Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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The Unknown | Privado

Mensaje por Riordan Slorach el Dom Oct 09, 2016 5:25 pm

I wasn't steering anything, not even myself.

Venga, hombre, cambia esa cara de velorio —le aconsejó Sawney Milligan, al tiempo que le daba una fuerte palmada en el hombro—. París no puede ser tan malo, ¿o sí?

Pero Riordan no respondió. De hecho, ni siquiera pareció escuchar las palabras de aliento que su amigo de la infancia le ofrecía. Sawney, que era de su misma edad, aunque con una corpulencia exuberante que lo hacía parecer varios años mayor, se había tomado la molestia de llevarlo hasta allí, en su barco, como un favor muy personal, y que lo ignoraran era lo que recibía a cambio. No lo sorprendía su actitud, desde luego, lo conocía demasiado bien para entender por qué su compañero de toda la vida actuaba de aquel modo. No era un viaje de placer, no planeaba desperdiciar sus días bebiendo y haciéndose de nuevas amantes –aunque según el punto de vista de Sawney, era lo que debía hacer-; estaba allí por un motivo, uno de verdad: investigar el paradero de su padre, principalmente, y de paso cerrar ese doloroso capítulo de su vida. No sería sencillo, empezando por el hecho de que pasar más de tres semanas en tierra firme, le parecía ya demasiado. Para Riordan, su vida era el mar. Hijo de un marinero, no era de extrañar que se convirtiese también en uno. Para él la navegación era más que un sueño; era su destino.

Con una sola maleta en forma de saco cargada sobre la espalda, se quedó mirando el camino que lo sacaría del puerto y lo conduciría a la gran ciudad, mas no se atrevió a dar un paso. De pronto lo asaltó el terrible presentimiento de que se avecinaba un desastre. ¿Era pertinente abandonar sus intenciones en ese momento y volver con Sawney a Escocia? No. Él nunca se dejaba amedrentar, la incertidumbre nunca había significado un obstáculo a la hora de llevar a cabo sus planes, y vaya que se había topado con ella en muchas ocasiones a lo largo de su vida. Más seguro que nunca, giró sobre sus talones para encarar a su buen amigo.

No, no será malo —respondió con actitud renovada—. Ya sabes lo que dicen…

¿Que París tiene a las mejores mujerzuelas, no solo de Europa, sino del mundo entero? ¡Ya lo creo! —le interrumpió y enseguida se echó a reír—. Y por tu bien, Slorach, espero que te acuestes con cada una de ellas. Eh, mira, ésa podría ser la primera.

Riordan rodó los ojos y sonriendo se rehusó a mirar a quien señalaba Sawney. No estaba de humor, pero éste lo tomó de la barbilla y lo obligó a girar el rostro. Se encontró con una muchacha rubia que los miraba con cara de susto. Sawney no dejaba de reírse, demasiado divertido con su broma de mal gusto. Riordan solía bromear con él, pero a diferencia de su amigo, él todavía era capaz de comportarse un poco cuando lo consideraba necesario.

No preste atención, es sólo un idiota con un pésimo sentido del humor —dijo a la muchacha a modo de disculpa.


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Última edición por Riordan Slorach el Miér Nov 02, 2016 1:19 am, editado 1 vez



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Re: The Unknown | Privado

Mensaje por Nerine Donald el Miér Oct 12, 2016 5:55 pm

Hacía varios días que ocupaba el apartamento que Johan amablemente le había ofrecido, y a pesar de los consejos de quedarse allí, escondida por unos días, no podía seguir huyendo de sus responsabilidades, y una de las mas importantes, era la empresa que su padre había fundado. Mil escusas había hecho llegar mediante un nuevo bufete de abogados, para no presentarse en las oficinas de la naviera, pero papeles que debía firmar, empresarios que necesitaban contactar al responsable de la empresa, le llevaron a tener que dejar su refugio.

El sol no había despuntado en el cielo, cuando Nerine, ya se había levantado, se preparó con meticulosa parsimonia, debía dar una buena impresión al llegar a la empresa, ésta sería la primera vez, desde que su padre había muerto, y descontaban que la mayoría de los comentarios hacia ella serían de como se había vestido, de lo tonta o mojigata que parecía y por supuesto, que una empresa no podía, ni debía ser dirigida por una mujer, menos si ésta era una joven que ni prometido tenía, ¿quien podría creer que podía ser responsable, si con su edad, no había podido formalizar una relación con un caballero de buena estirpe? resopló, abrumada por todas sus dudas y suposiciones, mismas que no desaparecerían, hasta que por fin se encontrara en el puerto y con los responsables de la naviera, dejados a cargo por su padre, a la espera de que ella tomara la decisión de manejar los negocios de su familia.

La doncella que convivía con ella en el apartamento de su amigo Zalachenko, se esmeraba en mantener el lugar tan limpio y pulcro como si se tratase de un ala del museo, La cocinera y el chofer, solo se quedaban desde las primeras horas de la mañana, hasta la cena, yendo cada uno con sus seres queridos, lo que hacía que la vida de la joven se hubiera vuelto de por mas solitaria y poco sociable. Por dicha razón, pensar que debía enfrentar a empleados, marineros, capitanes,  provocaba que su corazón latiera con fuerza, su estomago estaba cerrado por el estres y apenas había podido tomar un jugo de frutas. Así, se dirigió al puerto, tan asustada como un pequeño conejo en mitad de una fiesta de lobos.

El chofer la llevó hasta la puerta de la empresa naviera, abriéndole la portezuela, y extendiendo su mano para que la joven la tomara, ayudándole a descender del vehículo. Nerine agradeció, sonriendole con ternura, al hombre le conocía de toda la vida, y aunque era ya un hombre mayor, no había pensado jamás en despedirlo, - Gracias Joseph, puede irse a casa, en cuanto termine, tomaré un coche de alquiler -, hizo un gesto suave con la mano, una forma de indicarle que la decisión ya había sido tomada, - ve, de seguro Maria, estará preparando aquellas delicias que tanto te gustan- dijo risueña, pensando en la cocinera, quien era la esposa de Joseph y a quienes amaba como si fueran parte de su propia familia.

Cuando se quedó sola, en ves de entrar a la Naviera, decidió que necesitaba un poco de aire, recorrer el puerto, pensar en lo que debía hacer y ,porque no, recordar alguna de las veces en que solía pasear con su padre, por esas mismas aceras. Solo se había alejado unas pocas calles, cuando observó a la distancia a dos hombres que parecían hablar de forma despreocupada. Uno, el mas joven, cargaba un saco de marinero, aquel detalle le hizo recordar a su padre, aunque el parecido fue aún mayor cuando pudo contemplar el rostro del marinero, los ojos de aquel  hombre le recordaron tanto a los de su difunto padre que se detuvo a unos pasos de ellos. El impacto que había vivido al ver aquellos ojos, le hicieron perder el habla por unos segundos. Podían pensar que el susto, se debía a las palabras que el marinero de mayor edad, había dicho al referirse a las mujeres de París, pero ella apenas había logrado escuchar un poco de aquel comentario. El joven marinero, intentó disculparse, por lo que parecía, un comentario de mal gusto, por parte de su compañero.

Nerine, quedó pálida como un mármol, sin poder reaccionar, mas solo fue por un segundo, pues luego pudo volver a dirigir su mirada a los ojos, - no se preocupes, es solo que me tomó por sorpresa - un leve gesto de duda se hizo ver en el rostro de la joven - disculpe... ¿por casualidad... es usted escoces?... - abrió sus ojos con sorpresa, ¿que acababa de pronunciar? ¿que esperaba que el joven le respondiera? ademas ¿porque se sorprendía del parecido de aquellos ojos, con los de su padre? de seguro solo era una ilusión, un espejismo, su melancolía, que necesitaba recordar a su padre de alguna forma, muchas noches había temido llegar a olvidar el rostro de su padre.


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Re: The Unknown | Privado

Mensaje por Riordan Slorach el Lun Mar 27, 2017 7:31 pm

Slorach esperaba un reproche de parte de aquella joven, o aunque el insulto no hubiera salido de su boca, quizá hasta recibir alguna bofetada. Después de todo, de algún modo siempre terminaba siendo cómplice de las barbaridades de Sawney, o de “Milligan, El Bruto”, como atinadamente le apodaba su tripulación a causa de su desmesurada vulgaridad. Pero para sorpresa de ambos, ocurrió algo extraordinario. La muchacha no solo dio poca importancia a lo ocurrido, sino que también se aventuró a acercarse un poco, como si fuera posible que algo en esos dos desaliñados marineros pudiera ser de su interés. Riordan arrugó levemente el ceño, cuando vio que ella demostrada un peculiar interés por él. Era absurdo, pero no dejaba de mirarlo fijamente con demasiada insistencia. Y estuvo a punto de cuestionarla al respecto, pero ella le robó la intención cuando formuló aquella pregunta. Antes de responder, Slorach se aclaró la garganta.

Ambos lo somos. Escoceses hasta la médula —declaró con orgullo, mostrando una fugaz e inusual sonrisa—. Tiene usted un buen oído. Aunque… —hizo una pausa para analizar un segundo— si el mío no me falla, me arriesgaría a afirmar que usted también lo es —y lo era, su oído también era lo bastante bueno, como para que se tratara de un error—. Qué extraña coincidencia, ¿no lo cree?

En ese instante, su amigo, que parecía no haber tenido suficiente con lo ocurrido, le dio un golpe en el hombro, animándolo a llevar a cabo su sugerencia de acostarse con ella. Riordan sabía que no se detendría, así que se acercó, le devolvió el golpe y le dijo a modo de despedida:

Adiós, Sawney. Mantén ese trasero a salvo hasta que volvamos a encontrarnos  —y comenzó a alejarse de él.

Caminó junto a la muchacha a través de ese camino que minutos antes había dudado en seguir, y para su extrañeza, aunque intentaba disimularlo, ella no cesaba de mirarlo de aquel modo. Hasta que Riordan no pudo más con la curiosidad.

Tal vez… ¿le resulto familiar de algún lado? —Inquirió como quien no quiere la cosa—. ¿Nos conocemos?

Pero dudaba que fuera así. No era posible porque los únicos lugares que Slorach frecuentaba eran las tabernas, y en ocasiones las casas de citas, y dudaba que una mujer como aquella, de apariencia tan inofensiva, tuviera asuntos que tratar en alguno de esos sitios.



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Re: The Unknown | Privado

Mensaje por Nerine Donald el Lun Abr 03, 2017 8:16 pm

Sonrió al saber que había acertado, aunque no podía distinguir las variantes típicas de cada puerto escoces, había logrado descubrir que eran de su tierra natal. Enarcó una ceja al ver que el hombre mayor daba una palmada al mas joven, - ¿porque los hombres se comportan como niños toda la vida? - caviló mientras hacía una minima inclinación de cabeza, a modo de despedida y contemplaba como el tal Swaney, se alejaba de ellos.

Comenzó a caminar, retomando su paseo, cuando comprobó que el extraño se acercaba a ella, no le molestó, por el contrario, no pudo dejar de contemplar, de vez en cuando, aquellos ojos, tan similares a los de su padre. Sonrió a las preguntas del que parecía un viajero, - No, no creo que nos conozcamos, no he vuelto a Inverness, desde que era una adolescente, ¿conoce usted el norte de Escocia? si es así, de seguro concordará, que no existe lugar  mas bello y misterioso que las Highlands, el lago Ness, los castillos, las leyendas, ¿verdad? - Se detuvo y lo observó con mayor atención, - Disculpe si lo he molestado, es que hablar de mi país, es algo que amo, y si le observo con tanta vehemencia, es porque en su rostro, en sus ojos, me recuerda a una persona que conocía - le estaba por contar que se trataba de su padre, pero calló, pues sería dar demasiada información, a un extraño al que ni conocía su nombre.

Al darse cuenta que había sido en extremo mal educada, se ruborizó, - Por favor, perdone mis modales, es que hablando de Escocia, no me he presentado, mi nombre es Nerine Donald - dijo con voz melodiosa, mientras extendía su mano para saludarle. Ese gesto tampoco era muy usado entre los hombre y las damas, pero había visto tantas veces comportarse así a su padre que solía imitarle.


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Re: The Unknown | Privado

Mensaje por Riordan Slorach el Vie Mayo 05, 2017 12:39 am

Mientras recorrían aquel espacio destinado al flujo de personas y mercancías, Riordan desvió la mirada un momento, dirigiéndola hacia el pedazo de mar que los rodeaba. No llevaba ni una semana lejos de su tierra y hablar de ella ya le provocaba cierta sensación en el pecho, algo muy parecido a la melancolía. Eso lo convertía en un tonto, desde luego (así habría opinado Sawney, de haberse enterado), pero no era el único, y lo supo por la manera en que aquella joven mujer hablaba de sus orígenes, con una añoranza que parecía adueñarse de su corazón. Así debía ocurrirle a cada escocés, que por un motivo u otro se veía en la necesidad de emigrar. Escocia era tan hermosa que costaba desprenderse de ella y casi dolía la sola idea de no volverla a contemplar nunca más. Era única, tan diferente de cualquier otro sitio que él hubiera pisado, y vaya que podía darse el lujo de hacer tal afirmación, pues como marino había viajado lo suficiente. Él era oriundo de la Isla de Mull, situada en la costa occidental, un lugar de ensueño conformado por verdes y extensas praderas, preciosas playas, leyendas fascinantes y tradiciones vivas. Riordan solía recorrer sus aldeas montado a caballo y a menudo lo sorprendían las puestas de sol de colores mágicos.

Am fear is fhaide chaidh bho’n bhaile, chual e’n ceòl bu mhilse leis nuair thill e dhachaidh —sin dejar de contemplar las aguas, recitó en gaélico un antiguo refrán celta con el que ella debía estar familiarizada. Traducido al francés significaba «el hombre que vaga errando fuera de casa, escucha la música más dulce cuando vuelve a ella». Esa fue la forma que eligió para decirle que la entendía, quizá mucho más de lo que ella imaginaba.  

Suspiró. Evocar aquellas imágenes también le trajo paz… pero no por demasiado tiempo.

¿Qué? ¿Qué ha dicho?  —Dijo tan pronto como la escuchó presentarse. El tono de su voz era áspero, la manera en que le cogió la mano, demasiado descortés, casi brusco. Su agarre no era para corresponder a su saludo, sino para retenerla y exigirle una respuesta—. ¿Donald? ¿Ese es su apellido?

El corazón le dio un vuelco. El fortuito encuentro con la mujer, la amena aunque breve charla, casi habían logrado que se olvidara de su padre, el motivo por el cual estaba allí. Leanann Donald, ese era su nombre, y que Nerine compartiera su apellido y además la nacionalidad, no podía ser más que una extraña y verdaderamente inusual casualidad, ¿cierto? Tragó saliva. Sus instintos lo alertaron, le urgieron a indagar más con el fin de descartar, de una vez por todas, esa absurda y demencial posibilidad que flotaba en el aire.  

Nerine, ¿a quién le recuerdo? —Inquirió, presionándola. Ya había sembrado en él la duda y no se iría sin una respuesta. Todavía no la había soltado, su mano sujetaba fuertemente la delgada muñeca, como si quisiera impedir que huyera antes de poder resolver el misterio—. ¿Quién era esa persona a la que conocía? Dígame su nombre.

Muy en el fondo experimentó un explicable miedo, temor por lo que podría llegar a escuchar. Aunque sabía disimularlo, hablar de su padre siempre había sido doloroso; su convivencia había sido breve, lo conocía tan poco. Su rostro, pero sobre todo sus ojos, reflejaban conmoción e intriga.



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Re: The Unknown | Privado

Mensaje por Nerine Donald el Dom Mayo 28, 2017 8:26 pm

¿En que momento se le había pasado por su cabeza, hablar con un extraño? tal vez porque infinidades de veces lo había hecho antes, y jamás, ser alguno se había comportado de aquella manera desquiciada. Le fue imposible no temblar, mas aún, que su piel mantuviera el color rosado habitual, por el contrario, sus mejillas tornaron  al color de la cera y sus pupilas se dilataron, ¿que estaba pasando aquí? ¿porqué aquel hombre se estaba comportando como un real desequilibrado?

Su mirada fue del rostro del marinero, a la mano que retenía la suya. Volvió la vista en varias oportunidades, mientras jalaba su brazo y así soltar el amarre, pero era imposible. Le había tomado de tal  forma que sería imposible soltarse sin hacer un escándalo. - ¿que le pasa? - enarcó una de sus cejas al llevar sus orbes a los ajenos - que le pasa con el apellido... s..s...si... es Donald... pe... peeero... es un apellido común - quiso excusarse, mientras con su mano libre intentaba hacer presión en los dedos del hombre, - suélteme... me asusta -  dijo, elevando la voz e intentando que alguno de los viandantes intentara ayudarla, pero los que pasaban a su lado, apenas veían la eocena,  bajaban la cabeza y seguían de largo. Hizo un gesto de desagrado - cobardes - pensó, mientras suspiraba, sin dejar de hacer presión para que la liberara.

Cuando observó que el marino se calmaba, intentó alejarse, pero solo consiguió que la atrajera mas a él. Era evidente que no la dejaría ir, si no contestaba a las preguntas que le hacía, y recordando lo vivido hacía unos pocos meses, luego de la muerte de su padre y la posterior ayuda que tuviera de Johan, supo que debía ser muy cuidadosa, y que aveces, no quedaba otra que mentir. Tal vez no tanto, solo un poco, pensando en ello, tragó saliva e inspiró, - a ver, si se comporta de ese modo, creo que no podré responderle... ¿en verdad se encuentra bien? - le preguntó, - porque se está comportando como un condenado lunático - espetó, sin siquiera haberse dado cuenta que lo dijera en voz alta. Cuando fue consciente de lo que dijera, sus mejillas se tornaron del color de un melocotón maduro. - Lo.. Lo... siento... es que... asusta.  - no pudo seguir hablando, se encontraba realmente afectada.

Si algo bueno había conseguido, era que lo había dejado algo descolocado y así soltar su mano. La que escondió tras de su espalda, por miedo a que la intentara volver a tomar por la muñeca. - ¿que a quien me recuerda? - intentó buscar alguna respuesta rápida, - a un amigo de mi padre - dijo de forma atolondrada, - por...por... las cejas... casi unidad - sabía que estaba inventando, pero su corazón rebotaba en su pecho y solo deseaba salir corriendo de aquel lugar. Tragó saliva y sonrió tímida - ¿su nombre?...
no me acuerdo... lo vi pocas veces... ¿porque?
-.


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