Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Lumière dure [Ghenadie]

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Lumière dure [Ghenadie]

Mensaje por Calcabrina el Miér Sep 14, 2016 7:30 pm

Hacía no demasiados meses había comprendido sobre qué era la marca en mi pecho, un Uróboros, una serpiente que se comía la cola formando un infinito circulo. Uno del infierno, de las oscuras sombras y llamas que cubrían el mundo y lo dividían entre “buenos y malos” según las ingenuas lenguas. Las profecías sobre Dante siempre habían sido simples estupideces a mi modo de ver. Cuentos de fantasía pues la magia no era más que un producto de nuestra propia potencia. Algunos dependían de los Dioses, canalizándose en ellos, otros brujos y hechiceras tomaban su poder del caos y de las bestias que había del “otro lado”. Según sabía los aquelarres dependían de brujas muertas y consagradas o de la misma naturaleza. Yo buscaba la fuerza en mí mismo, la expresión de mis propias artes para hacer nacer lo imposible con solo creerlo. Por supuesto que nunca estaría seguro si realmente lo estaba haciendo bien, a menos claro que pudiera despertar las historias que escondía el tatuaje o más bien era una marca que había aparecido en mi pecho en la pubertad. Contactar con los muertos no era complicado, había nacido con ese don pero ninguno sabía decirme nada, algunos simplemente no querían. ¿Cómo obligar a algo que ya está muerto y torturado en el plano en donde no hay paz ni vida? Era imposible. Necesitaba más fuerza, canalizar algo que tuviese verdadero contacto con las vidas pasadas. Las investigaciones me habían llevado a una sola solución: La Luz. Tenía que encontrar una fuente que fuese pura y a la vez tan fuerte que no se destruyera al primer contacto con su contrariedad.

La búsqueda fue por demás de ardua, en esos entonces me di cuenta que la guerra entre pecadores y justos era completamente en vano. ¡La habíamos ganado desde siempre! ¿O es que quizá simplemente con un puñado de inocentes podrían hacer la gran diferencia? Eso no lo tenía claro y rememorar a las vidas anteriores quizá también podía sacarme de la infinita duda. Porque los demás que tenían la misma marca que yo de nada servían. Era estúpido el solo hecho de hablarles, cada uno rodaba en imbecilidad y testarudez. La pesquisa terminó derivando a pasearme por toda la ciudad incontables veces hasta que un mínimo joven de aura agradable y acentuada se divisó detrás de varias paredes. Mi incapacidad de teorizar con solo una vista me hizo indagarlo por semanas, encontrándome con un muchacho casi albino, de contextura tan fácil de quebrar que el hecho de que antes me hubiesen avisado de una fuente “pura y fuerte” me hizo dudar por completo. Pero al final era el alma de lo que se trataba.

Unos días más tarde y en vista que él parecía tener urgencias económicas y hasta sanitarias me dejé aparecer en su propio camino. Mi habilidad de comunicación siempre había sido reducida, tan limitada como infinita era mi curiosidad. No obstante, no vacilé en aparcar toscamente en donde se encontraba. Aparentemente ocupado, aunque no me interesaba en lo más mínimo mantener tanta educación como para esperarlo mucho más que el tiempo que tardaba en caminar a él. — Quiero usarte. Te pagaré. ¿Necesitas eso, dinero? Si me sirves, entonces te recompensaré también con una pócima para tu madre. —¿Acaso alguien en su sano juicio diría que sabía sobre el estado de su madre así como así? Probablemente no, sin embargo en mi caso, entre más claras quedaran las cosas se me hacían más sencillas. No necesitaba más que su poder o su aura más bien, pero debido a que el tiempo me había indicado que se trataba de un gitano, por supuesto que podía intensificar mi habilidad con aquella mínima que tenía él. Quizá estripársela en otro momento -eso sí que no iba a decirlo-. Simplemente porque era un posibilidad a mi favor y no un hecho en donde se le cobrara la vida de un solo golpe. Lamentablemente para mi persona, lo necesitaba vivo durante todo el tiempo posible. Encontrar a alguien más sería engorroso y por supuesto que la idea de perder el tiempo tampoco me agradaba demasiado. Le miré a los ojos, sin pestañear y siendo obvio el hecho de que esperaba que se acercara y respondiera. Al tardar demasiado terminé por acercarme yo, tomándole de la muñeca para llevármelo igual como si fuese una cosa. Saqué entonces unos francos en el camino, que serían el pago de al menos una semana de cualquiera de clase media, claro que tenía recibos del Banco de Francia. Es que no valía la pena perder ni una céntima si al final terminaba por serme inútil. — No tengo tiempo para gastar. —


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Re: Lumière dure [Ghenadie]

Mensaje por Ghenadie Monette el Lun Sep 19, 2016 10:47 pm



Lumière dure
las prioridades son definidas por los sentidos
No me malinterprete, mi objeto no es jugar al mensajero del mal augurio, usted me ofreció las seis manzanas a cambio de una premonición y ya he cumplido con mi parte, si la peste asecha a su hijo Myura…
―Gyula.
Gyula, ¿verdad? Pues, como decía, si su destino es padecer la peste y perecer, no existe alternativa más que aceptar su porvenir. Aquello de sortear lo previsto no tiende a dar buenos resultados, al final de cuentas, sucede aquello que ha de ocurrir.
La anciana gitana le enfrentó con el recelo impregnado en su ajado rostro; una infinita y espesa trenza le sostenía el grasiento cabello grisáceo y, a juzgar por la suciedad acumulada en el vuelo de su harapienta falda, aquella era la única prenda de vestir de la que disponía. El motivo por el que Ghenadie se encontraba dialogando con la mujer residía dentro de un cajón de madera destartalada, eran seis manzanas en estado de maduración dudoso que destacaban de entre la multitud de frutas dispuesta para la venta.
Una manzana para el desayuno, dos para el almuerzo, una para la merienda y otras dos para la cena. No se brindaba el lujo de tanta abundancia desde hacía días, todo suponiendo que las condiciones del trueque fuesen aceptadas por la usurera.

El pacto al que habían arribado consistía en el intercambio de las seis unidades por una premonición del futuro; Ghenadie salía perdiendo siempre que hacía tratos de este índole y es que nadie anhelaba jamás recibir malas noticias como augurio; sin embargo, el destino daba su veredicto, el albino leía los indicios y, en su afán por serle fiel al curso del universo y prolongar su voto de honestidad, acababa por enterrarse en una encrucijada con una única escapatoria sumamente desfavorable.
La mujer le contemplaba con dos esmeraldas por orbes mientras él se sometía a su penetrante escrutinio; los tobillos le escocían, pues sus zapatos de tela apenas le cubrían los pies y los pantalones arremangados dejaban expuesta la piel al incordio del viento arenoso. Su cartera hilada siempre contra las caderas y la camisa de trapo cubriéndole cuanto era capaz del torso y los brazos. Las seis manzanas en el cajón y la anciana observándole impasible.

Dar con una premonición diurna y espontánea no resultaba tarea sencilla, la mayoría de sus previsiones se le revelaban en sueños durante estadios de inconsciencia o en las conclusiones resultantes del uso de diferentes elementos ―las convencionales cartas, la bola de cristal―, también era válida la inducción en un trance en contacto físico directo con la persona cuyo destino se buscaba averiguar.
En esta ocasión, había empleado una olla de cerámica repleta de agua diáfana para canalizar su habilidad, abandonándose a la atenta escucha de la voz perteneciente al hilo conductor que rige el universo. La superficie del líquido había hecho las veces de cristal y le había revelado que Gyula, uno de los nueve hijos que había parido vivos la mujer, contraería la peste y perecería en la eventualidad. Ahora la obtención de las manzanas se hallaba en disputa porque el augurio era todo menos estimulante para la hostigada mujer.

―Oh, bueno, por aquí se dice que traes contigo algo especial, así que toma las manzanas y esfúmate de mi vista.
La anciana se introdujo de regreso en su tienda y Ghenadie, imbuido por la satisfacción de la victoria, comenzó a introducir las seis manzanas en su bolso (ni una más, ni una menos).
De improviso, una voz profunda y penetrante se dejó oír a sus espaldas, pero se hallaba demasiado abstraído como para darle importancia, al menos hasta el momento en que creyó escuchar algo en referencia a una madre. ¿La suya?
Se volteó apenas, para ser interceptado por un individuo de excesiva estatura y maciza complexión, el joven gitano apenas contó con los segundos para echarle un vistazo antes de comenzar a ser arrastrado rumbo a la calle próxima; en su avance, dos de las manzanas se fugaron de entre sus manos y se machucaron contra el suelo de adoquines para erradicar la posibilidad del desayuno y la merienda o el almuerzo y cena dobles.

¡Oye! ¡Aguarda! ―las réplicas, sin embargo, se lucían inútiles antes la determinación del desconocido.
Ghenadie intentó zafarse de tan fiero agarre, pero tan pronto como entró en contacto voluntario con el cuerpo del sujeto, sintió cómo se le helaba la sangre en las venas. Cuán poderosa y devastadora era el aura de aquel sujeto, tan omnipresente y fatua que incluso le había arrastrado a ignorarla hasta ese preciso momento; sin dudas sabía ―u olía o se oía, la percepción de la esencia estaba arraigada a un sentido ajeno a todos los demás― a mortal dotado con habilidades espirituales o artes de la hechicería. Sin embargo, aquel que le arrastraba en contra de su voluntad, arrasaba con cualquier estereotipo esencial de su especie, consumía toda deducción sobre su naturaleza hasta hacerla desaparecer, y no era él solamente, sino que le escoltaba un séquito de espíritus abismales que, no necesariamente presentes, se anclaban en aquella alma a un plano próximo de existencia.
¡Que te detengas! ¡Has hecho que se me cayeran las frutas! ―el joven albino no se dispuso a ceder tan pronto, y como si de un niño caprichoso se tratara, se sentó sobre el suelo y flexionó las piernas ofreciendo resistencia al avance de su captor.
¿Qué es lo que quieres? ¿Cuál es el tiempo que te escasea? ―clavó la mirada en el rostro del desconocido y aguardó, reacio a desistir, una respuesta clara y concisa que compensara la pérdida de las dos manzanas.


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Re: Lumière dure [Ghenadie]

Mensaje por Calcabrina el Miér Sep 28, 2016 10:04 am

Pocas veces podía interesarme excusar sobre mis actos. Ésta no era la ocasión en absoluto, mas el joven albino de menuda contextura no hacía más que refunfuñar y arañar al respecto. Los animales no me molestaban en la existencia digna, ya que no contaban con la habilidad de bajar al infierno, así que imaginando que se trataba de alguno de esos, me volteé a mirarle con el rostro inmutable y amargado. — ¿Qué? ¿Por qué te detienes? — La voz salía indudablemente a regañadientes, seca cual si nunca saliera demasiada conversación de mi garganta. Dejando escapar un suspiro largo y viéndolo acurrucarse en el suelo ante la eventual pérdida de sus podridas manzanas, me acerqué mínimamente, agarrando apenas sus cabellos revoltosos para insistir en que se levante. Forzosamente intentaba de alguna manera que no le doliera el tirón. Sabía que a los animales había que tratarlos con precaución para que sigan órdenes, no me salía bien, ¿o no? En una especie de depresión artística, mascullé alguna que otra maldición y bajé unos centímetros a mirarle. — ¿Acaso no dije hace un momento que quería usarte? — Estaba sorprendido de la inoperancia que un humano simple podía tener. Por más que la maravillosa aura del chico estuviese en el orden correcto, no me creía capaz de soportar la inutilidad de alguien. Mucho menos si era algo para mí.

Fue entonces que observé con una extraña curiosidad como protegía el pago que había recibido de la anciana. Para mi era imposible poder usar la empatía, y me pregunté qué tanto había con ello, siquiera le encontraba un uso a las frutas apestosas. No se me ocurría por qué habían tardado tanto en dárselas. No era mi asunto, incluso con la investigación que anteriormente había hecho eso era algo que no se me había ocurrido observar. Me agaché, apoyando un codo sobre una rodilla y alcé las cejas completamente anonadado por su rostro entre miedoso y furioso. — Ghenadie, lo eres, ¿no? Te voy a usar como un catalizador para encontrar algo. Así que quiero que subas a éste caballo. Hay demasiada gente aquí y me estoy cansando de sentir sus presencias. — De repente y sin tardar fue que apareció un hombre cabalgando un caballo, manteniendo otro sujeto por una correa. El vacío era de un vivo color perlado, con la melena gastada en negros y blancos. Parecía, curiosamente, tener albinismo. Tenía dos caballos para mi gusto, uno negro y poderoso. El otro era grácil, delicado, pero veloz, correcto para llevarlo en la ciudad. Apoyé un pie sobre el estribo y decidiendo no esperar más busqué tomar la cintura del joven que aunque era lo bastante alto para ser un hombre, se sentía pequeño entre mis manos. La herejía, según decían algunos libros, siempre aparecía en forma maciza y monstruosa en algunos casos. Tosca para poder hundir a los justos en la miseria. Me enmarqué terminando de subirme, teniendo a la criatura de costado. — El tiempo de prueba es lo que se acaba, hoy será luna nueva. Si sale de la manera esperada te daré una poción y unos francos. Aunque lo dudo… Con éste cuerpo no aguantarás mi poder. — La voz de mi conciencia se escapó, con un semblante perfectamente enojado. Sus huesos eran fáciles de sentir, incluso la tela de ropa gitana era demasiado fina para soportar los vientos de primavera. Como fuese, por ahora era la mejor opción entre muchas que había buscado. Así que manteniéndole con un brazo enganchado cual animal y con el otro sujetando las riendas busqué dar marcha al camino. De otra manera probablemente empezaría a buscar el caos en el lugar, la magnitud de personas juntas en una sola zona provocaba que mis deseos de mandar el infierno a sus vidas se hicieran presentes. Podría hacerlo, realmente lo único que importaba era lo que tenía en las manos y con solo balbucear algunas palabras el poder innato con el que había nacido podía hacer que las personas comenzaran a golpearse unas con otras. Sin embargo no estaba ahí para sembrar el caos. En ese momento buscaba obtener algo mucho más importante. Mis recuerdos, todo aquello que había pasado en mis otras reencarnaciones y la verdad de por qué siempre buscaban al portador del pecado más retorcido en último lugar. En mi experiencia podía pensar que los había traicionado, pero necesitaba palparlo, encontrarlo y verlo por mí mismo. Y solo aquello que fuese lo contrario a mis mentiras podía ayudarme. — ¿Entonces no sabes mentir ni hacer el mal? ¿O por qué mantienes el aura limpia? — Esa era la mejor forma que había encontrado de sacar una conversación que fuese beneficiosa para mí y que calmara el hambre de histeria que podía contener el gitano.


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Re: Lumière dure [Ghenadie]

Mensaje por Ghenadie Monette el Dom Oct 09, 2016 7:44 pm



Lumière dure
un ángel probó la manzana y en sus alas se ocultó el alba, en sus plumas surgió la noche
Resultaba imposible recuperar su botín en aquellas circunstancias, pues hacía las cuentas del niño en falta que, sin haber cometido travesura alguna, era regañado por el anciano vecino amargado al que se tachaba de brujo. Lo irónico de la corriente situación era que, efectivamente ―quitando algunas décadas de existencia― aquel sujeto encajaba en ambas suposiciones.
Permaneció sentado sobre el suelo, hasta que fue halado por el cabello. «Usarle», si mal no recordaba, algo así había mencionado aquel individuo. Desvió la mirada hacia los adoquines, procurando hacer acopio de fragmentos de memoria para reconstruir la proposición, tenía el presentimiento de que, si insistía en que se la repitiera, acabaría haciéndole enfadar aún más.
Cierta cuestión sobre su madre y un pago rondaban su conciencia con dulce seducción; tanto había deambulado por las callejuelas de París con objeto de obtener algunos francos que suponer el arribo de tal posibilidad sin haber hecho nada significativo por su cometido resultaba, sin dudas, sumamente sospechoso.

Era la primera vez en lo que databa de su existencia que se hallaba a considerable proximidad de un noble; por donde se mirase a aquel sujeto, no cabían dudas de que jamás había recorrido una calle sin calzado.
Ghenadie no podía dejar de sentirse acorralado, el contratista conocía su nombre, la condición de su madre y, más aún, exactamente aquello que necesitaba; aunque intentara escapar ―algo que no se le daba especialmente bien―, no podía estar seguro de que las consecuencias de tal resolución fuesen menos peligrosas que consentir su exigencia. Al fin y al cabo, no veía desventajas en seguirle la corriente, el destino estaría jugando su pasada e, independientemente de qué tanta utilidad pudiese tener frente a la propuesta, no podría culpársele del desenlace.
El gitano se puso de pie y buscó desprender el polvo de sus vestiduras, toda meditación resultó vana cuando su cuerpo se vio aprisionado por el agarre de aquel sujeto; apenas bastó el tiempo para soltar un quejido frente a la presión sobre sus costillas, pues de inmediato se vio pendiendo a un costado del caballo.

Qué postura tan humillante para cualquier hombre honrado y, aunque el albino poco conociera de la honradez de los adinerados, no se abstuvo de refunfuñar para sí mismo del inoportuno desarrollo de la situación. Había decidido guardar silencio y limitarse a su rol de saco de patatas cuando las preguntas de su captor se dejaron oír; volteó ligeramente la cabeza, en búsqueda de aquel tosco semblante y no pudo privarse de sonreír al notar que, por muy dispuesto que estuviera a tratarle como un objeto, se había tomado la delicadeza de dirigirle la palabra.
Exhaló un suspiro antes de realizar un brusco movimiento con intención de ocupar la montura; calzó la pierna sobre el lomo del animal y volteó con suficiente habilidad para librarse del sostén del hechicero. Tomó asiento detrás de él, pero prefirió hacerlo de espaldas, pues el contacto frontal con el cuerpo de hospedaje de tan abrumador espíritu habría resultado incómodo.
Extrajo una de las cuatro manzanas que había logrado introducir en su bolsa de hilo y, seguro de estar bien aferrado a la montura con piernas y brazos, empleó su diestra para darle un mordisco.
Es descortés conocer el nombre de una persona sin que esta esté al tanto, y más aún en ese caso, no anunciar cuál es el propio ―hizo una pausa para cuajar la fruta con sus dientes, si bien estaba algo pasada, aún podía reconocérsele el buen sabor―. Entonces, ¿cuál es su nombre, señor?

Poco sabía de modales Ghenadie, pero si algo había aprendido de sus aventuras por la ciudad, era que a las personas bien vestidas les irritaba no ser tratadas con debido respeto.
No es que no sepa mentir ni que no pueda hacer el mal, simplemente no lo prefiero. Tal vez se deba a que no se me ha dado la oportunidad, siempre que haya variedad de posibilidades, es preferible optar por la más acorde a las intenciones de uno, ¿verdad?
»Me pregunto qué tan útil puedo resultarle, señor. No tengo un cuerpo fuerte ni soy hábil para muchas cosas, pero no juzgo nada a mi espíritu. ¿No cree que las almas eligen a su vasallo más adecuado? Cuando una esencia es sumamente poderosa, procurará amoldarse a un cuerpo que le prive de hacer uso de su plena capacidad, porque, ¿qué bien traería un desequilibrio tan pronunciado en la convivencia de la energía? Si se abusa del poder en potencia, el cuerpo será consumido y el equilibrio regresará al universo, así es como debe ser.

Propició otro mordisco a su manzana, sin estarse seguro del motivo por el cuál había dicho todo aquello a ese sujeto en particular; conocía muchas cosas a raíz de su devota observación y experiencia, pero no acostumbraba a revelar cuestiones esenciales a cualquiera que no pudiese comprender. Quizá este fuera un caso especial.

Volteó ligeramente la cintura y extendió el brazo que cargaba la manzana hasta las proximidades del rostro del jinete; esbozó una sonrisa sutil y, sin escrúpulos, le ofreció.
¿Quiere un poco? No sabe mal.


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Re: Lumière dure [Ghenadie]

Mensaje por Calcabrina el Mar Oct 18, 2016 7:18 am

Observaba mi entorno e inevitablemente el chico estaba en él, removiéndose como una sabandija que está siendo secuestrada. Por supuesto que no me inmutaba en lo más mínimo, seguramente si terminaba por tirarse se lastimaría solo y sería más que en vano. De mi parte, esperaba poder confiar en el sano juicio que podía tener un humano, al fin y al cabo eran animales que querían sobrevivir. El pesado suspiro se escapó de mis labios cuando le sentí volver a arremeterse contra la silla de montar hasta que pareció encontrar la posición indicada, a lo que mis brazos se aferraron a las sogas del caballo con tanta paciencia como así podía tener el demonio de la herejía: muy poca. ― Soy Calcabrina, un hechicero oscuro. ― Totalmente apático y a secas respondí sus preguntas, no me importaba hacerlo pues bien sabía que cuando lo utilizara para poder adentrarme más al fondo de mi pasado, él se encontraría sabiendo incluso más de mí que yo mismo. En otras circunstancias le hubiese dicho Samuel, era el nombre insospechado para los humanos de mentes tiernas. Claramente ese no era el caso, bah, si lo era tendría que empezar a ejercitar esa emponzoñes lo antes posible, pues tenía encargado un destino cruel en sus manos. Pronto la vía se despejó de gente, dejándole paso a los caminos de tierra desolados que iban hacia las zonas abandonadas, cerca de los cementerios y bastante alejados del bosque. Ahí donde la tristeza y oscuridad más albergaba en la ciudad, pues los mortales con pestes dejaban sus últimos alientos en esas calles para luego ser enterrados en fosas comunitarias por la armada de la ciudad. Eso incrementaba el séquito de muertos que llevaba en la espalda. Lo que significaba lisa y llanamente más poder.

― La más acorde a las intenciones de uno. ¿Las almas? Eso es lo que investigaremos, por qué las almas eligen el cuerpo cuando están en el otro lado. ― “Porque en éste mundo yo puedo elegir” Repensé para mis adentros con el claro deseo maligno en mis adentros. No buscaba solamente conocer la historia de mis antepasados, sino que intentaría en algún momento, terminar de descifrar la maldición de Dante. El alma que estaba encadenada a los infiernos tenía que tener alguna manera de liberarse para poder hacer lo que cualquier brujo inmensamente poderoso hace: cambiar de cuerpo una y otra vez a través de los milenios. Pero eso era solo un deseo oculto que por el momento no necesitaba relucir en absoluto. ― Son palabras inocentes, de quien no conoce el poder de las energías. No importa, ésta vez no tengo la intención de manchar tu alma. Necesito pureza para encontrar una historia perdida y como dices, las almas eligen el vasallo cuando tienen la oportunidad. ― En ese caso me refería a él, la eterna clarividencia y los poderes que había usado con almas errantes me habían pedido sobre él, como un faro para caminar entre un camino tenebroso. Parecía una especie de chiste, el solo sentir sus mordiscos provocó que frunza la nariz hasta arrugarla, entrecerrando los ojos cuando al final inevitablemente la acercó, como quien quiere darle de comer a un pobre. ― No, guardo mi apetito para más tarde. Y está pasada, chico. ¿Eso cobraste por leer el futuro? Tus poderes pueden ser usados para cosas más entretenidas que esas. Desperdicias la magia que cogiste de la naturaleza. ― Como un hechicero viejo y bastante cerrado que era, la idea de que las energías fuesen usadas para situaciones estúpidas no me agradaba, sean puras, rojas, azules de la salud o negras de la plenitud, ninguna debía ser malgastada en personas que no la sabían aceptar. Mucho menos cuando el cobro era unas manzanas semi podridas que no podían alimentar por más de un día. Un movimiento bastó para que los huesos de mi cuello suenen uno tras otro hasta hacerlos crujir en serie. Me llamé a silencio, agradeciendo de cierta manera que no pudiese ver mi rostro que seguramente hacía algunas leves expresiones de disgusto, algo que difícilmente podía verse en la cotidianidad. Me gustaba pensar que la herejía no tenía momentos felices o tristes, sino que vivía constantemente en un limbo de desesperación. Pronto el caballo se detuvo, apenas estábamos terminando de pasar el área de gitanos, aunque el ambiente era claramente más pesado. Una carpa estaba en un costado, no podía llevarlo a la mansión de una sola vez. ― La luna estará en media hora quizá. ¿Alguna vez has probado viajar astralmente al pasado? Eres un gitano, suelen hacer eso con plantas estupefacientes, pero les falta un activador, un hechicero. A mí me falta el camino. Baja. ― Apresuré a decir en lo que me volteaba para ver el rostro afeminado del muchacho una vez más.


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Re: Lumière dure [Ghenadie]

Mensaje por Ghenadie Monette el Lun Nov 28, 2016 10:21 pm



Lumière dure
sólo la luna es testigo del aliento del impuro
Calcabrina. Como procurando invocar un remoto recuerdo, la chispa de la incertidumbre destelló en el campo de su conciencia; creía reconocer familiaridad en aquel nombre, pero no encontraba justificación para tal juicio. Se preguntaba si le habría visto en un sueño, uno de aquellos que solía olvidar por el simple hecho de no corresponder con el permitido dominio de sus saberes. El destino jugaba con él a las escondidas, revelándosele en el momento preciso antes de volverse a ocultar y cuando él le encontrara de improviso, se esfumaba el recuerdo de su visión, porque el porvenir es caprichoso y se niega a permitir el conocimiento de una información que aún no está dispuesto a revelar.

Su captor expresaba interés en un campo que a él le infundía respeto, no era capaz de dejar a un lado aquel remordimiento que le advertía del peligro inminente; después de todo, los vivos no tenían por qué inmiscuirse en asuntos de los muertos, en cuestiones de un pasado que definía su presente y pautaba el sendero hacia el futuro. Podría suponerse que estar al tanto de aquello que aún no acontecía era embustero, pero Ghenadie no era culpable por su habilidad, era un simple canal de premoniciones que, bien sabía, podían llegar a alterarse.
La escolta de espíritus incrementaba el número de sus filas a medida que se adentraban en la región con mayores miserias; el gitano sentía la temperatura disminuir a su alrededor y debió sacrificar el soporte de una de sus manos para poder cubrirse el pecho en vano.

El cadáver de la manzana aterrizó en el suelo y se bañó con el polvo del que pronto pasaría a formar parte; resultaba casi irónico que aquel individuo hablase de desperdiciar la magia cuando era claro que jamás se había visto en una situación desesperada. Ghenadie no acogía envidia o desprecio en su espíritu y fue por ello que simplemente atribuyó aquel comentario a la ignorancia de un afortunado, en su mundo, cualquier atributo que pudiese traer beneficios debía ser empleado en toda ocasión, por muy denigrante que pudiera considerarse, con el objeto de prolongar la supervivencia siquiera un día más.
A veces desearía encontrarme en posición de decir eso mismo ―murmuró más para sí mismo que en respuesta a su interlocutor.

El recorrido pronto llegó a su fin y el joven albino debió abandonar su cómodo pedestal para dar comienzo a su cometido. En las inmediaciones solo existían indicios de desolación, débiles auras en proceso de extinción y un viento perezoso que rumoreaba sobre muerte. El miedo no era un sentimiento que Ghenadie acostumbraba a experimentar, pero de haber sido consciente de sus síntomas, posiblemente se encontrara aterrado en aquellos instantes.
Inspiró una bocanada de aire con completa convicción, la idea de llevar una cena abundante a casa aquella noche le aportaba ánimos, su madre esbozaba escasas sonrisas y uno de sus más destacados detonantes era el estómago repleto.
Se adentró sin miramientos en una tienda de paños corroídos, no sabía con qué se toparía en el interior pero le destinó poca importancia, cuanto antes pudiese concluir aquel ritual, menos riesgos correría a la hora de regresar con los bolsillos pesados. La noche era el velo que favorecía a los bandidos.

El aroma a inciensos penetró en sus pulmones, el sitio aún conservaba destrozadas pertenencias de su antiguo propietario aunque nada exhibía un valor razonable, seguramente hubiesen saqueado lo que pudiera ser vendido. La luz no penetraba en la tienda, los harapos pendían del improvisado techo obstaculizando el desplazamiento que los tres por cuatro pasos de extensión constituían del interior.
Resultaba casi imposible ver nada allí, pero el vestigio del aura que apenas refulgía en los objetos le permitió dar con una lámpara de aceite, claro que no restaba nada de combustible que emplear para encenderla, pero todo hombre de andanzas debía disponer con algo de resina en caso de emergencias. Extrajo, pues, un frasco de modesto tamaño de su morral, una de las manzanas se había golpeado y su débil complexión había colapsado para inundar el interior del bolso con su dulce fluido.
Bastó un escaso par de minutos para que la lámpara encendiera; el joven la colgó de un gancho que sobresalía de la estructura de la tienda, otorgando al escenario un lúgubre atisbo de luminosidad.
Tomó asiento sobre el suelo, cruzó las piernas y amarró su cabello a la altura de la nuca, procuró ignorar aquel mal augurio que le infundía encontrase en aquella situación, había dicho que llevaría a cabo la petición de Calcabrina y él siempre cumplía su palabra.
Nunca he viajado al pasado voluntariamente; tampoco he forzado las premoniciones con algún tipo de detonante aunque sí he empleado catalizadores, pero haré todo lo que sea necesario en esta ocasión.
Un escalofrío le recorrió la espina dorsal, era ya, pues, la hora indicada.
La Luna pronto ascenderá en el cielo ―sentenció, casi inmerso en un trance.



Ghenadie Monette
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Re: Lumière dure [Ghenadie]

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