Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Zenevieva Nikoláievich el Mar Dic 13, 2016 11:28 pm

Se miraba al espejo y era incapaz de reconocerse a si misma con el elegante vestido que estaba usando. La hechicera llevaba años sin usar un atuendo de aquella clase, eso debido a que una vez que abandono Rusia, dejó tras de si la riqueza de su familia esa que ahora terminaba por encontrarla y que además, le prometía un futuro.

Días atrás había aparecido en la puerta de su humilde hogar la mayor de sus tías, quien sin pedir permiso o si quiera la opinión de Zenevieva entro solo para acabar arrastrando a la bruja fuera de su hogar, todo para llevarla hasta una enorme mansión que su tía aseguraba, pertenecía a la familia. Solo una vez que estuvieron en la mansión, su tía le dijo que toda su familia sabía exactamente que era lo que la bruja estuvo viviendo todo ese tiempo y que ella había ido a París solamente para ayudarla a recuperar su vida.
Todas pasamos por esto querida – le aseguró mientras acariciaba la mejilla de la rusa – La muerte de Francis no es tu culpa. Todas pensamos que seriamos la excepción a nuestra maldición, pero la única manera de estar a salvo de ella es casarte con alguien que jamás ames – y aunque Zenevieva la miró horrorizada en un principio, conforme la historia y la explicación de su tía transcurría, ese horror se transformo en esperanza. Su tía le contó la historia de cómo es que su nuevo marido había logrado sobrevivir a la maldición de las Nikoláievich y no solo eso, sino que también le aseguró tener en mente a un hombre que la aceptaría, pues él tampoco buscaba amor.

Convencida entonces por las palabras de la mayor de las mujeres Nikoláievich, Zenevieva había aceptado tener un encuentro con un hombre de nombre Garland, un individuo que según su tía no le pediría a la hechicera amor o devoción, solo presencia y quizás compañía.

Para terminarla también de convencer de que hacía lo correcto, estaba el hecho que desde que acepto el encuentro, Francis no aparecía, algo que solo podía ser considerado como una señal de que lo iba a suceder era lo apropiado. Aún así, con aparentemente todo a su favor, la rusa se miraba a si misma como una completa desconocida, una que tenía que descubrirse pronto. Antes de poder arrepentirse de lo que estaba por hacer, una de las sirvientas de la casa toco a la puerta e indico a la rusa que el invitado había arribado a la mansión Nikoláievich y que su presencia ya era requerida.

Tomando aire de manera profunda y acomodándose un cabello que escapaba de su sencillo recogido, Zenevieva salió de la habitación que estuvo usando desde que llegara a aquella elegante residencia. Con paso calmo se dirigió entonces a la sala, sitió donde sabía se encontraba su tía, quien con una sonrisa le dio a entender que aprobaba el color verde esmeralda de su vestido.
Ahora ven acá mi niña – le llamó, palmeando ligeramente el lugar vació a su lado, sin embargo, antes de que ella fuera capaz de dar un paso, fue anunciada la presencia de su invitado. El momento de la verdad para Zenevieva ya llegaba.



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Re: Let's not fall in love [Privado]

Mensaje por Garland de Wittelsbach el Dom Ene 01, 2017 7:54 pm


¿Acaso debía importarle lo que pensara la aristocracia de él? No y si. Quizás un poco, sólo por tratarse de un personaje público; de un miembro importante de la alta sociedad germana. Él era el elegido para representar a Baviera. Era un Wittelsbach y eso nada ni nadie lo cambiarían. Sin embargo, había cosas a las que Garland rechazaba por completo, por ejemplo, su nefasto compromiso con una chiquilla malcriada. Él, aunque viviera en su mundo y continuara enamorado de su prima, estaba consciente de lo que una unión de ese tipo significaba; ya Maximilien se lo había dejado claro. Pero Garland sólo quería estar con alguien que al menos estuviera a su altura. Por esa misma razón se empeñó en hacer lo posible, y hasta lo imposible, para hacerles entender a sus padres que siempre podía existir la posibilidad de elegir a otra persona. Fue una lucha difícil, no obstante, cumplió sus objetivos de manera exitosa.

Aunque la idea de un compromiso aún le resultaba incómoda y estuviera aferrado a su teoría de que aquello era absolutamente innecesario, debía mostrarse dócil ante sus progenitores. Sólo quería deshacerse de su anterior prometida y que la elección siguiente fuera la más adecuada; que si bien no esperaba –ni quería– una historia de amor como la de los cuentos, prefería que se le brindara tranquilidad. Garland logró luchar contra esa terrible odisea. Al explicarle a su madre lo ocurrido en el puerto de París y sus deseos de encontrar a otra aristócrata que fuera capaz de gobernar Baviera a su lado, ella intervino para que se anulara cualquier unión con la heredera de los Lothringen. Conocía perfectamente a Garland, pero aún seguía siendo su hijo y no iba a permitir que nadie lo humillara de esa manera; el padre tampoco estuvo contento con la noticia.

Garland depositó toda la confianza en su madre para que encontrara a alguien capaz para él. A pesar de sólo querer estar con la música como única compañera, bien sabía que había asumido una gran responsabilidad como heredero de la Casa de Wittelsbach; no podía retractarse de sus actos. Él tenía un gran compromiso con Baviera y no iba a dejarlo a un lado por un simple capricho infantil. Aunque le pareciera algo extraño, y hasta un poco hiriente para su orgullo, empezaba a madurar en muchos aspectos, y lo supo al momento en que su cita se concretó. Su madre logró mover sus influencias, y más temprano que tarde, ya tenían a una candidata. Esta vez dejarían que el joven Wittelsbach diera su propia opinión. Quien fuera el que dictara el veredicto final.

No tenía mucho conocimiento acerca de aquella familia, sólo que eran miembros notables con grandes influencias y justo estaban residenciados en París. Eso indicó a Garland una cosa: Había estado tanto tiempo luchando con sus propios demonios, que se olvidó por completo del exterior. Al menos su estadía en Francia le estaba haciendo bien; incluso podía decirse que parecía más tranquilo.

Llegó puntual a la cita. La residencia era ostentosa, mucho más que la suya (aunque la de él era sólo una casa para vacaciones); no perdió detalle alguno de la arquitectura y el perfecto detalle de la decoración. Eso era una manera para despistar la ansiedad que empezaba a hacerle una mala jugada. Debía dar una buena impresión. Así que luego de haber relajado los hombros y respirar profundo, se dirigió a la entrada principal y la atención no se hizo esperar. Garland intentó disimular su incomodidad por estar en casa de personas desconocidas sin el apoyo de sus padres, y para sorpresa suya, logró hacerlo bien.

Fue dirigido a un gran salón y ahí le esperaba una señora de mediana edad. A su lado se encontraba una muchacha, quien le pareció sumamente hermosa. Hasta se reprochó mentalmente por despistarse tan pronto con aquel pensamiento.

Se aclaró la garganta y se inclinó ante las dos damas.

—Es un placer. Soy Garland de Wittelsbach, la persona a la que esperaban —dijo con voz educada, volviendo a retomar una posición firme—. Lamento si he tardado un poco más de lo debido; aún no me acostumbro del todo a esta ciudad —aseguró—. Antes había venido sólo un par de veces. Y ya de eso hace mucho, apenas era un chiquillo.

Esbozó una sonrisa ladina, queriendo morder su lengua por hablar de más y no centrarse en los detalles importantes.

—Mi madre me habló mucho de usted, madame. Confío plenamente en sus palabras; estoy seguro que no tendré que lidiar con otra decepción.



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Re: Let's not fall in love [Privado]

Mensaje por Zenevieva Nikoláievich el Vie Ene 27, 2017 12:18 am

En su andar a la sala donde recibirían a su invitado, Zenevieva observaba con detenimiento las decoraciones extravagantes de la casa, recordando el tiempo en que rechazaba aquel estilo de vida opulento, todo por una creencia infantil que la llevó a sufrir. La bruja había rechazado la riqueza, creyendo que si lo hacía podría encontrar la felicidad, sin embargo, lo único que encontró al final del camino de la sencillez y la humildad fue dolor. Irónico le parecía que fuera ahora la vida que rechazara la que le prometía un futuro. Cuando llegó a la sala, después de su lento caminar, dedico una sonrisa a su tía. Haberla visto irrumpiendo en su casa días atrás le pareció a la joven hechicera una grosería, pero ahora, no sentía más que agradecimiento por aquella irrupción llevada a cabo por la mayor de sus tías.

La sonrisa que hasta ese momento luciera la rusa se desvaneció en el instante en que la presencia de su invitado fue anunciada. El nerviosismo atacó a la hechicera, quien inhaló de manera profunda en un intento inútil de tranquilizar a su agitado corazón.
Todo estará bien mi niña – aseguró su tía al ver lo nerviosa que su sobrina se encontraba – Sé tú misma – y no existía quizás mejor consejo para alguien temeroso que ese, porque le hacía saber que no importaba lo que pasará, mientras fuese fiel a su personalidad. Antes de que la bruja diera las gracias por el apoyó a su tía, la puerta de la sala se abrió y un apuesto joven ingresó.

El silencio que se instalo en el ambiente fue rotó no por alguna de las mujeres sino por el hombre que se presentaba y se excusaba por su ligero retraso.
Bienvenido sea usted joven Garland. Soy Irina y esta es mi sobrina Zenevieva – la voz animada de la mayor de las Nikoláievich se escuchó entonces para hacer las presentaciones de rigor – Y no hay nada de lo que deba disculparse, esta ciudad es tan diferente a las nuestras que es más que entendible el retraso, aunque yo tengo suerte, mi sobrina conoce París como la palma de su mano – una sonrisa entonces apareció en los labios de la más joven de las Nikoláievich.
Esos conocimientos sobre París espero no solo puedan beneficiar a mis familiares, sino también a mis conocidos, así que si en el futuro lo requiere, estaré gustosa de mostrarle la ciudad o indicarle como llegar a algún sitio – lo que decía la hechicera no era para quedar bien con el Wittelsbach, era más bien, algo que estaba dispuesta a hacer por todos aquellos recién llegados a la ciudad.

Hasta aquel momento podía decirse que todo iba bien y que todo siguiera de esa manera no era únicamente deseo de las Nikoláievich sino también del joven frente a ellas, quien aseguraba no desear pasar por otra decepción, algo con lo que Zenevieva se sentía completamente identificada.
Al parecer su madre y mi tía no se han cansado de hablar bien de la otra.
Imposible no hacerlo cuando te topas con alguien tan encantadora y joven, le aseguró que no tendrá que lidiar con más decepciones – y dicho eso, Irina señaló unos sillones a manera de invitar a Garland a sentarse.



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Re: Let's not fall in love [Privado]

Mensaje por Garland de Wittelsbach el Miér Mar 22, 2017 2:00 pm


En un principio, incluso días antes, Garland no contaba con tanta seguridad para afrontar semejante situación. Él, de eso pretendía asegurarse, no estaba hecho para lidiar con compromisos, y muchos menos con el matrimonio; si bien era un buen líder, resultaba ser un fracaso para las relaciones personales, y más cuando éstas demandaban sentimientos que, a veces, él no alcanzaba a comprender muy bien. Tal vez porque era muy joven, o porque no lograba sacarse a su prima de la cabeza; tenía que reconocer que aún la quería, pero lo suyo no podía ser, y debía asegurarse de que fuese de ese modo. Sin embargo, eso no era excusa para continuar soportando a alguien que le resultaba indigna, maleducada, y poco adecuada para estar a su lado. Por fortuna, su madre supo cómo obrar de manera apropiada ante su padre y abuelo, haciendo una elección que, de seguro, estaría a la altura de lo que demandaba el futuro gobernante de Baviera.

Y sí, tenía que reconocerlo, su progenitora siempre daba justo en el blanco. La admiraba por eso, por conocerlo tan bien, que hasta le daba un tanto de miedo; pero así eran las madres, en especial, aquellas que se preocupaban por sus hijos, como lo hacía la suya. Recordarla hizo que, por alguna extraña razón, sintiera un poco de nostalgia; aunque le gustara estar solo, en ese instante extrañó, más que a nadie, a su querida madre. Sin embargo, ahora debía enfrentar por sí mismo sus propias responsabilidades. Las mismas que se hicieron más pesadas al ingresar a aquel salón.

Garland apreció la belleza de la muchacha en silencio, y la señora le resultaba encantadora. ¿Por qué los Lothringen no eran así? Si hubiera sido ese el caso, tal vez él no tendría que estar en aquella mansión, pero quiso la vida que fuese de ese modo y no de otro.

—Sí, tiene usted razón. París es abismalmente diferente; bueno, para cualquier extranjero lo es. Tal vez para los parisinos nuestras ciudades les sean igualmente distintas, ya sabe, cuestiones de cultura —se expresó de esa manera tan refinada, y hasta culta, con la que solía presumir su estatus, aunque en ese momento lo menos que quería era presumir—. Oh, ¿de verdad? ¡Vaya! Yo también tengo a un amigo que se conoce bien la ciudad. Es un hombre de mundo, anda de un lado a otro —comentó entre risas. Siempre había considerado a Maximilien como un sujeto de libre albedrío, a pesar de sus objetivos para con su hermano—. Tal vez en algún momento pueda presentárselos. Es un buen muchacho.

Y nuevamente había hablado de más, eso le avergonzó, más intentó mantener una postura erguida y una firmeza para demostrar que era un hombre seguro. No comprendía porque quería hacerlo, quizá por intentar agradarle a la joven Nikoláievich, algo que le resultó curioso.

—Agradecería mucho su apoyo para guiarme por París, señorita Nikoláievich —dijo, casi embelesado al ver la sonrisa en ella. Y de seguro se vería como un estúpido, así que volvió a aclararse la garganta, esbozando una sonrisa para evitar más desvaríos—. Oh, es que, mi madre, ella es muy especial. Tiende a demostrar lo mejor de todos, y más cuando sabe que tiene razón. —Y antes de continuar con sus palabras, aceptó la invitación de la señora, tomando asiento en un sillón cercano a ambas—. Sí, eso espero. No quisiera decepcionar a mis padres, y menos a la gente de Baviera, pero con la situación anterior, se me hizo casi imposible continuar. Y si mi madre confió en usted, yo también lo haré, señora Irina.




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Re: Let's not fall in love [Privado]

Mensaje por Zenevieva Nikoláievich el Miér Abr 19, 2017 10:16 pm

Desde el momento en que su tía le informo del motivo que la llevaba a visitar París, Zenevieva había estado nerviosa. Su primer matrimonio acabó en tragedia y no estaba del todo segura de hacer que el segundo funcionara, sin embargo, la presencia de Garland en la casa de las Nikoláievich llenó de verdadera esperanza a la hechicera. Algo en la presencia del hombre que estaba frente a ellas y que se expresaba de manera sincera, llevó a Zenevieva a creer en una segunda oportunidad para ella. Su tía por su parte se estaba esforzando por hacerla quedar muy bien frente al Wittelsbach, detalle que la hechicera agradeció. Ella no era muy buena sacando lo mejor de si misma en los primeros encuentros pero por su tía, por aquel joven y por ella, daría todo de si.

Una sonrisa sincera de alegría decoraba el rostro de la muchacha, quien no aparto su mirada de su invitado.
París es diferente, si pero también es muy sencilla de comprender. Una vez que lo haces llegar a donde deseas sin perderte resulta fácil – añadió, buscando tranquilizar no solo a su tía sino también a Garland.
No lo dudo ni un segundo querida – con cariño, Irina tomó la mano de su sobrina – Pero en lo que el joven Wittelsbach se acostumbra podrías servirle de guía – ante esa petición, Zenevieva asintió, solo para después escuchar de los labios masculinos sobre el amigo que tenía en París, ese que decía considerar un hombre de mundo.
Sería un placer poder conocer a su amigo, nada mejor que conocer nuevas personas que pueden ampliar nuestra idea del mundo – La hechicera viajó por diferentes lugares antes de establecerse en Paris pero visitó cada ciudad tan apresuradamente que no conoció nada de su historia y cultura, algo que en los tiempos actuales le interesaba de verdad – Así que háganos el favor de traerlo en cuanto pueda.

Era maravillosa la manera en que podía hablar con aquel hombre. Creía que en parte su elocuencia se debía a la presencia de su tía, misma que respondió a las palabras del muchacho con educación.
Su madre es encantadora, envíele mis saludos cuando tenga oportunidad – hizo una pausa, sonriendo ante las amables palabras del Wittelsbach – Agradezco su confianza, ahora – observó a Zenevieva – iré a pedir un poco de té y galletas. Si me disculpan – Su tía se sentía tan feliz de verla desenvolverse tan bien en presencia de Garland que opto por levantarse con cuidado y dejar, al menos durante unos segundos a los jóvenes en soledad.

Cuando la puerta tras la que salía su tía se cerró, Zenevieva tomó un poco de aire y sonrió a Garland.
Como ya le dije mi tía Irina hablo maravillas de su madre, quien a su vez hablo maravillas de usted – agachó su mirada, algo apenada por lo que decía pero más por lo que estaba por decir – Pero lo que nadie menciono fue la mala experiencia que ya tuvo con otra joven – hizo una pausa tras la cual, observó a los ojos a Garland – ¿No era ella lo que esperaba usted?



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Re: Let's not fall in love [Privado]

Mensaje por Garland de Wittelsbach el Sáb Jun 24, 2017 1:44 am


Garland se sentía como un crío, dada su compleja personalidad, así parecía estar. Nunca antes había experimentado tantos nervios, bueno, quizás con la única que se sentía de ese modo era con su prima, pero ella ya no quería verlo ni en un retrato al óleo. Sin embargo, el recuerdo no lo desalentó, porque justo en ese momento se encontraba en tan buen lugar y con una excelente compañía. Aunque algunas veces su madre le causaba dolores de cabeza, debido a unas elecciones poco adecuadas para él, esta vez se encontraba agradecido. Era como si había leído en los pensamientos más profundos del joven Wittelsbach, extrayendo lo necesario para poder ayudarlo. O tal vez se trataba simplemente de esa capacidad que tienen las madres para comprender a sus hijos.

Pues bien, el caso es que Garland parecía sentirse a gusto, y que, probablemente, iba a estar conforme con ese compromiso, aunque fuera un hombre reacio a contraer matrimonio, pero no tenía mejor opción para poder acceder a tan importante cargo. Sus padres habían depositado toda esperanza en él y no quería defraudarlos, sentía que estaba en deuda con ellos. Así que, al menos, aquello podía soportarlo, pues se adaptaba fácilmente a su peculiar carácter.

—Estaré encantado de que usted sea quien me muestre la ciudad, señorita Nikoláievich —dijo con absoluta sinceridad, esbozando una sonrisa, mientras bajaba la mirada. De verdad se sentía como un niño—. Bien, creo que podré hacerle la sugerencia a Maximilien, no creo que se niegue a tal invitación. Es más, me encargaré yo mismo de que le sea imposible negarse, ya verán.

Aseguró con un entusiasmo que no era propio de él, incluso, cuando lo notó, se extrañó de haber tomado tal comportamiento. Y eso que, su único entusiasmo, durante muchos años, había sido la música y no, precisamente, las reuniones de carácter social. Oh, ¿estaría madurando? Tal vez, tampoco podía asegurarlo por completo, porque apenas estaba conociendo a aquella familia. ¿Sería qué más adelante se comportarían como los Lothringen? ¡Qué horror! Moriría muy joven y sin siquiera haber heredado el ducado de Baviera como debería ser. Es más, fue tanta su conmoción, que no se percató cuando la señora Irina abandonó el vestíbulo. Garland le dirigió una mirada inquisitiva a Zenevieva, pero la realidad terminó dándole otra bofetada por su indiscreción.

—Lo lamento, es que... ya sabe, pensar en mi madre me deja un poco nostálgico. Ella, bueno, es muy atenta, y desde que era un niño lo ha sido. Quizás es porque soy hijo único —rió de manera nerviosa, intentando disfrazar su comportamiento con esa excusa barata. Pero la joven Nikoláievich no pareció molesta, esa sonrisa de ella desbordaba pura calidez—. ¿Maravillas de mí? Oh, eso me sorprende. Tiendo a ser una persona complicada, no sé si le habrán dicho esa parte.

Se sinceró, porque, a pesar de todo, estaba al tanto de que su trato hacia otros no era el correcto. Y no lo hacía de manera intencional, de aquello se daba cuenta bastante tarde. Por esa misma razón, su único amigo esa Maximilien, pues las otras personas no solían tolerarlo por mucho. Esperaba que Zenevieva si tuviera esa paciencia para soportarlo siquiera un poco. Y no, no sabía porque lo esperaba.

—No lo sé, era una jovencita extraña, demasiado mimada y caprichosa. Y yo... yo no tengo paciencia para esas cosas, sepa disculparme —mencionó con suficiente desanimo para dejar escapar un suspiro—. ¿Alguna vez ha estado comprometida, señorita Nikoláievich? Perdone usted mi indiscreción, sólo tengo curiosidad.



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Re: Let's not fall in love [Privado]

Mensaje por Zenevieva Nikoláievich el Jue Jul 20, 2017 10:12 pm

Las cosas no le habían sido sencillas desde que dejó su hogar y se tornaron mucho más complicadas para ella cuando Francis abandonó aquel mundo, sin embargo, la nueva oportunidad que se le presentaba la hacía creer que de verdad existía esperanza para ella. Quizás, a pesar del dolor, la furia y la decepción con que la miraba Francis cada vez que se aparecía ante ella eran una mera fachada y aquel hombre que en vida le prometiera hacerla feliz, trataba de cumplir aquello enviando a Garland de Wittelsbach hasta ella; aunque aquella teoría le parecía bastante probable, la realidad era que nunca podría comprobarla del todo, ya que el fantasma de su esposo se negaba a dirigirle la palabra y desaparecía siempre que ella le exigía respuestas, así que Zenevieva ya se había hecho a la idea de que todo lo que el fantasma de su esposo supiera, sería un secreto para ella. Apartando entonces a Francis de sus pensamientos una vez más, la hechicera se centró en Garland, en la manera en que su presencia la tranquilizaba y la llevaba a desear ser feliz otra vez; que resultaba ser finalmente lo único que importaba e importaría desde ese momento.

Es un verdadero placer que acepte mi ofrecimiento y le aseguro, que no se arrepentirá de confiar en mi – Ella no solo conocía las mejores partes de París, también conocía las zonas más bajas y los hermosos lugares escondidos en esas zonas que la mayoría de los adinerados decidían ignorar. Lugares que esperaba, resultaran ser del agrado de Garland con quien deseaba, desde lo más profundo de su corazón, llevarse bien.
Cuando logre convencer a su amigo, les esperaremos con sumo gusto – aseguró su tía poco antes de aprovechar lo animada de la conversación para dejar a los jóvenes a solas.

La mirada de Garland cuando Irina abandono la sala, pareció perderse durante algunos segundos, mismos que Zenevieva aprovecho para tranquilizar a su agitado corazón y buscar algún tema de conversación; claro que lo primero que le vino a la mente fueron las largas conversaciones de su tía Irina respecto a él y a su familia.
No tiene porque disculparse conmigo – aseguró antes de suspirar y pensar en su propia madre, quien no se dignaba a ir aun a visitarle o si quiera a mandarle una carta para preguntar como se encontraba. Al parecer, aún se encontraba ofendida porque la hechicera huyera de su casa y contrajera matrimonio con un don nadie – Me resulta agradable saber que su madre ve tanto por usted, ya que no todas las personas son igual de afortunadas – después de decir aquello, evidentemente haciendo referencia a si misma aunque Garland no lo supiera, trató de que su buen animo regresara y que la conversación no se tornase sombría – ¿Le sorprende? – le miró fijamente – A mi no. Usted parece ser todo lo que se menciono y mucho más – sonrió después ante el comentario del Wittelsbach sobre ser alguien complicado – Todos somos complicados y eso es generalmente lo maravilloso de la vida.

Tras hablar de aquello, Zenevieva preguntó algo que no debía resultar del todo apropiado, sin embargo, la curiosidad de la hechicera era grande y necesitaba aprovechar la ausencia de su tía para indagar un poco más en los motivos que llevaban a un hombre tan apuesto, atento y de buena familia a aceptar reunirse con alguien como ella.  Así que un tanto avergonzada, pidió saber más sobre el antiguo compromiso de Garland.

La respuesta que recibió de aquel hombre no fue lo que la sorprendió, sino que fue la pregunta que él le hacía y que la dejaba completamente desarmada.
No es para nada indiscreción, he sido yo la primera en preguntar sobre su compromiso después de todo – respondió antes de guardar silencio. ¿Qué debía hacer? Se tía le había dejado en claro que era mejor que nadie supiera de Francis, que lo dejara como el muerto que cada familia esconde en alguna habitación de su casa, pero al ver a Garland se daba cuenta de que no podía hacerlo. Ella no podía mentirle, no del todo – Fue algo breve, mi familia se oponía a la relación y para su buena fortuna él no vivió mucho tiempo – revelo aquello que no era la verdad, pero que tampoco era una completa mentira – Espero no vaya a asustarse con lo que acabó de decir – se miró las manos – mi tía quería mantenerlo en secreto pero yo creo que usted merece sinceridad.



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