Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Lun Ene 02, 2017 2:00 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Este tema va a continuación de La Clameur du Silence.

AMBIENTACIÓN AQUÍ

"Full fathom five thy father lies;
Of his bones are coral made;
Those are pearls that were his eyes:
Nothing of him that doth fade
But doth suffer a sea-change
Into something rich and strange.
Sea-nymphs hourly ring his knell
Hark! Now I hear them – Ding-dong, bell."

— William Shakespeare, The Tempest, Act I, Sc. II


2 de enero de mil ochocientos y algo.

Sus manos se cerraban sobre el asa de la maleta de cuero con correas que sujetaba delante de sus rodillas. El muelle estaba silencioso y cubierto de niebla, su silueta se recortaba apenas a unos metros de la pasarela que unía el Northwind a tierra, tal era el nombre del navío que los llevaría hasta las costas del norte. Su vestido era de un color negro riguroso como si del luto más profundo se tratase, cubierto con un grueso abrigo gris. Las botas de cordones le llegaban hasta las rodillas y las medias de lana negra completaban el atuendo; el único toque de color que destacaba bajo su palidez era el rubio de sus cabellos y sus ojos verdes tocados de marrón alrededor de las pupilas.

Lo había dejado todo arreglado, su familia sabía que se marchaba, si bien creían que iba a estudiar un mes a Londres. Descubrirían más adelante su verdadero destino, cuando ya no hubiera vuelta atrás.

No sabía cómo reaccionaría al verlo, no la esperaba allí, no había sabido nada más de él desde aquella noche semanas atrás. Cada vez que miraba por la ventana hacia el cementerio de Pére-Lechaise esperaba ver su pelaje blanco entre las tumbas, pero no había sucedido.

Las heridas y cortes habían sanado, los huesos se habían recompuesto y sus recuerdos dolían en algún lugar del corazón, pero estaba escrito lo que debía ser, y ella no sería quien desafiase al orden cósmico.

La semana anterior, cuando regresaba de la biblioteca, ensimismada, pensando en algo que había leido, chocó contra un hombre y se desparramaron sus libros y papeles por el suelo. Muy amablemente, el desconocido la ayudó a recogerlos y pudo ver su rostro a la perfección; mandíbula cuadrada, ojos azul hielo, pelo ralo rubio como el trigo y barba poblada. El extraño siguió su camino y Lana se quedó plantada en la calle teniendo una visión. En su mente se sucedió una serie de escenas bastante claras.

El extraño rubio se acercaba a una mujer hermosa a la que llamaba Thyra, y le entregaba malas noticias. El rey acababa de usurpar sus tierras y había mandado a un pequeño contingente de hombres para someter a los aldeanos y trabajadores de dicha propiedad. El rey pensaba que en ausencia de la señora del lugar, podía apropiarse de lo que le diera la gana.

La siguiente escena tras un breve fundido a negro, era Thyra ordenando a Ulf que se fuera al norte y que lo arreglase, dandole un montón de legajos y haciendo que le acompañara un burócrata que defendiese sus derechos por la via legal, pero si el rey no atendía a razones, tenía instrucciones de emplear la fuerza.

Tras otro fundido a negro se le reveló el nombre del barco, el Northwind, y la fecha escrita en unos pasajes.

Por último, la bruja vio el norte, vio la contienda, la sangre y el fuego. Vio al rey reir satisfecho después que una oráculo predijese la muerte de los rebeldes. Todos ellos caerían.

Sus rodillas fallaron y se desplomó sobre el suelo de la acera de la biblioteca. No podía dejarlo a su suerte, tenía que preguntarle al Barón Samedi si era la hora de Ulf, porque si no lo era, tendría que intervenir. Se apresuró a llegar a casa para beber Sazerac, entrar en una especie de trance y conjurar al más poderoso de los Loas, pero éste parecía no responder, la bruja todavía no estaba preparada para llamar a la puerta de una deidad así. Pero Legba sí acudió, siempre tan misterioso con sus acertijos.

Giuliana, las respuestas que buscas no las vas a encontrar.
¿por qué?.— La bruja inquirió al más sabio de sus dioses.
Porque erraste en las preguntas.
¿Y cómo sabré qué preguntas son las adecuadas?
Porque obtendrás respuestas.
Eso no me ayuda.— Legba rió con aquella boca cosida tan desagradable.
No estoy aquí para cumplir tus deseos, niña.
Dime al menos si el Barón reclamará su alma, si no estoy cometiendo el peor de los errores negándole ese deseo al señor de la Muerte.
Si el Barón desea su alma... no habrá nada que puedas hacer para impedirlo.— Legba se encendió un puro apresándolo entre los resquicios que dejaban sus labios cosidos.

Eso ya era una respuesta, más o menos. Agradeció a Legba su enrevesada ayuda y lo preparó todo para subir a ese barco. Compró el pasaje, llenó la maleta con lo que podía necesitar para ayudar con los hechizos que sabía y llegado el día, cuando aún no despuntaba el alba, se perdió entre las nieblas parisinas para llegar al puerto y esperar a que apareciesen los norteños.


Última edición por Giuliana Mordrake el Dom Ene 15, 2017 2:12 pm, editado 1 vez





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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Lun Ene 09, 2017 6:09 am

La pequeña bruja era incansable, lejos de rendirse empezó a bracear con la misma fuerza que tiene un huracán que todo lo puede que todo lo vence. Mis labios sonrieron de medio lado tratando de seguirla extenuado, estaba herido, no iba a llegar con vida a la costa, no sin desangrarme con cada brazada, pero eso ella no lo sabia y yo no se lo diría.
Necesitaba que creyera que al tocar la arena ambos cuerpos se contrariaran, que mis labios la arroparían y que la esperanza existía, eso la hacia nada y salvar su vida me forzaba a seguir su ritmo dejando atrás el charco carmesí.

Como si leyera mi mente, la vi acercarse de nuevo, me pidió que la abrazara, mientras una risa jadeante escapaba de mis labios.
-¿Aquí? ¿en serio? -bromeé tomando sus labios despacio.
-De nuevo golpeo mi pecho, una tibia risa antes de explicarme su majestuoso plan, esa bruja tenia solución para todo.
Una guerra, mataba cinco oráculos, perdidos en el mar, pues concentraba energía y a avanzar hacia tierra firme.

Mi cuerpo temblaba contra el suyo, ella no decayó, precia cansada, mas aun así, siguió derrochando energía a buen ritmo, hasta que sus pies tocaron el suelo y mis manos aflojaron el agarre de su cuerpo.
-Lo siento -susurré sintiendo como me desvanecía, mi cuerpo temblaba por la hipotermia, había perdido mucha sangre, el cansancio hacia mella en mi, no podía ni llegar a la arena por mi propio pie, mas de nuevo ella tiro del vikingo. Nunca vi un alma mas guerrera que la suya.

Tocamos tierra firme, tendido sobre la arena, sus brazos me rodearon trataba de que entrara en calor, frotaba mis brazos con sus manos, cubriéndome con su propio cuerpo, pero yo tenia mucho frio.
-quinas si cabalgas sobre mi..-bromeé de nuevo.
Sus labios presionaron los míos morados, gotas que caían de los dos abanicos de sus pestañas muriendo en mis labios.
-Claro que he ido, no podía perderme la diversión -bromeé contra su boca -dame un instante, solo dormiré un poco.

Cerré los ojos incapaz de mantenerlos abiertos, sentí sus manso sacudirme, no quería que me durmiera, pestañeé varias veces, la oscuridad se cernía en mi.
El ruido de los cascos de los caballos hizo que clavara los codos en la arena alzando ligeramente la cabeza.
-¡Mierda! -hundí mis ojos en los verdes de Giuliana -¡vete! -Ordené -Son Amazonas, mujeres salvajes de los bosques que bajan a cazar hombres, forman hordas, son peligrosas, te mataran ¡ve! Las entretendré ¡ve!

Empujé su cuerpo para que se alejara del mio, quizás no entendía que la necesitaba a salvo, a mi no me mataría, pero ella no era útil para esas mujeres.
Hice acopio de fuerzas para ponerme en pie, no tenia ningún arma, así que saqué los dientes, mi cuerpo cayó a cuatro patas en el suelo frente a la mirada de las primeras amazonas que llegaban al galope.
Mi piel se hizo pelo, mis ojos verdes se tornaron ambarinos, hocico en mi rostro, colmillos, garras, estaba dispuesto para de nuevo emprender la batalla.

Tres dardos impactaron en mi lomo, rodeado por los gritos de guerra de esas salvajes, mi cuerpo no resistió el veneno adormecedor. Seguí con la mirada gruñendo a las monturas que giraban a mi alrededor, el mundo se tambaleaba bajo mis pies o quizás era yo, el pelaje blanco impacto en la arena ensangrentado.
Mi forma humana quedo reflejada frente a las amazonas, que con rapidez se acercaron inspeccionando a su nueva adquisición.
Apenas era capaz de seguir la conversación ,estaba muy mareado, finalmente la oscuridad se apodero de mi.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Lun Ene 09, 2017 2:45 pm

La vida era un chiste de los malos. Un puto chiste, ahora lo sabía. Nada de lo que estaba pasando lo había visto en sus visiones y si las que había tenido le parecían surrealistas, la realidad superaba a la imaginación. ¿En serio? y qué más les iba a pasar? se iban a tener que enfrentar a caníbales? a trolls? a una logia de druidas locos? Pffff… lo que fuera. A la mierda. A esas alturas ya no debería sorprenderse de nada. Valoró por unos instantes el quedarse a su lado, pero si era cierto lo que Ulf decía esas mujeres primero le cortarían el cuello y luego preguntarían.

Corrió a esconderse entre la vegetación que a esas horas aún estaba oscuro y con suerte no la verían. Si tenía que sacar a Ulf de allí, necesitaba algo de tiempo para pensar. Amanecería en unas horas y tendría que urdir algo para arrancarlo de las garras de las amazonas. Necesitaba esconderse en algun lugar, caminó por la foresta y dio con una casa de troncos de madera que en algun momento debió estar habitada, pero quizás la cercanía a las tierras de las amanzonas hicieron que los habitantes se marchasen o… cayesen. Había algunas flechas clavadas en la puerta de madera. Entró en ella, necesitaba quitarse la ropa mojada y entrar en calor, si moría de frio tampoco podría ir a por él. Trató de tranquilizarse y pensar. Le habían lanzado un dardo con algun tipo de toxina que provocaba el sueño, así que lo querían con vida, y Ulf necesitaba descansar. Esperaba que lo cuidasen, a fin de cuentas si lo querían para perpetuar el clan lo necesitaban sano y entero. Contaba todavía con algunas horas por delante, necesitaba descansar un poco.

Revolvió en la cabaña y encontró una manta polvorienta en la que se enrolló. No podía encender fuego porque sabrían que estaba allí. Puso la mente en blanco y trató de aislarse emocionalmente de todo, necesitaba descansar un par de horas al menos, así que entre tiritonas y el calor de su propio cuerpo se durmió.

El día estaba avanzado cuando abrió de nuevo los ojos y se sintió algo más descansada físicamente, pero mentalmente empezaba a flaquear. Rebuscó en la cabaña y encontró un tarro con manzanas en conserva. Comió todo lo que pudo para recuperar energía y se volvió a vestir. Tenía un plan hilvanado en la cabeza pero necesitaba primero llegar al campamento de las amazonas y observarlas un poco, cerciorarse de que Ulf estaba bien. Se recogió el pelo para que no llamase la atención entre el verde de las ramas y los arbustos y se escabulló silenciosamente hacia el campamento de las salvajes. Llegó a las lindes y se apostó tras unos árboles sin perder detalle de hasta el más mínimo movimiento.





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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Mar Ene 10, 2017 11:32 am

Abrí los ojos intentando centrar la mirada, me costaba bastante afinar pues apenas veía borrones que se movían a mi alrededor.
Pronto me percate que estaba sobre un camastro improvisado con heno, moví mi cuerpo hasta caer sobre una arena rojiza, arcillosa, posiblemente estábamos en lo mas profundo del bosque.

De rodillas alcé la cabeza para mirar al frente, mi nuevo hogar una jaula improvisada con barrotes de acero. En ella un par de lechos mas y sendos hombres que me miraban.
Uno se acercó tratando de ubicarme, como si no conociera yo ya de por si la maldita situación. Me puse en pie, esto parecía una broma macabra.
-¿cuantos días llevo durmiendo? -pregunté al alzar la camisola que las mujeres esas debían haberme colocado para mirar una herida perfectamente cosida.
Me sentía mas fuerte, el descanso había sanado gran parte de mis heridas.
-Llevas dos días durmiendo -contestó el que estaba apoyado contra uno de los barrotes sonriendo con cierta ironía. -Has tenido suerte, como nosotros seras un semental, tu trabajo a partir de ahora sera traer hijas al mundo -bromeó como si esas palabras tuvieran que resultarme divertidas.

¿Suerte? suerte era lo que necesitarían esas mujeres cuando me liberara de la prisión donde me habían metido, yo no era uno de esos que se rinde ante lo que le depara el destino.
Tambaleándome me acerqué a los barrotes, afiancé mis manos en ellos con el ceño fruncido.
Las mujeres hacían guardia por todo el poblado, algunos hombres trabajaban en la reparación del muro que se alzaba alrededor de todo aquel lugar. Sin duda estaba bien fortificado, su vigilancia no hacia aguas.

Analicé como algunas de ellas peleaban para entrenar sobre un patio de arena similar al de los gladiadores, escudo y espada en mano sus movimientos eran diestros, fuertes. Poco se podía reprochar a esas salvajes sobre estilo de combate.
Al lado, niñas de no mas de nueve años aprendiendo a tirar con arco sobre las monturas, no lo hacían nada mal para su corta edad, aunque por supuesto era mejorable.
Esas mujeres como yo estaban forjadas de acero, de fuego y escapar iba a ser mas complicado de lo que en principio pudiera imaginar.

Mis ojos volvieron hacia el interior de la prisión, los hombres parecían resignados a un futuro para ellos la mas de halagüeño. A diferencia de los otros, no daban un palo al agua, ningún látigo los golpeaba, su trabajo era fácil, diría que hasta placentero, si alguna vez fueron guerreros hoy solo eran esclavos.
-¿Cuando perdisteis el orgullo? -pregunté con cierto desprecio.
-Cando las mujeres esas te montan una y otra vez descubres que es mejor vivir así, a este lado de la jaula que tras el -dijo uno señalando a algunos hombres que trabajaban moviendo una rueda gigante de piedra que servia para traer agua a la aldea.

Mis ojos se centraron allí, dos amazonas les fustigaban para que se movieran, no tenían lengua, solo podían lamentarse con sonidos de bestias y lagrimas mudas. Cuando uno caía, era sustituido por otro de inmediato.
-¡Eh, tu, la del látigo! ¿por que no lo intentas conmigo y dejas a esos desgraciados en paz?
Su risa fue irónica, como si mis palabras le diesen lo mismo, por el contrario ante mi mordaz lengua si se acerco otra mujer.
Sus cabellos azabache se sacudían en una coleta alta de caballo mientras me miraba fijamente, complacida por la vitalidad que parecía mostrar tras dos días medio muerto.
-¿Como te llamas? -preguntó recorriendo con sus ojos mi cuerpo con descaro.
-¿Para follar te importa eso? -respondí desafiante -ya puedes drogarme bien, no te tocaría ni con un palo -aseguré con una sonrisa ladina en mi rostro.

La mujer abrió la compuerta sin ningún pudor a que entre tres la redujéramos, se acerco a mi, como si temiera poco o nada al guerrero que la enfrentaba. Sus ojos de cerca eran pardos, color tierra mojada.
Su mano se deslizó por mi pecho, la aparté sujetando su muñeca con fuerza. Nuestros orbes se encontraron con violencia.
-Cuidado mujer, no juegues si quieres mantener esa cabeza sobre tus hombros.

No se bien como saco una daga de su cinto acariciando con su filo mis cojones. Sonreí de medio lado.
-¿Ya no los necesitas? -pregunte altivo.
Vi la ira pasear por sus ojos como su mano temblaba de la rabia y su cuerpo se tensaba, momento que aproveché para darle un golpe seco en el cuello que la dejo sin aire el tiempo suficiente como para que su cuerpo quedara expuesto.
Mi brazo rodeo su cintura, espalda contra mi pecho. Mi mano tomó la suya daga en mano situandosela en el estomago, allí hice un corte que rápidamente comenzó a sangrar.
Alcé la daga hasta su cuello.
-No deberías dejarte llevar por la rabia, eso te convierte en un ser vulnerable -susurré en su oído.

No acabé la frase cuando seis amazonas me rodearon con lanzas, la superioridad numérica estaba clara, la batalla perdida, pues aunque la matara..no saldría de allí vivo.
Apreté los dientes y lancé a la mujer contra el suelo, la daga la clave en el.
-No seré nunca vuestro -aseguré volviendo a sentarme sobre la mullida paja. Tenia que pensar en como escapar de ese maldito lugar ¿pero como?

La amazonas se acercó ,un puñetazo fue la respuesta a mi descarado acto, rugió en mi cara mientras mi cuerpo se alzaba para enfrentarla de nuevo.
Ojos hundidos ne los del oto, desafiante ambos, pelea de egos.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Mar Ene 10, 2017 3:53 pm

Tres días. Habían pasado tres días desde que salieron del mar y la pequeña bruja había trabajado incansablemente para elaborar un plan con el que sacar a Ulf de aquel poblado de salvajes ninfómanas. Su base de operaciones era la cabaña abandonada y había encontrado materiales con los que trabajar en aquella elaborada y disparatada idea. No podía ir al poblado y pedirles que lo liberasen, tampoco podía colarse en la noche y abrir la jaula porque carecía de las habilidades suficientes para hacerlo. Sólo había una cosa que sabía hacer bien. Mas o menos. Y era la magia.

Invocó a Legba, el más sabio de los Loas del vudú y le pidió una serie de favores. No se podía decir que la bruja no fuera imaginativa. El dios vudú tocado con sombrero de copa, el de las cuencas vacías y la boca cosida, sonrió a carcajadas al escuchar su plan, hacía tiempo que no escuchaba algo tan temerario y disparatado, eran surrealista que el dios le concedió su favor sin pedirle nada a cambio, la diversión que iba a tener bien lo valía. Le aseguró a la bruja que no reclamaría su alma por esta vez y que le facilitaria el camino de vuelta a las otras almas que ella requirió.

Anochecía el tercer día cuando una de las amazonas dio el grito de alarma. Delante de la puerta de su fortificado campamento empezaron a aparecer multitud de luces. Eran antorchas portadas por algunas figuras oscuras. Los humanoides se detuvieron en el linde del bosque, a la distancia suficiente para no ser alcanzados por flechas. Una figura central avanzó algunos pasos. Era un mujer, su cabello rubio y largo se adivinaba bajo un tocado extraño: una cabeza de ciervo con su cornamenta. Su rostro estaba surcado por marcas dibujadas con sangre que bajaban por el cuello y los brazos, eran como tatuajes de guerra pero con el claro color del líquido vital. Llevaba en una mano una cuerda y a su lado caminaba un enorme oso al que le faltaba media cara y tenía la mitad de la caja torácica al aire. En la otra mano portaba un pequeño caldero. Santa Giuliana, portando al diablo encadenado y el caldero de bruja en la otra.

Avanzó unos pasos más y una de las amazonas disparó un proyectil. La bruja levantó el puño y creó un campo de energía que desvió la flecha haciendo que ésta se clavase en una de las figuras que sostenía una antorcha. Era una mujer, cadavérica, medio descompuesta, pero con los inconfundibles tatuajes de las amazonas todavía visibles en su verdosa piel. El cadáver animado se miró la flecha que tenía incrustada en el pecho y sin emitir sonido alguno la arrancó. Entonces soltó un gruñido gutural y los demás zombies estallaron en aullidos y quejidos espeluznantes. El oso gruñó y se elevó sobre sus patas traseras.

La bruja iba acompañada por un pequeño ejército de amazonas zombie, las que habían ido muriendo, y también de hombres que habían asesinado y enterrado en una fosa común. Observando el campamento había tropezado con una quijada humana y fue cuando se le encendió la luz en el cerebro, podía usar los cadáveres para provocar el desconcierto y el engaño. La imagen era espeluznante, surrealista y realmente de mal fario. Avanzó unos pasos más y la que parecía ser la líder dio la orden de no disparar. Había cundido el pánico al ver a sus hermanas, madres o hijas resucitadas y acompañando a la hechicera que iba vestida como una salvaje, con una cabeza de ciervo por diadema y llevando un oso como si fuera un gato.

Lana avanzó, seria, erguida y desafiante, llevando al ursido a su lado, a paso calmo y se detuvo a unos metros de la líder del poblado. Le habló con voz alta y calmada, sabiendo que la entenderían, porque había escuchado a una de ellas hablar en algo parecido al gaélico de sus ancestros. Vio a Ulf de refilón en la jaula pero no quiso mirarlo demasiado para no desmoronarse ni distraerse, el papel que estaba haciendo necesitaba de todo el aplomo que fuera capaz de reunir.

Salud. Hijas de la montaña… esta noche he venido desde el reino de los muertos para traeros una advertencia.  Retenéis a un hombre que no os pertenece. Ulf, el lobo del norte, se ha escapado de las prisiones del inframundo y debe volver a ellas. Los dioses me han encomendado a mi la tarea de regresarlo a su lugar. Entregádmelo y no sufriréis su ira.

La líder de las amazonas mandó traer a Ulf y dos de ellas lo sacaron, agarrándolo por los brazos. La mujer que hablaba su lengua dio un paso hacia delante.

¿Quién eres? ¿qué quieres?

Mi nombre es Morta, y sirvo a la señora de la oscuridad Nox.— Esperaba que las salvajes conocieran la mitología romana, ya que todo el norte hacía siglos que estaba asediado por los cristianos-romanos. Tanto Britania como Europa central conocían las leyendas de las Parcas, y la bruja había asumido con toda su cara dura, la identidad de una de ellas, la que corta el hilo de las vidas mortales. Era el equivalente a Skuld, la norna. Lana contuvo el aliento porque como se les ocurriese a todas disparar a la vez, no habría campo de energía que valiese. Esperaba que el impacto de su imagen, los zombies y el oso muerto y resucitado fueran suficientes para que las amazonas pensasen que era mejor deshacerse de Ulf, que no merecía la pena quedárselo y agraviar a los dioses del inframundo.— Le habéis arrebatado a mi señora algo que le pertenece. Entregádmelo, el hilo de su vida debe ser cortado, pero no con las armas que tenéis aquí.

Hubo un pequeño debate entre ellas, algunas dudaban de la veracidad del relato pero lo cierto es que las zombies estaban allí erguidas, mirándolas desde sus cuencas vacías y podridas. Finalmente lo soltaron y lo empujaron hacia Lana.

Llévaselo a tu señora.— ¿¿¿Se lo habían tragado???? estaba a punto de ponerse a bailar!!!. Con el coraje renovado Lana asintió y sacó un cuchillo del cinto sosteniendole la mirada a Ulf mientras éste se acercaba. Levantó el arma apuntando al cielo y descargó una onda de energía que hizo que se arremolinaran las hojas en forma de espiral ascendente hacia el filo. El oso se revolvió cuando Lana tiró de su cuerda, y aprovechó el gruñido para susurrarle a Ulf.

…hazte el muerto cuando te corte.

El vikingo se acercó a ella y Lana describió un arco con el cuchillo como si le hubiera rasgado el gaznate, agarrándolo después cuando se desplomaba, para ocultar su mano, que sacó de entre las ropas una vejiga de sangre que rompió contra su vestido y contra Ulf. El efecto teatral estaba muy logrado. La bruja se levantó con el cuchillo rojo y el vestido manchado de sangre fresca.

Está hecho. Mi señora estará complacida de saber que me habéis ayudado. Adiós, hijas de la montaña. Temed a los dioses, porque cada día puede ser el último.

Se giró y le indicó a dos amazonas muertas que cargaran con Ulf hacia el bosque. Estas lo sujetaron y lo arrastraron, entrando en la  espesura.

Ahora solo faltaba saber qué cojones tenía que hacer con un ejército de zombies. El vudú servía para levantar a los muertos, pero una vez levantados...Revivirlos era una cosa, pero enviarlos de nuevo a dormir... esa parte no sabía como era.





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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Miér Ene 11, 2017 6:37 am

El poblado estaba en pie de guerra, todos los hombres nos alzamos de nuestros camastros viendo como las amazonas, se movían inquietas como avispas cuando les mueven el panal.
Sonreí de medio lado ,todo aquello que las hiciera saltar, era una oportunidad para poder escapar.
Corrí hacia la puerta de reja y la golpeé con fuerza, aprovechando el descuido de estas. Intentaba que cediera el maldito candado, pero sin duda estaba bien afianzado.
Rugí de la rabia, sin dejar de dar golpes al cerrojo ante la mirada desinteresada de esos dos hombres que parecían asumir su destino de un modo desconcertante para mi.

Mis intentos pronto se vieron abortados por dos amazonas que entraron en la celda y sin miramientos me tomaron por los brazos arrastrándome hacia el exterior, sonreí de medio lado al ver a la pequeña bruja comandando un ejercito de muertos vivientes. La imagen era dantesca, llevaba sobre la cabeza unos cuernos de ciervo, un oso de una correa, todo putrefacto.
-Casi que prefiero quedarme con vosotros -bromeé susurrado a una de las mujeres de la aldea.

Estuve a punto de echarme a reír frente a la representación teatral de esa chiquilla, tenia que admitir que era una mujer con recursos, demasiados.
Escuché a las amazonas debatir entre ellas la veracidad de esa historia, que a simple vista era muy creíble, solo había que ver el aderezo que acompañaba a la bruja.

Finalmente un empujón de esas mujeres en bragas y sujetador marcaron el camino hacia la libertad.
Caminé hasta Giuliana con una picara sonrisa, ella saco un cuchillo de su cinto, un jadeo escapó de mis labios cuando mi cuerpo rozo su piel, ojos oscurecidos al ver el arma en sus manos. Y su cuerpo envuelto en pieles como si de una valkiria se tratase.
Su voz contra mi boca, exigiéndome que me dejara caer a sus pies, acaso no se daba cuenta que justo en ellos me tenia.

Movió el cuchillo con destreza, fingiendo rozarme, entre nuestro cuerpos explotó algo que nos mancho a ambos de sangre fresca.
Me deje caer rozándola, sin apartar mis ojos de los suyos, no se me daba demasiado bien, eso de actuar, por suerte pronto dos feas me cogieron de los brazos arrastrando mi cuerpo para seguir a la comitiva.

Cuando estuvimos lo suficientemente lejos como para que esas excitantes mujeres no pudieran vernos, apoyé los pies en el suelo soltándome del agarre de los zombis vivientes y acorte la distancia que me separaba de la pequeña bruja, su oso y su diadema extraña.
-Giuliana, haces honor a tu nombre -susurré acortando la distancia sin ningún tipo de miramiento.

Mis dedos surcaron su rostro hasta hacerme con su mentón que eleve para quedar de frente, ojos anclados en los del otro, respiración entrecortada de ambos
-Y si les dices a esas que dejen de mirarnos -susurré antes de toparme con sus labios, presión con los míos que entreabrieron nuestras bocas. Deslicé mi lengua furtiva entre estos, anhelante tomé la ajena batiéndome en duelo, jadeé con brusquedad, empujando sus nalgas contra mi abultada virilidad.
-Me debes varios encuentros -bromeé tomándola de nuevo- desde tu beso con el nosferatu, has mejorado bastante, has tenido un buen maestro -dije altivo sonriendo

Una parte de mi estaba esperando que nuevo acontecimiento nos esperaba, pues como si nuestro amor estuviera maldito, cada vez que nuestros cuerpos se fundían en uno, algo sucedía. Destino empecinado en separarnos, no conocía lo sumamente terco que yo era, ni los dioses, ni el abismo lograrían que me rindiera en ninguno de mis empeños.
-deshazte de todo este circo, y vamos a algún sitio donde pasar la noche, el bosque es traicionero y tu presencia trae mal fario, es evidente -bromeé guiñándole un ojo.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Jue Ene 12, 2017 11:40 am

La bruja todavía no se creía que su engaño hubiera colado, estaba tan alucinada y sorprendida de que se lo hubieran creído y lo hubieran soltado sano y entero, que apenas podía reaccionar. Cuando se ocultaron de vuelta en el bosque miró un par de veces hacia atrás para cerciorarse de que no los seguían, y por si acaso ordenó a varias amazonas zombies que se quedaran a modo de centinelas, por si las guerreras pretendían seguirles, para disuadirlas de hacerlo al ver a aquellas criaturas con las que no se podía razonar, montando guardia.

Cuando por fin salieron de la vista del campamento Ulf la agarró pegándola a su cuerpo y la bruja le pasó los brazos alrededor del cuello. No podía creer que hubiera conseguido sacarlo de allí, como todavía no asimilaba que él había saltado al mar malherido aún a riesgo de ahogarse, sólo por salvarla a ella. Ulf podía tener a la mujer que quisiera, el claro ejemplo era Sigrid, y sin embargo la había apartado y la había seguido. Pensar en eso daba vértigo, y en algún momento tendrían que hablar, si es que los dejaban el destino, el karma o los dioses. Todo iba demasiado deprisa, no había tenido tiempo de procesar lo que le estaba pasando, tan sólo se dejaba llevar por la corriente y por lo visto su destino estaba plagado de sorpresas, algunas más agradables que otras.

Acarició su pelo, enredado, aspirando su olor, que tras haber estado nadando en el mar, era bastante limpio, al contrario que el suyo propio, y suspiró. Iba bañada en sangre de ciervo, lo había encontrado muerto a causa del ataque del oso, y con su sangre se había hecho las marcas. Arrancarle la cabeza le había costado lo suyo, y atar al oso antes de levantar su cadaver también le había dejado un hedor curioso.

Ha sido una locura…no sé ni cómo ha funcionado. Ahora lo pienso y parece un disparate, pero no sabía qué más hacer. ¡Huelo fatal! será mejor que no te acerques mucho… ¿por qué siempre acabamos bañados en excrementos, sangre o algo similar?

La bruja disfrutó del apretón y del beso, era como llegar a casa tras un mes vagando por el desierto. ¿Por qué se sentía así tan cálido? era una sensación de seguridad, a pesar de andar vestida como una salvaje y haber tenido que hacer frente a varias desdichas desde que lo conocía, cada vez que la abrazaba tenía la sensación de que entre sus brazos todo estaba bien, en su lugar. Levantó los ojos para atesorar de nuevo sus sonrisas, que habían sido un regalo constante desde que lo vio la primera vez.

El problema es que no sé cómo hacerlo. No lo pensé cuando monté este circo. — Suspiró y mordió el labio inferior.— Voy a arreglarlo.— Se separó de él y buscó una rama con la que dibujar en el suelo un círculo mágico y arrodillarse en él. Colocó las manos sobre las rodillas y cerró los ojos murmurando cosas en criollo para entrar en trance. Le costó un rato conseguirlo, porque no había sazerac y estaba muy cansada. Caminó entre brumas hasta dar con Legba, que estaba sentado sobre una roca bebiendose una botella de color oscuro. Cuando la vio llegar aplaudió sonriendo con su boca cosida.

Me ha encantado la función. Los mortales sois muy previsible, siempre pedís el regreso del alma de un ser querido, o de un enemigo para torturarlo… pero me ha gustado tu pequeño teatro, hacía años que ninguna bruja vudú me pedía algo así.
Gracias. Estaba desesperada y se me ocurrió que podría funcionar pero tengo un problema.
No, tienes dos problemas.
¿qué?
Nada, sigue, adelante.
Pues que no sé cómo hacer para devolverlos a sus tumbas y que sus almas regresen aquí a la encrucijada.
Oh! eso es fácil. Deberías haberlo aprendido. Pero por esta vez te echaré una mano, sólo tienes que enviarlos a descansar donde ellos quieran, y cuando lleguen a ese lugar, su alma reposará y regresará.

Bien, eso parecía fácil, pero Legba reía entre dientes. La bruja entornó los ojos…oh! ya lo pillaba. El dios más retorcido seguía contestando con acertijos. Los enviaría a descansar a su lugar favorito y eso haría que muchas amazonas regresasen al poblado y cundiera el caos. Bien, a ellos les serviría de ventaja para alejarse de allí.

¿Cual es el otro problema que tengo?— Legba la miró de hito en hito con sus cuencas vacías.
El alma de tu madre está en mi lista. Deberías darte prisa en regresar, puedo demorarlo unos días.

Lana salió del trance de sopetón y se levantó, agarrando a Ulf con la tristeza reflejada en sus profundos ojos verdes.

Ulf! tengo que regresar a París, mi madre se muere, me lo ha dicho Legba.– No es que su madre estuviera muy sana, ni siquiera estaba allí, hacía años que había dejado de hablar y era sólo un vegetal. Pero aun así era su madre y no quería lamentar su pérdida estando tan lejos.

Envió a los muertos a su lugar de descanso y se quitó toda la parafernalia que llevaba encima, sólo quería cambiarse de ropa y encontrar la forma de regresar con su familia.





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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Jue Ene 12, 2017 1:05 pm

La bruja trazó un circulo en el suelo lleno de runas extrañas para mi, la vi de nuevo concentrarse hasta entrar en trance, su piel parecía apagada, agotada diría yo y no la culpaba desde que empezó este viaje conmigo, su vida había ido de mal en peor.
Suponía que todo esto tendría un precio, si algo podía saber de magia por las oráculos del norte, es que nada era gratuito, nada te lo regalan los dioses sin pedir algo a cambio y su alma parecía ir quedando marcada por ellos sin poder evitarlo.

Mis ojos recorrieron su pequeño cuerpo, una parte de mi ansiaba protegerla aunque eso implicara alejarla de mi. Yo era un guerrero sediento de sangre, nada podría aplacarme hasta llegar al Valhalla y ella, parecía decidida a seguirme al infierno.
La deseaba eso era un echo, mis ojos se oscurecían tan solo con que sus labios me rozaran, pero ¿era justo ser egoísta?

Tensé el gesto debatiéndome entre lo que yo quería y lo que ella merecía. Si, trataba de mentirme, lo hice desde la noche que sonreí con los ojos cerrados alargando el brazo para tomarla, y solo encontré vació.
Me lo puso tan fácil, y yo sentí rabia. No iba a reconocerlo, no porque era orgulloso, no porque de hacerlo estaría condenandola a muerte.

La quería y por eso debía dejarla marchar, dejar que volviera a su vida, una calma, lejos de esa boda de sangre que haba visto, lejos de una batalla en el norte que posiblemente no podría ganarse con el sacrificio de cinco oráculos.

Habíamos ganado la batalla, pero no la guerra y esta se me antojaba cruenta. El rey ahora que sabia de su existencia, de que una bruja nos ayudaba y había matado a sus visionarias, no dudaría en mandar otros seres para darle caza y muerte.
Tenia que protegerla y solo se me ocurría un modo...

Salió de su trance con el pesar dibujado en su verde mirada. Acaricié su cintura con mis dedos, en ese instante quemaba pues sabia que este viaje de vuelta seria le ultimo en el que la tocaría, no volvería a pertenecerme como ahora lo hacia..
Sus palabras sonaron tristes, apagadas, su madre se moría y volver a París era la prioridad mas inmediata.
Ella necesitaba despedirse. De nuevo mi egoísmo batallo contra el lobo de la razón, hubiera alargado esa vuelta para arrancar al tiempo mas arena en el reloj para los dos.

Tiré de ella hacia el mar, solucionado el problema de los muertos alzados, ahora solo nos esperaba un largo viaje a casa, o en mi caso, demasiado breve viaje a París.
-Conozco un hombre con un barco, los fabrica el mismo, es un visionario, estoy seguro que nos llevara por un módico precio.

Pronto estábamos zarpando en las gélidas y bravas aguas norteñas, mientras ella se daba un baño, uno que bien necesitaba, pues olía a orco, trol y nosferatu todo unido. Me quedé mirando el mar desde la proa.
Intuía que mi necesidad de sexo no era compartida, no la culpaba, su madre se moría.
Mi gente me había traicionado, podía entender los motivos que les habían llevado a tal acto, el miedo a los dioses.
Habían sido fieles en la lucha, todos habíamos derramado sangre, yo mas que muchos de los marcados por los nuevos dioses.
Sigrid había puesto el veneno en los norteños, en mis hombres y ellos habían dejado que este llegara a sus corazones convirtiéndolos en lacayos de una mentira o de una verdad contada a medias.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Jue Ene 12, 2017 5:50 pm

Las palabras de Legba la habían sumido en una angustia considerable, su madre se moría y no sabía si llegaría a tiempo para despedirse una última vez. Recordó cuando de pequeña vivían en Baton Rouge y su madre se sentaba en una mecedora en el porche de su casa de tres plantas, y le hacía trenzas mientras le cantaba una canción. Después habían nacido sus hermanos y después se había muerto sumiéndola en la más profunda depresión jamás vista. Pero en ese momento sólo la recordaba así, peinandole las trenzas y advirtiéndola de los peligros del pantano.

Todo sucedía a un ritmo vertiginoso, y cuando creía que tendrían un momento de paz, el dio le comunicó tan tremenda noticia. Se bañó con agua salda para quitarse el hedor que la envolvía y se vistió con la ropa que había rescatado de la cabaña. Encamino sus pasos arrastrando los pies hacia la cubierta. Estaba triste, angustiada y cavilosa. Ulf estaba mirando por encima de la baranda y podía adivinar en su gesto y sus ojos que estaba pensando en las cosas que habían sucedido.

Se acercó y lo abrazó desde detrás pegando la mejilla a su espalda. Entrelazó las manos a la altura del comienzo de su esternón y suspiró.

Gracias… gracias por estar conmigo. Siento mucho todo lo que ha pasado, las situaciones en las que te has visto envuelto. Si no fuera por ti, no sé qué hubiera sido de mi…

Tiró de Ulf hacia el interior de la rústica nave, necesitaban un rato de intimidad, de estar solos y decir algunas cosas que necesitaban ser dichas. Cerró la puerta al entrar y se acercó a él buscando algo de calor y de apoyo. Juntó lo que le quedaba de valor para enfrentar sus ojos y decirle lo que debía.

Ulf, sé que no debería decirte esto, que seguramente no querías escucharlo porque quizás te hace daño pero no sé que va a pasar y cuando pienso que voy a perder a mi madre en breve, me doy cuenta que podría perderte también a ti en cualquier momento. Hay destinos que no pueden cambiarse y si los dioses te reclaman, te dejaré ir a tu querido Valhalla. Pero cuando camines ese sendero quiero que sepas que…siento por ti algo que no sé definir. Sólo sé que no quiero perderte, que si decides apartarme de ti, lo aceptaré pero no es lo que deseo, me duele sólo pensarlo.

Acarició su rostro con una mano y después su cabello mirándolo como si fuera la última vez que fuera a verlo.

Si vuelves a saltar de un barco… yo también salto. Pero intenta que no sea hoy, que el agua está muy fría.— Sonrió cerca de sus labios y se aupó de puntillas para besarlos.






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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Vie Ene 13, 2017 1:05 pm

Sumido en la oscuridad de mis propios pensamientos apenas percibí su olor, sus pasos acercándose a proa, el viento jugaba en mi contra cuando sus brazos rodearon sin tregua mi cintura encadenandome con ellos. Bendita condena que deseaba fuera eterna.
Su mejilla contra mi espalda, una sonrisa furtiva en mis labios que logró calmar la inquietud del guerrero.
-No digas tonterías, sin ti, no hubiera vuelto de esta gesta, lo sabes y lo se, eso es lo que viste en París, eso es lo que te hizo aparecer en el puerto y acompañarme al norte ¿verdad?

Estaba seguro de que ni una sola de las palabras dichas era mentira, pues la noche en que se marcho, esa que dejo mi cama vacía parecía ser por decisión propia, la ultima en la que nuestros cuerpos se unirían.
Sin embargo, posiblemente la premura de mi muerte la había hecho cambiar de opinión, poniendo así en riesgo su propia vida a cuenta de la mía.

Tiró de mi mano, y yo con una sonrisa de medio lado me deje guiar, posiblemente porque olvidar la traición entre sus brazos se me antojaba el mejor modo de dejar de pensar en que los míos, esos que veneraban como yo a Odin y a Thor me habían traicionado sin pensarlo abandonándome a mi suerte tras liderar una revolución y traerlos con vida de nuevo al drakkar.

Llegamos a la habitación, su pequeño cuerpo busco el mio, un refugio que esa noche parecía necesitar. Aguerrido guerrero incapaz de reconocer que de algún modo yo aun la necesitaba mas.
Is dedos surcaron las cintas de su corseé mientras nuestros ojos quedaron expuestos a la verdad de unas palabras que admito no esperé.

Mis latidos se aceleraron casi al mismo ritmo que mi mandíbula se cuadriculo, músculos tensos como las cuerdas de un arpa mientras sus dedos acariciaban mi mejilla ofreciéndome una tregua, un descanso para el guerrero.
¿Que decir si ella lo había dicho todo? Ser sincero decirle que no quería seguir caminando solo, que era la primera por la que intentaría postergar el Valhala.
Guerrero en lucha constante, sentía a mis dos lobos aullar voraces, uno me animaba a decir la verdad, un te quiero que no escapo de mis labios pues el segundo aulló mas fuerte.
Debía protegerla, protegerla de mi mismo, la parca parecía seguirme allá donde iba y de acompañarme en el camino, ella también caería.

Cerré los ojos sintiendo como la yema de sus dedos abrasaba mi piel, entreabrí los labios, acortando la distancia hasta que nuestros alientos se fundieron en uno golpeándonos impetuosos, tanto que decir y tantos silencios.
Yo no era muy locuaz, no cuando los sentimientos eran los que tenían que escapar de un hombre parco en ellos.
-¿y si no quiero que saltes? -pregunté rozando sus labios.

Sus ojos buscaron los míos, creo que notó mi desconcierto, mis miedos, una confesión velada en una frase que lo escondía todo sin ser capaz de decir nada.
Ella era mas valiente que yo, creía en que el sino te llevaba y simplemente quería vivir conmigo el tiempo que me quedara, fuera efímero o eterno, pero juntos.
Yo por el contrariar, creía que el destino lo tejemos los hombres con nuestras gestas, nuestras hazañas y proteger al ser que amas... ¿espera? ¿amas?

Miedo, eso sentí ante la reflexión de mis propias palabras, esas que no era capaz de decir en voz alta pero que mi mente trazaba de forma inconsciente en mi cabeza una y otra vez.
¡A  la mierda! enredé mis dedos en el cuello de su nuca y la atraje contra mi de un modo brusco, no quería pensar, solo tomarla, disfrutarla, reclamarla como mía.
Mi lengua danzo furiosa contra la suya, serpenteo en un duelo a muerte en el que el veneno se extendió por mi cuerpo alcanzando mi corazón herido de muerte.
¿Que me importaba ahora mismo el mañana? Solo quería pensar en el hoy.
Gruñí desesperado contra su boca, perdido en su olor, empujé con mi cuerpo el suyo asta alcanzar la puerta del camarote.
Lecho improvisado donde golpeó su espalda, mis manos se afanaron en tirar de su corseé , estúpido guerrero incapaz de ser sincero ocultaba con el sexo la verdad de sus sentimientos.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Sáb Ene 14, 2017 4:56 pm

Notaba la confusión que hacía mella en el gran aplomo del lobo. Sabía tácitamente que ella era su debilidad, que por eso él jamás lo reconocería, ni se ablandaría. De alguna manera supo que él quería protegerla, que al final de cualquier túnel oscuro estaría él para sostenerla. Pero si el destino la alejaba y la ponía en otras manos, no haría nada para cambiarlo, porque creería que es mejor así. No podía culparlo por ser como era; a ella tampoco se la podía culpar por haber nacido bruja, y sin embargo la gente tendía a hacerlo. Lana quería al lobo tal y como era, y no pretendía cambiarlo. Si la dejaba disfrutar a su lado de un trozo de este camino incierto que llamamos vida, lo tomaría y lo atesoraría para cuando la memoria se desvaneciese en brumas.

No necesitaba sus palabras, sólo sus brazos rodeándola, su calor, su templanza... hasta que la perdía en pos de un deseo irrefrenable. Cuando lo besó estalló en fuego y la empotró contra la puerta. No podía decir que no lo deseara, llevaba tres semanas pensando en aquella noche, en cómo despertó en su cuerpo sensaciones que no creía que existieran y deseando tener más. Había querido tocarlo, abrazarlo y besarlo desde lo que vio en el puerto, y habían mantenido las distancias todo lo humanamente posible, pero el tiempo de al privación había terminado. Sólo tenían una vida mortal y era justamente así como ambos deseaban emplear el tiempo que les había sido concedido.

Notó el fogonazo encenderse también en sus entrañas y dejó de pensar para sólo guiarse por su instinto. Todo su ser le pedía acaricarlo, tocarlo, fundirse con Ulf. Se agarró con las piernas a su cintura y lo dejó que quitase el corsé a base de tirones, mientras ella desabrochaba la camisa y colaba las manos por su torso. Era una criatura grandiosa, en forma de lobo era precioso y en forma de humano... afú. Demasiada piel con la que empacharse. Le devolvió los besos con cierta urgencia, entre ellos no había treguas ni paz, sólo fuego, por si no hay mañana.

Ambos alientos chocaban y combustionaban cuando la guerra entre sus labios y su lengua lo hacía posible. El lobo que se quería comer a caperucita... qué tópico. Pero en este caso, caperucita también quería comerse al lobo y ser devorada por él. Un par de horas. Un par de malditas horas era lo único que le pedía a los dioses, un rato en el que dejar de pensar en lo acontecido y lo que se le venía encima, y estar simplemente rodeada de cálida piel y sentirse deseada y querida. Perderse en sus ojos, en su tacto y en su sonrisa de medio lado, en sus jadeos y sus sensuales susurros.

Cuando la ropa dejó de estorbar, notó su excitación presionando sobre ella y simplemente abrió las piernas para recibirlo, estaba lista, encendida y preparada para cocer a ambos a fuego lento en su propio deseo.






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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Dom Ene 15, 2017 11:45 am

Su espalda contra la pared acogía bruscamente la primera embestida de mi miembro que se descapullaba endurecido abriéndose paso entre sus húmedas paredes.
Cálidas, acogieron primero mi glande, mojandolo a su paso, acariciando el tronco sin tregua con cada violento movimiento de cadera.

Su boca perdida en la mía jadeaba, lenguas que serpenteaban ansiosas en un duelo a muerte que solo suplicaban tiempo para hablar sin necesidad de palabras, contandose todos nuestros secretos.
Mis manos afianzaban su culo, mis dedos se hundían en sus caderas, atrayendola una y otra vez contra mi virilidad, sin darle la menor tregua, ansioso de mas, de continuar, de que este baile se tornara eterno y de jamas despertar.

Mi boca se deslizó por su cuello, largo, inmaculado se erizaba con el paso de mis dientes que por unos momento sentí afilados como los de la muerte. Lamí con mi legua el sendero que bajaba a las montañas de sus pechos. Pezones endurecidos que altivos esperaban que mi boca los coronara trazando círculos.
Succione su pezón atrapándolo con mis labios, mientras su cabeza se recostaba contra la pared y su espalda se arqueaba dejando salir el aire ronco de la pasión.
Gruñidos contra su piel, embestidas que prodigaba una y otra vez, demasiado cerca de perderme por completo en su olor, en su sabor..

Salí de golpe, mientras mis ojos buscaban una superficie que no tardé en encontrar, de nuevo la alcé , esta vez con uno de mis brazos, para llevarla frente a un pequeño tocador. Mi mano se paseo por la rugosa madera lacada en blanco deshaciéndose de todo a su paso.
Los perfumes contra el suelo, peines y demás utensilios, que emitieron un ruido metálico contra el suelo, cristales echos añicos,en su lugar,  su culo.

Contemplé por un instante su cuerpo desnudo. Sus ojos me miraban voraces, oscuros.
Mi boca se relamió al tiempo que mis ojos descendieron para centrarse en sus muslos. Allí acabó mi primer beso, tras este muchos otros camino de su cálido sexo que se abría preparado para la tortura de mis labios.
Nuestras miradas se encontraron, ambos estábamos extasiados por el tiempo que habíamos ganado al reloj de arena, nuestra única meta, devorarnos, saciarnos, ¿amarnos?

Mi lengua tomo prestados sus labios bajos, deslizándose entre ellos en busca del botón que pronto vibro contra mi punta arrancando un gemido a su garganta
Sonreí satisfecho hundiendo del todo mi cabeza, su mano en mi pelo, guiando las embestidas ahora de mi lengua que se la follaba sin tregua.
-¿mejor que un nosferat? -bromeé haciendo una pausa golpeando su humedad con mi aliento antes de relamerme los labios.

Empujó de nuevo mi cabeza suplicando que no parara, mi mano se apoderó de mi miembro sacudiéndolo al ritmo que la dama había marcado completamente excitado.
Nos entendíamos, el sexo entre nosotros era salvaje, distinto, cómplice como cada mirada que nos dedicábamos cargada de mucho de aquello que ambos silenciabamos.

Sentí como su esplada se arqueaba, gimió mi nombre tan alto que mi lengua trazo círculos para elevarlo al Valhalla y que los dioses lo celebraran.
Sus dedos cayeron rendido sobre mi cabeza, aflojando el agarre pidiéndome una tregua, tregua que no concedí, pues me alcé introduciéndome en ella de un golpe seco.

Sus caderas me buscaron, mi hombría la encontró una y otra vez empalandola contra el espejo que como lecho acogía nuestros cuerpos  en un baile de dos.
Mi respiración cada vez mas brusca era acallada por los besos de aquella pequeña bruja que me correspondía sedienta, acariciando mi cuerpo, hundiendo sus uñas en mi espalda, atrayendome en aquella batalla.
-Mía..-rugí al sentir como me corría, mi boca mordió su cuello, marcándola como mi posesión, como algo tan mio como el mismo yo.

Mi cuerpo cedió contra el suyo, agotado cerré los ojos , mis labios envolvieron la marca de los dientes aun apresando su cuello.
Respiración entrecortada que poco a poco iba acompasándose a la de Giuliana.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Dom Ene 15, 2017 3:55 pm

Lo había vuelto a hacer. Había arrancado de su cuerpo las notas como si fuera un instrumento de cuerda, llevándola a un delirio de placer, a una borrachera de lujuria sin necesidad de explicaciones ni malos entendidos. Entre sus brazos su cuerpo se convertía en agua, en fuego, y ahora en ligero aire al quedarse vacía de adrenalina.

La cabeza del lobo descansaba sobre su pecho, tratando de hacer acopio de aire y de no caerse sobre ella aplastándola. Acarició sus cabellos mientras su pecho subía y bajaba reponiéndose del asalto. Seguían unidos y le daba mucha pereza hacerlo salir, pero lo cierto es que la mesa sobre la que estaba sentada era muy dura y en cuanto bajase el fogonazo se le helaría el culo. Se movió despacio bajando los pies al suelo y lo tomó de la mano llevándolo hasta la cama. Se metieron bajo las mantas y la bruja se acomodó a los recovecos que el cuerpo del vikingo le dejó. Dejó la cabeza descansar sobre su pecho y pasó el brazo alrededor, abrazándolo.

Tengo que decirte que... cuando hiciste la broma del nosferatu me lo imaginé ahi con su lengua y... agh. No te di un patada porque no me llegaban las fuerzas.— Bromeó porque sabía que en el momento en que se esfumara la magia retornarían los pensamientos oscuros.

Ahora la adrenalina iría de bajada y de nuevo la razón se apoderaría de ambos, recordándoles que su sangre nos les pertenecía. La del lobo pertenecía a los dioses del norte y la de la rubia a los oscuros Loa. Iban caminando hacia un futuro incierto y ese camarote les ofrecería un refugio efímero por unas horas. La primera noche lo dejó ir, se apartó de su camino para que no tuviera que elegir, para no forzar las cosas. Pero esa noche lo necesitaba, necesitaba encontrarlo, sentirlo, que la acompañase, que no la dejase caer en pensamientos dolorosos. Aún así, prescindió de hablar de sentimientos, aunque quizás hubiera sido su primer impulso. Simplemente se dejó rodear por su piel y cerró los ojos respirando pausadamente tratando de encontrar el sueño, de que las horas corriesen raudas acercándolos a París sin sentir la angustia de una certeza: que además de decirle adiós a su madre, probablemente tendría que decirle también adiós a Ulf.

El norte se rebelaba, la traición campaba entre los vikingos y Thyra iba a necesitar a Ulf para salvar a Höor y mantener la esperanza. Y a ella la dejaría atrás, en París. Porque es lo que iba a suceder.

El amanecer se levantó frío y claro, en unas horas fondearían en el puerto de París y por fin podría enfrentarse a lo que los dioses habían elegido para ella. El Barón Samedi había reclamado el alma de Amelia O’Rodagh, y por mucho que le doliese, ella entendía que el capricho de los dioses estaba por encima de toda compresión humana. De todas formas, su madre hacía años que no estaba realmente allí, desde que se sumió en el más absoluto mutismo y depresión, no era más que un mueble. Quizás la muerte fuera una liberación para ella.

Acarició una última vez la mejilla de Ulf y depositó un beso en sus labios, sintiendo un peso y un vacío terrible en su corazón, porque aquel beso le estaba sabiendo como si fuera el último. Tenían que vestirse y salir a la cubierta, atracarían en seguida.

----------------------------------------

Villa de los Mordrake, Rue des Rondeaux, Paris.

El cochero se afanó bastante para transportarlos hasta el cementerio de Pere-Lechaise y la bruja apretaba los puños hasta tener blancos los nudillos, presa de la tensión y los nervios. ¿Se habría muerto ya? estaría terriblemente enferma, desfigurada o demacrada?

Llamaron al timbre y el ama de llaves abrió.

¡Señorita Giuliana! que alegría verla! intentamos hablar con usted, le mandamos un telegrama... pero no obtuvimos respuesta y...

¿Florence, cómo está mi madre?... por favor dime cómo está.— la mujer suspiró y puso cara de ciscunstancias.

La está esperando, dijo que no quería irse sin despedirse de usted...— La cara de Lana fue un poema.

¡¡¿¿Ha hablado??!! Dioses!! tengo que verla!!... Mamá!!! Mamá!!!..— la bruja corrió por el pasillo hasta la habitación que ocupaba Amelia. La mujer estaba tendida en el lecho, con el pelo rubio y largo suelto y a ambos lados de la cara. Su tez era pálida, surcada por finas venas azules, y sus ojos verdes estaban enmarcados por halos violáceos que daba testimonio de su enfermedad.

La sirvienta miró de abajo a arriba a Ulf y puso brazos en jarras.

¿A qué espera? entre. Usted es el hombre del norte, mi señora quiere hablar con usted, me dijo que lo hiciera pasar cuando viniese.— lo acompañó hasta la puerta que estaba entreabierta. Podía escuchar las voces susurrantes en el interior.

Giuliana se sentó en la cama de su madre, ansiosa, soprendida de que hubiera hablado por primera vez en 12 años.

Mamá... ¿cómo te encuentras?... Florence dice que hablaste y... dios!! me alegro tanto de verte...— Amelia alargó la mano y cogió la de su hija con una débil sonrisa, parecía muy lúcida.

Mi pequeña Giuliana... se acerca la hora, lo he visto. Pero no debes lamentarte, ya sabes que nuestro destino está en manos de fuerzas superiores. Lo siento mucho, mi niña, siento todos estos años de silencio y ausencia, mi mente se perdió en algun lugar y no supo regresar. Ahora, que ya es tarde, ha sabido encontrar el camino de vuelta. En todos estos años he visto muchas cosas que fueron y otras que serán.

Mamá... no quiero que te vayas ahora... te he echado tanto de menos..

Lo sé mi amor, pero nada puede hacerse. Escúchame, no hay tiempo... he visto tu futuro, en él hay oscuridad y también luz. Tienes un gran poder, recuerda siempre de dónde vienes Lana, recuerda quiénes te han amado y quiénes han hecho de ti la mujer que eres. Elige con el corazón, él sabe dónde está tu estrella polar, tu norte, tu guía. No decaigas, nunca te rindas, mantente en pie pase lo que pase y nunca desconfíes de ti misma. Nos veremos de nuevo en la otra vida, mi pequeña. No sufras por mi, acepto mi destino como tú aceptas el tuyo. Y créeme, vale mucho la pena, lucha por tu vida Giuliana, y encadena a tus demonios, puedes hacerlo. Ahora... necesito hablar con Ulf.

Lana iba a preguntar que cómo sabía de él, pero... su madre era tan bruja como ella, y sus visiones siempre fueron las más exactas. Suspiró y le dio un beso en la frente antes de salir de la habitación.

Te quiero mamá. Te llevaré siempre conmigo.
Yo también mi amor... estoy muy orgullosa de ti.

Amelia la vio salir y tosió un poco de sangre. Le faltaba el aire, pero aún así hizo por incorporarse un poco y hacerle un gesto al lobo para que se acercase.

Siento mucho conocerte en esta circunstancias pero los dioses así lo han querido.— esbozó una débil sonrisa y clavó sus ojos verdes, algo más claros que los de Lana, en los del vikingo. En esa mirada había una súplica y un infinito amor. Apretó su mano, delicada y pequeña en comparación a las de Ulf.— Te he visto en el futuro. Llevarás muchas cargas, algunas muy pesadas, y no siempre saldrás bien parado de tus batallas. Pero eres fuerte, tu lobo te guía y si alguien puede con toda esa carga eres tú, Ulf. Sé que no te rendirás, que permanecerás en pie contra cada tempestad que sacuda tus cimientos. Déjame que te pida algo, por favor. Giuliana... en su futuro... algún día se sumirá en la oscuridad. Por favor, te suplico que no la dejes sucumbir a ella. Dejala que te ayude, que te acompañe, si en verdad sientes lo mismo que ella por ti. No tengas miedo a perderla, es más fuerte de lo crees, de lo que ella misma cree. Pero llegará el dia que caiga entre tinieblas y... si no la sacas tú, nadie lo hará. Está preparada para dejarte marchar, porque prefiere tu felicidad a la suya propia... sólo por eso, no la dejes ir.





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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Lun Ene 16, 2017 5:13 am

Me deje guiar a la cama, era incapaz de borrar esa sonrisa de medio lado, tampoco podía dejar de mirarla, quizás porque sabia que esa seria nuestra ultima noche y que en París, llegaría el momento de la despedida.
Me acomodé en la cama, su cuerpo contra el mio, sus labios en mi cuello, su brazo rodeándome, si existía una utopía debía sin duda de ser esta.
Cerré los ojos atesorando su olor, su tacto, recordando cada beso, para que me acompañaran durante el frio invierno.
Sonreí a escucharla hablar del nosferatu, mientras mis dedos se deslizaban hasta su culo para dejarle un pellizco.
-no te fallaban las fuerzas bruja, es que estabas muy ocupada gritando mi nombre -bromeé entre risas antes de encontrarme con sus labios.

De nuevo silencio, cálido, acompasado a nuestras respiraciones, ambos ensimismados en nuestros propios pensamientos, que posiblemente eran para con el otro.
No quería despedirme, por primera vez me planteé dejarlo todo, mis hombres me habían traicionado ¿que mas daba? Podía dar por concluida esa revolución, el norte, y acomodarme con esa bruja en Paris, tener una vida, esta vida, una en la que hiciéramos el amor cada noche y nos encendiéramos cada mañana con bromas que acabarían en risas y enfados tontos.
Felicidad, eso que no tuve en mucho tiempo es lo que sentía con esa mujer entre mis brazos.

¿Que me impedía mandarlo todo a la mierda? Höor, ese niño que vi crecer en le patio de armas, capaz de no doblegarse ante un destino que lo quebraba a palos. Sin Höor no abría norte libre, y yo tenia la obligación como vikingo de salvar mi hogar antes de crear uno distinto.
Un espérame que no fui capaz de pronuncias ¿como hacerlo? Si quizás no volviera, como pedirle que renunciara a su vida esperando que el vikingo volviera.
Tenia que dejarla ir, aunque mi egoísmo me dijera todo lo contrario.

Su respiración pesada contra mi pecho, el sueño la había vencido, aparte un mechón de pelo de su rostro para observarla en completo silencio.
-Te quiero -susurré tan flojo que apenas fui capaz de oírme a mi mismo.


Llegamos a la villa de los Mondrake, mi pequeña bruja estaba inquieta, su gesto lo decía todo y yo me limitaba a acariciar en completo silencio los blancos nudillos de sus manos como si ese gesto pudiera reconfortarla ahora que su madre se iba.

Entro en la mansión como un vendaval, mientras yo esperaba en el porche dispuesto a darle algo de intimidad, también yo tenia que luchar contra mis propios demonios, en especial contra el que me pedía que no la dejara ir, egoísta como ninguno la quería para mi y tal y como se hacia la hora de la despedida el tiempo se convertía en ese reloj de arena donde sentía me sumergía hasta ahogarme por completo.

La doncella me hizo llamar, al parecer su madre me quería hablar ¿de que? Si no la conocía de nada.
Aun así, seguía al servicio hasta la cámara, mi mirada se cruzo con la de Giuliana, ella era fuerte, parecía resignada, pero en sus ojos la mas profunda desesperación y tristeza se hacían evidentes.
Un beso en su frente cuando nos cruzamos y me acerqué al lecho de su madre mirandola fijamente.

Era una mujer bella para su edad, sin duda mi pequeña bruja tenia mucho de ella, sonreí contemplando a una mujer que ante su ultimo aliento pretendía proteger a su hija. También quería yo lo mismo ¿no lo entendía?
Escuché una a una sus palabras mientras las manos de esta se afianzaban a las mías. Mucho mas pequeñas, frías, pero firmes como una roca ante el choque de las olas.

Acerqué mis labios a su oído.
-Le voy a ser sincero, la quiero ¿cuando lo supe? Creo que ayer, me di cuenta de que para ser feliz no necesitaba un norte libre...si no a su hija en una cámara durmiendo placida contra mi pecho.
Aun así, tengo que liberar mi hogar, el norte. Quiero formar una vida con su hija, eso no voy a reconocerselo a ella ni borracho -sonreí de medio lado -la cuidare, se lo prometo, aun con mi ultimo aliento, cuidaré de Giuliana.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Mar Ene 17, 2017 10:23 am

Gracias...Que encuentres la felicidad que te ha sido negada hasta ahora, Ulf. Que tus dioses te guíen y te acompañen y que bendigan a los tuyos con el regalo de la libertad.— Amelia le dedicó una lánguida sonrisa, agotándose.— He visto una corona en la cabeza de un hombre con el pelo oscuro y el honor escrito en sus ojos. Espero que sea la vuestra.

La mujer cerró los párpados y entonces entraron Giuliana y su padre, Arthur Mordrake. Éste tenía en el rostro la expresión de una honda culpa que estaba expiando. Había sido "infiel" a su esposa yéndose de burdeles al llegar a París, pero es que 12 años era mucho tiempo para cualquiera. Amelia no lo culpó, es más, lo había perdonado y se lo hizo saber, pero ya era tarde, el hombre se sentía desolado porque había amado a esa mujer más que a nada en el mundo. Lana se acercó a su madre y la tomó de la mano, se estaba apagando y quería acompañarla hasta que exhalase su último aliento. No tardó demasiado, ya estaba en paz, había aguantado hasta poder ver a su hija y ahora podía aceptar la invitación de Legba a seguirle hasta la encrucijada de las almas.

El Loa estaba sentado sobre el armario, sólo visible para las brujas, esperando para llevarse el alma de la bruja wiccana. Cuando Amelia dejó de respirar, su alma se elevó y se marchó con el dios vudú a la otra vida. Giuliana se mantuvo serena, sin moverse, manteniendo la mano de su madre entre las suyas y dos lágrimas rodaron por sus mejillas. Su padre se pasó las manos por la cara y se quedó mirando por la ventana, en un silencio de duelo que se etendería durante días en esa casa.

Era el momento para Ulf de marcharse con su señora y arreglar los suntos que tuviera pendientes.

El entierro de Amelia fue a la mañana siguiente en el cementerio de Pére-Lechaise, justo en frente de su casa. Arthur había comparado un panteón que parecía una pequeña capilla, con dos torretas en forma de agujas, un tejadillo a dos aguas y un banquito de piedra al lado de varias estatuas de ángeles. El pasillo estaba cubierto de flores y coronas y al sepelio acudió mucha gente, que si bien, no conocían a la difunta, sí conocían al marido que era un hombre de negocios y que a fin de cuentas suministraba los ataudes a media Francia.  Giuliana vestía de luto riguroso y el pelo lo llevaba semirecogido. Le importaban tres pepinos que la gente cuchicheara sobre sus vestidos por las rodillas, no iba a cambiar de forma de ser, su madre no lo habría aprobado, le había dicho en su lecho de muerte que jamás desconfiase de ella misma. Además esa gente no la conocía de nada y tras la ceremonia probablemente no los volviera a ver y su existencia regresase a la más pura soledad.

Al menos ahora tenía un lugar al que acudir en el cementerio, donde estar tranquila, haciendole compañía a su madre. Echaría mucho de menos a Ulf, pero él tenía un destino que cumplir, y mientras ella no tuviera visiones, no podía ayudarlo, sólo entorpecerlo.


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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Miér Ene 18, 2017 11:38 am

La pequeña bruja volvió junto a su madre, me aparté hasta la puerta, era el momento de dejarle la privacidad necesaria a esa familia que aunque no se veía especialmente unida, si se apreciaba el amor   que se procesaban. Un respeto que yo mantuve a su dolor bajando la cabeza con la mandíbula cuadriculada.

La madre se apagó con la mano enlazada a las de su hija, esa mujer había aguantado el tiempo necesario para decir lo que necesitaba, para evitar que cometiera el mayor error de mi vida y a su vez, para no dejar que el miedo me venciera de nuevo alejándome de ella.

El padre parecía deshecho, por la ventana su alma se escapaba mientras perdía por ella sus vidriosos ojos.
Dejé escapar el aire lentamente, mis pasos retumbaron por la silenciosa cámara, acerqué mis labios a la mejilla de Giuliana, allí deposité un sentido beso y un mirada que lo dijo todo sin necesidad de palabras.

No era una despedida, solo un hasta luego, era el momento de dejarla gestionar su dolor y yo tenia que regresar junto a mi señora, explicarle lo sucedido en el norte y trazar planes nuevos pues ahora que el rey había perdido sus oráculos imaginaba que buscaría nuevas alianzas para proteger la corona que sobre su cabeza se instalaba.

Höor se haba convertido en la peor de las amenazas, su nombre era vitoreado en el norte, algo que no tardaría en llegar a los oídos de ese hombre.
Demasiadas cargas sobre mis hombros, unas que había jurado a la madre de Giuliana compartir con ella, otras con las que lidiaba en silencio desde hace demasiado tiempo y que tampoco había hecho participe a la pequeña bruja de ellas.

Estaba seguro de querer conocerla, empezar algo “serio” si es que podía llamarse así a tener exclusividad con una única mujer y ver que pasaba después.
No iba a prometerle el cielo cuando me perseguía una horda de demonios del infierno, pero creo que con ella las promesas no cobraban valor, si no los actos, y con ellos iba a demostrarle que estaría de un modo u otro a su lado.


A la mañana siguiente fue el entierro, la familia había comprado un pequeño panteon en aquel cementerio donde Giuliana y yo nos conocimos hace ya unas semanas. Pére-Lechaise , sin duda un lugar donde mi pequeña bruja podría llevar flores y hablar con su madre difunta.
La pequeña capilla era señorial, con dos torretas en forma de aguja, un tejado a dos aguas y un banco de piedra blanca a sus pies custodiado por unos ángeles armados.

Flores regaban el suelo de emotivos colores y alli estaba ella de negro sepulcral pero manteniendo su esencia como la que mas.
La contemplé en silencio desde la lejanía, no era mi momento, si no el suyo. Momento de despedidas.
La familia y amigos fueron pasando frente a ella, dándole un sincero pésame que ella acogía con el dolor de la perdida en sus ojos y la entereza de una guerrera en su alma.

Pronto todo quedó desierto, mis pasos se orillaron hacia la bruja, mi dedo recorrió su hombro deslizándose por su brazo hasta que nuestras manos quedaron enlazadas en una sola.
Su espalda contra mi pecho, parecía tan cerca de romperse en cualquier momento.
Mi otra mano buscó la suya, regalandole una rosa blanca, símbolo de pureza que contrastaba con la oscuridad de su vestimenta.
-Quizas no es el mejor momento pero...se que no me esperabas, se que creías que ayer no solo te despediste de tu madre si no de mi con ella -Hice una pausa, no era demasiado bueno con la palabras -es mi forma de decirte “hola, no me voy a ir”
No sabia ni como decirle lo que sentía, como explicarle que quería empezar algo con ella, algo real, sin mas despedidas.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Jue Ene 19, 2017 3:38 am

La gente se había marchado y sólo quedaban allí los sepultureros trabajando hasta encajar el féretro en el hueco de la pared del panteón, Arthur Mordrake y su hija Giuliana.

El único sonido que se escuchaba era el de la paleta que tapa el hueco y el rumor del viento que se había levantado entre las hojas de los árboles. No esperaba que acudiese, porque a buen seguro que tendría mil preocupaciones en la cabeza, los norteños rebeldes de París estarían trabajando a toda máquina para salvar la situación. Pero allí estaba, y cuando se colocó tras ella sintió que esa profunda soledad que pesaba como una losa se esfumaba por arte de magia. No era magia como ella la entendía, era otro tipo de magia aún mejor. Terrible, apabullante, pero mucho más fuerte que ningún poder oscuro.

No era bueno con la palabras, pero tampoco hacían falta, parlotear sin sentido sólo servía para equivocarse y mucho. Ese era uno de los peores días de su vida, junto con el ataque del nosferatu y la tarde en la que mató a cinco chicas inocentes. Y él había estado en todas, y estaba allí, de nuevo, para hacer de cimiento y de muro, para sostenerla y mantenerla a flote. El resto de días, el resto del tiempo era tiempo sin sentido, tiempo que fluía sin rumbo ni propósito. En los tres peores momentos de su vida Ulf había sido su luz, su salvación, su tabla de náufrago. ¿Lo habían puesto allí los dioses? ¿O se había puesto él, dirigiendo las riendas de su destino? Qué más daba. Estaba allí, punto.

Depositó una rosa blanca en sus manos con unas breves palabras. Jamás nadie le había regalado nada así. Sólo su familia en los cumpleaños o navidad y siempre eran regalos materiales, cosas que eran útiles o bonitas pero no tenían ningún significado especial. "No me voy a ir". Ay. No necesitaba escuchar nada más, aunque esa promesa no pudiera cumplirla porque no estaba en sus manos, sino en las de los dioses y el destino, eran las palabras que más hondo le habían calado junto con las que le dijo su madre al despedirse.

Se giró y lo abrazó, enterrando la cabeza en su pecho, permaneciendo así un buen rato. Su madre se había marchado, pero el karma le mandaba a Ulf. ¿Merecía ese regalo? era mejor no pensarlo, porque probablemente su mente dolorida la traicionaría y tomaría decisiones incorrectas.

El señor Mordrake pasó a su lado, le puso la mano en el hombro a Ulf y le hizo un gesto de asentimiento con la cabeza. Era un "gracias" y un "bienvenido". Se retiró caminando despacio y algo encorvado, de pronto parecía que le habían caido quince años más encima. Quizás para otras personas tomarse un tiempo de duelo sería lo adecuado, pero Arthur prefería sumirse en el trabajo y tratar de no pensar, como había hecho durante todos aquellos años. De joven se enamoró de una bruja, una cuya magia curativa era un milagro y una bendición. Pero la vida no les regaló mucho tiempo de felicidad, Giuliana estaba sana y era una niña inteligente y callada, pero al morir sus otros hijos Amelia se perdió en el limbo, por no haber podido curarlos ni salvarlos, y su familia se vio truncada. Arthur no culpaba a la magia ni a los dioses, simplemente durante 12 años trató de mirar hacia otro lado y no pensar, porque se le partía el alma al ver a su mujer como un mueble. En su calvario personal se olvidó de que su hija también se había quedado sola y aunque se llevaban bien y hablaban de cosas cotidianas, no se expresaban cariño con abrazos ni besos ni un entusiasmo desmedido por estar juntos. Simplemente ambos aguantaban el mismo peso de la vida y eso les unía. Arthur sabía lo que era enamorarse de una bruja, lo sabía bien. Y sólo le deseaba a su hija la felicidad que él no había tenido, y que Ulf no fuera tan idiota como había sido él, al dejar escapar todos esos años por no saber cómo asimilar lo que el destino le había mandado.


--------------------------------------------------------------------

Días después. Cementerio de Pére-Lechaise, panteón de los Mordrake.

El panteón se había convertido en un lugar frcuente para la bruja. Se sentaba en la mesita de piedra y escribía en un libro con cubiertas de piel marrones. Había decidido escribir una especie de diario con sus visiones, con sus reflexiones, porque a veces soñaba o veía cosas que no cobraban sentido hasta meses o años después. Llevaba tres días con un sueño recurrente. Posiblemente significase algo, pero no estaba segura de lo que veía porque aparecían pequeñas variaciones en cada visión.

Una niña que no superaría los 7 u 8 años, con el cabello dorado como el trigo y unos ojos claros corría por un campo de alta hierba. Al principio la visión era plácida, era como un día de primavera, casi podía oler a madera quemándose en alguna chimenea cercana. Pero de pronto escuchaba gritos, agudos, infantiles y todo se precipitaba. Era como si lo viviera en primera persona, rodaba por la hierba y podía escuchar el tintineo del metal de algún tipo de arma chocando, cascos de caballo y voces. Confusión y después oscuridad, humedad y el sonido de una gotera. Pan seco en un plato y frío. Lo más extraño es que sentía el hambre y el frío y en un momento determinado gruñía, como si de un animal se tratase. Como si esa niña que veía se hubiera convertido en un perro. Escuchaba una voz masculina que atronaba con la siguiente palabras que no entendía.

¡¡hans bror eller far vil komme!! (Su hermano o su padre vendrá)

Trató de dibujar los rasgos de la niña, no se le daba muy bien el dibujo, pero la había visto tan nítida durante aquellas tres noches, que el retrato tenía un parecido bastante razonable.





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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Jue Ene 19, 2017 8:15 am

Pasaron los días, unos tranquilos, Giuliana y yo seguimos encontrándonos en ese cementerio donde nos conocimos, claro que ahora ,la lapida de su madre era nuestro punto de encuentro y frente  ella habíamos empezado ha hacernos ciertas confesiones mudas.
No estaba preparado para ir deprisa, no cuando mi vida era la guerra y  mi destino estaba trazado por los dioses y en parte por mi mismo.

El norte estaba en pie de guerra, las tropas estaban reubicandose y entre el pueblo se habían empezado a seleccionar jóvenes vírgenes, pues se pensaba que los dioses repartirían el don arrebatado a nuevas doncellas.
Madres que lloraban la perdida de sus hijas que eran enviadas al templo para pasar ciertas pruebas.
Lastima me daban todas ellas, pues bien sabia que las que no lograran mostrar visiones certeras drogadas hasta la médula, serian tomadas por el rey alegando, si es que le era necesario, su capacidad de pernada sobre toda doncella virgen del reino.

Los jóvenes, estaban siendo reclutados. En el norte pronto no quedarían granjeros que cultivar los campos, pues el rey llenaba su patio de armas con jóvenes que lo defendieran como mercenarios.
Sin embargo esos padres a los que le robaban hijos e hijas tenían que seguir pagando los altos diezmos, el norte se hundía y yo con el.

Con la mente turbia en historias que pesaban como bien dijo la madre de mi pequeña bruja sobre los hombros, legue al cementerio. Sonreí a Guiliana guiñándole un ojo mientras me acercaba.
-Empiezo a pensar que quedas aquí conmigo para que no te meta mano -bromeé tomando asiento tras ella.

Su espalda pronto se acomodó en mi pecho, un cuaderno de notas en su mano, lápiz en la otra y sus labios que me buscaron cuando los míos la encontraron.
-¿que haces nena? -pregunté llevando mi mano a la suya para ver lo escrito en el cuaderno. -¿me escribes una carta de amor? -dije con tono burlón.
Mi gesto cambio cuando vi el dibujo de esa niña en el.
-¿Que broma es esta? -pregunté con todo mi cuerpo tenso como las cuerdas de una arpa.
Me puse en pie de un salto ,como si ahora su cuerpo quemara y ella fuera la culpable de que en ese cuaderno esa niña de la que nunca le había hablado quedara retratada.

El silencio se interpuso entre nosotros mientras daba vueltas por la pequeña capilla desesperado, tratando de asimilar el motivo por el cual conocía la existencia de Freya.
Volví a enfrentarla, necesitaba respuestas y solo ella podía dármelas.
-¿Por que tienes ese dibujo en tu cuaderno? ¿de que la conoces? ¿que has visto?
Llevé una de mis manos a mi rostro, restregando la palma por este completamente angustiado.
-Giuliana habla, ¿que le ha pasado?




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Jue Ene 19, 2017 1:45 pm

El hecho de que en esos días Ulf fuera a visitarla a ratos la consolaba muchísimo, esperaba con ansia verlo aparecer por el cementerio y pasar una hora o dos con él. Sonrió al sentirlo a su espalda, se acomodó contra él y buscó inconscientemente un beso. En esos gestos no había el impulso devastador de la lujuria o la necesidad, sólo las ganas de besarlo, abrazarlo y tocarlo, comprobar que estaba bien, hacerle saber que estaba ahí para lo que necesitase, ya fuera hablar, o pasar el rato y olvidar por una tarde los problemas.

Pues... he estado pensando que este sitio para mi es un lugar familiar pero para vernos es... extraño. ¿Te gustaría venir a casa? es enorme y sólo estamos mi padre, Florence, la cocinera y yo.— Solía quedarse sola casi todo el dia, mientras Arthur se marchaba a la fábrica o incluso varios dias cuando su padre viajaba a otras ciudades para hacer más negocio.

Cuando le preguntó que hacía le enseñó el diario, había parrafos escritos y dubujos con anotaciones, todo fechado para saber cuándo había visto o soñado aquello, y si luego había podido averiguar algo al respecto. Su reacción la asustó. ¿Broma? ¿quién le estaba gastando una broma? desde luego ese dibujo lo había agitado profundamente, con lo cual sobraban algunas preguntas obvias. Abrió mucho los ojos con gesto preocupado.

Reconoces esa cara... es alguien importante para ti...— susurró, deduciendo por su reacción lo que sucedía.— La he visto en sueños, llevo tres días viéndola. ¿Forma parte de tu pasado? Ulf... no sé qué significa lo que veo, puede ser algo que vaya a suceder o que ya haya sucedido... no lo sé.

¿Quién sería esa niña? alguien de su familia? Podría ser su... hija. Podría serlo, tenía edad suficiente para ser padre. Por respeto, prefirió no preguntar, lo que Ulf quisiera contarle, lo aceptaría y lo que no estuviera preparado para contar, no lo presionaría.

Veo un prado de hierba alta, y ella pasea tranquilamente, pero de pronto escucho cascos de caballo y ruido metálico y cae rodando. Grita y se oyen voces que no entiendo. Después está oscuro y húmedo y hay un plato con pan duro, parece una prisión. Una voz masculina grita "hans bror eller far vil komme" y todo se apaga de nuevo. Es el mismo sueño desdehace tres dias, con pequeñas variaciones.

Miró a Ulf preocupada, retorciéndose las manos, no estaba segura de si había hecho algo mal, porque parecía enfadado, tenso. Ella no elegía lo que veía pero quizás hubiera metido la pata al contárselo, porque las visiones eran inciertas y a veces no sucedían, y lo estaba preocupando antes de tiempo.

Ulf... no sé quien es ni si se cumplirá lo que he visto, pero cuenta conmigo para... lo que sea.





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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Vie Ene 20, 2017 7:13 am

Tomé asiento a su lado de nuevo, aunque era evidente que el no tocarla evidenciaba mi desazón, lo perdido que me encontraba en ese momento y como las ideas rondaban mi cabeza hasta el punto de todo darme vueltas.
Escuché la historia, esa que decía haber visto durante tres noches a esa niña correr feliz por un prado, hasta que quedo apresada por los fieles al rey, por su ejercito sobrehumano.

Busqué su mirada desesperado, mis manos apretadas dibujaban el color blanco en mis nudillos.
-¿ Has visto una mujer anciana con ella? ¿esta presa también?
De sobra sabia que mi madre jamas hubiera permitido que se llevaran a Freya de seguir ella con vida.
Eso solo daba dos opciones, una que estuviera también presa o que hubieran acabado con ella.

Tomé los brazos de Giuliana para que me mirara, necesitaba una respuesta, mi desesperación se afianzaba cada segundo que pasaba y mis modales vikingos salieron a relucir cuando mis dedos se hundieron en su piel dañando a la pequeña bruja que no tenia culpa de nada.
Alcé las manos mostrándoselas, mientras mi pecho subía y bajaba agitado, arrepentido por el rudo acto.

Volví a hundir mi cabeza entre las manos, enredando mi pelo entre los dedos, supongo que era el momento de explicarle quien era Freya.
-La niña se llama Freya, hace ya unos años tuve una relación con una mujer escudera, a ver, “relación” unos cuantos encuentros tras arduas batallas lejos de casa. Nada serio, nada que implicara sentimientos.
A los ocho meses nació Freya, así se llama ella. La madre dio a luz en la batalla, su madre no sobrevivió y los norteños trajeron de vuelta ademas de lo saqueado en Inglaterra a la pequeña.
Yo en ese entonces estaba en escocia batallando en nombre del rey, así que cuando llegaron frente a nuestro hogar, mi madre no pudo negarse y la acogió como si de una hija mas se tratara.
Meses después regresé, a mi vuelta, ella estaba en casa. Desconozco si soy su padre, cabe la posibilidad, también de que lo sea otro vikingo o el mismo rey pues malas lenguas apuntaban que el tomaba a su madre como amante cuando le venia en gana.
El caso es que ha crecido en mi hogar y ella es mi familia, sea o no yo su padre.

Apoyé la frente en su hombro, escuchaba el consuelo de sus palabras, pero era consciente del significado de esas palabras dicha en noruego.
Era una trampa, me esperaban, sabían que yo había liderado la revolución y el rey me quería encadenado, fustigado y con la cabeza separada de mis hombros.
Sabia que era mi vida o la de Freya y tenia clara la elección.

Mi mano se enredo en su nuca para atraerla, besé sus labios despacio, un beso que supo a despedida, mas no se lo dije, porque apenas hacia unos días le había prometido lo contrario.
-Bruja, eres especial, no por la magia, no por tus dioses, ni por tus visiones, eres especial porque solo tu has logrado que me plantee que para mi hay esperanza, que la utopía de tener una familia, de compartir una vida con alguien se puede cumplir.
Gracias pequeña bruja -susurré contra su boca.

Ahora solo un hombre podía ayudarme, uno que en breve iba a desposarse, era egoísta pedirle que volviera la norte conmigo, peor solo el movería las masas suficientes para que hubiera esperanza para Freya.





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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Vie Ene 20, 2017 5:33 pm

La desesperación de Ulf se hizo patente en su nerviosismo, en cómo la agarró del brazo apretando más de la cuenta. Sabía que no era por ella, que sólo estaba tenso, pero igualmente exclamó un quejido y la soltó.

¿una mujer anciana? no... no no recuerdo haberla visto. Ulf, no sé lo que significa el sueño, quizás no ha sucedido aún o quizás nunca suceda... no estoy segura. A veces son sólo advertencias y...

El lobo hundió las manos en su cabeza, en un gesto de frustración. Se estaba enfrentando a sus propios fantasmas y de momento éstos iban ganando la batalla. Poco a poco le explicó quien era la niña. A pesar de que su origen pudiera ser incierto, que quizás no fuese hija suya, en el tono de su voz se delataba el amor que le tenía a esa pequeña y a la mujer anciana. Eran su familia, y daba igual si compartían su sangre o no. Entendió que Ulf cargaba con un peso enorme y adelantó las manos hacia sus mejillas para obligarlo a levantar los ojos y mirarla.

Ulf... sé lo que crees que significa. Yo también creo que el rey intentará chantajearte. Hay que llegar a ellas antes que el rey... si quieres... tráelas aquí, en mi casa hay sitio de sobra... y no te preocupes por el viaje. Si esto necesita incógnito, mi padre mueve mercancías por todo el mundo, pueden llegar a donde quieras.

Recibió el beso y le dolió en el corazón verlo tan desesperado, tan perdido. Él siempre se mantenía a flote, pero esa vez estaba bordeando el abismo. Entonces le dijo que era especial, que se habría planteado una vida con ella. Eso... era muy grande. La inmensidad de esas palabras, lejos de atontarla la instaron a apretar los dientes. El futuro de Ulf era el suyo.

Ulf... sé que me vas a decir que no vaya contigo, pero no quiero quedarme aqui de brazos cruzados. Puedo ayudarte, como sea, en la medida que pueda. No le tengo miedo al rey, ni a la muerte porque sé que sólo es un camino de paso más. Pero sí tengo miedo de no volver a verte. Te prometí que si tu camino era la muerte, el mio sería la vida, y esa promesa la mantendré, pero si puedo evitar que te vayas antes de tiempo...déjame intentarlo. No me importa que Freya sea tu hija, aunque no lo fuera tú la quieres como tal, y eso me basta. Tu familia es importante para ti, como la mia lo es para mi y haré todo cuanto esté en mi mano para protegerlas.

No quería regresar al norte, lo cierto es que no guardaba buen recuerdo, pero por Ulf iría hasta las puertas del infierno a buscarlo. Lo abrazó fuerte, porque el tiempo de esconder la intensidad de lo que sentían, se había terminado.

No hay tiempo que perder... si necesitas transportes, cuenta con ello, y con el dinero del que dispongo. Iré a casa y trataré de provocar las visiones, a ver si consigo algo más.





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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Sáb Ene 21, 2017 1:19 pm

La bruja tomó mi rostro alzándolo para forzarme a mirarla, creo que pudo ver en mis ojos y por primera vez la imposibilidad de trazar un plan, estaba desesperado .Ellas eran todo cuanto me quedaba y si era cierto que Freya había caído en manos del rey solo podía significar que mi madre yacía muerta.

Mis ojos amarillearon presos del desasosiego, ni siquiera me sentía capaz de controlar el cambio que ahora se producía en mis dientes sintiendo los colmillos aflorar contra mi lengua. Tomé aire un par de veces, como si me faltara el oxigeno en un vil intento de calmarme, pero la paz no llegaba.
-Necesito beber -aseguré casi sin escucharla.
Sus dedos acariciaron mis mejillas en un intento de darme aliento.
-No puedo traerlas a tu casa pequeña bruja, las seguirían, te pondría en mas peligro del que ya te estoy poniendo ahora mismo.

Me puse en pie, dando vueltas por el lugar como un animal salvaje enjaulado.
-No lo entiendes, estar a mi lado es peligroso y se que no quieres quedarte aquí, se que quieres ayudarme, se que piensas que los dioses marcaran el camino que nos permitirá vivir felices un para siempre. Uno que solo esta en tu maldita mente. -Rugí enfadado. Mi estado de animo cambiaba por instantes.
-Pero yo se la verdad, mis dioses son guerreros y conocen el sufrimiento, la tragedia y la sangre que se derrama en el campo de batalla.

Volví a acercarme a ella, dejándome caer de rodillas para mirarla de frente, hundiendo mis orbes ámbar en sus verdes.
-No voy a mentir, te quiero, creo que a estas alturas eso ya es ningún secreto, pero justo por eso he de mantenerte lejos de esto.
¿como voy a pedirte que vuelvas al norte conmigo?
Sabia que su ayuda era inestimable, que llevarla a ella era una baza ganada, pues de un modo u otro podía adelantarse a los movimientos del rey y mas ahora que las oráculo no estaban.
Pero..por otra parte, no soportaba la idea de perderla.

Negué poniéndome en pie, de nuevo mis pasos se perdían por la capilla una y otra vez, casi podía oírme gruñir de la desesperación, estaba tan cerca de perder el control.
-Visiones, inténtalo -la miré fijamente -busca lo que puedas, te acompañaré a tu casa...y de paso me das algo de beber.

Descontrolado acorté la distancia hasta Giuliana, que me miraba posiblemente intentando comprender mis actos que pasaban de un extremo al otro de un modo desordenado, caótico.
Mi boca apresó la suya, necesitada de saciar su sed, mi mano atrajo su nuca permitiéndome jadear contra sus labios una y otra vez.
-No se que hacer -reconocí.

Eso era lo que me ponía así, yo era el capitán siempre sabia lo que tenia que hacer, hasta en la mas ardua de las gestas, no perdía el norte, era capaz de liderar a los vikingos hacia la victoria sin temblarme el pulso ni por un segundo, a fin de cuentas el Valhalla era un triunfo.
Mas hoy estaba perdido, no veía el modo de sacar a Freya con vida, sin perder la mía en el intento.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Lun Ene 23, 2017 4:17 pm

Sabía que sus palabras eran fruto de la desesperación y de la perspectiva de una pérdida inminente, de su hija y de su madre posiblemente. Podía entender ese hondo dolor unido a la incertidumbre. Aún así le dolió que dijese que un futuro juntos era una imaginación, un sueño imposible, una utopía. Trató de calmarlo, hasta su anatomía salvaje se rebelaba produciendo cambios parciales en su cuerpo, completamente descontrolado. Lo abrazó, lo acarició y lo dejó que gruñera y maldijera tanto como necesitase. Por contra le había dicho que la quería, eso podía notarlo, sentirlo cada vez que sus ojos se encontraban, cada instante que rozaban los labios o fundían sus manos. Pero escucharlo en su voz fue un impacto tremendo. Quizás fuera la inconsciencia que le otorgaba su corta edad, o el exceso de energía de la juventud, pero esas palabras fueron la espuela que la picaron a mantenerse firme cuando Ulf flaqueaba. Ese amor que decía sentir por ella fue el alimento que su coraje necesitaba y en su cabeza se formó un plan.

Lo arreglaremos... encontraremos la forma.— le dijo cuando él se lamentó por no saber qué hacer, apretando sus hombros y mirándolo de frente, manteniendo el gesto firme.

Tiró del lobo hacia su casa que estaba a pocos metros del cementerio, Florence estaba cocinando y su padre no había regresado de la fábrica, así que cogió varias botellas del mueble bar y sendos vasos, subiendo a su cuarto con Ulf. Necesitaba provocar las visiones, así que mezcló absenta con bourbon, azúcar, limón y bitter para hacer un Sazarac como el de Nueva Orleans. Se sirvió un vaso bastante cumplido y empezó a beberlo a sorbos sentada sobre la cama.

Intentaré provocarlas, quizás tenga suerte y me digan algo más, si ya ha sucedido o es algo que debe suceder... qué pasará después... no sé, cualquier cosa es bienvenida.— miró a Ulf con una fuerza interior que se reflejaba en esa llama sutil de sus ojos. Estaba decidida a hacer lo que fuera, porque ahora tenía un motivo personal para pelear.

La habitación empezó a estar borrosa, esa cantidad de alcohol iba a darle una buena resaca al día siguiente, pero era necesario. Apuró el vaso y mientras esperaba que hiciera efecto se acercó a Ulf y se acurrucó entre sus brazos buscando el sopor y la calidez de éstos antes de caer en la oscuridad azulada y el frío que solía sentir. Le costó bastante hasta que su mente vagó por el territorio de la alucinación que producía la absenta y cuando desaparecieron las barreras mentales las visiones llegaron, produciendole el trance que tan bien conocía ya el lobo. Su cuerpó se crispó, se puso rígido y los ojos se pusieron en blanco.

Las visiones provocadas por el Sazarac solían ser un poco psicodélicas, poco claras, incluso dolorosas. El alcohol y las drogas ayudaban a encontrar el camino pero la mente embotada no era capaz de discurrir correctamente.

Despertó dos horas más tarde, la noche ya estaba instalada en el exterior y su cabeza daba vueltas; tenía una sensacion de cactus en la garganta y la boca seca.

Ulf... la he visto... a tu madre. No la matan, sólo está inconsciente en el suelo, un golpe en la cabeza...supongo que creen que está muerta. Y he visto...al mismo hombre de la boda, el del pelo oscuro, acabar con la vida del rey. No sé cuando será, no sé si se cumplirá, pero... creo que eso es bueno ¿no?

Se pegó a él, buscando su cuerpo, su calor, porque entre el alcohol y las visiones perdía mucha energía y temperatura corporal. No podía evitarlo, estar tan cerca y no acariciarlo, no pasear las manos por su piel y no buscar sus labios. Probablemente se habría terminado las botellas durante su trance, pero su metabolismo animal lo toleraba mucho mejor. Todavía estaba algo mareada y Ulf no estaba en su mejor momento, pero sabía que su cuerpo siempre respondía a la cercanía, y lo buscó. Necesitaba tenerlo por una puñetera vez sin que fuera una arrebato loco contra una pared. Estaba jodido, y ella sólo quería hacerle saber que también lo quería, pero sin necesidad de palabras.

Se sentó sobre él en la cama y tiró de su camisa hacia arriba para quitársela, haciendo lo mismo después con su propio vestido. Su pelo caía hacia delante como una cascada del color del trigo. Pasó sus manos despacio por toda su piel, sin prisa, estaban en su propia habitación, en su cama, y no tenían mucho tiempo que perder, pero hasta que amaneciera no había mucho más que pudieran hacer, y perderse el uno en el otro le pareció una buena idea.





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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Miér Ene 25, 2017 8:18 am

Giuliana tiró de mi mano hacia su casa, por primera vez, mi cuerpo no busco el suyo, sumido en mis propios pensamientos de culpa, dolor y preocupación infinita.
¿Como podía haber sido tan estúpido de pensar que liderar la revolución para destronar a esa bestia que teniamos como rey no traería consecuencias?
Debí haber pensado en mi familia, había estado tan sumido en salvar el norte que me había olvido de proteger a los míos.

Llegamos a la casa de la pequeña bruja, un olor a comida pronto inundo mis fosas nasales, la bruja no se detuvo en saludar a la mujer que cocinaba, tomo varias botellas y tirando de nuevo de mi subimos escaleras arriba.
Se sentó en la cama, sus ojos me buscaban mientras vertía el liquido de las botellas en el vaso.
-Lo siento -susurré volviendo a hundir mi cabeza entre las manos.
De nuevo la metía en otro lio, la obligaba a colocarse para poder ver algo mas sobre mi familia, consciente de la autodestrucción a la que la sumía por estar conmigo, por ayudarme.

Pronto su cuerpo cedió a los efectos del alcohol, me alcé para rodear su cintura, sintiendo su cabeza recostarse sobre mi pecho, sumida en un ebrio duerme vela, mis labios buscaron los suyos una y otra vez, sediento de ella. Su cuerpo rígido, sumido en las visiones que la torturaban, mis dedos acariciaron su pelo apartándolo de su precioso rostro mientras la acunaba tratando de suavizar, si es que eso era posible el dolor en el que estaba sumergida.

Finalmente su cuerpo cayo en un coma profundo, aun pegada al mio, durmió un par de horas, tiempo que utilice para dar buena cuenta la resto de las botellas. Necesitaba olvidar, necesitaba acallar a esas voces que gritaban en mi cabeza que tenia que dejar a Giuliana ser feliz, y solo lo seria lejos de mi.

Cuando abrió los ojos nuestros ojos se encontraron, palabras que susurro con decisión, llenándome de esperanza, mi madre seguía con vida, y la pequeña Freya, aun cautiva podía ser rescatada, ahora solo tenia que intercambiar mi vida por la ajena. No me parecía un mal trato si con ese gesto mi familia salia de esta con vida.
Yo era un guerrero, no temía a la muerte y era consciente de que Höor destronaría a ese maldito rey que posiblemente me sentenciaría a muerte.
Muerte que no caería en vano, que alentaría a nuevos vikingos a seguir luchando por la libertad de un norte digno de un buen rey.

Giuliana podía notar mi desesperación ,su cuerpo se orillo al mio, como si fuera capaz de leer la inmensidad de mis pensamientos. Boca que se apago hambrienta contra la mía, en ese momento ninguno de los dos estaba totalmente cuerdo, el alcohol invadía el cuerpo de ambos, mas la necesidad nos empujaba como la lava del volcan arrasando toda cordura a su paso.

La pequeña bruja me desnudo como si de un niño me tratara, la verdad en ese instante de ebriedad, casi lo era, su cuerpo pronto quedo del mismo modo, piel con piel nos dejamos caer sobre el lecho.
Dedos que se acariciaron hasta quedar enlazados, frente contra frente, nos miramos jadeando, dejándonos embriagar por el otro mientras nuestros labios colisionaban ardiendo como el fuego.
Gruñí al sentir sus caderas moverse sobre mi falo, húmeda la entrada de su vagina acogió mi falo, permitiendole entrar muy despacio.

Aquello distaba mucho de las otras veces, esta vez nuestros ojos estaban anclados en los del otro, hacíamos el amor, no era sexo. Los movimientos cada vez eran mas incendiarios, sus caderas cabalgaban a un ritmo frenético sobre mi virilidad, hasta que sentí como mi simiente se esparcía en su interior.
Mordí sus labios acallando mis gruñidos, casi aullidos mientras su espalda se arqueaba entre mis manos sintiendo mis últimos coletazos.
Calló exhausta sobre mi cuerpo, ambos acompasando la respiración con la del otro con una sonrisa en los labios.
Acaricié su espalda desnuda mientras mis ojos se cerraban, estaba demasiado borracho y la modorra podía conmigo.
Mi mano calló inerte sobre su cuerpo y Morfeo se apoderó de mi sueño.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Jue Ene 26, 2017 1:38 pm

Le dolía en el alma verlo así, tan abatido, tan perdido, y no sólo lo quiso consolar con su cuerpo sino con todo lo que sus labios callaban hechos besos. Las demás veces había sido sexo guiado por el instinto, pero habían cambiado muchas cosas desde aquella pensión. Ellos ya no eran los mismos, nada era igual, y algo estaba creciendo entre ellos y no era la distancia. ¿Amor? bonita palabra, pero pequeña para describir tantas cosas, tantos detalles, tantos sentimientos. Si en esa palabra cabían la ternura, la pasión, la admiración, la complicidad, el anhelo, la preocupación por el otro y un sinfín más de cosas que sentía por Ulf, entonces... sí, era amor.

Le había dicho que la quería, y ella estaba dispuesta a hacer lo que fuera por él, ya no había vuelta de hoja. No quería abandonar el lecho de nuevo, quería quedarse allí con él y echar atrás el tiempo para que nada de las circunstancias actuales hubiera pasado. Pero no era posible. Tenía que actuar y había decidido que de esa forma sería la mejor tal y como habían venido las visiones.

Se levantó sin hacer ruido, escribió una nota y la dejó a su lado, saliendo y cerrando la puerta sigilosamente. Dos horas después estaba en el puerto subida a bordo del barco de su padre, que había rebautizado con el nombre de Amelia, su difunta esposa.

La nota estaba sobre las sábanas y decía lo siguiente:


Querido Ulf,

me parte el corazón marcharme en medio de la noche como si fuera una ladrona, y así me siento. Siento que estoy robando la posibilidad de decidir otra cosa por ti mismo. Pero en mis visiones voy sola al norte, y el resultado es bueno, así que debo tratar de hacer lo mismo.

Sé que vendrás y que de nuevo habrá sangre, aún no sé dónde ni con quién, no pude verlo claro. Pero también sé que sacaré a Freya del castillo, y es todo cuanto importa. Tú eres todo cuanto me importa ahora y no puedo soportar verte hundido. Esta tarde me dijiste que me querías y jamás en mi vida me había sentido tan importante. Sé que eres un guerrero, que no temes a la muerte...yo tampoco, de hecho suelo hablar con él en sueños o en mis visiones. No es el más allá lo que me aterra, es una vida vacía sin ti, sin tus ojos, sin tu sonrisa. Si tu destino es morir, yo no soy nadie para arrebatarle eso a tus dioses, pero mientras me lo permitas, velaré para mantenerte conmigo.

Mientras te escribo te observo dormir y respirar agotado en mi cama y me pregunto si será la última vez que te vea así, dormido, embriagado de mi piel. Ojalá que no. Pero para tener una posibilidad tengo que irme y cumplir lo que vi... porque yo también te quiero.

Giuliana M.


-----------------------------------------------------------

Puerto de Bergen, dos días más tarde.

El Amelia atracó en el puerto, esta vez Giuliana no se había ido con lo puesto, llevaba un baúl con todo lo necesario para hacer vudú, dinero en abundancia y varios hombres que conocían la lengua de los noruegos. Su padre no había insistido en que se quedase, porque sabía que acabaría yendo igualmente cuando le explicó lo que sucedía, así que el hombre se ofreció a acompañarla y a llevarla en su barco. No era hombre de mar, pero era su única hija y lo único que le quedaba tras morir su mujer. Descabellada o no, aquella travesía no la haría sola.

Entendió que Lana bebiera los vientos por Ulf, también él y Amelia habían sido jóvenes una vez, y las mayores locuras se cometían por amor. Sabía que las brujas eran especiales, sabias, de alguna forma sus actos nunca eran arbitrarios aunque lo pareciesen, y su hija no iba a ser la excepción. Giuliana se había pasado los dos días casi en su totalidad metida en el camarote, necesitaba hacer la magia que tanto iba a necesitar después. Se había arriesgado hasta el extremo, y aunque ahora sus ropas lo ocultasen, su cuerpo había padecido bastante, pero era necesario hacer eso, era la única salida.





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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Sáb Ene 28, 2017 10:04 am

De nuevo la fría soledad del lecho cuando abrí los ojos, lejos de encontrar sus brazos calmando mis miedos, solo encontré una hoja cargada de letras en las que tomaba su decisión ajena a la propia.
Arrugué la carta arrojándola con rabia sobre las llamas de la lumbre, pequeño fogonazo de esta contra el papel que pronto quedo tan calcinado como mi piel.

Rabia en mis entrañas mientras me recolocaba la camisa sobre mis hombros abrochandola sin calma. De nuevo lo había hecho, decidir por mi, pensar que sus visiones eran certezas absolutas, irse al norte, así lo había visto, así lo había dispuesto.
Estaba loca, no conocía el idioma, no tenia ejercito que respaldase sus malditos actos. Su misión era suicida, no podía presentarse frente al rey con las manos vacías y volver con la pequeña Freya. Mi rey no funcionaba así, él era un monstruo, una serpiente sibilina, solo soltaría a Freya si a cambio lograba lo que quería, en este caso yo. El hombre que lo había ridiculizado haciéndolo sangrar, posiblemente incluso ya correría el bulo sobre que envenené a sus oráculos y por eso fui atrapado y sentenciado por alta traición.

No sacaría a Freya, no si no le daba algo valioso, ahora tenia dos problemas, rescatar a mi hija y a la mujer a la que amaba, a este paso, ni siquiera mi vida seria suficiente como para salvarlas a ellas.
Solo suplicaba que no dijera que era bruja, que el rey no supiera de sus visiones, ni de su poder, que desconociera que era ella la que por medio de dioses ajenos había logrado matar a los oráculos.
De descubrirlo, jamas la dejaría ir, era demasiado valiosa, era demasiado peligrosa.

Abandoné la mansión a caballo, necesitaba la ayuda de Höor, no me quedaba otra, no podía enfrentarme a un ejercito con una espada y un escudo.
Las calles de París estaban desiertas, tanto como mi desazón y mi incertidumbre, cascos del caballo que golpeaban raudos, perdiéndose en el adoquinado.

La mansion Cavey se alzaba imponente, el servicio hacia horas que se había puesto en pie, pregunté por el señor de la casa a una de las criadas, que no tardo en acompañarme con la mejor de las sonrisas al patio de armas.
Se notaba que el servicio apreciaba a Höor, algo que entendía a la perfección, nunca fue un soberbio pese a su clase, mas bien lo contrario, codo con codo trabajaba, luchaba y sangraba como uno mas.
Con las manos vendadas, así como los tobillos golpeaba uno de los sacos que colgaban del patio central. Movimientos rápidos, diestros, letales, mientras su respiración se acompasaba a ellos.

Se detuvo al verme llega, una sonrisa amplia acercándose a mi para golpear mi pecho con su puño antes de fundirnos en un abrazo.
Golpeé su espalda con la palma, ambos sabíamos que aquello no era una visita de cortesía, de lo contrario la hubiera anunciado.
-¿que sucede? -me preguntó con el semblante serio -¿mi madre?
Asentí, tranquilizándolo, mientras dejaba escapar el aire abatido aunque en pie y no caído
-Es Freya, el rey la tiene presa.

Su brazo pronto se poso en mi hombro instigandome a hablar mientras sus semblante se endurecía y sus ojos ardían como el fuego oscureciéndose como el abismo.
-Sabes que fui al norte a liberar unas tierras vuestras mi señor, la gesta fue ganada, mas no solo a golpe de hacha y espada. Höor ,en Paris he conocido una mujer, mentiría si os digo que es como las demás, pues es una bruja, peligrosa, letal y perfecta.
Pude ver en sus ojos el entendimiento de otro hombre tan enamorado como yo mismo.
-Señor, esta noche abandono mi lecho rumbo al norte, es terca, no atiende a razones, ha decidido ir sola a por Freya. Se por que lo ha hecho, dice que así tenia que ser, que así lo vio en su trance, mas mi señor, os pido, no, os suplico un barco para ir tras, ella.
Ire de todos modos, no es permiso lo que pido, pues no hay mar bastante ancho que no sea capaz de cruzar por ambas mujeres.
Vi como meditaba mis palabras, mientras liberaba sus manos de aquellas vendas.
-Os daré mucho mas que un barco Ulf. Sabes que ahora mismo tomaría mi acero y mi escudo para ir junto a ti al norte, Freya es una de los míos, una niña, no permitiré que pague por una guerra que es nuestra y no suya.
Ven, sígueme.

Nos adentramos en la mansión, recorrimos los pasillos hasta el despacho que al parecer era de la señorita Cavey.
Ali le vi tomar asiento con rapidez cogiendo de la bandeja una de las hojas con el sello real.

Rey del norte.
Tio, como bien sabéis, mi alianza con la dama Cavey será en breve y ambos hace poco hemos pasado a ostentar el cargo de condes.
Todas nuestras tierras están subyugadas a vuestra magnificencia, mas yo como conde de estas tengo derecho de pernada.
La joven Freya, posee una belleza sin igual, es por eso que posé hace tiempo mis ojos en ella. Hoy la pido como doncella de mi esposa. Ella necesita aprender costumbres norteñas y yo desearía ver crecer a esa joven cerca de mi lecho.
Supongo ya me comprendéis.
Me han informado de que la habéis acogido con honra en vuestro castillo, agradezco el gesto de protección hacia la pequeña, mas deseo que sin mayor dilación, abandone vuestra ala protectora y caliente mi lecho, temo que otro pueda tomar lo que es mio por derecho.

Firmado.
Hoor Cannif.
Conde de los Paises Bajos

Me la ofreció para que la leyera antes de sellarla con cera y sello.
-Ulf, no tengo otro modo de reclamarla, durante un tiempo quedara al servicio de mi esposa, traerla a París es lo mas sensato, se que el norte corre por sus venas, pero...es el único modo.
Asentí sabia que Höor tenia razon, agradecí esa carta, así como otra que escribió a continuación para todo hombre libre, una que correría de boca en boca como la polvora dando esperanza a un pueblo sesgado por las guerras y la sangre derramada en ellas.

Así, partí hacia el norte, con un barco y una tripulación que Höor Cannif se esmero en poner a mi servicio.

Mi promesa de que si as cosas se torcían enviaría un cuervo, sabia que él mismo acudiría al norte de ser necesario.




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