Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



NIGEL QUARTERMANE

ADMINISTRADOR

ENVIAR MP
AMANDA SMITH

ADMINISTRADORA

ENVIAR MP
BÁRBARA DESTUTT DE TRACY

ADMINISTRADORA

ENVIAR MP
ADMINISTRACIÓN

ADMINISTRADOR

ENVIAR MP


RYLEY ENDE

MODERADOR

ENVIAR MP
GIULIA VAGGÖ

MODERADORA

ENVIAR MP
LOREENA MCKENNITT

MODERADORA

ENVIAR MP
ADMINISTRACIÓN

MODERADOR

ENVIAR MP

CLIMA THE BOND OF THE BLOOD - PARTICIPAN DRAKE ENDE Y JOSSETTE LOUVRE. LA LLAVE - PARTICIPAN POSEIDÓN Y CRYSANTHE KASTAROS. EL CAOS VISTE DE GUERRA - PARTICIPAN ORN, DRITTSEKK, BRÖKK TOLLAK, SOLEIL, KATTRINA. NOCHE DE HALLOWEEN - PARTICIPAN VLADIMIR ROMANOVS y MAGGIE CRAIG.




Espacios libres: 15/60
Afiliaciones élite abiertas
Última limpieza: 30/07/17


COPYRIGHT/CRÉDITOS

En Victorian Vampires valoramos la creatividad, es por eso que pedimos respeto por el trabajo ajeno. Todas las imágenes, códigos y textos que pueden apreciarse en el foro han sido exclusivamente editados y creados para utilizarse únicamente en el mismo. Si se llegase a sorprender a una persona, foro, o sitio web, haciendo uso del contenido total o parcial, y sobre todo, sin el permiso de la administración de este foro, nos veremos obligados a reportarlo a las autoridades correspondientes, entre ellas Foro Activo, para que tome cartas en el asunto e impedir el robo de ideas originales, ya que creemos que es una falta de respeto el hacer uso de material ajeno sin haber tenido una previa autorización para ello. Por favor, no plagies, no robes diseños o códigos originales, respeta a los demás.

Así mismo, también exigimos respeto por las creaciones de todos nuestros usuarios, ya sean gráficos, códigos o textos. No robes ideas que les pertenecen a otros, se original. En este foro castigamos el plagio con el baneo definitivo.

Todas las imágenes utilizadas pertenecen a sus respectivos autores y han sido utilizadas y editadas sin fines de lucro. Agradecimientos especiales a: rainris, sambriggs, laesmeralda, viona, evenderthlies, eveferther, sweedies, silent order, lady morgana, iberian Black arts, dezzan, black dante, valentinakallias, admiralj, joelht74, dg2001, saraqrel, gin7ginb, anettfrozen, zemotion, lithiumpicnic, iscarlet, hellwoman, wagner, mjranum-stock, liam-stock, stardust Paramount Pictures, y muy especialmente a Source Code por sus códigos facilitados.

Licencia de Creative Commons
Victorian Vampires by Nigel Quartermane is licensed under a
Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
Creado a partir de la obra en http://www.victorianvampires.com


Últimos temas


Alimaña | Privado

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Alimaña | Privado

Mensaje por Capucine de La Tousche el Mar Dic 27, 2016 3:09 pm

N oche rugiente, párpados pesados, pesadilla de los cascados. Una agotada Capucine se levantaba temprano, en la mañana. No porque tuviera que arar el campo o cerrar un acuerdo entre terratenientes. Para su mala fortuna, el motivo era todo menos reponedor: extraño ruidos en el exterior. Así, se vio obligada a dejar de pernoctar minutos antes de acabar la madrugada. Los sirvientes no escatimaron en manifestarle verbalmente su asombro a la duquesa, con frases como «¡Tan temprano en pie, Lady La Tousche!». Capucine contestó al borde de la paciencia, cuidando no sacar a relucir su mal humor. –  Los perros ladraron toda la noche. Raro sería que siguiera durmiendo. Ya que no pude descansar, que valga la pena. Decid a los exploradores que saldremos a terreno. Algo ha pasado. Si la naturaleza brama, yo le creo.

Fue así como en muy poco tiempo (considerando a los diez integrantes de la expedición) los caballos fueron alistados y preparados para rastrear. Los leales sabuesos fueron fundamentales, por dos razones fundamentales: en primer lugar, captaron el aroma ajeno al de su medio de inmediato, dando cuenta de la intensidad o cercanía de su origen; en segundo lugar (el más importante), a pesar de que no flaquearon en su trabajo, gimieron inseguros e impacientes al acercarse al objetivo. Todos permanecieron alerta ante aquel antecedente hasta que, sorprendentemente, se dieron cuenta de que a quien buscaban no era más que un hombre. Un varón inconsciente y desnudo, en medio de un montón de troncos destrozados. Uno de los exploradores se apresuró en quitarse su capa y cubrir al forastero, custodiando el pudor de la duquesa antes de convocarla a escena. Probablemente un buscapleitos que, negándose a pagar tras perder una apuesta en los naipes, había intentado huir hacia ninguna parte sólo para ser atrapado y despojado de todo cuanto poseía. En casos modelos como aquél, los sirvientes se lo echaban al juez para que lo ejecutase con todas las de la ley, pero un detalle que no significó nada para la mayoría de los presentes, sí lo hizo para la mujer. Alto ahí. Dejadme ver su rostro. ordenó, pues algo le susurraba cierta familiaridad con aquel señor Conozco a este hombre. No sé de dónde… ¡ah! Uno de los consejeros reales lo presentó ante mí. Lo recuerdo. Cuidado con él, caballeros. No es un pordiosero.

Capucine no lo entendía. ¿Qué hacía un hombre de su clase allí? No tenía signos de haber estado ebrio ni de haberse involucrado en una riña. Ni un solo rasguño sobre su faz. Fue todo tan particular, que cuando le preguntaron a la duquesa qué debían hacer con el individuo, ella supo exactamente qué decir. Al calabozo. Debe haber una razón por la cual, a pesar del respaldo de su nombre, omitió solicitar permiso para aventurarse en mis tierras. Que un criado le ponga ropa en su celda en cuanto lleguemos. Cuando despierte, querrá estar vestido.

Capucine de La Tousche
Realeza Francesa
Realeza Francesa

Mensajes : 27
Puntos : 21
Reputación : 4
Fecha de inscripción : 19/12/2016

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Alimaña | Privado

Mensaje por Seth Kana el Miér Dic 28, 2016 3:54 am

Abrí los ojos despacio, apenas entraba luz por el pequeño ventanal enrejado de aquellas mazmorras donde yo mismo me había encadenado al noche anterior para no causar atrocidad alguna cuando madre luna me despertara de mi letargo.

Mas pronto caí en mi grave error, pues mis muñecas no presentaban grillete alguno, y ahora fijándome bien en aquella celda, era bastante mas pequeña que la de la mansión de mi príncipe.
¿Que demonios había pasado? Mi inquietud creció hasta que el desasosiego me forzó a ponerme en pie, admirando unos ropajes que no me pertenecían y que no debía de llevar.

Sin duda ese no era mi hogar, mas bien parecía la mansión de otra persona adinerada que algo me decía no tardaría en descubrir quien era.
Me acerqué a los fríos barrotes rodeando estos con mis manos, hierro duro, forjado a fuego, imposible de arrancar de cuajo, al menos no, siendo un hombre.

Mi mente divagaba frente a la idea de que pudiera haber dañado vida humana, yo un cazador que había jurado por lo mas sagrado protegerla a toda costa.
Maldije la bestia que habitaba en mi, mientras casi aullaba para que alguien bajara a explicarme que hacia exactamente allí.

No tarde en escuchar pasos, mis sentidos agudos los percibieron desde incluso antes de adentrarse en la mazmorra propiamente dicha, eran dos.
Posiblemente soldados por el sonido de las botas, armados, con espadas por el traqueteo del acero en su vaina.

Mis ojos buscaron por fuera signos de cruces, algo que me hiciera sospechar que había caído en manos de la mismísima inquisición, mas ciertamente, aquel sombrío lugar, no gozaba de ningún tipo de emblema que pudiera dame pista alguna de su procedencia.

Los humanos llegaron frente a mi, ruido metálico del llavero de la celda, antes de abrir la jaula para tomarme por los brazos, comunicándome que su señora pensaba interrogarme en aquel preciso instante.
Mis ojos desfilaron furtivos por sus armas, enganchadas en los laterales, posiblemente cambien algún cuchillo en su cinto, no me hubiera costado hacerme con una espada, darles sepultura y salir huyendo.
Claro que eso hubiera ido en contra de mi propio juramento.
Necesitaba saber que había ocurrido, que destrozas había ocasionado y como no, saber si vida humana había sufrido algún desperfecto cuando la licantropia se apoderó de mi aquella noche.

Después seria el momento de huir, esa misma noche madre luna volvería a llamarme y de estar allí ,todos hallarían la muerte entre mis fauces.
No tenían ni idea del peligro al que se enfrentaban.


avatar
Seth Kana
Licántropo Clase Alta
Licántropo Clase Alta

Mensajes : 89
Puntos : 116
Reputación : 31
Fecha de inscripción : 13/08/2016
Localización : París

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Alimaña | Privado

Mensaje por Capucine de La Tousche el Miér Dic 28, 2016 7:56 am

A diós a la jinete, a todo galope. Se aproximaba una fémina de hierro, a paso resonante. Este no era un interrogatorio cualquiera, ya que no lidiaba con un vagabundo. Por esa razón era aún más trascendental obtener la información que buscaba y enjuiciar al susodicho de no ser satisfactoria, para marcar un precedente. Que la nobleza se cuidara, pues seguían siendo súbditos de la Corona. Capucine no había ordenado despertar a su “invitado” porque era más sencillo obtener información de alguien benevolente que de un reticente, pero si el sujeto se ponía antipático, ella podía ser tan obstinada como él. Aquella soberbia de esnob ricachón tendría que tragarse una píldora de humildad muy grande.

Apenas se tuvo noticias de que el cautivo estaba en condiciones, la mezclada bajó de sus aposentos vestida con un sobrio atuendo, cerrado hasta el cuello, hasta las mazmorras. No era un baile, sino una negociación asimétrica. Cuando llegó y se presentó en la estancia inmediatamente después de ser anunciada, se percató de que los gendarmes ya tenían ubicado al intruso en una silla, justo frente a la que ella usaría. Horas después de ese encuentro, ambos agradecerían la mesa entre medio.  

Con ayuda de uno de sus sirvientes, la mujer tomó asiento y sólo ahí se dignó a ver sutilmente divertida a quien, ya recordaba, respondía al nombre de Seth Kana. Espero que hayáis repuesto vuestras energías, bienaventurado señor, porque nos tuvo en vela toda la noche. dijo firme y suavemente, elevando en el aire cada frase, como jugando entre las nubes, sin perder la solemnidad Es menester agradecer que continuéis con nosotros y que hayan sido mis hombres los que os hallaron, no en las mejores condiciones, si me permitís decir, pero eso no quita la ofensa. Ansío que tengáis certeza de que vuestro comportamiento no sólo ha infringido las normas establecidas por la Corona al violentar mi propiedad, sino también, desafortunadamente, las de la moral y las buenas costumbres. Debo haceros saber que mis celadores me aconsejaron tomar la justicia en mis propias manos, pero vos merecéis algo mejor. Si vuestra memoria es tan prodigiosa como vuestra resistencia física, recordaréis que ya nos conocemos. ¿Podéis ver a los hombres que os custodian? Los tengo convencidos de que vos sois un hombre de bien, pero me es difícil negarles una explicación de cómo llegasteis aquí. Siendo sincera, yo busco lo mismo. Por eso es mi deseo oíros. ¿Hay algo en que pudiera seros útil?

Capucine de La Tousche
Realeza Francesa
Realeza Francesa

Mensajes : 27
Puntos : 21
Reputación : 4
Fecha de inscripción : 19/12/2016

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Alimaña | Privado

Mensaje por Seth Kana el Miér Dic 28, 2016 12:10 pm

Me acomodaron en una silla como si fuera un rufián esperando al juez y parte cuando en el fondo el juicio estaba emitido y pronto llamarían al verdugo.
Mi cabeza en alto, mis hombros rectos, mirada desafiante a sendos soldados de los que con un gesto chulesco aparte sus manos de mis brazos.
-No necesito damas de compañía para acomodarme en una silla -aseguré con la mirada ambarina que me caracterizaba cuando la rabia hacia que la sangre corriera desaforada por mis venas.

Para mi sorpresa la puerta se abrió regalándome el olor de una fémina, pasos ligeros, vestido elegante y rostro apuesto que hundió sus ojos en mis verdes sin mayor dilación.
Tomó asiento en la silla de enfrente, solo una mesa nos separaba a ambos de una conversación que se me antojaba no me daría tregua.

Elegantes las palabras que eligió, esas que pintaron en mi rostro una sonrisa de medio lado, desafiante como la anterior.
Al parecer mi crimen no tenia que ver con daños humanos, si no el mero hecho de haber ocupado sus pertenencias sin antes haberlo comunicado.
-No sabe mi señora cuanto lamento no haber dejado dormir a su excelencia, intuyo que para conservar su belleza el sueño reparador es mas que necesario.

Me centré en sus pardos echando mi cuerpo ligeramente sobre la mesa, como si con ese gesto fuera a confesarle algo.
-Por supuesto que os recuerdo, no tiendo a olvidar a seres como vos.

Era cierto, habíamos sido presentados en una celebración, una de esas fiestas nocturnas que con tanta frecuencia daba la clase alta y la realeza.
Del mismo modo, y no menos cierto era, que la había admirado parte de la noche, mas a diferencia de ella, yo conocía mi posición, la de un bastardo adoptado por una familia noble de cazadores al ser mordido por un licano.

-Como recordareis, y si no, os lo hago saber...pertenezco a Grecia, a la isla de Mykonos. No nos regimos por las mismas leyes de la realeza. Tenemos nuestro propio modo de auto-gobierno, y no respondemos ante ninguna ley ajena a esta.
Estoy seguro que si habláis con mi señor, Agarwaen, si no recuerdo mal, con el pasasteis gran parte de la noche. El mismo me impondrá castigo por mi molesta e inapropiada presencia.

Me puse en pie, sendos soldados empuñaron el acero mientras yo alzaba las manos en son de paz.
-Solo deseo servirme una copa, disculpar, pero como anfitriones dejáis mucho que desear, estoy sediento.
Me acerqué al mueble bar, tomando un whisky doble antes de regresar a la mesa, claro que esta vez la rodee colocándome tras la dama.

Mi mano se posó en el tablero, mientras mis labios rozaban con ligereza el lóbulo de su oreja.
-Aun así, le haré una confesión, que disipará todas las dudas que tenga sobre mi condición.
Soy sonanbulo -mentí -entienda que no es algo de lo que me sienta orgulloso y pueda pronunciar en voz alta.

Relamí mis labios agotando las gotas de alcohol antes de continuar con aquel escabroso relato.
-De ahí mi señora, que no hayáis recibido misiva alguna para anticipar mi llegada, no acostumbro a escribir dormido.
Sobre mi desnudez...es sencillo, tampoco acostumbro a dormir vestido.

Su rostro me enfrento la mirada por mi atrevimiento y nuestros labios quedaron lo suficientemente cerca como para que nuestro aliento se uniera en uno.
Me alejé en ese instante, recuperando mi posición en la silla que frente a ella suponía el lugar perfecto para oír la sentencia de mi juicio.
-Me hubiera gustado contarle algo mas escabroso, algo con lo que hubiera podido soñar por las noches, si es que mi imagen desnuda no le es mas que suficiente para tal menester. Pero no, la respuesta es demasiado sencilla de comprender hasta para usted.

Dejé mi espalda caer en el respaldo mirándola fijamente, mi alegato había concluido y esperaba que tras el mal entendido me dejara marchar antes de poner a nadie en autentico peligro.


avatar
Seth Kana
Licántropo Clase Alta
Licántropo Clase Alta

Mensajes : 89
Puntos : 116
Reputación : 31
Fecha de inscripción : 13/08/2016
Localización : París

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Alimaña | Privado

Mensaje por Capucine de La Tousche el Miér Dic 28, 2016 10:13 pm

S i Capucine aún conservaba dudas en sus memorias sobre Kana, se esfumaron instantáneamente apenas a éste se le ocurrió abrir la boca. Qué tipo más desagradable y petulante. Si bien también se había comportado como un completo guaperas cuando lo conoció, había estado lejos de exhibir tan descaradamente sus inoportunos desórdenes hormonales. Ya entendía por qué había dejado transcurrir la velada con Agarwaen. Él era encantador y se podía adivinar lo que camuflaba tras esa sonrisa confianzuda. Sin embargo, su leal Seth, ni siquiera intentaba esconder sus pecaminosos pensamientos. Se mofaba al borde de la vulgaridad, alardeaba de sus desmedidos niveles de testosterona. Nauseabundo. Capucine se puso de todos los colores del arco iris cuando rozó su oreja, faltándole una hebra de cabello para abofetearlo, pero sus modales vencieron, recordándole que era una duquesa y que no debía rebajarse al nivel de los prosaicos. Sin embargo, por un acto reflejo se levantó abruptamente de la silla, empuñó las manos y concentró su mirada defensivamente sobre el desdichado.

No se ensució las palmas, pero cómo le hubiera gustado derretirle el cerebro a ese pelafustán como queso al sol. En lugar de eso, los guardias, sin que Lady La Tousche diera la orden, se encargaron de darle un puñetazo al cautivo para regular sus funciones endocrinas. Se estaba comportando como un adolescente berrinchudo, no como un caballero. Imberbe insolente. Guardias, manténganlo en su sitio. Nuestro rijoso señor requiere contención imperiosamente. Qué decepción. Se conceden privilegios y los palurdos escupen en ellos.  – se acomodó los cabellos, como sacudiéndose los invisibles rastros de Seth, y volvió a sentarse en cuanto vio que estaba a salvo Es una lástima que Grecia quede del otro lado del continente. Por mí podéis obedecer al rey de las Américas. Tristemente para vos, cualquier ofensa cometida en mi territorio la cobro yo, a no ser que el rey diga lo contrario. Mi rey, no el vuestro, pero tengo la certeza de que a ambos satisfaría mi decisión de dejar de ser comprensiva con tanta ligereza de cascos.

Que fuera sonámbulo… sí, podía cumplir con la lógica, pero aquella versión contenía agujeros descomunales que Capucine no podía ignorar. Ese hombre detestable podía estar tapando hechos relevantes anteriores al estado en el que fue encontrado. Lo creía capaz de alterar el orden público sólo por parecerle divertido. ¿Y si profundizaba en esa historia? ¿Seguiría siendo tan sólida? Con curiosidad prosiguió, destapando el interés. ¿Cómo os enterasteis de vuestra condición? Sois un peligro para vos mismo, incluso más que vuestros semejantes. Imperdonablemente negligente sería deambular sin una escolta apropiada. ¿Qué andabais haciendo ayer? Quisiera saber qué es lo último que recordáis. Es preciso.

Capucine de La Tousche
Realeza Francesa
Realeza Francesa

Mensajes : 27
Puntos : 21
Reputación : 4
Fecha de inscripción : 19/12/2016

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Alimaña | Privado

Mensaje por Seth Kana el Jue Dic 29, 2016 3:52 am

Un gruñido fue lo que emití cuando uno de esos guardias insubordinados golpeo mi estomago, mis manos se cerraron, mis uñas se hundieron en mi piel y mis ojos se tornaron tan ámbar como la misma miel.
Estaba demasiado desquiciado por el poder de la luna esos días como para aguantar las chorradas de esos humanos que se sentían con el derecho de ser parte y juez.

Me deje llevar a la silla, cerrando por un instante los ojos, tratando de encontrar una calma que no llegaba y de nuevo sacudí mi cuerpo para apartar a esos fulanos y que no me tocaran.
-Tan solo os lo advertiré una vez, puede que resulte petulante en mi advertencia, mas el próximo que me ponga la mano encima saldrá de esta habitación en camilla.

Desafié a sendos hombres que recularon un paso, supongo que mi mandíbula tensa y mi mirada lobuna, aunque ahora verde de nuevo fue suficiente para amedrentarlos, al menos de momento.
Alcé la barbilla arrogante para volver a enfrentarme con la morena de cabellos lacios.
-Oleos muy bien -apunté con una sonrisa de medio lado -¿violetas y rosas? Una mezcla extraña ¿no creéis?
La rosa, se parece mas a vos, bella, pero con afiladas espinas...mas las violetas, son puras, crecen por doquier en los bosques, una flor aparentemente insignificante, mas que por el contrario es de las dos la mas dura.

Di un trago de mi vaso hasta apurarlo entre mis labios.
-Claro que no estamos aquí para hablar ni de vos, ni de mi. Dudo que con todos los problemas que tiene la corona, un pobre hombre con una sencilla enfermedad no peligrosa para nadie mas que para si mismo, sea algo que os causa preocupación.
Pagaré los desperfectos, si es que los cause en vuestras pertenencias, es mas, mi príncipe, estará encantado de confirmar los echos que yo relato, pues el bien conoce mi condición.
No recuerdo nada, lamento no poder contaros que una noche de lujuria con seis brujas en un aquelarre me trajeron desnudo frente a vos tras haberlas saciado una a una.
Mas no, lo último que recuerdo, es acomodarme desnudo en mi lecho y amanecer en vuestras celdas el día posterior.

Sonreí de medio lado, admirando sus gestos. Ojos que se hundieron en sus pardos, altivos, centelleantes.
-Quizás podamos quedar una noche de estas,  podéis velar mi sueño mas profundo a ver si descubrís algún detalle que me haya perdido yo.
Os haré un hueco en mi lecho encantado, no sera necesario camisón alguno..dicen que el piel con piel es el mejor remedio para entrar en calor.

Sabia que la estaba enfadando, pero necesitaba que así fuera, que me diera por perdido y me enviara de vuelta a la mansión de mi señor, si no lograba eso, si me mantenía en su hogar, lo sucedido al noche anterior seria una anécdota, pues los barrotes de esa celda no mantendrían al licantropo dentro de ella.
No quería ser responsable de la muerte de ningún humano.
Yo era una cazador, yo juré proteger las vidas de mis congéneres aunque eso significara mi propia muerte...
-Déjame ir niña, no hago nada aquí...


avatar
Seth Kana
Licántropo Clase Alta
Licántropo Clase Alta

Mensajes : 89
Puntos : 116
Reputación : 31
Fecha de inscripción : 13/08/2016
Localización : París

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Alimaña | Privado

Mensaje por Capucine de La Tousche el Jue Dic 29, 2016 7:00 am

N o, no y no. Ni su carácter ni las anécdotas que contaba lo estaban ayudando. Si la paciencia era una virtud, a Capucine le daban ganas de volverse penitente. Muy propia por fuera, pero también tenía emociones. Infeliz. Cualquiera otra persona le hubiera disparado por invadir propiedad ajena. Debería estar sobre sus rodillas, implorando perdón. No haciendo alardes de historias que ni verídicas tenían la apariencia de ser. Mas aunque lo fueran, ¡no tenía derecho a zaherir el decoro de una señorita! Como si fuera poco, le bajaba el perfil a una enfermedad que tras las rejas había enviado a varios aturdidos. Él mismo estaba a punto de integrar ese grupo, con lo imprudente de su actuar.

Lady La Tousche suspiró pesadamente, frunciendo los labios al terminar. Cómo maldecía su mala suerte con los negocios de aquella índole. Ay, señor Kana. ¿Por qué debéis hacerlo tan difícil? Os empecináis en ajustaros la soga al cuello. Os concedo la oportunidad de salvar vuestro pescuezo, os fascina hundiros más y más en la arena, sin pensar que las consecuencias de vuestros actos pueden perjudicar el buen nombre de vuestra familia. El silencio hubiera sido una elección más sabia, si sufrís de incontinencia verbal. En cuanto a vuestra intemperancia física, tengo una mejor idea. Guardias. y los audaces asieron a Seth para trasladarlo al calabozo Os recomiendo no resistiros. De donde vinieron mis hombres, puedo traer a muchos más, pero ni ellos ni vos queréis eso.

Quizás hubiera disculpado su falta de propiedad si él se hubiese dignado a decirle la verdad. ¿Cómo iba a creerle? Él no podía pretender convencerla de que luego de su noche de pasión había caminado por medio París desnudo sin que nadie le dijera nada, o que su sonambulismo fuese la causa de árboles destrozados alrededor de él. Hasta para decir la verdad, la gente jerarquizaba dentro de su cabeza. Hubiera sido lo primero en explicarle, sin necesidad de preguntar nada. Todo para defender su honra, o si no le importaba la reputación propia, al menos la de su familia. Podía continuar con una larga lista de vacíos. Aquel individuo debió haber sido besado por un ángel el día en que nació bajo el alero de una familia renombrada, pues de otra manera, Lady La Tousche lo hubiera mandado a fusilar.

Se ubicaron frente a la celda. Capucine fue testigo en primer plano de cómo Seth era arrojado al interior. Humanamente disfrutó verlo encerrado, no porque fuera una maníaca del control, sino porque, comparadas con él, las sanguijuelas eran una alegría.

Una noche o dos apartado de vuestras amigas no las hará sufrir tanto. Aprovechad de reconsiderar vuestro testimonio, ya que no abandonáis vuestro vergonzoso proceder.

Capucine de La Tousche
Realeza Francesa
Realeza Francesa

Mensajes : 27
Puntos : 21
Reputación : 4
Fecha de inscripción : 19/12/2016

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Alimaña | Privado

Mensaje por Seth Kana el Jue Dic 29, 2016 8:32 am

La paciencia de la juez se agotó ,mas lejos de enviarme a mis dominios, como hubiera sido lo lógico, pues no había habido afrenta de sangre y todo hubiera quedado como un molesto mal entendido, la dama decidió llevarme a sus mazmorras poniendo así a todos en peligro.

Gruñí cuando los hombres se acercaron, desde luego no me tocaron y pese a las amenazas de la dama de enviar a mas soldados, mi porte regio se impuso lo suficiente como para andar con ellos a la retaguardia y no tomándome de los brazos como si de un vulgar ladrón me tratara.

-Estáis cometiendo un error, uno que os costara la vida mi señora. -advertí bajando junto a ella la escalinata de piedra.
Tenia la esperanza de hacerla entrar en razón, antes de tener que atacar a sus guardias y enfrentarme con un problema mayor frente a la realeza francesa.

Mas la dama, escudada en su posición, parecía hacer oídos sordos, alegando que las damas podrían sobrevivir sin una noche de placer a mi lado.
-¿Acaso os molestan mis noches de placer? ¿son celos lo que os empuja a amarrarme a  vuestras celdas?
Sus ojos centellearon frente a los míos y ella misma me empujo al interior de esta, cerrando a conciencia el enrejado con su manojo de llaves de hierro.

-Duquesa, estoy seguro de que si avisa a mi príncipe Agarwaen, podrán llegar a un acuerdo que guste a ambos. El me dará castigo en sus mazmorras si así lo ansiáis, mas os aseguro que yo no pertenezco a vuestra jurisdicción y mi príncipe se tomará a mal esta afrenta en la que hacéis de juez y parte con uno de sus vasallos.

La mujer no parecía dispuesta a entrar en razón, empezaba a pensar que le gustaba mi compañía, mi descaro y mi forma de retarla. Posiblemente porque estaba acostumbrada a que los pobres campesinos se mearan de miedo frente al despliegue de la niñata, al robarle dos corderos.
La realeza siempre igual, con su altivez, siempre intentando mostrarse por encima de los demás, como si la sangre que corría por sus venas fuera muy distinta a la mía. ¿Acaso no sangrábamos los dos frente al filo de la cuchilla?

Para que ellos vivieran en paz, yo y los míos nos dejábamos la piel en el campo de batalla, cazando seres tan oscuros como la noche, seres de los que yo solo me diferenciaba en una cosa, la promesa a mi rey.
¿Acaso sabia ella lo que era el dolor? Como los jirones de mi piel narraban distintas gestas de las que su excelencia no habría oído hablar mas que en los cuentos de terror.
Maldita niña mimada, que se creía mejor que yo.

-Espera- rugí al ver que se alejaba de la celda. Mis ojos siguieron el paso del sol que se convirtió en ocaso, no tenia tiempo y ella tampoco.
-Haz que tus hombres se marchen y confesaré. -Cerré los ojos un momento consciente de que de hacerlo mi vida estaría sentenciada a muerte, mas mejor la vida de una bestia que la de los que había jurado proteger.

Miré a los dos soldados fijamente, con mis manos rodeando aquello barrotes.
-¡Fuera!  traer unas cadenas, gruesas, muy gruesas y algo con lo que afianzarlas a la pared, no dispongo de mucho tiempo, mi señora..eso o un verdugo que sentencie mi final aquí mismo.


avatar
Seth Kana
Licántropo Clase Alta
Licántropo Clase Alta

Mensajes : 89
Puntos : 116
Reputación : 31
Fecha de inscripción : 13/08/2016
Localización : París

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Alimaña | Privado

Mensaje por Capucine de La Tousche el Jue Dic 29, 2016 10:23 am

E ra la parte que menos le gustaba de ser duquesa, eso de lidiar con celdas y grilletes que le restaban tiempo con sus amadas estrellas y constelaciones. Sin embargo, ya lejos de enojarse con Seth, se estaba divirtiendo por dentro. Una emoción muy humana la sació cuando lo vio desesperado en el interior de la celda, despotricando contra el mundo. Dulce venganza por las horas de sueño y las cubetas de paciencia arrebatadas.

Y continuaba mencionando a su soberano. Nadie le aseguraba a Capucine que Seth sería castigado y no exculpado de todo cargo. No importaba qué sucediera después; le haría pasar un rato tan malo como el que él le había forzado a atravesar. Oh, señor. Me halagáis por darme tanto crédito, pero si hiciera de juez, sería otro vuestro destino. Es mi intención que vuestro príncipe se entere. Mas por mientras, permaneceréis aquí, ya que no podemos confiar en vos, gracias a vuestra propia negligencia.

Algo reventó dentro de Seth que sustrajo a Capucine de su desquite. Se veía tan seguro. Se había mostrado indiferente y patán durante todo el encuentro, y de pronto hacía extrañas peticiones con imperiosidad. ¿Qué se traía entre manos? Sospechoso, muy sospechoso. Además, se atrevía a amenazarla de muerte, ¿o era una advertencia que iba más allá de lo que estaba en su poder? Lo único que estaba claro, transparente como el cristal, era que el desdichado le estaba dando un tremendo dolor de cabeza. Un recién nacido requería de menos atención que él.

Se debatió la mujer si debía oírlo una vez más o marcharse a descansar antes de que el rufián le carcomiese las ganas de vivir. Se decidió por lo primero, atendiendo a los súbitos cambios del individuo. No supo si lo hizo por morbo o mera curiosidad.

Retiraos. No puede lastimarme desde aquí. y los hombres se relegaron a la estancia próxima, aguardando por las órdenes de Capucine. Quedóse la duquesa sin miedo frente al ofuscado hombre, encarándolo con su oscura mirada Aquí estoy. Vesánica, quizás, pero os concedo licencia para hablar y ser oído. No tiene que ser así, de esta forma. En castigar no hallo placer, sino todo lo contrario, pero es un mal necesario en ocasiones. El mayor poder para salir de aquí lo tenéis vos. La verdad, señor. Sólo la verdad. Ésa es la llave que os liberará.

Capucine de La Tousche
Realeza Francesa
Realeza Francesa

Mensajes : 27
Puntos : 21
Reputación : 4
Fecha de inscripción : 19/12/2016

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Alimaña | Privado

Mensaje por Seth Kana el Jue Dic 29, 2016 12:08 pm

Los soldados a su orden abandonaron la estancia. Dejé escapar el aire de forma pesada caminando hacia el pequeño ventanal de mis espaldas, el ocaso estaba cerca de su final y tras el la luna me trasformaría en la bestia que era.

Caminé de nuevo como un animal enjaulado, nervioso, casi gruñendo, ofuscado, la luna empezaba ha hacer sus estragos y mis instintos cada vez estaban mas desarrollados.
Podía escucharlo todo, las voces de esos inútiles en la cámara de al lado, su olor, su respiración.
Cerré los ojos consciente de que estaba disfrutando de la sensación de poder que le otorgaba verme desesperado.

Lo malo es que ella desconocía el porque de mi ajetreado estado donde la respiración se me agitaba por momentos capaz de sentir el fuerte bombeo de mi corazón.
La piel empezaba a arder, no disponía de tiempo, una hora a lo sumo para convencer a esa mujer de que tenia que encadenarme a esa pared del fondo y rezar porque el acero aguantara las embestidas de este licantropo.

Mis ojos centellaron verdes frente a los suyos al ser abiertos de nuevo, mis manos contra los barrotes para enfrentarla de cerca, era cierto, en este momento no podía tocarla, mas si me trasformaba, el humano que habita en mi seria le menor de sus problemas.
-Duquesa, se que no me va a creer, de echo, esta historia es mucho mas inverosímil que la de ser sonámbulo.
Debió haberme dejado marchar cuando aun estaba a tiempo, mas ahora ya es tarde para ambos.

Hice un pequeño silencio tratando de buscar las palabras exactas, esta vez no habia altivez en mi, no me sentía orgulloso de lo que era, nunca lo estuve.
En una tierra de cazadores, donde se matan bestias. Mi linaje era ancestral, una familia plagada de cazadores, hasta que una de esos lobos me mordió siendo apenas un chiquillo, matando a mi padre en el proceso.
Tuve suerte de que la madre de Leonidas se apiadara de mi, desde entonces fui criado como un hijo y recluido en las mazmorras para no dejar escapar a la bestia.

-Soy un licantropo. Las noches de luna llena me trasformo en una bestia que destroza todo aquello que se encuentra. Soy un depredador sediento de sangre, un ser que no merece estar vivo...mas que durante mucho tiempo, hasta ayer, había quedado recluido en las mazmorras de mi príncipe para no causar daño alguno.
Desconozco que paso, intuyo me escapé de algún modo y así entre en su propiedad.

La mire fijamente, podía ver su cara irónica, como si aquella historia fuera todavía mas estúpida que la anteriormente contada.
-Se que no me creéis, que pensáis que esos monstruos solo existen en las fabulas para hacer dormir a los niños.
Mas si os quedáis ahí pasmada, si os marcháis abandonándome en esta celda sin mas, seréis la responsable de que vuestra mansión se bañe de carmesí esta noche.
Juré como cazador que soy proteger la vida humana por encima de la propia y soy consciente de que acabo de regalaros mi vida con esta confesión, mas si sirve para salvar la vuestra, acepto el castigo impuesto por vos.

La miré de nuevo fijamente, acariciando los barrotes de la celda.
-Necesito cadenas fuertes que clavar en esa pared. Acero, del mejor que tengáis, para manos, pies y cuello. Necesito que mandéis a vuestros soldados poner balas de plata en las armas, y que esperen fuera de esta celda, si me suelto, que disparen antes de que salga. ¿Me habéis entendido? -grité desesperado mirando sus ojos pardos mientras los míos se tornaban ámbar fruto de la rabia -¡Vamos!


avatar
Seth Kana
Licántropo Clase Alta
Licántropo Clase Alta

Mensajes : 89
Puntos : 116
Reputación : 31
Fecha de inscripción : 13/08/2016
Localización : París

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Alimaña | Privado

Mensaje por Capucine de La Tousche el Vie Dic 30, 2016 11:03 am

S i bien Capucine había expresdo a sus hombres que Seth Kana no podía lastimarla estando del otro lado de los barrotes, comenzó a dudar. Ella pudo ver en sus ojos y en su angustia la imperiosa necesidad de decir la verdad que suele verse en los condenados a muerte antes de rodar por la guillotina. Eso era lo peor: que estaba siendo honesto. La mirada irónica de la duquesa se ve borrando, tornándose en una estupefacta. No creía una sola palabra de lo que escuchaba, pero estaba preocupada. ¿Acaso el sujeto estaba loco? Demente, chiflado peligroso. ¡Quizás qué lo había llevado a sus terrenos la noche anterior! Podía haber ultrajado a alguna doncella de los alrededores, o asfixiado a un matrimonio en el lecho. Con cada posibilidad que concebía, se ponía peor.

¿Qué iba a hacer? Jamás había tratado con un lunático tan grave. ¿De qué servía ir contra él si no comprendería la razón? A lo mejor confundía un síntoma de la enfermedad mental que lo aquejaba con esos cuentos que usaban las campesinas para asustar a los niños y mantenerlos en casa. Como fuera, definitivamente era más serio que un sonambulismo. No culpaba a la familia por pretender ocultarlo a la opinión pública. De pronto se tomó una decisión: Muy bien. Permito que utilicéis las cadenas que pedís. dijo mortalmente seria. Ni un músculo se movió de su rostro, preocupada.

Las instrucciones de la duquesa se esparcieron por todo el edificio. El personal de servicio, cuchicheando, intercambió teorías, desde que se querían asegurar las puertas hasta que se estaba preparando una mesa de tortura. Por supuesto que Capucine no dio explicaciones a nadie; además de que no tenía motivos para divagar en razones, los corazones humildes eran débiles, y cualquiera de ellos vendería esa información a quien estuviera dispuesto a pagar el precio.

Tal y como Seth lo había solicitado, le fueron entregadas sus cadenas. Sin embargo, no esperaba el impulsivo hombre que obtendría más de lo que había pedido. Apenas estuvo todo en su lugar y sin decir nada, Capucine ubicó una silla delante de la celda y tomó asiento, posicionando las manos sobre sus rodillas con solemnidad. Asombradme. Tenéis mi atención.

Capucine de La Tousche
Realeza Francesa
Realeza Francesa

Mensajes : 27
Puntos : 21
Reputación : 4
Fecha de inscripción : 19/12/2016

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Alimaña | Privado

Mensaje por Seth Kana el Dom Ene 01, 2017 1:44 pm

Como si me tratara de un loco la dama me admiró, podía notarlo en sus ojos, no creía ni una sola de mis palabras, mas la verdad ¿acaso eso importaba? Había llegado a un punto de no retorno, mi conversión se produciría quisiera o no en esas mazmorras, así que solo de mi dependía que esos humanos incrédulos que habían cometido el mayor error de sus vidas no dejándome ir cuando aun estaban a tiempo, continuaran con vida.

Las cadenas solicitadas me fueron otorgadas por gracia de su excelencia, como si pensara que con ese gesto al menos calmaría parte de mi locura.
Supongo que lo que no esperó es que me pusiera a trabajar de forma ardua en clavarlas a la pared, asegurándome que cada martillazo hundiera bien las piquetas y tirando con fuerza suplicando a los dioses del olimpo que ahí las mantuvieran cuando el que tirara fuera la bestia.

Ella en su asiento admiraba como el sudor perlaba mi frente, como lo secaba con la manga de la camisola, y como mi respiración se tornaba un jadeo constate, no por el esfuerzo si no por la proximidad de la dama blanca emergiendo frente a la noche.
-Necesito que me ayudes -pedí una vez encadené una de mis manos al grillete, no podía hacer lo mismo, con las cadenas de los pies, ni tan siquiera con la del cuello y la otra mano suela.

La dama pareció ceder frente a mi desesperación, y se acercó, no sin antes ordenar a dos de sus guardias que me apuntaran y que la menor indicio de escapar me dispararan.
Me parecía un trato justo ¿acaso un hombre que quiere escapar, pide cadenas para ser amarrado a una celda?
Anegue con la cabeza ante su cara de espanto al rozar mi piel con sus manos. Y nuestros ojos se engarzaron descolocados, estaba ardiendo, era una de las consecuencia a mi trasformación en bestia, la sangre fluía de forma tan violenta que mi piel humana alcanzaba temperaturas demasiado elevadas para ser soportadas por un hombre sin entrar en coma.

La vi dudar, como si su idea se alejara mucho de la de encadenarme, si no mas bien, la de buscarme refugio en un hospital, sus dedos se deslizaron por mi muñeca para afianzar como mis ojos le suplicaban el grillete a mi otra mano y del mismo modo hizo con pies y cuello.
Su mano se deslizo hasta mi frente, posándose allí un instante, y una sonrisa de medio lado se dibujo altiva en mi rostro, tenia que alejarla de mi, y solo se me ocurría un modo.
-Se que tienes ganas de sentir mi piel arder sobre la tuya, mas creo que no es el momento a no ser que te vaya el sado.

Su rostro de nuevo se torno una mueca de desagrado abandonándome así a mi suerte y cerrando la reja después. Eso si, su culo se asentó en la silla mas que dispuesta a ver el espectáculo.
Mis ojos se fijaron en ella con fiereza, mis jadeos se tornaron roncos, mas cuando el primer haz de luz plata entro por el ventanal, mi cuerpo convulsiono quebrando mis huesos forzándome a caer al suelo.
Sonido gutural de mi garganta que se trasformo en alaridos de puro dolor.
Mi cuerpo ardía mientras mis huesos se deformaban frente a sus ojos, la piel se torno pelo, las manos patas cargadas de garras capaces de despedazar a uno.
Aullé con fuerza a mi madre luna, desgarrándome por dentro, perdiendo el juicio humano para quedar sustituido por los instintos mas primarios.

Mi rostro se deformo, hocico, afilados colmillos y unos ojos ambarinos que se clavaron en sus pardos.
Primer embiste para alcanzarla, en pie, al primero le siguió un segundo y un tercero después. Aterrorizada me miraba desde su diminuta silla.
Podía oler su miedo y eso me excito. La tomaría siendo una bestia, la desgarraría por dentro y después por fuera.
Le gruñí mostrandolé mi poder, enseñándole la bestia esclava de la luna ¿no era eso lo que quería ver?


avatar
Seth Kana
Licántropo Clase Alta
Licántropo Clase Alta

Mensajes : 89
Puntos : 116
Reputación : 31
Fecha de inscripción : 13/08/2016
Localización : París

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Alimaña | Privado

Mensaje por Capucine de La Tousche el Lun Ene 02, 2017 2:14 pm

L ejos del sarcasmo y las frases de vulgar doble sentido, Capucine estaba más preocupada con cada segundo que transcurría, pesado como tragar una piedra. De repente ya no era sólo un pelafustán al que se debía coaccionar, sino un desmejorado paciente. ¿Estaba obrando con rectitud o había incurrido en un error? Ignorando las fechorías que salían de la boca de Seth, la mezclada volvió a su lugar, pero no habían pasado ni cinco minutos desde su reposo cuando la transformación comenzó. Exclamaciones, ropas rasgadas, dientes como dagas y ojos inhumanamente feroces. Una máquina de matar devoró al detestable Kana para erguirse como un diablo acorazado frente a la estupefacta duquesa. La estupefacción pasó a la incredulidad, la cual se sumergió de un salto en una mezcla mortal de sobrecogimiento y grima. Ni siquiera recordó que sus guardias estaban presentes, sino hasta un rato después. Lo mismo cuando cayó de rodillas; no las sintió.

Súbitamente, Capucine recordó que su institutriz solía decir que los mayores monstruos se alojan en la mente, pues nos acompañan a donde quiera que vamos, y que para los demás sólo basta con cerrar los ojos. Capucine ahogó un grito, asfixiándolo con su mano. Su institutriz le había mentido, porque no importaba cuántas veces cerrara los ojos, la alimaña seguía ahí, rugiéndole, matando su paz. ¿Por qué? ¿Por qué se había dejado llevar por la curiosidad y la rectitud? ¡Debió haberle matado! Ah, coraje inmundo. Capucine se sentía desfallecer, nauseabunda por la grotesca imagen que apreciaba. Sintió la muerte respirándole en la cara. La deseó, porque ya no tenía sentido vivir en desdicha y desgracia. En eso consistieron los demenciales pensamientos que implacables chocaron contra ella tras el golpe de la horrorosa verdad. Como si fuera poco, miró a los estupefactos guardias, culpándolos de su miseria, y despotricó contra ellos. ¡Ustedes sabían, desdichados! Estaban esperando a que me hiciera esto. ¡Sucios basiliscos! Reniego del espectro de mal agüero que me constriñó a traer al contrario a guardar mis espaldas. ¡Rastreros, miserables! atacó innecesariamente a los hombres, hasta ese momento tan ignorantes como ella.

Ahí, en medio de la tormenta, con la oscuridad fundiéndose con su razón, Capucine se atrevió a dar la vuelta y a mirar a la bestia a los ojos. El espanto bajaba a la tierra en forma humanoide, ni hombre ni animal. Con los labios temblando, balbuceó en el primer intento, pero en el segundo salió la voz con lágrimas en los ojos producto del shock: ¿Pensáis matarme? Os encantaría, sabandija. Ah que rugís con ganas. ¡Vamos, más fuerte, que no os oigo! ¡Ponedme fin! vesánicamente desafió. Aceptaba las consecuencias, con tal de no vivir en el terror.

Capucine de La Tousche
Realeza Francesa
Realeza Francesa

Mensajes : 27
Puntos : 21
Reputación : 4
Fecha de inscripción : 19/12/2016

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Alimaña | Privado

Mensaje por Seth Kana el Miér Ene 04, 2017 8:40 am

Rugidos que se prolongaron a lo largo de una noche en la que la madre luna me llamaba, los grilletes me apresaban y la mujer morena frente a mi me retaba.
Muerte que se presentaría frente a mi cuando el sol rozara mi piel y me encontrara. Bestia que olía su destino mezclado con el azufre y la pólvora de los fusiles que los soldados junto a la duquesa preparaban.

Y el día precedió a la noche, mi cuerpo cayó desnudo contra el pavimentado suelo que me acogió en un descanso, que se tornaría eterno cuando la dama juzgara mi condición.
Como en un dejavu los guardias volvieron a por mi, esta vez con el pánico pintado en sus ojos y con las armas en la mano para con un golpe de cañón pedirme que caminara delante de ellos.

Sonrisa ladina en mi rostro, orgullosos guerrero que caminaba haca la muerte sin temblarle el pulso por ello.
Tomé asiento en la fría silla, de reojo miré la botella de whisky que no se me ofrecía, tentado de alzarme para servirme una copa, oí el rechinar de la puerta que invitaba a la dama, juez y parte en esta historia a adentrarse en la sala.

Reverencia irónica frente a ella, la reté con la mirada, pues conocía su veredicto incluso ante de ser expuesto y listo para sentencia.
Solo una cosa me preocupaba, una que no tarde en explicar a su excelencia.
-La familia Kana, es ajena a la licantropia, mi maldición. Fui mordido cuando apenas era un niño, fue la compasión lo que forzó a la madre de mi hermano Leonidas a tratarme como a un hijo.
No voy a defenderme, no es necesario. Yo mismo doy caza a bestias que son esclavos de la luna llena como yo.
Pensareis que es una contradicción, es mas, lo es. Supongo que siempre baile entre el deber, la moral y los impulsos del depredador.
Acepto la pena de muerte, mas suplico que mi familia no sufra daño alguno en su posición.
Mikonos es una isla complicada que se rige por leyes ajenas a estas.

Mis ojos verdes se hundieron en los de la dama, no había suplica en ellos, ni intención de confesión, solo el orgullo de pertenecer a los Kana, alto linaje de cazador.
-Agarwaen, mi príncipe, es consciente de que soy un licantropo, mas, del mismo modo, es ajeno a la maldición. Espero entendáis con esto que el solo me ha protegido, velado porque jamas hiciera daño alguno a humanos.
Con esto termina mi alegato, estoy sentenciado, ahora si no os importa, desearía volver a la celda, nada mas que aportar a esa conversación, mi señora.

Me puse en pie, los cañones pronto apuntaron hcia mi persona, mirada desafiante a sendos soldados, de verdad pensaban que de querer arrancarles la vida, me hubiera costado mas de un par de movimientos lograrlo.
-¿mi señora? -dije desviando mis ojso hacia ella esperando que diera la orden de llevarme nuevamente a las mazmorras.


avatar
Seth Kana
Licántropo Clase Alta
Licántropo Clase Alta

Mensajes : 89
Puntos : 116
Reputación : 31
Fecha de inscripción : 13/08/2016
Localización : París

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Alimaña | Privado

Mensaje por Capucine de La Tousche el Miér Ene 25, 2017 2:57 pm

A sí, la duquesa se convertía en víctima de sus propias sanciones. Ni todos los tomos del Vaticano la hubieran podido preparar lo suficiente para tolerar que tan horrorosas verdaderas existieran. Y frente a sus ojos. Ella lo había querido así. No… lo había ordenado, para más remate. Fue cuando perdió la noción del tiempo, las cadenas volaron burlando a la gravedad, y la feroz guardia que la defendía le pareció tan indefensa como el maullido de un gatito. Ni ella misma, a pesar de tener la Corona de su lado, se sintió lo suficientemente grande como para evitar ser aplastada por fuerzas desconocidas. No podía correr, no podía pensar. Sus ojos de ébano se mantenían fijos en la nada, escuchando, pero no comprendiendo una palabra de lo que los demás decían. Ni sus guardias ni Seth existían. No mientras caía en el abismo de lo real. Sólo cuando Seth la llamó nuevamente se atrevió a parpadear. ¿Acaso seguía viva? Temblaba por dentro. Así que aquél era el sabor que detentaba la supervivencia.

Los hombres de Capucine apuntaban al reo con recelo y determinación. El miedo volvía osados a los temerosos, por supuesto. Ella también podía serlo. Después de todo, la última palabra la conservaba ella. Quién moría y quién vivía estaba en sus manos. La Corona estaría de acuerdo con ella en que una alimaña tan letalmente peligrosa como Seth Kana no podía seguir respirando, ni en Francia ni en ninguna parte. Con una palabra podía arrancar de raíz el problema. Harían como que no había sucedido y quizás, con el tiempo, bastante tiempo, sanaría.

Sólo había un problema: la rectitud de Capucine. ¿Dónde quedaría su honor si mataba a un inocente? ¿No había sido ella quien lo había forzado a transformarse ante sus narices, creyéndolo un vulgar mentiroso? Vaya que el individuo podía presumir de lo primero, pero no de lo segundo. Ojalá hubiera sido un deshonesto de lo peor. Pero no. Capucine procuraba ser una mujer de bien. Tuvo que rearmarse y actuar como tal. Bajad las armas. Comprobé lo que quería. ordenó con voz baja, pero firme. Con ese mismo estandarte humano se dirigió a Seth En cuanto a vos, espero que sepáis que esta hazaña no la contáis dos veces. Una, con suerte. Traspasasteis mis terrenos, faltasteis a las buenas costumbres y transgredisteis toda regla mínima de cortesía. Pero a la verdad no la habéis ofendido. Y si ahora soy infeliz, fue porque yo lo quise y lo busqué hasta que lo encontré. Quizás me habéis dejado entre penumbras vesánicas, pero os dejaré ir. Os ordeno que vuestros pasos vayan tan lejos como para presumir la distancia. Es el precio de vuestra libertad, que os marchéis y no volváis. O la luna será el menor de vuestros problemas.

Capucine de La Tousche
Realeza Francesa
Realeza Francesa

Mensajes : 27
Puntos : 21
Reputación : 4
Fecha de inscripción : 19/12/2016

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Alimaña | Privado

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.