Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Mstislav Lèveque el Jue Dic 22, 2016 7:37 pm


Despertó. El sol se filtraba por las pequeñas rendijas entre el viejo ventanal y las desgastadas cortinas de la habitación. Era el astro rey, el único capaz de conseguir que aquel hombre se levantase de la cama al día siguiente de una cacería. Mstislav, pasó su mano por los cabellos para peinarlos o despeinarlos, la verdad es que no importaba y sólo fue un acto reflejo. Observó a su alrededor buscando los pantaloncillos y la misma sucia camisa que llevaba la noche anterior. Al ser un pobretón en la ciudad, poco podía hacer para mantenerse aseado y la verdad es que tampco le interesaba. Así, entre la inmundicia, los hombres que están detrás de él, no prestarían atención a su verdadero efluvio. Se vistió con la pereza del mundo, como si en verdad no tuviese prisa alguna, como si todo el maldito mundo, la realidad y el tiempo pudiesen irse al mismísimo infierno. Tomó la chaqueta sin ánimo de nada y escondió entre los puños un par de hojas de plata. No iba de cacería, tampoco buscaría alguna pelea, sin embargo, habría que ser precavido.

La posada en la que se quedaba no era la mejor, pero tampoco era una pocilga. Con un par de francos podía pagar más de dos noches y obtener a cambio un merendar de pan duro y vino adulterado. Sólo lo mejor para el hijo no favorito de Alastor Lèveque.
Las calles relucían un brillo bastante peculiar esa mañana, quizá se debía a la brisa que cayó por la noche o tal vez el colorido de los vestidos en las damas que paseaban tranquilamente. Los callejones se ataviaban de luminosos colores y aunque el sombrío de la miseria opacaba un poco a los desventurados, la mayor parte del tiempo, parecía ser una hermosa pintura. Cosa que al cazador no le causó emoción alguna. Él estaba amargado y admirar todo aquello sólo era una pérdia de tiempo. Cruzó la calle sin fijarse dónde es que caían sus zapatos, sin saber esencialmente para dónde iba. Sólo tenía la necesidad de caminar. Despabilarse un rato y obtener información sin irla a buscar. Se decía que en el parque, siempre había un viejo que contaba historias sacadas de la imagnación... pero hasta poco después de los siete años, él se enteró de que todas las historias esconden una verdad. Así pues, se dirigió entonces hacia el parque, decisión que apenas tomó cuando finalizó su recorrido por la enorme calle frente a él. Y dado que el parque se encontraba en dirección opuesta, hizo girar su cuerpo repentinamente.

El fino bolso de una dama cayó al suelo. Los objetos que se encontraban en el interior se regaron por todas partes. Había ahí dentro un hermoso espejo con montura de plata y relieves bastante definidos. El cristal se rompió. También se esparcieron por el lodo, algunos pétalos remojados en aceite que servían como perfume casero para la dama. Mstislav sin prestar atención, se inclinó para tomar las posesiones regadas y entregalas a su dueña. Sin saber que en el lío, una de sus cuchillas se había incrustado ligeramente en el brazo de la chica...



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Re: Breakdown || Privado

Mensaje por Eitana Heifetz el Lun Ene 09, 2017 11:41 pm

"Buscar. No es un verbo sino un vértigo. No indica acción. No quiere decir ir al encuentro de alguien sino yacer porque alguien no viene."
Alejandra Pizarnik

Él no había vuelto. Eitana había regresado al sótano una semana después de aquel episodio que se había clavado en su ser, que le quitaba el sueño y la tenía irascible. De los rastros del extraño caballero de la noche de lluvia, como lo denominaba en sus pensamientos, nada quedaba. Si no hubiera sido por la sangre en el piso, los jirones de tela y la jofaina con un leve rastro de agua sucia, hubiera creído que todo aquello fue obra de su imaginación. De lo ocurrido, habían pasado tres semanas, y aún persistía en sus labios la sensación de aquel beso que había amenazado con arrebatarle la respiración para siempre. Su primer y único beso, y para la vida monótona de Eitana, era lo más maravilloso que le había ocurrido. Se preguntaba, constantemente, si volvería a sentir de aquella manera, con esa intensidad, con esa pasión que no sabía que existía.

Resignada a la idea de que no lo vería más, aceptó la invitación de su madre a dar un paseo, con la intención de ocupar sus pensamientos en algo más productivo. La idea de la mujer era ver telas para el vestido de novia, algo que a Eitana no le interesaba, pero que significaría una amarga distracción. Enfundada en sus ropas oscuras, mantillas y velos, se lanzaron a una caminata tranquila por las frías calles de París. La joven tenía una habilidad especial para perderse, su sentido de la ubicación era pésimo, y bastó un instante que se concentró en una vidriera con sombreros increíbles –y que nunca usaría- para que, al voltear, su madre, su tía y su doncella, ya no se encontrasen. Giró sobre sus talones en busca del trío, que seguramente llamaría la atención por su apariencia peculiar y que denotaba los orígenes religiosos y sociales de los que provenían. Ya las miradas habían dejado de preocuparle.

Siempre había sido miedosa, y entró en cierto estado de desesperación al caminar de un lado a otro y no lograr encontrarlas. Se mordió el labio inferior para contener el llanto, estaba perdida en una ciudad que era suya de nacimiento pero a la cual conocía poco y nada, con el mandato de no relacionarse con nadie que no formara parte de su familia. Cuando se encontrara con su madre, ésta la reprendería y le recordaría lo estúpida e inmadura que era, y de la importancia del matrimonio para ubicarla en la vida. Eitana siempre agachaba la cabeza y no se atrevía a replicar. Tal era su desasosiego, que no notó cuando unos niños traviesos corrieron hacia ella, sin lograr esquivarla y sin que ella diera muestras de correrse, la envistieron lo suficiente para obligarla a tirar el bolso de mano que tenía aferrado como si se tratase de la última tabla del naufragio.

Estaba a punto de ponerse de cuclillas para levantar sus desperdigadas pertenencias, cuando alguien lo hizo por ella. Quedó estupefacta al percatarse de quién se trataba, y agradeció la impunidad que le otorgaba el velo, que la protegía de la expresión de sorpresa que la delataba. Continuó el recorrido hacia el suelo y sus manos enguantadas tomaron los trozos del espejo. Lanzó un suave quejido cuando sintió un pinchazo en el brazo.

Santo Dios… —murmuró, cuando giró suavemente su rostro hacia la zona herida y descubrió la sangre que emanaba. El dolor era leve, pero iba en aumento a medida que transcurrían los segundos y un mareo acudió a ella por la impresión al ver su propio efluvio vital.



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Re: Breakdown || Privado

Mensaje por Mstislav Lèveque el Dom Ene 29, 2017 5:09 pm


“Maldición” Se dijo a sí mismo cuando percibió el aroma de la sangre emanar desde la mujer cuyo brazo fue vencido por el filo de la cuchilla. Remojó sus labios, arrugó el ceño. Estaba pasando por una encrucijada entre dejar a la chica ahí o ayudarle con el inconveniente. No fue su culpa y por jugar a ser un caballero empeoró completamente la situación. La sangre goteó en el suelo. A pesar de que la herida no podía observarse por el atuendo ajeno, sabía perfectamente que de no atenderse apropiadamente la joven podía contraer alguna infección o desangrarse en cuestión de segundos, todo dependiendo de la altura y profundidad a la que se incrustó la daga.

-Necesito revisar la herida, yo… ergh…- Trató de reprimir las voces que poco a poco comenzaban a surgir dentro de su cabeza. Distintas ideas y demasiadas conclusiones previas. -¿Está usted sola? ¿Alguien le acompaña?- Levantó el rostro para buscar las características de algún acompañante en las personas cercanas a ellos. Sin embargo, ninguno de los presentes se abalanzó sobre la chica para intentar socorrerla. Situación que le pareció incluso más extraña de lo normal. Tomó sin previo aviso el brazo ajeno, levantó la túnica y revisó el pulso. Definitivamente se trataba de un mortal como cualquier otro. Rosó las gotas de sangre en la tierra con tan sólo la yema de sus dedos, la olfateó y la probó. –Humano- Musitó. Quizás ella lo escuchó, tal vez no, eso no le importó pues ni siquiera se había dado cuenta de lo que había hecho.

Apoyándose sobre sus piernas. Terminó de recoger las pertenencias ajenas y devolverlas al bolso. Se puso de pie y ayudó a la extraña a incorporarse. En ningún momento sus ojos buscaron los ajenos, tampoco necesitó de pedir permiso para tomarle por el brazo y hacerle hacia un lado del camino cuando una carreta amenazaba con derribar a ambos y pasarles por encima. Conocía perfectamente la condición en la que esa mujer se encontraba y también el porque de su atuendo. No era un bruto total y aunque no lo sabía todo, al menos sí guardaba un poco de cultura general. Sin embargo, pese a que no había nadie más ahí que pareciera saber lo que estaba pasando, aprovechó la situación y fue un poco más elocuente de lo normal.

-Tal parece que todos queremos hacerle daño el día de hoy Madame. Eso o usted llama a la mala suerte cual invocación al demonio- Se encogió de hombros guardando el cuchillo entre sus pertenencias y buscando entre los bolsillos algún remedio enfrascado de aquellos que inhiben el dolor y suturan cualquier herida. Sacó pues un diminuto costal con especias, carraspeó un poco al momento de olerlas y asintió. –Esto servirá, pero no podemos quedarnos aquí. ¿Viene conmigo?- Preguntó extendiendo la mano para ayudarle a caminar. Él puede y tiene la obligación de curar la yaga que provocó, más es decisión de la señorita el acompañarlo, después de todo ¿Qué haría una mujer como ella con un extraño como él? –No voy a hacerle daño, sólo quiero sanar eso- Señaló la mancha de sangre que corría por encima de su atavío.



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Re: Breakdown || Privado

Mensaje por Eitana Heifetz el Jue Feb 09, 2017 9:26 pm

Con una convicción que la asustó, entendió que si él le pedía que cruzara un río de lava con los pies descalzos, ella lo hubiera hecho. Se encontraba a merced de un desconocido, por segunda vez, el mismo que, malherido, se había acurrucado en el sótano de su casa, que era más bien una fortaleza, y entre la oscuridad y la sangre, le había robado un beso. El primero y el único. ¿Qué clase de juego era aquel, que volvía a juntarlos? Habiendo tantos seres, tantos sitios, ellos volvían a encontrarse. Eitana pensó en el sentido de las situaciones que los envolvían: en aquella ocasión, él parecía que iba a morir y necesitó de su ayuda. En ésta oportunidad, era ella la que requería de su asistencia. No sólo por la herida que le había provocado sin intención, sino porque estaba perdida y el extraño era su único rumbo. Esa idea la asustó, y agradeció, una vez más, la impunidad del velo que le cubría el rostro.

Alzó su mano enguantada y tomó la del desconocido. Era enorme, áspera, pero incluso a través de la tela, la calidez le provocó cosquillas. Lamentó llevarla cubierta, le hubiera gustado saber qué se sentía tocar su piel. Se aferró a sus dedos y se puso de pie. Estuvo a punto de quejarse de dolor, realmente éste iba expandiéndose a lo largo y ancho de su brazo, pero algo le dijo que a él le hubiera decepcionado una actitud de ese tipo. Debió apretar los labios para evitar el sonido. Un latido poderoso le incomodaba la herida, y se preguntó si era por eso que se sentía mareada. Sin embargo, continuaba sintiéndose incapaz de poder articular palabra. Quería agradecerle, hacer algún comentario inteligente, pero él le anulaba el raciocino, la perturbaba de una manera que, si se la hubieran contado, no la hubiera creído.

La guió por una calle angosta. El bullicio iba extinguiéndose más y más. Eitana comprendía la peligrosidad de su acción, pero estaba segura que ese extraño, al que ahora podía observar de cerca y a la luz del día, no le haría daño. No podía parar de observar su cabellera abundante, la mirada penetrante, triste, profunda; tampoco ignorar la forma de su rostro, ese mentón tan masculino, esos labios con expresión rigurosa. Todo en él parecía perfectamente estudiado, como si no se permitiera improvisar. Sintió deseos de acariciarle el entrecejo, para aliviarlo. Le hubiera gustado ver una sonrisa iluminándole el rostro, un brillo de picardía en los ojos…

Espere… —lo tomó del brazo y lo obligó a voltear. Pasó demasiados segundos sin emitir sonido, él la dejaría allí sola. —Yo sé quién es usted. Es decir —se apuró en continuar— nos conocemos. No es la primera vez que nos vemos —con la mano correspondiente al brazo sano, se levantó el velo que le cubría el rostro y se dejó ver. ¿Por qué se animaba a transgredir de aquella manera? — ¿Me recuerda? Soy Eitana. Usted se escondió en mi casa hace algunas noches… —ya no existía la posibilidad de que una tela la salvara del rubor de sus mejillas; lo sabía, y eso sólo hizo que se acentuara más.



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