Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Doreen Jussieu el Miér Sep 21, 2016 7:38 pm

“Tomar la decisión de tener un bebé es trascendental:
significa decidir que desde ese momento,
tu corazón empezará también a caminar fuera de tu cuerpo”


- Elizabeth Stone



Aquello había sido la tercera sesión de vomito en la mañana. Se sentía débil, muy cansada, queriendo dormir en todo ese momento, y además, nada le caía bien a su estomago, todo lo vomitaba. Llevaba un par de días así. Sus padres ya se encontraban preocupados. Doreen era una joven con un apetito excelente. Nunca se le negaba nada, muy por el contrario, en su casa la salud y alimentación eran fundamental, agregado a tener limpieza absoluta, y sirvientes que hacían los mejores platillos. En un principio creyeron que la comida era el factor importante al problema, con el tiempo se dieron cuenta que eso no tenía que ver, de ser así los demás seres que vivían bajo el mismo techo, estarían en las mismas condiciones. ¿Qué estaba ocurriendo?

Medio día. El vomito había cesado, parecía que estaba mejorando, sin embargo había decidido hacer una cita medica con el doctor de cabecera de la familia. Su estomago sonaba demasiado, así que decidió invadir un momento la cocina. Para su buena suerte Dorotea estaba preparando la comida.

Dorotea era el nombre que ella le había puesto a su nana. La realidad es que se llamaba Demetría, pero no le gusta, así que de cariño le decía así.

La nana de la joven la observó con clara preocupación. Se acercó a la rubiecilla para tomar su frente, pero no se encontraba nada mal, parecía normal. La observó de pies a cabeza, arqueaba de vez en cuando la cejas, y un par de veces suspiró negando. De lo mal que se sentía la jovencita, simplemente la ignoró, pero observó todo aquello que se encontraba en su cocina.

¿Puedes darme pan, queso y champiñones? — Cuestionó con el tono de voz débil. Parecía que en cualquier momento iba a desmayarse, pero sólo tenía hambre y necesitaba comer. Paciente esperó a que le calentaran el pan con el queso, y los champiñones los colocaran en un lado de su plato estéticamente cortados en rodajas. Cuando pudo oler la guarnición, Doreen sintió que las papilas gustativas le cosquilleaban. Sin querer salivó.

El carruaje la esperaba a las dos en punto de la tarde. El trayecto a aquel pequeño cuarto que simulaba ser un lugar en donde un doctor trabajaba, podía no ser muy lejano, al menos al transportarse en carruaje, porque sólo se hacía media hora en ese medio de transporte.

En el camino se durmió.

Para su buena suerte, al llegar a la clínica era la única paciente que había llegado. Aquello sin duda era raro, pero la hacía sentir más cómoda. Tocó la puerta, y una hermosa mujer de piel obscura la recibió, la jovencita la observó con fascinación aunque intentó disimularlo. No comprendía porque hacían menos a esos seres humanos. Su piel era preciosísima. Al menos antes sus ojos. El doctor la recibió con un cálido abrazo. Desde pequeña la atendió, y ahora que estaba embarazada sin duda la atendería el doble.

Sólo bastó hacerla sentar y le dijo en un abrir  y cerrar de ojos su diagnostico. ¿Cómo pudo? Aquel hombre era un hombre lobo, bastaba con agudizar su oído para poder apreciar a las dos criaturas frente a ella, sin importar que una estuviera dentro del cuerpo de aquella mujer.

Si no me equivoco posees tres meses — La joven quedó espantada. No sabía que hacer, ni mucho menos que iba a pasar después de que la noticia se supiera. ¿Cómo iba a tomar la noticia sus padres? ¿Su abuelo? ¿La sociedad? Bueno, los últimos poco le importaban, pero ¿qué iba a decir él?

Sin duda aquella noche sería La Noche, porque se habían quedado de ver en un restaurante importante de la ciudad. Regresaría a casa a descansar, tomaría un baño, se vestiría de forma impactante, y terminaría por afrontar aquella situación pasara lo que pasara.


Última edición por Doreen Jussieu el Jue Oct 20, 2016 8:27 pm, editado 1 vez



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Mensaje por Ulbrecht Diermissen el Vie Oct 14, 2016 2:01 am

A pesar de haber transcurrido un año desde que fue mordido, Ulbrecht no se acostumbraba a ciertas situaciones de su nueva naturaleza. El humo del tabaco le era aún más fuerte, y el sabor de cualquier licor le quemaba la garganta, como si fuera la primera vez que bebiera algo similar. Le desquiciaba un poco todo aquello; incluso, su oído era mucho más sensible. Y ni hablar de su carácter. Aunque el simple hecho de ser un militar le atribuía una personalidad compleja, ahora, siendo un licántropo, aquello se volvía mucho más agudo, quizá llevado a un extremo que estaba intentando controlar. Sabía la situación delicada del Sacro Imperio Romano Germánico; su familia era una de las más importantes y no podía defraudar a nadie. Su orgullo jamás se lo permitiría. Sin embargo, su peculiar, y reciente condición, solía causarle dificultades. Ulbrecht se veía obligado a viajar a Francia de forma clandestina, consultándole a alguien cercano sobre la licantropía. Consideraba el hecho de poder controlarla al cien por ciento en algún momento.

En alguno de esos viajes tuvo una que otra aventura. Dado su poco sentido de la responsabilidad con su vida sentimental, Ulbrecht no consideraba necesarios los compromisos, y mucho menos el matrimonio, para eso estaba Jannick. Pero siendo hombre, era común que tuviera alguna amante de turno. Aunque era algo muy esporádico a decir verdad; él era un hombre exigente y poco tolerante. Muy pocas mujeres lograron capturar su atención, y con la que más tiempo estuvo, justo se encontraba en París.

Doreen Jussieu. ¿Hacía cuánto no la veía? Quizás habían pasado más de tres meses, no lo recordaba exactamente. Estaba tan metido en sus asuntos que descuidaba otras cosas poco relevantes. No obstante, fue una misiva de ella que lo hizo cambiar de opinión.

Le sorprendía que Doreen lo citara. La conocía bien, ella no era de ese tipo de mujeres aburridas que buscaban tener a un hombre atado a su lado. Y se lo agradecía. Ambos solían equilibrarse bien. Pero, aún conservaba sus dudas. Ulbrecht no se encontraba del todo bien; el plenilunio empezaba a acercarse, consumiéndole internamente. ¿Acaso era el precio a pagar por tener un poco de poder? Si tan sólo hubiera sido un hechicero como su hermano, eso no estuviera ocurriendo. Quiso postergar su cita; sin embargo, sus deberes con la milicia también empezaban a quitarle tiempo, así que no tuvo más alternativa que aceptar reunirse con la mujer.

Fue llevado en coche hasta la zona en donde se encontraban los restaurantes más refinados de la ciudad. Vestía de manera adecuada para la ocasión, aunque sentía que tanta indumentaria le asfixiaba, y no era para menos, la bestia se hallaba más cerca. Sólo bastarían unos días más para derrumbarse en la ignorancia bajo la luna llena. Pensar en ello le causó malestar; pero no estaba ahí para lamentarse, sino por otra cosa –que todavía desconocía–. Sólo esperaba que la situación no fuera a pesarle. Ya estando en aquel restaurante, no había vuelta atrás. Un mesero lo dirigió a una mesa vacía; al cabo de unos minutos ordenó un café y continuó esperando un poco más.

Cuando creyó que había esperado suficiente, ella apareció. Ulbrecht la recibió con una sonrisa y besó el dorso de su mano como un caballero, ofreciéndole asiento.

—¿Y bien? ¿Por qué tan misteriosa? —Inquirió—. Ha pasado mucho; me sorprende que quisieras verme.



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Mensaje por Doreen Jussieu el Jue Oct 20, 2016 8:27 pm

Doreen siempre supo hacer sus actividades “indebidas” lejos del ojo público, nadie sospechaba de ella, se podría decir que era una hipócrita total, y no es que le importara demasiado lo que los demás pensaran de ella sin embargo si le importaba los sentimientos de sus seres queridos, por esa razón su comportamiento, hasta la fecha, y bajo el ojo público, siempre fue impecable. Sin embargo existían factores que no llegarían a ocultarse, lo evidente no se puede ocultar con un dedo, así como un bebé tampoco se podía omitir. El corsé era un factor en contra durante aquel proceso, y las ropas ajustadas también, ¿cómo le haría? Esconderse tanto tiempo no era la posibilidad, aunque quizás un viaje de negocios fuera de la ciudad le podría ayudar, no lo sabía, tenía muchas cosas con las cuales lidiar, sus pensamientos no eran claros.

¿Un vestido blanco o un vestido negro? Los colores podrían darle dramatismo a la situación. Sin embargo la llegada de un hijo no podía representar agonía, sino esperanza, aunque sin duda no iba a ser nada fácil. El blanco fue la mejor opción, así que no tardó en vestirse. No iba a un gran compromiso, sólo un encuentro.

Cómo “señorita” de sociedad, en aquel encuentro debía acompañarle alguna de sus doncellas, y así fue, Milenka, la más confiable, su amiga fiel sería quien descubriría su secreto.

Justo en el momento acordado, la rubia joven entró al restaurante, se sorprendió de la puntualidad de su acompañante, no lo creía un hombre protocolariamente correcto, mucho menos respetuoso con el tiempo de los ajenos, sin embargo agradecía su puntualidad, de esa manera no debían prolongar aquella situación, que no se trata más que de una sorpresa que no iba a ser bien recibida; muy segura de eso se encontraba la jovencita.

Extrañamente no temió por ella misma, quizá por eso su primera reacción fue acariciar su vientre plano, por el poco tiempo y su delgadez, su panza de embarazada no se había aún botado; nadie se había dado cuenta aún. La paranoia era su peor enemiga, y estaba claro por qué, un secreto de esa magnitud, y más aún, con consecuencias irreversibles, a todos los pone a la expectativa, con pánico y sobretodo a la defensiva. Después de aquel acto reflejo materna, soltó la zona y dio los primeros pasos hasta la mesa correspondiente.

Sólo bastó un suspiro para llegar frente a su amante.

Cómo era de esperarse Milenka la siguió con sigilo, se puso detrás de ella, pero no miró al joven que se encontraba en la misma mesa que ellas. Antes de sentarse, Doreen realizó la reverencia significativa. Mientras la joven realizaba tan respetable movimiento, el caballero se puso de pie y estiró la silla para darle el permiso correspondiente y la dama pudiera sentarse. Todo aquello sin duda aburría a ambos, pero dado que su estatus era responsable de seguir reglas especificas, tuvieron que aguantarse sus reales pensamientos y seguir las indicaciones bien aprendidas.

Llegué a creer que se encontraba ya fuera de la ciudad, incluso del país, fue una sorpresa para mi el poder encontrarlo. — Fueron sus primeras palabras para romper el hielo, no sabía como empezar, mucho menos por donde, aquello era extraño, inusual, y sin duda algo que creyó no iba a ocurrir hasta el momento en que se casara. Meses después, obviamente.

Un mesero llegó, lo que podía comenzar con ser una conversación poco original, fue gratamente interrumpida por un trabajador que recitaba de mala gana el menú que se ofrecía en aquel restaurante. La mujer pidió un poco de zumo de naranja y también cordero. Aunque su apetito cambió, lo cierto es que en ese momento parecía se había abierto.

Supongo que debo ser clara contigo, decirte del porqué te cité, la cosa no es sencilla, y de ti depende realizar un escándalo o cuidar tu imagen, porque para la mía hago lo correspondiente al traerte a un lugar público — Doreen estaba segura que él no se lo imaginaba, aquel hombre no había puesto atención a la existencia de aquel ser dentro de ella.

Estoy embarazada — Aquello fue un susurro que se perdió entre las palabras fuertes, sonrisas, risas, preparación de comida, y caminar de alguna que otra gente — Y es tuyo. — De eso no tenía duda alguna.



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Mensaje por Ulbrecht Diermissen el Mar Dic 06, 2016 5:17 pm

Aunque le gustaran las sorpresas, Ulbrecht tenía el presentimiento de que algo iba a cambiar repentinamente; ya no sólo tendría que lidiar con la licantropía, sino con algo más. Esta vez no se trataba de enemigos o problemas políticos, en lo absoluto, esos ni siquiera le eran tan importantes, pues podía resolverlos de inmediato. Ahora sólo le quedaba atender su cita de la mejor manera, fingiendo estar en las condiciones adecuadas para hacerlo. Lo haría por Doreen, porque, a pesar de todo, le tenía estima. Era de las pocas mujeres que se habían ganado su admiración.

Alguien había fumado un habano muy malo, su nariz lo percibió de inmediato, causando que perdiera la atención de su acompañante por unos segundos. Era un licántropo joven, apenas llevaba un año de haber sido convertido, y desde luego, tenía dificultades para adaptarse. Para colmo, las cosas empeoraban al acercarse el plenilunio; justo como ocurría en ese momento. Ulbrecht no quería ser grosero con Doreen, pero no estaba en sus mejores días, ni siquiera podía concentrarse en ella. Los olores, murmullos, ruidos, y demás, se acumulaban, atacándolo directamente a él. A la distancia, a alguien se le resbaló un cubierto, y el ruido del metal chocando contra el suelo, hizo que le zumbaran los oídos. Él simplemente se aclaró la garganta e intentó concentrarse.

—Dentro de poco regresaré a Hannover —respondió. El malestar se le marcaba en las facciones de su rostro; aun así, no quería sonar quejumbroso—. Sólo estoy de paso por París. Debía atender algunos asuntos.

Por alguna extraña razón, el aroma de ella había cambiado. Lo percibía diferente, y no comprendía del todo qué era. No se trataba de algo artificial, era la propia esencia de la mujer que tenía en frente. Pero al momento en que el mesero llegó, Ulbrecht decidió evadir aquella duda. Maldijo al hombre internamente por la interrupción e intentó fingir que se veía interesado en el menú, cuando en realidad, era lo menos que le preocupaba. Simplemente pidió cualquier cosa al azar, despachando al mesero lo antes posible.

Exhaló, intentando recobrar la calma.

—Que genio —murmuró, quejándose del pésimo carácter del empleado. Aunque él no podía criticar mucho—. ¿Supones? ¿Qué ocurre? Por favor, mujer. Sé un poco más clara —gruñó, volviendo a serenarse a los pocos segundos, o al menos hacía el esfuerzo—. Lo lamento, no me he sentido muy bien... Así que ahorrémonos la palabra escándalo, suficiente tengo con los de mi hermano. —Aquello sonaba más a una queja que a un comentario al azar.

Y finalmente el motivo salió a la luz, mucho más rápido de lo que creyó. Y es que Doreen era una mujer honesta, que no se andaba con rodeos de ningún tipo; tampoco se valía de mentiras para tener lo que quisiera, porque ya lo tenía todo. Ulbrecht se quedó perplejo, mirándola con la esperanza de que aquello fuese una broma. Pero no, detectó en su mirada que aquello era real. ¡Por eso tenía ese aroma tan diferente! Ahora todo tenía sentido. Sin embargo, él no estaba preparado para ello. ¡No estaba preparado para ser padre! Ni siquiera tenía pensado casarse alguna vez.

—¿Qué cosa? —inquirió, aún incrédulo de lo que había oído—. ¿No estás bromeando, verdad? Ese hijo no puede ser... mío. —Bajó la mirada y bufó—. ¿Cuánto tiempo tienes?



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Re: Existen historias que no necesitan lagrimas al ser contadas. | Flashback | → Privado.

Mensaje por Doreen Jussieu el Sáb Feb 04, 2017 10:30 am

De acuerdo a la época en la que estaba viviendo, Doreen parecía no comprender por completo el rol que debía desempeñar. Nunca le gustó ser una joven que reservara sus pensamientos, mucho menos si se trataba de sus sentimientos. Ella había nacido para ser diferente, para disfrutar, incluso aunque la sociedad se opusiera. Lo único que verdaderamente lamentaba, era el tener que llevarse entre las patas a su familia. Y es que ¿Para qué mentir? Incluso aunque un pez nade contra corriente, los daños se vuelven evidentes.

Un embarazo es un escándalo grave, incluso suele ser más trascendente que cualquier robo; que cualquier asesinato. La sexualidad era un tema que nadie tocaba, aunque todos aprovechaban con obscenidad. Nadie sabía su estado, además de su doctor obviamente, lo que le provocaba cierto pánico. Doreen había explorado su sexualidad desde muy pequeña, pero ese tema era especial, nada de que arrepentirse, un secreto bien guardado, pero como todo secreto la verdad sale a relucir en algún momento.

¿El entendería su situación? ¿La asumiría? La respuesta fue la menos deseada y la más esperada.

¿Qué me estás intentando decir? – Frunció el ceño, nunca disimulaba sus emociones, era una demasiado expresiva y transparente. – Pensé conocías un poco más de mí pero me equivoqué, tal parece que sí eres completamente físico, las emociones no rondan en ti – Se mofó, aunque fue más de ella misma que de él o de la situación, fue demasiado ingenua e ilusa. – Probablemente no haya sido una señorita en todo el sentido de la palabra cuando nos conocimos, sin embargo cuido mi cuerpo, disfruto de él, pero lo cuido, así que asumirás que al haber sido mi amante, solamente practicaba el acto contigo – Simple, directa, no había porque andarse con rodeos, ella estaba plenamente segura, aquel bebé era de él, llevaba meses sin retozar con alguien más.

Un par de semanas – Quizá aquella respuesta  debía darla, muy probablemente él querría hacer sus conclusiones, realizar un par de cuentas, pero aunque quisiera distorsionar los hechos, la situación era clara, se encontraba embarazada de él. – Por lo que he leído e incluso me han contado, hay formas de expulsar lo que traigo dentro – Su instinto fue llevar su mano a la altura del vientre y dar un par de golpecitos con los dedos. – La realidad es que no quiero hacerlo, me interesa tenerlo, tengo ganas de hacerlo, quiero ser madre, y no quiero morir intentando una tontería, asumiré las consecuencias – La tonalidad de su voz dejaba en claro su tranquilidad y también la seguridad que existía en su interior. – Si no quieres hacer lo mismo, lo acepto. Lo único que me interesaba era que supieras, mi hijo tendrá un padre, siempre serás tú, así que dependiendo lo que decidas, él sabrá la realidad que decidas – Se encogió de hombros, el infante no tenía la culpa de los errores ajenos; de sus padres, sin embargo no iba a mentirle.

Sintió la boca reseca, no le gustó la sensación y miró a todos lados en búsqueda de alguno de los meseros. En seguida se acercó uno y tomó su orden, sin embargo como es normal en cualquier embarazada, el antojo apareció. No perdió tiempo, simplemente ordenó pan caliente con un poco de leche, aunque indicó que le quitaran la nada. Los últimos días fueron los suficientes para que ella aprendiera que debido a su estado, aquello le provocaba nauseas, y casi el noventa por ciento de las veces, concluía en vomito.

Al retirarse el mesero simplemente sonrió, aunque en sus ojos el brillo se extinguió, ahora poseía fuego, el mismo que estaba a punto de avivarlo por su beneficio y el de su bebé.

Procesa el tiempo que quieras la noticia, sin embargo no puedes huir de ella, prefiero que me digas que no quieres permanecer conmigo; con nosotros, a tener que ilusionarme con un cuento de hadas que no existe y nunca existirá – Aunque estaba a punto de sufrir, prefería eso a vivir en mentiras que sólo la destruirían más.



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Mensaje por Ulbrecht Diermissen el Miér Abr 12, 2017 12:21 am

¿Qué haría? Es decir, realmente no estaba preparado para semejante responsabilidad. Si bien, desde que era chico tuvo que aprender a disciplinarse, incluso, ahora ostentaba un elevado cargo en la milicia, Ulbrecht no estaba dispuesto a formar una familia, para eso estaba Jannick, siempre lo consideró de ese modo. Sin embargo, la balanza no se inclinó a su favor esta vez; era complicado, aparte de tener que lidiar con los molestos cambios de la licantropía, el bullicio del lugar... ¡la vida misma le pesaba en ese instante! Había recibido un puñetazo en el estómago. De seguro, si su hermano contemplara dicha escena, estaría riéndose internamente, o quizá peor, le iba a recriminar por su error, denigrándolo al punto más bajo. Aquello era una broma de muy pésimo gusto, no podía estar pasándole, ¡no ahora! Se sentía enormemente frustrado, como si el vacío mismo estuviera por arrastrarlo. Quizá eso hubiera sido lo mejor en ese instante. Pero no, claro que no lo era, ¿en qué clase de cobarde se había convertido? En el peor, no cabía duda.

Mantuvo la mirada baja y el ceño ligeramente fruncido. Su fisionomía le permitía destacar esos gestos con mayor facilidad, pero, ¿de qué otra manera iba a estar? En otro caso habría estado feliz por aquella noticia. Todo se le hizo un lío por dentro; se sentía como un adolescente inseguro. Se cuestionó sobre sus sentimientos hacia ella, ¿de verdad sólo había sido simple desliz o había algo más? Su confusión era inminente.

—¡No te estaba intentando decir nada! —replicó con disimulo, evitando que otras personas escucharan. Guardó mesura en sus palabras, pero no podía dejar de mostrar su malestar—. Creí que estabas al tanto de nuestra situación, Doreen. No me vengas ahora con reclamos, por favor. —Hizo una prolongada pausa. Respiró hondo y exhaló repetidas veces, las necesarias para retomar el hilo de la conversación—. No se trata de que seas una señorita o no, eso bien lo sabes. Tú decidiste estar conmigo y yo no lo juzgue, porque eres libre de tomar las decisiones que quieras, sin embargo —le miró profundamente a los ojos—, esto escapa de mí. Es inesperado, algo que nunca estuvo en mis planes. ¿Puedes comprenderlo?

Volvió a fijar la mirada en la mesa, perdiéndose en algún ciego, mientras sopesaba en silencio los hechos y esas palabras que, por alguna razón que ignoraba, se clavaron como dagas en su pecho. La noche empeoraba, o mejor dicho, se volvía menos soportable para Ulbrecht. Por más que creía hallar salidas, terminaba tropezándose. ¡Maldita sea! Tampoco quería deshacerse del bebé.

—En ningún momento te di a entender que te deshicieras de él, sólo pregunté por el tiempo de gestación. —Había heredado el tono rígido de su padre, el mismo que usaba con cadetes y soldados; con sus subalternos. Parecía más un regaño que otra cosa—. Sabes que... yo no sería el ejemplo fidedigno de una figura paterna.

Sentenció, no por gusto, sino porque sintió que algo se atascó en su garganta. Miró al mesero, le hizo una seña para indicarle que no quería nada, y a la par que éste continuaba con su faena, Ulbrecht meditaba lo que vendría luego. Realmente no estaba preparado, era muy pronto. Ahora entendía las razones de su padre para no elegirlo como máximo representante de los Diermissen; seguía siendo un crío.  

—Los cuentos de hadas no existen —habló finalmente. Fue tajante en todo sentido—. Soy un militar, Doreen. Estamos en tiempos de guerra; también, las cosas para los sobrenaturales, indiferentemente de su estatus social, se están haciendo complicadas. ¿Y si llego a morir? ¿Quieres qué tu hijo viva con el triste recuerdo de un padre muerto a que sea feliz? No puedo quedarme toda la vida con ustedes, tengo responsabilidades que no puedo descuidar. Sé que serás una madre maravillosa, pero yo no puedo ser el padre que quieres.




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Re: Existen historias que no necesitan lagrimas al ser contadas. | Flashback | → Privado.

Mensaje por Doreen Jussieu el Lun Mayo 01, 2017 3:25 pm

¿Acaso existía algún padre que fuera el modelo perfecto, la figura ideal? Nunca se preguntó eso. El suyo había sido bueno, lleno de virtudes y con un gran amor incondicional hacía ella. Supo conformo iba creciendo, que su padre llevaba la cantidad de defectos equitativos a su lado bueno. Un ser humano, eso fue, eso había sido, por eso no se le debía de juzgar. Hasta ese momento comenzó a comprender los reclamos, frustraciones, gritos y peleas de su madre. No se trataba de ser la figura paterna perfecta, se trataba de ser, simplemente ser con el corazón.

Doreen se imaginó todos los escenarios fatalistas que podían existir. Sabía que el varón no sería capaz de responder de forma favorable, pero su negativa la acompañó con gritos, insultos y escenas despedidas de reclamos. Su imaginación quizá se le fue por las nubes.

Ulbrecht estaba asustado, sí, se encontraba confundido y parecía no poder creer el momento que estaban pasando, sin embargo su serenidad la estaba sacando de sus casillas. Ella no era una mujer paciente, mucho menos comprensiva, el dolor acompañado del rechazo le causaba malas emociones, mismas que seguramente le harían guardar odio, si bien le iba sólo un poco de rencor. ¿Qué ser humano era capaz de no querer velar por su hijo sin antes haberse arriesgado? No era un caballero, sólo un pobre bandido escondido en el uniforme de un héroe nacional. Le causó un gran asco; sintió una gran punzada en su vientre.

Negó un par de veces avergonzada, no por ella y las prontas palabras que le dedicarían. Frases completamente llena de prejuicios tontos y vacíos. Sintió pena por él, porque a final de cuentas se quedaría solo y sin conocer lo que era el verdadero significado de la vida.

- Nadie fue, es o será la imagen paterna predilecta, todos tenemos la dicha o desgracia de tener una distinta, eso es lo fascinante del mundo. De las coincidencias de la vida, creí que ya lo sabías. – Suspiró pesadamente, aunque ella no llegara a acertarlo, la esperanza vivía en su interior, se trataba de una flama muy chiquita, pero seguía existiendo, o al menos hasta ese momento – Te repito. Sólo quería que lo supieras, tenías derecho de saberlo, no soy quien para esconder a tu hijo, menos de tu. La mitad de su ser se formará por ti – Sonrió con clara melancolía.

Miró por un momento a su alrededor, se dio cuenta que la vida estaba hecha de grandes o devastadores momentos, que algunos de ellos menos impactantes, pero siempre se clasificaban así. Ese instante no sabía cómo clasificarlo. Podría ser bueno, quizá el simplemente le estorbaría, o podría ser malo, un niño sin padre resultaba ser peligroso, los prejuicios se encontraban a la orden del día.

- Este momento es el primero y el último, no habrá más. No podría rogar tu atención, tus cuidados, o tu cariño. Ni el bebé ni yo lo merecemos, sería la más grande humillación. Tomando en cuenta que es nuestro último encuentro sólo queda disfrutar lo poco maravilloso que sea. Lo guardaremos en nuestras memorias – Sonrió. No podía recriminarle nada. Nunca hubo más allá entre los dos. Sólo fueron simples encuentros carnales. Deseos de dos seres humanos que necesitaban controlarse.

Doreen se detuvo en su mirada. Quería poder entrar en su mente y conocer que pensaba por completo.

- ¿Quisieras escoger el nombre? – Una sugerencia que podría ser inocente o una especie de sentencia.



"“Este es mi gusto, no un buen gusto, no un mal gusto, pero sí mi gusto, del cual no me avergüenzo ni lo oculto. Este es mi camino, ¿dónde está el suyo?”
"
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Doreen Jussieu
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