Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Pastel de limón {Naxel Eblan}

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Pastel de limón {Naxel Eblan}

Mensaje por Liara Eblan el Vie Oct 14, 2016 11:52 am

Sentada en una de las sillas de la cocina, miraba el pastel de limón recién terminado que reposaba sobre la mesa como si fuera algo extraño de otro planeta. Nunca creyó que elaborar una tarta fuera una tarea tan costosa. Seguir los pasos del libro de recetas era algo sencillo, sólo había que guardar los tiempos y medir las cantidades exactas. Cualquiera podría hacerlo, en realidad. Lo realmente difícil era que la tarta tuviera buen aspecto y que supiera bien. La que había preparado Liara cumplía el primer punto, el segundo todavía estaba por ver.

Ya no quedaba rastro de todo el desastre que había asolado la cocina durante la preparación; todo había estado lleno de cubiertos, boles sucios y restos de harina, azúcar y huevo. El libro de recetas todavía reposaba sobre la mesa, abierto por una página que rezaba “Pastel de limón”. Cuando era su madre la que lo preparaba, nunca había valorado lo suficiente el trabajo que había detrás y el cariño que ponía al hacerla siempre tan perfecta. Lo comían cada año por el cumpleaños de su padre, ya que era su preferido. Aún faltaban unos días para la fecha, pero en la medida en la que se acercaba la fecha señalada, los sentimientos iban aflorando, volviéndose casi tangibles.

Acercó la fuente hacia ella y observó el merengue que decoraba la parte superior. Untó el dedo y se lo llevó a la boca, permitiéndose unos segundos para poder degustarlo en profundidad. Repitió el gesto otras dos veces más hasta que lo dio por bueno. Después alargó la mano para alcanzar un tenedor y pinchó un trozo de tarta. El bizcocho parecía jugoso, quizá demasiado, y la crema que tenía en el interior tenía pequeños grumos que evitaban que fuera uniforme, pero, en general, el aspecto no producía ganas de vomitar. A pesar de todo, Liara no se atrevía a probarla. El recuerdo de la que preparaba su madre era demasiado intenso como para intentar igualarlo. No temía el sabor de la suya, sabía los ingredientes que había utilizado y podía imaginar el gusto que tendría. Lo que provocaba rechazo era saber que se llevaría una desilusión al no saber igual que la que ella recordaba. Y es que, para ser sinceros, igualar a la tarta de la señora Eblan era prácticamente imposible.

Inclinó el tenedor, primero hacia un lado y luego hacia el otro. El trozo de pastel seguía quieto en su sitio, como si la estuviera retando a engullirlo. Entornó los ojos sin apartar la mirada del cubierto y, en un acto de valentía por su parte, se comió el pedazo que había partido. Lo saboreó con paciencia y se dio cuenta de que no se alejaba tanto del que ella recordaba. Más ácido, quizá, y puede que fuera un poco más denso y pesado, pero para ser la primera tarta que hacía no creyó que le había quedado del todo mal. Pinchó otro trozo y se lo llevó a la boca al instante, al que le siguieron un tercero y un cuarto.

Cuando iba a comer el quinto, alguien tocó a la puerta con un par de golpes secos. Dejó el tenedor sobre el plato y se limpió los labios con un trapo que dejó de mala manera sobre la mesa, antes de dirigirse a abrir.

Naxel, hola —dijo cuando abrió la puerta—. No te quedes ahí fuera, pasa. —Alargó la mano y le cogió de la muñeca, tirando de él suavemente hacia el interior de la casa. Después se puso de puntillas y le dio un rápido beso en la mejilla, cerrando la puerta tras de sí—. Llegas a tiempo. He preparado un pastel de limón.

No especificó más. Estaba segura de que para él, aquel dulce tendría el mismo significado que para ella. Se relamió los labios, que todavía sabían a merengue, y se encaminó hacia la cocina. La tarta seguía en el mismo lugar y con el mismo aspecto, salvo por los cinco pedacitos que faltaban.

¿Quieres un trozo? —le ofreció—. No es tan rica como la que comíamos, pero tampoco la encuentro mal. Aún así, me vendría bien saber qué opinas.

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Re: Pastel de limón {Naxel Eblan}

Mensaje por Naxel Eblan el Jue Oct 20, 2016 10:52 am

Había pasado algún tiempo desde la última vez que había visto a Liara, la sola mención o pensamiento de ella hacía que inevitablemente me recordara a mí madre. Cada vez que la miraba podía ver esa similitud con quien fue nuestra madre, ella había sacado mucho más su parecido a ella de lo que lo había sacado yo… al igual que el carácter, ella se parecía demasiado a nuestro madre en muchos aspectos. Era una joven dulce y amable, buena y cariñosa que contrastaba demasiado con lo que yo era. Ella era pura, mientras que yo estaba rodeado por completo de pura oscuridad. Reí entre dientes ante aquel pensamiento, aún recordaba la vez que había descubierto que aquel vampiro tenía intenciones de pretender a mí hermana y no lo dudé ni por un segundo.

Lo seguí una de las noches y no tuve ninguna duda al matarlo ni tampoco ningún rastro de arrepentimiento surcó mí rostro ni mí consciencia. Quería que Liara estuviera libre de esa vida de sobrenaturales y no iba a permitir que ningún ser le rondara si yo podía evitarlo… bastante oscuridad había acaecido en nuestra familia, y bastante oscuridad ya portaba yo como para permitir que ninguno se acercara a mí hermana. No, no podía permitirlo. Ella debía de seguir siendo pura, no podía evitar que algún hombre se acercara a ella pero si podía evitar que este fuera un vampiro, o un licántropo… lo haría sin dudarlo.

Me contemplé levemente en el espejo durante unos segundos, como siempre iba vestido con mí habitual ropa negra que siempre solía llevar, ya tenía todo listo y preparado para partir y unos ojos oscuros y fríos como el hielo me devolvieron la mirada. El asunto por el que nos íbamos a reunir no era uno agradable. Desde que habíamos llegado a París ambos habíamos tomados caminos separados pero nunca dejamos de perder el contacto, ella era lo único que me quedaba de mí familia y pensaba protegerla a costa de lo que fuera necesario. El contacto siempre lo habíamos mantenido y aquel día iba a ser por un motivo más… trágico.

El cumpleaños de nuestro padre estaba próximo, sería en un par de días, y como habíamos hecho siempre nos solíamos reunir en su casa los días previos al cumpleaños. Si lo hacía era únicamente por ella, porque podía notar cómo esos días estaba más apagada, más triste… y aunque yo no pudiera hacer mucho por ayudarla sabía que mí compañía bastaba. Si ella no estuviera en este mundo yo no haría nada para conmemorar sus cumpleaños ni haría nada, tan sólo sería un día gris más de mí vida el cual intentaría olvidar por todo los medios… pero con ella no podía. No era un hombre de muchas palabras y mis formas y maneras no eran las correctas pese a que con ella lo era en menor grado, pero no era lo mismo.

Era mí hermana y aunque no podía cambiar lo que era y cómo era intentaba de alguna forma que mis formas no fueran tan bruscas, rudas, secas y cortantes con ella… pero no podía evitarlo. Incluso a su lado seguía siendo ese hombre de hielo con sus capas y sus murallas que no dejaba que nada entrara, que no dejaba que ni incluso ella que era mí mayor debilidad en esta vida, pudiera notar ni saber nada de lo que yo pensaba o sentía… si es que sentía algo.

Suspiré girándome para coger el abrigo y di un último vistazo a la estancia, no había mucho que denotara a qué me dedicaba o algo significativo sobre mí o mí vida… no habían muchas pistas de lo que era y quién era y por eso, mayormente, era que no quería que Liara viniera a mí casa. Por eso y por las armas que había en el lugar, ella sabía todo lo acontecido a nuestros padres, sabía que yo me dedicaba a matar y cazar seres oscuros y aunque había intentado disuadirme de que lo dejara lo había dado por imposible. Ya no me insistía como antes, ya no me miraba de aquella forma en la que me suplicaba que lo dejara pero nada de lo que dijera ni nada de lo que hiciera iba a cambiar el hecho de que lo dejara.

Sabía que aquella noche no tendría por qué llevar arma alguna, sin embargo, no podía evitar salir de casa sin al menos un par de dagas que había escondido en dos fundas, me puse el abrigo y cerré dando un portazo sintiendo mí ánimo y mí humor oscurecerse con cada paso que daba y con cada paso que más cerca me sentía de la casa de mí hermana. Me gustaba quedar con ella y saber que estaba bien, pero no quedar por ese tipo de motivos que solo hacía que mí ira creciera y mí venganza me quemara en el pecho. Saber por qué habían muerto mis padres y saber que aquellos que los habían matado seguían libres por el mundo sin su merecido castigo… me enervaba. Un gruñido brotó de mí pecho y me apresuré en llegar cuanto antes a la casa de mí hermana.

La noche caía y unas leves gotas habían mojado mí abrigo y un poco mí pelo cuando mis nudillos tocaron a la puerta, secos y rápidos, con fuerza mientras miraba el lugar a mí alrededor y me cercioraba de que nada fuera de lo normal pasaba en aquellos momentos. Jamás me perdonaría que metieran a ella en una guerra de la que no era partícipe y de la que no tenía nada que ver. No pasaron más de un par de segundos cuando la puerta se abrió y frente a mí apareció la figura de mí hermana. Ver esos ojos azules como el cielo me hacía recordarme de mí madre y la calidez que siempre solía desprender. Su pelo rubio lo llevaba suelto que le caía en ondas cuan largo era, en mí escrutinio, su mano la llevó a mí muñeca y dio un pequeño tirón hacia el interior cerrando la puerta tras nosotros.

La casa olía a pastel recién horneado y fue un olor que pude identificar de forma inmediata, haciendo que mí vista bajara hasta Liara quien se había puesto de puntillas y había dejado un beso en mí mejilla. Su tacto quemaba cada vez que me tocaba, era una de las pocas -por no decir la única- persona que dejaba que llegara a tocarme… nadie más salvo ella lo hacía y aún así aquello llegaba a trastocarme un poco. La seguí hacia el interior de la casa hasta llegar a la cocina donde aquel pastel que había identificado por el olor al entrar estaba sobre la mesa del lugar, a falta de unos pocos pedazos.

Pastel de limón. Aquel mismo pastel que nuestra madre solía hacer cuando se acercaba el cumpleaños de mí padre, aquel que hacía tantos años que ninguno de los dos probábamos… era uno de mis favoritos, me encantaba cuando lo hacía mí madre y contemplé a Liara unos segundos tras ver el pastel. Tenía buena pinta y me entraron ganas de saber si ella lo haría igual de bien que nuestra madre, a quien le salían unos pasteles que estaban muy ricos. No había vuelto a comer pastel de limón desde entonces, su recuerdo traía sabores amargos y aunque me gustaba el dulce ese en particular era uno que prefería evitar. Asentí con la cabeza dándole a entender que sí quería un trozo mientras observaba el lugar, tranquilo como siempre, con cada cosa ordenada en su sitio y aquel libro e recetas sobre el banco de la cocina de donde habría sacado la receta.

Por una parte me alegraba saber que su vida giraba fuera de toda aquella oscuridad, sabía muchas cosas de mí hermana puesto que siempre tenía un ojo vigilándola por si algo pasaba. Por eso me había enterado de aquel vampiro del cual ella nunca más volvió a saber nada… no quería esa vida para ella, con que yo llevara la carga por los dos era más que suficiente. Me senté en la silla y contemplé el trozo de pastel que me había servido viendo que ella se mordía el labio mientras esperaba a que lo probara. Cogí el tenedor, pinché un trozo, lo llevé a la boca y… cerré los ojos. No estaba exactamente igual que el de antaño y hacía nuestra madre, quizá un poco más ácido con mayor sabor a limón pero… estaba muy bueno.



-Está ácido –la miré durante unos segundos y sonreí de lado- Aún así está bueno –cogí otro trozo más y volví a llevarlo a mí boca. Yo no era un hombre de muchas palabras, o que entablara conversaciones aunque quien estuviera delante fuera mí hermana, ella sabía que si tenía algo que decirme debería de empezar ella y no dejar a que lo haga yo, sin embargo, la preocupación que siempre sentía cuando pensaba en ella salió a flote- ¿Estás bien, Liara? –no me refería a algo en concreto sino más bien… a algo en general. Sabía cómo se ponía cuando llegaban estos días y lo duro que era para ella, yo sin embargo, me mostraba como un trozo de hielo inexpresivo que no solía decir mucho, solamente, me quedaba a su lado ya que era lo único que podía hacer por ella.



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Re: Pastel de limón {Naxel Eblan}

Mensaje por Liara Eblan el Miér Oct 26, 2016 1:23 pm

Su siempre parco hermano aceptó el trozo de pastel que le había ofrecido con un simple asentimiento de cabeza. Liara se apresuró a sacar de un armario un par de platos para ambos que se colocó bajo el brazo. De un cajón que había a un lado, sacó un tenedor para él y una paleta que usaría para servir la tarta, y se dirigió hacia la mesa. Giró la fuente donde tenía el pastel, de modo que el trozo que partió para Naxel fuera del lado contrario al que había probado ella. Acercó el plato hacia él y dejó el tenedor al lado. El pedazo de pastel se mantenía firme, sin desmoronarse o deshacerse. Eso ya era buena señal. Se mantuvo callada junto a su hermano mientras él probaba el dulce. No se percató de que se estaba mordiendo el labio inferior, como si aquello fuera una de las pruebas del conservatorio de Mme Mimieux. No lo era, por supuesto, y si el pastel tenía mal sabor bastaba con tirarlo y preparar otro. Pero había algo dentro de Liara que deseaba que aquel que tenía delante le gustara a Naxel. Era el primero que hacía intentando reemplazar al de su madre, y lo último que quería era manchar su honra con un postre que supiera a rayos.

Se llevó una mano a la boca y comenzó a mordisquear la uña del pulgar, sujetando el brazo con la otra mano. El cazador se comió el primer bocado, pero su expresión era tan neutra que la muchacha no supo qué pasaba por su mente en aquel momento. Bien podría alabar su excelente trabajo como levantarse de repente y volcar la mesa. Dejó cualquier movimiento involuntario a un lado y se mantuvo quieta, cual estatua. Él le miró y ella le devolvió la mirada, esperando. Parecía que, a pesar de la acidez del limón, le había gustado. Liara sonrió ampliamente, más tranquila ahora que sabía que él le había dado el visto bueno. Si a Naxel le gustaba, significaba que estaba rico. En eso era como el padre de ambos, puesto que ese también era su postre favorito.

Qué bien que te guste. Lo he hecho para ti, en realidad —dijo, mientras se encaminaba hacia la silla donde había quedado el abrigo del cazador. Lo cogió y lo colgó del perchero, sacudiendo las pequeñas gotitas que brillaban tímidas con la luz de las velas—. Bueno, para ti y para mí. Hacía mucho que no lo probaba.

Se sentó en la silla que quedaba a su lado y le miró. También tenía el pelo algo húmedo, con lo que dedujo que había empezando a lloviznar. Colocó su mano en el antebrazo de él durante unos pocos segundos sin decir nada. Aquellos eran días malos para los dos, donde los sentimientos estaban a flor de piel, esperando cualquier comentario, recuerdo o acto que los terminara de sacar a la luz. Así como Naxel no era dado a mostrarlos, a Liara sí se la veía más apagada, con ese aura que la rodeaba de un tono ligeramente grisáceo. Era una mujer a la que, si algo le inquietaba, no le costaba hablar de ello. Es más, de vez en cuando agradecía y necesitaba compartir una taza de café con alguien que estuviera dispuesto a escuchar. El tema de la muerte de sus padres, sin embargo, era el único que intentaba evitar. No porque no quisiera que los demás lo supieran, sino porque hablar de ello le seguía doliendo a pesar de los años. Incluso con su hermano, que sabía tanto o más que ella. No era fácil, y sabía que nunca lo sería.

Ante la pregunta de Naxel se encogió de hombros, y después sonrió con visible tristeza. ¿Estaba bien? Al menos, no estaba peor, aunque en aquellas fechas no era fácil definir su estado de ánimo con exactitud. Cuando se sentía así de sensible, siempre recordaba aquellas amistades perdidas, en concreto la de Sébastien. Nunca llegó a olvidarle, aunque ahora fuese más un recuerdo de algo bueno que se terminó de pronto. Se preguntaba dónde estaría, y si estaría bien. La de él había sido una buena compañía que no había conseguido encontrar en ninguna otra persona.

Estoy bien. Es sólo que... estos días no son buenos —añadió después, apoyando la cabeza en una de las manos, como si le pesara una tonelada—. Además, esta noche no he dormido muy bien. —Se frotó los ojos, que los notaba arenosos y secos—. Un perro se la ha pasado aullando y me ha mantenido en vela durante horas. Y las pocas que he conseguido dormir me ha creado pesadillas. Ya sabes cuánto los odio. —Si había un animal que no le gustaba a Liara, esos eran los perros. No es que le dieran miedo, o alergia. No le gustaban, simplemente. No le suponían una buena compañía, y menos aún cuando emitían ese ruido ensordecedor que le perforaba los tímpanos como si se trataran de agujas. Los perros tenían demasiadas similitudes con las bestias que acabaron con su familia tiempo atrás, y sus aullidos no se diferenciaban mucho unos de otros—. Por lo demás, me esperan tres semanas de práctica, práctica y más práctica con el piano. Madame Mimieux me ha propuesto dar una pequeña audición, y quiero hacerlo bien. Espero que puedas venir a verme.

Lo último fue más una petición que un deseo. Los conciertos siempre se hacían tras la puesta de sol, el mismo momento en el que salían las bestias de sus guaridas. Era, sin duda, la hora perfecta para darles caza, y Liara lo sabía. Sólo esperaba que Naxel sacara algo de tiempo para ir al pequeño teatro del sur de París donde siempre tocaba.

Se sirvió un pequeño trozo de tarta en el plato que quedó libre y se lo acercó deslizándolo por la mesa. Pinchó un trozo y se lo llevó a la boca, masticándolo despacio, dejando que el sabor a limón inundara cada rincón. Suspiró. Se había hecho un silencio en el que sólo se podía percibir los sonidos ambientales, como voces procedentes de la calle o el maullido de algún gato callejero.

Les echo de menos —dijo de pronto, en voz no muy alta. Jugueteó con el merengue que decoraba la tarta por encima, haciendo pequeños surcos con el tenedor—. ¿Sabes que alguna vez he pensado en regresar? No para quedarme, pero sí una temporada. Si aún no lo he hecho es porque me da miedo lo que me pueda encontrar allí. O lo que ya no pueda encontrar.

Temía que el paso del tiempo hubiera borrado las huellas de lo que un día fue su hogar, la casa que habían compartido ambos junto a sus progenitores. Pero, por otro lado, sabía que los recuerdos que guardaba aquella tierra serían fuertes y dolorosos. Era consciente que, fuera lo que fuera lo que encontrara allí, iba a hacerle mucho daño. Siguió jugueteando con el merengue haciendo rayas rectas, en zig zag y círculos de distintos tamaños. Después dejó el tenedor sobre el plato, pero no apartó la mirada de la tarta. Se cruzó de brazos y elevó las manos hasta la parte alta, masajeándola suavemente.

Tú volviste, ¿no es cierto? —Miró a Naxel—. Creo que el tío Keith me dijo algo, pero ya sabes lo reservado que es para esas cosas. —Se mordió el labio inferior—. ¿Pudiste ver cómo estaba aquello?


She may be the song that summer sings:


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Re: Pastel de limón {Naxel Eblan}

Mensaje por Naxel Eblan el Jue Nov 03, 2016 10:46 am

Tener a Liara cerca de mí era como una especie de alivio, algo que calmaba y sosegaba un poco mí interior, la única persona en realidad que me hacía sentirme tranquilo cuando estaba en su presencia y comprobaba que ella estaba bien, porque para mí era algo demasiado importante. Podría decir sin duda alguna que Liara era ese punto débil que tanto había querido evitar, aquello por lo que sin duda alguna podrían hacerme mucho daño, mi flaqueza, mí debilidad… que aunque no quisiera mostrarlo o darlo a entender, ella era esa pequeña luz en mitad de toda mí oscuridad, aunque ella realmente no llegara a saber cuánto significaba para mí.

Ella era la razón y el motivo, en parte, por el que me había hecho cazador y por el cual quería vengar a mis padres, pero no sólo eso, sino que también había querido ser yo quien asumiera todo aquello y la oscuridad que anidaba en aquel mundo de seres de la noche, porque ella incluso tras pasar la muerte de nuestros padres –algo que nos había costado mucho a los dos- no se había perturbado en lo más mínimo, seguía siendo como siempre había sido y no había dejado que eso la cambiara. La luz y la calidez que siempre le caracterizaban y que eran, sin duda alguna, puro legado de mí madre siempre había permanecido en ella… inalterable, inmutable.

Yo, por el contrario, había dejado que esa oscuridad me consumiera y la venganza fuera lo que anidara en mí interior, en mí alma y en mí corazón. Por esa misma razón decidí hacerme cazador, para que jamás nadie volviera a tocar algo que era mío, a ningún ser que yo más quería y Liara era la única que ostentaba ese título. Iba a protegerla todo lo que pudiera y que ella jamás tuviera que lidiar con ese mundo, con la muerte de nuestros padres había bastado. Por eso me había alegrado saber que ella no quería saber nada de aquello, y aunque hubiera querido buscar venganza porque era algo más que lógico… jamás lo habría permitido. No iba a permitir que su luz se manchara con oscuridad, yo soportaría la de ambos si era preciso y necesario.

La contemplé mientras cogía los platos sentado en aquella silla de la cocina, el pastel de limón seguía delante de mí y mis ojos se fijaron en cada uno de sus movimientos. Como cazador había cogido la costumbre de observar con atención todo aquello que me rodeaba, podía ser algo de lo más útil cuando estabas en situaciones peliagudas y me había salvado en un par de ocasiones, además, sin siquiera decir nada la analizaba sin que ella misma se diera cuenta de que lo estaba haciendo. Aunque no lo pareciera se podían decir muchas cosas con el lenguaje corporal, la forma de moverse, los gestos, los movimientos… me servían para saber si algo le perturbaba o le molestaba.

Me gustaba observarla de aquella manera con esa luz que siempre desprendía y esa calidez propia de nuestra madre, sin duda alguna ella lo había heredado y en muchos gestos veía a la par a mí madre tras ella. Su pelo rubio suelto se movía con cada paso que daba y la observé sin decir nada mientras me servía el trozo de tarta, podía ver lo nerviosa que estaba porque le gustara cuando había dicho que la había hecho para los dos, era una buena forma de homenajear a nuestro padre con algo tan típico que solía hacer nuestra madre cada año. Me pareció un gesto adorable verla morderse la uña con su labio, algo que a veces solía hacer cuando estaba nerviosa… pero le había salido bueno el pastel, y así se lo hice saber.

Se sentó delante de mí sin decir nada mientras seguía cogiendo trozos de aquel pastel que había preparado cuando, de pronto, sentí su mano posarse con suavidad en mí antebrazo. Aquel gesto hizo que dejara la cuchara a mediante camino de mí boca, levantara mí rostro para mirarla, y mi cuerpo diera una sacudida. Su pequeña mano comparado con mí antebrazo desprendía una calidez que hacía mucho que no sentía, acostumbrado al frío y a la oscuridad, como la soledad, que siempre rodeaba mí vida. Podía ver en esos ojos azules un halo de tristeza detrás de ellos… sabía que estos días eran duros y difíciles para ella, sabía que pese a que yo fuera como un cubito de hielo a ella le costaba mucho más y aunque yo no necesitaba de expresar aquello que sentía, ella por el contrario, era quien más lo necesitaba.

¿Y qué podía hacer yo para aliviar su pesar y aquella tristeza que la rodeaban? ¿Qué podía decirle, a mí propia hermana, para que no se sintiera de esa manera? No lo sabía, incluso con ella me costaba tanto expresarme que me odiaba un poco por ello, por querer reconfortarla y no poder hacerlo. Sabía lo que necesitaba, esos ánimos, ese aliento de mí, sentirse que no estaba sola frente a todo aquello, unas palabras, un abrazo… y sin embargo, ¿qué hacía yo? Absolutamente nada; quedarme delante de ella y dejar que se desahogara conmigo… no sabía hacer otra cosa. Esperé a que me contestara aunque sabía que no, no estaba bien y se podía ver a simple vista.

Dejé el tenedor sobre el plato y me fijé en ella mientras esperaba a que hablara y me contestara, sabía que no estaba bien pero tampoco podía culparla por mentirme e intentar que no me preocupara por ello. Ahora que lo decía sí, parecía que el cansancio hacía mella en ella y suspiré porque no sabía muy bien qué decir ante aquello, no quería que se sintiera peor de lo que ya estaba aunque podría decirle que, si quería, podía quedarse un par de días en mí casa… aunque con eso no consiguiera nada y tuviera que esconder cada maldita arma que poseía. Miré por la ventana cuando dijo lo de los perros y me mordí el labio con fuerza, a mí tampoco me gustaban simplemente porque me recordaban a esos seres que tanto desprecio y odio sentía por ellos, por esa sonrisa sádica que surcaba mí rostro cada vez que mataba a uno y más cerca me hacía estar de mí venganza.


-A mí tampoco me gustan –dije antes de que ella continuara, como en voz baja, como si estuviera metido en algún recuerdo lejano- su apariencia me recuerda demasiado a aquellos seres aunque sé que son mucho más inofensivos que los otros –quise decirle que podía encargarme de aquello, pero sabía que no le iba a gustar mí comentario y decidí dejarlo. La miré de reojo cuando prosiguió hablando y giré mí rostro para verla de frente de nuevo. Me gustaba que tocara el piano, sabía que era una forma de evadirse de todo aquello que le rodeaba y que le perturbaba y prefería un millón de veces eso antes de que cazara y matara como lo hacía yo. No es que me encantaran las audiciones, pero si a ella le hacía feliz verme allí, estaría. Por aquel día dejaría de lado la cacería e iría a verla- Te prometo que estaré en esa audición, si así lo deseas, estoy convencido de que lo harás muy bien –terminé por comerme el trozo de tarta que me había servido mientras ella remoloneaba con el suyo y el silencio se adueñaba de la estancia, roto por las gotas de lluvia repiqueteando contra el cristal de la cocina.

Silencio que fue roto por su comentario de que les echaba de menos, algo que a mí también me pasaba, nos los habían arrebatado demasiado pronto como para llegar a acostumbrarnos a su ausencia. Y sí, había habido veces en que quería alejarme de París y volver allí… pero estaba en aquella ciudad por un motivo diferente y era que mis pistas me llevaban a que los licántropos que buscaban estaban en esta misma ciudad, y no pararía hasta encontrarlos. Mí sorpresa surgió cuando me dijo que yo había vuelto a aquel lugar, hacía años, cuando intenté recabar pistas sobre los seres que habían acabado con nuestros padres. La miré de forma fija cruzándome de brazos sobre el pecho y apoyando mí espalda en el respaldo de la silla, hacía atrás, mientras dejaba que terminara de hablar. Sí, Keith lo sabía y le había pedido expresamente que no contara nada a Liara sobre aquello, ¿por qué? Por la sencilla razón de que seguramente no encontraría nada allí que nos recordara a nuestro hogar. No quedaba mucho de lo que un día fue nuestra casa, se habían encargado bastante bien de ello.


-Le hice prometer que no te contaría nada al respecto, Liara, por eso mismo no te contó nada salvo lo que realmente necesitabas saber –hice una leve pausa, ¿debía de decirle cómo estaba aquel lugar? ¿Eso le beneficiaría en algo? Aparté mí mirada de ella durante unos segundos pensando en qué era lo más adecuado en aquella situación… si contarle la verdad, o no contarle nada. Finalmente la miré emitiendo un leve gruñido, lo que había encontrado allí no era algo que me hubiera gustado ver- Volví a por pistas que me llevaran a quienes hicieron todo aquello, y aunque las encontré, no esperaba encontrarme cómo estaba el lugar –seguramente alguien habría informado de que habían encontrado a dos supervivientes de aquel lugar y los licántropos no habían tardado mucho en reducirlo a escombros- No deberías de volver allí, Liara, no queda mucho de lo que fue nuestro hogar –sí, me dolía tener que decirle aquello… pero era mejor decírselo a que un día ella decidiera ir allí por su propia cuenta, no quería que le pasara nada- Es mejor que mantengas el recuerdo en tú memoria y lo atesores, porque es lo mejor que vas a encontrar –no quería sonar duro, pero sí convincente por aquello. Suspiré mirando hacia otro lado no siendo fácil para mí, así que decidí levantarme de la mesa una vez había terminado el trozo de pastel que seguía sobre la mesa, bordear esta y quedarme delante de mí hermana. Cogí con delicadeza una de sus manos y tiré hasta levantarla para tenerla delante de mí. Sabía que aquella confesión no le habría gustado, así que a falta de palabras, tiré de su mano acercándola a mí pecho, enredé mí otra mano entre los mechones de su pelo y dejé mis labios en su cabeza, aspirando el aroma que desprendía su pelo mientras cerraba los ojos y dejaba que me abrazara, que aunque me siguiera resultando extraño pese a que era mí hermana, sabía que era lo que más necesitaba de mí.

Esperé todo lo paciente que pude sintiendo que aquello me abrumaba de una forma que no me gustaba, que no estaba acostumbrado a que alguien me abrazara tanto tiempo ni de aquella forma, así que esperé hasta que se separó y dejé un beso en su frente como muestra de que, aunque no lo dijera, ahí estaba para ella… siempre que lo necesitase. No le diría “te quiero”, no se lo haría ver como la gente normal lo haría… pero, a mí manera, se lo hacía saber y esperaba que ella entendiera las señales.


-Ven, tócame una de las canciones que tienes que tocar en la audición
–la contemplé a sus ojos azules, contrastando con los míos que eran más castaños y oscuros que los suyos. Ella luz, yo oscuridad en todos los sentidos- Quizás así me convenzas más de ir a esa audición que tienes –dije de forma irónica, sonriendo de lado, mientras esperaba a que ella se sentara al piano y comenzara a tocar.



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Re: Pastel de limón {Naxel Eblan}

Mensaje por Liara Eblan el Mar Nov 08, 2016 3:41 pm

A pesar de los silencios que surgían, la compañía de Naxel era agradable para ella. Aunque, más que agradable, se podría decir que era necesaria. No se veían mucho, quizá por eso le gustaba tanto que viniera de visita. Su tío Keith y él eran la única familia que le quedaba, aunque a éste primero tampoco le veía demasiado. Solía hacerle visitas que aprovechaba para preguntar por Naxel si hacía mucho que no le veía, puesto que ellos dos mantenían el contacto más a menudo debido a la caza. Normalmente, las respuestas a sus respuestas eran vagas, pero sinceras y rápidas. Nunca entraba en detalles, se limitaba a hacerle saber que estaba bien. El día que le contó lo de su viaje a Edimburgo, sin embargo, Liara notó algo en su timbre de voz que le hizo sospechar. Fue una duda momentánea, después una respuesta, igualmente vaga pero poco precisa, como si la estuviera inventando en ese momento. Tras mucho insistir, consiguió arrancarle el destino de su hermano. Con eso le bastaba, Liara tampoco necesitaba que le contara más.

Cuando comenzó a hablar, sintió su mirada clavada en ella y se dio cuenta de que quizás había hablado más de la cuenta. Naxel tenía una mirada intimidante que, si se añadía a su constitución física, hacía de él un humano al que era fácil temer. Si no le conociese, creería que se iba a lanzar a por ella. No quería ni siquiera imaginar lo que sería verle empuñando un arma. Tragó saliva y se mordió el labio inferior.

El tío sólo me dijo dónde estabas, nada más —dijo, intentando arreglarlo—. No te enfades con él. Creo que, en realidad, no me lo quería decir, pero insistí demasiado y al final no tuvo más remedio. A él se le nota bastante cuando intenta ocultar algo.

No pudo evitar una pequeña sonrisa, divertida, al recordar la infinidad de ocasiones en las que le había cazado guardando un secreto. La mayoría de las veces fingía que no se daba cuenta, y era el momento en el que él respiraba aliviado, pensando que había conseguido engañarla. Pero cuando los secretos eran algo más que regalos de cumpleaños y sorpresas navideñas, no podía evitarlo. Necesitaba saber que todo estaba bien, que ellos estaban bien. Algo tan simple como eso.

Su fugaz sonrisa se borró casi de inmediato. La respuesta por parte de Naxel no llegó enseguida, lo que indicaba que aquello que iba a decirle no le estaba resultando fácil. Ella bajó la mirada a su pedazo de pastel y continuó jugueteando un poco con él. No debía haberle preguntado sobre aquello. En realidad, no estaba segura de querer saber si quedaba algo o no de lo que había sido su hogar. La esperanza de que todo siguiera igual estaba ahí, asomando la cabeza de forma tímida, pero esa sólo eso, el deseo de escuchar que nada había cambiado. Abrió la boca para decirle que no importaba, que no hacía falta que contestara, pero él se adelantó. Lo que le contó no la sorprendió; de alguna manera, era lo que esperaba, aunque no por ello le dolió menos.

Sí. Será lo mejor —murmuró.

Dejó el tenedor en el plato y entrelazó los dedos de ambas manos, dejándolas sobre la mesa. El repiqueteo de las gotas de lluvia en la ventana era arrullador, y les envolvía a los dos como una cálida manta en las noches de invierno. Para ella fue inevitable imaginar el estado en el que estaría la casa en aquel momento. Sería un montón de piedras y vigas podridas llenas de barro y hierbajos. Nada. No quedaría absolutamente nada. Sintió una punzada de dolor en la boca del estómago e intentó borrar esas imágenes de su mente, sustituyéndolas por los recuerdos que todavía conservaba de su niñez. Agachó la cabeza y cerró los ojos mientras estiraba las mangas del vestido como si quisiera cubrir sus manos. Naxel tenía razón, no debía volver allí.

Sintió una presencia a su lado. Abrió los ojos y levantó el rostro, para ver a su hermano de pie frente a ella. Desde la silla parecía más alto y grande que de costumbre, algo que contrastaba con la delicadeza con la que le cogió la mano y la forma de tirar de ella para levantarla. Dejó que la acercara hasta él y pasó sus brazos en torno a su cintura, juntando las manos en su espalda. Apoyó la frente en el pecho del cazador y volvió a cerrar los ojos. Definitivamente, necesitaba aquello. Era increíble como un gesto tan simple, proviniendo de la persona adecuada, podía reconfortar tanto en tan poco tiempo. Liara era consciente de que para Naxel no estaba siendo fácil, por eso aquel abrazo tenía más valor que cualquier palabra que pudiera decirle. Era agradable sentir el calor de su cuerpo y estaba verdaderamente a gusto allí, con él. Ese fue el motivo por el que alargó el abrazo más de lo que había pensado que lo haría. Le dio un apretón más fuerte justo antes de separase y elevó el rostro para mirarle.

Gracias, Nax —le dijo con una sonrisa. Después entornó los ojos y miró fijamente a los ajenos—. ¿Significa eso que no te fías de mí? Porque pienso convencerte, claro que sí —bromeó, señalándole con el índice en modo acusador—. Vamos.

Le llevó hasta la sala donde descansaba el piano. Era una habitación no muy grande, pero tenía una gran ventana que daba a la calle y que alumbraba la habitación en los días soleados. Una alfombra decoraba el centro del cuarto. Había un sofá de dos plazas contra una pared, situado entre una mesita auxiliar y una pequeña cómoda. El piano de pared estaba situado enfrente. Era de madera oscura, casi negra, y la superficie brillaba impecable y sin una mota de polvo. No había ninguna decoración sobre él a excepción de una pequeña figurita de madera. Era una golondrina con las alas extendidas que se balanceaba hacia delante y hacia atrás cuando se le tocaba la cabeza. Fue un regalo que le hizo Sébastien tras uno de sus conciertos. Una vez le dijo que escuchar su música era como admirar el vuelo de una golondrina, fresco, elegante y con subidas y bajadas tan enérgicas como los movimientos de las propias aves.

Se sentó en el banco y tocó el hueco que quedaba a su lado para que Naxel lo ocupara. Había sitio de sobra para los dos, ya que aquel banco era más largo de lo normal. Debía ser así para poder sentarse junto a sus alumnos sin molestarlos mientras tocaban. Mientras esperaba a que se sentara, acomodó las partituras y pulsó un par de teclas para afinar el oído, seguidas de unos cuantos acordes. Echó los hombros hacia atrás estirando la espalda y respiró hondo. Colocó los dedos sobre las primeras teclas, echó un vistazo rápido a la golondrina, y empezó a tocar.




Desde que sonó la primera nota, Liara perdió completamente la noción del tiempo y del espacio. Olvidó que su hermano estaba junto a ella, que faltaban pocos días para el cumpleaños de su padre y que hacía una hora escasa que había preparado el famoso pastel de limón. Sus manos volaban sobre las teclas casi sin tocarlas, rozándolas con las yemas de los dedos. Había momentos en los que era capaz de cerrar los ojos durante unos segundos, dejando que la música fuera el único aire que necesitaba respirar. El vello de los brazos se le erizó como si una corriente fría la hubiera alcanzado. Cuando no tenía los ojos cerrados, alternaba la mirada entre la partitura y las teclas, echando vistazos rápidos a cada uno para no perderse nada. Si una nota no sonaba como debía, fruncía el entrecejo y chistaba con la lengua, pero eso no hacía que perdiera la concentración. En su mente sólo había notas, ni tristeza, ni alegría. Sólo serenidad, tranquilidad, calma. Eso era para ella la música, un estado completamente ajeno al mundo terrenal. Y eso era, precisamente, lo que ella buscaba evocar en todos aquellos que la escuchaban tocar. Quería brindarles ese pequeño oasis que ella había sido capaz de encontrar, para que aquellos que estuvieran perdidos fueran capaces de hallar su camino.

Cuando terminó la canción, mantuvo las manos sobre las teclas unos segundos y después las bajó hasta sus piernas, dejándolas ahí. Todavía se podía escuchar la vibración de las últimas cuerdas que habían sonado, como si la canción no quisiera terminar aún.

¿Qué te ha parecido? —preguntó con los ojos vidriosos y espectantes—. ¿He conseguido convencerte o tendré que tocarte otra canción para que termines de decidirte? —volvió a bromear, dándole suavemente con el codo en un costado. Cogió las partituras y las ordenó de nuevo, asentándolas y dejando la canción que le tocaba practicar en la primera posición—. Creo que alguna nota está desafinada, llevo un par de días notando que no suena como debería. Tendré que revisarlas todas. Si me quieres ayudar, eres más que bienvenido —comentó, dejando las partituras en su sitio otra vez. Se mordió el labio inferior y giró su cuerpo hacia Naxel, sentándose sobre una de sus piernas y dejando la otra apoyada en el suelo—. No te he preguntado cómo estás. ¿Todo bien?

No esperaba que se explayara mucho en su respuesta, es más, imaginaba que sería un “Sí, todo bien”, aunque en realidad no fuera cierto. Tampoco quería que se sintiera obligado a darle una respuesta detallada. Sólo quería que supiera que, pasara lo que pasase, ella también estaría siempre ahí, para él.


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Re: Pastel de limón {Naxel Eblan}

Mensaje por Naxel Eblan el Dom Nov 20, 2016 3:10 pm

No era partidario a contarle muchas cosas de las que hacía en mí día a día a Liara, y entre ellas, estaba también el hecho de que le había dejado claro a Keith que no quería que le pudiera decir nada sobre ello. Cuanto menos supiera ella mejor sería, para ella, y para mí. Sabía que aquel mundo al que me dedicaba no le gustaba, nunca le había parecido buena idea desde que supo la verdad sobre ello, no intenté ocultárselo, ¿por qué debería de hacerlo? Se enteraría tarde o temprano y no estaba dispuesto a que nada pudiera alejarme o separarme de ella, era algo que no contemplaba en lo absoluto. Con que yo por los dos hiciera esa justicia algo macabra que llevaba en mente, y me dedicara a aquel mundo de oscuridad… era más que suficiente.

No iba a permitir que esa luz que ella desprendía  cada vez que la veía acabara oscureciéndose por algo relacionado a aquel mundo, por eso mismo no quise que pudiera tener algo con aquel vampiro, solo podría haber traído problemas. No estaba dispuesto a que pudiera morderla, a que la convenciera para que le diera de su sangre y la sola idea ya me ponía enfermo… cuanto más estuviera apartada mejor sería para ambos. Sabía cómo era Keith, sabía cómo era Liara… así que no me extrañaba en lo absoluto que pudiera haberle sacado información pese a que él sabía que yo así no lo quería. Sabía también que le había contado alguna que otra cosa y que ella le preguntaba por mí, él siempre me lo había dicho.

Respecto a ese tema, ninguno de los dos hablábamos de ella. Ella había intentado por todos los medios que dejara aquel mundo y no lo había conseguido, por lo que sabía que no quería saber mucho de él. No pensaba contarle las veces que había asesinado a uno de esos seres, ni mucho menos que había disfrutado mientras los perseguía y posteriormente los mataba, eran cosas que ella no debía de saber bajo ningún concepto. La miré cuando me dijo lo de Keith y sonreí de lado apoyado contra la silla y con los brazos cruzando el pecho… era un blando cuando se trataba de Liara, intentaba no decirle muchas cosas, pero su amor por ella muchas veces flaqueaba y terminaba por decirle cosas que no debería.


-No me enfado con él, Liara, sé que su amor por ti muchas veces le hace decirte más de lo que debería –hice una leve pausa- Sé que te preocupas por mí, pero no quiero que lo hagas –no me gustaba pensar que la tenía preocupada por lo que pudiera pasarme, era consciente de los riesgos que suponía ser un cazador e intentaba llevar el máximo cuidado posible, no quería que Liara perdiera a alguien más de la familia, yo era lo único que le quedaba de aquella vida y pretendía estar ahí por siempre- Él tampoco quiere que te preocupes demasiado, pero supongo que a veces la debilidad que siente hacia ti puede más que cualquier otra cosa –miré por la ventana tras decir aquello, él amaba a Liara y la quería como su propia hija, a decir verdad, sabía que de los dos era su preferida porque le recordaba demasiado a nuestra madre y yo no le culpaba… cualquier que viera a Liara y estuviera con ella cinco minutos tendría la misma sensación. Ella desprendía ese calor y candidez que yo no poseía y que los hacía embaucar a todos, hacía que quisieran protegerla y estar más cerca de ella. Yo, por el contrario, desprendía helor y los alejaba con tan sólo una mirada.

Suspiré cuando preguntó por la casa y por lo que había encontrado allí, no quedaba nada de lo que fue nuestro hogar un día. Tan sólo ruinas de lo que había sido un hogar hacía años y el recuerdo de los momentos vividos en ella. No pretendía regresar a Edimburgo, fue algo que juré hacía muchos años pero el poder saber el paradero, una pista que me llevara hacia quienes hicieron aquello me hizo volver. En momentos como ese me alegré no decirle nada a Liara, seguramente, ella hubiera querido venir conmigo y nada podría prepararla para la desolación que había en aquel lugar. Fue un duro golpe para mí y no quería pensar en cómo hubiera sido para ella… seguramente, devastador.

No quise decirle la verdad pero debía de saberlo, debía de saber que no debía volver allí porque sería peor para ella, que lo mejor que iba a poder tener era el recuerdo de aquel hogar lleno de vida, con nuestros padres vivos, rebosantes de vidas, felices con la vida que tenían y que habían dejado atrás al tenerme a mí. Era algo irónico como la vida torcía las cosas a su manera, odiaba el destino que había deparado a mis padres y que yo ahora hubiera continuado siguiendo su legado, seguramente, ninguno de los dos habría querido esa vida para mí. A pesar de que fui yo quien la eligió.

Volví mí vista a Liara cuando dijo aquellas palabras, el tono de su voz, lo apesadumbrada que denotaba estar, baja de ánimos, triste, ensombrecida por aquello que hacía tantos años nos había acontecido… no podía con ello. Odiaba verla así y no podía soportarlo, mucho menos de ella que siempre estaba llena de vida, de calidez, de alegría… en momentos como ese, viéndola así, era cuando más odiaba a aquella pareja de licántropos con la que tenía la intención de poner fin a sus miserables vidas. Poco a poco me iba acercando más a ellos, conseguía más pistas que los cercaba más y pronto, muy pronto, me cobraría venganza.

Me mordí el labio con fuerza ante la imagen de Liara de aquella forma, como una niña pequeña que se sentía desamparada y perdida, miré durante unos segundos hacia un lado pero ni siquiera así pude quitar esa imagen de mí cabeza. La vi coger y estirar las mangas de su vestido y no lo aguanté más, no pude soportar verla de aquella forma y dado que yo no era muy dado a decir palabras de ánimo, a hablar en general ni incluso con la persona que consideraba era mí mayor, y única, debilidad… me levanté de la silla, me acerqué a ella y de forma gentil cogí su muñeca para levantarla y pegarla a mí cuerpo.

El calor que ella desprendía me llegó incluso a través de la ropa, era la única que podía tocar de alguna forma el frío y ese hielo tan característico que yo poseía en mí interior, me hacía darme cuenta de que llegaba de alguna forma a través de todo lo que había erigido con el paso de los años, y me hacía flaquear por momentos. Sus brazos enseguida rodearon mí cintura y su rostro lo apoyó en mí pecho. Mí mano se enredó entre su pelo y la otra rodeé sus hombros dejando mis labios sobre su cabeza, era algo más baja que yo y la tenía que inclinar algo más. Momentos como ese me llenaban de paz, de tranquilidad… como si ella fuera la única que lograba conseguirlo, como si una burbuja nos rodeara y todo a nuestro alrededor desapareciera… aún así, no me acostumbraba a aquello.

Esperé hasta que quiso separarse notando el apretón fuerte que me dio antes de separarse de mí y la miré cuando me dijo aquello notando que, en cierta manera, su humor había mejorado de hacía unos segundos. Reí entre dientes por aquello y le hice un gesto para que fuera ella primero hacia el piano, iría a ese recital aunque no me gustase solamente si ella lo deseaba, si debía de dejar la caza por ese día solamente por ella lo haría. La seguí adentrándonos en la casa y no pude evitar mirar todo lo que había a mí alrededor, manía que había adquirido hacía muchos años. La casa estaba tranquila y era mucho más acogedora que la mía.

Nax… aquellas tres palabras me llevaron a tiempos lejanos cuando nuestra madre vivía y me llamaba de aquella manera, desde entonces, lo había escuchado pocas veces ya que Liara tampoco solía abreviar mí nombre de aquella época, en cierta manera, me hacía sentirme nostálgico y odiaba sentirme de esa manera, aunque a ella no se lo diría nunca porque a pesar de ello me gustaba que me llamara de esa forma, era algo que nos unía más pese al poco tiempo que nos veíamos.



-Significa que ya puedes darme lo mejor de ti u olvídate de que vaya a esa audición –quise hacerle un poco aquella broma, aunque ella sabía que iría ya que era algo importante para ella. Llegamos hacia donde estaba la sala y la recorrí con la mirada pese a que no era la primera vez que entraba en aquel lugar, aún así, miré cada uno de los detalles que se extendían por el lugar, desde la alfombra que había hasta la golondrina que estaba encima del piano, la vi dar unos golpecitos a su lado en la banqueta y me senté a su lado. Miré todas las teclas que componía el piano pareciéndome algo complicado de tocar y dejé que ella fuera quien comenzara a tocar por sí sola.

Sus manos se posaron sobre las teclas y comenzó a tocar aquella canción, mientras yo observaba el movimiento de sus manos sobre ellas y escuchaba la pieza que estaba tocando para mí. Una lenta y que transmitía hasta cierta tristeza, como si intentara desahogarse con aquella canción tocándola. Miré la partitura y leí el compositor y el nombre de esta observando que había cerrado los ojos y que sus dedos volaban sobre las teclas, tocando la canción a veces con los ojos cerrados. Contemplarla de aquella forma era algo que me gustaba, era como si se curara a través de la música y se notaba la pasión que sentía por ello, lo mucho que le gustaba… me recordó, en cierta manera, a cuando yo cazaba; cambiaba por completo y disfrutaba de ello. Parecía que se había olvidado de que estaba ahí, junto a ella, y solo se centró en tocar la canción y disfrutar mientras lo hacía. De esa forma parecía incluso que hasta brillaba y resplandecía cuando lo hacía, y por ello más que nunca me alegraba de que no hubiera tomado el camino de la venganza junto conmigo.

La pieza se me pasó de forma rápida mientras la observaba con las subidas y bajadas de la canción hasta que esta llegó a su fin, sus manos se quedaron por unos segundos en las últimas teclas mientras aún el sonido seguía en el lugar y finalmente las dejó sobre sus piernas. Al girarse para mirarme pude ver el brillo de sus ojos y, en mí fuero interno, rogué para que no llorara porque no podría con aquello. Terminé por sonreír de lado tras unos segundos, observándola.



-Eres muy buena, Liara, y no creo que tengas problemas en esa audición. La pasión que sientes por ello se trasmite con cada nota e incluso he podido darme cuenta de ello sin mucho esfuerzo –su codazo en broma me hizo rodar los ojos y esperé a que organizara las partituras, enarqué una ceja ante aquello y sonreí de lado- Te ayudaré aunque no tengo mucha idea, si luego se queda peor, recuerda que fue idea tuya –se sentó entonces de cara a mí, doblando una pierna sobre la banqueta y dejando la otra apoyada contra el suelo. Su pregunta me hizo morderme el labio durante unos segundos, ¿qué iba a decirle? ¿Qué mis cacerías nocturnas eran salvajes y brutales? ¿Qué recientemente se había entrelazado en mí camino una cazadora que había puesto todo patas arriba, y de la cual casi conseguíamos salir con vida aquella noche? ¿Qué se había propuesto salvarme pese a que yo me había negado, y que había algo en ella que me hacía querer sacarla de mí vida igual que había aparecido? No podía contarle ninguna de aquellas cosas, unas las preocuparía y otras sin embargo la harían hacerme más preguntas… como por ejemplo, el hecho de nombrar a aquella cazadora de luces que no se daba cuenta que aquel mundo era de pura oscuridad. Debía de hacer algo para quitarla de mí vida, Astrid no debía de permanecer en ella y algo me decía que debía de hacerlo más pronto que tarde, mí instinto nunca fallaba y por ello debía de hacer algo al respecto. Terminé por encogerme de hombros y no contarle nada de aquello, sería mejor para ella y seguramente de saber de una mujer en mí vida me preguntaría sobre ella y, quizás, pensara algo que no era cierto- Estoy bien, Liara, los entrenamientos y la caza mantienen mi mente despejada. A veces ayudo al tío con su tienda preparando armas, y no cometo riesgos innecesarios –salvo cuando una cazadora te metía de lleno en la boca del lobo, y nunca mejor dicho, y de casi salíamos con vida de aquello- Como ves estoy de una pieza, mejor de ver que estás de mejor ánimoacaricié su mejilla con una de mis manos y la retiré rápido mordiéndome el labio- Querías que te ayudara, ¿no es así? Bien, tendrás que guiarme porque no soy un experto en cuestiones de piano –la miré a los ojos durante unos segundos- Nuestros padres estarían orgullosos de ti, al igual que lo estoy yo al verte –no podría decir lo mismo sobre lo que yo hacía, pero merecían ser vengados, y nadie mejor que yo para ello.



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Re: Pastel de limón {Naxel Eblan}

Mensaje por Liara Eblan el Dom Nov 27, 2016 5:39 am

Otra vez, silencio tras su pregunta, sólo que esta vez no fue tenso, sino más bien expectante. Liara le observó atentamente durante el tiempo que se mantuvo callado, y pudo ver cómo se mordía el labio antes de contestar, lo que le dio qué pensar. ¿Qué estaría pasando por la cabeza de su hermano en ese momento? Entornó los ojos y le miró porque, fuera lo que fuera, estaba pensando en cómo decirlo, o en cómo no hacerlo. No era raro que Naxel se guardara cosas para él, es más, Liara estaba segura de que lo hacía a menudo y sabía por qué. Mantenerla lejos de aquel mundo de bestias y muerte había sido siempre su objetivo, aunque tenerla completamente al margen era imposible. Ella preguntaba lo que quería saber y se contentaba con las respuestas que recibía. Sabía que insistir mucho no le daría nueva información, cosa que tampoco quería.

Me alegro de que estés bien —le dijo con una sonrisa—. Y también me alegro de oír que ayudas al tío —eso lo dijo en voz baja, como si fuera un secreto entre ellos dos—. Sé que no quieres que me preocupe, pero no puedo evitar hacerlo, Naxel. Lo que haces es peligroso. —Y daba miedo, mucho miedo. Ellos dos ya habían sido víctimas de lo que aquellas bestias eran capaces de hacer—. Pero qué voy a decir yo que no sepas...

Él alargó una mano para acariciar su mejilla, y Liara no se apartó. Le gustaban esos deslices que se le escapaban de vez en cuando. Le recordaba a un niño que juega a ser hombre, y que no puede evitar dar un abrazo a su madre en algún momento. Se levantó de su sitio y se colocó tras él, pasando los brazos en torno a su cuello y agachando la cabeza hasta que quedó a la altura de la ajena. La giró para mirarle cuando volvió a hablar, y un calor inundó su pecho al escuchar aquellas palabras. ¿Cuántas veces había imaginado que, entre el público, vería de nuevo el rostro de sus padres? Incontables, tantas como el número de decepciones al darse cuenta de que era un sueño perdido, porque nunca jamás la verían tocar. Apretó los brazos cerrándolos en un abrazo y le dio un sonoro beso en la mejilla.

Sabes que también lo estarían de ti —le dijo con la mejilla pegada a la suya—. Y sé que sí porque yo también lo estoy de ti. Por muchas cosas, además.

Nunca le había gustado el camino que había elegido Naxel. Odiaba todo lo relacionado con la caza, y aunque se lo había repetido un millón de veces, él no lo había abandonado en ningún momento. Esa era la misma vida que sus padres habían dejado atrás cuando su hermano nació, y de la que ellos no habían sabido nada hasta después de su muerte. Estaba claro que sus padres habían mantenido aquello en secreto para que sus hijos no siguieran sus pasos y poder así mantenerlos lejos de todo ese mundo, al igual que intentaba hacer Naxel con ella. Su hermano había cogido el relevo, muy a su pesar y probablemente al de ellos, si siguieran vivos. A pesar de todo, Liara era consciente de cuánto la había cuidado desde aquella noche en la que sus vidas cambiaron por completo. Siempre pendiente, más incluso de lo que ella llegaría nunca a saber. Quizá fuera sólo la admiración del hermano menor, pero ella, que había crecido junto a él, se enorgullecía del hombre en el que se había convertido Naxel, a pesar de la caza y todo lo que ello conllevaba.

Empezó a notar como los ojos se le llenaban de lágrimas. En ese tipo de fechas señaladas había muchas cosas que la emocionaban, a veces incluso algo tan simple como que se le rompiera un plato. No era una mujer a la que le importara que la vieran llorar, pero en ese momento no quería hacer de aquella visita algo triste. Dio uns suspiró corto, se incorporó  y se enjugó los ojos rápidamente.

Está bien, afinémoslo.

Le agitó el pelo a Naxel y fue hasta un lado del piano, donde guardaba las herramientas necesarias dentro de una caja de mimbre. Eran una especie de destornilladores con la punta doblada en ángulo recto para que tensar y destensar las cuerdas fuera más fácil. No se requería de mucha fuerza para afinar aquellos instrumentos, sino paciencia y un oído entrenado. Volvió al banco y dejó las herramientas sobre él. Después quitó la golondrina y la dejó sobre una mesita con cuidado, como siempre que la movía de ahí. Aunque era de madera, la trataba como si fuera de cristal. Levantó la tapa superior y la dejó caer hacia atrás, apoyándola sobre la pared. Ahora tocaba el turno de la frontal, más grande y no tan fácil de quitar.

Ayúdame a quitar esta —le pidió, colocándose a un lado del piano y señalando el contrario—. Tiene una pestaña en la parte interior. Cuando la sueltes hay que empujar la tapa hacia afuera para desencajarla y poder sacarla —explicó—. Pesa un poco, cuidado que no se caiga y te de en una pierna.

La tabla de madera cedió a la fuerza que ejercieron los dos hermanos sin mucha resistencia, pero al ser una única pieza maciza pesaba bastante para la fuerza que tenía Liara. Siempre tenía problemas para quitar aquella tapa, así que solía retrasar el momento de afinar el piano hasta que sonaba tan mal que hacía que sangraran los oídos. Volvió a sentarse en el banco dejando las herramientas sobre sus piernas.

Me vas a ayudar a pulsar teclas —dijo—. Yo te digo cuales y cuando. Las que no suenan bien son sólo dos o tres, pero si no las afino la niña no va a escuchar lo que debe. —Hablaba de su pupila, la niña a la que llevaba enseñando música algo más de un año—. Es un pequeño genio, aprende muy rápido. Debería hacer esto con ella la próxima vez, para que vaya viendo cómo se hace. —Tocó algunas teclas seguidas buscando cuáles eran las que tenía que arreglar, y una vez que las tuvo identificadas las numeró—. Tecla “uno” —señaló la primera— y tecla “dos” —señaló la otra—. Cuando diga el número pulsa la tecla que corresponda. ¿Listo?

Ella colocó una mano sobre otras teclas y las tocó primero para entonar el oído. Fue alternando las teclas que debía tocar Naxel con las suyas, haciendo girar las clavijas que sujetaban las cuerdas con ayuda de las herramientas que había sacado antes. Era un trabajo para el que se necesitaba mucha paciencia y un oído bastante fino y entrenado, pero cualquiera que supiera tocar algún instrumento podría detectar el cambio entre el antes y el después, por muy pequeño que fuera. Había veces en las que incluso alguien ajeno al mundo de la música lo notaba, aunque no pudiera explicar qué había cambiado. Parecía que tocaba teclas al azar, pero para cada una que tocaba había una razón. Cuando al fin creyó que ya estaba, tocó una canción simple para asegurarse. Sonó perfecta, como hacía mucho que no lo hacía.

Ya está —anunció, triunfante—. ¿No ha sido muy difícil, no? Ya sólo queda taparlo de nuevo.

Se levantó y se acercó hasta la tapa, esperando que Naxel le ayudara a levantarla. Tras colocarla, cerró la superior y devolvió todos los objetos a su sitio. La golondrina, sobre el piano; las herramientas, en el cestillo de mimbre. Liara se desperezó colocando las manos en la zona baja de la espalda y estirándola todo lo que pudo.

Voy a preparar café. ¿Quieres una taza o prefieres otra cosa?


She may be the song that summer sings:


Liara Eblan
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Re: Pastel de limón {Naxel Eblan}

Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 6:29 am


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