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PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

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La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Sáb Ene 28, 2017 7:13 am

Recuerdo del primer mensaje :

Aquella noche apenas era capaz de dormir, desde que me dijo ese peculiar “si quiero”, habían pasado unas cuantas semanas en las que ambos habíamos estado sumidos en preocupaciones varias. En mi caso la búsqueda de la espada, el norte y sus complicaciones, nada parecía darme tregua. Ella perdida en la abogaren de los asuntos Cavey. Ambos guardábamos ciertos secretos que parecíamos decididos a no compartir, quizás por miedo a que de hacerlo el otro se sumiera en el mar de nuestras propias dudas, miedos.

Me puse en pie en el mas profundo silencio, mis pasos se perdieron hasta el mueble bar de la cámara, un whisky doble para calmar el desazón y me dejé caer en el sillón del lateral de la cámara observándola dormir.
Paz, esa demonio en ese instante era lo mas parecido a la paz que podía ostentar en tiempos de guerra.
Mirarla era suficiente para darme cuenta de que la amaba, de que nada me importaba si al final del día, cansado a veces, herido otras, borracho algunas ella me acogería entre sus brazos dispuesta a calmarme, a besarme, a amarme.

Mis ojos recorrieron su cuerpo, perfecto, curvas y lineas capaces de calcinar mis mas oscuros pensamientos. Hacia ya mucho desde que alcancé París, desde que sus esmeraldas me mostraron que los juegos son peligrosos y que a su lado los perdería todos y cada uno de ellos, pues era imposible no hacerlo cuando el sentimiento podía mas que el orgullo.
Siempre la quise, desde el mismo instante en que la vi supe que no habría espada para enfrentarme a ella, ni escudo con el que protegerme, a pecho descubierto emprendí la gesta que hoy me llevaba a verla sobre mi lecho preciosa, perfecta, mi mujer.

Un trago de la copa mientras mis ojos se deslizaban hasta la pared frontal, recordé con una medio sonrisa como mi cuerpo la buscó una de las primeras noches, borracho necesitaba calmar mi sed, mas no hubo consuelo en su piel, solo me apartó, un baño según ella necesitaba en ese momento. Duelo de egos el que me empujó a abandonar su habitación. Los dos eramos dos guerreros, acostumbrados a ganar en duelo singular, no eramos capaces de darnos cuenta de que estábamos perdiendo, pues aquella noche, en mi lecho, la eche de menos.

Un trago profundo sin ser capaz de apartar mis ojos de aquel rostro perfecto, labios que rojos me trasportaban al infierno, placentera mi condena si llegaba de sus manos. A liento que era mi único sustento, ojos que contra los míos centelleaban, sin necesidad de palabras ¿para que? Si siempre entendimos todo sin pronunciarlas.

Abrió sus ojos, apenas quedaban unas horas para embarcar, sonreí de medio lado con el vaso entre mis manos.
-No podía dormir -susurré contra el vidrio dando un ultimo trago hasta apurarlo.
Me puse en pie sin apartar mi mirada de la ajena, pies descalzos que se aproximaron de nuevo al lecho donde me dejé caer.
-En tres noches, te convertirás en mi mujer Valeria Cavey.


Última edición por Höor Cannif el Miér Feb 01, 2017 12:37 pm, editado 1 vez


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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Mar Abr 04, 2017 5:13 am

Valeria, mi demonio con faldas, jadeaba al ritmo que la botella la torturaba, mi deseo aumentaba al sentir sus caderas bailar contra la boquilla de la botella, estaba desesperada por explotar y yo quería que lo hiciera, mas ella tenia pensado algo mucho mejor, tiro de mi con las cadenas para tumbarme sobre el sofá, ahora fue su cuerpo quien me busco.
Mis labios se entreabrieron mientras mis pardos se perdían por un instante en sus esmeraldas.
Ladeé la sonrisa cuando la sentí empezar a danzar sobre mi boca, mi lengua se endureció itroduciendose entre los pliegues de su sexo, recorriendo la trinchera de sus labios, golpeando su clítoris, succionandolo.
Su humedad se fundía con mi entrecortado aliento que chocaba de forma brusca contra su delirante feminidad.

Su mano se coló por mis pantalones, pronto las caricias que le dedicó a mi virilidad se amoldaron a la propia tortura que mis labios le ofrecían a ella, no tenia bastante con ello, mis dedos se hundieron en el laberinto de su sexo, desde abajo mi perspectiva era brutal y con ella mi excitación aumentaba.
Ritmo frenético de mis dedos un “bebe” que escapo de sus labios entre roncos jadeos.
No tardé en descubrir que la copa seria su cuerpo, el whisky resbaló por sus pechos, vientre, ombligo y cayó en mi boca fundiéndose con el elixir de su propia feminidad.

Jadeé de forma ronca al sentir el placer de aquel sabor mientras un tercer dedo se hundía en ella logrando hacerla gemir y gritar mi nombre sin tregua.
Ebrio no solo por el whisky si no de ella, sentí como se iba contra mis labios y complacido me aparté para encararla.
Relamí mis labios buscando los suyos.
Lenguas de fuego que se paladearon ante el imperioso choque de titanes que en aquel burdel se había producido.

Lejos de terminar, aquello solo acababa de empezar, ladeo la sonrisa con la daga entre sus manos aun esposadas.
Acero que resbalo por mis labios para obligarme a guardar silencio, mis ojos se oscurecieron cuando recorrió mi mandíbula, roncos los jadeos del que lo quiere todo, sentí la piel de mi cuello abrirse, sangre brotar de ella y su boca sellar el manantial paladeando aquel sabor férreo.
Gemí al sentir su mordisco, mis manos empujaron su cadera contra mi alzado miembro adentrándome de forma brusca en ella.
-Subamos arriba - pedí jadeando contra sus labios, creo que era evidente que no podía mas, estaba demasiado excitado.

Mi nariz acaricio la suya mientras esta cabalgaba sobre mi hombría.
Nuestros alientos entrechocaron, tiré de su labio inferior aun manchado de carmesí. Herida que gracias al vinculo con la inmortal no tardo en quedar completamente cerrada como si nunca hubiera sido abierta por la dama.
Sabia la rabia, los celos, que le provocaba esa unión que me ataba a otra mujer, pude verlo en sus esmeraldas.

Colisioné contra su boca, sediento, hambriento, mi lengua dibujo sus labios, separándome un instante para mirarla fijamente.
-Juguemos con la daga, arriba -pedí de nuevo.
Mis manso en sus caderas, empujándola para entrar mas adentro, si seguíamos así, me esparciría en su interior


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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Miér Abr 05, 2017 10:17 am

Valeria, el demonio de la perdición que solo tenía de dueño al noruego. Reclamada como suya, lo arrastraba al mismo infierno cada vez que sus miradas se encontraban. Miradas que lejos de que alguien comprendiese, entre ellos existía no solo atracción y deseo. El amor que se profesaban , tan intenso, impulsivo y loco como ellos dos…sin duda se perderían en el otro. Ella lo demostró en el futuro, pese a sus negativas del pasado, sus largas noches en vela repleta de dudas y negación al sentir tanto  y con tal intensidad.

Porque él le hacía sentir plena y completa, valiosa y única ante sus ojos. Desde el primer segundo hasta el último aliento de sus vidas, estaba segura que lo que los unió aquel día, perduraría no solo hasta el último instante de su existencia. No era amor, aún Valeria buscaba palabra que definiese lo que sentía  y hacía sentir por él. Era consciente de que él pensaba que en la batalla hasta llegar a ella, él estuvo solo…luchando a capa  y espada por los dos, pero en el futuro aquella Valeria dio no solo su vida por él, le demostró que siempre le había amado a su modo. Entre medias, la indiferencia, la negación, los celos…todo le había llevado al mismo camino, a estar juntos ¿qué mayor lucha que superar sus miedos? ¿amarle sin medida pese a toda consecuencia? Porque no le importaba lo que ocurriese después de aquella boda…no iba a ser fácil pero si estaban juntos… era lo que más importaba.

Los orbes esmeralda de Valeria, se clavaron en la herida. Sangraba pero se iba cerrando despacio, como si se burlase de ella. Rugió, amenazándole, apoyando el filo de la daga a la altura de su corazón. Cuerpos desnudos, enredados, buscándose y ella… presa de los celos, su mirada se oscureció. Él sabía porqué, no había mostrado los celos como él pero eso no quería decir que no fuese tan o más celosa que el noruego. Negó a su petición, moviendo las caderas de forma brusca a la par que placentera, castigándole de alguna forma. Mordió su labio inferior, tirando de éste… hundiendo el filo de la daga y dejar que un camino carmesí recorriese su pecho, dejando que la sangre terminase manchando la nívea piel de Valeria…hasta llegar a sus sexos.

-No. No quiero que tengas nada con ninguna mujer, sea lo que sea ¿me has entendido? ¿o tengo que volver a repetírtelo? - gruñó contra su boca , la cual mordisqueó…buscando su lengua para morderla y succionarla , mirándole a los ojos - No vamos a subir, voy a castigarte y luego pedirás tu segundo deseo…piénsalo - tiró del cabello de su nuca, para que echase la cabeza hacia atrás…ambas miradas fundiéndose en una -Sé que puedes más fuerte ¿no recuerdas las caballerizas? Sentí incluso como casi me desmayaba entre tus brazos… por culpa de aquellas cuerdas…tengo cadenas ¿quieres comprobar lo que sentí?

Apenas le dio tiempo a que contestase, aprovechó que estaba apoyado en una de las paredes para atraparlo entre éstas y su cuerpo. Siseó para que no se moviese, ahora sería el cuerpo del demonio quien se amoldase al suyo, se moviese a su antojo… torturarle… apretar con fuerza a la vez que la daga apuntaba a su cuello de nuevo, subiendo hasta su boca y hundir la punta justo en el centro. Lamió muy despacio el centro de su boca, dejando un suave mordisco, muy diferente al infierno de sus caderas, cada vez con más fuerza, mas rapidez… y las cadenas apretar con aún más fuerza el cuello del noruego, quería que se le nublase la mirada, no solo de deseo…

Risa endemoniada, movimientos que no tenían nada que envidiar al del mismo diablo. Rió contra su boca, susurrando su nombre, pidiéndole más como aquel día… porque ambos necesitaban volverse aún más locos… y esa daga aún tenía mucho que mostrar, seguir el juego…

-¿No voy a probarte? El pacto está a medias, has bebido de mí…quiero beber de ti -se arqueó, apretando las cadenas en su cuello, sonreírle de aquel modo …para volverle aún más loco.





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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Miér Abr 05, 2017 1:28 pm

Celos incendiarios que Valeria y sus ojos esmeralda me mostraban, rugía con la daga en mi pecho pidiéndome, exigimiendome mas bien que me desvinculara a esa inmortal de la que en cierto modo era preso por un vinculo que sentenciaba nuestras vidas anclandolas a la del otro.
Tema por el que siempre pasamos de puntillas, ella no quería saber y yo no quería contar, los dos guardábamos ese silencio abrasador que hacia que no discutiéramos sobre el tema en concreto.

La punta se hundió en mi pecho, cerca de mi corazón, ladeo la sonrisa al ver el carmesí recorrer mi piel para morir en su cuerpo, le gustaba ser la dueña del siseo que escapó de mis labios por el dolor, dolor que pronto fue calmado por la propia inmortal a la que estaba atado, la herida de nuevo cerro y sus ojos destilaron odio.
Las cadenas contra mi cuello, su cuerpo mi prisión y mis labios entreabiertos jadeantes por el deseo la respuesta de su acto.
Mis manos atrajeron sus caderas para animarla a seguir danzando.
Roncos jadeos que morían en sus labios, aseguraba que no subiremos arriba, que aquí me volvería loco y así lo estaba haciendo. Mis ojos se enturbiaban no solo por la falta de aire, si no por como me arrastraba al infierno preso de la pasión, del deseo y de la necesidad de hundirme en ella sin miramientos.

La hoja se paseo por mi cuello, frio filo que serpenteaba sajandolo, carmesí que escurrió cálida por mi tez y de nuevo apretó para hacerme sangrar, su lengua se paseo por las cadenas, lamiendo el sabor férreo de la sangre y el hierro, provocadores sus labios que se teñían de rojo, saboreandome.
-bebe -jadeé casi sin aliento, mis ojos se cerraron, me faltaba el aire mi boca entreabierta intentaba apoderarse de las briznas que llegaban, mas mis pulmones no reaccionaban.
Risa del diablo que sabia que sus caderas estaban torturándome, danzando rudamente sobre mi glande mas que alzado.

Apartó las cadenas, tiré la cabeza hacia atrás dejando entrar el aire, su boca acaparo la mía, poco era el aliento que sus besos me dejaba recuperar, mordió mis labios, lengua que succiono, devoró, de nuevo sangre en mis labios, estábamos los dos tan perdidos en ese momento que ni siquiera escuchábamos como otros hombres golpeaban las mesas contiguas para animarnos.

Fuera de mi tomé su cuello con mi mano y de un golpe seco su espalda impacto en la mesa mis caderas se abrieron paso entre sus piernas.
Rudo me adentre en su húmedo sexo, risa que se perdió por todo el burdel al ver mis desesperados ojos negros.
Su lengua se paseo por sus labios, no apartó de mi sus esmeraldas, su boca se entreabrió gimiendo por como mi virilidad rasgaba sus paredes, voraz la empotré, mis huevos chocaban de lo dentro que estaba.
Aulló un instante cuando la empalé de un modo violento, tanto que el dolor se mezclaba con el placer.
Mi boca se apoderó de la suya, mordí sus labios con afinco, mi mano apretaba su cuello y las cadenas se enredaban en mi nuca atrayéndome hacia ella.

Tomé la botella, quería beber, y le daría, di un buen trago que trague necesitado, el siguiente lo mantuve en mi boca llevándola contra la ajena, lo vertí en la suya para que lo bebiera.
Ladeé la sonrisa a verla relamerse, me olvidaba de todo, solo ella y yo y la bestia que se había apoderado de nuestra razón, eramos dos demonios cabalgando al mismo son.
La botella murió en su boca, la empine dejando que bebiera, tanto que resbalaba por sus labios. Su razón se impuso a la mía apartándola para buscar mi boca, sabor a alcohol de ambos mezclado con la desesperación de nuestros besos.



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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Jue Abr 13, 2017 2:42 pm

Esa noche sin duda, rozarían la locura, se perderían en el otro y terminarían fundiéndose entre las llamas del infierno tantas veces como sus cuerpos se encontrasen, buscasen hasta terminar por volverse completamente locos, aún más… por el otro. Valeria jamás podría describirle lo que verdaderamente sentía por él, no sabría por donde empezar pues no existían palabras suficientes para algo tan grande para ella. Amor. El sentimiento más repudiado, temido y desconocido para la parisina. Y él, como no pudo ser de otro modo, llegó para cambiarlo todo , demostrarle a cada segundo, con creces, el significado de esa palabra… cada letra.

Celos. Las orbes esmeraldas, llameaban furiosas, jamás él pudo verla de tal modo. No solo odiaba ese maldito vínculo que lo mantendría unido a esa inmortal para siempre… odiaba hasta el mismo aire que respiraban al unísono. Miradas enfrentadas, cuerpos sedientos del otro y ella… muriendo de amor y de deseo a partes iguales. Valeria si odiaba, lo hacía con todo su ser pero si amaba…era mucho más intenso y hasta ahora, él era el único que se lo había llevado todo lo que ella era. Unos celos enfermizos, la obsesión de no solo que le perteneciese solo a ella… si no el mayor de sus miedos, temores y pesadillas, perderle.

Dulce y perverso castigo el que le proporcionaba apretando su cuello y que a él le pareció poco. No podía dejar de mirarle, como si aquel maldito hombre le hubiese lanzado una especie de hechizo adulador, anulando sus sentidos y solo él… fuese el dueño de sus pensamientos, su razón y su cuerpo. Le odió a la par que lo amó, por el simple hecho de amar a un demonio. Amarla. La perdición tenía un nombre hecho apellido , el que ahora compartían. Disfrutaba viéndole torturado, sediento de más… y ella se lo daría todo, lo castigaría para que solo desease bajar al infierno con ella.

Desafío en su mirada al notar la presión deliciosa de sus dedos en su cuello, los labios carmesís entreabiertos le pedían en silencio que apretase más, le dejase sin aliento, sin fuerzas y solo sentir dolor y placer al mismo tiempo. gritos entre medias de su nombre, pidiéndole más, mucho más fuerte. Las demás personas dejaron de existir, sus cuerpos volvieron a sucumbir al pecado capital de la lujuria, demostrándose que lo de ambos era mucho más que una atracción y deseo. Podía notar como la poseía de ese modo violento, feroz del que solo podía disfrutar entre lágrimas de dolor, risa de perdición y labios que aullaban de placer, voz que le pedía que no se detuviese hasta que estalló en un orgasmo tan intenso que la hizo rugir como una leona hambrienta…como si con eso acabase de abrir la misma caja de Pandora.

El líquido ambarino, no hacía otra cosa más que avivarlo todo con más intensidad. Se relamió los labios, mirándola intensamente, si para él era su demonio…él era el mismo ángel negro condenado, el único capaz de anularlo todo, dejar al demonio indefenso. Reloj de arena que rompió en pensamiento, el tiempo se había detenido en aquel burdel. No existía nada más que ellos dos, mirándose a los ojos, enredados en el otro y prometiéndoselo todo. El tiempo acababa de evaporarse, para Valeria… él era ese reloj, un reloj sin arena… vacío. Él era su tiempo, su presente y su futuro.

Siseó traviesa, aún entre jadeos, gotas de licor recorrían su barbilla, su cuello hasta morir entre sus pechos. Aún con la cadena enredada en su nuca, le atrajo hacia sí, obligándole como si fuese necesario hacia sí para que las tomase antes de abandonar su cuerpo, deslizarse por la mesa para apartarle de ella lo suficiente para enfrentar su mirada. Rió contra su boca, mordiéndola con deseo, aún sedienta…ella aún no había tomado suficiente…de él.

-Me has pedido que beba…señor Cannif - las cadenas bajaron por su espalda, frío metal que recorría la columna de su esposo a medida que ella se bajaba de la mesa, sin perder ni un instante su mirada. No dejó ni un resquicio de su piel por recorrer, su lengua junto con su boca , marcó un camino de besos y lamidas por su pecho… sus dientes marcaron cada centímetro que recorría… avisando hacia donde se dirigía. Siseó, quedando de rodillas ante él, cadenas que atrajeron hacia sí de las nalgas. Ni siquiera le dio tiempo a él de replicar nada, su miembro entró de forma brusca en la deliciosa boca roja como la sangre.

Iba a beber de él, lo haría y su sonrisa, sus ojos verdes le avisaron de que no solo lo haría… lo estaba deseando. Su lengua serpenteó por su tronco, succionando hasta tomarlo por entero. Saboreó su propia esencia, obligándole con las cadenas a que entrase aún más dentro, movimientos más desesperados… mirada esmeralda clavada en aquel mar oscuro. Quería beber de él, sabía se lo daría. Un mordisco en la punta, seguido de una risa, aliento embriagador chocando contra el lugar… incitándole, provocándole, volviéndole loco más aún que el primer día.






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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Vie Abr 14, 2017 2:02 am

Mi demonio de labios rojos me desafiaba con sus esmeraldas, sedienta, jadeó contra mi boca mientras sentía las cadenas bailar en mi nuca, atrayéndome, abrasándome, devorando cada resquicio de cordura que me quedaba, si es que aun quedaba algo de eso en mi excitado cuerpo.
Se deslizó como una pantera por mi torso, lengua ávida de mi piel que la repasó sin medida, que serpenteo trazando todos los senderos ya conocidos mientras sus dientes mordían a su paso mis músculos tensos.
Jadeé de nuevo sabiendo cual era el pecaminoso destino. Mi hombría palpitaba hambrienta de su boca, y esta no se hizo de rogar pues de golpe la devoro entre las llamas metiéndosela entera.

El carmesí de sus labios repasó el tronco, mojandolo, haciéndolo moverse de puro deseo en su boca. Las frías cadenas me empujaban por las nalgas para meterla mas adentro, mientras mi mano sentenciaba su pelo para empujarla hacia mis férreas caderas que se movían de forma salvaje para follar su boca con rudeza.
Sus risas contra mi glande, el aliento me torturaba, tiré mi cabeza hacia atrás entre roncos gruñidos de placer, cada vez mas rápidos, aullé cuando su lengua repasó mi frenillo, moviéndose salvaje contra el.
-Valeria -susurré con un sonido gutural que escapaba entrecortado de mis labios mostrando le hasta el punto de excitación a la que me estaba arrastrando.

De un tirón brusco aparté su boca de mi miembro, estaba a nada de correrme en ella y yo no quería acabar tan pronto el juego. Sus ojos verdes, oscuros como la noche, se alzaron para enfrentar mis pardos que ahora parecían dos tormentas.
Pronto bajo la mirada satisfecha al ver como mi mástil se movía frente a sus labios casi de forma espasmódica, casi me había corrido y mi entrecortada respiración cargada de jadeos así lo decía.
-Espera nena -pedí cuando su boca volvió a la carga.
La alcé del brazo para deshacerme de las cadenas y la prisión de sus brazos.
-Estoy a nada, si la meto o la tocas me voy, espera, espera -gruñí contra su boca tomándola de nuevo, paladeando mi propio sabor en su lengua que gruñía contra mis labios consciente de lo perdido que me encontraba en ese momento en el que mi virilidad dura como una piedra se hundía en su vientre.

No podía mas, la giré con violencia, mis dedos se hundieron en su vagina de forma salvaje, estaba mojada, la oí gemir contra la mesa, mientras sus pechos ya descubiertos de aquel corsé de encaje que se había desgarrado por la violencia de nuestros actos, rozaban contra la madera endureciendo sus pezones.
Mi hombría rugió adentrándose por su trasero, no hubo delicadeza estaba demasiado excitado para ir con cuidado. Se dilató para mi, permitido la entrada de mi punta y tras esta el tronco después.
Embestidas rudas que movían la mesa y a nosotros junto a ella.
Ambos gemíamos de forma pesada, ronca, metí el tercer dedo cuando sentí como las paredes de su laberinto le daban cabida.
-Déjame tu mano, pedí tomando ahora uno de sus dedos que acompaño a los míos y lo metí dentro, quería que notara el placer de masturbarse conmigo.

Baile demencial de ambos en aquel burdel donde las luces bailaban frente a nuestros ojos, estábamos completamente ensimismados en el cuerpo del otro. Mi boca mordió su cuello desde atrás, mi virilidad tembló, se sacudió con violencia en su apretado interior, sentía como mi simiente se esparcía y yo gruñía sin tregua contra su piel. Mi pecho cedió sobre su espalda y la mesa nos sustentó a ambos, extenuados, ebrios y enamorados.

Su paredes pegaron un latigazo contra mis dedos, espasmos de placer que me regalaron otra vez, mi respiración entrecortada contra su cuello, mi aliento en su oído.
-Ufffff -susurré incapaz de decir nada mas que eso.


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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Vie Abr 14, 2017 6:35 pm

Un escalofrío le recorrió al oírle decir su nombre, voz desesperada en cada letra. Porque siempre, por y para siempre, sería Valeria… su demonio de labios rojos que lo perdía con una simple mirada, una sonrisa prometedora. Porque para ella él se había convertido en todo lo que nunca tuvo. Esa noche se prometieron volverse locos por el otro y lo consiguieron. no importaba donde estuviesen, ni con quien. No existía nada más que él en aquel inhóspito lugar, su voz, su cuerpo y su alma le habían atrapado en una jaula, divina y condenada cárcel de la que no deseaba salir…jamás.

Las esmeraldas, ni pestañeaban por deleitarse en la imagen de su esposo, contrayéndose de placer…arqueándose y buscar más, obligándola y ella, gustosa ofrecerle el mejor de los placeres. Y nuevamente, la castigó al apartarla. Quería beber de él, deleitarse en su esencia pero él tenía otro plan. Esa noche él mandaba, tenía las riendas y sabía que una noche más, la volvería completamente loca, satisfecha y aún más enamorada, conociendo otra faceta nueva en el terreno más íntimo.

Y buscando su boca, castigándole con tentadores mordiscos en los labios, succionando su lengua… beber del manantial de sus labios, gruñó esperando que le diese cualquier orden, petición. Antes de que la girase, sus piernas temblaron por cómo la miraba. nunca antes la había mirado con aquellos ojos oscuros de lujuria, al menos no de forma tan intensa. Rió de lo más divertida, abriendo las piernas..mirándole por encima del hombro y volver a perderse en su arrebatadora imagen, totalmente perdido en ella.

Tuvo que aferrarse a la mesa, no solo con la yema de los dedos, tuvo que clavar las uñas para no caer de la mesa. Los gritos de dolor se mezclaron con aullidos de placer, pidiéndole más entre lagrimas. Disfrutaba con cualquier roce, más cuando no solo la tomó por el trasero…los malditos dedos del noruego la torturaban en su sexo. Las caderas eran incapaces de permanecer quietas y no solo eso, se las ingenió para contraer y atrapar su miembro, perderlo del todo…causarle el mayor de los placeres como sus dedos junto a los propios… jamás sintió placer parecido, esa vez sí que estaba al borde de la locura. Pidió más entre gritos, lagrimas que recorrían sus mejillas, labios que buscaron los ajenos sin resultado.

La respiración entrecortada, sentía la ajena en su nuca, la presión del cuerpo ajeno… habían acabado abrazos, aún unidos de aquel modo prohibido. El demonio, rió contra la mesa, las piernas le temblaban y apenas podía mantenerse en pie, gracias a que estaba sobre la mesa. La daga brillaba en el suelo, algunas pequeñas gotas de sangre en el filo, gruñó por no haberlas tomado…estaba delicioso de cualquier forma. Giró el rostro, entreabriendo los labios…buscando su boca, se había hecho adicta.

Lamió despacio su labio inferior, quemándole con su aliento, golpeándole los labios…pidiéndole en silencio más. Estaba exhausta, cansada y diablos, le dolía todo el cuerpo. Muchas miradas puestas en ellos dos y ella, totalmente prendada de él. cuando él se separó de ella, un quejido convertido en ronroneo. Cuerpos perlados de sudor, restos de sangre ,esencia del otro.

- Maldito seas. Quería beberlo - aún quedaban unas gotas de la esencia del noruego, aquella que él mismo le había negado a tomar. El dedo índice que había recogido las gotas, se lo llevó a los labios…saboreándolo, mordiéndose el labio inferior finalmente. Desde su posición, sentada en la mesa…con las piernas abiertas, mostrando su sexo, lo provocaba con tan solo ser ella misma, sus elegantes y provocativos movimientos.

-Necesitas un descanso y necesitas una distracción ¿cierto? - no perdió tiempo, se subió a la mesa, despacio para no caer y su cuerpo, comenzó a moverse despacio. Manos finas y frágiles que se enredaban en su cabello dorado, echándolo hacia atrás y cayese como cascada por su espalda. Sonrisa que no se desvanecía de su hermoso rostro, aún sus mejillas conservaban ese rubor sonrosado. Sus caderas de fuego se unieron al baile de sus manos, provocándole, dedicándole ese baile prohibido….solo para él. sus manos se deslizaron por sus costados, hasta sus nalgas y hundir sus dedos en la piel… sonrisa pícara buscando su mirada…

Muchos la miraban, completamente desnuda y solo tener ojos para él , sin pensar en nada más. Los celos seguían latentes en ambos. Era suyo, solo suyo y ella…completamente de él, todo su ser.





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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Dom Abr 16, 2017 1:47 pm

Cuando creía que no podía excitarme mas pues acababa de esparcirme en su interior me daba cuenta de lo sumamente equivocado que estaba.
Aquella mujer era el demonio en toda su esencia y cada movimiento, palabra o hecho estaba estudiado para llevarme a un nuevo nivel de desasosiego mucho mayor que el anterior.

Sus palabras, esas que escupió con cierto ruego me dijeron que quería beber mi simiente, ahora, mi miembro quedaba al descubierto mientras mi cuerpo se recostaba agotado en el respaldo del sofá. Rauda, con dos dedos y esa encendida mirada esmeralda que clavo en mis oscurecidos pardos recogió las gotas sobrantes para paladearlas intorduciendolas en esos labios de pecado.
Rugí al sentir mi glande vibrar, no podía mas, en eso tenia razón, mas la imagen de mi esposa sobre la mesa dispuesta a seguir bailando para mi era demencial.

Entreabrí los labios dejando escapar un ronco jadeo mientras mis ojos se perdían en su sexo completamente abierto, ofrecido para mi disfrute y por desgracia el de otros tantos que veían tocándose el espectáculo.
Gruñí desafiando a todos y cada uno con la mirada, ella era mía, mía y los celos me devoraban por dentro como el fuego a los maderos.

Jadeaba cuando sus dedos se introdujeron en ella, masturbándose, mostrándome sin miramientos aquello que me estaba perdiendo.
Me alcé de golpe tomándola como si fuera un saco, su vientre en mi hombro, sus pechos contra mi espalda, y esa cascada de pelo rubio que acariciaba mis nalgas.
Su risa contra mi piel, sus dedos traviesos aun continuaban con la tortura que ofrecía a mi turbia mirada.
Una palmada en su trasero, un mordisco después y saque sus dedos para sustituirlos por los míos.

Ritmo desesperado que tomaron al sentir lo sumamente mojada que se encontraba, de nuevo reía entre roncos jadeos como si todo esto solo fuera un excitante juego.
-Coge la botella y la daga, no aguanto mas, vamos arriba -ordené sin dejar de mover mis dedos en su interior entre bruscas sacudidas.
Mi palma acaricio su clítoris, quería que sintiera el placer mas extremo mientras yo me encaminaba con ella escaleras arriba.

Por el camino nos encontramos varias prostitutas que nos miraban, como si aquello jamas lo hubieran visto antes.
-¿necesitáis compañía? -preguntó una morena de ojos verdes viéndonos tan animados.
Valeria seguía jadeando ajena a todo mientras yo paseaba mis ojos por los pechos de la nueva con descaro para negar con la cabeza y continuar mi camino hacia la habitación dispuesta para los dos.

Al entrar me di cuenta de que para nada tenia que ver con una sencilla habitación de burdel. Un espejo en el techo nos permitía ver cada parte de nuestros cuerpos, una cama redonda, una tina de gran tamaño repleta de agua caliente. El humo salia de esta contrastando con las dos botellas de champang helado dispuestas junto a ella para ser descorchadas.
Mas lo que mas llamó mi atención fueron las cadenas que colgaban del techo con sus respectivos gilletes para las manos.
-No has escatimado en detalles -bromeé dejándola caer sobre el lecho.
Saqué mis dedos y los lamí frente a sus ojos verdes completamente oscurecidos de deseo.
Mi boca acortó la distancia que la separaba se su ofrecido sexo, allí hundí mi lengua, recorriendo cada pliegue de esa feminidad que sabia a infierno, empapada, tracé círculos contra su botón, succionandolo con fuerza, jadeando contra ella, golpeándola con mi aliento cálido.



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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Miér Abr 19, 2017 6:20 am

Las miradas ajenas pasaban desapercibidas. La única en la que se perdía era la de esas tormentas, en las que sumergiría sin fin. Imaginó que sus propios dedos , aquel baile loco y demencial fuese culpa de las atenciones del noruego. Sonrió mordiéndose los labios, jadeando de forma ronca a medida que el placer iba incrementando. Sabía que estaba celoso de las indiscretas miradas hacia su persona y su gruñido solo consiguió que su espalda se arquease, abriéndose más…solo para él, desafiándole una vez más.

Mordió uno de sus costados traviesa, rugiendo contra su piel, castigándolo no solo con sus dientes…se unían sus uñas hundidas en la piel, lamiendo la marca de paso. Saboreó la sangre de la herida, volvió a cerrarse y aquello la enfureció, de tal forma que un nuevo mordisco marcó el costado izquierdo del noruego. Le mordió con fuerza, gimiendo contra la piel, susurrando entre medias su nombre. Estaba perdida en él, sabía perfectamente qué hacer para volverla loca y sus dedos la torturaban, no contento con no haberle dejado beber de su esencia, ahora volvía a torturarla… un castigo delicioso.

Una voz femenina, interrumpió sus jadeos aún así sus caderas no dejaron de mover sus caderas, caderas que aún no habían terminado el baile con su noruego. Alzó el rostro, apartando el cabello dorado y buscar con sus inquisitivos ojos verdes quien había osado tan siquiera mirarlo. Gruñó por lo bajo, más al ver a su marido perder la mirada en los pechos de aquella puta. Una cachetada en el trasero como aviso y un mordisco imitándolo… no, no iba a dejar pasar ese simple pero importante gesto que la enfurecía, mirada amenazante a la muchacha quien tragó saliva…Valeria era capaz de perder los estribos y llegar a hacer una locura, ya lo había hecho antes y no se arrepentía de ello si el fin era el deseado.

Ahora era diferente, él le pertenecía con todas las consecuencias, le pertenecía a nada más y nada menos que al demonio. Se incorporó en el lecho, mirándole desafiante una vez más, jadeante con esas orbes llameando en deseo y rabia. Estaba muy enfadada, la rabia mezclada con los celos, una combinación que el noruego aún no conocía bien. esa noche no era cualquier otra, se habían unido para siempre y mientras sus ojos verdes no habían abandonado los del maldito noruego, él se había deleitado en mirar a otros cuerpos…cuanto odiaba no tener el poder de leer pensamientos.

Sus piernas lo atrajeron hacia sí por el cuello, se adentrase aún más en ella y la boca ajena se hundiese en su interior, complaciéndola antes de que le castigase. Valeria, con la daga en la mano, se estremeció a cada movimiento de su lengua, moviendo las caderas de forma brusca , como un demonio lo haría. Al vaivén de sus caderas y la presión de sus piernas en torno a la cabeza del noruego, los finos dedos se enredaron en aquel cabello rebelde, tirando de él entre roncos jadeos y risas. Respiración cálida, su húmeda lengua le torturaba … una tortura que no cesaba. Sintió como llegaba el clímax, arqueando la espalda, obligándole a permanecer pegado a su sexo para que bebiese su orgasmo, él no iba a ser el único que se deleitase en su sabor.

No se preocupó en recuperar el aliento, aún jadeante, abrió los ojos clavándose en él. Se relamió los labios, observando la imagen de su esposo, totalmente entregado a ella pero eso no quitaba que se le hubiese olvidado lo de antes. Lo apartó de forma brusca con uno de sus pies, ejerciendo presión en el hombro y frunció el ceño, gruñendo de pura rabia. Él no podría saber qué le pasaba pero pronto lo descubriría… se lo haría saber. Gateó hasta él , obligándole a levantarse, apoyando ambas manos en su pecho…y ella, dar un par de pasos hacia atrás. Lo contempló desnudo, totalmente perdido en ella… y lo que él no imaginaba es que iba a estarlo aún más.

Rió por lo que se le estaba pasando por la cabeza, nada bueno pero sí placentero. Siseó para que no se moviese, permaneciese donde estaba. Respiraciones agitadas, cuerpos temblando por las sensaciones y el cansancio. Toda la noche habían estado perdidos en el otro y ambos sabían que eso aún no había acabado. Quedó tras él, observando su espalda, siseando para que no se le ocurriese moverse… por si acaso le avisó. Sigilosa y elegante como un felino, acortó las distancias hasta pegarse a su espalda. Sus pezones reaccionaron en el mismo instante en el que impactaron contra la piel ajena, ardía. Sonrió , mordiéndose los labios al ver el cuerpo de él brillar por esas pequeñas gotas de sudor , hasta entonces no le había fascinado tanto verle desnudo…acababa de cincelarlo en su mente, una imagen que no olvidaría jamás.

Su nariz, se perdió en su cabello, olía a hierba fresca, salvaje… lo que le hizo rugir…morder su cuello por detrás… susurrar palabras prometedoras de lo que aún quedaba por llegar. Se mordió los labios al separarse un segundo. No perdió el tiempo. rauda y veloz, tomó los grilletes que colgaban del techo. Primero le ató una muñeca, la segunda a escasos segundos. Risa endemoniada tras su nuca, aliento que acarició su cuello… apartando su cuerpo del ajeno, quería que lo extrañase, la reclamase… le pidiese más a pesar de estar ambos exhaustos.

-Me has cabreado -rugió tirando de una de las cadenas, lo que provocaba que los grilletes se alzasen y los brazos de él quedasen suspendidos en el techo, tiró con fuerza para que incluso sus pies abandonasen el suelo -Has mirado a otra. ¿Y si yo lo hubiese hecho? sé que cuando bailaba para ti me miraban pero ¿dónde tenía mis ojos? Puestos en ti… y no, no contento con eso te pones a mirar a esa maldita mujerzuela -tiró un poco más, ahora sí que podía sentir el dolor de quedar suspendido de las muñecas, incluso los grilletes se aferraron a su piel, con fuerza.

-Te dije que quería beberlo y me lo has negado. Lo tomaré a la fuerza, no me has dejado opción -no parecía su suave voz, sí la de un demonio hambriento que acababa de atrapar a su presa - ¿Decías algo de jugar con la daga? - lo rodeó para encararle, con la daga entre sus dedos… la imagen de él suspendido y desnudo le hizo que ronronease. - Vamos a jugar -la mano libre, rodeó su cintura, atrayéndole hacia sí, sus cuerpos chocaron, buscándose . Sonrisa carmesí contra su boca que mordisqueó hambrienta, piernas que se abrieron para hacer lo que había imaginado solo con verle así atado.

La daga, inició el camino a la altura de su oreja derecha, descendiendo sin rasgar su piel… hasta llegar al final de su cuello donde comenzó a dibujar con ella, rasgar la piel y dejar que sangrase, la sangre volvió a ser la protagonista y Valeria rió como una completa demente contra sus labios, lamiéndolos y mordisquearlos como el mejor de los manjares. Y no solo eso, a medida que la daga bajaba por su pecho hundiéndose en su piel, ella tomó su miembro, para no solo darle atenciones, frotarlo contra su propio sexo, moviendo las caderas y masturbarse con la punta, jadeando al notar como volvía su miembro a endurecerse.

-Mereces el peor de los castigos. Podría dejarte aquí, atado y a tu merced, buscar a otro que me complaciera… abajo tendría candidatos. Me has cabreado, no mereces más -se separó de él, al igual que la daga, su lengua se paseó por el filo de ésta… tomando los restos de sangre, mirándole intensamente… sería capaz de cualquier cosa y él lo sabía. -¿Y bien? - le recorrió con la mirada, la maldita herida volvía a cerrarse…cuanto odiaba eso -Me has vuelto a enfadar y ni siquiera has hecho nada, te has movido -se arrodilló ante él, estaba suspenso a su merced… y no dudó en volver a tomar su miembro con la boca, envolviéndolo… mirándole a los ojos y reír traviesa, se había propuesto no solo volverle loco… acababa de dejarle claro que iba a beberlo, seguía muy enfadada y sus labios se lo avisaron al no poder parar de lamer y succionar, mover la lengua a conciencia… quería que le rogase, pidiese cualquier cosa, la cumpliría.






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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Miér Abr 19, 2017 8:28 am

Mi lengua ardía entre sus paredes, lamí de arriba a bajo su sexo, paladeando su esencia que mojaba mis labios, bebía de ella sin parar, succionando su clítoris. Estaba deliciosa, mi aliento golpeó entrecortado su feminidad, jadeé tomando aire cuando esta me empujo con las piernas para hundirme mas en ella.
Reí con brusquedad por su impaciencia por como marcaba los tiempo rogando que continuara. Recorrí con mi punta húmeda cada pliegue de su sexo hasta endurecerla para meterla en su vagina, me embebí de su sabor, sus paredes palpitaron, su espalda se arqueo con violencia, gruñía entre roncos jadeos.
Sus dedos empujaron mi pelo para que no me apartara mientras se corría en mi boca permitiéndome beber su orgasmo.

Sus esmeraldas se hundieron en mis oscurecidos pardos, me relamí mostrandole lo excitado que de nuevo me encontraba.
-Estas buenísima -dije con la voz entrecortada.
Me empujó con su pie de forma brusca, parecía el diablo que me daba y quitaba todo cuanto se le antojaba.
Gruñí sediento de mas de todo a decir verdad, mas esta se alzó empujándome hacia la mitad de la sala, su risa maldita se perdía en la habitación y mi boca se entreabría sedienta de atrapar sus labios, de perderme en ellos y alimentarme de esa lengua que ahora humedecía su boca.
-Te deseo maldita mujer -rugí con el cuerpo henchido en sensaciones, el suyo temblaba, ambos estábamos agotados porque llevábamos la noche entera follándonos y ahora perdidos en el otro queríamos seguir haciéndolo sin tregua, sin pausa como si el tiempo se hubiera detenido en esa sala.

Rodeo mi cuerpo sin dejar de mirarme ni por un momento, mis ojos siguieron su perfecto cuerpo, tez blanca como la nieve que me llevaban al incandescente fuego de las llamas.
Gruñí cuando sus pezones impactaron en mi espalda, excitado jadeé y giré el rostro con la boca entreabierta para sentenciarla con un beso necesitado que no me dio.
Jadeé con brusquedad, sudor perlado en ambos cuerpos, la luz de las velas dotándonos de ese tono anaranjado.

Mordió mi cuello por atrás mientras tomaba las cadenas y ponía los grilletes en mis manos apretándolos con fuerza.
Enarqué una ceja gruñendo por su afilado acto, estaba claro que ella tenia el poder en este momento y yo era su vil esclavo.
Se separó de mi, cuerpo que se contoneaba frente a mis ojos mientras yo daba unos pasos en su busca que quedaron cortados por las cadenas que no cedieron, rugí queriendo volver a pegar nuestros cuerpos mientras su endemoniada risa sentenciaba esa distancia que se me antojaba eterna en tiempo y espacio.
-¡Ven! -gruñí de forma imperativa.
Mi falo apuntaba su cuerpo como la mas aliada de las espadas ¿no veía como estaba?

Tiró de las cadenas de forma brusca, dejando mis brazos pendiendo en el aire, acero que se clavaba en mi piel y un jadeo gutural que escapo de mi garganta.
-quiero follarte
¿Que mierdas decía de que había mirado a otra, ahora ¿importaba eso? Ella había mirado a muchos , quizás no esta noche, pero si otras y yo me lo había tenido que tragar acompañado de una buena jarra de hidromiel. La había visto tontear con otros en la taberna, borracho tuve que soportar muchas cosas porque la quería y ahora era mía, mía.
-Mía -rugí cabreado con los ojos prendidos por las llamas del fuego.

Tiro mas de las cadenas, al parecer no me había quedado claro de que yo era la presa del depredador que ahora tenia en frente, mis pies quedaron en vilo, apreté los dientes y mis músculos se endurecieron, estaba acostumbrado al dolor, había sido torturado muchas veces desde niño y admito que había creado cierta adicción a la tortura.
Jadeé cuando esta sacó la daga sus ojos se pasearon por mi cuerpo mientras me daba vueltas del mismo modo mi mirada la analizaba completamente perdido en su esencia, en el vaivén de sus poderosas caderas.

Se detuvo frente a mi, ojos esmeraldas que me desafiaron y su brazo rodeo mi cintura haciendo que nuestros cuerpos como yunque y martillo chocasen logrando encender chispas.
Jadeé cuando su boca paladeo la mía, enredándose en un demencial baile de mordiscos ardientes, lenguas que se buscaban incluso fuera de nuestras bocas tentándose.
El acero tras mi oreja, frio camino que sentencio mi piel erizandola al completo. Ronco escapaba de mi el aliento hasta que la punta se hundió por debajo de mi cuello trazando figuras que teñían mi cuerpo de rojo carmesí.
Sus labios se mancharon con la sangre que emanaba de mi carne, su lengua recogía las gotas, mostrándome el turbio placer que dibujaba en su rostro el acto.

Las heridas sellaban al instante, ella gruñía porque necesitaba mas sangre mientras yo gemía con brusquedad por la excitación que recorría cada nervio de mi cuerpo.
-Si bajas a buscar a otro, no te molestes en subir -le dije con los ojos centelleando y las palabras entrecortadas -si vuelves a ver a Haytham Cross sin mi permiso, ese que no te daré jamas, olvídate de mi, ese mismo día iré al burdel y me saciare de tantas mujeres como pueda aguantar.
Las palabras salieron roncas del interior de mi pecho, mucho dolor había acumulado en este y ahora, con la tortura, parecía sentirme libre de expresarme sin necesidad de dobleces.

Sus esmeraldas me retaron, mis pardos la desafiaron y juntos gruñimos al mismo son como lo hacen los guerreros cuando alzan sus armas y las hacen chocar con intención de sajar la vida del otro sin dudar.
Se arrodilló frente a mi yo quedaba a su merced y su boca engullo mi virilidad alzada que como una piedra se adentro en su boca reclamando guerra.
-Bebe de mi y dame de beber -pedí echando la cabeza hacia atrás gimiendo por como su lengua repasaba mi glande lamiéndolo, su boca envolvió mi hombría succionandola, recorriendola con sus labios de arriba a bajo.
Aliento que se escapaba de forma ruda, entrecortada, estaba muy excitado algo que era evidente por los rugidos que llenaban aquella habitación con olor a sexo.


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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Jue Abr 20, 2017 3:12 pm

Nunca se cansaría de oírle decir que la deseaba. Cuando pronunciaba esas simples palabras un “te deso”, su propio cuerpo experimentaba un escalofrío general, provocándola y arrastrarle a las mismas puertas del infierno. Y oír “mi demonio”…le hacía tanta gracia cuando él sí que parecía el mismo diablo, la condenaba con una mirada, se perdía en su sonrisa y acababa presa de su piel, deseando que cada momento juntos, perdurase para siempre.

La noche de bodas no pudo ser de otro modo. Se juraron amor frente a los dioses de ambos y ahora y después, solo quedó consumir el matrimonio…y de qué forma. La sonrisa del demonio, se ensanchó al ordenarle que fuese, como respuesta, un sonoro ronroneo… negando con la cabeza. Si pensaba que el juego ya había acabado se equivocaba, aún quedaba el postre. no había amanecido pero no tardaría en hacerlo. había perdido la cuenta del tiempo que había transcurrido desde que estaban en aquel lugar.

No había nada más excitante para la rubia que saber y sentir de la manera en la que la miraba, como si lo demás no existiese o careciese de sentido. Y sin querer, tocaron un tema tabú…uno encerrado que se contradecía con lo que le había dicho antes sobre Haytham Cross, no sentía que se había equivocado por los celos, la mayor y única verdad era que lo odiaba tal como el simple hecho de decir su nombre. Ella, lo miró desafiante, no esperó que en aquel momento nombrase al que fue su mano derecha. El simple hecho de nombrarlo, sumaba otro castigo más al noruego. Rugió, gruñó y jadeó de pura impaciencia, no le gustó oírle decir lo del burdel…

-Mataría a cada una de esas mujerzuelas como te atrevas a tan siquiera mirarlas como has hecho ¿tengo que demostrarte que lo haría? -un nuevo desafío, uno muy peligroso. Las orbes esmeraldas se habían oscurecido, el gesto de su rostro se endureció y su cuerpo se tensó, era capaz de cualquier cosa… y él también. Los celos, un sentimiento antes desconocido para ella y ahora, la consumía. -Maldito seas. Cállate -estaba fuera de sí, tiró un tanto más de las cadenas, pudo oír crujir cada uno de sus huesos. Siseó para que guardara silencio, un gesto inútil pues en cuanto su boca tomase su miembro… volvería a volverle loco.

Su boca tomó su miembro con brusquedad, muy distinto a como se movían los labios por el tronco, bordeando con la punta de la lengua el frenillo. Movimientos desesperados, apenas podía respirar, su respiración entrecortada, ojos vidriosos…pequeñas lagrimas pues él podía sentir como su miembro era totalmente atrapado… hasta notar su garganta. Solo se había propuesto una cosa: beber de él, necesitaba hacerlo y no iba a dejarle con su petición.

Rió como una verdadera loca al salir de golpe, no dejar que terminase… iba a darle de beber ¿no quería eso? ¿qué mejor que el champagne frío? Aún de rodillas, se acercó a la mesa tomando una de las botellas, casi helada. Rió por lo que se le estaba pasando por la cabeza, el demonio no podía tentarle más. la descorchó, el corcho impactó en el techo…cayendo entre ambos y un poco de espuma salió vigorosa de la boquilla, espuma que tomó muy despacio tanto con su lengua como sus labios, mordiendo ligeramente el vidrio . estaba helada, sería perfecto para su juego.

-Me has pedido de beber ¿cierto? - demonio malvado, que solo deseaba torturarle, llevarle al mismo infierno y se calcinase en el más absoluto placer -Lo haré —la daga aún no había terminado su trabajo. Daga en la mano derecha, en la izquierda la botella de champagne. Se acercó a él de rodillas, contemplándole totalmente a su merced, la imagen que se presentaba ante ella no podía ser más tentadora, la impulsaba a hacer locuras como la que se le estaba pasando por la cabeza.

Esta vez, la daga ascendió empezando por el tobillo izquierdo del noruego, paseándose por la cara interna de sus muslos a lo que se unió los dientes de Valeria, mordisqueando a medida que torturaba la piel ajena con la caricia de la daga. Rió, risa que tuvo que temer el que se había convertido en su marido. Delineó la cintura…despacio con el filo, haciendo un corte fino… del que emanaba apenas un pequeño hilo de sangre y ella misma se lanzó a delinear con su lengua, sonriendo traviesa contra su piel…perdiendo las esmeraldas en aquellos ojos pardos que la habían atrapado desde el primer instante.

Aún quedaba más. Aún no habían brindado y era la hora de hacerlo pero a su modo. Su miembro la reclamaba pues le había dejado a medias, la maldita le pidió de beber pero aún pudiendo haberlo hecho ya…esperó, pero esperó al momento perfecto. Alzó la botella, mostrándosela ante sus ojos y dio un trago, largo y profundo, sintió el cosquilleo de las burbujas, garganta y boca helada. Aprovechó el frío que había tomado su boca para volver a atrapar su miembro, sintiese aún las burbujas…el frío mezclado con la calidez de la boca de Valeria engullirle. Alzó la botella para que bebiese… dejase escapar un pequeño río de champagne y descendiese por su cuello, su pecho…llegase hasta la propia boca de ella.

No se detuvo hasta que llegó, tomar cada gota de su esencia, entornar los ojos de puro placer. Cuando se separó, dibujó con sus labios rojos como la sangre, hinchados por lo que acababa de ocurrir… el camino que tomó el burbujeante champagne. Rió contra su piel, lamió cada poro de ésta hasta llegar a su boca, pegando su cuerpo al ajeno. Tenía la llave ¿Cuál? La propia daga. La introdujo en una de las esposas y un click, avisó de que era libre… se separó un par de pasos y lo volvió a retar, mirándole intensamente…






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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Vie Abr 21, 2017 4:25 am

Desafió de miradas, ambos gruñimos como dos depredadores contra la boca del otro, ese nombre maldito me acompañaría como un fantasma durante mi relación con Valeria Cavey.
Era si, era cierto, mucho había soportado a cuenta y riesgo de su mano derecha y si eso mostraba mi amor incondicional hacia la mujer que ahora tenia frente a mi, mi esposa, Valeria Cannif, no podía olvidar que cuando fue Cavey perteneció a otro y eso me arrancaba gruñidos cargados de rabia, frustración y celos, poderosos celos que ahora con mis orbes oscurecidas y dilatadas le mostraba sin tapujos.
Lo mataría, mas no me conformaría con eso, bien cierto era que en el primer burdel que pudiera me desquitaría por el ultraje, ella ahora era mía, mía y poco o nada me importaba que esas esmeraldas afiladas como cuchillos me hicieran callar.
Gruñí cuando tiro de las cadenas haciendo crujir mis huesos, un jadeo escapó ronco de mi garganta, aun retando a esos labios carmesí a decirme que me pertenecía a mi y a nadie mas, quería oírselo decir, que Haytahm Cross permanecería lejos de nuestras vidas por y para siempre, que nunca conocería a mis hijas, ni al resto de descendencia que yo le proporcionara, porque lo odiaba, odiaba en el pelele que me había convertido por su culpa.

Su boca tomo mi miembro con brutalidad, necesitada de embeberse de mi esencia, lo lamió con la lengua torturando mi frenillo, jadeé echando la cabeza hacia atrás, ronca la respiración escapaba de mis labios, pesada, entrecortada mientras mi demonio con faldas y ahora desnudo se encargaba de paladear mi mástil sin darme tregua.
Labios envolventes que lo calcinaban como las llamas a los maderos, arriba a bajo, despacio deprisa y ese era el juego de nunca acabar.
Gruñí estaba tan cerca de terminar.
-Valeria -susurré con la voz tomada por la pasión -me voy a correr -aseguré empujando con mis caderas para metersela mas.

Mi glande tocaba su garganta, lagrimas caían de sus ojos de lo dentro que estaba, mas eso no hizo ni por un momento que se detuviera, ni hubo tregua solo deseo, pasión y el infierno explotando delante de los dos.
Ceso en su empeño cuando sintió mi masculinidad palpitar en su boca, risa infernal que inundó la habitación mientras su cuerpo desnudo se orillaba al champang de la cubitera y como un sucubo lo descorchaba lamiendo la boquilla frente a mis afilados ojos que suplicaban que volviera a beber de mi esencia.
Jadeé frente a esa imagen demencial de la espuma blanca contra sus labios, cayendo por su cuello y muriendo en sus pechos.
-Dame -pedí, mas esta negó y yo gruñí completamente excitado y a su merced.

Esta atajó las distancias botella en mano, me relamí los labios pensando que me daría de beber, cuan equivocado estaba, pronto la daga volvió a cumplir su papel y el frio acero ascendió desde mi tobillo hasta mi pecho dejando pequeños cortes por todo mi cuerpo.
Jadeaba sin pausa mientras mi virilidad la apuntaba engrandecida, fría de su calor necesitaba hundirse en su interior.

Su boca relamía mi sangre, caliente, espesa y roja como el mismo fuego que desde la hoguera se reflejaba en esa tez clara.
Finalmente dio un largo trago de esa botella helada y acaparó mi miembro de forma ruda después, metiendolo hasta el fondo, contraste de calor y frio que erizó mi piel y me hizo gemir de puro placer.
De nuevo empezaba la tortura, su lengua frenética contra mi glande labios que ascendían y descendían masturbándome y a ese se le unió el sabor del alcohol que desde mis labios dejo caer en forma de brindis por mi piel.
Gemía sin poder apenas beber, demasiada cantidad, demasiado excitado y este liquido dorado mezclado con el carmesí que emanaba de esas heridas que empezaban nuevamente a cerrar se perdieron en su boca.
Una sacudida de mi miembro, después otra, embestí con fuerza sintiéndome perder la razón mientras mi esencia llenaba sus labios uniéndose a la sangre y el alcohol.
Ella se lo bebía sedienta, todo y nada la mismo tiempo, mis pies cedieron frente a ella, casado, sintiendo aquellas corrientes de placer que aun sacudían mi miembro y todo mi cuerpo.

Se relamió alzándose cuando de mi no quedo ni una gota, jadeé contra sus labios que pronto incineraron mi boca y hundidos en un beso húmedo, prolongado en tiempo y espacio la daga hizo clic en los grilletes dejándome libre.
Mi respiración rauda moría en sus labios, cerré los ojos dejando escapar el aire contra ellos.
-Tomemos un bañó pedí necesitado de un poco de descanso pero con la firme idea de que este juego solo había empezado.
Esta era nuestra despedida de solteros y se prolongaría hasta que el alba encontrara nuestros cuerpos extenuados sobre el lecho, porque ella era mi perdición, mi único y verdadero amor y solo con mirarnos era algo que bien conocíamos los dos.

Fin.


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Re: La pequeña capilla de Verona. (Valeria)(+18)

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