Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Lose control [Asbjørn]

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Lose control [Asbjørn]

Mensaje por Aaya Maciej el Mar Sep 06, 2016 12:32 pm

¿De qué se trataba la vida si no era sobre sobrevivirla? Eso es lo que viajaba en la mente de Aaya una y otra vez luego de haber conocido a un fantasma. Todavía no podía entender cómo un ser etéreo le había hecho pensar ese tipo de cosas, nada tenía pies ni cabeza en la lógica humana. Aunque por supuesto que ella no se consideraba el estándar de nada, no necesitaba siquiera ser supersticiosa, ella tenía bien en claro la existencia de todo tipo de sobrenaturalidad. Maldiciones o simples maneras de existir que combatían la vida aún con más seguridad que lo humanos habituales. Entonces, ¿por qué ella no podía siquiera acariciar los cubiertos de metal desinfectados antes de cocinar? Eran preguntas que intentaba responderse por amor a la escritora que había terminado por embriagarla hasta estar completamente perdida en los horizontes de la realidad.

Al final no había vuelto a Bélgica, caprichosamente la joven se quedó ante la justificación de que había una plaga de herejía y asesinatos continuos. En realidad no mentía, por lo contrario, estaba diciendo la verdad hasta más tranquila de lo que de verdad era. Durante su estadía de algunos meses, había visto decenas de vampiros y lobos. También infinidad de hechiceros o de cambia formas pero ella no los consideraba para matar. Básicamente era consiente que algunos humanos nacían favorecidos directamente desde el cuerpo de una madre. Y evidentemente, al no tener ningún némesis que la naturaleza les haya impuesto, significaba que podían vagar en paz. O al menos eso es lo que la joven de brillosos ojos celestes se inventaba en sus cuentos de fantasía. Era así: Los vampiros tenían a los lobos. Y eran los que mataban por un simple deseo de sangre o muerte. Como animales o bestias salvajes, solo que estas solían actuar de esa manera por sentirse intimidados o por hambre. Ellos, teniendo conciencia, se dejaban hacer ante la destrucción de todo lo que no les afectara. Eso es lo único que incitaba a Aaya a asesinarlos a sangre fría. Y lo seguía haciendo, aunque ahora mismo estuviese tomándose un descanso para pensar las cosas, para entender qué aceptar de sí misma. Y preguntarle a la fantasma no era una opción.

Sabía que no era correcto dejar a su familia o a los mínimos amigos o conocidos que había hecho a lo largo del tiempo. No iba a darse por muerta, antes tendría que estarlo literalmente. Ella siempre estaba cubierta por miedo y mostrando su desconfianza y perturbación frente a los demás. Lo que nadie sabía es que al final del día cumplía cada una de sus promesas sin importar el costo. Así fue que llegó a acomodarse sus ropas para salir a cazar, ésta vez para poder comer carne por la noche. La muchacha se negaba a comprar comidas en los mercados, nada que no fuese estripado de la tierra por sus propias manos podía ingerirse. ¿Cómo podía estar segura que las manos de los demás no estaban infectadas directamente con muerte?

Pasaron dos horas hasta tener dos conejos en su bolso, la manera en la que mataba era siempre eficiente, la cazadora contaba con la inteligencia suficiente para calcular la edad de los animales que cazaba y a su vez matarlos sin derrochar nada de sangre. Eran dislocaciones certeras, lo que también hacía que la carne se le diera muy bien para preparar. Ya que los músculos de los animales no llegaban a sentir dolor y se mantenía una carne tersa. Paseó un poco más por el bosque ante la idea de encontrar algunas hierbas, ella tenía su propia plantación de verduras, solo tres variables y algunos frutos. No necesitaba más. Antes de que la noche terminara de caer estaba pasando por la periferia de la ciudad, justo a media hora de entrar en el centro, donde los humos negros más se establecían y las calles se empezaban a iluminar. Se encontraba bastante cerca considerando que a pie todo resultaba más largo y tedioso. Se escuchó un estruendo a unos pocos metros, justo cuando dejaba de haber árboles. La muchacha saltó en el lugar, abriendo los ojos como si fuese que una ola estaba por engullirla. Cuando quiso pensar algo, sus pies se movieron antes. Evidentemente sus instintos le alertaban de una presencia inmortal y también la de humanos. La escena era clara, se estaba desarrollando una pelea para nada acorde al entorno. Y cuando alzó sus ojos pudo ver la figura de un… ¿amigo? ¿Podía llamarlo así? Eso creía, en realidad era la primera persona con la que había sentido afinidad al punto de estar a su lado sin problemas. Pero contaba con ese defecto… La sangre brotaba y parecía que una violencia sucia se desarrollaba. El vómito subió a la garganta de la joven, quien se mantuvo fuerte, apoyando solo una mano enguantada en la barriga. Eso no podía darse, la gente empezaba a acercarse y no tardarían en llamar a la armada que corría por las calles y al final del día castigaba a muerte a los culpables. Alzó el paso, 'aterrada' era un concepto bastante sencillo para lo que emanaba su corazón bombeando desorbitado. Aun así simplemente saltó para agarrar la empuñadura de su camisa, tironeándola desesperadamente. — ¡Gente! ¿Qué haces! ¡Hay gente! — Gloriosamente no era posible hablar, los tartamudeos y la poca fluidez de conversación peleaban con la desesperación de matarlo. Si tan solo fuese clavarle una estaca quizá era mejor, pero sus maneras eran descarriladas, ella lo sabía, ella conocía a esa persona y a sus defectos que eran mucho peores para ella que para el sujeto mismo. Sabía que la venganza es lo que lo había llevado a convertirse en eso, pero inevitablemente Aaya tenía un corazón puro, que luchaba por proteger a los demás a costa de su propio asco.


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Re: Lose control [Asbjørn]

Mensaje por Asbjørn Lindstrøm el Miér Sep 28, 2016 10:27 pm


“A weapon does not decide whether or not to kill.
A weapon is a manifestation of a decision that has already been made.”
― Steven Galloway, The Cellist of Sarajevo


¿Qué falta tan terrible podría conducir a ser sometido a tal condena? Los hijos deben enterrar a sus padres, es el cauce natural de las cosas y el corazón se le constreñía al pensar que algún día él iba tener que cavar dos tumbas para los suyos. No eran los padres quienes debían enterrar a sus hijos; ¿qué clase de aberración discordante era esa? No era un secreto que Asbjørn se especializaba en venganzas. Que toda su vida, desde que los El-Gohary habían sido masacrados y luego Lars allá en Noruega, estaba timoneada por el deseo de revancha. Si tu meta era equilibrar las cosas y conocías a las personas indicadas, invariablemente el camino te conduciría al cazador.

Un hombre de unos 40 años lo contactó hace tres noches. Un vampiro había matado a su hija, le había prometido amor eterno, y la chica, una adolescente, se lo creyó. Sólo para terminar desangrada. Encontró al asesino realmente rápido, era un inmortal antiguo, pudo adivinar y durante dos noches lo estuvo analizando. Hubiera querido tener más tiempo, pero no se contuvo. A su mente venía la imagen del hombre compungido que ha perdido a su niña a manos de la avaricia y la muerte roja. Antes de que el vampiro pudiera cobrarse otra víctima, Asbjørn salió de entre las sombras y fue a por él con daga de plata en la mano. Eso había sido unas calles más arriba, pero cuando el vampiro vio que el cazador era tenaz, trató de huir con una horrible herida que no sanaba en su costado. Desde luego, Asbjørn no iba a dejarlo ir y fue tras él, hasta llegar a ese mismo lugar, una calle aún concurrida, pues la noche apenas había caído sobre París.

Lo tenía justo donde quería, herido y tratando de salvarse. No iba a darle tregua. Sin embargo, como era siempre, cuando Asbjørn se enzarzaba en una batalla como esa, no medía consecuencias. No se daba cuenta que a su alrededor ya tenía un público curioso. Comenzó a clavar la daga una y otra vez, aunque como su oponente se resistía, sólo logró clavarla un par de veces. Eso provocó que la sangre emponzoñada brotara como flor carmesí. El rostro y la ropa del noruego pronto fueron del mismo color que los cardenales que vuelan en invierno, y no se detuvo. La furia y la saña con la que atacaba lo enceguecían, lo aturdían y continuaba como un guerrero poseído, que no ha de detenerse hasta que su enemigo no sea más que jirones de sangre y carne.

Sólo se detuvo cuando unas delgadas manos enguantadas lo sostuvieron y una voz le habló. Alzó el rostro con los ojos desencajados. Tenía la respiración entrecortada y parecía que estaba desubicado, que ni siquiera sabía su nombre. Vio aquel rostro perteneciente al pretérito, y al presente. Quiso decir algo pero entonces se dio cuenta de lo que estaba pasando. Miró a su alrededor y luego sus manos, una aún sosteniendo el cuchillo, llenas de sangre. Debajo de él estaba el inmortal, removiéndose, pero no aniquilado aún y eso encendió una nueva chispa en él.

Aaya —musitó, reconociendo a su amiga—, no te metas —entonces, sin meditarlo, puso un brazo de por medio, estuvo a punto de empujarla a un lado, pero algo se lo impidió. Podía estar todo lo descontrolado que quisiera, sin embargo, Asbjørn era alguien de cariños muy profundos y eso mismo le impidió tocarla, recordando las manías de la chica.

Se quedó en aquella posición. Con la otra mano rebuscó algo entre sus bolsillos y de uno de ellos extrajo una estaca. La levantó, y de un solo movimiento, raudo y fuerte, la clavó en el pecho del vampiro quien dio un alarido escalofriante de dolor, breve, casi anticlimático. Asbjørn se quedó un momento así, tratando de normalizar la respiración y fue hasta ese momento que pudo apreciar todo el ruido a su alrededor. Alzó el rostro, angustiado, pidiéndole a Aaya algo, pero ni él mismo sabía el qué.


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Re: Lose control [Asbjørn]

Mensaje por Aaya Maciej el Sáb Oct 22, 2016 5:53 pm

Era imposible no meterse, al menos si quería mantener los secretos de la alianza bien guardados y si no quería que su amigo muriera de una infección -o eso creía ella-. Los cazadores siempre se mantenían en el silencio, en las sombras como agujas filosas. No eran nada parecido a los inquisidores que tenían fama y a muchos se les conocía el nombre. Asbjørn estaba dando una buena ceremonia para que le reconozcan la cara a donde sea que vaya, aunque la tenía manchada con sangre en sus mejillas, podía servir de distracción, ¿no? A fin de cuentas Aaya temblaba como si fuese a romperse y lloraba sin saberlo. ¡Era tan fácil hacerla llorar! Aunque no igual de fácil detenerla, eso no lo iba a hacer por nada del mundo. Hundió los dedos en las ropas del joven cazador y cerrando los ojos se sacó el tapado que llevaba por arriba de sus hombros, debajo había otro, más fino pero igualmente escondía su cuerpo, hasta su rostro se cubría con un velo. Lo encimó sobre los hombros ajenos, notando como el juego del gato y el ratón parecía dar el final. ¿Cómo había llegado a eso? Aaya se preguntaba qué clase de muerte había dado el vampiro o a quién, para que su amigo quisiera hacerlo sufrir tanto antes de darle caza. Como fuese estaba a punto de terminar de matarlo y lo hizo de un golpe a secas, se escuchaba claramente como la coraza de huesos se rompía y partía directamente los órganos. Los parpados de la muchacha se afinaron y achicaron, el asco estaba allí presente, pero éste mismo se escondió de terror cuando los dedos femeninos se acercaron a la estaca, terminando por enterrarla hasta escuchar la muerte, para pronto sacarla de allí y meterla en su bolso.

— Correrás. Alza tus pies ahora si no quieres que te mate junto con éste cadáver. — Casi tan eufórica que podía notarse el rojo de sus mejillas tironeó al hombre que había terminado de cometer un asesinato frente a civiles. Algunas mujeres gritaron y se fueron corriendo. Alguno que otro hombre se acercó con una pistola en la mano. Claramente pensarían que era un asesinato a sangre fría, la mayoría no había llegado a ver la estaca. Aaya la había sacado y empujado con la misma intensidad con la que estaba conteniendo su desmayo. La mente humana era mucho más fuerte que cualquiera y la voluntad negativa podía combatir contra cualquiera. La muchacha golpeó el suelo con una canica grande como una granada. Se trataba simplemente de polvo a presión que explotaba al sacudido y creaba una especie de cortina de humo. No era algo que usaran los cazadores normales, ella lo hacía solo para que no terminaran tocándola para asaltarla con alguna inmunda enfermedad. — Mas adelante hay un callejón, los de la armada pueden venir en unos minutos. Nadie puede matar en frente a civiles. — La voz de Aaya estaba monótona y algo muerta, claramente empezaba a perder color en la cara, había pasado de rojo, hasta un casi verde anémico. No detuvo su agarre ni un momento, estaba afianzada al brazo del otro y lo tironeaba dando pasos agigantados, igual o más rápidos que los del otro, tenía una capacidad innata para huir. En su mente pasaban miles de cosas, principalmente intentaba recordar si había quedado algo en el cuerpo del vampiro que ahora estaba muerto y quizá se convertiría en cenizas si el sol lo aceptaba. No, se había llevado la estaca y el cuchillo parecía haber sido guardado. Asintió y dobló en el pasillo que tenían dos edificios en el medio. Quizá hubiese sido más fácil ir hacia los lados del bosque sin embargo era obvio que eso podía ser lo más probable de hacer.

Por dos largos minutos reinó el silencio y los dedos de la muchacha se aflojaron, deslizándose por el brazo ajeno hasta que el sonido crudo del vomito se escuchó en un costado. Como una barrera defensiva hasta que se incorporó para mirar de reojo a Asbjørn y terminar por patear una de sus piernas. — ¿Se puede saber en qué pensabas cuando terminaste cerca de la ciudad! Te vio gente de clase baja o media pero, ¿mira si recordaron tu cara? Si sales mañana en un dibujo de los buscados te mataré, lo haré yo misma y me quedaré con la recompensa. — Los morros se dejaban ver ante la caída obvia del velo que se había terminado de ensuciar y un rostro pequeño y ovalado lloraba con las manos enterradas frotando la piel con una desesperación loca y sufrida. — Te vas morir, mira toda esa sangre, te vas a morir. ¿Por qué me haces esto? Necesitamos lavarte, no quiero que te pase nada. — Claramente retorcida estaba su mente que sacó un pañuelo, alzándolo para limpiar el rostro del muchacho, dejándose llorar pues lo último que estaba pensando es en cómo se encontraba ella ahora, solo veía a su amigo sucio y sudado lo cual indicaba, en su cabeza, solo cosas malas. — Yo no sabía que estabas acá… Tendríamos que ir a casa. Está a u-unas cuadras. — Volvía el tartamudeo, la adrenalina parecía querer detenerse, aunque no así los efectos adversos de haberse acercado a tanta sangre y muerte.


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