Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Almost sly, still a thief –Priv. Aasim

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Almost sly, still a thief –Priv. Aasim

Mensaje por Melchior el Jue Feb 16, 2017 11:27 pm



Almost sly, still a thief
todo cuanto abarca tu visión es mío si me place

Abajo, arriba y un salpiqueo intermedio; abajo, arriba y un salpiqueo intermedio; el patrón se repetía con irritante monotonía, alterándose únicamente cuando el animal despreciaba un fragmento de pan. La lengua del gato se limitaba a aquello, descender, cargarse de leche y ascender de regreso a sus fauces; le disgustaba el modo en que se alimentaba, aparentaba estar chapoteando en el líquido, jugando a someterlo con cada nuevo lengüetazo. ¡Y el allí, agonizando por el hambre! No podía enfrentarse al felino sin reparos, él era un roedor y bien era sabido que los de su especie resultaban presa sencilla para la ajena, por mucho que pudiera jactarse de su astucia, sus diminutas patas seguían reproduciendo el tamaño de un único dedo contrario. Aquellos demonios con bigotes eran recelosos en todo cuanto respectara al alimento –no es bueno engañar a nadie, los de su raza lo eran también, pero no era el momento de sacar a relucir falencias propias– y, por lo tanto, ni siquiera le permitiría dar una probada por las buenas. ¡Ay! ¡Y él que tenía tanta hambre!

En ciertas ocasiones, Melchior experimentaba repentinos arrebatos de valentía que le inspiraban a fugarse de lo conocido para expandir sus horizontes; llevaba recorrida la mitad de la ciudad y, aunque no fuera a recordar el nombre de todas las calles, sí podía reconocer señales específicas en cada locación que las delatara. Por ejemplo, había aprendido que a tres manzanas y media de la catedral había una dulcería muy concurrida, el cartel que la identificaba estaba coloreado en azul y siempre que se abrían sus puertas el aroma a chocolate se fugaba hacia la vereda frontal; también se había memorizado la avenida que presidía al Puente Nuevo, pues próxima a su entrada al alcantarillado preferida, se lucía la ausencia de tres adoquines. La esquina posterior a la ópera exhibía un abeto enorme y todos los viernes, desde temprano, la voz de los cantantes se escurría por entre las rendijas de la ventilación para competir contra el trino de las aves. Podría describir sus migajas el resto del relato, pero lo cierto es que no resulta sumamente pertinente.

El día anterior al corriente, el niño se había empecinado con recorrer uno de los cuartos de París que aún le era ajeno. Había abandonado sus prendas, saltado sus clases y olvidado avisar que se ausentaría de casa, para inmiscuirse en los recovecos menos vistosos y reducidos e iniciar su aventura individual.
La travesía había dispuesto de un grato comienzo, aunque poco le había resultado innovador por la región, las pomposas faldas eran igual de complejas que en todos los sitios, también el brillo de las botas o el aroma de las panaderías. Los adoquines resultaban tan redondeados como los de cualquier otra calle y los enrejados respetaban la misma distancia entre barrotes. Quiso entrometerse en barrios más alejados y pronto dio con la ciudad de telas tendida para los gitanos; se maravilló con los colores, las danzas y el desconocido idioma que hablaban los ancianos. Le agradó que los niños pudieran corretear a gusto y que las mujeres mecieran sus caderas en ausencia del ceñido corsé. Pero aquel bosque de desestimados hedía más de lo que perfumaba el aire, removía el polvo más de lo que lo barría y cazaba hasta a las ratas para sazonar el guisado. Decidió que aquel no sería su refugio preferido y debió huir tan pronto los niños le reconocieron el antifaz.

Decidió que ya era tiempo de regresar, pero, al parecer, la distancia recorrida era demasiado extensa como para realizarla a la inversa, ya estaba anocheciendo y le dolían las patas. Logró escalar hasta un nido elaborado con delgadas ramas y aspecto de abandono, donde guardó reposo hasta el amanecer, cuando un ave de rapiña intentó incrustarle las garras en el lomo.
Se escabulló por los tejados, en búsqueda de algo que pudiera rellenarle el estómago, sin embargo, a aquellas horas de la mañana, los hombres no generaban desechos y los que hubiesen abandonado la jornada previa ya habían sido devorados durante la noche.
Fue producto de un milagro el que hallara, en el callejón aledaño a una tienda, al cuenco de leche y pan siendo engullido por el gato. Pobre animal, habría inspirado pena en los propietarios de la cocina para que le cedieran aquel privilegio. Pero a Melchior le gruñían las tripas y estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para apoderarse de aquel festín.
Avanzó en dirección del felino, con el morro en alto y la cola orgullosamente erguida; se detuvo algunos pasos por delante del recipiente repleto y le contempló con persistencia. Transcurridos unos segundos y tras comprobar que su estrategia para intimidarle no estaba surtiendo efecto, recurrió al plan secundario y el más embustero de ambos. Adoptó la forma de niño, sin pelaje, sin rabo y con manos lo suficientemente grandes como para aplastarle el cráneo al animal, y arrebató el cuenco con la agilidad que caracterizaba a sus dedos; de inmediato bebió un sorbo de leche, comprobando que aún estaba tibia. Esbozó una sonrisa triunfal, burlándose del ahora indefenso vagabundo peludo.


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Re: Almost sly, still a thief –Priv. Aasim

Mensaje por Aasim el Sáb Feb 18, 2017 9:49 pm

Entre noches largas llenas de insomnio y plagadas de pensamientos azarosos estaba viviendo desde hacía ya varias lunas, una semana viviendo bajo el techo del monje que, por alguna razón, no dejaba de desagradarme. No me refería solamente a su persona, hablaba de todo; su casa, la situación, el estar en París, él. Prácticamente el hombre compartía su monótona vida con la mía, sin tener más opciones tuve que aceptarlo. A fin de cuentas, el hombre no era malo. -Tal vez solo estúpido. -Dije para mí mismo. Sin embargo, estar relativamente de acuerdo no era sinónimo de regocijarme en la idea, era una mera tolerancia y ya

El viento que soplaba desde el norte se llevó mis palabras que rebotaron y finalmente se perdieron en las calles. Desde hacía un par de días había comenzado a sentir un irreprimiblemente deseo por salir de esas paredes y explorar este nuevo mundo al que había sido arrastrado, esa noche al irme a acostar miré la pared de piedra que separaba la propiedad de Gaspard de el resto de la ciudad, por muchas horas contemplé esa pared, podía escalarla fácilmente, me faltaban las agallas.

Bah, ni que se fuera a enterar. Y me levanté del lecho con cautela y ligereza, fue más sencillo puesto que para salir de la habitación tomé mi forma gatuna, no era mi preferida pero en situaciones como esa resultaba más que eficaz. Al llegar al jardín me volví a ser un muchacho de foránea piel oscura y salté de un movimiento acrobático. Fue entonces que, ya del otro lado recobré la apariencia de un curioso minino de piel casi atigrada y orejas puntiagudas.

Avancé entre las calles de París disfrutando ese acto de rebeldía y libertad moviéndome cobijado por la oscuridad que dejó la noche antes de irse y dar paso a que saliera el sol, aún tenía un par de horas de negrura antes de que las calles fueran alumbradas… y Gaspard se despertara. Trotaba sin rumbo fijo pero nunca alejándome de la propiedad, el olor del monje era lo que me iba a guiar de regreso y era por ello muy importante el no perderle el rastro. Volteaba a todas partes maravillado por las cosas que estaba viendo, distraído por esas visiones fue que no me di cuenta de que un niño, posiblemente de siete años salía a sacar la basura al callejón en donde estaba. -¡Mira madre, un gatito! -Gritó entusiasmado el pequeño y mis pelos se erizaron en susto y solté la carrera a esconderme tras una caja. Asomé la cabeza y le dediqué un bufido de molestia. ¡Joder niño, me espantaste!

-Bruno no grites así. -Le reprimió su madre mientras salía a ver lo que hacía su hijo. -Hay gente durmiendo. -Terminó y de inmediato caminó hacia donde estaba el “gatito” -Pobre criatura, seguro tiene hambre. Anda Bruno, trae la leche que ha sobrado y el pan, ¡Corre, corre! - El pequeño fue por el mandado y regresó con un pequeño tazón y una porción de pan que colocó cerca de donde estaba. En realidad no estaba muriendo de hambre pero sí que iba a aceptar aquello.

Contento me acerqué a beber del tazón y con molestia que no dejé ver, permití que el pequeño pasara sus nada cuidadosas manos por mi pelaje, eso hasta que quiso alzarme, no tuve más que darle un zarpazo de advertencia. Ambos me miraron un momento hasta que la madre volvió adentro y llamó al chico, quien le rogó mil veces porque le dejara conservarme. -Ya te he dicho que no podemos tener un gato, tu padre tiene alergias a su pelo. -Fue lo último que dijo antes de cerrar la puerta.

Pronto volví mi atención a la merienda que habían dejado delante de mí, continué comiendo hasta que, repentimanente el tazón me fue arrebatado por unas manos pálidas. Un niño. ¡Otro más! El mocoso dio entonces un sorbo al tazón… mi tazón. Eso sí que no lo iba a tolerar. Gruñí al tiempo que sacaba mis garras y me le aproximaba para hacerle un rasguño en su pierna. Sonríele a eso… pensé antes de que comenzara a incorporarme, materializando a un joven con piel de ébano delante del niño. -¿Acaso querías molestarme, enano? Porque lo lograste.



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Re: Almost sly, still a thief –Priv. Aasim

Mensaje por Melchior el Lun Mar 06, 2017 7:02 pm



Almost sly, still a thief
sus pasos acompañan al viento y su ultraje carece de límites

¡Gato osado! De improviso, el niño recibió la incisión del quinteto de garras blandido por el rabioso animal; un fluido caudal de sangre carmesí comenzó a brotar de la herida al tiempo en que Melchior, como represalia, intentaba atestarle una patada a su agresor.
Su sorpresa fue descomunal cuando el felino callejero adoptó la forma de un joven; su piel tan morena como el lodo que se congregaba entre los adoquines luego de un día de lluvia y ojos tan azules como la delgadísima línea que limitaba el cielo del mar. El roedor lo encontró sumamente hermoso, pero el recelo hacia su naturaleza animal le impidió interponer la curiosidad al fastidio y acabó ocultando el cuenco de leche detrás de su cuerpo.
¿Cómo iba a saber que aquel gato dispusiera, al igual que él, de dos pieles? Por lo general, ese tipo de apreciaciones procedían del aroma que desprendiera su complexión, o el alma que se reflejara en sus ojos. Pero Melchior se había privado de contemplar los orbes rasgados de tan despreciable criatura, y en su opinión, todos los gatos olían igual de repugnante. En definitiva, jamás habría obtenido un indicio por testarudo.

No fue capaz de comprender al completo la frase elaborada por su contrincante, pero, al juzgarle en base a sus limitados conocimientos, pudo deducir que se había enfadado. ¡Pues, bien! Que así fuera, él no iría a devolverle la leche ni de chiste.
Le enseñó los dientes, siseando en imitación de un gruñido y balanceó la mano libre, para indicarle que se marchara y le dejara en paz. El muchacho frente a él era más desarrollado y fornido que el propio Melchior, mas él no se sentía intimidado en modo alguno; se había encaprichado con aquel precario desayuno y no daría brazo a torcer sin haberlo deglutido hasta la última gota.
Sin miramientos y con la altivez de un malcriado, se atrevió a beber otro sorbo del codiciado manjar, justo frente a los ojos de su dueño original –qué bonitos irises, al jovencito le hubiese fascinado poder extirparlos y sumarlos a su colección de flamantes tesoros, mas sabía que, de ser así, se acabarían echando a perder, lo que era un desperdicio innecesario–; una vez satisfecho, se relamió los labios.

A continuación, el cambiante sueco se puso de pie, sin avergonzarse ni una pizca de lo menudo que podía parecer frente al muchacho con tez de chocolate; dejó el plato a un lado, sobre el suelo, si no quería que la leche se enfriara, debía ser veloz. Sin dar el menor indicio de sus intenciones, dio un paso al frente y atestó un desconsiderado talonazo en el vientre de su contraparte. Aquello le induciría a perder el aire y a padecer una intensa aunque momentánea agonía; si había algo de lo que Melchior podía jactarse a pesar de su complexión de niño tardío, era de su fuerza despiadada y movimientos certeros.
Como si de un espectáculo se tratara, regresó sobre sus pasos y recogió su gran trofeo, tomando asiento sobre la escalinata que nacía desde la puerta del edificio para fundirse en la callejuela bajo sus pies. Bebió todo el contenido del cuenco y luego lo arrojó sin consideraciones contra el monte de basura que se erigía a unos metros de distancia. El muchachito sacó a relucir una radiante y satisfecha sonrisa mientras echaba un vistazo al gran perdedor.
Tonto… –se aventuró a pronunciar, puesto que en francés se traduce como sot y, además de ser un término sencillo, integraba el escaso abanico de palabras cuyo significado llevaba memorizado.
A sus espaldas, un revuelo de pasos y murmullos comenzó a elevarse desde el interior de la edificación; quizá estuviesen haciendo un escándalo en el callejón y hubieran alertado a los residentes aledaños, pero poco importaba a Melchior aquello, ya que con la simple voluntad, podía transformarse en una existencia insignificante y escabullirse hacia el anonimato entre las rendijas del alcantarillado.


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Re: Almost sly, still a thief –Priv. Aasim

Mensaje por Aasim el Miér Abr 12, 2017 12:15 am

Cuando pensé que el muchachito delante de mí no podía hacerme enfadar más aún, lo consiguió, y de la forma más atrevida y perversa que pudo haber maquinado un chico de su edad. Sabía bien que ni él ni yo éramos lo que se aparentábamos, teníamos más años de los que dejábamos ver a simple vista, aún así, según las normas de “París” seguíamos siendo unos niños a pesar de.

El golpe hizo que me doblara de sorpresa y dolor, pude haberlo evitado. ¡Debí haberlo evitado! Se suponía que yo era un fino guerrero, un cazador hábil ¡Y me había dejado golpear por un… cachorro! Estuve agachado por un rato, el dolor se disipó rápidamente, mi naturaleza cambiante tenía ciertas ventajas como la tolerancia a dolores que para otros podría resultar agonizante. Así que no, no fue el daño recibido a mi cuerpo la razón por la que permanecí con tan humillante postura como aquella agachada. En absoluto. Si estaba así era para contener mi ira.

El plato cayó al suelo y con el sonido de éste golpeando contra la basura. Me erguí lentamente con el orgullo herido y rabia apenas contenida. ¡Estaba sonriendo! ¡Se atrevía a sonreír! Aquello era intolerable. No me importaba lo que quisieran decirme, aquella cultura podía verme como un sirviente, un esclavo, un objeto. Pero estaba a juicio mío si lo permitía o no. ¡Y por mi madre, padre y pueblo que no lo permitiría!

Ignorando el ruido y las luces provenientes de lámparas de aceite, velas y demás; lo fulminé con la mirada, y mostré mis dientes para luego gruñir desde el estómago, como lo haría un animal salvaje, una fiera. ¿Quería pelea? La tendría. Y me le iba a abalanzar encima cuando, por detrás del pequeño, se vislumbraron sombras de diferentes tamaños y formas y a cada una correspondía una voz. Reparé en el escándalo que el chico había logrado y la situación completa.

Entonces yo fui el que sonrió y volví a mi forma minina en un parpadeo. Lamentablemente para él, ya no tenía tiempo de hacer lo propio, la gente estaba casi encima suyo. Lo que sus ojos vieron no fue más que un niño con gotas de leche en la ropa, un plato en la basura y un gato que maullaba y se retorcía en dolor, como si le hubieran propinado un golpe. -¡Juguemos sucio entonces!- Le hablé mentalmente.

-¡¿Pero qué has hecho?! -Chilló una señora de voz aguda en espanto mientras llevaba una de sus manos llenas de marcas de la edad directo a una de las orejas del chico y tiraba de la misma. De inmediato la gente comenzó a rodearnos a ambos en círculo.



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Re: Almost sly, still a thief –Priv. Aasim

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