Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Finn Hooper el Lun Feb 13, 2017 9:44 pm


“We must resist. we must refuse to disappear.”
— Margaret Atwood, Roominghouse, Winter


Estaba nervioso. Bueno, es que Finn siempre parecía estar nervioso, pero esta vez era más notorio. La noche ya estaba sobre París, no acostumbraba a estar tan tarde fuera de casa. Es más, se escapó de Aishe, como si tuviera que darle explicaciones a la gitana. Su mente vagó de la chica de piel como chocolate a su situación en referencia a ella. Sacudió la cabeza, no había tal cosa, no existía “una situación” entre ellos. Sólo vivían juntos porque ambos así lo necesitaban.

Se abrazó a sí mismo. La noche comenzaba a bajar de temperatura. El invierno estaba haciendo de las suyas y creyó que había ido muy ligero de ropa. El vaho que salía de su boca le daba un aspecto fantasmal. Después de su charla con Casstronaut, ahora sabía que en este mundo no sólo existían humanos sin demasiadas complicaciones y la sola remembranza, le trajo más angustia. Ahí, solo bajo la luz de una farola era blanco fácil para esos moradores de las sombras.

«Casstronaut, dónde estás» rogó que no tardara mucho más. Sin darse cuenta, sus dientes comenzaron a castañear, aunque quizá no era por frío, y sí por miedo. Finn no era de esos que ocultaban sus emociones y lo aceptaba, estaba asustado. Escuchó un ruido más allá y pegó un salto, para su fortuna, de entre la penumbra salió un perro flaco, lleno de pulgas. Lo lamentó, le hubiera gustado llevárselo. Observó al animal irse con la cola entre las patas y al marcharse, pareció que dio pie a un nuevo sonido. Pasos… clac clac clac. Llevaban un compás muy marcado, una cadencia casi inocua. Se giró y bajando por la calle venía ella.

Finn soltó los brazos y sonrió. Era muy bonita, lo creyó desde aquella tarde en la biblioteca, pero ahora esa belleza perfilada por la luz argenta de la luna se potenciaba. Era como un escalpelo bien afilado. Y no sólo eso, sino que lo entendía, que comprendía sus propias vicisitudes a un nivel que no muchos lograban hacerlo y por ello, siempre le estaría agradecido. Fue a su encuentro a mitad de camino.

Ho-hola —saludó torpe, llevándose una mano a la nuca y sin mirarla a los ojos. Creyó que ya la había mirado demasiado cuando se acercaba. Era la primera vez, que él recordara, que asistía a una cita así. Y no se refería a los fines que los congregaban en esa esquina, sino al sencillo hecho de atender el llamado de alguien a quien podía llamar amigo—. Creo que llegué muy temprano, lo siento —se disculpó, porque Finn se disculpaba de absolutamente todo, aunque ni siquiera fuera su culpa, ¡aunque no hubiera nada de qué disculparse!

Aquí me tienes, listo para aprender —al fin alzó el rostro, y aunque seguía taimado y afectado por todo, porque todo agobiaba a Finn, se le notó un dejo muy claro de entusiasmo, y es que al inglés, todo lo que refiriera a seguir cultivándose, le emocionaba. Su talento, ¡esa mente y esa memoria! Todo estaba desperdiciado y era en pequeñas, pero significativas oportunidades como esta que encontraba alivio a sus males.


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Re: Resilience → Privado

Mensaje por Casstronaut el Vie Mar 10, 2017 11:20 pm

Muerte; ¿cuántas veces será rechazada por esta? Parece que la repudia, le da asco su esencia, su enfermedad la está pudriendo, la horroriza para que nadie la acepte. Una vez más fue humillada, creyendo que sería el final, mas no lo fue, sólo osan de torturarla, ver su faceta agónica, se retuercen por verla sufrir. Visitando el dolor por milésima vez, perdió el conocimiento después de haber sido un saco de huesos arrojada hacia los perros, solo uno se jactaba de poder, demandando que nadie le mordería, era exclusivamente para el dueño esa atribución, pero nadie comprendió su enfermedad, le drenaron, y le inyectaron, experimentando con ella, jugando a ser dios o quizás diablo. Hasta que todo termino, su domitor le dio vida, vigor, ese era el precio por pagar, el mendigar más tiempo a cambio del daño. Eso es lo que rogaba en este mundo intoxicado, a pesar de enfurecerse tras perderse en la hipocresía que desdeñaba en un tiempo, le enfermaba ser parte de ese ciclo. Ahora, el caminar en esas calles oscuras, su autoestima era fatal, no se lamenta por aferrarse a la vida, si se mentía a sí misma en esa irrealidad sólo para sobrevivir, lo seguiría ejecutando, el mundo es cruel, y frío, tanto que el silencio le hizo recordar que debía acudir a su labor.

Más, ¿será capaz su fortaleza de resistir? Su aliento como el de la luna se percataba escandaloso, su espíritu en ese cuerpo que queda desnuda, formulando un cristal muy sensible, intentando romperse en un frágil susurro que se escapa en la inmensidad de este frío y hostil mundo, hay personas que no nacieron para habitar bajo la máscara, pero ella, es quien deambula en las nocturnas noches cobijadas de dolor y silencio sepulcral, atesorando la soledad que es arrebatada por un vuelco total que confunde y trastorna la mente, deseo de poder estar en compañía, pero ahora solo escucha las voces de todos menos la suya, esta se ha confundido entre las sombras de su propia estupidez al dejar que el tiempo pase. Pero entre la baja colina, la calle parece no terminar su camino, más, entre una distancia, a lo lejos se alcanza a percibir aquel joven, que encomendó su secreto, y que ahora le motivó a seguir. El tormento debía cesar, y debía abrir paso a esa tranquilidad que desprende Finn; un ser tan humilde, alguien que podía confiar a ciegas. Y vaya que alegría, coincidencia, tal vez, hasta en ese momento recordó que debían encontrarse, era tarde, lo sabía. Y lo único que pudo hacer, fue agitar su mano, saludando, cargando la bolsa donde yacen los libros.

— Finn, no te disculpes, debería ser yo quien lo haga, pasaron sucesos inesperados, pero aquí estoy, de nuevo es grato volver a verte.

Miró su faceta por un instante, por un momento pensó en abrazarlo, ¿pero quién era ella para tan apreciado acto? Por lo que sonrió, su característico rostro melancólico. Junto con el fuerte frío no era problema, era la misma temperatura en cualquier parte de parís, al menos sí, al lugar a donde se dirigen, ella iba bien arropada, ¿debía agradecer que tuvieran consideración al menos en ello? El no haber terminado como en otras ocasiones, con la ropa manchada de sangre, sucia y rota. Tal vez si se apiadaron en ese sentido en ella. ¡Que dicha! En cambio el joven, ¿porque iba tan descubierto?.... sin cuestionar y sin esperar, desplegó los guantes de las manos, desnudando estas, ofreciéndolas a Finn, desenrollando la bufanda de su cuello, acomodándola a quien espero por ella, sentía culpa, por lo que solo quedaba remediar la demora.

— Ponte esto, son temperaturas muy altas, no debemos permitir enfermar por ello, debemos evitar virus y/o bacterias de cualquier índole, vamos hacia la morgue, ahí es donde aprenderás más de lo que un ratón de biblioteca haría.

No espero a una negación o aceptación, ella lo hizo con amabilidad, sonriéndole, sin desprestigiar su oficio, pero quiso al menos bromear un poco. Aunque ya era momento de emprender caminata, debían ir a la morgue, ahí es donde su cita sería, (que romántico si le gustan los muertos, que dulzura, si adora los segmentos deteriorados). Les esperaba un cadáver, un inmortal y sobretodo, conocimiento, debían esperar a su llegada, ese fue el pago a uno de quienes se privilegiaron de la linfa de la leucémica.



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Re: Resilience → Privado

Mensaje por Finn Hooper el Mar Abr 18, 2017 10:57 pm


“Words are easy, like the wind; Faithful friends are hard to find.”
― William Shakespeare, The Passionate Pilgrim


Ahora que la veía más de cerca, notaba algo diferente, pero no podía identificar el qué. Además, le dedicaba miradas tan furtivas que era difícil conocer los detalles; ese era su problema, sabía de muchas cosas, pero observaba muy poco, por esa misma incapacidad suya de poder ver a alguien a los ojos. Alzó el rostro lo suficiente, y le sonrió con timidez, no muy seguro de qué decir.. Tenía preguntas, ese simple comentario por parte de Casstronaut le generó muchas interrogantes, pero no se atrevió a formularlas, no aún.

Fue tomado por sorpresa cuando le ofreció sus guantes y le colocó la bufanda. No opuso resistencia. La tela de aquella prenda olía a ella. Y estaba cálida, fue hasta ese momento que se dio cuenta del frío que estaba haciendo. Sólo a él se le ocurría salir así, a esa hora. ¿Así se sentiría un abrazo de Casstronaut?

Es grato volver a verte, también —respondió y antes de poder continuar, algo lo sacó de su centro, que de todos modos era un sitio poco seguro.

Oh —suspiró, y abrió los ojos. «La morgue», ahora lo entendía. Si no fuera por ese gesto que acababa de tener para con él, seguramente moriría congelado. Un muerto más en aquel lugar. Le daba algo de… ¿miedo? No, no era miedo, pero sabía que debía acercarse con caución a un sitio como aquel, más aún después de la información que Casstronaut le había soltado la última vez.

Asintió y la siguió, sin más.

Muchas gracias. Creo que no soy el hombre más prevenido —comentó. Ya tenía puestos los guantes, que le quedaban bien, a pesar de que las manos de ella eran más finas. Pero no demasiado. Finn era un niño rico que había huido de sus lujos, y aún ahora, no tenía mucha necesidad de hacer trabajos pesados, la biblioteca había sido una bendición hasta el momento. Un refugio, el marco en el que conoció a Casstronaut también. Y por ello, sus manos no tenían callos, ni eran muy toscas. Eran manos de niñita, o eso le había dicho su cruel padre alguna vez, como para disminuirlo, aunque Finn nunca entendió qué de malo tenía eso.

Veamos cómo resulta. No podemos negar que soy un ratón de biblioteca —soltó una risa suave que se desvaneció en la noche. Fue un intento por querer bromear, aunque incluso el silencio se sentía cómodo al lado de ella. ¿Cuántas personas le provocaban tal confort? Muy pocas, o ninguna, salvo la chica, quizá.

Casstronaut —volvió a abrir la boca. Pronunció el nombre como si no quisiera tocar las letras que lo conformaban—. Dices que sucedieron cosas inesperadas… ¿fueron cosas buenas? ¿Te encuentras bien? —Se acomodó la bufanda prestada y se atrevió a mirarla de soslayo. Le preocupaba. Era alguien a quien, a su modo precario y torpe, debía cuidar. Le sonrió también, y fue de un modo más claro, sus labios se curvaron sin lugar a dudas.

Te ves… diferente —algo había cambiado. Y no iba a preguntar directamente, quizá ella no quería hablar del asunto, sólo quería saber eso, si estaba bien.


Última edición por Finn Hooper el Mar Jul 18, 2017 8:52 pm, editado 1 vez


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Re: Resilience → Privado

Mensaje por Casstronaut el Dom Mayo 07, 2017 5:01 pm

Hay tanto silencio, su templo adolorido no podía desplomarse, es fuerte, se hace insuperable al daño, arropándose en la inmensa tranquilidad que fluyo tras estar frente a un ser que jamás le hará daño, por ello, se siente en plena confianza, con una alegría, y una sonrisa asemejándose a la protección, desterrando lo vivido para continuar, sosteniéndose de la bolsa donde yacen los libros para contener el deseo de esconderse, extraño, pero era verdadera la sensación, más jamás se movió, recibía con el mismo carácter de aquella vez en la que se conocieron, pero con un toque de agradecimiento, esta vez no tuvo que salvar, ayudar a alguien, más esa persona; Finn, fue quien le amparo, y por su sinceridad en sus sensatas emociones, que con la delicadeza le arropa, sin permitir que enferme por su culpa, ni que piense que faltaría a su palabra de mostrarle un mundo enriquecido del saber. Ella físicamente esta mejor que en muchas anteriores noches, donde sí estaba al borde de la muerte, ahora, estaba superando las líneas de la existencia, si carecía de vida, ahora, un tenue rubor le invitan a verse un poco humana. Recibida por cálidas palabras, un momento donde te gritan que no estás sola. E iba a hacer algo por él, que descubra lo importante que es la morgue, y no se quede con la finta de que solo es muerte lo que se habita.

— Nadie lo está Fiin, pero se intenta salir de ello al estar situados, no tomes importancia a eso. Y, es un halago ser ratón de biblioteca, ya que se debe tener el control necesario para no querer devorar tanto libro en un solo día, ¿cierto? ...Oh,  ¿qué sucede? ¿Es la primera vez que vas a una morgue? Para ser sinceros, es el mejor lugar donde seguro puedes estar, eso si eres de un aura tranquila para no despertar a los muertos.

Sin más, emprendió pasos, yendo hacia la morgue, observando la manera en la que los guantes le quedaron, y el cómo la bufanda combinaba con su atuendo. Uniéndose a una escasa broma, bien se nota que ninguno de los dos está acostumbrado a esas situaciones, y lo miraba con más entendimiento, hasta podría decirse que ha logrado expresar más de lo que se imagina, y ahora el vivir una experiencia como esta, llenan el espíritu, ¿estaba loca? No, porque se abren las puertas del ciclo de la existencia, donde el alma del muerto está en proceso de sanación para ir a otro mundo, todos temen, pero nadie comprende la exacta sensación de lo que representa.

Que mientras caminaban, instintivamente su reacción se detuvo, más seguía el andar, era obvio, lo sabía, pero tenía miedo, sí, quizás a que sea juzgada por él, y se desmorone la placidez entre ellos dos. Sin mirarlo, enfocando la mirada al frente, donde el suelo era extenso, y deslizando sus manos a las bolsas del abrigo, acogiéndose con duda, y debía sonreír, porque de no hacerlo, delataría su incomodes a tal cuestión.

— Dependiendo de la manera en la que lo veas, para mí es “bueno”, estoy viva, que es lo más importante. Más, la diferencia sé, que es desmesurada. Sabes la respuesta, aquel día te mencione que para seguir aferrándome a la vida, estoy involucrada con un inmortal, no eran falacias aquellas palabras, pero no es por compasión, ni gratuito el auxilio, estoy pagando por cada gota consumida, ¿puedes imaginarte como, y durante cuánto? Ni yo tengo idea, es un horror, porque estoy compensándolo con las peores atrocidades, aquel vampiro suministra mi vida, la controla, y él decide cuando, como y donde hacerlo, a su antojo pausa mi agonía, o la eleva hasta creer que estoy muerta, pero solo así puedo retener a la enfermedad, pausar la última etapa y huir de la muerte, y es el porqué de mi cambio, estoy más viva que ayer, más apegada a la vida que nunca.

Comentaba, con la voz a flor de sosiego, avanzando cada vez más a su destino, frotando las manos sobre la seda de la prenda, aún sin mirarle, podía imaginarse lo egoísta que se escucha, y lo bestial que resultaba, así que guardo silencio, en espera de no ser apartada de su esperanza para con él.



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Re: Resilience → Privado

Mensaje por Finn Hooper el Miér Jul 19, 2017 9:32 pm


¿Estaba reparado? ¿Era un aura tranquila, como ella había dicho? No lo sabía con certeza, pero quiso creer que Casstronaut no lo llevaría a un sitio así, si de verdad corriera peligro. Confiaba en ella como hace mucho no confiaba en nadie. Su fragilidad era un confort que Finn no sabía que necesitaba. Era cierto que el muchacho constantemente parecía estar en busca de un refugio, pero pocas veces se encontraba con una respuesta tan meridiana a sus preguntas. Ella era así, en su extraña y bella sutileza, una réplica diáfana.

La siguió de cerca, a cada paso, incluso a cada ademán, como si temiera que la lección ya estuviera comenzando sin que él se hubiera dado cuenta. Intercambió miradas, y temió que sus preguntas hubieran echado sal a heridas recientes. De inmediato comenzó a odiarse. Casstronaut era alguien que le provocaba querer protegerla, aun con sus escasas fuerzas. Y ahí estaba, haciéndole daño.

Dio un respingo cuando ella respondió; aliviado porque el momento de incomodidad pasó rápido, pronto, sin embargo, esa sensación desapareció al escucharla. Sus ojos se tornaron tristes.

Desde la última vez que se vieron, Finn aún luchaba por conciliar la realidad que Castronaut le había revelado. Y ahora, regresaba a él, un alud de verdades que eran muy aciagas. Se alegró por ella, porque, como había dicho, «estaba más viva», pero el precio era muy alto. Guardó silencio, meditando qué decir, si es que debía decir algo.

Se atrevió a estirar la mano y sostenerla del hombro, para detener su andar. La miró a los ojos, cosa que era rara en él, incapaz de sostenerle la mirada a cualquiera.

Casstronaut, quiero que sepas que jamás voy a juzgarte por lo que hagas o tengas que hacer para continuar aquí. Y también quiero que sepas que… si necesitas a alguien, sabes dónde encontrarme —la voz del joven salió quebradiza como la hojarasca. Ligera también como el follaje que el viento se lleva en remolinos.

Clavó los ojos en ella otros segundos. La idea de que su presencia se desvaneciera del mundo mortal le pareció un crimen. No quería saber los detalles de eso que el vampiro le hacía, o le obligaba a hacer, de ese modo, le sería más fácil no juzgarla.

Cualquiera gastaría hasta su último recurso para no sucumbir a una enfermedad —continuó y avanzó de nuevo. Se arrebujó más en a bufanda prestada y las manos enguantadas estuvieron escondidas en los bolsillos del pantalón—. Y me alegra verte mejor. Te ves bien con color en las mejillas —y el que obtuvo un rubor también, fue él al pronunciar aquellas palabras. Le sonrió.

Oh, no tengo idea de a dónde vamos —se detuvo cuando se dio cuenta que se había adelantado un par de pasos—, te sigo, te sigo —le dijo y regresó aquel breve tramo para entonces caminar a su lado.

La noche era silenciosa. Sólo los pasos de ellos dos, transeúntes iconoclastas en el corazón de París. Finn se encontraba entusiasmado por aprender, aunque seguía teniendo miedo. Sentir miedo era humano, ¿no? El problema con él era que siempre lo tenía anidado en el corazón; no obstante, junto a Casstronaut, se sentía protegido.


Última edición por Finn Hooper el Jue Nov 30, 2017 9:19 pm, editado 2 veces


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Re: Resilience → Privado

Mensaje por Casstronaut el Dom Ago 13, 2017 12:05 am


No, todo lo que se percibe no puede ser tristeza, ella habla como si la enseñanza fuese la correcta para que abran los ojos y no estén cegados bajo el mundo cotidiano a que todo el mundo al parecer se deja guiar, y depositan la confianza a lo que es conocido exclusivamente, y escapan del avance, de las crueldades mismas que la vida necesita para fortalecerse y seguir avanzando, luchar y aprender de los errores, y que digan lo contrario, no se necesita de los errores mismos, claro que no, al diablo quien haya hecho mención que solo en carne propia se llega aprender. Porque ahí estaba la leucémica, arrojando una grotesca preparación al verdadero mundo al que se enfrentan. Quedando solo silencio entre ellos como intervalo en el descubrimiento que claramente el joven apenas procesaba. Sin exigir demasiado, ella se limita, otorgando que acomode sus pensamientos mientras están en poco de llegar al destino. Ya que, la morgue resultaba ser un escándalo violento, una destrucción y recombinación de hechos y actos que harán un cambio necesario, mezclando lo horrible con lo bello y el ejemplo perfecto eran esos dos: donde ella es lo más horrendo que pueda existir; un ser reducido a carne enferma o a carroña, despojada no sólo de alma y trascendencia, sino de todo valor convencionalmente relacionado a su supuesta condición de ser superior. Pero detrás de la dura superficie, surge otro tono, otra intención. Y posiblemente sea aquí donde entre Finn; una de las motivaciones ocultas para estos juegos combinatorios, vinculandose con un profundo e inconfesable sentimiento de piedad, piedad con ese ser despojado y reducido a lo más carnal de su existencia. ¡Sino, tan solo mírenlo, el cómo le observa, el cómo le haba...!

— Finn, te he encontrado, al fin lo he hecho, eres la clave ya de mi incierto porvenir, eres muy amable y sé que siempre podre contar contigo. Por tanto, el trato es el mismo, mientras tú estés, yo estaré para ayudarte. En verdad agradezco que tú más que nadie, no me juzgues, es reconfortante saberlo, y aún más, saber que con este atuendo puedo alegrarte, y sacar de ti un gesto muy expresivo.

¿Qué podía hacer en ese instante? Nada, solo dejar que la frialdad acariciara una vez más a un humilde corazón hallado, respondido con la más sincera sonrisa a tan valiosa oferta. Púes en los peores momentos resulta prevalecer la preocupación y el apoyo incondicional. ¡Es por ello que le daría todo a Finn! Todo lo que posee se lo entregara, y cuán magnífica conversación, seguía sonriendo, liberando pequeñas risas, avanzando y manteniéndose a su lado, cuando él hacía lo mismo.

— Ahí es a donde nos dirigimos—; Alzando la falange y señalando directamente a la edificación sombría, una morgue sin duda alguna donde sus puertas siempre estaban abiertas para ella, un trato es lo que tiene con el dueño del lugar. ¡Ah! Y qué sensación más impresionante y atractiva, y junto con él, era aún mayor, una ansia de ya desnudarle el conocimiento, por lo que el entusiasmo se escuchó de ella.

— ¡Vamos, ya nos están esperando! Anda, cierra los ojos y solo dime lo que sientes, no te preocupes no te soltare, eres mi principiante, por lo que a partir de ahora te cuidare y hasta que veas lo que quiero enseñarte esta noche, te diré que abras los ojos. Confía en mí y camina.

Pidió, aconsejo y procuro con el debido cuidado al momento en que cerrara los ojos, tomándole del brazo antes de adentrarse a la edificación, siguiendo sus pasos pero dirigiéndole el andar, siendo totalmente oscuro, silencioso y con un aroma infecto, pero más allá de esto, el sosiego lo era todo. Tanto, diría demasiado que entre el pasillo recorrido y el llegar al cubiculo correcto, yacían en las camillas los cadáveres, unos recién depositados y otros que jamás fueron reconocidos. Siendo el momento de que abriera los ojos, y observara, ese era la primera docencia.



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Re: Resilience → Privado

Mensaje por Finn Hooper el Jue Nov 30, 2017 10:03 pm


Quiso encontrar en sus palabras la promesa de un mañana en el que ambos siguieran habitando esta tierra perenne. Apenas esbozó una sonrisa pequeña, agradecido y halagado a partes iguales, y es que esos eran los sentimientos más habituales en él, la humildad y la vergüenza reflejadas en su rostro apuesto y tímido. Ahora era receptor de Casstronaut, de lo que tuviera y quisiera decirle, de lo que iba a enseñarle, incluso de sus silencios, que, al contrario de muchos, él encontraba maravillosos; no sólo los de ella, sino los del mundo entero. Ansiaba una ciudad muda, que lo dejara trabajar, embeberse en libros y no le hiciera preguntas, y ese sosiego lo encontraba aquí, con ella.

Miró allá donde ella señalaba y antes de poder decir algo, se quedó con las palabras en la boca cuando le pidió cerrar los ojos. Lo hizo sin chistar, aunque con algo de duda. Se dijo, mientras iba a su cita esa noche, que debía tener la mente abierta y obedecer a Casstronaut si es que en verdad quería aprender. Esa era la cosa, en verdad quería aprender, y lo hizo sin pensarlo dos veces. Se sintió más seguro cuando la chica engachó su brazo con el propio. Se sintió seguro, pero aún así dio pequeños pasos, no quería tropezar y de paso llevarse a Casstronaut al suelo.

De inmediato un ambiente frío lo envolvió, el aroma también era fuerte, a putrefacción y formol, lo mareó un poco y cerró más fuerte los ojos en un acto reflejo. Sintió náuseas pero no como para comenzar a tener arcadas, así que pudo seguir.

¿Ya puedo abrir los ojos? —preguntó cuando se detuvieron. No lo hizo, quería escuchar a Casstronaut decírselo expresamente. No sería un alumno desobediente, quería sorprenderla, aunque no tuviera más compañeros en esas lecciones particulares, aún así, quería destacar.

Huele… muy… —Había muchas palabras para describir el aroma, pero no quería mostrarse débil, y por eso no alcanzó a decir ningún adjetivo, a pesar de que éste se le estaba metiendo por as fosas nasales y le calaba los pulmones. No supo si sería que tenía los ojos cerrados, o en verdad era tan intenso, pero lo estaba mareando un poco.

Medio abrió un ojo para verla y para darse idea del espacio donde ahora estaban. Estaba oscuro, y en verdad la temperatura era muy baja, lo entendía, era para mantener los cuerpos el mayor tiempo posible en condiciones adecuadas. Al asociar eso con su presencia, al darse cuenta que, en efecto, estaba rodeado de muerte, un escalofrío le recorrió la espalda. También había mucho silencio, sólo ellos lo interrumpían, ni siquiera el lejano ruido de otro ser vivo se podía percibir.

Sólo la vio a ella, y a medias, el resto fue un borrón, no sabía si ya estaba listo para enfrentarse al óbito que todo lo reinaba ahí, y por ahora, aún sin guía, decidió que no, que estaría hasta que Casstronaut le dijera. Volvió a cerrar los ojos y se quedó muy recto, como soldado, en su lugar. Soltó aire, aún envuelto en la bufanda, y aguardando por instrucciones de su maestra.


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Re: Resilience → Privado

Mensaje por Casstronaut el Mar Dic 12, 2017 8:36 pm

¿Qué tan acto más afectuoso se ha visto de una moribunda hacia un humano? No era más que esa complicidad, un secreto permitido entre ellos dos, comenzando el juego del saber y de la magia que resulta ser el arte del mismo conocimiento; dos jóvenes ansioso por descubrir las maravillas del mundo, aventureros en su propia manera de ser, excepcionales en cada forma en la que se guste deleitar. Yendo ahora así, a lo que se enfrentarían para vivir, porque de cierta manera la vida es esa, al menos para ella, y se la compartía al ser más puro e inocente. Guiándolo con la certeza de que con él, será eterna, porque no hay temor en ese instante, no hay palabra sacrificio cuando le sujeta de su brazo y camina a su lado; siendo sus ojos, su vista en el instante en que le lleva a la edificación, siendo pasos ligeros y decididos, si moría un dia de estos, no habría tormento, ni crueldad en tal suceso, porque al fin halló a quien le daría todo para que termine con lo que su maestro le concedió, el legado seguirá, y eso sería una cadena hermosa, y es así como un moldeador es perpetuo, y solo por lo que llegó a hacer en su momento y se dio a conocer. Por eso, la felicidad respira la leucémica, se podía escuchar estando tan cerca de él, y poco a poco la temperatura fue descendiendo, capturando fragancias verdaderas, la misma esencia con la que llegan y se despiden los templos: propios olores, concentrados y eran los cadáveres recibiéndolos, postrados en sus respectivas camillas, cuando las puertas fueron abiertas para ellos, y como presentación, se dio primero por parte de ellos, con esas blanquecinas sábanas, ahí es donde todo un misterio yace. Esperando que se presentara el cuidador ante ellos, se sintió extenso por parte de ella, y debía de ser el mismo caso para él, inquietos por comenzar, y tener que aguardar para que les otorgaran el cuerpo correcto, impacientaba, aun cuando Finn lo requirió, sólo masajeo su brazo y susurró; Aguarda un poco más, lo están preparando para nosotros, lo desnudan, le retiran cualquier objeto que lleve, y lo lavan, le echan agua para retirar los restos de sangre y demás mugre que se presente.

Que al fin el cuidador de la morgue hizo presencia, les llevó hacia el que será suyo; un cadáver, declarando el estado de este, y el cómo cumplía con sus demandas. El trato que llevan esos dos es que debía entregarle cuerpos sin ser identificados, recientes a la hora de su muerte, pues el jugar con el rigor mortis sí que representa un obstáculo. Y todo ese diálogo era monótono, y valioso para que aprendiera Finn, porque en eso solo se aprende escuchando y claro leyendo sobre anatomía, y demás libros con referencia a moldear. Por un momento estuvieron parados frente al cadáver, sin moverse, y cuando la sábana fue retirada y el cuerpo fue expuesta, ella habló, llegó el momento de que abriera los ojos y observara, por lo que le soltó y comenzó a caminar hacia la mesa de madera, donde los instrumentos, y cualquier vestimenta adecuada les esperaban...

— Abrelos, y dime, ¿qué es lo que ves? ¡Ah, cuidado, no puedes tocar, aun no, y no así —. Pero entre que ansiaba escucharlo, y previno, ella tomó la sobre túnica blanca y comenzó a vestirse como un ángel, colocando el cubre bocas, y demás artículos para evitar la transmisión de cualquier bacteria, una vez hecho para ella, lo hizo con él, le fue guiándolo, como una madre viste a su hijo y evita que contraiga alguna enfermedad. Emocionada lo examina, retirando bufanda y sin apartar la vista que tiene hacia la camilla, claro con el cadáver. Pasando a la etapa del porque debe procurarse mientras cubre sus manos. — En este depósito de cadáveres, como nosotros no venimos a descubrir la causa de su muerte, sino a estudiar, explorar y saber más del funcionamiento del cuerpo con respecto a la moldeadura, por esa razón está desnudo, y cubierto de sus orificios para prevenir que libere agentes infecciosos, o factores riesgosos, por ello, debes proteger tanto tu cuerpo como el de él. Y una vez puesto estos guantes, podrás comenzar a tocar. Si tienes alguna inquietud, por favor, dímelas. Esto es un protocolo que hace alguien experto en tratar con cadáveres, siempre asegúrate de estado del cadáver, pero siempre tener la seguridad de ti mismo en cualquier caso, porque no siempre sabrás si posee una toxina maligna, o una enfermedad contagiosa, por eso de manera general evitas todo. Y lo harás vistiéndote como un ángel, veelo de esta manera, será el último quien le tocó y debes ser respetuoso.

Se retiro el cuidador, y les dejo solos, ya era el trabajo para ellos, y antes de proseguir, necesitaba cerciorarse de Finn, si podrá superar lo que sus ojos ven, si su fortaleza saldrá para no negarse a la abertura del cuerpo, y lo que estara a punto de ver, si es capaz de soportar todo esto, y de ser así, que muestre que tan interesado está.



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Re: Resilience → Privado

Mensaje por Finn Hooper el Lun Abr 09, 2018 9:22 pm


A pesar de haber escuchado qué era lo que los detenía (la preparación del cadáver), Finn no sintió repulsión o miedo, no un miedo paralizante, claro que había temor en su pecho, el normal, el que cualquier persona sentiría al tener que enfrentarse a lo desconocido. Pero es que el contacto de ella lo tranquilizó, tragó saliva y se dejó guiar una vez más, aunque esta vez el recorrido fue más breve.

Se sintió desprotegido cuando ya no la sintió a su lado, por fortuna recibió la orden de abrir los ojos y lo hizo de a poco, no quería enfrentarse a algo que lo tomara desprevenido así de golpe. Las largas pestañas ayudaron a que las imágenes frente a él tardaran en formarse. Se dio cuenta que había estado esperando cosas demasiado horribles, porque al percatarse del cadáver que aguardaba por ambos, pudo notar que no era tan horrible. Era sólo una persona desnuda, que sí, tenía tapados los orificios de su cuerpo y la palidez de su piel helaba el alma, pero fuera de eso, lucía como alguien que se había ido a dormir, además, Finn jamás había sido morboso, así que la falta de ropa no le ocasionó ninguna reacción.

Sólo hasta que Casstronaut le dijo que aún no tocara se dio cuenta que ya tenía una mano en lo alto, la curiosidad, al parecer, le era más imperante que el miedo. Era un hombre dedicado al conocimiento, después de todo, y eso estaba en su naturaleza. Dio un respingo y cuando la vio, ella ya estaba vestida de blanco. Se acercó y se dejó hacer, ayudándola aunque dejándole la batuta, no quería hacer algo más, sobre todo después de la extensa explicación.

Recordó el libro que leyó tras su primer encuentro, uno sobre Anatomía post mortem, y había leído algo de eso. La última parte de lo que dijo ella le caló hondo: ser respetuoso. Esto era mucho más que estudiar un cuerpo y aunque era sumamente macabro, le gustó saber que así se manejaba ella, y toda la lección que estaba a punto de recibir.

Vio como el cuidador los dejaba solos y terminó por ajustarse el tapabocas. Se paró al lado de su maestra, observó largamente el cuerpo, con atención, sorprendido de sí mismo ante su serenidad.

¿Qué es lo que veo? —repitió la pregunta—. Veo una persona a la que se le ha acabado el tiempo. Veo muerte. Veo lo único que es inevitable. Veo cómo termina un ciclo. Veo lo más natural y difícil de aceptar —dijo como en un trance, bastante seguro de sí mismo, sin titubeo alguno, lo cual era raro en él. Sin darse cuenta había comenzado a avanzar y había rodeado la mesa donde estaba el cuerpo sin vida, cuando se detuvo, estaba justo frente a Casstronaut, con el cadáver de por medio.

Creí que me sería más difícil enfrentarme a esto —declaró—, pero… ¿sabes? Es lo único que nos llega a todos por igual, es extrañamente alentador saber eso. —La miró fijamente para luego regresar la vista al cuerpo en turno, donde un alma ya no habitaba, ¿estaría ahí cerca? Esa era otra cosa que ahora sabía tras conocer a la chica, ahora conocía del mundo sobrenatural.

Acercó los dedos al borde de la mesa, pero no tocó nada, aún cuando ya tenía las manos enguantadas. Se repitió que debía ser un alumno ejemplar.


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Re: Resilience → Privado

Mensaje por Casstronaut el Lun Jun 18, 2018 11:25 pm

Miró, no había forma de que ese momento fuese descrito; el ver como su aprendiz se presentaba ante el conocimiento, pudiéndose decir que fueron esos ojos la clave del porqué le cuestionó, necesitaba compartir el sentimiento ya que una vez ella se halló en esa misma manera, siempre la primera vez era emotivo y jamás inolvidable por el contrario, se ahumaban episodios tras de este retroalimentando y está segura que él quedará más fascinado con el proceso, lo tenía ahí, a plena disposición y con la seguridad comenzó a tomar entre sus dedos la cabeza, (una vez colocada al frente), como la líder de la operación y a su derecha su suplente. — Ese es el primer paso, aceptar la naturaleza del cuerpo, no temerle a los cadáveres, y aún más, estar seguros de sí mismos de lo que nuestras manos pueden llegar a descubrir. — Habló. Casstronaut no era alentadora en el tema de la muerte, ella mâs que nada no desea descansar sobre una pira, el morir es lo que le motiva a no terminar de esa manera, pero ella no quiere imaginarse el cómo morirá, (y en ese estado, ya se sabe cómo será, más no quiere pensarlo) eso se lo deja al tiempo que tenga y mientras tanto, se enfoca en reconstruir, salvar del abismo a la humanidad, porque sabe el horror el que se vive, el dolor de limitarse a la existencia.

— Tienes que inspeccionar el estado en el que se encuentra el segmento a reparar, como ahora solo nos enfocamos al estudio para con los tejidos que reubicaran y reconectaran los vasos sanguíneos y con los nervios requerirán emplear técnicas de moldeado. Ya que este cuerpo no presenta una anomalía en sí; una deformación a un segmento específico. En eso es lo que nos debemos enfocar primeramente, por ejemplo; si en éste cuerpo hubiese una alteración en este rostro, que la nariz esté pequeña o grande, que un labio sea mas grande que otro, o que haya sufrido heridas en cuanto quemaduras o cortaduras, estas manos hacen lo posible para volver al estado en el que se hallaba la piel.

Había hecho de un lado a otro la cabeza, acomodandolo para proseguir con el toque en la piel, que tan flácida estaba la piel, y le indico con la mirada para que se acercara, invitando a que pusiera las manos en el mismo estado que ella hacía, tenía que conocer la diferencia de tejidos, el cómo debía seleccionar el área para quitar tejido y emplearlo a la zona requerida.— Debes de comenzar a diferenciar los tejidos, de donde es que puedes tomar, y lo que ves aquí, todo esto es utilizable para suplantar en otras partes. Hace poco, pude reconstruir un pedazo de hueso de la nariz, estaba completamente destruida, y con un poco de alambre y movimientos quedo.

Estaba siendo quizás muy rápida en brindarle este tipo de saber, pero tenía que ser así ya que no siempre se cuenta con un cadáver. Y el indicarle las formas y los caminos que del rostro emanan para modificar, estaba haciendo contacto directo con las manos ajenas, tomaba sus dedos para que siguiera líneas.— Ahora, es momento de mostrarte de lo que estoy hablando, debemos hacerlo rápido porque es muy complejo con un muerto. — Abandonó esas manos, y dejo que él siguiera indagando, yendo a tomar los instrumentos necesarios para mejorar ese rostro. — Adelgazaremos el rostro, y quitaremos este pequeño hueso que hace ver la nariz algo hinchada.

Tomó un frasco que contenía un antídoto para mantener frágil el tejido, untandolo con un algodón en todo el rostro, y primero se dedicarían a la nariz. — Antes de abrir la nariz, los utensilios que emplees deben de estar desinfectados bajo olla a presión, (que era el agua hirviendo), como; martillo lucae, osteotomo cinelli de varios tipos, una raspa, bisturí, retractor, ganchos, pinzas de maneras distintas al igual que tijeras, un noble, una canula succion, portaguja y elevador de doble lado, etc. Mismos que traigo y que nos ayudaran para esto. Ahora, ¿Estás listo?...

Llegó el momento, inició con el corte (incisión) hecho dentro de las fosas nasales, poniendo una férula metálica por fuera de esta, lo cual ayudaba a conservar la forma del hueso, ejecutando un abordaje en el dorso, (deleitando el sangrado en los guantes, esa preciosidad de estructura que jugaba con cada uno de los utensilios), raspando ese dorso tras medir la altura adecuada para remover la tira basal inferior, realizando cortes hasta que su amado retractor (instrumento que proporciona un hilo para sujetar los tejidos en coseduras) era retomado para unir las partes cortadas, un proceso sumamente delicado y que dejaba a la vista a su aprendiz y explicaba paso por paso, mostrando que hacía cada instrumento y el cómo debía manejar las manos. Hasta le pidió que sostuviera el retractor en lo que ella cortaba de una vez los tejidos de los pómulos. Volviendo a explicar indicar como coser para que el lo finalizara.



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