Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Pacífico Disfraz {Privado}

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Pacífico Disfraz {Privado}

Mensaje por Irïna K.V. of Hanover el Vie Feb 10, 2017 7:59 pm

Librarse de la culpabilidad, cuando esta apresa tu mente, corazón y tu alma y no quiere soltarse, es incluso más difícil cuando no conoces los motivos detrás del suceso que te han llevado a sentirte culpable. El dolor se acentúa poco a poco, hasta que se convierte en un eco sordo e insoportable. En un peso que se adhiere a tu espalda y te empuja hacia abajo, contra el suelo, un añadido a la ya de por sí pesada gravedad que te mantiene irremediablemente anclado a la tierra. Los recuerdos, así como los pensamientos, recorrían su mente tanto cuando estaba consciente como cuando conseguía ocultarse en el mundo de los sueños.

Ah, sueños... Ya ni siquiera soñar era una vía de escape viable, teniendo en cuenta que todos sus sueños, incluso los más inocentes, terminaban convirtiéndose en pesadillas más pronto que tarde. A menudo despertaba gritando, o cubierta en sudor, aterrorizada, incapaz de distinguir la realidad de esas terribles visiones. Al final, el cansancio acababa pasándole factura, y se veía incapaz de mantener una simple conversación, mucho menos de mantener su fachada de eterna indiferencia y tranquilidad. Hacía tanto tiempo que llevaba la máscara, que ya le pesaba demasiado. No había un refugio al que acudir, ni una persona amiga en la que poder apoyarse. Ahora, y después de mucho tiempo, podía decir sin temor a equivocarse que estaba completamente sola.

Y definitivamente no era de ese tipo de soledad confortable de la que antaño incluso solía disfrutar.

Ahora que el momento de regresar a aquella realidad de la que se había mantenido alejada durante años se acercaba, se sentía todo menos preparada para afrontar las dificultades que sin duda aparecerían frente a sus ojos. La cuesta sobre la que tendría que abrirse paso para recuperar lo que le había sido arrebatado era demasiado empinada, y la carga que soportaban sus hombros amenazaba con aplastarla en cualquier momento. Era curioso casi, cuando más fuerte necesitaba parecer ante otros, más débil se sentía en su interior. Físicamente, y sobre todo mentalmente, el agotamiento era casi palpable.

Claro que no tenía forma de poner en palabras todas esas sensaciones. Había acabado por aceptar que aunque lo hiciera, nadie iba a ser capaz de entenderlo. ¿Cómo explicar a alguien sus circunstancias sin revelar su identidad? No era posible. ¿Y cómo iba a ser capaz de confiar en nadie cuando el riesgo que corría al hacerlo era perder de nuevo todo aquello que tanto tiempo le había costado recuperar? Ahora que por fin comprendía la necesidad de su regreso, de hacer uso de su poder a fin de cumplir con el legado que sus padres le habían cedido, no podía cometer errores tan absurdos como volver a caer en la tentación de fiarse de nadie. Por lo que a ella respectaba, quienes todavía no eran sus enemigos, en algún momento lo serían. Su familia, su apellido, su persona, estaban malditas, condenadas a ser traicionadas al final. Si algo había aprendido, era esa realidad, por más cruda y dolorosa que fuese.

Una leve sonrisa se dibujó en su rostro, aunque vacía de sentimiento y de significado. El clima cálido la ponía siempre de buen humor, aunque en aquellos momentos "buen" era más similar a neutro -básicamente, no terrible- que a otra cosa. La brisa danzaba entre los árboles, con un continuo y dulce silbido que hacía que el ya de por sí pacífico paisaje le pareciera aún más apetecible. No hacía mucho había encontrado aquella ruta fuera de la ciudad que conducía a lo más profundo de un frondoso bosque, y probablemente aquello fuera lo más hermoso, por no decir lo único mínimamente decente, con lo que se había topado en aquel inhóspito lugar llamado París. Pasaba las tardes caminando o dormitando a la sombra de los árboles, perdida en sus pensamientos, dejando que toda aquella calma inundase y barriese, aunque mínimamente, sus preocupaciones.

Aquella era una de esas tardes. Con un libro entre las manos, y un firme tronco tras la espalda, la joven reina fue poco a poco mezclándose con el entorno, sin perder aquella sonrisa grácil sin significado.

En un mes, recuperaría su trono, su identidad, su nombre... Perdiéndose a sí misma en el proceso.

No mucho después, tras sus párpados cerrados, la noche se fue alzando poco a poco en todo su esplendor. Una noche apacible, fresca sin llegar a ser fría. Una noche menos antes de su partida.




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Re: Pacífico Disfraz {Privado}

Mensaje por Fileas Bourous el Jue Abr 13, 2017 5:45 pm

Sus ojos se abrieron, en aquel oscuro y tranquilo refugio que era su mansión. Inspiró, como si necesitara llenar sus pulmones de oxigeno, como si al no hacerlo fuera a morir, mas ya estaba muerto, hacía exactamente quince años que no  necesitaba respirar, pero como cada noche, despertaba pensando que todo era una patetica broma, que su vida de no muerto, era parte de una pesadilla, que si lograba despertarse, podría sentir nuevamente el calor del sol en su piel, cuando desayunara en la terraza de su mansión, o volvería a dar sus largas y tranquilas caminatas por el bosque cercano; charlaría con los campesinos y porque no, volvería a cabalgar al amanecer, maravillándose en aquellos cielos de incontable belleza. Pero al abrir sus ojos, descubriéndose en su recamara, la realidad volvió a golpear en su cabeza con la fuerza de un rayo. Nada volvería a ser como antes, toda su vida había desaparecido y hoy solo era un remedo de lo que alguna vez fue.

Apenas poner un pie fuera de su recamara, volvió a mostrar su coraza, a lucir una mascara que ocultaba su desdicha, que le permitía seguir viviendo esa vida ficticia, luciendo por siempre joven y esbelto, mientras todos a su alrededor envejecían. Su fiel mayordomo, un cambiante, le saludó con un leve gesto de cabeza, al momento de entregarle la correspondencia del día, o mejor dicho, de la noche. Fileas, tomó el grupo de cartas, acercándose al fuego que crepitaba en el hogar, las escrutaba, para luego tirarlas sin abrir, a las llamas que las devoraban. Las contempló desaparecer, mientras el fuego calentaba su ropa, pero su piel mantenía aquel frío del que no podría librarse jamas.

Se puso sus guantes de cuero, volvía inspirar inconscientemente y dejando escapar el aire de sus pulmones yertos, con un suave impulso subió a su montura,   tomó de manos del sirviente la fusta y antes de partir le miró,- Prepara todo, mañana deberemos partir, es tiempo de movernos o levantaremos sospechas - el mayordomo asistió, pues los sirvientes comenzaban a preguntarse como en diez años, el amo no había envejecido, ni siquiera en una arruga. Era verdad, debían mudarse, cambiar de aires, por lo menos, hasta que los humanos dejaran de recordarlos.

Debía disfrutar esa noche, pues sería - al parecer - la última en aquella ciudad. dirigió su cabalgadura a la entrada del bosque, internándose en la paz de aquel lugar, claro que podría ser peligroso, para cualquier mortal, pero no para un vampiro, sonrió de lado, - bueno, alguna ventaja tenía que obtener - caviló mientras disfrutaba de la joven noche.


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Re: Pacífico Disfraz {Privado}

Mensaje por Irïna K.V. of Hanover el Miér Mayo 10, 2017 9:40 pm

En días como aquel, las pocas personas que la conocían lo bastante bien como para identificar sus cambiantes estados de ánimo, siempre bien disimulados por su semblante cuasi inexpresivo, dirían que Irïna era poco menos que un cascarón vacío. En el pasado, su cabeza, su mente, su espíritu y su corazón estaban en todas partes, y en ningún sitio al mismo tiempo. Soñando y buscando encontrar y descubrir nuevos lugares. Pasaba el menor tiempo posible en su hogar, en su reino, ya que estando allí se sentía presionada por la expectativas que todas aquellas personas depositaban en ella sin pensar en su opinión ni prestar atención a sus deseos y aspiraciones. Se sentía viva, y eso se notaba en la forma en que se movía, en que hablaba acerca de sus aventuras, de los países que había visitado, y en lo mucho que aprendía con sus estudios. Si en el castillo que heredaría en el futuro se sentía recluida, en el exterior, en el mundo, se sentía libre. Ligera. Como si fuera capaz de lograr todo cuanto su propusiera.

Ahora, en cierto modo, se arrepentía. De haber prestado más atención a aquellos que trataban de explicarle sus deberes como princesa y futura reina, o a sus padres, que siempre le habían aconsejado de rodearse de personas de confianza (y de un esposo que la soportara, aunque a eso jamás habría accedido), quizá la situación fuera totalmente distinta. Quizá ahora no estaría tan desesperada. Quizá no habría tardado tantísimo en reclamar aquello que le pertenecía, en perder el miedo a reinar. En convertirse en aquello que todos esperaban que ella fuera. 

Claro que sabía que arrepentirse ahora no era de ayuda, pero no podía evitarlo. A veces la voz de su madre aparecía en su mente, repitiendo de forma incesante "te lo dije, te lo dije...". No era extraño tener pesadillas. El peso que recaía sobre sus hombros era demasiado, y su realismo (o negativismo) le decía que no sería capaz de conseguirlo. No por ello no iba a intentarlo, por supuesto. Si algo no le faltaba a la joven monarca era la capacidad de decisión. Una vez algo se le metía en la cabeza, nadie era capaz de quitárselo de ella. Reinaría, y lo haría lo mejor que podía en función a sus capacidades. Pondría todo aquello que había aprendido en práctica para ello. Sólo así haría honor a su apellido, y a la memoria de sus padres. Incluso aunque eso supusiera tener que hacerlo sola. No, probablemente, era necesario que lo hiciera sola. 

Poco a poco, y a medida que las horas pasaban y la noche se iba haciendo más oscura, la temperatura también iba reduciéndose. Pronto, los suspiros que salían de entre los labios de la joven princesa comenzaron a dejar escapar vaho debido al frío que sentía. Su cuerpo, antes cálido y firmemente recostado sobre el tronco, había comenzado a curvarse sobre sí mismo en un intento de protegerse del frío. Sin embargo, sus ojos no se abrían. Todas las noches que había pasado sin poder conciliar el sueño en las últimas semanas le estaban pasando a factura. Sus sueños, influenciados por sus problemas, por la tensión que el futuro le provocaba, se fueron tornando más y más oscuros paulatinamente. El fuego que había devorado a sus padres y parte de su hogar. El hecho de que Lorick le había estado mintiendo todo aquel tiempo. La soledad que siempre la acompañaba. Las criaturas que ahora sabía que existían... Todo lo que antes era fortaleza y vivacidad, ahora se veía opacado por el miedo. Y se odiaba por ello. 



Los animales nocturnos comenzaron a llenar la quietud del bosque con multitud de sonidos. Búhos cazando ratones. Ratones huyendo de los primeros, buscando refugio en sus madrigueras. Ajena a todo ello, Irïna se abrazó a sí misma y siguió durmiendo, murmurando en voz baja algo que, al despertar, no recordaría.




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