Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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La Tempestad. (+18)

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La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Lun Ene 02, 2017 2:00 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Este tema va a continuación de La Clameur du Silence.

AMBIENTACIÓN AQUÍ

"Full fathom five thy father lies;
Of his bones are coral made;
Those are pearls that were his eyes:
Nothing of him that doth fade
But doth suffer a sea-change
Into something rich and strange.
Sea-nymphs hourly ring his knell
Hark! Now I hear them – Ding-dong, bell."

— William Shakespeare, The Tempest, Act I, Sc. II


2 de enero de mil ochocientos y algo.

Sus manos se cerraban sobre el asa de la maleta de cuero con correas que sujetaba delante de sus rodillas. El muelle estaba silencioso y cubierto de niebla, su silueta se recortaba apenas a unos metros de la pasarela que unía el Northwind a tierra, tal era el nombre del navío que los llevaría hasta las costas del norte. Su vestido era de un color negro riguroso como si del luto más profundo se tratase, cubierto con un grueso abrigo gris. Las botas de cordones le llegaban hasta las rodillas y las medias de lana negra completaban el atuendo; el único toque de color que destacaba bajo su palidez era el rubio de sus cabellos y sus ojos verdes tocados de marrón alrededor de las pupilas.

Lo había dejado todo arreglado, su familia sabía que se marchaba, si bien creían que iba a estudiar un mes a Londres. Descubrirían más adelante su verdadero destino, cuando ya no hubiera vuelta atrás.

No sabía cómo reaccionaría al verlo, no la esperaba allí, no había sabido nada más de él desde aquella noche semanas atrás. Cada vez que miraba por la ventana hacia el cementerio de Pére-Lechaise esperaba ver su pelaje blanco entre las tumbas, pero no había sucedido.

Las heridas y cortes habían sanado, los huesos se habían recompuesto y sus recuerdos dolían en algún lugar del corazón, pero estaba escrito lo que debía ser, y ella no sería quien desafiase al orden cósmico.

La semana anterior, cuando regresaba de la biblioteca, ensimismada, pensando en algo que había leido, chocó contra un hombre y se desparramaron sus libros y papeles por el suelo. Muy amablemente, el desconocido la ayudó a recogerlos y pudo ver su rostro a la perfección; mandíbula cuadrada, ojos azul hielo, pelo ralo rubio como el trigo y barba poblada. El extraño siguió su camino y Lana se quedó plantada en la calle teniendo una visión. En su mente se sucedió una serie de escenas bastante claras.

El extraño rubio se acercaba a una mujer hermosa a la que llamaba Thyra, y le entregaba malas noticias. El rey acababa de usurpar sus tierras y había mandado a un pequeño contingente de hombres para someter a los aldeanos y trabajadores de dicha propiedad. El rey pensaba que en ausencia de la señora del lugar, podía apropiarse de lo que le diera la gana.

La siguiente escena tras un breve fundido a negro, era Thyra ordenando a Ulf que se fuera al norte y que lo arreglase, dandole un montón de legajos y haciendo que le acompañara un burócrata que defendiese sus derechos por la via legal, pero si el rey no atendía a razones, tenía instrucciones de emplear la fuerza.

Tras otro fundido a negro se le reveló el nombre del barco, el Northwind, y la fecha escrita en unos pasajes.

Por último, la bruja vio el norte, vio la contienda, la sangre y el fuego. Vio al rey reir satisfecho después que una oráculo predijese la muerte de los rebeldes. Todos ellos caerían.

Sus rodillas fallaron y se desplomó sobre el suelo de la acera de la biblioteca. No podía dejarlo a su suerte, tenía que preguntarle al Barón Samedi si era la hora de Ulf, porque si no lo era, tendría que intervenir. Se apresuró a llegar a casa para beber Sazerac, entrar en una especie de trance y conjurar al más poderoso de los Loas, pero éste parecía no responder, la bruja todavía no estaba preparada para llamar a la puerta de una deidad así. Pero Legba sí acudió, siempre tan misterioso con sus acertijos.

Giuliana, las respuestas que buscas no las vas a encontrar.
¿por qué?.— La bruja inquirió al más sabio de sus dioses.
Porque erraste en las preguntas.
¿Y cómo sabré qué preguntas son las adecuadas?
Porque obtendrás respuestas.
Eso no me ayuda.— Legba rió con aquella boca cosida tan desagradable.
No estoy aquí para cumplir tus deseos, niña.
Dime al menos si el Barón reclamará su alma, si no estoy cometiendo el peor de los errores negándole ese deseo al señor de la Muerte.
Si el Barón desea su alma... no habrá nada que puedas hacer para impedirlo.— Legba se encendió un puro apresándolo entre los resquicios que dejaban sus labios cosidos.

Eso ya era una respuesta, más o menos. Agradeció a Legba su enrevesada ayuda y lo preparó todo para subir a ese barco. Compró el pasaje, llenó la maleta con lo que podía necesitar para ayudar con los hechizos que sabía y llegado el día, cuando aún no despuntaba el alba, se perdió entre las nieblas parisinas para llegar al puerto y esperar a que apareciesen los norteños.


Última edición por Giuliana Mordrake el Dom Ene 15, 2017 2:12 pm, editado 1 vez






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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Jue Mar 16, 2017 6:26 am

La mano de la bruja aferraba la mía con fuerza, aquello era sin duda un acto de fe ciega, no titubeé en ningún momento, confiaba en la bruja completamente.
Así hasta que las cuerdas desaparecieron y solo los puntos de sangre por donde habían pasado estas quedaron evidenciados en mi rostro.
Ladeé la sonrisa cuando esta me dijo que de nada valdría coserme la boca cuando discutiéramos.
Sus labios presionaron los míos, entreabrí la boca sediento de ella, dejando que mi lengua surcara despacio los senderos que ahora casi se me antojaban nuevos. Paladeé su sabor hasta que se apartó y nuestras respiraciones entrechocaron violentas.
-No seria perder el tiempo y lo sabes -susurré atrayendola por la cintura para que impactara conmigo.

Sus manos en mi pecho, me empujo con suavidad mientras reía aun contra mis labios, negué aflojando el agarre para dejarla ir
-¿que pasa que tus dioses no follan?
Fue ahí cuando me centre en el cambio de ambiente, la tierra era diferente, suelta y desde nuestro frente se alzó una enorme polvareda, centre mi mirada, eran demonios montados sobre bestias.

Empujé a la bruja por la cintura para protegerla tras mi cuerpo y desenvainé la espada dispuesto a prestar batalla.
Tensé le gesto, mi cuerpo se agachó ligeramente para aguantar la primera embestida, mas eran demasiados y pronto quedamos rodeados mientras con mi espada golpeaba las lanzas que apuntaban el cuello de ambos.

Una voz ronca retumbo por encima del resto, “cogedlos” decía como si eso fuera a resultarles fácil.
-No la toquéis -rugí hundiendo mi espada en el vientre de uno de ellos, sangre parduzca resbalo por el acero.
Un golpe seco a mi espalda me hizo caer de rodillas, dos lanzas en mi cuello y pronto fuimos atrapados pese a mis forcejeos.

Yo no era un ladrón, nunca robe nada, excepto quizás alguna espada para defenderme en batalla.
Dudaba que Giuliana hubiera tomado nada que no le perteneciera.
-¿cuenta si te roban el corazón? -bromeé mirando a la bruja tratando de tranquilizarla -nos van a meter en unas termas, quizás ahí si podamos echar un polvo, te tengo ganas.

Un caldero de acero nos esperaba, bajo este el fuego del infierno, una escalera que recorrimos peldaño a peldaño, hasta quedar en lo mas alto, miré hacia abajo, hervía, me parecía imposible no salir ardiendo de esto, mas recordé las palabras de la bruja. “ no es real” antes de que me empujaran salte y alargue los brazos para tomar la cintura de mi pequeña bruja para sumergirla conmigo en las abrasadoras aguas.
-Confia en mi -susurré hundiendo mi mirada en la suya -no quema.
Mi aliento impacto contra sus húmedos labios, nuestra nariz se rozó despacio, mientras el agua bañaba nuestros cuerpo.



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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Miér Mar 22, 2017 4:16 am

Del caldero salía un vapor abrasador, las aguas eran turbias y rojizas y se podían ver trozos de hueso blanco flotando en algun momento, y sumergiéndose después cuando las burbujas hirvientes lo reflotaban y hundían. Olía a carne guisada, al mismo hedor que desprendía la calle de los curtidores cuando escaldaban las pieles en sus ollas para separarlas de la carne fácilmente.

Costaba no pensar que aquello podía abrasarlos y cocerlos, y sacarles la piel a tiras. Pero entonces Ulf saltó tirando de Giuliana, estaba muy seguro de que ninguno había robado nada, al menos con ánimo de lucrarse, de enriquecerse o de hacer daño. Y por supuesto, si robar el corazón contaba, entonces estaban bien jodidos.

Se aferró a él cerrando los ojos y esperando el impacto del agua hirviente que derretiría sus ojos, su piel y su pelo...pero no sucedió. Salieron a la superficie sin una sola roncha de quemadura, y el lobo se recreó en sus labios, bromeando al respecto. Empezaba a entender el humor de Ulf, y lo cierto es que resultaba muy refrescante entre tanta angustia. Le siguió la broma, con mucho alivio por no sufrir más tortura.

Tenéis un problema conmigo...primero me lanzáis a aguas gélidas y luego a un caldero hirviente...¿para cúando un baño templado? Estaría bien, para variar un poco.
Como no se quemaban, los demonios expresaron su decepción con algún que otro insulto en su extraña lengua y los empujaron con un enorme cucharón para que salieran de la sopa humeante, ya que no iban a cocinarse en ella. Salieron empapados y nadie les detuvo cuando abandonaron ese nivel del infierno. Ya sólo quedaban dos, y a lo lejos se escuchó otra campanada.

¡Ulf! tenemos que darnos prisa!! llevamos dos días muertos!! si llegamos al tercero no podremos regresar como personas, seremos zombies...

Sabía que el vikingo estaba extenuado, ella tampoco estaba pletórica, pero debían hacer el último esfuerzo y salir de allí a tiempo, o su próxima existencia iba a ser muy triste, vagando como seres sin cerebro, esclavos que aquellos que pudieran tenerlos a su cargo, sin voluntad, arrastrándose como criaturas defectuosas y marchitas.

Ante ellos se abría una explanada cubierta de hielo y nieve. Era el lago de los traidores. La fina capa de hielo que cubría ese lago, se podía roper en cualquier momento y las gélidas aguas se tragarían para siempre a quien hubiera cometido traición. Lana había traicionado a Ulf en dos ocasiones, desobedeciendo lo que le había prometido, y también a su madre, a quien prometió en su lecho de muerte que se alejaría de la oscuridad. Empezó a temblar, no sólo por el frío que se metía hasta en los huesos, sino por la posibilidad de caer en aquellas aguas y no salir nunca más. Ulf había traicionado a su falso rey, no al verdadero que era Höor ¿contaría eso como traicion?

Tomó aire despacio y se desprendió del manto que pesaba un quintal. Tenían que cruzar, no quedaba otra opción. Miró a Ulf con determinación y dio unos pasos. El hielo crujió y se lamentó bajo su peso, pero de momento aguantaba sin romperse.






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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Jue Mar 23, 2017 11:01 am

Los demonios parecían bastante desconcertados porque ninguno de los dos ardiera en aquellas aguas que tenían su punto.
Ladeé la sonrisa al escuchar las palabras de la bruja mientras mis manos la orillaban contra mi cuerpo, no estaba dispuesto a que esos demonios se creyeran con derecho a intimidarnos, pues a decir verdad no les tenia ningún miedo.

Con el cucharon nos sacaron fuera y casi que nos empujaron gruñendo entre dientes a nuestra siguiente prueba.
Enarqué una ceja mirando a Giuliana.
-¿a ver que nos toca ahora? -sonreí con picardia, empezaba a tomarme a broma todo aquel desafortunado incidente de nuestra muerte, casi tanto que había olvidado que nos había llevado hasta allí.

Enarqué una ceja y el di un azote en el culo para que me mirara
-Si esto es lo que hacen los dioses para que me olvide de que te has quitado la vida en mis brazos, están muy equivocados, a nuestra vuelta me vas a recompensar -mis ojos se centraron en los ajenos -y mucho -susurré acercando mi boca para colisionar con la suya.
Mi lengua decidida a surcar su mar fue interrumpida por la siguiente campanada.
-¿Aquí son siempre tan oportunos? -pregunte contra los labios de mi bruja ladeando después la sonrisa.

Esta se apresuró en avisarme de que íbamos con prisa, algo mas que evidente, joder n muerto me iban a dejar descansar en paz.
-Salvada por la campana -bromeé tomando su mano y adentrándonos así en los nuevos territorios a explorar.

Una explanada de hielo y nieve se abrió paso frente a nuestros ojos, no pude evitar echarme a reír.
Calderos de agua hirviendo, arenas movedizas, hielo que cruje bajo nuestros pies y demonios por doquier, esos dioses tenían imaginación, no lo podía negar.
Al parecer aquella trampa estaba echa para aquellos que habían traicionado alguna vez, mas yo jamas lo había hecho, pues el rey del norte se había traicionado a si mismo y a los ideales norteños hace mucho tiempo.
No fui yo quien puso su cabeza en la picota si no él mismo. Yo siempre fui fiel al norte y Höor era sin duda el hombre que mejor representaba a sus gentes.
Tampoco había traicionado a mujer alguna, pues jamas entregué mi corazón, miento, acaba de hacerlo, pero no había existido traición, la prueba, que tras ella había acudido a enfrentar la muerte para llevarla de la mano a la vida.

Sonreí de medio lado caminando con seguridad, mas por ende, la bruja temblaba asustada, el hielo aguantaba pero se desquebrajaba bajo sus pies.
Me detuve para enfrentarla.

-No se a quien crees has traicionado, mas habla ahora o no llegaremos ninguno de los dos a buen puerto. ¿Me oyes? Nunca te abandonaré.



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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Vie Mar 24, 2017 5:32 am

La bruja se echó a temblar y tragó saliva angustiada. Pasar una eternidad sin ojos o boca no era tan horrible como pasarla congelandose bajo el agua gélida, ya había empezado a adivinar cómo era la sensación cuando Sigrid la empujó al agua helada del mar del norte.

te... te he traicionado a ti...dos veces. Te prometí que no haría las cosas por mi cuenta y después...a pesar de haberlo prometido, lo hice. He traicionado a mi madre, a quien prometí en su lecho de muerte que me alejaría de la oscuridad... y me he traicionado a mi misma, porque a pesar de sentir por ti tantas cosas, traté de alejarme para devolverte tu libertad.— Se movió un paso y otra grieta en el hielo hizo ruido al avanzar, pero no acabó de romperse.

los dioses tiene derecho a castigarme por eso... y si salimos de esta...creo que he aprendido la lección.— Si para algo estaba sirviendo ese paseo por el infierno, era para conocerse, tanto ellos mismos como conocer al otro. Estaba siendo una experiencia de lo más intensa.— Siento mucho todo lo que he hecho, Ulf, y hasta haberte arrastrado aquí. Sé que todo esto es culpa mía, y si regresamos, te prometo que no lo haré más.— O al menos lo intentaría, que a veces las cosas eran muy complejas.

El hielo dejó de crujir un instante. Al parecer la traición de Giuliana no era entendida como vil y mezquina, sólo un poco egoísta, y su arrepentiemiento era sincero, eso contaba para sus dioses, a fin de cuentas, casi siempre que había hecho lo contrario que había prometido, era porque ellos le habían mandado visiones, una parte de culpa la tenían los Loas.

Ya quedaba menos. Si atravesaban la explanada, ya sólo quedaba el Río de los Violentos. Allí todos los que habían ejercido la violencia gratuita, matando, apalizando o violando, eran arrastrados por la corriente y reventados contra las piedras de los rápidos.






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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Dom Mar 26, 2017 11:07 am

Mis ojos se perdieron en los ajenos, como la bruma del pantano fuimos capaces de hablar con ellos.
Era cierto que había habido cierta traición en sus actos mas ¿egoísmo? No, eso no había existido, ni siquiera maldad en ellos.
No aprobaba su actuación, básicamente porque había puesto en peligro su vida, pero lo había echo por mi, porque me quería y de ser a la inversa no hubiera luchado contra viento y marea para cuidar de ella.

¿No estaba allí? ¿No aferraba su mano para devolverla a casa conmigo? ¿no bastaba eso a los dioses para saber que si yo había sido capaz de perdonar sus actos nadie eran ellos para no hacerlo?
Ladeé la sonrisa acercando mi boca a la ajena, bueno, hemos salido de un caldero, no me importa darme un baño en hielo, algo me dice que tu cuerpo es todo cuanto necesito para salir de ahí ardiendo.

Acaricié su rostro con suavidad mientras mi mirada se perdía ahora presa de deseo en su preciosa boca.
-vamos a salir de aquí, porque tu madre ya vio esa traición de la que hablas y no es tal.
ella me pidió que me quedara, que te cuidara cuando la oscuridad te alcanzara y aquí estamos los dos ¿ves algo oscuro ahora mismo? porgue yo solo veo luz cuando te miro.

Continuamos andando, parecía que el hielo había dejado de desquebrajarse bajo nuestros pies, sus dioses la habían perdonado y y también aunque no pensaba hacérselo saber, a fin de cuentas me vendría bien eso de ser recompensado al llegar a nuestros cuerpos.
Tiré de su mano para ir mas rápido, el tiempo pasaba y si no lográbamos afrontar la ultima prueba antes de que la ultima campanada llegara a nuestros oídos acabaríamos en un limbo y nuestros cuerpos consumidos en el barco del padre de Giuliana.
Ese hombre había perdido hace poco a su mujer y no estaba dispuesto a que perdiera también a su hija.

La explanada de hielo quedo atrás, ahora un rio de aguas bravas se abría paso frente a nosotros, al parecer cruzarlo era lo que nos separaba de la libertad, claro que este era el rio de los violentos y yo no me caracterizaba por ser un hombre calmo, la violencia emanaba desde que era un niño por cada poro de mi cuerpo era imposible que lo cruzara, los vikingos eramos guerra y yo como todos ellos había echo que la sangre bañara en innumerables casos la tierra.

Dejé escapar el aire buscando su mirada.
-¿Alguna idea bruja? Este rio no lo puedo cruzar, no soy un hombre que solucione los problemas con conversaciones si no con la fuerza.



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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Vie Mar 31, 2017 11:08 am

Esta vez no valían las armas. Ese río debía cruzarse de otra forma. Estaba claro que el vikingo estaba hecho de guerra y espada pero quizás sus dioses no fueran excesivamente duros con quienes ejercía el trabajo de soldado. Ellos no podían elegir el no presentar batalla; quizás ese río se llevase por delante a aquellos que ejercían la violencia injusta, los que asesinaban por sacar un beneficio, los violadores, los maltratadores, los que ejercían la violencia de forma gratuita y sin escrúpulos.

Ulf no era así, él tenía un código de honor y lealtad hacia su gente, hacia el norte, hacia sus propios hombres y jamás masacraría a nadie fuera del contexto de una guerra o sin motivos como por ejemplo que le hubieran hecho daño o hubieran atacado primero.

Quizás se equivocase, quizás no fuera así y el río se llevase a todos aquellos que habrían ejercido la violencia, pero si era asi...

Ulf...yo maté a las oráculo. Pero mis dioses me mandaron las visiones...si Ogún no hubiera querido que lo hiciera, lo normal es que no me las mandase...creo. No sé. No hay garantía de que no nos arrastre el río, pero tenemos que intentarlo. Si no lo hacemos no llegaremos a tiempo.

Le tendió la mano al rubio y le dio un ultimo beso antes de poner un pie en el agua. Si caían, caían juntos. Avanzó, hundiendose en el agua, que estaba fría y se movía con cierta rapidez. A dos metros de la orilla sus pies ya no hacían fondo, así que tenían que nadar. El momento crítico estaría en el centro del río, donde se podían observar las ondas de los remolinos de corriente que se producían bajo el manto aparentemente camado. Si allí los dioses consideraban que debían ser arrastrados hasta la zona de rápidos y estrellados contra las rocas nada nos podría salvar.

Giuliana miró varias veces a Ulf, comprobando que seguía juntos, cerca, hasta que una violenta corriente la separó de él. Luchó con todas sus fuerzas contra eso voraz agua que los quería alejar y tragarse al norteño.

¡Vamos Ulf! no te rindas!!! nada hacia mi!!!..— Alargó la mano a la vez que braceaba y pataleaba en dirección al vikingo. Las aguas bravas los hundían y sacaban de nuevo a la superficie agotándolos Y sin dejar que alcanzas en la orilla. Pero debían hacerlo la bruja saco toda las fuerzas que le quedaban para llegar hasta Ulf Y juntos avanzar muy despacio hacia la orilla. Estaban empezando a agotarse cuando su pie tocó el fango del fondo.— ¡¡Ya está casi!! sólo un poco más...— Tiró de él hacia fuera Y ambos se arrastraron hasta la orilla cayendo de espaldas sobre ella.

Sus respiraciones estaban agitadas el revolcón del río los había dejado exhaustos. Se escuchó una risa que los rodeaba por todas partes. Era la de Legba, que a un chasquido de sus dedos, cerró el infierno y de repente ambos se encontraron de nuevo en la antigua casa del pantano de la bruja, empapados y llenos de barro, frente al Loa de la boca cosida.

Muy bien, ha sido muy interesante ver como os la arreglabais en los siete niveles del infierno. Al parecer no perteneceis ninguno de los dos a este lugar.— Sonrío con una macabra expresión y susurró con voz grave.— ... todavia..— Se bajó de la valla donde estaba sentado Y los miro desde arriba con cierta expresión socarrona.— Y ahora es hora de volver, que vuestros cuerpos empiezan a oler mal.

Chasqueó los dedos otra vez y todo el paisaje empezó a arder ya deshacerse en cenizas volátiles desapareciendo de la vista de Ulf y Lana. La bruja fue la primera en despertar, su espiritu regresó a su cuerpo provocándole una convulsión y un grito ahogado cuando el aire volvió a circular por sus pulmones. Se levantó de la cama en la que estaba tendida y el sudario que tenía por encima cayó al suelo. Lo primero que hizo fue llevarse las manos al cuello dónde comprobó con asombro que no quedaba ni rastro del corte que le había desangrado. Estaba helada y sus labios amoratados, no en vano acababa de regresar de la muerte y el infierno mientras su cuerpo había permanecido durante tres días inerte. Sus ojos estaban velados y esa tela blanquecina todavía no había desaparecido. No podía ver bien donde estaba Ulf, así que tanteo con las manos sobre el colchón hasta que dio con sus formas también cubiertas por un sudario. Su padre los había colocado juntos a la espera de llegar a París y enterrarlos con calma.

Ulf!! Ulf despierta!!! Ulf por favor!!! regresa aqui!!! lo conseguimos, salimos....no me hagas esto!!! regresa estupido vikingo cabezota!!!!






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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Dom Abr 02, 2017 4:13 am

Tenia en algo razón la bruja, quedarnos en la otra orilla no era una opción, nuestros cuerpos se consumían y si tocaba la tercera campanada jamas volveríamos.
Sinceramente dudaba poder cruzar ese rio, llevaba matando desde antes incluso de convertirme en hombre. Ese era el destino de los vikingos, templados con acero y fuego, así eramos educados eso y no otra cosa complacía a los dioses, mis dioses.
Si esto fuera Asgard seria coronado y no devorado por las aguas, mas aquí estaba frente a un maldito rio que tenia todo el derecho de engullirme, mas esperaba que la menos Giuliana fuera capaz de atravesarlo, había retado a la muerte para venir tras la mujer que amaba y no me arrepentía, así que..ya podían poner empeño estas aguas para engullirme, pues yo no era de los que se rendían.

La bruja se sumergió en ellas y tras ella yo de cabeza, juntos avanzamos hacia el centro, el vórtice parecía reírse de nosotros, de mi en concreto tratando de separarme de su mano, algo que logro arrastrándome hacia el fondo, bocanada de aire antes de que mi cabeza quedara sumergida, mis manos y piernas luchaban contra viento y marea por emerger de las cristalinas aguas que no me concedían tregua.

Tomé de nuevo aire en un nimio instante en el que logré sacar la cabeza, mas de nuevo la corriente me arrastro hacia el fondo, mi mirada se nublaba por la falta de oxigeno y el maldito agotamiento, así seguí, luchando, lucharía hasta que llegara a mi ultimo aliento, mas mis pies se impulsaron en el fondo y de nuevo el aire plago de vida mis pulmones y la mano de la bruja aferró la mía tirando de ella hacia la orilla.

Nos dejamos caer extenuados sobre las briznas de hierba, mis ojos grises buscaron sus verdes mientras ladeaba mi sonrisa.
-Recuerdame que sea yo quien elija las vacaciones de nuestra luna de miel -bromeé sin poder evitar ver su cara de sorpresa por las palabras dichas.
En ese instante apareció el gordo calvo, mudo, ciego y bastante toca-pelotas a decir verdad y de un chasquido nos condujo al inicio de todo, el cementerio tras el caserón de Giuliana.

Enarqué una ceja mirando como este nos felicitaba con ese deje macabro que le caracterizaba.
-De nada hombre, no todos los dias uno entretiene a los dioses -dije con la ironía que me caracterizaba a mi y antes de darme cuenta de nuevo chasqueo los dedos y simplemente desaparecimos de ese lugar esperaba que para siempre y no regresar nunca mas.


Abrí los ojos de golpe, el velo blanco continuaba sobre mis ojos impuesto, mas a ciegas busque el cuerpo de la pequeña bruja, no la encontraba y eso me desesperaba.
Lo que si oía fuerte y claro eran las voces de jóvenes damas que a mi alrededor parecían recitar extrañas palabras. ¿era esto el Valhalla? ¿Valquirias?
Mi mano acaricio bajo si una especie de piedra fría, marmolea, pulida. Mi mirada parecía regresar poco a poco para ahora si ver a las doncellas que con las manos unidas  bastante idas, en trance susurraban en lenguas muertas cosas desconocidas.
-¿que hago aquí? -pregunté tratando de incorporarme, mi cuerpo no respondía, a fin de cuentas había estado muerto tres días.

Mi ser se tenso y mi mandíbula se cuadriculó cuando escuché alta y clara la maldita voz del rey, sonaba diferente, mas melódica, saludable, inmortal.
Gruñí preso de la frustración y la ira mientras mi mano buscaba de forma autómata el mango de la espada que a mi espalda no existía.
-¡maldita sea! -rugí percatándome pronto que no ocupaba mi cuerpo -¿que magia es esta? -aullé desesperado.


En el barco:

El impostor nota las manos de la joven bruja causante del dolor del rey, de su muerte y posterior resurrección. Cree que es Ulf, mas por contra no lo es, si no un fiel al rey que abre los ojos para hundirlos en los de la bella dama que parece insultar al vikingo que ama.
Sonríe fingiendo ser él y sus labios se unen de forma lenta, un beso dulce que cree que seguramente es lo que la bruja anhela.
-Volvamos a casa -le dice con la seguridad de una sibilina serpiente, a fin de cuentas tiene grandes planes para ella.
Controlarla y destruir a Höor y con él toda esperanza para el norte. La bruja es su arma definitiva.



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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Mar Abr 04, 2017 10:32 am

El tacto de aquello labios cálidos no fue el mismo que de costumbre, pero estaba helada y aterida, no tenía la misma sensibilidad en su piel azulada, y lo achacó a que había retornado de la muerte y su cuerpo aún tenía que reactivarse del todo hasta recuperar bien los sentidos.

Se dejó caer a un lado del lecho mirando hacia arriba sin ver nada, y dejando que la circulación retornase a todos los rincones de su ser. Habían vuelto, por alguna maldita razón incomprensible, sus dioses no la quería allí, y tampoco a Ulf. Pudo escuhar los crujidos del barco y el sonido familiar de las olas. ¿Dónde estaba su padre? él les acompañaba en ese barco? a dónde iban? demasiadas preguntas sin respuesta que requerían que la bruja se pusiera en pie, pero estaba tan cansada...

Cerró los párpados y se acurrucó bajo un manta pegándose a Ulf, concentrándose sólo en respirar y acumular algo de calor. Movió los dedos de los pies cuando a éstos les llegó el riego de nuevo. Probó a mover un poco la espalda, que se había quedado tensa de estar tres días sobre la misma postura. Los ojos no acababan de ser cristalinos, no veía bien, todo era opaco y sólo distinguía sombras y borrones sin forma. Pasadas un par de horas se decidió a probar suerte y trató de salir del lecho.

Ulf...voy a levantarme, me duele todo...auch. No veo bien...— se agarró a la cama y se puso en pie, notando el frío suelo húmedo bajo sus pies. Tenía sed, estaba seca y hambrienta, pálida y débil.

daría lo que fuera por recobrar la vista y poder comprobar si Ulf estaba bien, entero, sin daños, pero tendría que ser paciente, porque los dioses ya había hecho suficiente al traerla de vuelta tras su suicidio. De pronto un temor la asaltó ¿y si no recuperaba jamás la visión? ¿qué clase de carga inútil sería para Ulf y Freya?






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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Mar Abr 04, 2017 2:11 pm

Ulf:

Dos hombres aprisionaron mis brazos, aullé de dolor al moverme tan rápido pues todo mi cuerpo estaba rígido por el tiempo que la parecer llevaba muerto, me habían metido en un cadáver al que su alma parecía haberlo abandonado hacia ya varias lunas.
Gruñí mostrandoles los dientes, tratando de trasformarme en le lobo blanco que era, mas nada, no podía y no solo porque estaba completamente en-dolorido si no porque ese cuerpo no gozaba del don .
Las oráculos seguían hablando en esa lengua, sus voces aterciopeladas se convertían en canto, canto que no sanaba mi dolor si no que de un modo u otro parecía incrementarlo llevándome a un punto de tortura insospechado, mas cuando creía que nada podía ir peor, me equivoqué allí en ese templo erigido para mi castigo me ataron las manos con unas altas cadenas que pendían del techo, mis pies apenas de puntillas lograban afianzarse al suelo. Mis muñecas se quebraban por sujetar el peso mas  no haría  mi espíritu guerrero.
Sabia lo que el rey buscaba, destrozarme mentalmente, no tenia nada, ni mi cuerpo, ni a la mujer que amaba.

El rey se acerco a mi, deje de risa sarcástica en su asqueroso rostro que ahora lucia implacable frente a mis ojos.
-¿si tu esperanza se basa en que ella vendrá, te equivocas, otro ocupa tu lugar, otro que la convertirá en suya, has hecho un buen trabajo Ulf Tollak, esta enamorada de ti, se lo has puesto en bandeja y cuando la posea ella hará todo, cumpliendo  así mi voluntad, tu rey falso caerá y el norte verá que yo soy su dios, sin esperanza se arrodillara ante mi – rio sujetando mi rostro con su gélida mano -todo gracias a ti.

Gruñí enfrentándole la mirada, impulsándome con los pies para mostrarle que por muy certeras que sonaran sus palabras en algo se equivocaba, Giuliana lo sabría.
Mas en ese instante en el que abrí mis labios para contestarle, las oráculo volvieron a cantar y sentí mi cabeza casi explotar.
Aullé de nuevo fruto del incesante dolor, mientras mis ojos se cerraban y mi cuerpo cedía perdiéndose en ese cántico que me arrastraba casi a un estado cercano a la muerte.
Una punzada en mi lateral, la sangre a borbollonees se perdía en le suelo, un punzón hundido en mi costado basto para mostrarme su plan para mi, mantenerme entre la vida y la muerte.
¿Había peor tortura?

El otro:

La bruja contra mi cuerpo, me gustaba esa sensación de calor y a decir verdad, era grato sentir que mi fidelidad al rey por fin se veía recompensada, haría a esa bruja caer, adorarme y cuando no le quedara nada mas que yo en este mundo cedería a todo lo que le pidiera, mi rey lo había visto, había oscuridad en ella, una tétrica oscuridad que daba miedo y que este ansiaba poseer.

Me dijo que intentaría alzarse, mis dedos rozaron su manso con suavidad en señal de confianza y tras ella lo intenté yo, dolía cada parte del cuerpo de Ulf y su dolor lo sentía en mis terminaciones nerviosas.
-Que dolor -apremié a decir con la voz entrecortada por las punzadas que sentía.
Mis pies se apoyaron en el resquicio de la cama, y mi mirada se perdió en la de la bruja.
Era una mujer hermosa, entendía que veía Ulf en ella.
-Quizás un baño caliente nos iría bien -sugerí con una sonrisa



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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Vie Abr 07, 2017 6:13 am

Seguramente ese baño recuperaría sus miembros adormecidos, sus labios azulados y los sentidos perdidos con aquel viaje al inframundo.

Es buena idea pero...¿dónde está mi padre? Estamos todavía en el barco ¿no? quiero avisarlo, estará muy abatido porque creerá que hemos muerto para siempre...

Consiguió levantarse y se agarró a algo, probablemente el barrote de la cama donde yacían, sosteniéndose sobre los miembros entumecidos, y dando pequeños pasos con las manos hacia delante a tientas, buscando cómo salir de aquel camarote en busca de la luz de la cubierta, de algo para beber o de su padre. ¿Iba vestida? se palpó y notó que no, así que volvió a tantear con las manos sobre la cama.

Ulf...no sé dónde está mi ropa, así no puedo ir a ningun sitio...¿puedes alcanzármela?

Se sentía muy extraña, y el mundo a su alrededor también lo parecía, pero estaba viva ¿no? no era otro truco de sus dioses, habían regresado. Sería todo consecuencia de ese viaje fatídico. Si era el tercer día desde que zarparon del Norte, ya deberían estar llegando a Calais, remontarían el río y llegarían a París en unas horas. Pero todo estaba oscuro y velado y estaba desorientada. ¿Habría pasado alguna cosa mientras ellos estaban muertos? necesitaba saberlo, pero su cuerpo no respondía bien todavía, necesitaba algo de alimento, descanso y... sí quizás un baño, aún notaba algún resto de sangre pegada en su cabello, su padre la había lavado, como a Ulf y los había depositado juntos en el camarote, pero eso no era nunca igual que un baño.






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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Dom Abr 09, 2017 11:43 am

El barco:

La bruja parecía haber quedado cegada por el viaje al otro lado, por el contrario yo poco a poco iba recuperando la visión, primero algo borrosa, mas los tonos amarinados iban trazándose frente a mis ojos como manchurrones.
Ladeé la sonrisa, no podía verme, mas yo bien sabia que a ese al que buscaba no estaba en el cuerpo que ella creía.
Tenia que ser cuidadoso, no quería que me descubriera y aunque conocía Ulf y sus reacciones, pese a que lo estudie concienzudamente antes de aceptar la misión y había cuidado cada detalle, no podía permitirme el lujo de fallar.

Le pasé la ropa que había sobre la cama, mis dedos acariciaron su mano con suavidad. Ella quería ver a su padre, supongo que eso era lo normal, así que hice un esfuerzo por ponerme en pie y vestirme.
-Tendrá que esperar el baño -dije con fingida resignación -como desee mi bruja se hará.
La acaricié de nuevo con afecto, por lo que me habían contado de su relación eran muy afectuosos así que intuía que tras venir del otro mundo los besos y las caricias se sucederían.
Busque su boca y deposite sobre esta un tierno beso que supo a mar, a flores secas y a incienso.

Llevábamos tiempo en esa cámara, habíamos sido lavados y para que nuestros cuerpos no olieran nos habían purificado con incienso y llenado el lecho de flores aromáticas.
Sonreí tomando su mano para ayudarla a vestirse, desde luego su cuerpo desnudo era digno de los dioses, entendía perfectamente al lobo ese, cualquier hombre disfrutaría montandola una y otra vez.

Busque su boca de nuevo lentamnete, para que sintiera mi apoyo incondicional.
-Vamos, yo te guiaré hasta tu padre -le dije llevándola de la mano y fingiendo preocupación -¿empiezas a ver mejor?

Ulf:

Tenia que escapar, era difícil cuando esas oráculos no dejaban de cantar decididas a mantener mi tortura en auge. Gruñí furioso encarandolas, mas aparte de algún que otro delicado cuidado a la herida para cortar la hemorragia nada mas obtuve de ellas.
Observé con detenimiento como funcionaba aquel lugar, era un templo dedicado a la diosa Freya y al dios frey, su hermano. Ambos dioses de la fecundidad.
Como todo templo recibía visitas, principalmente de las doncellas casaderas que venían en busca de justo eso, que sus cuerpos no fueran yermos y poder regalar a sus maridos un buen linaje.
Los vikingos no eramos nada sin eso.

Eso me dio una idea, si lograba quitarme de encima a las dos oráculos que me vigilaban día y noche en turnos varios y soltaba los grilletes aun no sabia bien como podría confundirme con la gente y desaparecer.
Los jueves acudían personas del pueblo llano, e rastrillo se baria para que estas oraran a Freya y pidieran por sus cosechas, así que ese día con el trasiego seria perfecto para la huida.
Ahora solo tenia que pensar en como lograr escapar, algo que me ponían difícil esas brujas.

Mi mente voló a Giuliana, le prometí que estaría con ella y yo era hombre de palabra, solo tenia ganas de saber que estaba bien, besadla, montarla y matar al impostor que esperaba no se atreviera ni siquiera a rozarla.



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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Mar Abr 11, 2017 3:23 am

Lo cierto es que no, el velo blanco de los ojos no cedía. ¿Sería un daño perpetuo que ya no iba a sanar? Tenía que mantener la calma, acababa de regresar del infierno, podía lidiar con una ceguera. Ulf estaba siendo atento y cuidadoso y eso era extraño, no porque no lo fuera, sino porque le había repetido mil veces durante la travesía por el inframundo vudú que cuando regresasen le iba a dar su merecido, porque estaba muy enfadado por lo que había hecho. Bueno, quizás se le hubiera pasado el cabreo después de todo lo que había sucedido.

Arthur estaba en cubierta cuando ambos aparecieron y a pesar de que en su fuero interno esperaba el milagro, porque confiaba en las palabras de su difunta Amelia, conforme pasaban los días la esperanza se había ido reduciendo al ver esos cuerpos fríos y yertos. Corrió a abrazar a su hija dando gracias a los dioses, a la magia, a quienquiera que fuera el responsable de ese retorno. Llevaba toda la vida conviviendo con brujas aunque él no tenía poder alguno, y había visto cosas realmente asombrosas, pero aquella se llevaba la palma. Giuliana se sintió muy reconfortada en aquel abrazo. Sí, realmente estaban de vuelta a casa. El hombre incluyó a Ulf en el abrazo, regañándole por haber tardado tanto en traerla, pero sin estar realmente molesto, sólo aliviado de verlos a ambos juntos y enteros. Durante las siguientes horas comieron, bebieron y descansaron, recuperándose de esos tres días fuera de sus cuerpos. Giuliana le contó muy por encima a su padre lo que había sucedido con el rey, y cómo ella se estableció como muñeco vudú, atando así su destino al del monarca. Posiblemente éste estuviera muerto, como lo había estado ella, pero necesitaba cerciorarse, así que le pidió a Ulf que cuando pudiera mandase a buscar noticias del norte.

Al caer la noche atracaron en París y regresaron juntos a la casa familiar al lado del cementerio de Pere Lechaise. Lana no era apegada a los lugares, excepto a los pantanos de Louisiana donde se había criado, pero esta vez, a pesar de la ceguera, se sentía realmente aliviada de retornar a su cuarto, a los olores familiares, incluso al silencio de ese cementerio donde conoció a Ulf por primera vez, meses atrás, antes de ser arrollada por un nosferatu.

¿Cuando se había vuelto su vida tal locura? ella siempre había pasado desapercibida, nunca le sucedía nada emocionante y de un tiempo a esta parte todo iba cuesta abajo sin frenos.

Se sentó sobre la cama, algo más recompuesta pero sin ver todavía.

Ulf...Tendrás que ir a informar a Höor, tiene que saber todo lo que ha pasado y... menuda locura. Todavía no me creo lo que hice y mucho menos que tú vinieras a buscarme al infierno.— Recordó a Freya y recordó la confesión que le había hecho Ulf en la ciénaga de los aduladores donde los pecadores regalaban los oídos y mentían para su propio beneficio. Freya era hija del rey, pero éste no debía saberlo nunca.— Tienes que ir a ver a Freya, asegurarte de que está a salvo y que ningun seguidor del rey Rannulf la busque...— Menuda odisea habían pasado. Se dejó caer sobre el colchón resoplando.— siento todo este desastre, no sé cómo te lo puedo compensar.






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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Mar Abr 18, 2017 11:40 am

El impostor:

Seguí a la bruja en busca de su padre, aquel hombre roto la abrazo con esa bondad que caracterizaba a las personas débiles, sus ojos anegados en lagrimas me incluyeron en ese abrazo como si yo fuera el héroe que había devuelto a la vida a su hija.
Si supiera ese hombre que ese hombre estaba siendo torturado en el norte mientras nosotros volvíamos a París.
Ladeé la sonrisa consciente que nadie me veía antes de tomar asiento en una mesa a beber y comer, el cuerpo de Ulf estaba hambriento, así que tome tenedor y cuchillo y lleve con lentitud y educación cada trozo de carne a mi boca mientras escuchaba con fijación las historias que contaba Giuliana en la que ponía a ese desertor como el héroe de su vida.

Ulf me había puesto las cosas fáciles, la tenia comiendo de mi mano, poco me costaría adentrarme en su mente y manejarla como si fuera mi marioneta y yo el títere que mueve sus hilo.
Mi señor quería poseer su poder, lo había intentado a las malas, doblegandola, con amenazas y aquella mujer había logrado matarlo, gracias a Odin que nuestros aliados, un vampiro en especial lo trasformó antes de que el Valhalla se llevara a mi gran señor.

La bruja me pidió que le llevara noticias del norte, asentí contemplando sus ojos mientras depositaba un casto beso en su mejilla para ayudarla poco después a desembarcar en el puerto de París.
Nos alojamos en su hogar, una casa bastante grande, cercana al cementerio, desde luego que esa mujer era tétrica hasta decir basta y su gusto pésimo.
La acompañé hasta los aposentos y la deje tumbarse sobre el mullido colchón tumbandome con ella para fingir caricias, su cuerpo no era desagradable, y aunque poco tenia que ver con nuestras mujeres norteñas, era una mujer optima para ser tomada.
-No te preocupes por nada Giuliana, mañana iré a ver a mi hija, Hoor sera informado de todo lo ocurrido y seguro agradecerá tu proeza.

Deslicé mis dedos por sus muslos con delicadeza alzando la falda a mi paso.
-puedes agradecérmelo, ya sabes como -dije con una picara sonrisa, mi cuerpo se convirtió en la cárcel del ajeno, mi virilidad alzada contra su vientre.


Ulf:

Los días pasaban lentos, casi en una semi- inconsciencia me mantenían esas brujas que torturaban no solo mi cuerpo si no mi cabeza, casi había perdido el paso del tiempo, pues el templo siempre quedaba iluminado y en esa sala la luz de las antorchas era mi único sustento. Por no contar que me daban de beber aquella sustancia de hongos que ellas usaban para entrar en trance y que a mi me llevaba a un punto de extraños sueños, pocos horas al día me mantenía cuerdo, horas que usaba el rey para interrogarme, claro que nada sacaba de mi mas allá de la desesperación de perder el tiempo.
Solo una de las jóvenes parecía apiadarse de este guerrero y mientras el resto no miraba me daba de beber agua para aliviar mi sed y el embotamiento de mi cabeza.
Conversábamos en ocasiones, decía que había visto un lobo blanco hacerse hombre, un hombre de ojos grises como la bruma del norte.
Le hubiera dicho que yo era ese hombre, mas creí oportuno guardar silencio, a fin de cuentas quizás ella fuera la única llave para escapar de ese templo.



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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Jue Abr 20, 2017 2:34 pm

¿Su hija? Freya no era su hija, él se lo había confirmado en el viaje al inframundo, era hija del rey, pero él la había aceptado como suya para que esa niña tuviera una infancia y una vida normal, alejada del monstruo que era su padre y que sólo la usaría para su propio beneficio.

Ulf estaba raro, pero ¿podía acaso culparlo? acababan de salir del infierno, habían regresado de la muerte, y ella misma no se encontraba del todo repuesta, además de que sus ojos tenían todavía un velo blanquecino que la impedía ver a su alrededor. Pero estaba allí, y seguramente él también había cambiado en algo; una experiencia tan fuerte no te dejaba impasible. Desde luego Giuliana estaba cada vez más enamorada del hombre que la había seguido hasta el infierno, y también era más consciente de su propia oscuridad. El vudú podía ser blanco, pero ella practicaba una de las magias negras más potentes y deseadas del mundo. Era fácil perderse en esa negrura donde los límites del bien y el mal desaparecían.

Algo en su interior tenía la alerta disparada pero estaba tan cansada y se sentía tan extraña en su propio cuerpo al haber regresado que decidió darse un respiro y compensar a Ulf por todo su sacrificio. Se pegó a él y deslizó  las manos bajo la falda para quitarse la ropa interior. Al lobo le gustaba engullirla desde atrás, solía mordisquearle el cuello mientras se pegaba a su trasero y recorrer con sus manos el cuerpo de la bruja. Se giró un poco para pedirle un beso, ya que no podía ver dónde estaban sus labios, aunque sentía su aliento cercano. ¿Podría volver a contemplar algún día sus ojos del color del pantano? ojalá. Rezaría a sus dioses, a los Loa, a ver si alguno se apiadaba de ella.






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Re: La Tempestad. (+18)

Mensaje por Ulf Tollak el Miér Abr 26, 2017 6:12 am

Ulf.

Entreabrí los ojos, las voces habían cesado, seguramente era jueves y aunque estaba mi mente bastante obnubilada por las drogas con las que me mantenían sedado y en un limbo extraño.
Poco a poco mi vista turbia se fue centrando en aquella habitación de paredes de piedra gris.
Mis muñecas aferradas por grilletes al techo, mi cuerpo en vilo no tocaba con los pies el suelo, me dolía todo, demasiado tiempo en la misma posición.

Alcé la vista, las cadenas pendían de una viga, tomé aire, estaba agotado y empecé a columpiarme tomando impulso con mi cuerpo, cada vez que este ascendía alzaba ligeramente los grilletes avanzando hacia adelante.
Repetí la operación varias veces hasta que el borde de la viga y un ultimo impulso me dio la libertad.

Acaricié mis muñecas doloridas, trataba de recobrar el aliento y ponerme en pie, mis piernas temblaban, demasiado colocado, demasiado tiempo sin usarlas.
Tras varios intentos logre incorporarme, tenia que salir de allí, pero la habitación estaba cerrada.
Busqué por la sala algo con lo que poder sabotear la cerradura, mas aquel lugar estaba vació.
Aullé de rabia entre gruñidos antes de tomar impulso e impactar con la puerta de forma salvaje, no me quedaba otra que romperla, pero con esta mierda de cuerpo donde me habían metido eso iba a costarme lo mio.

No se las veces que lo intenté, mas por suerte el templo parecía estar demasiado lleno como para escuchar los ruido.
Hoy era el día que se abría al resto de norteños, estos aprovechaban para rezar, pedir a las oráculos consejos y hacer sacrificios a sus dioses.
Este y no otro era el día en el que podría fugarme, si no lo lograba, ya no lo haría, duplicarían la vigilancia tras este intento de fuga.

Finalmente la puerta cedió, ladeé la sonrisa recorriendo los pasillos con rapidez, necesitaba unas pieles que me cubrieran el rostro, así como las cadenas. Me confundiría con el resto de fieles y junto a ellos aprovecharía el menor descuido para salir de ese maldito lugar.
Tenia que encontrar a Giuliana, tenia que salvarla de ese impostor que metido en mi cuerpo la llevaría al infierno, sacaría su lado oscuro y lo utilizaría contra el norte.
Ademas si osaba  tocarla le partiría las manos, lo torturaría y le daría una muerte lenta, muy lenta.

El impostor.

Ella me daba el trasero, como si estuviera acostumbrada a eso no lo dudaba era un loco, imaginé que sus instintos primarios rugían dentro de él cuando la tomara. Yo era un hombre, prefería hacerlo por delante, mirándonos a los ojos, pero bueno, había que disimular, así que aferré con mis manos sus caderas y sin mas, la embestí con fuerza por atrás.
Mi glande se fue abriendo paso en su laberinto, paredes húmedas, calientes y mi falo unas brasas ardientes dispuestas a prender en llamas con el combustible adecuado.
Su boca buscó la mía por encima de su hombro, atajé la distancia calcinandola con mi aliento entrecortado.
Era placentera esa sensación de hundirme una y otra vez en ella, tensé cada musculo de ese potente cuerpo que no me pertenencia pero que iba a hacerlo.



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