Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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A fugitive's hostage –Priv. Cailen

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A fugitive's hostage –Priv. Cailen

Mensaje por Radu V. Rosenthal el Miér Ene 04, 2017 9:11 pm





A fugitive's hostage
¿quién es más dichosa, la rosa que embellece a la mujer o la mujer que por la rosa es embellecida?

Cuatro por la tarde en punto. Resultaba sumamente conveniente que los relojes cantaran las horas cuando la aguja daba por finalizada una más de sus perezosas elipses. Al son de las campanadas, Radu huía a toda velocidad entre transeúntes y carruajes, surcando al ritmo del viento la avenida que arropaba al Banque de France. Intentar escapar se había convertido en una rutina y obtener resultados satisfactorios en una carrera contra sus consecuencias; los centinelas que le perseguían con marcada desventaja eran un manojo de incompetentes vástagos a los que su hermano pagaba generosas sumas por custodiarle, o en tantos casos como ese, por pisarle los talones si las estacas se zafaban y el lobo salía a dar una vuelta y orinar farolas.
En esa ocasión, a su opresor le había parecido una fantástica idea colocarle un collar alrededor del cuello y amarrarlo a las columnas en cada parada que debía realizar durante su paseo. A Radu le escocían las entrañas de rabia pura, pues era mucho más dificultoso disimular un anillo de cinco centímetros de espesor por uno de grosor destellando contra su garganta que un par de pulseras, igualmente elaboradas en aleación de hierro y plata, ataviándole las muñecas. Le deseaba, sencillamente, la más cruenta de las muertes.

Era imprescindible que ningún ciudadano le pusiera atención, debía escabullirse con la habilidad de un ladronzuelo entre pomposas faldas e infinitos abrigos hasta dar con un escondite en el cual resguardarse y esperar a que sus perseguidores perdieran el rumbo y se alejaran de sus inmediaciones. Aunque este detalle pudiera sonar insignificante, para Radu se convertía en un desventajoso obstáculo; su aspecto le proporcionaba cualquier atributo menos el preferible para pasar inadvertido, ataviado con unos impecablemente lustrados zapatos de cuero azabache, una camisa de satén y pantalones de raso grisáceo a juego con su chaleco, en sumatoria con la abundante y prolijamente recortada barba que enmarcaba su rostro, se asemejaba a los nobles parisenses de afamada hipocresía y bien conocida predilección por hablar de más. Si algún ilustre adinerado le viera, era más que seguro que se aproximaría a saludarle por la simple e imperiosa necesidad de darse a conocer; y el joven Rosenthal no estaba en condiciones –porque los ánimos siempre le escaseaban– de entablar una plática con algún francés de pacotilla que le confundiera con alguien de renombre por el simple hecho de ir luciendo las prendas que su hermano consideraba adecuadas y le obligaba a usar sólo para joderle la existencia. Un licántropo enfundado en raso y satén, ¡salve la ironía!
Oh, el collar, no nos olvidemos del aro de plata cuya eterna cadena llevaba enrollada en el brazo izquierdo. Como para pasar desapercibido.

Era menester dar con un sitio en el cual ocultarse, Bertok se había detenido en el banco para encargarse de sus asuntos de conde charlatán y no tardaría en darlos por concluidos. Dicen que el método más efectivo para ocultar un árbol es plantarlo en un bosque, pero qué clase de bosque camuflaría a un lobo alemán disfrazado de aristócrata francés.
Presa de la exasperación, comenzó a deambular entre la multitud con la cabeza gacha y los hombros alzados hasta que sus orbes dieron con la ilustre arcada de hierro que rezaba «Jardín botánico». Como camarón en su salsa se aventuró por los senderos adoquinados custodiados por la abundante vegetación procurando evadir transeúntes que pudieran atestiguar al interrogatorio de sus perseguidores. Ya se creía a salvo de todo mal cuando el inconfundible hedor de los secuaces contratados por su hermano le colmó las fosas nasales, le venían siguiendo el paso, bastó con que se concentrara para identificar el repiqueteo de las ajetreadas pisadas de un grupillo de cinco hombres a escasa distancia.
Poseído por un subidón de adrenalina, Radu saltó los arbustos zigzagueantes aledaños al camino y atravesó a toda velocidad los islotes de césped, al diablo con la prohibición de ponerles pie encima, luego se excusaría con alguna tontería. Los individuos estaban próximos a la entrada del parque, pero a juzgar por las vibraciones que llegaban a sus oídos se encontraban desconcertados, debía detenerse ahora y camuflar su aroma o darían con él de inmediato.

Se aferró al tronco de un añejo ciprés y se desplomó detrás de una familia de tupidos jazmines. Allí aguardó inmóvil, valiéndose de los orificios entre las hojas para vigilar los caminos; nada parecía fuera de lugar, si dejaba pasar una media hora y volvía a revisar la periferia, seguramente podría dar rienda suelta a su libre albedrío desde entonces y hasta que le atraparan de una vez. Ningún testigo y en pleno auge del sol, cuán dichoso se sentía.
Dejó que la cadena se deslizara hasta el suelo, librando a su brazo de la carga y se dio la vuelta con intención de buscar un espacio idóneo para tumbarse en la espera. Pero se quedó inmóvil. Allí, frente a él, a un escaso medio metro de distancia yacía un joven. Estaba perplejo, se encontró clavándole la mirada sin recelo, presa del desconcierto, ¿cómo no le había oído?, ¿cómo no le había olido?, ¿cómo no le había visto siquiera? ¿Cuánto hacía que aquel sujeto se encontraba ahí? Oh, bueno, basta de rodeos, la mente de un asesino funciona más a combustible de reacciones que de meditaciones, así que Radu simplemente se abalanzó sobre el chico y le cubrió la boca con su diestra.
Silencio –le susurró al oído–, si sueltas una palabra o haces el más insignificante de los movimientos, me encargaré de desollarte vivo –concluyó con la sutileza de un príncipe, y lo retuvo contra su cuerpo, rogando que su escondite se mantuviera ignorado.



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Re: A fugitive's hostage –Priv. Cailen

Mensaje por Cailen Gowan el Dom Ene 29, 2017 12:09 am

Había sido una semana colmada de infortunios, primero me robaron el sitio donde solía ponerme al acecho por las tardes y noches en busca de transeúntes distraídos de los que solía aprovecharme, luego me había descubierto la policía y me vi en la necesidad de huir de ellos, terminando por buscarme un escondrijo hasta el otro lado de la ciudad, tercera y última, me había acabado todo el poco dinero que tenía y la gente por esa zona era más atenta, hasta el momento solo había conseguido concretar menos de cinco robos y ninguno de ellos verdaderamente fructífero, un par de pañuelos, brazaletes de las doncellas y un par de anillos de los caballeros. Con eso no podía vivir.

Decidido a redoblar esfuerzos para conseguir más dinero comencé a alterar mi horario de sueño (que de por sí no era nada sano, levantándome en cuanto saliera el sol y durmiendo hasta pasada la una de la mañana) y en dos días no había dormido más de cuatro horas, estaba exhausto y sin energía.

Caminé por las ajetreadas calles de París en busca de víctimas pero otra vez sin éxito, resignado seguí andando derecho hasta donde mis pies quisieran llevarme, llegaron momentos en los que prácticamente caminaba en estado de sonambulismo, me sentía a morir, quería dormir, tenía que dormir. Antes de que me diera cuenta había terminado cruzando el portón del jardín botánico y avanzaba por el mismo, buscando no sé qué. Fue entonces que, por estar tan concentrado en dormir algo, no vi una raíz que estaba en el suelo y terminé tropezando con ella y dándome de bruces contra el suave césped, solté un gruñido de irritación pero nada más, no hice ni ademán de ponerme de pie, estaba demasiado cansado para ello, en vez de eso me giré sobre mí mismo hasta quedar bajo la sombra de un árbol a menos de dos metros de mí. La sombra de este y el esponjoso manto verde debajo de mí resultaban demasiado relajantes, caí dormido casi al instante.

Pero no duró mucho, de repente escuché como el tintineo de metal golpeándose con metal y, si bien no me despertó, causó algo de irritación. Súbitamente y para mi espanto sentí que un brazo potente me alzaba del suelo y luego una mano me cubría la boca bruscamente, al principio grité pero el sonido era amortiguado y me removí en su agarre espantado sin comprender qué estaba pasando pero de inmediato me detuve en el acto al escuchar la amenaza. No quise ni siquiera asentir en comprensión, estaba paralizado del miedo y tenía una angustia creciente, no toleraba que la gente me tocara ni siquiera por tratar de ser gentil y aquella situación era más que insoportable y tenía ansias crecientes. ¡Joder, suéltame, no haré nada. No me hagas nada!

Unos pasos presurosos se escucharon cada vez más alto, obviamente acercándose y contuve el aliento sin reparar en ello. Luego se oyeron muchas voces masculinas que sonaban confundidas y exaltadas. -¡¿Dónde se fue?! -repetían una y otra vez, estaban demasiado cerca nuestro.


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Re: A fugitive's hostage –Priv. Cailen

Mensaje por Radu V. Rosenthal el Sáb Feb 04, 2017 8:47 pm





A fugitive's hostage
En cuanto despunte el Apocalipsis, has de aferrarte de las alas de tu ángel

¡Por las nueve fases lunares! ¿A qué clase de brujo había incordiado para que le colmara con tal desdicha? Había planeado todo espontáneamente y con ajetreada precisión, sus perseguidores habían sido advertidos de su condición de bestia, de su testarudez humana, sus costumbres de arrebato inmediato y su habilidad para desaparecer en un abrir y cerrar de ojos –bien, seamos sinceros, todo aquello era una exageración elaborada por su hermano para convencer a sus sirvientes de que se enfrentaban a un pez gordo–, entonces, ¿por qué demonios le iban a buscar al Jardín Botánico? ¡De todos los sitios que reunía París, justo allí!
Quizá fuese una coincidencia que realmente se encontrara oculto entre los florecidos arbustos de aquella impensable locación, pero el meollo del asunto recaía en que, debido a la incompetencia de sus inminentes captores, estaba acorralado en el último lugar de la ciudad, ¡qué va!, del mundo entero en el que habría optado por refugiarse.

Las voces de los individuos que le daban caza se oyeron demasiado próximas, no estaba seguro de si el aroma de las flores y la tierra sería suficiente para camuflar el propio. Se quedaba sin tiempo, debía pensar rápido si no deseaba ser capturado por enésima vez y adiestrado en la obediencia por su hermano –aunque de aquello último no se iba a salvar, sólo anhelaba poder postergarlo hasta haber recaudado algo de diversión por cuenta propia–.
¡Ah! Entre sus brazos aquel humano temblaba con ímpetu, la situación parecía más aterradora para el desafortunado mortal que para el lobo prófugo y, en medio del gozo por su padecimiento y la necesidad de salir inadvertido, una brillante idea se presentó a su dinámica mente.
Pequeño –murmuró contra su oído, inaugurando la gran hazaña–, no te muevas ni sueltes palabra alguna, retracto lo dicho, no te haré daño, pero necesito que colabores.
Tal y como había estimado, el cuerpo de su rehén emanaba el dulce aroma de la mortalidad por cada uno de sus poros, si le estimulaba adecuadamente, su fragancia se volvería suficientemente intensa como para disimular la suya. No demoró demasiado en poner en marcha su plan y comenzar a inducir la fuente del disfraz.

Mantuvo la diestra privando al joven de libertad en el habla, pero aprovechó la disponibilidad de la zurda para surcar con los dedos la extensión de su pecho; no tomó reparos a la hora de suspirar sonoramente sobre su cuello, instándolo a estremecerse con cada colisión entre el cálido aliento y su reluciente tez. El muchachito parecía sumamente reacio al contacto, más allá de que le estuviera manteniendo prisionero y que ahora hubiese comenzado a manosearlo, podía olfatear un temor creciente, aquella esencia que hacía a la presa y que tanto seducía al predador. Debió esbozar una sonrisa, pues se le olvidó exhalar por un momento; de inmediato posó sus labios sobre la nuca del manjar que yacía a su voluntad, volviendo a poner atención en el ajetreo a su alrededor.
El hedor de un mortal aterrorizado era la más sublime tentación para cualquier demonio, si alguno de sus buscadores le olfateaba, caería en tentación de inmediato; desafortunadamente para ellos –y de suma utilidad para el prófugo–, Bertok se había encargado de dejarles claro como el cristal que cualquier falta de comportamiento sería impiadosamente castigada, una distracción en el cumplimiento de su tarea era inadmisible, así era seguro que cualquier damnificado se marchara en otra dirección. ¿Qué había de los que carecían del instinto? Pues, bastaba centrarse en el aura, si el chico entre sus brazos manifestaba intensas sensaciones, su esencia teñiría con sus colores a cualquiera en las proximidades dejándola prácticamente indetectable.

En cuestión de minutos los peatones que merodeaban por los caminos menos alejados se esfumaron del escenario y Radu pudo descansar en su alivio. Liberó de su agarre al cautivo, conteniéndose de no atestarle una profunda mordida; alojó ambas manos sobre el suelo y con sus brazos brindó apoyo al peso de su torso.
¡Fatástico! –se alegró–, ¡ha sido magnífico! Te lo agradezco con toda sinceridad –se dirigió a su acompañante con suma confianza–. Eres un encanto, ¿sabes?
No había dudas, los secuaces de su malvado hermano –tal y como en una novela para niños–, habían abandonado el lugar. Podía permanecer sereno allí por unos cuantos minutos antes de que la esencia preponderante del joven comenzara a menguar; para cuando aquello ocurriera, se encargaría de encontrarse lo suficientemente lejos como para que perdieran su rastro por completo. Claro que podía considerar anteponer una excepción si el desenlace de los hechos se mostraba prometedor y aquello dependería de cómo decidiera reaccionar su tierno rehén.



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Re: A fugitive's hostage –Priv. Cailen

Mensaje por Cailen Gowan el Sáb Mar 18, 2017 9:24 pm

Las voces eran cada vez más próximas y, a pesar de no tener ni la más remota idea de lo que estaba pasando, podía entender que, para el hombre de voluminosa barba, si se acercaban más significaría la perdición. El asunto era que, su condena sería repartida conmigo, el individuo me había involucrado en sus asuntos y me era imposible escapar

Dios, por favor, haz que se alejen… Pronto ya no eran murmullos inteligibles sino palabras claras y llenas de veneno, juraban amenazas y maldecían a diestra y siniestra, juraban venganza y prometían un castigo violento para el reo. Alcanzaron a mencionar otra cosa que, por lo que comentaban, era un nombre. Lo peor, yo estaba en medio de todo aquello. Las delgadas ramas y hojas marchitas cedían rompiéndose ante los pasos de los hombres que estaban acercándose con insoportable lentitud; por cada paso que avanzaban sentía mi corazón cada vez más veloz y amenazaba con detenerse en algún momento por causa del pánico que me inundaba.

El sonido nada reconfortante de la voz de mi captor se escuchó cerca de mi oído y su aliento cálido tan próximo no hizo nada por relajarme. Gritaba en silencio, me faltaba el aire, jadeaba contra sus potentes brazos que me sostenían, sin atreverme siquiera a tratar de librarme pues temía que cumpliera con la promesa que me había hecho antes, no le creía en absoluto que de repente no iba a tocarme un pelo; estaba convencido de que sí me lastimaría de intentar cualquier cosa; no iba a arriesgarme a hacerlo enfadar. La repentina gentileza con la que se dirigió a mí solo sirvió para perturbarme más aún, me di cuenta de que él estaba teniendo una idea, y no me agradaba nada.

Sin embargo asentí, indicando que cooperaría con lo que sea que tuviera tramado, de todas maneras ¿qué otra opción tenía sino contribuir a su plan? Sentí movimiento de él y lo que pasó a continuación fue el terror absoluto. Unos dedos juguetones comenzaron a pasearse por mi pecho y en ese entonces mi pulso se disparó y mi latir se volvió frenético. Luego, cuando pensé que ya nada podía empeorar, escuché suspiros y después un beso en la nuca. ¿Qué va a hacerme? Pronto la falta de aire provocada por el pánico se volvió peligrosa y jadeaba más fuertemente contra su agarre, me retorcí queriendo librarme y evitar una desgracia. ¡Quiere violarme!

En el momento en el que estuve a punto de dejar escapar el grito que contuve por tanto tiempo contra su mano, me soltó y, como yo estaba tratando de moverme hacia delante, cuando me soltó tan precipitadamente fue inevitable el que, por la inercia, terminara cayendo al suelo y aterrizando de rodillas. Me quedé en el suelo, enrollado en mí mismo y con respiración acelerada. Con un movimiento de mi brazo limpié con mi manga una lágrima que se había escapado.

Cuando pensé que la situación ya solo podía mejorar, empeoró aún más. Llevé ambas manos a mi entrepierna tratando de esconder mi bochorno, de repente sentía el pantalón demasiado ajustado.


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Re: A fugitive's hostage –Priv. Cailen

Mensaje por Radu V. Rosenthal el Jue Mar 23, 2017 7:34 pm





A fugitive's hostage
Fuerte es quien no reniega de sus debilidades.

El cuerpo de su rehén se hinchaba tembloroso con el paso de su frenética respiración; Radu se mantuvo inmóvil, a espera de una señal que le guiara en el posible desenlace de los hechos. El joven frente a sus ojos se mostraba aterrado, como si acabara de abandonar una temible pesadilla y aún no estuviese consciente de su estadía en el mundo de los mortales.
El licántropo flexionó las piernas delante de su cuerpo y se abrazó las rodillas con el brazo izquierdo, reduciendo en escasa medida la distancia que se interponía entre el desdichado y él. A juzgar por el comportamiento del susodicho y la falta de su intento por abandonar el sitio cuanto antes, la posibilidad de que algo ajeno a la implicancia del asunto le estuviera afectando se presentó como una posibilidad. El alemán se arrastró hasta el muchacho, más curioso que preocupado por el motivo de su inusual postura.

¿Qué sucede, pequeño? Ya no hay peligro, no voy a comerte, deja de temblar y huye si es lo que quieres –le aconsejó, escudriñando su cuerpo en búsqueda de una anomalía. Una amplia sonrisa desbordante de socarronería se dibujó en su rostro cuando reparó en el sitio que alojaba una de sus manos.
Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí?, –se aventuró, extendiendo al propia extremidad para rosar el dorso de la contraria–. ¿Es esto una muestra de agradecimiento? No debiste molestarte –murmuró con gentil ironía, aproximándose hasta su oído–, veo que eres un jovencito muy sano, no irás a decirme que ese asuntillo es culpa mía.
Contuvo una carcajada mediante el acopio de todas sus fuerzas y le brindó algo de espacio para que se decidiera por una postura discursiva. Se acuclilló próximo a los arbustos, con intención de comprobar, por última vez, que los únicos individuos relevantes en los alrededores eran él, el joven y su animoso amiguito; aprovechando la ocasión para indagar en búsqueda de un resguardo más apropiado.
Debía razonar las posibilidades y en aquel apremiante momento, la más sencilla relucía como la de mayor efectividad. Aferró la mano libre del muchacho con la suya y le jaló para que se pusiera de pie, antes de emprender una breve caminata que juzgó sumamente necesaria.
No temas, creo que debemos hacernos cargo del pequeño inconveniente en un sitio más –meditó el término acertado– privado. –Sentenció finalmente.

El jardín botánico se extendía a diestra y zurda al cobijo de las avenidas empedradas, una mancha discorde en medio de la ciudad, perpetuando su belleza herbácea a lo largo de todo el año. Los capullos de invierno suplantaban a los veraniegos cuando la brisa gélida extendía su muerte corrosiva, impidiendo que lo inevitable le arrebatara visitantes. Para mantener la belleza de especímenes exóticos que residían a orillas de los senderos se requería de la intromisión del hombre, y los mortales, desde siempre, se valían de herramientas diversas que compensaban la incompetencia de sus manos. Por supuesto, aquellos artefactos descansaban al resguardo de estructuras edilicias siempre próximas a su lugar de empleo.
No debió caminar diez metros hasta dar con un depósito, que les recibió con un acogedor «Seul le personnel autorisé». Radu forzó la cerradura con suma sencillez, puesto que el metal y la madera se mostraban corroídos a raíz del paso del tiempo y la falta de atención.
Ingresó en el oscuro y reducido recinto en compañía de su rehén; la edificación rectangular no superaba los tres por dos metros de diámetro y estaba colmada de trastos diversos; palas deformadas, cacharros agujereados, horcas con dientes extraviados, frascos repletos de sabrá uno qué y sacos aglomerados en las esquinas.

Cerró la puerta detrás del joven, abandonando su suerte al escaso haz de luz que se filtraba por una única y reducida ventana oval. Se recargó contra el muro y, con los brazos cruzados, rebuscó el rostro del muchacho entre la horda de polvo que flotaba en el aire.
Bien, creo que aquí nadie podrá interrumpirte –acotó con serenidad–, puedes ocuparte de tu asunto sin restricciones, yo estaré cuidando la puerta.



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Re: A fugitive's hostage –Priv. Cailen

Mensaje por Cailen Gowan el Jue Abr 27, 2017 12:27 am

Me quedé de rodillas como estaba, enrollado en mi propio cuerpo; el cual se sacudía en una mezcla de vergüenza ira y temor. ¿Qué acaso ese día no podía empeorar? Pocas habían sido las veces en las que había sentido vergüenza semejante. El recuerdo no me dejaría dormir en la noche, y posiblemente la siguiente a esa. No, en realidad no me permitiría a mí mismo mostrar la cara en público en un par de días ¿y si alguien se enteraba?, vaya humillación.

-No me toques.
-Murmuré por lo bajo, empujando su mano cuando sentí el contacto por sobre el dorso de la mía. -Solo no me toques. -Recalqué pero al parecer no había sido suficientemente audible. No me gustaba ese tono, mucho menos tan cerca de mi oído, se me antojaba al de uno burlón. ¿Quería regodearse en mi incomodidad? ¿aún más?

Apreté la mandíbula en una furia contenida. No era tan imbécil como para soltar un puñetazo a un hombre tan corpulento, por más que quisiera, tales acciones solo ocasionarían que se molestara, lo último que necesitaba en ese momento era un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, yo estaba armado, sí, pero nunca recurría a la daga más que para asustar a los transeúntes desprevenidos y poder hacerme con sus bienes. En realidad nunca había herido a nadie con el arma filosa, y no iba a empezar en ese momento, y contra semejante rival.

Dejé que tomara mi mano, más confundido que otra cosa. La amabilidad con la que me alzó y me invitó a seguirlo no me gustaba en absoluto, me hacía pensar lo peor, no confiaba en el hombre y razones me había dado bastantes en un corto periodo de tiempo. A pesar de la inseguridad que tenía, opté por caminar tras él en silencio; con una mano jalando mi camisa y estirándola lo más que pudieran resistir las costuras, todo con el fin de que cubrieran el bulto en los pantalones. Mi andar era torpe por el nerviosismo creciente y la incomodidad que resultaba tener que caminar. Tenía la vista fija en el suelo bajo mis pies, no quería tropezar también porque claro, al otro le parecería de lo más cómico; no quería empeorar más la situación, vergüenza ya tenía de basta y de sobra.

Mi rostro había adquirido una tonalidad roja entre más pensaba en lo que estaba aconteciendo. Situaciones de ese estilo solo podían ocurrirme a mí, tanta mala suerte tenía. Alcé la mirada y vi que caminábamos hacia un pequeño cobertizo. Cambié de opinión con respecto a usar el arma en el instante ¿y si se aprovechaba de la situación? ¡No podía permitir eso! Para cuando reaccioné y quise batallar de su agarre fue tarde, estábamos dentro de la pequeña construcción de madera desgastada por el paso del tiempo.

Finalmente solté su mano y lo contemplé ajustando mis ojos al cambio de luz. -Solo sal. -Prácticamente lo empujé fuera de la habitación sin dar importancia a nada más, ni siquiera me permití agradecer en silencio por no sacar ventaja de la situación. Cerré la puerta del lugar con un azote para después gruñir audiblemente por la frustración al tiempo que llevaba ambas manos al rostro. El día no se podía poner peor.

En vez de darme… alivio. Opté por sentarme en el polvoriento suelo a relajarme -en la medida de lo posible- y esperar a que mi cuerpo volviera a su estado normal, por suerte podía controlar esas urgencias, o al menos esperar para un momento apropiado y ese definitivamente no lo era. El otro seguía afuera, podía ver su silueta que se colaba por un pequeño espacio de la puerta, una mirada de desdén fue dirigida a esa sombra tras la puerta. ¿Por qué tenía que aparecer? lo  único que yo buscaba era echar una siesta y aún así logré involucrarme en un embrollo. Permanecí sentado con la espalda recargada en la pared a esperar a que o bien él se diera cuenta de que su trabajo resultaba inútil o hasta que yo me hartara del encierro. Lo que pasara primero.


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Re: A fugitive's hostage –Priv. Cailen

Mensaje por Radu V. Rosenthal el Sáb Jun 17, 2017 11:52 pm





A fugitive's hostage
Piedad, bondad, recelo, compasión; manojo de manifiestos ineludibles del orgullo y la autosatisfacción.

¡Vaya! A pesar de la amabilidad que había demostrado para con el joven, fue expulsado del cobertizo a trompicones; en ningún momento ofreció resistencia ni impuso su presencia, aquel muchachito ya estaba lo suficientemente atemorizado como para entablar con él una conversación fluida que no se redujera a huérfanas palabras, precipitar el correr de los hechos a su antojo simplemente arruinaría la ocasión y, ciertamente, aquella era su última intención. Cuanta mayor diversión pudiera exprimirle a la situación, cuánto mejor.
Bufó con recelo una vez en el exterior del edificio, tan pronto como la puerta encajó en el orificio del muro, Radu recargó la espalda sobre su corroída superficie. Permaneció unos instantes de pie, con los brazos cruzados sobre el pecho, hasta que la espera se delató interminable y optó por tomar asiento en el suelo.

Los alrededores del cuarto de herramientas estaban poblados de vegetación, inmensos arbustos camuflaban sus paredes y los árboles delgados que le guardaban como centinelas ascendían en una carrera hasta el cielo. La brisa trajo consigo el aroma de los jazmines y allí donde la luz alcanzaba en todo su esplendor, se podía vislumbrar la silueta de una agitada mariposa en su debate contra la gravedad. El joven recargó la cabeza sobre la puerta y, luego de presenciar el vasto cielo hasta el hartazgo, cerró los ojos con parsimonia. Aquel gesto suponía un inmenso cambio en la rutina, puesto que, al cegar el sentido de la visión, inmediatamente el olfato y el oído entablaban una lucha por encabezar la fuente de información.
Ciertamente el perfume amalgamado de infinidad de especies florales pululaba en el ambiente simulando la fragancia que podría haber caracterizado al paraíso de antaño; mas aquello resultaría obvio hasta para un ser humano convencional y lo que realmente llamó la atención del lobo fue el conjunto de sonidos que animaba el espectáculo. Las hojas de los árboles danzaban al ritmo de la brisa, rozándose y entrelazándose entre crujientes carcajadas; más próxima a la ciudad y los caminos se elevaba la algarabía de voces graves y agudas que oraba en francés, con ella el flamear de las telas, el repiquetear de los tacones, el chirriar de las espuelas y el tintinear de las joyas. El césped, las aves, los zumbidos y el fluir del agua parecían pertenecer a un mundo totalmente ajeno y, nuevamente, la respiración agitada del joven alojado al otro lado de la puerta volvía a tomar alarmante protagonismo. Radu deseaba con todo fervor divertirse con él, humillarle quizá y llevarle a desenvolver toda esa humanidad que encantaba a los seres inmortales.

De improviso, el aroma y el sonido acarreados por la presencia de una persona alertaron al licántropo que, sin pensárselo dos veces, abrió los ojos, se puso de pie y se refugió apresuradamente en el interior del cobertizo, ignorando cualquier advertencia que pudiera haberle formulado el joven.
Se adelantó hasta donde éste se encontraba, impidiéndole expresar objeción al taponarle la boca con la palma y aguardó en silencio a que el deslizar de las suelas se convirtiera en un susurro lejano y seguro. Solo entonces se apartó del muchachito y le observó de arriba abajo con una mirada inquisitiva.
¿Es que no te traje hasta aquí para que te encargaras del asunto? –interrogó, autoritario–, me obligaste a salir y tuviste suficientes minutos dorados de soledad como para hacer algo al respecto. –Alojó la mano derecha a un costado del joven, sosteniéndose de un cajón del revés, para permitirse aproximar su rostro peligrosamente al contrario–. Debiste aprovechar la oportunidad, pequeño, a los tipos como yo nos disgusta la desobediencia.
Estaba deseoso de llevar al muchachito a sus límites, ¿acaso no tenía suficiente de ser el muñeco de atracción? Sus intenciones no estaban teñidas con el oscurantismo de la hostilidad, pero no podía dejar de lado aquel impulso natural por llevar el dominio de la situación.

Aproximó los labios hasta el oído de su rehén y esbozó una sonrisa que le pasó desapercibida.
No temas, lo que suceda aquí adentro no saldrá a la luz jamás, se te está brindando la oportunidad de manifestar tu auténtica identidad sin mayores testigos, yo que tú aprovecharía la ocasión.
Su mano libre se deslizó con cautela rumbo al pantalón del muchacho, allí donde su condición se hacía evidente, se posó recatada, apenas presionando la delatora prominencia.
Primero que nada me gustaría conocer tu nombre.



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Re: A fugitive's hostage –Priv. Cailen

Mensaje por Cailen Gowan el Dom Ago 06, 2017 2:00 am

Pasaron algunos minutos y yo permanecí inmóvil en mi lugar, tenía los ojos cerrados y una expresión extrañamente calmada dadas las circunstancias, parecía que estaba meditando. Tomé aire profundamente y exhalé; por fin estaba retomando el control de la situación. Pensar en lo que acababa de acontecer provocaba que se me subiera un para nada discreto color rojo a las mejillas, resultaba difícil mantener esos pensamientos alejados pero hacía lo posible, aparentemente estaba funcionando. Estaba.

De repente la puerta se abrió y, sobresaltado, me incorporé de un salto y reaccioné, poniendo mis manos al frente, escondiendo mi predicamento. Antes de tener la oportunidad de preguntarle por qué había decidido volver a entrar la escena de hacía unos minutos se repetía por segunda vez: el hombre entraba a invadir mi pequeño espacio personal, me sostenía y tapaba la boca, esperando a que quien estuviera acercándose se alejara de ahí. Se escuchó el claro sonido de unos pasos aproximándose, eran lentos y pesados, por suerte no venían hacia nosotros; por un momento tuve mucho miedo ¿y si se le ocurría entrar al cobertizo?

En cuanto el extraño se fue, no pude evitar mirar a los ojos de quien era mi inesperado acompañante, tragué saliva al darme cuenta de que me estaba examinando. -Lo sé, lo sé. No pude hacerlo ¿vale? no contigo afuera. - ¿Es que acaso no podía pasar un día sin hacerme quedar a mí mismo como un completo imbécil? sentí un calor subir a mi rostro, era el bochorno que se apoderaba de mí. Con una mano me cubrí el rostro y la otra la dejé sobre mi pantalón.

Cuando sentí su brazo rodeándome volvió la sensación de miedo, como siempre, había terminado metiéndome en un embrollo más grande de lo que ya era. Intenté dar un paso hacia atrás pero su agarre me lo impidió. Destapé mi rostro y puse la mano derecha en su pecho, empujándole en un desesperado intento por mantener una distancia entre ambos y, naturalmente apartando la cabeza cuando éste se aproximó a mi oído. -Esto no significa nada. -Musité mirando hacia abajo, del susto noté que mi pantalón se veía ligeramente más… normal. -No me conoces, no sabes nada de mí. También eres hombre, sabes que estas cosas siempre pasan en los peores instantes. -Empalidecí en cuanto vi que su mano libre se deslizaba hacia abajo, aquello se hizo más notorio en cuanto pude percibir su tacto. -No me toques. Mi nombre no es de tu incumbencia, solo deja de tocarme.


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Re: A fugitive's hostage –Priv. Cailen

Mensaje por Radu V. Rosenthal el Mar Oct 10, 2017 11:42 am





A fugitive's hostage
Confundir el animal con la bestia es de las faltas más graves, puesto que el primero existe, mientras que el segundo devora.

Para sorpresa del mayor, el jovencito se desenvolvió con completa insolencia en respuesta a sus palabras. Ya era suficientemente desalentador que no se hubiese atrevido, siquiera, a desabotonarse la bragueta estando en soledad como para añadir el que, ahora, se mostrara reacio a cooperar. Radu frunció el ceño, cualquiera hubiese meditado dos veces antes de enfrentársele en circunstancias tan poco prometedoras para la contraparte, no tenía verdadero interés en aquel ser humano con mala fortuna, simplemente había tenido un día agitado y aquel se había interpuesto en su camino; qué mejor forma de aliviar los ánimos que jugar con una víctima frágil y apetecible. El jovencito debía aprender cuál era su lugar.

El alemán aferró con rudeza el brazo de su rehén y le obligó a darse la vuelta sobre sus pies, presionándole, a continuación, contra el montón de elementos polvorientos que hubiese usado hasta hacía instantes como asiento. No se inmutó al arrinconarlo con su cadera, depositando el peso de su torso contra la delgada espalda del joven, apenas interrumpido por la extremidad que mantenía allí mismo flexionada, en peligro de sufrir una fractura.
Vaya, parece que en todo este rato se te ha escapado un pequeño detalle –espetó, procurando mantener la calma–. Pequeño, no sé nada de ti, pero qué tan bien me conoces tú a mí como para responderme con tal descaro. Dejemos algo en claro: tú, aquí, eres la víctima.
Radu recargó la frente sobre el omóplato encubierto del menor, se estaba comportando como su hermano –bueno, sin dudas con mucha más delicadeza–, hecho que le fastidiaba de sobremanera. Había sido culpa del vampiro que, en primer lugar, acabaran en aquella situación, tanto él como el humano.
Decidió que liberarlo era lo más prudente a llevar a cabo y así lo hizo, cuidándose de guardar cierta distancia por si al joven se le ocurría defenderse.

¿Te habían dicho antes que tienes un deplorable sentido de conciencia sobre el peligro? El que haya sido considerado contigo no implica que estés en posición de decirme qué hacer, mucho menos de negarte a mis peticiones.

Retrocedió un paso, alcanzando a recargarse contra el muro, el cobertizo era lo suficientemente pequeño como para que el vacío entre ambos no superara el metro de longitud. Se permitió contemplar de pies a cabeza la complexión de su acompañante, privándose por completo de la consideración de disimular.
No estoy teniendo el mejor de los días y tu actitud no colabora a subir mis ánimos. ¿Por qué no me entretienes un momento y, luego de hacerme saber tu nombre, te encargas de quitarte los pantalones?
Si hacía escasos minutos su compasión le había conducido a procurar la disminución del temor en el más joven, ahora que le había hecho conocer sus verdaderos colores, él se encargaría de recordarle su posición en la cadena alimenticia. No iba a lastimarlo, no, puesto que aquel espécimen se le hacía de sumo interés, pero que se divertiría un buen rato con su ingenua mortalidad, podía estarse seguro.



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Re: A fugitive's hostage –Priv. Cailen

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