Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Deceiver — Privado

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Deceiver — Privado

Mensaje por Cagnazzo el Vie Dic 30, 2016 5:05 pm


Por encima del lúgubre paisaje
se cernía una bóveda de nubes bajas y plomizas,
suspendidas como una maldición visible.
En todo había una amenaza y un presagio,
un destello de maldad, un indicio de fatalidad.

—Ambrose Bierce, Un habitante de Carcosa.




—¿Asesor político? —Inquirió con cierta incredulidad. Aquello no era algo que le convencía del todo—. Y del Duque de los Países Bajos. ¡Vaya! Esto supone un divino reto para mí, después de todo. Significaría estrechar mejor las relaciones políticas, lo que resulta ser agradable.

Helié Seguier, es decir, Cagnazzo, no sólo se dedicaba a cumplir los dictámenes del líder de Los Ángeles Custodios, él era también un audaz cónsul. Aquel cargo lo había heredado de su padre, y resultó ser mucho mejor que éste. Logró entablar relaciones con otras regiones, de una manera, que para algunos, no podía ser de alguien de este mundo, y quizás no se equivocaban. Cagnazzo siempre había usado su conocimiento e inteligencia a su favor, sólo con el fin de domar las bestias de la época. Su bandera llevaba la marca del fraude, el mismo que era la perdición de las almas del octavo círculo abismal. Por eso a él le resultaba fácil relacionarse con importantes políticos y saber actuar con precisión para decisiones de este tipo.

No era de extrañarse, que en varias ocasiones, solicitaran de su sabiduría para ayudar a un par de líderes de la realeza. Tal y como ocurría en ese momento. Sabía del poder de la familia Lewis y la preocupación del anterior duque por querer que su hijo se convirtiera en un magnífico estratega. Cagnazzo en un principio supuso que el muchacho resultaba un incompetente, pero al revisar con más atención, se dio cuenta de que no era así. Brent era inteligente y sabía usar las apariencias a su favor, algo que, sin duda, agradó muchísimo al licántropo. Sin embargo, le faltaba más competencia en las relaciones diplomáticas, y era ahí en donde entraría Cagnazzo. Aquello, aunque no fuera del interés de Los Ángeles Custodios, resultaba beneficioso para él, pues era necesario forjar alianzas con los altos estándares de poder de las sociedades que empezaban a levantarse en aquel entonces.

Así que, sin perder tiempo, se dirigió a los Países Bajos al enterarse que el Duque Lewis se había regresado hacía varias semanas atrás. Aquello no fue un problema para Cagnazzo, en realidad, le parecía perfecto. Tendría mucho más privacidad para conversar con su anfitrión y así tratarían todos los asuntos concernientes a los deberes del Ducado de aquel país. La idea era precisamente alentadora y magnífica, algo que despertaba a su bestia interna, pero no por el hecho de que cazaría almas, sino por el poder que presumía ser un valioso estratega. Esta vez ni siquiera tenía la intención de marcar almas, para él no era importante, ni siquiera lo consideró en ningún momento.

Fue recibido de buena manera, con la etiqueta que ameritaba la ocasión. En un principio notó tensión en el ambiente familiar, pero fue algo que atribuyó a problemas internos, algo que le importaba muy poco. Su misión recaía en asuntos externos y mucho más serios; aunque no debía bajar la guardia en ese ámbito. Sabía bien que los enemigos podían valerse de cualquier cosa para hundir a su oponente, y como asesor político, debía atacar todas las posibles fallas.

—Supongo que es usted el Duque Lewis. Un placer —dijo, dedicándole luego una leve reverencia al joven que llegaba al gran vestíbulo de la elegante residencia—. Soy Helié Seguier, la persona que ha contactado su padre para asesorarlo. Espero no ser demasiado imprudente, pues sé que apenas se ha instalado de nuevo aquí, luego de su larga estadía en París.




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Re: Deceiver — Privado

Mensaje por Brent Lewis el Sáb Mar 11, 2017 10:38 pm

¿Esto es en serio? – Preguntó a su padre antes de salir del estudio del mismo, dejándolo hablando con la nada. Brent caminaba entonces por la enorme residencia de la familia Lewis en Holanda pues había regresado a su hogar a petición de su padre, todo para toparse con otra mala noticia, como si las que recibió en París no hubieran sido suficiente. Con frustración, se llevó ambas manos al rostro, recordando todo lo sucedido durante sus ultimas semanas en la capital parisina. Primero que nada, sus padres habían logrado casarlo con Cirene, mejor conocida por él como la novia fugitiva; después descubría que toda su vida no había sido más que una vil mentira, una que aún no terminaba de asimilar del todo pues aún tenía que enfrentar a su madre, exigirle la verdad y terminar de destrozar todas sus creencias. Ahora para finalizar, recibía de su padre la noticia de que tendría que encontrarse con un asesor político, alguien que le ayudaría a mejorar en sus relaciones con los demás.

Durante los siguientes días, el actual Duque de los Países Bajos mantuvo conversaciones más que nada por educación con sus padres. Se encontraba terriblemente herido en su ego. En su estancia en París hizo todo lo posible por enorgullecer a su padre y hacerlo ver que era un buen Duque, como él y si bien tuvo algunas fallas, no creía que esas merecieran la presencia de un asesor. Brent sabía que no era el mejor relacionándose con otros, algo que no creía su culpa, después de todo eran los que lo rodeaban los que insistían en mentir, en mostrar al mundo algo que no eran y eso no era lo de él. El Duque prefería presentarse desde el inicio como era para que al pasar el tiempo los demás no se desilusionaran de su manera de actuar o hablar. Sus actitudes y maneras de actuar de hecho le habían costado múltiples relaciones no solo amorosas sino también de amistad, aun así, el Duque podía estar orgulloso de que los pocos amigos que poseía eran sinceros.

Cuando el día del arribo de su asesor llegó, Lewis expreso a sus padres que no quería tenerlos cerca, él se encargaría por su cuenta de hacerse saber al hombre de sus fallas. La amabilidad del Duque claro que tenía un motivo. No quería escuchar a padres hablar de sus errores y mucho menos de las situaciones donde se habían sentido decepcionados de él, después de los secretos revelados en París, el joven no se creía capaz de tolerar escuchar eso.

La familia Lewis recibió en el vestíbulo a su invitado, no sin dar señales de la tensión que existía entre ellos, algo que incomodo enormemente a Brent, quien trataba de lucir lo más relajado posible ante su nuevo invitado.
El placer es todo mío y sea bienvenido – después de decir aquellas palabras dirigió una mirada a sus padres, quienes se excusaron diciendo que lo mejor sería que hablaran a solas para así conocerse mejor y poder confiar uno en el otro. Una vez que sus padres abandonaron el vestíbulo, Brent se sintió completamente libre y relajado así que sin tanta carga sobre sus hombros observó a su nuevo asesor quien ya le interrogaba sobre su estadía en París – Su llegada no es para nada imprudencial, es, para mi al menos, solo repentina como lo ha sido mi regreso de París – su expresión se tornó algo sombría al recordar una vez más su estadía en Francia, pero Lewis fue capaz de recuperarse pronto y sonreír de manera leve a su invitado – Seguier, creo que lo mejor será que pasemos al estudio, ahí podremos hablar respecto a lo que mi padre le ha pedido y yo podré hablarle sobre los errores que he cometido a lo largo de los años – se le escapó una risa – aunque no sé porque creo que ya los conoce prácticamente todos – y tras decir eso, hizo una seña con su mano para que su nuevo asesor le siguiera.



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Re: Deceiver — Privado

Mensaje por Cagnazzo el Lun Jun 12, 2017 12:59 am

Quizás consideraba un grandísimo honor estar en esa posición, pero, por otra parte, su lado más abismal no lo veía de ese modo, sino como una gran ventaja para cumplir con sus intereses. Era una postura en la que podían equilibrarse perfectamente ambas partes; se aprovechaba de aquello siendo Helié y siendo Cagnazzo, esa era la realidad del asunto. Sin embargo, eso era algo que nadie, salvo su mente, sabía, así que debía mostrarse como solía ser él, una persona inteligente, cuyos modales podían convencer a cualquiera de que trataban con un hombre sagaz y competente en la política. ¡Claro! Para eso había sido entrenado por su padre y tío desde que era un chiquillo, porque se trataba de la misma herencia de los Seguier, una familia que siempre había beneficiado los intereses de Los Ángeles Custodios, depositando en el linaje las encarnaciones de dos sus miembros importantes, pero eso ya es otra historia.

En un principio esperó que el duque no fuese un problema. Si eran muy jóvenes, actuaban como completos novatos caprichosos; y si eran demasiado mayores, se creían que se las sabían de todas. Esas actitudes lograban sacarle canas a Helié (también a Cagnazzo), pero, esta vez, por suerte, terminó descubriendo a un hombre contemporáneo a su edad, que probablemente tuviera los pies bien puestos sobre la tierra (algo que esperaba con creces). Aunque, si los padres de éste habían solicitado sus servicios, no era por algo tan positivo. Bien, quizá se trataba de pulir sus habilidades, sólo eso; o también de enseñarle a lidiar con las relaciones diplomáticas... las posibilidades eran muchas. Lo mejor que podía hacer era estudiarlo silenciosamente, para así saber qué puntos fortalecer.

Y sí, sus sospechas eran ciertas, la oscuridad que se hizo presente en la mirada del duque (misma que era fácil de notar para una criatura como Cagnazzo), se lo confirmó de inmediato. Pero estaba ahí para abocarse a un único asunto, por lo que era evidente que aquella tensión la tildó de un problema para el desempeño del aristócrata. Sin embargo, eso era algo de lo que se encargaría más adelante. Primero debía hacerse con una parte de la confianza del duque.

—Para mí es un honor su recibimiento. Algunos señores importantes, aún siendo jóvenes e inexpertos, rechazan la ayuda de algún asesor, cuando suele ser un mal necesario, por así decirlo. No se preocupe, tampoco pretendo incordiarlo, de ninguna manera —habló con mesura, con esa educación y suspicacia que eran tan propias de él en momentos como ese—. Lo repentino de mi visita... bien, a mí también me ha sorprendido, pero su padre me afirmó que mi presencia la necesitaba con toda urgencia.

Tras una ligera inclinación de su cabeza, asintiendo a la invitación del joven Lewis, Helié lo siguió. Ciertamente, tratar asuntos delicados de la política de familia tan poderosa, requería privacidad y discreción. Por eso fue guiado directamente al estudio. Continuó los pasos de su anfitrión en silencio, y sólo cuando estuvieron dentro de aquella módica habitación, fue el primero en romper el silencio.

—Y bien, su padre no especificó mucho, pero me gustaría que empezara por sus preocupaciones con respecto a su gestión, algo que le gustaría mejorar de alguna manera u otra —se sinceró. Solía ser un hombre muy profesional en su trabajo, y tampoco se andaba con demasiados rodeos, algo que seguro el duque Lewis logró percibir, pues se notaba que no era ningún idiota—. Siéntase a gusto de exponer sus inquietudes, estoy aquí para ayudarlo.





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