Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Finn Hooper el Lun Feb 13, 2017 9:44 pm


“We must resist. we must refuse to disappear.”
— Margaret Atwood, Roominghouse, Winter


Estaba nervioso. Bueno, es que Finn siempre parecía estar nervioso, pero esta vez era más notorio. La noche ya estaba sobre París, no acostumbraba a estar tan tarde fuera de casa. Es más, se escapó de Aishe, como si tuviera que darle explicaciones a la gitana. Su mente vagó de la chica de piel como chocolate a su situación en referencia a ella. Sacudió la cabeza, no había tal cosa, no existía “una situación” entre ellos. Sólo vivían juntos porque ambos así lo necesitaban.

Se abrazó a sí mismo. La noche comenzaba a bajar de temperatura. El invierno estaba haciendo de las suyas y creyó que había ido muy ligero de ropa. El vaho que salía de su boca le daba un aspecto fantasmal. Después de su charla con Casstronaut, ahora sabía que en este mundo no sólo existían humanos sin demasiadas complicaciones y la sola remembranza, le trajo más angustia. Ahí, solo bajo la luz de una farola era blanco fácil para esos moradores de las sombras.

«Casstronaut, dónde estás» rogó que no tardara mucho más. Sin darse cuenta, sus dientes comenzaron a castañear, aunque quizá no era por frío, y sí por miedo. Finn no era de esos que ocultaban sus emociones y lo aceptaba, estaba asustado. Escuchó un ruido más allá y pegó un salto, para su fortuna, de entre la penumbra salió un perro flaco, lleno de pulgas. Lo lamentó, le hubiera gustado llevárselo. Observó al animal irse con la cola entre las patas y al marcharse, pareció que dio pie a un nuevo sonido. Pasos… clac clac clac. Llevaban un compás muy marcado, una cadencia casi inocua. Se giró y bajando por la calle venía ella.

Finn soltó los brazos y sonrió. Era muy bonita, lo creyó desde aquella tarde en la biblioteca, pero ahora esa belleza perfilada por la luz argenta de la luna se potenciaba. Era como un escalpelo bien afilado. Y no sólo eso, sino que lo entendía, que comprendía sus propias vicisitudes a un nivel que no muchos lograban hacerlo y por ello, siempre le estaría agradecido. Fue a su encuentro a mitad de camino.

Ho-hola —saludó torpe, llevándose una mano a la nuca y sin mirarla a los ojos. Creyó que ya la había mirado demasiado cuando se acercaba. Era la primera vez, que él recordara, que asistía a una cita así. Y no se refería a los fines que los congregaban en esa esquina, sino al sencillo hecho de atender el llamado de alguien a quien podía llamar amigo—. Creo que llegué muy temprano, lo siento —se disculpó, porque Finn se disculpaba de absolutamente todo, aunque ni siquiera fuera su culpa, ¡aunque no hubiera nada de qué disculparse!

Aquí me tienes, listo para aprender —al fin alzó el rostro, y aunque seguía taimado y afectado por todo, porque todo agobiaba a Finn, se le notó un dejo muy claro de entusiasmo, y es que al inglés, todo lo que refiriera a seguir cultivándose, le emocionaba. Su talento, ¡esa mente y esa memoria! Todo estaba desperdiciado y era en pequeñas, pero significativas oportunidades como esta que encontraba alivio a sus males.


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Re: Resilience → Privado

Mensaje por Casstronaut el Vie Mar 10, 2017 11:20 pm

Muerte; ¿cuántas veces será rechazada por esta? Parece que la repudia, le da asco su esencia, su enfermedad la está pudriendo, la horroriza para que nadie la acepte. Una vez más fue humillada, creyendo que sería el final, mas no lo fue, sólo osan de torturarla, ver su faceta agónica, se retuercen por verla sufrir. Visitando el dolor por milésima vez, perdió el conocimiento después de haber sido un saco de huesos arrojada hacia los perros, solo uno se jactaba de poder, demandando que nadie le mordería, era exclusivamente para el dueño esa atribución, pero nadie comprendió su enfermedad, le drenaron, y le inyectaron, experimentando con ella, jugando a ser dios o quizás diablo. Hasta que todo termino, su domitor le dio vida, vigor, ese era el precio por pagar, el mendigar más tiempo a cambio del daño. Eso es lo que rogaba en este mundo intoxicado, a pesar de enfurecerse tras perderse en la hipocresía que desdeñaba en un tiempo, le enfermaba ser parte de ese ciclo. Ahora, el caminar en esas calles oscuras, su autoestima era fatal, no se lamenta por aferrarse a la vida, si se mentía a sí misma en esa irrealidad sólo para sobrevivir, lo seguiría ejecutando, el mundo es cruel, y frío, tanto que el silencio le hizo recordar que debía acudir a su labor.

Más, ¿será capaz su fortaleza de resistir? Su aliento como el de la luna se percataba escandaloso, su espíritu en ese cuerpo que queda desnuda, formulando un cristal muy sensible, intentando romperse en un frágil susurro que se escapa en la inmensidad de este frío y hostil mundo, hay personas que no nacieron para habitar bajo la máscara, pero ella, es quien deambula en las nocturnas noches cobijadas de dolor y silencio sepulcral, atesorando la soledad que es arrebatada por un vuelco total que confunde y trastorna la mente, deseo de poder estar en compañía, pero ahora solo escucha las voces de todos menos la suya, esta se ha confundido entre las sombras de su propia estupidez al dejar que el tiempo pase. Pero entre la baja colina, la calle parece no terminar su camino, más, entre una distancia, a lo lejos se alcanza a percibir aquel joven, que encomendó su secreto, y que ahora le motivó a seguir. El tormento debía cesar, y debía abrir paso a esa tranquilidad que desprende Finn; un ser tan humilde, alguien que podía confiar a ciegas. Y vaya que alegría, coincidencia, tal vez, hasta en ese momento recordó que debían encontrarse, era tarde, lo sabía. Y lo único que pudo hacer, fue agitar su mano, saludando, cargando la bolsa donde yacen los libros.

— Finn, no te disculpes, debería ser yo quien lo haga, pasaron sucesos inesperados, pero aquí estoy, de nuevo es grato volver a verte.

Miró su faceta por un instante, por un momento pensó en abrazarlo, ¿pero quién era ella para tan apreciado acto? Por lo que sonrió, su característico rostro melancólico. Junto con el fuerte frío no era problema, era la misma temperatura en cualquier parte de parís, al menos sí, al lugar a donde se dirigen, ella iba bien arropada, ¿debía agradecer que tuvieran consideración al menos en ello? El no haber terminado como en otras ocasiones, con la ropa manchada de sangre, sucia y rota. Tal vez si se apiadaron en ese sentido en ella. ¡Que dicha! En cambio el joven, ¿porque iba tan descubierto?.... sin cuestionar y sin esperar, desplegó los guantes de las manos, desnudando estas, ofreciéndolas a Finn, desenrollando la bufanda de su cuello, acomodándola a quien espero por ella, sentía culpa, por lo que solo quedaba remediar la demora.

— Ponte esto, son temperaturas muy altas, no debemos permitir enfermar por ello, debemos evitar virus y/o bacterias de cualquier índole, vamos hacia la morgue, ahí es donde aprenderás más de lo que un ratón de biblioteca haría.

No espero a una negación o aceptación, ella lo hizo con amabilidad, sonriéndole, sin desprestigiar su oficio, pero quiso al menos bromear un poco. Aunque ya era momento de emprender caminata, debían ir a la morgue, ahí es donde su cita sería, (que romántico si le gustan los muertos, que dulzura, si adora los segmentos deteriorados). Les esperaba un cadáver, un inmortal y sobretodo, conocimiento, debían esperar a su llegada, ese fue el pago a uno de quienes se privilegiaron de la linfa de la leucémica.


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Re: Resilience → Privado

Mensaje por Finn Hooper el Mar Abr 18, 2017 10:57 pm


“Words are easy, like the wind; Faithful friends are hard to find.”
― William Shakespeare, The Passionate Pilgrim


Haría que la veía más de cerca, notaba algo diferente, pero no podía identificar el qué. Además, le dedicaba miradas tan furtivas que era difícil conocer los detalles; ese era su problema, sabía de muchas cosas, pero observaba muy poco, por esa misma incapacidad suya de poder ver a alguien a los ojos. Alzó el rostro lo suficiente, y le sonrió con timidez, no muy seguro de qué decir.. Tenía preguntas, ese simple comentario por parte de Casstronaut le generó muchas interrogantes, pero no se atrevió a formularlas, no aún.

Fue tomado por sorpresa cuando le ofreció sus guantes y le colocó la bufanda. No opuso resistencia. La tela de aquella prenda olía a ella. Y estaba cálida, fue hasta ese momento que se dio cuenta del frío que estaba haciendo. Sólo a él se le ocurría salir así, a esa hora. ¿Así se sentiría un abrazo de Casstronaut?

Es grato volver a verte, también —respondió y antes de poder continuar, algo lo sacó de su centro, que de todos modos era un sitio poco seguro.

Oh —suspiró, y abrió los ojos. «La morgue», ahora lo entendía. Si no fuera por ese gesto que acababa de tener para con él, seguramente moriría congelado. Un muerto más en aquel lugar. Le daba algo de… ¿miedo? No, no era miedo, pero sabía que debía acercarse con caución a un sitio como aquel, más aún después de la información que Casstronaut le había soltado la última vez.

Asintió y la siguió, sin más.

Muchas gracias. Creo que no soy el hombre más prevenido —comentó. Ya tenía puestos los guantes, que le quedaban bien, a pesar de que las manos de ella eran más finas. Pero no demasiado. Finn era un niño rico que había huido de sus lujos, y aún ahora, no tenía mucha necesidad de hacer trabajos pesados, la biblioteca había sido una bendición hasta el momento. Un refugio, el marco en el que conoció a Casstronaut también. Y por ello, sus manos no tenían callos, ni eran muy toscas. Eran manos de niñita, o eso le había dicho su cruel padre alguna vez, como para disminuirlo, aunque Finn nunca entendió qué de malo tenía eso.

Veamos cómo resulta. No podemos negar que soy un ratón de biblioteca —soltó una risa suave que se desvaneció en la noche. Fue un intento por querer bromear, aunque incluso el silencio se sentía cómodo al lado de ella. ¿Cuántas personas le provocaban tal confort? Muy pocas, o ninguna, salvo la chica, quizá.

Casstronaut —volvió a abrir la boca. Pronunció el nombre como si no quisiera tocar las letras que lo conformaban—. Dices que sucedieron cosas inesperadas… ¿fueron cosas buenas? ¿Te encuentras bien? —Se acomodó la bufanda prestada y se atrevió a mirarla de soslayo. Le preocupaba. Era alguien a quien, a su modo precario y torpe, debía cuidar. Le sonrió también, y fue de un modo más claro, sus labios se curvaron sin lugar a dudas.

Te ves… diferente —algo había cambiado. Y no iba a preguntar directamente, quizá ella no quería hablar del asunto, sólo quería saber eso, si estaba bien.


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Re: Resilience → Privado

Mensaje por Casstronaut el Dom Mayo 07, 2017 5:01 pm

Hay tanto silencio, su templo adolorido no podía desplomarse, es fuerte, se hace insuperable al daño, arropándose en la inmensa tranquilidad que fluyo tras estar frente a un ser que jamás le hará daño, por ello, se siente en plena confianza, con una alegría, y una sonrisa asemejándose a la protección, desterrando lo vivido para continuar, sosteniéndose de la bolsa donde yacen los libros para contener el deseo de esconderse, extraño, pero era verdadera la sensación, más jamás se movió, recibía con el mismo carácter de aquella vez en la que se conocieron, pero con un toque de agradecimiento, esta vez no tuvo que salvar, ayudar a alguien, más esa persona; Finn, fue quien le amparo, y por su sinceridad en sus sensatas emociones, que con la delicadeza le arropa, sin permitir que enferme por su culpa, ni que piense que faltaría a su palabra de mostrarle un mundo enriquecido del saber. Ella físicamente esta mejor que en muchas anteriores noches, donde sí estaba al borde de la muerte, ahora, estaba superando las líneas de la existencia, si carecía de vida, ahora, un tenue rubor le invitan a verse un poco humana. Recibida por cálidas palabras, un momento donde te gritan que no estás sola. E iba a hacer algo por él, que descubra lo importante que es la morgue, y no se quede con la finta de que solo es muerte lo que se habita.

— Nadie lo está Fiin, pero se intenta salir de ello al estar situados, no tomes importancia a eso. Y, es un halago ser ratón de biblioteca, ya que se debe tener el control necesario para no querer devorar tanto libro en un solo día, ¿cierto? ...Oh,  ¿qué sucede? ¿Es la primera vez que vas a una morgue? Para ser sinceros, es el mejor lugar donde seguro puedes estar, eso si eres de un aura tranquila para no despertar a los muertos.

Sin más, emprendió pasos, yendo hacia la morgue, observando la manera en la que los guantes le quedaron, y el cómo la bufanda combinaba con su atuendo. Uniéndose a una escasa broma, bien se nota que ninguno de los dos está acostumbrado a esas situaciones, y lo miraba con más entendimiento, hasta podría decirse que ha logrado expresar más de lo que se imagina, y ahora el vivir una experiencia como esta, llenan el espíritu, ¿estaba loca? No, porque se abren las puertas del ciclo de la existencia, donde el alma del muerto está en proceso de sanación para ir a otro mundo, todos temen, pero nadie comprende la exacta sensación de lo que representa.

Que mientras caminaban, instintivamente su reacción se detuvo, más seguía el andar, era obvio, lo sabía, pero tenía miedo, sí, quizás a que sea juzgada por él, y se desmorone la placidez entre ellos dos. Sin mirarlo, enfocando la mirada al frente, donde el suelo era extenso, y deslizando sus manos a las bolsas del abrigo, acogiéndose con duda, y debía sonreír, porque de no hacerlo, delataría su incomodes a tal cuestión.

— Dependiendo de la manera en la que lo veas, para mí es “bueno”, estoy viva, que es lo más importante. Más, la diferencia sé, que es desmesurada. Sabes la respuesta, aquel día te mencione que para seguir aferrándome a la vida, estoy involucrada con un inmortal, no eran falacias aquellas palabras, pero no es por compasión, ni gratuito el auxilio, estoy pagando por cada gota consumida, ¿puedes imaginarte como, y durante cuánto? Ni yo tengo idea, es un horror, porque estoy compensándolo con las peores atrocidades, aquel vampiro suministra mi vida, la controla, y él decide cuando, como y donde hacerlo, a su antojo pausa mi agonía, o la eleva hasta creer que estoy muerta, pero solo así puedo retener a la enfermedad, pausar la última etapa y huir de la muerte, y es el porqué de mi cambio, estoy más viva que ayer, más apegada a la vida que nunca.

Comentaba, con la voz a flor de sosiego, avanzando cada vez más a su destino, frotando las manos sobre la seda de la prenda, aún sin mirarle, podía imaginarse lo egoísta que se escucha, y lo bestial que resultaba, así que guardo silencio, en espera de no ser apartada de su esperanza para con él.


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