Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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The return of the curse; The hunter, and guardian.

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The return of the curse; The hunter, and guardian.

Mensaje por Jaecar Babenberg el Vie Sep 09, 2016 9:08 pm

The return of the curse; The hunter, and guardian.
"Curse"
En un futuro distópico, la solución para mantener la paz y evitar la guerra es inyectar a cada miembro de las maldiciones un suero. Un suero que llama a los propios demonios internos... Una restauración que los obligue a luchar contra ellos mismos. La ley de acuerdos que cada uno, debe ser inyectado. Sin ser excepción de la familia real, y de la descendencia de los Van Aldin, lobos que cazan a los Babenberg. Y de no hacerlo, dará lugar a la muerte....
 


La mayoría del clan enemigo han tropezado con él, inclinándose el guardián del linaje al derramar sangre por proteger, tanto como la contraparte ha sufrido, como la de ellos de igual índole. Más solo quedaba un sobreviviente, era la princesa contra una jauría. Nunca le desamparará. Permanecerá por el resto de su existencia a su lado, procurando más allá de su promesa. Porque ni a pesar de los años la abandonara. Le entrego desde el momento que la sostuvo entre sus brazos, en el instante de que sus padres fallecieron y ella lloraba, su plena existencia. Que en estos tiempos pasados y venideros, se han mantenido cautivos hasta que cumpla la edad para que prosiga con el linaje, el procrear de su misma especie y él, le pueda entregar la vida eterna como fue predilecto.

Ella era su máxima prioridad, donde quiera que fuese, a ella primero pasaba a primer plano, nunca la mantenía a distancia, parecía a vista de los demás que era su hija. Le confió lo más sublimes sentimientos, aquellos que son difíciles de percibir en Jaecar, y que solo ella podía lograr conocerlos. Era una relación respetuosa, algo más intenso de un mentor a su aprendiz, de un padre a una hija, de un amigo a otro, de una niña a un hombre. Una unión que se fue inculcando desde la enseñanza hasta el cuidado. Ambos solo se tenían uno al otro.

Que París fue el mejor escondite encontrado, sus presencias eran difíciles de percibir para sus captores, aquella ciudad llena de bestias era el atajo para que les fueran difícil de encontrar. Tanto inmortales, como lobos hambrientos reinaban en ese lugar, una cueva donde si cavabas podrías encontrar hasta insectos enormes que se transforman en humanos. Un sin fin de especies distintivas que era como un mundo donde se cree soñar. Más es lo contrario, la cruda realidad se presentaba a cada rato, y por ende instruyó bien a la princesa, enseñándole a fortalecerse y a luchar contra los deseos mismos y los ajenos. Esa llave maestra para que pueda ser digna de controlar la mínima parte de su ser. Entre entrenamientos quizás severos para aquellos que son de mente débil, pero para ella, son solo juegos. Acuden al bosque, bajo el manto nocturno, porque uno de ellos no era humano, y se trataba de Jaecar. Le otorgó su más fiel secreto, para ser una ventaja y no algo desventajoso. Entrenan el cuerpo, le mostraba las maneras de defenderse y el que pueda utilizar cualquier arma. Si, seguía siendo una niña. Y la amaba, conforme pasa tiempo con ella, admira simplemente su ser. Él lo callaba, y no dejaba alguna insignia de que así era. Era lo único que no sabía ella de él. Y prefirió que así continuará.

—Nunca bajes la guardia, hasta de tus encantos debes sacar provecho, úsalos y después da el golpe fatal.— Miraba fijo a la princesa, acercándose a ella en lo que se hinca para cargar, posando un beso en su frente y con la otra mano sujetaba una pequeña daga y apuntó directo a su pecho, haciéndolo con maña.— Estas muerta… — sentenció, al susurrarle y mostrarle el as que tenía bajo la manga. Eso quería que aprendiera, que jamás se diera por vencida y buscará la salida. Y como excelente aprendiz, ella ya lo tenía amenazando con su cuchillo en la nuca, que pudo maquillar una media sonrisa, demasiada friolenta, demasiado seca. Satisfecho del progreso con ella. Y el rematar su ataque.—No solo en las habilidades has progresado. —le bajó de inmediato, poniéndose frente de ella, protegiéndola. Había capturado una esencia extraña, semejante a la de un lobo. No podía pedirle que corriera a esconderse, era preferente mirarla. Y esperar a que esa presencia se disolviera, que escogiera otro camino y no donde se encuentra con Cordelia. —Ya sabes lo que tienes que hacer.

Miro de reojo a la princesa, guardando las armas, y tomando su mano, caminando como si fuese un paseo entre un padre con su hija.

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Re: The return of the curse; The hunter, and guardian.

Mensaje por Olivia Van Aldin el Mar Sep 27, 2016 8:09 pm

"No debo prestar alas a mi imaginación.
No debo permitir que mis temores enturbien mi discernimiento."
—Catherine Jinks, El Secreto del Inquisidor.





Apenas el eco del chocar del hierro de las espadas se escurría entre los rincones del amplio salón. Los ojos de los pocos espectadores se fijaban en los dos contrincantes; estaban absortos en los movimientos de aquellos dos que se debatían en un duelo elegante y al mismo tiempo desmesurado, como dos bestias que respetaban el combate, pero que no tenían ningún tipo de contemplación con el adversario. Era, sencillamente, un acto digno de contemplar. Ambos continuaban campantes, como amigos y enemigos; como si fuera una venganza a punto de ser perdonada. Hasta que, finalmente, uno tuvo que salir victorioso, dejando a su compañero en el suelo, sin ningún arma para defenderse, siendo apuntado por el filo letal de una espada. Y en ese acto, sólo una mano se extendió, ofreciendo la ayuda que de inmediato fue aceptada. Ambos rostros fueron revelados, cuando las máscaras cayeron.

Olivia tenía una habilidad increíble en la esgrima, su tío la admiraba por aquel interesante don, y no se esperaba la ocasión de desafiarla delante de todos. Obviamente, ella solía ganar casi todos los enfrentamientos amistosos. Ni siquiera, estando en otra ciudad, aquella costumbre era dejada a un lado.

Ante las miradas ausentes de los demás miembros de la familia, Olivia se retiró. A pesar de haber sido elogiada por su destreza, no estaba muy contenta. Quizás era por la cercanía del plenilunio, o sencillamente no estaba de humor. La insistencia de su tutor, para que se centrara por completo a los objetivos del clan Van Aldin, no era algo que la tenía contenta. Estaba aburrida de aquella disputa insignificante que, a pesar de los varios siglos que habían transcurrido, continuaba fija en la memoria colectiva de la familia, como si de una tradición se tratara.

—Una verdadera pérdida de tiempo esas tradiciones, ¿no crees, Odín? —le habló al enorme lobo blanco que se hallaba echado en su cama. El animal sólo la observó y siguió en su intento por dormir nuevamente—. Si mi padre estuviera vivo, nada de esto estuviera pasando. Oh, cierto… Él quiso alejarse porque de seguro no le iban a hacer caso nunca. Cierto, cierto. ¿Cómo pude olvidar algo así?

Se sentó en el borde la cama y acarició el pelaje de Odín, como si en aquel acto encontrara una terapia especial. Pero eso no calmó mucho su preocupación. No lograba callar a su tormentosa mente. Tal vez lo que necesitaba era salir de aquel encierro infernal y recorrer los parajes desolados en esa noche silenciosa. Así, sin más, sin avisarle a nadie; sin dar señales de haber ido a un lugar en específico. Y lo hizo. Buscó al más leal de sus corceles, uno de pelaje oscuro como la noche misma y salió campante hacia el bosque, como acostumbraba hacerlo en Austria. Pero, sin que ella se percatara de ello, alguien supo de su pequeña huida, y de inmediato, el rumor llegó a oídos de su tío Auguste.

E ignorando todo aquello, Olivia se apresuró a huir como no lo había podido hacer antes, sin importarle los riesgos. Necesitaba de ese aire puro que muchas veces se le había negado respirar. Estaba tan harta de lo mismo, que no midió las consecuencias; simplemente no le importó. La soledad y la paz, que sólo podía brindarle la naturaleza, calmaron sus impulsos; sus ánimos se templaron, y por largos minutos continuó con el recorrido. Pero de manera repentina, el caballo empezó a notarse inquieto. Olivia creyó que sólo podía tratarse de alguna bestia oculta entre el follaje; sin embargo, a la distancia, entre las penumbras, algo se acercaba. Esa aura ya la conocía de antes.

—Malditos vampiros. Están en todas partes —masculló, mientras intentaba apaciguar a su caballo—. Creo que es hora de irnos. No tengo ganas de enfrentarme con cualquier idiota. Ya tengo suficiente con los que vivo.



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Re: The return of the curse; The hunter, and guardian.

Mensaje por Jaecar Babenberg el Sáb Oct 22, 2016 9:09 pm

Jaecar es envuelto por el aura de repudio, un desdén que proporciona esa presencia, más se controla, caracterizándose por su alto poder de control, encontrando en su mente un paraíso e infierno conjuntivo, dando sentido a las cosas, a la existencia, a las oportunidades de manera grotesca, y sin equivocaciones. Solo una vez se puede moldear una mente, dos veces, ya es el destierro de la persona, la muerte cerebral. Mostrando la realidad que incomoda seguir avanzando en ese bosque, sujetando la mano de la pequeña Cordelia. Ambos sin temor a lo que les espera, exteriorizando la verdadera esencia de cada uno; fuertes, independientes, inmersos entre firmes decisiones, pendiendo siempre sobre un hilo de estabilidad emocional, y forzando las fuerzas al límite, un arduo entrenamiento con los deseos, instintos y emociones. Algo ortodoxo ante teorías propias de fortalecimiento mental.

Brindando la confianza en aquella mano, no permitirá que algo le suceda, ambos saben con exactitud de qué se trata de un lycan, y en cuanto a la distancia y el relinchar del caballo que perciben. Es una gran faena, encontrándose frente a frente ante aquella lobuna y con su inquietante negro caballo, y ella ante Cordelia y Jaecar. Siendo extraño el sentimiento que fluía al verla, esas irises intensas le son conocidas, la fuerza emanada, y su fragancia, al igual que esa sangre hirviendo le hacen punzar sus heridas; la horrible marca que abarca del brazo hasta el cuello. Deteniendo el paso, Cordelia pudo notar el cambio de Jaecar, por lo que presionó su mano y él, se giró a verla. ¿Cómo decirle que aquella presencia le era parecida ante quienes le atacaron? ¿El decirle que esa misma sensación la obtuvo cuando murieron sus padres?, que clase de encuentro era, ¿quién es? ¿Qué conexión existe entre ellos?...Habiendo una posibilidad de que pertenezca a ellos. — Cuida de tus palabras, y calma a tu corsé, a mi hija le disgustan los animales salvajes. — Llevo el brazo hacia el hombro de la pequeña, atrayéndola hacia él, no la quería lejos. Y no permitirá que alguien le falte. Más, si, fue el sarcasmo en su voz, el salvaje se refería exclusivamente a ella.

—Padre, vámonos, el caballo no es salvaje, más quien le monta parece serlo. No tiene ni la culpa de que su jinete no sepa llevar las riendas. —Asintió, continuando el paso, estando ya cerca de ellos, que al deshacer de cualquier lejanía, clavó los ojos hacia el caballo, y después hacia ella, el animal se salió de control, y quiso saber más de ella, no por interés, sino por su protegida. Le recalcaban que algún día se encontrarían con los del clan Van Aldin, y ahí es donde haría de frente, siguiendo la lucha, el derramamiento de sangre. Y la batalla contra su hermano.

— Dime cómo te llamas…—la manera en la que requirió fue como una orden, sin sonar altivo ni con coacción alguna, debía asegurarse de que no existiera un indicio de que es perteneciente a sus enemigos. Porque la maldita mirada que posee se asemeja a aquel que lo ataco, ella representa el caos, ella esta trayendo la desgracia nuevamente y eso tenia que comprobar.


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Re: The return of the curse; The hunter, and guardian.

Mensaje por Olivia Van Aldin el Dom Ene 01, 2017 5:39 pm

Sirius era un purasangre de pelaje negro, atlético y leal; su estrella poseía la forma de una cruz blanca y parte de sus extremidades mostraban el mismo color. Era el corcel predilecto de Olivia y con el que tenía una fuerte conexión. Ella solía pasar mucho tiempo al lado de Sirius, junto con Odín y una Border collie llamada Lana. Para Olivia, tanto los canes como los caballos, eran especiales; los cuidaba con mucho esmero y se sentía cómoda al lado de éstos. Cosa que no ocurría con su propia familia, de quienes se iba decepcionando cada día que pasaba.

Estaba harta de escuchar las mismas disputas de siempre. Ni siquiera se molestaba en asistir a las fastuosas reuniones de los Van Aldin; ella no terminaba de acostumbrarse a toda aquella parafernalia, a pesar de los años que llevaba conviviendo con el actual líder. Cada vez iba pareciéndose más a su padre, y su tío se había encargado de recalcárselo durante los últimos meses. Olivia se sentía orgullosa de que así fuera, pero, por otra parte, sabía que su tío no estaba del todo satisfecho con eso, aunque no se lo demostrara abiertamente.

Esa noche estaba huyendo de su destino junto con su fiel Sirius. Sin embargo, fue el mismo destino quien la ató a algo que no podía dejar a un lado. Sólo que ella no estaba al tanto de ello. Y tampoco quería estarlo; simplemente deseaba extender sus alas después de tanto tiempo, sin sentirse vigilada por nadie.

Pero todo se derrumbó cuando Sirius se inquietó ante la presencia de aquellos dos individuos. Olivia, más preocupada por el caballo que por ella, se dirigió al animal, hablándole cerca de una de sus perfiladas orejas, mientras acariciaba suavemente su crin. «Tranquilo, todo está bien; nada malo va a ocurrirte». Sus palabras resultaban una especie de terapia para Sirius, quien iba tranquilizándose paulatinamente como por arte de magia. Olivia logró lo que pocos hubieran podido hacer en ese momento. Luego dirigió una mirada de reproche tanto al hombre como a la jovencita, pues habían hecho alterar la paz de su querido compañero.

—Ustedes fueron quienes pusieron nervioso a Sirius —alegó, aún molesta por el estado en que se había puesto el caballo—. Eso sólo indica una cosa: Hay algo que no le agrada de ambos. Los animales son muy sensibles a las energías del exterior. Más que cualquier sobrenatural —Aseguró, todavía acariciando el pelaje de Sirius, transmitiéndole seguridad en aquel gesto—. ¿Qué te parece, Sirius? Alguien no tiene buenos modales y luego te dicen salvaje. —El equino bramó ante las palabras de la mujer, como si de verdad entendiera su lenguaje. A Olivia le disgustaba que se expresaran mal de cualquier animal; lo consideraba una falta de respeto hacia Gaia—. ¿Esa es la manera de responderle a un extraño? Exigen respeto y ellos son los primeros en faltarlo.

Sentenció. Sujetaba las riendas con todas las intenciones de regresar por donde vino. No tenía ánimos de discutir con nadie y menos en aquellas condiciones. Pero esa interrogante, formulada con tono altivo y despectivo, causó malestar en Olivia. ¿Cómo podía un extraño preguntar eso? La desconfianza se hizo presente en ese breve instante.

—¿Qué? —Inquirió sin poder creer del todo lo que había escuchado. Creía haber atendido mal, pero no fue ese el caso—. ¿Y tú para qué quieres saber eso? ¿Qué pretendes con el nombre de una desconocida? Estás mal... —¿Y si realmente no lo estaba?—. Me llamo Hortencia.

Y mintió, como no lo había hecho antes. Siempre se caracterizó por su honestidad; sin embargo, aquella vez, su instinto de supervivencia le decía a gritos que debía cambiar la estrategia, quizás para proteger su propia integridad.



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Re: The return of the curse; The hunter, and guardian.

Mensaje por Jaecar Babenberg el Mar Ene 24, 2017 6:19 pm

¿Cómo podría verse un animal bien instruido? La domesticación hacia lucir la verdadera belleza de estos, más, el exagerar con el cuidado, perdían la naturaleza de su existencia, a lo que esta les tenía preparados, que con facilidad desconocen, atacan solo por inercia, cosa que en sus hábitats naturales, su comportamiento sería totalmente diferente, no porque sea su territorio, sino porque aprendieron a sobrellevar el entorno. Que ver al caballo, cuyo pelaje negro le era agraciado, (apreciaba cuando de belleza se trabaja, no discrimina, lo reconoce) y las palabras percibidas por la licántropa, le recordó la época en que los animales eran empleados para la guerra, entrenados al sentir el dolor para que así fueran más agresivos, que cada vez que veían estos animales en descontrol, se empleaban esas justas palabras, como si fuese un arma más. — ¿Nosotros? Es parte de la naturaleza que no puedes alterar su curso, el animal está acostumbrado a estar encerrado, cualquiera lo puede inquietar —, la mano en la que sostiene a Cordelia, es presionada por ella, presentía algo, estaba seguro de ello, al igual que él lo prevenía desde que percibió esa pestilencia, más de muerte y tragedias. Que respondió de la misma forma, enfocando las pupilas en las ajenas, estando de acuerdo con Sirius, su animal. — ¿En realidad conoces a tu caballo? —. Cuestiono con ironía, pero no iba a tocar más el tema, el animal por instinto actúa, no porque sea especial, hasta en los cambios bruscos del clima, se alarma. Que altera, no por ellos, sino perciben un cambio grotesco.

Negando, parecía ser irracional la mujer, un animal no muy inteligente, impulsiva, esperando solo ser ante ellos una procaz. Había demandado conocer su identidad, pero era obvio que mentiría en ello si es posible, dado que no ha dejado de ser descortés. Cosa en que ellos solo responden de manera ilustrada. Más, existe algo, cauteloso Jaecar solo observa, quiere descubrir el porqué de esa intriga. Resultando lo esperado, miente, nadie ha logrado engañarlo ni una sola vez, (¡vaya complejidad de mente que posee!, así es como determina el control, con el saber exquisito de los años, y las experiencias le hicieron convertirse en un enorme árbol que de sus ramas crece solo intuiciones certeras). Que antes de girarse, de darle la espalda, caminando con la pequeña en total silencio, tenía razón, el animal no tiene la culpa, y no soportará estupideces humanas. — Escúchate, fuiste tú quien insulto, no haré que te disculpes, las verdaderas mujeres lo harían cuando saben que hicieron mal, por algo son respetadas, y dignas de devolver la disculpa. He aceptado más cordialidad de Sirius que de quien se dice ser su compañía... Compermiso, Sirius. —, ejecutó una ligera inclinación, reconoce el respeto infundado en él, no han ofendido, (no era necesario hacerlo, solo respeta aquello que es respetable, tan sencillo pero siendo base en el principio) Porque no puede hacerse la desentendida, ni desconocer de las habilidades que los inmortales poseen, (¡escucho todo, completamente como de sus labios se pronunciaron ofensas!), en primera; porque es su especie enemiga, y en segunda; lo sobrenatural ha llegado a contemplarse hasta en los humanos que han trascendido en los mundos de estos.

Y mientras Cordelia en su rostro se reflejan interrogativas que deseaba hacerle a Jaecar, se contenía, pero el inmortal solo hizo un último movimiento, colocó a la licántropa en un estado que solo sus gestos, sus réplicas, y sus reacciones, harían, (mejor dicho, responderían a sus inquietudes, ¿cuáles eran? Si era ella perteneciente al Clan Van Aldin, y qué lazo le correspondía con estos, ya que la posición no era negociable en esas circunstancias, todos eran iguales ante la sangre) — Tú, un Van Aldin, decirle a tu clan que un Babenberg sigue existiendo, que recuerden que mientras siga coexistiendo uno en el clan enemigo, la maldición seguirá conservándose. — Alarmó, ya estaban lisos, tanto como Cordelia y él, para luchar por lo que les arrebataron, queriendo saber, si aún existe su hermano, y si era así, ir él en contra de este, púes no había mejor rival que Jaecar, terminar de una vez lo que iniciaron en el momento en que decidieron amar a la misma mujer. Esto es lo que le llaman la maldición de los hermanos; tan potente y bestial, sangre con la misma sangre, muerte, devastación, pérdidas y tragedias que no se suspenderán hasta que solo un linaje sea el único vencedor. (Aunque existe la posibilidad de que ambos linajes se extingan). Llevando a la pequeña a su frente cuando se dispusieron a caminar, siendo su espalda, su sombra, ambos sabían que ese momento llegaría, que ahora, no eran motivados por el miedo, sino por la fuerza de mantenerse con vida, muy aparte de la sed de venganza. Esa es la única que reina en el inmortal como la primera opción, o quizás la segunda, púes su primordial es proteger a la princesa. Preservando el ataque, porque aquella no se quedaría con las manos atadas, y ahí es donde descubriría que estaba en lo cierto, que es ella uno de los que querrá matar.


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Re: The return of the curse; The hunter, and guardian.

Mensaje por Olivia Van Aldin el Miér Feb 01, 2017 12:33 am

Lo único que le faltaba es que le dieran lecciones de vida, ¡a ella! Era una broma, tenía que serlo. El momento le pareció incómodo hasta cierto punto, aquella noche sólo quería estar sola, salvo con la compañía de Sirius, que parecía comprender la situación de su dueña en silencio, bramando de vez en cuando, como si le sostuviera algún tipo de conversación. Esa era la misma conexión que mantenía su madre con los demás animales, herencia que le habían dejado los nativos americanos, cuya sangre corría por las venas de Olivia también. La licantropía sólo fue opcional, y no la eligió por venganzas, ni ninguna estupidez de ese estilo, lo hizo por su apego hacia las bestias de la naturaleza; sabía que al obtener alguna habilidad sobrenatural, sería capaz de conectarse con estas criaturas por completo. Pero eso no se lo había contado a nadie, ni siquiera a Fagan, a quien tenía en alta estima, incluso más que a su propio tío.

Continuaba acariciando la suave crin del purasangre, intentando hacer caso omiso a las palabras del vampiro. Realmente no le molestaba que fuera uno, eso era algo que solía ignorar, porque en realidad no tenía motivos para odiar a nadie por lo que era. Sólo conservaba cierto rencor hacia los cazadores e inquisidores, pero estaba al tanto de que sentirse así no la iba a conducir a ninguna parte, sencillamente no iba a seguir añadiéndole otro eslabón más a un ciclo que ya debía tener fin. Sin embargo, aquel individuo no mostraba ser de aquellos que preferían mantener todo en sana paz, sino que quería continuar con un desprecio abismal, algo que Olivia tildó de absurdo, más no lo dijo, sólo lo pensó. Incluso podía percibir desprecio en su tono de voz, aunque no fue suficiente para irritarla, ¡le importaba un bledo! El único que pareció inquietarse ante las habladurías del hombre fue Sirius, al que se le estaba subestimando demasiado. Podía ser una bestia, pero comprendía lo que se encontraba a su alrededor. Olivia le dirigió un par de vocablos en lengua apache y Sirius volvió a calmarse, al menos un poco.

—En realidad lo inquietas tú, ¿crees que está ignorando todo lo que dices? —Entornó la mirada y negó—. Careces de empatía y piensas que los demás son ignorantes por no hacer lo que dices, por no compartir el mismo punto de vista, ¿o me equivoco? Oh, y te haces el ilustrado. —Chasqueó la lengua—. “Las verdaderas mujeres” dice. ¿Lo escuchaste Sirius? Ahora resulta que no soy una mujer de verdad, soy un ser de otra dimensión sin género definido. Ay, estos personajes, siempre queriendo catalogar a la mujer como una sumisa, una mansa palomita que debe rendirse ante los demás.

Las patas delanteras del corcel golpearon el suelo, recalcando una molestia que muchos pensarían que sólo poseían seres con razón propia. Pero Sirius demostraba todo lo contrario.

—No se trata de ser hombre o mujer, todos deberían asumir sus propios errores. Pero, no lo haré, ¿sabes por qué? Porque no es recíproco. En otra situación hubiera bajado la guardia, sin embargo, esta vez no me apetece. No por la niña, sino por ti, es que honestamente, si viniera un mortal común a actuar de la misma manera, tampoco tendría porque retractarme. No lo mereces. —Y su malestar se hizo mucho más severo al escuchar ambos apellidos. No era porque tuviera algo en contra de los Babenberg por ser una Van Aldin, sino porque estaba cansada de las mismas tonterías de siempre. ¡Llevaban siglos en los mismo!—. ¿Disculpa? Ah, ah. Si tienes algo que decirles a los líderes, lo harás tú. ¿Acaso piensas que soy una lechuza mensajera? Lo siento, debo recordarte que las bestias salvajes e irracionales no obedecemos. Así que puedes visitarlos cuando gustes, hasta te recibirían de brazos abiertos, con copas rebosantes de vino.

Hizo una mueca y se dispuso a tomar otro rumbo, porque tampoco pensaba regresar a su casa. Si el Babenberg creía que Olivia atacaría, se equivocaba y por mucho. Se había topado con el Van Aldin equivocado; ella no era como el resto. Pero antes de iniciar la marcha, Sirius bramó. A la distancia logró escuchar el aullido de Odín. Los demás habían dado con ella, y en una situación complicada. Incluso ya estaban bastante cerca, si habían percibido la esencia del vampiro, estarían en graves problemas.

La aparición de Marko sólo anunció lo peor.

—Olivia, regresa a casa, yo me encargo —dijo el licántropo, mientras en su rostro se divisaba la maldad.

—¿Qué? —Logró articular Olivia, un poco sacada de sí. Pero al recordar a la niña, retrocedió junto con Sirius como si escudara a los Babenberg—. Creo que... No. Regresa tú, estabas muy cómodo jugando a las espadas.

Marko logró percibir en la mirada de la mujer una rebeldía que podría costarle la vida, así que se acercó a ella con paso decidido, pero en ese instante apareció un lobo de pelaje blanco, derribando a la figura masculina con fuerza.

—Odín —susurró—. ¡Ven aquí! Pero, ¿qué has hecho? —exclamó al ver como Marko se ponía de pie, desafiante. Quizás era demasiado tarde cuando los demás empezaron a llegar—. ¡Demonios! ¡Ustedes dos atrás, tengan cuidado!



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Re: The return of the curse; The hunter, and guardian.

Mensaje por Jaecar Babenberg el Lun Mar 27, 2017 9:29 pm

— Yo sé que no ignora, no por mis palabras, pero es seguir hablando mientras son llevadas por el viento. Lo que pienses de mí, no me interesa, ahórrate tus quejas, te hace falta intelecto para interpretar un simple raciocinio. Si te has ido por ese lado, o sentiste identificación alguna para relucir esas ideas, no me culpes, no es la generalidad de la persona, eres tu quien no comprende. Piérdete, y sigue hundiéndote en tu absurdo pensar.

Sí, no niega que le enfurece, más. Curioso; atestiguar un acto que jamás se creyó venidero del clan enemigo, ¿quién era ella? ¿Quién es realmente? La sangre que le recorre es sin duda alguna la pesadez de la venganza, pero ¿por qué no siguió con el instinto, con la tradición? El ver la manera en la que acariciaba a Sirius, la tranquilidad que profesa aun cuando la naturaleza misma debía repelerse por sí misma, un momento que orillo a pensar, el sujetar a Cordelia para que fuese su fuerte, le controle lo que poco a poco se altera, aún era afectado por las remembranzas, el juramento otorgado a su difunta esposa y luego a la madre de Cordelia,  todo le recordaba que debía seguir, exterminar todo lo que le venía perjudicando a la niña. Y eso es lo que presentía el caballo, los deseos de matar, mas solo queda en la sensación, en el pensamiento, se ha destacado por el auto control, y mientras no exteriorice la conducta, siguen siendo sensato. En cambio de la contra parte, sin duda alguna eran totalmente diferentes, en tanto a todo lo que les caracteriza. Por ello, había dado la espalda, decidió alejarse con ella, no iba a cometer un homicidio frente a la princesa, y claro, no le perdona la vida, solo no es el momento, en otra ocasión será. Dejando la incertidumbre del apellido, para que no olvide quien es, y con quien próximamente se enfrentará. No le era de su interés la actitud de la canina, ni estaba al pendiente de si su mensaje sería llevado, ya era de su decisión hacerlo o no, advertir o no.

De fondo en lo que otorga pasos, se escuchan aullidos, curvo los labios, pues la cacería ha comenzado. Mirando a la pequeña, haciéndole señas las cuales solo ellos entendían, podía percibir la urgencia de una voz, deteniéndose, mirando en dirección a la escaramuza, ladridos y gruñidos de una contienda, el espectáculo generado no atemorizaban a los Babenberg, al contrario ya estaban preparados para esa causa. Sin embargo, no podía permitir que se inmiscuya en ese estado su pequeña, enferma y en las condiciones le sería desventajoso, aparte de que la mayor preocupación es ella, no la quiere perder, no se permitirá dañarla de alguna manera, por lo que tuvo que someterse a un cometido en especial. Sin tener otra opción que retirarse, alejarse cuanto antes de la zona, antes de la llegada de los otros. En efecto, aquella seguía siendo absurda, ¿por qué debía de confiar en ella? Es como si se estuviese auto clavando el arma, derrotándose a sí mismo.  Enarcando las cejas por la acción de quizás protección, no necesitaba de nadie, ni mucho menos de ella. Y  fue Cordelia quien dio el primer paso hacia ellos, sin permitirle que prosiguiera, la pequeña quiere ayudar a esa canina, ¿por qué?...Insólito, sabe por dónde va, le da un parecido a su madre; Hannah, el querer acabar con la sed de venganza al desaparecer, justo como la actitud demostraba aquella, aunque no era para ablandarse, no y en ese preciso momento. ¿Como detenerla sin herirla? Es la primera vez que la observa de esa manera, el ayudar a quien estaria en amenaza por no atacar las ordenes de un clan, ¿qué es lo que debía hacer?

— ¡Hija! …— Grito Jaecar cuando aquel hombre quiso abalanzarse contra ella, acechando voces, presencias peligrosas, mirando de un lado a otro, llevando al alcance su oído, considerando el punto de encuentro, la situación emanada que de un momento a otro, estaba delante de Cordelia, sirviendo de escudo y mirando a la loba, mientras detiene al integrante de su clan. — Vete, llévala lejos de aquí, si dices no ser parte de esto, protégela, estoy solo, no permitas que nadie la toque, vete de aquí, ya sabes que hacer... ¡Vayanse!

Se dirigió a la canina y después a Cordelia, ella ya sabía los protocolos, el como actuar; negar quien es un Babenberg, quien es ella, cambiar el nombre, jamás hablar de la verdad. Sujetando con fuerzas al perro enfurecido, debían servir de distracción en lo que les da tiempo de escapar, ambos saben que no hay de otra, y entre más demoraban, los demás comenzaban a acercarse, el único plan era después reencontrarse, porque no puede estar alejado de su princesa y demostró que no le importaba nada más que su bien estar, así tenga que deberle a alguien, y sobre todo a ella.


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Re: The return of the curse; The hunter, and guardian.

Mensaje por Olivia Van Aldin el Lun Abr 24, 2017 9:43 pm

Las palabras del vampiro eran una melodía tediosa y lejana, la misma que intentó hacerse espacio en su mente, más no lo logró. Él había encontrado a la persona equivocada para iniciar su inevitable venganza, pero sólo obtuvo indiferencia por parte de la joven Van Aldin. ¡Claro! Porque resultaba que ella era distinta al resto de la familia; sólo un par compartía sus ideales de reformar todo cuanto antes. Aun así, Babenberg era un completo ignorante del asunto y lo seguiría siendo. Parecía un hombre ensimismado en sus ideales, los mismos que no pensaba dejar a un lado tan fácilmente. Olivia tampoco pretendía cambiar el pensamiento de alguien que acababa de conocer, y que para colmo, había sido grosero con ella, aunque claro, no podía negar que en partes tenía culpa de ello y no precisamente por su raza o familia. Sin embargo, su orgullo le hizo ver que las disculpas eran innecesarias, lo mejor que podía hacer era continuar con su paseo e intentar despejar la mente bajo la paz arcana del bosque. La misma que se fue abajo cuando miembros de su clan hacían acto de aparición.

Decir que el corazón le dio un vuelco, no era nada a comparación a lo que ocurría en su mente. Vio a Odín, a su fiel lobo, escudarla, defenderla de Marko; hasta parecía que también seguía sus intenciones, algo que descolocó a Olivia por unos segundos. Porque claro, ella, de alguna manera u otra, estaba defendiendo a los Babenberg, en un principio por la niña, pero, también, terminó pensando en ese odioso vampiro. Esa necesidad de acabar con la absurda venganza la orilló a actuar así; además, la escena le era escalofriantemente familiar. ¡Sí! Justo cuando atacaron a sus padres.

Sujetó con fuerza las riendas de Sirius, el caballo bramó, como buscando la manera de intervenir también. Marko pretendía avanzar más, desafiándola con la mirada, sabiendo que ella no iba a dar su brazo a torcer, y aunque fuera la sobrina del actual líder, perfectamente, podría alegar que la mujer los traicionó. Olivia sintió una impotencia abisal; Odín se interpuso entre Marko y los Babenberg, para evitar que el licántropo fuera a agredirlos. La situación se tornaba desquiciante.  

—Basta, Marko. No tienes nada que hacer aquí —replicó, mientras divisaba entre los pocos que llegaron luego, a uno de los suyos. Thadeus le guiñó el ojo como gesto de confidencialidad, indicándole que buscaba el momento adecuado para atacar—. Ninguno de ustedes, en realidad...

Pero las palabras no fueron suficientes, ellos seguirían empeñados en seguir causando más daño, y no, no podía permitirlo. Por eso, cuando el Babenberg le dio la custodia de la niña, Olivia no pudo negarse, a pesar de lo ocurrido hacía unos minutos atrás, no tenía los sentimientos tan pútridos. Así que tomó a la pequeña y la resguardó con sus brazos. ¡Aquello era inaudito! Lo pudo ver en la mirada de todos los presentes. Sin embargo, no iba a retractarse, y menos cuando Thadeus se puso al lado del vampiro para resistir al ataque de los otros licántropos.

—Sé que nuestras razas no se la llevan, pero hagamos una excepción esta vez, como lo ha hecho ella —dijo Thadeus al vampiro, preparándose para atacar—. Olivia, tú escapa con la niña; aunque mi cabeza esté en juego, sé que es por una causa noble.

Olivia se quedó, quizá, un poco consternada, pero obedeció de inmediato. Antes que cualquier cosa, emprendió la marcha, llevando consigo a la infanta, sin importarle más nada, salvo la seguridad de su actual protegida.

—No te vayas morir tan rápido, anciano —mencionó por último Olivia antes de partir. Aunque Thadeus aparentaba ser un hombre cercano a los 60 años, su fuerza iba mucho más allá. Haberlo dejado ahí le carcomía el alma, y sólo la voz de la infanta la sacó de sí—. No te preocupes, tu padre va a estar bien. Tú confía en mí, hay alguien en este bosque que nos va a ayudar. No estamos solas, tranquila.




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Re: The return of the curse; The hunter, and guardian.

Mensaje por Jaecar Babenberg el Jue Mayo 04, 2017 9:26 pm

Protección; Jamás se había visto que Jaecar dejará en manos del enemigo a lo que más ha amado; aquella princesa de los inmortales pasó al cuidado, al manto de los lobos, y quién diría que aquellos quienes asesinaron a sus padres, estaría rodeada de ellos, salvaguardada por uno. Que era un círculo de sangre y cenizas, desgracias y tormentos al vislumbrarla en esa situación, sirviendo de cebo para otorgarles un plazo para que escaparan, ya había retomado otro sendero su objetivo tras haber confesado quienes eran, a ella; a la Van Aldín. Todo cambio de rumbo cuando su clan venidero hizo presencia, y es que no fue sin pensarlo, la actitud, los gestos, su fuerza a la negación de la posible venganza, le hacía enfurecerse, por el hecho de repudiar que le diera una semejanza a su difunta esposa, quizás solo por eso confío en ponerla en sus manos, o quizás solo ponerla a prueba, para quitarse la duda acude al accionar de pedir que le cuidara, el descubrir quiénes eran. Más, es una sensación imposible de ignorar, ¿que la posesividad es parte de la necesidad de él? El momento era suyo, convertir en una matanza lobuna, sangre dispersada, y muerte sembrada, no lo niega, eso deseaba ejecutar, liberar las emociones que jamás se han demostrado, que se invirtieran en los golpes en los desmembramientos, porque la crueldad poseía en esa ansia, estrujar los huesos y convertirlos en polvos, un dolor inmensurable que se vio limitado, e imposible de realizarlo, pues la sorpresa fue ver cómo se iban a su lado, quizás, ¿protegiéndolos? Que en vez de que se pusieran en su contra, atacarán de frente, se situaron a su lado, defendiendo a Cordelia, no podía tolerar deber favores, todos tienen la manera de pagar, todos piden algo a cambio, que ahí, solo a beneficio, el conocer las verdaderas intenciones es que prosiguió, combatiendo, resistiendo contra él, despejando esa imagen de ver a la Van Aldin, con la semejanza a su difunta esposa, protegiendo a su hija, y recapitulando ese recuerdo, de cómo murieron y es que se aferró al hombre, esperando que se marcharan cuando aquel perro intervino. Necesitaban ellas toda escolta posible para estar seguras, no le importaba ser el único entre tantos, una vez término fatal ante una similar batalla, más no murió, tardó en recuperarse que podía hacerlo de nuevo. Pero juntos comenzaron a intercalar movimientos, asintiendo al nombrado Thadeus. Forjando una alianza que sin duda alguna, se avecinaba una tragedia mayor a las ya vividas, en la que Jaecar ya comienza a percibir que es su deber protegerlos de la misma forma. “¿Amor mío, esto es lo que añorabas?, ¿que termine esta maldición? ¿Poniéndonos en manos de los que son linaje de los enemigos? “ pensó, desviando la mirada hacia su hija quien poco a poco su imagen se desvaneció, yéndose con ella, alzando la mano en significación de que pronto irá por ella, y por el otro lado, aceptando con la Van Aldín, que ahí no termina, que se volverán a encontrar y volvió a la represalia.

Sincronizándose con Thadeus, a decir verdad, por su aspecto, por la fuerza que emana ha sido de los más antiguos en el clan, se le percibía, se reconocía en su manera de atacar, que era seguro que ambos años atrás estuvieran en el mismo campo de batalla, la diferencia radica en los lados en los que se atacaba, y ahora, entre esquivos, contraataques, bloqueos, y golpes por fallidos intentos, les llevó tiempo deshacerse de ellos, pudo haber asesinado a unos cuantos, más aquellos vieron que no era el momento, y no sé qué les haya dicho Thadeus, pero, retrocedieron, a pesar de que unos se resistían a la orden, y podría existir la idea de que fuese una trampa, y que quizás solo iban por Cordelia, pero después de todo, era la prueba para ver si se podía confiar o no en esa mujer. Por lo que comenzaron a seguir el rastro de ellas, y era lo primordial, porque existía la posibilidad de que aquellos quienes retrocedieron, fueran tras ellas.


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Re: The return of the curse; The hunter, and guardian.

Mensaje por Olivia Van Aldin el Miér Mayo 24, 2017 12:41 am

Si antes era un dolor de cabeza para el clan, aquella vez sobrepasó todos los límites existentes, fue como una rebelión silenciosa, e incluso, inesperada. Ni ella misma se esperaba obrar de semejante manera, es más, estando dirigiendo a Sirius mientras aferraba a la niña Babenberg entre sus brazos, parecía un sueño, una ilusión producto de un embrujo. Sin embargo, no era así, la conciencia la aferró a la realidad; estaba huyendo de su clan para proteger a alguien considerado enemigo, aunque para ella no lo era. Es más, esa niña le recordaba tanto a su pasado, cuando vivía en Holanda con sus padres, libre y sin demasiadas preocupaciones; sin venganzas que contaminaran su alma. Pero el día más terrible la arrancó de esa felicidad, aun así, evitó seguir una guerra innecesaria. Ya muchos habían muerto a causa de esa disputa tan carente de sentido, y esperaba que, algún día, todo se solucionara de la mejor manera posible.

Estando en las condiciones que estaba, huyendo al galope veloz de su corcel, sintió la ligera llama de la esperanza en su interior. Pensar que había un futuro sin guerras entre esas familias iba a ser posible; lo supo cuando vio a Thadeus cambiar de opinión de manera tan efusiva, y él no sería el único, de eso estaba completamente segura. Sin embargo, no podía detenerse, debía continuar atravesando la arboleda, dirigiéndose a un lugar que ella sólo conocía. Ahí la jovencita estaría segura, mientras los licántropos del linaje Van Aldin desistían de su búsqueda y se marchaban. ¡Pero también estaba él! Esa niña se hallaba muy preocupada por su padre (o lo que fuera de ella), le interrogaba a Olivia a cada minuto. ¿Qué respuesta podría brindarle?

—No te preocupes, confía en él, va a estar bien, ¿sí? Además, Thadeus le está ayudando. Nosotras nos dirigimos a un lugar seguro —contestó, aún ensimismada en sus pensamientos—. Todo se va a arreglar, ya verás...

Sirius atravesó el río con increíble agilidad, como si sus cascos ya hubieran pisado esa tierra antes. Se dirigían hacia una colina, una pequeña zona montañosa, con la vegetación mucho más espesa. La zona se oscurecía mucho más, como si algún manto la cubriera. El caballo mostró una magnífica valentía, y claro, era porque tanto él, como su jinete, sabían perfectamente hacia donde se encaminaban. De seguro Thadeus los alcanzaría luego.

***

Thadeus reconoció en algunos de aquellos hombres la duda, la misma que sembró él cuando decidió seguir a Olivia; cuando decidió clavarle un puñal de plata en el corazón de Marko. ¡Por culpa de esas estúpidas guerras había perdido a su familia! Veía en la joven Van Aldin alguna esperanza y la apoyaría, aunque le costara la vida. Él había conocido a su padre y a aquella mujer de sangre apache que tan buenos consejos le brindó. Estaba completamente agradecido por sentir que su existencia aún era necesaria. No le importó siquiera alzar las armas en contra de los otros licántropos, porque bien sabía que no iban a cambiar de idea, pero los que retrocedieron, algunos cuantos, a ellos si les tocó lidiar con la incertidumbre.

Sin embargo, otro par, motivados por el engaño, empezaron a tomar otro rumbo distinto. Thadeus gruñó de pura rabia.

—¡Maldita sea! ¿Van a quedarse ahí parados? Bien, váyanse al demonio, si tengo que morir, lo haré, pero sé que mi sacrificio valdrá la pena, aunque no lo entiendan —y sin darle tiempo al vampiro de reaccionar, se lanzó a perseguir de los otros bastardos que de seguro iban tras Olivia y la niña—. ¿Qué esperas? ¿Vas a permitir que escapen? A ellas no les pasará nada, pero no quiero arriesgarme a que descubran “el refugio”.




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