Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

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El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Anaé Boissieu el Lun Ene 30, 2017 7:49 am

Recuerdo del primer mensaje :

Después de la ardua tarea de prepararse y vestirse..Bueno, que la vistieran, porque ella no sabía ni qué tacto tenían las telas; de maquillarse y de que su sirvienta rezara a Dios y sudara sangre para poner su rebelde cabellera dentro de un sombrero, por fin pudo enfundarse los zapatos, que eran lo último de su impecable indumentaria y, finalmente, estar lista para salir de la casa.

Su vestido era la última moda, claro, bastante sobrio, sin nada exagerado ni fuera de lo común, pero del gusto más refinado, con sus pliegues en color canela y el satén verde oscuro ocultando el polisón. Lo que más podría llamar la atención, sería su sombrero, que tenía múltiples detalles sin llegar a ser sobrecargados pero que en conjunto hacían de la pieza un verdadero espectáculo por si mismo.

Su madre se acercó cruzando la sala a toda prisa y sin decir ni una sola palabra le pellizcó las mejillas y le soltó un par de palmaditas bien dadas. -Compórtate, no hables demasiado, a nadie le gustan los charlatanes.- La señora de la casa intentó doblegar un rizo que se había salido del recogido, insistió, con tirones incluidos y finalmente el atrevido remolino volvió a su sitio.- Sólo quédate quieta y sonríe.

-Si, madre.- Contestó sistemáticamente, si bien lo de llamar a alguien madre era bastante nuevo para ella.

Anaé aun no entendía por qué tenía que ir, no le importaba ir a la ópera, claro..Pero acababa de llegar, aun sentía la pesadez del viaje y no conocía París...Decir que estaba asustada era una tontería, porque suponía que sus padres ya habían dispuesto todo para que no le ocurriera nada malo pero..Aun así. No sabía por qué su madre tenía tanto interés en que fuera a la merienda después y encima sola, porque su señora madre tenía otros compromisos que atender junto a su padre. Hubiera preferido ser “presentada en sociedad” por sus propios padres..Aun le costaba asumir que no se iba a sentir “como en casa” ni en la campiña inglesa ni en París, independientemente de lo cerca que estuviera de su familia.

Su madre le dio unos últimos consejos mientras le guiaba a la salida.- Y come lo mínimo posible, aunque bueno..-La señora Boissieu le miró de arriba abajo con desparpajo.- No te vendría mal...¿No te daban de comer en Inglaterra? Tsk..Tendré que hablar con mi tía, esto es un despropósito…-Y ahí seguía ella, quejándose, hasta que finalmente Anaé se encontró con la puerta en las narices.

Se vio en la calle, con un coche esperándole en la entrada, suspirando caminó hacia él acompañada de su doncella, por supuesto, una cosa era ir sin sus familiares y otra muy diferente aventurarse por ahí a la buena de Dios. Una vez dentro del coche, cuando estaba enfilando ya la calle, la doncella le recordó que se había dejado el paraguas. No era difícil en ella, así que tuvo que hacer volver al cochero, entró en casa y después de unos cuantos gestos de desaprobación  de la señora se llevó el paraguas a conjunto con sus pliegues canela antes de llegar a la ópera.

París le parecía todavía un lugar salvaje y ajeno, apenas recordaba nada de su infancia allí. En parte le sobrecogía todo ese bullicio, que si, que había estado más veces en una ciudad, en la ópera de aquí o el evento de allá, pero desde luego no era como su solitaria, alejada y silenciosa hacienda. Observaba a través del marco de la ventana cómo las  desconocidas calles pasaban ante sus ojos y elevó la mirada hacia las nubes, admirando las curiosas formas y distintas tonalidades.

Spoiler:

El coche se detuvo y la doncella le avisó de que estaban ya en el lugar, bajó la vista hacia el edificio de la ópera. Sublime. Sobrecogedor.

Spoiler:

Salió del coche y comprobó que llegaba pronto, la gente parecía acostumbrada al lugar pero ella tuvo que detenerse unos momentos y maravillarse en la entrada, al arquitectura era...Oh...El estilo era...Mmh..Apenas unas cuantas parejas apresuradas subían las increíbles escaleras, ella de nuevo se detuvo entre ellas, se giró, miró hacia arriba. Bueno, su madre le iba a perdonar pero una cosa era ser educada, callada y como una estatua y otra era encontrarse ante semejante maravilla y no tomarse el tiempo necesario para asimilarlo.

Después de unos cuantos minutos finalmente la doncella le hizo caminar con nerviosismo, solo para darse cuenta de que estaban todos en sus asientos, ya listos para el espectáculo, con las luces a punto de atenuarse. Ah, que no llegaba pronto..Que llegaba más bien tarde….Bueno..A nadie pareció importarle.

Tuvieron que ayudarle a conseguir su asiento, eso era así, ella no conocía todavía las diferentes localizaciones y si bien la mayoría de los personajes importantes de la sociedad parisina tenían los mejores palcos, ella tenía el suyo propio asignado para su familia, que no era moco de pavo, además la acústica desde allí iba a ser impresionante, que en el fondo, era lo que importaba, aunque la perspectiva hacia el escenario no fuera la mejor, la vista era completamente secundaria.

Ambientillo, si gustas:

Se consiguió acomodar justo cuando empezó la obra y atendió, como tenía costumbre. Si bien no tenía claro si le gustaba o no la ópera, la conocía y era una estudiosa de la materia, así que podía, por lo menos, apreciarla como se lo merecía.

El sonido conocido le reconfortó mucho más de lo que hubiera calculado al principio, entre tanto desconcierto tener algo que finalmente pudiera reconocer era todo un alivio. Se le hizo corta, la verdad, para lo cómoda y segura que se sentía en su palco sin necesidad de interactuar con nadie. El suave barullo de las voces al terminar la función dio paso a la ida y venida de la gente, mientras que a ella le condujeron al encuentro de la pequeña reunión, que en el fondo era precisamente aquel el objetivo, codearse con los potentes, aunque ella no se fuera capaz de percibir semejantes sutilidades.

Obediente y temerosa de que su madre tuviera ojos hasta en el infierno, se acercó a las mesas a cotillear, porque la curiosidad de lo que se serviría allí y de si sería tan diferente a lo que ella conocía le pudo más que la timidez, sin embargo caminaba con tranquilidad por los diferentes escaparates de delicatessen, observando, hasta que vio algo mucho más interesante. Se alejó de las mesas para fijarse en una escultura que representaba el rostro de una mujer, de ahí pasó a un tapiz, a una columna geminada que parecía haber sido traída de otro lugar, un cuadro en la pared...Vamos, que fue comiéndose con los ojos cada detalle que había por la sala, moviéndose con toda naturalidad, como si allí estuviera ella sola y no hubiera tenido ningún tipo de institutriz que le hubiera enseñado buenos modales. Y así, en una de sus idas y venidas por el salón, entre esculturas, piezas musicales, instrumentos famosos, arte y formas admirables se encontró con un par de ojos marrones.

Se quedó plantada mirando fijamente, sin pestañear, con la cabeza inclinada ligeramente hacia atrás,  porque además esos ojos oscuros estaban bastante más por encima de su ángulo natural de visión. Después de unos cuantos segundos interminables se dio cuenta de que estaba demasiado cerca de alguien, porque esos ojos  lo más probable era que tuvieran un dueño. Un dueño cuyo espacio personal había sido descaradamente invadido. Se echó hacia atrás y ,larga y pausadamente, pestañeó; como si acabase de salir de alguna especie de trance.

Después de unos nuevos segundos de descaro, aun mirándole, alguien se le acercó como si quisiera que le hundieran en la tierra, su dama de compañía parecía apurada y le intentaba enviar señales sutiles desde hacía rato, señales que obviamente Anaé no percibió o bien había ignorado deliberadamente. Tras otros buenos segundos, la mujer inclinó la cabeza ligeramente a un lado, como si algo le hubiera hecho ‘click’.- Usted es “el hombre de los ojos raros”. - Y, por supuesto, le habló en inglés cuando se refirió a él.
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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Anaé Boissieu el Lun Mar 13, 2017 5:45 pm

Anaé estaba mirando su creación, pero en vez de admirarla levantó al vista en seguida para captar la reacción de Axel. Si dijera que estaba nerviosa, mentiría. Nunca había enseñado a nadie lo que dibujaba, en Londres no tenía a nadie que lo apreciara y allí su madre le había prohibido rotundamente relacionarse con cualquier cosa que tuviera que ver con el arte. Debería estar ansiosa por saber si le gustaba o no, por saber lo que opinaba de lo que acababa de hacer, pero no lo estaba. Sabía que a Emory le iba a gustar, que iba a apreciar el detalle y que lo observaría con solemnidad como si fuera la mismísima Giocconda, aunque no estuviera a la altura, aunque hubiera cometido cientos de errores, Axel jamás despreciaría algo que le había hecho con toda su buena intención. Le gustaba y apreciaba cualquier tipo de arte y sabía que la suya no iba a ser diferente, pero la sonrisa que se dibujó en aquel rostro tan inaccesible fue tan increíblemente real que pensó que iba a llorar allí mismo de la emoción. Si no lo hizo fue porque bastante había llorado ya. Se mordió el labio inferior, totalmente feliz, totalmente orgullosa de que sus clases hubieran servido para algo tan grande como ver esa sonrisa. Él debería guardarse el dibujo para rememorar lo que había sentido, pero ella sabía que iba a recordar su reacción toda la vida.

Ya se sentía completamente agradecida, pero no contento con ello Axel cogió su mano manchada. Iba a decirle que tuviera cuidado, que la tinta era muy difícil de quitar y que por mucho que frotase se iba a quedar allí durante días, pero no le dio tiempo. Se sonrojó inmensamente viendo cómo el besaba de más su mano desnuda y el simple gesto le dejó helada, anonadada y sobrecogida. El comentario le dejó vacío el corazón. Nadie le había dicho algo como eso, nadie le había impulsado a ser como era..Se quedó un rato en silencio, viendo cómo él guardaba mimosamente la hoja y de nuevo sintió esa calidez, esas ganas de hacer a ese hombre feliz por encima de cualquier cosa.

Sonrió y asintió con al cabeza.- Estaré encantada de cenar con usted.- Ya lo djo la primera vez, podían ir al restaurante más exclusivo y famoso de París, a un picnic o al mismísimo infierno, porque ella tenía claro que iba a ir.

-----------------

La noche pasó tranquila, para lo que había sido, cenaron tranquilamente en la Sede. Anaé pasó una de sus cenas más especiales, no había sido perfecta..pero fue única y totalmente repetible para ella desde el primer momento al último..Bueno, tal vez borraría el encuentro con la señorita Marion, pero si lo hiciera Axel no habría entrado en cólera, no le habría llevado hasta la Sede y tampoco le habría contado quién era realmente así que..Bueno, muy a su pesar la parte de la señora Harmon fue una suerte para los dos. Cuando Axel le acompañó a casa se sintió una de esas jóvenes de las que escribían en las historias, con una velada fantástica llena de miles de sensaciones que ahora serpenteaban por su cuerpo. No quería volver al mundo real, no quería dormir, ¿Quién podría? Pero sabía que tenía que volver. Le dio las gracias por la estupenda noche antes de atravesar la puerta de su casa.

Era tarde y a pesar de todo su madre le estaba esperando con un cigarro en al boca, extraño, porque no sabía ni que ella fumase. Elizabeth se levantó y se colocó mejor la bata de seda que tenía. Anaé no sabía si acercarse o no pero o quería que la noche acabara con una discusión con ella..Así que intentó cortar por lo sano.- Se que llegamos tarde pero..La cena se ha alargado y..Estoy muy cansada debería..-¿Cómo ha ido la noche?- Elizabeth se acercó, nada cercana como había simulado ser cuando lord Blackmore estaba presente, pero si interesada.- Pues..Ha sido..Perfecta. Llegamos al Ateneo y -¿La cámara de comercio estaba allí al completo? ¿A quiénes has conocido? Te habrá presentado como es debido, ¿No?- Ah..Si.. A todos..-No sabía qué decir, tampoco se acordaba si le había presentado a todo el mundo allí o no, había demasiada gente y ella solo tenía ojos para Axel, ¿En quién más podría estar interesada su madre? - Oh bien, querida..Muy bien.- Madre estoy agotada..Así que..-Oh, si, claro. Claro.

Anaé empezó a caminar escaleras arriba y fue hacia su habitación, encendió unas pocas luces y empezó a quitarse el poco maquillaje que le quedaba, al igual que el recogido del cabello. No supo cuando, pero su madre apareció.- Déjame a mi.- Anaé le miró sorprendida pero se dejó despeinar por su madre, estaba muy tensa y extrañada, mirándose en el espejo de su tocador, se colocó las manos sobre el regazo, una sobre la otra y de pronto su madre se detuvo y soltó su pelo a mediod es hacer.- ¡Qué es eso!-..¿Eh?- Elizabeth se movió como un torbellino levantando a la chiquilla de los brazos, levantó sus manos, que no llevaban guantes. Seguramente se le habían olvidado en el escritorio de lord Blackmore..Y su madre pudo ver la mano llena de tinta.- Pero qué…¿No estabas en una cena? ¡Cómo te has manchado de tinta! ¿Dónde has estado?- Ante la furia de su madre, Anaé se encogió y le miró asustada.- En...En ningún…-Elizabeth levantó la manga del vestido de Anaé de un tirón tan fuerte como para arrancar las costuras, las marcas de los dedos en sus muñecas habían pasado de un rosa tímido a un fuerte morado. La muchacha abrió los ojos desmesuradamente, recordaba que Axel le había hecho daño al agarrarla pero se le había olvidado. Su madre le miró a los ojos y le soltó con desprecio. Fue hasta la puerta y la cerró con tanta firmeza como para ahcer retumbar los cimientos de la casa.

Catherine se cruzó de brazos intentando protegerse de esa tempestad, pero cuando se giró su madre caminó hacia ella hecha una furia.- ¡Dónde has estado! Habla chiquilla..O te juro que…-Me enseñó dónde trabajaba..Eso es todo, madre.- Elizabeth se detuvo mirando a su hija inquisitivamente.- ¿A su casa..?- A su despacho.- ….¿Te lo ha hecho él..?-Catherine apretó los labios, quería decirle que no, que no había sido pero..- Fue un accidente..- ¿Te has vendido por nada?- ..¿Eh?- ¡Niña estúpida! ¿Cómo tengo que decirte las cosas? Vas a acabar con mi paciencia. Esto. ¡Esto!-Le cogió de las muñecas y se la acercó a la cara, se encogió porque le dolía pero no se quejó.- ¿Te ha obligado?- No..Claro que no..Bueno..Fui..Fui por mi propia voluntad..-No iba a decirle que si, que al principio Axel tenía intención de llevarla a la Sede quisiera o no.- ¿Por propia voluntad?..-Si..Si él me preguntó si quería ir y yo..Yo le dije que si.- ¿Me estás intentando decir que él te ha hecho esto cuando te resististe? Oh, señor, menos mal que el hombre es persistente..Entonces….-La señora Boissieu se quedó mirando a su hija que agachó la cabeza al darse cuenta de que le tocaba decir algo, pero hacía rato que se había perdido. No sabía qué decir y se produjo un silencio muy incómodo que Elizabeth rompió con un suspiro de hastío.- ¡Que si os habéis...acostado!- Anaé levantó la mirada, completamente atónita.- ¿Qué? ¡NO! Claro que no, madre. - Sacudió las manos y se separó de su madre, alejándose como si fuera la misma peste en persona. Dio un rodeo, alejándose de ella, como si quisiera poner distancia entre ellas. ¡Cómo podía pensar algo así de Axel!-  Es un caballero, ¡No haría algo así! Y menos..Y menos a la fuerza..Por Dios, madre. ¿En qué está pensando?

Elizabeth cruzó la habitación de nuevo como un huracán y cogió a la chiquilla del mentón, le sorprendió tanto que hizo una mueca de dolor y se asustó.- Y a qué estás esperando. Chiquilla. Hubiera sido perfecto, le habríamos tenido ya. Eres una inútil. ¿Me estás diciendo que no eres capaz de seducir a un viejo solterón? ¡A veces me pregunto si eres hija mía!- Soltó a Anaé con desprecio y la chiquilla acabó sentada en la cama, aun intentando entender lo que le estaba diciendo su madre.- Él no haría algo así..Él es..Él es bueno conmigo..-¡Pues claro que él es bueno contigo! Idiota. Quiere lo que cualquier hombre quiere.- Al ver que Anaé aun seguía sin comprender Elizabeth estuvo a punto de perder los estribos con ella.- Tu cuerpo, hija, ¡Tu cuerpo!- Él..Él no es así. - Todos los hombres lo son querida..Y cuanto más poderosos más caprichosos. Admito que no eres la más bonita..Pero si la más joven, eso también les gusta. Algo debes estar haciendo mal. ¿Te está seduciendo?¿te estás dejando?- Anaé  no levantó la mirada de su colcha de satén, negó suavemente con la cabeza sin apenas pensarlo, por supuesto que lord Blackmore no lo estaba haciendo.- Qué hija más inepta. No te he pedido nada en la vida, ni siquiera te culpé por no ser..Bueno, lista. Lo de ser fea es culpa de tu padre, no hay nada que hacer, pero ¿Tampoco eres capaz de despertar ni un poquito de pasión? - Él..Tiene a alguien más.-…….¿Cómo? Quién.- Anaé se encogió de hombros por toda respuesta.- Pero..¿Están prometidos, te ha dicho algo?- Negó de nuevo con la cabeza, suspirando.- Esto es un desastre. ¡Un despropósito? No..Tienes que estar confundida, de lo contrario no habría venido hasta aquí, no nos habría invitado. Eres tú que no te enteras de nada. Escúchame bien.- Cogió a Catherine de los hombros y ella le miró de nuevo asustada.- Si intenta algo...Déjale..pero niégate un poco, a los hombres no les gustan las cosas fáciles, pero si decide que eres aprovechable, le dejas. ¿Has entendido? Aprovecha cualquier momento. Síguele, recuérdale lo perfecto y lo poderoso que es, pero no con palabras, mírale y sonríele, haz caso a otros cuando esté presente y..-¡NO!- El grito dejó a su madre realmente impactada, nunca se le rebelaba tanto.- ¡Qu..!- ¡NO! No voy a hacerlo. No voy a hacer nada tan mezquino. Él nunca va a intentar nada conmigo, es un caballero. ¡UN CABALLERO DE VERDAD….!- El sonido del guantazo reverberó en la habitación y dejó el lugar completamente en silencio.

- ¿Quieres estar encerrada para el resto de tu vida?-Anaé no podía creer lo que había escuchado. Elevó la vista hacia su madre, sus ojos estaban brillantes y húmedos pero se negaba a llorar y no lo hizo. Estaba..Alucinada.- ..Más te vale que consigas que ese caballero tuyo se convierta en un auténtico cerdo antes de que acabe el año.- Se separó de su hija y levantó las manos, suspirando.- Haz lo que tengas que hacer para quitarle de la cabeza a esa otra mujer.- Caminó airada hacia la puerta, pero no se había acabado.- Yo me lavo las manos contigo, querida. Dios sabe que he hecho lo que he podido por ti. Todos lo saben.- Y cerró la puerta, dejando a Anaé sola en su habitación.

Habían pasado unos cuantos días en los que al chiquilla no tenía apenas apetito. El ambiente al otro lado de su habitación estaba igual que en su cabeza: Tormentoso y gris. No había sabido nada de Axel, pero por otra parte se alegraba de ello. La amenaza de su madre aun rondaba fresca por su mente. ¿Cómo alguien podría querer que su hija fuera ultrajada? Bajó la mirada y se sentó frente al tocador, empezando a cepillar su rebelde cabello con pesadumbre. Había entrado en una especie de bucle, en el que se levantaba, se adecentaba, desayunaba y volvía a su habitación hasta la hora de la comida, pasaba la hora del té y la cena, de vuelta a la cama...Y todo comenzaba otra vez.

La rutina se detuvo cuando tocaron su puerta, Gild le comunicó que su madre le requería en el salón principal. Al bajar, se encontró con una Elizabeth muy alterada que despedía muy diligentemente a alguien en la puerta. Anaé terminó de bajar las escaleras sin llegar a ver quién era.- Anaé. ¡Anaé!- La voz de su madre le hizo cerrar los ojos y coger aire antes de aparecer en el salón, su madre estaba alterada caminando de un lado a otro con una carta en la mano.- Oh, Gild, menos mal que estás aquí. Prepara la maleta para la señorita Anaé, solo lo mejor, asegúrate de que lleve todo lo necesario para tres días..Y otra para la morena..Cómo se llama..La que llegó la semana pasada.- ..¿Lorie?- Si, esa, hazle una maleta y envíala dentro de unas horas a la casa de Albert Harmon, le daré una carta en seguida.

Anaé pestañeaba observando el barullo de la servidumbre mientras ponían la casa patas arriba.- ¿Qué haces aquí todavía?- La chiquilla aun pensaba en  Albert Harmon y por qué le iba a invitar.- Vamos, hay que buscarte algo decente en seguida. - Elizabeth arrastró a su hija escaleras arriba de nuevo y empezó a revolver su habitación.-..¿Qué ocurr..- ¿Qué ocurre? Tsk..Solo ocurre que los Harmon acaban de recibir la invitación de los Rothschild y su señora quiere que tú le acompañes. No me dijiste que conociste a la señora Harmon en la cámara de comercio, parece que te tiene en muy alta estima. Les han invitado a su cacería anual. Esa tan prestigiosa y a la que nunca nos han invitado porque tu padre no fue capaz de arrastrarse un poco, pero al final tenerte va a dar sus frutos.- Dejó de hablar, cuando casi parecía que iba a ahogarse..pero a la que realmente le faltaba el aliento era a Anaé. ¿Su madre había dicho señora Harmon? ¿Por qué iba a querer su compañía?- Gild, que le den un baño y que esté lista para el viaje en menos de dos horas.


Anaé se encontró en compañía de Lorie en el tren camino a Orly, con todas sus maletas colocadas sobre sus cabezas. Su madre había decidido que no tenían suficientes cosas para que Anaé llevara así que se gastó una cantidad ingente en complementos y ropa nueva que directamente empaquetó y envió al ferrocarril. Catherine se sentía confusa ya terrada, no sabía a cuento de qué tenía que ir a una cacería, ni por qué Marion solicitaría su compañía en un lugar tan prestigioso. Observó los cambios del paisaje en completo silencio, en algún momento se había quedado dormida y la joven Lorie tuvo que despertarla. Tampoco entendía por qué le habían enviado a la sirvienta que llevaba menos tiempo en su casa..Al despertar, bajaron del tren, con la sirvienta y un par de hombres llevando todas las pertenencias de Catherine hasta un coche de caballos equipado con cuatro de los animales que les llevarían hasta Orleans, al este, donde tenían en propiedad las mejores tierras de caza y una rica mansión donde sólo iban en ocasiones muy señaladas durante el año.

La cacería de los corzos era un evento social sin precedentes donde solo acudían las familias más ricas y nobles de toda Francia. Se juntaban para contar trofeos, competir en al caza y para diversión mundana en general.

Cuando el carro se detuvo a la entrada de la mansión, Anaé no pudo evitar quedarse perpleja contemplando semejante edificio. Hasta la mansión de sus tios en la campiña de Londres se quedaba muy corta en comparación a aquella. Había mucha actividad en el lugar, mucho ir y venir de caballos, coches, servidumbre...Pero ella solo tenía ojos para la magnífica estructura de la casa que disponía de un estupendísimo jardín lleno de rosales.




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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Axel Blackmore el Mar Mar 14, 2017 6:15 am

Palacio de los Roschild:




La propiedad de los Roschild era gigante, un palacete rodeado de coto de caza, jardines y terrenos que imitaban en estilo y opulencia a los del mismisimo Versalles. Era una familia judía que había entroncado con la nobleza siglos atrás y contaban con numerosísismos negocios, que se deiversificaban desde el vino a las armas para el ejército francés. Solomon Roschild era además del patriarca del clan, el mariscal de campo de Su Majestad, un título militar honorífico que le otorgaba patente de corso para hacer los negocios que le vinieran en gana con la Corona y seguir aumentando el patrimonio de la familia.

Se habían concentrado alrededor de 300 personas en aquel acontecimiento social, más todo el servicio que solía ser equivalente al numero de invitados, y la propiedad era un hervidero de gente arriba y abajo.

Instalaron a Anaé en una de las habitaciones compartidas, porque ya se sabía que en estos eventos las habitaciones siempre eran de 2 o 4, y las jóvenes solteras compartían estancia entre ellas y lo mismo con el servicio, que se hacinaba en las dependencias aledañas. Su habitación estaba en el ala Oeste y la compartía con Odette de Bregalonne, una chica de 20 años que venía de una familia con títulos de la pintoresca Gascuña. No eran ricos, diríase que pertenecían más bien a la clase media pero al tener algun titulo nobiliario menor, se la consideraba de la alta sociedad. Era una muchacha de cabellos cobrizos y tez de color melocotón. La vida en el campo le otorgaba un color más saludable que la palidez extrema de las parisinas, sin embargo eso al parecer no era deseable. La muchacha la saludó con cortesía, pero pero rápidamente se puso a organizar la habitación dividiendo los espacios y eligiendo el que más le gustaba. En la campiña no se andaban con tantos remilgos y tonterías como en la ciudad, así que Odette demostró carácter desde el minuto uno. Tenía instrucciones de conseguir un marido en ese evento, así que se sabía de memoria el horario de cada cosa.

...primero hay que hacer el saludo oficial y luego habrá un almuerzo ligero antes de que saquen las rehalas de perros y los caballos para mostrarselos a los invitados. Después hay música en el pabellón cubierto del jardín y luego la cena con baile. Mañana habrá cacería y las damas tendremos juegos en los jardines y un desfile de moda de los mejores sastres de París.

La chica le dio conversación a Anaé y después inició el ritual del cambio de vestido, aseo y peinado para estar como debía, acorde con el tipo de actividad que iban a realizar. Eligió un atuendo color azul pastel y joyas a juego, pequeñas, con un sombrero del mismo color tocado de plumas y flores. La artillería se reservaba para la noche y el baile.

Los Harmon estaban alojados en el ala Sur, y aunque en norteamérica no se llevaban ese tipo de eventos al uso tradicional, Marion estaba más que acostumbrada a llevarse las miradas de todos. Su vestido no era de corte francés, tenía unas asimetrías estratégicamente puestas, y una combinación de colores poco común. En lugar del tradicional corsé con polisón, portaba una chaquetilla ceñida de la cual partía una graciosa cola, a juego con su minúsculo sombrero que era más un tocado que un sombrero, dejando al aire su peinado sofisticado muy a la moda del nuevo continente. Era una mujer cosmopolita que vivía en Nueva York, esposa del dueño de un periódico, vanguardista, arriesgada. Pero con la suficiente clase como para que nadie la criticase por excéntrica o vulgar. Todos sabían que la morena estaba en París por la guerra de la herencia. Le correspondían los títulos por ser la mayor y su padre se los había legado a la menor en un arranque de ira. Había precedentes legales para conseguirlo, asi que iban a pelearlo a muerte. En cualquier caso, siempre estaba bien estrechar lazos con la prensa, ya que a veces eran los que tenían el poder para hundir o reflotar un negocio o una reputación.

En los salones inferiores habían larguísimas mesas bien provistas de todo tipo de canapés y platos para que los invitados degustasen el almuerzo antes de salir al patio de caballerías a ver desfilar los animales que iban a participar en la caceria.

Rebeca Roschild, la matriarca del clan, recibía junto a su marido Solomon en el salón principal, ambos resplandecientes, con las bandas cruzadas que los identificaban como miembros honoríficos de la realeza. El despliegue de joyas y telas caras era un festival, pero se esperaba que fuera así. Les llegó el turno a los Harmon y ambos saludaron a la pareja anfitriona con apretones de manos y sonrisas corteses. Los judios de Nueva York no estaban muy bien vistos y la prensa allí podía hacer mucho daño, asi que la familia anfitriona deseaba que el señor Harmon se mantuviese comedido en su rotativa y no vertiese ácido sobre el colectivo judío, porque podía perjudicar los negocios de ultramar.

Señora Harmon, me encanta su estilo ¿es lo que se lleva ahora en Nueva York? tiene que contarme todos los detalles...Me ha dicho mi marido que quizás necesiten algunos cables para recuperar lo que le pertenece... no dude en reunirse con él, seguro que pueden encontrar alguna solucion para su pequeño problema.— La caña estaba echada y Marion ya sólo tenía que aceptar el anzuelo.

Es una evento esperadísimo, señora Roschild, no sabe lo feliz que me hace asistir de nuevo después de tanto tiempo. ¡Oh! descuide, le diré a mi marido que se reuna con el suyo, seguro que podrán hablar de esas cosas, ya sabe. Estaré encantada de contarle todas las novedades que hay al otro lado del océano.

Hechas las presentaciones formales y las bienvenidas, se dirigieron a la zona de las mesas a picar algo y tomar una copa, por delante una jornada maratoniana de saludos, cortesías, reencuentros y charlas banales. Paseó sus ojos por el comedor buscando a aquella chiquilla de enormes ojos que parecía un búho.





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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Anaé Boissieu el Mar Mar 14, 2017 8:12 am

Anaé observó el lugar y aceptó la ayuda para instalarse de los sirvientes, se identificó, claro está antes de que le guiaran por la inmensa mansión. La chiquilla se mordió el labio inferior, aquello era enorme y había mucho que mirar. En cada pasillo los detalles eran infinitos, cuadros de galerías famosas, retratos de la familia, hermosas mesitas de caoba adornadas con jarrones, esculturas, tapices...Intentaba centrarse en lo importante, como era el camino hacia su habitación, pero había demasiadas cosas que mirar y por mucho que intentase concentrarse era incapaz de mantenerse enfocada en memorizar el camino y se distraía en seguida. De todas formas, por mucho que lo intentase iba a ser totalmente incapaz de memorizarlo, con un poco de suerte reconocería las obras de los pasillos.

Nunca había compartido habitación, así que cuando le asignaron la suya y estaba entusiasmada, algo tímida también, pero nada que pudiera ser raro en ella. La señorita Odette le gustó desde el primer momento, tan enérgica y con un acento tan curioso. Dejó que la muchacha hiciera y deshiciera a su antojo mientras ella se acercaba a la ventana, las vistas no eran las mejores, pero suficiente para que Anaé admirase el bello lugar mientras su nueva compañera le enumeraba los eventos, de los que la castaña se olvidaría segundos después de pronunciarlos. La chica escuchó diligentemente a la francesa, que por fortuna no dejaba de hablar y ahorraba a Anaé la necesidad de hacerlo ella, de vez en cuando asentía con la cabeza para que la chica supiera que le estaba prestando atención. Era un cambio que le gustaba, siempre estaba sola en su habitación y nadie hablaba con ella aunque fueran de las cosas más mundanas, le agradó que Odette tuviera ese carácter tan fuerte, le daba envidia que una muchacha tan joven como ella fuera así, estaba claro que la criatura era dura de pelar y que tenía las ideas muy claras de lo que quería conseguir en la vida, pero no le hacía sentir insignificante..Como la señora Harmon.

Anaé eligió el vestido por sí misma, ya que Lorie había desaparecido en algún momento y no sabía dónde estaba, nunca había sido mandona y estaba más acostumbrada a que la servidumbre supiera en todo momento lo que había que hacer sin necesidad de pedírselo, así que se encontró frente al armario, el más pequeñito de la habitación, decidiendo qué debería ponerse para la presentación. Seguramente allí conocería bastante gente y tendría que dar buena impresión, pero como la mayoría de los vestidos eran nuevos..¿Quién le había traido tanta cantidad? ¿Tantos vestidos iba a ponerse en tres días? Suspiró, algo agobiada, se quedó pensativa pero al final desistió, decidió empezar por lo que le gustaba. Abrió las sombrereras que tenía amontonadas en una esquina y empezó a sacar sus diseños, con la atenta mirada de Odette desde la cama. Si tenía que elegir, prefería no destacar y menos en la ceremonia inicial donde estarían todos seguro, así que eligió uno de los tocados más sobrios, era un sombrero canela con adornos del mismo color y detalles en rosa pastel, muy discreto, único porque lo hizo ella, pero nada de grandes diseñadores ni nada de nada. Acorde con el sombrero, descartó rápidamente unos cuantos vestidos de la colección. Levantó una ceja al encontrar uno que no conocía, pero al acercar el sombrero a los ribetes se dio cuenta de que era el mismo tono canela. Sonrió y empezó a sacar todos los complementos, le costaba un triunfo vestirse sola, pero ya que Lorie no aparecía ni bien ni mal, lo hizo de todas formas. Por suerte, Odette le ayudó a abrocharse el corsé, aunque el dio la sensación de que quería dejarla sin aire, no sabía si era el diseño del vestido o alguna especie de represalia, pero lo dejó estar.

Spoiler:

Ahora, como lo de hacerse un peinado diferente a tiempo para la presentación lo dio por imposible sin su sirvienta allí, decidió maquillarse por su cuenta, aprovechando que no le iban a obligar a echarse kilos y kilos de polvos, como si su palidez no fuera ya extrema. La que llenó con una exageración de nube blanquecina la habitación fue Odette, que se afanaba por quitarse el color dorado de la piel como si fuera una condena. Se dio algo de color a los labios, a las pestañas y dejó el resto tal cual. Se pellizcó las mejillas intentando robar algo de color a su cuerpo.- ¿Por qué a ti te queda tan blanco? ¿Qué polvos usas?- Anaé pestañeó y miró a la chica. No quería decirle que seguramente tenía más que ver con la base genética que con la marca del maquillaje.- Mi..Mi madre usaba pasta blanca primero..Antes de echarse los polvos.-Odette pareció interesada.- Mmmh...Pero no tengo pasta…- Seguro que con agua sirve..-Anaé observó su tocador, por donde había esparcido su joyero, botecitos de muchos colores, frascos de perfume y se quedó mirando unos cuantos. Cogió un pincel y una tapa, echó un poco de sus polvos y mezcló agua asegurándose de que no quedaran grumos. Como la francesa parecía confusa, Catherine acabó limpiando el rostro de su compañera del maquillaje que ya llevaba, lo refrescó bien con agua secándolo con una toalla suave antes de esparcir la mezcla, luego usó los polvos suavemente, procurando dejar su piel totalmente mate, sin brillos.-..Tendremos que..Pintarte las cejas, parece que no tienes..-Anaé sonrió de medio lado y Odette se echó a reír, entre una cosa y otra Anaé acabó maquillando totalmente a la chica, que además gustaba de sombras de colores brillantes así que complació sus gustos en la medida de lo posible evitando que la muchacha pareciera una fiesta por sí sola. Al final, ambas parecieron satisfechas, Odette muy sorprendida de la habilidad de Anaé para arrancar a sus rasgos las partes más destacables y bonitas.

Sonriendo complacida, Anaé se lavó las manos y estuvo un buen rato colocándose debidamente el sombrero y sosteniéndolo con pinzas, abrió el joyero para decidir qué debía escoger pero..¿Para qué? Allí habría joyas mucho más despampanantes, más costosas y más exquisitas. Se decidió por un par de perlas que encajó en sus orejas y nada más, que el sombrero se llevase toda la atención si es que alguien se fijaba en ella. Cogió el calentador de manos, por si salían al exterior y esperó a los últimos toques desesperados de la francesa que parecía tan nerviosa como entusiasmada. Definitivamente..Odette le gustaba.

Caminaron sin prisa por los pasillos, por suerte su compañera conocía de sobra el camino hacia el salón principal, que era de por si más grande que la plaza frente al museo del Louvre. Odette le puso en seguida al tanto de la gente que tenían alrededor, no los conocía a todos desde luego, pero su conocimiento sobre qué manejaba el qué era infinito. Anaé fingió escuchar, mientras Odette admiraba un vestido, criticaba otro,etc. Pero se asombró con el estilo de Marion cuando llegó frente a los anfitriones, esa mujer le recordaba un poco a su madre, al menos en la habilidad que tenía de llamar la atención de una sala entera sin necesidad de hacer nada especial, simplemente estando allí, solo que la señora Harmon no era tan vulgar como su madre. Al ser noble, Odette se presentó primero, parecía bastante nerviosa pero su talante alegre y confiado le hacían salir airosa y con buenas sensaciones de cualquier situación. Se perdió entre la gente en seguida y Anaé tuvo que esperar bastante más antes de que tocase su presentación. Fue sencilla, tranquila, muy educada y correcta en todo momento, los señores le dieron la bienvenida y sin más la muchacha fue a las mesas.

Odette estaba en su salsa, iba de un lado a otro, se presentaba, se integraba con facilidad, mientras ella estaba observando los diferentes platos que había sobre las mesas, estaba cogiendo una copa de agua justo en el momento que notó a Odette sonriéndole con nerviosa complicidad, Anaé inclinó suavemente la cabeza alegrándose de que al menos una de ellas estuviera divirtiéndose en aquella velada, porque ella estaba deseando salir al jardín y tener una excusa para no estar allí plantada como una palmera. Caminó por la sala observando los cuadros del lugar, ensimismada, procurando no quedarse en pie mucho tiempo para no querer cortarse los pies por los tobillos antes de la cena.




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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Axel Blackmore el Miér Mar 15, 2017 9:29 am

La gascuñesa estaba poniendo toda la maquinaria en marcha, tenía que detectar un posible partido y disparar toda la artillería. Tres días, tan sólo tres para cazar uno bueno, si no, su padre se encargaría de arreglar algo con quien él quisiera.

Bonito sombrero, me gusta tanto el color como los adornos, tiene un aire bohemio que no se ve mucho en París últimamente.— La voz de Marion Harmon resonó tras Anaé y su mano se alargó para capturar una copa de champán que rápidamente llevó a sus labios. Le sonrió a la muchacha.— ¿Cómo está? me alegro de verla, es grato contar con rostros conocidos en este tipo de eventos, que son una locura de gente ¿no cree?

La americana la estaba tratando con amabilidad, en principio cortesía pura y dura que pronto tendría que dejar a un lado, puesto que la había invitado ella en realidad. Llegaría el momento de las explicaciones, pero en ese instante anunciaron que iban a empezar el desfile de caballos, así que fueron saliendo hacia el jardín.

Marion pasó su brazo por el de Anaé sonriendo, como si fueran sólo un par de viejas amigas que se acaban de reencontrar.

¡Ah! los hombres...siempre con sus asuntos de negocios, guerras y política. Mi marido ha desaparecido en cuanto hemos terminado el saludo. ¿Vamos a ver a los caballos? a mi me gustan mucho, de pequeña montaba bastante en nuestra villa de Windsor.— La gente iba saliendo y se colocaban bajo unos parasoles, como toldos blancos que habían colocado frente a la explanda de verde césped donde iban a empezar a desfilar primero los perros sabuesos que saldrían en rehalas con los criados que se encargaban de cobrar las piezas cazadas por sus señores. Y después los mozos que llevarían cada imponente corcel bien enjaezado con su nombre bordado en el sudadero.

En norteamérica no se hacen cacerías, se hacen carreras en el hipódromo y también rodeos. Todo es más... hum... rústico. Pero tiene su encanto.— Se giró hacia Anaé sonriéndole y le soltó la bomba.— Me hace mucha ilusión que haya aceptado, así  podemos conocernos mejor ya que compartimos amigos comunes.— O lo que venía siendo lo mismo que "las amigas de Emory son mis amigas".— Siento mucho que tuvieran que marcharse la otra noche en la cena, tampoco se perdieron nada, fue el mismo aburrido discurso de todos los años, da igual que una haya estado ausente siete años, siguen diciendo lo mismo.— Sonrió y se le marcaron unas pequeñísimas arrugas alrededor de los ojos. Era una mujer fuerte y le daba igual que se le empezase a notar cierta edad.

Quizás algún día quieran unirse a mi marido y a mi, salir a cenar o a la Ópera. Me han dicho que Aveline Blackmore está impresionante en Norma, tengo ganas de verla, hace mucho que no nos vemos. Supongo que Emory seguirá tan apasionado de la lírica como siempre. Creo que llegamos a ver siete veces Turandot, porque el aria final, Nessun Dorma, es de sus favoritas. ¿A usted le gusta la ópera?

Iban desfilando los caballos uno tras otro y la gente hacía comentarios sobre ellos, ya que hasta en eso solían ser cotillas, a pesar de que la mayoría no tenía ni idea de animales, lo más cerca que estaban de uno era cuando les servían faisán en la cena. Pasó por delante de ellos un bonito ejemplar de pura sangre inglés, zaíno, de largas crines y mirada viva. En su sudadero estaba bordado el escudo heráldico de los Blackmore con una torre a un lado y en el otro un lobo atravesado por una lanza.

¡oh, mire! es Raven, el caballo de Emory. ¡Debe tener al menos quince años! lo recuerdo como si fuera ayer cuando apenas era un potro y no hacía más que tirarlo al suelo. Supongo que participará en la caceria de mañana.




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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Anaé Boissieu el Miér Mar 15, 2017 4:08 pm

Anaé dejó de mirar al exterior al escuchar el irritante timbre de voz de Marion, aunque para ser justos tenía una vez bella. Se giró hacia la mujer, un tanto incómoda, porque ella no hubiera dicho que estaba mejor si se veían y tampoco hubiera dicho ni por asomo que fueran conocidas, pero a pesar de todo cerró las manos delante de su cuerpo, entrelazando los dedos de forma sosegada.- Es agradable cambiar de aires, le agradezco la invitación, señora Harmon.- Y se inclinó como muestra de respeto, era mayor que ella y no tenía muy claro si estaba por encima o no en estatus social, aunque suponía que si, la cortesía nunca estaba de más y otra cosa no, pero Anaé tenía una educación exquisita.

El anuncio del desfile de equinos le agradó en demasía, al fin una excusa para salir y no sentirse una  parte más del mobiliario, allí no tendría que fingir que buscaba amigos o conversación, porque no le interesaba. Caminó hacia el exterior, siguiendo los pasos de la gente, pero entonces notó cómo Marion rodeaba su brazo con el suyo y se quedó quieta un instante antes de seguir avanzando al ritmo de la dama. Se puso tensa sin poder evitarlo, no le gustaba demasiado la cercanía de la gente, ni que se tomaran confianzas..Ellas no eran amigas, no entendía a qué venía que se empeñase en cogerla, pero tampoco tuvo corazón para ser descortés, así que salió al exterior sintiendo el gélido aire golpeando su rostro. Cerró los ojos un instante, el aire libre siempre le despejaba. Sonrió suavemente mientras caminaban hacia la zona de la exposición.

Anaé no sabía montar a caballo, era algo raro, pero le veían siempre demasiado torpe y delicada para manejar a un animal de ese tamaño. Al ser la única heredera Boissieu de la familia se negaban a que arriesgara su integridad física tontamente, ella siempre iba en coche, así que la equitación no formó parte de su educación. Sintió una sana envidia por aquella mujer, porque en el fondo no le hubiera importado aprender, pero eso no incluyó el comentario sobre sí misma. A ella no le importaba que los demás hablasen sobre sí mismos y otros, mientras no pretendieran que participase con cotilleos, sencillamente no salía de ella comentar algo sobre lo que sabía o no sabía hacer.- ¿Ha estado en algún rodeo?- La pregunta quedó prácticamente en el aire, porque al principio no entendió a qué se refería..Pero..Claro..Axel. ¿A qué otra persona podría referirse? Bajó la mirada un instante perdiéndose en la fresca hierba. No quería hablar de él..No con Marion.

Cuando la conversación se desvió hacia Aveline se ilusionó y prestó atención mientras observaba a los caballos de diferentes razas caminar con orgullo por el lugar. Estaba a punto de decirle que Aveline era una inspiración para cualquier mujer, que era una arpista digna de su reputación, pero Marion le arrancó la capacidad para hablar de una sola palabra. Fijó su vista hacia delante, pero estaba perdida, no miraba realmente a los caballos, observaba sus poderosas patas clavándose en el césped y levantando tierra a su paso, dejando una huella difícil de ocultar, la misma que estaba dejando ella al pronunciar con tanta confianza el nombre de Axel, un nombre que seguía teniendo vetado, pero la dama americana no se conformaba con pisotearla. Sus palabras se convertían en cucharadas que iba sacando de su alma y llevándosela a la boca pedazo a pedazo, vaciándola completamente. Siete. Siete veces habían ido juntos a ver Turandot. ¿Nessum Dorma era su canción favorita? Lo desconocía..

No. Ya no le gustaba la Ópera. Apretó los labios, con suavidad, sabiendo que era una reacción infantil.- Conozco la Ópera.- No podía decir que le gustase, era otra de tantas miles de cosas que había aprendido porque tenía que hacerlo, pero no podía negar que le gustaba la música. Aho, cada vez que escuchase alguna pieza acabaría pensando en una joven señora Harmon y a un caballeroso Axel sentados y disfrutando juntos de la canción favorita de este último. Se sentía triste, muy triste.

Observó el escudo con curiosidad, al ver el lobo atravesado por una lanza sonrió de medio lado, con complicidad. ¿Tendría Marion tanta confianza como para saber incluso eso? Le resultaba difícil, pero era un sentimiento puramente egoísta, en el fondo anhelaba tener algo que solo conociera ella, que Emory fuera exclusivo para su persona y para nadie más, pero era una gran mentira. La cruda realidad la tenía justo al lado, cogida de su brazo, cuyo tacto le dolía como el sol en junio. Por Dios..Reconocía incluso a su caballo, un caballo del que no había oido hablar en la vida hasta ese momento. Basta ya. No quería saber cosas de Axel por la señora Harmon, quería que se lo contase él o descubrirlo por su cuenta, no necesitaba de ella para nada. ¿Iba a tener que soportar tres días como aquellos? ¿Tendría que soportar a Marion hablando constantemente de Emory? Se le partía el corazón. Su pecho estallaba, quería gritar, decirle que era mala persona, que no le interesaba lo que tuviera que decirle. ¿No tenía un marido del que preocuparse? Apretó los labios con firmeza pensando en lo mucho que hubiera querido ver a Axel cuando era joven..Era muy injusto, por mucho que quisiera ella no podía ir atrás en el tiempo. Marion tenía una parte de Emory que ella no tendría jamás. La realidad fue tan dura como el guantazo de su madre, le puso en su lugar de un solo golpe, con unas míseras palabras. No quería saber nada más, ya había entendido que ella nunca sería como Marion, que no tenía ninguna oportunidad de conocer a Em tan profundamente como ella. La congoja se le había instalado bajo la lengua, en su garganta, impidiéndole decir absolutamente nada, ahogándose en dolor. Había tenido una pequeña esperanza, una chispita de luz, tenue y tímida que le indicaba que estaba haciendo lo correcto respecto al lord inglés, acababan de enseñarle que esa chispa era un agujero negro en comparación con lo que tenían Marion y Axel. Un absoluto nada. Cero. Vacío. Anaé estaba vacía.

Observó al caballo de Axel marchar, pero entonces..Se dio cuenta de algo. Tan cegada estaba por el pesar que le invadía, que no se había dado cuenta de un detalle importante. Levantó la vista de los animales, para mirar a la mujer a su lado. Por fortuna la chiquilla no era tan fácil de leer y su rostro de muñeca parecía no haberse perturbado, aunque había un brillo delatador en sus ojos.- ¿Lord Blackmore..Vendrá?- Eso no se lo esperaba..No lo había visto en la presentación, suponía que en ninguno de los casos Marion querría juntarles. Desde luego ella no quería ver a Emory en un buen tiempo, hasta que pusiera su corazón bajo una fría coraza y templase sus sentimientos porque el cazador parecía leer a través de ella mejor que nadie. Le asustaba lo que podría ver.




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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Axel Blackmore el Jue Mar 16, 2017 5:08 pm

La norteamericana enarcó una ceja, casi extrañada de la pregunta tan peregrina de Anaé. Era un lord inglés con grandes relaciones comerciales en el país, su hermana una reputada arpista ¿cómo no iba a acudir a ese evento si hasta estaban invitados los nobles "menores" como Odette?

Oh... entiendo...¿no se lo ha dicho? discúlpeme, creía que tenían una relación más...estrecha. No sé por qué pensé que usted ya estaría invitada por su parte.

Una mujer de unos cuarenta años se acercó a saludar a Marion y empezó a parlotear sobre los caballos y la fiesta y bla bla bla. Odette se acercó a Anaé y se puso a su lado, tapándose la boca con la mano para susurrarle.

Menudo rollo lo de este desfile, si no fuera porque están todos los hombres admirando los animales y así puedes verlos a todos juntos...¿le has hechado el ojo a alguien? ¿Qué te parece el tercero de la segunda fila...el del bigote? Es guapo, pero muuuuuy aburrido. Lo conocí el año pasado. ¿Y el otro que está al lado? ¿Sabes quién es? mmmm...no me suena.

La chica se sabía la lista de nobles y ricos casaderos de memoria, pero no los conocía a todos, obviamente, pero no perdía el tiempo. Necesitaba centrarse en algún objetivo y empezar a camelarselo si no quería ser casada por conveniencia.

Los hombres fumaban y bebían mientras comentaban cosas sobre los caballos y los perros, sobre las armas que llevarían al día siguiente y los detalles de sus técnicas de caza. En la parte de enfrente las mujeres parecían un gallinero alborotado, la mayoría no prestaba atención a los animales sino a los hombres y a las demás mujeres, cotilleando sobre ellos y criticando a las rivales.

El desfile de caballos iba tocando a su fin y en el pabellón exterior iba a empezar un pequeño concierto de música de cámara, después tendrían un rato para pasear o hacer lo que quisieran y luego ya tendrían que arreglarse para la espectacular cena de gala con baile.

¿Vamos al concierto? no quiero quedarme sin sitio, con suerte podremos ocupar algun asiento en los laterales, donde ponen a los que no están casados o mayores.





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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Anaé Boissieu el Sáb Mar 18, 2017 7:00 pm

Axel tenía cosas mejores que hacer que bailarle el agua a los Roschild, eso estaba más que claro, imaginaba que evitaría eventos de ese tipo en la medida de lo posible..Tal vez este era uno de esos que no se podían evitar aunque quisiera. Pensando en ello ahora estaba un poco confusa..¿Le gustaban a Axel ese tipo de encuentros? Las conversaciones de fogueo, el cacareo constante de la gente, las críticas, el tener que sonreír y fingir una cortesía que en realidad no se sentía...¿Le agradaban esas reuniones de alta esfera o simplemente se veía obligado a llevar esa máscara? Si algo había hecho la señora Harmon fue abrirle los ojos a una verdad como un templo: Apenas había empezado a conocer al verdadero Axel Blackmore.

Bajó la mirada unos instantes y tragó saliva, las palabras de Marion siempre abrían un vacío en su pecho, como si clavase agujas en la fina y delicada ala de una mariposa, dejándola lentamente sin posibilidad de volar. - Tampoco se por qué pensó algo así, señora Harmon.- Y lo dijo con toda sinceridad. No sabía por qué ella había llegado a esa conclusión, si lo más normal hubiera sido precisamente que no le invitase. Si se paraba a pensarlo se conocían de apenas dos días..No tenían ese tipo de relación y mucho menos una que pudiera llamarse “estrecha”, ¿Marion no sabía que se conocían de tan poco..? Un paseo por el Louvre o una cena distinguida no tenían nada que ver como un evento social así y desde luego esta vez no estaba obligado a verse acompañado por ella. Era lógico. Axel no quería que ella estuviera allí. Con él.

Necesitaba irse de allí. Necesitaba respirar. Pronto.

Giró el rostro con suavidad, tan sorprendida como aliviada por la interrupción de Odette porque con la señora Harmon hablando por su cuenta empezaba a sentirse como parte del decorado. Pestañeó, lentamente, mirando a la muchacha. Se fijó en el corro de hombres, por primera vez desde que habían salido al exterior. Volvió a pestañear. ¿Era la única allí que realmente se había fijado en los caballos y los canes y no en los hombres? Se sintió un poco estúpida, pero no comentó nada sobre ello, levantó la vista hacia el susodicho que le señalaba. Le era difícil decir si uno era guapo o no, para Anaé no tenía mayor importancia. ¿Sería un buen hombre? ¿Sería fiel y sincero? ¿Sería capaz de pasar el resto de su vida con alguien como ella? Esas preguntas eran las que ella quería conocer, hermosura o no eso desaparecía con el tiempo. Quería saber por qué cuando Odette le preguntó si le había llamado alguien la atención le vino a la mente unos ojos azules.

Negó suavemente con la cabeza, difícilmente ella podía conocer a nadie y si, de pura casualidad, lo hiciera se habría olvidado. Sonrió de medio lado dejando a la francesa chismorrear sobre hombres, no estaba allí para cazar marido, de hecho no creía que aquello fuera apropiado pero si miraba hacia el grupo de mujeres que rondaban su edad..Prácticamente se hablaban unas a otras ocultando sus bocas y hablando en susurros sin apartar la vista de los pretendientes. No entendía esa actitud, ella no se sentía con la necesidad de ir tras una compañía barata como si la única importancia del matrimonio fuera agenciarse un hombre guapo y de posición. ¿Sería rara..? Tampoco sabía para qué estaba allí de todas formas. Anaé era muy literal, si le decían que había una exhibición de perros de caza y caballos, lo presenciaba y lo admiraba, aunque no entendiera ni de uno ni de lo otro...Siempre se sentía tan..Fuera de lugar.

En realidad, no tenía ningún apego por ir a ningún sitio que no fuera su recámara. Quería acostarse, recuperar el aliento, asimilar lo que estaba haciendo allí..E indagar el motivo por el que Axel no le había invitado. ¿Se avergonzaría de ella? Hacía un tiempo que no sabía nada de él, ¿Estaría evitándola? ¿Como si lo que le contó aquella noche no hubiera ocurrido nunca? Aquella noche..¿No significó nada para el caballero? Levantó la vista hacia Odette y sonrió, pero el gesto moría en su mirada, totalmente apagada. Tenía que distraerse, desesperadamente. La música siempre funcionaba.- No cree...¿Que sería muy descarado..?- Preguntó, en su inocencia, porque no sabía de qué modo plasmar sus dudas, no tenía ni idea de conquistas, eso era más que evidente, pero no sabía cómo podía resultar apetecible una pareja cuyo pasatiempo fuera el estar constantemente de caza. Lo que más le sorprendía era que si se fijaba en las mujeres de su edad..Parecían hacer todas lo mismo..¿Sería ella la extraña? ¿Se notaría mucho que ella estaba fuera de onda y que lo que más deseaba era estar apoyada en el brazo de un hombre que Odette seguramente catalogaría de “mayor”? Lo que menos quería era llamar la atención..¿Lo estaría haciendo por no estar en busca de marido? Suspiró...No quería escuchar en un lugar así lo rara que era y..¿Y si descubrían que una noche acompañó a lord Blackmore? ¿Mancharía su reputación? Apretó los labios.- Pero si usted cree que no..-Empezó a caminar, hacia el pabellón exterior. Iban a ser unos días muy largos y muy agotadores. Estaba cansada, triste y asqueada. Estos lugares le recordaban constantemente lo poco que encajaba en ellos...Y lo bien que le quedaban a mujeres como Marion Harmon.

Sabía perfectamente cómo comportarse y siempre era educada y tranquila, de modo que raramente se metía en problemas, pero en algún momento se abstraía y perdía el hilo de lo que acontecía de modo que de alguna manera o de otra, acababa siendo totalmente ignorada y apartada. Esperaba que esta vez ocurriera exactamente lo mismo, entre trescientas personas más jamás iba a llamar la atención y, por Dios que, estaba muy agradecida. Aprovecharía ese don para pasar el resto de los días paseando y distrayéndose con el nuevo paisaje y todo iría bien.

Cuando llegaron al pabellón había una buena cantidad de asientos ya ocupados, se vio arrastrada por Odette hacia la zona que ella codiciaba, cerca de los hombres que pudieran interesarle. Esto si que le parecía a ella una pesadez, era incómodo estar allí..Había pensado que iba a estar bien escuchando música el problema era que ahora se sentía como una de las gallinas del corral y se sentía ridícula por ello. Preferiría que le llamasen loca que ser una mujer desesperada por encontrar marido...Y seguramente era la única con un motivo tan contundente como las puertas de un manicomio, pero..No le interesaban esos juegos de corte. Ella estaba allí para disfrutar de los eventos, de los desfiles de caballos, la música, del cambio de aires y, le gustase o no, para acompañar a la señora Harmon siempre que ella lo solicitara y nada más. Suponía que después de que Marion descubriera que la relación estrecha entre Axel y ella era prácticamente inexistente dejaría de hablar sobre el tema y de seguir abriendo socavones en su alma para distraerse con cosas más importantes.

Lo que más le dolía era fingir que no le importaba. Si Marion estuviese hablando de cualquier otro hombre dudaba que tuviera el mismo efecto..¿Tanto le importaba Axel? ¿Tanto quería ser parte de su vida? Había decidido que quería hacerle feliz..Descubrir cualquier cosa que pudiera hacerle sonreír como en su despacho. El recuerdo de la expresión del lord inglés al mirar su retrato le hizo sonreír con calidez, completamente ensimismada en su mundo. Si..Merecía la pena, solo por verle así, incluso se forzaría a verle constantemente con la señora Harmon si esta pudiera hacerle feliz...¿Quería que Marion le hiciera feliz..?¿Qué sentía Axel Blackmore por la dama americana?..Sintió cómo un puño se cerraba en torno a su pecho. Se obligó a desviar su atención a Odette, el camino por el que le llevaba su mente era uno espinoso por el que no quería pasear.




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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Axel Blackmore el Mar Mar 21, 2017 5:00 am

El concierto de cámara comenzó en el pabellón exterior y la gente se arremolinó en la carpa, ocupando asientos o quedándose de pie en corrillos, de nuevo corrió el vino y el champán y copas de fino cristal de todos los tipos y colores. Marion había recuperado a su marido y ambos estaban sentados en la segunda fila charlando y susurrando de forma cómplice con algunos de los peces gordos de la fiesta. La nobleza adinerada se caracterizaba por tender esas telas de araña de influencias y favores por doquier, y en ese momento los americanos eran el caramelo, cualquiera que se ganase su favor ayudándolos con el tema de la herencia dispondría de una herramienta poderosa: la información, la prensa, el instrumento más útil para hundir una reputación.

Durante la sesión musical Odette estuvo jugando al juego de las miradas y caídas de párpados con un joven de unos 23 o 24 años que portaba el uniforme militar de alto rango, seguramente algun hijo de altos mandos, al que acompañaba otro hombre, esta vez algo más curtido, cerca de la treintena, no tan agraciado como el militar pero sí con unos rasgos fuertes y carismáticos. Ambos se acercaron a donde estaban Odette y Anaé al finalizar la actuación y se presentaron como Etienne Balzac, barón de Montpellier y Lord Seamus Wixgley, noble inglés emparentando con la familia Balzac, de visita en Francia por unos meses. Saludaron a las señoritas como era debido y el primero, más locuaz que el inglés, se interesó por darle conversación a Odette, intercambiando información sobre sus respectivas familias, conocidos y opiniones sobre el acto que acababan de disfrutar. El barón acababa de regresar de una larga estancia en Turquía con el ejército real, y el lord estaba en París por negocios y asuntos que lo iban a demorar al menos un par de meses. Ambos se interesaron por saber si las señoritas les reservarían algún baile en la fiesta tras la cena y Odette se hizo la interesante, alegando que quizás alguno podría quedarle libre. La muchacha sabía jugar a ese juego de la seducción, de la picardía, aunque los cuatro sabían que ninguno tenía compromiso previo para bailar.

Así pues, ya no iban a estar en la “mesa de las solteronas”, ya tenían dos nombres escritos en el carnet de baile, y eso era un buen comienzo. Se despidieron de los caballeros para dirigirse a sus aposentos, porque ahora comenzaba la labor de acicalado para la cena, que no sería sencilla. La gascuñesa tomó del brazo a Anaé y empezó a parlotear por lo bajo.

¿Viste al barón Balzac? me ha mirado el escote!! pero es guapo, creo que bailaré con él toda la noche. ¿Y Lord Wixgley? vamos!! no me digas que no es interesante y es inglés…como tú. Entre ingleses os entendéis mejor, yo no entiendo vuestro humor. ¿Qué te vas a poner? ay, dios!! no sé si el vestido verde o el oro ¿cuál crees que le gustará más al barón?

La muchacha tenía que quemar todos los cartuchos disponibles, y cazar a un barón no era tarea fácil. Empezó a revolotear por el cuarto sacando prendas, comparando accesorios y joyas y desprendiéndose de la ropa que llevaba, para estar cómoda al menos un rato. Aun tenía que refrescarse y peinarse de nuevo, esta vez con más bucles, más perlas o más flores. La fiesta que empezaría en dos horas era el acontecimiento más esperado por las mujeres. Probablemente la mayoría de hombres prefería la cacería del día siguiente y la comilona.




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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Anaé Boissieu el Mar Mar 21, 2017 9:23 am

Anaé ubicó a la señora Harmon y a su marido, bastante lejos de ellas y codeándose con lo mejor de la reunión. Respiró tranquila entonces, sin tener que preocuparse por la tensión que le generaba la bendita mujer. Atendió la música, algo que le despejó la mente y alivió un poco su corazón, aunque había en su pecho una persistente bruma. Disfrutó del concierto, para qué engañarse, ahora si estaban haciendo algo que ella pudiera entender y admirar de verdad, que lo hizo igualmente con los caballos y los perros, pero de música era mucho más entendida, así que disfrutó de las melodías,  hizo ligeras muecas cuando notaba que algún sonido se salía del patrón, era sensible a esas cosas, demasiadas horas de su vida escuchando música y tocando diferentes instrumentos como para no darse cuenta de cuándo alguien fallaba.

Por supuesto, no se percató ni de lejos del momento de coquetería que se estaba llevando a cabo delante de sus narices, de nuevo parecía la única verdaderamente interesada en el concierto, pero nada de lo demás podría importarle menos. Estaba empezando a relajarse, a disfrutar, hasta se atrevió a pensar que si los siguientes tres días iban a ser así no tendría problemas para sobrevivir y tal vez hasta llevarse uno o dos buenos recuerdos. Al acabar el evento se puso en pie, dispuesta a dar un paseo por los alrededores, que era lo que realmente le pedía el cuerpo para alejar de una vez por todas el mal sabor de boca. Su deseo se vio truncado cuando los dos caballeros se acercaron, observó al amable barón primero, más que nada porque era el único que hablaba. Se presentó como tocaba y se inclinó después dejando a Odette hacer su magia y llevarse toda la atención, con lo que estaba absolutamente de acuerdo. Se quedó quietecita y tranquila, sin pronunciar ni una palabra. Miró al lord inglés puesto que él estaba tomando exactamente la misma actitud: Dejaba a su familiar tomar las riendas. Anaé únicamente sonrió cuando Odette se hizo la interesante, a ella le pareció de mal gusto y de una gran impertinencia, además de hacer alarde de una soberbia que esos hombres no se merecían, pero qué entendía ella de galanteos y coqueteos, así que se distrajo con un hermoso vestido de una mujer en sus cuarenta que llevaba un bordado de oro, no por el costoso material en sí, si no por la forma en la que dibujaban en el vestido verde la silueta de un bosque. Algo excéntrico y muy llamativo para esas horas del día, pero exquisito. Ni siquiera se inclinó para despedirse, tan a lo suyo estaba, que no se dio cuenta de que habían acabado de conversar hasta que la francesa le cogió del brazo y la arrastró hacia la habitación.- ..No puede ser, seguro que un caballero como el barón no se dedicaría a mirar escotes.- Sonrió con suavidad, mientras ella hablaba sobre ingleses. Se encogió suavemente de hombros, alegrándose de no tener tiempo para comentar nada sobre el sobrio hombre, porque no le pareció maleducado, ni interesante..Sencillamente indiferente.-..No lo sé..

Ella no se cambió de ropa ni se puso cómoda, se pasó un rato observando a la mujer ir y venir como una loca por la habitación, probándose combinaciones, sacando vestidos..Mientras ella miraba al exterior, por la ventana, añorando el paseo deseaba y el tiempo a solas. No era que Odette le disgustase pero...Necesitaba un momento para enfriar su mente. Decidió que le gustase o no tendría que empezar a vestirse, al menos podía decidir por sí misma. Abrió nuevamente el armario, en cuyo interior sus vestidos se apretujaban pidiendo espacio, seguía sin entender por qué demonios le habían traído tantísimos. Empezó a sacar los que parecían dignos de la ocasión, desde los más sobrios a los más llamativos, al final hizo una colección de media docena, todos ellos de diferentes cortes, diseños, colores y materiales. Nunca se había parado a elegir un vestido ni a pensar si le gustaban o no, no había elegido ninguno así que observó confusa y..Algo..Ilusionada..Podría ponerse el que le diera la gana, por muy sencillo que fuera porque su madre no estaría allí para decirle que no era el más costoso ni el más extravagante. Podría ir como quisiera. Por una vez. Sonrió para sí, con complicidad. Los colores demasiado oscuros resaltaban su palidez y pese a ser una cualidad deseada no era muy segura para llevarlos, sin duda sería uno de los que su madre habría elegido para conseguir todas las miradas sobre su hija, aunque fuera solo por reflejar la luz como la nieve. Pero….Había uno de todos ellos que realmente le apetecía llevar...Se acercaba más a la moda francesa que a la inglesa..¿Se llevarían vestidos de colores en esas fiestas? Bueno qué importaba, allí no le conocía nadie y no le iban a hacer bailar. Tal vez el pobre inglés se viera en la obligación de cumplir con la palabra de su compañero, pero nada más, iría más cómoda si su vestido era ordinario y captaba poco la atención.

Sonrió de medio lado cuando tomó su decisión y empezó a guardar los vestidos en el interior del armario. Había pasado más de lo estrictamente necesario solo contemplando las prendas, pero una vez escogido el vestido lo demás era mucho más sencillo. Se tomó su tiempo para refrescarse y una vez lo hizo, comenzó con la tortura. Se puso las capas que llevaba debajo y en ropa interior y con el cancán puesto, se dedicó a la ardua tarea de cepillar su indomable melena y darle forma, rizo a rizo, con una paciencia infinita que solo Anaé podía tener. Después de todo, era la primera vez que se peinaba sola así que le hacía especial ilusión y se lo tomó como algo completamente personal. No para verse hermosa o para tener los favores de los hombres, si no porque por primera vez en toda su vida podía hacer con su apariencia lo que le diese la total y absoluta gana. Era una sensación única, liberadora,  igual que cuando diseñaba sus propios sombreros, nadie le decía cómo tenía que hacerlos o cómo no. Era absolutamente personal, a su gusto y por ello mismo se tomó más tiempo del que debería, encajándolo todo en su sitio, sin dejar que ni uno solo de sus complicados cabellos se saliera de su lugar asignado. Cuando estuvo satisfecha con el peinado, finalmente se maquilló, apenas un toque de base blanca, una suave sombra dorada sobre las pestañas, se oscureció estas y se dio un suave tono melocotón en los labios y unas sencillas perlas adornando su cuello y sus orejas. Estaba lista.

Se colocó el vestido con ayuda de Odette, con todo el mimo del mundo, para no estropearse el costoso trabajo y se miró al espejo con satisfacción, pero..Faltaba algo..Se miró en el reflejo intentando adivinar qué era, entonces algo captó su mirada. Se dio la vuelta y se acercó a su mesita de noche, donde el servicio había dejado un jarrón con flores frescas, eran flores realmente pequeñas de pétalos blancos que se marchitarían al llegar la mañana. Con toda delicadeza, Anaé las recolectó en la palma de su mano y se las salteó por el cabello, usando enganches para sujetarlas, tal y como hizo para asegurarse los mechones. Las espolvoreó por su peinado, dándole el toque final. No llevaría grandes joyas, ni tocados de oro,  las flores le gustaban mucho más. Se puso los guantes blancos y mientras lo hacía se fijó en cómo le miraba Odette que al parecer llevaba tiempo contemplándola sin que ella se diera cuenta...Algo había estado haciendo mal. Pestañeó.- Qué..-¿Cómo puedes ponerte eso con todo lo que tienes?-Anaé sonrió, era evidente que había una diferencia económica entre ellas, la inglesa disponía de todo cuanto una joven caprichosa pudiera desear para un evento tan importante como aquel y un poco más. El guardarropa de Anaé era todo un derroche: Los vestidos más a la moda, de grandes diseños, telas costosas, joyas de oro y piedras preciosas..Algo que por muy nobles que fueran la familia de Odette no se podía permitir.- Me gusta así…-Pero ¡El vestido es muy soso! Así el señor Wingley no te mirará dos veces. ¿Por qué no usas el azul..? Es mucho más bonito- La muchacha volvió a sonreír, sin decir nada, esperando a que su compañera de habitación escogiera su propio tocado, que era con el que la francesa tenía problemas.- Si fuera tú escogería..-Odette observó el joyero abierto de Anaé y ella sonrió de nuevo, inclinándose para coger uno de los collares de oro, con piedras negras. La levantó hasta colocarla a la altura del cuello de Odette.- Estas le quedarían bien..-La chica le miró, por una vez sin saber qué decir.- Está bien..A usted le sientan mucho mejor que a mi de todas formas. Son más..De su estilo.- Se acercó para colocarle la llamativa joya, le ayudó también completando la colección con un tocado para el cabello a juego con el collar, era una diadema simple, pero de un diseño tan exquisito que no importaba que en conjunto fueran tan espléndidas. A alguien con la personalidad de Odette le quedaban a la perfección.- Está preciosa.- Aseguró Anaé, aunque no hacía falta decirlo en voz alta, Odette sabía perfectamente cómo se veía. Se dieron los últimos retoques, la señorita Boissieu se aseguró de tener todo en su sitio y se dio unos toques de perfume, muy ligeros, a ambos lados del cuello, eligió una esencia también de flores..Para que no se mezclasen demasiado con el olor de las florecillas en su cabello y, al fin, salieron de la habitación, justo a tiempo para la recepción del baile.

Anaé estaba tranquila, porque con toda certeza no iba a llamar la atención y estaba más cómoda que nunca en su vida. Se sentía bien. Podría disfrutar de una bonita velada viendo a las parejas bailar mientras disfrutaba de la orquesta y del contagioso ambiente festivo.

Vestido:

peinado(el primero del todo):




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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Axel Blackmore el Vie Mar 31, 2017 5:26 pm

(Roleado en CB)


La cena se iba a servir en la planta inferior de la mansión en el ala norte y este, había mesas larguísimas llenas de viandas y entrantes gourmet, todo decorado con flores, velas y centros de metal dorado rellenos de fruta. Había pequeñas fuentes de agua, guirnaldas y decoraciones de lo más exóticas. Las sillas estaban dispuestas en unas filas largas a ambos lados de la mesa, y frente a cada plato un pequeño cartel. En la entrada de los dos salones había una lista colgada en un mural decorado con flores, donde indicaba el número del asiento y el lado de la mesa de cada invitado, así era más fácil encontrarlo.

Los músicos interpretaban suaves melodías y los criados estaban dispuestos a ambos lados de los salones esperando que los invitados acudiesen a sus puestos y cuando entrasen los señores Roschild dieran comienzo a la cena. Odette buscó su nombre y la habían colocado al lado de unos nobles de Carcassone que tenían una hija de 16 años, poco agraciada por cierto. A Anaé la sentaron al lado de los Harmon y a su otro lado al señor Wixgley.

Anaé estaba radiante, la verdad, muy contenta y orgullosa de su atuendo, dispuesta a disfrutar de la velada, hasta que se fijó en que Odette y ella estaban separadas, eso desinfló un poco sus ánimos..¡Pero no pasaba nada! Esa noche iba a ser divertida, iba a pasárselo bien. Se dio la vuelta, sin mirar al lado de quién le tocaba, fue buscando la mesa que le correspondía..Bastante le costó, la verdad, pero una vez que la ubicó apretó los labios con convicción.

Si, se lo iba a pasar bien, iba a ser educada con quien tuviera al lado, con un poco de suerte hasta era alguien como su compañera que no dejaba de hablar y..¿Esa era la señora Harmon?..Oh, cielos..¿Ese era el señor Wixgley? Se acercó, rezando todo lo que conocía para que no fuera su sitio ese que quedaba entre los dos...Pero no tuvo esa suerte..¿Por qué nunca tenía suerte..?

Se acercó cohibida, colocándose mejor un guante que ya estaba perfectamente puesto. Miró a los señores Harmon y se inclinó primero.- Buenas noches, señor y señora Harmon.- Se colocó en su posición y miró al lord inglés...¿Cómo..Era su nombre? Se quedó pensativa..Y empezó a ponerse nerviosa..Debió prestar atención. ¿Cómo se podía olvidar de esas cosas cuando odette le había estado taladrando la cabeza con el lord toda la tarde? Finalmente, Anaé se inclinó mirándole, solo eso.

—Señorita Boissieu, un placer.— Albert Harmon la saludó, ya que antes no lo había hecho. Marion le soltó un — Bonito vestido, querida.— y el señor Wixgley besó su mano enguantada cortesmente.— Puede llamarme Seamus. Está usted muy hermosa…¿eso son flores frescas? es una idea muy original para un peinado.— El caballero inglés se colocó de nuevo bien las solapas del chaqué, que ya estaban bien puestas antes, pero era como un gesto metódico, en alqguien en quien la pulcritud debía ser una virtud muy arraigada, o quizás una obsesion.

Ya se estaba empezando a agobiar y todavía no había empezado la noche.- Gracias, señora Harmon.- No supo qué decir sobre el suyo, Marion siempre estaba demasiado deslumbrante para ella.- El placer es mio, señor Harmon...-Miró entonces al inglés, tendiéndole la mano. Por todos los santos del santoral, que la velada empezase ya.

Su madre siempre le decía que no comiese mucho, pues se iban a quedar sin reservas en al cocina porque iba a tragarse todo cuanto le pusieran delante para tener siempre la boca llena.- Si..lo son..-Se sonrojó, no pensó que alguien se fijara en eso y que para colmo lo comentara.- Gracias..-No se atrevió a decir su nombre...Era demasiado cercano para su gusto.

Los primeros llegaron al comedor y pronto los platos empezaron a distribuirse. El inglés no eran muy dicharachero, así que le hizo las tipicas preguntas a Anaé sobre su acento inglés, su procedencia y los negocios de su familia, una forma como cualquier otra de entablar conversación. Marion intervino en algun momento.— Me alegro de que le hayan sentado con la señorita Boissieu, creo que ambos comparten el gusto por la pintura.
— en realidad no soy un gran coleccionista, mi padre sí lo es.—
— Oh, no sea modesto, conocí a su padre hace años y sé que tienen una gran colección, y seguro que usted ha heredado tanto las obras como la pasión por conservarlas.
— Aún noha fallecido, señora Harmon, así que espero tardar mucho en heredarlas.
Ese zasca era el típico humor inglés con el Wixgley obsequió a Mario, que sonrió abiertamente algo sorprendida.— Desde luego, disculpe mi confusión.

Anaé bajó la mirada hacia los platos, como si estuviera muy interesada en ellos. ¿Cómo sabía Marion que le gustaba la pintura? No recordaba habérselo dicho..Era algo que mantenía oculto en la medida de lo posible..Empezó a sentirse incómoda por los comentarios de una y otra parte. Se sintió horriblemente mal cuando agradeció que el inglés colocara a Marion en su sitio. Sentía un nudo en mitad del pecho..No tenía ninguna gana de comer.- ¿Hay alguna obra que le guste más, señor..señor..Seamus.- Intentó cortar el humor inglés, que estando entre ellos dos era absolutamente asfixiante.

— Me gustan los clásicos renacentistas como Durero, El Bosco o Tiziano, pero si no lo ha visto, le recomiendo que le eche un vistazo a un nuevo pintor llamado John William Waterhouse. Pude contemplar una serie suya sobre Ofelia que me dejo sin palabras. De hecho he adquirido una de sus obras. ¿Y a usted?— el inglés fue cortando con cuidado lo que había en el plato y cenando tranquilamente. El segundo estaba a punto de entrar, y sobre la mesa se habían colocado más y más aperitivos que parecían no acabar nunca.

- Estuve en el Louvre hace poco, me impresionó la Giocconda..Pero debo admitir que La Victoria de Samotracia fue mi favorita.- Miró al hombre un momento, porque por muchoq ue quisiera no se iba a acordar del nombre del pintor a no ser que lo estudiase con ahínco. Sonrió de todas formas.- No puedo decir que un pintor me guste más que otro.

—Si tiene tiempo algun dia, y lo considera apropiado, podría acompañarla al Museo Cluny, donde se exponen muchas obras de arte del medievo. Es interesante.— dejó que le retirasen el plato y al poco llegó el segundo. La conversacion apenas fue mucho más allá, el inglés se daba cuenta de que la muchacha no era muy habladora asi que tampoco le dio palique de hablar por hablar. Contestó a un par de preguntas que le hizo el hombre que estaba sentado a su izquierda, que versaron sobre negocios e Inglaterra y poco más. Así llegaron a los postres.

- Por supuesto..Si tiene tiempo, estaré encantada.- Mentira, estaba anonadada. ¿Por qué con Axel le resultó tan embriagador y con este hombre no? No tenía nada de malo, en realidad él apreció ofrecerse por voluntad propia que era mucho más de lo que lord Blackmore hizo pero..Le gustaría ir con Axel..Apretó los labios y se riñó, alejando esos egoístas pensamientos de su cabeza, el señor Seamus estaba siendo muy amable y muy agradable. Después de todo podría ser un comentario sin intención de llegar a puerto.

Picoteó más que comió lo que tenía cerca, pero al ver los postres prestó algo más de atención.

Eran muy sofisticados y había todo tipo de florecillas y decoraciones en azúcar de colores. Arrancaron la admiración de la gente, y además pusieron una fuente de chocolate con trozos de fruta para poder bañarlos en los caudales marrones que fluían como si fuera agua. Lord Wixgley torció apenas un leve gesto de desagrado, las pompas ostentosas no le gustaban mucho, él era un tipo de hombre de esos que tienen gustos más sencillos y menos llamativos. El baile iba a comenzar en pocos minutos, a la que despejaran el salón de espejos.

Anaé sin embargo sonrió, más que por lo sotentoso fue por lo agradable a al vista que era todo. Era una de esas personas que comían con los ojos, porque luego no era capaz de pegarle dos bocados al mismo plato, pero aquello era una obra de arte..¿Cuánto habría costado hacer algo así? ¿Tendrían a alguien especial en al cocina para hacer todo eso? Sonrió de nuevo y se decidió por la fruta, la primera vez la probó con chocolate pero luego comió unas cuantas piezas más, solas. - ..Son tan bonitas que da pena comerlas..-Dijo, ensimismada, sin saber que hablaba en voz alta.

Lord Wixgley iba a decir algo pero el barón de Balzac le interrumpió.— querido amigo!! va a empezar el baile y usted y yo teníamos un acuerdo con sendas señoritas que…¡Oh! si está usted aquí! si ha terminado, ¿le complacería acompañaros junto a la señorita Odette hasta el salón de baile?

Anaé levantó la vista.:Cualquiera diría que son parientes. Sonrió de medio lado, pensando en unirse a Odette, bien..Lo prefería. Aun así, giró el rostro y miró a la señora Harmon..Porque al fin y al cabo estaba allí para acompañarla y esperó una señal que le indicase que podía retirarse.

— Lord Wixgley confío en su honorabilidad, como buen británico que es. Espero que la señorita Boissieu y usted encuentren diversión en bailar y no es perderse por los jardines a media noche…aunque.. a quién queremos engañar, son jóvenes y hacen buena pareja, no podría culparles por algo asi.— La americana le estaba encolomando claramente al Lord.

La cara de sorpresa de Anaé fue digna de un cuadro. Se quedó mirando a la señora Harmon intentando hacerse a la idea de que eran imaginaciones suyas y que no quería decir lo que se estaba imaginando. Se sonrojó...Mucho. Se puso en pie, algo apurada.- No hacemos buena pareja.- Dijo, de pronto, muy azorada.- Nos acabamos de conocer. Si em disculpa voy..Voy a buscar a Odette.

E intentó salir de allí lo antes posible. Perderse por los jardines..¡Por Dios! Quién se creía que era ella..Se perdía mucho..Y le gustaba dar paseos cuando estaba todo oscuro..¡Pero había sonado realmente raro! COmo si ella fuera una de esas muchachas persiguiendo pasiones en al oscuridad. Se sonrojó todavía más. ¡Cómo..Cómo podía haber insinuado algo así!

Odette estaba colgada del brazo del barón esperando que la música empezase para dar paso al baile. Saludó a Anaé cuando ésta se acercó.— ¿Dónde va? el baile va a empezar en un momento.— Marion la vio marchar y enarcó una ceja…qué susceptible! estas mojigatas le daban mucha alergia. Una cosa es que se respetasen las tradiciones y la buena educación y la otra ser una mojigata lastimera fuera de la realidad. En fin, tenía mejores asuntos que atender que las tontunas de una jovencita enmadrada.

Anaé se acercó a Odette, intentando templarse. Cerró los ojos un instante, se tuvo que recordar que aquella no era una reacción normal, que lo lógico hubiera sido hacerse la tonta e ignorar los comentarios de esa mujer, pero por algún motivo le afectaba más lo que la dama americana tenía que decir y no quería indagar en qué. Miró a la francesa, recuperando su rostro de mármol.- Voy a por una copa..¿Quiere algo?- No le apetecía beber, pero volvería con algo ligero, por aquello del disimulo.

— No gracias, ya ha ido mi marido. Vaya si quiere a bailar. ¿No la acompaña, señor Wixgley?.— el caballero carraspeó.— Sí, por supuesto…si me hace el honor…— le presentó el brazo para llevarla hacia el salón donde empezaba a sonar ya música.

Pobre caballero. Otro que se veía obligado a aceptar su compañía. Suspiró y se acercó al inglés apoyando suavemente su mano sobre su brazo. Intentaría permanecer callada, de todas formas tampoco le apetecía mucho hablar. Tenía que aprender a serenarse o terminaría por ponerse en evidencia solo por no hacer lo que mejor sabía: Permanecer impasible.- No soy muy buena bailarina..-Le advirtió. En realidad no era que fuera mala bailando, pero era harto torpe y tendía a tropezar más veces de las que pudiera admitir.

— Yo tampoco, así que no se disculpe por ello, mi madre siempre dice que nací con dos pies izquierdos. Mi talento se restringe únicamente a las leyes y al derecho, ya ve.— empezaban la velada con algunos rondós italianos en los que se bailaba en corros de mucha gente, ya había varios rodando en la sala.

De leyes y derechos tenía exactamente el mismo conocimiento que de caballos y perros. Ninguno. Miró al hombre con cierta curiosidad.- ¿Por eso está aquí? ¿Por leyes y derechos?- Anaé caminó despacio, suspirando, hacía siglos que no bailaba pero..Nunca le molestó hacerlo, eran movimientos muy automáticos una vez que se aprendían, los bailes eran los mimos, así que los apreciaba, a decir verdad. Claro que tener a alguien como ella en movimiento constante era un peligro para el público. Todo el mundo estaba más seguro cuando Anaé permanecía quietecita.

—Así es. Los grandes negocios necesitan grandes conocimientos de leyes para que sean ventajosos y no incumplan ninguna.— Le hizo una reverencia y le tendió la mano para comenzar el baile, al ritmo de aquella pieza de melodía alegre que invitaba a moverse y girar al compás ejecutando varias figuras que todo el mundo hacía de la misma forma.

Anaé se inclinó también y se unió al corro. No disfrutaba de la misma manera eufórica que las chicas de su edad de aquellos eventos, pero no podía decirse que le disgustase, al final dar vueltas y seguir el ritmo de la música le hacía sentirse más ligera, más optimista. Cuando en una de las figuras estuvieron el tiempo suficiente cerca Anaé siguió con al conversación.- Entonces tiene grandes negocios o son del barón Balsac.- No tenía especial interés, pero no hablar mientras bailaba se le antojaba raro.




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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Anaé Boissieu el Sáb Abr 01, 2017 2:29 am

—En realidad…—
—En realidad vengo a robarle a la señorita, si me lo permite.— La voz de Axel resonó tras el hombro de ella, y su mano enguantada se posó sobre el brazo del inglés. La complexión del cazador era mayor y más atlética que la del abogado, y aunque su tono fue amable, casi como si estuviera de broma, acompañado de media sonrisa; esa afabilidad no asomó a sus ojos. Wixgley supo leer entre líneas y aunque no conocía personalmente al caballero, sabía quien era.
— Lord Blackmore, no tengo el placer de conocerlo en persona, si le parece bien, en compensación por robarme a mi pareja de baile, me gustaría charlar un rato con usted más tarde.— el trato era justo, y Wixgley parecía tener más interés en él que en ella.
— Descuide, le buscaré. Y gracias.— Se apropió de la mano de Anaé y la otra la puso en su cintura porque ahora la música indicaba esa figura. El otro inglés se reverenció y se marchó.— ¿Cómo se encuentra?.— le preguntó a la muchacha.

Anaé estaba interesada en la respuesta, pero la voz de Axel le dejó totalmente quieta en el sitio, mirando hacia el señor Wixgley pero sin verle realmente. Su estampa era digna de una de sus amadas esculturas, totalmente quieta en el corro de gente mientras los demás seguían haciendo sus figuras.

Los hombres se pusieron a hablar..pero no podía ser verdad. ¿No se suponía que iba a llegar a la cacería? Sintió que sus piernas flaqueaban y dio gracias a los cielos por no poder ni respirar porque seguro que se iría de morros.

Siguió el movimiento cunado lord Blackmore le rodeó de la cintura y se puso tensa, ahora no se sentía para nada ligera. Levantó la vista, lentamente, hacia el lado donde se encontraba el lord inglés. Si no llegase a tenerla sujeta seguramente se habría caido de culo.-...¿Axel?-Lo dijo en voz alta sin darse cuenta, tan impactada estaba. ¿Cómo se encuentra..? ¿Era todo lo que tenía que decir?..¡tenía que encontrarse en un sueño!

—Si, hasta donde recuerdo ese soy yo.— le dedicó una sonrisa divertida notando su sorpresa y su desconcierto.—Lo siento si he arruinado su baile, mas me temo que no me quedaba otro remedio. No parecía estar divirtiéndose mucho y un caballero inglés de verdad no puede permitir algo así.— Le obsequió otra sonrisa mientras la llevaba en aquella parte del baile, ya que se había quedado rígida.

Pestañeó. ¿Realmente era él? Un suave rubor le acompañó, sobrepasando el escaso maquillaje. Se separó de él cuando el baile lo exigió, siguiéndolo completamente en automático. Miró el suelo mientras se movía siguiendo las figuras y levantó la vista de nuevo hasta él, como si quisiera confirmar que siguiese allí. Cuando se volvieron a acercar quiso decirle muchas cosas..Quería saber qué hacía allí, quería saber por qué no le había invitado...Por qué si no le quería con él ahora estaban..Bailando juntos. Estaba bailando con Axel..Cielos...

No salieron palabras de su boca, pero sus labios dibujaron una sonrisa que iluminó todo su rostro. Quería estar enfadada pero no podía, estaba totalmente pletórica de estar allí con él y no hacían falta palabras para expresarlo porque Axel podía distinguir ese brillo de ilusión en sus ojos al contemplarle.

La pieza terminó y aplaudieron antes de que empezase otra. El cazador le ofreció el brazo.— ¿Me acompaña afuera un rato? acabo de llegar y estoy seguro de que en cuanto pare de bailar tendré que saludar y charlar con un montón de conocidos.— Todavía se podía salir a las terrazas sin peligro de congelación.

Anaé dejó de aplaudir y se unió a él. ¿Tenía que preguntar..? Se apoyó en su brazo aun sonriendo. -No le imaginaba bailando, lord Blackmore..-Comentó cuando se alejaron un poco de la multitud, lo que menos le apetecía era gente escuchando a medias su conversación. -....Pensé que vendría mañana, para la cacería..

Salieron a una de las terrazas, alejándose del salón y bajando los escalones hacia el jardín.— En realidad debería haber venido esta mañana, como todos. Pero unos asuntos me han tenido ocupado.— fijó los ojos en la arboleda, escrutando entre los árboles, que no hubieran criaturas nocturnas por allí.— Apuñalaron a mi hermana. Ha estado muy grave, por eso no está hoy aquí, ella es la reina de estas cosas, yo sólo me dejo arrastrar y de hecho no iba a venir pero ella me insistió.

Le seguía con curiosidad, esperando oirle decir que sencillamente no le gustaban las fiestas ni los bailes, como había supuesto antes de oir a Marion hablando de él y de lo que hacían juntos. La inesperada noticia sobre Aveline fue tan contundente que perdió el equilibrio. Pisó mal uno de los escalones, por el impacto que le provocó la información. Se precipitó hacia delante, chocando con el cuerpo del cazador bruscamente, por el camino.

La sujetó con fuerza haciendo gala de reflejos.— Ey! arriba! ¿está bien?— eso era algo que solía suceder a las damas cuando los bajos de los vestidos eran demasiado largos, y evidentemente no todas caían de pie como gatas, para eso debían ser como Xaryne y Aveline que ni se despeinaban luchando.

Jadeó, pero no fue por el tropiezo, que a ella le pasaba más a menudo que a nadie que conociera, si no porque le faltaba el aliento. ¿Apuñalada?..Se apoyó en él para poder recuperar la tierra firme bajo sus pies, pero en vez de alejarse se quedó indecentemente cerca, mirándole con esos gigantescos ojos grises llenos de asombro, de preocupación.- ¿Cómo se dejó insistir? Debería estar con ella cómo..-Anaé se pensó mejor la pregunta.- No..No quiero saberlo..¿Se encuentra bien..? Ella..Ella ya se ha recuperado. ¿Está libre de peligro?

La preocupación en los ojos de Anaé era sincera, el gesto de Axel se tornó a medio camino entre resignado y sombrío. La enderezó despacio y mantuvo la mano de ella atrapada entre las suyas, acariciandola con el pulgar.— Estuvo cerca… Faith es muy valiente y muy terca. Ha salido sola de situaciones mucho más difíciles pero esa noche no estaba cazando, tan sólo estaba tocando en la Opera, tocaban Norma. Tuvo un pequeño desencuentro con un amigo y … el vampiro la pilló con la guardia baja.— Lo cual daba a entender que un despiste en su trabajo te costaba la vida. Y era así siempre.— caminamos siempre entre tinieblas de la mano del peligro. Pero no la he sacado de ahi para contarle mis penas. ¿Cómo ha ido el día? ya se ha caido alguien a la fuente del tritón? todos los años algun idiota acaba dentro.

Aun le miraba con preocupación. Las puñaladas, las vidas en peligro en algo tan corriente como una Ópera..Escapaban de su entendimiento, ella siempre se había sentido segura o tal vez era demasiado despistada como para darse cuenta de los peligros reales que entrañaba cualqueir ciudad, sin necesidad de bestias acechando. La palabra vampiro le hizo temblar y apretó la mano que Axel le sostenía.

Le miró a los ojos con cierta tristeza.- Si no me ha sacado de allí para contarme sus penas entonces para qué, lord Blackmore..-Y lo decía con toda sinceridad, con congoja. Apretó suavemente los labios, pensando en esa posibilidad..¿Y si Axel era atacado en un momento vulnerable? Cuando no podía defenderse. Se estremeció de nuevo, pero alejó esos pensamientos, lejos, no quería ni imaginárselo.- No hable muy alto..Si hay alguien que está condenado a caerse seguramente seré yo así que..Sabré que a sus ojos soy una idiota.

Anaé hablaba de cosas absurdas, pero su mente no divagaba por allí. Se le entremezclaban las cosas. ¿Cómo podía ir allí y fingir divertirse cuando tenía que estar muriéndose de preocupación por su hermana? ¿Hablaba de Nessun Dorma..? ¿La misma canción que había comentado Marion antes?- Es su favorita..¿No es cierto? - Preguntó, a media voz, sin atreverse a mirarle directamente.

Calibró el alcance de su respuesta, porque en cierto modo algo de razón tenía. ¿La había buscado en la fiesta para divertirse? definitivamente no. De alguna forma, la había buscado porque sentía la necesidad de darle ua explicación por su ausencia de aquellas dos semanas y porque no tenía ningún interés en aquel evento después de lo que habían pasado, y no le apetecía nada entablar cháchara vacía con la gente.— Está bien… me ha pillado. Quería disculparme por no haberle escrito, o haber ido a verla pero con lo de Faith ha sido una locura. Y le seré sincero, no me apetecía lo más mínimo venir sin ella, pero me ha insistido hasta que me ha hecho prometer que intentaría ver el lado bueno. Ahora ya lo he visto, cuando la he encontrado a usted.— le elevó las manos y depositó un beso sobre sus guantes.

Lo de su pieza favorita de la ópera no sabía como conocía ese detalle, creía que no se lo había dicho, pero bueno, eso podría haberlo averiguado por alguien que lo supiera como Marion, los chismorreos daban para mucho.— Lo era… lo fue. Pero es hora de sacudir el polvo y limpiar un poco la cabeza.

Anaé observó al caballero intentando descubrir verdad o mentira en sus palabras. Le había dado al sensación de no querer estar con ella, de haberle evitado a propósito y su cabeza le decía que era lo más lógico para alguien como él, pero luego le miraba con esos ojos y con una excusa tan exagerada que no podía dudar de él, ni de sus palabras. Estaba a punto de decirle que no debía disculparse, que todo estaba bien pero..Sus últimas palabras le arrancaron el rubor de sus mejillas.

Miró atónita cómo besaba sus manos y sonrió realmente sobrecogida. Cogió aire y asintió suavemente con la cabeza. le daba igual lo que le hubiera dicho Marion, se podía quedar con Emory si quería, a ella le gustaba lord Blackmore, el que tenía justo delante. Separó suavemente sus manos de las suyas. Dudó, pero finalmente apoyó suavemente sus dedos sobre su mejilla.- Todo irá bien..

Axel miró a la joven con la sombra velada de la duda en sus ojos, porque querer que las cosas fueran bien, desearlo, muchas veces no era suficiente, el destino, el azar, la vida o lo que fuera era un factor decisivo. Pero no era momento de seguir anclado en las sombras que habían planeado sobre su cabeza durante aquellos días en los que Faith había estado al borde del abismo.— ¿Me haría el honor de aceptar una invitación a la Opera? cuando acabe este despropósito de jornadas de caza.— La música que sonaba en el salón se colaba lejana por la ventanas que se abrían a las terrazas flotando en el ambiente.

Notaba la duda en aquellos ojos, pero no había nada que ella pudiera objetar. Iría bien, porque un hombre que se sacrificaba tanto no podía tener una mala suerte como aquella, sentía que la vida, el universo o Dios le debían algo a Axel, no iban a arrebatarle a su hermana de ese modo, no se lo merecía.

Separó su mano de su mejilla y le miró por un momento sin saber qué decir, sobre todo porque no se esperaba una invitación así, venido de la nada.- El honor sería mio, lord Blackmore.- Lo dijo con sinceridad. Señaló suavemente el exterior, suponiendo que él no deseaba volver al baile en lo más mínimo.-¿Le gustaría pasear? Los jardines son espléndidos..

—Desde luego, negaré que lo he dicho, pero… no me apetece lo más mínimo volver ahí dentro y cumplir con la etiqueta. A veces cuando pasan estas cosas, tiemblan los cimientos del espíritu y uno se plantea qué es lo verdaderamente importante. Al poco la rutina nos devuelve a las costumbres y todo queda en un mal recuerdo, pero no somos realmente consciente de la mala inversión que hacemos con nuestro tiempo al olvidarnos de lo que de verdad importa.— Se rascó la nuca mientras caminaban hacia los laberintos de setos.— Ah… disculpeme, me he puesto algo trascendente. ¿Qué es lo que más le importa a usted?

Anaé sonrió, le alegró saber que no intuía tan mal a Emory como pensaba que había estado haciendo. No le conocía de nada pero había podido ver que no le apetecería nada un baile en esa situación. Empezó a caminar, acompañándole en silencio mientras le escuchaba solemne.

Se quedó pensativa, pudiera parecer una pregunta sencilla pero..A ella le venían estupideces a la cabeza. ¿Qué era importante en su vida? ¿Qué no soportaría perder? Bajó la mirada al suelo, mientras arrancaba siseos al suelo con su vestido. A él. ¿Había algo más que no le gustaría perder? No encontraba nada que le importase de verdad..- Tal vez..Perder los sentidos. No podría escucharle.-Y lo dijo con toda la sinceridad e inocencia del mundo.

Eso le llegó profundamente. No podría escucharlo. ¿Le gustaba su voz? no era cantante, y muchas veces tendía a hablar más de la cuenta a ser un pesado con complejo de profesor de historia. ¿Cómo podía ser eso lo más importante? ¿desde cuando se había convertido él en el motivo más importante de la existencia de esa muchacha? eso aceleró su corazón y respiró pesadamente para recuperar la compostura.

— Me prometió que me contestaría las preguntas, o al menos que lo intentaría. Tengo una que me ronda la mente pero necesito preguntárselo de la forma adecuada.— Había un banco de piedra bajo un arco de flores de color violeta y le indicó que se sentara, para luego sentarse a su lado. Sostuvo su mano sobre el antebrazo y la acarició con la libre, tras pensarselo unos segundos la miró a los ojos y la formuló.– ¿Le gusto como hombre o sólo me admira como caballero?

Anaé no pensaba haber dicho nada tan extraño, ni tan profundo, de hecho había esquivado lo que le rondaba la cabeza como mejor había podido y con toda su inocencia pensaba que lo había hecho bien. Ella asintió, confusa, porque no podía pensar en nada importante que él quisiera preguntar recordándole primero sus palabras. Aceptó el asiento, afanándose en colocar su vestido de alguna forma que no ocupase todo el lugar y pareciera ella una especie de trapo tirado de cualquier forma. Por alguna extraña razón, le importaba mucho estar presentable cuando Axel estaba con ella..

Dejó la tarea, cuando sintió el primer toque de Axel sobre su antebrazo y le miró a los ojos. Al momento se sintió cohibida por la expresión que tenía el caballero y al escuchar la pregunta..Se cuadró. Echó los hombros hacia atrás, de modo que puso la espalda recta. COntinuó mirándole, hasta giró el rostro hacia un lado..¿Qué..?¿Qué...?....¿Le estaba preguntando si..le agradaba? Pero..¿A quién no iba a hacerlo? Si él era perfecto. Empezó a enrojecer porque la promesa pesaba en su conciencia pero lo hacían aun más sus ojos grises.-...Las..Las dos cosas..

El cazador escuchó sus palabras con atención, observando su gesto, cada expresión que se formaba en él, cada sutil cambio de los pequeños músculos de la cara, y vio como el rubor subía a sus mejillas. Eso no podía fingirse, la respuesta que le había dado era sincera.

No quería caer de nuevo en la tormenta sentimental, pero se estaba aproximando de nuevo a ese abismo y esta vez no llevaba de la mano a otro pirata, sino a una muchacha que podía perder mucho más que él. Exhaló el aire profundamente y de nuevo repitió el gesto que hizo la otra noche cuando necesitó pedirle disculpas. Hincó la rodilla en tierra y cogió una de sus manos con las suyas.

— Señorita Catherine, ambos tenemos un problema grande en este instante. Usted también me gusta como mujer y como dama. Si me da usted su permiso, la cortejaré como es debido, no soy un hombre de frivolidades. Pero le pido una cosa… piénselo bien. Ya sabe qué vida llevo, ya sabe que siempre estaré dividido entre mis obligaciones y mi familia. No quiero que piense que llegado el momento si tuviera que elegir, seguro que la elegiría a usted… porque no se lo puedo prometer. Antes que mi propia vida y mis propios afectos, tengo un deber y he de cumplirlo. Si comparte usted esa visión conmigo, me hará el hombre más feliz de la tierra, pero si no lo hace, no pierda tiempo conmigo, porque eso no puedo cambiarlo.

Anaé dejó de respirar, sus labios se entreabrieron por la sorpresa de verle de rodillas por segunda vez. Cielos, cada vez que el hombre actuaba así su corazón dejaba de latir..O latía tan deprisa que no lo sentía. No pudo decirle nada, porque en algún momento su voz se había extinguido. Seguía totalmente tensa, con los enormes ojos fijos en él, estupefacta, su rostro iba cambiando desde la sorpresa hasta encontrarse en la encrucijada de la realidad...¿Estaba escuchando bien? No, no..Esto no era..No era posible. ¿Que le gustaba como mujer? Que Axel el ofreciera asiento había sido todo un acierto porque su cuerpo temblaba tanto que sus piernas no hubieran podido sostenerla.

Cuando la petición de corte abarcó los temas familiares y la difícil situación en la que él se encontraba, su rostro se suavizó, captando lo que venían a significar sus palabras. - No..No soy una de esas damas que desean o creen que el mundo gira en torno a ellas...-Se sonrojó aun más y se llevó la mano libre al rostro, colocando sus dedos sobre su labio inferior..Totalmente avergonzada..Nunca hablaba de temas serios y menos..menos sobre..No podía ni pensarlo- Si tuviera usted que elegir, elegiría lo correcto y si no lo hiciera entonces..no sería el hombre que....Me gusta.

¡Esa era la respuesta! no podría haberle dado otra mejor. ¿Mejor para quien? para Emory, por supuesto. Para ella quizás no, porque aún dudaba de que él pudiera ser suficiente para ella, con sus ausencias, sus noches de peligro…etc. ¿Y para el resto? para Elizabeth era la oportunidad que buscaba de emparentar con la nobleza, pero a él le daba absolutamente igual. ¿Y para su familia? estarían encantados de verlo de nuevo ilusionarse así. Aveline la primera, y seguro que le daría mucho la tabarra.

Finalmente sonrió, iba a amagar una sonrisa maligna pero no pudo, era demasiado tierna para no tomarle un poco el pelo.

— Entonces ¿eso es un si? porque no me ha quedado muy claro…— estaba claro que era un si, pero le apetecía escucharlo. Alargó la mano y arrancó una de las flores moradas para entregársela a Anaé.—Siento decirle que para lo que resta de fiesta, va a tener que pasear o bailar conmigo, está en el contrato vinculante de cortejo. ¿Ha leído alguna vez uno?.— no existían, pero si podía, iba a disfrutar un rato más de ese momento.

Anaé no había pensado todavía en lo que pensaría su familia al respecto, pero no le hacía falta. Temía que su madre se volviera condescendiente y hubiera preferido que la locura de Axel fuera una que se quedase entre los dos, pero por si fuera una pasajera, no le importa que los demás lo supieran. Ni lo que se dijera de ella. Aun estaba demasiado atónita, intentando comprender qué había pasado..En qué momento desde que pensaba que la estaba ignorando y que no conocía absolutamente nada del caballero habían llegado a..A un acuerdo de cortejo...Su cerebro gritó, tan espantado como eufórico y ella empezó a notar el peso de aquella conversación que en un principio parecía tan inocente. Su rubor se intensificó y miró a Axel con una confusa alegría. ¿Realmente se planteaba ver a Anaé como una mujer..? Si ella no tenía nada..No podía compararse con él, ¿Qué absurdo estaba ocurriendo allí? ¿Estaba él..Intentando burlarse?..No..Emory sería incapaz.

Cuando dudó de su respuesta volvió a sonrojarse aun más. Era cruel..Obligándole a aceptarle en voz alta...Como si fuera algo tan fácil de hacer..De atreverse a admitir. Bajó la mirada, absolutamente avergonzada. Ahora tenía miedo, miedo de que todo esto fuera una mentira.-..Si..Claro que si..-¿En qué mundo le podría rechazar? Levantó un momento la vista, pero ahora estaba tan avergonzada que apenas la pudo sostener unos instantes. - No..No he leido ninguno...Pero tampoco he firmado nada.- En su inocencia, se defendía por ser tan ignorante..¿Qué era eso de un contrato vinculante de cortejo..? No lo había escuchado en la vida..Y menos uno que tuviera en su cláusula no poder bailar con otras personas, como si eso fuera a importarle a estas alturas. Cogió con delicadeza la flor morada, mirándole como si fuese una niña que acababa de cometer una travesura.- ..Pero antes de eso yo..También tengo algo..Que decir.- bajó la mirada, porque no sabía muy bien por dónde empezar. Colocó las manos en su regazo, dando vueltas suavemente a la flor entre sus manos.-...Mi familia no está muy..Unida..y estoy segua de que..Mi madre no pondrá objeciones pero..¿Y usted..?¿Está seguro de que yo..?¿De que merece la pena..?

La miró un poco sorprendido por esa respuesta. ¿En qué mundo? quizás en uno que existieran mejores hombres como el actual? Ah! estaba preocupada por su juventud, por su escalón social algo más bajo, por la opinión de su familia… si no lo estuviera, no le gustaría.

— Estoy seguro de que merece la pena intentarlo. Y si descubre que no soy lo que esperaba… no se preocupe, no existen tales contratos, en eso estaba bromeando. Si decide que no quiere seguir adelante, no lo dude, deme calabazas. Lo que opinen los demás me importa bien poco, pero para su tranquilidad, mi familia no pondrá ninguna pega, ya nos daban por perdidos a mi hermana y a mí en estas lides. No se agobie, no le estoy pidiendo matrimonio, tan sólo la posibilidad de conocerla algo mejor y ver hacia donde nos conduce este camino. Y por supuesto, no haré nada que pueda dañar su reputación.

Que su familia no tuviera ninguna queja le resultaba muy insólito teniendo en cuenta a quién había decidido cortejar. Había muchas pegas para alguien como ella y no estaba pensando para nada en la edad, era lo que menos le importaba a Anaé, era simplemente..Por cómo era..Sabía que no era como las chicas normales de su edad, que hasta él había pensando en algún momento que debía de ser una espía o algo semejante,. No podía evitar ser como era..Y él se expondría a las burlas por tener una acompañante así y temía justo lo contrario.-No hablo de que usted no pueda ser lo que espero, no se si hay algo más que pueda esperar..Temo dañar yo su reputación, no al revés lord Blackmore..No me gustaría nada que la gente hablara por mi culpa, tal vez a usted no le importe pero no quiero causarle problemas y que tenga motivos para darme..calabazas.-Suspiró.- Supongo..-Sonrió de medio lado antes de mirarle.- Que lo que realmente quiero saber es si está siendo totalmente consciente de a quién está eligiendo..

Miró a Anaé con esa sonrisa relajada, de medio lado, previa a hacer uso de su venenoso humor inglés.— Oh! bien! me considera entonces un inconsciente? mal vamos entonces. Disculpe mi falta de modestia pero considero que tengo la cabeza bastante bien amueblada a pesar de haber recibido tantos golpes en ella. Creo ser bastante capaz de elegir a la dama a la que quiero cortejar…pero si lo que en verdad me está preguntando son las razones…bueno. Por ahora sólo le diré que es usted especial, que tiene una sensibilidad extraordinaria y una capacidad de comprensión que bucea bajo la superficialidad de la mayoría de la gente. Que sus ojos me hipnotizan y sus silencios me atrapan. Y el resto de motivos.. tendrá que averiguarlos por sí misma.— la miró todavía desde abajo y compuso un gesto que intentaba ser de hastío pero no lo consiguió.— a mi edad las rodillas empiezan a acusar mucho tiempo en esta postura. ¿Podría tan sólo decirme un “si” para que pueda levantarme?

Le miró de reojo, incómoda, pero al final no había forma de no notar ese absurdo humor que se gastaba y le obligaba a mirarle con aire divertido e infantil. ¿Realmente estaba riéndose de ella? ¿Era Emory tan jovial? No le preguntaba por los motivos, en realidad, todavía no le quedaba claro si él era plenamente consciente pero con la chanza del principio supuso que si..En algo tenía razón, lord Blackmore no era ningún idiota, seguro que había sopesado aquella pregunta antes de plantearla, pero eso lo hacía aun más insólito.

No supo si realmente estaba bromeando o no, pero todo cuanto le decía le parecía parte de ese encantador humor británico del que el caballero hacía gala. Capacidad de comprensión..Si todo el mundo le decía que era tonta..Desde que tenía memoria. Se sonrojó, incómoda, sin saber si realmente merecía todas esas cosas que le decía, le dejó sin habla..Pero..¿Había más que averiguar? Ya le sorprendía que hubiera encontrado una sola cosa que le agradase de ella.

Cuando hizo el gesto, al principio se lo tomó en serio, pero como no fue capaz de culminarlo apretó suavemente los labios, viendo que se estaba burlando otra vez. Levantó el mentón y miró hacia otro lado, haciéndose la despistada. Si él le hacía sufrir tomándole el pelo, entonces ella se podía permitir el lujo de dejarle de rodillas un poco más..Pero no tenía corazón para verle así y le miró con una sonrisa ladeada, divertida. Extendió las manos para coger los antebrazos del caballero e invitarle a ponerse en pie.- Si. Si. Ya le he dicho que si. ¿Cuántas veces me va a hacer repetirlo?

Se levantó sacudiéndose el pantalón que estaba un poco blanco donde la rodilla había tocado suelo y se sentó en el banco de piedra junto a ella. Era muy consciente de la posición que él ocupaba en el escalafón social, y del de ella, unido a su corta edad. Sabía que las malas lenguas dirían todo tipo de barbaridades, y si no fuera porque en realidad iban a hablar mal hiciera lo que hiciera, se habría echado atrás por ella. Pero tendría que ser fuerte, porque si aquello seguía adelante tendría que cargar sobre sus hombros cargas mucho mas pesadas que los simples cotilleos y charlas de salón. ¿Le merecería la pena? Anaé al parecer no valoraba los bienes materiales más allá de su utilidad, con lo cual su felicidad no se basaría en su fortuna. Lo cual dejaba más espacio para las dudas ¿sería suficiente la vida que le podía dar? bueno, no había otra forma de averiguarlo que arriesgarse.

— ¿Sabe qué? que mi hermana se ha prometido, en breve tendremos boda por fin, y mi madre y mi hermano vienen de camino. A veces estas cosas me hacen plantearme que sólo tenemos esta vida y el miedo no puede paralizarnos. Como ya sabrá, porque imagino que se lo habrán contado la señora Harmon y yo estuvimos prometidos hace años. Pero no salió bien, y ella decidió casarse con Albert y marcharse a América. No es ningún secreto que no he vuelto a tener interés en prometerme o casarme, fue una herida profunda. Pero el tiempo cura las heridas y ha llegado el momento de mirar hacia delante, porque podría sucederme como a Faith y sólo lamentaría haber sido tan cobarde como para negarme esa oportunidad.

Anaé se acomodó de modo que pudiera mirarle y estar sentada en el banco. Nunca se podría cansar de escucharle y era cierto, a ella los bienes materiales..No le decían nada. Había tenido cosas que ni siquiera quería y lo que hubiera deseado tener jamás lo tuvo, así que era plenamente consciente de que tener una buena fortuna no implicaba ser feliz. Solo había que ver a su madre, un ser con tantas envidias no podía vivir plenamente..Pestañeó y sonrió, se alegraba mucho por la señorita Aveline, era una buena noticia después del susto que se había dado al saber de su condición.

Suspiró al escucharlo de su boca..No, nadie le había dicho que ellos estuvieran prometidos. Cielos, qué nudo más profundo había aparecido en su pecho. Fue tan repentino que hasta sintió deseos de enfadarse..pero enfadarse por qué. Se puso en pie, sin prisa y se alejó un poco, lo justo para girarse y observar el árbol que adornaba coquetamente aquel banco. Se dedicó a colocar ramitas entrelazadas y a acariciar flores moradas, cualquier cosa con tal de no mirarle.- No..No sabía.-Cerró suavemente los ojos y le miró, porque su preocupación era mucho mayor que los celos que sentía por esa época.- ¿No estará hablando de salir gravemente herido..No es así?- Dejó de atormentar a las flores y fijó en él la vista.-..Usted..Está en la sede, junto a su escritorio y el papeleo sin fin..¿No es así?

Oh. Ahí venía la decepción galopando a lomos de las palabras que él tenía que contestarle porque eran la verdad. Negó despacio con la cabeza, dejandola un poco a su aire, que tuviera espacio y se moviera.
— La mayor parte del tiempo sí… pero sigo entrenando cinco días a la semana porque hay noches que debo salir a cazar con mis hermanos. ¿Qué clase de capitán sería si los dejase solos ante las tinieblas? Hay mucho que hacer, muchos monstruos que sacar de la circulación, muchos cazadores que salen heridos y alguien debe finalizar sus trabajos…Comprendería su negativa si viera que esta vida no es para usted.

Anaé suspiró y apartó la mirada. No sabría qué hacer si le perdía..Ahora que su vida empezaba a brillar por alguna parte, un vacío amenazaba con llevárselo todo de golpe. Cerró los ojos y se rodeó el torso, apoyando las manos en sus brazos, de pronto sintió frío.- Cómo puede un hombre que sufre por estar un poquito de rodillas salir a cazar monstruos.-Le miró de reojo, con cierta timidez por la estúpida broma, pero casi al instante se acercó a él, aunque sin llegar a tocarle.- Eso significa que puedo perderle en cualquier momento...-No lo dijo como pregunta, era algo que necesitaba decir en voz alta, aliviando un poco su miedo.- Deje..Deje de decir que voy a rechazarle ahora, podría contarme que es uno de esos monstruos y seguiría a su lado. Ya he tomado mi decisión. No quiero que le ocurra nada malo...Me da miedo. Eso es todo.- Intentó sonreír, pero la calidez no llegó a sus ojos.- Supongo que me ve como alguien cobarde...Y muy inútil.




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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Axel Blackmore el Vie Abr 14, 2017 5:48 pm

Axel sonrió ampliamente porque eso de que cómo podía cazar monstruos y quejarse por estar de rodillas, le hizo gracia, lo tomó como una broma de Anaé. Sus ojos se iluminaban cuando sonreía.— En eso tiene razón, pero no se crea que el resto de la gente no sufre el peligro, tan sólo son ajenos a él. La muerte acecha en todas partes, la enfermedad, la mala suerte, las guerras, los monstruos… qué más da. Aunque nosotros la buscamos para darle caza. No culpo a nadie por no saber que en el mundo la maldad tiene cuerpo y nombre, y aunque lo sepan, no puedo culpar a nadie por tener miedo. Es lo normal. Lo extraño somos nosotros, los que realmente estamos locos por sacrificar tanto por esta vida… somos nosotros. Así que no se preocupe. Si quisiera otra cazadora en mi vida, ya la tendría, y créame, que con mi hermana tengo más que suficiente.

El laberinto de setos tenía una fuente en el centro cuyo murmullo guiaba los pasos hacia allí. La noche eran tranquila y se estaba bien de temperatura pero claro, él iba con traje y ella con fina gasa.— ¿tiene frío?

- Se que nos puede pasar algo en cualquier momento, pero usted..Tiene más riesgo de que ocurra, eso es todo.- Sonrió de medio lado y se pasó una mano por el brazo, en realidad empezaba a sentir algo de frío.- ..Un poco..Pero estaré bien si caminamos.-No quería forzarle a ahcerlo pero era cierto que si se movía sería más fácil para ella permanecer en la intemperie. Aun le daba vueltas a que él pudiera salir herido en cualquier momento.-¿Por qué no una cazadora..?

Se quitó la chaqueta y se la echó por encima de los hombros a Anaé, él llevaba camisa y chaleco y podía aguantar mucho mejor el relente que caía.—Porque la mayoría de nosotros sólo deseamos desconectar al llegar a casa. Tener un rincón propio de nuestras vidas que no esté dirigido por la existencia del mal. No sé si estoy consiguiendo explicarlo bien. Verá es como…si un médico al llegar a casa tuviera que seguir atendiendo pacientes. Como algo puntual, bien. Pero hacer que toda una vida gire entorno a la caza no es sano.

Sonrió de medio lado por el detalle del caballero y se acomodó la chaqueta ajsutándola lo mejor que pudo. Asintió con la cabeza, entendía perfectamente, aunque ella no tenía esa sensación, al fin y al cabo no tenía ninguna profesión así que su vida se veía envuelta en una apatía terrible. Por eos se pasaba la mitad del tiempo leyendo.- La señora Harmon..Habló de ustedes dos..-No supo por qué salió repentinamente el tema, pero..Desde que habló sobre estar prometidos no podía dejarlo aparcado en una esquina.:Su mente volvía al detalle una y otra vez, volvía a la conversación con la mujer.- Ella habló de Raven...Y de Nessun Dorma..

Axel enarcó una ceja y resopló. — Vaya!…Marion no ha perdido el tiempo por lo que veo.Nos conocimos con doce años, su padre compró la villa vecina a la nuestra en la campiña, y durante años fuimos vecinos y amigos. Fui a estudiar a Oxford, Historia, como ya sabe. Y ella también quería estudiar pero aún no se permitía el acceso a las damas, así que su padre la dejó instruirse en matemáticas y filosofía. Al regresar, ambos habíamos crecido y lo que fue amistad algun dia, se convirtió en otra cosa. Pasábamos mucho tiempo juntos y siempre supo de lo que sería mi vida. Creí que lo había aceptado y entendido, pero finalmente ella quiso elegir una vida en la que las riendas de sus pasos los marcase ella y no mis obligaciones.  Durante mucho tiempo me culpé por ello, pero en realidad no era más que el dolor que no sabía procesar. Hoy sé que esto es lo que soy y lo que quiero ser, y quien me quiera debe aceptarlo desde el principio, porque jamás podré vivir una vida frívola y cómoda, mis principios no me lo permiten.

No sabía si estaba preparada para escuchar la historia, pero la culpa era suya por sacar el tema y ser curiosa. Aun sentía envidia de la señora Harmon..Lo que no entendía era cómo había podido rechazar un hombre como él, suponía que tenía sus razones pero..Esperaba que ya fuera tarde para retroceder. Se sonrojó al pensar en ello, se sentía insegura..¿Qué ocurría si Marion decidía que quería volver? Estaba casada, eso ya lo sabía pero había personas a las que ese tipo de cosas no le impedían seguir sus ambiciones.- Supongo que debo estar agradecida..Siento su dolor pero si no hubiese existido no estaríamos aquí.

Bueno, eran las justas explicaciones que le debía, puesto que Marion ya se había encargado de pavonearse delante ella, porque lo conocía bien, y había detectado el interés del cazador por la muchacha, casi antes que él mismo. Marion era un radar de deteccion de atracciones. — No tiene usted que preocuparse, ya no duele. Es una vieja herida que está curada y cicatrizada. Y como ha podido comprobar, he aprendido la lección. La primera mujer que me ha interesado en serio desde entonces, la he acusado de ser una espía, la he llevado a ver la Sede en la primera cita y antes de preguntarle si estaba bien con esta nueva situación ya le he puesto mil condiciones sobre la mesa.— De nuevo hacía gala del humor que lo caracterizaba.

Sonrió de nuevo, divertida y le miró de reojo. En algo tenía razón, no debería preocuparse por Marion....Aunque tenía sus dudas. ¿Realmente era una herida cerrada? Su reacción en la cena decía lo contrario. Apretó suavemente los labios y suspiró, incómoda...Se notaba que algo rondaba la cabeza de la joven pero no estaba muy segura de poder decirlo en voz alta, pero..Se suponía que estaban conociéndose..¿Verdad? Y antes de ello aceptaron hablar de cualquier cosa, sin mentirse.- ¿No quería verme aquí...Entonces? Me invitó la señora Harmon en realidad..Fue....-Pensó en la palabra.-..Inesperado.

Ya se lo expliqué antes… en principio iba a acudir con mi hermana, pero todo se precipitó y pensé no asistir. Que la invitase Marion está claro que fue porque yo no lo hice, de hecho ni siquiera tuve tiempo de pensar tras lo del Louvre porque a los dos días apuñalaron a Faith. Desconozco si Marion lo sabrá ya, pero la versión oficial es que la atracaron al salir de la ópera. Supongo que quiso conocerla un poco mejor y entender las razones por las que la invité a aquella cena y sin embargo no iba a acudir a esto con usted. La verdad es que echo de menos a mi madre para estas cosas, ella siempre lo organiza todo de una forma tan eficaz que no nos da tiempo de meter la pata.

Suspiró, era cierto..Si todo había ocurrido tan rápidamente era más que normal que no le invitase, es más, era muy normal que no quisiera ir a esos eventos tan frívolos después de la gravedad de las heridas de su hermana, pero no quería creer que Marion le hubiese invitado solo para tantearla..Ahora se iba a creer que le mintió cuando el dijo que no sabía por qué se había imaginado que Axel le había invitado antes...Suspiró y le miró.- Deje de mencionar el puñal, se me pone la piel de gallina..-Bajó la mirada..No quería ni imaginarse el dolor que hubo de sentir la mujer.- No comprendí la invitación de la señora Harmon..Eso es todo, no pensé que usted...-Miró hacia otro lado..porque no sabía muy bien cómo decirlo.-..

que yo…?— dejó la frase en puntos suspensivos invitándola a seguir hablando, porque no acababa de captar lo que quería decir. Andaban hacia la fuente y le apeteció sentarse sobre el borde. Cuando Anaé hizo lo mismo, la rodeó con su brazo.— No quiero que sea usted la que se caiga y dé que hablar este año.

- Que usted..Estuviera interesado.- En ella, obviamente, pero eso se lo calló, era demasiado atrevido soltarlo así sin más, aun parecía producto de su poderosa imaginación. Al ver que él se sentaba, hizo lo mismo, arreglándose antes el vestido. Estaba acomodándose la chaqueta del caballero en sus hombros, asegurándose de que no fuera esta la que acabase empapada, sería perfecto para un inicio de cortejo que nadie podría olvidar, pero desde luego que le rodeara con un brazo dejó la tarea de acomodar el abrigo totalmente a un lado.

Se puso tensa sin poder evitarlo y giró el rostro para mirarle sorprendida. Su rostro le traicionó, como hacía siempre en als situaciones donde debía permanecer impasible..Y sonrojó. Ahora le temblaba hasta el pelo, mejor que le hubiera cogido porque iban a acabar los dos en el agua si Axel no tenía equilibrio..-.....

Axel la miró pensativo y luego sonrió de lado marcándose ese característico hoyuelo a un lado. Giró su cabeza hacia el cielo estrellado un instante y regresó a los ojos de Anaé.

¿Por qué no habría de estarlo? intuyo que no tiene mucha seguridad en sí misma, que usted no se ve como la vemos los demás. Hay muchas mujeres bonitas, bien educadas, elegantes, con sensibilidad artística… pero pocas combinan sensatez y bohemia de la forma en que usted lo hace, es un pajarillo atrapado en una jaula, listo para salir volando y subir alto para ver el mundo desde esa perspectiva. No se queda en la banalidad que está afeando este siglo de revolución, es capaz de ver más allá y de maravillarse con un atardecer. ¿Por qué no debería interesarme con usted? dígame…¿me quedaría mejor una de esas mujeres superficiales, chismosas o sibilinas? ¿quizás alguien simple sin más conversacion que los pañales y los vestidos?..— Inquirió clavando su mirada verde en los ojos de Anaé.

No era cuestión de seguridad, era de sentido común o tal vez le habían repetido tanto lo rara que era y lo poco que encajaba en cualquier parte que lo había tomado por norma. Suponía que acabaría casada con algún hombre que le importase más el dinero de su familia que ella misma y desde luego no hubiera tenido oportunidad de quejarse, pero nunca se hubiera podido imaginar que a alguien como Axel le pudiera atraer. ¿No se daba cuenta de que ella funcionaba diferente? Si, ya lo tendría que saber, sobre todo porque la confundió con un espía precisamente por eso. También vio cómo se atascaba en el carruaje.

Se quedó pensando en qué tipo de mujer quedaría bien con Axel, una buena mujer..Que pudiera esperarle sin exigirle atención a todas horas, una que comprendiera que sus responsabilidades iban más allá de su familia. No se merecía a alguien retorcido, pero dudaba de que hubiera alguna persona que si..personalmente no le gustaban los chismosos, ni de los que disfrutaban haciendo daño a los demás.- No..Claro que no. Pero le quedaría mejor una mujer..Normal- Y sonrió, con inocencia.- Una que no le traiga complicaciones..Y aunque procuro evitarlo siempre acabo siendo un problema..Es..-Alzó la vista un momento, intentando buscar inspiración.-..Algo parecido a un don..Como si algo estuviese pendiente de mi para hacer justo lo contrario a lo que deseo.- Apretó suavemente los labios..-...Estoy hablando en otra idioma..¿No?

Lo curioso es que no, es que estaba siguiendo el hilo de sus pensamientos.— ¿y qué es lo que desea ahora? lo digo para hacer justo lo contrario…— sonrió casi provocándola, porque esa pregunta podía meterle en un berenjenal curioso.

Anaé sonrió aun más incluso rió. La corta carcajada fue limpia, pura y bajó la cabeza, divertida. Empezó a pensar de nuevo. Le gustaría quedarse así, en el jardín, sentada en el borde de la fuente junto a Axel, eso sería estupendo.- Deseo...¿Que se aleje?- Y volvió a sonreír dejando que su cabeza se inclinase hacia un lado antes de mirarle de reojo.

Oh!.. sus deseos son órdenes…— hizo ademán de levantarse y retiró el brazo que la sujetaba para no acabar en la fuente, lo que hizo que Anaé estuviese de pronto sin apoyo en la espalda y se inclinase peligrosamente hacia el agua, con el movimiento del cazador se sintió caer de espaldas, pero él la sujetó de nuevo. Estaba calculado, era sólo un susto programado. Su brazo había vuelto a rodear su espalda firmemente, el otro por la cintura, y ahora estaba levemente inclinado hacia ella, con las caras más pegadas que antes.— ¿Tampoco desea que la bese?

Sonrió porque se lo estaba tomando como un juego, cuando él se alejó no se acordó de dónde estaba y perdió el equilibrio. Ya se veía haciendo el ridículo en un momento tan bonito como ese, podía sentir el agua estancada recorriendo todo su vestido, pero Axel volvió a cogerla, así que Anaé se aferró al caballero por inercia, por un momento con su rostro cubierto del susto de la caída inminente.

Le miró sorprendida, sobre todo por estar..Tanta cerca. Era culpa suya..Por intentar jugar como iguales, se acababa de dar cuenta de que en realidad eran más parecidos al gato y al ratón. Se quedó sin aire cuando le hizo la pregunta..¿Ahora qué le respondía?...Era un hombre cruel. Se merecía una de esas mujeres sibilinas que le hubieran contestado con desparpajo, pero a ella no le salía nada, ni la respiración....Empezó a enrojecer....Cada vez más consciente de lo cerca que estaban el uno del otro.-......

Sus labios quieren decir lo correcto…que es no. Pero sus mejillas me dicen lo contrario…la señales son confusas, así que esta vez decidiré yo, pero no se acostumbre.— Se acercó un poco más y depositó un beso breve sobre sus labios. No la quería importunar, tenía claro que Anaé no tenía ni idea de lo que era un cortejo, una relación o algo que se le pareciese. Pero tampoco quería que pensase que iba a ser un mojigato, que no lo era. No pasaría de ahí, ni haría nada que arruinase su reputación, pero ese beso iba a ser la llave que abría la cerradura a un mundo nuevo.

Se estaba equivocando, no se había planteado si quiera si quería besarle o no, era algo..Que no se le había pasado por la cabeza, la pregunta le había dejado completamente despistada pero en el momento que su mente empezó a dibujar esa idea...Su cuerpo respondió antes que su pensamiento. ¿Quería que le besara? Cielos....La pregunta real era cómo iba a negarse si lo hacía.
Espera..Pero..¿Iba a besarla de verdad? Se estaba acercando demasiado..Apunto estuvo de decirle que debía detenerse si no quería cargar con una mujer desmayada pero..No tuvo oportunidad. Sus labios fueron sellados con los del caballero y por un momento ella permaneció sin reaccionar, se había quedado petrificada.
Si le preguntasen qué había sentido, si pudiera contestar, diría que era como una tormenta de rayos que incendió todo su cuerpo como si estuviese hecha de madera. Helada, aun le miraba, después de haberle besado..No debió hacerlo...¿Ahora cómo iba a pensar en otra cosa..?Le miró algo confusa..E intimidada. El rubor no había desaparecido ni un solo ápice.
Ahora sentía vergüenza...Un mar de vergüenza..Porque..Quería que le besara de nuevo. Apretó los labios y se inclinó hacia delante, hasta que su mejilla acabó contra su pecho. Allí sus labios estaban seguros por los menos, pero necesitaba recuperarse y enfrentarse a esos ojos no era la mejor forma.

Axel expulsó el aire despacio. Esa granuja se había librado de otro beso al refugiarse en su pecho, pero por lo pronto iba a darle un poco de espacio y tan sólo la abrazó por encima de su propia chaqueta que la rodeaba aislandola del frío. La noche estaba refrescando y en parte lo agradecía porque después de los hechos que iban sucediendo en esas semanas, necesitaba mantener la calma, pues estaba siendo más impulsivo de lo que debería.

Se instaló un breve silencio que aprovechó para apoyar sus labios en el pelo de la dama y permanecer así unos instantes.
Está bien…tregua. No se preocupe, no necesita esconderse de mi, trataré de no besarla a traición aunque reconozco que requerirá un esfuerzo. Prefiero que sus labios sonrian, honestamente. Así que cuando algo le robe la sonrisa digamelo ¿de acuerdo?

Anaé sonrió, aun con su rostro teñido de rojo. Si él supiera que no le molestaba para nada que le besara...Podría traicionarla así las veces que quisiera, no tenía al voluntad para quejarse..¿Qué clase de dama era por pensar así? Se alegró de no haberse excedido para nada en el maquillaje porque de nuevo la camisa de lord Blackmore iba a verse ensuciada. No se separó de él, abrazada, sin el más mínimo pudor..O con el máximo, le gustaba tanto como el avergonzaba estar así.

Finalmente, se separó de él, pero solo lo justo para poder mirarle a los ojos, pero no durante mucho tiempo, el justo para contestarle.- Me escondo de mi misma no de usted..Usted me hace sonreír.

Oh… bien. Tengo fama de tener un humor muy ácido, celebro que le haga sonreir.— Estaban así de lo más a gusto charlando y tonteando cuando algo les interrumpió. Eran pisadas y dos voces susurrantes que se acercaban por el camino de gravilla. Odette y el noble al que quería echarle la caña, seguido de cerca por Lord Wixgley, que al parecer sobraba, pero al ser amigo del barón, no se lo podían dejar atrás.

Axel  se puso en pie y le tendió la mano a Anaé, no quería que empezasen a murmurar si los veían así como antes. Ya tendrían la ocasión de repetir esa cercanía sin que ella fuera la diana de los comentarios maliciosos.

Ya conocía ese humor, aunque suponía que no tanto como pensaba porque estaba viendo en esa noche muchas más cosas de Axel que no conocía. Al escuchar los ruidos se puso un poco nerviosa, aunque suponía que ya habrían notado su ausencia, tal vez ella no pero si la de Axel. Miró al caballero antes de coger su mano y alzarse regalándole media sonrisa antes de separar sus manos y esperar, porque suponía que tanto Odette como el resto de los hombres iban a acabar por allí.

El trio calavera enfilaron el pasillo de setos hacia la fuente y los vieron allí de pie, sin más delito que ese, que estar juntos pero separados, eso sí, ella llevaba la chaqueta del caballero.
Buenas noches, señorita…— besó la mano de Odette y estrechó las manos de sendos caballeros. Al inglés ya lo conocía y a los otros dos, le sonaban vagamente.

Se suponía que tendría que presentarles ella..Era horrorosa para recordar nombres.- Ella es Odette... y el caballero...- Era un barón..pero barón de qué. Se tuvo que morder el labio inferior unos segundos. Tenía la mejor noche de toda su vida delante de ella y la estropeaba por un simple nombre.-...Lo lamento, no recuerdo su nombre barón.-No lo dijo con maldad, ni siquiera era capaz de recordar el apellido de Odette y eso que le gustaba la muchacha, sencillamente su cabeza no retenía ese tipo de información por mucho tiempo.

Balzac… no se preocupe señorita. Suele pasar cuando uno acude a este tipo de eventos donde hay tanta gente. Lord Blackmore…— El barón si reconoció a Axel.
¿Usted es el hermano de Reinaud de Balzac? salúdelo de mi parte, hace tiempo que no lo veo. Señor Wixgley, nos vemos de nuevo.— el otro británico hizo un gesto con la cabeza a modo de saludo y habló.
Tiene suerte de que no me guste especialmente bailar, porque entonces tendría que culparle de haberme hecho perder la pareja de baile.
Vamos, no sea aguafiestas, la noche aún es joven, seguro que puede desgastar las suelas si se lo propone. Ahora mismo acababa de proponerle a la señorita Boissieu regresar adentro, aquí empieza a refrescar.

En realidad, no le habían presentado a tanta gente como para no acordarse, pero al menos se alegró de que fuera el propio barón quien pusiera la excusa sobre la mesa, porque inventarlas no se le daba nada bien..Al contrario que a lord Blackmore, que a parecer tenía el arte de la mentira muy bien arraigado, le hizo gracia que quisiera escaquearse de ese encuentro lo antes posible.

Anaé les miró tranquila, ella de frío no tenía nada..Pero no precisamente por la chaqueta.- ¿Quieren acompañarnos o estaban en mitad de un paseo..?

Odette no dejaba de mirar a Anae con una mezcla entre sorpresa y suspicacia. La que parecía tonta…le estaba echando el guante a uno de los solteros más cotizados. Apuntaba alto la sosa.
Ibamos a pasear un poco, lo correcto sería ofrecerles que vengan pero supongo que si se marchaban es porque no quieren seguir aqui fuera.— Chica lista. A Axel no se le pasaron por alto las miradas tanto de Odette como de Wixgley, el único que no se estaba enterando de nada era el barón.
Tiene mucha razón, señorita Breglonne. Seguramente me retire pronto, mañana hay una batida de caza y vengo arrastrando algunos días algo movidos, así que espero verla en el pabellon de caza. A ustedes caballeros… espero que la suerte esté de su lado mañana, porque no suelo dar tregua a ninguna pieza, hasta que la consigo.

Evidentemente se refería a la caza, pero podía tener un doble sentido y ambos se dieron por informados. No se toca a Anaé.

Anaé como siempre no se enteraba de nada, aunque las miradas de Odette le decían que estaba indagando sobre ella y eso le hizo mirar hacia otro lado, incómoda, como si a través de sus ojos pudiera descubrir lo que había pasado allí. Tuvo, de pronto, muchas ganas de volver  y de que la gente le ignorara, estaba mucho más acostumbrada a la indiferencia y a los ataques a media voz.

Seguramente todos se dieron cuenta del doble sentido de la frase de Axel. Menos ella. No tenía instinto para descubrir ese tipo de cosas, aunque tal vez el problema era que no se imaginaba a nadie advirtiendo a terceros de sus intenciones, era demasiado..Imposible en su cabeza como para captar el verdadero significado. Por otro lado, miró a Axel, para ver si estaba listo para volver.

Y lo estaba, así que hizo una inclinación de cabeza al pequeño grupo y se giró con Anaé del brazo para regresar al salón. Tenía alguna conversación pendiente que dejaría para el día siguiente, lo cierto es que sólo ansiaba retirarse y descansar, ya que el plan de pasear y conquistar a Anaé parecía haber llegado a su fin por esa noche.


Última edición por Axel Blackmore el Vie Jun 09, 2017 4:03 pm, editado 1 vez




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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Anaé Boissieu el Vie Abr 14, 2017 6:50 pm

Anaé se había ido a descansar poco después de que llegaran al baile, Axel diciendo que estaba cansado y ella sin dar explicaciones porque no tenía a quién dárselas. Le costó un rato, bastante rato, pero finalmente encontró sus aposentos y los de Odette. Pasó un buen rato aseándose y quitándose las florecitas del pelo mientras se miraba distraída al espejo, aunque lo hacía todo en automático, estaba pensando en lo que había ocurrido..¿Era todo un sueño?..Tenía que serlo...Al acostarse todavía pensó en ello y le costó horrores dormir pero lo peor fue despertarse poco antes del alba..Aquello era una maldición, no podía permanecer mucho tiempo en la cama cuando estaba nerviosa o alterada a pesar de que le ocurriese en muy contadas ocasiones.

Tras dar demasiadas vueltas, finalmente decidió levantarse. Odette dormía en la cama de al lado, sin desmaquillarse..Sin apenas quitarse algo más que el corsé..Parecía habérselo pasado bien. Sonriendo, Anaé le quitó los zapatos cuidadosamente y la arropó mejor antes de acicalarse en total silencio. Se puso un vestido sencillo, de nuevo sin apenas maquillaje, porque pretendía dar un paseo para ver si conseguía helar sus pensamientos.

El servicio estaba alborotado, cumpliendo su deber con la más absoluta precisión. Al verla más de uno se sorprendió y de hecho una señora le informó de que el desayuno no estaba listo todavía pero que en seguida avisarían en la cocina para traerle algo, Anaé se negó y se llevó una manzana para el camino. El cielo estaba de un color azul marino, despuntando en la lejanía, la algarabía que tenían los mozos preparando perros y caballos era digna de mención por lo que pasó prácticamente inadvertida cuando se alejó.

Avanzaba con tranquilidad, no tenía prisa por llegar a ninguna parte y el paisaje era tan idílico que se perdió en seguida, el bosque estaba cerca, también había un lago que parecía lleno de vida. El día se despertó gris, con nubes bastante amenazadoras pero por el momento no parecía con ánimos de llover. Empezó a mordisquear la manzana, cuando sintió algo de hambre. Estaba tan absorta mientras pensaba en Axel que se sorprendió al darse cuenta de que era totalmente de día..Tenía que volver. Volver, desayunar en condiciones, cambiarse...Hoy era el gran día..Y quería desear suerte a Axel para la cacería, se recordó que tenía que preguntarle si realmente le gustaban esos eventos..

Se giró decidida, pero...No supo por dónde seguir. Miró a su alrededor y reconoció la orilla del lago, bien, había llegado bordeándolo cerca así que decidió seguir por ahí. Le pareció escuchar algo aproximarse, algo pesado. Al alzar la vista, se encontró con algo inesperado. Se quedó plantada del susto cuando el caballo negro apareció de la nada entre unos arbustos y pareció tan sorprendido como ella, el pobre animal intentó esquivarla pero al ir a galope no lo consiguió del todo y Anaé acabó en el suelo.

Por un momento estuvo demasiado desconcertada como para saber qué había ocurrido. Permaneció tirada como una marioneta sin hilos sobre el suelo del bosque, más rato del que realmente podía asegurar, hasta que notó unos golpes por la espalda. Al alzar la mirada se encontró al culpable dándole empujones con el morro en un vago intento de descubrir si estaba viva, supuso ella...Despacio, Anaé se fue incorporando, se había llevado un buen golpe y estaba mareada...Le costó unos minutos más reponerse y luego se puso en pie lentamente observando como el caballo se comía la manzana que había salido por ahí rodando.

El animal estaba a medio preparar, sin la silla, solo con una cabezada de cuadra pero la cuerda se había roto y de todas formas ella no sabría dirigirle aunque la tuviera. Suspiró y se palpó la mejilla dolorida. No podía dejar al bicho allí...¿Y si había lobos...o si se perdía..como ella? Por un momento ambos se quedaron mirando, como si se midieran.-..Correr no sirve de nada al final siempre hay que volver..¿Mmh..?- El caballo se quedó donde estaba...Y ella suspiró, mucho más no podía hacer, solo advertir de que había visto al caballo cerca del lago. Intentó memorizar el lugar antes de empezar a caminar de vuelta a la casa. Escuchó pasos y miró hacia atrás, encontrándose al caballo siguiéndola, pero en cuanto ella se detuvo el caballo también lo hizo.-....-Le dolía bastante el golpe que se había dado pero no podía quedarse allí esperando a que alguien viniera. Después de un rato, el animal caminaba cada vez más cerca de ella.

-¿A ti tampoco te gustan las cacerías? Seguro que deseabas correr en libertad por un momento..¿No es así?-La muchacha hablaba con el bicho como si pudiera responderle, pero algo en su actitud debió gustar al animal lo suficiente como para acercarse del todo. Anaé dudó un instante, pero finalmente se atrevió a acariciar suavemente el morro y la frente del animal, finalmente su quijada hasta acabar en el cuello. El caballo estaba muy cerca y miraba fijamente a la chica. El tamaño del animal le imponía pero en esos momentos parecía disfrutar de sus caricias.- Eres un buen chico, solo querías un poco de aire, lejos de la rutina..Te entiendo. No querías herir a nadie.-Sonrió.- No, no tienes cara de ser de los que hacen daño, no.-Anaé empezó a sentir algo de frío y un dolor bastante pronunciado en su costado así que volvió a caminar, despacio.- Vamos, tienen que adecentarte....Y yo debería asearme también.- Porque en vista de cómo estaba de manchado su vestido no quería imaginarse el resto de la estampa.

En algún momento durante la vuelta no reconoció el lugar..Se había desorientado..Estupendo. El caballo, de algún modo, caminaba prácticamente al lado de la chica y miraba fijamente hacia una dirección. Anaé lo sopesó antes de ir hacia allí..Al aparecer por la campiña despejada de la parte trasera de la casa, parecía que el caballo estaba perfectamente entrenado y acostumbrado a la chica por guiarle sin ningún tipo de rienda pero..Era justo al revés, Anaé estaba siguiendo al caballo, solo que este tenía la decencia de ir a su ritmo.




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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Axel Blackmore el Miér Jun 07, 2017 9:12 am

En las cuadras de la mansión los mozos no habían parado desde antes del alba, todos los caballos debían estar cepillados, los cascos lustrosos y aceitados, los arreos listos y las sillas preparadas para colocarlas a última hora cuando los propietarios de las monturas se dispusieran a montarlos. La mayoría de caballeros que participaban en la reahala habían recibido un austero desayuno en sus aposentos para cargar energías pero sin pasarse, que tenían por delante unas cuantas horas de ejercicio físico. Antes del desayuno le había llegado una nota a Axel que le avisaba que Raven había desaparecido.

¿Cómo era posible que hubiera desaparecido su caballo? se vistió con la ropa de montar y salió raudo hacia las caballerizas a pedir prestado algún caballo que no participase en la cacería para ir a buscar a su viejo compañero de fatigas. Le prestaron un tordo con bastante brío, algo desobediente, que para un jinete experimentado como Lord Blackmore no supondría reto alguno. El animal respondió contento a las espuelas que le indicaban que debía empezar a galopar, posiblemente no hubiera salido a estirar las patas desde que todos los invitados llegaron a la mansión. Jinete y montura se perdieron entre la arboleda, Axel iba silbando a su paso, normalmente Raven reconocía su silbido y acudía a donde estaba su dueño, algo muy útil cuando tenía que salir picando espuelas de algun lío.

El sol empezaba a bañar el bosque de colores azulados e incipientes verdes, ya que la primavera estaba alcanzando la foresta. El frescor de la brisa matinal le despejaba la mente, no había dormido demasiado pensando en sus actos la noche anterior. Seguía pensando si era correcto cortejar a la señorita Boissieu, dada su edad y su… Basta. Estaba harto de pensar tanto las cosas, ya las había reflexionado lo suficiente y esta vez iba a hacerle caso a su instinto. Escuchó algunos crujidos sobre las hojas, era el paso inconfundible de un caballo, que al escuchar el silbido de su dueño apresuraba el tranco.

Frenó un poco al tordo para que trotase en esa dirección y cuando por fin fue visible la familiar e imponente figura del zaíno se detuvo enarcando las cejas.

…¿Catherine?

Anaé había seguido al corcel en todo momento así que no sabía hacia dónde se dirigían realmente, pero su aspecto era pésimo y tenía que detenerse cada poco a recobrar el aliento, el corsé empezaba a resultarle molesto, supuso que al final se había hecho más daño del que supuso en un principio. Ella no escuchó los silbidos, pero hubo un momento en el que no pudo seguir al animal, tenía que descansar. Al detenerse, el caballo zaíno se detuvo con ella y esperó con las orejas directamente apuntadas hacia el sonido de su dueño, al lado de la muchacha inglesa que se colocó la mano sobre la cintura como si el toque pudiera despejar un poco la incomodidad, aunque no fue el caso.

El caballo inclinó la cabeza dejándola a la altura de las manos de la joven que sonriendo acarició con timidez al caballo colocándole bien las crines y el flequillo, antes de apoyarse suavemente en su espalda, casi sentía como si el pobre animal estuviera pidiéndole disculpas por haberla arrollado antes. Esperaba recobrar un poco el aliento, pero sentía cómo la punzante sensación iba en aumento en vez de aflojarse. Ahora temía dar un nuevo paso.

Levantó la vista al escuchar la voz de Axel, que ya le era inconfundible. Se encontraba hecha un pequeño desastre, con el cabello algo revuelto y alguna hoja enredada, su vestido manchado por las zonas que habían tocado el lecho del bosque y un toque de barro en mitad de la mejilla y la sien del que no se había percatado y que había esparcido más que limpiado al intentar quitárselo.

El caballo resopló al reconocer también la voz de Axel y se acercó al jinete, por costumbre. Anaé tuvo que dejar de apoyase en el equino y miró a Axel un tanto confusa. Cualquiera diría que había estado intentando montar a caballo y que se había llevado a Raven.-...Buenos días, lord Blackmore..-Intentó arreglarse un poco el vestido, sin mucho éxito. Miró al suelo un instante antes de elevar de nuevo la mirada hacia él. Estaba imponente, en ese caballo gris pero..¿El suyo no era negro?..-¿No debería..Estar preparándose para al cacería..?

Axel desmontó del caballo tordo ágilmente y se acercó a Raven acariciandole el belfo superior.
¿estaba dando un paseo? ¿o también se ha enterado de que mi caballo había desaparecido y lo ha encontrado?.

La pregunta podía parecer algo extraña pero es que no le cuadraba nada encontrarse a Anaé en el bosque, sucia de barro y caminando al lado de su caballo extraviado. Alargó una mano hacia el rostro de ella para borrar con el pulgar los restos de barro de su mejilla. No podía soltar al tordo, era muy nervioso.

¿Se encuentra bien? me ha parecido verle un gesto de dolor en el costado. ¿Se ha golpeado?

El caballo pateó un par de veces mientras Raven lo miraba con las orejas hacia delante, atento, pero sin amedrentarse, ese corcel confiaba plenamente en su dueño, eran años de aventuras juntos.

Deme un momento, este caballo no es mio y es bastante rebelde.— Ató al tordo a una rama, no quería que se le escapara. Se acercó de nuevo a Anaé y esta vez pasó su mano por la cintura de la chica para acercarla un poco y observar las manchas de la cara, escrutando la existencia de lesiones, cortes o similar. Le apartó la hoja del pelo y exhaló el aire despacio perdiéndose en aquellos orbes grises y misteriosos como la niebla.




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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Anaé Boissieu el Jue Jun 08, 2017 8:47 am

- Estaba dando un paseo y nos encontramos en el camino..-¿Se había dado cuenta de ese gesto? Bueno, pensaba que no le estaba mirando nadie. Esperó hasta que ató al nervioso caballo e hizo una mueca que intentó disimular cuando le tocó el costado, pero no estaba acostumbrada a sentir dolor así que no le salió demasiado bien. Apretó suavemente los labios y miró hacia otro lado, estaba avergonzada pero no lo suficiente como para alejarse o apartar sus manos de su rostro.

En la mejilla no tenía nada, salvo tal vez la piel algo enrojecida por el golpe pero nada más, ni siquiera rozaduras, al parecer había el barro hecho de colchón natural.- No sabía que era Raven..-Confesó, mirando al caballo negro y volvió a humedecerse los labios.- Ya le dije que soy torpe..Me he golpeado ....Con su caballo.- Miró hacia el suelo, incómoda, porque sabía que era lo más absurdo que se podía contar, pero en esos momentos estaba más dolorida que otra cosa. Levantó la vista hacia él.

Sonrió para si mismo…era increíble. ¿Como podía ser tan oportuna y tan torpe a la vez? le resultó entrañable.
Entonces está bien… porque si la hubiera golpeado alguien que no fuera Raven ahora tendría que batirme en duelo para defender su honor …ciertamente es muy temprano para matar y aún no he desayunado.— Pasó el dedo por el óvalo de su cara tomando aire. ¿se sentiría intimidada si repetía lo de la noche anterior? ahora no brillaba la luna ni sonaba la música de fondo, quizás no tuviera tanto encanto como…¡al diablo!. Se inclinó y depositó un breve beso en sus labios. Le daría cien más como ese, con el pelo revuelto, iluminada por la luz etérea del amanecer, pero en menos de una hora empezaría la batida y habrían preguntas.

Es hora de marcharse, ponga el pie aquí, Raven no la dejará caer, sólo cójase fuerte a la crin.

Le hizo un estribo con las manos para que pudiera subirse a la grupa del caballo y después él montó el tordo obligándolo a ir a un paso más lento al lado de Anaé.

Anaé se sonrojó, por el beso, hubiera deseado llevar más barro encima para que no se notase. No tenía ánimos para decirle nada, porque realmente le dolía y con tanta suciedad encima se le había ido la poca seguridad en si misma que tenía. Y él estaba allí, delante de ella, sonriendo de esa manera, perfecto en su equipo de equitación.  Lo que le extrañaba era que todavía tuviera deseos de besarla.

Miró hacia el caballo negro, le parecía un animal precioso...E inmenso. No había tenido un animal como ese tan cerca en la vida y le había gustado su tacto, también su compañía, pero de ahí a montar sobre esa cosa...No lo había hecho nunca y no sabía ni por dónde empezar. Por alguna razón..Le vino a la mente la señora Harmon, presumiendo de su vida con Axel..Cogió aire, consiguiendo coraje y se apoyó en el caballo aunque no se atrevió a cogerle de las crines, que imaginaba que a nadie le agradaba que le tirasen del pelo. Se quedó sentada sobre el animal, muy rígida, pero no fue por estar montada..bueno no solo por eso, el agudo dolor en su costado le dejó paralizada.

Apretó los labios aguantando como podía y respiró lentamente, sin ser consciente de que había guardado el aliento. Miró la cabeza del caballo..Luego la distancia que había entre ella y el suelo.-...

Axel esbozaba sonrisas de soslayo, reteniéndose para no reírse. Ciertamente Anaé era una flor de invernadero, le hacía falta un poco menos de corsé y un poco más de aire libre y barro. Ellos habían crecido en Londres, la ciudad y la alta sociedad no tenía misterios para los Blackmore, pero entrenaban, sudaban y sangraban a diario, y además pasaban temporadas en su villa de campo, lo cual les confería cierta resistencia a los rigores del exterior.

El caballo tordo quería galopar y relinchaba nervioso de vez en cuando, pero el cazador lo retenía con pericia y más esfuerzo del que parecía. Raven iba atento a su dueño y a la mujer que estaba sobre él, pero se notaba que a sus casi veinte años era un caballo curtido y tranquilo, que no malgastaba la energía ni no era necesario.

No tenga miedo, los caballos lo notan y se tensan, Raven no la dejará caer, incluso lo montaba Aveline cuando era un potro y ella tenía 12 o 13 años...

En la mansión ya estaban corriendo los sirvientes de un lado a otro para tener a punto los equipos de caza de sus señores, cuando llegaron ambos a las caballerizas. Axel saltó del caballo y lo entregó en mano a un mozo para luego acercarse a su corcel y ayudar a Anaé a desmontar.

Anaé no estaba tensa por el miedo a caerse, daba por sentado que lo haría, siempre tenía que ir un paso por delante de todo lo malo que podría ocurrirle porque, acababa sucediendo de un modo u otro. Pero el movimiento del caballo no favorecía para nada que el golpe dejase de latir de dolor. De hecho, le gustó bastante estar ahí encima, Raven era tranquilo, no como el caballo que montaba Axel cuya tensión podía notar hasta ella. Acarició distraída la espalda del caballo zaíno, pensativa. No se encontraba para nada animada, como el lord inglés.- Que me compare con su hermana no ayuda en ninguno de los casos, lord Blackmore, es una mujer muy fuerte.

Como siempre, no había mentira en su tono de voz, podría imaginarse a Aveline manejando elefantes a los 5 si fuese necesario, pero la muchacha estaba hecha de otra pasta, no porque no le gustase o le interesara, simplemente no le habían educado así. Le miró cuando se bajó del caballo y se inclinó hacia él pero cuando le cogió de la cintura para ayudarle apretó los labios y se puso tensa.- Creo..Puedo bajar sola..




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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Axel Blackmore el Miér Jun 21, 2017 4:03 pm

Seguro que sí, pero no me niegue el placer de ser un caballero y déjeme que haga lo que se espera de mi.— alargó las manos haciéndole un gesto para que deslizara un poco hacia abajo y que él pudiera sostenerla y dejarla sana y salva en el suelo.

La cacería iba a empezar en breve, así que debía llegar rápidamente a la mansión para que Anaé pudiera cambiarse y descansar y si podía, rapiñaría algo en la cocina, porque no había desayunado.— venga conmigo, lo siento si voy algo rápido, es que los ingleses no podemos llegar tarde, usted me entenderá perfectamente ¿cierto?.— la puntualidad británica era sagrada. Tomó a Anaé de la mano, sin importarle lo que la gente pudiera murmurar al verla llena de barro y de la mano del Lord inglés. Alcanzaron el hall y Axel se detuvo.— ¿seguro que está bien? descanse un poco, la cacería nos llevará unas cuantas horas, y cuando acabe le prometo que la buscaré para dar otro paseo tranquilo como el de ayer ¿le parece bien?

Se inclinó para apoyar las manos en sus hombros y se deslizó despacio, seguro que si hubiera estado sola hubiera acabado en el suelo. Se sorprendió, cuando el cogió de la mano y le guió. Caminó detrás de él tan rápido como pudo pero..Ella en eso tenía muy poco de británica, por lo general siempre se perdía o se distraía, así que solía salir exageradamente pronto para llegar a tiempo o no muy tarde, pero sabía a lo que se refería, su madre era extremadamente estricta con los horarios.- Lord Blackmore..-Se quejó con suavidad, porque a saber lo que estarían todos pensando, se detuvo en el hall y le miró asintiendo con la cabeza.- Si, estaré bien..Me cambiaré en seguida..Pero yo no tengo prisa, las mujeres tenemos juegos así que es usted el que llega tarde..Vaya ..O me sentiré culpable.

en realidad buscaba una excusa para darles un poco de ventaja a los demás, así cuando luego regrese con la pieza más grande no me sentiré mal…—le guiñó el ojo divertido. No era del todo broma lo que le decía porque se sabía el mejor cazador de entre los presentes. Si podía matar y acorralar a un vampiro o a un hombre lobo con toda la potencia y destreza que tenían esas criaturas, un ciervo o un zorro no suponían reto para Blackmore.— no se canse demasiado en los juegos, me decepcionaría mucho que cayese rendida y no pudiera pasear conmigo.— elevó la mano de Anaé y depositó un beso en el dorso. Ya le había dado otro beso y le encantaba ver cómo se ruborizaban sus mejillas. Se preguntó cuanto tiempo necesitaría Catherine para devolverle el beso…sonrió y se despidió de la dama corriendo hacia las cocinas. Necesitaba meter algo en el cuerpo o no podría aguantar las horas en condiciones.

Sonrió, qué engreído, pero no dudaba de que fuera cierto. le dolía el cuerpo entero pero realmente había merecido la pena solo por encontrarse a Axel aquella mañana. le encantaba sus ojos cuando sonreía. Se sonrojó con suavidad cuando notó el beso y le vio salir corriendo. Dudaba mucho que fuera a cansarse porque no tenía intención de participar, se quedaría tomando té y pastas mientras las demás lo hacían. Suspiró, sintiéndose un poco culpable por lo ocurrido pero solo tenía planeado dar un paseo, nada más. Mientras iba hacia su habitación se daba cuenta de que el servicio no pensaba lo mismo, así que aligeró el paso tanto como pudo, tardó un rato en asearse, sobre todo porque tenía un buen golpe en el costado y estaba bastante rojo, no le dio importancia..Bastante tarde iba a bajar ya..

Cuando estaban casi a medio juego, Anaé finalmente apareció con el resto de las damas y fue derecha a por algo de té porque ella todavía no había desayunado. Escuchó de fondo a una joven comentar que si ella hubiera pasado toda la noche con un hombre tampoco se levantaría pronto.

La cacería a ratos parecía una patochada. Muchos de los señores que allí estaban tan peripuestos, ostentaban barrigas que parecían estar a punto de dar a luz. Los jóvenes más entrenados se picaban y azuzaban, fanfarroneando de sus caballos o armas, y en general reinaba un clima festivo y poco competitivo en el fondo. Axel estaba más que habituado a montar a Raven y empuñar sus armas. La mayoría usaban fusil, ballesta o arco largo. En este caso, el Lord inglés empleó una ballesta pesada, un lanzavirotes que podía abatir a un ciervo, y eso es lo que hizo. Varios se alzaron con trofeos y piezas de caza mayor, y Lord Blackmore no se quedó atrás, siempre era de los primeros en esas lides y no iba a defraudar a la concurrencia. pero tampoco alardeó de ello, dejó que los demás también se llevasen la porción del pastel y pudieran luego recibir alabanzas.

Rondaban las tres de la tarde cuando los caballeros recibieron un tentempié en el pabellón exterior. Algunos venían sudados, manchados o polvorientos, y antes de dejarles tiempo libre para asearse y descansar, les sirvieron un refrigerio, que buena falta les hacía. Las damas acudieron al pabellón, el vocerío iba anunciando quiénes habían llegado con piezas grandes y quiénes habían caido al suelo etc.

Mientras no se hablase de que ella había comido más barro que nadie, no le importaba de quién se hablase, pero de lo que si se hablaba era de que había desaparecido en la fiesta con un hombre y que había aparecido bien entrada ya la mañana, no era la única al parecer a la que se le habían pegado las sábanas, pero si la única que había salido tand escaradamente y no había vuelto o eso era lo que se comentaba, sobre todo entre las jóvenes que no habían podido disfrutar del lord inglés para bailar y conocerle. Procuraban decirlo en corrillos y por lo bajo, pero como siempre..Suponían que Anaé era tonta y hablaba más y más alto de la cuenta con lo que finalmente captaba las conversaciones. Empezaba a estar algo deprimida, no por ella, desde luego...pero no quería que se hicieran ideas que no eran..Axel era ante todo un caballero y se merecía esa distinción.

Odette se agarró a su brazo.- ¿Dónde has estado? ¡te he perdido toda la mañana! Vamos, vamos a ver qué han cazado, lord Balsac me prometió que cazaría para mi.- Odette como siempre era demasiado entusiasmada y arrastraba a Anaé hacia el interior sin ser consciente de que a ella no le hacía ninguna gracia..O sin importarle que no quisiera. Sin poder evitarlo buscó a Axel con la mirada.

Marion Harmon se hallaba también en el pabellón de caza, charlando con Albert (su marido) y con Axel, al parecer habían cazado una pieza entre ambos. Para ser justos, Blackmore lo había visto primero y lo alcanzó con la ballesta antes de que la pistola del americano soltase el proyectil que impactó contra el ciervo. Pero como era un caballero, no iba a disputarle la autoría al dueño del periódico, y simplemente compartieron la gesta y hablaron con los demás de lo difícil que era aquello, que ambos lo alcanzaran a la vez. Tenían un pequeño corrillo de gente cerca queriendo saber los pormenores de la batida y de la caza de ese trofeo, pero Axel se disculpó alegando que estaba cansado por haberse levantado temprano a buscar a su caballo que se había escapado, y eso le había privado del desayuno. Se acercó hacia la mesa de tentempiés y alcanzó un vaso de agua que se bebió de un trago, y después otro. estaba sediento y hambriento, y cansado del calor y del ejercicio físico.

Se apañó un trozo de pan con algo que parecía jamón de jabalí y descansó unos instantes, notando la tensión en los hombros.

No era difícil de encontrar, por algún motivo siempre estaba en medio de toda la gente, así que solo tuvo que encontrar el grupo más amplio de personas que se pudieran reunir..Y allí estaba él. Sus ojos se enfocaron en el inglés, pero no tardó en ver a Marion a su lado, con su marido..Charlando. No le gustaba verla con él, sabía que era absurdo y una tontería, pero la mera presencia de la americana le hacía dudar de las palabras de Axel, de sus propias intenciones con él.

Quería acercarse y preguntarle cómo había ido pero ya había bastantes rumores y de Axel no se hablaba en lo absoluto, si se acercaba tal vez empezarían a llenar de detalles los rumores, le metería en sus problemas. Se dejó arrastrar por Odette hasta lord Balzac y su amigo, pero a mitad de camino, Anaé se detuvo y miró a su amiga, que parecía bastante sorprendida.
- ¿Me disculpa, Odette? Quiero preguntarle cómo ha ido a..
- ¿A lord Blackmore?
-...-Anae se sonrojó y su amiga sonrió ampliamente.
- ¡Claro! Ve, nos vemos luego, tenemos mucho tiempo después para hablar.- Se acercó a ella, en confidencia.- No lo dejes escapar..Es un pez gordo...
- ¡Odette!-Se volvió a sonrojar y medio a regañar a su compañera, con suavidad y esta se rio y salió alegremente para encontrarse con los dos caballeros.

Suspirando, Cat se giró y caminó hacia el círculo de gente pero..No encontró a Axel allí, suerte que se había dado cuenta porque casi se presenta allí y hubiera tenido que quedarse un rato para cumplir. Miró a su alrededor buscándole...Esta vez si tardó, porque no era usual verle solo, pero al encontrarle comiendo. Se acercó a él, no procuró ser sigilosa, pero tendía a no querer ser molesta se movía en silencio hasta que se colocó a su espalda. Sonrió divertida.-...Por una vez es usted el que está hecho un desastre y no yo..-Recordando la escenita de aquella mañana.

Al escuchar la voz de Anaé esbozó una sonrisa y tragó el bocado, girándose a saludarla, que aunque estuviera sucio y desaliñado, lo cortés no quitaba lo valiente.

Ah! señorita Catherine… ciertamente tiene muy buen aspecto y yo estoy hecho un desastre.— miró alrededor observando la gente con sus cumplidos prefabricados, sus risas superficiales y sus tonterías y de pronto se sintió agotado de estar allí. Se acercó al oido de Anaé mientras fingía estirarse para alcanzar un canapé.— ¿le apetece dar un paseo especial? reúnase conmigo en el invernadero dentro de media hora.

Se comió el canapé haciendole un gesto de elevación de cejas y desapareció rumbo a su cuarto, necesitaba quitarse la mugre de la caza. Era un caballero, ninguno que se preciase debería ir con ese aspecto al lado de una mujer tan delicada.

Media hora más tarde la esperaba en el invernadero con las manos tras la espalda, caminando de un lado a otro. Le había dado tiempo de asearse y vestirse bien, pantalones oscuros, camisa blanca con chaleco azul marino y casaca del mismo tono del pantalón.





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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Anaé Boissieu el Jue Jul 20, 2017 7:21 am

Tenía buen aspecto porque le había dado tiempo a asearse y a arreglarse, pensando que luego le encontraría, pero se tomó el cumplido con una sonrisa. Prestó atención a su susurro y le iba a decir que no deberían, que ya se hablaba demasiado de lo que hacía o no hacía pero entonces..Axel levantó las cejas y le hizo esbozar una inmensa sonrisa..¡Qué descarado! Se estaba comportando como un niño..Pero le gustaba.

Le dejó tiempo para que se aseara y ella dijo que pasearía cerca antes de irse, le costó encontrar el invernadero, llegó muy poco después que él, solo porque había salido mucho antes, le había dado tiempo a perderse y todo. Le vio caminando, impecable, como siempre, aunque tampoco le molestaba ver al Axel desaliñado y cansado, le inspiraba ternura. Se acercó a él, ella no se había molestado en cambiarse ni nada, ni siquiera en retocarse el maquillaje porque solo llevaba lo justo para disimular los círculos oscuros bajo los ojos.-..¿Por qué el paseo es especial?- Había estado con la intriga todo el tiempo y no pudo evitar hacerle la pregunta en cuanto estuvo a su altura.

—Oh! porque es conmigo…bueno, vale, sé que eso no es suficiente…porque tengo una sorpresa para usted.— le tendió el brazo para que se agarrase de él y caminaron hacia los bosquetes que habían rodeando el inmenso patio de aquel palacete y se extendían hasta casi donde se perdía la vista. No había gente por allí, estaban todos en los pabellones charlando después de la cacería o en los salones los que no aguantaban el calor exterior.

— Antes no he sido muy justo con la valoración, estaba hambriento y me había bajado el azúcar. No estaba usted con buen aspecto, está realmente hermosa, sólo para que lo sepa.

La vegetación iba haciendo recovecos y jardincillos, era un lugar bonito pero tan ostentoso que a veces daba cierta sensación de estar fuera de lugar.

— Esta mañana Raven le ha dado un cabezazo, y creo que sólo quería su atención…es un caballo muy listo, creo que yo hubiera hecho lo mismo si eso me hubiera garantizado una sonrisa como la de antes. Celebro que esté de buen humor, yo también lo estoy, ¿quiere saber por qué?.— Metió la mano en su bolsillo y sacó una pequeña pieza de cuero con forma de punta de flecha que depositó en la mano de Anaé.— esto es el precinto de un carcaj de virotes de caza. Nunca antes me había importado menos el cobrarme la pieza o salir airoso de esa partida. Soy muy competitivo, pero hoy… hoy me daba igual…¿y sabe por qué?.— Se detuvo un segundo la miró a los ojos contemplando su rostro de porcelana, elevando la mano y acariciando con las yemas de dos dedos el óvalo de su cara.— Porque no me siento para nada el cazador, he sido cazado por unos ojos grises y una sonrisa tímida. El trofeo debería habérselo llevado usted…pero como era algo sangriento y maloliente, le he traido el recuerdo de su victoria. Ha cazado al cazador.— le sonrió acortando la distancia con sus labios.— Ya no puedo ni quiero escapar.

Sonrió, realmente con estar con él le bastaba, eso era cierto. Le podía la curiosidad, pero se agarró de su brazo. Antes le parecía algo muy normal, pero ahora era diferente, le cogía cómodamente no por obligación u etiqueta, le cogía con más confianza porque sabía que ese brazo en cierto modo..Le apoyaba de verdad. Le miró con timidez, estaba muy normal, no llevaba un vestido extravagante ni pesado porque aun le dolía el golpe con el caballo, tampoco le gustaba mucho el maquillaje, pero no podía decirle todo eso a él, que se esforzaba tanto por decirle que era hermosa.

Le miró a los ojos, si que le notaba de buen humor, lozano...Como si al tristeza de sus ojos hubiera desaparecido por unos instantes, le gustaba verle así, fuera por lo que fuera. Cogió el trocito de cuero y lo observó sin saber lo que era, pero era lo primero que le daba Axel así que fue..Impactante para Anaé. Se detuvo cuando él lo hizo y se giró un poco para estar frente a frente, mirándole a los ojos. Se sonrojó aun más,de qué manera iba ella a cazarle..Ni que fuera una busca esposos coqueta dispuesta a todo para conseguir una buena presa. No se apartó cuando se inclinó hacia ella.- El trofeo ya lo tengo, lord...-Acortó la etiqueta a medias.-..Axel.-Dijo su nombre suavemente, en bajito, como si solo decirlo fuera pecado. Al final, él tenía razón, Emory estaba dispuesto a quedarse con ella y disfrutaba de su compañía, el regalo lo tenía delante.

Se sonrojó y cogió aire soltándolo con lentitud, extendió la mano para acariciar su rostro suavemente, aunque el tacto del guante era un incordio en esos momentos, hubiera deseado que fuera su piel la que le acariciase.-Me he llevado la mejor pieza de todas.-Apretó suavemente la mano libre contra su pecho, esa que tenía el pedacito de cuero.-..pero no puede retractarse de su palabra.-Susurró, porque estaban muy cerca.


—La palabra de un para un británico lo es todo, debería ya saberlo. No puedo ni quiero escapar…Catherina— Se inclinó un poco más colocando su dedo bajo la barbilla de Anaé, finalizando con la última palabra, su nombre, el trato de cortesía. Delante de todo el mundo la seguiría llamando de usted, pero en la intimidad, sería Catherina, la que le robaba el sueño, la que había conseguido que saliera de su caparazón reforzado con trabajo y obligaciones y se permitiera de nuevo regalarse una oportunidad.

Depositó un beso suave en sus labios, después otro, y un tercero, el cual alargó algo más, porque le apetecía saborear el momento. Si los viera Aveline estaría poniendo los ojos en blanco. Eran más lentos que un trineo cuesta arriba.

Aun así, necesitaba oírlo, eso era todo. Sonrió y se estremeció al escuchar su segundo nombre, completo, con la voz que ese hombre tenía, siempre le había gustado cómo sonaba Cat en sus labios. Levantó el mentón y aceptó los besos, con la misma timidez y sonroja que la primera vez, aunque esta no fue inesperada, suponía que iba a besarla y ya no estaba por la labor de ser una señorita decente y recordarle que no deberían hacer aquello, ya le daba igual..No era "oficial" y tampoco necesitaba que lo fuera, lo único importante era lo cómoda que estaba con él, lo mucho que...Le gustaba. Solo esperaba que no apareciera nadie por allí o los rumores iban a ser ya muy acertados.




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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Axel Blackmore el Jue Jul 20, 2017 3:07 pm

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Se separaron tras el beso y ambos se quedaron con ganas de más, eso se notaba, pero no podían dar rienda suelta a los instintos, en cualquier momento podían descubrirlos y empezaría el calvario de la rumorología que a él se la traía al pairo, pero para ella sería un estropicio. La reputación de una señorita debía ser intachable, y no sería él quien la arruinase. estaba dispuesto a hacer las cosas bien, y así lo haría. Exhaló el aire despacio recogiendo un mechón que ella tenía fuera del sitio y colocándolo en su lugar.

ahora mismo desearía que esta estúpida fiesta que sólo sirve para la ostentación y el comadreo acabase ya para poder regresar a París y llamar de inmediato a tu puerta para pedirle permiso a sus padres para hacerlo oficial.— se separó del todo manteniendo sólo el agarre del brazo y comenzando a pasear.— ¿A dónde te gustaría ir? Siempre he querido ver Venezia. Estuve una vez en Roma, y es espectacular, pero la ciudad de los canales dicen que tiene una belleza tan intensa como la propia vida y la muerte. ¿Qué me dices? ¿Veremos Venezia juntos algún día?

No quería pensar en La Orden, en la pila de trabajo pendiente, en la convalecencia de Faith...la vida era corta, a veces demasiado. Él era un simple humano, y lo único que tenía claro es que se iba a morir tarde o temprano. ¿Malgastaría el tiempo que le había sido concedido? No, Catherina había conseguido devolverle el coraje para abrazar esa vida con hambre y dejarse las excusas tras el escritorio.




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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Anaé Boissieu el Jue Jul 20, 2017 4:42 pm

Anaé confiaba totalmente en el caballero inglés, aunque seguramente más de una había acabado con su exquisita reputación por esa misma razón, no sería la primera joven encandilada y tampoco la primera engañada, pero si era lo que estaba ocurriendo..Que así fuera..Por Dios que le gustaba aquel hombre, que quería compartir sus días con él, quería conocerle, descubrir qué le gustaba y qué le inquietaba, los libros que disfrutaba más, las obras de teatro favoritas, las canciones que le hacían estremecer, la comida que más odiaba..Todo..Tanto que se le formaba un remolino de preguntas en su extraña cabeza, pero no quería preguntarle nada, quería descubrirlo por si misma, con el tiempo, con un tiempo que Axel había prometido darle y con el que estaba más que encantada.

Le miró a los ojos más que sorprendida, a veces podía jurar que ese hombre leía mentes, o por lo menos la suya. Apretó los labios muy sonrojada, en realidad quería mantenerle tan lejos de su familia como fuera posible, sabía que su padre se comportaría, como buen hombre de negocios, pero su madre...¿Qué diría su madre? Estaría de acuerdo, desde luego y llamaría a todos los periódicos de París y del país entero para que publicaran la buena nueva, eso sin contar con todos sus círculos sociales, solo imaginarse a la señora Boissieu en los salones y en las reuniones de protocolo hablando de más se le pasaba toda la ilusión de ser oficialmente parte de la vida de Axel Blackmore. Bajó la mirada un instante al suelo, mientras caminaban. Su madre siempre conseguía ensombrecer cualquier día despejado aun sin estar presente, y era enteramente culpa suya por permitirlo.

Levantó la vista, el nombre de la ciudad le llamó la atención al instante y sus enormes ojos brillaron con entusiasmo. Podría llevarle al país más inhóspito y desértico del mundo y sería la mujer más feliz del mundo, mientras estuviera a su lado y él pensase en llevarla le daba absolutamente igual, pero..Venezia...Apretó suavemente los labios.-..¿Es la ciudad sobre las aguas? ¿La que en vez de calles tiene canales y las plumas de escritura más caras?- Había tantos artistas que admiraba del país que solo con pensarlo se mareaba. Ir allí con Axel.-..¿De verdad podemos..?




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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Axel Blackmore el Vie Jul 21, 2017 5:50 am

No tenía ni idea de cómo poner en marcha algo así, se le acababa de cruzar la idea por la cabeza y no era plenamente consciente de lo que implicaba un viaje a Venezia con Anaé. tendría que dejar la Orden en manos de alguien por unas semanas, tendría que esperar a que Faith estuviera repuesta porque no sabía en quien confiar... aunque Xaryne también podría dar la talla. Tendría que meditarlo. Por no hablar de que aquello podía ser un escándalo si no se hacía de la forma correcta, ella era una señorita y como tal viajría acompañada, no podía irse con un caballero, quedarse a solas y lejos de su familia. Tendría que invitar a alguna alcahueta, un pariente de ella...que a ser posible no fuera su madre porque les podría dar muchos problemas... Su cabeza ya era una máquina de planificar y atar cabos.

Claro que podemos!! aunque tenga que montar un falso viaje de negocios con más gente para que no vengas sola...no me importa, lo haremos e iremos a Venezia.

Casi arrastró a Anaé por el jardín, a la vista de todos, ya que a la muchacha se le habían congelado los pies del susto.

Haz una lista de gente que quieres que venga, no quiero que nadie ponga en entredicho tu reputación, así que si es necesario hacer un viaje en grupo, lo haremos. Ya encontraremos el momento de pasear solos tú y yo por esos canales. ¿Qué me dices del Barón Balzac, el señor Wixgley y Odette? ¿Tienes alguna tía, prima o similar? preferiría que la alcahueta de rigor no fuera tu madre. Yo la puedo manejar pero veo como te afecta a ti y quiero realmente que lo pases bien, que lo disfrutes sin amargarte por sus comentarios.




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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Anaé Boissieu el Sáb Jul 29, 2017 4:20 pm

Anaé francamente se había quedado anonadada..En un principio hubiera imaginado un viaje juntos, solos.. pero..Claro..¿Cómo se le había podido pasar eso por la cabeza? Se sonrojó un instante y esperó que fuera muy poco para que Axel no se percatara de lo que esta vez había pensado. Caminó por el jardín, arrastrada por él, sin darse cuenta de que la gente de alrededor estaba viéndoles y empezaban ya a cuchichear y a cotillear entre ellos, seguro que la noticia corría como la pólvora de aquel día de caza y se extendería entre todos los invitados incluso antes de que ellos salieran de esos jardines. Pero a Anaé no le podía importar menos todo lo que ocurriera que no fuera entre Axel y ella..

-..-Apretó suavemente los labios, su madre estaba absolutamente descartada, desde luego, no quería someter a lord Blackmore a ella más tiempo del necesario. Intentó encontrar a alguien, pero no se le ocurría nadie.- Mis tios están en la finca donde me crié, en Inglaterra..Y no tengo más familiares..Bueno tengo un..-Bajó la mirada, era verdad, con todo esto había olvidado a su recién descubierto hermano pero en caso de serlo..Él tampoco podría venir.- Uhmm..-Se llevó los dedos a los labios, meditando y alzó la vista sonriendo suavemente, si esa le parecía una opción inmejorable y le daría una oportunidad a su nueva amiga para encontrarse nuevamente a lord Balzac.- Creo que a la señorita Odette le encantaría la idea y a mi también me agradaría.- Tan rápido se le iluminaba la mirada como se le apagaba, de ese modo iba y venía su mente, a mil por hora entre unas cosas y otras.

Se avergonzó cuando habló así de su madre, pero era cierto, con ella no podía mantener la compostura porque ella tampoco se molestaba en hacerlo y..le ponía muy nerviosa. Entonces se le ocurrió algo, su familia no podía ir..Pero..¿Alguno de la suya..?- Puede usted invitar a alguno de sus hermanos..O..A cualquiera de su familia..-En realidad, a medida que fue hablando la idea se fue apagando, eso significaría conocer a la familia Blackmore y si la situación entre ellos fuera diferente no le importaría, pero ahora..Ahora querría causar una buena impresión y no sabía si estaba preparada para ello o si alguna vez lograría ser aceptada en al familia de Axel.

Bajó un momento la mirada al suelo, no sabía por qué estaba pensando en eso, adelantaba acontecimientos, solo se estaban conociendo..Formalmente. Aunque ella no iba besando a sus conocidos precisamente..No podía engañarse, el cazador era diferente para ella, por eso se negaba a alejarse de él, si tenía que conocer a su familia..Lo haría e intentaría recordar todo lo que su nani le enseñó, para no hacer pasar a Lord Blackmore un mal rato.- Tal vez la criada de mi madre pueda venir, para que ella se quede tranquila..-Porque sabía de sobra que si no daba a su madre parte del control de la situación no le iba a dejar tranquila, si la señora que la atendía y que, por cierto, aborrecía la acompañaba al menos esperaba calmar, con un poco de suerte, el despotismo de la señora Boissieu.




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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Axel Blackmore el Lun Jul 31, 2017 3:57 pm

Estaba decidido, ese viaje sería una realidad en cuanto pasase el verano porque Venecia apestaba en esa época del año y hacía un calor infernal. Total, quedaban unas semanas para la celebración de la Regata Storica, una fiesta grande de la ciudad de los canales. La oportunidad perfecta para llevar a Anaé y enseñarle el encanto de la Laguna y sus brumas perpetuas.

Estaban tan tranquilos charlando de su próximo viaje que no se percataron de una mujer que estaba a su lado y se dio la vuelta sonriendo ladina. Marion sujetaba una copa en la mano.

¡Ah! Venecia...sus atardeceres son espectaculares. Mi marido y yo hemos pensado en viajar por Europa, aprovechar estos meses de agonioso tedio hasta que se impugne la herencia de mi padre, para conocer el viejo continente. Estaremos encantados de acompañarles en su viaje.

Axel cuadró los hombros achinando los ojos, esa estocada no la esperaba, estaba siendo poco cauteloso porque estaba entusiasmado como un crío con todo aquello, y no lo vio venir.

Por supuesto, sería un placer para nostros que se unieran a este viaje. Pero me temo que no es seguro todavía, tengo que cuadrar muchas agendas para que sea un hecho, así que si van aviajar, háganlo, no se queden esperando por nosotros.

Marion era muy lista y estaba pillando la negativa de Axel, pero estaba en su juego tensar un poco más la cuerda.

No es molestia esperar Lord Blackmore, notenemos nada mejor que hacer el París por el momento que aburrirnos, así que ese plan me parece de lo más interesante, y a im marido Albert le encantará, no ha estado en Italia.

Ya hablaría con ella en privado...no iba a dejar que le estropease el viaje, eso no iba a pasar.

Pues deberían ir y visitarla por su cuenta, ya sabe que soy historiador, tengo la maldita costumbre de aburrir hasta las piedras y no quiero aburrir a su marido ni a usted misma...menos mal que la señorita Boissieu es aficionada a la historia y no le molestan mis monólogos y disertaciones...— zasca. Ahí lo tienes, Marion.— y ahora si nos diculpa, tenemos que cambiarnos para la cena y el baile, y mañana quiero llevar a la señorita a su casa personalmente, a partir de ahora yo garantizaré su seguridad.

Y eso era un "como te acerques te vas a enterar", porque Axel era un sabueso de olfato afilado y se olía que Marion no había conseguido nada de él en esa ocasión, pero lo intentaría con Anaé, estaba seguro de ello.




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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Anaé Boissieu el Mar Ago 01, 2017 6:29 pm

Si Axel no se había dado cuenta de la intrusa, mucho menos lo iba a hacer Anaé, que se había quedado prendada del brillo de los ojos del caballero cuando hablaba de algo que realmente le emocionaba. Así que por eso era un hombre de ojos raros, porque se apagaban cuando la conversación era banal, ¿Podía atreverse a suponer que el hombre que tenía ante ella era el verdadero Em? Aquel que le había causado tanta intriga desde que le vio por primera vez, hasta el punto de tener su mirada grabada en su tan obtusa memoria. Estaba fascinada, no podía negarlo, tenía suerte de que él fuese un buen hombre, que no estuviera aprovechándose de su juventud o de su buena fe, porque de lo contrario estaría perdida.

En cuanto escuchó la voz de la señora Harmon, todo perdió su encanto y un escalofrío de tensión cruzó su espina dorsal al darse la vuelta para encararla. Sus palabras no fueron de su agrado pero suponía que ya que la culpa era de ellos, por hablar de algo así en una zona libre, no hubiera podido negarse. Miró a Axel cuando él habló y dejó, con alivio, que él dirigiera a la señora Marion porque ella no tenía la fuerza suficiente ni la confianza para hacerlo. Sabía que había una conversación culta tras todas esas palabras agradables y educadas, al principio no supo muy bien qué era lo que estaban diciéndose, suponía que la complicidad que existía entre ellos ayudaba además en quedarse fuera de la conversación y como siempre que Marion Harmon aparecía en escena ella se sintió pequeña, insignificante y muy tonta.

Había dejado de atender a las palabras de ambos, justo cuando Axel mencionó su nombre y levantó la vista. Se esforzó por escuchar y se sonrojó. Claro que no le importaba escuchar al cazador hablando de historia y de arte, en realidad podría hablarle de cualquier cosa, incluso si no entendiera, porque se hubiera sentido igual de afortunada. No captó que estuviera molestando a Marion con sus palabras, solo que estaba ensalzando demasiado sus propias virtudes, por lo que se sintió incómoda. ¿Estaba usándola para atacar a la dama americana..? ¿Estaba seguro de que ya no sentía nada por ella?

Se vio arrastrada por al situación y por Axel, alejándose sin decir ni una sola palabra, debió despedirse pero no le dio tiempo, su mente giraba en torno a Marion y su relación con Axel, en las propias palabras del caballero a cerca de ella y..¿Acompañarla a casa..? Levantó la vista de nuevo hacia él, sorprendida y muy tímida. Iba a preguntarle si eso era cierto pero..Notó algo en el gesto de Axel. Incomodidad, rabia..Tal vez, amargura. ¿Tanto le dolía la discusión con Marion? Qué le molestaba más, que se hubiera incluido en el viaje..O que tuviera que negarse a que les acompañara por estar ella presente.

Se alejaron lo suficiente, pero antes de llegar a la mansión, detuvo a Axel apoyando una mano sobre su antebrazo, con mucha suavidad. No le gustaba verle así..tenso..Con lo tranquilo y cómodo que había estado hacía unos minutos.- Axel..- Bajó la mirada suavemente al suelo, señal de su poca confianza, antes de mirarle de nuevo a los ojos.- La señora Harmon puede venir...A mi no me importa.- Mintió.- No se preocupe más..-Le miró afectada.- No discuta más con ella..Al fin y al cabo, se va a quedar un tiempo..Y no va a poder evitarla siempre.-Apretó los labios, tal y como ella lo veía, intentar alejar a Marion cuando se movían por los mismo círculos era absurdo. A ella misma le había pasado con ciertas personas y sabía que tenía que aguantarlas y resignarse de todos modos.- No..¿No es mejor que..Que sepa que no le importa..Si va o no?..Que le es.-..Se sonrojó muchísimo.- Indiferente.




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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Axel Blackmore el Miér Ago 02, 2017 5:10 pm

La intrusión de Marion le había roto el momento en el que estaba inmerso, como aquella vez que en mitad del aria principal de Tourandot le volcaron un botellero de champán en los pantalones. Axel miró a Anaé cuando ella le pidió que no discutiera más, que prefería que le dejase claro que le era indiferente. ¿De dónde narices salía tal razonamiento?

es que me es indiferente cuando no abre la boca, pero si lo hace para ofender o para manipular, ya es una cuestión personal de orgullo. Marion jugó conmigo, y jamás permitiré que vuelva a hacerlo.— bajó la voz para poder hablar con ella de forma más privada y son tratos de cortesía.—  ¿Lo entiendes? no puedo quedarme de brazos cruzados viéndola disfrutar de su caza. La señora Harmon es tan cazadora como yo, pero jamás se ensucia las manos con sangre, no caza vampiros, caza corazones limpios y los pisotea, los doblega a su voluntad. No permitiré que lo haga de nuevo, ni conmigo ni contigo. De ninguna de la maneras va a venir a Venecia, ni hablar.— esbozó media sonrisa y compuso una mueca tirando de Anaé para seguir paseando por el jardín.— visto así, tu madre ya me parece mucho mejor acompañante...

Definitivamente no iba a dejar que nada estropease su viaje, quería disfrutarlo con ella y sería así, porque cuando un Blackmore ponía empeño en algo, lo conseguía. Los minutos se deslizaron raudos mientras estaban en la mutua compañía y llegó el momento de separarase para acicalarse, darse un baño y asistir a la cena de gala y baile que daría por finalizada aquel evento social tan importante y tras eso, cada cual regresaría a sus respectivos hogares y las alcahuetas tendrían material de chismorreo para meses.




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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

Mensaje por Axel Blackmore el Dom Oct 15, 2017 5:17 am





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Re: El hombre de ojos raros. [Axel Blackmore]

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