Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Encrucijada - Libre

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Encrucijada - Libre

Mensaje por Destiny Dupriê el Sáb Oct 22, 2016 7:39 am

El sello real me había sorprendido, aun mas cuando no era el de la monarquía francesa sino de la Italiana, pase saliva con algo de nerviosismos mientras mis ojos quedaban anonadados con lo que leían, ¡Serena Di Donatto, la preferida de la reina corría Peligro! Sonreí de lado mientras continuaba leyendo cada uno de los pasos de aquella carta venia con un deje de misterio cosa que alimento mi curiosidad, mis ganas de matar, de sacar a la fiera en mi interior…


Serena  corre peligro, aun cuando ella va con escoltas reales que son de toda mi confianza necesito alguien externo que vigile desde lejos los pasos de la pequeña, las amenazas hacia ella han sido innumerables y repetitivas, no creo que sea alguien conocido, ya mande a investigar a toda Italia, alguien de Paris, esta tras sus pasos quiere su vida, dudo que quiera ensuciarse sus manos así que enviara a alguien, como yo… Confió en usted…

Sophia D'Luca la reina de Italia.


Aquello había sido un extracto de la gran misiva que me había enviado, adjunto a esta carta venia una entrada al gran baile que darían la noche próxima, un baile de mascaras el lugar justo donde la pequeña Serena estaría  desprotegida. No podía llegar como felino así que sería mejor que buscara alguna mascara y un vestido de fiesta…

Aun faltaban horas para que las puertas del palacio Royal se abrieran, mi vestido de un rosa pálido, con varios pliegues ajustado a mi figura, mi cabellera dorada estaba tomada y mi Mascara de un color violeta con detalles en dorado cubría lo justo para que mi identidad no fuera reconocida, mis labios perfectamente pintados y con un maquillaje de fantasía me encontraba lista para ir tras los pasos de quien quisiera dañar a la Preferida de la reina.

Mis pasos se hicieron ligeros cuando entre por el gran umbral del palacio que se vestía de etiqueta, una escolta me llevo hasta el gran salón donde entre aromas y colores la fiesta ya comenzaba, la multitud bailaba feliz, las damas coqueteaban, los hombres cortejaban y mi vista estaba en busca de Serena que aun no llegaba, había preguntado en el entrada si había arribado y una negativa me habían dado. Tome de un mesero que tenía una máscara roja una copa de vino tinto, mi mirada se cruzo con la de él, nada mas hizo falta para que mi piel como cual felina que era se erizara, lo deje pasar… necesitaba el blanco primero luego iría tras quienes quisieran dañar a la dama que me habían encargado.

Un jovencito con una máscara bastante frondosa tomo de mi mano y sin pedir de mi permiso me llevo a la pista de baile, no pude rehusarme y comencé con los movimientos típicos, sin despegar mi vista de la entrada necesitaba ver los ojos de ella para que nunca la olvidara, para que mi instinto animal me guiara más rápido que el humano.




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Re: Encrucijada - Libre

Mensaje por Jean D. Lachance el Sáb Oct 22, 2016 2:33 pm

Con el rostro oculto tras una afilada máscara negra, aguardo a que el libreado mayordomo compruebe la autenticidad de mi invitación. A mis espaldas, un ruidoso grupo de señoritas aprovecha la expectación inicial del evento para analizar los trajes y máscaras que han podido atisbar hasta el momento. Son demasiado jóvenes para resultar alguien por sí mismas, pero hoy no importa qué rango ostenten en la estratificación social; cualquier noble que se precie estará presente en el baile de esta noche, cuya pompa y boato lleva anunciándose desde hace más de un mes en cualquier selecto lugar. Una de las personalidades más importantes de la capital celebra una fiesta por todo lo alto, para presentar en sociedad a la hija más joven del renombrado matrimonio. Los detalles sobre la orquesta y los víveres agenciados llevan siendo la comidilla de la aristocracia desde hace más de dos meses, algo que resulta extraño si se tiene en cuenta que en París hay tantas fiestas cada noche como para complacer al más incansable de los bailarines.

De no haber sido por la ausencia de Varek, yo no habría acudido aquí esta noche. Los eventos en sociedad me aburren en sobremanera, y es que ocupan un preciado tiempo que podría invertir en los asuntos de mi bufete. Sin embargo, mi adorado hermano mayor ha decidido desaparecer como acostumbra últimamente. Ni una nota, ni un recado; sólo su habitación desierta y los afligidos criados cepillándome el traje. Las exigencias de mi padre desde Louisiana son claras para ambos; debemos hacer contactos que nos sean útiles para los negocios. Sólo así podremos recuperar la posición que una vez ostentamos en nuestra Francia de origen, aunque el precio para ello sea perder sueño y dinero en hacer lo que todos los nobles hacen. Por ello, he tenido que modificar mis planes a última hora para cumplir con mi obligación; hacer lo que el heredero de la familia debería estar haciendo, contribuyendo a cumplir el sueño de mi padre como pago por sus atenciones.

Recolocándose con el índice los anteojos, el canoso hombre me devuelve la invitación junto con una automatizada reverencia. Devolviéndole el reconocimiento agitando la enguantada mano, avanzo hacia el interior del salón mientras admiro el entorno que me rodea. De altos techos sostenidos por estriadas columnas de mármol, la construcción resulta, cuanto menos una exquisita obra de arte. Frisos con ángeles y demonios entrelazados entre sí aparecen esculpidos en paredes y techo, recamados en pan de oro para resaltarlos frente a la blancura del resto. Frescos de los mitos bíblicos más conocidos e inquietantes se dibujan bajo las cúpulas, tan detallados como las esculturas que hay dispersas entre columnas y arcos. Los tapices decoran los pocos espacios libres que pueda haber, tejidas con esmero sus escenas de caza y batalla. Los nobles abarrotan cada centímetro de la sala, ellos de riguroso negro, ellas, una explosión de colores, plumas y oro entre los pálidos y relucientes suelos. A su lado, las fiestas de Nueva Orleans resultan pálidas e insípidas; meras copias de lo que sucede al otro lado del océano, y tan salvajes como la propia tierra a la que, aún ahora, sigo considero como mi verdadero hogar.

Un joven esclavo atraviesa la muchedumbre con sumisión, portando una bandeja de plata en precario equilibrio sobre la palma de su mano. Sobre ella, numerosas copas de champagne relucen bajo la luz de las lámparas. Extendiendo una mano en su dirección, cierro mis dedos alrededor de una de ellas sin necesidad de que el negro se detenga. Después, me la llevo a los labios para saborear la burbujeante delicia sin dejar de observar al resto de los comensales.

La desventaja de los bailes de máscaras es que dificultan la tarea de relacionarse. Estando todos en constante movimiento, resulta muy difícil adivinar bajo los pocos rasgos visibles que deja al descubierto el ornamentado disfraz de qué personalidad se trata. Ni siquiera relacionando la riqueza de los trajes con el rango que cada uno ostenta en la corte se hace más sencilla la tarea, lo que explicaría la cantidad de chismorreo que encuentran su origen en esta clase de eventos. Al fin y al cabo, no hay nada más excitante que mancillar la propia honra a la mismísima vista de la propia sociedad, sobre todo cuando los riesgos están tan limitados como en este caso.

Sumido en mis pensamientos, no me habría percatado del final de la canción de no coincidir ésta con el vaciado de mi copa. Algunos de los bailarines aprovechan el descanso para acercarse a las mesas a tomar un refrigerio, el frufrú de las faldas de las señoritas entremezclado con el humo de los puros de los caballeros. Depositando con delicadeza el vacío acristalado en una de las mesas del salón, aliso mi frac con la zurda antes de encaminarme hacia la pista. Los músicos del entarimado no tardan mucho en empezar una nueva melodía, más vivaz y compleja que la que representaban minutos atrás. Los violines son probados por los artistas, que friegan las cuerdas del arco para marcar las notas iniciales y así dar tiempo a que los bailarines se reagrupen de nuevo.

Colocados en una recta fila sobre el blanco y caro mármol, varones y hembras intercambian una leve reverencia para seguir el estricto protocolo. Levantando la cabeza ligeramente mientras hago el gesto ritual, aprovecho para observar con quién he sido emparejado por el azar. Mi pareja de baile es una hermosa mujer de tez pálida y uniforme, oculta en su mayoría por una rica máscara de un púrpura intenso ornamentada delicadamente en dorado. Alrededor de ésta, suaves bucles dorados enmarcan un par de ojos castaños, que relucen vivazmente bajo las grandes lámparas de araña que decoran el salón de baile. Su vestido roza la línea de lo atrevido; pese al tradicional rosa palo de la seda, se ajusta de una manera indecente a las curvas de la señorita, revelando más de lo que ocultan los pequeños pliegues que descienden bajo la cintura. Sus labios, carnosos y rojizos, están ligeramente fruncidos por alguna razón que sólo ella conoce. Estoy seguro de que si conociese a alguien así la recordaría, lo que significa que ésta es una magnífica oportunidad para ampliar mi círculo social. Como le gusta recordarme a mi padre, es más escaso de lo que debería.

- Está usted radiante, mademoiselle - Le digo educadamente a la dama, tendiéndole mi mano mientras inclino ligeramente la cabeza para iniciar los primeros pasos del baile. Los primeros compases me sorprenden algo más torpe de lo que suelo, pero mis pies pronto se tornan ágiles al recordar los pasos de la melodía, muy popular entre la alta sociedad parisina - Creo que no tengo el placer de conocerla, aunque la discreción propia de estos eventos me impide revelarle mi identidad ahora. Lo cual deja mis palabras en una mera excusa para obtener un poco de conversación inteligente antes de que termine la velada.
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Re: Encrucijada - Libre

Mensaje por Destiny Dupriê el Dom Oct 23, 2016 1:14 pm

La identidad secreta tena que ser secreta hasta el final, aun cuando mi clientela me conocía como La Gata, nadie podría decir que conocía el rostro detrás de aquella identidad, por esa razón los nobles me buscaban, era como el chisme en la sociedad que nadie sabía, mi identidad secreta era precisamente un total secreto. Para llegar a mi tan solo tenían que seguir un gran laberinto, unos más difíciles que otros. Pero ahora en esa fiesta tenía dos identidades la primera era la secreta y la segunda una simple dama que disfrutaba de las fiestas coloridas de la Capital nocturna.  Prontamente el joven que frente a mí se disponía hacer mi pareja de baila comenzaba a moverse torpemente no dude en soltar una sonrisa, algo que no podía aguantar era ser una señorita educada y correcta. – Todos en algún momento demostramos nuestra torpeza con los pies – ser empática ciertamente me costaba, pero le daría una oportunidad al valiente que al parecer solo le faltaba un poco de confianza para moverse acorde la melodía inundaba el salón. Con mi brazo firmemente apoyado en su hombro y el otro tocando suavemente la mano ajena, deje que el ritmo moviera mis pies como cual pluma fuera que se movía casi sin tocar el mármol brillante que estaba bajo nuestros pies.

Una vuelta, una reverencia, mirar a los ojos y otra reverencia, pasos de un baile predispuesto por la sociedad, las miradas me juntaban cómplices de lo que él había dicho hacia un pequeño momento, singular y una forma clara de buscar una compañía esta noche. Justo al momento que iba hablar el cambio de pareja venia, otro joven más torpe que el anterior volvía hacer una reverencia, moví mi cabeza en busca la máscara afilada y negra solo unos pasos de baile más y volveríamos a la posición inicial, sonreí con suavidad mientras ese cambio venia de la mano de otra reverencia y volvíamos a nuestra pareja inicial  – En una mascarada siempre hay que presentarse Radiando Monsieur – susurre con suavidad a su oído mientras girábamos por el salón en compañía de las parejas que seguían el mismo ritmo que nosotros. Le mire de manera detenida mientras los mismos pazos de la danza nos hacían alejarnos.

Ni la mitad de las personas que están hoy en el salón se conocen, aun cuando existe una pequeña probabilidad que nunca nos volvamos a ver – hice una pausa mientras giraba en mis talones y volvía acercarme al joven –  siempre es bueno abrirse a conocer lo desconocido – hice notar aquello con un deje de misterio mientras en un abrir y cerrar de ojos veía a la guardia Italiana entrar al salón Touche, pensé mientras la pequeña de quince años entraba sonriente, sus rizos dorados eran inconfundibles, su máscara nada más que un encaje hecho a mano, de seguro la reina se lo había enviado, ahora solo tenía que seguir los pasos de la pequeña, y precisamente mi actual pareja de baile podría ser de utilidad.

Un mejor excusa es que al parecer tanto usted como yo hemos venido en solitario a esta velada – sonreí con algo de dulzura –  Aun cuando nuestras identidades podemos mantenerlas en secreto no desearía pasar toda la noche en busca que alguien con quien compartir palabras inteligentes, porque créame pocos aquí piensan con la cabeza – dije a modo de broma –  es sabido que un gran porcentaje de los varones de esta noche solo vienen por una sola cosa… una dama de compañía y no precisamente para bailar en este salón – no iba a entrar en detalle y ya me había arriesgado mucho hablado lo que la sociedad trataba de ocultar con estas fiestas – si bien, puedo equivocarme y usted pertenecer a ese porcentaje de hombres en busca de – incline mi cabeza y solo susurre en su oído –  sexo – me aleje  sonriente, de alguna forma u otra yo no era igual que las damas acomodadas de aquel salón. –  Le ofrezco compañía y conversación inteligente lo que resta de la noche – incline un poco mi rostro y lo quede mirando directo a los ojos, podríamos decir que por un solo segundo me había permitido bajar la guardia, una cosa por otra… mis sentidos se habían aumentado… y trabajo a final de cuentas era trabajo
.




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Re: Encrucijada - Libre

Mensaje por Jean D. Lachance el Mar Oct 25, 2016 6:04 am

- Pero algunos lo hacemos más pronto que otros, sin duda - Añado, tomando de la mano a la muchacha para poder continuar el baile.

Al ritmo que marcan violas y violines, giramos grácilmente alrededor del salón. Las parejas se intercambian conforme aumenta el ritmo de la melodía, una vez a la izquierda, otra, a la derecha. Aun así, no pasan muchos minutos antes de que la misma hermosa y exuberante rubia acabe de nuevo frente a mi. Inclinándome para ejecutar una correcta reverencia, tomo su mano y recorro con ella un par de pasos hacia la izquierda. Mis pies, más hábiles tras la primera ronda, se coordinan a la perfección con sus pequeños escarpines, su piel asomando pálida sobre el intrincado encaje rosado.

La dama aprovecha la cercanía para susurrarme atrevidamente al oído, provocándome un estremecimiento que nada tiene que ver con la temperatura del ambiente. Y es que me resulta tan excitante como escandaloso ver cómo el anonimato provoca que las mujeres realicen actos que en cualquier otro momento serían considerados indecorosos. Un gesto de cercanía inapropiado entre desconocidos, un comentario pronunciado en un tono de voz susurrante; una sorprendente opinión sobre algo tan tabú entre la nobleza como es la prostitución.

- Parece que tiene usted muy firmes sus opiniones, mademoiselle - Le respondo a la bailarina, haciéndola girar con suavidad sobre sí misma - Y aunque coincido con usted en muchos de sus puntos, discrepo en cuanto a la finalidad de la presencia masculina en esta clase de eventos. No le mentiré; yo, igual que la mayoría de varones de este mundo de hombres, he visitado los burdeles cuando el instinto se sobrepone a la razón. Aun así, sería un insulto pensar de ese modo de las cristianas mujeres que asisten a este baile. Somos personas decentes, y si os miramos es simplemente porque sabemos admirar la belleza cuando la vemos. Aunque, en demasiadas ocasiones, no vaya acompañada por una inteligencia proporcional.

Nuestra conversación se ve interrumpida por el propio curso del baile, que me exige entregar la fina mano de mi pareja a un bigotudo caballero francés. Un grupo de sirvientes adornados con rojas máscaras aprovecha los giros del baile para deslizarse en su interior, uniéndose a la danza junto a la pequeña heredera de la realeza.

Con mis rizos meciéndose tras de mi, bailo con un par de muchachas antes de hallarme de nuevo frente a la primera. Sus grandes ojos castaños, antaño relucientes, están entrecerrados mientras observa algo a nuestra derecha.

-  ¿Buscando a alguien conocido, mademoiselle? ¿Parientes, tal vez?- Le pregunto con educación. Con cuidado para no revelarle mis facciones a nadie, me recoloco la máscara mediante la zurda antes de tomar de nuevo su mano - Como le iba diciendo antes, a mi no me basta con una cara bonita. Y es precisamente por ello que, para mi, el sexo carece de atractivos si sólo busca satisfacer una necesidad física. Me atrae más una mente aguda, instruida; alguien que me mire con un par de grandes y bellos ojos mientras debate conmigo sobre los grandes filósofos, y no sólo sobre sedas, brocados y las últimas fiestas de París. Supongo que por ello continúo soltero; busco una mera quimera, y nada inferior a ella podría satisfacerme en el día a día.
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Re: Encrucijada - Libre

Mensaje por Destiny Dupriê el Sáb Dic 10, 2016 7:05 pm

Entre las Violas con melodías alegres y Violines suaves los movimientos iban de más a menos, entre vueltas largas cambios de parejas, volver a los brazos de mi danzarín acompañante me resultaba bastante más satisfactorio que aquellos desconocidos que no buscaban un punto de conversación claro y conciso… ¿Quizás mejor era hablar entre extraños que con gente conocida? Ya lo sabía yo que mis amistades eran pocas por no decir ninguna, di una vuelta y  vi como un francés bien parado y con una medalla colgada en su hombro tomaba la enguantada mano de Serena para comenzar a danzar en conjunto con la multitud. Un giro más y los ojos de mi acompañante me tranquilizaron un poco más sus palabras no podían ser más asertivas – Si yo no me hago de opiniones nadie las hará por mi… este mundo donde el hombre tiene que guiar yo soy la que va en contra de la corriente – y cierto era que desde mi nacimiento hasta mi profesión era cosa de hombres, mi difunta madre me lo había expresado… que yo debí ser un varón más en la familia a tal revelación solo sirvió para mejorar mi forma de ser y estudiar aquel comportamiento tan inusual que tienen los varones – Yo también he visitado burdeles Monsieur y créame que donde una mujer busca encuentra más de la cuenta… pero no estamos aquí para hablar de burdeles y temas prohibidos – Me separe porque así lo decía el siguiente paso, un viejo pasado a Coñac intentaba acercarse más de la cuenta su halito era una repugnancia, las notas cambiaron y volví a los brazos del joven.

Sonreí de medio lado ante su acotación – Solo alguien conocido que me pidieron seguir – no perdía y tampoco ganaba nada diciendo lo que había dicho, a final de cuentas era sabido que todo el mundo estaba en Guerra – Pero no es impedimento para disfrutar de esta mascarada – sonreí de manera coqueta, más natural que insinuadora. – Todos Monsieur buscamos una quimera… algunas más letales que otras- alcance a susurrar a su oído cuando la música llega a su fin e instintivamente varios aplausos se hicieron notar, hice una reverencia hacia mi acompañante y la música comenzó otra vez – ¿Cree que sería insinuante bailar otra vez? O Preferiría continuar con esta conversación alejados de la multitud bailante – era una verdadera propuesta, cual fuera que tomara ante mi iniciativa, ya había estudiado los lugares donde podría observar a la guardia Italiana y a la Favorita de la Reina. No espere mucho a su respuesta la multitud misma nos alejó de la pista de baile y un sirviente con mascara roja pasaba ofreciendo burbujeante lo seguí disimuladamente y volví hacia el joven incognito – Mi quimera como la suya son difíciles de encontrar, aun cuando usted tiene claro lo que desea… créame no es imposible – Le guiñe el ojo, sin saber bien si detrás de la máscara se había visto aquel gesto, tome una copa de otro sirviente y la lleve a mis labios – Quimera Monstruo fabuloso que se representa con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de dragón es lo que yo busco – casi literal era mi descripción del imposible hombre que me gustaría conocer, pero simplemente era la ilusión del ideal anhelado; sonreí con mi propio comentario, sin quitar la vista de los rulos dorados de la Favorita. -Créame que es más fácil encontrar a una persona con sus características que con las mías – agregue mientras volvía a beber un poco de la copa.

Pensar si quiera en lo que me gustaba o gustaría en un hombre me causaba una reacción bastante singular, después de conocer tanto hombre que engañaba a sus esposas  creía que era imposible encontrar a uno que no interfiriera en mis planes, que no tuviera miedo que lo mate, que me sea fiel y que me acepte con toda la sangre que he derramado… definitivamente hombres como aquel ideal… parecía no existir, ya que mis clientes me temían de cierta manera y no me daba el tiempo quizás por miedo a revelar a algún amante mi verdadera profesión… ciertamente la quimera era más que solo un imposible…




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Re: Encrucijada - Libre

Mensaje por Jean D. Lachance el Mar Ene 03, 2017 4:10 am

- Comprendo - Respondo simplemente, siguiendo los movimientos del baile todavía sujeto a ella - Todo apunta a que sois una mujer muy poco convencional. No sólo por vuestros ideales, sino también porque tenéis muy claro qué es lo que buscáis y queréis claramente de la vida. Os deseo de todo corazón que acabéis consiguiéndolo.

Los músicos acaban de tocar la pieza, tras la cual las parejas se separan para aplaudirles. Algunas se preparan para cuando empiece una nueva melodía, mientras que otros se limitan a dispersarse en busca de otras diversiones. Comida, bebida, mujeres... Todo ello está al alcance de los invitados, que no dudan en buscar cuanto sea necesario para garantizar su diversión. Las risas se renuevan tan pronto los violines empiezan una canción popular, que damas y nobles se apresuran a bailar con renovadas energías. Nosotros, en cambio, quedamos algo apartados del público. Estamos en una esquina  bien ubicada, junto a la mesa de canapés. Los invitados ni siquiera tienen que acercarse a ella para tomar un refrigerio; se limitan a tomar lo que desean de las bandejas que portan los camareros, dispersos a lo largo y ancho de todo el salón. Tomando un par de delicatessen de una bandeja de plata, observo a mi acompañante disimuladamente. Pese a las pocas palabras que hemos intercambiado, continúa siendo todo un misterio para mi. Especialmente por el hecho de que no parece que haya venido a esta fiesta a disfrutar. A diferencia del resto de damas de la alta sociedad, parece tener un propósito distinto. Aunque sea algo que todavía no alcanzo a discernir.

Estoy a punto de tomar otra ración cuando algo plateado centellea en la sala. Algo nervioso de pronto, entrecierro los ojos en un intento por captar mejor de dónde proviene. El giro de los bailarines casi me hace perder el rastro... pero el revoloteo de una túnica me permite volver a captar de nuevo su brillo. Es un cuchillo, en la mano de uno de los sirvientes de máscara roja. Y parece dispuesto a descargarlo contra una de las danzarinas. Santiguándome con rapidez, me acerco a mi acompañante, que también parece haberse percatado de ello. Casi como si hubiera estado esperándolo.

- ¡Por los clavos de Cristo! ¿Eso es un cuchillo? - Susurro, tocando inconscientemente mi espada decorativa.








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Re: Encrucijada - Libre

Mensaje por Destiny Dupriê el Dom Ene 15, 2017 5:57 pm

Mis instintos felinos los tenia a flor de piel, que no podía dejar escapar absolutamente ningún movimiento, mientras mi pareja de baile parecía encajar a la perfección en la escena, me podría servir de distracción o mejor aún un par que podría ser más útil de lo que parecía. Tome un bocadillo mientras mis ojos no se despegaban de la pista de baile donde Serena danzaba sonriente junto a un jovencillo de la Corte, hijo del duque de Francia un aliado por estos días, o al menos así los había investigado. Trataba de no parecer distraída, podía poner atención a más de una cosa a la vez, así que al menos del punto donde nos encontrábamos la visión era perfecta.

-Siempre he terminado de conseguir lo que deseo, gracias por su deseo Monsieur – sonreí agradecida, un completo desconocido deseándome el bien era definitivamente lo más extraño que me había pasado en los últimos meses, normalmente otros eran los deseos que escuchaba y aborrecía más que nada.

El brillo llamo la atención de mi instinto y como si de una gatito buscando entretención fui descartando uno a uno con la mirada los blancos que tenía en la mira, sentí la reacción de mi pareja improvisada de baile, algo olía muy mal, la Reina sabía que aquello ocurriría, ¡Dios Salve a la Reina! Pensé mientras los bailarines hacían un circulo como si conspiraran en que no pudiera llegar a mi destino, las palabras acertadas del joven llegaban a mi oído y mi mirada un segundo se posó en la de el – Ven – lo tome del brazo, la única forma de llegar ahí era haciéndome paso con intentos fallidos de danza, mis pies ligeros casi no tocaban el suelo, los sirvientes de máscaras rojas comenzaban a rodearnos lo sentía, la guardia Italiana se veía alejada y Serena era el blanco fácil – Tengo que protegerla a ella – le dije entre dientes mientras apuntaba a la favorita del rey, habían dos opciones, la primera era que el fuera uno del bando contrario y la segunda que simplemente me ayudara para tener luego alguna explicación de todo el show que se estaba armando. Conspiración o no, llegaron a la pista de bailes un grupo de danza contratado con sabanas que ocultaban a las personas, parte del show claramente, todo era calculado, y yo era simplemente a quien no debían de dejar pasar – ¡SERENA! – Grite mientras me resbalaba hacia ella y la cubría del brillo de la navaja que buscaba su sangre, entre mis brazos la niña se quedó estática y sentí el filo atravesar mi corsé, no grite ni rugí, mi grito y todo se veía opacado por el espectáculo presente, busque con la mirada al joven bailarín, pero los rulos de la niña poco me dejaban ver, no podía pelear en ese lugar, no podía revelar mi identidad, por el momento solo podía proteger a mi objetivo – continua caminando – le dije a la niña mientras intentaba alejarla de las máscaras rojas e intentaba llevarla con la guardia Italiana, antes de que alguien notara que de mi costado izquierdo había enterrado un maldito cuchillo que dolía como los mil demonios, en medio del espectáculo alcance a ver la cabellera de mi pareja improvisada… parecía estar ¿Peleando?, - Il favorito è sicuro, il suo prendere con la regina Sophia – Le dije a uno de los guardias que parecían un poco desconcertados con lo que sucedía - Portala fuori di qui – les ordene con mi acento Italiano y la mirada enfurecida. – Serena… esta noche querían tu sangre – me despedí de la niña mientras la guardia Italiana salía por los pasillos del palacio  en completo silencio.

Mientras me aseguraba de que la subieran al carruaje, me apoye en una columna y cerré los ojos, tenía que sacarme el arma blanca y desaparecer,  mi vestido ya estaba empapado de sangre – Malditos – pensé mientras tomaba aire para proceder a quitar el cuchillo. Ahora me vendría bien tener al joven bailarín a mi lado, pensé, necesitaba que me cubrieran…




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Re: Encrucijada - Libre

Mensaje por Jean D. Lachance el Jue Ene 26, 2017 8:18 am

Sujetándome por el brazo, la mujer me arrastra hasta volvernos a rodear por la marea de bailarines. Sus grandes ojos azules, antes calmados y dueños de sí mismos, reflejan ahora el pánico más puro. Sus pasos son menos elegantes que antes, aunque más ligeros; teme por la vida de la pequeña, y sabedora de que sólo nuestros actos pueden impedir que se produzca una tragedia, intenta que nos acerquemos con tanta rapidez como sea posible. Entre dientes, me explica que en realidad sólo está aquí para proteger su vida. No dice quién es ella, ni tampoco su propia identidad. En cualquier caso, ahora hablar está de más; lo que importa es que lleguemos hasta la pequeña a tiempo, para salvarla del planeado ataque que buscan perpetrar sus perseguidores.

Cuando ya estamos a pocos metros de la niña, los cuchillos se alzan en la oscuridad. Sus filos están acerados por el frío brillo de la muerte, aunque sólo uno de ellos alcanza su objetivo. Emitiendo un grito de alarma, mi acompañante se lanza hacia adelante, buscando proteger a la niña interponiendo su cuerpo como escudo. Y lo consigue; el puñal ni siquiera le roza uno de sus bucles, a costa de hundirse hasta la empuñadura en el pálido corsé de la rubia. Ahogando un gemido de preocupación, corro hacia ellas, empujando a los bailarines cuando se encuentran en medio de mi camino. No me preocupan ya las apariencias, sino la injusticia y la violencia que impregnan los horribles actos de los enmascarados. Sacando mi espada de la vaina, la utilizo para detener el siguiente puñal que se cierne sobre la rubia. No soy un gran espadachín, ni mucho menos, pero espero poderles detener el tiempo suficiente como para que salgan de aquí.

- ¡Corre! - Le grito, torciendo el gesto en una mueca por el esfuerzo de contener el contrario. Por el rabillo del ojo, atisbo cómo una mancha escarlata se extiende rápidamente por su vestido de raso. Parece que se está desangrando, pero la protectora no se permite mostrar ni un sólo momento de debilidad. Sin soltar a la aterrada niña, aprovecha mi interrupción para conducirla hasta la seguridad del pasillo. No es hasta que las veo desaparecer que me permito utilizar el factor sorpresa, sacando la pequeña pistola que siempre guardo en el abrigo interior de la levita. - ¡Si os acercáis, me llevaré como mínimo a uno de vosotros! - Gruño, apuntándoles constantemente para cubrir mi propia retirada. Este modelo sólo tiene tres balas en la recámara, pero no es necesario que ninguno de ellos lo sepa. Está claro que no son asesinos profesionales, por cómo se miran dubitativos entre sí. Suficiente; aprovechando su desconcierto, echo a correr en pos de la herida hasta desaparecer en las sombras del corredor.








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