Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Fuil agus cnàmhan; a 'Mhòr-Strì

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Fuil agus cnàmhan; a 'Mhòr-Strì

Mensaje por Darren Farquharson el Sáb Ene 21, 2017 3:17 pm


No quiere ganar sin tener cicatrices...

Darren; la bestia, mejor conocido como un animal salvaje, e inhumano, que de apariencia de hombre, solo es un engaño, nadie creía las habladurías de este pendenciero, creyendo que solo eran cuentos sacados de un lunático para generar dinero, más acudían a las calles, en busca de esta leyenda, queriendo retarlo, pisotear lo que se habla de él, pero resulta que todo es cierto, ninguna pelea ha perdido, ¡si conoce de caer al suelo, el dolor de estar en unos segundos de que conozca la derrota! Pero nadie, absolutamente nadie se asemeja a él, ha sido y seguirá siendo la peor bestia. No es humano, lo acepta, que amaestrado para sangrar y ser sangrado, golpear y ser golpeado, ganar y jamás perder. Su cuerpo ha sido entrenado para soportar el peor daño, y que jamás se dé por vencido, que el hambre de vivir es lo único que lo motiva a moverse, destrozando todo aquello que se le oponga. Fue que por esa razón llegaron a París (por segunda vez, por la misma cuestion), el señor Dermot (su dueño, ya que no se engaña, y le lame la mano, le mueve la cola por ser el único que le dio algo) escucho de un lugar especial, La calzada de los mártires; situada en la calle rue du Champ de Repos, donde se rumora que se sitúa el honor del primer obispo en París, tras haber sido decapitado, marchó a lo largo de esta ruta con su cabeza bajo el brazo y se desmayó algunos metros más al norte, y que desde ese entonces, esta maldita. Por ello, muchos cuando el sol se oculta, y solo queda luces de los pocos faroles situados, desafían hasta la muerte, comenzando a conocerse por el ring de los más temibles luchadores callejeros, que aquellos que pisen esta tierra, malditos quedarán, pues resulta que los perdedores terminan rodando con la cabeza, la misma situación que del obispo. Que a Dermot le interesó la parte de que ahí se hallan los mejores campeones, queriendo llevar a su bestia, es que lo negocia, que si ganaba todos los asaltos y aquellos que se proponen, se ganaría la fama, aparte de riquezas. Considerando que nada adquiere Darren, él solo con que esté con su maldita madre, y tenga lo necesario para sobrevivir, le basta.

Asistiendo al lugar de la pugna, en el camino solo escuchaba maldiciones de su madre, la maldita puta no se callaba, hasta que la silenció con un puñetazo en la boca y asi solo se aplaco, quiso arrojarle un embrujo, pero su magia ya estaba agotada, la gitana solo era por nombre, y duras penas veía el futuro en sus ojos. Será que veía la victoria borrosa de su hijo, que por ello no dejaba de joderlo, pero una vez situados en los cuartos oscuros de una edificación abandonada. Ahí yacía, alistandose para el reto. Dermot, siempre actuaba como amo, y como mascotas esperaban a que fuesen por ellos.

No fue por mucho que permanecieron en el suelo, se levantó, despidiéndose de su madre con una ligera patada en sus pies, pues esta fue amarrada a un muro, donde jamás podrá escapar. Su encuentro ya inició, y debía ganar. Así que, camino con su amo, no era necesario que estuviese con cadena, ya estaba domado, que al ver a los espectadores en circular, adornando el centro para los ataques, (todos lo miraban, con ganas de matarlos, que se jodan por eso). Él solo poseía un pantalón gastado, descalzo, sin camisa, yendo a su oponente, ya se había encargado Dermot de anunciarlo como desafiante, poniéndose en cuatro patas, agachado. Y en cuanto se hizo presencia al ganador de esa calle, del que todos hablan, este lo miro como un monstruo, (maldita sea, morirá por hacerlo, pues desdeña que lo vieran como a un monstruo, así es como lo mira su madre, esa perra)) y no duro mucho, saltó sobre este tras saludar y dar inicio a la lucha, sujetándose de su cuello, dejando caer el peso a su espalda y lo azota contra este, se defendió, no lo niega, golpeo, lo acepta, pero no bastó, no hizo nada en realidad, que entre unos golpes, patadas fuertes, y otro azote en su cabeza, esta giro, cumpliéndose la maldición. Todos aterrados gritaban, pero parecían poseídos, les maravillaba ver la sangre, se divertían con los puñetazos, gritando que lo mataran, era una sensación viva para Darren, que terminó lamiéndose las manos, cuan perro se limpia la mugre (sangre en esta ocasión) esperando que alguien más se propusiera para querer vencerlo, después de todo para eso fue entrenado. Un animal escocés que su hambre solo es la pelea.


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Re: Fuil agus cnàmhan; a 'Mhòr-Strì

Mensaje por Radu V. Rosenthal el Mar Ene 31, 2017 8:42 pm





Fuil agus cnàmhan; a 'Mhòr-strì
Cada hombre escoge su muerte, invocándola a gritos.

Cuando el intenso vociferar cedió ante el cotilleo y éste menguó hasta donar su puesto al murmullo, las carcajadas de un espectador resonaron estruendosamente. Los reunidos en la ronda del terror clavaron sus orbes demoníacos en la fuente del sonoro espectáculo y éste se puso de pie, condescendiente, sosteniéndose el vientre para que las entrañas no salieran en persecución de su risa.
La multitud abrió paso al desquiciado, quien se compuso lo suficiente como para avanzar hacia la arena de guerra, donde el invicto yacía descogotado y su asesino a espera de un nuevo hueso que lamer. ¡Ingenuos! Aquella era la más tormentosa congregación de ignorantes, ciegos que miraban el cuerpo de un hombre cuando lo cierto es que se encontraban en presencia de una bestia, ¡qué digo una! Dos animales sanguinarios.
El desconocido se detuvo a orillas del círculo y se retiró la camisa del cuerpo, para descansar en iguales términos con su inminente contrincante. Mientras tanto, algún considerado se encargaba de arrastrar al muerto hacia algún sitio en donde no estorbara.
Espero que no te molesten –anunció, despreocupado, mientras alzaba los brazos para exhibir los brazaletes de metal que le ataviaban las muñecas–; no me las puedo quitar –agregó, echando un suspicaz vistazo al individuo que sostenía las cadenas opresoras del prematuro campeón. Contuvo otra carcajada interponiendo el dorso de su mano.
El susurro de los presentes detonó bruscamente en una nueva algarabía, todos hacían sus apuestas, desprestigiando a uno y otro participante, promoviendo su cultura de estupidez y omisión, deshaciéndose de su dinero por una causa sin validez, por un par de humanos que no lo eran.

***

Radu había logrado desmontar la cerradura de su habitación una vez más, sin importar cuánto invirtiera su hermano en complejizarla, él hallaba la manera de activarla y abrir la puerta a su libertad. Destrozar las cadenas le llevaba su tiempo, pero al final de cuentas lograba apañárselas con ello también y, entonces, el único vestigio de su cautiverio lo portaba en las esclavas que le carcomían la carne.
La noche apenas comenzaba cuando el lobo puso pie sobre la vereda y se camufló entre la marea de personas que inauguraba las tinieblas en la ciudad; con el transcurso de las horas, había entablado plática con un reducido grupo de jovenzuelos y, luego de algunas bebidas, se habían sumado a la apestosa manada de apostadores que trastabillaba en su curso hacia La calzada de los mártires, donde los perdedores yacían sin cabeza.
El menor de los Rosenthal perseguía intereses de índole ajeno al de las riñas callejeras y sus boletos de envidada, llevaba el brazo enredado en la cintura de una sinuosa jovencita que le dedicaba sugerentes miradas en cada ocasión oportuna, mientras que un muchacho encantador insinuaba recelo cada vez que eso sucedía, el dilema de la noche era decidirse por alguno de los dos con el cual revolcarse. Las consecuencias que le trajera su osadía serían algo con lo que se apañaría una vez consumado el acto; su hermano le partiría el trasero.

Pero Radu no había contemplado la posibilidad de que, inmerso en aquella marea de cuerpos irremediablemente mortales, daría con un personaje que compartiera sus atributos de bestia sin escrúpulos. El individuo demoró unos minutos en quebrar el cuello de su oponente, inspirando la cólera de todos los espectadores; en él, sin embargo, despertó un sinigual arrebato, la risa se fugó de su garganta atendiendo la nefasta ironía de la situación y, como poseído por el aroma del animal, se aventuró hasta la arena y se interpuso en el sendero de victoria ascendente perseguido por el sujeto, como el muro que se edifica sobre un puente, cuya única vía de escape yace en derribarlo o ahogarse.
Cada poro en ese cuerpo desprendía el calor del abismo, el alemán estaba convencido de que en aquel, su contrincante, descansaba la piel de un salvaje, colmillos a la orden de la presa, sangre inyectada con el deseo de despedazar.
Aguardó inmóvil en los límites de la circunferencia, realizando un mudo intercambio instintivo con aquella única joya entre tantos pellejos. Podía percibir el aroma de su orina, aún presente en donde hubiera salpicado; era un cánido, un macho intruso en el que juzgara su territorio, que lucharan era simplemente inevitable, y sin embargo todos los que vociferaban a su alrededor no lo comprendían, veían un par de testarudos puños adheridos a los brazos de dos hombres adictos a la ovación.

Radu se adentró en el escenario de combate y se tronó los dedos de las manos mientras marcaba territorio con cada nuevo paso que daba sobre la tierra, reclamó así la mitad de la circunferencia y sólo entonces se introdujo en el despejado centro, bañado en la sangre y el sudor de un muerto.
Alzó el rostro cuando se detuvo y clavó los ojos en los del contrario, amenazándolo con aquel sencillo gesto y enseñándole sus colmillos a continuación. Su gruñido pasaría inadvertido para todos en el exterior del círculo, pero no para aquel a quien daría una paliza. Alguien se creyó con el derecho de ordenar que se iniciara la riña y fue entonces que el joven licántropo atestó un puñetazo justo contra la mandíbula del luchador, si hasta entonces no se había percatado de sus similitudes, bastaría aquel impacto para hacerle reconocer que ya no era el único no-humano en el coliseo.


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Re: Fuil agus cnàmhan; a 'Mhòr-Strì

Mensaje por Darren Farquharson el Sáb Feb 18, 2017 3:39 pm

El perro escocés se pitorreo por el nuevo oponente, vestido de la sangre de quién mató, rodando la cabeza que todos se unieron en una barahúnda, exigiendo sus ganancias, apostando nuevamente por quién creerá que será vencedor. Darren viene siendo el animal de las peleas, el mejor contrincante que nadie ha podido derrotar, y en esa ocasión no sería una excepción, no porque sea tan arrogante de sus propias convicciones, ni por el arduo entrenamiento que le imponen, sino por el hecho de que no se siente inferior a nadie, absolutamente se ha maquinado una mente, y un cuerpo impresionante para soportar, bloquear, y golpear como nunca, como si fuese a ella, a esa puta a quien esté matando. Ese es su secreto, esa es su medalla en realidad. ¡Tan brutal! Ladea el rostro de un lado a otro, tronando sus huesos, escuchándose como la quijada se acomoda, embravecido, exaltado por el anterior encuentro, junta sus hombros, detonando el músculo, y sus venas, que no le importaba si se presentaba una figura semejante a un lobo, (¿por qué lo dedujo? Porque él mismo es uno, y el olor, la pestilencia que carga, se conecta, elevando la excitación del momento, ambos son iguales, cambia pieles, que no espero más, le dio la bienvenida con un gruñido) amenazante se acerca, su piel guarra era salpicada, toda una presencia de un asesino, que el acto en que limpiaba de esta, aclaro que no era un corriente animal. Hubiese objetado por llevarse la cabeza, y el cadáver, eran un premio para quien le dirigió la mirada, osando llamar la atención, pero, ¿de quién? porque la suya, solo se enfoca en dos cosas; una, en cómo devorara ese cuerpo expuesto, (más su punto de enfoque en ese bulto, cuan animal le gusta atrapar la vara), y la segunda; en que no es muerte lo que espera darle, más si la maldición lo amerita, solo a esta le dejara la opción. Por primera vez le llamó la cacería, en ese ruedo dos animales semejantes, se la jugarían hasta con el instinto de conversión, a él no le importa entrar a esa fase, al contrario, le daba la peligrosidad del espectáculo por los espectadores, pero, ¿a quién le importaba eso? ¡Que se jodan los apostadores, solo exigen ganancias y se las dará a quienes lo elijan como ganador!

— ¿Molestarme...quien, tú?  Vamos, te daré ventaja por ser tu primera pelea, puedo percibir que eres virgen en la arena, pues alardeas más de lo que deberías golpear. Debiste decirle a tu dueño que te soltara, estúpido cachorrito que en celo anda, si a aparearse has venido, este no es el lugar para hacerlo, o es que, ¿prefieres la rudeza, a alguien que en realidad te dome?

Arrojo groseramente, sin importarle los grilletes, ni las cadenas, nada le atemoriza, ni los huesos tronarse, ni esos endebles colmillos, a su comparación los de este poseían un filo, un trabajo que ha estado ejecutando con los huesos, (por ello, son endebles los de su oponente, se nota que solo como humano come, mientras Darren, en su forma animal es la única manera en la que se alimenta), su flexión, no niega que es dotada de salvajismo, la complexión no decir nada por sí mismo, sólo los golpes lo harían. Que al estar en frente de este, y las risotadas del público por las palabrerías, coco los puños, dando inicio de esa manera la riña.

Este le apuñaló la mandíbula, pero vaya comienzo, en sus formas animales y hasta en humana, posee una mandíbula fuerte, riendo, ladeando la cabeza para acomodarse ese hocico. Que era su turno, le daría una probada de lo que le espera. Incorporándose, alzando los puños en la altura de los mofletes, acercándose a él, (al abalanzarse) hincándose para soltar exactamente dos golpes (potentes, expertos de lo que ejecutan) en sus testículos, todo es permitido, por eso le llaman peleas callejeras, nadie los rige, nadie impone reglas, pelear para morir, pelear para ganar. Aprovechando la oportunidad en cuanto cayera, al emplear una llave, presionando con las piernas su cuello, ahorcándolo, recio se percibe la magnitud de la presión, alistándose para bloquear si logra zafarse.



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Re: Fuil agus cnàmhan; a 'Mhòr-Strì

Mensaje por Radu V. Rosenthal el Mar Feb 28, 2017 7:49 pm





Fuil agus cnàmhan; a 'Mhòr-strì
La ventaja la lleva aquel que pisa suelo firme en un pantano de imposibilidades.

Para Radu el mundo era una baraja de excitantes posibilidades que abordar, acostumbraba recibir una cuota de suerte, ponerla en juego y deleitarse con el provecho obtenido a partir de su impecable estrategia –nadie dijo que no era válido exagerar–; aquella ocasión era, sin lugar a dudas, uno de aquellos eventos que, a sus ojos, prometían la obtención de un rédito gratificante.
¿Qué parte de molerse a puñetazos con un perro rabioso era sugestivo? A simple vista únicamente una bestia daría crédito a una riña por capricho –venga, que aquí sí estamos hablando de animales disfrazados como lampiños–, pero para el licántropo el jugo se hallaba en algo más específico. Haber logrado escapar con el pellejo adherido a la carne era un punto a favor, luego estaba el trofeo que le aguardaba en los flancos del asiento que acababa de abandonar y, aunque París era una ciudad abismalmente extensa y dotada de numerosas criaturas sobrenaturales, dar casualmente con una era un golpe de fortuna. Su contrincante no era un cambiaformas cualquiera, compartía con él un gen canino que resultaba imposible de pasar desapercibido; en sumatoria de aquello, disponía de una lengua afilada y un ímpetu bastante poco convencional, era como haberse topado con un reflejo de sí mismo, solo que menos civilizado –y vaya que aquello ya era bastante decir–, y carente de la ceguera que le impedía desde siempre concretar su más vil cometido.

Verle en postura de contraataque era un espectáculo para los ojos y más comprobar que su certero embiste había sido fácilmente tolerado por su mandíbula, ¡iba a darse un festín! O eso creyó instantes previos a recibir dos perfectos puñetazos justo sobre sus testículos. Un instinto involuntario le condujo a balancearse hacia atrás, a tanta distancia como le permitieron sus temblorosas piernas; llevó la diestra hacia la región púbica y acunó a su órgano viril con suma devoción. Debió curvar la espalda para recuperar el aire que se escapaba a sus pulmones e hizo el más pesaroso esfuerzo de su vida por contener las lágrimas, ¡qué hijo de puta, aquello era jugar sucio!
Mantuvo los sentidos en alerta, estándose seguro de que el muchacho no se le aproximara en lo que él recuperaba el aliento; el mundo a su alrededor había estallado en carcajadas y cuántas veces resonó en sus oídos la adjetivación de marica. Oprimió su bulto con insistencia, esperanzándose con la idea de que, si lo sometía a un dolor más constante e intenso, cuando finalmente lo liberara, la agonía le resultaría más tolerable. Logró regularizar su respiración y estuvo satisfecho al comprobar que sus suposiciones habían sido certeras tras desocupar ambas manos.

¡Inmoral! Así iba a funcionar la disputa, pues no debía olvidar que se encontraba en territorio de los embusteros, inmerso en una pelea callejera, en resumidas cuentas: sin reglas, sin piedad y sin limitaciones. Él no jugaría tan bajo como para tocarle los huevos a su oponente, aquel tipo de prácticas prefería reservarlas para un ámbito de otra índole, pero estaba más que dispuesto a emplear todas sus restantes artimañas.
Quizá el muchacho hubiese sido entrenado para destrozar una simple barrera de carne y revolcarse en sus sesos, pero él había sido educado para asesinar a sangre fría en pos de un reglamento obsoleto, desprovisto de intereses propios, desligado de sentimientos como el deseo, el orgullo, la sed de venganza o el capricho; para él dar muerte había sido siempre una misión, un empleo, si se quiere. No conocía la piedad ni el remordimiento a la hora de cometer el acto y únicamente reservaba la satisfacción de su consumación para el momento en que diera fin a la vida de su hermano mayor.
Un ejecutor de su clase no prometía grandes espectáculos, pero sí gustaba de preparar idóneamente su escena del crimen, donde el escenario estuviera impecablemente dispuesto para su gran protagónico; en un coliseo presto sobre un basurero, sus posibilidades de deslumbrar al público residían en su desempeño personal.

Se tronó el cuello y avanzó algunos pasos para comprobar que no había perdido su integridad; esbozó una sonrisa y contempló sus inmediaciones, alzando los brazos para conceder el crédito a su contrincante.
¡Vaya! Ha sido un buen comienzo. Cuéntame, ¿satisfecho con el tamaño? –se aventuró irónico–. ¡Oh! Disculpa el desconcierto, es que no soy el tipo de perro que pide permiso para salir a pasear, simplemente me voy cuando me place, no sé si comprendas… –por un momento dudó de su insolencia, ¿qué hubiese dicho Bertok en caso de escucharle reconocerse su mascota? Seguro habría sonreído con suma satisfacción; imaginar aquello le indujo náuseas, cuán afortunado se sintió de que no se encontrara allí.
Aunque sí tienes un punto a favor, no acostumbro a reñirme en porquerizas, el hábito es arribar a un sitio impecable y ensuciarlo con mis propias manos, en lugar de llegar a un escenario mugroso sólo para enterrarlo en más inmundicia. –Acabó de hablar con suma serenidad, preocupándose por erradicar la comezón que le estorbaba a un costado de la nuca–, ya que cambiaremos la rutina y jugaremos en tu arena, te doy la ventaja de decidir con qué clase de fluido la embarraremos.

Avanzó hasta él a la velocidad de un pestañeo y enterró su rodilla en el centro de su vientre, a continuación, lo alzó por el sobaco y le atestó un cabezazo sobre la frente. Retrocedió un paso y alzó la barbilla para contemplar con altivez los resultados de su ataque, esta vez iría en serio.
Supongo que ya estarás al tanto –acotó en un volumen que el público no fuera capaz de percibir–, pero no te será tan sencillo acabar conmigo, cachorro; aprovecha un poco tu fortuna y divirtámonos a lo grande –le convocó, escoltado por una sonrisa ladina.


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Re: Fuil agus cnàmhan; a 'Mhòr-Strì

Mensaje por Darren Farquharson el Lun Mar 20, 2017 9:25 pm

Gratificante; presiona sus piernas cual animal peligroso, envidioso, y hasta travieso sujeta, más al abandonarlo para darse el privilegio de jugar un momento más, le hizo levantarse, ya habiendo golpeado sus dídimos, este era la gracia del animal para hacer bulla a la audiencia,   más lo que soltaran no le importaba, nada realmente le interesaba de la arena, sino simplemente ganar por lo que es. No había necesidad de aparentar, ni reservarse los golpes, esperaba cual animal mirando la graciosidad de un humano, para el son memos, por lo que el seguir observando cómo se acomoda sus testículos, se controla por el dolor que se ocasiono y el daño al ser desacomodados, el orgullo se percibe, olfatea el machismo a tan temprana pelea, orillado cuan humano indefenso, ofendido y hasta humillado. Eso era una completa distinción entre ellos, podrían ser del mismo género, pero en cuanto especie, en cuanto a sus características, todo era totalmente discrepante, hasta se nota la mera de pensar, de actuar, uno más que el otro es brutal, se demuestra, púes él de haber tocado esos testículos ya se los habría arrancado, quizás de una solo mordida, a ese grado, a esa magnitud grotesca es. (No por algo solo se alimenta en su forma animal). Demorando ya estaba, era razón suficiente de que los espectadores se quejaron, ofendieran y hasta arrojaran objetos, vinieron a ver sangre, golpes, muerte, por algo pagan, aumentan sus apuestas, y no a escucharlos. Eso no comprendía su oponente, por eso lo destaco virgen.

¡Basta! Comenzaba a fastidiarse el seguir permaneciendo inmóvil, le cedió algún tiempo para ver su ataque, pero no resulto nada, se regocijo el contrario a su espera, y todavía osa de sonreír y alardear, retomando su postura, esperando un poco más, sino ya haría la conclusión de ese encuentro.  Por lo que el ver como se aproxima, su instinto nunca se preocupó, porque así lo esperaba, por enésima vez espera a ser golpeado, o al menos si se puede deducir a ello. Espero más que un rodillazo, que un cabezazo, no miente fue doloroso el impacto, más ha sido víctima de tubos en la cara que para el resultado fuese ese, soportar el daño de los demás, no ser blando con los golpes en la cara, su sangre, más el dolor no fue un problema, ni podía percatarse de que hubiese abierto la frente, de no ser por su olfato, no se hubiese percatado. No debiendo haber bajado la guardia, toma por sorpresa al perro, tras ir a su pecho, alzando vuelo de un salto y con los pies, ambos, empuja este, abalizándose directo a posicionarse sobre él, apretando las piernas a sus costados, soltando los puños sin piedad de un lado  otro, fuertes y precisos, encarándole el desinterés a sus palabrerías, marcando su territorio como bien hace unos segundos concluyo el muy lelo, no estaba en su mundo, claro que no, no debía porque implantar reglas, ni miradas que juzgaran, así de cruel son las callejuelas, así de bárbaro es la zona de los mediocres. Y cuando vio la sangre brotar de los nudillos, la inmensidad de los golpes lo amerito, mirándolo, expresando el jodido humor negro.

— No hay nada que me pueda satisfacer, y menos proviniendo de un perro amaestrado, caprichoso eres que la domesticación te sienta bien, has olvidado la naturaleza de un lobo, no me importa comprenderte, estas en mi territorio, aquí no eres nada, ni nadie, y más viniendo como un refinado can, al diablo tu porquería, te revolcaras en mi mierda, y la de los presentes. Nunca ha cambiado el juego, así ha sido siempre y será, ¿ventaja? Solo mírate, no sirves en esta arena, puede más un gato callejero que tú. Pero vamos, daremos el fluido si tanto quieres dejar tu huella, a lo grande lo haremos, eso que ni qué.

Vulgarmente le aclaro su situación, la audiencia poco a poco estaba retirándose, no habida nada que ver, estaba en l cierto, y aquel se encargó de desperdiciar el momento, más no se iría Darren con las manos vacías, marcaria aquel para que no se le olvide que tierra piso, por lo que se alzó, sin fanfarronear, ejecutando una patada a su costado, y luego del otro, siempre avispado por la defensa y contrataque del otro,  elevando los puños a la altura de sus mofletes, sin significar que poco a poco estén quedando solos, una gran pérdida fue esa noche, todos pedían su dinero de regreso, por lo que el castigo sería expuesto a Darren.


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