Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Los renglones torcidos de Dios [Privado]

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Los renglones torcidos de Dios [Privado]

Mensaje por Misha Kaiser el Mar Mar 14, 2017 7:15 pm

Podía sentir en cada poro de mi piel como el frío invierno iba dejando poco a poco paso a la primavera, especialmente esa tarde donde el sol calentaba mi cuerpo de forma apacible y el canto de los pájaros eran música para mis oídos. Era una oportunidad de disfrutar de esa libertad que solo la naturaleza era capaz de brindarme y que no podía dejar pasar. Así que aproveché para dejar a un lado todas las tensiones que se estaban creando en el grupo de caza, y salir a pasear tranquilamente por el bosque disfrutando de los últimos rayos de sol.

Estaba más que cansada de las miradas reprobatorias de otros inquisidores hacia mi persona debido a mi naturaleza, miradas y actitudes que estaban creando una gran brecha entre mi maestro y yo. Estábamos más que acostumbrados que la primera reacción ante el conocimiento de mi maldición fuese de rechazo, pero después acostumbraban a aceptarme pues agradecían la valía de mis habilidades lupinas. Nadie más que yo era capaz de identificar a otros sobrenaturales simplemente al percibir su aura, ni siquiera la fuerza que yo tenía siendo humana podía ser comparada con la de cualquiera de ellos.

Pero desde nuestra llegada a París la situación se había vuelto más complicada que de costumbre, y ni aún conociendo la historia por la que llegué a ser Inquisidora a pesar de mi maldición, el resto de cazadores habían sido capaces de claudicar en su empeño por alejarme de ellos.

Aunque  lo peor no era solamente eso, sino que las últimas ocasiones en las que había salido de caza y algún licántropo se había cruzado en nuestro camino, una extraña sensación de añoranza se apoderaba de mi pecho. Sabía que darles caza y guardar a los humanos era mi deber, algo que le juré a mi maestro la noche en la solo yo sobreviví al exterminio de mi manada. Sin embargo, y en secreto, sentía la necesidad de dejar salir a esa loba que llevada confinada tanto tiempo.  Una lucha continua entre mente y alma se debatía continuamente en mi interior, donde solo una fina línea las separaba; sabiendo que si era la lycan la que se hacía con el poder, el pacto estaría roto y mi maestro sería el primero en darme caza.

Escuché el suave sonido de un riachuelo cercano, y con una sonrisa dibujada en los labios, me acerqué hasta allí para disfrutar las pocas horas que me quedaban hasta el anochecer. Un baño refrescante seguro que me recargaba las energías y ahuyentaba de mí esos pensamientos contradictorios entre deber y recuerdos pasados que últimamente me estaban traicionando.




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Re: Los renglones torcidos de Dios [Privado]

Mensaje por William Bones el Miér Mar 22, 2017 8:25 am



El crepúsculo comenzaba a bañar cuanta imagen que mis ojos podía contemplar. Las hojas que alejándose del color verde natural que las acostumbraba daban paso a un color anaranjado con tonos rosados y rojizos junto a las brillantes gotitas de haber llovido en algun fragmento de este día, tarde o mañana. El bosque, que cada vez era mas oscuro y tenebroso conforme el espacio daba paso al tiempo y éste se abrazaba a la noche en cuya transición comenzaba a pesar cada vez mas y aquello lo notaba William Bones, quien dado el aburrimiento de la gran ciudad entre gentío, música y contaminación de todo tipo decidió darse un paseo por los bosques cercanos sin conocerlos, aunque poco le importaba aquello ya que sabía orientarse más que bien dada su condición. Un secreto a voces, pues era Licántropo y cada vez mas tabernas lo sabían y es que a BOnes le costaba mantener su naturaleza a raya cuando alguien le enfadaba lo suficiente.

En otras palabras, era fan de dejar claro un mensaje. No era hombre de decir la misma advertencia dos veces.

Caminaba observando los troncos, la corteza y algunos huecos en algunos robles señal inequívoca de la vida salvaje. Y eso es lo que buscaba, alguna bestia, ya sea para divertirse, para hablar con ella o simplemente buscar algún tipo o fragmento de emoción y acción en este día tan aburrido en el que su amada Yendra seguramente habría ido a cazar o catar algun hombre nuevo o mujer, cosa que a él no le molestaba ya que entendía y abanderaba dicha libertad, puesto que es un pirata.

Durante mas minutos que menos estuvo andando a tientas ya que la visión cada vez era menor y aún no usaba su vision de la bestia, pero si sus oidos. Captó de inmediato el sonido de un gracil riachuelo y... algo más. Algo más que levantó enseguida la curiosidad del pirata y mas aún cuando a traves de unos helechos sus ojos contemplaron la hermosa visión del ser que mas le gustaba a William Bones: La mujer.

Durante los siguientes instantes se quedó alli agazapado, observando y esperando para ver si aquella hembra se daba un baño, más que todo por.. verla desnuda. Total.. ¿Que hay de malo en darse dicho placer sexual y estimulo visual? Pero no esperó mucho más, sin saber si ella estaba desnuda o no, el se desnudó íntegramente y caminando lento pero naturalmente, se encaminó hacia el riachuelo que era mas grande de lo que parecía en primera instancia y tras eso se metió en el agua, lento pero sin pausa, dando la oportunidad a aquella extraña de observar cada centímetro de su cuerpo. Sus músculos, sus brazos, y por supuesto.

Su género.

"Vaya... vaya. Menuda diosa perdida en el manto anaranjado del crepúsculo. Casi puedo sentir su delicia en mi.. paladar"

Dijo mas bien.. sin querer, olía la naturaleza de aquella hembra, pero el hablar de forma mental y aniaml, aún no lo controlaba demasiado, lo que a veces causaba que... cualquier cambiante o licano con dicho poder, escuchara lo que piensa tan claro como si hablase un pregonero de Londres. Pero eso él.. claro está, no lo sabía.




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Re: Los renglones torcidos de Dios [Privado]

Mensaje por Misha Kaiser el Sáb Mar 25, 2017 4:32 pm

Cada minuto que pasaba escuchando el sonido del río, me resultaba más tentadora la idea de darme un relajante baño en esas aguas cristalinas, que aunque debían estar heladas por la temperatura exterior y la corriente de éstas, sería sin lugar a dudas la forma más estimulante de concluir un día cargado de contradicciones y extraños pensamientos. No había planeado que haría esa noche en la que no saldría de caza junto a los demás; si me quedaría en el bosque a disfrutar de la tranquilidad que no encontraba en la ciudad o terminaría durmiendo en alguna cueva. En una vida en la que siempre había tenido que obedecer órdenes, actuar con libre albedrío me resultaba cuanto menos extraño.

Fui despojándome poco a poco de las armas y la ropa que me cubría; primero de las botas de caña alta, las calzas, camisa y corsé. No vestía muy diferente de una cazadora de sobrenaturales, puesto que yo a fin de cuentas era bastante parecida.
Me puse en pie todavía con la ropa interior puesta y dirigí mis pasos hacia esas aguas vivas que me llamaban prometiéndome el paraíso. Pude sentir como la sensación de falsa libertad se apoderaba de todo mi ser en cuanto mis pies se adentraron en la orilla, y una corriente recorrió todo mi cuerpo.

Cerré los ojos en un intento por mimetizarme con la naturaleza, por pasar como una más de otros seres vivos que allí se encontraban y que podían sentir mi presencia. Los olores invadían mis fosas nasales y atoraban mi olfato. El olor a una primavera próxima, a un resurgimiento de todo aquello que durante el otoño y el invierno se había mostrado oculto, era percibido por unos instintos mucho más desarrollados que el de los humanos. Me sentí privilegiada de poder ser capaz lo maravilloso de ser capaz de percibir  esas increíbles sensaciones que anunciaban el renacer de la naturaleza, cuando de pronto capté un olor que no había sido capaz de ubicar antes y que se acercaba hasta mi posición.

Abrí los ojos desconcertada, tratando de averiguar que tipo de bestia tenía ese olor tan peculiar y porque extraña razón se estaba aproximando. Normalmente los animales sabían que había algo peligroso en mi naturaleza, y optaban por no acercarse. Pero cuando dí por fin con el dueño de ese olor tan característico, casi se me salen los ojos de las órbitas. Un licántropo se paseaba como su santa madre lo había traído al mundo por delante de mis narices. Un lobo que sin pudor alguno se bañaba frente a mi mirada expectante. Juraría que hasta me quedé sin respiración durante unos segundos, los mismos que fui incapaz de apartar la mirada. ¿Pero que ocurría? ¿De todas las bestias que había en el mundo tenía que se un licántropo? ¿Y encima que fuese desnudo? Mis dudas los últimos días con respecto a ellos no me estaba ayudando en nada en esos momentos. Tardé unos minutos en ser capaz de volver a mirar de nuevo hacia el lican, tratando de no desviar la vista a cierta parte de su anatomía que me hacía sonrojarme por momentos.

-Siento comunicarle, mi señor, que aquí es donde me iba a bañar yo.- grité desde la orilla, tratando de no ser muy ruda; hoy no debería estar de caza, así que podía darme un respiro con un semejante.- ¿Le importa hacerlo un poco más abajo? A fin de cuentas, yo llegué antes.- mi tono autoritario salió a la luz. Demasiado tiempo sin pedir las cosas por favor como para que hoy me saliese a la primera. Suspiré lentamente, tratando de cubrirme el pecho con los brazos, desviando la mirada de nuevo cuando sentí como el rubor asomaba a mis mejillas.




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Re: Los renglones torcidos de Dios [Privado]

Mensaje por William Bones el Lun Mar 27, 2017 4:46 pm


William totalmente desnudo observaba con delicadeza y cierta nostalgía a la mujer que parecía no desnudarse al completo para el pesar del Lobo que venía con ganas de ver carne, sobretodo si la dueña de dicha carne es tremenda diosa. Observó que su zurrón de cuero estaba donde lo dejó, sin preocupación. No obstante sonrió lentamente como dibunjando la sonrisa muy poco a poco, metiendo en el agua solo sus musculadas piernas, dejando un rato mas a la vista su herramienta que se abría paso a traves de sus piernas, cuya punta, si que se metía en el agua ya por inercia de su tamaño. El Licántropo sentía en cada poro de su piel bañada por el anaranjado esplendor de un crepúsculo que cada vez dejaba más paso al color azul frío de la noche, que la chica le observaba, que se había percatado de su presencia de lobo, y de su... cuerpo totalmente trabajado por el trabajo duro al que Will se sometía, de buena gana, todo dicho sea.

El olfato de William captaba algo mas allá del relajante olor que desprendía la mujer que le traía loco en estos momentos. Incluso por su cabeza se le pasaba que si Yendra estuviera aquí.. ya le habría tirado los tejos de basta manera, pues la Cambiante que era su pareja era aún más descarada y agresiva en la danza del cortejo, que ya era dificil.. Pero posible. Él sonreía viendo eso en su mente sin perder detalle de aquél escote brillante que no sabía si estaba así por el agua, la humedad o el sudor de la mujer, lo cual.. las tres opciones le parecían de lo mas sensuales y eroticas.

Sus miradas se cruzaron, la mujer parecía duditativa, no solo por la imagen impagable de William desnudo al completo o por el curioso tamaño de su herramienta de cortejo, si no por algo más.. ¿Habrá olido su condición racial? De ser así, no era una simple humana.. era algo más que aún William no podía captar al vuelo. Escuchó de pronto la voz de aquella diosa de piel morena y melena aleonada que eran dos atributos que le encantaban al Lobo, y si tenia buena pechonalidad.. pues mejor.

"¿Que se iba a bañar ella?" William echa un vistazo al riachuelo, pues era bastante ancho. "¿Aqui la tierra tiene dueño? Hay suficiente sitio.. por muy grande que la tenga, dudo que desde aqui llegue a fecundarla..." Pensaba para sí mismo, cualquiera con el poder telepático animal que estuviera lo suficientemente cerca, lo escucharía sin problema. Por suerte parece que la chica no tenía tales poderes. "Pero.. me ha hablado, esa voz es.. bufff, tan increíble como toda ella en su ser. Maldita sea, ¿Como voy a irme? Claro que no voy a irme. Mira esos labios. Poseidón me enviaría un Tsunami si desaprovechara tales labios." Sonrió, pese a que la mujer le dijo que esta parte del agua le pertenecía, o algo parecido.

Lejos de hacerle caso, o marcharse, se metió en el agua de cabeza, dando una ahora sí, elegante zambullida. ¿Que si le importa hacerlo algo mas abajo? No, claro que no. Pero no era abajo en el "río" donde lo haría, pensaba William. Mientras buceaba de forma rapida, eficaz y ágil, sonreía soltando burbujas enormes de aire hasta llegar al lugar donde estaba la muchacha, en el cual salió a la superficie, mostrando una vez mas sus atributos del torso musculado, ahora brillante por el agua. Agua que recorría cada centímetro de sus inflados pectorales y gruesos biceps. Sin darle tiempo a reaccionar, unió sus labios a los de ella en un fogoso beso robado e inesperado, por supuesto; Mojado, ya que venía de bucear. "Menuda textura.. es como descubrir la Atlántida y la Isla del Tesoro a la vez.. y no contento con ello, agarrar cada tesoro marino de ambos sitios. Esa era la sensación que me daba.. besarla. Una sensación de.. tener el mundo. De tener el paraiso al alcance de la palma de mi mano".

William esperaba estar varios minutos saboreando aquél beso de tremenda diosa cuando un sonido muy leve, pero lo suficientemente alto como para alertar al oido del Licántropo causó que el mágico beso (para él) se interrumpiera. Sin dejar a la chica hablar, reaccionar o enfadarse/alegrarse siquiera... Se zambuyó nuevamente buceando a la velocidad parecida de un delfín pero sin llegar a dicha velocidad al completo, como es lógico. Cuando hubo acercose lo suficiente a la orilla se impulsó con ambos pies desde el fondo para dar un tremendo salto saliendo del agua. Conforme su cuerpo salía del agua se iba transformando en un enorme y precioso Lobo, sin demasiado pelaje pero con la musculatura bien formada. De ojos ambar y grandes colmillos.

Lo que le había alertado era un pequeño Zorro naranja urgando en el zurrón. En su boca se podía apreciar una brillante piedra de color marrón con algo dentro de ella. Era un bien muy preciado por el Pirata. El zorro asustado salió a la carrera tratando de huir mientras que el enorme Huargo salía tras él sin duda en la mirada. Nadie le roba.

"¡Ven aquí, maldito ladrón! ¡Como cuando me devuelvas la piedra tenga algún rasguño, pienso sacarte las tripas sin matarte!"




Nadie.




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Re: Los renglones torcidos de Dios [Privado]

Mensaje por Misha Kaiser el Vie Mar 31, 2017 4:36 pm

Tan solo el murmullo producido por la corriente de las frías aguas del río rompían el silencio sepulcral que nos rodeaba a ambos, donde hasta los pájaros habían dejado de cantar y el bosque se había sumido en un profundo sopor. Podía sentir el vaivén de las pequeñas olas golpeando la parte inferior de mi muslo, pero aún así no perdí en ningún momento la conexión que me mantenía unida a ese lobo a través de su mirada. Una preciosa mirada azulada que me tenía paralizada. Sacudí ligeramente la cabeza para salir de ese aturdimiento y centrarme de nuevo en lo que le había mencionado. ¿Por qué no contestaba a mis advertencias? ¿Es que acaso pretendía presentar batalla? No tenía porque saber que era miembro de la inquisición, por lo que solo éramos dos seres de la misma naturaleza que habían coincidido en un determinado lugar con las circunstancias más inverosímiles.

Sin parecer tener pudor ninguno por mostrar su cuerpo desnudo ante mí, ambos mantuvimos nuestras posiciones durante algunos segundos. Tenía que reconocer que era un ejemplar digno de admirar, claro que tampoco es que tuviese nada con lo que comparar. Debido a que había sido criada por humanos que rechazaban mi existencia, mi acercamiento al sexo opuesto había sido nulo. Podía escuchar el sonido de los latidos de mi corazón que delataban mi nerviosismo, agradeciendo a Gaïa que la distancia que nos separaba fuese la suficiente para no dejarme en evidencia.

Mis labios se entreabrieron para dejar escapar un ligero jadeo cuando con gráciles movimientos finalmente el lobo claudicó, zambulléndose en el río. Suspiré contrariada cuando di por hecho que había entendido que lo mejor era que se alejase de allí para que ambos pudiésemos gozar de un tranquilo baño antes del crepúsculo. Debería estar satisfecha, al fin y al cabo había conseguido que el lican obedeciese y se alejase de mí;  pero por otra parte, su presencia no me era del todo incómoda, y aquello era algo que me desconcertaba. Negué con la cabeza, ya daba igual. El lobo debería estar buceando río abajo y yo podría refrescarme tranquilamente.

Me adentré un par de pasos más en el agua alejándome de la orilla, pudiendo saborear ese momento de intimidad,  cuando de pronto un sendero de burbujas iba emergiendo  a la superficie acercándose con dirección a mi persona. ¿Pero qué..? No tardé en comprobar que el lobo parecía no haber entendido mis palabras y que contra todo pronóstico había acudido a mí en lugar de  alejarse. Una ligera sonrisa se dibujó en mis labios, y aunque lo negaría en voz alta si me acusasen de ello, el hecho de que  hubiese desobedecido mi orden no me causó malestar alguno, sino todo lo contrario.

Estaba dispuesta a protestar por mostrarse de nuevo ante mí como su madre lo había traído al mundo, pero esta vez tan cerca que podía sentir hasta la calidez de su piel, cuando sin ni siquiera presentarse sus labios se adueñaron de los míos en un profundo beso que nubló todos y cada uno de mis sentidos. Pude sentir como mi mano se tensaba preparada para asestarle un golpe en el rostro, pero entonces mis ojos se cerraron y simplemente me dejé llevar. Fue un beso cálido, cargado de pasión pero al mismo tiempo suave. Una sensación nueva que llenaba mi interior de una mezcla de emociones imposibles de describir; una explosión de sensaciones con cada roce de nuestros labios sobre los ajenos.
El fin del beso llegó tal vez antes de lo que habría deseado, y cuando abrí los ojos todavía confundida y con la mano lista para asestarle su merecido por osar a besarme sin mi consentimiento, observé como volvía al lugar del que había salido a la otra vereda del río, enfurecido por alguna extraña razón convirtiéndose en lobo a la par que avanzaba a la caza de algo o alguien que nos había sacado de nuestro trance.

Todavía mojada y desconcertada como nunca había estado hasta entonces, volví hasta donde se encontraban mis pertenencias. Pasé la lengua despacio por mis labios, rememorando la suavidad de los suyos sobre los míos, recordando su sabor mientras me vestía con rapidez y acudía hasta donde podía percibir que se encontraba. Había dejado a la vista varias dagas que llevaba en el cinturón, y podía verse sin problema una espada bastarda sujeta a mi espalda. No era una loba cualquiera, y quería que le quedase claro desde el principio antes de que intentase besarme de nuevo.

-Sea lo que sea lo que está buscando, ya no se encuentra aquí. Solo percibo su aura y la mía.- apunté cuando llegué a su lado, deteniéndome a un par de metros de donde se encontraba. Coloqué una de mis manos en la empuñadura de una de las dagas, mientras echaba un último vistazo alrededor.- Si me dice que es lo que le sucede, tal vez pueda ayudarle a solucionar su problema.- añadí antes de fijar de nuevo mi mirada en la suya, esperando que compartiese conmigo cual era su preocupación y poder alargar así quizás, un poco más nuestro encuentro.




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