Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Let Me In Into You ~ Privado

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Let Me In Into You ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Miér Sep 28, 2016 8:42 am

Habían pasado unas semanas desde la última vez que había visto a Haytham en aquella casa, lo que aconteció aquella noche fue algo que todavía perduraba en mí memoria. Había dos cosas diferentes de aquel recuerdo, una que me gustaba y otra… que me tenía confundida. Cuando acepté aquel trabajo lo hice pensando que quizás, aquel hombre, pudiera tener alguna esposa, algún hijo y pudiera estar incluso prometido. Pero a diario tenía que lidiar con hombres que rompían sus votos y en aquel lugar eran unas personas completamente diferentes… si seguí con el trabajo, aparte de que gracias a él iba a saldar mí deuda, era porque lo que hacía por él… no tenía nada que ver con el ámbito del sexo.

Parecía alguien aferrado a un recuerdo doloroso y del cual le costaba desprenderse, parecía un hombre atormentando por sus recuerdos y por la falta de una persona que, en cierto modo, quise ayudarle. Las noches que pasaba allí eran diferentes de lo que hubiera pensando que podría ser; tan sólo tenía que acicalarme el pelo, ponerme un perfume, una bata de seda preciosa y… dormir, velar el sueño de aquel hombre que al principio ni siquiera se acercaba y me tocaba, pero con el paso del tiempo comenzó a acercarse más y más, a acariciarme de forma suave hasta que finalmente me rodeaba con sus brazos y hundía su rostro en mi pelo.

Lo había visto muchas noches teniendo pesadillas, hablar en murmullos y moverse mientras soñaba y yo lo único que hacía para aliviarlo era acariciar su rostro de forma suave, al igual que su brazo, y comenzaba a calmarse hasta finalmente volver a dormir tranquilo. Notaba que se aferraba a mí, o más bien, a la persona que no podía dejar atrás como si fuera lo único que le calmara en la vida… así era cómo me sentía a su lado; como un bálsamo para él. Y no me importaba pasarme noches enteras vigilando su sueño y acariciando su rostro, apenas era un hombre de palabras que notaba que intimidaba a todo el mundo con la mirada… pero a mí no, no cuando era yo quien lo calmaba.

Quise hacer aquel trabajo porque a mí no me suponía nada dormir algunas con él y velar su sueño, muchas veces me había quedado durmiendo y me había despertado entre sus brazos, aferrándome con fuerza, y con su rostro escondido en mí pelo, respirando de forma tranquila y pausada. Me separaba de él todo lo suave que podía y abandonaba aquel lugar sin hacer ruido posible y sin que nadie me viera. Pero la última vez había sido muy diferente por varios motivos. Había sabido su nombre y, lejos de pasar la noche como las demás, aquel hombre se abrió de una forma a mí que jamás llegué a creer que podría pasar.

En sus ojos podía notar el deseo que surcaba su cuerpo y que posteriormente, como su bálsamo que era, yo apacigüé con mí cuerpo entregándome a él. Muchas habían sido las veces que quise tenerlo, besar esos labios que tanto me habían llamado la atención y perderme en él… pero jamás lo vi algo factible y que pudiera pasar, así que aquella noche cuando fue él quien dio el paso… me sorprendió. Por fin me vio a mí y no a la mujer que quería recordar, esa noche sentí que realmente se dio cuenta y se fijó en mí como Naitiri y no el fantasma de su pasado. Sí, su cuerpo buscó el mío de forma algo desesperada ante el deseo que lo consumía y yo disfruté de finalmente tenerlo para mí. Sentir que luego me envolvía entre sus brazos, de forma tranquila, me llenó a mí también de paz… hasta que todo cambió en cuestión de segundos.

Nunca llegué a pensar que Haytham podría tener a otra mujer en su vida, porque lo veía demasiado reticente a tocar a otras personas o a que le tocaran… parecía como una bestia enjaulada que saltaba con demasiada facilidad cuando lo hacían, y el huracán que entró por la puerta fue algo que me descolocó bastante. No supe la relación que podrían llevar pero había estado bajo el yugo de personas que me tenían como de su propiedad, y las palabras de ella más la forma en que lo trataba y su mirada… bastaban para decirme lo que pasaba. ¿Sería Haytham esclavo de aquella mujer y por eso lo mantenía todo en secreto? Cuando las personas se creían que eran tú dueño no soportaban que nadie tocara lo que fuera suyo.

Y quise decirle muchas cosas a aquella mujer, de alguna forma, devolverle los insultos pero ¿habría servido para algo? Claro que no, ver la tranquilidad con que él actuó fue algo chocante pero que consiguió salvar mí ropa. Su mirada decía mucho más de lo que podía expresar con palabras y me marché de allí, temiendo lo que pudiera pasarle por mí culpa. Todo este tiempo me sentí mal por él, no había vuelto a saber nada y esa vez fui yo quien decidió dar el paso. Localicé a los hombres que me colaban en aquella casa y les pedí que le entregaran aquel mensaje en forma de carta, que lo hicieran cuando lo vieran a él a solas ya que quizás si la veían con la otra mujer el mensaje ni siquiera llegara a sus manos.

La carta no decía mucho, no sabía muy bien todo lo que quería decirle y prefería hacerlo en persona, tenerlo delante de mí y comprobar que estaba bien, que por aquello su pago no había sido muy alto porque estaba claro que de aquello no iba a salir impune. Me pregunté quién era aquella mujer y por qué lo tenía a él de aquella forma cuando, parecía, que era un hombre libre. Simplemente lo citaba aquella noche, en una cafetería algo discreta y que pertenecía a mí amiga, que no estaba en el centro de la ciudad para hablar tranquilamente. Realmente estaba preocupada y el hecho de no saber nada de él me tenía aún más preocupada.

Miré hacía abajo donde tenía una taza de chocolate caliente entre mis manos, todavía se podía notar el frío de la noche y aquella taza calentaba mis manos, mientras esperaba a que se enfriara un poco y el chocolate no quemara tanto. Ni siquiera sabía si había recibido la nota, si le había llegado bien o si podía acudir a aquella citación. Verlo fuera de aquella casa iba a ser algo extraño para mí, sabía que era hombre de pocas palabras –apenas conmigo había hecho un par de frases que no fueran para darme alguna orden- pero quería quedarme tranquila, conocer un poco más de aquel hombre si es que me dejaba traspasar las barreras y los muros que se había impuesto frente a los demás. Tan sólo quería que me explicara qué había pasado… y conocerlo un poco más. Suspiré perdida entre aquellos pensamientos...



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Re: Let Me In Into You ~ Privado

Mensaje por Haytham Cross el Jue Sep 29, 2016 6:23 am

No sabía desde cuanto lo básico y sencillo de su vida se había truncado ahora lleno de complicaciones personales. Desde hacía diez años y desde que había iniciado aquella nueva vida, se había limitado a la servidumbre, por así llamarlo, no había más gusto que el del Señor Cavey, no había más problemas, que los que resolver para el Señor Cavey. Se había limitado y vivido por su trabajo a cambio de unas pequeñas migas de lo que fueron recuerdos.

El Señor Cavey era reminiscente en revelarle con totalidad los recuerdos del pasado. “La verdad puede ser más cruda… Te podría destruir en esa mente tan frágil que tiene”. En sus primeros años había pensado que todo aquello era para atarlo, mentiras y más mentiras, para que aquel sirviente no se marchase de aquella casa. Pero después de la muerte de su Amo, ahora comenzaba a sentir dudas sobre la veracidad de sus palabras, si sería cierto que era mejor dejar el pasado donde estaba y empezar a coger las riendas de su vida.
Con aquel giro de acontecimientos y cambiar en cierto modo su concepto sobre Valeria, parecía como si la vida le obligase a la fuerza a coger las riendas y como si necesitase ya saber aquella verdad fuese cual fuese, aunque le enloqueciese.

Valeria había dejado de ser la niña de 10 años que le tenía miedo, cuando aún portaba todas aquellas vendas, heridas y no era capaz de caminar por sí solo, ya no era la inocente, la temerosa, la dulce… Se había convertido en un ser caprichoso y cruel. En aquellos últimos días sintió el temor que de algún modo dañase a su habitual compañía nocturna, por celos y fantasías que solo creía por sí sola.

Y allí llegaron noticias de ella, sin previo aviso, en forma de nota. ¿Cómo había conseguido acceder a él? ¿Había sido descuidado? Lo cierto era que sí.

Caída de una noche de otoño que se tornaba con viento. Pronto supo el lugar del encuentro, pero bien alargado el camino para asegurarse que no lo seguía, ya que, en días posteriores al incidente, le había dado la sensación de que alguien le había estado siguiendo. Él era bueno en su trabajo, y eludir, ocultar y la discreción entraba dentro de su campo.

No sabía porque, pero quería volver a verla. Desde aquella noche una puerta abierta que en demasiados años no había sido desvelada. Sentir el deseo por otra mujer, o pensar en el mero sexo, había quedado fuera de sus prioridades y del gusto. Es más, por un momento pensó que después del accidente había perdido el cierto apetito y apetencia hacia el sexo débil.
Ella era la única que había conseguido que conciliará sus noches con paz, sin exigirle palabra o roce, y luego había sido comprensiva y paciente con respecto a sus desvelos.

Por fin llego al lugar citado, sentada en una de las mesas, un ademán de saludo con el rostro. El sombrero quitado a modo de cortesía, y sus ojos miel que le observaban.
Hombre de pocas palabras como siempre.

-¿Has tenido algun problema? -Habló por fin.



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Re: Let Me In Into You ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Sáb Oct 01, 2016 10:34 am

No sabía cuánto tiempo llevaba allí sentada en aquella silla, con el chocolate que ya estaba algo menos caliente y del cual podía comenzar a tomar ya que no quemaba, había llegado un poco antes de la hora citada y la espera se me estaba haciendo eterna. Más que nada porque ya había pasado un rato desde la hora en la que habíamos quedado y me debatía entre irme o quedarme un rato más. No tenía ninguna forma de saber si le había llegado la carta, si estaba bien, si podía venir si… realmente no sabía nada. Simplemente me había encargado de buscar a aquellos hombres que no fuera una tarea muy difícil, pues sabía perfectamente dónde buscarlos, entregarles aquella carta y esperar a que él la recibiera sin ningún incidente y percance.

Ni siquiera yo misma sabía por qué le había mandado aquella nota, o si lo sabía y en verdad no quería pensar en el motivo. Quizás lo mejor hubiera sido olvidarme de todo aquello, hacer como que aquellos meses jamás había pasado nada de aquello y seguir con mí vida… pero no podía hacerlo, algo dentro de mí me pedía a gritos que intentara hallar algo en aquel hombre. Suspiré mirando la taza que tenía entre mis manos, ¿intentar hallar algo? Seguramente aquello fuera como intentar apagar un volcán a punto de erupción… imposible. Como querer bajar las estrellas, cosas que solo se podían desear pero no se podían llegar a cumplir.

En los meses que había estado con aquel hombre jamás había intercambiado palabras más que para darme “órdenes”, nunca me había preguntado nada más allá ni se había interesado por mí… entonces, ¿por qué sentía que debía de hacerlo? Más allá de la preocupación existente por lo que aquella mujer pudiera hacerle no encontraba ni hallaba respuesta del por qué estaba haciendo. Quizás con mandarle aquella nota y que me hiciera saber que estaba bien debería de haber sido suficiente, al menos ese fue mí pensamiento cuando pensé en escribir aquella nota… sin embargo, lo que había salido escrito había sido otra cosa mucho más diferente. Lo había citado para verlo, y ahora me encontraba esperándolo.

Sabía que la parte curiosa que había en mi, esa que siempre me llevaba por caminos desconocidos con resultados inesperados, estaba a la espera de sacar más información de ese hombre. Había notado, en nuestro último encuentro, que había abierto una pequeña puerta a su interior… pero para darme cuenta de que, a pesar de las barreras y murallas que ponía desde fuera, tenía muchas más dentro. Y yo quería desentrañarlas todas, quería llegar de verdad al fondo de aquel hombre, porque notaba que podía llegar hasta él. El cambio que había tenido conmigo las últimas veces que había estado con él, especialmente la última, era algo que me animaba en cierta forma a querer descubrirlo. Aunque pensara que era una cruzada algo imposible, y que quizás, por mucho que yo intentara penetrar en sus barreras… jamás llegaría a conseguirlo.

Cogí la taza y la llevé a mis labios para dar un sorbo de aquel chocolate, estaba justo como a mí me gustaba, templado, en su punto justo. Cuando dejé la taza sobre la mesa y limpié mis labios del chocolate que había en ellos con la lengua levanté mí rostro y mis ojos se toparon con la figura que tenía delante. No me había dado cuenta de que estaba ahí parado ya que estaba más bien metida en mis pensamientos, no sabía desde hacía cuanto estaba ahí, pero mis ojos se encontraron de nuevo con los suyos. Verde contra miel. Verlo de aquella manera, fuera de aquella casa, era algo que me estaba resultando realmente extraño. Jamás pensé que podría llegar a verlo fuera de aquel lugar, ambos completamente vestidos, y sin la intención de pasar la noche juntos y quedarme a dormir como estaba acostumbrada a hacer cada vez que iba con él.

Lo observé de forma fija y me alegré de que hubiera acudido, pude ver que estaba bien y no había rastro alguno –al menos exteriorizado- de que le hubiera hecho algo aquella mujer, pero estaba convencida de que había pagado un precio por estar yo allí… y sabía que no era dinero precisamente. Ahora que lo tenía delante ni siquiera sabía por dónde debía de empezar, y su pregunta me hizo mirarlo de forma más fija durante unos segundos. Se me antojó adorable la preocupación y le sonreí de forma sincera y tranquilizadora, no queriendo que pensara que lo había citado porque algo me hubiera pasado a mí.


-Siéntate, por favor –pedí de forma suave esperando a que aquel hombre se sentara enfrente de mí y pidiera lo que quisiera tomar, si es que quería algo, mientras lo recorría con mis ojos. Seguía igual que siempre, con el pelo de aquella manera, sus ojos que me miraban ahora de forma algo diferente sintiendo que me veía a mí realmente, con aquella barba tan característica de él… me mordí el labio durante unos segundos, llevé mis manos de nuevo a la taza y las dejé ahí- Me alegra que hayas podido venir, no estaba convencida de que… vinieras –dado a que no le gustaba que le tocaran demasiado podía intuir que tampoco le gustaba estar demasiado con otras personas, así que aquello ya era un paso- Tranquilo, no ha pasado nada. Yo… quería saber que estabas bien. Me tenías preocupada al no saber nada de ti –preferí ser sincera, como siempre había sido, y decirle realmente por qué estaba allí- No te he citado porque me pase algo o tenga algún problema, estoy bien –los tenía pero no tenía nada que ver con lo que había pasado- Estaba preocupada y no he dejado de darle vueltas desde que me marché de aquella casa, quería saber que estabas bien y que aquella mujer no te hizo… daño –esto último lo susurré de forma leve, como si no quisiera decirlo en voz alta. Yo también había sido esclava y sabía lo que un “amo” podía hacer cuando se sentía traicionado por aquel que consideraba suyo- Haytham, yo… -me mordí el labio unos segundos y dejé de forma suave una de mis manos sobre una de las suyas- sólo quería saber que estabas bien, e intentar comprender que es lo que ha pasado, llegar a comprender lo que sucedió, aunque no sea la más indicada para pedírtelo –porque no iba a exigirle nada, eso sería que retrocediera y en este asunto quería que diera un paso hacia delante… pero que lo diera por él mismo. Si quería llegara él, debía de ir poco a poco... paso a paso. 


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Re: Let Me In Into You ~ Privado

Mensaje por Haytham Cross el Vie Oct 07, 2016 4:43 am

Se le notó impaciencia y preocupación hacía su persona, o al menos sus gestos denotaban aquello. Sentimiento extraño en el interior del bruto, reconfortante e indescifrable, ya que no había conocido en mucho tiempo persona que posase sus ojos sobre él, como si de un ser humano con emociones se tratase.

Se acercaron para tomar nota, con un ademán él rechazo tomar algo, aquella noche no estaba para tomar nada, tenía el estomago y el gusto bien cerrados.

Sus manos sobre la mesa, una de ellas vendada, y otra un tanto magullada, gajes del oficio, podría decirse. Debía de haber tenido un día un ajetreado parecía un tanto cansado.

Ella finalizó de hablar y él no contesto enseguida, mientras lo hacía miraba a través del cristal, la escuchaba con toda su atención pero a la vez su gesto y ojos parecían distraídos por otros pensamientos.


-Se acerca tormenta... -Suspiró mirando como los toldos de otros cafés recogidos luchaban contra un viento que traía una noche gris.

Mirada tibia del verde y relajada, dirigida a su acompañante, y luego lo que pareció una tímida sonrisa en sus curvos labios.


-Me reconforta que te encuentres bien. -Si, ahora la tuteaba, ¿por qué, no? Hacía demasiado tiempo que esa formalidades debían de haber acabado, ya que llevaban meses compartiendo momento efímeros y muy íntimos para él. Seguro que ella no tenía un cliente como aquel, que simplemente la contrataba para que durmiese a su lado. -Sinceramente no sabía si iba a poder llegar, desde lo ocurrido me siguen de cerca, al parecer quieren controlar mis pasos, para creo...llegar a los tuyos. No debes de preocuparte por mí, aunque si por ti.

De nuevo calló, bastantes palabras su lengua estaba pronunciando, aquello era lo más parecido a una conversación ajena a su oscuro mundo de violencia y ordenes, que había tenido en años. Era un hombre debido a su trabajo, un perro que mendigaba por un trozo de carne.



-Si lo que estas pensando es que alguien me tiene "esclavizado". -Se lo había intuido, sería un hombre retraído pero no un necio. -No lo soy, pero si soy esclavo de un contrato con ese familia, y particularmente con esa "niña", la cual, ahora esta deseando arrancarte la cabeza... -Sin querer puso gesto divertido, no sabía porque, pero ver a aquella furia celosa, le parecía divertido dentro de su peligrosidad.-Tuve un accidente, y pedazo de mi mente se fue con el mar, ellos me salvaron y tenemos un trato. Yo obedezco y ellos me dan un pedazo de "historia"... Así de simple.

Arrebatos de sinceridad, ella le daba confianza, le daba ese calor que tocaba un poco de su interior. No sabía por qué, pero era así de sencillo.
Había sido dulce, paciente, y valiente, porque cualquier mujer no se hubiese atrevido a tocarle o tratar con él. Él era consciente de como ellas le miraban, era una mezcla entre fascinación y miedo, ya que aquel enorme hombre imponía."¡Suerte del hombre que pudiese estar al lado de una mujer como aquella!" Pensó



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Re: Let Me In Into You ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Lun Oct 10, 2016 9:01 am

Siempre había tenido mis reservas sobre si vendría aquella noche o no, salvo entregar aquella carta no había podido haber hecho nada más. Tampoco puse que esperaba confirmación o algo parecido, simplemente que lo citaba allí y yo allí ya me encontraba. De alguna forma me encontraba rogando porque acudiera, había muchas cosas que quería saber sobre aquel hombre, y ver que había podido llegar un poco a su interior aunque fuera de forma efímera… era algo que me atraía a conocer todavía más. ¿Era una causa perdida? Quizás fuera algo que nunca llegara a poder hacer con aquel hombre, pero si no lo intentaba jamás sabría la respuesta, y me hubiera quedado siempre con la duda.

Sabía que no iba a ser fácil, sabía que iba a costar porque algo dentro de mí me decía que aquel hombre iba a ser tan reticente a la hora de contarme algo sobre que me costaría poder llegar hasta las respuestas que buscaba. Algo me hacía querer saber y averiguarlo, durante todo aquel tiempo que había pasado con él había aprendido a leer su lenguaje corporal… había sido algo relativamente fácil si sabías cómo hacerlo. Quitando que no le gustaba demasiado que le tocaran, podía ver si debía de continuar con cierto tema o podía continuar por ese camino.

Lo observé cuando lo tuve delante de mí, tan alto e imponente como siempre, algo que a mí no me afectaba en lo más mínimo. Recorrí su rostro todavía sentada en la silla como siempre hacía cada vez que iba una noche a su encuentro, sus ojos de color verde sobre mí, esa barba que siempre llevaba propia de él y… fue entonces, que me fijé en sus manos. Hasta ahora no había recaído y me fijé en que una la llevaba vendada –a saber por qué- y en la otra tenía magulladuras. No dije nada, simplemente lo observé sentarse y no pedir nada mientras yo tomaba algo más de aquel chocolate que había pedido.

Me parecía idílico tenerlo delante de mí, en mitad de un café, cuando siempre lo había visto en aquella casa. Me alegré ver que había podido venir y suspiré levemente quitando parte de la tensión y el nerviosismo que había sentido al pensar que quizás no pudiera venir. Me alegraba verlo, dentro de lo que cabía, que estaba bien. Ahora que lo tenía delante de mí y mucho más cerca, me fijé en la expresión de sus ojos. Me miraron como si quisiera comprobar que yo también estaba bien y sonreí de lado por aquello ante aquel gesto. Pese a eso no pasé por alto lo que mostraban sus ojos… parecía que algo le atormentaba y podía ver lo cansado que se encontraba, incluso así, había venido hasta aquí en aquellas condiciones. Iba a hacer que aquello valiera la pena.

Me mordí el labio tras al hablar notar que sus ojos estaban fijos en el cristal que había tras de mí, miré hacía atrás y pude ver cómo el viento movía los toldos y unas gotas pequeñas comenzaban a caer sobre el cristal de aquella cafetera. Parecía inmerso en sus recuerdos y aunque quise saber qué era lo que estaba pensando, me mordí el labio otra vez, y lo dejé mientras lo miraba. Parecía ausente y no supe si me había escuchado o no al estar mirando por la ventana.



-Haytham –lo llamé cuando sus ojos se posaron sobre los míos, con aquel verde brillando que ahora parecía más relajado tras dejar de mirar el cristal y… ¿eso fue una sonrisa? Era la primera vez que le veía hacer aquel gesto en todo el tiempo que estaba con él, y me hizo sonreír a mí también. Reí levemente sin perder la sonrisa al ver que ya no me trataba como si fuera una extraña, yo había empezado a tutearle hacía tiempo pero él nunca lo había hecho… hasta ahora. Me pareció algo raro al principio, pero me gustaba más que se dirigiera a mí de esa forma- Yo también me alegro que estés bien –miré sus manos, de las cuales, no podía decir lo mismo. Sus palabras me hicieron mirarlo con cierta duda, ¿le habían estado siguiendo? Me pareció de lo más adorable que me dijera que debía de preocuparme por mí más que por él, si me decía aquello, era porque quizás no quisiera que me pasara nada. Él me había encontrado, quizás aquella mujer también lo haría y ¿qué pasaría? Él parecía que no quisiera que me encontraran y de ahí sus palabras, quizás por esto incluso había tardado más. No sabía por qué uno podía notar que le estaba siguiendo, pero estaba convencida de que si sabía que había una mínima posibilidad de que nos pillaran… él no habría entrado al café entonces- No creo que puedan encontrarnos. Sé que de hacerlo no hubieras entrado por esa puerta –era un hombre cuadriculado que tenía bajo todo su control, bajo su dominio… dudaba que algo pudiera escapársele porque era algo que no le gustaría.

De alguna forma quería saber lo que le había pasado tras haberme ido yo de aquella casa, tanto tiempo sin saber de él me había puesto en lo peor y verlo delante de mí estando bien era algo que me aliviaba y me alegraba bastante. Quizás no se había puesto en contacto conmigo para que no pudieran dar conmigo, si lo tenían vigilado como él decía, aquello sería una clara información sobre cómo encontrarme. ¿Por qué tenía que vivir de aquella forma? Sabía lo que podía ser aquella mujer para él, había estado esclavizada tantos años que reconocía a un amo, o un ama, en cuanto los veía. La forma de actuar, el tono de voz, el creerse por encima de todos, los aires de arrogancia y de posesión… eso es lo que yo había visto aquella noche de esa mujer.

Lo miré cuando me dio a entender que pensaba que era un esclavo, aunque no lo hubiera dicho con palabras, sí, claro que lo pensaba. Dejé que hablara sobre aquello pareciéndome extraño que me lo dijera y que pudiera decirme tantas cosas cuando a mí apenas me había dicho nada, ni contado nada. Pero eso debía de significar algo y no busqué qué podría ser, lo escuché decir que tenía un contrato con aquella familia y me mordí el labio, sabía también lo que era tener un contrato, yo misma “tenía” uno con la Madam del burdel, y no podía liberarme así como así de él. Enarqué una ceja cuando dijo que quería arrancarme la cabeza, ¿de verdad? Algo que no me extrañaba para nada, seguramente, aquella “niña” como él decía lo quería solamente para ella y no podría soportar que nadie salvo ella lo tocara. Un comportamiento de lo más típico.



-¿Crees que podría llegar a hacerlo?
–Pregunté mirándolo en la leve pausa que hizo tras decir aquello- Hacerme daño –puntualicé aunque seguramente sabría a lo que me estaba refiriendo- ¿Por qué querría hacerlo? –Aunque yo ya sabía la respuesta, quería oírsela decir a él. Suspiré tras aquello y miré la taza de chocolate del cual quedaba más o menos la mitad y… alcé mis ojos para verlo tras sus últimas palabras, sorprendida por ello. Era la primera vez que me contaba tantas cosas y me abrumó el hecho de saber aquello. Era triste, era muy triste que aquella mujer tuviera pleno control sobre él y que le diera la información en pago por sus servicios… no me quería ni imaginar de qué tipo de servicios se trataban. Lo miré tras aquello, pareciéndome una historia oscura y triste, ¿por qué todas las personas que conocía tenían un pasado oscuro y triste? Quizás era porque nos atraíamos unos a otros por aquello que habíamos pasado aunque nosotros no nos diéramos cuenta. Llevé mis manos a una de las suyas, la que estaba magulla, y la envolví entre las mías mirando las heridas que tenía y pasando mis pulgares de forma leve sobre aquella piel castigada, como una caricia- Lo siento mucho, Haytham, siento que hayas tenido que pasar por todo eso –mí vista seguía en su mano hasta que me decidí a mirarlo. Me sentía triste y se me encogía el pecho de solo pensarlo… no podía ni imaginar cómo tendría que ser despertar un día y no recordar ciertas cosas, y que además, tuviera que servir a alguien para que me completaran los fragmentos que había perdido. ¿Y si aquellos fragmentos no fueran ciertos? Él no tendría modo de saberlo y, aún así, los creería sin duda alguna- Parece que la vida quiera juntar siempre a personas con pasados oscuros, ¿con qué intención? Lo desconozco –él, al igual que yo, no éramos muy diferentes en el fondo. Su pasado era oscuro como el mío y ambos servíamos a otra persona por motivos diferentes; él conocer la verdad, yo ganarme la libertad. Parecía que él lo tenía asumido porque lo había dicho como si me estuviera contando qué había dicho aquel día.

Me sentía abrumada por aquello, jamás pensé que él pudiera tener un pasado como eso y eso me había dejado tocada. Lo único que me apetecía hacer en esos momentos era levantarme, acercarme a él, y rodear su cuerpo con el mío. Quería reconfortarlo, algo dentro de mí pecho necesitaba reconfortarlo, acercarme a él y envolverlo junto con mí cuerpo. ¿Por qué sentía aquello? No lo sabía ni lo podía explicar, era algo que simplemente nacía de mí pecho, y que sentía que él también necesitaba. Siempre se mantenía distante y se aprovechaba de que le imponía a la gente para que no se acercaran, pero conmigo no funcionaba, conmigo se comportaba de manera diferente e incluso era él quien se atrevía a tocarme.




-Estoy aquí –no sé por qué esas dos palabras salieron de mis labios, pero ya era tarde cuando me quise dar cuenta con mis ojos puestos en los suyos- Haytham, sea lo que sea, cualquier cosa que necesites sólo tienes que decirlo –apreté mis manos sobre la suya, no con demasiada fuerza, pero sí para que supiera que iba en serio- No lo olvides, ¿vale? –le sonreí levemente sin dejar de mirarlo. ¿Me importaba? Al parecer sí, lo hacía. Sin soltar todavía su mano de entre las mías me levanté de aquella silla, rodeé la mesa en aquel espacio que nos separaba y sentí su mirada puesta sobre la mía en todo momento, interrogante y llenas de dudas por lo que iba a hacer. ¿Qué estaba haciendo? Ni siquiera yo lo sabía. Sólo supe que, llegado a donde estaba él y aprovechando que estaba algo separado de la mesa... solté su mano y me senté sobre sus piernas. Pude notar lo tenso que se puso por aquello que, seguramente, ni se lo esperaba. Miré sus ojos verdes estando más de cerca, deslicé un dedo por su mejilla y... lo abracé. Envolví su cuello con mis brazos y lo pegué a mí cuerpo escondiendo mí rostro en su cuello- ¿Estás bien? –pregunté tras aquello, quizás me había pasado al decirle aquello… pero mis ganas de abrazar a aquel hombre herido, habían podido conmigo.


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Re: Let Me In Into You ~ Privado

Mensaje por Haytham Cross el Sáb Oct 22, 2016 9:21 am


-No es que lo crea, para mí es un hecho desde que cruzaste la puerta de mi habitación el otro día para marcharte. - Su mirada volvió a estar con la que estaba a su lado, le sonrió con seguridad ante la afirmación que iba a lanzar. -Ya habrá mandando a alguien para que averigües donde este y te haga daño… No te matará, pero te intentará dejar alguna marca para que no la olvides. -Aquello último parecía como un consuelo, una afirmación de que al menos no le enviaba lo “peor”.

¿Qué cómo sabía como actuaba Valeria? Habitualmente ese tipo de trabajos lo realizaba él, Haytham se encargada de la parte desagradable de todo el negocio, de mancharse las manos si era necesario.
La cuestión ahora era, ¿a quién le mandaría hacer su propio trabajo? ¿Habría alguien que lo haría mejor que él? Lo ponía en duda.

No pudo decir nada, la Roca era de pocas palabras. Simplemente agacho el rostro y negó con la cabeza. Era una situación para no lamentar, habían pasado tantos años agarrado por aquella familia que no conocía más vida que aquello, no era motivo para que se entristeciera, las cosas eran así y punto.

-Al parecer debe ser así, Naitiri… -Dijo con suavidad. -Pero no debes sentir nada, ni siento ni padezco con esto. No me hace sentir ni triste ni feliz, mi momento está cerca. Estoy cansado de esperar y esto se acabará pronto.

Cierto era, ahora comenzaba a recordar más que nunca, era como si su frágil mente hubiese decidido despertar de un tibio letargo. Y luego estaban esos documentos que Valeria tenía bien guardados, le había conseguido robar. Una orden de ejecución, un nombre distinto al que portaba y un crimen atribuido a su persona. Había matado a un hombre demasiado importante y él no había hecho nada por defenderse, ¿por qué?
Aun la duda continuaba allí, pero pronto se haría con el resto de documentos, fuese por las buenas o por las manos, aquella muchacha con poder y consentida no conseguiría más retenerlo.

De repente Naitiri se había levantado de su asiento y sentado sobre su regazo, geste cercano que le enervo y por un tanto asalto su templanza. El último recuerdo de poseer su cuerpo era una delicia que impulsaba instintos primarios que una vez creyó muertos, volver a tenerla tan cercana, solo hizo que su cuerpo se tensara.
Una mirada a su alrededor, por mucho que estuviesen en un lugar tan discreto como aquel, miradas se fijaban en ellos, ya que no estaba bien visto tal descaro de una mujer.

-Sabes bien lo que necesito de ti… -Susurro bajito, envolviendo con sus brazos su menudo cuerpo comparado con el de aquel gigante.

Cosquilleo agradable al sentir en su cuello su rostro escondido y aquellos oscuros cabellos que desprendían aquel atrayente y hechizante aroma. Ella era un bálsamo, era la calma para su ser.
Suspiro.

-Creo que no nos miran con buenos ojos. -Sonrió señalando a los que tenía alrededor.



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Re: Let Me In Into You ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Sáb Nov 05, 2016 10:52 am

El hecho de saber que aquella mujer habría podido mandar a alguien para que me buscara y diera conmigo, para tenerme localizada y así poder hacerme daño como había afirmado Haytham que me haría… no era algo que me gustara oír. Sinceramente; no tenía miedo de lo que aquella mujer pudiera hacerme si se llegaba el caso de que me encontrara y me llevaran ante ella, después de todo lo que había acontecido en mí vida, nada de lo que pudiera hacerme sería peor de todo lo que ya me habían hecho… no, dudaba mucho de que aquella niña como él la llamaba por muy retorcida que fuera pudiera igual lo acontecido en mí pasado. Uno que no había sido nada fácil, uno que aún supuraba de su herida y que dudaba que pudiera realmente algún día cerrar…

Lo miré cuando su mirada se cruzó con la mía y suspiré para luego morderme el labio aún teniendo una de sus manos entre las mías, el parecía muy convencido de que aquella mujer lograría dar conmigo para solamente que no olvidara que él, precisamente, era de ella y que no debería de haberlo tocado. Sabía de sobra cómo se ponían aquellas personas que se creían dueños y amos de los demás cuando alguien, ajeno sobre todo y sin permiso, tocaba lo que ellos consideraban lo que ella suyo… lo había visto y, además, lo había sufrido en mí persona como castigo.

Hacía muchos años que había dejado atrás aquella vida y, sin embargo, el saber que ella quería dejar una marca como advertencia para que no olvidara lo que había hecho revolvía algo en mí interior que no quería muy bien descifrar… algo que me llevaba a un lugar lejano de mí vida que había creído enterrar bajo capas y capas como si intentara olvidarlo y que, sin embargo, pese a todas las capas que llevaba encima no había podido olvidar. ¿Lucharía porque aquella mujer no hiciera aquello? Por supuesto que lo haría, pero en el caso de no poder hacer nada –como bien sabía que pasaría- no iba a hacerme más daño del que ya me habían hecho.


-Estás tan seguro de esas palabras…
-y era en parte algo también escalofriante, si sabía cómo actuaba aquella mujer sería porque… ¿quizás a él le había mandado hacer algo parecido a aquello? Quizás por eso supiera como actuaba aquella mujer, o quizás es que la conocía tan bien que sabía que igualmente lo haría- Dejarme una marca… -murmuré apartando la vista de él por unos instantes pensando en lo que podría hacer para dejarme aquella marca, se me ocurrían montones de cosas y conforme la había visto y conforme estaba él estaba segura de que sería una marca más que visible- He recibido muchas marcas a lo largo de mí vida, pero a diferencia de ti, las mías nunca son visibles y se esconden bajo mí piel… -volví mí vista de nuevo a él no queriendo recordar el pasado- Nada de lo que pueda hacerme será peor de lo que ya me han hecho –triste, pero cierto al fin y al cabo.

Por primera vez desde que lo conocí había hablado algo más que para darme una sencilla y simple orden, y me había contado algo de su pasado, algo que me conmovió y por lo que sentí tristeza al saberlo, y así se lo había expresado. Sin embargo él decía que no tenía nada que lamentar ni nada por lo que entristecerme… ¿cómo podía decirme aquello? Parecía que era yo quien más se apenaba por lo que había pasado y él lo alegaba a que así es como debía de ser, ¿y ya está? No quería creer que él pensara de aquella manera, me negaba a que aunque no lo expresara en su interior pensara de esa forma… realmente denotaba con sus palabras lo duro que era, lo frío y distante que se mostraba con el resto y a mí, con aquello, me había quedado más claro que siempre era como si quisiera poner una barrera con el resto de la gente… aunque por primera vez hubiera notado que, de alguna forma, lograba llegar a él aunque fuera un poquito.



-No puedes decirme que no lo sienta, Haytham, porque es algo que ni yo misma puedo evitar… siento que te haya pasado todo eso aun cuando tú digas que debe de ser así –me mordí el labio unos segundos, ¿a tanto llegaba su frialdad, ese muro que había erigido, que ni siquiera podía llegar a sentir y padecer por lo que había pasado? Lo sentía por él, de verdad, no lo hacía ni lo decía por ningún motivo sino porque había sido algo duro y terrible y que me hacía comprender y poquito más cómo era él. Al menos decía que todo acabaría pronto, y por una parte, me alegraba por ello- Espero entonces que así sea –al parecer todos queríamos librarnos o acabar con algo, era algo que también tenía en común con él.

No supe qué fue lo que me movió a hacerlo pero me levanté rodeando la mesa y me senté sobre sus rodillas sin importarme realmente dónde estábamos, solo sabía que sentía ganas de reconfortarlo, de querer traspasarle un poco de calor a todo ese hielo que desprendía. Por un momento lo sentí tensarse cuando me senté sobre él pero no me apartó en ningún momento, no me hizo ningún gesto tampoco para que me levantara de sus piernas, podía ver el debate que tenía en su interior por aquello y cómo aquello lo pilló totalmente desprevenido. Y como no me dijo nada ni hizo amago por quitarme… envolví su cuello con mis brazos, lo rodeé y escondí mí rostro en su cuello durante unos segundos, con la esperanza de que aquello mitigara un poco todo lo que sentía.

Sabía que sus heridas serían grandes y profundas, un pasado así no se curaba de la noche a la mañana y había visto en persona los efectos que a él le producían, por lo que si podía hacer algo por reconfortarlo o aliviarlo… lo haría. ¿Por qué? Ni lo sabía ni quería saberlo, era algo que me nacía y que no podía evitarlo. Cuando me abrazó cerré los ojos al saber que no iba a apartarme y asentí levemente con la cabeza haciendo que mí nariz rozara su cuello. Cuando me envolvía el cuerpo con sus brazos me sentía menuda, y perdida, como si fuera una niña pequeña abrazada por su padre… me hacía sentirme muy pequeña comparado con él y su envergadura. Sí, sabía lo que necesitaba de mí sin necesidad de que él me lo dijera.


-Que calme y ahuyente tus pesadillas… -no lo pregunté sino que lo afirmé puesto que sabía a que se refería a eso precisamente, a lo que me había dedicado a hacer todo aquel tiempo. Levanté mí vista cuando dijo las últimas palabras y pude ver una sonrisa en sus labios a lo que yo sonreí levemente- ¿Es eso una sonrisa? –Murmuré divertida- Deberías de hacerlo más veces… te queda bien –miré a mí alrededor dándome cuenta de que nos observaban con bastante disimulo- Creo que me he dejado llevar –no lo sentía para nada, en más, me divertía la situación y lo contrariados que parecían algunos por tal echo- Soy demasiado impulsiva y, al parecer, un poco descarada –sonreí levemente para levantarme de donde estaba y decidir que era hora de marcharnos, ya nada teníamos que hacer allí y seguramente no dejarían de mirarnos de vez en cuando. Dejé unas monedas en la mesa por lo que había pedido y le tendí mí mano esperando que la cogiera- Ven conmigo, por favor -le pedí y sonreí para que terminara de aceptar y así salir de aquel lugar pensando en dónde podíamos ir.

Quedaba descartado ir a la mansión en donde se hospedaba si no queríamos causar de nuevo un altercado como el que había sucedido la vez anterior, ¿un hotel? No, no pensaba ir a un sitio como aquel así que solo me quedaba un sitio dónde, además, podríamos estar tranquilos. Se me hacía muy extraño llevar a alguien a mí casa, para mí, era como mí pequeño santuario al que poca gente había ido o había dejado entrar… pero, realmente, era el único sitio que conocía y en donde nadie podría sorprendernos. El camino fue igualmente extraño, mí mente no dejaba de dar vueltas entorno a que iba a llevarlo a mí casa y si estaría haciendo bien en llevarlo, en si se pensaría que era como otro… “servicio”, en miles de cosas en realidad. El frío del otoño ya empezaba a notarse en la ciudad y las pequeñas gotas que caían nos mojaba conforme íbamos de camino a mí casa, por lo que en parte el camino duró menos ya que iba algo rápido por si acaso decidía apretar más y terminábamos totalmente mojados.

Ya divisaba las fachadas de las casas de la zona residencial donde vivía, estas eran más bien de clase media y tenían dos plantas y eran bastante amplias aunque a simple vista no lo parecieran. Me sentía un poco nerviosa y seguía dudando de si estaba haciendo bien en llevarlo o no, además, tampoco sabía lo que estaba pasando por su mente y era un poco desconcertante. Nos adentramos por una de las calles de la zona donde estaba mí casa, al llegar abrí la pequeña verja que había delante y me adentré por el pequeño pasillo subiendo el par de escaleras que había antes de llegar a la puerta. Me paré en esta y me giré para mirarlo todavía con las pequeñas gotas cayendo del cielo, apartando mí pelo que sentía que comenzaba a pegarse por la lluvia.


-Antes de nada, quiero decirte que no estás obligado a entrar llegado este punto, eres libre para decidir y que si entras es porque realmente quieres –no sabía por qué pero quería que lo tuviera claro, aunque dudaba que pudiera obligarle a que entrara a mí casa porque dudaba siquiera de que pudiera moverlo del sitio- Que aquí puedes estar tranquilo y seguro porque sólo conocen dónde vivo unas pocas personas –que se contaban con una mano y te sobraban dedos, pero para que no pensara que pudieran dar con los dos- Y que si decides entrar, espero que no tengas miedo de los perros, porque tengo una bastante grande –sonreí de lado, mí pastora belga Isis. Le miré a los ojos esperando que me dijera cuál era su decisión, porque pese a todo, no quería obligarlo a nada.


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Re: Let Me In Into You ~ Privado

Mensaje por Haytham Cross el Lun Nov 07, 2016 5:53 pm

-Tan seguro como que puedo sentir el calor de tu mano en la mía. -Si él lo afirmaba así de contundente es que era así. Tal vez no fuese hoy, o no fuese mañana, pero Valeria ya le había cogido manía a la joven que ahora le acompañaba. Tampoco descartará que se aburriese de aquella nueva campaña y más cuando había acogido nuevos huéspedes en la mansión. Tal vez eso la distraería. -De todas maneras, llegará un día en que se aburriría… Se comporta como una niña.

Hablo de marcas invisibles, en tenía demasiadas latentes en su frágil marca, más de los que podría imaginar. No sabía cómo iba a acabar su historia, pero cada día pensaba que no iba terminar bien.


-Mis marcas me recuerdan que estoy aquí aun, pero… ¿quién sabe si eso cambia cuando descubra lo que oculta mi verdad? -Encogió de hombros, no parecía demasiado preocupado, más bien le cansaba la espera.

Con sus palabras alcanzaban a travesar ciertas barreras donde un muro de hielo se derretía con su presencia. No le costaba abrirse a ella, no le costaba expresarse simplemente. Hombre de pocas palabras, usaba las mínimas, y odiaba hablar de sí mismo, como si dar más información de la cuenta le estuviese dando pistar a un enemigo sobre sus mismas debilidades.

Bajo su contacto Haytham le susurro, sintiendo su rostro escondido en su cuello.


- ¿Y qué marcas son las que Naitiri esconde? -Por un instante pareció hablar para así con amarga sonrisa. -Tal vez yo también podría ser bálsamo de algún modo, igual que lo eres para mí, un intercambio, podría intentarlo, sería nuevo para mí. -Confeso y le susurro a su oído antes de que ambos se levantasen por miradas indiscretas.

Le miró divertido, dándole señal que poco le importaba su descarto y miradas ajenas.
Fuera hacía frío, y las calles estaban solitarias, no sabía a donde le iba a llevar, más confió en sus pasos.
Todo era demasiado nuevo para él, dejarse llevar por el libre albedrío, no tener todo medido, hacer algo por sí mismo y para sí mismo, que no fuese una orden o un trabajo.
Pequeña estela de gotas de lluvia, y el viento que las volcaba en su caer. Era otoño, y aun no llovía, pero aquel viento anunciaba una verdadera tormenta.

Por un momento en su caminar se sintió tentado a tomarle la mano, como solía hacer las parejas que veía por la calle, ¿qué de agradable tendría aquel pequeño gesto? No sé termino de decidir, y dispuso ambas manos en los bolsillos. Callado todo el recorrido con aquella estúpida decisión, que le pareció infantil, cuando se había decidido a hacerlo se había detenido frente a una casa. Su casa.

Una mirada de sorpresa ante sus palabras, ella estaba confiando en él profundamente y empezaba a tomar el mismo rumbo. ¿Dudar? No tenía ninguna duda de que quería estar tranquilo con ella, en aquella noche, compartiendo su refugio abriéndole rincones que nadie había logrado alcanzar.


-Quiero entrar. -Solo dijo el bruto, como siempre pocas palabras. -No me dan miedo los animales, al contrario, me gustan. No piden cuentas, ni traicionan. Yo… Tengo una gata, bueno… No estoy seguro si ella me tiene a mí o yo a ella. -Referencia a Wendy aquella pequeña minina, que él llamaba “gata”, y que a veces entraba en su ventana y pasaba los días en su regazo mientras él trabajaba duramente con todo ese papeleo. Acariciarla le tranquilizaba en profundidad. -Ella no tiene dueño… Algo que no compartimos, a mi parecer. -Miró el cielo, estaba más oscuro que nunca. -Con su permiso, señorita, entraré.



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Re: Let Me In Into You ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Miér Nov 09, 2016 8:09 pm

No quería reconocer la afirmación innegable que había en sus palabras, y en su tono de voz, cuando decía que aquella mujer podría hacer aquello, que estaba totalmente seguro de que podría hacerlo. Simplemente; no quería pensarlo. Suficiente era con saber que podría encontrarme en algún momento, totalmente desprevenida, tan sólo con la idea de hacerme daño para dejarme en claro que no debía de tocarle, que ni siquiera debería de estar hablando con él ahora y mucho menos dejar mí mano apoyada entre las suyas. Odiaba esa clase de trato, lo había sufrido durante muchos años de mí vida y ahora que en parte me había librado de él, cuando veía de nuevo aquello, me asqueaba. Me recordaba mí pasado y lo que tuve que pasar aquellos años a merced de otras personas, dejando que fueran dueños no sólo de mí vida, sino también de mí cuerpo a su antojo y voluntad… un escalofrío me recorrió el cuerpo nada más que de pensarlo.

Él decía que era una niña, quizás, fuera una niña caprichosa que estaba acostumbrada a que las cosas giraran entorno a ella, tampoco lo podía saber y quería sacar aquellos pensamientos de mí mente, quería centrarme en el “ahora” sin preocuparme en lo que pudiera estar por llegar o por venir. Era una situación rara vernos a los dos fuera de aquella casa, de aquella habitación, como si fuéramos viejos amigos que habían quedado para ponerse al día. Era cierto que tan sólo hacía unos meses que conocía a Haytham, pero lo que había compartido con él había sido tan… íntimo, que la confianza era algo que se había ido gestando con el paso del tiempo.

No me había hablado mucho, no me había dicho más que quizás cuatro frases contadas en todo aquel tiempo pero eso no restaba para la confianza que tenía con él. El hecho de dejar que una persona velara tú sueño, compartiera sus noches contigo era algo que nunca había hecho como trabajo, y había que decir, que se ganaba cierta intimidad con ello. Dejabas una parte de mí, muy vulnerable, a merced de la otra persona y no era algo fácil cuando sufrías de pesadillas y terrores nocturnos en donde él lo pasaba muy mal… quién iba a pensar que, de aquello, íbamos a pasar a vernos fuera y que él incluso hasta me hablara. Lo miré tras aquellas palabras y fruncí un poco el ceño por ello, ¿había querido decir que…?


-No quiero creer lo que estás diciendo con esa frase, no puedes decirme eso si es que estoy en lo cierto -¿Me estaba diciendo, que no sabía qué iba a pasar con su vida cuando descubriera la verdad, que quizás ya no estaba tras saberlo?- Me niego a aceptarlo Haytham, y espero que tus palabras no vayan por la línea en la que estoy pensando o, realmente, voy a enfadarme mucho contigo por ello –sí, lo decía totalmente cierto porque como fuera aquello me iba a enfadar de verdad, y me decepcionaría muchísimo- No puedes decirme eso, tú no, no a mí –no quise darle más vueltas porque en el fondo no quería saber si había acertado en mis pensamientos o no, prefería pensar que lo decía por otra cosa aunque repasando sus palabras a mí sólo me llevaban a un sitio… y ese sitio no era nada bueno.

En vez de eso preferí abrazarme a él, envolverlo con mis brazos y dejar que los suyos me envolvieran sintiendo que, de alguna forma, hasta me sentía que nada podía pasarme… las cosas parecían menguar cuando estaba así y lo atribuía especialmente a que me sentía muy pequeña entre sus brazos, casi perdida. Me mordí el labio tras su pregunta, ¿Qué marcas escondía? Muchas, demasiadas para mí gusto. Un tema que me costaba hablar de el, uno que últimamente lo sentía más “vivo” que nunca, haciéndome daño como hacía tiempo que no lo hacía. Algo que había acallado durante tantos años que ni el paso del tiempo había podido curarlo, porque ahí estaba, latente bajo mí piel. No quería hablar de ello, no quería sacar el tema porque me costaba mucho abrirme sobre aquello, porque en parte sería contar mí pasado y todavía era algo doloroso para mí. Suspiré con mí rostro escondido en su cuello, sopesando lo que hacer.



-¿Has sentido alguna vez, que por mucho que has intentado cerrar una herida… esta sigue supurando no importando lo que hagas? –pregunté sin alzar mucho la voz porque él podría oírme perfectamente- Las marcas que yo tengo todavía me duelen, porque a día de hoy, no he sido capaz de curarlas… -volví a morderme el labio de nuevo, sintiendo que si seguía por ese camino algo estallaría en mí pecho y no podría contenerlo- No aquí, no ahora. Hablarte de mis marcas implica muchas cosas, conlleva contarte ese pasado que casi nadie sabe y el cual he querido olvidar sin poder llegar a hacerlo –hice una pausa y no pude evitar sonreír a sus palabras. ¿Quería intentar ser ese bálsamo que yo era para él? Me pareció de lo más adorable que lo dijera, y más aún sabiendo que le costaría dado cómo era. Reí entre dientes por ello y suspiré sopesándolo realmente, ¿qué podría perder por intentarlo? Nunca lo sabría si no lo intentábamos… iba a ser todo un reto para él, desde luego. Nadie se había ofrecido como lo estaba haciendo él- Nunca lo sabremos si no lo intentamos. Gracias, Haytham –murmuré antes de levantarme de encima para marcharnos, allí no teníamos nada que hacer.

Me gustaba ver que sonreía, las sonrisas que ponía y que podía contar con los dedos de una mano las veces que lo había visto, y del que me sobrarían más de la mitad de los dedos… en parte me hacía ver que aquella mole de hielo, con sus barreras erigidas y alzadas, no eran infranqueables. Que podía llegar a él y tenía la sensación de que lo estaba haciendo, algo que me motivaba para seguir intentándolo. El camino fue rápido y en silencio por parte de ambos, cada uno sumido en nuestros propios pensamientos mientras el frío otoñal se imponía en la noche y las gotas de lluvia nos anunciaban que quizá hubiera tormenta más entrada la noche.

Por fin llegamos a la puerta de mí casa y no pude evitar pararme para mirarlo antes de abrir la puerta y decirle aquello, no quería obligarlo para nada aunque si me había seguido hasta allí por propia voluntad lo más seguro es que entrara. Aún así me quedaba más tranquila si lo sabía, también que solo un par de personas sabían dónde vivía, y que tenía una pastora belga como compañía. Pude ver la mirada de sorpresa ante mis palabras, sin duda alguna aquello no se lo había esperado ni por asomo, algo que me hizo sonreír de lado durante unos breves segundos. Le sonreí más ampliamente cuando afirmó que quería entrar mientras las gotas de lluvia seguían cayendo sobre nosotros, esta vez, notando que cada vez caían más agotas dando a entender que estaba apretando.



-Los animales son lo mejor que hay en este mundo, y yo los adoro. Pienso como tú, son leales, no te traicionan, son cariñosos y te quieren con locura. Solo quería asegurarme –me mordí el labio ante la idea de que tenía una gata, no supe por qué, pero visualicé a él con una gatita sobre su regazo y me pareció algo muy adorable- Yo tuve una gata antes de tener a mí perra; Isis. A Isis me la encontré volviendo una tarde a casa, recuerdo que me mordió los bajos del vestido y que apoyó sus patas como si me estuviera diciendo que la cogiera… me puso esa cara tan mona que, ¿cómo negarme? No pude –miré al cielo que cada vez estaba algo más negro y me giré para abrir finalmente la puerta pasando dentro siendo él el último que entraba y cerraba la puerta tras de sí. Me quité el abrigo que llevaba colgándolo en el perchero que tenía en la entrada, sacudiendo un poco mí pelo con los dedos quitando un poco los restos de agua- Puedes dejar aquí el abrigo si quieres –lo miré un momento pareciéndome extraño, y raro, tenerlo en la puerta de mí casa. No pasaron más de cinco segundos cuando escuché el ruido de unas patas contra el suelo que se acercaban hacia donde estábamos, mí perra apareció de la sala donde solía estar y corrió hacia donde estábamos- ¡Isis! –la llamé sonriendo a lo que ella puso sus patas delanteras sobre mí cuerpo quedando a dos patas mientras intentaba llegar a mí rostro y yo la acariciaba, terminé por agacharme y coger su rostro entre mis manos mirándola unos segundos- Hola guapa, siento haberte dejado sola –no pareció importarle porque intentó de nuevo llegar a mí rostro y yo la abracé mientras la acariciaba y ella se dejaba gustosamente. Me levanté no sin antes dejar un beso en su cabeza durante unos segundos y miré hacia Haytham- Te presento a mí fiel compañía; Isis. Sé bueno con él, ¿vale? –ella ladró como si hubiera entendido y se acercó para olerlo mientras yo reía- Ten cuidado, tiene la manía de cuando menos te lo esperas darte un beso en la cara –reí entre dientes y me adentré en el pasillo parar entrar en la sala de la derecha donde estaba el salón, encendí algunas velas para darle más luz al lugar y encendí la chimenea para caldear el ambiente.

Quité del sofá que había en forma de “L” delante de una mesita de cristal el libro que había estado leyendo antes de salir y que era “Las mil y una noches” mientras ya sentía a Isis rondando a mí alrededor, miré hacia la puerta y contemplé a Haytham en ella-
Pasa y ponte cómodo –puse el hilo que colgaba del hilo justo en la página por donde me había quedado, aunque había leído aquel libro miles de veces, y lo dejé en la estantería que había al lado de la chimenea, donde además había alguna que otra bebida. No era muy dada a beber alcohol pero siempre tenía por si alguien quería beber. Comenzaba a notarse el calor en la habitación debido a la chimenea, algo que agradecía con el frío que hacía fuera.


-¿Quieres beber algo? –pregunté mirándolo mientras me acercaba hacia donde él estaba sentado, no sabía muy bien qué es lo que iba a pasar a partir de aquel momento. Siempre había ido a su habitación ya tarde en la noche, y nos habíamos tumbado en la cama al poco de llegar yo… ahora, en aquella situación, no sabía muy bien si quería ir a dormir ya, quería hablar un poco… estaba un poco perdida- ¿Has cenado? Puedo sacarte algo por si te apetece comer algo –mí mirada se perdió, por unos segundos, en sus ojos verdes notando que alguna gota le caía por el rostro de la lluvia. Llevé mí mano a su rostro y acaricié su mejilla unos segundos, mí mano subió a su pelo, me incliné hacía él y quité un poco de los restos de agua que tenía- Estás algo mojado –sonreí por ello, divertida porque yo también lo estaba- debería de traerte una toalla para que te secaras –sí, quizás debería de hacerlo, pero aún así tardé en moverme de aquel sitio.


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Re: Let Me In Into You ~ Privado

Mensaje por Haytham Cross el Sáb Nov 19, 2016 9:03 am


Sin quererlo sus labios se curvan creando una sonrisa irónica ante su opinión a causa de su afirmación. Sabía que su acción tenía consecuencias, las cuales, podía contar con los dedos de una mano aquellos que le afectarían. Pero… ¿Estas llegarían alguna vez a saberlo?


-Piensa que va por otra línea… y así todo será más sencillo. -No sabía cómo iba a terminar toda su historia, pero se acercaba a ciertos finales que no le animaban mucho a continuar ciertos caminos, y le recordaban que él había sido obligado a estar ahí con lo sencillo que hubiese sido dejarle marcharse.

El señor Cavey había traído a la vida a su autómata perfecto, usando las malas artes de una magia prohibida, y como consecuencia había creado una dura máquina con alma quebradiza.

Un paso mientras entraba en aquella casa, el animal le dio dos ladridos, pero pronto se calmó al ver a su dueña igual de calma. Haytham dejo que le oliera las manos antes de acariciarla a modo saludo,

-Si eso te hace abrir heridas, resérvate una amarga historia… Solo si te ves débil porque sientes el escozor de esas “marcas”, te digo que intentaré estar allí, no me gusta hacer promesas que no se si podré cumplir, porque no sé si el día de mañana andaré a un París. Pero por mi parte, te digo que estoy aquí.

No pudo evitar decirle, mientras dejaba el abrigo a un lado y observaba el lugar con cierta curiosidad. Era acogedor, ese montón de libros… Seguro que pocas personas veían es aparte de aquella mujer.

Silencioso se lleva las manos en los bolsillos. Ella habla, mucho más que él, es todo su contrario. Le gusta escucharla, le gusta su naturalidad y su alegría, le reconforta y le regala un sentimiento agradable del que poco puede gozar en su vida. La sigue con sus ojos, con sus movimientos, sigue sus compas de movimiento mientras le invita y el rechaza sus invitaciones con cortesía. Está bien tal y como esta, demasiado bien, a pesar de lo oscura que la noche se estaba tornando, aunque el tiempo sigue empeorando.

Va por una toalla, y toma un libro por un instante, ni le hace caso a la portada, es un acto reflejo. Ya que el recuerdo de su perfume, de su cuerpo… Por un momento deseaba otra vez sumergirse en aquellos oscuros rizos.

Cuando la ve regresar, desvía su mirada abrumado por su propio pensamiento, desea que lo toque, su corazón late rápido, una leve caricia, un simple roce. Es inusual en él, un hombre arisco que cualquier contacto lo siente hiriente en su piel.

Haytham toma la toalla, ella también esta empapada, pero parece que no le importa, desliza con delicadeza esta misma por el rostro de Naitiri, con cuidado para secarle el rostro.

-Creo que debería cambiarse de ropa, está completamente empapada…



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Re: Let Me In Into You ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Miér Nov 23, 2016 2:36 pm

No pude evitar mirarlo de forma fija cuando vi que ponía esa sonrisa en su rostro, una que no me dejaba para nada tranquila y con la que mí mente comenzaba a pensar en todo lo que podría traer aquellas palabras, realmente no quería pensar en lo que me estaba diciendo entre líneas, podía captar perfectamente lo que me quería decir pero me rehusaba a hacerlo, ni siquiera quería seguir pensándolo. Tampoco evité mirarlo con el ceño fruncido tras sus palabras, confirmando algo que yo ya intuía y que tenía en mente desde el mismo momento en que las palabras habían abandonado su boca. ¿Sencillo? ¿Cómo podía decirme algo como eso y pensar, siquiera por un momento, que para mí podría ser sencillo?

No estaba tranquila y mucho menos al darme cuenta de que no negaba para nada la afirmación, entre líneas, que también le había hecho a él cuando se lo dije. Ni lo afirmaba ni lo negaba, pero sus palabras distaban mucho de que lo negara… No me gustaron, no quise aceptarlo y aquello se reflejaba en la forma en que lo miraba con el ceño fruncido, de forma fija, intentando hallar por qué me decía aquello con lo fácil que le hubiera sido para él decirme una mentira, de la cual, yo no podría saber la verdad.

En cambio me afirmaba algo que ya pensaba y que lejos de tranquilizarme, me preocupaba sin que pudiera hacer nada para que aquello dejara de hacerlo. Seguía sorprendiéndome lo calmo que decía ciertas cosas, como si en el fondo de todo, no le importara en absoluto. Parecía que aquello no le importase y lo había soltado como quien decía el tiempo que hacía aquella noche, como si fuera algo normal y banal, como si no estuviera hablando de algo relativo a su vida y que podría cambiarla por completo. No lo entendía, por mucho que llegara a intentar comprenderlo, seguía sin saber por qué a veces tenía ese comportamiento… como si le diera igual seguir vivo o no, como si no le importara lo que pasara con él.



-¿Sencillo? –pregunté de forma leve tras unos segundos en los que él había hablado. Debía de estar en broma, pero viniendo de él, estaba convencida de que lo estaba diciendo muy en serio- No es sencillo, no puedo hacerlo sencillo y no puedo dejar de… -me mordí el labio y callé, realmente, ¿qué era lo que yo podía decirle? Él era el único dueño de su vida, y sonando tan convencido como aparentaba, poco habría que yo pudiera hacer para convencerlo. Pero si solamente hubiera una mínima posibilidad, una tan sola para ello, la aprovecha sin duda alguna- No me gusta perder a la gente que me importa y aprecio, tú entras dentro de ese pequeño círculo reducido Haytham, por lo que no me gustaría perderte –no más pérdidas, ya había tenido suficientes de ellas- No quiero que te conviertas en un recuerdo –porque al final eso era lo único que quedaba, el recuerdo, y ya tenía de sobra como para añadir también el suyo. No quise seguir el tema porque al final iba a tomar un camino que no me gustaba y yo ya le había dicho lo importante. ¿Hablaba en serio? Sí. ¿Me importaba? También lo hacía… desde cuándo era algo que no lograba saber.

El calor del hogar nos recibió a ambos tras pasar aquella nube de tormenta en la que nos habíamos metido con aquello, Isis salió a recibirnos y los dejé durante unos segundos en el pasillo mientras yo encendía la chimenea del salón y sacudía mí pelo quitando un poco el agua que llevaba, no estaba demasiado mojada, pero sí lo suficiente como para notar el vestido más pegado a mí cuerpo, el corsé más ceñido de lo normal y un poco más de peso al llevar agua. La chimenea cumplió su función y en pocos minutos la cas fue cogiendo más calor quitándonos de aquel helor que habíamos cogido por la lluvia que nos había pillado de camino, y el frío que se había instalado en nuestra ropa y que, al parecer, presagiaba una noche de tormenta.

Parada en medio del salón volví mí vista a él y pude encontrarlo observándome con aquellos ojos, con sus manos metidas en los bolsillos como había estado todo el camino hacia mí casa, Isis entró al salón y fue directa hacia un cojín enorme al lado de la chimenea que tenía para ella para que estuviera caliente, y pasaba su mirada de uno a otro como si estuviera esperando cualquier movimiento por parte de ambos. Me sentí por un momento algo perdida pese a que estaba en casa, estaba en la tranquilidad de mí hogar, donde más segura me sentía y donde para mí es como un santuario donde puedo ser realmente yo, mostrar esa cara que no todo el mundo conoce de mí. Durante unos segundos me sentí sobrepasada sin saber muy bien qué hacer con él en mí casa, sin saber por qué lo había llevado hasta allí, y sin saber qué podría pasar a partir de aquel momento.

Él decidió entrar y no quedarse en la puerta en el mismo momento en que yo recogía el libro que había dejado en el sofá que estaba leyendo antes de salir, y levanté mí mirada para encontrarme otra vez con sus ojos verdes al escuchar sus palabras. Sí, me hacía abrir heridas, pero aunque no estuviera hablando de ellas igualmente sentía que se abrían por lo que no había nada que pudiera hacer al respecto. Dejé que pasara para que se pusiera cómodo y yo me senté a su lado pensando en lo que quería decir a continuación, escogiendo bien las palabras para que entendiera perfectamente qué era lo que le estaba diciendo. Una leve sonrisa surcó mí rostro ante sus palabras, me parecía de lo más extraño viniendo de él pero… no veía nada de malo en ello. Él quería ayudarme, de alguna manera y de la mejor forma que sabía, como yo lo ayudaba a él… algo muy noble y adorable por su parte.


-Siempre me siento débil cuando se trata de ello, y no es que no quiera contártelo, me gustaría hacerlo y dejar de sentirme tan… débil frente a ello
–me mordí el labio y desvié mí mirada por unos segundos hacia otro lado, para mí no resultaba nada fácil. No como le había resultado a él contarme, brevemente, lo que le había pasado- Es que no sé si voy a poder contarlo en realidad, tengo… miedo –hice una leve pausa y luego clavé mí mirada en la suya- Temo que en algún momento algo dentro de mí termine por estallar y romperse y no pueda controlarlo, temo que lo que he callado durante tanto tiempo se vuelva contra mí y sea más fuerte de lo que he intentado ser yo durante todos estos años –volví a morderme el labio unos breves segundos- Es oscuro y no quiero que empañe este momento ni que lo estropee, contarte lo que aquel hombre me hizo durante todos aquellos años siendo una niña… -mí voz se fue perdiendo con cada palabra, mí vista estaba puesta en él pero se fue desenfocando hasta o ver realmente nada perdida entre mis recuerdos, sacudí un poco la cabeza y centré mí mirada de nuevo en él- pero gracias por tus palabras, y quién sabe, quizás tú seas ese bálsamo que he necesitado y nunca he llegado a encontrar –le sonreí de forma sincera, era un paso que él dijera esas palabras. Cuando me dijo que no quería tomar nada sacudí un poco el agua que tenía en su pelo y tras unos segundos en los que me quedé así finalmente fui a por una toalla.

Al volver había cogido uno de los libros que había sobre la mesita y le sonreí acercándome de nuevo, sentándome a su lado, y tendiéndole la toalla para que pudiera secarse. En vez de secarse él como esperaba que hiciera, cogió la toalla y… empezó a secar mí rostro. Yo también estaba algo empapada por la lluvia pero yo tenía algo que ponerme, él no y por ello había sacado la toalla. Aquel gesto me pilló totalmente desprevenida ya que no me lo esperaba en absoluto, por lo que cerré los ojos dejándole hacer en todo momento. Esa delicadeza y cuidado eran tan impropias de él, tan inesperadas, que contrastaba con lo frío, distante, intimidante y algo reticente que siempre solía ser con todo el mundo.

Mis ojos buscaron los suyos cuando terminó de secarme el rostro y una sonrisa se instaló en mis labios por aquello, había sido un gesto de lo más adorable y más todavía proviniendo de él, que se preocupara más por secarme a mí que a él cuando no podría dejarle nada para cambiarse era, sin duda, algo que me gustaba. Su actitud e impresión sobre los demás podría ser de una forma más… helada, oscura, distante y fría, pero comenzaba a sospechar que realmente aquel hombre necesitaba de todo lo contrario, era como sin que si él se quisiera dar cuenta, lo fuera pidiendo a gritos. Reí entre dientes de forma breve por las formas en las que me trataba, mientras que yo lo había tratado siempre tuteándolo.



-Puedes tutearme, Haytham, no hace falta que seas tan formal conmigo… de hecho, prefiero que lo hagas. Creo que hay la suficiente confianza como para hacerlo, de lo contrario, no te hubiera traído al único lugar que puedo considerar como mí… santuario –sonreí mirándolo y negué con la cabeza por unos segundos- Estoy bien y puedo cambiarme luego, pero, sin embargo… ¿qué hacemos contigo? No tengo nada para poder dejarte a ti –una de mis manos la llevé sobre la que sostenía la toalla dejándola encima de su mano, estaba un poco helado y seguramente sería por la lluvia y el aire que nos había pillado de camino- Estás helado –comenté casi en un susurro y llevé mí otra mano a su mejilla en una leve caricia. Mirándolo de aquella manera, teniéndolo tan cerca de nuevo, me daban ganas de inclinarme y apoderarme de sus labios, morder su labio inferior y besar esos labios que muchas veces me habían tentado tanto cuando iba por las noches a aquella casa, y pensándolo bien no sabía cómo había podido aguantar tanto sin hacerlo- Me preocupas más tú –acorté la distancia entre ambos y la mano que había puesto sobre la suya la dejé sobre su pecho de forma lenta, acercando mí rostro al suyo dejando mis labios a apenas unos centímetros de los suyos, sintiendo su respiración sobre mí rostro y su aliento mezclarse con el mío propio- Puedo prepararte un baño caliente mientras dejamos que tú ropa se seque un poco cerca de la chimenea, podría dejarte algo para ponerte… seguro que estás gracioso a la par que adorable con una de mis batas –reí levemente y no de él, sino de la idea de dejarle algo mío cuando era mucho más grande que yo, en todos los sentidos- Podemos incluso bañarnos juntos, si lo prefieres… no puedes negarte a todo lo que te ofrezca, ¿o sí? –no pude evitar sonreír por aquello ante la mención, evidentemente, lo había dicho con tono de broma y esperaba que no rechazara todas y cada una de las opciones que le había ofrecido. Mí vista bajo hasta sus labios durante unos segundos dándole a tender también, de aquella manera, lo que pretendía hacer y dándole tiempo por si no quería que lo hiciera. Justo cuando me iba a inclinar terminando por acotar la distancia… sentí un roce en mí pierna que me hizo separarme y mirar hacia abajo. El rostro de mí pastora belga estaba ladeado y mirándome, portando su juguete en la boca y no pude más que echarme a reír por aquello. Menudo momento había elegido para hacerme saber que quería que jugara con ella- ¡Isis! Eres una pequeña oportunista, ¿lo sabías? –me separé un poco de él y cogí el juguete que llevaba mí perra en la boca para tirarlo lejos viendo como ella iba a por él corriendo. Lancé un suspiro negando con la cabeza y volví mí vista a Haytham- ¿Y bien? ¿Has tomado alguna decisión, o piensas quedarte ahí toda la noche? –sonreí intentando que el ambiente fuera más ameno, un poco divertido, pese a que el tiempo fuera presagiaba que se avecina tormenta.  


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Re: Let Me In Into You ~ Privado

Mensaje por Haytham Cross el Miér Nov 23, 2016 5:39 pm

Comprendía perfectamente su postura y opinión con respecto a su decisión. Pero era su vida, al fin y al cabo, puede que ella no lo entendiese, y él tampoco estaba seguro de a donde le iba llevar sus decisiones y pasos que diese. Ahora mismo solo quería dejar todas las penurias y malos augurios atrás, y centrarse en el aquí y ahora, que era ella.

Unas heridas graves que no dejaban marca visible, un oscuro pasado que ambos compartían a su modo y manera. Él no dijo nada más, como siempre hombre de pocas palabras, pero con su gesto protector casi se lo decía todo.
Sus oscuros rizos mojados, y su piel fría, la cual rozaba con aquella toalla secándola como bien podía, con cuidado y delicadeza.

-Lo siento, es la costumbre. No suelo tutearme con nadie. -Le sonrió con disculpa, de nuevo enmudeció atrapado en aquellos ojos cálidos como la miel.

Su toque delicado sobre su mano, por un momento la información sobre que estaba “helado”, le llegó tardía, sin quererlo se había quedado mirando sus labios, los deseo probar.
Suspiró con fuerza intento recuperarse de aquella leve distracción. Su aliento cálido sobre el suyo propio, podía sentir sus propios labios latir tentados con los de ella, deseaba tanto que ella lo tocase, que le hiciese sentir que estaba vivo y que era humano, un simple roce, una simple caricia. Contuvo la respiración. De repente ella estaba tan cerca… Si, demasiado cerca y… ¡Vaya!

El animal le había dado un golpecito a Naitiri en su insistencia de que la atendiera para jugar. Qué inoportuno, ¿verdad? Pensó él sin querer le sonrió, y pensó en aquello que le acaba de ofrecer. Demasiada confianza, y no sabía si aquello era descortés. No estaba acostumbrado a tratar a una mujer de aquel modo, ni que ellas le tratasen así. Solo había visto un miedo mezclado con fascinación. No era ajeno a sus miradas, y sabía que a la vista era atrayente, pero luego en su fondo la asustaba de aquel modo. Tampoco se había fijado mucho en ellas, llevaba años sin sentir libido ni atracción por el sexo opuesto, creía que la maquinaria estaba destrozada, pero al parecer después de 10 años, estaba equivocado.

Un ademán de distracción de Naitiri mientras se alejaba un poco incorporándose y tirándole el juguete al animal. Haytham, ni se lo pensó y tomó la decisión y el paso por sí mismo. Intento ser delicado, retuvo demasiado cuando la tomó por los hombros para acercarla con aquellas manos grandes, y dejar que sus labios se impactaran contra los de ella.
Inevitable no querer saborear sus labios como ahora lo hacía, se sentía como “el sediento llama al agua, y como el agua que llama al sediento”. Fui cuidado en su ósculo, deleitante en su detenida caricia que se tornó un poco ruda después, pero de nuevo marco contención en su apasionamiento, atrayéndola contra su cuerpo grande.


¿Qué tenía aquella mujer? Su relación primigenia había empezado ya hacía meses, basada en un simple acto de teatro. Refugiado en un recuerdo fugaz de su amada, un acto cotidiano de una vida anterior que intentaba reconstruir noche tras noche con aquella joven de rasgos parecidos a su esposa.
Y ahora la veía a ella, a Naitiri. Su sombra, su fantasma había desparecido, y tras ella había aparecido aquella maravillosa mujer, a la que sin querer le estaba abriendo un trocito de su alma de roca. ¿Qué había cambiado ahora? Demasiadas cosas…


-Creo que prefiero pasearme desnudo por tu “santuario” a ponerme una de tus batas, dudo que me entren… -Bromeo, ¿su primera broma? ¿Haytham tenía sentido del humor acaso? -Juntos. -Solo dijo refiriéndose a ese baño, porque no aprovecharse y gozar de la desnudez de la dama. Y tal vez ese momento intimo le viniese bien para calmar el tormento que le sobrellevaba.



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Re: Let Me In Into You ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Dom Nov 27, 2016 1:06 pm

Se podía oír sentados desde donde estábamos las gotas de lluvia dar contra el cristal de una forma un poco más intensa de cuando habíamos llegado hacía unos minutos, por poco no nos pillaba una buena lluvia y aún así ambos habíamos acabado empapados por completo. Por suerte el calor de la chimenea se extendió por todo el salón y allí dentro se estaba bastante bien, aunque igualmente sentía que mí piel estaba algo fría por tener la ropa empapada, que notaba pegada a mí cuerpo con cada movimiento que hacía… y seguramente él estaría igual que yo. Sentía mí pelo pegado a mí espalda algo más liso de los rizos normales que solía llevar por la cantidad de agua que llevaba, agua que él con la toalla que le había traído se había encargado de quitar, al menos, el exceso que llevaba.

Mis ojos lo miraron tras aquello pensando en por qué no se había quitado él el agua que también llevaba por el cuerpo, mí mano fue a la que sujetaba la toalla y pude notar lo helado que también estaba. ¿Qué podría hacer para que dejara de estar así? La respuesta llegó antes de siquiera poder pensar con claridad las palabras, un baño caliente. Por unos breves segundos la imagen de tener a aquel hombre en mí bañera, con agua caliente, y algo de espuma mientras entraba su cuerpo en calor… me hizo morderme el labio por unos segundos. Sonreí cuando dijo que no había tuteado a nadie y esperé que la próxima vez lo hiciera, así que me aproximé más a él inclinando mí rostro dejándolo a centímetros del suyo, podía sentir su respiración contra mí rostro al ser él más alto que yo, y nuestros alientos entremezclarse por la cercanía.

Él no se apartó pero yo tampoco di el siguiente paso, por mí mente aún seguía rondándome la idea de él dentro de mí bañera, una idea demasiado tentadora como para dejarla pasar por alto y no poder hacerla realidad. Dudé, por un breve segundo dudé en decirle aquello ante la opción de que se negara, ya le habría ofrecido algo para beber y para comer y se había negado, esa era la única opción de no dejar que siguiera congelado en media de mí salón mientras yo podía tranquilamente cambiarme de ropa. Ya su mano estaba helada y seguramente tuviera el cuerpo frío como lo sentía yo. Mí mano que estaba sobre la suya la dejé en su pecho y noté la camisa igual de fría, así que ante aquello las palabras salieron de mis labios sin contención ninguna.

La imagen de él llevando una de mis batas me hizo reír durante unos breves segundos, estaba convencida de que no le pararía nada de lo que tuviera porque era no sólo más alto, sino que tenía mucha más corpulencia que yo y seguramente al intentar ponerse algo mío acabaría por romperlo… pero eso no evitó que fuera algo gracioso en mí mente y me riera por ello. Y tras ello la idea de compartir aquel baño, uno que yo también necesitaba, y que no veía por qué ninguno debía de esperar cuando mí bañera era lo suficientemente amplia y grande como para albergarnos a ambos dentro. Si antes tenía dudas de si podría aceptar el baño, con aquella idea, sí que las tenía mucho más.

Porque sí, a pesar de mis palabras, sí que podía negarse a todo aquello que le ofreciera porque yo no iba a obligarlo a nada, aunque sí le obligaría a tomarse ese baño aunque fuera él solo quien disfrutara de él. Mis ojos bajaron a sus labios mientras que él no decía nada, ni aceptaba la oferta ni la rechazaba tampoco, así que cediendo finalmente a los impulsos que me recorrían ante las ganas de besar sus labios… terminé por acostar la distancia tras mirar sus labios unos cuantos segundos, dándole a entender qué era lo que pretendía hacer y concediéndole el tiempo necesario para que pudiera apartarse de no querer que lo besara.

Mí mano seguía en su pecho y ahora sí que podía sentir sus labios casi sobre los míos, no tuve ningún tipo de prisa en aproximarme ya que tenía toda la noche por delante, mis labios estaban tan cerca de los suyos que casi, casi, podía sentir el calor que estos desprendían. Pero no llegué a rozarlos ni a besarlo como estaba deseando hacer, sentí una pata sobre una de mis piernas clamando por atención justo cuando tan solo me bastaba estirar un poco el rostro y apoderarme de sus labios… pero Isis, tan oportuna como siempre, me demandaba por atención. Cerré los ojos al quedarme con las ganas de besarlo, me mordí el labio y reí levemente lanzando un suspiro… maldita fuera mí perra. Parecía que había esperado el momento oportuno para hacer acto de presencia y clamar por algo de atención, ya que estaba en su cojín al lado de la chimenea.

Cuando vi su rostro, ladeado, y con el juguete en su boca… no pude enfadarme con ella, aunque sí me había “molestado” el hecho de que no hubiera podido esperar tan solo un minuto más y haya tenido que acercarse en ese momento. ¿Hubiera bastado con un minuto? Seguramente; no, no lo habría hecho. Pero las ganas de besarlo al menos se habrían disipado un poco… ahora tenía más ganas incluso que antes pero preferí, por aquella vez, hacerle caso a mí perra antes de que tuviera otra magnífica ocasión para ser inoportuna.



-Que sepas que te vas a salir con la tuya solo por esta vez, ¿vale?
–le quité el juguete sin que ella pusiera mucha resistencia y se lo tiré todo lo lejos que pude viendo que se perdía por el pasillo y que ella apenas tardaba un segundo en ir corriendo tras haberlo lanzado. Negué con la cabeza ante aquello y mí vista entonces se centró en Haytham- ¿Y bien? –pregunté ante las opciones que le había dado pensando que, seguramente, tomaría la opción de darse un baño por sí solo. Pero no dijo nada, su mirada estaba puesta en la mía, una mirada que no supe descifrar qué era lo que pasaba por su mente. Era hombre de pocas palabras y mayormente hablaba más con sus gestos, como el hecho de haberme secado el rostro con la toalla, y tenía que descifrar sus acciones y miradas. De repente sentí sus manos, grandes, sobre mis hombros acercándome a él de forma suave y lo siguiente que sentí… fueron sus labios contra los míos.

Por primera vez fue él quien se atrevió a dar aquel paso y yo gustosa me dejé hacer por él en todo momento, sintiendo sus manos en mis hombros y sus labios moverse sobre los míos. Por fin volvía a apoderarme de aquellos labios aunque hubiera sido él quien finalmente acortara la distancia, disfruté de su toque, de la forma en que lo hacía como si quisiera ser apasionado y no tuviera ningún tipo de prisa. En todo momento le dejé llevar el ritmo del beso disfrutando de sus labios, de la forma en que me besaba y calmando un poco la… necesidad, por llamarlo de alguna forma, que incluso yo misma sentía de aquel beso.

Disfruté del momento y apoyé mis manos en su pecho momentos antes de que notara que se estaba tornando el beso en algo rudo, notando que terminaba por acercarme a su cuerpo restando cualquier espacio entre ambos. Mis manos aferraron con fuerza su camisa en aquel momento y gemí contra su boca en el beso ante el cambio de ritmo y fue ahí cuando quise tomar partido yo también. Mí cuerpo se movió por sí solo y se elevó un poco rozando el suyo sin separarme, una de mis manos subió hasta su pelo aferrándolo y la otra rodeó su cuello arqueándome contra él sin poder evitarlo. Intenté imponer mí propio ritmo en el beso sintiendo que de alguna forma la rudeza terminaba y daba paso a un beso de forma más… apasionado.

Cuando al final tuvimos que separarnos por falta de aire no pude evitar morder su labio inferior y tirar de el durante unos segundos sin apartar mí mirada de la suya y con una sonrisa en los labios. Al final solté su labio y me lamí los labios sintiendo el calor de estos y que seguramente estarían algo más rojos por el beso recibido. Cerré los ojos por unos breves momentos y apoyé mí frente contra la suya recuperándome tras aquello al tiempo que la mano en su pelo descendía por su rostro hasta delinear sus labios y seguir bajando hasta dejarla en su pecho. Alcé mi rostro para mirarle cuando comenzó a hablar y, tras aquello… me reí, me reí por las palabras que había dicho dándome cuenta de que en todo aquel tiempo era la primera vez que lo veía gastando una broma y aquella me gustó, me hacía sentir que poco a poco estaba cediendo terreno en aquella muralla que tenía erigida en su interior, y me hacía querer adentrarme mucho más.



-Una lástima –chasqueé la lengua sin perder mí sonrisa tras la risa y lo miré- Habría sido algo digno de ver y de recordar también verte con una de mis batas, aunque… la idea de que te pasees desnudo por mí santuario -me mordí el labio, divertida con aquello- me resulta de lo más tentadora a la par que erótica –un espectáculo digno de ver, sin duda alguna. Sonreí cuando dijo que prefería que nos bañáramos juntos sintiendo que me sorprendía su decisión pero que no iba a cuestionar bajo ningún concepto- Sabia elección, al menos no rechazas todo aquello cuanto te ofrezco –aquello lo dije entre risas y tomé una de sus manos entre las mías- Ven –me levanté de aquel sofá y tiré un poco de él para que me siguiera, encontrándome a Isis que nos miraba en el linde de la puerta, me agaché para dejar un beso en su cabeza y seguí adentrándome por el pasillo mirando de reojo que él me siguiera.

A esas alturas me costaba andar ya que sentía el vestido demasiado pegado a mí cuerpo pero aún así seguí andando hasta llegar a la puerta de mí habitación. Abrí la puerta y dejé que entrara dentro antes de cerrarla tras él. La habitación era amplia con una puerta a la derecha de la cama que daba al aseo. La cama amplia tenía una colcha negra y dorada, a juego con los cojines. El cabezal era igual que la colcha con grabados ornamentados en dorado, había un tocador con un espejo enorme dorado también, y por la habitación habían cuadros típicos egipcios, y en la mesita tenía una figura de un gato negro que portaba un collar dorado. Cogí de nuevo su mano y tiré de él hasta llegar al aseo que era bastante amplio, en decoración a juego con el resto de la habitación, donde en medio había una bañera grande en blanco con grabados en color dorado. Me acerqué hasta la bañera y comencé a llenarla cuando empezó a salir el agua caliente.

Me giré para contemplarlo en mitad de mí aseo pareciéndome extraño y sintiendo que aquello jamás se me habría podido pasar por la cabeza que pasaría, pero aquí estábamos los dos. Lo primero que hice fue acercarme a él e inclinarme para volver a besar sus labios, un beso algo más corto ya que no quería que se saliera el agua de la bañera y no debía de llenarla mucho si no quería que luego se desbordara al meternos los dos. Me separé, cerré el grifo y eché unas sales que siempre solía utilizar y que olían de maravilla. Me volví a acercar a él de forma lenta y empecé a desabrochar los botones de la camisa que llevaba dejando esta abierta, mostrando de forma leve su pecho. Subí mi vista para mirarle y sonreírle antes de darle la espalda, apartar mí pelo hacia un lado, y dejar que fuera él quien deshiciera los lazos que llevaba el vestido… sentía que el corsé bajo este comenzaba a molestarme y se me pegaba con cada respiración que daba.



-Me temo que tras el baño mí olor se va a quedar impregnada en tú piel –dije ladeando un poco la cabeza para poder verlo, mientras él deshacía los lazos del vestido- Espero que no te importe –allá donde fuera después de aquella noche se iba a acordar ya que le había echado al agua lo que siempre utilizaba para bañarme. Iba a ser un baño de lo más placentero y relajante, uno en el cual no iba a tener ninguna prisa. El primer trueno de aquella tormenta que se avecinaba sonó en el lugar haciendo que me sobresaltara un poco ante lo inesperado que había sido, pudiendo notar que las gotas de lluvia se oían con más fuerza contra el cristal. Llevé una mano a mí pecho y suspiré por aquello- Qué tonta soy –murmuré más para mí misma, al haberme sobresaltado por aquello.


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