Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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La Cumbre De La Noche

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La Cumbre De La Noche

Mensaje por Louis De Pointe Du Lac el Mar Dic 13, 2016 1:01 am

La sangre tiene un propio sabor según el individuo, medido con la cantidad de los glóbulos rojos, y separado por la procedencia del dueño. La sangre criolla, como la mía, parecía ser más del gusto de los franceses, y a los americanos les parecía gustar más la sangre de las víctimas de su tierra. Al principio no notaba la diferencia en el sabor,  para mí era exactamente lo mismo beber de quien fuera y como fuera, sin importar el lugar ni la situación; mientras no me vieran, era más que suficiente. Y luego, poco a poco, comencé a ser más selectivo. Fue sin darme cuenta, diferente a como lo hacía mi creador. Algo más contemplativo, y mucho más veloz. Rechazaba por completo la idea de conocer a mis  víctimas, como antaño lo había expresado.  

Y también, poco a poco, de nuevo comencé a recorrer las calles de París en una actitud pasiva y meditabunda. Retomé, poco a poco, aquellos paseos de los que solía disfrutar a solas, lejos de los conocidos y de los desconocidos, moviéndome por las calles como un fantasma o una sombra. Cuerpo recto, las manos la mayoría de las veces en la espalda, cubiertos por los prepotentes guantes blancos impolutos. Pasada la media noche las calles estaban casi vacías y con ello, tanto la selección como el movimiento era más simple, más libre. Lo despiadado y cruel que siempre habitaba en mí rasguñaba la superficie ligeramente en el tiempo que disfrutaba mi presa de la noche y, después del placer, volvía a ser el frívolo caballero nocturno pasado de moda en cuanto a vestimenta, pero demasiado atractivo para que me rechazaras.

Aquel beneplácito se diluía con los pasos, con la lejanía de la calle que había sido testigo de la perdida de una vida que, fuera de mi pensamiento, le importaba poco o algo a alguien que no conocería. No volvería al cementerio, ni volvería a perderme en los caminos pantanosos que antes me habían traumado. Me quedaría en el asfalto, lejos de lo que era desconocido; cerca de lo que conocía, hasta que la madrugada hiciera lo propio y tuviera que volver a lo que ahora, era mi hogar. Me guardaría el calor de la sangre y el pensamiento suyo y el de los no muertos, junto con las dudas que no me atrevía a dispersar.
 


Última edición por Louis De Pointe Du Lac el Miér Abr 05, 2017 10:45 am, editado 1 vez





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Re: La Cumbre De La Noche

Mensaje por Lestat De Lioncourt el Mar Mar 07, 2017 1:34 am

Hacía mucho tiempo que no lo veía. Fue impactante comprobar la crueldad y avidez con la cual arrancaba la vida de sus victimas, pero sus ojos seguían siendo igual de ilusos. Si, había amor en esa mirada. No por su presa, sino por la sangre. Caminaba trás sus pasos, acechándolo tal como la primera vez que lo vi. Ha cambiado mucho desde entonces y supongo que seguirá haciéndolo.

Estaba allí como si fuese un humano más quien volvía a casa luego de una larga jornada de trabajo, aún así, su belleza era casi soñada. Cerré instintivamente mis ojos y eché hacía atrás la cabeza, una terrible tormenta se acercaba. Hace unas horas había sido anunciado en los medios y se lo oí comentar a un muchacho en la taberna cuando me detuvé a contemplar un viejo letrero sobre la puerta. En aquel momento un escalofrió invadió mi cuerpo y por unos segundos pude sentir como regresaban los recuerdos de mi juventud. Era nuevamente un hombre de veinte años, interpretando a Lelio y añorando un gran futuro. Incluso podía sentir sobre mis hombros el peso de aquella capa roja y en mis pies las botas que el padre de Nicolás hizo para mí. De inmediato recordé su aroma, su aspecto y ojos castaños. Deseé oír la melodía de su violín, pero finalmente sólo hallé la algarabía de la gente.

¿Acaso seguía siendo una de mis más desmesuradas obsesiones?  Pensé, avanzando hacía Louis, queriendo enterrar de una vez ese pasado. Ofrecer disculpas era una estupidez que jamás dejaría conforme a Nicolás, él deseaba torturar mi conciencia, perforar mi alma. Lo sé, merecía un castigo, pero aún pensaba en él y su sola alusión lacera mi pecho ¿Acaso no era este uno?


Última edición por Lestat De Lioncourt el Mar Ago 29, 2017 11:55 pm, editado 1 vez



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Re: La Cumbre De La Noche

Mensaje por Nicolás D' Lenfent el Dom Mar 26, 2017 12:56 pm

Ahora, producto de un recuerdo apenas visto, le duele la cabeza, ¿Cómo es posible aquello? Desde que cayó al deseo de asesinar a su amante—Hero—ha sentido lo peor, si tristeza poseía, ahora muerte era lo que predominaba, si lágrimas de dolor insoportable derramaba, ahora la agonía le secaba su piel. Atrapado en un abismo, no era soledad aquello, era un mundo siniestro; uno donde goza de ser asesinado, aclama ser herido con tanto fervor para sufrir. Todo esto comenzaba a renacer, pero Nicolás seguía su rumbo, saciando esos placeres, manías que no le satisfacían, necesitaba de lo peor y él no se percataba del porqué.

Por ello, aunque camina entre los callejones, llevando una túnica negra y el parche en su ojo, con los cabellos sueltos, como un galán en busca de ser devorado por la oscuridad. Avanza perdido, atrapando cada perfume, esencias que el poco aire le traía, estaba mareado, interpretaba los corazones retumbantes en esas paredes como ecos sonoros, la humanidad vivía y él lo desdeñaba, ¡Ya no le temen a la noche! Aunque vean que alguien les persigue, estos alegres juegan con el reflejo. ¡Se mofan!

Él sigue avanzando, choca contra una pared y le sangra el único ojo que posee. Demente se une a un ruego, llamando a Satanás para que se le presente, quiere arder en ese fuego maligno, ansia llenar su vacío. Escucha voces. Lejanas voces. Se sujeta de las paredes mugrientas, como un ciego apoyándose del tacto. Dificultado por un llanto que percibe, es de un bebé feneciendo.  ¿Por qué la noche se torna enferma? La realidad era que en su interior, un espíritu quería volver a poseer su cuerpo, dejó de observar para ser espíritu quien realice los actos —Nicolás, Nicolás…El ave de espino quiere salir, esa ambigua presencia quiere actuar—

Su mente ya le presenta una pesadilla, lo que ha sufrido ese ser atrapado en su vacío, es que se lo está regresando al cuerpo, juega con este, juega con el templo, ya pide ser el único Nicolás. El ave moribunda quiere ser comida por un cuervo, ya quiere recibir a un dueño.  ¡Ya están por verse sus cenizas! Era como un pantano esa mente, el desenlace le recorre desde su putrefacto corazón hasta el cerebro. No se percata de que choca con las mismas sombras, más quiso alzar por esencias que repudia, sensaciones de desgarre y escaramuza, un enojo predominante, sus manos se alejan de los ladrillos y miró hacia aquellas evocaciones, conoce de ellas, sabe con exactitud de quienes se trataba,  eran aquellos a quienes jamás quiso volver a encontrarlos, no en ese estado confuso, aterrado para alguien que ya no sabe quién es, que solo vive de remembranzas y rostros de inmundicia. ¡Quema! Es cruel como su interior se halla en su contra, preguntándose: ¿Qué le está sucediendo? …Ni las paredes lograron soportarlo, Camina, trata de andar pero la bruma en su mente se esparce, ¿Acaso ya las sombras lo quieren de vuelta? ¡Que tortura! ¡Qué ironía infinita! Una vez este vampiro deseaba ser oscuridad, transformarse en la nada absoluta, se creía ser amante de la soledad misma, pero, ahora. No, es que eso era diferente, había algo más escondido. Podía aceptar que está desapareciendo, pero como siempre, sería quizás un sueño más. De nuevo las ilusiones no puede controlar, o su demencia ya es peligrosa.

Tan desalentador puede llegar a ser cuando no hay dominio de la sensación y percepción, le están distrayendo sus sentidos, el instinto se ve adormecido que la desgracia le estaba consumiendo. Un vagabundo entre campos de opacos matices olvidados, donde todo se pudría y moría. Pudiendo escuchar el canto de demonios y una sinfonía de muerte entre un purpúreo de su vacío. Y en su camino, ahí estaban, dos cadáveres en el crepúsculo, en el lado nocturno de maldición, le estaban mirando, estaba repleta de sombras, y trato de acoplarse a estas, curvando sus labios, arrojando el miedo a la befa, reaccionando como un inmortal más sin afectación, aunque fuese un engaño. ¿Cómo podía ser posible? Es que esa sensación es solo el alimento del inmortal, le apasiona tomarlo que ahora mismo les miraba fijamente, con las manchas de sangre en uno de ellos, en dirección desconocida, pero disimula.  Lucía cerrado el párpado, no iba a mostrar el hueco. — ¡Vaya! Ustedes, los únicos que jamás esperé encontrar en estos rumbos, hubiese preferido andar con los repugnantes lobos, que con un ex- amante y un títere de la apariencia —descaradamente su voz se muestra, manteniendo el rostro oculto en sombra de la capucha, rodeado de negrura absoluta.

— Tanto tiempo, que apenas recuerdo aquel dia en el bosque tan íntimos, y tú, en ese cementerio... ambos encuentros tan patéticos, que ahora, ¿que será esta vez? Oh, un triángulo tan entrañable...— En su voz, se notaba la burla, la lejanía entre ellos, la cercanía por lo que son, pero la hoguera de las emociones, creyendo que de nuevo el maldito diablo le acecha, está tan obsesionado con el violinista que siente como una estaca de madera le perfora el cráneo, aturdido internamente, mostrando las máscaras como bien sabe detallar, no debía permitir que se descubriera su ceguera.



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Re: La Cumbre De La Noche

Mensaje por Louis De Pointe Du Lac el Jue Abr 06, 2017 6:12 pm

Presioné mis dedos contra el hueco de la palma, y allí los recordé. Los guantes eran suaves y confortables, empero, sobraban. Explayándome más allá del exquisito talle de la vestimenta, distaban mucho de ser la prenda propicia para un asesino; demonio aquel que deseaba ocultar su identidad de los demás; pieza completamente inútil en un monstruo. Entre el suave bullicio de la calle, el frío que parecía incluso querer congelar la débil luz de la farola de la esquina y el breve rumor de la ropa contra la piel, me detuve en una confortable sombra, cercana a un muro y liberé, deliberadamente, mi mano izquierda del guante. El matiz rojizo que pude ver sobre la piel, se perdió en la penumbra de la oscuridad, y el fino o pequeño alivio a algo que careció de importancia o interpretación, se perdió ante el susurro de algo conocido pero no identificado.

Había escuchado sus pasos contantemente durante varias semanas, como si se repitieran las noches apacibles, escondidas el estrés y la angustia de nuestros años en Rue Royale; el ínterin de una vida que, común y corriente, no pensé que volvería a llevar y disfrutar. Los lujos en la mansión me recordaban mis carencias, como inmortal y como hombre, el oro brillaba demasiado y siempre estaba presente sin importar a donde mirase o donde me encontrara. Pero volvía a gozar del placer de la lectura, de pasar horas en un silencio acogedor, sentado junto a la chimenea, recorriendo con lentitud las hojas del capítulo, abstraído por la continuación, hasta que aquellos mismos pasos me sacan de mi hipnótico estado y reclamaban una atención que yo, más a menudo que otras veces, estaba dispuesto a brindarle.  

En la confortable oscuridad que me cobijaba del viento cada vez más furioso, me di la vuelta, cubriendo mi espalda contra el muro y lo vi. La figura inmóvil y de ensueño, una estatua más viva que yo mismo. Trajo consigo la esencia de otro recuerdo, no ocurrido mucho tiempo atrás. Los pasos que escuché aquella vez, bailaban al compás de un tarareo y eran tan ligeros que sólo podían formar parte de una figura menuda, como la de un niño. Pero Armand fue más que una figura agraciada por el Don Oscuro para mí, y lo que aprendí de él, así como los momentos de charla que compartimos, me dejaron más de lo que esperaba. La desolación que quedó de esto fue un respiro y una agonía; aún ahora yacen dentro de mí, debatiéndose.


Di un paso hacia él, dubitativo de interrumpirlo o no, cuando una voz me hizo detenerme. Llegó desde las sombras más oscuras, como si se arrastrara entre los adoquines y escalara por mí hasta incrustarse en mis tímpanos. A pesar de haberla oído por espacio de unas pocas horas aquella noche en el cementerio, no tuve problemas para identificarla. El vampiro que me llamó una sombra, un reflejo de espejo, que me llenó de preguntas y dudas de las cuales desee una respuesta que no me atreví a hacer a Lestat. El vampiro estaba allí, como si saliera del muro.
   
La forma en que se contradecía, como si algo lo hubiera obligado a decir algo o comportarse de cierta manera me intrigaba; me invitaba a responderle debido a la irritabilidad que me provocaba. Tenía una extraña pero poética manera de comunicarse. Mis ganas de interrumpir a Lestat desaparecieron pero lo miré, recordando ese breve momento en el que quise preguntarle sobre ese sujeto y no supe bien cómo hacerlo y, finalmente, no lo hice.

En efecto… Puedes marcharte si así lo quieres. —Repuse, midiendo la voz, incluso antes de pensar en lo que estaba diciendo. Deseaba que se fuera, de una forma que respondía a mi irritación por lo que acababa de escuchar. Miré a Lestat de reojo, cayendo en la ironía no complaciente de convertir esto en un triángulo y estar situado en una posición propicia para serlo.





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Re: La Cumbre De La Noche

Mensaje por Lestat De Lioncourt el Jue Mayo 11, 2017 6:57 pm

Son mis pasos los que acortan nuestra distancia y le dan el sentido a mis anhelos. Mis pasos, ahora firmes y constantes al ver a Louis dudoso venir a mi encuentro,  los que buscan acercarse cada vez más a su ser cuando desciendo a los sitios más agudos de mi oscuridad y tormentosas memorias. Continuo avanzando, escuchando el roce sutil de mi traje de raso negro al caminar y el sonido de nuestros tacos golpeando los adoquines del suelo. Pero mis pisadas pararon al notar como alguien, a unos cuantos metros de nosotros, avanzaba trabajosamente por el callejón y, al volver la cabeza, luego que el vampiro ante mi ha dejado de moverse, lo vi. Aquella silueta negra que junto al frío llegó helando todo a mi alrededor. Era una tétrica visión que me tomo por sorpresa; Sus manos, su cuerpo topaban con la superficie fría y dura como si fuera capaz de atravesarla. Una mano blanca surge de la túnica negra, sus uñas parecen de cristal, los dedos largos y algo huesudos acariciaban la muralla justo donde hasta hace unos segundos se posaba mi mano. Era incapaz de moverme,  incapaz de respirar, solo podía estar ahí quieto y espectante.

Cada vez que vuelvo a verle puedo sentir como desciendo un paso más al infierno y me pregunto ¿Es el Diablo acaso quién empuña los hilos que nos mueven? A veces,  no comprendo estos designios eternos que una y otra vez ponen al violinista en mi camino. ¿Dónde esta el límite a mi castigo por no saber cuidarlo, por no comprender todo el dolor que había dentro de su alma?  Empero,  siempre creí merecer un pedazo de ese supuesto infierno que el vivía. Era mi responsabilidad y lo desprecie una vez transformado en mi neófito. Fui incompetente. Lo sé.

Sus palabras, al igual que las de mi madre, siempre habían tenido un fuerte impacto en mi. Sin embargo, aquella noche en el bosque fueron golpes duros que me hicieron despertar. Desde entonces algo cambio en mí y me reproche haber permitido que embargase completamente en mi vida una amistad que no tenía por primordial objeto la creación y belleza, una amistad cuyas raíces carecian de espíritu y bondad. Estaba embelesado.  Nos encontrabamos desde un comienzo,  separados por un abismo demasiado profundo. Un abismo que ignoré.

¡Nicolás! - Pronuncio su nombre con voz autoritaria dispuesto a responder a su descaro y burla. Pero me distraen las apasionadas palabras de Louis, al dirigirse a mi viejo amigo y amante con tal irritación que le es difícil ocultar. Estaba claramente sorprendido. Ellos ya se conocían. Nicolás habia mencionado un cementerio ¿Por qué Louis, quien vive haciéndome estúpidas preguntas había omitido algo tan importante? Suspiré. No sabía si reír o llorar,  así que tomé aire y simplemente lo deje ir. Observé primero a Nicolás y después a Louis. Me sentí como un esclavo del tiempo, como si me hallará en un punto muerto contemplando mi pasado y mi futuro.

Son caprichosos los dioses. Aparte de imponernos un castigo por nuestros vicios, nos pierden recurriendo a lo poco que existe en nosotros de bueno,  noble,  humano y tierno.

Esta bien. Déjalo... - Dije, extendiendo mi mano que en un gesto gentil alcanza el hombro de Louis. Deposito confianza en él y la promesa muda que conseguiría tener la situación bajo control. No propiciaré un escándalo horrible ni despiadado. Ya nos habiamos amargado demasiado la vida mutuamente. -  Nicolás. Pareces más perturbado y perdido que nunca. - Lo confrontré. Esperé ver sus ojos castaños castigando mi alma en respuesta, pero fue en vano. Su rostro permanece oculto bajo la capucha, negándose a mirarme, o mirarnos. ¿Qué estas ocultando? Aún hoy experimento una profunda tristeza cuando pienso que mi corazón, henchido antes de amor, esta ahora para siempre colmado de amargura y desprecio. No dejo de pensar sino me mostré injusto con él,  sino lo juzgaba de una manera errónea.



Última edición por Lestat De Lioncourt el Lun Sep 11, 2017 10:38 pm, editado 1 vez



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Re: La Cumbre De La Noche

Mensaje por Nicolás D' Lenfent el Jue Jun 15, 2017 4:51 pm

Amantes, traiciones, juegos inconclusos, las trampas de la linfa al fin se están tornando misteriosas entre ese triángulo, queriendo golpear una vez más a Nicolás, ¿porque no hay cansancio para las batallas? siempre la tragedia ha de acudir al ciego, al que ahora resulta ser un maldito inmortal  y ¡qué tan maldito estaba! Quizás por eso huyen de él, quizás por eso ha pertenecido siempre a la oscuridad, más apenas lo está creyendo, aceptando lo que es y será, porque no ve un fin a este delirio. Al contrario, se aumenta, se prolonga su eternidad a una congoja consumible efímeramente. Negando el rostro, la faceta de su destrucción de su monstruosidad, ya al fin está retomando su verdadera naturaleza, su belleza era esa, su auténtica miseria al fin se ha de ver más la niega con esa capucha, su capa negra se aferra a su templo, adhiriéndose a su horrorosidad, él es hermoso, porque es obra del diablo, pero eso a nadie le debe importar sino saben apreciarlo. Sin golpearle las heladas, resultaba ser ironía que los muertos padezcan de frío, ¿qué falacia, que estupidez más rotunda? pero sigue envuelto de imbéciles humanos, y de aquellos que se creen serlo ya estando más podridos que un cadáver en la catacumba. ¡Ja! y ahí en su frente se encuentran dos…

— Mira a tu alrededor, mira a  tú frente, estas interrumpiendo mi paso, más no soy yo el que en efecto se debe marchar, Louis, en esta ocasión.

Como su voz siempre resuena irónica, como si se asemejara a la befa del demonio enjaulado, pero así es su voz de cantarina, arrojando maldiciones, destruyendo alegrías e invadiendo con dolores, gozándolo pero es que ¿quién no lo haría? si sus entrañas están alimentadas de esto, si su faceta desprende la podredumbre de todo esto. Escupiendo (tan dramático suena, pero vamos, es un nombre que repudia, y aquello que le incomoda, lo insulta de manera elegante) y ahí, su nombre, dudoso sonaba, confuso y hasta imposible de ser aceptado. ¿Porque la mayoría lo pronuncia de esa detestable manera? y Lestat, ese que mata todo lo que ama, ¿y que no ama? ama todo…Pero que alegría fue solo admirar negrura, sombras, y el percibir ruidos, las vibraciones y los movimientos escandalosos advirtiéndole las acciones de cada uno, sin siquiera tomarse la molestia de responder a las provocaciones, al contrario, solo enojarlos, provocarlos parecía resultar.

— Oh, Lestat, has cambiado mucho, demasiado, pero no interesa eso ni lo otro, no sabes nada, tan errado como siempre. Ya que diría yo que luzco sensato, y liberado, cosa que jamás supiste otorgar, pero olvídalo, y disfruta de tu París, que ha caído a ser una simple pocilga, continúen que esta será la última vez que nos encontremos, ¡bendito sea! Sigan desprendiéndose entre ustedes, títeres uno del otro. Riámonos juntos, y juguemos que aquí todo terminara pronto, ya no más Nicolás tendrán, ya podrán descansar en paz, más, Lestat ¿me darias de tu sangre para ver si así te maldigo un poco más?

Extendió sus brazos, no estaba cuerdo, o quizás sí, pero ante la crueldad, ya sus años en París se consumieron, iba a hacer un largo viaje, y hacer frente a su propia batalla, una en la que ni siquiera su creador de muerte se imaginaba, por lo que ya no se preocupa si es visto, pero no se logra percibir nada, un inmortal amando su agonía, su enfermedad, eso es lo que se ve.



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Re: La Cumbre De La Noche

Mensaje por Louis De Pointe Du Lac el Vie Jul 21, 2017 8:50 pm

Hubiera deseado que aquel reconocimiento me sorprendiera, que no fuera lo que yo ya esperaba, que Nicolás me hubiera mentido respecto a lo que dijo sobre él, pero no fue así; él no había mentido y todo eso yo ya lo tenía asimilado, porque dentro de mí, yo lo sabía. Y entonces Lestat se dirigió a él, y había usado una naturalización que no recordaba hubiera oído antes conmigo o con la pequeña Claudia. Me hizo sentir confundido, pero nada de eso opacó mi irritación hacía el otro vampiro. Sus palabras, esparcidas como veneno por el aire, seguían latiendo en mis sienes, cambiando la incertidumbre por enojo.

Pero algo más me interrumpe, algo que crea un escalofrío que nace en mi nuca y baja por mis vertebras rápidamente descolocándome. Logra hacer que aparte la mirada de Nicolás y la pose en Lestat que finalmente ha convertido el amago de acercarse en un contacto tangible en mi piel. Luchó contra ello, pero finalmente cierro la boca y escucho. Es obvio que ellos se conocieron en mejores momentos, en un tiempo en que este mundo no era ni siquiera un pensamiento afiebrado en mi cabeza.

Hay cosas que no entiendo, cosas que están lejos de la unión de ellos, de su pasado y su historia. Cosas que no se siquiera si deseo saber. Nicolás me da la impresión de ser como un rompecabezas que se mueve, descomponiendo su materia poco a poco a cada segundo que continua existiendo. Es una sombra que se expande, despreciando, si puede, su propia carne; recuerda a un actor de una obra que sucedió hace mucho tiempo atrás: una en la que Nicolás tendría un papel principal que nunca llegó a ejecutar su último acto. Confunde mi manera de pensar, confunde mi manera de lo que es el mundo para mí, confunde el modo en el que veo a mi creador. No sé si lo hace adrede, pero comprendo que busca irritarme y, con vergüenza, afirmo que lo consigue. Sinceramente, lo despreció.

No volteé, me quedé mirándolo, teniendo esa sensación en la que lo recreaba como humo en mi mente. La mano de Lestat en mi hombro era más tangible que la visión entera del vampiro encapuchado, y se había convertido en un freno a mis acciones que no veía como rechazar. Sin embargo, no detuvo a mi boca:

No hay nada que ver. Las sombras ya han caído. —Repuse, en un desafío, recordando mi propio pensamiento y la sombría actitud que tomaba inmediatamente después de una caza. Comprendí que Nicolás me recordaba todo eso de una manera tan directa, que no podía sobrellevarlo. Entonces habla de nuevo, pero yo ya no soy su tópico y, finalmente, hace que volteé a ver a Lestat, buscando una reacción de su parte que me ayude a descifrar algo de lo que ignoro.

Debo de hablar con él, aquella resolución me inunda, muy a pesar del miedo que pueda generar. He tenido una nueva oportunidad, una que yo acepté, esperando por que las cosas cambiaran de una u otra forma. Nicolás concede un panorama ficticio lleno de posibilidades, es un histriónico y a veces dice cosas que no puedo tienen un sentid claro para mí. Los veo, a uno y otro; el intruso soy yo.





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Re: La Cumbre De La Noche

Mensaje por Lestat De Lioncourt el Mar Sep 12, 2017 4:59 pm

Admito que la felicidad, aquella felicidad que encontré al reunirme con Louis aquí en París me cegó en ocasiones y mantuvo ajeno al odio visceral de Nicolás. A pesar de habitar en la misma ciudad, parecíamos eludir inconscientemente un nuevo enfrentamiento, y es por ello que han sido escasos los momentos que conseguimos hablar sin ironías, sin que pretendiera herirme, declarando su desdén en cada palabra. Lo observé, ahora en silencio. Reconocí esas manos. Las manos de mi ex amante que tocaban mi rostro, que lo acariciaban con delicadeza. Si existe el infierno estaba en su mirada, en esas manos que extendía con mordacidad mientras se mofa del amor que sentí por él. Sostuve su mano, mis dedos rozaron la palma de esta que se posa cual ave cansada sobre la mía. Veo el violín empolvado que sueña y duerme, el maltrecho y golpeado violín que ya no existe.  —Eres tú quien se equivoca. —Destetaba que mi alma estuviera intranquila al estar cerca de él, sospechaba que algo perverso le sucedía tal como aquella noche en que fue secuestrado por Armand, exactamente el mismo sentimiento cuando llegó a mis manos su violín y la carta de Eleni. Mi corazón latía confuso y deseé acercarme, pero me contuve.

«Nicolás, toca tu violín» quise decir. Es un miserable, una experta criatura manipuladora capaz de someter y hacer sentir culpable al otro. Especialmente a mí. Me descubro y aún continuó luchando contra lo mortificante que pueden ser sus palabras, sus gestos. Si Louis no estuviera aquí... Me preguntó si... ¿Puedes ver la misma ave que yo veo en agonía? O sólo ves a un demente que tiene poco que contar, que no le rinde culto al tiempo se lo rinde al infierno. Pero es capaz de desnudar mis cicatrices. «Quédate» decían mis ojos cada vez que me tomo unos segundos para observar a Louis. «Quédate, aunque no sepas porque».

Silencio, ese único silencio que puede haber en una ciudad como París a estas altas horas de la noche. Louis me contemplaba. Yo le dirigía una furtiva mirada, reflexionando al ver enojo y resolución en sus ojos color esmeralda. Después, lentamente, fui recuperando la confianza. Había entornado los ojos y miraba a Nicolás del modo duro y desenfocado de quien sólo está centrado en sus propios pensamientos. —Nicolás, Nicolás, Nicolás... —Había extrañado ese nombre. —¿En qué demonios estás pensando? Mi maldito violinista. Mi alma condenada. No sabes lo que dices...  —Para mi asombro, le sonreí del modo más afectuoso que puedo expresar al primer hombre que no me quiso golpear por atrevido, arrogante o descarado. —No querrás sentir mi sangre en tus venas. —Me incliné ligeramente como si fuera a besar a su mano. No lo hice. —Hoy sabe a veneno. —Jamás poseí esa luz cegadora que él vio, Louis lo sabe muy bien, la oscuridad siempre me ha pertenecido. Después de todo, yacemos en la oscuridad cada día. La noche coexiste con el día. La alegría es más valiosa luego de un momento breve de tristeza. Y el amor alberga sufrimiento. No hay luz sin oscuridad.



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Re: La Cumbre De La Noche

Mensaje por Nicolás D' Lenfent el Miér Nov 08, 2017 10:34 am


Si, dejen que Nicolás desnude los secretos de cada uno. Nadie está a salvo con una mente tan ingeniosa como la del inmortal, los secretos afloran, se gritan para complacer a Nicolás, quiere destruir de manera insana, e indirecta y que entre ellos se devoren, eso es lo que necesita ver en ese instante pero es imposible, porque el tiempo ya le alcanzo, ya no había el suficiente para deleitarse de este, solo bastaba con fastidiarlos, mofarse y seguir siendo esa sombra que perturbe sus mentes, sus cuerpos, todo, en su totalidad. Que lo sombrío sea denominado Nicolás, así una y otra vez. Percibiendo la frialdad, cuchilladas entre miradas y sensaciones que podrían notarse amenazantes, más él no teme, se limita a sonreír sin que aún puedan vislumbrar su rostro pero llegó el momento de que eso pasara a segundo plano, se fue deslizando la capucha cuando aquel, Lestat, se atrevió a tocar sus malditas manos, y ahí, lentamente, lo castigó por ello, con un encanto a la misma horrorosidad; esa es su auténtica belleza: se denota solo un ojo, y en la otra parte trataba de cubrir el cabello la carne cocida, y que sus marcas no se noten con exageración. Se convirtió en un monstruo, en la peste misma, y los sacó de sus verdades, de sus propios pensamientos. ¡Que se callen!  ¡Ah! Le sigue molestando esa mirada, Louis, Louis, trata de no mirarlo y enfocarse en Lestat, sabe que esa es su cólera, lo nota, y le fascina, y luego él, su crítica mirada, por primera vez desde su interior deseo arrancarle los ojos, cual cuervo haría, y es cuando regresó ese sentimiento de volver a ser un cuervo...

Ambos confundidos, errados estaban, primero Louis; un ser que se creyó entre sombras, no conoce nada del mundo sombrío, no puede ni siquiera imaginarse que son las sombras, e ignora lo que generan estas, si supiera que hay demasiadas, en todas partes, es lo que reina en los mundos y pueden matarlo, y ni lo sabe. Más, lo deja en su ineptitud, y luego Lestat; querer volver a un pasado, sus pupilas lo delatan, y su voz, ya no causo nada que le nombrase, le parecía tan ajeno ese nombre. Y avanzó, tronándose el cuello, yendo a un lado para rodear, caminar en círculo y detenerse cuando se halló entre sus espaldas.

—No, no es momento de hablar con mentiras, ni tratar de maquillar verdades, trate de hacer una despedida con ustedes, pero veo que es imposible de celebrar, lastima. Pude percibir el veneno que corre en tu templo Lestat, y es la razón por la que quise beberlo. ¡Que egoísta te has vuelto mi viejo compañero!, ni una copa me ofreciste para la ocasión...Nicolás, Nicolás...El mundo se ha volcado, ya no deberías desprender de tus labios “mi maldito violinista” el tributo fue en adoración al diablo. Y no debiste tocar a mi amado violín, esa fue tu penitencia, querer solo volver a las remembranzas y fantasear con el futuro. Y tú, Louis, las sombras son traicioneras, y jamás han caído, porque estas siempre están por debajo de todo, atándonos y moviéndonos, haya oscuridad o no, siempre están observando, cuídate de estas, porque jamás se destruyen, ya lo demás es falacia.

Termino ahí, no iba a instruirlos, ni desenvolverlos del mundo al cual no han ido y desconocen, tanto silencio entre ellos descubre, tantos secretos que le acariciaba el sentimiento de burla, al menos quería jactarse, era su última estancia en París, y que manera de despedirse. Hubiese preferido acudir al teatro y ahí, montar el escenario perfecto para tal devastación y por último hacerlo arder. ¡Ay, que hermoso hubiera sido…! Pero debía montar a la misma odisea, un vez más.

—Sí así terminara todo, que así sea. Un dia incite a que un sueño se cumpliera, actuar, vivir con libertad, que todo terminó siendo parte de un espectáculo más, la función terminó, la obra llegó a su desenlace y es momento de apagar las luces del telón. Bien la noche nos hace este momento, así como un día llegué a París, hoy, dejo en la hoguera todo, como lo hice una vez, espero que aquí permanezcas con tu querido Louis, atado a lo que un día fue y que jamás desaparecerá.

Sepulta lo que un día se creyó ser, ya solo era cuestión de volar, porque iría hacia el infierno que le juraron exterminar.



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Re: La Cumbre De La Noche

Mensaje por Louis De Pointe Du Lac el Jue Feb 08, 2018 10:30 pm

Contemplarlos en silencio era lo único que podía hacer. Dentro de aquella intimidad  en la que los pensamientos de Lestat me eran negados y lo único que percibía de parte de Nicolás era una bruma confusa y muy densa, la mano de Lestat me deja libre, mandando un mensaje confuso de una seudo libertad que estoy dispuesto a aceptar. El peso que me ancaba se ha desvanecido. Sé que de haber querido, de haberlo deseado realmente, me hubiera podido zafar; sin embargo, cometí el desliz de mirarlo de reojo y encontrarlo mirándome de vuelta.

Le comprendí. Antaño pasaba tiempo observándolo; cuando se distraía en diatribas o emulábamos una escena del teatro para ella. Cuando se sentaba frente al pianoforte y tocaba mientras sus compañeros leíamos. Observaba los gestos de su rostro, como arruaba el ceño o se mostraba concentrado. Interpretarlo no era un problema, pero lo que me pedía, eso era otra cosa. Lo contemplé en un silencio que zumbaba presión en mis tímpanos, arrellanado entre nosotros y acentuándose en mí la sensación de no querer estar allí. Sé que voy a ceder, por lo tanto, no digo nada en ese momento y dejo que apenas un movimiento de cabeza, sutil, confirme mi aceptación temporal a su idea.

Comprendí que debía quedarme; que lo que Lestat deseaba de mi me molestaba pero de igual manera haría lo que deseaba. A uno y otro, los observé a ambos desde mi breve distancia: la interpretación poética de unos amantes se vio machada por los comentarios mordaces de ambas partes. Me volví una estatua, como esas a las que admiré en mi incursión al mundo sobrenatural y tiempo más tarde en viajes; quedarme quieto no era molesto. Podía permanecer quieto por horas, de pie o no, y estaría a gusto.

Los observé con el aire ausente propio de un caballero de mi época, tratando de entender o darle una conclusión más profunda a aquellas palabras. Las palabras que intercambiaban no tenían relevancia, pertenecían a un pasado que en este momento no me eran atractivos a descubrirlo. Pero los oí y de ante mano sabía que recordaría lo que esta noche ocurriera. Mi propia parte en esta conversación la daba ya por terminada, Nicolás, por otra parte, si tenía palabras que dedicarme para continuar con esto.

Admito que lo que dices tiene algo de razón, muy a pesar de que hayas malinterpretado mis palabras. Pero no debes de preocuparte por las sombras en lo que respecta a mí. Sé bien lo que son, y peor aún, sé que hay cosas que son peores que las sombras que tan bien pareces conocer. —Respondí con parsimonia, mucho más moderado mi humor que hacía unos minutos. Esto no era del todo bueno, pero me bastó para comprender que no me quedaría por aquí por mucho tiempo más.

¿Qué era lo que estaba terminando? ¿Este encuentro? ¿La visita de Nicolás en París? ¿Quién era este vampiro?





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Re: La Cumbre De La Noche

Mensaje por Lestat De Lioncourt el Miér Feb 14, 2018 11:33 pm

He terminado una etapa aquí, la criatura que se mueve entre nosotros no es Nicolás y probablemente jamás será otra vez el muchacho que yo conocí. Su alma esta corrompida y su cuerpo pútrido como si hubiera perdido su inmortalidad. Mientras habla y parece predicar ante dos escépticos, en mi mente, el violín sonaba en la lejanía como si él se marchará mientras toca enfervorizado. —Siempre voy a pensar en ti. Voy a recordarte. No importa lo que pretendas con esos puritanos sermones—. De pie en la perversa penumbra los observé. Louis responde y en esas palabras percibo la necesidad que tiene de librarse de este momento. Y Nicolás, ya no vibraba como vibraban las cuerdas de su violín. Lo escuché. Sonreí amargamente y volví a hablar. —No puedo olvidar todo aquello como si jamás hubiese sucedido. Éramos jóvenes como ahora, pero estábamos mucho más desesperados. Soñábamos y queríamos huir de las discusiones, los golpes y la sumisión de un pueblo lleno de mediocres y estúpidos como lo fueron tu padre y el mío. Ellos sólo buscaban privarnos de nuestros placeres. ¿Acaso has olvidado el escándalo que generó nuestra amistad? —Silencio otra vez. Vago enojo. En todo momento hubo amargura en su voz y en sus labios esa sonrisa odiosa, burlona.  

De repente pensé en marcharme, tomar a Louis y seguir nuestro camino. Volar sobre la ciudad, sobre el mar y lejos de París. Pero era demasiado pronto para irme o demasiado tarde.  —También te entusiasmaba este París decadente. ¿Y qué queda ahora? Estas solo entre extraños, solo en la ciudad y vuelves a huir creyendo que esta obra ha concluido. Pero jamás acabará a menos que pretendas lanzarte al fuego otra vez. —Dije molesto. Odiándolo. Porqué aprendí que era el dolor cuando supe que él había muerto. Aquel dolor asfixiante que nos lleva a ocultarnos bajo tierra y caer en un deplorable estado. Acepté el dolor, su rabia a cambio de verlo de nuevo y decirle todo aquello que callé en esos días. Pero creo que ha sido suficiente. La culpa ya una vez había sobrevalorado mi cabeza, cayendo sobre mis hombros y aplastándome. Me torturé pensando que no fui comprensivo. Tampoco fui atento. Le di palabras vacías y dinero a cambio de mi tiempo o alguna explicación. ¡Bien! El arrepentimiento. Todo ello es en vano. No importa ya. Él ha dejado de ser Nicolás. Nicolás está muerto. Tiene razón. Desapareció el día que decidió suicidarse y me fue enviado lo único que quedaba de él. Su violín.  

Respiré profundo, tratando de mantener la calma. Yo no quería que ellos supieran lo que me estaba pasando.  Busqué a Louis, su mirada, sus ojos esmeraldas. Me pregunté porque le hacía esto. Por qué lo hacía pasar por esto cuando en realidad ya estábamos dispuestos a capitular. Cuando había decidido ceder, no podría decirlo. Louis ahora callaba, no decía una palabra. Nada. Absolutamente nada después de responder a Nicolás.  Y, extrañamente, me fui sintiendo cada vez más tranquilo.  



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Re: La Cumbre De La Noche

Mensaje por Nicolás D' Lenfent el Sáb Mar 17, 2018 11:54 pm

El comienzo de algo que al fin ya terminó, para Nicolás ya era el adiós eterno, no importó ni la manera en la que las réplicas fueron dadas, ni el cómo el desdén, y la molestia reinaban en el timbre de sus voces, nada podía elevar ni apaciguar a Nicolás, nada realmente le era doliente dada la situación, se encargaron de exterminar sus evocaciones, él mismo arrojó el violín y lo asesinó, como bien dijo Lestat: debió arder, el morir en la hoguera, eso es lo que hizo con el violín, porque eso era Nicolás, un anima hecha de madera que podía interpretar las melodías más atractivas para el mundo entre sombras. Tenía razón, y solo complacido de manera retorcida actuaba, no mostró daño ante su deseo, ni en la magnitud en que le fuese encarado el pasado, y ahora el presente, él no podía jactarse de decir que conoció a Nicolás, al que nombraban violinista del diablo, jamás lo conoció, jamás supo el porqué se consumió en su música, ni el por qué adoraba a las brujas, motivo por el que le hizo atraer una vieja remembranza de aquello, llorando el pequeño Lestat estaba, aterrado por la quema de estas, así es como lo veía ahora, cómo sería su último recuerdo ante a él. Ya han trazado la línea en la que debía reinar la oscuridad, y Lestat ya no pertenecía más a esta, ya pasó a ser un desconocido cuando se hizo pasar por muerto, ahí se transformó en ira dañina, en la masacre, y en la extinción misma. Y así con la befa, se inclina ante ellos como despedida, como el dios de la muerte que hizo a los que debieron morir, y les dio el peor castigo, que siguieran con sus sufrimientos, así él lo ejecutó, después de terminar con lo que empezó.

— He dicho lo que tenía que decir, ya no hay más que decir, aquí ya no hay nada que me interese, llegue y acabe con lo que obtuve, así como se enterró la madera, los recuerdos pueden hacerse, ya no necesito escucharte, la desesperación siempre me ha corrompido, más esta ocasión recayó en la mundicia de París, ha perdido su encanto, así como en esa juventud que proclamas, hoy seré yo quien se va, y solo, la sumisión de los mediocres en este pueblo ya rebasó, me voy, y solo lo que debes de hacer es imaginarme el cómo morí en la hoguera, ese será mí adios para tí, deja que el fuego me consuma cuando lo veas, despídete de todo cuando me veas morir.

Y de ahí, hizo una ilusión, miro solo directamente a los ojos de que se decía ser su creador, otorgando aquel recuerdo, colocada la pira de madera en su frente, presenciando el acto de ejecución, donde ponen fuego a la madera, ardiendo esta y en su centro, ahí está, el Nicolás, el violinista que tocó para diablo, su contrato ya vencido estaba, la muerte vendría por él, enloquecido había estado, sin sus manos y sujetado para que no huyera, tan demacrado, y acabado se podía vislumbrar, su cadáver nauseabundo, porque llevó noches sin ingerir sangre, castigado fue por su demencia, que llegó al grado de producir notas con sus manos sobre las cuerdas, y cayó, incendiándose, ardiendo, gritando brutalmente y aclamando piedad al fuego, al diablo que lo traiciono al hacerle caer por lo sombrío, quedando así ese recuerdo, como debió ver cuando así lo hicieron frente a la camarilla de vampiros, desapareciendo ya, es como toma vuelo, viéndose a través de las pupilas de Louis, la figura de Nicolás desapareciéndose poco a poco, dejando simplemente la neblina a su paso, como si jamás estuviese presente, concluyo su estancia en el cementerio, debía continuar su paso a raves de las catacumbas, ir a su destino, ya sea para reinar o para ser reinado.



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Re: La Cumbre De La Noche

Mensaje por Louis De Pointe Du Lac el Sáb Abr 14, 2018 10:46 pm

Una extraña certeza cayó con aplomo; lo que fuera que estuviera terminando, no era algo que priorizara mi interés. Aquello cayó con la fuerza del día que se vuelve noche, con el soplo del viento que anuncia el inminente amanecer. Comprendí que mis palabras no le interesaban, que ni siquiera le habían llegado y me di cuenta que, en realidad, puede que en ninguno de nuestros diálogos, en ese primer encuentro y ahora en este, estuviera escuchándome. Sospeche que, quizás, incluso ni estuviera cuerdo. Quizás había estado hablando con la sombra que el mismo Nicolás mencionaba en lugar de conmigo.

Me topé con la mirada de Lestat, que buscándome, encontró mi propia indisposición reflejada en mi expresión. Sé que sabe lo que tengo pensando hacer, por lo que no me importa echar un pie hacía atrás y abrir ese primer paso el circulo que formábamos.  Quiero retirarme, ya he tenido suficiente de todo esto. Pero ya no me sentía enfadado, simplemente había comprendido que sin importar lo que intentara, no podríamos comprendernos. Lo que yo era para Nicolás, no me perturbaba, no me interesaba.

Finalmente cedí y rompí el círculo paneas escuché sus palabras de despedida: No tenía nada que decirme. Yo no estaba allí, yo no importaba en su aparentemente retorcida mente.  Y fue con ese pensamiento que no dude en agrandar la distancia y alejarme otros pasos más de ambos. Me tomé unos segundos para mirar a Lestat, tratando de hacerle entender que no me iba a desaparecer esta noche de su vista, pero que esto no era el final tampoco.  





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Re: La Cumbre De La Noche

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