Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Letting Go — Privado

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Letting Go — Privado

Mensaje por Cirene Lewis el Dom Dic 04, 2016 4:45 pm

La vida en la alta sociedad no era especialmente agradable para Cirene, y menos viéndose casada con alguien por el que no tenía el menor interés. Ella no había nacido para ser la esposa trofeo, ni el modelo de la mujer de clase alta que tanto alababan en la época; ella había nacido para la libertad, para romper los cánones sociales de ese entonces. Pero el destino se encargó de arruinarle sus deseos. Ahora tenía que lidiar con una situación que siempre detestó y con la que no se sentía preparada, a pesar de los años que habían transcurrid; creía que quizás, todo ello le hubiera ayudado a su madurez. Aún le costaba adaptarse a tanta parafernalia; pero le había hecho una promesa a McWhir y debía cumplirla; no podía fallarle a la única persona que la comprendía y era como un padre para ella. Sin embargo, no era posible sufrir todo aquel malestar en soledad y Cirene ya empezaba a presentir un arrepentimiento próximo.

Para drenar aquella sensación espantosa, solía ir a cabalgar a solas; era una de las pocas actividades que realmente disfrutaba, tanto como tocar el piano. Otra cosa que aprovecharía, serían las reuniones sociales. Aunque abundara tanta gente falsa en esos eventos, confiaba que podría encontrarse a alguien con quien mantener una conversación fluida, sin tener que sentirse acomplejada. Cirene no podía creer que estuviera teniendo esa clase de pensamientos, y menos cuando había convivido durante varios años con hombres de mal vivir. Quizá, esos meses en completo silencio comenzaban a pasarle factura.

No sentía el más mínimo apego por su esposo; su misión tampoco era intentar quererlo. El pasado de los Lewis resultaba más complicado de lo que imaginaba; era una familia distinguida, sin embargo, los secretos que guardaban podían prestarse para escándalos. Y le daba igual. McWhir se merecía justicia y ella buscaría la manera de poder ayudarlo en ello. Pero, mientras aquello iba tomando forma, también debía hacer algo con su existencia, antes de acabar fugándose en cualquier momento. Por eso, en la primera oportunidad que tuvo, accedió asistir a una de las tantas fiestas que se daban en el Palacio Royal. Aunque tenía que ir en compañía de Brent (quien empezaba a actuar como guardaespaldas últimamente), quiso disfrutar del momento, como nunca antes lo había hecho.

En un principio soportó las ridículas conversaciones de los adinerados, y luego, cuando se vio libre de todo aquello, se marchó a un lugar apartado. Necesitaba respirar aire fresco; ya había tenido suficiente de la susodicha fiesta. Pensó en retirarse en ese momento, su mente le gritaba que había tenido suficiente. Lamentaba que su intento de hallar a alguien interesante fallara irremediablemente. No obstante, algo muy dentro suyo le susurraba que no desistiera tan rápido.

En el instante que pretendía girarse para regresar al salón principal, escuchó unos pasos. Creyó que se trataba de Brent, y no pudo evitar sentirse ligeramente molesta.

—¿Desde cuándo te preocupan mis ausencias? —inquirió, girándose luego para confrontar a Brent, pero se llevó una gran sorpresa al notar que no era él—. Oh... Lo lamento, creí que era otra persona. —La palabra esposo aún no le salía con fluidez, prefería utilizar otros sustantivos, menos ese.



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Re: Letting Go — Privado

Mensaje por Madison Simonsen el Jue Abr 20, 2017 2:40 pm

Finalmente se encontraba en paz,. En aquella fiesta, rodeada de gente “apropiada” para ella no tenía que ser vigilada por hermana y mucho menos por el fastidioso de su cuñado. Madison sabía que el hombre no tenía malas intenciones, quería solamente cumplir con su promesa a los padres de la muchachas, claro que lo hacía sin detenerse a pensar siquiera en lo que la más joven de las hermanas quería; esa era de hecho la situación que la llevaba desear era regresar a casa pero no, nada era como ella esperaba. Su familia tenía un plan para ella y nada ni nadie haría que ese plan cambiara, ni siquiera ella y sus intentos de arruinarles los planes. La inglesa suspiro. La música sonaba, varias parejas danzaban en la pista de baile pero ella de lo único que tenía deseos era de caminar.

Cuando un mesero pasó cerca de ella, Madison tomó una copa de champagne y se dispuso a caminar dentro del Palacio, en busca de algo o alguien que la entretuviese. En su andanza sus ojos iban a cualquiera que ostentara un puesto importante y el suficiente dinero como para entretenerla durante algunos días. Con una sonrisa en el rostro miro fijamente a un hombre que sin decir palabra alguna comenzó a seguirla entre diversos salones. Madison sabía que su plan de conseguir diversión no iba para nada mal. Conforme se alejaba de los grandes grupos de gente sonreía cada vez más, mirando de vez en cuando sobre su hombro para asegurarse que el hombre aún la seguía.

La inglesa continuo andando, no planeaba detenerse sino hasta encontrar el lugar perfecto para poder charlar a solas con aquel que la seguía, sin embargo, justo cuando giraba en un pequeño pasillo y miraba una vez más sobre su hombro, vio como el hombre parecía notar algo y daba media vuelta para regresar sobre sus pasos. En un inicio Madison se desconcertó, pero repentinamente una voz femenina la hizo volver la mirada al camino y fue entonces cuando se topó con una pelirroja.
¿Disculpa? – respondió en automático, confundida por las palabras de la mujer que se giro y miró a Madison con la misma confusión con que ella la miraba.

Ambas mujeres se miraban, querían comprender exactamente que pasó y fue aparentemente la pelirroja la primera en entender la situación. Madison continuo unos segundos sin captar lo que pasaba, pero una vez que lo hizo, agito ligeramente la cabeza en un intento de organizar sus ideas correctamente.
No te disculpes, he sido yo quien apareció repentinamente y… – sonrió – Esperabas a alguien ¿verdad? – porque las primeras palabras que salieron de sus labios volvieron eso evidente, aunque claro, la inglesa no había sido lo quien la otra esperaba.



Yo no sabía cómo llamar a aquello que sucedía entre nosotros, pero me gustaba.
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