Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

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Dead love couldn't go no further || Gael Luzt

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Dead love couldn't go no further || Gael Luzt

Mensaje por Astrid J. Bergès el Sáb Feb 25, 2017 6:59 am

Estoy aquí, entre el bullicio de la multitud y el dorado de las copas, entre los vestidos de seda y el aroma a puro, con los pies clavados en el suelo y la sonrisa muerta en los labios. Inspiro rogando paciencia a la parte de mi que necesita salir corriendo, esa que obligo a quedarse dormida cuando lo único que se me permite es hacer acto de presencia. La mirada inquisitiva de mi tía Lenna se posa en mí más veces de las necesarias estudiando mis gestos y mi lenguaje corporal. Ha tenido años para aprender a leer y yo otros tantos para hacerla creer que puede. Miro mi copa cuando la conversación de mis compañeras se centra en sus hijos y lo adorables y perfectos que son, como si el resto del mundo no supiéramos que a esa edad resultan agotadores. Cuando el camarero pasa cerca cambio mi copa medio vacía por una llena, las burbujas del champán juegan sobre mi lengua y temo que este sea el momento más divertido que tendré esta noche.

-Jane, querida, te ves pálida ¿Te encuentras bien?

La respuesta es no, pero sonrío igualmente para restarle importancia. Me excuso con que no pude descansar en condiciones la noche anterior y al momento todas y cada una de ellas se miran cómplices. Los nervios de conocer por fin a su pretendiente, pensarán. Y aunque no es mentira que no he podido dormir la verdad es otra bien distinta. Llevo semanas sin conciliar el sueño y pese a que no lo admitiré en voz alta sé muy bien el motivo, me quema el pecho cada vez que pienso en ello y se me acelera el pulso de pura frustración. Quisiera poder fingir que todo sigue igual, pero desde aquel fatídico encuentro no soy la misma, desde entonces todo a mi alrededor parece ir a una velocidad estratosférica mientras dentro de mí mis sentimientos se cuecen a fuego lento. Me gustaría poder decir que solo se trata de mi orgullo herido, pero eso solo es la capa visible del iceberg. Tengo grabada la mirada de Naitiri y la voz de Gael en mi cabeza, la inquietud de
aquella noche aún me acompaña. Desde entonces han pasado tres semanas, tres largas, vacía e insípidas semanas sin volverlos a ver, en las que apenas intercambié una carta con ella para pedirle tiempo.

-Es lógico, cielo, no todos los días se conoce al hombre de tu vida-la voz es dulce y todas concuerdan con ella, pese a que yo estoy en otro lugar ellas me mantienen presente con su palabrería-Tu tía se ha encargado de encontrarte el mejor partido, ya quisiera volver a tener tu edad para casarme con alguien como el señor Medley- no me molesto en fingir que las escucho y desconecto por completo ya que no parecen darle importancia a mi inmutable silencio, están ensimismadas en los posibles futuros no muy lejanos que estoy cerca de vivir con el que se supone debe ser mi futuro marido. Halagan a mi tía porque sin ella yo habría caído en la temida pero escasa lista de mujeres solteras de París. Qué tragedia habría sido-Y hablando del susodicho…

La mano de mi tía pasa por mi brazo y me obliga a acompañarla, apuro el último trago ante su desaprobación y caminamos a paso lento, como todas las damas deben hacer, “tu mente no debe ir por delante de tus pies”. Puedo sentir el nerviosismo de ella a través de su simple agarre y es que lleva tanto tiempo esperando este momento que casi podría ser yo quien los presente. Los últimos intentos de mi ilusa tía por encontrarme un buen partido y completarme como mujer han sido un penoso desastre. Yo no hago nada, lo juro, me dedico a escucharlos, atender sus gestos, aceptar sus halagos y sonreír como toda señorita debe hacer. Al terminar nuestro encuentro me despido y jamás vuelvo a verlos pese a sus intentos por llamar mi atención, pero no puedo compartir mi vida con alguien sin alma.

-Esta vez es el adecuado, mi dulce niña, será una noche perfecta-susurra a medida que nos acercamos al grupo de caballeros que entre risas cómplices y apretones de manos saluda al recién llegado. Mi tía pensará que no admiro sus esfuerzos pero en realidad entiendo con creces que solo trata de hacerme feliz y encajar piezas que obviamente están rotas dentro de mi. El problema es que no tengo solución.

Cuando por fin nos presentan su mano toma la mía para posar un leve beso, todo en este hombre es digno de un caballero, sonrisa amplia y mirada cálida, voz madura y porte altivo. Sí, para mi desgracia es un buen partido. No sé qué esperaba él de mí pero halaga con deleite todo de mí sin resultar empalagoso como los pretendientes anteriores a él. El pecho de mi tía se infla de orgullo ya que ha sido ella la encargada de dejarme radiante para este momento, el encaje de mi vestido se adhiere a mis formas y cae en un ligero vuelo, no es voluptuoso pero tampoco vulgar, de un azul marino profundo. La conversación y el ambiente entre ambas familias es agradable y hasta me permito sonreír más de la cuenta, casi podría dejarme llevar y callar para siempre la parte de mi que suele salir corriendo. No tardan en dejarnos solos con el poco disimulo de los que ya saben lo que va a pasar, es casi como un ritual que he repetido ya varias veces. El vuelo de mi vestido ondea al ritmo de mis pasos mientras permito que me guíe hasta la zona de baile donde decenas de parejas lucen sus mejores pasos. Parece algo nervioso aunque se esfuerza por mostrarse todo lo seguro de sí mismo que debe, no me mira más de lo políticamente correcto y mantiene un baile lento que le permite seguir hablando. Al final me veo a mi misma conversando con él e incluso riéndo, y no sé si se trata de mi desesperado intento por desprenderme de todo el dolor de los recuerdos, no sé si es mi subconsciente que está harto de sentirse cada día triste y solo, que me anima a dejarme llevar al menos por una vez. Casi podría perdonarle que no tenga los ojos azules o que su barba esté perfectamente afeitada, casi podría obviar el hecho de que no huele a bosque lluvioso y canela o que sus manos no tienen cayos del arduo trabajo en la caza. Casi podría perdonarlo, pero no se llama Gael.



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Re: Dead love couldn't go no further || Gael Luzt

Mensaje por Gael Lutz el Lun Feb 27, 2017 5:48 am

No tengo ganas de fiesta. Ni ganas de salir a cazar. Solamente tengo ganas de tumbarme en la cama y buscar por la almohada el último resquicio del olor de Jane. Llevo muchos días sin verla, han pasado tres semanas desde que nos encontramos en el burdel y Naitiri estaba con ella. Fue una de las peores noches para mí. Y el no saber de ella hace todo mucho más cuesta arriba. ¿Donde estará? ¿Estará bien? ¿No quiere verme nunca más? Solo pensar en estas preguntas hace que me rompa más por dentro. Necesito saber de ella, necesito encontrarla. Me he visto a mí mismo recorriendo los bosques, pero en vez de buscar lobos o vampiros, solo la busco a ella. Pero no está. Tampoco la he encontrado en los sitios habituales en los que suele ir con su tía o a esconderse de ella. Incluso he estado tentado de presentarme en su casa. Pero he sido cobarde. Necesita tiempo. Y quiero dárselo aunque me consuma por dentro. Esta vez el pájaro a volado, en busca de un lugar más cálido. Aprieto la mandíbula, necesita recordar veranos para superar este invierno.

Para cuando me quiero dar cuenta, ya estoy atravesando las puertas del Palacio Royal con un traje de color negro, acompañado por un Thomas que no cabe más en sí mismo de alegría. Lleva sin parar de hablar todo el camino, diciendo que aquí podrá encontrar buenos compradores para los potros que acaba de tener, e incluso me insta a que corteje alguna mujer, que me ve muy solo dice. ¿Solo? Solo no es la palabra para explicar como me siento ahora mismo, pero se le acerca bastante. Entramos en el salón donde la fiesta ya ha comenzado. Muchas mujeres y hombres están formando pequeños grupos mientras charlan sin parar, beben, ríen y un pequeño grupo, en el centro, baila.

Cojo una copa de champán y me quedo bebiéndola mientras Thomas entabla conversación con una mujer grande, con un vestido que ni siquiera es de su talla. Hago una mueca y sigo bebiendo, no quiero participar en la conversación pero la mujer pone su mano en mi muñeca, captando mi atención. Mis ojos se clavan en ella, y ella comienza a hablar. Tiene una sobrina. De veinte años, guapa, rubia. ¿Cuándo quiero una cita con ella? Dejo escapar un suspiro. - No soy un buen partido para su sobrina.- Digo con voz cansada y alzo la cabeza en dirección a la zona donde la gente baila. Podría decir que he escuchado su risa. ¿Está aquí? Mi corazón se acelera por momentos. -Disculpadme.- Me aparto de la señora y de Thomas, camino hasta el baile y la busco con la mirada. Siento que se me va a parar el corazón.

Y realmente se me para. No por el hecho de que esté bailando con un hombre. Si no porque está preciosa. Un vestido de encaje que se adapta a su cuerpo. Está radiante, como el Sol en verano. Pero se acercan nubes de tormenta.    Podría darme la vuelta y escuchar realmente a la señora hablarme de su sobrina, pero la estaría engañando. Podría dejar que Jane disfrutase de esta noche como parece que lo está haciendo. Pero no quiero. Quizá esta sea mi última oportunidad de verla. O de hablar con ella. Voy a ser egoísta por esta vez. Solo respira me digo y cojo el aire que sin pensar he soltado al verla. Me abro paso entre la multitud, esquivándolos y llego hasta ella, está girando sobre sí misma y sin evitarlo, entrelazo mi mano con la suya, tirando de ella para que suelte al caballero. -Cambio de pareja.- Le digo al caballero quien me mira con enfado. La has soltado demasiado rápido, campeón. Pongo mi mano izquierda en la cintura de ella, mientras la derecha sujeta su mano con fuerza. Puede huir en cualquier momento, salir corriendo y recuperar el Sol que acaba de perder. Se avecina tormenta.  - No te vayas... Por favor.- Le suplico, soy capaz de ponerme de rodillas con tal de que no se vaya. Soy capaz de hacer cualquier cosa absurda que se me pasa por la cabeza simplemente para que se quede conmigo. Llevo tres semanas pensando qué poder decirle. Pero las palabras se me han esfumado del cerebro y se han atascado en mi garganta. La pego más a mi cuerpo en un movimiento rápido, por suerte la música es lenta y no se verá inapropiado. -Te echo de menos, Jane.- Es lo único que acierto a decir y espero a que conteste, puede que esta noche, si decide marcharse, sea la peor en mucho tiempo... Y yo no estoy preparado para eso.





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Re: Dead love couldn't go no further || Gael Luzt

Mensaje por Astrid J. Bergès el Lun Abr 24, 2017 5:43 pm

Ahora es cuando el tiempo se detiene y puedo huir. Sé que son las manos de Gael las que me toman al vuelo incluso antes de sentirlas, su aroma rompe el aire. Necesito huir, cuanto más tarde en abrir los ojos más tiempo podré evitar mirarle, no puedo, simplemente no puedo. Mis pasos siguen el compás como si nada hubiese cambiado, mi pareja de baile debe estar observándome en este instante con el orgullo de un hombre herido mientras Gael nos aleja probablemente de él. ¿Cuánto hace que no cruzamos miradas? ¿Habíamos bailado juntos alguna vez? Me doy cuenta en este instante de que es la primera vez que estoy junto a él sin ropa de caza, en una situación fuera de nuesto día a día. ¿Nuestro? Quizás solo me acostumbré demasiado rápido a esa palabra. El baile se convierte en un duelo silencioso, la dama siempre debe permitir que el caballero la guíe pero todos parecen haber olvidado que soy una tormenta, incluso aquel que era mi calma busca una tregua. La banda interpreta una melodía demasiado pasiva para la guerra entre nuestros pasos pero, pese a todo, no necesito abrir los ojos para saber que no me dejaría caer. Sus palabras consiguen que mis párpados se abran, pero en ellos solo hay fuego. Me echa de menos, dice, han pasado tres eternas semanas y considera que hoy es el mejor momento para echarme de menos. Casi podría haber sido una noche perfecta, pero claro, yo no estoy destinada a cosas como esas.

-Déjeme ir-es lo único que puedo decir, mi voz es tan solo un susurro, una respiración sobre su rostro. Siento la mano que posa sobre mi cintura más firme, más cerca- Monsieur Luzt, asaltar a damas en medio de un baile con el que puede ser su futuro prometido es de muy mala educación.-casi me falla la voz, ¿realmente te has atrevido a decir eso, Astrid? Eres una Bergès, no cabe duda. No puedo mirarlo, ambs sabemos que mis mentiras nunca traspasan sus ojos. Pero, en realidad, no hay engaño en mis palabras, el hombre que nos observa a lo lejos podría ser uno de mis posibles futuros, ese que mi tía tanto añora-Déjeme ir-repito, esta vez con más ímpetu, pero ello hace que su agarre se reafirme y sé lo interminable que puede llegar a ser este tira y afloja. Todas las damas giran al unísono menos yo, estamos fuera del baile grupal y nos movemos según nos convenga para evitar chocar con los demás, el vuelo de mi vestido acaricia sus zapatos y mis guantes no me permiten rozar su piel. Veo ojeras bajo sus párpados y una expresión cansada, barba de tres días. Para otros es un hombre apuesto, para mí es un hombre roto. Necesito que sea él quien me suelte o de lo contrario será demasiado evidente y tendré que montar una escenita, siento la mirada de mi tía y sus acompañantes sobre nosotros en una clara demostración de incomprensión, so sobrina bailando con un hombre que ella no ha escogido previamente, toda una locura-Este no es el mejor momento, lo que tengas que decir puede esperar. Aunque quizás no quiera escucharlo-mi expresión es tan neutra que no podría decirse qué intención tienen mis palabras, pese a ello mi ojos solo huyen. ¿Qué es lo que pretende? Todo quedó claro aquella noche, entre sangre, vicio y un burdel. Cada uno de nosotros tiene una vida lejos de la caza, Gael, Naitiri, Naxel, incluso Sean. El hombre que tengo ante mi amaba a otra. La mujer a la que considero mi hermana lo amaba a él. Aún recuerdo el cruce de nuestras miradas cuando ambas comprendimo que "aquel hombre" era él. Me muerdo el labio tan fuerte que podría quebrar la piel de éstos, termino por desviar mi vista hacia mis pies como si pudiera encontrar el aire que me falta entre ellos. Han pasado días y aún no sé qué es lo que me lleva a sentirme así, tal vez la culpa es realmente mía ya que soy una cobarde, puedo matar a un sobrenatural y no besar a Gael mientras es consciente de ello-No deberías haber aparecido.



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Re: Dead love couldn't go no further || Gael Luzt

Mensaje por Gael Lutz el Vie Abr 28, 2017 7:28 am

Siento frío. Para mí, la sala acaba de dejar de tener calidez, no noto el calor que emanan los otros bailarines, ni siquiera las velas que hay encendidas me proporcionan calor. La frialdad con la que Jane me recibe me cae encima, un jarro de agua fría que sabía que podía recibir, pero aún así, eso no significa que no duela. Ella está herida en su interior por culpa de mi pasado… Como muchos otros, solo que ella es la que menos se lo merece. Ni siquiera me mira. Sus párpados están cerrados mientras se deja guiar por mis pasos a un sitio alejado del hombre que la tenía en sus brazos… ¿Hombre? ¿Qué clase de hombre deja marchar tan fácil a alguien como ella? Jane es alguien a la que nunca hay que dejar marchar. Tras escuchar mis palabras desesperadas, termina por abrir los ojos y en su mirada solo recibo una bofetada, una bofetada que duele muchísimo más que si me la hubiera dado de verdad. Si su mirada parda matase, estaría muerto. Me tenso más de lo que ya estoy al escuchar que quiere que la deje ir. No se va a marchar a ninguna parte hasta que no deje explicarme. Ambos sabemos que los dos somos cabezotas y que esto no acabará bien si empezamos un tira y afloja.

Muerdo mi labio a la par que alzo mi ceja izquierda, todo para no romper a reír por su frase. ¿Futuro prometido? La agarro más fuerte y me acerco a su oído derecho, para que pueda escucharme bien. –Si yo fuese tu futuro prometido, no te hubiera soltado tan rápido como lo ha hecho él. No eres alguien a la que hay que dejar escapar, Jane.- Por eso estoy aquí. Continuaría la frase, pero lo dejo como un simple pensamiento. Vuelve a decirme que la deje ir, con algo más de convicción en sus palabras, pero vuelvo a ignorarla y la sujeto con más fuerza. Si la suelto no va a volver. Y yo la quiero de vuelta. Continúo moviéndola por toda la sala de baile como si fuésemos una pareja feliz que se está conociendo. Ella demasiado tímida como para hablar cuatro frases seguidas y para mirarme a los ojos y yo concentrado en ser agradable con ella y que al final se venga a mi cama con un anillo y muchas promesas banales. Sus constantes rechazos duelen, pero sé que lo dice solamente para librarse de mí, para no escuchar unas palabras que no quiere oír. No puede huir de mi vida como si nada solamente porque esté enfadada. Las cosas se arreglan hablando y no hay mejor momento que este. –Vas a callarte y me vas a escuchar, Jane. Yo también podría estar enfadado contigo, pero aquí estoy. Aquí me tienes. Todo tuyo.- Digo y levanto mi brazo para que gire sobre sí misma y al menos la gente piense que seguimos bailando un baile que poco tiene que ver con nosotros.

Sus últimas palabras casi hacen que me caiga y pierda el equilibrio. No me las esperaba. No esperaba recibir por su parte tales muestras de desprecio, pero aún así, no me separo, no la suelto. La sujeto con más fuerza por la espalda, tanta que puedo sentir su piel arder a través del vestido. Mi mirada entonces se endurece con ella, frunzo el ceño y levanto su cara con mi mano, cogiéndole la barbilla.  –Hacemos una cosa. Me voy si me lo dices mirándome a los ojos y consigues que te crea, que es cierto que quieres que me marche y que te deje en paz con tu futuro prometido. Pero antes de eso, me vas a escuchar y quiero que lo hagas bien, porque no creo que lo vuelva a repetir. ¿Entendido?- Le estaba hablando de la misma forma en la que le explicaba cómo funcionaba una ballesta o como debía de darme cuando estuvimos entrenando junto con los caballos aquel día en el bosque. Suelto su cuerpo y mantengo mi mano entrelazada con la suya. Basta ya de bailes, basta ya de distracciones. Necesito de toda su capacidad de concentración. Quizá así, pueda perdonarme.

La llevo hasta una zona apartada, entre unas columnas, donde hay cerca pequeños grupos de hombres y mujeres hablando a un tono normal. Es un buen sitio, pues la música no llegaba a molestar. Me quedo mirándola mientras paso una mano por mi pelo. ¿Cómo puedo empezar? Solo queda empezar desde el principio. –Nunca creí que Naitiri fuese amiga tuya ¿Vale? Ninguna de las dos me habíais hablado de la otra. Lo mío con Naitiri fue algo fugaz. Pero ya terminó, hace bastante tiempo. Siento que te sentara tan mal, pero ya no es a ella a quien quiero. - Me acerco un poco hasta ella. – Llevo tres semanas casi sin dormir. Pensando donde estarás, si estás bien… Te he buscado por todas partes. Créeme cuando te digo que te he echado de menos como a nadie en toda mi vida, Jane. Te lo dije hace mucho tiempo y te lo vuelvo a decir ahora. Sin ti, yo no. - Muerdo mi labio y espero a que crea mis palabras. Podría decirle muchas más cosas, que si no me cree, no hay nada que hacer. –Si quieres no vuelvas conmigo a casa hoy. Pero dime que volverás algún día. Cuando estés lista. - Vuelvo a morder mi labio, esta vez con más fuerza. Hasta me contento con eso, con que algún día vuelva a dormir en mi casa y volvamos a ser los que éramos antes de que todo esto pasase.





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Re: Dead love couldn't go no further || Gael Luzt

Mensaje por Astrid J. Bergès el Miér Mayo 24, 2017 6:28 pm

Como si una vida al lado de Gael fuese posible. Para nosotros no existen las promesas, los anillos o los finales felices, no somos los protagonistas del cuento, somos los personajes secundarios, esos que se sacrifican y simplemente mueren. Aún con la mirada puesta en nuestros pies me doy cuenta de cómo incluso en un simple baile podemos estar tan sincronizados, mi mente exige llevarle la contraria y mi cuerpo se adapta a la situación. Soy muy consciente de la presión de su mano sobre mi cintura y la cercanía de sus palabras en mi piel, la voz de Gael es ronca y sin armonía. ¿De verdad se cree con el derecho de silenciarme? Me muerdo el interior del labio mientras dejo que me gire sobre mi misma, el vuelo de mi vestido acaricia el aire y seguimos el compás de la música. Dicen que el tiempo pasa lento cuando lo disfrutas, pero este instante se está convirtiendo en una eternidad y no es precisamente placer lo que siento. Se me van a caer las piezas del pecho y no voy a saber recomponerme. No lo mires, Astrid, ni lo mires a los ojos. "Aquí me tienes" dice, "Todo tuyo". Normalmente, cuando Gael se sientre frustrado su rostro suele mostrar más de lo que él cree que puede esconder, suelen brillarle las pupilas y una vena en el cuello se marca, a veces si se siente demasiado impotente se muerde el labio con tanta insistencia que en ocasiones he tenido que posar mi mano sobre los mismos para aliviar su propio martirio. Probablemente lleve la misma mirada que viste cuando siente que su presa se va a escapar. Me aprieta tan fuerte a él que por un momento temo que mis tíos y sus acompañantes nos estén observando, pero parece que entre los cuerpos y telas a nuestro alrededor estamos a resguardo. Ante todo, no debo permitir que se sobrepase, esto no es nuestro ámbito de caza, no es el salón de su casa, el refugio bajos sus sábanas. Voy a decir cualquier cosa para que me deje ir, cualquier cosa hiriente que pueda hacer que me suelte, que me odie, pero sus actos se adelantan. El agarre de su mano sobre mi barbilla me recuerda la fuerza que posee. No le mires, Astrid. ¿Qué Gael me habla ahora, el entrenador, el cazador o la persona? Opongo resistencia por un momento, al final cedo y lo dejo giarme entre la multitud hasta una columnas, muchas parejas y grupos mantienen sus conversaciones en tono neutro, lejos del gentío la música parece ir apagándose a mi alrededor. Esto es mucho peor, tenerlo cerca sin excusas es nefasto para mi fuerza de voluntad.

Aún con sus dedos entrelazados luchando por aferrarse a los míos, lo escucho. ¿Cómo puede decir el nombre de Naitiri con tanta facilidad cuando a mi me arde la garganta cuando la pienso? ¿Por qué me siento tan culpable?

-¿Por qué tendría que haber hablado de ella?-me arrepiento al instante de la pregunta, no es como si no tuviera mejores cosas que decir, me arde la cara-¿Qué habría cambiado, habrías sido más discreto? ¿Qué podría haber hecho yo contra alguien como ella?-y ahora sí, mis ojos están en los suyos, voy a acabar perdida. No entiendo cómo después de tanto tiempo es esto lo que increpo, soy escoria y ni siquiera sé de donde salen estos pensamientos. Podría decirle que entiendo su desesperación, que su dolor es el mío propio, que conozco la sensación esquizofrénica cuando no estoy a su lado. Pero me quedo callada aún con mis labios rogando estar sobre los suyos. Ver como se pasa un mano por el cabello deshaciendo el pulcro peinado, la expresión en su rostro y los intentos de su mirada por encontrarme, hace que quiera salvarlo. Ya no es ella a quien quiere, ¿debería eso consolarme? Sé que en el fondo no es eso lo que me oprime.

-No sé nada de ti, Gael-susurro, como si no quisiera que me escuchara- Puedo decir con seguridad que la avellana es tu sabor preferido, que los días de lluvia caminas más lento y los soleados prefieres vivirlos en la sombra. Sé que tomas té solo cuando yo lo preparo y que lo prefieres con gotas de vainilla, que te duermes siempre el último y despiertas el primero-mi voz se alza y con ello la intensidad de mis palabras- Sé que cuando tienes pesadillas te sientas al borde mi cama y me acaricias el pelo pero nunca encuentras lo que andas buscando en mi sueño. Normalmente crees que mientes bien pero te tocas el puente de la nariz cuando lo haces, y susurras cuando no sabes qué decir. Cuando crees que nadie te observa pareces el hombre más triste sobre la faz de la tierra - lo miro como quien sabe que acaba de leer el final de un libro sin haber terminado los primeros capítulos, me tiembla la voz, me tiembla todo- Aun así no sé quién es Gael Lutz. No me importa a quien amaste o quien está en tu corazón ahora, no puedo dirigir tus sentimientos, no tengo ese poder. Solo... solo ha sido destructivo comprobar que ambos vivimos en un engaño. No sé nada de ti fuera de la vida de cazador que compartimos.

Guardo silencio por fin, es lo más cierto que he podido decir hasta ahora. No sé a qué se dedica Gael, nada de su pasado salvo la devastación que se llevó a su familia, con quien pasaba las noches cuando no cazaba conmigo, si después de haber besado a una mujer era mi calor el que buscaba. Nada. El hombre que tengo ante mi esconde más de lo que muestra. Y yo no soy más que una pobre copia, somos igual y a la vez totalmente diferentes. No sé cómo pero mi mano está posada sobre su rostro casi como si intentara consolar a un niño, intentando hacerle entender que su juguete roto no puede arreglarse. Lo siento cerca de mi y muy lejos a la vez, tan típico, tan doloroso. ¿Qué ve cuando me mira?

-¿Por qué no puedes verme?

Susurro, tan bajo que parezco de cristal.



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Re: Dead love couldn't go no further || Gael Luzt

Mensaje por Gael Lutz el Lun Mayo 29, 2017 6:13 am

Me quedo mirándola de la misma forma en la que un hombre que va a perderlo todo se despide de la última puesta de sol. Se muy bien que está aquí en contra de su voluntad, de que si fuese por ella esta noche la hubiera pasado con el que dice que va a ser su futuro prometido, por eso mis dedos luchan por entrelazarse con los suyos, necesito volver a acariciarla, a sentir que somos uno al igual que hacemos en los bosques. Siempre se nos ha dado mejor cazar que mostrar nuestros sentimientos. Pero hoy sé, que si quiero que vuelva, voy a tener que mostrarle un Gael que no conoce, uno que quizá ni siquiera yo conozca. Aprieto un poco su mano, y escucho las preguntas en correlación a Naitiri. Su última frase me hace fruncir el ceño e incluso, llega a enfadarme. ¿Por qué se ve tan inferior? Está claro que ni ella misma se ve como yo realmente la veo.

Mi mano libre deshace el peinado que tan estrictamente colocado estaba. No quiero fiestas. Voy a contestarle cuando ella clava sus ojos en los míos y vuelvo a cerrar la boca, porque ella vuelve a hablar. Y lo hace con fiereza. Su voz y su cuerpo tiembla y la agarro con más fuerza, dejando a centímetros nuestros cuerpos. Y entonces me siento desdichado. Jane tiene razón en todo lo que acaba de decir. Hemos vivido ambos una mentira. No conozco a la mujer que tengo al lado, hasta hace poco pensaba que sí, pero hizo falta que llegase Naitiri para desmentirlo, para quitarnos a ambos una venda que teníamos invisible sobre los ojos, que solo nos permitía ver aquello que queríamos ver. Somos sombras y luces... Su mano se posa sobre mi mejilla y mis ojos se cierran al contacto. Dejo que mi barba raspe con delicadeza la suavidad de su palma. Y sé que no me importan las mentiras. Que se puede llamar Astrid, Jane o Cleopolda. Que puede haber tormenta todos los días, que si está ella, nada importa. -Que me lo quiten todo, pero tú no te vayas.- Susurro en voz baja, desconociendo si me ha escuchado o no.

"¿Por qué no puedes verme?" Dice y mis ojos se abren para poder verla. Sí que la veo. Es ella quién no se ve a sí misma. -Te veo, Jane. Y lo que veo es tan maravilloso que da miedo. - Aparto su mano de mi mejilla y para cuando me quiero dar cuenta, mi cuerpo ya está pegado al suyo y mis manos la sujetan, como si tuviera miedo que se deshiciera entre mis brazos. -Nunca he conocido a alguien que me afecte tanto como lo haces tú.  Muchas veces he querido salir corriendo de esto, pero sabes convertir mis ganas de huir en ganas de quedarse contigo.  ¿Dices que no puedes dirigir mis sentimientos? Los diriges como si fuesen una hoja en el viento. Porque eso es lo que eres, viento. - Respiro poco a poco e intento bajar una voz que se ha alzado más de lo debido. - Eres un huracán, Jane. Quizá ahora el pájaro sea yo. Y se me ha olvidado volar. - Me acerco a ella y mis labios se quedan a centímetros de su oído. -Tienes más poder sobre mí del que te piensas. - Digo y me apoyo en su hombro. Ella puede destruirme sin articular una sola palabra.

Quisiera quedarme en su hombro durante mucho rato, empapándome del olor de su cuerpo, pero empiezo a escuchar susurros de las personas que nos rodean y me separo. Se me ha olvidado donde estamos y que estamos rodeados de gente. Trago saliva y la miro. Es la primera vez que me desnudo así con ella y desconozco lo que está pasando por su cabeza en estos momentos. Me siento como si hubiera estado toda la noche sin dormir. Agotado. Voy a decir algo cuando escucho unos tacones que se acercan. Mi cabeza se desvía y veo a su tía y al séquito de señoras detrás. Seguramente están enfadadas, sin entender porqué su sobrina está con un hombre que no ha sido el que ella le ha asignado. Por suerte, Thomas ve lo que pasa y se interpone en medio, dándonos unos segundos. Pero no es la tía y las señoras quién me preocupa. Hay un vampiro en la sala.Puedo oler a sangre, pero es un olor demasiado débil como para que alguien que no esté familiarizado con él, lo note. Miro a Jane de reojo. -Jane... Espero que debajo de ese precioso vestido lleves algún arma. - No digo más y me separo de ella, yéndome a la derecha. Espero que lo haya entendido, siempre nos entendemos bien cuando se trata de trabajo. Al parecer, nuestra desnudez de alma, tiene que esperar.





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Re: Dead love couldn't go no further || Gael Luzt

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