, esto era solo una pequeña demostración –termino por acercar mis labios a los suyos y la beso, ella intenta apartarse pero yo mantengo mí agarre firme sobre ella y aun con la sangre en ellos la beso, termino por morder su labio y me separo- Y ahora vamos, el día no ha hecho más que empezar –sonrío porque tengo una pequeña sorpresa que darle, una que no se espera para nada y que hará que su pasado salga poco a poco a la luz.

Quito las ataduras de sus brazos y la levanto, pese a lo que ha visto no se resiste e intenta de nuevo luchar contra mí, pero un tirón más fuerte y coger su pelo en mí puño tirándolo hacia atrás hace que pare en seco, gruño en advertencia y mí colmillo recorre su piel haciendo que un escalofrío recorra su cuerpo. Cojo su muñeca y tiro con fuerza de ella sacándola de la habitación, el pasillo está levemente iluminado y seguimos andando hasta la sala que hay al final. Es la sala donde están todos los neófitos que la miran cuando entramos, pero una seria mirada a todos les hace quedarse quietos, sé que quieren ir a por ella pero es mía, y de nadie más.

Pasamos la sala y llegamos hacia un pequeño pasillo que este no está apenas iluminado, al fondo hay una puerta de madera vieja con pequeños barrotes de metal, como en las cárceles antiguas. Al llegar a la puerta cojo una de las antorchas que hay en la pared y saco una llave que tengo guardada y que solo yo poseo, abro la puerta y miro en el interior de la pequeña celda. Todo está a oscuras y no hay forma de que la luz entre o llegue al lugar. Tiro de Naitiri para que entre y noto que duda sobre qué va a pasar, pero oigo otra respiración en el lugar que no nos pertenece a ninguno de los dos. Sonrío al darme cuenta de los ojos que me miran y dejo la antorcha en la pared, justo para que ilumine la zona que quiero que ella vea, sin apartar mí mirada de ella cuando se de cuenta.

Al fondo, donde la luz ahora alumbra el lugar se ve el cuerpo de un hombre desnudo, está sentado en el suelo y sus brazos rodean sus piernas, se mece hacia atrás y hacia delante y su cuerpo tiembla. Espero para que reaccione y tarda unos leves segundos en mirar en nuestra dirección, sus ojos se posan en los míos y hace una leve referencia, su voz tiembla cuando me dice “Amo” y se arrastra para quedar ante mis pies. No la ha reconocido pero es algo a lo que yo voy a poner remedio, miro el rostro de ella y puedo ver la sorpresa que surca su rostro… ella, por el contrario, si lo ha reconocido.


-Aparta tus sucias manos, esclavo, y levanta para que te veamos –él lo hace sin rechistar, sabe lo que pasará si no me obedece y presto se alza para quedar a nuestra altura. Sus ojos se fijan en la mujer que tengo al lado, se queda mirándola unos segundos y luego su mirada se fija en la mía.
-¿Amo Hades? –osa preguntar y le cruzo la cara ante su osadía, no le he dado permiso para hablar.
-¡Silencio! No te he dado permiso para hablar, esclavo. –No estoy seguro de si la ha reconocido o no, mí mano recorre los hombros de ella y me quedo a su espalda- ¿Sabes quién es, verdad que sí? –pregunto en su oreja, en un susurro bajo y su cuerpo se tensa- Vaya vaya, las cosas que tiene la vida. Esclava y amo se vuelven a encontrar después de tantos años... ¡qué enternecedor! -sonrío divertido con aquello- Te voy a conceder este pequeño regalo. Él te hizo daño y ahora, para que veas lo generoso y bueno que soy… te concedo que puedas devolverle ese daño que él te hizo –me dirijo hacia la pared, abro un pequeño armario con otra llave y saco una fusta. Me acerco y cogiendo una de las manos de Naitiri la dejo en su palma, ella me mira, mira la fusta y luego vuelve su mirada a mí- Vamos, no es tan difícil. Él te hizo mucho más que lo que tú puedas hacerle ahora, ¿le tienes compasión después de todo? -lo miro a él y luego a ella- Es tú momento, ¿nunca has soñado con poder devolverle, por poco que fuera, todo lo que te hizo? Ahora puedes. Está bajo mí voluntad y nada podrá hacerte... Es para ti, lo hice por ti... y ahora, vamos, pégale –es una orden y ella se niega, gruño ante su desobediencia y cojo su mano para ser yo quien, sujetando también la fusta, doy el primer golpe a su cuerpo. Ella niega y grita, pero no tiene elección- ¡Vamos, pégale! O lo haces tú… o lo hago yo –no tiene elección posible, sé que no quiere hacer, pero no va a poder evitarlo.


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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Naitiri Zahir el Miér Feb 08, 2017 12:22 pm

No podía hacer nada, por mucho que me moviera, por mucho que gritara y que intentara soltarme o hacer que parara… nada podía hacer, salvo contemplar aquel horror que se estaba cometiendo delante de mí, a pocos centímetros, mientras veía en primer plano cómo la vida de aquella joven se le escapaba entre suspiro y suspiro, cómo sus ojos se iban tornando cada vez más apagados y carentes de vida… hasta que finalmente en su último aliento en el que había soltado aquel leve gemido su cuerpo cayó desplomado al suelo sin vida alguna, sin sangre que recorriera su cuerpo que había sido el deleite de aquel hombre, o mejor dicho vampiro, del cual descaradamente se había estado alimentando de ella tocando su cuerpo sin ningún reparo, mientras sus ojos rojos cual carmín me observaban con cada movimiento.

Había sentido su mirada en todo momento y supe el desafío que había implícitos en ello, era una clara advertencia y una amenaza de lo que pasaría en un futuro. Así me lo había hecho saber de un principio, quería dejar claro las bases y las normas y que sobre todo él tenía el poder de decidir otorgar muerte y cómo otorgarla… como si fuera un juez para dictar tal sentencia, como si fuera la única voluntad que debiera de cumplir. Ese era uno de los castigos que podría imponer y no quería siquiera imaginar qué más podría hacer aquel hombre para atormentarme. Porque algo estaba claro, lo hacía únicamente para atormentarme, de eso no tenía duda alguna al respecto. Me había hecho contemplar cómo mataba a aquella joven y nunca había visto la muerte tan de cerca como la había visto hasta ahora… y había sido horrible.

Y no sólo eso, sino el sentimiento que había recorrido todo mí cuerpo al ver cómo su cuerpo caía contra el suelo, el malestar general que se me había quedado y lo amarga que tenía la boca no solo era por contemplar aquello sin poder hacer nada, sino de la sensación que verlo me había provocado. De alguna forma me había hecho regresar a ese pasado del cual quería olvidarme de por vida, a esa joven Naitiri que estuvo de alguna forma “atada” a aquel hombre y del cual no podía hacer nada contra él, lo que tuve que soportar en contra de mí voluntad porque si me rebelaba había aprendido la lección de que iba a ser mucho peor… y así era como las lágrimas habían surcado mí rostro y ahora ni siquiera podía ver algo más allá del suelo. No quería mirar aquella imagen, quería borrarla de mí mente así como quería borrar la sensación de angustia y de repulsión que había tenido mientras veía cómo el se divertía con todo aquello.

No tardó demasiado en acercarse a mí y yo evité no hacer ningún ruido mientras notaba las lágrimas surcando mí rostro, bajando con rapidez por mis mejillas hasta terminar cayendo sobre el vestido. Su sola presencia me hastiaba y su cercanía me desagradaba como nunca nadie había hecho, y tan solo en tan poco tiempo que incluso pensarlo me daba miedo. Pero había dejado claro que algo peor pasaría si no obedecía y que, además, no sería tan benevolente como había sido ahora. ¿Benevolente? No creía que supiera el significado de aquella palabra porque, a mi parecer, no lo había sido en absoluto. Otra razón más para que intentara que no fuera a por nadie que apreciara, yo me había acostumbrado hacía mucho tiempo a aquel tipo de trato y prefería ser yo… que cualquier otra cercana a mí.

No iba a pegarme como habían hecho en mí pasado y eso me hacía preguntar qué mas cosas tendría preparada para mí, su mano pronto levanta mí rostro y no me opongo pese a que quiero hacerlo con todas mis ganas… sin embargo no lo miro, mis lágrimas siguen cayendo y un pequeño sollozo escapa de mí pecho mientras en mí fuera interno deseo serenarme y que no me viera así. Odiaba mostrarme así frente a las personas, pero más todavía cuando eran del tipo de aquel hombre que sabía que disfrutaba observándome. No hacía falta mirarlo para saber que portaba una sonrisa en su rostro, podía apreciarla aún apartando mí vista de él. Una de sus manos se dirigió a mí rostro y casi con delicadeza retiró una de las lágrimas que caían por mí mejilla, como acto reflejo me aparté para que no me tocara, pero aquello pareció no gustarle porque cogió mí rostro y me obligó a mirarlo.

Sus palabras me hacen mirarlo mientras intento calmarme, dice que su castigo será más cruel y me pregunto qué más puede ser cruel que ver como mata a una joven delante de mí, de aquella forma. Mencionar que ese destino podría pasarle a alguien que quiero me hace volver a mirarle sin apartar mí mirada, quiero darle a entender que no me afecta aunque por dentro me estuviera muriendo solo de pensarlo. No quería que pensara que era débil y debo de demostrarle que no lo soy, que hay una fortaleza en mí oculta que él desconoce y que será la que me ayudaría a soportar aquello que tenga para mí. Nada podría ser peor de lo que ya había tenido que soportar, mis heridas así lo daban a entender.

Él sonríe de esa forma que me hacía pensar que tenía más cosas preparadas para mí, con esa sonrisa de maldad clavada en sus labios, labios que todavía tenía manchados con la sangre de la joven. Acercó sus labios a los míos y yo me aparté ante la sola idea de que pudiera besarme, pero su agarre era mucho más fuerte y yo estaba atada sin poder moverme, con su fuerza había bastado para finalmente que sus labios besaran los míos. Siento la sangre que inunda mí boca ante el beso y eso me asquea, me da repulsión aquel beso pero su agarre es firme y me aprieta contra él pese a que intento oponerme. Finalmente da un mordisco a mi labio y se separa sonriendo, con triunfo, sabiéndose vencedor.

Por fin me quitó las ataduras dejándome libre y me levanté viendo el momento de intentar irme del lugar, él me coge pero yo puse resistencia luchando contra él… luchando en vano pues me agarró con fuerza y cogió mí pelo en su puño tirándolo hacia atrás, ejerciendo su dominación sobre mí. Gruñó cerca de mí oído y pude notar el colmillo que se deslizó por mí piel advirtiéndome de qué pasaría. Cogió mí muñeca y tiró de mí por el pasillo atravesándolo, pasando por una sala donde me encontré a los vampiros que me habían apresado junto a muchos más que clavaban sus ojos rojos en mí, como si quisieran saltar sobre mí pero no lo hicieron, se quedaron en su sitio mientras yo era arrastrada sin sabe hacia dónde me llevaban.

Pronto llegamos a otro pasillo iluminado levemente por antorchas hasta dar con el fondo de este donde había una puerta de madera, con unos barrotes de metal a modo de celda en una pequeña abertura, me quitó de su agarre y sacó una llave que abrió la puerta y se quedó mirando el interior, ¿ahí era donde iba a meterme? No hizo ningún movimiento hasta que pasados unos segundos tiró de mí para que entrara de un empujón dejándome dentro del lugar… pero él no había cerrado la puerta, no me había dejado allí sola a oscuras sino que miraba hacia un rincón de la estancia, algo que yo no podía distinguir por la oscuridad. No sabía qué era lo que iba a pasar.

Lo miré un segundo y fue entonces que dejó la antorcha en una de las esquinas del lugar, iluminando una única zona en donde pude ver que no estábamos solos; había alguien más en aquel lugar. Había un hombre sentado en el suelo rodeando sus piernas con sus brazos, un hombre entrado en años que se mecía hacia delante y detrás. Sus ojos se elevaron y miraron al vampiro haciendo una reverencia, luego se posaron en mí y… la confusión me invadió. Aquellos ojos, aquella cara… mí sorpresa fue mayor cuando me di cuenta quién era aquel hombre, mí cuerpo se quedó rígido por unos segundos y mi respiración entrecortada. No… no podía ser que aquel hombre fuera el mismo al que me habían vendido hacía tantos años.

La sorpresa me recorrió y miles de emociones bailaron dentro de mí, algunas incluso que no pude distinguir en aquel momento; ira, odio, tristeza, miedo, duda, rabia… una vorágine de emociones negativas en su mayoría. Algo dentro de mí se quebró rompiendo una barrera que había erigido hacía muchos años pero que seguía latente en mí interior, un pequeño resquicio se había roto al ver a aquel hombre. Mí cuerpo tembló al recordar de forma rápida, como si cada momento hubiera pasado ante mis ojos en un segundo, todas las cosas que me había hechos. Sus golpes, sus palabras, sus humillaciones, sus promesas vacías con el fin de tenerme a su merced, sus manos recorriendo mi cuerpo, su aliento en mi cuello, su furia mientras se hundía en mí interior y me tomaba… todo afloró, de golpe, sacudiendo las murallas que una vez había construido y que jamás pensé que podrían desplomarse como estaban haciendo ahora…

Para cuando quise darme cuenta él se había acercado y estaba delante del vampiro que había nombrado Hades, refiriéndose a él como su amo. Este le abofeteó al no darle permiso para hablar, su pregunta me hizo pensar que ¿podría haberme reconocido? ¿Sería tan sólo otro rostro más para él de todos los que había tenido? ¿Se acordará de mí? Miles de preguntas surcaron mí mente. Hades, como él lo había llamado, se puso a mí espalda y me confirmó lo que sospeché. Se estaba divirtiendo con la situación, decía que lo había hecho por mí, mí vista estaba fija en el hombre que fue una vez mí dueño y que ahora no me miraba. Hades se alejó y a los pocos segundos dejó algo en mí mano, al mirarlo me di cuenta de que era una fusta. Lo miré sin comprender y luego volví a mirar la fusta, ¿qué quería que hiciera?

Su respuesta es clara, quiere que le devuelva de alguna forma todo lo que él me hizo a mí… pero aquello es imposible. Por mucho que le diera con la fusta, aunque me pasara días enteros dándole con aquello… jamás podría llegar a sentir todo lo que él me hizo una vez. Dice que lo hizo por mí, su pregunta me hizo mirarlo durante unos segundos haciendo que apretara con fuerza la fusta; muchas veces había deseado poder devolverle aquello que me hacía, pero al fin y al cabo, jamás sería capaz de hacerlo. Me ordena que le pegue y yo niego con la cabeza, no soy una persona que sea capaz de herir a alguien de esa forma, por mucho que delante de mí tuviera al que me hizo la vida imposible durante siete largos años confinada en una pequeña celda, siendo humillada, maltratada y mancillada como le dio la gana y a su voluntad… no podía hacerlo. Su mano veloz coge la mía y me obliga a pegarlo moviendo él la mano, en contra de mí voluntad.


-¡No! –Grito soltando la fusta y dejándola caer al suelo, retrocedo y niego con la cabeza- No quiero hacerlo... no puedo hacerlo –una de las cosas que en un punto dado de mí vida había deseado ahora lo tenía frente a mí; aquel proxeneta está arrodillado frente a mí y espera el castigo por todo lo que hizo. Aún así, sabía que no serviría de nada… mis heridas no se curarían dándole con una fusta, incluso con su muerte yo no conseguiría curarme. ¿Aliviaría mi pesar? Quizás un poco, pero no lo suficiente para cerrar aquel oscuro capítulo de mí vida- No pienso pegarle sólo porque tú así lo desees –me giré dispuesta a irme pero él era más rápido que yo y me cogió de la cintura, me giró y me pegó contra la pared del lugar con brusquedad. Su mano aferró mí rostro y lo levantó para que pudiera mirarlo. Sus colmillos están a simple vista y se podía notar que estaba enfadado por mí negativa.
-No tienes elección, Naitiri. No es algo que puedas decidir no hacer… vas a pegarle, quieras o no, y lo harás hasta que yo decida que es suficiente.
-No pienso complacerte en tus planes maquiavélicos… puedes hacerme lo que quieras, pero no pegaré a nadie con una fusta –mis palabras son firmes o intento que lo suenen. Su risa estalló inundando el lugar con ella y produciendo un eco, burlándose de mis palabras.
-¿Por qué no, Naitiri, por qué no quieres hacerlo? No te engañes a ti misma, en algún momento de tú vida seguro que has deseado tener el control para que dejara de abusar de ti, ¿me lo vas a negar? –Mí mirada se mantiene firme y eso le divertía en sobremanera, tenía razón, pero era incapaz de hacerle daño pese a que él fuera el que más daño me hubiera hecho en toda mí vida, y el que me hizo sentirme en una pesadilla.- Oh, ¿es por compasión? ¿Le tienes compasión aún después de lo que te hizo? –Sonrió de lado- Eres más débil de lo que creía
-¡No soy débil! –intenté liberarme pero él me apretó aún más contra la pared.
-¡Pues demuéstralo! ¿Aún no lo entiendes, verdad? ¿Quieres que traiga a una de esas dos mujeres que tanto quieres y que les quite la vida como a la otra? –negué con la cabeza, ¿dos mujeres? No, no podía ser…- Pues entonces coge la fusta y pégale, es la única forma de salvarlas que tienes –su mano comenzó a ascender por mí costado y sus labios se acercaron a los míos- Vamos Nai, demuestra que no eres ese eslabón débil que todos piensan… -me mordí el labio, no podía hacer aquello por mucho que me lo presentara de aquella manera, ante mí duda, él me guió y volvió a ponerme la fusta en mí mano quedando a mí espalda susurrándome que lo hiciera o ya sabía cuál era el castigo. Cerré los ojos mientras notaba la mirada del hombre puesta en mí, esperando el castigo, esperando que la fusta diera contra su cuerpo.

El primer golpe le hizo dar un leve gruñido y ni siquiera miré dónde le había dado, mantenía los ojos cerrados sin querer verlo, como si de alguna forma el no verlo hiciera que no estuviera pasando de verdad. Hades volvió a recordarme que siguiera, que no me había dicho que parara y mí mano volvió a asestar otro golpe. Las lágrimas volvieron a caer por mí rostro sin poder evitarlo, cada golpe también me estaba matando porque no tenía elección, era o él o alguien que quería… y aunque me sentía morir un poco, como si las heridas se hicieran más profundas con cada golpe, no podía dejar que nadie muriera por mí culpa. Hades cogió mí muñeca y comenzó a asestar golpes como quiso al ver que no le daba con suficiente fuerza, llenando el lugar de gritos, de golpes, de risas… y del llanto que emanaba de mí pecho.




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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Hades el Sáb Feb 18, 2017 12:05 pm

Aquella situación la he imaginado en mí mente muchas veces, pero una cosa es imaginarla y otra contemplarla con mis ojos. Después de tanto tiempo amo y esclava vuelven a juntarse de nuevo aunque los dos no son conscientes todavía de lo que tengo preparado. La reunión no va a ser placentera, aunque para mí si que iba a serlo, pero para ellos tengo reservado otro cometido que ninguno imagina. Hace meses que aquel hombre lleva atrapado en mis mazmorras, enredado en una telaraña que yo he tejido a su alrededor con el tiempo y del cual ahora es preso. Su estancia no ha sido agradable, golpes, mordiscos, castigos dolorosos… incluso en alguna ocasión dejé que mis neófitos hicieran con él lo que quisiera. Para lo que tengo pensado lo necesito con vida, y por eso está así.

Ha sido despojado de todo cuanto una vez tuvo, el hombre que una vez fue ha quedado en el olvido y dudo que él se acuerde de quién fue un día. No ha visto la luz del sol desde el tiempo que lo tengo, confinado igual que la tenía a ella confinada en un justo castigo que, a mi parecer, era bastante razonable. A diferencia de él no ha abusado nadie, pero sabe que eso no iba a ser el menor de sus palabras. Mis torturas son implacables y sádicas, su sangre corre por el suelo en cada sesión y sé que eso le duele mucho más. Una vez pensé en hacerle ver como se sentía ella cuando la tocaba y abusaba de ella, y pese a lo retorcido que soy, me daba asco solo de pensar en ello. Con las torturas tiene suficiente y seguro que reza por no tener nada más.

Él no sabe por qué está aquí y ahora ha llegado el momento de la reunión. Ambos están juntos tras años de estar separados cuando la vendió a la Madam, algo que no debió de hacer en su momento y que ahora paga por ello. Sé que ella lo ha reconocido, para él ella era otro de los tantos rostros que ha tenido en su vida, pero ella sí sabe quién es. Su gesto tenso y la forma en que lo mira me dice que ha reconocido a quien la tuvo presa tanto tiempo. Yo no pierdo el tiempo y me pongo a su espalda, paso un dedo por sus hombros y le pregunto si sabe quien es. Ella se tensa y sonrío sin poder evitarlo; lo sabe. El esclavo se acerca y me mira, le doy un golpe en el rostro porque no le he dicho que hable y lo dejo en el suelo. Me alejo de ellos para abrir un armario donde hay instrumentos de tortura, ahora es cuando viene la parte divertida. Dejo la fusta en su mano y la miro, ella parece que duda y niega con la cabeza.

Le he presentado algo que seguro ha deseado en el tiempo que estuvo cautiva, poder devolverle de alguna forma el daño que le hizo. Yo se lo pongo en bandeja, solo tiene que darle con la fusta y parte del castigo cesará aunque no para siempre. Quiero ver cómo le pega, quiero ver como descarga parte de lo que sintió sobre el que fue su captor… y no admito réplica. No tiene escapatoria ni opción a negarse, o lo hace ella o lo hago yo… aunque prefiero que lo haga ella para verlo directamente. Ella se niega y deja caer la fusta al suelo para luego girarse e intentar salir de la sala. Cojo con rapidez la fusta y me acerco a ella parando su huida, mí brazo rodea su cintura y la empujo contra la pared pegando su espalda a esta. Creo que no ha entendido lo que ocurre.


-No tienes elección, Naitiri. No es algo que puedas decidir no hacer… vas a pegarle, quieras o no, y lo harás hasta que yo decida que es suficiente. –le aviso de lo que tiene que hacer, no hay escapatoria, no puede negarse por mucho que quiera. Eso va a hacer que su voluntad se rompa un poco, que algo se resquebraje en su interior y es lo que busco con ello. Sus palabras me producen risa, una risa que estalla en el lugar y que hace eco por toda la sala, en una risa que claramente se burla por lo que ha dicho. ¿Hacerle lo que quiera? Ya lo estaba haciendo.
-¿Por qué no, Naitiri, por qué no quieres hacerlo? –Pregunto con mi mirada puesta en la suya- No te engañes a ti misma, en algún momento de tú vida seguro que has deseado tener el control para que dejara de abusar de ti, ¿me lo vas a negar? –Su mirada se mantiene firme y eso me divierte en sobremanera, tenía. Algo se pasa por mí mente como una revelación y quiero que de alguna forma se de cuenta de lo que pienso y quiero- Oh, ¿es por compasión? ¿Le tienes compasión aún después de lo que te hizo? –Sonrío de lado- Eres más débil de lo que creía –murmuro mirándola con un deje de diversión.
-¡No soy débil! –intenta liberarse pero es inútil y la pego más contra la pared. Parece que he dado con algo que me puede ayudar a que haga lo que quiero. No quiere que la vean débil, y pienso utilizar eso en su contra.
-¡Pues demuéstralo! ¿Aún no lo entiendes, verdad? ¿Quieres que traiga a una de esas dos mujeres que tanto quieres y que les quite la vida como a la otra? –Niega con la cabeza y parece que entiende lo que quiero decirle. Amenazarla con una de las dos mujeres que hay en su vida es un truco muy fácil para que se decida a hacerlo, utilizarlas en su contra es lo que la va a marcar de por vida- Pues entonces coge la fusta y pégale, es la única forma de salvarlas que tienes –mi mano ascienden por su costado y dejo mis labios cerca de los suyos- Vamos Nai, demuestra que no eres ese eslabón débil que todos piensan… -su indecisión es palpable, pero hablar sobre las dos mujeres que tenía controladas y que sabía que harían cambiar de opinión hace que finalmente se decida.

Se aleja de donde está con la fusta en la mano, se para ante el hombre y la miro esperando el primer golpe… que llega titubeante. Le digo que siga, quiero que le de hasta que no pueda soportarlo más y yo me haya cansado de verlo. Vuelve a darle tras unos segundos y me acerco a su espalda, le animo a que siga sino sus amigas serán las que acaben muriendo en mis brazos. Le da pero no con la fuerza que espero, así que cojo su mano y soy yo quien golpea. El grito es mucho más alto y el dolor más fuerte por mí fuerza, la sangre comienza a manar del cuerpo del esclavo y yo río, mí risa se mezcla con los gritos y el llanto de ella pero no la dejo que pare. Mi mano sigue y sigue golpeando sin piedad alguna, mí otro brazo rodea su cintura y la mantengo firme para que mire todo. No paro de golpear hasta que veo que el esclavo pierde el conocimiento, su espalda está llena de marcas, de cortes y un charco de sangre por las heridas. Me pego a la espalda de Naitiri para que sienta la excitación que tengo al haber hecho aquello, mis labios se quedan en su cuello e inhalo con fuerza… la tentación de morderla es enorme, mis ganas de su sangre son incesantes e incontrolables a pesar de que me he alimentado.


-¿Ves? Así es como se hace –murmullo y noto una gota que llega a mis labios, sigue llorando y quito una de sus lágrimas- Deja de llorar ahora mismo, él te hizo mucho más de lo que tú has hecho ahora. ¿No te sientes mejor? ¿No notas que algo en tu interior se ha… liberado de su carga? –Mí otra mano recorre su pelo y lo aparta un poco de su rostro, esta sigue bajando y llega hasta sus pechos y tomo uno con la mano. Inhalo su aroma y dejo mis labios en su mejilla, son tantas las ganas que siento de hundirme en ella, de hacerla gritar, de beber de ella justo cuando llegue al orgasmo que luego voy a tener que buscar una presa con la que desquitarme- Pronto, muy pronto, disfrutarás como yo de todo esto… pronto serás mía y nadie va a impedirlo –porque mí plan es hacerla mía para siempre, como vampira, a mí lado. Giro su rostro y llevo mis labios a los suyos para reclamarlos, los poseo a mi voluntad y me separo para girarla y que me mire- Es hora de volver a tú celda.


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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Naitiri Zahir el Miér Mar 01, 2017 10:47 am

Aquel hombre estaba convencido a hacer que sucumbiera ante sus deseos, que me dejara llevar por lo que él quería que hiciera para su uso y disfrute personal. Jamás habría podido llegar a pensar que me encontraría, en algún momento de mí vida, con aquel hombre que durante tantos años me mantuvo cautiva, atada junto a él, tratándome como realmente le dio la gana porque como siempre me decía: era suya. Había pagado un precio por mí y se dedicaba a recordármelo cada día de mí vida para que lo tuviera bien presente. Al final acabé acostumbrándome a todo lo que me hacía, a estar recluida en una pequeña y minúscula habitación privada de todo, de la luz del sol, de comida buena, de algo de cariño… al fin y al cabo seguía siendo tan sólo una niña, una niña a la que obligaron a crecer a marchas forzadas y en contra de mí voluntad. Pero como todo me pude reponer de ello cuando la Madam me encontró, y me mostró que había una vida más allá de lo que me había tocado sufrir, que o bien podía dejar que aquello me consumiera… o superarlo. Decidí superarlo.

Pero una cosa era superar todo aquel horror, encerrarlo bajo capas y capas como si realmente intentara que no saliera nunca más a la superficie, marcada de alguna forma invisible para el resto de mis días… y otra muy diferente era tener ante mí al causante de todo aquel daño. Aunque Hades no me hubiera dicho que era él jamás podría olvidar aquella cara que ahora me miraba con duda mientras sujetaba la fusta en mí mano, no quería hacerle daño, ni siquiera hiriéndole lo que le quedaba el resto de su vida podría alguna vez llegar al todo el daño que me hizo una vez a mí… y eso era algo que yo ya sabía. Incluso hasta parecía esperar el castigo que él había dicho que le impusiera, pero yo me negaba en rotundo… él, sin embargo, había agachado el rostro como sometido a su voluntad esperando que la fusta marcara su piel, y yo simplemente no podía hacerlo.

Pero tampoco quería que pensara que era débil, y había algo que odiaba es que me dieran que era débil. Me consideraba una mujer fuerte y decidida que nunca se echaba hacia atrás en nada, no dejaba que nadie intentara pasar ante mí porque era algo que ya había permitido durante mucho tiempo, antes había sido débil, ahora solo quería mostrar la fuerza y la determinación que en aquel entonces me faltaba y que ahora eran férreos valores que habían hecho que fuera la mujer que era hoy en día. No quería pegar con la fusta a aquel hombre, pero tampoco quería que Hades tocara a aquellas dos personas que había dicho. Dos mujeres, las únicas dos mujeres en mí vida que me complementaban y a las que quería con locura. Una era Alessia, y la otra era Astrid. No, no iba a dejar que Hades pudiera siquiera acercarse a ellas, y si debía de sacrificarme por ellas… lo haría. No podría soportar que les pasara algo por mí culpa, por haber sido una cobarde aunque por dentro me estuviera muriendo al hacer aquello.

Mí mano se levantó en el aire y cayó haciendo que la fusta impactara contra el cuerpo de aquel hombre que soltó un leve jadeo, no le había dado con toda la fuerza que tenía y esperaba que Hades estuviera satisfecho con ello… pero nada más lejos de la realidad. Se acercó a mí espalda y comenzó a hablarme sobre ellas, que ejerciera más fuerza en mis golpes o ellas morirían en sus brazos. No quise hacerlo, pero volví a asestar otro golpe con algo de más fuerza, pude escuchar cómo chasqueaba la lengua como si todavía no estuviera contento del todo, y tras unos segundos, su mano cogió mí muñeca con fuerza y empezó a asestar golpes que sonaron con mucha más fuerza de los que había dado yo, resonando en el lugar mezclado con los gritos y los jadeos de aquel hombre que aceptaba cada uno de los golpes. Mis lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas y quise cerrar los ojos, pero Hades cogió mí mentón con su mano y me obligó a mantener la visa fija en él.

Más golpes y la sangre no tardó en comenzar a salpicar de las heridas, comenzaban a abrirse paso por su piel mientras él gritaba de dolor y Hades más daño le infligía. Su mano se movía como un demonio sobre mí muñeca haciendo que indirectamente fuera yo quien le golpeara. Mí llanto se mezclaba con los gritos de él mientras yo intentaba alejarme y separarme, pero Hades rodeó mí cintura con fuerza y apretó el agarre a mí muñeca, riéndose por el espectáculo que estaba presencia como si fuera todo demasiado divertido para él. Probablemente; lo fuera. Disfrutaba haciendo daño como había disfrutado sesgando la vida de aquella joven, pero ahora su disfrute sería el doble al ver cómo me encontraba yo mientras le infligía el castigo.

No supe cuánto tiempo estuvo golpeando a aquel hombre que una vez fue mí dueño, pero solamente se dignó a parar cuando este cayó inconsciente desplomado sobre el frío suelo de aquel lugar sobre un charco de sangre, su sangre, esa que manaba de las heridas y que manchaba el suelo donde estábamos. Mí llanto se había transformado en uno algo más mudo siendo solamente sollozos lo que escaba de mí garganta, pero las lágrimas seguían cayendo por mí rostro. Jamás había contemplado tanta brutalidad, tanta ira y tanto odio tan de cerca, tampoco había visto que nadie torturara así a una persona y que me hiciera partícipe de forma indirecta… y yo me sentía fatal por ello. No era una mujer que pegara a nadie aunque sí tenía mí genio y mí carácter, pero no era en mí el hecho de hacer daño.

No me soltó y no simplemente no pude moverme frente al horror que había presenciado, su pecho se pegó más a mí espalda sintiéndolo por completo y pude sentir la excitación que se presionaba contra mí, haciéndome ver que todo aquello lo había excitado. Sentí su aliento en mí cuello y arañé el brazo que tenía sujeta mí cintura, quería que me dejara libre, que me dejara marchar y olvidar aquello que había presenciado. Me dice que así es como se hacía y quitó con su mano que ya había soltado la fusta que había caído al suelo una lágrima de mí rostro. Me aparté para que no me tocara pero su brazo presionó más fuerte contra él y mí cuerpo tiembla, no de excitación como a él le hubiera gustado, sino de cansancio y de terror, de miedo por lo que él pudiera hacerme. Ya me ha demostrado con creces lo que puede hacer y yo solamente podía esperar a que decidiera hacer conmigo.

Negué con la cabeza quitando aquellos pensamientos de mí mente y su pregunta, él quería que disfrutara de lo que había hecho, que le reconociera que de algún modo algo en mí interior podía haberse liberado por hacer aquello… y niego con fervor. No quería que supiera que algo de razón tenía, no toda la carga se ha aliviado pero algo dentro de mí se había soltado tras aquello, como si llevara mucho tiempo agarrándolo y ahora al soltar aliviara de forma inmediata su peso. No quería darle la razón y quería borrar sus palabras de mí mente mientras su mano apartaba el pelo de mí rostro.



-Sólo un monstruo podría disfrutar de algo como esto
–me negaba en rotundo a darle aunque fuera mínimamente la razón, no podía dejar que viera que aunque me negara a admitirlo… era cierto. Tenía muchas más cicatrices que curar, pero él ni de lejos había curado algo. Sí quise en su momento devolverle algo de lo que me había hecho a mí, pero jamás pensé que lo haría y ahora… me había visto obligada. Su mano siguió bajando ahora hasta posarse en uno de mis pechos, intenté revolverme pero su agarre era tan fuerte que poco podía hacer. Podía sentir cómo inspiraba en mí cuello sin apartar la mano de mí pecho que subía y bajaba por los sollozos, de una respiración que ya comenzaba a controlar. Sus labios subieron a mí mejilla y aunque intenté separar mí rostro él volvió a pegarme a él de nuevo. Decía que pronto iba a ser suya, y prefería estar muerta antes de que eso pasara- Antes prefiero estar muerta –murmuré a lo que él simplemente se rió divertido, me giró para que quedara ahora frente a él pero bajo el férreo abrazo que me empujaba hacia él, y sin que pudiera hacer mucho más de nuevo tomó mis labios a su voluntad, intenté separarme como pude pero tenía mucha más fuerza que yo y me pegaba contra él, cuando se separó me miró con esos ojos rojos como la sangre para llevarme a mí celda.

Allí no lo pasé mucho mejor que donde me había llevado, la joven que estaba en la celda enfrente de la mía no respondía a mis llamados y llegué incluso a pensar que la habían matado. Mí mente recordó aquello que me había obligado a hacer y cómo habíamos abandonado el lugar dejando al hombre tumbado en el suelo desangrándose, para cerrar la puerta con llave hasta que me llevó a mí celda. Allí las lágrimas de nuevo volvieron a correr por mí rostro sentada en una de las esquinas de la celda, abrazándome a mis rodillas y con el rostro hundido en mis brazos. Tenía la ropa manchada de sangre y había conseguido limpiarme el rostro de la sangre que tenía también.

Unos minutos más tarde había entrado uno de los otros vampiros, que él llamaba neófitos, a dejarme una bandeja con agua y un trozo de pan con algo más de comida, el trozo de pan parecía esta algo duro así que lo cogí y se lo tiré con fuerza al neófito antes de que saliera por la puerta, dándole en la cabeza. Este se giró para mirarme con los ojos inyectados en sangre y sus colmillos afilados asomando de sus labios, gruñó y se abalanzó sobre mí pero antes de que siquiera llegara a rozarme… se detuvo, en seco, como si de pronto hubiera recordado algo que le hizo parar, enseñarme los colmillos más de cerca, y alejarse cerrando la puerta con llave dejándome sola de nuevo. No reparó en la mujer de enfrente ni siquiera se acercó a ver como estaba dejándonos en aquellas celdas a ambas.

No sabía si era de noche o ya había despuntado el alba cuando conseguí dormir apenas un poco, recostada contra la fría y dura piedra de aquella celda y abrigándome como podía con la escasa ropa que tenía. No había ninguna forma de saber en qué momento del día me encontraba o cuantos días habían pasado desde que me había capturado y encerrado en aquel lugar. Lo poco que dormí no fue nada reparador y me desperté sobresaltada cuando oí el ruido de una puerta cerrarse con fuerza, mientras mi mente volvía a funcionar de nuevo oí unos pasos que se acercaban hasta que la figura de Hades se asomó por los barrotes. Sacó la llave de su cinturón junto con otras más y abrió para adentrarse portando una bandeja con lo que parecía que era el desayuno, o lo que yo pensé que sería.


-Buenos días preciosa –su mirada se posó en mí como si me estuviera evaluando, se agachó y dejó la bandeja en el suelo mientras esperaba que me moviera- Come –fue la única orden que me dio y yo vacilé, a lo que él enarcó una ceja y sonrió de lado- No quiero que te mueras de inanición, te quiero viva Naitiri. No te lo voy a repetir dos veces, o comes por tú propio pie –su voz se hizo más dura- o te doy yo de comer. Y créeme, no te gustaría –me lo quedé mirando notando el tono afilado de su voz y la amenaza en sus palabras, estiré el brazo para alcanzar la bandeja y me miró como si hubiera ganado. Pero ahora que lo tenía de esa forma decidí que era hora de averiguar quién era aquel hombre, y por qué me había capturado.
-¿Qué es lo que quieres de mí? –no tenía demasiada hambre pero entre comer yo sola o que él me diera de comer, prefería ser yo quien comiera. Su mirada se centró en ver cómo comía sin decir una sola palabra, al parecer, no iba a contestar a mis preguntas. Mirando su rostro de nuevo había algo familiar en él pero que no lograba ubicar, quizás lo hubiera visto a lo largo de mí vida y por eso me era familiar, o simplemente se parecía a alguien que conocía… pero algo en mí interior, me decía que esa última opción no era viable- ¿Por qué me tienes aquí cautiva? –Mí mirada se puso en la otra celda- ¿Está… está muerta? –Yo y mi innata curiosidad saliendo a flote incluso en aquella situación- ¿Quién eres, Hades? –pregunté dejando la bandeja a un lado al haber terminado, observando su rostro que portaba una sonrisa de lo más divertida como si  de alguna forma hubiera esperado aquello.



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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Hades el Vie Mar 17, 2017 9:35 am

Aquel momento ha resultado mejor de lo que he pensado que iba a ser, sabía que ella no iba a ceder ante mí orden de pegarle y que iba a tener que intervenir como al final ha resultado pasar. A veces es tan predecible que me hace mirarla con una sonrisa ladeada, si ella supiera todo lo que le tengo preparado y reservado… pero poco a poco, las cosas se van a ir sucediendo poco a poco y esa joven que ahora no cesa de llorar por lo que ha hecho ante mí deleite, pronto va a sucumbir ante mí, tarde o temprano, lo hará. El suelo está manchado de sangre, de la sangre que una vez fue su dueño y que ahora ella le ha devuelto algo de ese dolor. Ah, es tan placentero ver cómo le ha pegado aunque fuera mí fuerza y mi mano quien la ha guiado, los gritos, el llanto, la sangre salpicando por doquier… un digno cuadro de un pintor. Eso me excita, ver como aunque ella no lo vea va sucumbiendo poco a poco me excita mucho, el olor a sangre en la habitación me llama y me tienta, pero es ella la que más me llama y me tienta. Tan inocente, tan pura en cierto sentido… siento ganas de clavar mis colmillos en su cuello y beber de su sangre, hundir mi miembro en su cálido interior y gozar de ella con total plenitud, pero es algo que todavía no puedo hacer. No ahora.

La vuelta a la celda es en completo silencio por su parte, le he pedido que se calle y cese de llorar y solamente puedo ver que caen lágrimas de su rostro y yo lamo mis labios de pensarlo. La dejo en la celda sin mediar palabra y me alejo de allí dejándola sola, con sus miedos, con sus inseguridades… esas que sé que van a acabar con ella tarde o temprano, seguro que ahora mismo está pasando miles de cosas por su cabeza. Una sonrisa cruza mí rostro sin poder evitarlo y no quiero hacerlo, estoy de buen humor al ver que las cosas van saliendo como tengo planeado.

Al llegar donde están los neófitos les ordeno que vigilen de nuevo a aquellas personas que son cercanas a ella, ¿cuánto tardarán en darse cuenta de que ha desaparecido? No quiero correr riesgos, su amiga la cazadora es la que más sabe de todos y no quiero que se pueda enterar, pero que si lo hace yo pueda estar preparado para su llegada. Pero sé que no va a serle fácil, tengo un pequeño ejército de neófitos listos para luchar, si los logra matar tendrá que enfrentarse con dos vampiros que son como mí guardia personal. Y por último; pasar por mí. Chasqueo la lengua solo de pensarlo, podría ser divertido, matar a la cazadora de verdad delante de Naitiri podría ser muy divertido.

Mis pensamientos varían entre varias opciones esa noche, voy a dejarle algo de tiempo en la celda para que se “recupere” y luego volveré a la carga, por esa noche me siento de muy buen humor y lo que siempre encargo a mis neófitos que hagan por mí, esa noche, decido hacerlo yo. Ir a cazar, nada como coger fuerzas de una buena cacería para calmar mis ganas y mis ansias. Una joven mortal de cabellos dorados en la víctima de la noche, engañarla es muy fácil y hacer que caiga lo es mucho más aún. Los humanos son muy frágiles, débiles y muy manipulables… las palabras correctas, el tono apropiado y ya la tienes bajo tus redes. Me deleito sintiendo su vida apagarse con cada sorbo de sangre, su corazón acelerado por la pérdida de esta y por el placer que mí miembro le provoca hundiéndome en su interior. No hay forma de que pueda detenerlo, su cuerpo llega al clímax para mí deleite personal y poco después cae inerte al suelo. Lástima, era muy bella para morir pero otros menesteres me aguardaban.

Antes de que el sol se ponga en el horizonte ya estoy de vuelta y es hora de despertar a Naitiri de su sueño, soy yo quien porta una bandeja con comida y baja hasta las celdas ahora ya alimentado, puedo aguantar la tentación que ella en sí me provoca. Al llegar a la celda veo que esta duerme y la contemplo así unos segundos, es hermosa, y más lo será cuando sea mía por completo. Entro cerrando la puerta tras de mí y ella posa sus ojos en los míos, espero que esté bien porque otro nuevo día comienza y el anterior no fue nada con lo que le espera.


-Buenos días preciosa –comento sonriendo de lado y me agacho delante de ella dejando la bandeja, espero que se incorpore y coma porque la necesito con fuerzas para lo que viene, al ver que no se mueve la miro de forma fija- Come –es la única orden que le doy, no la quiero débil, la quiero en plenas facultades para que pueda ir quebrantándola poco a poco. Es así como debe ser, es así como lo he planeado. Puedo ver que está vacilando que hacer, pero no puedo perder tiempo con ello- No quiero que te mueras de inanición, te quiero viva Naitiri. No te lo voy a repetir dos veces, o comes por tú propio pie –mí voz se hice más dura- o te doy yo de comer. Y créeme, no te gustaría –espero que la amenaza sea suficiente para que coma, porque yo no iba a ser delicado si tenía que obligarla. Al parecer bastó y yo sonrío satisfecho con su decisión. La observo mientras desayuna la comida que hay en la bandeja, me pregunto cuánto tiempo va a aguantar sin hacerme una sola pregunta sobre su situación, y suelto una leve risa cuando al final comienza a preguntar. No quiero responderle a esa pregunta todavía, no es el momento de hacerlo y por ello no le respondo. La sigo observando mientras come casi divertido por conocer que iba a preguntar, es lo que estaba esperando que hiciera. Mí mirada se fija en la otra celda, la respiración de la joven es débil aunque no es ella quien me preocupa- No está muerta, pero si no me haces caso, podrías acabar así como ella –mí mirada se posa en ella. Por fin la pregunta que he estado esperando, no termina por reconocerme y eso me divierte, puedo jugar con su mente- Alguien que conociste hace tiempo –no digo mucho y la observo como deja la bandeja a un lado, no ha comido mucho, pero si lo suficiente como para aguantar- Pero no me recuerdas, ¿verdad? No, claro que no. ¿Cómo ibas a recordar el rostro de todos los hombres que han pasado… por ti? –Sonrío divertido, ya le he dado una pista aunque una muy vaga- Te considero una mujer inteligente como para poder deducir por ti misma quien soy e ir atando cabos –mí dedo se desliza por su mejilla y alzo su mentón- Te he estado buscando por mucho tiempo, Nai, y ahora que te tengo no te voy a dejar ir tan fácilmente. Después de tanto tiempo vas a ser por fin mía –la alzo del brazo y comienzo a moverla para salir de la celda. Tengo una sorpresa preparada para ella y no le va a gustar en absoluto.

La llevo de nuevo por el pasillo del día anterior y tras una de las puertas que hay hago que pase. La habitación circular está iluminada por completo, hay una silla en el centro con cadenas que es donde la siento y la ato pese a que se retuerce y se intenta liberar, pero mí fuerza es mayor y no puede hacer nada. En frente de ella hay algo que está tapado por una cortina y sonrío, lo que viene a continuación va a ser un detonante para ella y que será el principio de su declive. Quito la cortina con una sonrisa y dejo ver a una joven atada a una pared, tiene grilletes en ambas muñecas y está inconsciente. Su pelo rojizo tapa su rostro, o eso es lo que le quiero hacer creer a ella. Naitiri va a pensar que es la joven con la que vive, quien ahora está presa en mí poder. Su rostro lo dice todo, está tensa y la incertidumbre la recorre. Sus ojos me buscan y yo me acerco a paso lento hasta quedar delante, inclinar mí cuerpo para quedar a la altura de su rostro.


-Lo de ayer fue solo una advertencia, hoy pasaremos al acto principal y no será una broma –sonrío divertido, veo el miedo en su rostro, las dudas y algo que la reconcome por dentro al ver a la joven ahí- ¿Empezamos? Recuerda lo que pasó ayer, hoy veremos cómo termina este acto.


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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Naitiri Zahir el Dom Abr 02, 2017 10:31 am

Había pasado una noche horrible en la que había podido dormir más bien poco, a intervalos y siempre deseando que todo aquello fuera una pesadilla de la cual quería ya despertar porque algo me decía que aquel sádico vampiro no había hecho más que mostrar la punta de un iceberg, que lo que fuera a pasar a continuación iba a ser mucho peor que el haber hecho que pegara al que fue mí dueño hacía tantos años. Él creía que mediante golpearlo liberaría algo de todo el daño que me había hecho… pero se equivocaba, mis heridas así jamás curarían y aunque sí que era cierto que había deseado alguna vez devolverle todo ese daño, y el dolor que un día me causó… no era esa clase de persona. El único que había disfrutado y gozado con la tortura había sido él, cierto es que no sentí lástima por el que fue una vez mí dueño, peores cosas me había hecho él a mí cuando era suya, pero mis heridas necesitaban otra clase de cuidados para que cerraran de una vez por todas, no podía seguir el resto de mí vida dejando que la sombra de esta me persiguiera allá a donde fuera, era algo que debía de empezar a curar… si es que aquel vampiro dejaba que saliera con vida.

No sabía si era de día o de noche porque allí abajo no había nada que me hiciera indicar en qué momento del día estábamos, sabía que los vampiros eran más activos por la noche pero allí parecía que era una noche eterna y continua. Él había vuelto de nuevo portando una bandeja en la mano mientras entraba dentro, había intentado hallar el rostro de aquel hombre en algún momento de mí vida pero no lograba hacerlo. Él afirmaba que me conocía así que decidí que era el momento de preguntar quién era y por qué me tenía encerrada así como lo que quería de mí. Me instó a que comiera porque me quería viva y no muerta, así que ante el hecho de que seguramente me diera él de comer a la fuerza preferí ser yo quien comenzara aunque no tenía hambre ninguna.

Mis preguntas quedaron danzando en el aire mientras me observaba comiendo sin apartar la mirada de mí, como si quisiera cerciorarse de que es lo que debo de hacer y con una sonrisa que me da a entender que le divierten mis preguntas, como si de alguna manera las hubiera estado esperando a que se las preguntara. Solo aparta la mirada de mí para observar a la otra joven, no he visto que se moviera de la posición en la que la dejaron y estoy segura de que a él poco le importa lo que pueda pasar a ella, yo no tenía forma de saber si estaba con vida o no aunque ¿por qué dejarla ahí si estaba muerta? Su respuesta llega aún con los ojos puestos en ella y me dice que no está muerta, pero que yo podría acabar así como ella si no le hago caso. Me vuelvo a preguntar qué es lo que quiere de mí, no tenía nada por lo que ofrecerle y me desconcertaba el hecho de que me conociera y yo no pudiera ubicarlo.

Por fin responde a una de mis preguntas; dice que lo conocí hace tiempo pero que no lo reconocía, si lo hiciera no le hubiera preguntado. Sus siguientes palabras llevan un deje de malicia tras ellos, y me deja a entender que si lo conocí fue porque seguramente en su momento fue un cliente mío. Están claras sus palabras dichas con maldad, no me responde del todo a las dudas pero me deja caer que es normal dado que han pasado muchos hombres por mí, eso me hace fruncir el ceño y sentirme atacada, bueno, lo estaba haciendo claramente con sus palabras. Me dice que soy inteligente como para atar cabos y sí, ya los estaba atando tras el ataque de sus palabras que me dejan en claro por qué me conoce… aunque desconozco por qué a ese nivel. Su dedo se pasea por mí mejilla y yo aparté el rostro pero su agarre es fuerte, siempre que me apartaba ejercía esa fuerza que le confiera el ser vampiro para hacer coincidir nuestros rostros y nuestras miradas.

Quería que fuera suya y por eso entendía que quería convertirme en vampira, suya para siempre había dicho en alguna ocasión. Antes prefería morir a dejar que me convirtiera en vampira para pertenecerle a él, no pertenecía a nadie salvo a mí misma y así es como quería que siguiera siendo. No me dice mucho más y me alza del brazo para llevarme de nuevo por el pasillo de la celdas, salir del lugar y volver de nuevo por el pasillo ese. No sabía decir cuantas puertas había pero esa vez me lleva tras otra diferente, la sala era circular y había una silla en medio y delante a una distancia una cortina negra tapaba algo. De nuevo volvió a sentarme en la silla y de nuevo luché para que no lo hiciera, pero es más fuerte que yo y pronto las cadenas y los grilletes me dejan anclada a la silla sin poder moverme. Él me miró con diversión en los ojos y entonces fue hacia donde estaba la cortina dejando ver lo que había tras ella.

Mis ojos recorrieron a la joven que había atada tras ella pero lo que más me hizo fijarme fue el color de su pelo: rojizo. Una punzada invadió mi interior mientras mí boca se abría y mí desconcierto pasaba a ser demasiado evidente en mí rostro. Todo mí cuerpo se tensó en aquel momento y el miedo comienza a apoderarse de mí. Comienzo a rezar para que no sea la joven que estoy pensando, tiene el rostro tapado por el pelo pero es la tez, lo joven que es y el color del pelo lo que me indica que todo es posible… y me niego a aceptarlo. Su nombre sale de mis labios con miedo y temor de que pueda ser ella y mis ojos se clavan en el vampiro que me tiene presa.



-¡Qué le has hecho! ¡Suéltala! –Él se rió de mis palabras y se acercó a paso lento dejándome en claro lo que pasó la otra vez con la otra joven, me había amenazado con poner a alguien de mí círculo y no pensé que lo hiciera tan rápido y tan pronto- ¡No es más que una niña! ¡Eres un monstruo! –Mis palabras lejos de incomodarlo le hacen reír más fuerte, dice que todo depende de mí que ella viva o muera y no puedo concebir perderla, mis ojos empiezan a ver borroso por las lágrimas que comienzan a salir de estos y niego con la cabeza. No dejaría que nada le pasara a ella por mí culpa, era inocente de todo, tan solo tenía catorce años y una vida por delante- Alessia –mis labios la llaman pero ella no responde- ¡Alessia! –Me revuelvo en la silla e intento liberarme pero es imposible, las cadenas me tienen presa y la rabia y la frustración mezcladas con el miedo y el temor comienzan a recorrer mí cuerpo. Grité, grité presa de todo mientras él se ponía a su lado y observaba a la joven que inconsciente y atada está a su merced- Hazme lo que quieras… pero déjala libre… por favor –mí ruego desesperado le hace sonreí, que me haga lo que él que quiera y cuanto quiera, pero que la libere.
-Eso solo depende de ti –fue su escueta respuesta que me hizo apretar los puños sintiendo las uñas clavarse en mis manos.
-¡No la toques! No te atrevas a tocarla… ella no tiene nada que ver en esto, me quieres a mí… déjala a ella libre –vuelvo a repetir su nombre una y otra vez pero no se despierta, y algo en mí interior me decía que aquello iba a doler, porque antes prefería la muerte… que le hiciera algo a ella.



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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Hades el Sáb Abr 15, 2017 10:55 am

Ahora es cuando comienza el verdadero acto, el principio de todos, ese que va a hacer que su voluntad ceda y caiga ante mí y que por fin se convierta en lo que quiero. No va a poder hacer nada por evitarlo, va a caer, y cuando caiga ya no le va a quedar nada en este mundo a lo que aferrarse, nada por lo que luchar… vacío es todo cuanto pretendo que tenga, y es entonces cuando se va a quebrar sin poder evitarlo, y será mía tras tanto tiempo en que he deseado que lo fuera. La sorpresa que le tengo preparada no se la espera y no puedo dejar de observar su rostro y cada una de sus expresiones, llena de dudas, temores… sobre todo cuando por fin le dejo ver la persona que está tras esa cortina… o la persona que ella cree que es.

Su rostro está tapado y no se ve bien, y aunque se viera, para ella seguiría siendo esa joven de la que cuida y a la que tanto cariño siente, va a ser el primer pilar que caiga de su vida, los demás irán cayendo en un efecto dominó conforme pase el tiempo pero ahora debo de centrarme en que piense que es esa joven la que está atada, el nombre sale de sus labios y yo sonrío sin poder evitarlo. Intenta liberarse de las cadenas que la atan a la silla, se retuerce para poder ir hasta ella y yo lo contemplo con cierta diversión. Grita que la suelte y río dejando que la risa inunde el lugar mientras a paso lento me acerco hacia la joven que está atada y que cuyo pelo rojizo tapa su rostro.

Naitiri pide y grita que no la suelte mientras intenta liberarse de la silla con las cadenas que la atan al lugar, todo depende de ella que la joven viva o muera aunque lo que no sabe es que su vida ya tiene un final, da igual lo que ella haga porque va a morir esa noche. Las lágrimas comienzan a salir de sus ojos y anegar estos, que caen por su mejilla y grita el nombre de la joven en un intento vano para que despierte y vuelva en sí, río más fuerte ante su nula insistencia que me divierte en sobremanera mientras lucha con todo lo que llevaba en su interior y me pide que no la toque, que le haga a ella lo que quiera pero que no toque a Alessia, como ella la ya llamado.


-Ya sabes las reglas Naitiri, de ti depende que ella viva o muera… mírala –aparto el pelo de su rostro y, aunque yo observo otro, a ella con facilidad le hago creer que el rostro que está mirando es el de la misma joven- es tan joven y tan bella… sería toda una lástima que tenga que morir esta noche, ¿no crees? –Veo el miedo y la rabia, el temor, las dudas… todos esos sentimientos que ahora la recorren. Levanto una de mis manos y acaricio su rostro, ella me pide que no lo haga pero no le hago caso alguno y ahora mí mano baja por su garganta sintiendo el latir de su corazón, bombea a un ritmo normal y sigo bajando la mano hasta dejarla sobre su pecho, ese donde tiene su corazón notando el latir bajo la palma. Ella grita que aparte la mano y la miro- Así no vamos bien Nai, ¿quieres que acabe muriendo como la chica de ayer? –Ella niega con la cabeza y yo me pongo a la espalda de la joven, sigue todavía inconsciente y lleva una mordaza para que no pueda hablar, si lo hiciera se daría cuenta de que no es la joven que a la que ella cuida y el plan se estropearía. Un azote suave en una de sus nalgas la hace enfadar y noto como la joven poco a poco va despertando, se empieza a mover y es entonces cuando ambas miradas se cruzan. Ella, como es lógico, al verla intenta hablar para pedirle ayuda en una situación desesperada pero lo que Nai ve es a la joven que la mira y le pide ayuda. Vuelve a gritarme que la suelte y río por ello, haciendo que la joven recaiga en mí presencia- Es fácil, solamente tienes que decir que te entregas a mí, que me cedes tú voluntad y que serás por siempre mía… entonces la dejaré marchar, y tú ocuparás mí lugar –es tangible la duda que recorre su rostro, para ella no es nada fácil lo que le pido y ya sé que su respuesta va a ser no, pero que quizás ahora al pensar que tengo alguien que quiere su respuesta sea sí.

No dice nada, está más centrada en mirar a la joven que en lo que le he dicho mientras las dos ahora no dejan de llorar y yo disfruto de la visión de ambas, como no me responde me pongo en uno de los lados de la joven pelirroja y recorro con uno de mis dedos su brazo, mis colmillos están a la vista sedientos de sangre, me he alimentado pero lo justo como para poder aguantar un poco y disfrutar del espectáculo.


-Vamos Nai, no tengo toda la noche. Tengo hambre así que creo que voy a morder a tú amiga para alimentarme –ella niega con la cabeza y grita que la muerda a ella con mis labios rozando la piel de la muñeca, mí lengua recorre el lugar y dejo mi aliento sobre la zona húmeda- ¿y puedo confiar en ti? Ayer no pudiste hacer una simple orden que te pedí, y además, no quiero marcar tú piel de esa forma y dejarte una marca, así que… eso nos deja con un serio problema –dije con voz grave y firme mirando su rostro, ella niega y alega que beba de ella, que puedo morderla en cualquier parte que luego no se vea pero niego con la cabeza- No es una respuesta válida, y no me complace así que… -de nuevo muestro mis colmillos y el grito es claro, pero hundo estos en la muñeca de la joven que se retuerce mientras bebo de ella a voluntad y a placer hasta que llega un estado en el que vuelve a perder la consciencia. Me separo y limpio la sangre del lugar, lamo mis labios y me acerco despacio a Naitiri para dejar un beso en sus labios manchando estos con la sangre de la joven, de quien ella cree que es Alessia. Me mira con odio en su mirada y se intenta alejar de mí, pero tengo más fuerza y la ejerzo sobre ella- El caso es, que no tienes muchas opciones para escoger Naitiri. Si no la mato yo la matarán mis hombres y ellos no serán tan benevolentes como yo… o puedo convertirla en lo que yo soy –susurro en su oído para que me escuche bien- no morirá del todo y podrás seguir estando con ella, pero sería vampira. Aunque te quiero a ti conmigo para siempre, puedo hacer una excepción si es lo que deseas –me acerco hacia la joven de nuevo y le hago una herida en el cuello de la que sale sangre, ella está horrorizada por lo que ve y sabe que de no hacer algo… va a morir- De ti depende la decisión, o dejo que muera o… la transformo en vampira y la condenas a una vida de eternidad, a alimentarse de sangre y a vagar en la oscuridad del mundo. O… -hice una pausa y sonreír- puedes decidir cambiarte por ella y salvarla –aunque no tiene mucha salvación, está paralizada por lo que sus ojos ven, la sangre saliendo de su cuello y manchando el vestido que lleva, llenando el suelo con esta. Niega con la cabeza y murmura que la deje en paz una y otra vez sin responder a ninguna de mis peticiones. Creo que no esperaba que hiciera aquello y que la iba a salvar, pero ya poco puede hacer por ella- cuanto más tardes… menos margen habrá de salvarla. ¿Quieres dejarla morir… por tú culpa? –Le susurro al oído todo aquello, como si ella fuese la causante de la herida y de todo lo que ha pasado, está en un trance del que no es capaz de salir y apenas puede murmurar algo. Solo cuando sé que es imposible salvarla, sonrío y le vuelvo a susurrar al oído- Demasiado tarde… la has matado –me alejo de ella y mis colmillos se clavan en el cuello de la joven sin piedad ninguna bebiendo las últimas gotas de su sangre antes de que este cayera laxo sin vida alguna, inerte.


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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Naitiri Zahir el Miér Mayo 10, 2017 10:32 am

No podía creer lo que mis ojos estaban viendo, atada frente a mi estaba Alessia atada sin poder hacer nada, con una mordaza en la boca que le impedía hablar y su rojizo cabello cayendo por su rostro enmarcándolo de alguna forma. El terror, la angustia y el miedo se apoderaron de mí cuerpo temiendo por lo que pudiera pasarle a esa joven que quería con locura desde el momento en que había pasado a vivir conmigo, casi como si fuera mi hermana pequeña. No sé lo que Hades tiene planeado hacerle, pero estaba convencida de que no era nada bueno. Pronto lo descubrí cuando apartó el pelo de mi rostro para que la mirara, inconsciente todavía pero atada por unos grilletes en sus muñecas, decía que de mí dependía si vivía o moría… estaba incluso dispuesta a dar mi vida por ella.

Se alejó de mí alegando que ella era muy joven y bella para morir esa noche, su mano se paseó por su cuerpo dejando la palma de su mano sobre uno de sus pechos y yo no podía parar de gritarle que no lo hiciera, que la dejara tranquila, que no la tocara y que la soltara… pero se podía ver la diversión en su rostro por todo aquello. Me decía que no íbamos bien así y que si quería que muriera como la otra joven, rápido negué con la cabeza atemorizada con ese recuerdo y se puso a su espalda, su mano se alza y se estrella en una de sus nalgas en forma de azote, le miré con rabia por aquello y pronto vi que iba despertando. Sus ojos cuando pudieron darse cuenta de donde estaba me miraron, esos ojos azules que me miraban pidiendo ayuda para que la salvara, y yo gritándole al vampiro que la soltara… solo para incrementar su diversión.

Él decía que era fácil, con decir que me entregaba a él y que era suya era suficiente para liberar a la joven de aquello, la dejaría marchar y yo ocuparía su lugar como vampira, cediendo mí voluntad a él por toda la eternidad… no podía hacer eso, aunque comenzaba a replanteármelo si aquello salvaba a Alessia. Pero no tenía claro que él la dejara partir, no tenía garantía alguna de que así fuera, sino, ya me habría cambiado por ella sin lugar a dudas. Pero en esos momentos solo podía pensar en ella, temerosa, pidiéndome ayuda con sus ojos mientras se intentaba soltar sin éxito alguno… yo no quería eso para ella y me dolía verla así, pero más dolía que fuera por mí culpa.
Hades volvió a hablar diciendo que tenía hambre y que iba a morderla porque no tenía toda la noche, negué rogándole porque  no lo hiciera mientras veía que sus labios recorrían su piel dispuesto a hundir sus colmillos en ella.


-¡No la muerdas! Déjala en paz… tan solo es una niña –grité intentando revolverme, pero era imposible- ¡Muérdeme a mí! ¡Hazlo! –Me intercambiaría por ella sin pensarlo dos veces, él me miró y no se fiaba de mis palabras, decía que ayer no podía acatar una orden suya pero aquello era muy diferente… si alguna de las dos tenía que ser la mordiera, esa sin duda alguna debía de ser yo- ¡Bebe de mí! Puedes hacerlo en cualquier sitio… no me opondré… pero por favor no lo hagas… no a ella… -negó con la cabeza, alegando que no era válida mí petición y… mostró los colmillos- ¡NO! –grité pero ya era tarde, se hundieron en la fina y delicada piel de Alessia en su muñeca, observando como bebía de ella y vi que ella perdía el conocimiento mientras yo me revuelvo y luchaba por soltarme. Se acercó con los labios manchados de sangre y dejó un beso en mis labios, escupí cuando se separó con los ojos vidriosos, llenos de rabia y de odio intentando alejarme de él pero su agarre es fuerte sobre mí.

Él no me dio muchas opciones, Alessia si no hacía algo podía morir a manos de sus hombres y ya había visto como habían dejado a la otra chica que estaba en la celda de enfrente, me presentaba la opción de que la convirtiera en vampira para salvarla, así podría estar siempre con ella. Decía que me quería a mí, pero que haría una excepción con ella… no quería convertirla y relegarla a un mundo de oscuridad, no podía condenarla de esa forma porque era muy joven, aun le quedaba mucho por vivir como para tener ese cruel y oscuro destino… simplemente, no podía. Se alejó de mí y se acercó a Alessia haciéndole una herida en el cuello de la que pronto comenzó a brotar y manar sangre del lugar, grité para que parara estando aterrorizada, la sangre comenzaba a manchar su cuerpo y el vestido que llevaba mientras ella seguía inconsciente.

Se acercó de nuevo a mí presentando varias opciones alegando que solamente yo podía salvarla. Podía convertirla en vampiro para que no muriera, o me cambiaba por ella… o dejaba que muriera. Pero esa no era una opción, mi mente en aquellos momento no podía procesar del todo las palabras del vampiro mientras veía horrorizada como la sangre caía de su cuello sin detenerse, brotando manchándolo todo a su paso. No paraba de decirle que la dejara en paz, que me tenía a mí una y otra vez como en estado de shock… de todas las cosas que podía pensar que podría hacer, aquella no era una de ellas. Verla desangrarse ante mis ojos era demasiado para mí, demasiado para aguantarlo y soportarlo… tomo mí cuerpo estaba paralizado y temblaba sin poder evitarlo.

Volvió a hablarme pero no escuché realmente lo que me decía porque no podía salir de aquel trance en el que me había metido, en el que murmuraba sin cesar y no podía apartar la vista de ella. Solo cuando me dijo que ya era demasiado tarde, y que la había matado parece que desperté de aquel estado de shock reaccionando, pero haciéndolo tarde. Contemplé como el vampiro hundió sus dientes en el cuello de ella hasta que finalmente esté quedó sin vida, pendiendo de donde estaba colgada. Mí boca abierta sin poder creer lo que veía, mis ojos llenos de lágrimas que corrían por mis mejillas en un rastro húmedo… la había matado. Había matado aquella joven, pero me decía que había sido yo por no haberla salvado a tiempo, que una palabra mía había hecho que estuviera viva en esos momentos.

Algo se rompió por dentro, resquebrajándose, esas heridas que siempre había tenido en mí interior salieron a flote en ese momento y se abrieron al salir a la superficie… añadiendo otra herida de las que tantas tenía; la muerte de Alessia. Casi me olvidé de respirar y cogía bocanadas de aire como si me privaran del aliento, mi corazón bombeaba con fuerza y rapidez en mi pecho… y pude sentir como un abismo se extendía en mí interior, como algo oscuro me arrasaba por dentro destruyéndolo todo a su paso, sembrando el caos. Alessia había muerto, Alessia había muerto… era lo que mi mente repetía una y otra vez. Había muerto por mi culpa, y ahora debía de cargar ese peso durante el resto de mi vida.  



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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Hades el Lun Mayo 15, 2017 10:55 am

Dañarla con esa joven ha sido muy fácil y al final no ha hecho nada para salvarla, paralizada por el miedo ha dejado que muera desangrada frente a ella, diciendo su nombre una y otra vez como si eso le ayude más a llevar lo que ha hecho, porque pese a todo, quiero que sea ella quien pague con esa muerte. Para mí esa joven no es nada, no tiene rostro ni nombre, solo es o era una joven con la que hacer daño a Naitiri mientras ella piensa que es la otra joven a la que llama Alessia la que está viendo. Es fácil jugar con la mente de los mortales, hurgar en sus recuerdos y hacerles daño hasta ellos caen por propia voluntad. Naitiri ahora es frágil y débil, una parte de su interior ha emergido a la superficie y pretendo que surja más cosas, pero todo con el debido tiempo.

Aún es pronto para que el acto se acabe y tengo que disfrutar de ello, de ver como cae y se va quebrando poco a poco. Dejo que observe el cuerpo inerte de la que cree es Alessia y la miro observando su rostro, sus gestos, las lágrimas que caen de sus ojos y puedo afirmar con seguridad que disfruto con lo que veo. Solo he abierto la punta de un iceberg que cada vez se va a hacer más grande y que ella no sabe lo que puede esperarle. Al final va a ser ella quien me diga que solo me quiere a mí, que solo quiere estar conmigo y quien me pida que la haga inmortal. No puede evitar el desenlace que tengo para ella, va a ser mía y no puedo evitar esperar a que eso pase.

Los segundos pasan, los minutos transcurren y sigue en un trance perdida en algo que no sé lo que es, me acerco y parece que ni me nota hasta que pongo la mano en su hombro y puedo ver lo que ella está pensando, o recordando ahora mismo. Es la joven, los momentos que ha pasado con ella, se siente culpable por lo que ha ocurrido y pretendo que mantenga ese sentimiento… tengo que recordárselo durante los próximos días para que se lo crea de verdad y eso le atormente y le pese. La suelto porque no dice nada, solo llora y mira a la joven, chasqueo los dedos y dos de mis hombres entran para llevarse el cuerpo de la joven, ella parece que reacciona pero ya es tarde, por mucho que grite y que diga se llevan el cuerpo de allí dejando un rastro de sangre.


-Ssssh Naitiri, no puedes hacer nada por ella ahora. Pudiste haberla salvado, solo te hacía falta decir que te cambiabas por ella o que la transformara en vampiro, solo viviría de noche pero al menos conservaría la vida. Ahora ya no va a tener siquiera eso, porque la has condenado por no poder decidir… porque solo has pensado en ti –ella niega con la cabeza entre lágrimas, y yo río- Si, no lo niegues… solo has pensado en ti, en salvarte tú por una vez ¿no es cierto? Siempre salvando a los demás, siempre ayudando a los demás pero… cuando tú tienes problemas, ¿quién te salva a ti? –Ella me mira llorando pero con odio en sus ojos, sabe que tengo que razón, que ella siempre acude a quienes lo necesitan pero cuando ella necesita de ayuda no aparece nadie- tanto tiempo lo mismo… dicen que te quieren pero no hacen nada por ti, dicen que van a estar ahí pero cuando los necesitas ¿dónde están? –Hago una pausa, recreándome- los dos sabemos que cuando más lo necesitas en cuando no están, así que has pensado ¿por qué no salvarme yo por una vez? Has deseado saber qué se siente, ser por una vez la que sale airosa, la que no sufre, la que no se lleva la peor parte… de eso sabes mucho, ¿no es así? –no puede negar cada palabra que digo, no puede negar nada porque ella sabe que tengo razón, que siempre ayuda a todos pero luego nadie la ayuda a ella- Yo puedo ayudarte, yo puedo hacerte ver eso que nunca has visto antes, o que incluso has sentido –mi mano sube de su brazo a su hombro, por mucho que deseo tocar su cuerpo y poseerla sé que no debo hacerlo, es lo que siempre ha recibido de los hombres, por esa vez de mí no lo va a tener. Quiero mostrarle otro mundo totalmente diferente al que ha visto, uno donde va a ver que hay otras formas, que alguien está pendiente de ella y que le puede proporcionar aquello que le hace falta.

Todo es parte del mismo plan, ella ansía en su interior que la salven como no fue salvada en su pasado, que de alguna forma la liberen. Cuando has conocido oscuridad toda tú vida y te presentan un rayo de luz, aunque no sea bueno, lo coges cegado por lo que quieres conseguir. Es lo que pretendo hacer con ella, ser ese rayo de luz, aislarla de lo que es realmente correcto, que crea que tengo razón y hacerle ver que no tiene a nadie en la vida a su lado. Pieza a pieza las fichas de aquel dominó van a caer una a una, hasta formar un bonito mosaico en el suelo frente a ella. Desmoronar todo lo que cree que tiene va a ser uno de mis mayores placeres, más incluso que el tomar su cuerpo… y estoy deseando empezar.

La desato soltando las correas y la dejo libre, ella parece entender que no puede escaparse y se queda sentada, como si algo dentro de ella ya ha cambiado sin saberlo siquiera y eso me hace sonreír. Le hago un gesto para que se levante y que me siga de vuelta a su celda, el primer paso está dado, ahora quedan otros para llegar a la meta final. Su mente se va a romper en pequeñas piezas bajo la oscuridad, la llevo de vuelta a la celda donde la otra joven sigue debatiéndose entre la vida y la muerte y la dejo sola, encerraba, con sus propios pensamientos y esos remordimientos aflorando. Acaricio su rostro, limpio un par de lágrimas y llevo el dedo a mis labios, saboreo la sal de estas y sonrío. Porque esto solo es el princpio.


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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Naitiri Zahir el Sáb Jun 03, 2017 10:36 am

Había visto cosas horribles en mi vida, había presenciado barbaridades desde el momento en que aquellos piratas me habían atrapado, degradaciones, habían hecho conmigo lo que habían querido y después de haber pasado aquellos horrores pensé que ya nada podría haber en el mundo que me impactara, que fuera peor de lo que ya había pasado, vivido y presenciado… pero me equivocaba, me equivocaba por mucho. La imagen de Alessia perdiendo su vida frente a mis ojos, viendo como la sangre salía de su cuerpo y se derramaba hasta el suelo, saber que yo no podía hacer nada para salvarme… había sido sin duda alguna la cosa más horrible que había contemplado en toda mi vida.

Y dolía como el maldito infierno, no podía dejar de llorar, de rogar porque parara, de pedirle que la dejara con vida y que no la matara pero el vampiro no me había hecho caso y había dejado que se fuera desangrando poco a poco, y yo había visto como eso pasaba, como no podía reaccionar y presa del pánico y del miedo me había quedado en un trance del que no había podido escapar para ayudar a Alessia. Su pelo rojo caía por un lado, su rostro agachado, sin vida, inerte… y ahora tras él soltarle los grilletes caía al suelo en un ruido seco, desplomada en el baldosado frente a mí.

No podía parar de llorar mientras la rabia y la impotencia me embargaban por completo, incapaz de haber hecho algo para salvarla cuando el vampiro me había ofrecido aquellos tratos, ¿habría sido mejor? ¿Condenarla? ¿Ella lo hubiera querido? No podía dejar de llorar mientras repetía algo entre susurros y no sabía muy bien lo que era, pero su nombre se sucedía en una serie de palabras encadenadas. Ni siquiera noto cuando el vampiro está frente a mi hasta que este no pone su mano en mi hombro, en mi mente no paro de recordar desde el primer momento que la vi en el burdel, lo perdida que se sentía en aquel mundo recordándome tanto a mí. La conversación que tuve con la Madam, cómo conseguí llevarla conmigo aunque eso supuso aumentar mis años allí… no me importó porque yo estaba haciendo lo que hubiera querido que hicieran por mí en su momento.

Cada uno de los momentos que había pasado con ella, era como mi hermana pequeña a la que quería por encima de todo, era una joven alegre y dulce, muy buena que no se merecía el destino que le había tocado. Solo salí del trance cuando dos hombres entraron para llevarse el cuerpo, no pude evitar gritar que la dejaran tranquila, que no se la llevaran en medio de llantos… pero no hicieron caso, se la llevaron dejando un rastro de la sangre que había perdido y mi vista fue al vampiro que la había matado por mi culpa.

Sus palabras son como dagas afiladas que se clavan en mi cuerpo, en mi pecho y en mi alma porque me recrimina que no he sido capaz de salvarla, que solo había podido pensar en mí y eso ha hecho que Alessia muera frente a mí. ¿Cómo no iba a evitar que la mataran de haberlo hecho? La quería con locura, jamás habría permitido que le pasara nada. Negué con la cabeza porque no era cierto, pero él se rió por mis palabras y siguió haciendo más grande la herida. Sus palabras son certeras sin duda alguna y aunque no podía dejar de llorar mi mirada se llenó de odio hacia él, hacia lo que me decía y sacaba de una parte de mí.

Pero no paró, siguió machacando por aquel camino sin que pudiera callarlo o sin que pudiera dejar de escucharlo, y siento que cada palabra mordaz que suelta llena de verdad es una daga que se clava más hondo en mi alma. ¿Y si hubiera sido así? Siempre era yo quien acudía al rescate de los demás, siempre era yo la que se prestaba a ayudar a los demás y luego… luego nadie estaba para ayudarme, luego me encontraba con que estaba totalmente sola y en quienes pensaban que iban a estar desaparecían de la nada. Quería negarle todo lo que estaba diciendo, decirle que era mentira, que no era así y que se estaba inventado algo que no era cierto… pero no podía.

Porque en el fondo, muy en el fondo, me daba cuenta de que tenía razón con sus palabras. Siempre había sido yo la sacrificada que, por un momento, quería saber cómo se sentía al ser la que se salvaba y se libraba… no podía negárselo y eso me hacía odiarlo más a él y odiarme más a mí misma por ese pensamiento. Él decía que podía mostrarme lo que nunca había visto y sentido, el lado de la salvación en vez el de la condenación. Su mano subió de mi brazo a mí hombro y yo no dije nada, no podía decir nada enredada en aquellos pensamientos, sabiendo que una parte de las palabras que había dicho eran totalmente verdaderas, que en lo profundo de mí ser me había escogido a mí por primera vez en todo aquel tiempo, en vez de a la persona que tenía delante.

Me desató y yo no dije absolutamente nada, escapar no podía dado las cosas que había visto y en esos momentos no estaba para nada más, quería olvidar todo lo que había visto mientras sentía que comenzaba a hundirme en algo de lo que seguramente no podría escapar. Me hizo un gesto para que me levantara y lo hizo sin pensarlo detenidamente, le seguí hasta que me dejó en la celda de nuevo sumida en pensamientos que eran un completo caos. Culpa, remordimientos, salvación, condenación… todo en una mezcla de la que no sacaba nada en claro. Me dejó de nuevo en la celda y noté su dedo frío, gélido, que recogía una lágrima que caía por mi rostro, y me encerró de nuevo dejándome en mis pensamientos y en mi soledad. Perdida en un mar de dudas donde ya no sabía qué era luz, ni qué era oscuridad.




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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Hades el Sáb Jun 17, 2017 10:13 am

Desde la muerte que ha presenciado ella ha pasado un día, un día en la que la he dejado a sola en la celda sin acercarme a verla, dejando que sus pensamientos la traicionen y la hagan creer que ella tiene la culpa de todo. Dejarla sola va a hacer que sus pensamientos vayan en una sola dirección, a la muerte de esa joven. Ella cree que ha muerto pero en realidad está viva, la ilusión creada por mi poder la hace débil y la hace ver cosas que no son en realidad. Cuando aún estábamos en esa sala he sentido su quiebre, o el principio de este, y sé que tengo que tirar y empujar un poco más para hacer que caiga, para llevarla a donde yo quiero llevarla y que se deje vencer por mí, que sucumba a lo que yo quiero y que se convierta en aquello que he anhelado por mucho tiempo; que sea mía. Tengo la llave para lograrlo, sé cómo es, sus debilidades, sus flaquezas… puntos exactos que tocar, gente que la puede hacer caer y pienso utilizar todo a mí favor, al final, va a ser ella misma quien me pida que sea mía.

El truco que he utilizado con ella solo es el principio del camino, tengo más cosas por enseñarle y más cosas que mostrarle, sé quiénes son las personas que pueden hacer que caiga, está todo vigilado, está todo controlado y nadie sabe que está en mí poder, y aunque lo sepan, no la van a encontrar tan fácilmente porque ninguno de mis lacayos puede hablar, no cuando les he cortado la lengua y no pueden dar el paradero de donde la tengo encerrada, una medida que he tomado con precaución para que nadie pueda venir a por mí. Y aunque la encuentren tengo una horda de neófitos apostados en las puertas, aparte de dos guardias personales que velan por mí seguridad… estamos bajo tierra, y aquí las condiciones son favorables a nosotros.

Mis pensamientos se centran de nuevo en ella, en el deseo prohibido que ha hecho que urda todo este plan, en la obsesión que me recorre cuando pienso en ella, en su piel morena, sus labios carnosos y esos ojos dorados como la miel que puede ser la perdición de cualquier hombre, al menos de la mía sí. Cuerpo lleno de curvas, perfecto… es la tentación hecha carne, el pecado más peligroso mortal… e iba a ser toda mía. Ella no lo quiere reconocer, pero en su interior sabe que las palabras que le he dicho en cierto momento son ciertas, siempre ha sido ella quien se ha sacrificado por los demás y ahora yo le enseño un nuevo camino; el de la salvación. Y es que, cuando toda tu vida es una oscuridad, un rayo de luz por muy malo que sea es a lo que te agarras, y a lo que te aferras. Y yo voy a hacer que se aferre a mí.

Entro en la estancia y ya desde la puerta puedo oír su respiración entrecortada, su corazón latir con fuerza y buen ritmo, su sangre es una tentación y tengo que beber de una presa hasta consumirla para aguantar las ganas que me recorren cuando estoy con ella. Un día entero sola, la otra joven sigue con vida pero está muy mal, no creo que pase de esa noche y si lo hace… bueno, mis chicos van a tener diversión para rato. Me acerco a la celda y abro la puerta, está tumbada contra la pared y al verme se incorpora, piensa qué le toca ahora y veo cómo está: parece cansada, mis hombres han dicho que no ha comido mucho y su aspecto es… algo lamentable. Chasqueo la lengua por ello, no la quiero débil, la quiero fuerte para lo que le espera. Me acerco a ella y me agacho, su cabeza trabaja rápido y piensa en qué le voy a hacer esa vez.


-Hola, Nai –mí sonrisa es amplia, mi dedo recorre su rostro y aparto un mechón de pelo para verla mejor- me han dicho que no quieres comer mucho, ¿recuerdas lo que te dije que haría? Cumpliré mi amenaza como no comas –digo en tono frío y seco, es una amenaza, y pienso cumplirla. Mi mano eleva su rostro y lo examino de cerca, me fijo bien- no quiero verte ni que estés débil, ya te dije que así no me sirves –no llevo comida conmigo, así que la cojo del brazo y la levanto- camina –le digo para que salga de la celda, sé que no va a escapar porque sabe que no tiene escapatoria, no hay salida y tengo neófitos controlando las dos que hay en todo el lugar. Es como una cárcel en donde está, nadie entra ni sale sin que yo lo sepa y sin mi permiso. Llegamos de nuevo a la puerta y le hago que se siente en ese trono que hay en la sala circular, llenas de cadenas donde en algunas hay esqueletos colgando, de hombres que tiempo atrás estuvieron en su lugar- supongo que te preguntas qué tengo para ti hoy –sonrío de lado sin dejar de mirar esos preciosos ojos, se ven cansados, y no la quiero así para nada- bueno, luego lo vas a saber pero antes… -llevo mi muñeca a mi boca, rasgo la piel con los colmillos y dejo que las gotas caigan hasta el suelo, la miro y ella sabe lo que voy a hacer pero no tiene escapatoria. –No te resistas, o tú amiga la cazadora será la siguiente- Cuando se intenta levantar mi mano se pone en su hombro, hago fuerza hacia abajo y la mantengo en el lugar, mi brazo va a su rostro y ahora que no puede escapar tapo su nariz, la obligo a que abra la boca y pongo la muñeca contra esta y noto que la sangre baja por su garganta. Al final, como todo humano tras el chute que este provoca, su mano aferra mi brazo y ella misma bebe por si sola- Así, Nai –mi mano acaricia su pelo, quiero que beba lo justo y aparto el brazo, veo su cara de asco pero sé que eso le va a ayudar para aguantar todo el día, me inclino y lamo sus labios quitando la sangre, ella me aparta de un guantazo y yo río, mi risa retumba en la estancia y la miro con los ojos rojos- Está bien, ¿quieres ver a tú amiga la cazadora? –Chasqueo los dedos y dos de mis hombres aparecen por la puerta- Id a por la amiga cazadora, traédmela viva –les miro, saben cuáles son mis órdenes y lo que quiero, se marchan con los gritos de ella negando y la miro- Tarde Naitiri, veamos si hoy puedes salvarla a ella también… o te salvas tú.


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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Naitiri Zahir el Jue Jul 13, 2017 11:54 am

Las horas pasaban y yo no era capaz de averiguar en qué momento del día me encontraba, allí solo había oscuridad perpetua durante todo el tiempo, la única luz que había en el lugar era de las antorchas de las paredes que apenas iluminaban por completo la estancia, aunque mis pensamientos estaban muy lejos de allí, aunque pudiera parecer que estaba de cuerpo presente en realidad seguía en aquella habitación donde había estado con Alessia, mi mente no hacía más que torturarme sin cesar con lo que había pasado, con la imagen de ella cayendo sin vida al suelo, sin haber podido hacer nada por salvarla. Una palabra, una sola palabra habría cambiado todo por completo, habría hecho que su vida siguiera adelante aunque fuera en forma de vampiro, ¿por qué no me entregué yo para eso? Jamás habría dejado que le hicieran daño a ella, esa joven que se había convertido en mi familia, en la única que tenía en aquel momento y sin embargo… ya no tenía nada. Lo había perdido, su vida había acabado porque yo no había sido capaz de cambiarme por ella, no había podido decirle que me daba igual ser vampira, pero que la salvara.

Algo en lo profundo de mi ser despertó en ese momento y sus palabras retumbaron en mi cabeza como un eco que resonaba en el lugar y que me perseguiría eternamente sin hallar ni encontrar paz: quería salvarme, no había hecho nada porque quise salvarme por una vez, por una maldita vez quise ser yo la salvada, la elegida, a la que nada le sucedía ni le pasaba… y eso era lo que había pasado, me había antepuesto a Alessia, por una única vez en mi vida fui egoísta y me escogí a mí antes de salvarla a ella… porque siempre la que nunca se salvaba era yo. Sus palabras se sucedían en mi mente una y otra vez, cuanto más las repetía más incluso llegaba a creérmelas sin poder evitarlo. Quería saber qué se sentía cuando se era salvada, cuando te escogían… lo había probado y me había gustado, pero no a costa de la vida de Alessia. Mi mente era una maraña de pensamientos, salvación, condenación… ¿cuál era la diferencia? ¿Cuál habría sido la correcta para ambas?

Tumbada en el suelo pegada contra la pared mi espalda miraba hacia el frente a través de las rejas, la otra celda estaba oscura y apenas podía distinguir la silueta de la otra joven. Por tres veces me habían traído comida en una bandeja, comida que no había querido tocar mientras notaba que me derrumbaba por dentro, que la fortaleza que a veces me había caracterizado notaba que comenzaba a fragmentarse por momentos, podía oír levemente unos pasos que se acercaban a la puerta y fue entonces cuando lo vi de nuevo, parado frente a la puerta abriendo esta con la llave y en lo que él entraba me incorporé preguntándome qué era lo que tocaba esa vez, qué me haría ver ese día. Me repasó por completo y tras hacerlo chasqueó la lengua como si estuviera disgustado con lo que veía, para nada contento.

Sus ojos fijos en los míos y un saludo pronunciando mi nombre es lo que obtengo de él, no le respondo y solo puedo pensar en qué va a mostrarme hoy, su dedo se desliza por mi rostro apartando un mechón de mi pelo, sentía su piel fría contra mi rostro y me amenazó de nuevo recordándome lo que me haría si no comía, no tenía ganas de comer nada, sentía el estómago cerrado y en aquellos momentos tampoco quería nada, aunque no había venido con ninguna bandeja de comida. Las que vinieron se habían quedado intactas, me hizo saber que no le gustaba y alzando mi barbilla me dijo que me quería fuerte y no débil, no hizo mucho más al respecto y con fuerza me levantó del brazo y me dio un leve empujón para que caminara fuera de la celda. No opuse resistencia porque sabía que en esas condiciones y tras lo que había visto de nada me serviría escapar. Llegamos hasta la habitación circular que había al final del pasillo y me hizo una seña para que me sentara en el trono, lo hice y mis ojos fueron hacia él esperando la siguiente tortura, porque todo para mí es tortura.

Se regocijaba en el dolor que expresaban mis ojos, en mis dudas y en todo lo que él me había provocado. Pero dijo que luego lo sabría, que antes debía de hacer otra cosa… vi con horror que se llevó la muñeca hacia su boca y la sangre comenzó a gotear por ella, quise levantarme para irme pero me empujó hacia abajo, llevó una mano a mi pelo tirando mi rostro hacia atrás y aunque peleé y pataleé eso parecía que hacerle gracia, porque se rió y solo cuando habló sobre una amiga cazadora fue que paré todo movimiento. ¿Astrid? ¿También tenían a Astrid? No… ella no, no podían tener también a ella. En ese descuido mío en el que dejé de luchar tapó mi nariz para que abriera la boca para buscar aire, momento que aprovechó para llevar la muñeca a mi boca y notar como la sangre goteaba por mi garganta. La sentía algo fría, espesa y el sabor me dio asco pero no apartó la muñeca mientras su sangre seguía bajando y bajando. Pronto mi cuerpo dio una sacudida como si algo se activara en mi interior y de alguna forma me despertara, y antes de que quisiera darme cuenta ya estaba aferrando su brazo contra mi boca.

Al poco rato me separó de su muñeca haciendo una muesca de asco al darme cuenta de que me estaba alimentando de sangre, su mano acariciaba mi pelo como si fuera una mascota y se inclinó para lamer la sangre de mis labios recibiendo un guantazo de mi parte que le hizo reír divertido. Sentía que estaba algo más fuerte como si hubiera estado comiendo, como si me hubiera regenerado… y fue entonces que hizo traer a Astrid cuando empecé a gritar y a negar que no lo hiciera mientras él me sujetaba con fuerza contra el trono y yo intentaba por todos los medios que no lo hiciera… pero se fueron dejándonos solos.



-No le hagas nada a Astrid… ella no tiene nada que ver –su sonrisa me lo decía todo, le importaba una mierda lo que le dijera, quería ver si sería capaz de salvarla como no había salvado a Alessia, me ponía a prueba y sus dedos recorrían mi rostro mientras su sangre me reactivaba y me calentaba el cuerpo. Él lo sabía y me miraba de forma fija, como si se burlara de los efectos que la sangre provocaba en mi organismo, es más, se atrevió a enumerarlos y a mofarse de ello en mi cara mientras el calor crecía en mí interior. Como si fuera mi dueño, como si pudiera hacer lo que quisiera conmigo me dijo que si me portaba bien quizás aplacaría el calor que me recorría el cuerpo, solo después de que decidiera o no salvar a mi amiga… pero algo me decía que no iba a ser tan fácil como él decía- Astrid es una excelente cazadora, no podrás cogerla tan fácilmente –o eso es lo que yo quería pensar y creer, pero su risa mordaz me hizo pensar que podría estar equivocada.



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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Hades el Sáb Jul 15, 2017 11:07 am

Encuentro fascinante el modo en el que está en estos momentos, su cabeza es una maraña extraña de pensamientos en los que no logra discernir qué es luz y qué es oscuridad. La noto que está indecisa y yo pretendo hurgar más en la herida, hacer más daño, expandir esa duda que se ha generado en su cabeza, la opción de ser salvada por una vez cuando siempre ha sido ella la que se ha quedado es nuevo, pero le ha gustado, lo puedo ver por la forma en que sus ojos evitan mi mirada, por la forma en que se muerde el labio cuando mis palabras son certeras: le ha gustado. De hecho se debate si va a ser capaz de salvar a los demás para condenarse ella, o por el contrario, se salvará ella y condenará al resto. Ella no lo sabe pero pretendo quebrarla por completo, hacerle creer que todo su mundo se cae a pedazos es un trabajo minucioso, un trabajo que ha costado horas de seguirla, de conocer las personas que la rodean, aprender de ellas… no por nada es un trabajo que ha llevado meses.

Su búsqueda se alargó más de lo que me hubiera gustado, pero al fin la he encontrado y ahora la tengo frente a mí, en ese trono donde me suelo sentar para infundir terror y temor a los míos, un trono donde si todo sale como lo tengo previsto ella reinará junto a mí, será la reina de mis tinieblas y de mi propio Infierno. Pero para eso tengo que seguir con las jugadas, tengo que hacer que se vaya rompiendo en pequeños fragmentos poco a poco, el primero de ellos ha dado un golpe que ha dejado todo su mundo un poco en grietas, ahora falta seguir empujando y empujando hasta que estos terminen por romperse y se hagan en trozos tan diminutos que ni ella pueda recomponerlos. Le he dado de beber de mi sangre y no le ha gustado, aunque no ha sido suficiente como para provocarle ese colocón y chute que a los humanos les produce beber nuestra sangre, no quiero que se haga adicta a ella pero no será la última vez que beba de mi sangre.

Mi sonrisa es sibilina en todo momento, ella no sabe lo que le tengo preparado realmente y ahora sabe que vamos a por su amada amiga, esa a la que tanta estima tiene, esa que ha matado a varios de mis neófitos en busca de información solamente para darse cuenta de que no les pueden decir nada porque ya me he encargado de cortarles la lengua. Me río cuando dice que no le haga nada y mi risa suena y retumba en el lugar a modo de eco, como si quisiera burlarse de ella. ¿Aún no entiende que da igual lo que pida o lo que haga? Nada va a parar los planes que tengo, nada va a hacer que caiga en una oscuridad y que la única luz que vea al final de esta sea yo. Vuelvo a reírme cuando dice que es una excelente cazadora y que no voy a cogerla de forma fácil, me cruzo de brazos mientras la miro y sonrío ladino.


-¿Crees que se va a escapar de mis hombres? Me subestimas, Naitiri. Pensaba que, a estas alturas, sabrías que nada va a pararme y que nada puede pasar para que todo siga su curso… tú amiga va a ser capturada, sé que es una cazadora, la he estado siguiendo, la he estudiado y sé cómo se las apaña para cazar –veo en su rostro la sorpresa- ¿oh, pensabas que lo dejo todo al azar? No puedes ser tan ingenua –sonrío con malicia- quizás pueda con dos de mis hombres pero, ¿crees que puede ella sola con cinco o seis? Pronto lo vamos a saber –me encojo de hombros y doy vueltas entorno a ella, como un tiburón que acecha a su presa mientras dejo que pase el tiempo. Me acerco a ella por la espalda y mis dedos se enredan en su pelo, en esa cascada oscura de rizos y mis dedos juegan con estos, llevo su pelo y lo huelo para impregnarme de su olor. Toda ella es un pecado en sí mismo, un pecado que me invita a tomar pero que debo de aguantar la tentación. Tomar de su sangre es lo que más anhelo, siempre me he preguntado qué sabor tendría y tenerla tan cerca sin poder tomarla es casi como una tortura- qué bien que hueles –mi nariz baja por su cuello y aunque ella intenta apartarme mis manos aferran las suyas y las pongo contra cada brazo, mis colmillos acarician la piel de su cuello y siento que un escalofrío la recorre, sé que no quiere que le muerda y yo evoco todas mis fuerzas para no hacerlo. Es entonces cuando la puerta se abre, mis hombres han llegado con una joven vestida con ropa de hombre, casi idéntica a la que utiliza ella, lleva una bolsa en la cabeza para tapar su rostro, les hago un gesto con la mano para que se vayan y me separo para mirarla de cerca al coger su rostro y girarlo- ¿quieres ver a tú amiga? –Pregunto con una sonrisa maliciosa, la suelto y cojo su muñeca para tirar de ella mientras hago tiempo de que mis hombres lo preparen todo.

La vuelvo a conducir por el pasillo y esta vez entramos por otra de las puertas que da a una sala amplia, donde al fondo hay una cruz donde su amiga está de espaldas, sus brazos y piernas estirados en forma de “X” atada sin poder moverse, tiene sus muñecas y sus tobillos encadenados a la madera y todavía lleva la bolsa en la cabeza. En la pared varios utensilios de tortura tales como látigos y fustas, y ella empieza a entender de nuevo que otro juego comienza, hay una silla donde la siento y la ato y la miro de cerca antes de acercarme a su amiga y quitarle la capucha, aunque está de espaldas es una joven con unas características muy parecidas a las de su amiga, estatura, piel, pelo… lo que hace que crea que es ella es la ilusión que vuelvo a ejercer sobre Naitiri para que crea que es Astrid, y no una joven cualquiera. Tiene una mordaza en la boca y se revuelve para que la suelte, acaricio su pelo y le chisto para que se calle, no puede hablar y no quiero que lo haga.


-Bien Naitiri, como verás otro nuevo juego comienza. Hemos cogido a tu cazadora y ahora está aquí, atada para lo que vamos a hacer –hago una pausa- solo hay una forma de salvar a tú amiga, admito que mis hombres están deseando hincarle el diente porque ha matado a varios de mis hombres… -me acerco a la espalda de la cazadora y le rompo la camisa que lleva dejando su piel al descubierto, una piel que acaricio con mi dedo- es una piel preciosa… lástima que vaya a ser manchada –Naitiri grita porque sabe lo que voy a hacer o lo que quiero hacer, pero lo que no sabe es que quien va a infligir el castigo… va a ser ella- así que o lo haces tú… o dejo que lo hagan ellos, y si lo hacen ellos puedes despedirte de tú amiga.


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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Naitiri Zahir el Lun Ago 07, 2017 6:09 am

Hades es un vampiro sádico, y eso es algo que podía decir perfectamente sin equivocarme con sólo lo que había visto y me había mostrado. Comenzaba a entender que disfrutaba del sufrimiento ajeno, de ver como los demás padecían mientras él observaba tranquilamente desde su trono, mandando que hicieran torturas para su propia y egocéntrica diversión. Una diversión que no tenía parangón alguna y que por lo que estaba viendo no le importaba qué hacer para conseguir sus objetivos, era algo que notaba en los días que llevaba allí encerrada. Ahora entendía por qué se hacía llamar Hades, dudaba que fuera su verdadero nombre pero la verdad es que le pegaba bastante, me estaba llevando por un camino que conducía al infierno y lo estaba llegando a conseguir, porque la muerte de Alessia me había trastocado por completo. Ella, una persona y una joven que nada tenía que ver con aquello, ella que no había tenido que sufrir esa muerte solo por estar conmigo.... todos los que estaban a mí alrededor y me eran queridos y apreciados iban a pagar las consecuencias, una que no deberían de pagar para nada pero que Hades por su diversión, por hacerme daño con algún mal sano motivo iba a hacer que cayeran en ese abismo, para yo caer después junto a ellos y perderme en esa oscuridad, porque nada tendría ya sentido.

Quería ir a por Astrid, algo que hizo que se me encogiera el pecho sin poder evitarlo y que me hizo pensar en ella, en su rostro, en sus ojos castaños, en su piel más pálida que la mía, su sonrisa, la forma en la que tenía de mirarme y cómo nos comprendíamos tan sólo con una mirada. Hacía un tiempo que no la veía pero eso no quitaba para que la amistad que teníamos se acabara o sufriera por ello, sabía que era una cazadora y la había visto en acción aquella fatídica noche, sabía que era buena pero parecía que el muy cabrón lo tenía todo controlado porque había mandado a más hombres por ella, mis ojos se abrieron al darme cuenta de que de verdad me había estado espiando a saber cuánto tiempo, que tenía todo calculado perfectamente y que sabía lo que hacer y dónde dar para hacerme daño. Pero no solo eso, sino que también ha estado siguiendo y estudiando a Astrid para poder capturarla sin problema alguno, no sabía hasta donde llegaban sus planes pero parecía tenerlo todo solucionado y sin que nada pudiera fallarle... solo esperaba que no pudiera cogerla y que matara a todos sus hombres.

No dejaba de dar vueltas donde estaba sentada mientras yo rogaba porque no la capturaran y pudiera escaparse, que buscara ayuda, que de alguna forma supiera que no estaba en casa... no quería seguir allí, algo me decía que no iba a acabar nada bien y el presentimiento conforme pasaba el tiempo más grande se hacía. Él me miraba con una sonrisa maliciosa en sus labios cada vez que pasaba por delante de mí, mirándome con sus ojos como si hubiera algo que no supiera, como si hubiera algo que desconocía y que ese hecho lo hacía todo más divertido para él. Una de las veces que estaba dándome vueltas se quedó a mi espalda y sentí como sus manos cogían varios mechones de mi pelo y los olía, me aparté cuando dijo que olía bien pero sus manos aferraron mis muñecas y las presionó contra la silla para que no me moviera, sus nariz se paseaba por mi cuello mientras yo intentaba en vano apartarme, sentía sus labios gélidos por mi piel, su aliento y luego sentí sus colmillos deslizándose por mi cuello y me aparté para evitar que me mordiera, no quería que lo hiciera al igual que no quería que me volviera a dar de su sangre.

La puerta se abrió de pronto y ante ella apareció uno de sus hombres que pareció librarme de la situación, le hizo una seña y él soltó una risa leve antes de enderezarse y ponerse delante de mí para mirarme, me preguntó si quería ver a mi amiga y temí lo peor en ese momento, me cogió de la muñeca y tiró de mí de nuevo para ir por aquel pasillo hasta dar con otra puerta donde al entrar había una enorme “X” de madera que era donde estaba atada Astrid, llevaba sus ropas de cazar y tenía una bolsa en la cabeza que no le permitía ver nada. Sus muñecas y sus tobillos estaban con grilletes atados a la madera, enfrente una silla donde de nuevo sin poder hacer nada me sentaron y me ataron mientras él se acercaba a ella y con una mirada quitó la capucha de su rostro. Su pelo cayó semi recogido y pude ver su rostro sin ningún tipo de problema, llevaba una mordaza para que no pudiera hablar y me intenté levantar de la silla, pero me era imposible al estar atada.



-¡NO! ¡Suéltala! –Le grité estirando de mi brazo haciéndome daño con la cuerda que me tenía sujeta y atada, Hades me miró y sonrió de lado divertido con la situación que se presentaba frente a él. Comenzó a hablar diciendo que empezaba otro “juego”, se acercó a su espalda y rompió la camisa que llevaba dejando su espalda al descubierto, decía que iba a ser manchada y que era una piel preciosa y con lo que había visto que tenía allí... supe lo que quería hacer- ¡No lo hagas! ¡Ella no tiene nada que ver con esto! –Comenzaba a desesperarme por momentos, era claro qué intenciones tenía para con ella y no iba a soportar ver como le hacían daño por mi culpa, la llamé para que me mirara pero le era imposible girar del todo la cabeza mientras yo luchaba por soltarme, pero era demasiado débil y no podía hacer nada. Pero entonces volvió a hablar de nuevo, no iba a dejar que solamente viera sin poder hacer nada como la herían, sino que tendría que hacerlo yo. Mis labios se entreabrieron de la sorpresa y me quedé sin respiración unos segundos... ¿qué? Iba a ser incapaz de hacerle daño, yo no era una persona que hiciera daño a la gente y no iba a hacerlo ahora, menos a ella. Se acercó y me quitó las cuerdas para acercarme hasta ella, abrió mi mano y puso el mango de uno de los látigos que había y se apartó unos pasos. Alegó que si no lo hacía yo lo harían sus hombres y sabía que entonces sería mucho peor. Apreté el mango con fuerza y bajé la cabeza incapaz de hacerlo, no podía hacerle daño, yo no era así... me instó a que lo hiciera y al ver que no lo conseguía cogió mi mano y fue él quien me obligó a dar el primer latigazo. El chasquido sonó por la habitación cortando el aire y la espalda se marcó de rojo en el lugar, Astrid arqueó su espalda y un grito salió de sus labios... solté el látigo incapaz de seguir pero Hades que no pensaba en esa opción volvió a coger el látigo, llevarme entre mis manos y comenzar a darle latigazos de forma fuerte y contundente, su espalda se arqueaba, la sangre comenzó a teñir su pálida piel y ella intentaba soltarse sin éxito mientras yo lloraba sin contener las lágrimas. Me dijo que, o le daba yo las próximas veces, o entonces que sus hombres se encargaran.

De nuevo me ponía contra las cuerdas, hiciera lo que hiciera no iba a poder salvar a Astrid ni a evitar lo que le deparaba. Yo no quería hacerle daño, pero si con ello yo dándole más flojo podía salvarla... ¿no debería de intentarlo? Con todo el dolor del mundo en mi corazón cogí el látigo y le di el primer golpe, bastante flojo, mucho más que los de él pero que le hizo sonreír complacido. Me dijo la cantidad que debía de darle y comencé a hacerlo entre lágrimas, al tercer latigazo lo solté dándole a él e intenté ir hacia Astrid para soltarla que, en ese momento, parecía haber perdido un poco la consciencia, intenté soltar sus muñecas para que se pudiera mover pero me cogieron y me separaron de ella, Hades me miró y lanzando una mirada a sus hombres les pasó el látigo y les hizo una seña con la que sonrieron con malicia comenzando a asestar latigazos en su cuerpo, la carne se abría, la sangre salpicaba la habitación y su cuerpo aun estando sujeto todavía cedió al perder la consciencia. Su espalda llena de heridas bastante feas, manchada de sangre... y Hades haciendo que viera todo, diciéndome que estaba así por mi culpa y que moriría por no haberle hecho caso.



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Re: The Road To Hell [Privado]

Mensaje por Hades el Mar Ago 15, 2017 5:51 am

Sé que la voy quebrando poco a poco, puedo notarlo conforme las pruebas se presentan frente a ella, no se espera nada de lo que tengo preparado y sé que tocar las dos piezas más claves de su vida va a ser lo que la rompa por completo, sé lo que esas mujeres representan y significan para ella y tocarlas no era algo que Naitiri pensaba que fuera a tocar, pero si la quiero romper para que vea que no le queda más salida que la mía es lo que tengo que hacer para ello. Necesito que todas sus piezas caigan, que la desesperación inunde su ser y que sienta que lo ha perdido todo de forma que no le quede nada en la vida por lo que seguir luchando, por lo que seguir viva. Necesito que vea que después de todo le queda una última esperanza que voy a ser yo, quiero que piense que yo solo puedo salvarla y que se entregue a mí por siempre. Me gustaría que lo hiciera de forma voluntaria pero algo me dice que el férreo carácter de esa mujer no va a ceder sin oponer resistencia, así que voy a tener que atar todos los cabos y no dejar ninguno suelto porque si no se aferrará y no es lo que quiero, quiero que piense que es lo último que le queda y tengo que quitar las piezas de su vida.

Su amiga la cazadora es importante para ella y es un pilar en su vida, si cae, si hago que caiga no le va a quedar mucho y poco a poco va a ver que lo único que queda soy yo. Puedo ver su rostro en este momento, el desconcierto en su rostro, la duda que le recorre, la incertidumbre de saber qué va a pasar. Luego el miedo cuando sabe que tiene que ser ella que la que de latigazos a su amiga, si solo mira no es tan divertido y es cuando le paso el mango del látigo para que lo coja. Le dejo claro que, de ser mis hombres los que se los den, van a ser mucho peores. Le doy la oportunidad de que ella sea más clemente con su amiga como si le diera una salida, una salida que no tiene en realidad y la miro coger el mango con duda. Me mira como si de alguna forma busque qué debe de hacer con él y sonrío de lado mientras la observo, está claro lo que quiero que haga y se lo hago saber. Ella mira la espalda ahora desnuda de su amiga, la que cree que es su amiga porque el hechizo de la ilusión es fuerte y aunque no puede hablar la joven a Naitiri todo le hace creer que es su cazadora la que está atada. Le apremio a que lo haga, mejor ella que mis hombres y es ese pensamiento el que quiero que se instale en su mente.

Con duda, con mucha duda y con dolor en su rostro veo que levanta el brazo y el chasquido del látigo suena, pero sé que no le ha dado con fuerza y no puedo culparla por ello, es su amiga y ante todo va a hacer lo posible por salvarla, como siempre antepone los demás a ella y ella se queda para el final, ¿no ve que eso solo es peor para ella? Nunca ha decidido salvarse, la primera vez que lo ha hecho y lo ha experimentado de una forma sádica y cruel por mi parte le ha gustado. Sentir que por una vez no es ella la que cede, a la que le pasa todo, por una vez es ella quien se ha salvado y eso es lo que busco que vuelva a sentir. Ella siempre antepondrá los demás a ella, tengo que hacer que cambie esa forma de ver la vida y las cosas y así poco a poco irá cediendo a mis caprichos y a mis deseos. El siguiente latigazo suena igual por la habitación, la joven se retuerce por el dolor y aun con la mordaza puesta se puede escuchar su quejido y su dolor, Naitiri parece firme en hacerle el menor daño posible que pueda dentro de lo que en su mano está, pero es en el tercero cuando el látigo se dirige en mi dirección, raudo y rápido lo esquivo por mis reflejos y me lo tira para ir a por ella y a intentar desatarla mientras la llama para que reaccione. Gruño cuando la veo y me acerco a ella, la aparto de su amiga y le doy un guantazo que le cruza la cara y que la hace retroceder, mis ojos están rojos y fijos en ella.


-Así que es esto lo que quieres, ¿verdad? Te he dado la oportunidad de elegir y sin embargo a pesar de que ibas bien has decidido fastidiarlo todo –ella me mira con temor en los ojos, sabe de lo que soy capaz y no anda desencaminada si piensa que no va a pagar por su ofensa. Mis manos cogen su mandíbula con fuerza y la obligo a que me mire, me pego a su cuerpo que intenta revolverse pero mis hombres la tienen cogida, la miro de cerca y sonrío de forma ladina- eres una mujer rebelde, tengo que admitirlo. Me gusta la rebeldía... pero hasta cierto punto, Nai –le dijo y mis labios se posan en los suyos reclamando y demandando un beso, uno que ella no quiere darme pero que yo la obligo. Me separo para darles el látigo a mis hombres y yo cojo a Nai para que vea todo en primer plano, la pego a mi pecho y la obligo a mirar mientras mis hombres le dan latigazos a la joven, la sangre comienza a salpicar, su piel se enrojece, se mancha y se hace jirones por la violencia con que la torturan. Ella llora y suplica que pare y es solo cuando la joven cede, y dejo que le den un par de latigazos más que ordeno que paren. Naitiri la llama pero ella está inconsciente por el dolor mientras la sangre mana de las heridas. Empujo a Naitiri de forma que vaya a ver a su amiga, o lo que cree que es ella, y la llama y mueve para que despierte pero yo llego donde está, la giro y de un tirón le arranco la parte de arriba de la ropa dejándola desnuda, ella se cubre para que no la vea pero aparto sus manos, la contemplo y observo y pego su espalda contra la de su “amiga”, para que sienta la sangre en su piel, el calor que desprende- se podría haber salvado de no ser por lo que has hecho, ahora solo puede quedar una: o ella, o tú –le digo y la miro de forma fija, comienza a llorar y sé que la estoy rompiendo de nuevo, espero a que diga algo pero se queda callada- ¿otra vez vas a elegirlos a ellos, Nai, a ellos que no han hecho nada por ti? ¿Cuándo han estado cuando más lo necesitabas? Cuando los necesitabas de verdad no estaban, pero sin embargo tú eres la primera que está para ellos. Siempre te entregas a los demás ¿y qué recibes a cambio? Nada. No recibes nada –mis palabras son duras pero quiero que así sea- conmigo puedes tener aquello que no te dio nadie: la salvación y la redención. Acéptalo Nai, has pasado la vida anteponiendo los demás a la tuya que ninguno, ni uno solo de todos ellos... te ha antepuesto a ellos. Deberías de recibir lo mismo que das a cambio –juego con su mente, con su debilidad y su flaqueza, una que al final se convertirá en mi voluntad.


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