Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Shadowman — Privado

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Shadowman — Privado

Mensaje por Ninette Vassiljeva el Jue Sep 29, 2016 3:58 am


Soy una casa olvidada por la suerte del fuego
que le ha dejado su reino al hielo más seco.
—Rafael Arráiz Lucca, Cuarto.




Había tenido una pésima noche. El sol ya estaba bastante alto, brillando con todo su esplendor, mientras que Ninette aún continuaba sepultada entre las cobijas. Pensar en levantarse era una idea muy alejada de sus planes para ese día; sólo necesitaba descansar. Tras la desaparición del plenilunio, se quedó bebiendo como una condenada, hasta que el alcohol deshizo su sensatez. Sí, era una mujer, y no estaba bien visto que bebiera de esa manera; pero eso era algo que no le importaba en lo más mínimo. Ella no estaba bajo las órdenes de nadie, y eso sólo significaba una sola cosa: que siempre podía hacer su real voluntad. Desde que había llegado a París, su vida empezaba a mejorar un poco. Estar alejada de todo aquel infierno que había vivido dentro de la Inquisición, era algo que la tranquilizaba. No se sentía del todo satisfecha, pero se conformaba con la poca paz que lograba respirar. Esa era la vida que siempre había querido tener, sin demasiadas preocupaciones.

Continuó sumergida en su letargo, ignorando el desgraciado dolor de cabeza que le hacía palpitar las sienes, sintiéndose como un oso en pleno invierno. Y de no ser por el grito de Vladimir –que casi la tumba de la cama–, hubiera estado así durante todo el día. ¿Por qué tenía que arruinarle el momento? Lo detestó infinitamente en ese instante. Hasta lanzó unas blasfemias en ruso, mientras, de mala gana, se quitaba las sábanas de encima. No entendía porque demandaba su presencia con tanta urgencia; de seguro se trataba de alguna tontería. Pero no era así, el motivo resultó ser de mucho peso, algo que no se esperaba.

En París había contactado con varios conocidos. Aunque no confiaba del todo en ellos, sabía que repudiaban a la Inquisición tanto como ella; eso era un punto a favor. Además, tarde o temprano iba a necesitar empleo. Y sí que terminaría consiguiendo uno, no tan digno como esperaba, pero al menos era algo que bien sabía hacer, y mucho mejor, le proporcionaría ventajas para cumplir con su venganza.

Alexandre Schubert era un hombre de pocas palabras, con una mirada que causaba muchísimo recelo a quien se atrevía a mirarle por más de cinco segundos. A Ninette le daba igual, y agradecía que no fuera un sujeto muy curioso, o terminaría rechazando la oferta sin siquiera pensárselo, por más conocido que fuera. Él tenía algo que ofrecerle, más específicamente, se trataba de un peculiar oficio; y ella, ni corta ni perezosa, aceptó. Vladimir se opuso en un principio, pero Ninette estaba fascinada con la idea; ya había estado demasiado tiempo sin hacer nada. Así que, siguió a Alexandre, primero a pie, luego abordaron un lujoso coche, y finalmente, pararon en la zona residencial de la ciudad. Aquel lugar rodeado de prestigiosas propiedades que Ninette ignoró, sólo estaba pendiente de los movimientos del hombre.

—Espero que valga la pena. O simplemente, me daré media vuelta y regresaré por donde vine —aseguró, sin cruzar mirada con Alexandre—. ¿Y quién es ese fulano?

Habló más de lo debido, pero era parte de su naturaleza. Sabía que tenía que haber omitido esa interrogante, y lo confirmó cuando Schubert le dirigió una mirada nada agradable; Ninette igual lo desafió, no obstante, terminó desistiendo. Sólo lo siguió hasta una residencia bien acomodada, oculta entre abundante vegetación. Sus ojos viajaron de un lado a otro, no perdiendo ningún detalle del sitio. Tenía que conocer el terreno que pisaba. Lo hacía con el mejor disimulo posible, mientras esperaba al supuesto anfitrión del que Alexandre tanto le habló.



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Re: Shadowman — Privado

Mensaje por Pavel Václav el Vie Nov 18, 2016 4:37 am


“Lies require commitment.”
― Veronica Roth, Divergent


La gente lo sabía. Era así de simple; Pavel no era una persona, no era algo tangible; era un concepto, una idea que permea en todo y en todos, como un mito que se esparce por las calles, de boca en boca, entre susurros clandestinos, o algo más turbio. Así era, nadie nunca lo mencionaba, pero si preguntabas del modo correcto, a las personas indicadas, probablemente te guiarían hasta él. Y es que así debía ser, en su posición, simplemente no podía anunciarte quién era, y a qué se dedicaba: «vendo los secretos del mundo al mejor postor». Pero en esa misma dinámica, valía la pena mantener su contacto, no como algo recurrente, sino como esa última salida a la que sólo recurrirías de estar muy desesperado.

Y no era raro que gente que hace muchos años que no veía, volviera a buscarlo. Estaba acostumbrado, y tenía buena memoria para las caras, y para los tratos. Podía precisar qué convenio hizo con esa persona sin equivocarse. Si eres un mentiroso, como él, se requiere de una gran habilidad para retener datos. Era el precio que tenía que pagar, y resultaba una ironía que alguien que mercaba con información, fueran tan de poco fiar; sin embargo, si no se trataba de sus secretos, no había razón por la cual dudar.

Uno de esos viejos conocidos lo contactó. ¿Cómo si ya no estaba en Inglaterra? Del mismo viejo modo: todos los caminos llevan a Roma. Entre los que son como él, y los que usan servicios como los que ofrece, todos están conectados. Se conocen de uno u otro modo. Fue una sorpresa para ambos descubrir que los dos estaban en París. Sorpresa, y conveniente. Le mandó su dirección, diciéndole que debía buscar muy bien: no mentía, la residencia que había adquirido en la capital gala estaba escondida entre maleza. Siempre se había sentido más seguro de ese modo.

Así pues, el día indicado, a la hora acordada, se dispuso a recibir a sus invitados, porque le había advertido que iría acompañado. Hizo arreglar uno de los salones para visitas y se vistió con casualidad, pero elegancia. Todo su atuendo estaba pensado para decir una cosa: «este es mi terreno». De nuevo, su capacidad para mentir lo obligaba a cuidar todo mínimo detalle; cuando era más joven, convenció a su colegio entero que provenía de una acaudalada familia, después de todo. Estaba acostumbrado.

Se plantó frente a una de las ventanas de la fachada en el tercer piso de tres. Larga como flauta y que, más allá de las copas de los árboles, le permitía ver el camino que llegaba hasta su casa. Con la vista atenta y las manos entrelazadas en la espalda, vio en carruaje acercarse. Sonrió de lado, lo había conseguido, sin embargo, no se movió. La diligencia desapareció, en dirección a donde él estaba, y tras algunos minutos, un sirviente lo interrumpió.

Señor, sus invitados han arribado —anunció el hombre de pelo entrecano y bigote bien recortado. Para Pavel, alguien que no había crecido con lujos, pero que siempre los deseó, resultaba sumamente satisfactorio que lo trataran con ese respeto.

Gracias Marcel, enseguida voy —lo miró por sobre su hombro y con eso, el hombre se retiró.

Un momento después, Pavel bajó también, y cuando llegó a la planta baja, vio en el recibidos a otro de sus mozos abriéndole la puerta a Alexandre Schubert y a su acompañante, una chica pelirroja.

Schubert, cuánto tiempo —fue su manera de saludar. Sonrió, pero no parecía del todo sincero, más como si estuviera midiendo al otro, y a la chica. Había algo cauteloso y felino en su expresión—. Adelante por favor, bienvenidos a mi humilde hogar —un privilegio del que no muchos gozaban.


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Re: Shadowman — Privado

Mensaje por Ninette Vassiljeva el Sáb Ene 07, 2017 4:30 am


El cuervo es la cimera de estas cabezas rotas;
cuelga un jirón de carne de su flaca barbilla:
parecen, cuando giran en sombrías refriegas,
rígidos paladines, con bardas de cartón.
—Arthur Rimbaud.




¿Y si Vladimir tenía razón? ¿Y si no era buena idea? “Y si...” Siempre esa maldita duda rondándole cual buitre. Quizás se debía a esa repentina libertad, a ese modo de no seguir las órdenes de más nadie, salvo de su propia conciencia, que no estaba tan estable como hubiera querido. Ninette a veces resultaba ser muy impulsiva, obedeciendo sólo a sus caprichos infantiles, pero terminara arrepintiéndose de algún modo. Creyó, por un instante efímero, que aquella decisión le saldría cara, que se cobraría una parte importante de sí misma. Pero tal vez sólo estaba paranoica. El simple hecho de haber escapado de las garras de la Inquisición la dejaba en un estado de alerta continua, sintiéndose perseguida por todos los seguidores de Henry Sicard. Resultaba una sensación desagradable, algo que no podía borrarse de la piel, y mucho menos, de la memoria. Sin embargo, confiaba en las palabras de Schubert; aún siendo un sujeto reservado, cuando ofrecía lealtad, lo hacía sin mirar atrás. Era esa misma razón por la cual Ninette continuó hasta el final, incluso, se atrevió a refutarle.

Pero ahora, ya estando en aquella residencia, su actitud altiva había disminuido, siendo tan sólo migas de su orgullo. Echó un rápido vistazo a la vivienda, también al criado que los recibió. Se había acostumbrado a actuar de esa manera en la Inquisición; sus líderes se lo recalcaban una y otra vez. Aunque tenía que reconocer que, de algún u otro, resultaba beneficioso asumir ese tipo de actitudes, porque eran una forma de defenderse ante el mundo corrupto, del que ella formaría parte desde ese instante. Todo gracias a un Alexandre Schubert, que ahora mostraba una postura relajada y una sonrisa que no era sincera. Ninette se recalcó mentalmente que se hallaba en un nido de cuervos.

Su mirada viajó por toda la figura que ahora los recibía; fue un movimiento rápido, casi imperceptible. Sin duda, ese hombre poseía el mismo estatus de Alexandre. ¿En dónde demonios se había metido? Ya era tarde para arrepentirse. De todas maneras, necesitaba el empleo, y ese le iba como anillo al dedo.

—Václav, mi estimado Václav. Recuerda que el tiempo es algo escatológico tratándose de nosotros —Respondió Schubert, dirigiéndole al otro hombre una mirada de pura confidencialidad—. Ah, y antes de que se me olvide, ella es Ninette Vassiljeva, la chica de la que te hablé. —Guiño el ojo, recalcando aún más aquellas palabras—. Así que entremos en materia.

Ninette observó a Schubert, entrecerrando un poco los ojos, pero luego ignoró toda aquella introducción ridícula. Simplemente le dirigió una sonrisa al anfitrión, igual de mentirosa que la que él portaba.

—Un placer, señor Václav —agregó Ninette, haciendo una leve reverencia.

Luego fueron dirigidos a un salón, más lujoso que el anterior. Ahí les ofrecieron asiento, y tanto Schubert, como Ninette, se pusieron cómodos, o al menos eso aparentaban. Tras un silencio incómodo, ella fue quien primero decidió romper con tanta etiqueta, justo cuando estuvieron únicamente los tres.

—Y bien, se supone que fui traída aquí por un motivo importante. Lamento mi repentina honestidad, pero, ya saben, en los negocios ser directo es importante, en especial si tu cabeza está en juego —habló con completa seguridad. Ninette no era idiota, sabía perfectamente a quienes se enfrentaba y no bajaría la guardia, ni siquiera en ese momento.



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Re: Shadowman — Privado

Mensaje por Pavel Václav el Mar Ene 24, 2017 3:34 am


“Sheep can befriend a hungry wolf only for briefly.”
― Jim Butcher, Changes


Pavel sonrió con un gesto amplio y fue al encuentro de Schubert, por un instante pareció que de hecho le daba gusto verlo, por el simple placer de su compañía, no porque significara un nuevo negocio con cifras de dinero inalcanzables para los mortales. Toda su vida, la avaricia lo había movido, y no que ello fuera algo malo, al contrario, el siempre querer más le impedía mantenerse en un solo lugar. Rio luego con educación, el checo no tenía una educación que lo precediera, no había nacido en cuna de oro, pero en su afán de aparentar algo que no era, aprendió desde muy joven todos los protocolos y los modales, por ello, su risa se prolongaba lo que debía hacerlo, ni un respiro más.

Giró el rostro hacia la chica y, tras la reverencia, tomó la mano de la joven y la beso, él mismo inclinando la cabeza como si recibiera a la mismísima reina de Inglaterra. Aún con ese semblante seguro y galante, los condujo hasta la habitación que hizo preparar expresamente para esa reunión. En ella ya había viandas preparadas de queso, uvas y nueces, además de un coñac añejo y tres vasos. El propio Pavel se dirigió hasta la mesilla donde todo estaba y comenzó a servir algo del licor. Alzó el rostro cuando ella fue la primera en hablar. A decir verdad, había estado esperando aquello. Alexandre le había dicho muchas cosas sobre la muchacha y quería comprobarlas. Volvió a reír con condescendencia, como quien se divierte con las travesuras infantiles de un niño que no sabe lo que está haciendo.

No exagerabas en tus descripciones, Schubert. Tiene garra —dijo como broma, aunque fue muy evidente en su rictus. Ignoró deliberadamente a la chica, como si no estuviera ahí si quiera. Tomó dos de los vasos y los colocó en una mesa de centro, más al alcance de sus invitados y luego él mismo se hizo con un vaso. Dio un leve trago, calentó el coñac en el paladar para luego tragarlo.

Bueno, joven Vassiljeva —al fin se dirigió a ella. Desde que había besado su mano, la había estado ignorando—. Creí que aquí, Alexandre Schubert presente, la habría traído con algo más de información —se mantuvo de pie y recargó el codo en la mesa donde estaban los refrigerios. Tenía el coñac en la mano y lucía demasiado seguro para alguien tan joven. Dio un nuevo trago—. No creo que sea mi posición aclararle. Schubert, por favor, creo que esa parte te toca a ti —comentó y su en su voz brilló un dejo de diversión.

Y es que Pavel estaba en su elemento, no que hubiera dejado de llevar a cabo su labor, para nada, pero pocos clientes, por llamar a Schubert de algún modo, le presentabas situaciones tan interesantes. En ese instante de silencio, como si desde fuera lo hubiera percibido, Marcel entró a la habitación y tomó la charola con los tentempiés y los ofreció a los invitados, para luego dejarlos en la mesa.

Gracias Marcel —el joven amo agradeció a su mayordomo, quien con una reverencia, se marchó.


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Re: Shadowman — Privado

Mensaje por Ninette Vassiljeva Hoy a las 4:35 am


Miento
y queda clavado el universo
en mis mentiras dementes.
—Georges Bataille.




¿En dónde diablos había metido las narices? De seguro en algo que no era demasiado digno para la sociedad; quizás, en un negocio que pondría, nuevamente, su vida en peligro. Pero, ¿qué más daba? Ya había pasado por mucho dentro de la Inquisición, hasta se obligó a sí misma a forjar su carácter con hierro caliente, sin importar el dolor, ni las cicatrices que fueran a quedar para siempre en su piel. A esas alturas ya no tenía nada que perder, y mucho menos, algo que ganar. Todo cuánto quiso quedó hecho cenizas por la presencia nefasta de Henri Sicard, el mismo hombre que traicionó, e intentó asesinar, a Alexandre Schubert en el pasado. ¿Quién mejor que Ninette Vassiljeva para derrumbar su imperio? Aunque, claro, esto era algo que ella desconocía en ese instante, pues el hombre no reveló más detalles sobre el supuesto empleo que le había conseguido. Simplemente estaban en aquella residencia elegante, acompañados por el arrogante dueño, a quien Vassiljeva quiso arrancarle la cabeza en su momento.

Václav creía sabérselas todas, subestimándola por completo, y eso era algo que le enfurecía; aun así, no lo demostró, prefería mostrar una postura relajada y una seguridad inalterable. El tipo, se le notaba, era un cretino, aparte de estar metido en labores poco honestas, eso se veía hasta en el traje que ostentaba orgulloso, y en esa sonrisa falsa y petulante que adornaba su rostro. También se esparcía tanto en su aura, como en el tono de voz. Era fácil percibir ese tipo de cosas si se poseía el significante plus de ser un ser sobrenatural, como ocurría en el caso de Ninette. Además, dichas actitudes no le eran para nada ajenas; ella misma había convivido entre alimañas durante años, y encontrarse con otra no podía ser menos predecible.

Observó a Schubert, primero de soslayo, y luego lo confrontó directamente, aún sonriendo, pero con la peculiaridad de hacerle entender su reciente descontento. Y él no pudo hacerse el desentendido; no iba tamaña oportunidad, y menos ahora, que iba tan bien. Su plan estaba marchando con viento en popa y no permitiría que se arruinara por una tontería cualquiera. Así que, con aquella gracia que lo caracterizaba, se puso de pie, luego de haberle regresado una mirada a Ninette, como pidiéndole que se tranquilizara, que él podía manejarlo todo.

—Ya te había dicho que tenía a una persona sagaz para estos tratos, Václav —habló finalmente Schubert, colocándose frente a la ventana, pretendiendo darles la espalda a sus acompañantes, mientras se apoyaba en su bastón de paseo—. Tengo más años en el negocio que tú, y por supuesto, que tu tío. Soy un zorro viejo, y mis experiencias superan las de muchos hombres. Aunque, no creo que supere las de Vassiljeva, pero esa es otra historia. —Se giró sobre sus talones, clavando esa mirada gélida en el joven Pavel—. Y desde mis años de extensa rutina supe que nunca debía juzgar a una mujer... por ser mujer.

Schubert terminó guiñando el ojo, como gesto de pura confidencialidad; como un lenguaje propiamente usado entre cuervos. Esto último sólo hizo que Ninette entornara la mirada con hastío. Su paciencia solía agotarse más rápido de lo que llegaba a aparentar. Y sí, para qué negarlo, las actitudes de ambos sujetos le parecían aburridas, no había nada novedoso en éstas.

—El zorro viejo dándole lecciones al zorro joven, ¿no es así? ¡Que tierno! —respondió Ninette, con ese peculiar sarcasmo que dejaba escapar en contadas ocasiones—. No se molesten, me conozco la historia de principio a fin; alguna vez fui un lobo joven, bajo las enseñanzas de un veterano. —Alzó los hombros, restándole importancia al recuerdo del desgraciado de Sicard—; sin embargo, señores, no estoy aquí para que hablemos mediante parábola. Sé perfectamente que estoy tratando con hombres deshonestos cuyas riquezas provienen de hacer más miserables a otros. Pero, ¿qué más da? Trabajo es trabajo, ¿verdad? —Exhaló, recargando luego su rostro en la palma de su mano—. Ya me conoces, Alexandre, también a Vladimir, así que mejor ahórrate las introducciones sin sentido.

—Václav, creo que le he dado suficientes detalles a la señorita. No seas maleducado, mi buen amigo, ahora es tu turno —reiteró Schubert, esta vez notándose como su semblante cobraba una seriedad que imponía temor.




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Re: Shadowman — Privado

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