Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Coming to the fire · Libre ·

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Coming to the fire · Libre ·

Mensaje por Fabrice D. Beaumont el Vie Ene 06, 2017 8:26 am

Aquella noche parecía prometedora; París vestía cual novia pura en el día de su boda. Su aliento era cálido pese al helor de la noche, que amenazaba con entumecer su cuerpo de no ser por lo abrigado que estaba. Oculto bajo un sinfín de capas de ropa. Añoraba todos aquellos instantes de paz, en los que debía esforzarse más de la cuenta para sobrevivir. Se podría decir que él amaba todas las cosas cuando se encontraban en ese límite que nadie se atreve a dejar entrever, justo cuando todo bien puede irse a la mierda o ser sin embargo algo completamente placentero.

El tiempo pasaba considerablemente rápido, sobre todo para aquellos que habían encontrado -sin pretenderlo- algo que haría que sus respectivas noches fuesen infinitamente más amenas. Incluso él, que sin saberlo, se había encontrado con alguien que en otras circunstancias hubiese seguido, apresado, interrogado y asesinado aunque no precisamente en ese órden. A veces, el juego se le presentaba en su propia psique, que jugaba consigo mismo como si fuesen dos personas completamente distintas en un mismo cuerpo, dejando a un lado al sensato, al cauteloso, para dejar paso al que de todo era capaz.

Era el único sentimiento que guardaba con recelo, dejando salir a cada momento su yo iracundo y seguro de que se mancharía las manos de sangre, esperando quizás, morir en cualquier momento, pero sirviendo como el mejor de todos los guerreros. Nunca, pero nunca, se dejaría ganar. Tan sólo aquel que tuviese la mayor de las mentes estrategas, podría acabar con su vida y entonces, su verdugo, se convertiría en alguien a quien admirar. Sus misiones habían sido otorgadas de formas muy crípticas, pues no decían más que los lugares a los que debía acudir, pues siempre él sabía cómo desenvolverse ante cualquier situación, no por orgullo ni por estúpidas ostentaciones, sino por el simple hecho de que sabía usar muy bien el ingenio, aunque aquello significase el llevarse un par de cicatrices a casa.

Así que allí estaba, en aquel bar/cafetería a altas horas de la noche. Claro que prefería estar en otros lugares más cálidos pero ya que se había hospedado allí mismo, usaría aquel lugar como su base de operaciones, aunque claro, se suponía que andaba allí no por negocios sino por mero placer. Placer, que esperaba ahogar entre los pechos de alguna mujer, algo así como descarada, pero que lo hiciese por dar en las narices a alguien de su familia. Una muchacha rebelde por así decirlo. Esas, eran las mejores.
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Re: Coming to the fire · Libre ·

Mensaje por Faye Saint-Preux el Miér Ene 11, 2017 12:05 am

La decisión de querer “ir sola” le había comenzado a traer los primeros problemas, no se podía decir que tenía un terrible humor pero en aquella ocasión la pelea que tuvo con uno de sus clientes la tenían bastante irritada. Parecía irónico que justo aquel hombre hubiera decidido querer pelear sobre porque no podía seguir asistiendo al burdel, Faye se cansó de explicar aunque de hecho tampoco se tomó el tiempo de exponer todas sus razones, creyó que él la entendería y cuando no fue así dio por terminado su tiempo de diversión con él, eso también incluía el hecho de que no lo volvería a ver ni siquiera porque intentara llenarla de regalos hermosos. El hombre al darse cuenta de esto trató de detenerla y retenerla pero ella insistió, hasta lograr, irse de aquel lugar. Fue una pésima idea pero eso no lo supo hasta después.

En aquel momento solo podía pensar en su enojo, iba maldiciendo en voz baja al tiempo que se alejaba poco a poco de la residencia del hombre con quién había discutido. Podía tener poca edad pero sabía lo que quería y en esos momentos lo que quería era que no la cuestionaran demasiado sobre como planeaba llevar su vida o como pensaba seguir trabajando. —Estúpido—murmullo deteniéndose en una calle antes de fijarse para atravesar. El viento comenzaba a hacer que las mejillas le dolieran pero era muy tarde para regresar, fingir inocencia y esperar a que se compadeciera de ella hasta llevarla a su residencia ¿En que momento pensó que hacerse la ofendida era una buena decisión con tal clima? Ahora estaba enojada, si, pero ya no por la situación sino con ella. Cruzó pero no podía seguir así por lo que analizó sus opciones: Morir de frío o entrar al local abierto que divisaba a una dos calles. La segunda opción le pareció lo más sensato.

Camino aferrándose no solo a su pequeño bolso sino a la capa larga y vistosa que cubría su vestido rojo. Fueron pasos tremendamente agonizantes para ella así que cuando alcanzó la puerta de la cafetería y sintió la cálidez que el lugar le proporcionaba sintió como el alma le regresaba al cuerpo.  Recargó su cuerpo en la puerta notando que nadie se había girado a verla por un tiempo prolongado, todos estaban metidos en sus problemas como para reparar en que no parecía encajar ahí pero así era mejor ¿Qué pensarían al verla vestida tan bien a esas horas de la noche? Solo la idea le dio escalofríos, era huérfana pero esas situaciones eran incomodas. Fue a sentarse en una mesa junto a un hombre solitario, alguien llegó a atenderla. —Solo quiero una taza de té— mencionó sin mirar al camarero. —Gracias—susurró una vez tuvo la taza frente a ella, entonces se dio cuenta que algo faltaba en su mesa. Se giró al hombre para llamar su atención al inclinarse levemente sobre su mesa. —¿Puedo tomar prestado esto? Será solo un segundo—señaló el recipiente que contenía la crema esperando a tomarlo una vez recibiera respuesta.



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Re: Coming to the fire · Libre ·

Mensaje por Fabrice D. Beaumont el Jue Abr 06, 2017 6:03 am

Fabrice por norma general ignoraba el mundo que le rodeaba, hasta tal punto de sentir incluso asco de las situaciones ajenas a la suya. Era rebelde, por qué no admitirlo, pero in embargo tenía un muy buen ojo para meterse en líos que terminaban siendo lo más parecido a la vida normal que podría llegar a tener. De ahí que le gustasen las cosas difíciles, ya que así el esfuerzo sería recompensado, no como cuando alguien quiere algo regalado, a lo fácil, sin haber luchado por ello tan siquiera.

Cuando aquella voz fragante lamió sus oídos, no pudo evitar girar la cabeza y acercándole la crema que parecía querer, le mostró la más amable y críptica de sus sonrisas. Aquella muchacha era bonita y era extraño verla tan solitaria aquella fría noche de invierno, por lo que se le antojó aún más delicioso el hecho de conversar con ella. Algo bueno seguro que saldría de todo aquello, estaba inscrito en su piel.
- Cuidado, no se vaya a empalagar - Dijo a modo de broma sutil a lo cual el mismo se deslizó en aquel sillón para dejar paso a la muchacha. - Le recomiendo que se acerque, no creo que le guste escuchar las pamplinas que un don nadie pueda contar a su vera. A menos, que le guste que la miren de forma lasciva. - Ocultó su sonrisa bajo la taza de café que se llevó a los labios. La verdad que aquel lugar, pese a ser de clase media - alta, no se distinguía demasiado de las tabernas de los barrios bajos ya que había gente tan absurda e insolente aun teniendo kilos de oro en los bolsillos.

- ¿Puedo saber su nombre? Digo, quisiera saber con quién comparto la crema. - Abrazó la taza con una mano, lamiéndose los propios labios racias al buen regusto que le había dejado el café.
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