Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Baile y máscaras (Privado -> Zafiro)

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Baile y máscaras (Privado -> Zafiro)

Mensaje por Gerrit Nephgerd el Lun Oct 10, 2016 5:31 am

Podía escuchar la música, ella era testigo de su encuentro. A medida que el chico y la chica se abrazaban y acercaban sus cabezas, el ritmo de las trompetas, tambores y timbales incrementaban más y más. Lo mismo pasaba con los bailes y los gritos de la muchedumbre. La gente parecía ponerse nerviosa, todo retumbaba a alrededor de los dos, hombre y mujer, que habían sido víctima de las molestias de un mal borracho de nariz afilada. Aun así, por muy estruendosa que fuera la fiesta callejera, a  Gerrit Nephgerd le parecía lejana. Se había quedado ensimismado con el abrazo y el aroma de la chica. Él, mentalmente, estaba en su propio mundo de juegos, violencia y burlas socarronas. La música sonaba con fuerza, pero parecía lejana, como si estuviera intentando entrar en el mundo de Gerrit y éste le hubiera dado un portazo para cerrarle s el paso. Lo mismo ocurría con los bailarines y amantes de la noche, ellos ni existían a los ojos del hechicero.

Con esa premisa y el dulce olor de la mujer que le acompañaba, estaba seguro que la noche iba ser muy interesante. Se lo iba a pasar bien, muy bien.

De repente, las puertas y ventanas que Gerrit había cerrado en su mente se habían abierto de golpe en cuanto la chica soltó el abrazo de su cuello y sus pechos se separaron del suyo. Se dio cuenta de dónde estaba, de la gente bailaba a su alrededor, de un trompetista subido a unos grandes zancos que pasó a su lado y que la chica, la maldita chica, había burlado su abrazo con una frase que le invitaba a participar en una especie reto.

Por desgracia para la chica, y también para el hechicero, Gerrit jamás decía que no a un reto. Había nacido para competir y en la competencia ganar. No iba a dejarla escapar, no iba a dejar pasar una noche tan divertida como ella. No quería dejarlo escapar. Pero no pudo hacer nada para volver a participar en el reto de la joven.


Se despertó aturdido, despistado e incluso con ansiedad. Estaba sudando y había tenido una pesadilla la noche que conoció a la chica que le había dejado plantado en mitad de la fiesta callejera. Como deseaba volverla a encontrar y cumplir el desafío que ella había propuesto.

Durante días la fue buscando por todas las calles cercanas al bar donde se encontraron por primera vez. Estaba seguro que, si la chica volvía a aparecer, sería ahí. Por algún lugar del centro de Paris. Pasando por un callejón, saliendo en por la puerta de una tienda o lo qué cojones fuera. La chica tenía que aparecer ahí.

Si la vio, no lo supo. Decenas de personas con máscaras estaban entrando en una especie de pequeña mansión, donde, por lo visto, alguien celebraba una fiesta de máscaras. La idea era atractiva. Total, si no encontrase a la misteriosa chica, siempre podía emborrachar en la fiesta y divertirse como él buenamente sabía.

La mala noticia es que se necesitaba una máscara para entrar. Por fortuna, un hombre con una máscara blanca, ojeras negras y larga nariz picuda, más afilada que la del borracho que había dejado atrás, fue un desgraciado al pasar por el lado derecho del hechicero, en cuando éste lo vio, le dio un manotazo a la espalda con la mano derecha para tirarlo al suelo y con la izquierda arrebatarle la máscara de la cara de un solo tirón. El hombre se levantó del suelo, estaba furioso y dispuesto a darle una paliza a quién fuera que le hubiera tirado al suelo. Miró hacia la izquierda, luego a su derecha y se dio la vuelta entera para cubrir todos los ángulos en busca de su agresor. No lo vio. Gerrit se había camuflado entre la multitud enmascarada que estaba a punto de entrar en los salones con suma facilidad.

Para no dejar cabos sueltos, el hechicero susurró un conjuro. Entró en la mente del hombre a quien acababa de robarle la máscara y le hizo creer que, su agresor, era un tipo que tenía una máscara muy parecida a la que él había tenido. Un empujón por parte de uno, un puñetazo por parte del otro y la batalla en medio de la fiesta fue servida. Los que no se unieron a la pelea siguieron entrando en la pequeña mansión como si nada y, aquellos que lo hicieron, se llevaron algunos moratones y cicatrices por las heridas que se habían causado con los unos con los otros.

Con la máscara blanca de ojeras negras y larga nariz picuda puesta, el hechicero atravesó la puerta de la pequeña mansión buscando los ojos de la chica que le reto y también a un camarero que le fuera a ofrecer una buena copa de algún vino francés.

máscara:



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Re: Baile y máscaras (Privado -> Zafiro)

Mensaje por Zafiro Mendez el Miér Oct 19, 2016 8:25 am

Fiesta en París, los nobles de la zona se habían reunido esa noche para celebrar solo dios sabía que estupidez. Vestidos pomposos se movían por doquier, mascaras que ocultaban más que las caras hablaban con rostros estrafalarios. La ridiculez de todas esas luces que tapaban una barrizal.

Luces que escondían sombras más oscuras que la noche, sonrisas que escondían puñales, maldad que fingía ser caricia. Zafiro, contraria al protocolo de “la noche de blanco y negro” había decidido ponerse su vestido rojo, y una mascara con aspecto gatuno de color negro, no es que quisiera destacar, ni mucho menos, pero no pensaba atenerse a una norma tan estúpida, encima que debía ir, obligada, lo haría, al menos, a su modo, la empresa de sus padres era de licor, de vino, por lo que la representaría con su ropa color borgoña.

Al contrario que las damas nobles, que llegaron en carros, ella tomó su caballo, lo ensilló y subió, vestido incluido para dirigirse al centro. Llegó rápido, para encontrar una pelea en medio de la entrada. Desmontó y le dio las riendas al primer mozo que encontró, que, sorprendido, le lanzó una mirada asustada.

Los que no miraban la pela, la miraban a ella, le importaba más bien poco, solo iba para hacer acto de presencia, y tanto que lo haría, era más, ya se la había visto bastante, si por ella fuera, saldría ya de allí, volvería a casa de su tía y tomaría una buena copa de vino leyendo un libro sentada en el establo junto a Hans, su caballo. Pero sabía que n podía ser, debía quedarse, al menos, hasta que la educación dijera que era adecuado.

Ignorando a los cafres que discutían a puñetazo limpio en la puerta, pasó por entre el desastre, esperando no necesitar su látigo, escondido bajo el vestido enganchado en su pierna por el mismo tipo de enganche que usaban algunas para los cuchillos. Todas necesitaban defenderse en algunos casos, pero el cuchillo te obligaba a cercarte a quien te atacase, su arma no, podía ahogar a alguien desde una distancia prudencial, desarmarlo o, incluso, inmovilizarlo para huir, no necesitaba herir a nadie para salir ilesa, ya bastante daño provocaba cuando la luna llena llegaba al cielo, como para provocarlos también en su forma humana.

Entró sin mayor problema dejando la invitación en manos del chambelán de la puerta, que, a pesar de su ropa, no tuvo tiempo de evitarle entrar, pues la joven, con su usual porte altivo y orgulloso, con un silencio sepulcral que la rodeaba de modo usual, transmitiendo la fuerza de la bestia, y una atracción al peligro que cualquier persona sentía, se adentró en la sala iluminada.

Las mesas al costado izquierda, repletas de comida, poco apetitosa donde las hubiera: caracoles, ancas de rana, fua de pato y caviar; dejaba sitio para una amplísima pista de baile con una orquesta puesta en un rincón de la sala. Los suelos de mármol blanco reflejaban el movimiento de los vestidos, los ventanales dejaban entrar la luz de la luna y los cuadros parecían observar a los bailarines.

Cuando Zafiro puso el primer pie en el lugar, cogió una copa de las bandejas que los camareros que rodaban por la sala llevaban. Champagne, no era santo de su devoción, pero lógicamente, en un baile de blanco y negro poner vino tinto sería un suicidio. Salió con su copa al balcón escuchando la música y suspiró apoyándose en la balaustrada. No quería saber nada, solo paz, había ido a disgusto, no iba, encima, a interactuar con gente que, más que probablemente, le desagradaría.

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Re: Baile y máscaras (Privado -> Zafiro)

Mensaje por Gerrit Nephgerd el Vie Oct 28, 2016 1:50 pm

-Invitación por favor.- Dijo un hombre robusto con un fajo de papeles con en las manos. Tenía una máscara negra que le cubría apenas el borde de los ojos, esmoquin y pajarita.

El hombre de la máscara negra se interpuso entre el hechicero y el salón donde se celebraba lo que fuera que se estuviera celebrando. A simple vista, parecía más alto que Gerrit y, también más fuerte. Sin embargo, al observarlo con más calma, se veía que el hombre de la máscara negra era como un palomo que infla su pecho para parecer más grande.

-Invitación.- Repitió el hombre palomo dejando caer su manaza hacia el pomo de la puerta.

Gerrit no hizo el menor caso a su amenaza. Siguió de pie, observando al tipo y pensando qué hechizo podría conjurar para que le dejase en paz. Por experiencia sabía que los hombres con cuerpos palomos eran los mentalmente más débiles, con un par de palabras bien dichas, podría hacerle creer que es una paloma de verdad, que le limpiase los zapatos y que, por supuesto, le dejase pasar sin invitación.

-Si no tiene invitación me temo que le tengo que pedir que se marche.- Dejo el fajo de papeles en la estantería de la recepción y puso esa misma manaza sobre el hombro del hechicero.

A Gerrit no le gustaba que le tocasen los desconocidos. Podría hacer una excepción si el desconocido le caía especialmente bien o sentía una especia de empatía con él. El hombre del cuerpo de palomo, para desgracia suya, ni le cayó bien ni sentía empatía por él. Lo contrario. Sentía vergüenza de que él fuera un hombre igual como Gerrit. Un tipo que necesita inflarse para parecer más imponente no tenía porqué llamarse hombre.

El hechicero pronunció su conjura y el tipo del cuerpo palomo la escuchó atentamente. Relajó sus brazos y soltó tanto el pomo de la puerta como el brazo de Gerrit. Se apartó de su camino y, con un grito agudo, empezó a imitar el sonido de una paloma. “Cucucu”

Las puertas estaban abiertas y ya nadie le molestaba. Estaba en una fiesta y el objetivo de todas estas era el de divertirse. ¿Por dónde empezar? Gerrit miró a todo lo que le rodeaba sin hacer ascos a ninguna de las muchas ofertas que allí veía: Un grupo de jóvenes enmascarados compitiendo con unos pulsos en la barra, unas chicas riéndose mientras veía al grupo de chicos anterior a escondidas, parejas que bailando, chicas que querían bailar pero no tenían pareja, mesas con abundante comida, una inmensa multitud de metres repartiendo más comida entre los asistentes…, En resumen, era una de esas fiestas en las que se necesitaba más de del doble de todo el dinero que Gerrit había visto en su vida para organizarla.

Un metre pasó al lado del hechicero para ofrecerle una copa de vino blanco. Gerrit lo rechazó. Otro, a continuación del primer metre, le ofreció champagne. Gerrit también lo rechazó. El tercero metre ofreció sidra y, esta vez, Gerrit si cogió una copa. Una vieja norma de los bares de mala muerte dictaba que siempre se tenía que aceptar la tercera copa que te ofreciesen. Ni una más y ni una menos. Las dos primeras se rechazaban porque éstas era la que se les ofrecía a todo el mundo, las bebidas más aguadas. La tercera no se podía rechazar ya que, si lo hacía, no habría un cuarto metre dispuesto a ofrecerle nada. Aunque estuviera en una fiesta elegante con caras bebidas y ricos manjares, las viejas costumbres de las malas tabernas no morían.

Con la copa de sidra en su mano izquierda, Gerrit caminó a lo que él pensó que sería el mejor de los entrenamientos que allí había: Una mujer firme de aspecto severo que miraba a todos los integrantes de la fiesta como si fueran insectos; justo de la misma manera que Gerrit.

Con dos dedos, le hizo una señal al hombro de la chica para que se girase y le viese.

-Tengo curiosidad, ¿en qué piensas?- No fue por encrucijadas absurdas; tenía una pregunta en su cabeza y se la formuló a la chica. Ella, a diferencia de las otras mujeres que sonreían a los brabucones o bailaban con los galanes, se quedó de pie y observando. Qué pensaba era un misterio, uno que le sonaba muy familiar.



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Re: Baile y máscaras (Privado -> Zafiro)

Mensaje por Zafiro Mendez el Lun Oct 31, 2016 8:28 am

Aun no había comenzado a sonar la música, pero daba igual, ya había damas casaderas dando grititos esperando encontrar algún futuro marido interesante, soñando con futuras aventuras y conquistas. Zafiro rodó los ojos dando un nuevo sorbo del champagne. Esas jovenes tan estúpidas la sacaban de quicio.

Sus ojos azules oteaban la zona, cansados de las jovenes vestidas de blanco y negro que lucían sus escotes y sus exageradas colas esperando la atracción de los jóvenes que buscaban algo más que a unas damas superficiales encorsetadas, se distinguía en la mirada. Buscaban una dama superficial que no necesitara corsé para tener un cuerpo que les quitara el aliento.

Ellas buscando aventuras sin darse cuenta de que una aventura puede cosarles la virtud, ellos buscando jóvenes lo bastante idiotas que se dejasen arrebatar lo único que no podrían recuperar nunca. Movió la copa, observando, con brazos cruzados y la máscara bien sujeta, como las burbujas explotaban. Dio un nuevo sorbo y notó unos golpecitos en el hombro. Alguna dama quejándose de su vestido rojo en la noche de blanco y negro, seguro.

Se giró dispuesta a dar un corte, los hombres no se la acercaban porque ya tenía cierta fama, en las reuniones, de mantenerse distante y cortante, las damas, si se acercaban, era para protestar o criticar con sutileza, pero esa noche, se acercó un hombre preguntando algo que pocos se atrevían a preguntar.

- Pienso en como degeneran estas fiestas y de la inutilidad de las máscaras, ya bastantes llevan puestas como para añadirle una visible.-
comentó dando un último sorbo a su copa, dejándola a un lado.- ¿es usted de llevar mascaras, señor?.- murmuró con una sonrisa ladina.



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Re: Baile y máscaras (Privado -> Zafiro)

Mensaje por Gerrit Nephgerd el Vie Nov 11, 2016 10:41 am

Lo sabía. Sabía que una chica que se mantenía de pie mirando a los demás invitados de la misma manera que él lo hacía no podía pensar en ninguna de las idioteces comunes entre la alta sociedad francesa: Nada de bailes estúpidos con personas todavía más estúpidas, nada de acciones ostentosas para llamar la atención de los hombres, nada de amoríos ni nada de penas. ¿Y en qué pensaba? Curiosamente, en lo mismo que el brujo: En lo irónico que resultaba ver a los hombres y mujeres de la fiesta ocultar sus rostros con dos máscaras.

-Odio las máscaras.- levantó las cejas al mismo tiempo que hablaba para dar un mayor énfasis a sus palabras. Antes de volver a hablar, dio un sorbo a su copa de sidra; todavía estaba fría, tenía que aprovechar antes de que se calentase. - Si llevo una puesta es solo porque ha resultado útil a la hora de entrar en la fiesta- dijo “entrar” en lugar de “colar”, pero por la entonación cargada de sarcasmo que usó la chica lo debería haberlo entendido.

Echó una rápida ojeada a invitados a la fiesta. Había hombres detrás de mujeres con una posición aparentemente similar a la que Gerrit tenía: Espalda recta, brazos relajados y los oídos ensimismados en cada palabra de la chica que tuvieran al lado. La diferencia entre ellos y el brujo era que él no esperaba llevarse a la chica a los cuartos de baño o a los palcos privados como ellos hacían. El sexo estaba sobrevalorado. Era de agradecer, eso no lo iba a negar, pero no era el momento para ello. Prefería hablar sobre las máscaras y sobre las apariencias que fingir escuchar a una chica solo para llevársela al catre.

-¿No te parece gracioso?- dio otro sorbo a la sidra, tarde pues ya se había calentado- allí delate, observa-.

Con la cabeza el brujo señaló una mujer que, mientras estaba siendo cortejada por un joven vestido con un elegante esmoquin, chistera y unos gemelos dorados en las mangas que valían más que toda la ropa que lleva puesta el brujo; ella miraba a otro joven que se batía en un pulso de chupitos en la barra.

-Con el dinero que tiene el del esmoquin podría pagar a putas más hermosas que esa chica y aun así, se da cabezos contra una pared que no puede derribar.- hizo la intención de dar otro sorbo a la copa pero, sabiendo que se había calentado la bebida, rectificó y la dejó en una de las mesas- Y la chica, como sabe que él tiene dinero, finge que no la incómoda.- hizo una pausa para sonreír de la gracia que le hacía esa situación y añadió segundos después.- Voy a hacerles un favor y quitarles las máscaras que llevan-.

Susurró unas palabras, un simple hechizo que hizo que la chica de la que se burlaba dejase de llevar puesta la máscara de “joven francesa recata”. La chica, lanzó al chico del esmoquin el contenido de su copa a la cara y se fue directa al chico de la barra al cual le besó en la boca sin mediar palabra. ¿Qué haría el del esmoquin: se iría a casa llorando entre todas las riquezas que tendría o se atrevería a enfrentarse contra el de los chupitos? Todo dependía de lo bien puesta que llevase su máscara de “rico y presumido joven francés”.

-Dan asco- dijo finalmente dejando de prestar interés a esos dos.



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Re: Baile y máscaras (Privado -> Zafiro)

Mensaje por Zafiro Mendez el Dom Dic 04, 2016 5:51 am

Coma en mano, mirándo de reojo al hombre enmascarado de pelo rubio, se planteó si hablaba en serio, o si era uno más de tanto que perseguían un par de curvas. No lo sabía, ni le importaba, se aburría, y prefería estar sola, pero no le venía mal una distracción en una fiesta que le resultaba presuntuosa y demasiado pomposa para poder disfrutarla.

Prefería encontrarse en una taberna bebiendo cerveza de barril, o en un bosque haciendo una hoguera y contando historias de aventureros, o bailando al rededor de una hoguera en una fiesta de pueblo, incluso en casa, leyendo un buen libro frente a la chimenea. Lo que fuera antes que estar allí aburrida mirando a idiotas perseguir a fulanas que se ocultaban bajo kilos y kilos de perfume y ropas caras.

Siguió la mirada del hombre, que señalaba a una joven de ariz afilada y un complicado recogido que parecía querer competir en altura con la torre Eiffel. No hizo gesto alguno, a pesar del vocabulario que usaba el hombre junto a ella, dudaba que ninguno de los asistentes usuales a ese tipo de eventos soliera usar palabras así, por lo que descartó que fuera alguien de clase alta, probablemente, era alguien de clase media que se había colado. Le daba igual, era mas entretenido que cualquiera persona, fuera hombre o mujer, de los que había en la fiesta.

A penas unos instantes después, tras escuchar un susurro junto a su oreja, vio como la chica pomposa lanzaba su vino tinto sobre el caballero que la cortejaba y se lanzaba a besar en los labios. Zafiro alzó una ceja, ocultando una sonrisa tras su copa de champagne, y suspiró dejándo su copa sobre una mesa, cansada de burbujas. Salió al balcón, cansada de luces que escondían sombras, y se apoyó en la balaustrada, de cara a la puerta abierta del salón, que, cubierta por cortinas que ondeaban al viento, la cubrían de ojos indiscretos, dejándo que solo la luz de la luna fuera testigo de sus acciones.

- ¿Por qué esta aquí, si le da tanto asco?-
preguntó alzando su mirada azul al hombre que, creía, había provocado lo que había sucedido, tal vez, si le respondiera a esa pregunta, querría saber si su suposición iba errada.



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Re: Baile y máscaras (Privado -> Zafiro)

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