Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

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La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Sáb Ene 28, 2017 10:13 am

Recuerdo del primer mensaje :

Aquella noche apenas era capaz de dormir, desde que me dijo ese peculiar “si quiero”, habían pasado unas cuantas semanas en las que ambos habíamos estado sumidos en preocupaciones varias. En mi caso la búsqueda de la espada, el norte y sus complicaciones, nada parecía darme tregua. Ella perdida en la abogaren de los asuntos Cavey. Ambos guardábamos ciertos secretos que parecíamos decididos a no compartir, quizás por miedo a que de hacerlo el otro se sumiera en el mar de nuestras propias dudas, miedos.

Me puse en pie en el mas profundo silencio, mis pasos se perdieron hasta el mueble bar de la cámara, un whisky doble para calmar el desazón y me dejé caer en el sillón del lateral de la cámara observándola dormir.
Paz, esa demonio en ese instante era lo mas parecido a la paz que podía ostentar en tiempos de guerra.
Mirarla era suficiente para darme cuenta de que la amaba, de que nada me importaba si al final del día, cansado a veces, herido otras, borracho algunas ella me acogería entre sus brazos dispuesta a calmarme, a besarme, a amarme.

Mis ojos recorrieron su cuerpo, perfecto, curvas y lineas capaces de calcinar mis mas oscuros pensamientos. Hacia ya mucho desde que alcancé París, desde que sus esmeraldas me mostraron que los juegos son peligrosos y que a su lado los perdería todos y cada uno de ellos, pues era imposible no hacerlo cuando el sentimiento podía mas que el orgullo.
Siempre la quise, desde el mismo instante en que la vi supe que no habría espada para enfrentarme a ella, ni escudo con el que protegerme, a pecho descubierto emprendí la gesta que hoy me llevaba a verla sobre mi lecho preciosa, perfecta, mi mujer.

Un trago de la copa mientras mis ojos se deslizaban hasta la pared frontal, recordé con una medio sonrisa como mi cuerpo la buscó una de las primeras noches, borracho necesitaba calmar mi sed, mas no hubo consuelo en su piel, solo me apartó, un baño según ella necesitaba en ese momento. Duelo de egos el que me empujó a abandonar su habitación. Los dos eramos dos guerreros, acostumbrados a ganar en duelo singular, no eramos capaces de darnos cuenta de que estábamos perdiendo, pues aquella noche, en mi lecho, la eche de menos.

Un trago profundo sin ser capaz de apartar mis ojos de aquel rostro perfecto, labios que rojos me trasportaban al infierno, placentera mi condena si llegaba de sus manos. A liento que era mi único sustento, ojos que contra los míos centelleaban, sin necesidad de palabras ¿para que? Si siempre entendimos todo sin pronunciarlas.

Abrió sus ojos, apenas quedaban unas horas para embarcar, sonreí de medio lado con el vaso entre mis manos.
-No podía dormir -susurré contra el vidrio dando un ultimo trago hasta apurarlo.
Me puse en pie sin apartar mi mirada de la ajena, pies descalzos que se aproximaron de nuevo al lecho donde me dejé caer.
-En tres noches, te convertirás en mi mujer Valeria Cavey.


Última edición por Höor Cannif el Miér Feb 01, 2017 3:37 pm, editado 1 vez


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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Sáb Feb 25, 2017 6:22 pm

Y por un instante, deseó justo eso, atraparle entre su cuerpo y éste, hiciese de cárcel por toda la eternidad. Retenerle, desear que aquel momento perdurara por siempre. sabía que al igual que ella, acababa de entrar en el mismo hechizo. Magia verdadera, sentimientos y sensaciones. Incapaces de dejar de mirarse a los ojos. El amor de tu vida solo pasaba una vez y ella tenía la gran suerte de disfrutar de él en ese momento, pocos podían decirlo abiertamente…descubrir el amor en esta época repleta de matrimonios de interés, él apareció de la nada y antes de tan siquiera cruzar las rejas de la mansión Cavey. Era suyo.

Y el tiempo se detuvo en el mismo instante en el que los labios del noruego susurró ese “Te lo prometo”. No cualquier promesa, acababan de unirse para siempre, para ambos ya estaban casados, ya se pertenecían y la sonrisa mutua junto con las miradas… lo confirmaron. Enredó sus finos dedos en la cadena de plata, atrapándole entre éstos y atraerle hacia sí. Impulsiva al igual que él, fue incapaz de dejar de mirarle el tiempo suficiente para mostrarle que ella también se lo prometía, lo que él no esperaba era que sus carnosos labios carmesís susurrasen esas palabras cargadas de completa locura.

-Todos. Cada instante y momento son nuestros, Hoör, desde que cruzaste mi jardín, te adueñaste de mi corcel y tu mirada me atrapó desde el primer segundo. Tuvo que ser así y eso, nadie podrá cambiarlo nunca - le acercó hacia sí , volviendo a tirar de la cadena y besar sus labios despacio, detenidamente sin cerrar los ojos. No era como siempre, se estaban tomando el tiempo suficiente el uno al otro.

No lo esperó, echó la cabeza hacia atrás en cuenta la boca del noruego se adueñó de su piel, susurrando palabras que le erizaron la piel. Sus ojos verdes se cerraron de golpe, atrayéndole hacia sí de la nuca, gimiendo por cada palabra… erizándole la piel. Rió contra su boca aún pronunciando esas palabras en noruego las cuales intentó imitar sin conseguirlo. Le tomó del rostro, incorporándose y ambos quedasen sentados en la cama, la piel del noruego brillaba en tonos dorados por la lumbre prendida y ambas miradas, lanzaban fuego.

-Lo hemos puesto todo perdido -murmuró bajito, entre risas, sentándose sobre su regazo, sus brazos lo atrajeron hacia sí de la nuca, buscando sus labios una vez más. -Déjame limpiarte y… deseo que en cuanto lleguemos, antes de incluso ir al castillo ese, casarme contigo. No vamos a esperar más, no tendrás que temer que salga corriendo camino al altar porque seré yo quien te arrastre -muerde su labio inferior, tirando de éste con deseo, entre risas -Ahora puede ser que tú seas quien se vaya corriendo, soportar al demonio para siempre, piénsalo

Alargó la mano para tomar otro paño limpio, el agua no estaba tan caliente pero al menos apartaría sangre, tinta y demás de su piel. Empezó por su pecho, limpiándole con mimo, el viaje que acababan de emprender era uno muy distinto a ITALIA, Verona… lo que acababa de ocurrir en aquella habitación. Una promesa , una mutua que ahora solo tendrían que cumplirla. Lo hacían con tan solo mirarse a los ojos, fue en ese momento en el que se dio cuenta de algo.

-Poseo dinero, tierras, títulos pero no el poder de detener el tiempo …¿puedes hacerlo tú? -por cómo clavó sus orbes esmeraldas en él, hablaba completamente en silencio -Lo siento, quiero ser egoísta, no decir simplemente que eres mío… repetir este momento una y otra vez… - bajó la mirada un segundo para limpiar su pecho, secar con las yemas de sus dedos aquella V que orgullosa , ella misma había marcado.






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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Dom Feb 26, 2017 7:56 am

No existía verdad mas cierta que las palabras de Valeria, nos pertenecimos desde el mismo instante en que sus esmeraldas retaron a muerte a mis ojos y así empezamos una batalla en al que ambos habíamos perdido frente al otro.
La amaba de un modo único, el nuestro no era un amor mas, era de los que acaban escritos en el firmamento, de los que los juglares cantan y de los que los guerreros admiran por la intensidad con los que los consume el mismo fuego.
Ella era la vaina de mi espada, mi paz en tiempos de guerra y mi guerra mas ardiente en tiempos de paz.

Con ella no había termino medio, era todo o nada, siempre lo fue y eso era exactamente lo
que me hacia amarla hasta desesperarme, rozar el infierno entre sus piernas, consumirme de ganas de tocarla, de tomarla, ni las palabras eran capaces de explicar el sentimiento tan arduo que me embargaba.
Quizás por eso no hablaba, solo las miradas bastaban. Ladeé la sonrisa al escucharla trepando por mi cuerpo sisear buscando mis labios. La impaciencia hecha mujer, quería que nos casáramos nada mas pisar Verona y para que mentir, yo me casaría en esta cama si con ello calmaba mis miedos y los de ella., si con ello la convertía en oficialmente mía, aunque así yo ya la sentía.
La deseaba mas que al valhalla, puede que para ms dioses eso resultara un sacrilegio, mas era tan cierto como que creía en ellos desde que era un niño. Forjado en acero y fuego nunca sentí el calor de las llamas de un modo mas intenso que cuando me acogía su cuerpo.

Nuestras risas se fundieron al paso que nuestro aliento impaciente ardía por tomar nuestras bocas de nuevo. Lengua de fuego que se introdujo en su boca calcinando todo a su paso, la atraje por la nuca, no cerré los ojos necesitaba verla, sentir como se perdía en mi de nuevo y yo recorría su lava prendido en deseo.
-Verona -jadeé contra su boca -hoy, iremos directos, desnudos si es necesario, pero necesito que seas mía, mía frente a mis dioses y los tuyos. Te necesito y no puedo esperar mas -gruñí ocn impaciencia.

Tomó el paño entre risas para limpiar los restos de sangre que aun resbalaban carmesí sobre mi pecho, limpiándolos, observando con sus esmeraldas aquella promesa grabada sobre mi piel.
Nos lo habíamos prometido todo, y todo se me antojaba poco.
Era difícil explicar esa necesidad que me hacia necesitar cada vez mas, me consumía imaginarla hablar con otro, la celaba, sus negocios se me antojaban oscuros y peligrosos. Había llegado a un punto de no retorno en el que empezaba a pensar que estaba loco, enfermo o quizás ambas cosas porque no veía consuelo al tiempo que no lo pasara enredado en su cuerpo.

Alcé la mirada cuando hablo del tiempo ¿poseer el tiempo? Medité sus palabras durante un segundo en silencio. Era difícil controlar algo tan libre como eso, algo que como mi propia alma era salvaje, indomable.
-No puedo regalarte el tiempo, el pasa de forma inexorable para todos nosotros. Puedo regalarte otra cosa mucho mejor.

Sus ojos se fijaron en los míos sin entender a lo que me refería mientras el paño limpiaba los restos de sangre reseca y trazaba esa “v” con la yema de los dedos como si en ella quedara reflejada la certeza de esa promesa
Me puse en pie con una sonrisa ladeada, posiblemente porque ella no esperaba lo que ahora sucedería.
-Te voy a regalar mi tiempo, cada uno de los días de mi vida son tuyos, tómalos y haz con ellos lo que quieras.
Me acerque a mi petate y saque de el un pequeño frasco de veneno parduzco, mis ojso en sus esmeraldas de nuevo. Tome otro pequeño frasco de cristal trasparente y se lo lancé.
-Este es el antídoto Valeria Cavey. Hablas de que deseas ser mía pero el tiempo pasa y no lo eres. Apenas quedan dos horas para alcanzar Verona. Juguemos a algo Valeria.

Retorné sobre mis pasos sentándome a su lado, tomé su boca con necesidad, un beso que me supo a verdad.
-Vístete de novia y acude a la basílica de San Zenon antes de que las campanas anuncien la media noche. Si de verdad quieres mi tiempo, todos y cada uno de los días de mi vida, llega a tiempo -de un trago apuré el frasco pardo entre mis labios.

No podía demostrarle de otro modo que iba mas en serio, que mi amor por ella no tenia parangón me relamí los labios sin apartar mis ojos de esa mujer que me lo habia robado todo, incluida la razón. El veneno tardaría en actuar unas cuatro horas, eran las ocho, si Valeria estaba allí vestida de novia y dispuesta a darme el si quiero, tendría mi tiempo, si no este expiraría condenando mi alma muy lejos del Valhalla.
-No olvides el antídoto -sugerí con una sonrisa ladeada.


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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Dom Feb 26, 2017 7:49 pm

La vida, no le había tratado al igual que disfrutar de todos los lujos de ser una joven de clase alta. Siempre ha carecido de afecto y cariño, educada en reformatorios por ser “una niña complicada”, todo por quitársela del medio, por dejar a otros ejercer esa imagen , miles de ellas y ninguna definida. Valeria Cavey nunca había sido querida en su propia casa, más bien como el error que dos personas cometieron, una locura en la que ella no estaba sola… y en la que inconscientemente, Abbey Appleby era también protagonista.

Y él, lo había cambiado todo. ¿cómo no negar las evidencias de un amor desde el primer segundo? La confusión le llevó al rechazo del noruego y si él lo supiese, o pudiese pensar en ello un instante, le costó mucho más a ella asumir que estaba enamorada, negar sentimientos que no comprendía y saber que él y no otro era esa persona, la que se uniría a su vida para siempre para cambiarla, para amarla tal como era…con sus miles de defectos y sus escasas virtudes. Solo ella, era capaz de mirarle de esa forma única, intensa y prohibida. Admitir que amarlo dolía, calándose en cada poro de su piel porque no, no solo era deseo o atracción, lo que sentía por él superaba cualquier barrera semejante al amor.

-No tenemos que esperar más, Hoör -murmuró contra sus labios, rozándolos y sonreír ampliamente contra su boca -Nos hemos vuelto locos. La locura de quererte demasiado me lleva a enervarme con el simple hecho de imaginarte con otra que no sea yo -gruñó como él pero de forma diferente, Valeria no mostraba celos, solo los disfrazaba con ironías pero esta vez, era diferente -Aunque te diga, mil veces que te amo, sé que no es suficiente… tu camino hasta a mí ha sido complicado, lleno de espinas y golpes mortales. ¿Qué tengo que hacer para que me creas? Llevo con esa sensación demasiado tiempo, mis ojos no se apartan de ti, estoy aquí…contigo y… diablos odio hablar de estas cosas, no se me dan bien y dudo que me estés entendiendo. Todo, todo lo que te prometa es poco -acarició su mejilla con la yema de los dedos, sonriendo de forma leve al ver como sus orbes brillaban de esa forma que le volvía completamente loca.

No entendía nada, hasta que le mostró los dos botes. Lo miró con impaciencia, esperando cualquier cosa menos eso. gateó por la cama, intentando arrebatarle el bote de aquel veneno antes de que lo tomase pero no fue capaz. Su mirada, se ensombreció, jamás él habría vislumbrado esa mirada en ella, estaba aterrada. Consiguió el bote vacío y lo lanzó a las llamas, tomando el antídoto como si fuese la misma vida, así era.

-NO. Tienes que estar de broma yo… - por primera vez no supo qué hacer, las manos le temblaban e incluso el labio inferior también. Cerró los ojos para no ser aún más vulnerable pero ¿qué importaba cuando él era el único? Sin poderlo evitar, dos lagrimas traicioneras cruzaron sus mejillas, hasta perderse en las sabanas blancas. Necia, jugar con el tiempo le había llevado a este punto -¿Por qué? -la calló con un beso, un beso que le supo diferente, por más que lo intentaba, no podía dejar de temblar, estaba muerta de miedo.

-¿Por qué has tenido que hacer semejante….locura? tómatelo, y si … ¿y si no funciona, maldita sea? - se lo decía más a ella que a él, sus ojos verdes se cerraron buscando su boca a tientas como si sus propios labios carmesís fueran ese antídoto , mucho más poderoso -No has dejado ni una gota -le recriminó por si ella tuviese que tomarlo al igual.

Lo abrazó con fuerza, hundiendo su rostro en su cuello, susurrándole mil veces un te amo a escondidas. No podía perderle, malditas condiciones. El barco hacía unos minutos había alcanzado puerto. Días en los que solo se habían pertenecido al otro. Negaba sin parar con la cabeza, no podía apartar su mirada de él por si llegaba tarde, por si el veneno actuaba de manera distinta. Era incapaz de dejarle a su suerte, de arriesgarse demasiado a no llegar a tiempo y perderle. A Valeria Cavey siempre le excitó el riesgo pero… ese riesgo podía costarle su propia vida.

-No, así no. La suerte no me sonríe, lo único bueno de mi vida… de mi jodida vida has sido tú y… maldita sea Hoör , bébelo o dime que no es cierto, que solo es algún licor de esos fuertes, que me engañas. Tentar a la suerte es peligroso y… no, no podemos arriesgarnos. No puedo perderte, ahora no. ¿es que no lo entiendes, maldita sea? -le tomó del rostro, estaba muerta de miedo, sus orbes se lo gritaban, sus manos frías de puro nerviosismo -Esto no es un juego como teníamos al principio. Esto es real, vine aquí a casarme contigo, no a perderte. Porque si así fuese jamás…podría soportarlo. ¿Cuándo me vas a creer de una vez? te amo, maldita sea ¿por qué me haces esto? - las promesas , las palabras, los besos y las caricias perduraban pero ¿por cuánto tiempo?






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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Lun Feb 27, 2017 10:14 am

Miedo, su mirada se torno tan sombría como la misma noche que se cernía sobre nosotros. La vi temblar, pálida, sus manos aferraron mi rostro frías, húmedas, su boca me busco salvaje, como si pretendiera apurar las ultimas gotas de un veneno que ya no quedaba sobre ellos.
Ladeé mi sonrisa esperando un guantazo que no llego, estaba tan asustada que creo que por primera vez su cuerpo se paralizo.

Escuché sus palabras, querían que tomara ya el antídoto, no quería jugar, cuando entre nosotros siempre lo hicimos.
Apreté mis manos alrededor del frasco de cristal que ella sujetaba como si la vida le fuera en ello.
-Las palabras se las lleva el viento, son fáciles de pronunciar. El tatuaje, un jirón con una espada lo puede tapar. Me has pedido tiempo, no te lo puedo dar, no soy dueño del reloj de arena que voltea sin parar. Te regalo lo único que tengo, mi vida, mi tiempo, la pongo en tus manos para que entiendas de una vez por todas que lo que siento por ti desgarra por dentro, que tengo miedo y no de la muerte precisamente si no de perderte.
Aun creo que en cualquier momento abrirás los ojos y pensaras que no soy el hombre correcto. La lista que dejo tu padre me tortura día y noche, se que me quieres, pero ¿es suficiente?
Guarde un instante silencio, de nuevo a mi cabeza venia el fantasma del pasado, Haytham Cross, sabia que por él si llego a sentir algo, sabia que él si estaba en la lista, sabia que era la mayor apuesta de su padre y que ella había intentado por todos los medios que él cediera para casarse. También sabia que Haytham la quería, quizás no como yo, pero si de un modo u otro.
-Si lo es, preséntate antes de las doce en la capilla, dame no solo un si, si no devuélveme la vida, de ti depende todo o nada, esta es mi mayor apuesta.

Ambos habíamos cruzado de la mano la pasarela del barco que nos llevaba a tierra, portaba sus dos enormes maletas, esas que subí al coche tirado por dos pura sangre negros.
Le dije al guía la dirección del castillo donde la dama podría arreglarse para nuestra boda, mis ojos la buscaron de nuevo una vez dadas las indicaciones necesarias.
-Te espero en el altar, no tardes -susurré contra su boca perdiéndome en ella.

Cerré los ojos saboreando sus labios, como si ese instante pudiera ser el ultimo, como si de un modo u otro aquella espera pudiera convertirse en mi condena. Quería creer en ella, lo hacia, pero una parte de mi seguía pensando que llegado el momento podría echarse atrás. Libertad, los vikingos eramos libres, seres caóticos por naturaleza, difíciles de atar. Yo quería darle espacio para que ella fuera libre de encontrarse en la soledad con su libertad, que decidiera lo correcto.
Un beso que supo distinto a despedida y a encuentro, uno que sabia a miedo, a verdad y a amor.

De nuevo nuestras miradas se encontraron, ladeé la sonrisa mientras cargaba a mi hombro un pequeño petate, era todo cuanto necesitaba para prepararme para ese instante en el que ambos uniríamos nuestras vidas frente a los dioses, los elementos y de forma real nos convertiríamos en marido y mujer.
Muchas eran las promesas hasta entonces, pero había llegado el momento de la verdad ¿la vería de nuevo frente al altar?
Fue la ultima pregunta que recorrió mi mente antes de montar de un salto sobre el caballo bayo que me llevaría al hotel donde poder ponerme el traje.


Los cascos de mi caballo se perdieron por el empedrado italiano, el veneno comenzaba ha hacer efecto, un sudor frio recorría mi frente, ligeramente mareado sujetaba con fuerza mis dedos a las riendas mientras afianzaba mis pies en los estribos.
No tardé en alcanzar la basílica, el edificio religioso mas importante de Verona.
Su fachada color crema , los dos leones de piedra que asentaban las columnas del porche y ese dintel del pórtico perfectamente tallado con un doselete que protegía sus relieves constituía un edificio de enorme belleza.

Empujé la puerta de acero observando sus relieves perfectamente tallados, mis ojos se emborronaban, mi cuerpo cedía extenuado, necesitaba el antídoto, pero mas necesitaba a Valeria y sus labios de fuego contra los míos.

Me adentré en el interior, dividida en tres niveles, la cripta, la iglesia y el presbiterio. Alcé la mirada para ver su techo abovedado de madera, un largo pasillo para alcanzar el altar cristiano, la religión que procesaba mi esposa.
El párroco salió a mi encuentro, preocupado por mi aspecto hizo ademan de ayudarme, mas lo detuve, llegaría por mi propio pie hasta el lugar donde me encontraría con mi mujer.

Frente a una gran cruz de piedra, detuve mis pasos, y mire hacia el portón recolocando mi chaque negro y acomodando la corbata que sobre la camisa blanca me ahogaba.
Entregué al párroco sendas copas y dos espadas largas para adaptar su ceremonia a la mía. necesitaba que mis dioses bendicieran esta unión, y para ello la sangre debía ser derramada sobre la hidromiel para beber después.


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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Jue Mar 02, 2017 5:13 pm

No conoció el miedo hasta aquel mismo instante. Quiso tomar al menos unas gotas también, maldito egoísta, cuanto le odiaba… le amaba al mismo tiempo. lo miró con reproche, intentando por todos los medios tomar de sus labios unas míseras gotas que le llevarían al mismo destino. Aún tenían mucho que vivir, todo. Se perdió en sus ojos, los orbes esmeralda parecían pequeños trozos de cristal, brillantes, vidriosos y profundos ante sus palabras cargadas de esperanza, amor infinito, vulnerabilidad por ambas partes en ese momento de incertidumbre en la que se habían prometido tanto y ambos, cobardes ante el otro…se mostraban desnudos en cuerpo y alma.

Apretó con fuerza los labios, acariciando su mejilla, la yema de sus dedos bordeando cada milímetro de su boca cuando hablaba. Estaba inmersa en él, en sus palabras, en su presencia, en todo su ser que dolía, dolía demasiado el hecho de pensar en que ella fuese la culpable de sus desdicha cuando sentía tanto, tanto que dolía. No, no era suficiente con saber que le quería, en eso estaba de acuerdo y él acababa de firmar la parte de ese contrato, ahora le había cedido la pluma a ella…con ese frasco sujeto en su frágil mano. El tiempo corría hacia atrás, Valeria seguía en ese estado de incredulidad, miedo, impotencia. Acababa de darse cuenta que el amor no solo eran palabras, si no hechos y de ella dependía que cerrasen ese círculo.

- A las doce -repitió apenas con un hilo de voz, perdiéndose en sus labios, volviendo a intentar atrapar alguna gota sin éxito. Le vio alejarse y sintió como una gran parte de ella se iba con él. Como una estatua permaneció hasta que desapareció entre las calles, era hora de cambiarse, de cumplir ese propósito. El camino al castillo se le hizo largo, demasiado. Salió incluso antes de que fuesen a abrirle la puerta del carruaje. No podía perder tiempo pero no todo estaba a su favor. El cielo se había ensombrecido como su alma al verle beber su condena. Las pequeñas gotas que se fueron avivando a medida que cruzaba la entrada al lugar, no iba a ser fácil llegar a la basílica con ese temporal.

Un relámpago, la inquietó. Una de las criadas, abrochaba los lazos del corsé, el vestido le quedaba como un guante. Blanco con la nieve, como su propia piel que ese día lucía resplandeciente. Adornos en negro, ese toque elegante y único, claro que no iría como cualquier novia, siempre tenía que destacar en algo. Medio sonrió al colocarse bien el adorno del pelo, cabello suelto, bucles dorados que caían rebeldes enmarcando su rostro y como no, su carmín rojo como la sangre, aquel que al noruego volvía loco. Nada más se puso los guantes negros de seda, guardó el frasco en su escote, a buen recaudo…era la hora de marchar.

Y un trueno, le sobresaltó. Debía irse ya , el miedo le acechaba pero más era la tortura de saber que si no llegaba a tiempo, lo perdería, para siempre y ¿cómo podría recuperarle? Frasco que le devolvería la vida, a su lado. Se reirían de aquella locura, del juego peligroso. ¿Fue el beso del final? Pregunta que se cruzaba en su cabeza, una y otra vez. Llovía a mares, ayudaron a entrar en el carruaje y una vez dentro suspiró largamente. Su reloj de bolsillo marcaban las doce menos veinte. Veinte minutos y estaría allí, le daría de beber aquello y… lo salvaría, permanecería a su lado. No quería pensar que fuese un beso de despedida, llegar y encontrarle en el suelo, esperándola aún muerto…

-¡Más rápido! -gritó al cochero pero fue imposible, las ruedas se hundían en el barro del camino y cada vez, iban más y más despacio. Se estaba desesperando, el tiempo pasaba demasiado deprisa dentro. Cerró los ojos al ver que eran las doce menos diez, la capilla estaba al final de la larga calle, solo unos metros y llegaría. No podía apurar el tiempo y aún con el carruaje en marcha… abrió la puerta para salir. No importaba otra cosa que darle el maldito antídoto.

Se alzó el vestido, dejando atrás el carruaje, la voz del cochero le suplicaba que esperase pero ella no tenía tiempo, no debió haberle dejado marchar. Llovía mucho, apenas podía vislumbrar la calle, se estaba calando hasta los huesos, los pasos le pesaban, se hundían en el barro y aún así ella quería correr más deprisa. El reloj seguía su camino, cerró los ojos con fuerza para no oír las campanadas. La desesperación, le hizo detenerse un instante, intentando pensar como llegar, no rendirse… la tormenta se cernía sobre ella, poniéndola a prueba.

No podía dejar de repetir su nombre, una y otra vez. Negaba con la cabeza, no podía seguir, las doce pronto llegaron a las campanadas… una, dos… y sus pasos volvieron a reanudarse con mas rapidez, solo le quedaban unos metros, un poco más y llegaría. Los escalones para llegar a la basílica, no ayudaron demasiado, le hicieron tropezarse varias veces pero la última, fue tal que el frasco salió disparado de su escondite. Negó, cogiéndolo al vuelo sin importarle hacerse daño en el intento de cogerlo a salvo. La única manera era ingerirlo pero no tragarlo… solo así lo llevaría a salvo. Por fina abrió las puertas, cruzando el pasillo corriendo, intentando no perder tiempo en tropezarse si no era contra sus labios.

Novena campanada, décima… llegaba tarde ¿o no?

Negó al verle esperarla donde le prometió, el cura los miraba absorto sin entender. Ella con el antídoto en su boca, se inclinó a tomarle del rostro, uniendo sus labios, sin cerrar los ojos…transmitiéndole directamente por fin aquel maldito elixir que le daría la vida. Lo besó con desesperación, miedo, no era la boda que ninguno esperaba, sí las promesas de amor eterno que podían cumplirse. No fue un beso devuelto y eso le asustó tanto que… le dio una palmada en la mejilla para que reaccionase… tarde.

-Hoör. No, por favor. Despierta. He llegado, son las doce… no puedo haber llegado tarde. Maldita sea, despierta. Me dejaste el antídoto y no el maldito veneno. - el bonito vestido de Valeria, manchado de barro, empapada hasta los huesos y… no, no le importaba. Solo que él despertase. Cerró los ojos con fuerza porque ni siquiera había podido conseguir algo tan simple como llegar a un sitio a la hora acordada. Sus lagrimas pronto se unieron a las de lluvia que descendían por su rostro -No… no puedo haberte perdido. No ahora cuando … he sido por primera vez feliz. Por favor, no me dejes ¿qué haría el demonio sin su infierno? - volvió a besar sus labios, llorando contra éstos… pidiendo en silencio que a ella también se la llevasen… a donde fuese que él había ido.

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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Vie Mar 03, 2017 5:50 am

Tiempo ¿que es el tiempo? Me preguntaba mientras mis ojos se emborronaba mirando el portón de acero tallado de la basílica.
El tiempo es la ilusión de los necios, el reloj de arena de los esclavos y el reproche de los guerreros.
Mi vida dependía del tiempo que había puesto en manos de la única mujer que había amado ¿me arrepentía ahora que las campanas giraban repiqueteando con malicia?
No, daba igual que contaran una, dos, tres, cada golpe era una imagen distinta y todas ellas me hicieron sonreír pesando en ella.
Mi cuerpo cedió contra el altar, apenas me mantenía en pie, mi espalda contra este, mi mirada fija en el portón, la esperaba, lo haría hasta mi ultimo aliento pues ella era dueña de todos ellos.

Mis ojos se cerraron cuando mi mente se nublo, paisaje emborronado que pronto se torno oscuro como la noche, peligroso como el sol. Mi ultimo pensamiento era ella, ladeé la sonrisa casi viéndola correr en mi dirección, hermosa imagen de un demente que acaricia la muerte y no la teme.

La amaba, la amaba aun si no llegaba, la amaba aun si había cambiado de opinión, si no merecía su amor, no me importaba pues eso no cambiaba ni por un instante el dolor de amar hasta partirte en dos.
Calidez en mis labios, si eso era la muerte sabia a fuego. Liquido que escurrió por estos abriéndose paso en mi garganta como la lava que todo lo arrasa para sembrar un nuevo día.

En la inconsciencia oí su voz que me llamaba calcinandome el alma como si el infierno me sentenciara a una condena eterna. Su boca sello el pacto, notaba esos besos desesperados mientras suplicaba con ellos que abriera los malditos ojos antes de darme un buen guantazo.
La hubiera empotrado si alguno de los músculos que luchaba por mover hubieran respondido a mis plegarias.
-Tiempo -susurré contra su boca con la voz entrecortada -solo tu Valeria Cavey eras capaz de agotar el tiempo -repliqué ladeando la sonrisa mientras mis pardos se abrían buscando sus esmeraldas que ahora centelleaban frente a mis ojos con mas fuerza que las estrellas que cubrían el firmamento para nosotros.

Alcé la mano para ayudarme del altar de piedra y ponerme en pie. La contemplé de arriba abajo, estaba preciosa, un vestido blanco entallado a su cuerpo con detalles en negro y lo que mas me gusto, eso que me hizo sonreír y a ella fruncir el ceño, el barro.
-¿para venir así has tenido que tardar tanto? -bromeé señalando los bajos del vestido completamente embarrados.
Golpeo mi pecho con la mano mientras yo la atraía por la cintura para perderme en su boca, en el infierno de sus labios rojos fuego.
-Hoy creo que me has ganado la partida, tu pareces la vikinga -reí de nuevo contra sus labios mientras abría los brazos para que apreciara que yo iba perfectamente vestido, perfumado y que por una noche parecía uno de esos caballeros que ella siempre insistía que debía ser pero que no era.

El cura carraspeo ligeramente al ver los efusivos besos que ambos nos dedicamos, al parecer delante de sus dioses besarse estaba prohibido, ahora entendía la cara de estreñidos de los cristianos.
Sonrisa picara en mi rostro y otro puñetazo de Valeria que parecía adivinar mis pensamientos solo mirándome a los ojos.

Sobre la mesa una copa de vino, alargue la mano para tomarla y vaciarla de un trago, estaba sediento.
El párroco me miro negando con la cabeza mientras buscaba los ojos de mi mujer para encontrar la comprensión necesaria.
Valeria frunció el ceño poniendo sendos brazos en jarra.
-¿que? ¿No es para beber?
No entendida esas costumbres cristianas, ponen un vaso en la mesa lo llenan de alcohol y ¿lo usan para decoración?
Reí de nuevo sin poder evitarlo, no entendía nada, pero no me importaba solo quería casarme con ella.

Era feliz, era imposible negar que no lo fuera, cuando abandonaramos esa capilla, ella seria mi esposa, mi mujer.
Deslicé mi mano por su vientre, sus ojos me buscaron y los míos la encontraron de un modo que lo decían todo.

Ambos desviamos la vista hacia el párroco, todo estaba preparado para este momento. Era como si todas las decisiones tomadas a lo largo de los tiempos, todas las batallas, todas ls heridas cicatrizadas, todo me hubiera llevado a ella.
No creía en el destino, no al menos en el que no se forja uno mismo, mas hoy, hoy creía en que mi destino era esa mujer de cabellos de oro que me miraba dispuesta a todo.
-Te quiero -sentencie contra su boca mientras de nuevo nuestras lenguas bailaron lentas. Beso sentido, saboreado, suplicas silenciosas, palabras susurradas y promesas eternas.


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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Vie Mar 03, 2017 8:26 pm

La sensación de vacío, recorría cada poro de su piel. Solo debía llegar antes de las doce y sin embargo, apuró hasta el último segundo. Dicen que, no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes y él, le dio esa lección antes de abandonar el barco. Tuvo la sensación de perdida al verle marchar sin mirar atrás, poniendo en sus manos aquella terrible y peligrosa decisión. No había apuesta más peligrosa que aquella en la que él se lo entregaba todo, su vida, su tiempo… para demostrarle que era sería dueña de todo su ser, emociones y sentimientos que traspasaban mucho más que las palabras, hechos u objetos materiales. Le dio su tiempo y ella solo tenía que llegar hasta el reloj de arena y romperlo, para que no contase nunca más.

Hoör Cannif. El maldito noruego había traspasado mucho más que todos sus muros, le caló dentro, en lo más hondo y eso solo, pasaba una vez por miles de vidas que viviese. No podía dejarla así, derrotado por un líquido, un elixir que apagaba la vida en pocas horas, derrotando al guerrero más fuerte y frío. Le volvió a odiar por no dejarle nada, a su suerte. solo quería unas palabras, lo que fuese pues sentía que lo había perdido , entre la vida y la muerte… un finísimo hilo que cortaría si dejaba de respirar, si no se quedaba a su lado.

No podía creer que pese a todo, llegó a tiempo. Frunció el ceño de lo más enfadada, consigo misma... amándole aún más por segundos. Sus orbes verdes buscaron las ajenas y no, no esperó a que dijese nada, se unió a sus labios, entre besos…frente al altar sin importarle quien estuviera presenciándolo. Siseaba para que no dijese nada, la risa de Valeria se unió a sus lagrimas incesantes, no podía parar de llorar de alegría, tristeza, impaciencia… estaban allí frente al altar como nunca pensaron que acabarían.

-Soy tu vikinga, solo yo podía despertarte así y… estás tan elegante y hueles tan bien que solo por eso… -fue a inclinarse a sus labios cuando oyó al cura y esa risa traviesa junto con esa mirada cómplice que solo podía dedicarle a él. Para ella, su aspecto ahora mismo no importó hasta que él lo mencionó , estaba horrible, incluso tiritaba de frío y aún así dio igual -¿Te casas ya conmigo? A este paso… el cura nos exige el triple de sus honorarios -parpadeó al verle beber vino, mientras intentaba peinarse el cabello con los dedos, imposible…estaba despeinada, empapada pero enamorada como nunca lo había estado.

Le atrajo hacia sí, haciéndole un gesto al cura para que comenzase con la misa. Apenas unos segundos duró mirar al cura, volvió su atención a su prometido. Su mano buscó la ajena, apretándola con fuerza, inclinándose a su oído y susurrarle un te amo que le supo a poco. No, no dejó que acabase, le tomó del mentón para besarlo, sin dejar de mirarle a los ojos.

-Sí quiero. No se preocupe, padre, le pagaremos igual si aligera todo un poco y… -se separó de él para nerviosa buscar los anillos pero… ella no los llevaba, lo miró fijamente, esperando que él se hubiese acordado… -No voy a ir a por ellos, ¿los tienes? -no, no era una boda corriente. No pudo dejar de rodearle por la cintura, evitando de algún modo hiciese alguna de las suyas -Prometo amarte, serte fiel, aguantarte en la salud y la enfermedad… hasta que ese maldito bote nos separe. Y también… te amor por ser tú, por darme tanto… por sorprenderme a cada instante. Sabes mis votos pero no lo que sentí cuando te vi luchar contra la vida y la muerte… siempre venzo, volvería a luchar por ti. Y ahora, hagamos la maldita locura… lo vikingo -el cura no podía dar crédito…esos dos no eran como cualquier pareja que hubiese casado -Será para siempre, mucho más allá y ahora sabemos que es real -Valeria, le ofreció su mano… la del anillo de boda la joya que permanecería por y para siempre.






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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Sáb Mar 04, 2017 8:23 am

Ella y yo, dos locos que se miraban a los ojos sin palabras, mas con prisa de vivir, de comerse el mundo de unir sus vidas.
No eramos como los demás, ni siquiera parecidos, nada en nosotros tenia una ápice de cordura, mas supongo que ese era el fiel reflejo del amor mas puro, de la pasión mas ardua.


El párroco comenzó la misa mientras nosotros nos devorábamos con los ojos, mientras las risas invadían la capilla y nuestras manos ardían haciéndonos hervir la sangre con cada caricia.
Nunca fui tan feliz como lo era en ese instante de mi vida.
-Estas preciosa -aseguré al ver como se peinaba sin éxito sus buces de oro.


Inhóspitos, rebeldes, bellos, sus ojos centelleaban frente a los míos, nunca su aspecto fue tan salvaje, nunca la deseé tanto como en ese preciso instante en el que todo sobraba a nuestro alrededor menos nosotros dos.
-Te deseo mas que el Valhalal, mas que la espada que prende de mi espalda, mas que al fuego o al acero, te deseo hoy y para siempre Valeria.


El cura enmudeció, nos estábamos saltando todos los pasos, mas que importaba ¿no estaba frente a nosotros ese cristo crucificado? ¿no veía el amor que nos procesamos ambos?
Sonreí contra su boca cuando hablo de como me amaría por y para toda la eternidad, como la enfermedad no seria suficiente para separarnos.
Nuestros ojos se enlazaron mientras ella buscaba no sabia bien donde los anillos que ya me habían sido entregados hacia apenas unos días.


No pude evitar reír a carcajadas metiendo la mano en mi chaqué para sacar aquella caja que contenía una parte de nuestras vidas, una promesa silenciosa que nos convertiría en uno, hoy y por siempre.
Saqué sendos anillos y los deposité en la palma de mi esposa.
Como bien había dicho, llegaba el momento de la locura vikinga, o mejor dicho mis ofrenda a los dioses.
-Párroco cierre los ojos si no quiere cometer sacrilegio, esta parte puedo llevarla yo solo.


Caminé hacia el exterior para introducir una cabra en la basílica.
Mi mujer me miró enarcando una ceja, casi podía adivinar mi ideas.
El filo del cuchillo sesgo su garganta, ríos carmesí sobre el suelo santo, elevé la cabeza buscando el techo de aquel lugar.
-Freya, diosa de la la fertilidad, yo te ofrezco con humildad este sacrificio para que protejas mi linaje, el que mi esposa lleva en su vientre y el que vendrá.


El párroco emitió un grito ahogado al ver tan pagano acto, escondiéndose tras el atril y gritando un
“yo os declaro marido y mujer” parecía asustado pues su voz era trémula.
Me acerque a mi esposa cuando la cabra emitió su ultimo aliento.
Con las manos ensangrentadas tomé sendas espadas cortas.
-Valeria te entrego esta espada de mis antepasados como madre de mis hijos y continuadora de mi linaje. Protegerás mis tradiciones, las guardaras, las amaras como me amas a mi.
Con un gesto le pedí que ella me ofreciera la otra espada.
-Esta es la nueva espada, simboliza la trasferencia de la tutela y protección de la mujer por parte de tu familia. Yo soy tu familia Valeria.


Alcé mi mano posandola en la punta de la espada que yo le había ofrecido y del mismo modo pedí que mi esposa hiciera lo mismo con la ajena.
Los anillos en nuestras manos y la mirada fija en la del otro.
-Esto simboliza la defensa de nuestra unión, lucharemos por que lo que hoy nos juramos frente a los dioses no sea quebrantado por nada ni por nadie.
El anillo que te entrego y tu me entregas, completa el circulo sagrado y la naturaleza inquebrantable de nuestros votos.
Deslicé la joya por su dedo acortando la distancia que separaba mi boca de la suya. Mis manos en sus mejillas, sentencie la unión con un beso sentado, profundo tan nuestro como la noche, el día y la luna que nos cobijaba en aquel acto que unía dos religiones distintas.


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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Sáb Mar 11, 2017 9:56 pm

El tiempo se había detenido en el mismo instante en el que sus miradas, volvieron a encontrarse. Como si en aquel momento en el que ingirió él el veneno, los condenase a ambos a una muerte segura. Valeria podía haberse rendido, pero esa palabra no existía en su vida. Lucharía hasta que le quedase el último aliento, lo amaría aunque muriese y viviese mil veces. Lo supo en cuanto aquellas orbes oscuras volvían a envolverla en ese mundo único entre ambos, en donde solo importaba el amor que se profesaban. ¿Podía amarle más que aquel momento?

Momento en el que se encontraron cara a cara frente al cura que bendeciría ese amor desesperado, profundo… enfermizo. Felicidad. Palabra a la que jamás tuvo acceso y él le había entregado la llave no solo del amor, si no de todo su ser. Lo sentía suyo, más que nunca. No habría más relojes de arena contando hacia atrás, si no hacia adelante y sin tiempo estimado. Sería para siempre y la sonrisa de sus ojos carmesí se lo aseguró.

Él pudo notar que temblaba y no de frío, la primera vez que los nervios la traicionaban. Sin pensarlo, apretó con fuerza su mano, pidiéndole en silencio acabar ya con aquel tormento, la locura que significaba el simple hecho ser su esposa, suya y viceversa. La sola idea de que le perteneciese…le hizo relamerse, sintió como por dentro, una explosión de mariposas le recorría el cuerpo. Amor. Locos por el otro, fundirse en aquel deseo del que tanto ambos no podían negar sentir por el otro.

Maldita sea , el hecho de no “encontrar” los anillos la puso aún más nerviosa. Arrugó la nariz al oír su risa pero finalmente, terminó sonriendo, bajando un instante la mirada para no ser delatada, tarde. Y sabía que lo que sucedería ahora… era aún más inexplicable pero tan de él, tan noruego que Valeria se echó a reír, negando con la cabeza. Maldito salvaje, maldito noruego que acaba de entregarse por entero y los temores , se hicieron mayores porque… el solo hecho de imaginarse una vida sin él le llevaba al mismo abismo en donde nada tenía sentido. Tomó la espada, mirándole intensamente, sobrando las palabras. Una sonrisa apareció en sus labios y no solo aquella tierna sonrisa, dos pequeñas lagrimas acariciaron sus mejillas. Era feliz y él pudo verlo reflejado en sus orbes esmeralda.

-Demasiado elegante para que te durase demasiado -negó con la cabeza, regañándole a su modo, entre besos furtivos, sonrisas y mordiscos. Mordió su barbilla, deslizando los dedos por su cuello…estaban casados. Ya no importaba otra cosa que eso, rió como una niña en su cuello, negando con la cabeza…. No hacía falta decir nada -Espero que te queden fuerzas, en tus costumbres y en las mías, … tenemos que consumirlo y se me ocurren demasiadas… maneras de hacerlo. Y usted padre, deje de escandalizarse, no es ningún castigo perderse entre los brazos de esa persona que te vuelve completamente…loca -aquellas palabras , chocaron contra los labios del noruego, se lo estaba prometiendo todo…

Tiró de su mano para que saliesen de la capilla, la sangre por el suelo, el cadáver del animal y un cura traumado. En cuanto salió, se echó sobre sus brazos para que la tomase. Seguía lloviendo a mares pero no importaba… a medida que se iban alejando, ella tomó las riendas del paso, tirando de él entre risas… bajo la lluvia, amándolo a cada segundo más que el anterior.

-Estoy…deseando me quites el vestido, por tu culpa…pesa demasiado -susurró, mientras la lluvia, volvía a presentarle al noruego, las mejores de las visiones. La señorita elegante, delicada… ahora no le importaba arrastrarse por el peor de los infiernos… por él. llegarían aquel lugar, tardarían más a pie, lloviendo a mares pero… llegarían juntos, de la mano…. Ya se habían entregado la vida del otro -Nos espera el banquete , tu cuerpo y el mío plato principal y el postre… creo que… me adelanto demasiado, me dijiste que me tenías preparado algo en Italia…y me muero de ganas, por saber qué es -se mordió el labio inferior, sabía lo mucho que le gustaba eso de ella -Vamos mi noruego, ya te quiero a mi merced… y yo a la tuya, no perdamos tiempo






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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Dom Mar 12, 2017 6:57 am

La lluvia arreciaba sobre nuestros cuerpos, ni un alma por las calles de Italia, solo nosotros, dos locos que se miraban como si nada mas existiera en ese preciso momento en el que se había detenido el reloj de arena.
La vida o la muerte paso a un efímero plano, en el que poco importaba, cielo o Valhalla si sus labios calentaban los míos y su aliento me empujaba a la locura de desearlo todo y nada como desde el inicio de nuestros tiempos.

Deslicé mis dedos por su cintura, por su corseé, enredándome en las cintas para tirar con suavidad, mas no lo suficiente como para deshacer los lazos.
-Estoy deseando quitar esto y celebrar como lo hacen los míos nuestra eterna unión.
Ladeé la sonrisa al ver sus esmeraldas fijas en las mías, demasiadas promesas silenciosas, demasiadas verdades cuando nuestros labios chocaban como titanes.

Mordí su mandíbula, cada calle era motivo para volver a encontrar nuestros cuerpos, para relamer nuestros labios o para simplemente acariciarnos con risas cómplices.
Así y no de otro modo llegamos frente al castillo, nuestra residencia.
No lo pude evitar, allí y sin entrar desaté la pasión contenida, mi cuerpo buscó el ajeno, enredándose en un baile demencial donde mi dureza chocaba con su vientre, mis manos atraían sus caderas y el portón chocaba con su espalda repetidas veces.
Su mano aferraba mi camisa, jadeos que prometían una noche llena de prisas, ambos impacientes por tomarlo todo y no dejar nada para después, nos miramos con los ojos mas oscuros que la propia noche que se cernía sobre nosotros.
-Celebraremos con hidromiel, beberemos hasta no tenernos en pie y follaremos como si mañana no fuera a amanecer -sentencié sacando de mi bolsillo la llave que con poco tino intentaba meter en la cerradura.
La alcé por las nalgas mientras nuestros sexos aun con ropa se encontraban, la empotré contra el portón haciéndola gruñir contra mi boca que aprisiono sus labios con mis dientes.
-Estoy muy excitado -confesé aun luchando con acertar en la cerradura, mientras esta reía sin mas por mi torpeza -y tu no colaboras mucho.

Enarqué una ceja antes de ambos estallar en risas, tenia razón o miraba lo que hacia o me la tiraría allí fuera, no podía aguantar mis ganas, era como si no la hubiera tomado en mil años y de un modo u otro era en lo único que mi obnubilada mente pensaba en ese momento, en su cuerpo desnudo y el mio montandola como un salvaje vikingo.
De reojo mire el bombillo, mientras mis labios seguían bebiendo sedientos del manantial cálido de su boca que con aquel vaho blanquecino sentenciaba a muerte a mis labios fríos.
-Tómalo todo esta noche Valeria, pues soy tuyo y eres mía.

La llave entro, y al puerta cedió. Nuestros cuerpos, enredados en la gesta de nuestras vidas se adentraron en el recibidor.
Alli aflojé las cintas del corseé aflojando este hasta que calló al suelo, ladeé mi sonrisa admirando sus duros pezones como el acero apuntando mi boca que hambrienta los despedazo succionandolos, mordiendolos, jadeos que golpeaban su cuerpo.

La giré con brusquedad, no llegariamos a mi sorpresa si antes no podía descargar.
Mi mano bajo a mi entrepierna, liberando mi virilidad, dura como el mismo martillo de Thor emergió de la tempestad.
Alcé su falda con violencia, la tela quedo por la cintura de esta, a un lado las bragas y de una brusca embestida el yunque entro convirtiendo en trueno su gemido y en rayo el mio.

Su pezones contra la rugosa pared, su rostro buscando el mio por encima del hombro y nuestros alientos chocando con la violencia con la que los mares acogen a los drakkar vikingos.


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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Miér Mar 15, 2017 1:14 pm

Y el mundo, se había reducido a ellos dos. Risas cómplices que hacían eco entre las calles, miradas que bebían el alma del otro , besos furtivos, acercamientos que les perdían. Era imposible no perderse en su mirada y proclamarse suya , al igual que su cuerpo…el cual lo buscaba sin darle tregua. Le necesitaba, más que ninguna otra vez. El sello de aquella unión se culminaría con el encuentro de los dos, totalmente expuestos al otro. No lo quería, ni sentía cariño por él… eso era mínimo pues lo amaba, aquel rechazo constante se había redimido a… un amor intenso, enfermizo, obsesivo y profundo. Los dos sentían lo mismo, ¿cómo no saberlo cuando se miraban de la misma forma?

La risa de Valeria, la que tantas veces para muchos se definía como descarada y cruel… ahora parecía risueña, juguetona y divertida… se entrecortó cuando los labios ajenos atraparon los carmesí y ambos, se condenaron a cadena perpetua, a besarse durante toda su existencia…como si en ese momento todo careciese de sentido. Hoör y Valeria, dos personas que se encontraron quizás no en el mejor instante de sus vidas pero supieron desde el primer segundo que ya nada sería lo mismo, menos lo sería ahora…cuando se habían profesado amor, amor eterno.

-Shhh por fin que has abierto la puerta… - tiró del cuello de su ropa hacia sus labios, incapaz de separase de aquel manantial…aún creía que iba a perecer ante ella y su boca le mantenía vivo, a su lado. Un pensamiento quizás infantil pero no más lejos de la realidad. -Mío. Me gusta como suena pero más… mejor suena, “señora Cannif”, te lo repetiré tantas veces como me hagas tocar el cielo con la yema de los dedos y quemarme, quemarte en el infierno…conmigo. Para siempre, ya no hay vuelta atrás. Deseaste que fuese tuya y lo soy, lo fui y lo seré siempre -ronroneó contra sus labios, riendo al comprobar que sus palabras ejercían ese efecto en él…desatar la pasión que ya traían consigo por las calles italianas.

Lo necesitaban, más que incluso respirar. Tuvo que aferrarse a la pared, clavando las yemas de los dedos con fuerza, podía salir herida de aquella batalla pero ¿acaso importaba? Las heridas eran las marcas de guerra, las que definían a los guerreros y ambos lo eran, iban a ser guerreros de aquella unión, del futuro que les depararía. Imposible no mover las caderas al mismo son que él, estar de espaldas le era más complicado pero no imposible volverle loco. Sabía lo que le gustaba , se mordió los labios, con fuerza… mirándole intensamente a los ojos… le gustaba demasiado tentarlo, así conseguiría que se moviera más deprisa , supiese que deseaba más y él iba a dárselo.

Tomó su boca con violencia, mordiéndole los labios, buscando su cuello para marcarlo de forma diferente, hizo una marca que quedaría cicatriz… le mordió con tanta fuerza que incluso los labios carmesí se tiñeron de un rojo aún más intenso y brillante. Lo miró fijamente a los ojos, lamiéndose los labios muy despacio… jadeando por las sensaciones, perdiéndose en su cuerpo. Quería estallar y lo haría, ambos lo harían antes de subir al lecho para volver a perderse en el otro de nuevo. Sus manos delicadas, tomaron de las nalgas al noruego, para que no se detuviese, acabase con esa tortura… cuerpos mojados, sedientos del otro… ahora sería cuando nada ni nadie podía romper jamás aquella únión.

-Hoör…-jadeó completamente perdida de deseo, relamiéndose los labios…aquel acto de celos, la mirada de necesidad, de amor… todo y nada.






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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Miér Mar 15, 2017 2:05 pm

Su boca era el desierto de fuego que yo quería aplacar, sus caderas me buscaban incendiandome por dentro, así, cada embestida se tornaba tormenta, cada beso plagaba de sangre la gesta, no había truenos, ni relámpagos que se oyeran cuando el yunque quedaba amortiguado por sus nalgas y expuesto a sus jadeos.

Mis ojos en aquellos labios rojos, esos que se mordía para provocarme y que de sobra conseguían hacerlo logrando que surcara como un galeón aquel mar que no tenia final
-Señora Cannif -rugí impactando contra las rocas de su boca, montarla era lo mínimo que iba hacer aquella noche.

Sus esmeraldas resplandecían ávidas de mas, mis tempestades oscuras la penetraban al ritmo frenético en el que nuestros cuerpos danzaban.
Mis dedos en su sexo se atrincheraron, podía sentir su vulva contra la yema vibrar con fuerza.
Eramos dos locos haciendo el amor como demonios, no había ni cielo, ni infierno, solo nuestros cuerpos ardiendo.

Su boca marco mi cuello, mas fuerte que un anillo, mas poderoso que los besos, era ese gesto de posesión ,de celos, de todo y de nada al mismo tiempo. Sentí la sangre cálida recorrer mi cuerpo, ladeé la sonrisa complacido cuando las gotas cayeron al suelo.
Ella era mi Valhalla, mi valquiria, todo cuanto deseaba.
Rugí preso del momento, su risa maliciosa, ebria de mi, se fundió con cada empalamiento, mi espada se incrusto entre sus piernas penetrándola muy adentro.

La saqué cuando estaba a punto de correrme, negué con una picara sonrisa mientras me relamía la boca y caía frente a ella de rodillas.
La giré tomándola por las caderas, nuestros ojos se enfrentaron en un duelo a muerte y esta vez fue mi lengua la que surco nuevos mares de elixires potentes.

Sus dedos en mi cabello, empujándome a cruzar los peligrosos estrechos, a naufragar en ellos y a convertirme en Neptuno para gobernar en ellos.
Mi lengua se deslizo traviesa, succionando, mordiendo, ávida de su sexo.
Cada gemido de ella incrementaba mas mi excitación, truenos, relámpagos que lanzaba el mismo Thor.
Estaba en casa, su cuerpo era el norte y mi lengua la brújula que lo señalaba.
Me empujo por el pecho haciéndome caer al suelo. La busqué con mi mirada, tentándola, ofreciéndole mi virilidad en alza.

Sus caderas esculpidas por los dioses fueron tierra, sus paredes se abrieron acogiendo mi miembro, húmedas, cálidas danzaron como volcanes calcinandome por dentro.
Jadeé contra su boca, sus montañas rozaron mi pecho y mi boca coronó la cúspide buscándolas con desenfreno, los dos estábamos perdidos, perdidos en el otro, en un amor extremo, loco, enfermizo, pero nuestro.

Gruñí hundiendo mis dedos en sus caderas para dejar que la metiera mas honda, mi virilidad se sacudió rabiosa en ella, mi simiente quedo esparcida en ella y su cuerpo cayo rendido sobre el mio para encontrar nuestros labios despacio, entre risas cómplices, cuerpos sudados y miradas que lo decían todo sin necesidad de promesas.
-El matrimonio es valido -bromeé contra su boca, doy fe que has saciado a tu marido.
Golpeó mi pecho entre risas y yo la giré sobre el suelo para admirarla sin prisa
-Te quiero -susurré sin poder dejar de observar a esa mujer con la que había soñado desde que llegue a París y que aun no creía que fuera mía.


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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Dom Mar 19, 2017 9:52 am

Esa noche, sí que podía gritar a pleno pulmón, hasta quedarse sin aire o gritarlo en silencio… que era suyo, por y para siempre. “Por y para siempre” palabras que marcaron un antes y un después en sus vidas y ahora, mucho más allá de la vida y la muerte, el cielo y el infierno. El infierno , el hogar de ambos en el que se perdían una y otra vez hasta quedar totalmente saciados del otro, algo imposible… cuando no podían vivir sin el otro. El pacto silencioso, votos de amor eterno, de lealtad y atracción, pasión desmedida en la que se perdían en cuanto sus miradas se cruzaban,…algo completamente inevitable desde el primer segundo, aquel instante en el que cambió todo y ya nada sería lo mismo para ninguno de los dos.

Felicidad. Podía saborearla como el plato más delicioso y adictivo. Después de tantos años, en las sombras, en las que solo conoció rechazo, odio e ir cambiando de máscara en máscara, ocultando su verdadero yo. Y con él, siempre sería ella misma. No podía engañarle aunque sus dotes de actriz fuesen impecables. Siempre leería su mirada, sabría lo que pensaba o lo que sentía simplemente con un simple gesto, con un cruce de miradas. La atracción se había convertido en una afinidad que nada ni nadie podría comprender, ni compartir, porque no era amor. No podía ser amor cuando dolía, calaba en los huesos y la sensación era de plenitud absoluta. Se sentía entre tus brazos a salvo, en casa, en paz… porque solo él podría conseguirlo.

Los sentimientos junto con el deseo, una mezcla perfecta, explosiva. Tantas emociones y sensaciones les habían vuelto a llevar al infierno, enredados…dándoselo completamente todo. El cuerpo de Valeria vibraba a cada caricia, embestida, esperando la siguiente… estallar en un clímax intenso, su voz se perdió susurrando su nombre infinidad de veces, las mismas en las que le pedía más. No hizo falta, él sabía volverla loca. La cabeza apoyada en la pared, sus dedos enredados en su cabello, tirando con fuerza de sus mechones, adentrándole aún más dentro de ella y perderse en aquel placer que solo podía ofrecerle.

La unión se completó cuando danzó sobre él como una verdadera diosa, disfrutando como solo ella podía hacerlo. Mirarle a los ojos, fundirse en el infierno, el fuego que no podía asemejarse otra cosa que su cuerpo. Nunca era igual, cada vez sentía esa adicción, obsesión por él. Con los ojos cerrados, oculto su rostro en el cuello del noruego , aún sangraba por el mordisco. No dudó en acercarse al lugar y lamer despacio la herida, sonriendo satisfecha por su resultado… un mordisco que dejaría marca en el que dejaba claro que era suyo. Aún jadeaba, susurraba su nombre mientras sus manos se deleitaban en su piel, las yemas de Valeria aún dedicándole caricias suaves pero que se quedaban marcadas en cada poro de su piel

Frunció ligeramente el ceño al ser acorralada, no le gustaba ser sumisa…siempre era ella quien llevaba voz y voto. Su sonrisa, junto con un ligero rubor… por aquellas dos palabras que aunque simples, se dirigiesen a ella…era más que un simple sentimiento. El castillo contaba con un sinfín de habitaciones pero él se había quedado en la primera… el hall , gracias que una alfombra roja los había acogido, a la atenta y sorprendida mirada del servicio… poco les importó ser vistos pues como siempre todo lo demás carecía de sentido, desaparecía.

-¿Me llevas en brazos? Se supone es la tradición, aunque como no… te la has saltado, maldito noruego -rió, revolviéndose aún más el cabello, presentándose ante él en una imagen salvaje, tan vikinga como él jamás pensó que sería. -Necesito un baño caliente, tú otro… y quiero , bueno… preparé algo. El contenedor de tu copa es especial… tenemos que brindar y como no puedo beber alcohol… -se incorporó, apoyando los codos en el suelo, sonriendo de medio lado… traviesa, acechando como un felino. -Lo beberás de mi cuerpo -tomó su labio inferior , tirando ligeramente de él, riendo de aquel modo en el que le volvía loco -Vuélveme loca, señor Cannif, tenemos toda la noche…ah y al lado de la botella, te dejé un regalo… del que espero uses… te he marcado con mis dientes, puedes hacerlo… con los cuchillos, yo haré lo mismo..me encantará torturarte… ¿te imaginas? Que la señora Cannif te torture muy despacio -se relamió, promesas… que lo eran todo






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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Dom Mar 19, 2017 3:33 pm

Sonreí contra su boca cuando los pasos de las doncellas y un grito ahogado de una de ellas fue escuchado a nuestras espaldas, el servicio avergonzado por nuestra impetuosa actitud no sabia donde meterse, ruborizadas miraban hacia otra parte, bueno, algunas miraban hacia exactamente mi parte.

Ladeé la sonrisa alzándome del suelo para saludarlas desnudo y de forma cortes, Valeria por ende tiro de mi frunciendo el ceño antes de que yo la alzara tomándola entre mis brazos para cumplir esa costumbre que me había saltado con creces al entrar preso de la excitación en el hall.
No podía evitar mirarla con los ojos oscurecidos, con el pelo revuelto, llena de barro se me antojaba infinitamente mas bella que cuando su cuerpo lucia perfectamente adornado.
Supongo que siempre estuve hecho para una mujer salvaje, a cambio me llevaba un demonio, no era mal cambio.

Entre risas cómplices subimos las escaleras, ella en mis brazos, su piel aun cálida por nuestro encuentro y nuestros labios buscándose desesperados una y otra vez como si beber de ellos fuera lo único capaz de calmar nuestra sed.
-Demonos un baño y vístete, he preparado algo yo también -susurré contra su boca.
Nuestras lenguas serpentearon ansiosas, beber de su cuerpo era lo mínimo que pensaba hacer en una noche en la que la lujuria y el amor nos llevaría al infierno a los dos.

Sus dedos se pasearon pro la marca ya casi inexistente de sus dientes, era lo que tenia el vinculo, nada me dejaba marca demasiado tiempo.
Nuestros ojos se encontraron por un instante, casi podía leer en ellos lo frustrante que le resultaba la situación.
-Mira el lado bueno Valeria, vas a poder torturarme y mi piel sanará la instante.

Juntos atravesamos el umbral, allí la deposité con cuidado, contemplándola despacio, mis dedos acariciaron la piel de su brazo como si de porcelana se tratara y por allí se deslizaron hasta enlazar nuestras manos.
-Por fin eres mía -susurré fijando mis pardos en sus esmeraldas.
Tiré de su mano para servir las primeras dos copas de la noche, a fin de cuentas en mi cultura se celebraba con alcohol el paso a la fertilidad.

De un trago vacié la copa tenia que admitir encontrarme sediento, no habíamos parado nuestro paso desde que salimos de la capilla y el salvaje encuentro ahí abajo me había dejado con ganas de mas de todo, principalmente de ella.
Me acerqué a la tina para dejar que el agua corriera y alcé mi mirada para fijarme en como jugaba con al copa sin atreverse a bebérsela.
-Vamos Valeria, una, es tradición para mi, solo una, después de esta solo beberé yo y sera como tu quieras que sea.

Para nosotros beber toda la noche hasta no acabar en pie era una norma, símbolo de fertilidad y de felicidad, entendía que ya había hecho una concesión casándose en cierto modo así conmigo, ella siempre deseó otro tipo de celebración y la tendría, mas esta era la mía.
-Son vikingas, aguantaran una copa ¿no crees? -bromeé acortando la distancia y dando un sorbo a la suya para después besar con suavidad su frente y volver al baño para cerrar el grifo.
-Madam -susurré tendiéndole la mano para ayudarla a entrar a la bañera.
Me acomode aun fuera y tomé la esponja para enjabonar su embarrado cuerpo, estrujado esta para dejar que el agua corriera por su piel.

-Estas preciosa -aseguré sin poder dejar de mirar sus pechos que sobresalían del agua -he preparado una cena en el torreón del castillo. Quizás después podamos ir a un burdel -ladeé la sonrisa y por ultimo a las mazmorras cuando ya no nos tengamos en pie ¿que te parece?


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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Mar Mar 21, 2017 5:41 pm

Los gritos ahogados, los murmullos y cuchicheos del servicio, le traían totalmente sin cuidado excepto cuando se dedicaron a mirarle de cierta forma, una que solo ella tenía derecho. Malditas todas y cada una que se atrevía a desafiarla. Fulminó con la mirada una vez en pie, en especial , a una jovencita que tendría más o menos su edad. Era suyo, le pertenecía y lo dejó claro cuando al pasar por al lado del servicio… lamió los labios del noruego, besándole con ganas , pasión desmedida y reír contra éstos, traviesa, ronroneando como una pantera que deja claro que es de su propiedad.

-De todo, lo último que me hubiese imaginado es que me pidieses justo eso, me vistiese… -rió , perdiéndose en su mirada un segundo, sonrojándose ligeramente pues no podía imaginar el noruego lo que pasaba por aquella loca cabeza. Notó el frío en la planta de los pies al dejarla en el suelo, culpable su ojos pardos por erizarle la piel, al mirarla tan intensamente. ¿Cómo era capaz de conseguirlo? No hacía falta tocarla para volverla loca, ansiar conocer más de él, perderse en cada resquicio de su cuerpo.

-No. Siempre fui tuya pero no te lo has creído hasta ahora. Fuiste mío antes de que incluso nacieses, tenía y debía que ser así. Ahora que soy la señora Cannif, Valeria Cannif, puedo asegurarte solo… una cosa. -tomó la copa, dando un ligero sorbo, bajando la mirada hasta su vientre y deslizar dos de sus dedos por éste -Nada ni nadie va a cambiar eso, ni lo que siento por ti ni lo que soy y sería capaz de hacer por ti - vació la copa de un trago, dejándola en uno de los muebles, dejándose llevar hasta el baño.

Se sentía más cansada mental que físicamente. Rió por los caballerosos modales y tiró de él para que cayese sobre ella en la tina, aprovechando robarle algún que otro beso fugaz, acomodándose sobre él, en su regazo. Antes de decir nada, se introdujo por entero en el agua, echando hacia atrás la cabeza. Sus orbes verdes, se clavaron en él, parecían brillar más que nunca. Siseó, deslizando dos de sus dedos sobre los labios del noruego, siseando para que dejase de hablar. Labios a los que se acercó pero no besó, sí los rozó mientras hablaba. Hipnotizada por la imagen de su ahora esposo, mojado… gotas que recogió de la barbilla ajena con sus labios carmesí, lamiendo hasta su boca la cual mordisqueó con infinito deseo.

-Mmm lo del burdel suena demasiado tentador pero… si vamos, quiero ser… - se relamió los labios, dejando escapar una risa… algo no muy bueno se le estaba pasando por la cabeza -Quiero ser una de ellas pero…la tuya. Me has entendido perfectamente… -movió las caderas en círculos muy suavemente, sin dejar de mirarle a los ojos -¿Te imaginas ser tu cortesana esta noche? Sorprenderte, darte lo que me pidieses y luego… ya me encargaré de torturarte, devorarte… darnos todo y caer rendidos, hasta que el sol nos descubriese entrelazados -apenas un hilo de voz, provocándole… deseando que en esa noche se cumpliesen sus fantasías… sus deseos.

-Te volveré loco, Hoör Cannif y te reto a que consigas lo mismo… ¿aceptas? Vamos al burdel, me perderé en él y tendrás que encontrarme… solo me tienes que dejar coger una cosa antes de irnos… será diferente, esta noche lo es . Bienvenido a tu nueva vida, bienvenido al infierno… mi noruego -esa mujer desde luego era el demonio personificado , se lo estaba ofreciendo todo en bandeja, deseando demostrarle de lo que era capaz, él aún no imaginase.






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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Miér Mar 22, 2017 7:50 am

Un tirón me hundió junto a ella en la tina, no pude evitar perder mi risa en sus labios que raudos se enredaron en aquel oasis de paz.
Las gotas de agua resbalaban por su blanca tez, sus labios abordaban los míos saqueando cada resquicio de mi boca que como las olas impactaba contra su lengua dispuesto a desatar la tempestad.

Se acomodó en mi pecho, no podíamos dejar de mirarnos de ese modo en el que nuestros ojos se devoraban en silencio, la misma mirada que nos dedicamos ese día en su pórtico, donde por primera vez nos retamos a jugar con el otro.
Mucho había pasado desde entonces, pero aquí estábamos, juntos, enamorados. En su vientre crecía vida, el fruto de ese amor apasionado que nos dedicábamos.
Mis dedos se pasearon por su bajo vientre mientras mi sonrisa se perdía en su pelo, en el aroma de aquellas hebras doradas que caían sobre mi pecho desordenadas.
-Me ha costado mucho llegar aquí, a que estemos así.

Sus ojos se alzaron para buscar mis pardos, siseo para hacerme callar, su boca fue la sentencia de muerte que los condeno a mas y su carmín de deslizo por mi barbilla haciéndome jadear fruto del deseo que mi mujer despertaba sobre mi.
-Valeria -susurré alzando su mentón para que me mirara – me he equivocado -asumí por primera vez -Los celos me cegaron, no me he equivocado en todo, no en que los intentos de Haytham por tener contigo algo eran evidentes, tampoco pienso que sea un buen hombre cuando te forzó. Mas si lo he hecho en no confiar en ti, en pensar que no me serias fiel y de cierto modo te he alejado de alguien que se que es importante para ti.
Cambien yo me he alejado de Skadi, se que no te gustaba mi relación con ella y aunque nunca me lo pediste, lo hice sin mas.
Acepto que vuelvas a encontrarte con Haytham, lo intentare vivir con mas calma, tranquilidad -dejé escapar el aire de forma pesada, para mi nunca existiría paz en esos encuentros, pero no podía convertirla en mi prisionera, no quería que algún día mirara atrás y me hiciera culpable de su soledad.

Desvié mi mirada para dejar de enfrentar sus esmeraldas, era obvio que odiaba a ese hombre, mas mi odio no podía convertirse en el suyo. Si ella me amaba como decía, tenia que dejarla volar, si se quedaba conmigo todo era verdad, si por ende, volvía a los brazos del hombre que amo antes de a mi...tendría que resignarme sin mas.
Ladeé la sonrisa, no quería tocar mas ese tema, nuestra noche era esta, ya había dicho lo necesario sobre un tema que no volvería a tocar.

Mi boca volvió a perderse en el naufragio de sus labios, sutil pecado echo llamas que me transportaba a un baile intenso en el infierno.
-¿Mi cortesana? -jadeé contra el carmín -te buscaré en el burdel -sonreí de medio lado -espero no equivocarme de mujer -bromeé entre risas perdiéndome en su blanca tez.
Jamas desearía a otra, tenia frente a mi todo lo que un hombre puede ansiar en esta vida y en la otra.

Le di un azote en el trasero para que se pusiera en pie, decía que tenia que coger una cosa para comenzar aquel juego en el que posiblemente ambos íbamos a perdernos hasta que saliera el sol.
-¿y la cena? -bromeé perdiéndome en sus esmeraldas.
Mis dedos se perdieron en su cuerpo mojado ,quería mas, mi mimbro acaricio sus glúteos.
-Tengo ganas ya -aseguré evidenciando mi verdad con la dureza de mi virilidad.


Sus ojos me buscaron los míos la encontraron, no habría descanso esa noche en la que el desafió y el caos formarían parte de nuestra realidad. Mi mujer era el demonio y yo pensaba darle caza en la noche de nuestra boda, no se me ocurría mejor plan.


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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Vie Mar 24, 2017 1:32 pm

Podía gritarlo a los cuatro vientos, todo el mundo lo supiese: era feliz y estaba enamorada. El amor, del que había repudiado toda su vida y ahora no podía ni imaginar cómo sería su vida sin él. Las dos pequeñas cambiarían su vida, los unirían aún más. dos demonios no podían hacer algo tan perfecto cuando eran un desastre, siempre lo habían sido y ahora sin embargo , podían conseguir cualquier cosa, juntos.

Y si él supiese, cuanto le gustaba oír su nombre de sus labios… si pudiese tan solo imaginárselo un mísero segundo. Sus orbes verdes , se clavaron en él, aclamando su atención pero no esperó que dijese tal cosa. Entrecerró los ojos, sin entender, en quien menos había pensado en ese momento fuese en Haytham. No quería hablar de él, era su noche, la de los dos…en la que comenzaban una vida juntos, no tenía sentido que aquel hombre estuviese entre ambos, ni en conversación, ni en pensamiento.

-No quiero pensar en él ahora. es nuestra noche, la noche en la que me he convertido en la señora Cannif -rió por sus propias palabras, mordiendo su barbilla para que sus miradas se fundiesen, se deseasen aún más de lo que ya lo hacían -Y solo pienso en la habitación, en el burdel…en lo que te tengo preparado. No creas que solo has pensado todo tú, me ha costado saber donde había un burdel y conseguir ciertas cosas por ejemplo… esto - sin dejar de mirarle a los ojos, sus dedos se deslizaron por debajo de la almohada para sacar un antifaz de seda negro, le indicó que se acercase para ser ella quien se lo pusiese.

Le obligó a girarse entre risas cómplices, dejando algún que otro beso en su hombro, mordisco en su cuello, ronroneando contra su nuca. Los dedos de la joven, se deslizaron por su cuello, hundiéndose en sus hombros , acercando sus labios a su oído y jadear por el contacto de sus pechos tras su espalda. Siseó , no quería que dijese nada, siguiese sus indicaciones… al pie de la letra, aquel encuentro diferente debía de salir perfecto. Lo rodeó con los brazos, abrazándole por la espalda y reír en su oído, mordisqueando su lóbulo, jadeando al sentir sus pechos reclamándole.

-Bien. Me iré antes que tú, la cena está en la habitación…pedí que la llevasen allí, amor. Tienes que buscar el mismo antifaz. El demonio estará esperándote entre las sombras, esperándote con ganas de todo y más… -se separó de él, dejando escapar un suspiro… no quería pero ese juego avivaría aún más el deseo, la pasión que sentían por el otro. Rió por lo bajo, de uno de los cajones de la mesita, sacó una caja azul marino y se alejó hasta la puerta, era todo lo que necesitaba -Cuando me encuentres, seremos dos desconocidos… que no se te olvide -se mordió el labio inferior, dándole margen de tiempo para que a ella le diese tiempo a llegar.

Sonrió de medio lado una vez en aquel lugar, había pagado una generosa cantidad de dinero para tener una de las mejores habitaciones, un tanto especiales pues en la que pasarían la noche, no le faltarían juguetes… para volverse locos a la par que su imaginación. Un antifaz negro como el mismo infierno, una bata corta de seda idéntica al antifaz. Su cabello rubio suelto, sus orbes esmeraldas, observándolo todo a su paso, en un taburete, con las piernas cruzadas…la imagen de la lujuria ¿qué llevaba puesto debajo de la bata? Nada.

Las chicas aguardaban su sitio, esperando un nuevo cliente y Valeria, sonrió contra su licor de frutas…esperando que “su cliente apareciese”. Rió al verle de reojo entrar, le gustaba demasiado así, con el rostro oculto. Alguna que otra chica se acercó a él, ella, lo miraba fijamente desde la barra, sonriendo divertida…esperando que la tratase, la buscase como justo lo que era en lo que se había convertido para él “su cortesana”. Jugueteó con los cordones de la bata…esperando, buscándole, deseándole como nunca.

No le dejó , se escondió entre las sombras para ser ella quien lo acechase. Quedó tras él, sin que él se diese cuenta. Sonrió inclinándose hacia él y lamer su cuello de una pasada, ronroneando.

-¿Qué buscas? Puedo dártelo…todo -su mano rodeó la cintura del vikingo, paseando su nariz por su cuello…era él.






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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Vie Mar 24, 2017 3:26 pm

Ladeé la sonrisa cuando la vi sacar un antifaz de debajo del almohadón, desde luego lo tenia todo bien pensado. Nuestros ojos se perdieron en los del otro, sus esmeraldas centelleaban, aquel cuerpo era el mayor de mis pecados, lo deseaba a todas horas, de un modo casi enfermizo y mi hombría en alza era la prueba.
Mis labios se entreabrieron dispuestos a acoger los suyos, aquella risa ensordecedora que lo decía todo y nada al mismo tiempo, su aliento contra mi boca, su nariz rozando la mía en un vals lento que se decía todo sin necesidad de palabras, no nos mirábamos, nos devorábamos.
Nuestro amor iba mas allá de la atracción ,de la pasión y en ese momento creí que nada ni nadie podría separarnos.

Su carmín en mi hombro, ronroneos en mi cuello mientras yo ladeaba la cabeza enfermo de deseo, mi respiración se entrecortaba y por un momento pensé en follarla contra el lecho.
-Déjame montarte otra vez -gemí con mi lengua de fuego repasando su boca que me dejo vació de besos pues como un depredador y con su dedo en mi pecho camino a mi alrededor colocándose a mi espalda.
Sus pechos reclamaron mi cuerpo, presionándose tenaces contra mi, gruñí de pura frustración al sentir el antifaz en mis ojos y esa despedida que me supo a nada y me lo prometió todo.

La detuve de la mano cuando escuché su suspiro y tiré de ella para entrechocar nuestros labios en un beso furtivo, un azote en el culo y una promesa velada de que la buscaría aunque el infierno fuera el lugar donde hacerlo.
Ladeé la sonrisa al sentir como la puerta se cerraba, estaba solo, ahora la cena y buscar a mi demonio de labios rojos.
Esa noche seriamos dos desconocidos, no pude evitar recordar el día que nos conocimos, la ame al instante, también sufrí como nadie, nunca luche en gesta mas grande, pues ella no parecía dispuesta a ceder un ápice. Una eternidad ese si quiero que ahora quedaba en el olvido, pues era mía.
La boda me había traído paz, seguridad, era como si todo lo anterior pudiera quedar atrás, las dudas, la lista con los que debía o no casarse, el viaje en el tiempo y Haytham, ese hombre al que odiaba por encima de todo. Era mía, solo mía y ahora eso quedaba no solo reflejado en nuestra piel si no en la ley.

Mis pasos se perdieron por el salón de sillones rojos y ennegrecido humo de puros y cigarros, mujeres semidesnudas y luces tenues veladas con seda roja para dar al ambiente la calidez e intimidad deseada.
Ladeé la sonrisa cuando una de las furcias se acercó a mi, algo me decía que mi demonio me miraba, mas para que mentir, habíamos venido a jugar ¿no era así?
Deslicé mis dedos por su brazo, pensativo, como si dudara de haberla o no encontrado, una negativa basto para que esta se fuera mientras mis pasos seguían adentrándose entre el bullicio.

En una mesa un hombre con dos enrollándose, en otra dos mujeres masturbándose, mis ojos se perdieron en sus cuerpos cuando a mi espalda sonó la voz de la desconocida que buscaba.
Me giré para enfrentar sus esmeraldas
-Lo quiero todo -susurré dejando escapar el aire contra sus labios – pero.. -interpuse mi dedo cando sus labios se acercaron a los míos -no se si me lo podrás dar
Señalé con el dedo una de las mesas mientras pedía a una de las taberneras una botella de whisky y dos vasos para ambos.

Mis ojos se pasearon por su camisón negro a juego con el antifaz, una minúscula bata cubría su cuerpo, estaba preciosa a decir verdad y mi abultado miembro gritaba a los cuatro vientos que la deseaba montar, pero...primero teníamos que jugar.


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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Miér Mar 29, 2017 1:24 pm

El juego acababa de comenzar. No, no podían ser como una pareja normal, celebrando la noche de bodas en la alcoba nupcial. Tenían que tentarse mutuamente, provocarse, buscarse hasta la saciedad y perderse en el otro como la primera vez pues siempre para al menos Valeria, era como si fuese la primera y única. No importaba cuantos labios rozados, pues los besos solo los había robado él, tampoco importaba con cuantas personas se habían perdido entre las sabanas… todo carecía sentido porque solo era él. Él y ella luchando contra viento y marea, contra todos aquellos que se negaban a aceptar verles juntos ¿envidia, celos… solo por meterse en donde no les llaman? Todo un conjunto.

En aquel lugar de pecado, miradas furtivas tanto para el demonio de labios carmesí al igual que para el noruego enmascarado. Ambos con el mismo sello, ese antifaz negro que los hacía rivales de un juego que estaba a punto de empezar en el que solo los dos serían partícipes. El demonio observaba a su alrededor frente a un licor de frutas, ofuscada por no poder tomar un buen whisky, uno que quemase la garganta, dejase ese rico sabor en los labios. Se relamió ante el recuerdo del último que tomó, antes de saber que estaba embarazada. Sonrió irremediablemente, haciéndola aún más hermosa y atrayente. La espera de las niñas era lo mejor que le había pasado en la vida, y ¿por qué negarlo? Él fue ese soplo de aire que necesitaba para devolverla a la vida, tuviese sentido.

Desde su posición, pudo verle entrar. Lo miró de reojo con la copa apoyada en los labios, observando cada uno de sus gestos y… tuvo impulsos asesinos en cuanto aquella mujerzuela se acercó  a él. Apretó con tanta fuerza el vaso que por momentos pensó que lo rompería entre sus dedos. No solo eso, también se deleitó en la imagen de aquellas mujeres darse placer. Furiosa, le ofreció todo y él ponía en duda que pudiese dárselo. No sabía lo que acababa de decir, tras esa frase todo cambiaría.

-Quién sabe, quizás no… o..-buscó sus labios, entreabriendo los carmesís, provocándole, gimiendo contra los labios ajenos y morderse el inferior… pura provocación, tentación extrema y más, cuando eran unos desconocidos en aquel lugar -Podrían dártelo todo.. -le tomó del mentón para que girase el rostro a aquellas mujeres, un rugido se le escapó al ver a aquella prostituta volver a acercarse, buscando su negocio de esta noche -Cielo, ven… -la chica pareció encantada, Valeria sonreía, deslizando las manos por la cintura del noruego, acercándole pero apartándole al mismo tiempo… -Te ha gustado  ¿cierto? Ha sido mutuo…os he visto. La has tocado

El tono utilizado en la última frase fue diferente, amenazador…celos. Unos celos enfermizos que él pudo leer en sus orbes esmeraldas. Apretó con fuerza los labios, apartándose de él y tomar del brazo a aquella joven. Susurró un par de palabras en su oído, consiguió lo que pretendía…se fuese espantada y no era para menos, la había amenazado y no de cualquier manera. Lo castigó, con una simple mirada. Entrecerró los ojos, dando un par de pasos hacia atrás y negar con la cabeza.

-Sigue buscando, quizás encuentres a alguien quien pueda dártelo todo…yo seguiré esperando -se desató la bata, dejando a la vista un bonito corsé de encaje negro que de momento solo él pudo ver  hasta que el batín cayó el suelo. Lo miró desafiante, ahora no solo él la vería semi desnuda, miradas puestas en ella… estaba jugando con fuego. Los celos iban a  llevarles al infierno… -Sigue buscando -se giró, dejando a la vista su espalda - No te iba a dar todo… todo se quedaría poco con lo que te haría sentir pero..lástima, has dejado pasar tu oportunidad.  -sonrió maliciosa, celosa, furiosa… él jamás pudo verla tan territorial, despedazando con la mirada a la que osase tan solo mirarle.






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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Miér Mar 29, 2017 2:39 pm

“Podría dártelo todo” susurró contra mis labios mientras alzaba mi mentón para que la mirara a ella y no a las mujeres que en el sofá de al lado se besaban acariciando sus esculturales cuerpos.
Ladeé la sonrisa me gustaba como sus ojos esmeralda centelleaban, la deseaba mas que a nada en el mundo. Ella era mi demonio, mi oscuridad, mi aliento entrechoco furtivo con su boca mostrandole hasta que punto ella era mi debilidad. Un jadeo que arranco que mi hombría se alzar al tiempo que la prostituta regresaba frente a mi y yo me limitaba a ladear la sonrisa para mirarla mientras mi mujer me forzaba de un modo poco convencido a hacerlo.

Los dedos de Valeria acariciaban mi cintura, sujetando de ese modo mi cuerpo para que no avanzara hacia la prostituta ¿de verdad creía que iba a hacerlo? La situación me divertía, me gustaba por primera vez verla celosa, algo que nunca había sucedido en este tiempo. Me atrevería a decir que su actitud me excitaba muchísimo, hasta ahora solo yo me había partido los cuernos con otros que habían osado tocarla y ella dejarse, no le quitaba culpa por mucho que la amara.
En ocasiones me sentí estúpido, mi orgullo rugió y por un momento pensé en hacérselas pagar con esa fulana que no me importaba nada, pero que serviría para cabrearla.
Quería que entendiera lo que para mi había significado verla con Hyatham todo este tiempo, saber que lo besó en el despacho. Es mas, en mi viaje en busca de la espada se encontró con él a mis espaldas y de nuevo sus labios se encontraron, era consciente que lo rechazo, mas..también que el la toco, me hacia sentir un poco hombre el no haber hecho lo que debía, darle muerte por haberse atrevido tan solo a mirarla, en el norte esa afrenta se paga con la vida y yo..yo lo había dejado pasar por amor. Mi mano se extendió por un momento para alcanzar el brazo de la fulana que sonrió por mi atrevimiento.

Una parte de mi deseaba hacerlo, mostrarle lo que era sentir como la persona que amas se pierde en otra boca aunque no signifique nada, peor, tenia que olvidar, me había casado con ella y el pasado debía quedar atrás. Solté su mano y esta se fue espantada cuando mi mujer le susurró algo al oído que la hizo temblar.
Me castigo con su indiferencia dando unos pasos hacia atrás e instigandome a buscar a alguien que me pudiera complacer, algo que me hizo relamerme los labios, acaso no se daba cuenta que frente a mis ojos tenia todo cuanto deseaba.
Dejo caer el batin ,su cuerpo semidesnudo fue una provocación no solo para mi, si no para todos los hombres que había allí.

Celos, eso sentí al ver las miradas de todos fijos en su cuerpo, rugí cabreado mirando desafiante a cada extraño dispuesto a darles muerte si osaban mirar lo que me pertenecía, mi mano al mango de la bastarda, miedo en sus miradas, pues pronto los ojos se apartaron de mi presa. Acorté la distancia cubriéndola con mis brazos y molesto tiré de su cuerpo para sentarla sobre mi en uno de los sofás rojos apenas iluminados por unas lamparas de luz tenue.
-Dámelo todo y mas, pues mi cabreo en estos momentos no conoce parangón -tome su mentón para enfrentar su mirada a través del antifaz -espero entiendas estas palabras que jamas repetiré, eres mía y si me entero alguna vez que me traicionas mi venganza no conocerá limites ¿lo entiendes?

Pedí una botella de whisky con un gesto a la posadera antes de que mi boca chocara furiosa como las olas contra las rocas de su boca. Un jadeo que se perdió en su carmín rojo y mi lengua ávida de deseo surcando el embravecido mar de sus labios.


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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Jue Mar 30, 2017 1:18 pm

No hacía falta preguntar qué pasaba por la cabeza del noruego en ese instante, en el que la prostituta regresó volviendo a intentarlo. Podía vengarse por lo ocurrido en el pasado, eran dos desconocidos bajo ese techo de pecado, provocación, lujuria y pasión. Celos. Nunca antes había experimentado ese estado ¿ella celos? Jamás y menos de alguien tan insignificante como esa mujerzuela. Podía dárselo todo y más, no era ninguna promesa, si no un hecho. No pudo evitar que una sonrisa irónica se le formase en el rostro, irónica, de incredulidad… si terminaba vengándose y darle una lección, esa chica lo pasaría muy mal… no iba a permitir que ella ni nadie le arrebatasen las atenciones del noruego.

Una advertencia, ¿qué mejor arma que sus ojos verdes esmeralda desafiantes? No solo corrió despavorida, juraría que la había oído gritar y no era para menos, le susurró la forma en la que la torturaría y no, no era nada agradable, menos asegurarle que lo haría con esa sonrisa maliciosa, la del mismo demonio capaz de arrastrarte al mismo infierno de la peor de las maneras. La venganza del noruego parecía no desistir porque no solo le divertía la situación, volvió a tocar a esa maldita mujerzuela. Rugió desafiante, apartándose de ambos un par de pasos, observándolos para finalmente clavar sus orbes en él.

Solo ella era capaz de mirarlo desafiante, ambos volvían a batallar ¿quién sería el ganador? ¿o perderían los dos? Al tirar de ella, la risa del demonio se extendió por todo el burdel captando la atención de todos los presentes, provocando y seduciendo cuando solo quería que él la reclamase con desesperación y viceversa. Ella sí que estaba enfadada, cabreada, furiosa. Se mordió el labio inferior, por el centro… estaba más enfadada que nunca. No le dejó terminar la frase, las manos finas y delicadas de la joven le tomaron del cuello, haciendo presión , con fuerza. Sus piernas se enredaron en su cintura, tirando hacia sí, para que él pudiese quedar parcialmente sobre ella. No estaba bromeando, mucho menos jugando…sus orbes esmeralda centelleaban de celos.

-Ibas a hacerlo, hacerme ver y pagar, saber qué se siente cuando ves a la persona que amas perderse en otros labios… la has tocado, has apartado unos segundos tu mirada de mí y eso no te lo voy a perdonar… ¿qué te lo dé todo? no te mereces que te dé nada -rugió las palabras contra sus labios, verle celosa, una escena que, sin duda, no tenía precio alguno. Apretó con fuerza el cuello ajeno, una especie de venganza pero sin el resultado esperado…ella era mucho más fuerte -La has tocado. Has tocado a otra… -era como si no daba crédito, no pudiese creerlo.

Sus orbes se oscurecieron pues esa situación le enfadaba como excitaba en demasía. Entreabrió los labios, mordisqueando con cierta fuerza su barbilla, moviendo las caderas para incendiarlo aún más. Negó con la cabeza, buscando su boca con cuidado, como una pantera… una boca que devoró como si fuese su última cena. Buscó y jugó con su lengua, mordiendo ésta y rugir contra su boca.

Se dejó caer hacia atrás para que observarse con la tenue luz su cuerpo cubierto con esa fina tela que dejaba muy poco a la imaginación, sus pechos ofrecidos, pezones duros que lo reclamaban y su sexo, presionaba el ajeno para volverle aún más loco.

-No. Tú me lo darás todo… harás conmigo lo que desees ¿no era ese el plan? -un clic, acababa de ponerse ella misma las esposas, aprovechando que sus brazos los tenía tras su nuca. -Tienes tres deseos…empieza por el primero. Ya me tienes aquí, tú me lo darás todo y yo… te complaceré, ese es el trato pero como vuelvas a mirar a otra… tocarla… te juro que no me vuelves a ver el pelo en tu vida. Estoy celosa. Eres mío -






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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Jue Mar 30, 2017 3:15 pm

Ella era el demonio y su risa se extendió como el veneno mas intenso destrozandome por dentro. Estaba enfadada, algo que me excitaba, pues su rabia venia fundada por los celos, terrible sentimiento experimentado en mis propias carnes y donde yo tampoco encontré consuelo en ella si no desprecio.
Mi aliento golpeó sus labios cuando esta se los mordió por el centro, gesto que sabia que me elocuencia y que como no, me hizo rugir de necesidad saliendo a su encuentro.
Mi lengua trazo el deseo, su boca se entreabrió echa fuego y me incendie en ella entre roncos jadeos.

Caímos sobre el sofá, sus piernas atrapaban mi cintura, mi hombría presionaba su sexo mostrandole hasta donde llegaba mi deseo.
Ella en si misma era el mayor espectáculo para mis ojos, pechos que se ofrecían a mi boca, endurecidos, manantial para calmar mi sed sin limites, sin medidas.
Rugí al escuchar sus palabras, ahora me amenazaba con un castigo que a decir verdad quería sentir sobre mi piel, quería que me hiciera sangrar, que me mostrara de que estaba echa de verdad.
Había mirado a otra, tenia razón y miraría a muchas mas si esa era su reacción.
-Deseo que me muestres tu frustración, tienes una daga ¿no es cierto? Úsala, demuéstrame hasta que punto me odiarías si mis labios acapararan otra boca que no fuera la tuya – arrastre las palabras de forma deliberada impactando contra su boca cada una de ellas de forma ronca.

Solo las bragas y mi pantalón separaban nuestros sexos que parecían reclamarse como si fueran los mismos elementos.
Hice a un lado sus bragas, mis dedos se deslizaron por la trinchera de sus labios dejando que jugaran traviesos con el botón que activaba su placer y que ahora pellizcaba con suavidad sin apartar mis pardos de esas esmeraldas que brillaban con intensidad.

Su boca me busco, poco o nada nos importaba que la gente nos mirara, que estuviéramos allí dando el espectáculo, pues sus dientes mordieron mi barbilla y mis dedos la torturaron haciéndola gemir con fuerza.
-Lo quiero todo Valeria, te quiero a ti -gruñí antes de que su boca me devorara los labios, sentía la presión sobre ellos, como los abríamos buscándonos, mordiéndonos la misma lengua que sedienta serpenteaba ansiosa por encontrarlo todo, por saborear cada recóndito lugar que hubiéramos podido olvidar.
Jadeos que se incrementaban cada vez mas rápidos, hasta que el click de las esposas me hizo alzar la mirada hasta sus ojos.

Sus palabras eran una clara ofrenda, la misma que mi pueblo hace antes de ir a la guerra, ofrecida, semidesnuda y mía. Tome la botella de whisky esparciéndola sobre la tela del camisón, que rápidamente se pego a sus pechos erguidos, dibujando cada contorno de su figura. Allí fue mi boca, apartando aquella fina seda plagada de transparencias, para perderse en su piel y su embriagador sabor, quería todo a decir verdad.

Alce el rostro manchado de alcohol, su boca lo busco, la alcé sentándola a horcajadas para mirarla de frente mientras mis manos buscaban tapar con la tela húmeda de nuevo sus pechos que mi arranque pasional habían dejado al descubierto.

-Si empezamos tan fuerte la noche acabará, estoy muy excitado -susurré con la voz entrecortada contra sus labios -dame de beber.


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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Sáb Abr 01, 2017 8:05 pm

Nunca había estado tan sedienta de su boca, incapaz de dejar de buscar la del noruego para fundirse en besos desesperados, mordiscos prometedores, jadeos y gemidos en los que se perdían el nombre de los dos. Celos. Estaba celosa, enferma de deseo y amor. Ironías de la vida, esa noche en la que se habían entregado al otro, sintió por primera vez esa maldita sensación de pérdida. Ahora que era suya y viceversa, los temores de Valeria incrementaron y los celos incontrolables, a flor de piel, sacaba lo peor de ella. él nunca la había visto así , celosa, orbes que solo observaban al noruego pues lo demás careció de sentido, importándole bien poco donde estaban. Nadie iba a arrebatárselo. Esa noche… iba a volverle completamente loco.

Los rugidos del noruego, provocaban que ella ronronease, se le escapase esa risa endemoniada en la que le prometía en silencio que esa noche, la recordarían siempre. No detuvo los besos, mordiscos seguidos de su lengua , perfilando los labios despacio… ofreciéndole el rico manjar que eran sus labios carmesíes. Lo que le estaba pidiendo no era cualquier cosa, el juego comenzaba y no podía empezar más fuerte. rugió, moviendo las caderas muy despacio…la tortura no había hecho otra cosa más que empezar ¿marcarle con la daga? Bebería de cada herida, de cada rincón de su cuerpo y se perdería en su boca, en su cuerpo…demostrarle que sería la única en su vida a partir de ahora.

El juego comenzaba. No acostumbrada a ser la sumisa, le excitaba sobremanera le pidiese, le rogase lo que fuese, estar al otro lado…era excitante, al final sería ella quien se volviese aún más loca por él. Una buena lección que aprenderían del otro, los papeles intercambiados…ambos dispuestos a enloquecer y mostrar aquello que un día callaron por parecer vulnerables ¿qué importaba ahora? nada, porque era él. Él sería el único en su infierno, el demonio que se sentaría a su lado y ambos se quemasen , ardiesen juntos.

-Estoy atada, no puedo utilizar las dagas…o…- negó con la cabeza, perfilando la barbilla con sus dientes y rugir al sentir el frío del alcohol en sus pechos. Su respiración se entrecortó, sus caderas se unieron al baile de su lengua, moviéndolas acordes a cómo él devoraba sus pechos. Echó hacia atrás la cabeza en el momento que pudo lamer una gota de alcohol de sus labios. Nunca antes sabía tan rico como de su boca. Jadeó de puro nerviosismo, quería más y eso que acababan de empezar…muy fuerte.

-Shhh, has pedido un deseo ¿no? y voy a cumplirlo. Este y todos los que me pidas esta noche. Guarda fuerzas, me dirás cada una de tus fantasías…sí, has oído bien… -apenas podía deslizar los dedos por su propia cintura donde la reclamada daga brillaba haciéndose ver entre el encaje, la tela mojada. Aún con las esposas, pudo tomarla entre sus manos y comenzar a deslizarla por entre sus pechos, desgarraba la tela a su paso… dejando la piel nívea a la vista de su esposo, rió entre gemidos al notar el frío del cuchillo acariciar su sexo por encima de la ropa interior.

-Creo que me pediste que te diese de beber… bien -fue rápida, él no se lo esperaría, atrapó su cuello con la cadena de las esposas, rasgó la tela que ocultaba su sexo, dejánndolo a su vista, sediento de ella- Bebe… porque podrías beber de dos sitios, de mis pechos o de mi sexo,¿cuánto whisky queda? -dejó la daga entre los dientes, apoyando las manos tras su nuca, aún más ofrecida… la imagen de Valeria moviendo las caderas, haciendo presión contra su miembro, más y más deprisa.

Cuerpo que lo reclamaba, daga que esperaba utilizar y lo haría, solo era cuestión de tiempo. Siseó , indicándole donde debía echar el whisky. En aquella posición no iba a obtener lo que ambos querían así que se dejó caer de espaldas en el sofá, abriéndole las piernas y ofrecer su sexo palpitante…

[color=white]-Bebe ¿no querías beber? Luego seré yo quien empiece a comer y no tendré suficiente, querré más -Follame con tu boca ¿a qué esperas? - manos en su nuca, totalmente a su merced… mirándole intensamente, porque sí, era suyo y cumpliría cada deseo -En cuanto te sacies, me saciare con tu cuerpo…cada herida que sangre, la recogeré como el elixir más delicioso -sonrió, con la ropa interior rasgada totalmente perdida de deseo… ojos verdes clavados en él, en nada más… deseosa de que cumpliesen cada fantasía, gritasen que eran del otro.

-Bebe -






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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Dom Abr 02, 2017 6:44 am

Mi mujer se había convertido en una cortesana, mas no una cualquiera, una capaz de hacer perder el juicio a cualquier hombre.
Ahora entendía bien como las guerras se gestaban por damas, como el amor era capaz de mover montañas y de establecer nuevas fronteras que desestabilizaban reinos y engrandecían a hombres que solo ansiaban a una mujer a la que montar cada noche.
Sin duda por Valeria hubiera movido cielo y tierra, ella era el demonio de mi infierno y yo pensaba arder esa noche contra su cuerpo.

Sus ojos centellearon tras mi petición, ambos sabíamos que esa noche nos convertiríamos en algo mas que marido y mujer, mas bien seriamos cómplices del peligroso juego de la seducción, del sexo sin medida, sin freno y tortuosamente placentero.
Ladeé la sonrisa cuando sus dientes perfilaron mi barbilla, mi boca se entreabrió ávida por recibir aquella lengua de fuego que me calcinaba por momentos.
De su muslo sacó una pequeña pero punzante daga, mis pardos se hundieron en sus esmeraldas desafiante, me excitaba de sobre manera notar como sus caderas trazaban círculos sobre mi miembro al sentir como el acero recorría la zona central de sus pechos desquebrajando la seda húmeda del camisón por completo.

Mi boca tomo las dos montañas que erguidas desafiaban al guerrero a escalarlas, coroné la cima con mis dientes, mordiendo con suavidad su pezón para tirar de el hambriento. Mis ojos se alzaron de nuevo para entrechocar con los suyos, como lo hacen dos espadas chispas de ellos emergieron y pronto la daga recuperó mi atención, pues ahora su destino era el sexo de la mujer con la que había contraído matrimonio hacia escasas hora.
La tela se rajo y desnuda se ofreció a mi alzando los brazos para quedar expuesta a mi boca.

Ladeé la sonrisa tomando nuevamente la botella, me relamí los labios tras dar de ella un buen trago que no hizo mas que acrecentar la poca paciencia de la que gozaba Valeria.
Mis manos surcaron su cuerpo, aplastando sus tetas, arrastrándose por su cintura, apretando su bajo vientre que ardía bajo mi férreo contacto, mientras me limitaba a seguir bebiendo con los ojos oscuros como la noche.

Abrió la boca para protestar cuando lleve la boquilla a sus labios dejando caer un chorro en ellos, lentamente lo deslicé por su cuello, el cristal erizaba su piel frente al frio contacto, sus pechos acapararon ahora toda la atención del vidrio, sobre la cúspide dejé caer otro chorro que endureció las montañas humedeciéndolas para mi, y así descendí por su vientre hasta el ombligo, que colmé de liquido ambarino.
El destino, su sexo, en su entrada metí con suavidad la boquilla, alcé los ojos mientras la movía con suavidad sobre su sexo que se dilataba ligeramente con cada movimiento de esta, buscándola excitada. No quería perderme ninguna de sus reacciones.
Introduje ligeramente el vidrio masturbandola con ella, mis ojos centelleaban al ver como se movía poseída al sentir el frio materia follársela, un chorro y la saqué para con avidez ser sustituida por mi cálida lengua que ahora si bebió no solo el whisky si no su húmeda esencia.

Mi lengua se deslizó por la trinchera de sus labios mojándose a su paso, ella era como un oasis, sediento apuré hasta la ultima gota que me proporcionaba mientras entre roncos jadeos trataba de domar el desierto.


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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Mar Abr 04, 2017 4:27 am

Inevitable que se le olvidase la única condición que se había puesto a sí misma esa noche, ser la sumisa, la que complacería sin rechistar y miramientos lo que él desease, le pidiese y ella cumpliría con la misma necesidad que él se lo pedía. Sus orbes esmeraldas, anclados en los ajenos, insinuantes, mirada profunda que solo tenía un dueño…él. el juego acababa de comenzar y todavía ninguno se daba cuenta lo peligroso que terminaría siendo como siguiesen por ese camino, un camino en el que se perderían gustosos…un camino que los llevaría al mismo infierno.

Esa noche se habían jurado amor, lealtad y fidelidad pero aún quedaba algo más. Un pacto donde se jurarían noches de pasión y deseo, juegos provocadores en el que pecarían y caerían una y otra…vez. Cómplices, amigos a la par que enemigos en aquel terreno de la provocación y el juego. La risa del demonio, acariciaba los labios de la única persona que le había enseñado tantas cosas. La primera amar, amar sin medida, con intensidad… porque se sentía capaz de hacer y deshacer cualquier cosa, ser aún más fuerte y no caer pues sabía que él siempre estaría tras ella, resguardándola y ofreciéndole su mano, su cuerpo y su alma.

Perdida en el recorrido de su boca en sus pechos, los cuales ofrecidos recibieron lo merecido. Los labios de fuego del noruego, la marcaba a cada roce, beso y mordisco en su piel. Ronroneó, gruñendo por lo bajo al intentar morder su cuello, momento en el que se apartó para coger la botella. Sus orbes esmeralda centellearon de rabia, no tenía paciencia ninguna y ahora, parecía que acabasen de arrebatarle un manjar exquisito del cual iba a degustar…y lo haría.

El alcohol no se asemejaba ni por asomo al sabor de su boca, aquella de la que no se cansaría beber jamás. Degustó las pequeñas gotas que habían quedado impregnadas en sus labios, tentadores y carnosos ofrecidos como el mayor de los placeres al noruego. Pequeñas gotas de whisky que relamió, jadeando por las sensación de volver a probar la bebida…mezclada con el frío del vidrio que comenzaba a torturar su piel…ignorante, el juego acababa de comenzar. Ojos cerrados, caderas que torturaban al noruego, moviéndose en círculos… movimientos que tuvieron su recompensa. Totalmente ofrecida, esperaba cumpliese lo que él más desease…iba a complacerle pero no esperó que torturarla de placer fuera su más ansiado juego, propio placer.

-Deja de torturarme, maldita sea -murmuró ronca de deseo, atrayendo hacia sí su cabeza por la nuca, con una de sus manos…la otra buscó su miembro para dedicarle atenciones, sus yemas se hundieron en la piel, a la par que sus caderas seguían torturándole…tortura que se volvió en su contra. Se le escapó un grito, seguido de su nombre entre roncos jadeos, aquel maldito hombre estaba jugando a hacerla enloquecer. Se volvieron locos ante aquel juego, sus caderas se unieron al baile y ella, le complació con la misma velocidad en acariciar su miembro, dándole esas atenciones que tanto aclamaba…sentía como se endurecía por momentos e incluso podía afirmar que jamás alcanzó tal tamaño…necesitaba que se fundiesen en uno…sentirle dentro de ella, le perteneciese pero eso… parecía lejano.

Abrió las piernas, incorporándose en el sofá de rodillas… el juego con la botella acababa de volverla completamente loca. Pedía entre gemidos que fuese él quien terminase perdido entre sus piernas y fuese ella quien buscase bailar sobre su boca, como si la vida se le fuera en ello. claro que él, no era el único con la imaginación de dar rienda suelta a ciertos juegos.la botella aún podía participar en aquella tortura. Valeria le había terminado montando encima, sobre su boca, el noruego tumbado dedicándole la mayor de las torturas. ¿No se suponía que el que pedía era él? como no, tuvo que salirse con la suya . rió por lo bajo, risa acariciadora, ronroneante…algo se le estaba ocurriendo al demonio.

Siseó para que no dijese nada, sus caderas seguían moviéndose a la par que la boca ajena. Tomó la botella, aún quedaba whisky, el suficiente para apurarlo de la mejor de las maneras. Siempre alegaban que les encantaba beber de la piel del otro y esta vez , la copa del noruego, sería el cuerpo de Valeria. Con los labios entreabiertos, deslizó la lengua por la boquilla, introduciéndola en la boca a la vez que su lengua se colaba por el interior del agujero. Lo estaba provocando , aquel gesto provocaba a parecer hacerlo en otro lugar del noruego…el cual estaba dispuesta a perderse, a hacerle enloquecer y le pidiese..más.

-He dicho que bebas -gritó con voz ronca, él no la entendería pero lo haría pronto. La botella volvió a pasearse por sus labios, su barbilla, sus pechos y volver a subir al inicio de éstos. Rió maliciosa, deseando ver su reacción y aprovechar que estaba dándole placer para… derramar líquido entre sus pechos, despacio… tomando camino por su vientre y coronar su sexo, él pudiese tomarlo directamente de allí…como si la copa fuese aquel lugar. Arqueó la espalda, ofreciéndole más… su cuerpo no dejaba de moverse, líquido ambarino que recorría su piel…dándole de beber de aquella manera tan placentera. Valeria gemía al verle perdido en su sexo, en el alcohol …caderas que no dejaron de moverse en círculos, estaba tan cerca del orgasmo que dolía…sería un clímax intenso podía notarlo.

Y el acero de la daga, se unió al juego de nuevo. Muñecas encadenadas. Se incorporó hacia adelante, dejando al noruego tumbado… dejando que tomase el aire que el esfuerzo le había arrebatado. Risa del demonio, acababa de hacerlo enloquecer…y aliento que detuvo. En un movimiento rápido, atrapó el cuello con la cadena, manos a la altura de su cabeza. Lo miró desafiante, perfilando con su lengua…los labios de aquel hombre que la tenían totalmente perdida y loca. Quería ser sumisa pero era tan incapaz en algunas ocasiones…

-Querías jugar con fuego… con esto. Deseo concedido -murmuró contra sus labios mientras la daga, se paseaba por éstos despacio…sin prisa… el frío del acero le avisaba de que no solo el juego acababa de comenzar, sería imborrable de su mente. Filo punzante que tomó el camino de su cuello, acariciándolo con mimo… bajando hasta la clavícula y volver a subir, la primera parada sería la zona derecha del cuello…sin avisar, rasgó la piel…ojos verdes que se oscurecieron al verle sangrar y no tardar en tomarlo con la lengua, sin dejar de mirarle a los ojos…


-Súplicame que quieres más... ¿dónde será el siguiente corte? -mordió la piel de su cuello, haciéndole sangrar más...risa maliciosa, excitante...de su demonio de labios carmesí.






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Valeria Cannif
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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

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