Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Ludovic McQuoid el Vie Sep 09, 2016 4:26 am

Un hermano comparte memorias de infancia y sueños de adulto.
Malmesbury, Inglaterra

En el navío, el templario recorre las aguas al norte con el canal de la Mancha, dirigiéndose al lugar donde se vio nacer, donde todo comenzó tras su deber. Encontrándose en una escaramuza en el pueblo y en el gobierno, entre la ideología; de lo que debería de ser, y de lo que debe ser. Demasiadas batallas inconclusas, porque todas persiguen un pasado que solo los McQuoid y sus fieles guardianes conocen. No podía alterar el curso predestinado ante una profecía, el terminar con todos esos presagios porque ya eran demasiados perjuicios al linaje. Comenzando desde que Felipe IV, en ese entonces Rey de Francia, había supervisado personalmente la investigación sobre la sospechosa orden de Templarios, que estaba convencido de que había expuesto algo podrido en la sociedad. Que el mundo estaba seguro sin la existencia de estos y ante esta indignación piadosa sostenida de Felipe, el Papa; un títere que le debía todo al Rey. No tenía alternativa, enterró a todos los templarios —casi a todos — Donde el Rey empleo conseguir la vasta riqueza de ellos. Quien justificó como compensación por haber financiado dichosa investigación para exponer los pecados terribles. ¡Qué ofensa que haya sido enterrado como un templario! Pues el Rey quiso ser parte de ellos después de tanta barbarie. Porque lo que son ellos, lo que lleva en la sangre Ludovic, son la de los templarios, eran caballeros medievales, tropas de élite de la cruzada, —En efectivos y temidos en el campo de batalla — poderosos por el conocimiento que poseían a grandes extensiones. Razón por lo que el carácter de Ludovic se convirtió en un arma. Él había crecido con una sabiduría compartida con sus hermanos, una mente maestra para llegar a ser líder algún día y el poder proteger los secretos. Más todo se fue volteando en su contra, como si estuviese maldecido, recayendo desgracia tras desgracias. Primero la muerte de su hermano mayor, y la desaparición del menor. Después, los problemas en la santa inquisición, seguido el ataque en el monasterio donde su hijo fue secuestrado luego de que renunciará a su cargo como Jefe de los soldados. Si antes fue un fiel vasallo en el sistema inquisitorial para proteger los secretos confiados por su abuelo. Ahora era el enemigo más buscado. No debía ser atrapado, ni permitir que ocasionen más deterioro a su linaje, iba a buscar todo aquello que se le negó. Encontrar la manera de juntar a su gente para luchar, no era una opción, era el destino que corría por sus venas.

Y en ese crucero era más para meditar sus estrategias, el llegar a responder sus inquietudes, y el encontrar a su hijo y hermanos. No podía estar tranquilo, se convirtió en una bestia por defender su tesoro. En tanto las velas descendieron, y el aire se fue calmando, el barco lentamente dejaba de mecerse, estaban llegando a flote, y los pasajeros comenzaron a mirar al norte. Conocido como el puerto de Londres. Había llegado a su fin ese viaje en mar abierto, y los viajantes eran más mercaderes. Se había infiltrado con la clase más baja, no le importaba la comodidad o el servicio, su objetivo era que no fuese reconocido, por lo que la mayoría solo eran personas del mar. Y sin necesidad de nadie, tomo sus pertenencias, no era mucho. Por lo que se dispuso a emprender caminata, recorriendo la ciudad mientras se hace de oídos para enterarse de las nuevas. Hasta dar con la Abadía de Malmesbury.




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Re: Meet each other

Mensaje por Klaus McQuoid el Dom Oct 16, 2016 4:19 am

—¡Maldición! —Balbuceó, completamente enojado. No con alguien más, sino con él mismo—. Estuve a tan poco de tener una buena pista. Estoy perdiendo facultades.

Se inclinó y cerró los párpados del hombre tendido en el suelo. Lo había usado de informante, pero justo cuando iba a revelarle algo sustancial a Klaus, terminó convulsionando ante sus ojos. ¡No podía ser peor! De nuevo, volvía a estar sin nada. Llevaba meses preparando algo bueno, y de un momento a otro, se quedó con las manos vacías. ¿Qué había hecho mal? Ni siquiera hablaba con otros; es más, ni siquiera intercambió palabras con su buen amigo Zlatan. Procuraba estar lejos de cualquier persona. Intentaba estar lejos del mundo mismo. Su gran cruzada personal empezaba a alimentarse de su cordura; estaba perdiendo la fe en todo; y lo peor, los recuerdos no cesaban. Y mucho menos lo hicieron cuando descubrió a aquella mujer en Notre Dame. ¿Acaso la vida se estaba burlando de él? Ella tenía que estar en el olvido, entre fortalezas medievales, en donde la vio morir. Pero ahora... ¿Ahora qué ocurría?

Llevaba meses sin saber de su familia. Creía que ellos estaban mejor sin él; desde que Sigmund murió, Klaus no dejaba de culparse, y el resentimiento se hizo más fuerte cuando su otro hermano desapareció. No había encontrado nada en los archivos inquisitoriales, pero no perdía las esperanzas. Esperaba que Ludovic hubiera borrado bien sus huellas; temía que le ocurriera algo. Por todo eso, no tenía mayor alternativa que quedarse atrapado en la Inquisición, sacrificando su existencia para evitar más tragedias.

La mente de Klaus estaba hecha un desastre de nuevo. Se internó en un bosquecillo aledaño a la pequeña ciudad en donde se encontraba, topándose luego con un cementerio. Su impresión fue aún mayor cuando reconoció la fachada del edificio a pocos metros del camposanto. ¡Era una abadía! La abadía de Malmesbury. Estaba de más decir que había viajado a Inglaterra tiempo después de su encuentro con Willow en Notre Dame. Pensó en su país natal como alternativa para responder a sus dudas, pero volvió a quedarse en el mismo abismo de siempre. Al menos la vista de Malmerbury logró tranquilizarlo un poco. Le recordaba la primera vez que estuvo ahí, era apenas un chiquillo iluso. Y ahora tenía la misma sensación.

Se dirigió hacia las imponentes ruinas, sintiendo como el corazón se le aceleraba. No sólo su infancia estaba entre aquella magnánima arquitectura, sino, gran parte de su existencia en este mundo. Klaus se dejó caer en el suelo, sentándose cerca de una lápida mohosa y casi derruida. Contempló el horizonte en silencio, sin pensar en más nada; pero aquella paz le duró poco. Su sexto sentido lo alertó, haciendo que se pusiera de pie de inmediato. Desenfundó un revólver y fue a buscar al causante de las pisadas que escuchaba cerca suyo. Sin embargo, no pudo mantener su integridad por mucho, porque, de nuevo, la vida le daba otra lección.

—¿Ludovic? —Preguntó incrédulo, arrugando la frente. Sus labios se entreabrieron un poco, no pudiendo ocultar su desconcierto—. Oh, genial. Me estoy volviendo loco... Si Faith aparece junto con Sigmund, me vuelo los sesos. En serio.




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Re: Meet each other

Mensaje por Ludovic McQuoid el Dom Oct 23, 2016 5:57 am

La supervivencia de la sangre templaría se derramó entre esas ruinas de la Abadía de Malmesbury, escombros de pasados, piedras pisoteadas como a quienes forjaron esos murales, la arquitectura nacida de historias y secretos, un recuerdo normando que a su encuentro, tras el paso de Ludovic, se marcaba su existencia, rememorando a los sabios monjes de las palabras que el recitaba de los viejos libros. Despedazándose su trayectoria, porque de la torre y la aguja, todo estaba perdido. Como las capillas y las marcas del sagrado lugar son decoradas por la guerra que sufrieron. Todo estaba en ruinas, y el cementerio solo quedaba. Era un renacer de sensaciones, la tierra que pisa la deleita y respeta, desprendiendo más pisadas que el aire le invitaba a recordar cómo se vivió en esa época, esos años contados por sus ancestros, resonando la voz del viento del viejo que les contaba a sus hermanos y a él, lo que fueron sus ascendientes.

Pero sus sentidos fueron expuestos, no se dejó influenciar aún más por el paraje, comenzaba a percibir una sobre fuerza, el color del aura cambiaba y la sensación se remota a un lazo que comenzaba a intensificarse, nunca antes había sucedido, más tomo de su pierna el arma que siempre porta, extrayéndola, cargándola que dirige el dedo en el gatillo, apuntando directamente hacia aquella presencia. A escasos segundos de disparar, el escuchar su nombre le detuvo, pero no solo eso, sino esa voz, un reconocido timbre que de pronto todo se fue descubriendo. Era Klaus, el hermano menor, ¿cuánto tiempo había transcurrido? Ha crecido pero sigue manteniendo esa mirada;de recatado. — No será necesario, él está muerto. — No bajaba el arma, más iba avanzando.Siendo tan recto a la realidad de las cosas. — En hora buena te he hallado, has cambiado demasiado, que ahora, no dudas en disparar…—dio el tiro hacia el cielo, una bala perdida, volviéndola a su lugar. Que aunque fuesen hermanos, tan distintos y lejanos parecían. — ¿Qué es lo que ha sido de ti?, ¿qué es lo que ha sido de nuestra hermana? —Había acudido a ese lugar por respuestas, en busca de su paradero y ahora que lo tenía de frente, era una angustia menos. Que en cuanto estuvo frente a él, se acercó a la boquilla del arma, presionándose contra esta. —¿Por qué sigues sin bajarla? Dispárame si eso quieres hacer.—alzo la falange, tomando la base de esta y la hundió aún más, en el punto letal, directo al corazón.

— Mientras te decides en disparar, decirme ¿Qué es lo que ha pasado? Nuestros padres, ¿aún están con vida? Tú, ¿sigues perteneciendo a la inquisición? —Clavo las pupilas en las de su hermano, indagando, confesando que ha perseguido sus huellas, que no sabe toda la verdad más que una parte de lo que han vivido, y de lo que surgió después de su separación. Ya no eran los mismos de antes, tanto como Klaus había cambiado, en Ludovic se notó más, desde el momento en el que se dirigió ante él, sus reacciones no eran notorias, estaba realmente agradecido de que al menos él estuviera con vida, y lo que quedaba es protegerlo, cuidarlo como debió de ser desde un principio. Y para esto, debía conocer todo, el cerciorarse de que aún queda parte del linaje.


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Re: Meet each other

Mensaje por Klaus McQuoid el Sáb Dic 31, 2016 1:05 am

Había sido arriesgado ir tan lejos. Había sido insensato tomar semejante decisión. Había sido, quizás, lo mejor.

Klaus creyó que todo cuanto hizo para hallar las pistas necesarias fue en vano. Su único testigo estaba muerto frente a sus ojos; la esperanza se le desvaneció en cuestión de segundos, y se sentía el tipo más desafortunado del mundo. Su mente era una encrucijada, un laberinto que sólo tenía como misión atormentarlo. Se hallaba solo, lejos de casa; lejos de sus padres y hermanos. Su único amigo ni siquiera estaba enterado de aquella decisión tan precipitada. Es más, si algo le ocurriese en ese instante, Zlatan nunca lo sabría. Pensar en aquello le sacó una sonrisa. De verdad se estaba volviendo loco, y todo gracias a un destino que él nunca escogió; ese destino que marcó su alma para siempre.

Lo único que le hizo sentir un poco de paz, así fuera por unos míseros segundos, era aquella abadía en ruinas. El edificio, hostigado por el paso del tiempo, aún permanecía idéntico como cuando lo vislumbró por primera vez. Era un niño cargado de sueños efímeros en aquel entonces; era eso lo que le recordaba Malmesbury con su silencio casi espectral. Sus alrededores estaban desiertos y apenas se escuchaba el viento chocar contra las rocas. Y él era una suerte de criatura abatida por los recuerdos. Y pudo haber permanecido como un ánima ausente, pero alguien lo arrastró a esta realidad odiosa.

El menor de los McQuoid no creía lo que veía. Incluso se sintió timado por su propia conciencia; sin embargo, descubrió que no era así. Ludovic, ¡su hermano Ludovic! Estaba ahí, frente a él. No fue necesario dudarlo más, no cuando el carácter del otro hombre le reveló la verdad, disipando todas las molestas dudas. La sorpresa lo dejó pasmado, sin siquiera reaccionar de manera coherente. Ni logró acertar en bajar el arma en el momento, sólo observaba a la figura de su hermano mayor. Él era real, y eso sólo le demostraba una cosa: Ya no estaba solo en este mundo. Tampoco sabía si creer que Malmesbury era una especie de lugar milagroso, un hilo conductor entre el pasado y el presente, o una puerta que conducía al futuro. Apenas pudo recobrar la razón cuando escuchó el disparo al aire.

—Sí, cierto. Él está muerto —murmuró. Sus palabras resultaban dispersas, pues sus ideas se estaban organizando de manera lenta en su cabeza—. ¡No! No es eso. Simplemente estaba, supongo... No me esperaba esto. —Bajó el revólver y lo guardó de nuevo en su lugar—. He cambiado, ¿no? Quizás es porque el tiempo vuelve a las personas menos simpáticas. Y aún más si tienen que enfrentarse a todo estando solas.

Aquella era una queja en contra de su propia existencia. Una queja en contra de todos los que alguna vez estuvieron a su lado. Klaus se sintió derrotado, e infelizmente triste, como un niño cuando pierde a un ser querido.

—Ha pasado mucho —dijo finalmente—. No sé en dónde está Faith; le he perdido el rastro desde que nuestros padres... no sé a dónde la enviaron. —Le dedicó una mirada vacía. Era la mirada de alguien que había perdido la esperanza—. No sé nada de la familia desde que abandoné Irlanda. Desde ese entonces me interné en la Inquisición y es lo único que recuerdo hasta los momentos —confesó, sintiéndose un completo inútil por haber dicho aquello. Pero, ¿qué podía hacer? Era la única alternativa que tenía para hallar las respuestas de su tormentosa existencia—. Verás... Para mí ha sido difícil mantener mi cabeza en paz, ¿entiendes? Bien sabes que fui el único que heredó habilidades; soy un alquimista sin haber querido serlo. Y siento que todo esto acabará conmigo en algún momento.

Hubo un punto en el que su mente se dispersó, perdiendo el rumbo de la sensatez.

—Ludovic, creo que yo... Soy quien tiene el mapa —habló como un completo loco, parecía que había perdido el juicio en pocos segundos—. Si despiertan mis vidas anteriores, el Grial será encontrado. Pero esas vidas no quieren que algo tan valioso sea mostrado a la humanidad. —Se le acercó a Ludovic y clavó su mirada en la suya, sosteniendo sus hombros con firmeza—. Por eso estoy entre los inquisidores. Los que buscan el Grial están dentro, pensando que el Papa es quien sabe en dónde está. Pero están equivocados, porque él también lo busca. Y quiero saber para qué. ¿Quiénes son en realidad?




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Re: Meet each other

Mensaje por Ludovic McQuoid el Sáb Ene 07, 2017 10:40 pm

Lo mira, reconoce la locura en sus pupilas, el temor de lo que le deparará, aferrándose a un disparo que jamás llegara, el tenia los mismos ojos que a su madre, una sinceridad y a su vez fiereza que emanan, llegando el pasado a un punto fijo, que aquellos diferentes caminos que tomaron cada uno, con el terminarían. Así como él, al hallarse frente a sus ojos. ¿Que ha sido de su imagen? Parece ausente, perdido, siempre trata de hacerse el fuerte, reservándose, queriendo salir solo de los problemas, esas reacciones le invitaron a recordarlo como en los viejos tiempos, que no ha cambiado, ha creado una máscara pero sigue siendo el. Quien diría que Malmesbury los volvería a reunir, llenando un vacío, esa alegría por darle al menos ese regalo, el verlo con vida. Era un presagio de que a partir de ese momento todo se tornara con sorpresas.

—Ven acá, — desapareció la distancia entre ellos, cuando opto por bajar ese revólver, estrechándole entre sus brazos, besando su cabeza, un afecto ameno, fuerte por la sangre que los une. Orgullosa su voz se entona, pues lo estaba de él, el sobrevivir a tantas tempestades. Que un hermano murió, y quizás más gente allegada a ellos, por sus palabras, por su duda. Ya que, aceptaba esa posibilidad, el mandarlos a investigar y que después su paradero haya desaparecido.

— Está bien Klaus, no esperaba encontrarte aquí, más si el saber de tu paradero, tenía la certeza de hallar rastros, una bruja me ha dicho que con solo acudir a los lugares en los que nuestra historia se desarrolla, el incluirlos en mis sueños, podría encontrar respuestas. Cuan dudoso lo fue para mí, me conoces, perdí las creencias en todo. Pero la seguridad de que debía empezar por donde todo inicio tenia. — La frialdad en la que se expresa, en la lejanía de ideologías predilectas, si se endureció, se volvió frívolo, desalmado. Que el estar ahí, no era por la misma esperanza, era la realidad, el ir a los senderos certeros donde las marcas nunca se borran.

Liberando de la opresión del abrazo, palmeando su espalda, aceptando sus quejas, sus inquietudes porque eso eran. Aceptando sus directas, lo abandonó cuando más le necesitaba, pero no era de aquella manera, el desviar su futuro quería, que siguieran creyendo que Ludovic poseía el paradero del Grial y dejaran en paz a Klaus, el portador de la ubicación. Que los malos presagios estuvieran a su espalda, y no a las de sus hermanos, quería cargar con ese peso. Pero, la guerra le alcanzó, los golpes sobrepasaron su soporte, le atacaron ya donde más podía, que lo que ahora debía asegurar, eran ellos, a los que creyó libres de esta emboscada. Sin confesar estas intenciones, nadie lo sabía, aunque sus padres lo supieron y prefirió que lo dieran por muerto.

— Todos cambian, aunque a pesar de que por estas circunstancias hayan cambiado, estoy orgulloso de ti, has sabido salir adelante, que a partir de ahora, ya no estarás solo, estaré contigo. Buscaremos a nuestra hermana, a nuestros padres… ¿Qué ha sucedido con ellos? —, bajo la guardia, no estaban en peligro, al menos por un momento. Fortalecido en escuchar hasta las peores noticias, tan crueles aunque sea lo afrontarían. — Uniremos lo último que sabemos de ellos, los encontraremos. — le afirmó a esa mirada solitaria, abrazándole con un solo brazo. Cuando fue sujeto por sus manos en ambos brazos, preocupado, realmente derrotado.

— ¿Aproximadamente cuando fue eso? Yo perdí su rastro en las montañas sagradas de Montserrat, estaban persiguiendo una vieja historia, ellos buscaban la manera de destruir el Grial sin que salga de su portador. Ambos sabemos que con la muerte, es la única solución. Pero ellos tienen la fe de que sea cierta y puedan salvar a la persona, —le escuchaba, si sabía de la inquisición, y debían contarse al menos información de lo que pudiera ayudar en esta nueva misión. — Klaus, comprendo en qué situación estás, no es necesario que lo expliques. Si liberar toda esa carga quieres, hazlo, pero escúchame. No estás a salvo en la Inquisición, ahora que tu mente está desequilibrada, hay muchos informantes dentro de esta, si alguien se entera de lo que...sabes, y no por lo alquimista, ellos lo ven como un arma a emplear, una ventaja para ellos. Pero mientras más habilidades en uno ven, más están en la mira —. Negó, rechazando esa posibilidad, nunca lo ha considerado y nunca lo hará. Que acaben con él. — No, encontraremos la manera de poner fin a todo esto.

Más, el escuchar que comenzaba quizás a recordar, se le había manipulado la mente para que no supiera de que poseía la ubicación del Grial, que el que esté dudando, era peligroso. — ¿Por qué dices eso? ¿Por qué tú serias el portador? , — posó las manos en los brazos ajenos que le presionaban. Conociendo una parte de Klaus que desconocía. — Klaus, ¿has recuperado cosas en tu mente? Esas vidas pasadas no fueron conocedoras del Grial, te equivocas. No eres tú el portador, — debía negarlo, pero ¿qué porcentaje habría de que ya reconociera la verdad? Que en efecto, él era la clave de todo esto. Era peligroso que las mentes ancestrales le están reencarnando sus pensamientos. Muy riesgoso. Debía seguir negándolo, para que no regresaran sus remembranzas. —Klaus, eso es cierto, el papa está detrás de todo esto, es uno de tantos que desean poseer el Grial. Conocí varios secretos, pero eso es lo que haremos, relucir quienes son, y sus intenciones, mas no confíes en nadie, absolutamente en nadie—, guardo silencio, su hermano parecía atormentado por cargar semejante información, y dudaba en decirle en la condición en la que se encuentra. — La mayoría lo quiere para dar a lucir la verdadera historia y ser dueños de las divinidades. Pues, lo que se ha de esconder, es la unión de los mundos, pero solo es un mito, nadie sabe que posee.


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Re: Meet each other

Mensaje por Klaus McQuoid el Vie Mayo 19, 2017 8:16 am

Klaus había dejado de soñar con una existencia cómoda desde que Sigmund falleció; no concebía la idea de estar en paz nunca más. Prácticamente terminó aferrándose al tormento que era su vida, todo gracias a su misión eterna. Había reencarnado, de eso estaba consciente, sin embargo, no recordaba qué tan dichoso fue o si tuvo que lidiar con el mismo dolor de cabeza como ahora. Las visiones, el insomnio, incluso, sus persecutores, no le dejaban siquiera respirar, y aún peor, tampoco podía estar cerca de sus hermanos. Ludovic y Daphne era lo único que lo mantenía de pie, al menos hasta ese momento. Por eso, cuando permitió que la razón ganara la batalla, no pudo más que dejarse regocijar por el sentimiento de felicidad, ese que no había experimentado en años.

Ludovic guardaba mucho parecido con Sigmund, era esa misma afinidad la que los mantenía siempre juntos. Los recordaba unidos, con ese carácter inquebrantable que tanto los caracterizaba, y que tanto admiraba. Daphne y él tenían más cosas en común, pero, se había alejado tanto de ella, que no sabía a ciencia cierta si la menor guardaba aquella personalidad que recordaba hermosa. Tal parecía que el linaje estaba condenado por la desgracia, al menos eso pensaba. Era demasiado pesimista, a decir verdad.

Fue tanta su conmoción, que había dejado escapar tonterías, ansiedades... los nervios lo destrozaban. Pero fue la voz de su hermano mayor que le devolvió paz, esa misma seguridad que tanto le urgía en ese instante. La distancia que antes los separaba, se volvió insípida, como un sueño efímero que se desvanece con los primeros rayos del sol. Klaus le dedicó una mirada humana, demasiado humana, a aquel hombre que tanto lo protegió hacía años atrás; incluso se volvió a sentir como un niño pequeño cuando lo estrechó entre sus brazos y besó su cabeza, como lo haría un padre con su hijo.

—Todo esto... no lo sé, hacía tanto que no me sentía tan agradecido con la vida —murmuró, bajando la mirada, completamente sumido en sus recuerdos más dichosos—. Ninguno esperaba esto, creo que fue el destino, o Él, quien nos ha traído hasta acá, persiguiendo cosas diferentes y alcanzando la misma meta. Creí que nunca iba a volver a ver tu rostro, Ludovic. Incluso te creí muerto luego del atentado en Irlanda —confesó. No había más verdad en sus palabras; todo ese tiempo estuvo en la Inquisición hallando datos sobre él, pero sus intentos se habían ido al garete—. Y fue estúpido pensar eso —rió un poco—, cuando se trata de ti, se debería esperar de todo, menos eso. Estás hecho de hierro.

Lo admiraba, ojalá y él pudiera ser un poco más de ese modo. Si Ludovic fuera el portador real del Grial, las cosas no estarían tan lamentables, sin embargo, quisieron las brujas del destino que no resultara de tal manera. Por algo era y no lo iba a cuestionar mucho.

—Hace medio año que dejé de escribirle a mis padres, no quiero ponerlos en peligro. Sé que Daphne fue a parar en casa de un familiar, pero no me han querido revelar de quien. Sólo espero que ella esté bien, es tan... frágil —dijo, completamente sentido con la idea—. Debemos buscarla a ella, pero, ¡ni mis malditos poderes sirven! Es como si algo bloqueara su ubicación, como para que no la consiga. —Algo se quebró en su cabeza, terminando por descubrir algo horrible—. Claro, ¡ya lo sé! Está más segura sin mí.

Se llevó una mano a la cabeza, mientras su mirada se perdía en algún punto inexistente del suelo. Fue terrible haberse dado cuenta de aquel detalle; incluso era una amenaza latente para su familia. Aquello no podía ser peor. Pero tampoco iba a quedarse de brazos cruzados, tendría que remediar aquel caos de alguna manera, y ni Ludovic lo haría cambiar de opinión. Sabía que quería protegerlo, no obstante, ya no era un niño. Klaus debía seguir luchando por lo que era y por lo que debía proteger por la eternidad.

—Sólo he tenido sueños bastante curiosos. Bueno, desde siempre los he tenido, pero estos son más lúcidos y estoy más seguro que tienen que ver con el Grial. Son como las cosas que contaba el abuelo Lothar —explicó—. Y sí, claro que lo soy. Más evidente no puede ser, aun así, ellos lo desconocen. Me he esforzado mucho en pasar por desapercibido... Al menos por ahora. No podemos separarnos, Ludovic, debemos estar más unidos que nunca y no involucrar a Daphne. Ella está bien, al menos eso creo.





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Re: Meet each other

Mensaje por Ludovic McQuoid el Jue Jun 15, 2017 11:26 pm

Vida; pudo abrazar la esperanza una vez más, el aliento, la alegría, un sentimiento altivo para sentirse seguro de lo que mantiene entre sus brazos, valiendo la pena el haber afrontado los obstáculos para el final de ese premio, su hermano. Compartiendo con él las sensaciones de complacencia y dicha, por primera vez han dado un golpe a sus enemigos tras haberse reencontrado nuevamente, el sujetarse con la certeza de batallar con todo. Dando un respiro, a veces se le olvida respirar por soportar las afectaciones, pero ahí, justo con su familiar, la naturalidad de su semblante resalta, desvaneciendo la negrura, el cansancio, ese momento curaba heridas. ¡Si los vieran! Podían derramar lágrimas por ello.

— Es mutuo Klaus, eres más que una alegría, sea quien quiera que nos haya brindado esta oportunidad de volver a verte, estoy agradecido. Mírame, observa a tu hermano, déjame verte, pensar en infinidades de posibilidades es imposible, viene de herencia, tememos por lo peor siempre y eso es lo que nos ha librado de muchas. (que si no, se han sabido ganar el orgullo de los McQuoid, a sangre y sudor, esfuerzo y cansancio) Nos queda muy bajo a este paso las maldiciones, estoy seguro que con tu ayuda, liberaremos nuestro linaje una vez por todas, porque estamos hechos de hierro.

Río con la firmeza en sus predicciones, peticiones que seguramente saldrán como se esperan o hasta mejor, más, quiso indagar por aquel “él” ¿qué tanto estaba informado? ¿Qué sabe y que no? Cambiando de rumbo sin destruir el ambiente, equilibrando poco a poco los asuntos de cada quien para recabar información. Uno de meter y sacar para no abrumarlo. Y dado que pertenece a la inquisición, la condición era clara, podría saberlo ya todo, más de lo que se espera. Y en cuanto entraba en trance, lo calmo, tomando sus manos que apretaban su cráneo como si quisieran aplastarlo, acariciando su cabeza y armándose de carácter para no ser una afectación más a su estado. Enterándose de algo más, la familia secreta, como se le pudo pasar esa idea, o más bien lo vio ilógico, inaceptable que aquellos que permanecieron alejados a los de su misma sangre para no ser arrasado por las desgracias, estuviesen escondiendo a su hermana, y era mejor mantener tranquilo a su hermano, por alerta a su despertar.

— No sé qué tanto estés informado de los sucesos que han venido surgiendo, escúchame. Juntos es la única manera de estar seguros, ella estará bien, sabrá hallar la manera de sobrevivir para encontrarla, eso es seguro, piensa que todos están vivos, y así como te encontré o me encontraste sucederá lo mismo con ellos. Y sobre tú poder, no te esfuerces, solo saldrá y en el momento adecuado.

Se fueron sus manos abriendo, descendiendo poco a poco al ver como volvía en sí Klaus, sin poder dejar de observarle, su pequeño hermano, ese niño le seguía dando sorpresas. Asintiendo a sus peticiones y explicaciones, no quedaba otra alternativa que dar marcha de regreso, y continuar con la siguiente movida, más esta vez juntos, sin separarse. Esperando el momento en que su mente abra paso y haga de frente junto con él para afrontar y ser el soporte para que se haga lo correcto.

— No quiero que saques conclusiones de esos sueños, ni que te precipites en hallar respuestas dentro de tu cabeza, lo que guardas en esta saldrá poco a poco como ha venido haciendo en este lapso de tiempo, y una vez que llegue el momento, ahí estaremos contigo Klaus, no estás solo, lo sabes, y debemos ser precavidos, más que eso diría, uniremos poco a poco las piezas, y a nuestra familia, y será un nuevo tiempo para recuperar el perdido.



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Re: Meet each other

Mensaje por Klaus McQuoid el Sáb Ago 05, 2017 9:57 am

¡Desde luego! Había estado solo, prácticamente solo, desde hacía bastante tiempo. A Ludovic lo había considerado muerto, junto con Sigmund, y apenas le alegraba saber que Daphne estuviera bien, en donde sea que residiera ahora. Sin embargo, ahora que tenía a su hermano mayor en frente, Klaus sintió que le regresó el alma al cuerpo, y que todas sus desgracias sólo habían sido sombras nada más, que la poca luz que entró en su vida en ese instante, logró dispersarlas. ¡Eso era! Aún tenía esperanzas, no podía rendirse con facilidad. No él, que descendía de todo un linaje tan magnífico como el de los Merovingios, aunque no se sentía nada orgulloso por eso, porque, al fin y al cabo, era algo del pasado. Tanto como las visiones que lo atormentaban durante sus vigilas.

Sin embargo, ahora que se encontraba con Ludovic, no pudo evitar que la intriga despertara en él. Estaba al tanto de que su hermano sabía muchas más cosas, tanto como Sigmund, pero ambos se las ocultaron y no comprendía del todo con qué fin. ¿Querían protegerlo? ¡Se negaba que fuera de ese modo! Ya no era el mismo niño de antaño, él quería explicaciones, y cuanto antes, mejor. Así podría lidiar un poco con el desorden que era su cabeza ahora mismo.

—Espero que nuestra unión sea motivo de esperanza, desde luego. Y que estemos unidos es lo más importante. Aun así, ahora que te tengo aquí, que por bendiciones del destino nos hallamos en este lugar, quisiera dejar entrever mis dudas. Ya no soy un niño, Ludovic —manifestó, sin apartar la mirada de él en ningún momento—. Y justamente por no estar tan bien informado, es que quiero saber la verdad. Ya no se trata de los demás, sino de mí, ¿no es verdad? Entré a la Inquisición a espiar, porque no lo concebí de otra manera. Estoy seguro que de ahí podré extraer muchas pistas, y las mismas explicarán todo el caos que habita en mi cabeza. Se me ha hecho difícil lidiar con eso últimamente. Creí que me iba a volver loco... Mejor dicho, sigo creyéndolo.

Volvió a sentarse en el suelo, justo en ese retazo de piedra roñosa en donde se encontraba desde un principio. Se derrumbó, lo hizo, y no sentía vergüenza alguna hacerlo frente a Ludovic, porque él no lo juzgaría, no cuando había soportado tantas cosas.

—¿Qué sabes tú de esos sueños, Ludovic? ¿Tienes alguna idea? Necesito saber la verdad, para tener una idea más clara a lo que me enfrento. Si es la ubicación del Grial, pues... De seguro ya habrá cambiado de lugar. Digo, es algo tan importante como antiquísimo, no puede encontrarse en el mismo sitio siempre. No sé, digo yo.

Alzó los hombros ante sus propias conclusiones, que eran dadas por una fuerza mayor en su interior. No tenía ni la más parca idea de lo que estaba diciendo, pero simplemente dejó salir aquello como si se tratara de una verdad absoluta; una cuestión mucho más arcana que cualquier otra. Quizá su hermano iba a llevarle la contraria. Aunque, ¿no era eso lo que solían hacer los hermanos mayores, los que amaban a sus menores con el corazón en la mano?





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Re: Meet each other

Mensaje por Ludovic McQuoid el Jue Ago 17, 2017 7:36 am

No debía, por ningún motivo, decirle la verdad, no le corresponde, no a él. Porque así sus ancestros lo quisieron, predijeron que aquel que portara el secreto, lo descubriría en su mente, en el momento preciso y sólo él, y nadie más,  la verdad que muchos quieren arrebatar. Ni sus más fieles consejeros, que hacían llamar a los hermanos mayores, conocían las reglas, el fin y lo que se espera, pero les era prohibido revelarlo, no dar la clave por ellos, sino sería aún peor de lo que están las cosas. Por lo que el portador, su única llave es su propia mente, que por más que lo viera acabado, sin fuerza alguna, no estaba en sus manos. Tenía que ser su apoyo y eso hará, juntos para que no sufra toda la carga, pero si el único que debe descubrir su objetivo en este camino. Es por ello que solo puede observarlo, reconfortar sus emociones y que permanezca en la senda de su propia lucha. Claro, sin permitir que se hunda más a un túnel sin salida.

— Klaus, lo es, y lo sé, has crecido para bien, y cuán orgullosos estamos, estoy seguro que Sigmund diría las mismas palabras. El tiempo me ha hecho verte como un hombre, ya no eres el reflejo de aquel pequeño, pero para mí siempre lo serás. Sin embargo, lo sabes, conoces todo Klaus, pero por más que quieras arrancarte la verdad, solo el tiempo te dará permiso de irlo tomando poco a poco. No te apresures, por el tiempo no te preocupes, tu eres el tiempo, y las manecillas se moverán en tu mente, nadie puede hacer nada si no poseen la arena que detenga tu marcha. Recuerda estas palabras.

Si, era él la clave de todo, y aunque le era prohibido ayudar a descifrar lo que solo su hermano debe de hacer, porque fue el elegido para ejecutar esta misión, lo hacía por una mayor razón, evitar que cayera en el hecho de que es la causa de todo, porque lo concia, su esencia siempre ha sido endeble que ya no podía permitir que se sigan deteriorando su linaje. Con la confianza de que buscara el significado de esas palabras, que entre su contenido yace la réplica a sus inquietudes, el sí, la aceptación a su presentimiento.

— No fueron solo cuentos hermano mío, el abuelo siempre nos contaba el como el universo estaba siempre ligado a secretos e historias imposibles de creer, el Rey Arturo con sus caballeros donde buscaban el grial para la sangre de cristo crucificado, la procesión, y un sinfín de relatos que debes empezar por ahí. Los sueños, solo representan lo que has escuchado, siempre fuiste así, por lo que las respuestas las tienes tú mismo. No puedo decir que es lo que se aproxima, ni a lo que estás sucumbiendo para la locura. Sé que lo harás, todo a su debido tiempo, no pierdas la cordura.

Camino a él y le tomo del hombro, permaneciendo a su lado, callado, y con la voluntad de no apartarlo de su camino, pero sí, ofreciéndole seguridad en su transcurso, y todo aquello que careció cuando estaban separados.  


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