Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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La Tempestad. (+18)

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La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Lun Ene 02, 2017 2:00 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Este tema va a continuación de La Clameur du Silence.

AMBIENTACIÓN AQUÍ

"Full fathom five thy father lies;
Of his bones are coral made;
Those are pearls that were his eyes:
Nothing of him that doth fade
But doth suffer a sea-change
Into something rich and strange.
Sea-nymphs hourly ring his knell
Hark! Now I hear them – Ding-dong, bell."

— William Shakespeare, The Tempest, Act I, Sc. II


2 de enero de mil ochocientos y algo.

Sus manos se cerraban sobre el asa de la maleta de cuero con correas que sujetaba delante de sus rodillas. El muelle estaba silencioso y cubierto de niebla, su silueta se recortaba apenas a unos metros de la pasarela que unía el Northwind a tierra, tal era el nombre del navío que los llevaría hasta las costas del norte. Su vestido era de un color negro riguroso como si del luto más profundo se tratase, cubierto con un grueso abrigo gris. Las botas de cordones le llegaban hasta las rodillas y las medias de lana negra completaban el atuendo; el único toque de color que destacaba bajo su palidez era el rubio de sus cabellos y sus ojos verdes tocados de marrón alrededor de las pupilas.

Lo había dejado todo arreglado, su familia sabía que se marchaba, si bien creían que iba a estudiar un mes a Londres. Descubrirían más adelante su verdadero destino, cuando ya no hubiera vuelta atrás.

No sabía cómo reaccionaría al verlo, no la esperaba allí, no había sabido nada más de él desde aquella noche semanas atrás. Cada vez que miraba por la ventana hacia el cementerio de Pére-Lechaise esperaba ver su pelaje blanco entre las tumbas, pero no había sucedido.

Las heridas y cortes habían sanado, los huesos se habían recompuesto y sus recuerdos dolían en algún lugar del corazón, pero estaba escrito lo que debía ser, y ella no sería quien desafiase al orden cósmico.

La semana anterior, cuando regresaba de la biblioteca, ensimismada, pensando en algo que había leido, chocó contra un hombre y se desparramaron sus libros y papeles por el suelo. Muy amablemente, el desconocido la ayudó a recogerlos y pudo ver su rostro a la perfección; mandíbula cuadrada, ojos azul hielo, pelo ralo rubio como el trigo y barba poblada. El extraño siguió su camino y Lana se quedó plantada en la calle teniendo una visión. En su mente se sucedió una serie de escenas bastante claras.

El extraño rubio se acercaba a una mujer hermosa a la que llamaba Thyra, y le entregaba malas noticias. El rey acababa de usurpar sus tierras y había mandado a un pequeño contingente de hombres para someter a los aldeanos y trabajadores de dicha propiedad. El rey pensaba que en ausencia de la señora del lugar, podía apropiarse de lo que le diera la gana.

La siguiente escena tras un breve fundido a negro, era Thyra ordenando a Ulf que se fuera al norte y que lo arreglase, dandole un montón de legajos y haciendo que le acompañara un burócrata que defendiese sus derechos por la via legal, pero si el rey no atendía a razones, tenía instrucciones de emplear la fuerza.

Tras otro fundido a negro se le reveló el nombre del barco, el Northwind, y la fecha escrita en unos pasajes.

Por último, la bruja vio el norte, vio la contienda, la sangre y el fuego. Vio al rey reir satisfecho después que una oráculo predijese la muerte de los rebeldes. Todos ellos caerían.

Sus rodillas fallaron y se desplomó sobre el suelo de la acera de la biblioteca. No podía dejarlo a su suerte, tenía que preguntarle al Barón Samedi si era la hora de Ulf, porque si no lo era, tendría que intervenir. Se apresuró a llegar a casa para beber Sazerac, entrar en una especie de trance y conjurar al más poderoso de los Loas, pero éste parecía no responder, la bruja todavía no estaba preparada para llamar a la puerta de una deidad así. Pero Legba sí acudió, siempre tan misterioso con sus acertijos.

Giuliana, las respuestas que buscas no las vas a encontrar.
¿por qué?.— La bruja inquirió al más sabio de sus dioses.
Porque erraste en las preguntas.
¿Y cómo sabré qué preguntas son las adecuadas?
Porque obtendrás respuestas.
Eso no me ayuda.— Legba rió con aquella boca cosida tan desagradable.
No estoy aquí para cumplir tus deseos, niña.
Dime al menos si el Barón reclamará su alma, si no estoy cometiendo el peor de los errores negándole ese deseo al señor de la Muerte.
Si el Barón desea su alma... no habrá nada que puedas hacer para impedirlo.— Legba se encendió un puro apresándolo entre los resquicios que dejaban sus labios cosidos.

Eso ya era una respuesta, más o menos. Agradeció a Legba su enrevesada ayuda y lo preparó todo para subir a ese barco. Compró el pasaje, llenó la maleta con lo que podía necesitar para ayudar con los hechizos que sabía y llegado el día, cuando aún no despuntaba el alba, se perdió entre las nieblas parisinas para llegar al puerto y esperar a que apareciesen los norteños.


Última edición por Giuliana Mordrake el Dom Ene 15, 2017 2:12 pm, editado 1 vez




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Dom Ene 29, 2017 3:33 pm

Atracaron en Bergen y Arthur la fue a acompañar pro Giuliana lo detuvo. No podía ir con ella, era peligroso y si no regresaba al día siguiente, alguien tendría que avisar a Ulf. A regañadientes la dejó partir acompañada de dos hombres que hablaban el idioma y que aunque no eran soldados, al menos podían dar un par de puñetazos y tajos si las cosas se ponían feas. No tenía intención de que así fuera.

Llegaron al castillo una hora después. Pidió ver en persona al rey y los guardias se rieron de ella, pensando que estaba loca. Nadie podía pedir ver al rey así como así.

Por favor, sean tan amables de decirle a su rey que soy la que mató a sus oráculos, y que necesito hablar con él. — Automáticamente sacaron las espadas y apuntaron con ellas a Lana que no se movió un ápice.— Si quisiera mataros, ya estaríais muertos. Vengo en son de paz.

Los hombres dudaron un instante y hablaron entre ellos, uno entró en el castillo y los demás se quedaron allí apuntándola con las armas, si se movía era bruja muerta. Al rato regresó y les dio órdenes de cachear a los tres, sacando varias dagas y puñales de cintos y botas. La bruja no iba armada. Los hicieron pasar al salón en el que había bastante gente; al menos una veintena de guardias, otra de consejeros, burócratas y aduladores. El tirano estaba sentado en un sitial elevado sobre una tarima.

Lana avanzó por el pasillo central con la vista puesta en el rey, sin vacilar. Notaba como a su alrededor  se acallaban los murmullos cuando ella pasaba. Debían estar murmurando que esa cría era imposible que hubiera matado a los oráculos porque nadie la había visto antes…¿nadie? eso no era correcto. En la fila inmediatamente inferior a la tarima se encontraba Sigrid. Vaya… qué bien vestida y aseada. La muy zorra se había vendido al tirano al haberlo perdido todo en ese naufragio y además había traicionado a quienes la habían salvado. En ese momento sintió una punzada de asco y una bilis amarga subir por su garganta. El odio la apresó y sintió como su deseo de venganza crecía. Pero la puta tendría que esperar, estaba allí para otra cosa.

Se detuvo delante del rey cuando interpusieron unas espadas a unos prudenciales diez metros. No se fiaban, y hacían bien. El dictador habló.

Dicen que has confesado haber matado a mi oráculos.

Buenos días. Sé que me entiende y que habla mi lengua, siento no hablar la suya.— Lana miró al rey y su gesto no varió, se estaba comportando como la que va a comprar el pan un día cualquiera, aunque algo más pálido y ojeroso que de costumbre, pues desde la muerte de Amelia estaba sufriendo un duelo complicado.— Asi es.— El rey Rannulf, cuyo nombre significaba en norse el lobo saqueador, observó a la pequeña bruja de extraño acento, que hablaba un francés del otro lado del charco, y no pudo evitar entornar los ojos y preguntarse si estaba loca.

Sabes que te mandaré matar por lo que has confesado.

No lo hará, podemos arreglar esto parlamentando, como la gente civilizada.— A Rannulf le hizo gracia  que la extranjera tuviese tanto aplomo. Pero por otro lado algo lo inquietó, porque si no estaba loca es que realmente era muy poderosa y no necesitaba de un ejército para plantarse allí y hablar con él.

No veo que haya que arreglar nada, has matado a mis oráculos y tengo derecho a hacer justicia.

Lo siento pero sus oráculos me predijeron y usted envió a alguien a matarme. Yo diría que estamos en paz.— La bruja hizo una pausa y relajó un poco el gesto.— Me han dicho que es usted un duro negociador. Quiero negociar, usted me da algo y a cambio yo también le doy algo valioso.

Continúa.

Quiero que me entregue a Freya, y que nos deje marchar renunciando a buscarla jamás. A cambio… le entrego su vida. Es usted libre de seguir viviendo.

Rannulf miró a Giuliana con cierta estupefacción, calibrando si era un farol y decidió que debía serlo porque estalló en carcajadas.

Niña ignorante…¿crees que me trago ese cuento? Matadla.

Un par de guardias, los que estaban más cerca dieron un par de pasos hacia ella con las armas en la mano, pero Lana levantó la mano con el puño cerrado, creando una tremenda barrera que incluso fue visible por instante y salieron despedidos hacia atrás. Se agachó un instante y recogió del suelo un puñal que se les había caído y extendió la mano haciéndose un corte en la palma. De inmediato el rey soltó un alarido y se miró su propia mano, donde acababa de aparecer un corte igual que el de ella. Se quedó mirándola con los ojos inyectados en sangre.

..¿que… has … hecho?

Por respuesta Lana se apuntó con el cuchillo a la garganta y clavó un poco la punta haciendo que una gota de sangre recorriese su blanco cuello y también el de Rannulf. Todo su cuerpo era un inmenso muñeco vudú unido al del rey.

Todo lo que le hagáis a mi cuerpo sucederá en el suyo. Si muero de hambre, usted también, si sangro, usted también lo hará, y si se le ocurre encerrarme me tragaré mi propia lengua. Así que hagamos esto de forma civilizada… deme a Freya y le doy mi palabra de que no me mataré ni atentaré contra mí. .— No, la extranjera no iba de farol y sus ojos verdes, enmarcados en aquel rostro taciturno, expresaban una ira poco común en su persona. Estaba cansada, hastiada de tanta gilipollez humana, de que la gente ansiase el poder y la riqueza, cuando su bien más valioso era el tiempo. Sentía que se estaba quedando sin tiempo de tener una vida normal, por fin alguien la quería y no podía disfrutarlo porque algun imbécil se empeñaba en comportarse de manera mezquina, como la zorra de Sigrid. ¿Tanto les costaba dejar que la gente viviese en paz? que se murieran de viejos o de gripe, sin tener que además hacer frente a una guerra entre hermanos. No sabía cuando la reclamarían sus dioses y quería vivir el máximo de tiempo posible con Ulf, pero ellos no la dejaban. Pues ya está. No iba a seguir esperando, quieta y muda como una estatua de mármol de las del cementerio. Esta vez iba a actuar, a dar un puñetazo sobre la mesa y a reclamar lo que el universo le debía. Y si no colaboraban...pues... sería mejor que no quisieran descubrir todo lo que la bruja guardaba.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Lun Ene 30, 2017 12:36 pm

El viaje fue mas largo de lo previsto, con el viento en contra, los dioses descargando tempestades sobre nosotros y un mar embravecido como regalo de nuestros ancestros logramos finalmente llegar a puerto norteño.
Estaba agotado, apenas en esos días había logrado pegar ojo. Mi aspecto era horrible, creo que ni de la peor de las gestas había llegado en ese estado. Conocía al rey, no iba a ser tan fácil como esperaba Giuliana que le diera a Freya. No lo haría sin mas. Quizás contra las amazonas su despliegue ilusorio había funcionado, pero no lo haría con él.

Rannulf se relacionaba con el mundo sobrenatural, se decía que estaba preparando un ejercito de bestias que garantizaran su seguridad, así como se hablaba de que la nigromancia no tenia secretos para los brujos con los que contaba. Mi rey era peligroso y ella estaba metiéndose en la boca del lobo sin tan siquiera hacerme participe de ese encuentro.
No se cuando mis problemas se convirtieron en los suyos, no se cuando creyó que no era capaz de enfrentar mis propios demonios. Solo se, que esa mujer estaba condenando su alma a un lado siniestro, uno que empezó el día que sesgo la vida de esas jóvenes oráculos, niñas inocentes en el fondo.

Esperaba que esta vez mantuviera la magia alejada del encuentro, pues algo me decía que toda magia tenia un precio y como su madre había predicho el de Giuliana seria mas elevado de lo previsto.
Necesitaba salvar a Freya, esperaba que la carta que portaba fuera mas que suficiente para ese empeño, mas a su vez necesitaba salvar el alma de Giuliana y para eso tenia que alejarla de toda magia oscura.
Solo esperaba haber llegado a tiempo.

La noche se cernía sobre el puerto cuando anclamos en este. Descanso merecido para los hombres del navío, mas mi viaje solo empezaba, la noche seria larga y complicada. Un caballo me esperaba, no tardé en tomarlo perdiéndome sin descanso en un galope airado que esperaba alcanzar el castillo al alba.
Para eso tenia que no hacer noche, cruzar zonas que no debería ocupar en la nocturnidad, mas ¿acaso me quedaba opción? La respuesta era un rotundo no. Rannulf mataría a la bruja si descubría que esta era la causante de la perdida de sus visionarias. No tendría piedad con esa mujer que yo amaba mas que a mi vida.

Apreté los dientes espoleando al caballo para que como un espectro corriera por el bosque, me jugaba demasiado para permitirme fallar, el tiempo apremiaba, y la tempestad ya había logrado hacerme perder demasiado.
El reloj de arena corría en mi contra ahogándome entre sus vidrios.
-Maldita bruja -musité entre dientes. De nuevo me la había vuelto a jugar imponiendo su voluntad.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Miér Feb 01, 2017 11:14 am

El rey no era tonto y a pesar de estar abrumado por el inmenso poder de la bruja, se recompuso rápidamente y adoptó esa pose de fria indiferencia de quien está seguro de que puede salir airoso suceda lo que suceda.

Eso no es un acuerdo, nada me garantiza que cumpla su palabra.— empezó a tratarla con cortesía, un cambio sustancial.

No tengo interés por morir o por amputarme dedos, se lo aseguro, sólo quiero vivir en paz, no es tanto lo que le pido.— el rey sopesó las opciones durante unos breves segundos.

Le daré a Freya y podrán vivir en paz, pero hay una condición más. No se puede ir de aquí, necesito saber que mi vida está a salvo. Yo prometo no atentar contra usted, pero no sé que harán otros, así que quiero proteger su vida, y con eso la mía propia. Para tal empeño la necesito cerca.

La bruja dudó unos instantes. Realmente no quería vivir allí, por lo que conocía el norte, lo odiaba más que París. Anhelaba su pantano de Louisiana, mas sabía que no iba a volver. Ulf sí pertenecía al norte, al igual que Freya. ¿Podría ser capaz de dejarlo todo para vivir allí y ser la garantía de vida de todos ellos?

Eso no puedo decidirlo sola, déjeme que lo piense y...

Tiene 24 horas. No le daré a la niña hasta que no me de la respuesta.

El rey se levantó y se marchó dejado la sala bastante sorprendida con el desarrollo de aquellos acontecimientos. Lana frunció el ceño y suspiró. No le quedaba más remedio que esperar. Si Ulf estaba de camino quizás podría ayudarla a decidir qué hacer. Se dio la vuelta y caminó hacia la salida, la gente a su paso se iba apartando.

Sigrid la siguió a unos metros y la alcanzó en la salida.

Eres una bruja lista... deberías estar muerta y ahogada bajo el agua. La próxima vez no tendré tanta piedad, yo misma te cortaré el cuello.— Lana se detuvo un instante y la miró con los ojos encendidos como el jade.

Pues que tengas suerte con eso, a ver cómo se lo explicas a todo el reino, que has matado al rey.

Elevó la barbilla y se dio la vuelta abandonando la sala.





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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Vie Feb 03, 2017 10:24 am

Cascos que se perdieron por el puente levadizo del castillo hasta alcanzar el gran rastrillo, arcos sobre mi cabeza cuando mi montura se alzó con violencia sobre sus dos patas traseras.
-Abrid, en nombre del conde de estas tierras traigo un mensaje para el rey -Rugí furioso elevando la mirada de forma desafiante hacia aquellos chiquillos a los que en mas de una ocasión yo había entrenado.

Podía notar como les temblaba el pulso, no era lo mismo matar al enemigo que al general de tu propio ejercito, a un hombre al que desde niños les habían enseñado a admirar.
Cuchicheo en las almenas y poco después el silencio mas absoluto.
Al otro lado del portón, pasos, mas no fueron los pasos si no el inconfundible olor de la bruja lo que llamo mi atención.

La puerta se abrió, escoltada por dos soldados se encontró de frente conmigo, salté del caballo caminando con el semblante serio hacia Giuliana, demasiadas preguntas, sus ojos centelleaban mientras los míos calcinaban su piel
-¿Que les has prometido para que te deje ir? ¿donde esta Freya?
Si algo conocía del rey del norte es que le faltaba piedad y que le sobraban artimañas para conseguir aquello que deseaba.
-No es de fiar -sentencié sin tan siquiera dejarla hablar.

Guiliana guardaba silencio, como si tuviera demasiado que contar y a su vez mas de lo esperado que ocultar.
Los soldados abrieron el rastrillo para dejarla salir junto a mi, recordandole el pequeño plazo de tiempo que tenia la bruja para decidir.
-¿que demonios has hecho? ¿que has de pensar? -mis preguntas se convirtieron en gritos. Estaba furioso.

Mi rostro contra el suyo, nuestro aliento se entremezclaba mas esta vez no era pasión si no el cabreo mas absoluto el que me hacia gritarle a escasos centímetros de su rostro mientras mis brazos acompañaban con violencia a cada una de mis palabras.
-¿quien cojones te ha dado permiso para decidir por mi? ¡malditata bruja! ¡te conté mis problemas para que como pareja me apoyaras, no para que de nuevo te esfumaras de mi lecho olvidando que somos un “nosotros” en todo esto!

Guardaba silencio, posiblemente porque no tenia mas remedio, ni siquiera era capaz de dejarla hablar, estaba furioso. Mi puño golpeó la pared del castillo ,sentí la sangre fluir con fuerza por mis nudillos mientras daba vueltas a su alrededor como el gran depredador que era.
-¿cuando me has empezado a ver como un ser inútil, incapaz de solucionar mis propios problemas?
¡Maldita mujer!

Mis brazos aferraron los de la dama, no pude evitar sacudirla mientras su vestido se manchaba de carmesí.

-¡¿que le has prometido?!




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Vie Feb 03, 2017 3:29 pm

La bruja vio a Ulf cabalgar hasta el punte levadizo y ordenar que le abriesen. Estaba imponente sobre aquella montura, con el cabello rubio y rizado libre al viento, con los ojos fieros y la mandíbula apretada. Por unos segundos se quedó atrapada en esa visión sin comprender lo que sucedía en la realidad. El golpe del rastrillo al elevarse y fijarse con los contrapesos la transportó de nuevo a la realidad. Estaba tenso y crispado por su culpa.

Se acercó a ella gritando, enormemente alterado, como cabía esperar. Pero aún así su furia desmedida la pilló de improviso. Cuando estampó el puño sobre la pared de roca ahogó un grito.

Ulf...Ulf...— no podía decir nada porque no la dejaba, estaba furibundo, entonces la sacudió y Giuliana se encogió carrando los ojos con un gesto instintivo, como el que espera que le lluevan golpes. Golpes que no llegaron, sólo la respiración densa y pesada del lobo, al borde de un ataque de frenesí. Los abrió de nuevo, mirándolo de reojo, sin atreverse a mantenerle la mirada. Acaba de desafiar a un rey que tenía una ejército, sin apenas pestañear. Pero no era capaz de enfrentarse a Ulf. Cuando le dijo que la quería, estaba pletórica. Pero empezaba a vislumbrar que el amor dolía, que hacer daño al ser querido o recibirlo, dolía mil millones de veces más. Empezó a hablar despacio.

Soltará a Freya si me quedo a vivir aquí...no le he contestado aún. Teme por su vida porque... hice un vudú para matarlo y... ese vudú soy yo. Si me matan él muere. Si me cortan, él sangra...le prometí que no atentaría contra mí misma si soltaba a Freya, pero insiste en "protegerme" ya que su integridad física está ligada a la mia.

Ya está, ya lo había soltado. Por supuesto que no lo creía un inútil, ni quería decidir por él, pero todo era tan complicado...Se abrazó a si misma mirando al suelo.

lo siento mucho Ulf. Lo he estropeado todo... lo siento de verdad. Sólo quería ayudar.

¿Y ahora qué? ¿qué sucedería? ¿Seguiría habiando un "nosotros"? o quizás se hubiera acabado para siempre? Y luego estaba el asunto de quedarse a vivir allí. Si era el precio a pagar por Freya, ella estaba dispuesta aunque no le hiciera ninguna gracia. Realmente estaba dispuesta a agarrar un puñal y clavarselo en su propio corazón sin con eso acababan los sufrimientos de Ulf y de aquella gente. La muerte no le daba miedo, tan sólo le dolía pensar que había disfrutado muy poco de una vida como tal, porque su vida empezó la primera vez que vio su sonrisa.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Lun Feb 06, 2017 8:36 am

Frenesí aquello que en ese preciso instante recorría cada tramo de mis venas. Mi mirada ámbar estaba hundida en la de la bruja que temblaba entre mis manos no carente de motivos.
Mi respiraron brusca golpeaba su cara moviendo el pelo que la enmarcaba.
No ayudaron sus palabras ¿había hecho que? ¿estaba loca?
No solo había decidido por mi, no solo me había dejado de nuevo dormido en el lecho para desaparecer a hurtadillas como un vulgar ladrón, si no que había ligado su vida a la del hombre que mas odiaba en este mundo y posiblemente en los venideros.


La sacudí de nuevo irritado, cada vez mas fuera de mi, dudaba que pudiera contener toda la ira en un cuerpo.
-Giuliana ¿que has hecho? -desesperación ,eso era el tono en el que mis palabras salían de mis labios precipitándose al vació que se había abierto entre nosotros -me quieres decir que has ligado tu cuerpo a esa bestia inhumana. ¿Que ahora mismo le perteneces de un modo inimaginable para mi?


Celos, una parte de mi estaba celosa, pues ahora mi bruja quedaba ligada a ese hombre que había devastado mi vida y la de muchos norteños.
-¿cuando te convertiste en una necia? ¿cuando creíste que tenias derecho a librar tu sola esta gesta?
La sacudí de nuevo gritándole cada palabra casi contra su boca.
-¡vamos Giuliana! Ahora medio norte deseara tu cabeza para arrancar la de ese hombre, y el otro medio deseara convertirte en la reina de ese desgraciado que te posee como jamas podre yo tenerte.
¡Desazlo, desazlo ! -rugí sin importarme mas nada que esta pesadilla acabara.


Freya, la soltarían, pero a cambio el precio era demasiado elevado. El rey encontraría el modo de dominar a la bruja y juntos el norte estaría perdido, nada podriamos hacer contra la magia de Giuliana y el poder del rey. Su madre me advirtió que la oscuridad se apoderaría de ella ¿acaso este no era el camino mas oscuro jamas emprendido?
No podía dejar que volviera sobre sus pasos, no tenia mas opciones.


Mis ojos recorrieron las almenas con rapidez, en mi cabeza un plan trazado a fuego, demasiado arriesgado mas acaso ¿tenia opción?
Frente a nosotros los dos guardias custodios, no iban a dejarla ir, eso estaba claro, no cuando la vida del rey pendía de sus manos.


Tiré de su brazo, de mi cinto saqué un cuchillo que coloqué contra su cuello, tan prieto que un hilo de sangre bailo por este hasta su sinuoso pecho.
Espalda contra mi pecho y un grito de sorpresa mientras continuaba temblando entre mis brazos.
-¡bajar los arcos! -ordené al ver como las cuerdas se tensaban -antes de que la primera flecha impacte en mi, ella sera degollada y con su muerte caerá vuestro rey del norte.


El murmullo claro del general y sus hombres, brazo en alto de este deteniendo el ataque, evaluando los daños. “es un farol” decían “no va a matarla” susurró otro.
-¿Estáis seguros? -sonreí de medio lado con un aire engreído. Llevo tanto tiempo deseando que el rey del norte muera, que la verdad mínimo precio me parece la vida de esta bruja si a cambio logro mi cometido. ¿Sabéis que es mas peligroso que un hombre con recursos ilimitados? Uno que no tiene nada que perder. Ese soy yo ahora que me ha quitado a Freya y que ha convertido a la mujer que amo en su títere a piezas ¿de verdad crieis que no la matare? -rugí mirando desafiante a los dos hombres que frente a mi habían sacado sendas espadas dudando de si mis palabras serian cumplidas o tan solo eran amenazas vanas para salirme con la mía.
-Vais a bajar los arcos y a volver dentro cerrando el rastrillo. La bruja y yo nos iremos por donde hemos venido y si tocáis a Freya un solo pelo de su cabeza, dile al rey que su bruja esta muerta.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Miér Feb 08, 2017 6:31 am

Ulf estaba completamente fuera de sus casillas, y era de entender, lo tenía claro desde que decidió salir de su propia habitación abandonandolo por enésima vez, sabía que lo enfadaría de una forma que no habría vuelta atrás. Lo estaba perdiendo, podía sentirlo. Esa herida no se recuperaría nunca del todo porque su amor no era lo bastante fuerte. Apenas se conocían y todo habían sido problemas y vaivenes.

No podía deshacerlo, el vudú estaba hecho, ella era el muñeco atado a la vida del rey. No sería recíproco, si el rey se hacía daño, eso no le afectaría a ella, pero en algo tenía razón. Ahora todos querrían matarla para eliminar al rey del norte.

Tembló cuando la sacudió, y de nuevo cuando la agarró poniéndole el cuchillo en el cuello. Estaba desesperado y ella no le había dejado más remedio que eso. Los guardias del portón abrieron el rastrillo otra vez dejándolo pasar porque el propio rey había sangrado en la sala del trono, donde el cuchillo había abierto la piel de Lana, y mandó que saliesen fuera a averiguar que pasaba.

Sigrid fue la primera en acudir, porque apenas había avanzado unos metros cuando la escena se desarrolló delante de sus ojos.  Ulf arrastraba a Giuliana con el cuchillo sobre su cuello, la bruja temblaba y su expresión desencajada hablaba por sí sola. El lobo tenía los ojos inyectados en sangre y todo el cuerpo en tensión.

El rey Rannulf salió a la balconada y cuando vio la situación hizo un gesto para que bajasen los arcos y nadie se acercase peligrosamente.

Ulf Tollak el traidor... nos vemos de nuevo. Las cosas han cambiado bastante desde nuestro último encuentro ¿verdad? ¿qué tal la espalda?

La bruja se tensó al recordarlo, porque lo creyó muerto y cayó en la más pura desesperación; el filo del cuchillo se apretó sobre su garganta y sangró de nuevo, igual que el rey.

Traed a Freya.— la orden del rey hizo que sus secuaces trajeran a la niña, que milagrosamente estaba bien, sólo un poco sucia. Le puso la mano sobre el hombro a la pequeña.— Tú suelta a la bruja y yo soltaré a Freya.

No va a matarla, mi señor. No es capaz, la ama, saltó del drakkar para salvarla...— Sigrid escupió las palabras cargada de odio y despecho.

Giuliana empezó a sentir que se mareaba, las visiones acudian a ella sin control y sus ojos se pusieron en blanco. El cuerpo se le tensó, cerrandose las manos en forma de garras. Su conciencia viajó entre las brumas y llegó a la encrucijada donde solía encontrar a Legba fumandose un puro o bebiendo ron a través de sus labios cosidos. Pero esta vez no era él quien la esperaba. El Barón Samedi, con su alto sombrero de copa y su rostro pintado en blanco y negro, balanceaba una pierna cruzada sobre la otra, sentado en un sillón en mitad del cruce de caminos.

Hola Giuliana, tenía ganas de conocerte.
ho... hola.— la bruja tartamudeó, pues no esperaba que el Loa más poderoso se apareciera frente a ella de ese modo.
Has montado un buen espectáculo ahí fuera ¿Hm?
ehm.. sí... lo siento... no sé si lo aprueba o no. Mi tía me enseñó sólo lo básico de la magia vudú y me temo que estoy haciendolo todo mal.
bueno, ciertamente eres una bruja poco convencional. Ven, hay algo que quiero que veas.— el dios Vudú extendió la mano y tomó la de Lana llevándola hacia el borde de una especie de falla geológica. En el abismo se veía barro y miles de personas reptando en él, algunos sin ojos, otros sin lengua, otros famélicos, emitiendo quejidos y lamentos.
¿qué es esto?
es el otro lado de la encrucijada. Aquí retengo a aquellos que eligen mal su camino. Lo que en otras culturas llaman Infierno, Tártaro o similar.— Lana tragó saliva.
¿es aquí donde voy a ir?
¿has elegido tu camino correctamente?
no lo sé, todo es muy confuso... ¿cómo puedo acertar?– El Barón compuso una sonrisa sardónica.
no lo sabes. Sólo eres una humana que trata de saber qué camino hemos dispuesto para ella y tratar de acertarlo.
Cada decisión que tome contará ¿no es así?.— El barón asintió exhalando el humo del puro en forma de círculos.
Mi esposa te tiene en gracia. Pero La Fosa es mía, yo decido a quien quiero allí.
¿qué tengo que hacer?.— la bruja preguntó con una súplica en su mirada, mas el Barón sonrió pérfidamente entre dientes y empezó a desvanecerse.
decidir Giuliana, elige bien...

La bruja recuperó el sentido, regresó a la realidad apenas tres o cuatro segundos después, pero para ella resultaron largos como años. Ulf la seguía sujetando y Freya ya estaba cerca. Era una niña preciosa, rubia, de bonitos ojos claros, si la miraba con detenimiento, le tenía un aire a Ulf. Le dio un vuelco el corazón, ojalá hubiera tenido tiempo de hablar con ella, de verla sonreir con alguna broma del licántropo. Ojalá hubiera tenido tiempo de muchas cosas. Las palabras de su madre resonaron en su cabeza "En tu vida habrá oscuridad, pero también luz, lucha por ella."

Lo siento madre... no puedo cumplir lo que te prometí.— murmuró.

Ahora lo sabía, lo había perdido para siempre. No habría un "nosotros" sin un norte libre, no habría un "nosotros" mientras tuviera que jugar al escondite con Ulf por culpa de sus visiones. Había sido fugaz, bonito, intenso. Pero se iba a extinguir como la vida del rey. Sabía que tenía que elegir, y elegía la vida de Freya y de Ulf, elegía el norte libre, y se iba a llevar al rey a La Fosa. Los ojos se le llenaron de lágrimas que no iba a derramar, porque era tarde hasta para eso.

Freya se acercó unos pasos y Giuliana elevó la mano apoyándola contra la de Ulf y utilizando la fuerza de su barrera energética para imprimirle fuerza y hundir el cuchillo en su propia yugular. La sangre empezó a brotar de inmediato corriendo como un rio por su cuello y su vestido, y Rannulf también sufrió la misma herida. De pronto todo fue un caos, la gente empezó a gritar, los guardias se miraron confusos, no sabían qué debían hacer si el rey también moría. La bruja notó como le fallaban las rodillas y su cuerpo se quedó laxo como un peso muerto. Buscó los ojos de Ulf, quería que fueran lo último que vería en esa vida.

lo... lo siento. Ya eres libre... y el norte también...te.. quiero.— susurró con apenas un hilo de voz, sintiendo cómo se le escapaba la vida y dos lagrimas contenidas rodaban mejilla abajo.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Jue Feb 09, 2017 2:57 pm

El “valiente” rey salio a la balconada, la tensión podía cortarse en el ambiente hasta que este hizo a los arqueros bajar los arcos para que su cuello permaneciera a salvo.
Como siempre el rey bromeó con aquella fanfarronería que lo caracterizaba sobre el estado de mis heridas.
Sonreí de medio lado alzando la mirada hacia el muy fanfarrón.
-Mi espalda mejor que el orgullo que te dejaste en el patio de armas cuando saliste corriendo como el cobarde que eres.

El rey reclamó a Freya para zanjar un trato, uno que por supuesto ambos necesitábamos aceptar. El por salvar su cuello, yo por ende por recuperar a mi hija que ahora reposaba bajo sus zarpas.
Nuestros ojos se fundieron beligerantes, los dos teníamos mucho que perder..el la vida, yo las dos únicas mujeres que significaban mas que la mía.

Freya corrió hacia mi posición bajo la atenta mirada del rey y como no, de los soldados que no perdían de vista los gráciles movimientos de aquel ángel de cabellos dorados.
Pude ver como ambas se miraban, una presentación silenciosa que para Giuliana tenia sentido y que para Freya por el contrario ninguno.

Mis ojos bailaron por el asustado rostro de mi pequeña, me hubiera gustado en ese momento decir muchas cosas, mas por el contrario el silencio y mi pose segura completamente fingida era todo cuanto mostré. Sabia lo importante que era no mostrar las debilidades en el combate y esas dos mujeres eran mi mas profunda debilidad.
Las amaba por encima de los elementos, los dioses y mi propia existencia.

Apenas unos pasos me separaban de que Freya llegara a nosotros, de sacarlas de ese infierno, de que los tres pudiéramos perdernos en los profundos bosques nórdicos. Estaba tan cerca de alcanzar mi utopía que por un instante sentí que la tenia.
En décimas de segundo todo cambio. Una fuerza impulsó mi mano que guiada por la de la bruja se hundió en su yugular haciéndola sangrar en abundancia, chorros que carmesí bañaron mi piel que pronto cedió soltando el acero para sin éxito taponar la herida..
Una alarido escapó de mis labios, uno que desgarro mis entrañas, que destruyo mi alma y que congelo el tiempo en ese preciso instante en que perdía lo único que había amado.
-¿Por que? -rugí furioso.

Freya salto sobre el caballo, ella también era una vikinga, no le faltaba genio, ni carácter, ni fuerza. Tomé a la bruja entre mis brazos, se apagaba contra mi pecho ahogándose en su propia sangre, mas teníamos que salir de allí, el rey había caído y pronto tras la catástrofe se organizaría nuestra cacería.
Freya guió las riendas hacia nuestra posición, la montura obedeció a la amazona y esta me tendió la mano para que de un salto montara junto a la bruja delante de ella. Las riendas ahora en mi mano, la bruja contra mi pecho, Freya a mis espaldas y el caballo desbocado hacia la libertad.

De nuevo había elegido por mi, ella la sacrificada bruja había sucumbido a la oscuridad alejándose de la luz, de confiar en este vikingo que pensaba sacarla del castillo intacta.
-¿Por que no crees en mi? -gruñí hundiendo mi cabeza en su cuello mientras espoleaba al caballo para alejarnos de allí.
Ni siquiera era capaz de ver entre la maleza, mas allá que las ramas del espeso bosque pasar a toda velocidad ,el ruido de la respiración del caballo y los cascos sobre la mojada tierra al ritmo de mi corazón desbocado.

El puerto, mi destino, allí estaba el barco de Höor, este llevaría a Freya a París, era la única solución, ponerla al servicio de Valeria Cavey le daría cierta seguridad. Sabia que Höor no solo lucharía por el norte, si no porque mi hija tuviera un futuro.
Saqué la carta escrita de puño y letra del conde y se la entregué a Freya.
-cuando llegues a Paris, lleva esto a la mansión Cavey y dásela a la señora de la casa..ella entenderá.

El barco de Höor no tardó en zarpar con mi hija sobre él, el peligro para ella había pasado, estaba segura y parte de mi partió con ella hacia París, mas otra parte de mi se quedaba aquí, con la mujer que inerte colapsaba mis brazos arrancándome el aire.
Un nudo en mi garganta me ahogaba, incapaz de dejar escapar las lagrimas por la rabia, mi mente solo pensaba en una cosa..traerla de vuelta.
Ella había confiado en sus dioses, quizás había llegado el momento de conocerlos.

El barco del padre de Giuliana estaba atracado en le mismo muelle, posiblemente esperando que su hija volviera victoriosa como la gran bruja que era, no me costo dado mis sentidos avanzados y mi capacidad de rastreo dar con el paradero de un hombre que pese a ver visto 3 veces en toda mi vida, compartía la misma esencia que la mujer que ahora se desangraba entre mis brazos.

Me adentré en el barco, mi cuerpo tenso como las cuerdas de un arpa, mi rostro ido. Perdido en la desesperanza recorrí la cubierta camino a los camarotes, a mi encuentro salio su padre con el rostro desencajado, hundido se perdió en los brazos de su hija untada en sangre.
No pude evitar darme cuenta de como sus ojos me miraron, la desesperación que habitaba en ellos y como en parte me culpaban de habérsela arrebatado.

No negaría que la culpa era mía, mi mano sujetaba que cuchillo, mas ni la tormenta mas fuerte, ni la destrucción del universo podrían compararse con el abismo en el que me sentía inmerso.
Mis pasos continuaron adentrándose en la zona cubierta, el camarote de Giulina, mi destino.
No tardé en dar con el, en este varios libros que posiblemente había consultado durante el viaje, restos de magia vudu, posiblemente con aquella que se había ligado al maldito rey del norte.
En el suelo un pentagrama, desconocía como funcionaba todo aquello, mas yo era un vikingo, a mis dioses les iban los sacrificios, la sangre derramada como único oficio, esperaba a a sus dioses les gustara la sangre norteña, pues el tártaro y sus nueve puertas se me antojaba una mera broma si cruzandolas volvía a encontrarme con ella.
Deposité su cuerpo sobre el grabado, inerte, acogió un beso cálido de mis labios, el cuchillo de mi bota la herramienta, mi mano el verdugo y pronto mi yugular se abrió dando paso a la ofrenda.
Ultimas bocanadas de aire mientras me ahogaba con mi propia sangre. Mi cabeza cayo al suelo, abandonaba este mundo en busca de mi amor, se lo prometí a su madre, cuidaré de ella aunque me deje la vida en ello y yo cumplía mis promesas, yo era un vikingo.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Vie Feb 10, 2017 5:31 pm

Notó como la sangre se escapaba de su cuerpo gota a gota, de la misma forma que la vida se marchaba suspiro a supiro, abandonando su cuerpo poco a poco. Su mirada se quedó clavada en la de Ulf, lo último que vio antes de apagarse fueron sus ojos de es extraño color verde grisáceo, el color de su querido pantano, de las brumas de Louisiana. Antes de que todo se volviera negro, se instauró un silencio sepulcral en el que sólo existían esos preciosos ojos.

La muerte no dolía, ella tenía razón. Lo que dolía eran los sueños sin cumplir, los deseos sin realizar, el tiempo no aprovechado que se escapaba y se convertía en las cenizas de un recuerdo. La muerte no dolía, y de alguna manera estaba en paz, sabía que le había quitado algo a Ulf, pero a cambio le dejaba un norte libre y la posibilidad de una vida para ambos, para Freya y para él, en libertad.

Se sumió en un sueño profundo y cuando desperó las brumas se separaron, pesadas y densas, y reconoció de inmediato dónde se encontraba. Estaba en Baton Rouge, en su casa del panatano, su hogar, la tablas blancas destacando sobre el verde oscuro, las contraventanas marrones, la ropa tendida en el hilo de tender, ondeando y jugueteando con el viento. Sintió el olor penetrante de las aguas traicioneras, el tacto bajo su cuerpo de la hierba alta y el rumor de los sauces movidos por el viento. Se incorporó y caminó unos pasos tocando con las palmas de las manos las hierbas altas y aspirando la tranquilidad de la puesta de sol. Si el más allá era eso, firmaba por quedarse allí.

Spoiler:

Escuchó el inconfundible rumor de la quilla de una barca, y pensó que sería seguramente Essiene, el capataz criollo de su padre que solía llevar la finca. Pero cuando se acercó a la orilla, divisó una barca negra con un bulto sobre la cubierta, sin tripulante alguno. Se colocó la mano en la frente para proteger los ojos de la intensidad del sol que se estaba poniendo y cuando escrutó el horizonte sintió un escalofrío. El bulto sobre la cubierta llevaba un peto tachonado y el pelo rubio y ensortijado se escapaba de debajo de la figura. Se adentró en las aguas hasta que éstas cubrieron sus rodillas.

Ulf...!!...

No podía ser. Ulf estaba vivo, no podía ser él, pero todo apuntaba a que sí. Tenía la espada cruzada sobre el pecho y dos monedas sobre los ojos, listo para enterrar segun la costumbre vikinga y reposaba sobre una pira de leña. Giuliana temió que alguien le prendiera fuego a esa barca y avanzó desesperada hasta el bote que arrastró a duras penas hacia la orilla. Se acercó a la yaciente figura y le quitó las monedas de los párpados, sujetando su cara con las manos y cubriendolo de besos.

Ulf... no!!... no, no!! no puedes morir!! regresa!! regresa con Freya, vamos!!!

Lo arrastró fuera del bote como pudo, alejándolo de la pira, mojandose ambos al tocar el agua del pantano. Lo tumbó sobre la hierba, boca arriba acariciando su rostro derramando lágrimas por él.

estúpido vikingo cabezota...vive!!...no te quiero aquí...tienes que vivir...


Última edición por Giuliana Mordrake el Lun Feb 13, 2017 3:54 pm, editado 1 vez




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Lun Feb 13, 2017 10:16 am

Frio, la muerte era fría, como si me hundiera en un mar que bañaba mis ropas, pesada mi coraza me empujaba hacia el fondo, mis ojos seguían cerrados, mas unas pequeñas manos me empujaban buscando no se bien que.
Mas valía que fuera la voz de mi bruja la que oía, hubiera sonreído de poder mover un musculo.
Ahora sentía calor, sus manos acunando mi rostro, angustiada gritaba mi nombre, no mentiré, no me dio pena, mas bien todo lo contrario, estaba furioso. Me había abandonado, no solo eso había decidido por mi, había decidido sacrificarse.
Yo era un vikingo, era el general, había pasado tanto tiempo entrenando críos que mandaba a la muerte entre mis filas, yo mismo había derramado la mía en infinidad de gestas y ahora esa pequeña bruja me hacia a un lado, no me creía suficiente para salvar, proteger a los míos.
¿Era suficiente para ella?

La hierba húmeda bajo mi cuerpo, moví ligeramente la mano, tomando entre mis dedos una brizna de esta. Lentamente abrí los ojos para observarla, lloraba, se lo merecía.
Sonreí de medio lado cuando sus ojos buscaron los míos, alcé la mano para acariciar su rostro, me costaba demasiado hablar, como si aquel corte, hubiera sajado no solo mi juicio si no las cuerdas vocales con el.
Tosí ligeramente perdiéndome en esos ojos verdes que ahora me buscaban desesperados, incrédulos.
-Mas vale que esto sea el tártaro o donde quiera que estén tus dioses, porque no me iré sin ti. Parece que no fue suficiente seguirte por las gélidas aguas del mar -sonreí divertido – ahora me llevas de excursión al inframundo. Pinta bien -susurré mirando a un lado y al otro -lo elegiría para echar un buen polvo.

Tiré de su cintura para perderme en sus labios, quizás no era el emotivo encuentro que esperaba, mas yo era así, me avergonzaba decir lo que sentía, pero..¿no era suficiente demostrar con actos lo que las palabras callan?
Mi lengua surcó su boca, serpenteando contra la ajena, deseando mas que un beso, mas de nuevo e tiempo parecía correr en nuestra contra.
-Giuliana, no te salvaras ni del polvo, ni de la discursion épica que le precederá, ahora ponte en pie, porque vamos a luchar. ¿Donde están tus dioses? A los miso se les convence con el acero en la mano. ¿Como hablo con los tuyos?

Con cierta dificultad me puse en pie, la espada, reposaba sobre la pila de leños, en ella las dos monedas para pagar al barquero.
-Por suerte no lo han incendiado, si no ahora tendrías que recoger mis cenizas y llorar mi muerte -bromeé divertido, como si no fuera consciente, mas lo era de que ambos habíamos cruzado el otro lado.
-A ver si te enteras bruja, de que yo siempre cumplo mis promesas, prometí a tu madre que cuidaría de ti, aquí estoy dispuesto a enmendar tus errores, tus decisiones, esas que no te pertenecen.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Lun Feb 13, 2017 4:54 pm

Lloró de desesperación por saber que él también estaba muerto, que había cruzado al otro lado por seguirla... y también de emoción. Jamás nadie podría hacer un gesto por ella más valiente ni más profundo. No había dudado nunca de sus palabras, pero con eso le había dejado claro que la seguiría hasta la muerte, literalmente. Cuando Ulf se movió su corazón empezó a bombear de nuevo, si es que eso era posible, ya que en realidad no eran corpóreos, estaban en algun lugar más allá de la muerte.

Las palabras del norteño la hicieron reir de alivio a la vez que lloraba, un estado de ánimo algo confuso. Pegó su frente a la de él, sintiéndolo cerca y "vivo", que era cuanto necesitaba, acariciando sus mejillas.

Pues si salimos de ésta... puedes gritarme todo lo que quieras, echarme la bronca del siglo y luego hacerme gemir hasta que se me olvide mi nombre. Aunque yo me conformaba con escucharte gritar porque eso es que hemos salido de aquí.

Le habló de sus dioses, quería que lo llevase frente a ellos, pero Giuliana no tenía ni idea de dónde estaba, realmente cuando viajaba en visiones aparecía generalmente en la encrucijada donde Legba era el dueño y señor. Pero allí estaban en otro lugar, quizás el infierno, o el paraíso, o algun tipo de purgatorio... quién sabe. Lo que tenía claro es que el tiempo apremiaba, porque para regresar el alma a un cuerpo sin vida no podían pasar más de tres días, o el regreso sería en forma de criatura demente ya que los tejidos se descomponían.

Ulf la besó y abrazó y de nuevo en cada beso le reafirmó lo que ya sabía: que se necesitaban, que se buscaban, que aunque no hubieran tenido mucho tiempo estaban unidos indisolublemente y de esa fuerza partían todas las locuras que habían hecho hasta ahora: ella el sacrificarse por la causa de él, y el lobo para ir a buscarla.

Ayudó al vikingo a levantarse, quería empuñar el acero contra los dioses... era tan tierno que daban ganas de abrazarlo. El acero no servía contra esos entes superiores.

En verdad... no sé muy bien donde están. Esta era mi casa en Louisiana, en el pantano de Baton Rouge, no sé por qué estoy aqui, nunca había venido a este lugar en las visiones.— Entrelazó la mano con Ulf caminando hacia la parte trasera de la casa, donde estaba el pequeño cementerio donde yacían sus hermanos. Era lo único que se le ocurría que pudiera tener sentido. Le había dicho que iba a cumplir la promesa que le hizo a Amelia, su madre y eso le encogió el corazón.Lo que ella no había sido capaz de cumplir, lo iba a hacer él. Pero lo que la bruja no sabía es que su madre ya había visto todo eso y por eso aguantó hasta poder hablar con Ulf. Sabía que Lana se hundiría en la oscuridad, utilizaría sus dones hasta que la llevasen a la ruina, aunque el fin fuera noble, y sólo él podía traerla de vuelta.— Si damos con Legba... no sé qué pasará. Quizás Ogún sea más razonable contigo, es el señor de la guerra y el acero. Pero conmigo... no sé. Creo que lo he hecho todo mal, que quizás este es mi sitio, en la Fosa, junto a todos los que han ofendido la voluntad de los dioses.

Al girar la esquina de la casa estaba el pequeño cementerio vallado con un pequeño panteón familiar y sobre el tejado de este estaba sentado Legba, con su boca cosida y sus cuencas vacías, el sombrero de copa ladeado, y bebiendo a sorbos una botella de ron, tarareando una melodía pegadiza.

Mira quien ha cruzado el velo... Giuliana y el lobo-hombre adorador de otros dioses. Te mueres de hacerme la pregunta ¿verdad? si te ha reclamado alguien.

La bruja tragó saliva y apretó la mano de Ulf. Legba era ladino y solía hablar con acertijos, pero el guardían de los Loas mayores y el dueño de la encrucijada, él decidía qué hacer con las almas no reclamadas expresamente por algun dios.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Miér Feb 15, 2017 8:02 am

Su mano acariciaba mi mejilla, mis ojos se centraron en ella, en como reía y lloraba, un estado de animo próximo a la locura, ese que la hacia especial, pues puede que tuviera infinidad de defectos, pero mostrar los sentimientos no era uno de ellos.
Yo por el contrario, mantenía la pose, oculto tras esas murallas que esperaba no lograra vencer, al menos no antes de salir del Tártaro o donde quisiera que sus dioses nos hubieran llevado, no podía permitirme mostrar debilidad, no funcionaban así las cosas frente a mis dioses.

Su mano se enlazó a la mía, parecía dispuesta a oírme gritar, y vamos si me oiría, hasta arrepentirse de que el inframundo no le hubiera otorgado un refugio lejos de este vikingo.
Tiró de mi explicándome que allí jamas había acudido en sueños, quizás porque estábamos en otro lugar, a fin de cuentas, nunca habíamos muerto.
El pantano era su hogar, una casa cercana, su refugio y pronto dirigimos nuestros pasos hacia la zona trasera, el lugar donde al parecer daban sepultura a sus muertos.

No tardamos demasiado en visualizar a una especie de engendro con sombrero ladeado, cuencas vacías y boca cosida que bebía ron, lo único sabio que aparentaba tener su dios.
Me relamí mirando la botella, desde luego un trago no me vendría nada mal.
Iba a hablar, mas este se me adelanto, al parecer conocía mi condición, claro, como no, era un dios.
Puede que su aspecto no fuera fiero como el de los míos, mas faltarle al respeto dudaba fuera el modo de salir de aquel entuerto.

-Mis dioses solo reclaman a los caídos en combate, mi muerte ha sido cobarde, nunca bajaría una valkiria a por un demente que se suicida. Mi alma no esta sentenciada por mis dioses, de hecho dudo me espere cena alguna en el Valhalla. Así me he asegurado el venir tas ella, y aquí estoy, desconozco cuantas puertas he de atravesar, a quien he de matar o cuantos de vuestros favores he de conseguir, mas si se algo...Giuliana es mía, me pertenece desde el mismo momento en que decidió por mi, ese en el que su vida fue sustituida por la mía.
Adoro otros dioses, no vengo a mentir, no os conozco, no creo en vosotros mas de lo que lo hago en los elementos o las estrellas, pero creo en la mujer que pende de mi mano y volverá conmigo os guste o no. Lo prometí.

Mi gesto se tensó, soberbio, mas acaso no eramos así los norteños. Tendría ese dios que acostumbrarse a hablar con vikingos, pues puede que a su infierno fueran muchas armas cándidas, mas yo no era uno de ellos, pondrá el tártaro patas arriba hasta que se arrepintieran de tenerme allí consigo, poco me importaba luchar contra los dioses, titanes o bestias legendarias, solo un objetivo estaba claro, ella vendría conmigo.

Alcé la mirada hacia el tejado, el hombre parecía no dar crédito a mis palabras, aunque creo en el fondo le divertía que un pobre mortal retara ya muerto a un dios.
-Mientras piensas como dejarnos ir, podías acercarme el ron, estoy sediento -sonreí de medio lado al sentir como Giuliana tiraba de nuevo de mi mano para hacerme callar.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Vie Feb 24, 2017 12:07 pm

Legba escuchó al mortal proferir sus amenazas y quedarse tan ancho. Eso se llamaba coraje, o quizás es que era muy inconsciente.

No sé a dónde van las almas de los vikingos, pero ahora estás en mi encrucijada y si algún Loa te reclama, tendrás que ir, como todos. O siempre puedes ocupar su lugar...

El negro de sombrero de copa señaló a Giuliana esbozando media sonrisa con su desagradable boca cosida.

¿Me ha reclamado alguien?...— la voz de la bruja sonó débil, suplicante, muerta de miedo por si la reclamaban a ella y a Ulf no. Lo cierto es que el Foso le daba pánico, y no quiería ir allí, pero si estaba con su Ulf, todo parecía menos aterrador.

mmmm tal vez sí... o tal vez no. O tal vez...tenga un juego para vosotros. Si jugais y ganáis... podréis regresar. Si no... tendréis que esperar aqui a que algo suceda..— los acertijos de Legba siempre eran muy crípticos, y aunque sabía que aquello sería distinto de lo que parecía, miró a Ulf asintiendo. Tenían una oportunidad de salir de alli si jugaban a sus juegos, no podían esperar una eternidad, porque a partir de los 3 días de la muerte el cuerpo se descomponía y no se podía regresar siendo una persona, regresarían como zombies dementes.

de acuerdo, jugaremos. ¿qué es lo que...?— Legba no la dejó acabar, chasqueó los dedos y el paisaje del pantano desapareció en un segundo, igual que el suelo bajo los pies de la bruja, que se precipitó al vacío.

Soltó un grito mientras caía y finalmente dio con la espalda en agua marrón, barro y lodo que cubrían una especie de fosa cuadrada. Aquello era la Hondonada de los Proxenetas y embaucadores, el primer anillo del Infierno. Una especie de demonios azotaban a todos los que se arrastraban por aquel lodo. Había una cuerda que colgaba de la raiz de un árbol, si la alcanzaban, llegarían al segundo círculo del Infierno, el Foso de los aduladores, lleno de excrementos.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Vie Feb 24, 2017 3:05 pm

Aquel dios extraño, tan distinto a los norteños que era complicado tomarlo en serio me desafiaba con palabras, acertijos que yo no entendía
Quizás sus dioses fueran serpientes sibilinas, mas los míos iban de frente acero en mano, a eso era a lo que yo estaba mas que acostumbrado.
El tal legba hablo de un Loa, uno que al parecer reclama las almas, la mía no había sido reclamada si no mas les valdría mover su culo cuando Odin mandara a su valkiria para sentarme a la gran cena.

Giuliana por el contrario parecía aterrada, como si supiera que en el caso de que Loa la llamara tendría que acudir de forma inmediata. Apreté su mano con suma fuerza, no iba a permitir que esos seres me la arrebataran, no les temía, quizás ellos pensaran que porque era un inconsciente, mas la verdad era otra, la respuesta correcta es que era un vikingo nacido en el norte y forjado en el fuego.

Un juego, propuso un juego, esperaba que no fuera uno de azar, nunca me gusto confiar en la suerte ni en el sino, yo era de los que creía que para marcar el destino había que luchar, alzar la espada y confiar en tu propio instinto.

No nos dio tiempo a preguntar cuando el extraño dios nos dejo pendiendo del vació, un vació que nos engullo trasportandonos a otro lugar, si eso no era el infierno se le asemejaba, claro que en vez de fuego había lodo.
-Les vendría bien a estos conseguir unas esclavas que les limpien todo esto -aseguré en tono jocoso mirando a mi pequeña bruja.

Analicé la situación, estabamos en una especie de fosa, una cubierta de barro, lodo, comparado con la guerra del norte aquello podía ser hasta un lugar de vacaciones. Elevé la mirada, unos demonios o entes o lo que quiera que fueran esos dementes que sotenian un látigo con el que fustigaban a los desgraciados que intentaban aferrarse a una cuerda que pendía del otro extremo, sujeta a la raíz de un gran árbol y que parecía ser la única salida o para volver a casa o para pasar a la siguiente prueba.

Centré mis ojos en la soga, teníamos que llegar allí, entre el barro manos, piernas, miembros de hombre medio muertos suplicando por sus almas, parecían llevar ahí demasiados tiempo, ¿eso seria el purgatorio de los cristianos?

Si pensaban que iba a arrastrarme no sabían hasta que punto patinaban esos seres, yo era un vikingo y nosotros nos alzamos aun medio muertos para enfrentar al enemigo.
Sonrisa ladina en mi rostro cuando saqué el acero que a mis espaldas rechino como el mismo trueno.
Centre mis ojos en el primer demonio, mas le valía que ese látigo no rozara la piel de mi amada porque de hacerlo la sangre se mezclaría con el lodo y sus dioses aprenderían a ser simples juglares cantando mis hazañas.

Rugí desafiante golpeando el acero contra mi armadura de cuero tachonado, cuando pase orgulloso frente al primero de ellos, la espada larga giro en mi mano, mientras en la otra lucia un puñal recién sacado del cinto. Hundí mi mirada en los rojos de ese ser al que no pensaba temer, no entraría a la casa de Odin con miedo, yo era un guerrero.

El infernal tomo impulso con su brazo, extremo del látigo atrás y lo lanzo sobre mi produciendo un ruido al sajar mi piel, claro que no espero que mi brazo se moviera rápido enredándolo y de un tirón el demonio vino al lodo del abismo en el que nos encontrábamos inmersos.
Ladeé la sonrisa alzando la espada para asestar varios tajos rápidos que hirieron su piel.
-Si sangra se le puede vencer -asegure virando sobre mi mismo para hundir la daga en su vientre.

Los otros dos parecían decididos a unirse al juego, pues sin ser repujados saltaron para poner a salvo a su hermano.
-Corre Giuliana -le ordene - ahora, coge el extremo de esa cuerda y no mires atrás, yo voy tras de ti -le prometí.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Dom Feb 26, 2017 6:44 am

La bruja observó al demonio caer y ser atravesado por el acero de Ulf. Ella allí no podía hacer nada, sus poderes se limitaban a conjurar entes de ese plano para llevarlos al terrenal, para que los humanos corpóreos sufriesen los daños de los entes espirituales del otro lado del velo. Ahora estaban al otro lado y no tenía ningun recurso más que sus manos y piernas.

Agarró el látigo que el demonio había soltado, por si le servía para algo y corrió a la orden de Ulf, hasta la cuerda. El fango se pegaba a sus botas y a su vestido pero luchó contra viento y marea por llegar. Se aferró a las raices del gran árbol, que salían de las entrañas de la tierra conformando una red de agarres para trepar por esa pared fangosa y alcanzar lo que se suponía que era su salvación.

No debía mirar atrás, pero lo hizo y vio a Ulf peleando como el guerrero que era, repartiendo muerte y dolor por igual, y aunque temió por su integridad, estaban en el mundo espiritual, allí la sangre no era real, sólo eran materia etérea con forma, sólo si quebraban sus espíritus lograrían vencerlos. Trepó resbalando varias veces y cuando alcanzó la cuerda la enrolló en su brazo anudando el extremo, no la soltaría por nada del mundo.

Ulf!!! la tengo!!!.

Soltó el látigo para que le sirviese al vikingo de apoyo al subir, y no perdiese tanto tiempo en trepar como el que había invertido ella. Estaba cubierto de sangre y no toda era suya.

la sangre y el dolor... no es real, no estamos hechos de carne, si tu espíritu aguanta, entonces no hay nada que temer.— no era real pero dolía como si lo fuera, y lo parecía. En eso consistía el tormento, en romper la esencia del torturado. Giuliana estaba muy decidida a salir de allí por él, con él, para él. Le debía una vida de cuidados, de amor, de afecto y preocupación, de desvelos y de broncas.

Al final de la cuerda, tras un largo y tedioso ascenso, el suelo era negro. Se dejó caer de espaldas, descansando un poco los doloridos músculos y respirando despacio. ¿Y ahora qué? ¿qué sería lo próximo?

Ulf había alcanzado el piso superior y resoplaba junto a ella, matar demonios era agotador. Le puso las manos en las mejillas, juntando su frente a la del vikingo.

No sé si saldremos de esta...pero hay que darse prisa, el tiempo aquí es diferente, si queremos volver...¡Ay! eres un idiota!! no deberías haber venido a por mi...pero me alegro taaaanto taaanto de que lo hayas hecho...— a pesar de estar cubiertos de barro, besó sus labios y se puso en pie. Una vasta ciénaga que olía a mierda se extendía a su alrededor. Debían cruzarla hasta un altiplano del que surgían cendales de humo negro.

Puso gesto de angustia...¿iban a cruzar un pantano de excrementos para llegar a un lugar donde se consumían los pecados mortales entre piras de humo? no era nada alentador.

La ciénaga de los aduladores parecía tranquila, seguramente ningun demonio viviera allí ya que los propios pecadores se ahogaban en su desesperación al verse cubiertos de desperdicios, ahogados en su propia podredumbre moral. Las aguas eran traicioneras y podías hundirte fácilmente. Pero ni Giuliana ni Ulf eran aduladores ni falsos, se suponía que podrían cruzar ese pantano, era cuestión de encontrar el paso firma sobre el lodo y las aguas fecales.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Mar Feb 28, 2017 11:35 am

Lodo, sangre y una batalla entre titanes en el que el acero era el protagonista indiscutible.
Allí no graznaban los cuervos, era consciente de que el Valhalla no se abriría para mi si no salia de aquel lugar de extraños dioses. Poco me importaba luchar, si a cambio de ello me llevaba conmigo a Giuliana, lo prometí y yo cumplía mis promesas.

Cuando el ultimo cayo inerte contra el fango, corrí hacia la pequeña bruja que había logrado su misión, coger la cuerda para salir de esa ciénaga que nos devoraba de forma implacable a los dos
Tomé impulso afianzando mis dedos a los de ella, trepando con la mayor premura posible.
Ambos llegamos a la parte de arriba entre jadeos, nos miramos cubiertos de barro, al parecer el infierno solo había comenzado.

Giuliana me aseguro que si mantenía mi voluntad constante nada me pasaría, que nada era real, solo un juego mental.
-puede que las heridas no sea reales Giuliana pero sangro como si lo fueran, así que mantente lejos del peligro, no quiero perderte por el camino.
Dolían, no lo confesaría, yo era un orgulloso vikingo, pero la pelea con esos tres demonios había mermado mis fuerzas.
Frente a nosotros el paisaje no resultaba nada alentador, mas bien un caos lleno de mierda y putrefacción.

Dejé escapar el aire mirando a la bruja, no pude evitar ladear mi sonrisa cuando sus ojos verdes se clavaron en los míos.
-Esto me lo vas a recompensar, no se como pasa aquí el tiempo, pero cuando volvamos, que lo haremos, vas a saciar mis ganas en todo momento y sin rechistar -bromeé guiñándole un ojo antes de saltar sobre la mierda dispuesto a cruzarla.

Cienaga de lso aduladores, yo no era tal, nunca lo fui, mas aun asi, me costaba nadar, mis botas se tornaban mas pesadas a cada paso, como si aquello fueran arenas movedizas que decidian acogerme hasta que nada quedara de mi.
No tarde en vislumbrar la preocupada mirada de la bruja, sabia que algo iba mal y por mas que tiraba de mi mano, me costaba cada vez mas avanzar.

Habíamos atravesado la mitad de esa ciénaga, no había rastro de demonios, no había nada con lo que luchar, por ende, luchaba contra mi mismo, no era un adulador, mas si un cobarde mentiroso.
No había confesado mi verdad, al menos no con palabras, si con actos. ¿seguirla hasta allí no era suficiente?

Tenia miedo, miedo de confesar que sentía por ella bastante mas de lo que decía, le había prometido que la cuidaría y que no me iría, mas no le había contado las causas del porque de todo ello, ni siquiera le había hablado de Freya hasta que ella lo descubrió.
Tampoco había confesado mi atracción por otra mujer norteña, con la que no había tenido nada, pero si había visto en París.
Guardaba secretos y algo me decía que no podría cargar con ellos si quería salir de la ciénaga con vida.

Alcé la mirada buscando sus ojos, quizás teníamos que hablar, pero..por donde empezar




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Jue Mar 02, 2017 4:50 am

El pantano olía a mierda bíblica, a los excrementos de los dioses, igual de épicos y potentes que sus dueños. Le dieron naúseas un par de veces, pero lo controló. Aún quedaba un tedioso camino hasta salird e allí, pero estaba dispuesta a hacerlo. Ulf había muerto y no podía dejar que eso fuera irreversible, porque Freya se quedaría sin padre, y el Norte sin su guardián y ella... a saber a dónde iba a parar.

Quizás fuera que el camino era lento y se hundían, que el olor nauseabundo iba minándole la moral o que pensar en que lo que le esperaba al otro lado era casi peor, la desanimó. Alcanzaron un punto más o menos firme, un trozo de tierra donde el fango tenía menos espesor y se detuvo allí recuperando el aliento. Vio los ojos de Ulf, porprimera vez desde que le quitó las monedas de encima de los párpados, con una chispa de preocupacion. No eran los demonios lo que le preocipaban, ni el fango ni las pruebas que Legba las pusiera. Era otra cosa. ¿Qué era?

Ulf...¿qué sucede?

Alargó la mano hacia su cara pero estaba llena de suciedad y no quería mancharlo de mierda. Era bruja pero no mentalista, asi que no tenía ni idea de lo que podría estar pasando por la cabeza del vikingo. Allí no podía ver su aura, no eran de materia, eran espirituales, por lo tanto estaba perdida. Sabía que algo oscuro le acechaba desde dentro de si mismo, desde ese lugar que ella no podía alcanzar. ¿Estaría el pantando afectando a su razón? Era la cienaga de los aduladores. ¿La habría adulado de algun modo siendo falso? quería creer que no, que sus sentimientos habían sido sinceros desde el principio, desde que la salvó del nosferatu, desde que aquella noche se entregó a él y después lo dejó libre para decidir. No podía ser mentira, su cabeza no lo concebía...nadie estaba tan loco para matarse y viajar al infierno a sacar a otra persona si no la amaba de verdad. Pero la maldita ciénaga la hacía dudar, de la misma forma que Ulf tenía reflejado en los ojos una pesadumbre que le atormentaba.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Jue Mar 02, 2017 10:41 am

Alcanzamos un pequeño relieve, un alto en el camino solido donde asentar los pies. Podía notar la preocupada mirada de Giuliana en mis grises. Bruma oscurecida la que ahora reflejaban mis ojos, delatando lo pesado que me resultaba el camino de aquella ciénaga.
No taro en encararme, ella era así, sin dobleces, quizás por eso la pequeña bruja flotaba mientras yo me quebraba a cada paso que daba.

Dejé escapar el aire, no solo por el cansancio, el pesimismo que me invada, si no porque por primera vez la distancia que me llevaba al otro extremo se me antojaba eterna.
Giuliana sabia que algo nadaba mal, creo que intuyo que en algún momento había mentido sin mas.
-No bruja, no he mentido con respecto a mis sentimientos, de echo es posible que me haya quedado muy corto al hablar de ellos.
Soy incapaz de expresar con palabras lo que me asusta, me inquieta, me gusta, amo u odio..bueno, no tanto lo que odio -sonreí cansado.

Busqué su mirada, aferrando ahora sus mejillas con mis manos, poco me importo ensuciarla cuando mis labios surcaron su boca de forma desesperada.
Tenia que irse, y tenia que hacerlo sin mi, porque no me veía capaz de atravesar esa ciénaga, no en el tiempo necesario para salvar nuestros cuerpos en la tierra.
-Giuliana, has de irte, iré tras de ti -mentí consciente de que en esta ocasión no podría alcanzarla.

No se movió, ni un centímetro, mi desesperación crecía mientras sus manos aferraban la mía.
Tenia que mentirle, tenia que hacer que me abandonara, si había una oportunidad para uno de los dos había que tomarla.
-Bruja ¿sabes porque me hundo? Porque no eres la única mujer que he visto en París -no era una mentira completa, pues era cierto que Skadi, la hermana de mi mejor amigo y yo habíamos compartido una noche de borrachera.
No paso nada, no sucedió porque aunque en ese entonces aun no sentía lo que hoy por Giuliana ya por ese entonces algo me empujaba a serle fiel no solo con palabras.
-Me gusta -la mentira creció, era una mujer bella, atrayente, norteña, pero no, no la quería, estaba enamorado de la bruja, tanto que solo pensaba en ella.

Inevitablemente sentí como la mierda, el barro, el lodo me engullía, hasta ahora puede que mi falta de sinceridad para expresar sentimientos con palabras me había hecho avanzar despacio, a fin de cuentas mi alma pesaba, pero ahora, las mentiras dichas a la cara hacían que la tierra se abriera bajo mis pies.
-Vete Giuliana -le ordene desesperado




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Jue Mar 02, 2017 4:09 pm

La bruja escuchó con atención lo que Ulf queria decirle. Entendía que no fuera muy ducho con la palabras y menos para hablar de sentimientos, pero eso no era razón para hundirse así en esa ciénaga.

Cuando dijo que había visto a otra mujer en París sintió el azote de los celos golpear fuerte en su corazón, incluso sintió cierta decepción, pero no con Ulf, él era cuanto tenía que ser, cuanto se le podía pedir a un guerrero; feroz, valiente, mujeriego... Se sintió decepcionada con ella misma, había conseguido alejarlo, perderlo por sus decisiones desacertadas. Aunque en París aún no se habían sincerado, no estaban juntos de la misma forma que ahora que habían pasado mil mierdas juntos y se habían forjado en las catastróficas desdichas que les perseguían.

Fijó su mirada verde en la brumosa del vikingo y buscó en esos ojos la verdad entre aquellas palabras. Mentía. Y no sabía por qué, pero no estaban para discusiones. Agarró las manos de Ulf y tiró de él para sacarlo del fango y avanzar.

Me da igual. Pienso clavarle mil agujas a su muñeco cuando regrese. Y tú volverás conmigo, aunque sea para mandarme de vuelta al infierno por matarla.— si la mierda lo tragaba era porque no estaba siendo honesto.— Ulf!! necesito que digas la verdad!! te hundes!! Si te gusta esa mujer, pues bien, di lo que tengas que decir, te perdono, estás limpio, pero deja de hundirte.

Tenía sus manos sujetas y no iba a soltarlo por nada del mundo, lo sacaría de allí aunque le costase la vida. Recordó que tenía el látigo del demonio y lo sacó. Hizo un nudo franciscano y lo paso por su cintura tirando de él.

Saldremos juntos de aquí, no me voy a ir a ningun lugar sin ti, no me he puesto un ciervo muerto y putrefacto por sombrero para liberarte de las amazonas para que ahora decidas quedarte atrás.

Un trueno retumbó en la lejanía. Seguramente eso significara algo, quizás fuera una medida del tiempo. ¿Habría pasado un día? de ser así sólo le quedaban dos para atravesar los 7 anillos del inframundo, infierno o lo que fuera aquello.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Dom Mar 05, 2017 9:35 am

Sus manos aferraron las mías, aquella maldita bruja cabezota no parecía decidida a dejarme ir, daba igual que le contara que amaba a otra, como si le hubiera asegurado que era el mismo rey del Tártaro.
Dejé escapar el aire de forma pesada, a fin de cuentas sabia que mentir no solucionaría nada, no cuando había muerto para buscarla.

Un trueno retumbo en la lejanía, el fin de un día y el inicio de otro, el tiempo se agotaba y por mas que la empujaba alejarla de mi no parecía la opción tomada por la dama.
-Esta bien -aseguré derrotado mientras hundía mis brumas en sus ojos desesperados.
Tragué saliva estaba agotado y aquello que iba a contarle no lo sabia nadie.
-No amo a otra mujer, eres la única que ocupa mi mente, puedes guardar las agujas y el muñeco de vudú pequeña bruja, no van ha hacerte falta.

Ladeé la sonrisa al contemplar por una parte el alivio de mis palabras, mas por otra la preocupación que despertaba en sus ojos verdes, pues si no era eso, posiblemente lo que guardaba tenia mayor importancia.
-Freya, no es mi hija -sentencié con la seguridad mas absoluta.
Sentí mi cuerpo liviano, como si acabara de quitarme un gran peso de encima al desvelar aquella verdad a la bruja.

La atraje por la nuca posando mi frente contra la suya nuestras respiraciones agitadas se acompasaron.
-Freya es hija de rey. Su madre me pidió que me adjudicara su paternidad, no deseaba que un ser como aquel corrompiera a la pequeña.
Yo había estado con ella en distintos encuentros, mas no coincidían en fechas con su nacimiento, un secreto que he escondido a todos, incluso a mi propia madre.
No es mi hija, pero la quiero y no dejaré jamas que esa bestia que tenemos por rey le ponga una mano encima ¿lo entiendes? Freya nunca seria libre si ese hombre conociera que la sangre que corre por sus venas es la propia.

Tomé su mano y tiré de ella, la bruja parecía asimilar mis palabras mientras ahora ambos caminábamos por la ciénaga a paso rápido.
-Tenemos que salir de aquí Giuliana, no nos queda mucho tiempo, peor juro por Odin que voy a devolver este alma testaruda a ese cuerpo que pienso tomar hasta saciarme.
Ladeé la sonrisa de nuevo dándole un manotazo en el culo para que aligerase el paso.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Mar Mar 07, 2017 2:14 pm

Así que Freya no era su hija...ciertamente era un alivio, pero no por dejar de ser su hija, sino porque si ese era su gran secreto, ella ya firmaba para que todos los secretos que Ulf le guardase fueran así.

La hubiera querido igual si lo fuera...— le dijo al lobo. Porque era así, esa pequeña no tenía culpa de nacer de un tirano, porque padre no era quien engendraba sino quien criaba. Ulf la había criado y para ella no había diferencia si no compartían sangre.— No. La voy a querer igual.— corrigió con determinación, porque pensaba salir de allí con él.

Si el rey se enteraba sería una persecución sin tregua, Freya debía quedarse en París, a buen recaudo con Höor y su esposa y crecer con más oportunidades que en una nación oprimida y sometida a la ley de un hombre peligroso. De pronto se dio cuenta de algo y se detuvo en el camino hacia el hoyo de los blasfemos.

Ulf!! si yo estoy muerta, entonces él también...yo era el vudú, el mismo daño que me hiciera a mi misma, sería inflingido al él. Sólo espero que esté en este infierno, ahogado en porquería o quemándose en las brasas eternas...

Continuaron andando hasta el siguiente nivel de aquella pesadilla. El juego de Legba era muy retorcido, y estaba encaminado a romper el espíritu de los condenados. La tierra ya era firme pero estaba negra y quemada, sólo las cenizas volaban como plumas suspendidas en el viento. La bruja se detuvo en el borde de una explanada de piedras incandescentes que emanaban un calor infernal.

Tragó saliva cuando lo vio. Los blasfemos eran aquellos que maldecían a los dioses, que los ofendían y no los respetaban. Miró a Ulf.

Espero que no tengan en cuenta que tú veneras a otros dioses... mientras respetes a los míos no debería suceder nada. Ulf...¿los respetas? sé que son diferentes de los dioses del Valhalla, y que no confiraías en ellos como confías en los tuyos...pero intenta comprenderlos y respetarlos, o al menos no los ofendas. Yo haré lo mismo con los tuyos, aunque no sepa si hay un infierno así para los nórdicos.

Respiró hondo y se acercó al borde apretando los puños y bajando los pies a las brasas, preparándose para recibir el dolor de las quemaduras, pero no sucedió. Ella no era una blasfema, respetaba a los dioses y éstos no la iban a castigar. Si Ulf se quemaba, lo llevaría a cuestas, costase lo que costase, pero iban a salir de allí. Aunque prefería no tener que hacerlo porque no sabía si podría con su peso.





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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Jue Mar 09, 2017 5:32 am

Asentó ladeando mi sonrisa mientras mis grises se perdían en sus verdes. Era cierto, sabia de sobra que la pequeña bruja querría a la niña fuera o no mía, mas la realidad era que su padre era un tirano y de saber de su existencia ella nunca descansaría en paz.
Ese secreto ni siquiera Freya lo conocía, quizás para Giuliana fuera un secreto nimio, mas lejos de eso, era la mentira que mas pesaba sobre mis hombros, pues de un modo u otro la había sentenciado a una vida humilde cuando su sino, era mas bien todo lo contrario.

Ahora, con Höor estaba segura, claro que haría las veces de sirvienta de la señora Cavey, cuando ella era la prima de Höor.
Traté de centrarme en la siguiente prueba, la de los blasfemos. Frente a nosotros se abría una explanada de tierra ennegrecida y brasas rojas que desprendían casi tanta luz como el mismo astro sol.
-Ojala el rey este muerto, mas no lo subestimes, tiene poderosos hechiceros y últimamente habia empezado ciertas negociaciones con seres sobrenaturales, de ahí que mando a Höor a por la espada mitológica.

La bruja me miro, ella parecía mas confiada que yo, mas mi instinto salvaje me decía que no debía confiarme por mucho que quisiera confiar en la magia de Giuliana y sus dioses.
La hechicera bajo con cuidado posando sus pies en las incandescentes piedras, yo por el contrario di un salto sobre estas sin cesar en mi empeño de recorrer aquel lugar antes de que nos perdiéramos para siempre en la oscuridad del inframundo.

Giuliana parecía preocupada, entendía el porque, mas yo no era un blasfemo.
-No, no soy capaz de respetar a tu dioses, como no respeto al cristo ese que cuelga de una cruz y se muere por los suyos sin comprender bien por y para que.
Mis dioses son guerreros, creen en el acero, la muerte, el caos y a ellos no solo los respeto si no que los comprendo porque nací y crecí con sus costumbres creando las mías.

Ladeé la sonrisa dándole una palmada en el culo para su sorpresa.
-Camina preciosa, que esto calienta pero no quema -bromeé entre risas -todo lo contrario a l oque hago yo.
Íbamos a mitad de camino cuando un ser apareció frente a nosotros, el mismo que encontramos tras la casa de la bruja, era un dios, no recordaba bien su nombre, solo que bebía de un alcohol que no me dio y que hablaba con acertijos y no de forma directa como hacíamos los hombres.

Ladeé la cabeza deteniendo mis pasos para mirarlo desafiante, él nos había metido en esta, mas yo sacaría a Giuliana del infierno de sus dioses.
-Tenemos prisa -aseguré enfrentando su vacía mirada cosida.
Sus palabras retumbaron en aquel valle, parecía que su única intención para con este vikingo era doblegarme.
Me pido que me arrodillara y le mostrara el respeto que merecía por albergarme en aquella casa.

Una risa irónica acompaño sus palabras, si pensaba que traicionaría a mis dioses mostrando reverencias a falsos dioses la tenia mas que clara.
-Temo mas la ira de Odin que las brasas que bajo mis pies se hayan. No, nunca me arrodillaré frente a ti, haz lo que debas, mas tu no eres mi dios.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Dom Mar 12, 2017 3:06 pm

Legba tentaba a Ulf, lo provocaba, estaba pinchándolo para que saltase, lo podía ver ante sus propias narices, pero el vikingo era terco, muy terco, y muy fiel a sus dioses. Le pidió que se arrodillara pero los tres sabían que eso no sucedería y Lana se temió lo peor, que las tierras se abriesen y las llamas consumieran sus pies. Casi podía oler la carne chamuscada y escuchar los alaridos de dolor, pero extrañamente Legba sonrió de medio lado y le dio la botella de ron.

Bien hecho, humano. Tu crees en tus dioses y no reniegas de ellos. De haberlo hecho sólo para salvarte, te habría considerado un blasfemo, un traidor a su religión que mancilla el nombre de sus dioses por egoismo. Sigue así, pero aquí... Odin no te va a yudar. Aqui nadie puede ayudarte. A ver que tal se te da la explanada de los arrogantes...— sotó una risa macabra antes de desvanecerse entre el humo de del hoyo.

¡Ay, no! la siguiente prueba, el siguiente nivel de aquel infierno, era la explanada de los arrogantes donde caminaban en círculo sin ojos y con la boca cosida. ¿Qué iba a pasarles? Giuliana no era orgullosa pero Ulf sí. ¿Habría pecado de arrogancia? desde luego con Legba no había sido humilde, así que cualquier cosa era posible. Miró al Ulf con ojos de cordero degollado. Si ponían un pie en esa llanura quizás el rubio acabase con la boca...¿Eh?

Todavía no habían llegado a los lindes y los labios de Ulf comenzaron a sangrar,algun tipo de magia estaba empezando a hacer de las suyas. Los cordones negros brotaron de la nada, y empezaron a retorcerse sobre su piel, cosiendo su boca como la de Legba. Giuliana soltó un grito, ahi estaba la respuesta, Ulf sí había sido arrogante y ahora lo estaban castigando. Adelantó las manos hacia su cara sollozando.

¡Ulf!! Ulf tranquilo!! no es verdad, no está pasando...es solo aquí...Legba!!! Legbaaaa!!! dejadlo en paz!! castígame a mi!!!..— gritó al aire, pero nadie respondió. — Por favor... los ojos no... los ojos no...— murmuró, cayendo de rodillas y cruzando las manos, rezándole a sus dioses y dejando escapar algunas lágrimas que mancharon su cara tiznada de hollín. Al parecer se contentaron con coserle la boca, y dejaron en paz sus preciosos ojos del color de su pantano.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Lun Mar 13, 2017 5:21 am

Al menos su dios me dio ron para beber, no estaba mal teniendo en cuenta el calor que ambos sentíamos bajo nuestros pies.
Di un buen trago de la bota y se la pase a la pequeña bruja impactando con esta en su pecho con una sonrisa ladeada.
-bebe, cuando regresemos, que lo haremos -apunté con altivez - te invitaré a una taberna para celebrar que hemos vuelto de entre los muertos.

El dios mudo y ciego desapareció dejando atrás una estela maquiavelica como único sonido de aquel valle, su risa contrastaba con mi buen humor, era como si tras confesar a Giuliana la verdad sobre Freya, hubiera sido una liberación.
Anduvimos el resto del camino entre risas cómplices, al menos por mi parte las hubo, pues la bruja parecía francamente preocupada por mi sino en nuestro próximo destino.

Tenia razón, yo era arrogante, todos los vikingos lo eramos y si tenia que pagar penitencia por ello, si sus dioses castigan la hombría, me declaraba culpable y aceptaba el castigo, pues nunca dejaría de mostrar orgullo, así eramos en el norte, así eran mis dioses.

Mi boca quedó cosida, sangre que goteaba de mis labios manchando mi camisa y desesperación en los ojos de Guliana que suplicaba por mi, algo que no debía hacer y así se lo hice saber alzándola de un tirón del suelo con la mirada fija en ella como único reproche.
Era orgulloso hasta para consentir que una mujer rezara a sus dioses por mi ¿acaso no se daba cuenta de que esos dioses eran los que jugaban con nosotros?

Admito que dolía, pero continué avanzando, sabia que pronto mis ojos quedarían sellados, así que cuando las primeras gotas de sangre emergieron de ellos me limité a cerrarlos sin desfallecer, sin suplicar y con el gesto tenso le tendí a Giuliana la mano mientras con la otra empuñaba la espada esperando a mi adversario.

Los vikingos luchamos hasta la muerte, y este no era mi final, el Valhalla me esperaba en otro lugar.
Ciego, mudo y si era necesario sordo alcanzaría el final de este camino, la bruja tiraba de mi mano, podía oírla sollozar, sabia que lo estaba pasando mal, pero, no podíamos rendirnos, teníamos que avanzar.

Acorté la distancia siguiendo su mano, mis dedos a tientas acariciaron su cintura y mis labios se curvaron en una sonrisa muda.
Esperaba que fuera suficiente para que se diera cuenta de que no era en círculos como caminaríamos si no en linea recta, solo tenia que creer en ella, a fin de cuentas ahora era mis ojos y mi voz.




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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Miér Mar 15, 2017 11:46 am

Le dolía el alma de verlo así, como un muñeco vudú, condenado a la invidencia, a vagar en tinieblas y no poder más que emitir sollozos sofocados. Se desesperó al comprobar que sus dioses lo habían castigado de ese modo sólo por ser un guerrero, un líder, orgulloso de su estirpe y de su pueblo. La arrogancia le había jugado una mala pasada, pero por otro lado sabía que eso sólo espoleaba más a Ulf, lejos de aplacarlo o domesticarlo, aún lo volvia más fiero.

Avanzaron despacio por la explanda y Giuliana lo fue guiando en línea recta, sin entrar en los círculos donde los pecadores arrogantes penaban por la eternidad. Ya podía ver el final de aquel nivel...¿qué le esperaba ahora? Conforme cambió la tierra de color, los labios de Ulf se descosieron y sus ojos comenzaron a abrirse despacio. La sangre lo manchaba, pero al menos recuperaba su visión y su voz. Le colocó las manos en la cara y a la vez que sollozaba de alegría soltó una carcajada.

Ya he comprobado que coserte la boca no me va a dar paz cuando seas un bocazas arrogante...— Besó sus labios porque eso era otro triunfo, otra etapa superada, un escalón menos para regresar a su vida.

A lo lejos se observó una polvareda de algo que se acercaba como si fuera el ejército de Haníbal. Un montón de demonios cabalgaban unas bestias deformes y blandían espadas desdentadas y negras en tromba hacia ellos. Ulf blandió la espada dispuesto a hacer carne picada de aquellos demonios y sus monturas, pero eran demasiados.

Al llegar los rodearon y uno de ellos les habló con voz áspera.

¡Al caldero! cogedlos!! si son ladrones se cocerán y su carne se desprenderá del hueso y nos saciaremos con su carne..

Al fondo se dibujaba una enorme estructura de metal negro alimentada con brasas y fuegos candentes bajo ella, y al parecer era el caldero en el que hervían a los ladrones. Giuliana trató de recordar si alguna vez había robado algo, pero no, no tenía las manos manchadas con ese pecado. Miró a Ulf angustiada... por el amor de una madre, que no hubiera robado ni malversado nada.




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