Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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A twist of fate {Ciro}

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A twist of fate {Ciro}

Mensaje por Gyda el Dom Feb 19, 2017 3:13 pm

«Coldest winter for me
No sun is shining anymore
The only thing I feel is pain
Caused by absence of you»
Stolen Dance — Milky Chance


París le estaba empezando a aburrir. Llevaba un tiempo allí, vagando siempre por las mismas calles, viendo siempre las mismas caras anodinas de los habitantes de la capital francesa, intentando encontrar nuevas rutas en aquel periplo que había iniciado hacía tanto tiempo y que tenía un único objetivo: encontrarle. Sí, al mismo que la había abandonado a su suerte y que otros hubieran optado por ignorar, pero que ella no había olvidado. No del todo, al menos. Sentía que, si bien su recuerdo seguía intacto en su memoria, su rostro se difuminaba débilmente, haciendo que para Gyda fuera imposible dibujar sus rasgos con precisión. Ese había sido siempre su mayor temor, llegar a olvidarle tal y como era y, tras eso, olvidar todo lo relativo a él y al pasado que compartieron. Aunque no quería admitirlo, sabía que no faltaba mucho para que eso ocurriera, así que abandonar la ciudad y seguir su búsqueda se le antojaba la mejor solución antes de seguir buscando en un lugar que no le había dado ninguna pista.

¿Ninguna? Eso había creído, hasta que escuchó un rumor sobre un hombre que frecuentaba ciertas zonas donde buscar alimento para alguien como ella se volvía una tarea bastante sencilla. Al principio fue un rumor como muchos otros que había oído: sombras en la noche y personas que desaparecían sin dejar rastro para aparecer días más tarde con el cuerpo pálido y sin una gota de sangre. En todas las ciudades que había visitado se contaban historias semejantes, sin importar la época o el país, y siempre habían sido una decepción tras otra. Ninguno de aquellos seres tenebrosos de los que hablaban era el que Gyda buscaba. Éste de París tampoco lo sería, pero no podía permitirse el lujo de ignorarlo completamente. ¿Y si había dado con él por fin?

Visitó aquellas zonas repetidas veces, escuchando conversaciones ajenas y persuadiendo a diferentes personas para obtener tanta información como le fuera posible. Tenía que ser bastante meticulosa en este tema, pues todos querían ser los que contaran algo nuevo sobre el hombre misterioso y no dudaban en inventarse alguna característica o anécdota que terminaba circulando junto a las demás como si fuera real. Tras varias noches infructuosas en las que no consiguió nada que llamara su atención, encontró a una mujer sentada en la esquina de un callejón. Apestaba y le faltaban varios dientes, su pelo era una masa compacta recogida en lo alto de la cabeza y no se sabía muy bien qué era piel y qué ropa, ya que todo tenía un color similar. Pero aquella mujer tan anodina le dio algo que nadie antes le había dado: una descripción del hombre misterioso tan minuciosa que Gyda tardó un rato en creér lo que escuchaba. Escudriñó su mente sólo para ver que decía la verdad. Ella, mimetizada con el entorno en aquella esquina, había sido testigo de varios de sus ataques. Había visto su rostro, sus movimientos y su comportamiento, que no eran exactamente como la vampira los recordaba, pero ¡habían pasado más de dos mil años! ¿Quién era capaz de mantener las costumbres durante tanto tiempo?

La experiencia le había enseñado que no debía emocionarse demasiado con su nuevo hallazgo. Había tantos hombres similares a los que había seguido que todo aquello empezaba a parecerse a una película emitida una y otra vez. Pero debía intentarlo, así que se escondió en un callejón que desembocaba en una calle más ancha y esperó. Esperó. Esperó. Escuchó una voz de hombre, una risa de mujer, un susurro y apreció el olor de la sangre. En ese momento, Gyda asomó la cabeza. Su viaje terminaba allí. Lo había conseguido.

Al fin te encuentro —dijo, saliendo de entre las sombras donde se encontraba—. No recordaba que fueras tan escurridizo.


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Re: A twist of fate {Ciro}

Mensaje por Ciro el Miér Mar 01, 2017 1:32 pm

¿Quién en su sano juicio llamaba “la ciudad de la luz” a París cuando, en opinión de Ciro (y en esa materia efectivamente podía considerarse muy ducho, aún más que en todo lo demás), debería llamarse “la ciudad del ganado”…? ¿Qué pasa, que porque sonaba menos romántico debía renunciarse a la pura y maldita verdad a la que él se enfrentaba cada noche desde hacía unas semanas en un barrio horrible y apartado de la villa? ¿Quién demonios se creían para mentir así, Pausanias! Por favor, ni él era capaz de ocultar que había ciertos sectores parisienses en los que encontrar alimento era tan fácil como levantar una piedra y que aparezca un gusano; de puro vulgar, antaño le había resultado desagradable, pero ahora ya no le hacía ascos, y se aprovechaba de lo lindo de aquel mercado al por mayor de sangre con el que se había topado por casualidad.

¡Prometido, él no lo había estado buscando conscientemente! Sus pasos, de auténtico vagabundo atrapado en pensamientos demasiado elevados para prestar atención a su rumbo, lo habían conducido a unas calles que parecían, a primera vista, iguales que el resto: de trazado confuso y medieval, empezando a adoquinarse, sin ningún tipo de higiene… Tal vez la única diferencia radicaba en que estaba algo menos sucia que el resto de calles de la misma zona, y eso atraía a seres con más pedigrí pero mucho menos conocimiento de los peligros que se ocultaban a plena luz de las farolas, como el altísimo vampiro que se paseaba como un rey (bueno, lo era, por qué no iba a hacerlo), atrayendo, claro, todas las miradas. Y una vez lo hizo fue cuando, realmente, empezó a irle todo todavía mejor que antes.

Con qué entusiasmo se arrojaban a sus brazos, ansiosos y ansiosas de seducción que él transformaba en muerte; con qué violencia se deshacía de los hombres pero ignoraba a las mujeres, tal vez proyectando en los rostros viriles el de su peor enemigo, su némesis, a quien aún no había eliminado por completo. Fuera cual fuese su motivo, Ciro se descubrió instalado en aquella zona durante una temporada lo suficientemente larga para que los rumores de su existencia le llegaran incluso a él mismo, que se los enfundaba como una capa con la que alimentaba el mito transmitido de boca en boca cada noche, con cada nueva víctima que desangraba. Con todo, la fama no le satisfacía lo bastante, no cuando se encontraba ensimismado con la misma venganza de (lo que a estas alturas ya le parecía como) siempre, así que anhelaba que algo cambiara…

Lo que él no sabía era que, definitivamente, aquello que cambiaría tendría nombre, aspecto y actitud de mujer. Cuando se la encontró, estaba ocupado bebiendo de una hembra, a la que previamente había seducido simplemente con su rostro; se le apareció como una bárbara pelirroja, semejante a la que él mismo había arrastrado al vampirismo hacía más de un milenio, pero diferente porque, en fin, no la conocía de nada. Y ni por un instante se planteó que, bueno, estaba loco, a lo mejor es que se le había olvidado; no, estaba convencido de que jamás la había visto porque de lo contrario se acordaría, pues su memoria siempre había sido prodigiosa, a veces demasiado. Sin embargo, al no saber qué era lo que ella quería, decidió seguirle el juego: ilusionó a la mujer mortal con falsas imágenes de felicidad directas a su cráneo, a través de sus ojos claros; se deshizo de la sangre de su boca barbada y se recostó allí donde se encontraba, mirándola como quien analiza a una vieja amiga. Maldito manipulador…

¿Qué quieres que te diga? Las cosas cambian, Gyda. – replicó, con voz arrastrada y de acento exótico, mezcla del suyo y de algún otro que había cogido con los años, gracias al mestizaje al que inevitablemente se había visto abocado en su larga existencia. El nombre de ella, por cierto, lo había captado de sus pensamientos, un truco rápido que apenas invadía la intimidad del otro, por lo que no se notaba lo más mínimo la intervención, y le daba cierta ventaja sobre la mujer que… ¿creía conocerlo? Tanto no había llegado a mirar, pero algo le decía que muy pronto lo descubriría. – ¿Me hablas tú de ser escurridizo…? ¿Tú, precisamente? – inquirió, alzando una ceja, y lanzándose a una piscina que la expresión de la vampira reveló llena de agua, amortiguando y justificando la actuación del vampiro. Ah, qué buena intuición la suya… A ver cuánto rato le duraba.




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Re: A twist of fate {Ciro}

Mensaje por Gyda el Sáb Mar 11, 2017 7:00 am

La simple visión del vampiro la obnubiló tanto que ni siquiera se planteó si era él el hombre al que realmente andaba buscando. La había llamado por su nombre, eso significaba que la conocía, ¿no? Así sería en un mundo en el que no hubiera seres sobrenaturales capaces de sondear los pensamientos ajenos a voluntad. Pero, por desgracia para ella, París no era así, y aunque un simple vistazo por parte de Gyda habría bastado para descubrir la trampa, se encontraba tan hechizada con el rostro del hombre que ni siquiera se planteó la idea de leer sus pensamientos. En el fondo, seguía siendo una mujer enamorada, y guardar la intimidad de aquel que la había convertido en lo que ahora era seguía siendo un privilegio del que Ciro se podía beneficiar.

No todo ha cambiado, por lo que veo —dijo sin apartar la mirada de la mujer humana. Había dado media vuelta y se dirigía hacia donde se encontraba Gyda con una cara de felicidad que lejos estaba de ser la de alguien del cual acababan de beber. La vampira dio unos pasos hacia ella acortando la distancia. Cuando estuvo a su altura le cogió la barbilla y la obligó a que la mirara a los ojos. Qué asco de mujer—. Vete de aquí —susurró a poca distancia del rostro de ella, bufando después como un gato rabioso, sin molestarse en ocultar sus colmillos frente a la humana.

La cara de felicidad se le borró por completo, echando a perder el cuidadoso trabajo que el vampiro había puesto en que así fuera. Gyda observó cómo se iba de allí con la mirada de suficiencia del que se cree poderoso, disfrutando cada segundo de aquel momento. ¡Ay, la celosa Gyda! Habían pasado más de dos mil años y seguía igual que la primera vez que le vio beber del cuello de otra. ¿Con la vida de cuántas mujeres había terminado por culpa de esa rabia? No lo sabía, pero sus muertes nunca habían ocupado un lugar en su conciencia. Él era para ella, y no había más que hablar.

Cuando la figura de la mortal desapareció al final de la calle se giró para encarar al vampiro. Su vista no podía estar fallándole. No. Era imposible porque nunca hubo dos como él, y nunca los habría. Al menos, eso era lo que ella pensaba. Pobre ilusa.

¿Yo? —No ocultó la cara de asombro—. Creía que era yo la que te buscaba a ti, Jaska. Fuiste tú el que desapareció sin dejar rastro; yo volví. —Entornó los ojos un segundo—. ¡No puedo creer que hayas sido tú el que me ha estado buscando todo este tiempo!

Ella sabía que no, porque de haber sido así se habrían encontrado mucho antes, pero no le dio importancia. Por fin había dado con él. La larga espera había merecido la pena. Acortó la distancia que los separaba sin prisa y se plantó frente a él, muy cerca, tanto que podía llegar a incomodar. Con una mano sujetó su mejilla, impidiendo que apartara el rostro. Ni siquiera le pidió permiso, no le hacía falta.

Me has decepcionado un poco —dijo soltando la mano, pero sin alejarse ni un milímetro—. Después de tanto tiempo me esperaba una reacción mucho más calurosa de tu parte. ¿No me has echado de menos, ni siquiera un poco? ¡Vamos, Jaska! —Se acercó más, si es que aquello era posible. Ahora ya podían cruzar el aliento al hablar—. Seguro que sí —susurró—. ¿O acaso has encontrado a otra que ocupe mi lugar?

La mínima distancia que los separaba le permitió oler el aroma de la sangre que había quedado impregnada en su piel. Era el olor de otra mujer, un rastro que ya estaba tardando demasiado en eliminar.


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Re: A twist of fate {Ciro}

Mensaje por Ciro el Vie Mar 17, 2017 6:03 am

Lento, el vampiro sonrió, con una mueca que parecía arrojar algo de luz sobre su (falsa) identidad al convertirlo, de nuevo, en el sensual hombre que había sido en tiempos, cuando las mujeres conseguían levantarle algo más que el apetito de sangre que siempre poseía, en casi todos los sentidos posibles además. Por supuesto, sabía que era una maldita mentira, que él no era Jaska en absoluto, pero ¡qué interesante que así se llamara por quien se estaba haciendo pasar! Porque su creador, el que había desafiado la voluntad de la polis de Esparta y había salido indemne (exactamente igual que él, por otro lado; para que luego Gyda pensara que no tenía nada en común con el vampiro que buscaba... ¡Ja!), se había llamado Jaska, y se había parecido efectivamente a él como si hubieran sido dos gotas de agua. ¿Coincidencia? Él no lo creía, desde luego.

Fue más o menos entonces que su sonrisa se volvió sibilina, atento como lo estaba al comportamiento de la vampiresa pelirroja que, embelesada y obnubilada a partes iguales (por supuesto), le daba toda la información que él deseaba como si fuera una neófita o, peor, una simple estúpida. ¿Es que ya nadie aprendía a cuidarse las espaldas! Ciro era un experto, podía impartir tantas clases al respecto que tendrían que nombrarlo titular en la Sorbona, pero ¿para qué si podía aprovecharse de la estupidez ajena...? ¡Era su deber moral! Y mira que él no se dejaba llevar nunca por algo tan estúpido como el concepto falso de “bien” o de “mal”, pero algunas cosas simplemente sentía que debía hacerlas, y si ella se le ponía en bandeja, habría sido muy descortés por su parte apartarla, ¿no?

Incluso de forma literal la mantuvo cerca, pues aunque el olor de una mujer le repugnaba hasta límites insospechados (¡quién lo había visto y quién lo veía...!), comprendía perfectamente que apartarla arruinaría el teatro y ni siquiera su poderosísima ilusión surtiría efecto en ella. Hablando de lo cual, hacía ya unos instantes que él se había adueñado de la visión de ella, haciendo que lo viera aún más semejante a su creador que antes, aunque el parecido físico sin manipulaciones como esas ya fuera extraordinario. Ahora, ante Gyda, solamente se encontraba Jaska, y todo gracias a la ilusión de un vampiro cuyo tormento lo había arrinconado hasta el punto mismo de usarla contra sí mismo, por patético que eso fuera... aunque, desde luego, no tanto como que Ciro se encontrara en su mejor comportamiento y mayor dignidad fingiendo ser otro ser. Pero ¿quién prestaba atención a semejantes minucias...!

¿Y si la he encontrado... qué? Acuérdate de que me perteneces, Gyda, no al contrario. – espetó, y se las apañó para invocar el tono de voz y la modulación que recordaba en las palabras de su sire, de todo ese tiempo en el que lo aguantó y le perdonó la vida antes de acabar eliminándolo para toda la eternidad. ¡Y amén! ¿En ese momento iba el pasado a encontrarse cara a cara con él...? Porque le resultaba sumamente inoportuno, algo que se sumaba al desdén general que mantenía como actitud y que nacía del asco que le provocaba la mujer; pero a Jaska, al maldito vampiro que lo había preferido a él antes que buscarla a ella, no le provocaría asco, ¿no? Así que a Ciro no le quedó más remedio que hacer de tripas corazón y rozar sus labios, apenas un segundo porque de lo contrario literalmente vomitaría, pero sí suficiente para seguir manteniéndola hechizada, siempre un poquito más, porque eso era a lo que aspiraba él.

Sigues como siempre. Quieres saber demasiado y yo no te lo quiero contar. – añadió, y fue un golpe bajo, pero ¿cuál suyo acaso no lo era? En los pensamientos de la vampiresa captó la despedida, o más bien la discusión; captó el dolor, y como así funcionaba él, lo utilizó contra ella, porque amaba hacer sufrir como jamás había amado a nadie, ni siquiera a él mismo, aunque se hubiera convencido durante muchos siglos de lo contrario. – Me marché porque no volviste, pero cuando volviste yo ya me había marchado, lejos, muy lejos, allá donde el mar cálido bañaba las costas yermas más al sur. No necesitas saber nada más. – sentenció, y se apartó, porque finalmente su asco llegó al punto culminante y no quería que siguiera tocándolo como a un amante.




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Re: A twist of fate {Ciro}

Mensaje por Gyda el Sáb Abr 01, 2017 8:49 am

¿Qué se suponía que había sido ese amago de… beso? Beso, por decir algo, porque ese nimio roce de labios no podía considerarse como tal. Otra decepción. Desde luego, Jaska se estaba coronando en aquel reencuentro. ¿De verdad no la había echado de menos? Si eso era así, en la mente de Gyda sólo cabía un motivo para ello: la había reemplazado por otra. U otras, porque, desde que la convirtió, su amado creador siempre había sido muy dado a llevarse a un par de mujeres o tres a casa, para tener donde elegir cuando se sentía sediento. Parecía que había olvidado lo que ella hizo con cada furcia que había cruzado la puerta, sin ningún pudor ni cargo de conciencia. Ellas se sentían poderosas, pero la vampira ya se encargó de bajarlas de su pedestal de la misma manera que le había pasado a ella, sólo que las bajó demasiado y las terminó llevando bajo tierra.

¿Que te pertenezco? —dijo mientras veía cómo se alejaba—. ¿Es así como me ves? ¿Como una pertenencia que puedes abandonar a tu antojo? —Se dio la vuelta, dolida, y se quedó mirándole un rato—. Te marchaste porque no volví. Qué oportuno. ¿Te molestaste siquiera en buscarme antes de partir hacia el sur? No, claro, por qué ibas a hacerlo. Era mucho más útil aprovechar la oportunidad para librarte de mí. Lo que me lleva a lo mismo, una y otra vez.

Se acercó a él de nuevo, pero esta vez, sus movimientos estaban llenos de rabia. Lo empujó hasta chocar con una pared y puso su antebrazo en el cuello de Ciro, empotrándolo contra los ladrillos. Acercó su rostro de nuevo, con unos ojos azules que destilaban un millón de sentimientos del todo contradictorios. Seguía amándole, sí, y no podría dejar de hacerlo. Cuando creyó que su vida había terminado, Jaska la encontró y la cuidó, se la llevó con él allá donde fuera, siempre a su lado. Le demostró lo que era sentirse querida, y un día, simplemente, desapareció. ¡Joder! Ella le había todo lo que una mujer puede llegar a dar. Todo. Y cuando creía que pasarían juntos el resto de la eternidad, él la dejó sola de nuevo. ¿Por qué? Ella no volvió aquella noche, pero si la quería tanto como se había jactado de hacer ¿por qué salió tan deprisa si hacer un mínimo esfuerzo por encontrarla?

No quiero saber demasiado. Quiero saber lo justo, y quiero que me lo cuentes —susurró—. ¿Por qué te marchaste sin esperar una noche, al menos? Sólo habría hecho falta eso, y nada de esto hubiera pasado. Vamos, cuéntame tu excusa.

Estaba muy dolida con él, mucho, y eso se notaba en la entonación de sus palabras. No había llegado al llanto, pero con esa indiferencia que estaba mostrando Jaska era muy probable que no tardara en llegar. Cada segundo que pasaba, Gyda se impacientaba más con el vampiro. ¿Qué demonios le pasaba? Ella había esperado otra reacción, aunque sólo fuera sorpresa por habérsela encontrado allí, pero él no parecía dispuesto a darle ni eso. Acercó el rostro un poco más y sintió que el olor no era el mismo. Parecido, sí, pero no el que había tenido a su lado durante tantas y tantas noches. Ella, en su enamoramiento perpetuo —o su estupidez llena de celos, según cómo se mire—, lo achacó a lo que llevaba sospechando desde que se lo encontró. Otra vampira. Harta como estaba, no esperó a que él le dijera algo al respecto, así que, por primera vez en su vida, vulneró la privacidad del que creía que era Jaska buscando a esa maldita mujer en sus pensamientos. No le sorprendió ver a más de una, y lo cierto es que tampoco le molestó en exceso. Casi todas eran alimento, podría soportarlo, y eso ya era un avance en Gyda. Lo que sí la enfureció fue ver a una hermosa pelirroja que no era ella siendo el centro de atención de él.

Bésame —ordenó—. Pero hazlo bien, no me decepciones otra vez.

Por segunda vez en menos de cinco minutos, había roto dos de sus reglas no escritas con respecto a Jaska. La primera, espiando sus recuerdos, y la segunda, obligándole a hacer algo que estaba segura que él no quería hacer. Pero, ¿qué se pensaba él? ¿Que le iba a dejar irse con esa después de todo el tiempo empleado en encontrarle? ¡Ja! No. Si no podía retenerlo por su encanto natural, usaría el antinatural, pero quería que le quedara claro que sus vacaciones en solitario se habían terminado.


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Re: A twist of fate {Ciro}

Mensaje por Ciro el Mar Abr 04, 2017 11:25 am

El espartano había estado más o menos centrado en su papel como Jaska, un vampiro que cada vez se iba pareciendo más en su mente a su creador, y sus intuiciones rara vez estaban equivocada... Aunque, cuando lo estaban (y le había costado su tiempo admitir que él, Ciro, a veces cometía errores, ¡pero hasta él podía madurar y ver la luz! No literalmente, claro, y mucho menos la del sol), traían consecuencias horribles para todos. En este caso, estaba tan seguro de que se trataba del mismo principalmente porque ella seguía confundiendo sus caras, como si la de Ciro no fuera infinitamente más hermosa y, por demente, carismática; gracias a eso, podía valerse de sus propios recuerdos para representar el papel, y no solamente tirar de los de ella. Por descontado, el resultado estaba siendo maravillosamente fiel a la verdad y a como había sido Jaska. Con él, al menos.

Así que, respondiendo a la pregunta de ella: sí, así era como la veía, ¡porque así lo había visto Jaska a él cuando lo había salvado! Pausanias, entonces, era un humano moribundo al que había salvado, y por tanto le debía lealtad; mujeriego como él solo, habían compartido presas, aunque la melancolía en los ojos de su sire empezara pronto a molestar al espartano, recién convertido y más neófito aún de lo normal. Pero, ante el mínimo intento de discusión, Jaska le recordaba a Pausanias que, al haberlo transformado, debía obedecerlo, así que ¿por qué no iba a hacerle lo mismo a ella...? Le parecía lo justo, y aunque no se lo pareciera, era lo que iba a hacer de todas formas, porque nadie, ni siquiera otro vampiro, le decía a Ciro lo que tenía que hacer.

¡Y mucho menos besarla! ¿Qué se había pensado? Estaba de acuerdo hasta cierto punto con hacer sacrificios por el bien mayor, siempre que ese bien fuera el suyo propio por descontado, pero ningún papel ni ninguna diversión valía volver a pasar por eso, no señor. El solo recuerdo le estaba matando, haber tenido que acercarse un momento atrás le estaba dando ganas de arrancarse los labios o echarse al fuego para ver si así limpiaba los restos de ella, que ni siquiera eran tantos, pero que a él se lo parecía. No, no había opción a que hubiera otro beso: antes le vomitaría dentro de la boca porque era la reacción tan condenadamente humana que le provocaba pensar siquiera en acercarse, y eso hacía que se sintiera aún más asqueado por lo que ella le estaba pidiendo...

No, qué demonios, no se lo estaba pidiendo: exigiendo. ¡A él, nada más y nada menos! Resultaba ofensivo para la memoria de Jaska, hasta él mismo lo sabía, pero sobre todo para su propia persona, vampiro, o lo que fuera. Él podía estar loco, que lo estaba; ser un farsante, y oh menuda falsedad estaba exhibiendo en ese momento, pero jamás iba a permitir que otros lo sometieran, fuera un demente que lo había perdido todo o no. Si ya de humano había decidido dejarse morir antes que obedecer, de vampiro milenario no había manera humana de que consiguiera que él lo hiciera. Así que, ante esa situación, ¿qué hizo Ciro? Lo único que estaba en su mano: reírse en su cara.

Quieres saber, quieres que te bese, quieres que te explique, ¡menuda caprichosa! ¿Sabes por qué me marché sin esperarte? Porque estaba harto de ti y tus niñerías. Eras una celosa estúpida y sigues siéndolo, ¿qué más da el tiempo que ha pasado si no has cambiado nada? Sigues igual que entonces. ¿Quieres saber por qué me marché, eh? ¿El motivo real? Me cansé, me cansé, me cansé... ¡Repítetelo de una maldita vez para que te entre en la cabeza! – espetó, pero no lo dijo de forma agresiva, sino divertida e incluso jovial, para que doliera más de lo que ya de por sí lo hacía, simplemente porque podía. ¡Era lo que se merecía, eso y más! Culpa suya había sido por jugar a un juego sin preguntar siquiera las normas...

Oh, y hablando de normas, ella había roto las suyas metiéndose en sus pensamientos, ¡como si Ciro, o Jaska de estar vivo, no lo habría notado! Eso sí que le borró la sonrisa del rostro y lo puso agresivo, más aún de lo que ya de por sí era: Ciro, disfrazado del vampiro que le había robado el corazón a la loca desquiciada que tenía delante (y eso que él de locura sabía bastante), la cogió de los hombros y la zarandeó, para, a continuación, empujarla hacia atrás y alejarla de él, colocándola en una posición en la que esperaba que se quedara, o de lo contrario tendría que ponerse serio de verdad.

Sal de mi maldita cabeza, Gyda. Que sea más importante para ti de lo que tú eres para mí no te da derecho a entrar como si fueras bienvenida, porque te recuerdo que ha pasado mucho tiempo, y si quieres una mínima parte de lo que hubo, tendrás que ganártelo. – ordenó, y no contento con ello, hizo el enorme (para él) esfuerzo de intentar recopilar la cordura suficiente para proteger sus pensamientos de ella, esa víbora que le empezaba a molestar como un mosquito particularmente insidioso e insistente. – ¿O es que no quieres ser mejor que la que ha ocupado tu lugar? Hasta ella es más luchadora, y sin conocerte. – afirmó, hurgando en la herida, y finalmente sonriendo, de nuevo, con crueldad.




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Re: A twist of fate {Ciro}

Mensaje por Gyda el Dom Abr 16, 2017 4:43 pm

¿De verdad estaba enamorada de aquel ser despreciable que tenía delante? Tristemente para ella, la respuesta era sí, aunque, en realidad, no era por ese, en concreto, por el que seguía perdiendo los sentidos, aunque eso ella no lo sabía. Aún. Y es que Ciro estaba representando tan bien su papel que la tenía completamente engañada y, por ende, confundida. Su Jaska, su amado y siempre tierno Jaska, le estaba diciendo que la única razón por la que se marchó habían sido sus celos, sus manías y, en general, ella. Se había cansado de ella. Apretó la mandíbula todo lo que pudo, y más incluso, con tal de aguantar la sarta de barbaridades que pugnaban por salir de su boca. Ni siquiera peleó cuando él la zarandeó y la empujó para alejarla. Algo dentro de ella se había roto, lo había sentido, y eso que siempre le había parecido una estupidez aquella expresión.

Te cansaste —repitió con una voz tan mecánica que parecía un juguete al que le habían dado cuerda—. Te cansaste. Está bien. —De pronto fue como si nada de aquello hubiera ocurrido, porque volvió a mirarle con esa chispa de antaño en los ojos y una sonrisa ladina en el rostro—. ¿Ves como no ha sido tan difícil? Dices que soy una caprichosa, pero tú no haces más que hacerte de rogar. De verdad, si fueras más sincero todo esto habría terminado hacía rato. Pero no, sigues queriendo tener ese aura de misterio sobre ti, como si siguiera siendo aquella niña estúpida que se perdía por lo que eras.

De haber sido otro cualquiera, y no Jaska, al que tenía delante, habría dado media vuelta nada más soltar aquellas palabras y habría desaparecido en la oscuridad de la noche. Pero es que, de haber sido otro, le habría resultado indiferente cualquier cosa que pudiera haberle dicho. Estaba más que acostumbrada porque, para ser francos, Gyda no se caracterizaba por ser una persona —vampira, en este caso— con un don natural para atraer al prójimo. Ya lo había demostrado con su vástago, eternamente desilusionado con ella, por poner un ejemplo. Parecía que estaba demasiado acostumbrada a seducir y a persuadir a todos aquellos a los que quería que le rieran las gracias, quisieran ellos o no. ¡Cómo si eso fuera importante! Los débiles humanos eran fáciles de engañar, pero aquel vampiro no, no lo era, y más todavía con aquella actitud hostil y desagradable hacia ella. ¿Cómo se atrevía? Así que, como era Jaska, ahí se quedó, aguantando cada palabra, que, más que eso, parecían pequeñas astillas de madera lanzadas con fina puntería.

¿Que tengo que ganármelo? Mi querido Jaska, no tengo tiempo para eso —dijo, y seguido se rió con ganas. Pensándolo bien, era irónico porque, bueno, ella tenía todo el tiempo del mundo. Algo bueno tenía que tener la inmortalidad—. ¿Has visto? Si tengo hasta sentido del humor, algo que esa, después de haber visto su cara, dudo que tenga. Y hablando de ella, ¿ves como yo tenía razón? —Sonrió de manera siniestra—. No sé por qué te empeñas en ocultármelo, cuando todo sería mucho más sencillo si me dijeras la verdad desde el principio. Tienes a otra, pero hasta que no me he metido en esa mente retorcida que tienes ni siquiera has hecho el mínimo esfuerzo por contármelo. Así que, en el fondo, has sido tú el que ha provocado que me meta. ¿Qué pasa? ¿Creías que no iba a hacerlo porque eras tú? Veo que estar tan cansado de mí ha hecho que se te olviden algunas cosas.

Concluyó, y si se pensaba que no iba a seguir intentando recopilar más información de esa vampira que ahora veía como una rival, lo llevaba claro. Sin acercarse a él siguió sondeando sus pensamientos en la medida en la que él le dejaba. La vio a ella, sí, pero también se dio cuenta de que ella misma, Gyda, no aparecía en tantos recuerdos como cabría esperar. ¿Tan buen trabajo había hecho para olvidarla que la había borrado de su memoria de una forma tan eficaz? Imposible. Sí era cierto que desde que la transformó había habido más momentos de discusión que agradables, pero también había habido de estos últimos y, sobre todo, cuando todavía era humana. Porque lo había sido, aunque hacía tantos años que apenas se acordaba. De toda aquella época había contadas escenas que aún conservaba en su memoria, y la de aquel vestido que le regaló era una de ellas. Un bonito vestido azul oscuro que, según Jaska, resaltaba el rojo de su pelo y el azul de sus ojos. Una ñoñería como otra cualquiera que seguro que a Ciro le hacía mucha gracia, pero que el vampiro creador de ambos no hacía más que repetirle cada vez que se ponía el dichoso vestido. Gyda estaba convencida de que Jaska no había olvidado aquello, porque si su nueva señora era pelirroja se lo habría dicho. Otra cosa no, pero detallista para esas cosas siempre había sido.

Bueno, dime. ¿Ya le has regalado el famoso vestido verde? Yo aún conservo el mío. ¿O es que a ella no le hace juego con su pelo y sus ojos?

Antes incluso de volver a hablar alteró sus propios recuerdos para cambiar el color del vestido, por el mero placer de comprobar si realmente lo recordaba. Porque le resultaba curioso que los únicos recuerdos que él tenía de Gyda fueran los que había rememorado ella al verle. Ni uno más, ni uno menos.


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Re: A twist of fate {Ciro}

Mensaje por Ciro el Mar Abr 25, 2017 2:42 pm

Si no se supiera por encima de tan humanos sentimientos, Ciro estaría convencido absolutamente de que le empezaba a picar todo el cuerpo, ¡que parara!, hasta el punto de querer restregarse contra el maldito suelo para que se le pasara la sensación. El motivo era ella, por supuesto; ella y su actitud, ella y ese desdén por su mente y lo que se escondía tras ella, o mejor dicho, ella y su curiosidad agotadora e imperial por saberlo, ¡como si a él se le pudiera dominar! A cada momento que pasaba, despreciaba un poco más a Jaska, su propio creador, y celebraba aún más su muerte a sus manos; con tal de no aguantarla, él también se habría marchado, ¡qué demonios! Y eso que, en otros tiempos, se encontraba mucho más cuerdo, más estable y más paciente, no como ahora. No, definitivamente no como ahora.

Me cansé, me canso y me estoy cansando. Cállate de una vez, tu maldita voz me taladra la cabeza y te quiero arrancar la garganta. – espetó, y una de las maravillosas ventajas de su estado mental alterado era que lo convertía en un ser impredecible, hasta si representaba un papel, pues tan pronto podía amenazar diciendo auténticas bondades como soltar burradas con tono tranquilo, casi aburrido. Eso mismo había hecho, con la mejor representación de Jaska que nadie había hecho nunca, ¡hasta él habría estado orgulloso! Si no hubiera acabado con su vida tal vez lo sabría, pero como Ciro no era de los que se arrepentían de muchas cosas, se tendría que quedar sin saberlo, y sin dedicarle más de un pensamiento al respecto, como tampoco estaba pensando en la chorrada esa del vestido.

¿Eres estúpida, Gyda, o me tomas a mí por estúpido? Porque si es lo primero, bueno, poco se puede hacer, pero si es lo segundo, vas a lamentarlo. ¿Verde? Por todos los demonios, te pega menos el maldito rosado. – opinó, totalmente al azar, porque realmente creía que ni Jaska, obsesionado con la belleza (de ahí que lo hubiera convertido, aunque lo cierto era que había habido también bastante egocentrismo en ello, dado que se parecían como dos gotas de agua...), no habría cometido ese error con los ojos de la vampira, más azules que verdes. Para verdes, los suyos, a ratos; no sabía, porque no podía saberlo (su inestabilidad se lo permitía, no sus talentos), que había acertado, pero la expresión de Gyda habló momentáneamente de sorpresa, y Ciro enseguida supo que había superado la trampa de la vampiresa, sin siquiera intentarlo.

Increíble. – murmuró, pero lo realmente increíble era su golpe de suerte, ¡al parecer algo sí que estaba destinado a salirle bien! Después de absolutamente todo lo que había pasado en los últimos tiempos, alguna vez le había fallado el ego y había dejado de creerse un dios afortunado; sin embargo, con cosas como esas empezaba a volverle la idea, insistente, tan convincente como él podría volver a serlo. Y como consecuencia, porque no podía suceder de otro modo, Ciro sondeó entonces los recuerdos de Gyda, y vio el vestido verde, pero no dudó porque había visto la verdad en su cara, algo con lo que la vampiresa no podía contar: su amor era su debilidad. Él, que no había sentido amor en su maldita vida salvo por sí mismo (y esa relación tenía más altibajos que la relación de los franceses con sus reyes...), lo sabía bien, porque precisamente esa lejanía le había dado la objetividad suficiente para ser consciente del efecto devastador que tenía esa estupidez en otros.

Aprovechándose de la afortunada coyuntura, la rodeó, dominando la situación una vez más, y sobre todo disfrutando de que no hubiera intentado volver a tocarlo, pues, de hacerlo, le arrancaría el brazo sin dudar ni parpadear. ¡Tampoco es que nadie pudiera juzgarlo por ello! Y aunque lo hicieran, a él le daría lo mismo; desde su tortura, no quería que ninguna mujer (ni hombre) lo rozara a menos que fuera para alimentarse o para pelear, que eso sí que le daba la vida que había perdido hacía más de un milenio. Al final, Ciro era un vampiro que disfrutaba de las pequeñas cosas, ¡era indiscutible!, aunque esas pequeñas cosas fueran violentas, sangrientas y caprichosas, exactamente como él mismo... Porque si no iban a juego consigo mismo, ¿qué sentido tenía todo?

Te he dicho toda la verdad que te voy a decir. Lo demás, lo tratarás como mentiras, y no me apetece ni mirarte, así que mucho menos discutir contigo. Sigues siendo patética... – insultó, pero con esa manía suya de hacerlo sin elevar el tono ni cambiar la inflexión, como si estuviera comentando que la luna se encontraba en cuarto creciente aquella noche o que los pasillos de Versalles estaban repletos en la última velada social que había celebrado el reyezuelo de turno, le importaba de poco a nada su identidad. – Ojalá se me hubieran olvidado más cosas, todo esto sería infinitamente menos desagradable si así fuera. Empezando y terminando por ti, claro está. – sonrió, finalmente, con esa crueldad suya que se mezclaba con la que Jaska había podido llegar a expresar en el pasado.

Ella se metería en su mente, lo sabía; era mayor que él, y aunque Ciro estaba volviendo a proteger sus recuerdos de ella, a veces se colaba, así que decidió que lo utilizaría contra ella: la imaginó como suponía que Jaska lo hacía, como una mujer hermosa y deseable, pero a continuación la visualizó salvajemente atacada, violada y mutilada de formas que lo hicieron sonreír todavía más, con crueldad. Si ella quería meterse en su cabeza, ¡adelante!, pero él también sabía jugar a esa técnica sucia que la vampiresa no dejaba de querer aplicar con él, como si pensara que así lo dominaría. Ah, no veía el momento de que descubriera exactamente con qué clase de ser estaba tratando...




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Re: A twist of fate {Ciro}

Mensaje por Gyda el Lun Mayo 22, 2017 4:04 pm

Y ahora su voz le taladraba la cabeza. Que se callara, le decía. A punto estuvo de decirle que adelante, que le arrancara la garganta, la cabeza, o lo que quisiera, pero se calló, haciéndole caso sin darse cuenta y a pesar de que por dentro se moría de ganas de contestarle. Nunca sabría lo acertada que estuvo en esa ocasión, porque si llegaba a darle rienda suelta para que hiciera lo que le viniera en gana, lo más probable era que hubiera terminado sin garganta, o incluso convertida en cenizas. Ella seguía creyendo que era Jaska, pero no; era un ser completamente inestable que se estaba haciendo pasar por su creador, el de ambos, en realidad. Su parte racional empezaba a sospechar que algo raro había en todo aquello, pero había otra —la que seguía viendo a Jaska como un ser superior al que adorar— que se negaba a creer algo así. Si su idea de alterar sus recuerdos sobre el vestido daba resultado, comprobaría si era realmente él. Se concentró en mantener la prenda de color verde el tiempo suficiente hasta que él habló. Llegó a creer que con eso ya estaría, pero la respuesta la sorprendió, francamente. Sabía que el vestido no era de color verde y, aunque tampoco dijo el verdadero, la mente de Gyda ya había aceptado un hecho que debía haber aceptado nada más verle: la había olvidado.

Con la mirada perdida en un punto infinito detrás de Ciro, sintió como él la rodeaba sin moverse ni un centímetro. No pestañeó, ni movió los labios para defenderse de sus constantes ataques cada vez más directos y ofensivos. La voz le llegaba desde su espalda, le entraba por los oídos e iba calando poco a poco vaciándola por dentro.

Tampoco es que recuerdes demasiado —comentó con una voz completamente apática—. Me gustaría saber cómo has conseguido borrar tantos recuerdos de esta manera tan eficaz, aunque supongo que parecerte patética es algo que ha jugado un papel importante. —Se giró despacio y lo encaró manteniendo la misma distancia con él—. Y ahora resulta que no te apetece ni mirarme. ¡Quién lo diría! Cuando eras tú el que me pedía que me desnudara, eso si no lo hacías tú personalmente. —Sonrió de lado—. ¿Cuántas veces has deseado haberme dejado morir en aquel riachuelo? —Le miró fijamente a los ojos con el rostro completamente neutro—. Quizá debiste haberlo hecho.

Dio un paso atrás para poder observarle al completo. Pasó sus ojos de arriba a abajo lentamente, y cuando volvió a su rostro entornó los ojos y sondeó su mente de nuevo, como una costumbre recién adquirida, pero dejó de hacerlo casi de inmediato. Apartó el rostro asqueada, y todavía sin mirarle avanzó hasta cubrir la distancia entre ellos.

Me he quedado sin fuerzas, Jaska. —Levantó los ojos y los clavó en los de él, acercando el rostro hasta quedar a pocos centímetros del suyo, si poder evitar que el aliento chocara contra su boca. Que aguantara un poco más, el muy cretino—. Y tampoco quiero discutir contigo; ya lo hicimos mucho gracias a esas furcias que traías a casa. —La mirada indiferente de la vampira seguía fija en los rasgos de Ciro, muy atractivos para ella, pero dolorosos al mismo tiempo—. Me ha quedado claro lo que quieres, así que, supongo que has ganado esta vez. —Se acercó hasta rozar la nariz con la de él a propósito—. Adiós, Jaska —murmuró contra los labios ajenos y, dándose un impulso —porque él era más alto que ella— se acercó hasta besarlos, también a propósito, claro. Que más le daba, si ya estaba todo perdido.

Se separó con parsimonia y dio media vuelta para alejarse de allí lentamente. Su actitud parecía tranquila, pero en aquel momento no se sabía cuál de los dos vampiros era el más peligroso, si el loco o la despechada. Gyda paladeó y abrió las aletas de la nariz intentando captar el olor de algún sabroso humano del que beber, aunque, en realidad, cualquier ser era perfecto para calmar a la ahora irascible pelirroja. Mortal o inmortal.


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Re: A twist of fate {Ciro}

Mensaje por Ciro el Lun Mayo 29, 2017 2:38 pm

¡Pues claro que no recordaba demasiado de ella si nunca la había conocido! ¿Qué pretendía, algo de lógica proveniente de él, de un vampiro que gustosamente había renunciado a eso que llaman cordura sólo porque era más divertido así? ¡Todo, todo lo era! Y aunque técnicamente había tenido más motivos para dejar de llamarse a sí mismo cuerdo (dejar de engañarse a sí mismo era uno de esos motivos, que llevaba más de dos mil años sabiendo que no lo estaba), el principal era Fausto, y ella no tenía nada pero nada que ver con lo que el humano le había hecho. Aunque, debía reconocerlo, habían empezado igual, como un entretenimiento los dos, Ciro se estaba cansando, y eso nunca era buena señal.

Con el aburrimiento en sus rasgos imposibles, demasiado clásicos e incluso nórdicos pese a ser heleno y medio persa, Ciro la contempló mientras su mente se resquebrajaba del todo; casi pudo escuchar cada ¡clac! de los trocitos de su cerebro que se iban cayendo al suelo a medida que sus creencias se esfumaban una a una, todo gracias a él. ¡Y eso que le estaba haciendo un favor! Era preferible haberla iniciado en la mentira con dulzura y suavidad (¡a eso llamaba el espartano dulzura...! Claramente debía redefinirse el término para que se ajustara más a él) a decirle, directamente, que Jaska estaba muerto porque lo había matado él, ¿no? ¿Acaso el dolor no funcionaba así?

¡Pero él qué sabía! Ciro estaba muy enterado de cómo provocar dolencias físicas, de esas que abren heridas en los cuerpos, y de sufrir dolor también, hasta el punto incluso de haberlo llevado a la locura; de lo que no sabía tanto era de dolor emocional, pero porque no se interesaba, no por incapacidad. Vamos, ¡a aquellas alturas ya debería estar claro que Ciro era brillante y podía hacer casi todo lo que quisiera! Loco o no, su ego permanecía en el mismo lugar al que él le había permitido alzarse hacía muchísimo tiempo, tanto que Jaska hasta lo había conocido; es más, Ciro estaba convencido de que eso había sido lo que lo había atraído, y el resto era historia.

Hablando de historia, Ciro miró a la vampiresa mientras hablaba, rota, y mientras se iba, destrozada; con la satisfacción de un trabajo bien hecho, sonrió, pero lo quiso hacer con más intensidad de la que le permitían sus mejillas y las comisuras de sus labios, así que decidió estirarse de ambos para forzar una sonrisa de payaso diabólico. ¡No sangró de milagro! No lo hizo porque se controló antes y porque supo que entonces ella descubriría de inmediato con semejante descuido que él no era su Jaska; no planeaba autosabotearse en esas circunstancias, ¡no cuando podía ser teatral!, así que, aunque ella no lo viera porque se estaba marchando, Ciro se devolvió la piel a su lugar y mantuvo, como expresión neutra, una especie de sonrisa amplia, pero cruel.

¡Has picado! ¡No puedo creerme que te lo hayas tragado tanto tiempo, qué ingenua! – se burló, sin gritar pero lo suficientemente alto para que ella supiera que se refería a ella nada menos, a Gyda, y se girara, sólo para encontrárselo plantado, cuan alto era (y era muy, muy alto, lo suficiente para que en esa época y en la suya destacara del mismo modo sobre el resto de la plebe), y sonriendo. No, riéndose, ¡se estaba riéndose como si todo hubiera sido una buena broma! ¿Y acaso no había sido así para él, ese vampiro cruel con el que habían jugado tanto que ya se había encontrado la mejor excusa para jugar con los demás...?

Yo siempre gano, y tú no tienes fuerza, ¡nunca! Deja ya de llamarme Jaska, ha dejado de ser divertido, aunque verte así, tan hundida en la miseria, me satisface. Él me habló de ti hace mucho, más de dos mil años, aunque año arriba año abajo, ¿sabes? Las fechas exactas se me resbalan y me la resbalan, ambas cosas sirven en realidad. – afirmó, dándose toquecitos en la sien derecha mientras su otro brazo servía como apoyo al codo del brazo que había utilizado para semejante gesto de desdén pensativo, uno que fingía pensar cuando lo tenía todo claro. En ese momento sí, en contraposición a la confundida Gyda; en el futuro, tal vez ya no, pero ¿a quién le importaba? ¡Era su momento, suyo y de nadie más, y no permitiría que nada ni nadie se lo arruinara...!

No soy Jaska. ¡Sorpresa! No soy Jaska pero lo conocí, no soy Jaska pero sé quién eres. Jaska me creó, exactamente igual que a ti, así que supongo que eso te convierte en mi hermana. ¿Cómo te sientes habiendo rozado tanto el incesto? Por curiosidad lo digo, nada más. – continuó burlándose, tan sonriente que dolía, tan feliz (aunque fuera fugaz, una mentira que se terminaría más pronto que tarde) que se le iluminaba el rostro y se parecía aún más al creador de ambos que de costumbre, y eso ya era decir. Hablando, precisamente, de eso... – Jaska está muerto, deberías dejar de buscarlo.




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Re: A twist of fate {Ciro}

Mensaje por Gyda el Miér Jun 14, 2017 3:41 pm

Había conseguido lo que quería: que le dejara en paz, que se saliera de su vida. Muy a su pesar, Gyda se alejó de él, aunque no sería por mucho tiempo. Por fin había dado con él después de tantos años, y en el fondo sabía que no renunciaría a Jaska tan fácilmente. Si le quería a su lado como al comienzo de todo, tendría que ganárselo, aunque, para Gyda, era ella la única que tenía derecho sobre él. De pronto, la voz tras ella la obligó a detenerse despacio, aminorando el paso como si necesitara amortiguar el movimiento.

¿Me he tragado… qué, exactamente?

Se dio la vuelta con esa tranquilidad aparente y se lo encontró frente a ella riéndose como si aquello tuviera gracia. De verdad, que mal le había sentado la eternidad al que una vez fue un vampiro tan ejemplar para ella. Se dio cuenta de que, quizás, Jaska no estaba en su mejor momento. Qué ciega estaba la pobre, ¡claro que no estaba en su mejor momento! Y lo cierto era que ni siquiera estaba en uno malo, estaba en el peor, con el norte completamente perdido y el sur camino de estarlo. Que le dejara de llamar Jaska. ¿Cómo se supone que debía llamarle, entonces? Lo miró con el ceño fruncido, evidentemente confundida porque todo lo que estaba diciendo no tenía ni pies ni cabeza.

Sí, lo entiendo, tener una pila de años a la espalda hace que las fechas te bailen en la cabeza. Pero, año arriba año abajo, a mí también me la resbala bastante —dijo, comenzando a dar unos pasos en su dirección—, así que vete al grano, Jaska. ¿Qué pasa, acaso has cambiado de nombre?

¿Qué les pasaba a todos los vampiros con sus malditos nombres? Gyda, a pesar de lo que su miserable vida humana significaba para ella, había mantenido el nombre que su madre le dio al nacer sin alterarlo ni un ápice. Aparte de sus recuerdos, la mayoría tan vívidos que parecían recientes, era lo único que había conservado de aquella época. ¿Por qué? Quién sabía, quizá para honrar a su pobre madre, que tan mal había elegido todo en la vida, haciendo que fuera ella, Gyda, la que terminara cargando con los resultados de esas decisiones.

Iba a dar media vuelta cuando Ciro volvió a hablar. De hecho, ya había girado el cuerpo en parte, con lo que tuvo que volverse hacia él de nuevo, y lo hizo con un gesto indiferente en el rostro. Al menos al principio, porque lo siguiente que hizo fue mirarle de arriba a abajo en completo silencio, una, dos y tres veces, y con las cejas tan arqueadas que causaban hasta risa. ¿Que le había creado a él igual que a ella? Menuda broma. En todos los años que había compartido con su creador, nunca le había visto alimentarse de hombres, ni siquiera acercarse a ellos. Los evitaba, al igual que hacía ella con las mujeres, algo que, por cierto, no era casualidad. Si de verdad la había cambiado por ese despojo, haber sido reemplazada por la pelirroja de los recuerdos del supuesto Jaska empezaba a antojársele una idea mucho más honrosa en su mente.

Que te creó… ¿a ti? —Le señaló con el índice y siguió acercándose a él, paso a paso, hasta quedar a la distancia que marcaba su brazo semiextendido. Soltó una risa floja—. ¿De verdad te crees que me voy a tragar ese cuento? —Ahora sí, fue ella la que estalló en carcajadas—. Jaska, estás peor de lo que pensaba. Creo, sinceramente, que tienes un grave problema de personalidad. —Se frotó el rostro con las manos, masajeándose las mejillas doloridas—. Rozando el incesto… será imbécil —murmuró mientras le daba la espalda.

Ya había conseguido que se marchara, ¿para qué tanto teatro, fingiendo ahora que no era él? Para divertirse a su costa, eso estaba claro, pero seguía habiendo algo que no le dejaba pensar que, simplemente, Jaska había enloquecido. Su instinto ya la había advertido, pero no había conseguido que nada de lo que ella dijera le hiciera caer a él en una trampa para corroborar que, efectivamente, no se trataba de Jaska. Tenía recuerdos de ella, pocos, pero la misma Gyda los había visto. ¿Que los había visto en su propia mente? Quizá, pero cada vez que miraba ese rostro tan perfecto sólo podía ver a su creador. Continuó alejándose de él a paso lento, pensando en la posibilidad de que, por primera vez en toda la noche, ese vampiro estuviera diciendo la verdad.

Volvió a escuchar su voz, tan cargante a esas alturas que deseó arrancarle la lengua para que se callara de una vez, pero sus palabras la dejaron en el sitio. Jaska. Muerto. ¿Por qué demonios seguía creyéndose lo que salía por su boca? Sondeó su mente y vio a dos como él, tan parecidos entre sí que el que tenía delante bien podía haber pasado por el otro, y el otro por el que tenía delante. Los detalles de ese pensamiento eran demasiado nítidos para que se los hubiera inventado, ella lo sabía, lo hacía a menudo; cuanto más complejos fueran, más fácil era desenmascararlos, y aquel tenía tantos detalles que abrumaba.

Mientes —dijo sin mirarle aún. No se lo quería creer. No. Ese que tenía delante tenía que ser Jaska, porque Jaska no podía morir. Se giró. —No te muevas —le obligó y se acercó a él mientras Ciro se quedaba quieto en su sitio, obediente. Si se pensaba que sólo sabía leer mentes, lo llevaba claro—. ¿Qué es eso de que Jaska está muerto? Habla. —Terminó de andar la distancia que los separaba y acercó su rostro al ajeno. Si ese no era Jaska, ¿quién demonios era? No podía ser otro—. ¡HABLA!


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