Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Lazos familiares [privado]

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Lazos familiares [privado]

Mensaje por Annabel Hemingway el Jue Mar 16, 2017 12:34 pm

El carruaje se movía a buen ritmo sobre las diversas calles de la ciudad, conduciéndonos hacia la mansión de mis padres. Les había enviado una nota hace un par de horas por medio de mi cochero anunciándoles que iría a verles con un invitado. No escribí más detalles, prefería dárselos a conocer cuando estuviese frente a ellos. Imaginé que les sorprendería que quisiera verlos, hacía mucho tiempo que no lo hacía y era yo quien había interpuesto distancia entre nosostros desde el momento en que decidí pagar oro por lo que ahora era…

Mi mirada pensativa se perdió en el panorama que podía ver por la ventana del carruaje. Estaba sentada frente a Agarwaen que con buena disposición había aceptado un encuentro con mi familia. -Han transcurrido meses desde la última vez que vi a mis padres, y además… ellos no lo saben.- Mi mirada ahora buscó la azul cielo que me miraba intensamente desde el otro asiento, no era fácil hablar de estos temas, no solía abrirme con facilidad con respecto a mis cosas y hacerlo con él era una novedad a la que aún no me acostumbraba del todo.

-Ellos asumen que estoy demasiado ocupada con mis creaciones y mis exhibiciones… ya sabes, es a lo que me dedico, pinto y esculpo, es mi manera de expresarme y descargar todo lo que siento, siempre lo ha sido...- Hice una breve pausa antes de continuar. -Cuando adquirí la licantropía les alejé, pensé que sería lo mejor, mantenerles al margen de mis problemas de manera que estos nos les salpicasen de ninguna forma.- Al menos eso era lo que me había repetido a mi misma, que quería mantenerles a salvo, aunque también de una forma u otra era más fácil mantener alejados tanto a familiares como amigos, poco a poco me fui apartando de todos ellos y mi adquirida soledad se tornó parte de mi misma, me acostumbré a ella y en cierta forma llegó a gustarme.

Sonreí lentamente al mirarlo. -No tienes idea de las barreras que has derrumbado cazador.- Con un rápido movimiento lupino cambié de posición para estar sentada ahora sobre su regazo. -Dime otra vez que me quieres.- Exigí, con el ceño fruncido mientras mis dedos se detenían en su rostro, delineando con ellos sus apuestos rasgos. Lo quería y no me acostumbraba a la idea de que de ahora en adelante fuese mío, así que tenía que oírlo de su boca.

Mi aliento buscó al suyo manteniéndose cerca de sus labios mientras mis ojos indagaban la confirmación en la forma en que me miraba. Mis manos se pasearon sobre su pecho despacio, palpando los músculos adquiridos por sus incansables batallas. Mordí su labio inferior y sonreí de lado al sentir perfectamente como su cuerpo me respondía, acalorándonos a ambos en un preámbulo que tendría que hacerse esperar. -Hemos llegado.-

El carruaje se detuvo frente a la mansión en las afueras de la ciudad. Al bajar de el un amplio jardín bien cuidado, con árboles a los lados, arbustos podados y rosales blancos y amarillos nos dio la bienvenida. Me detuve para saludar al jardinero y otra vez algo más adelante, a escasa distancia del par de escalones del porche delantero. -¿Estás seguro de esto? Todavía podemos dar la media vuelta e irnos.- Lo contemplé unos segundos, no quería imponerle nada, quería que se sintiera cómodo y además, conocer a mis padres le otorgaba un tono bastante formal a lo nuestro…




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Re: Lazos familiares [privado]

Mensaje por Agarwaen el Vie Mar 17, 2017 3:34 am

Apenas había pegado ojo en toda la noche, era irónico lo capaz que era para ir a enfrentar un millar de bestias, jugandome la vida en cada gesta y sin embargo mi sueño era perturbado frente a la idea de conocer a los que serian abuelos de mi hijo.
Los dedos de Annabel se paseaban por mi pecho en un intento de clamar mis nervios, la miré sonriendo contra su boca, me daba vergüenza que me viera en ese estado, yo era seguro de mi mismo, indomable y al parecer acababa de ser ensillado por esa mujer a la que pretendía jurarle amor eterno, porque la quería, y no me daba vergüenza reconocer que me había enamorado de ella desde el primer día.

Al día siguiente subimos en el carro que nos llevaría frente a su familia, había elegido un traje ingles, que poco o nada tenia que ver con mi habitual forma de vestir, mucho mas cómoda, lista para la caza y la monta. Hoy mis cimitarras no me acompañaban, estábamos solo ella, yo y un bastón de esos que tanto llevaban los caballeros franceses y a los que no había encontrado utilidad alguna, pero...yo era griego, tampoco podía entender todas las modas de Francia y su capital.

Los ojos de ella se paseaban por mi rostro, creo que le divertía verme tan...abrumado. Me revolvía en mi asiento como un niño inquieto, aflojando una y otra vez la corbata que se antojaba una soga.
No tardó en contarme que no tenia una gran relación con su familia o al menos todo lo estrecha que le gustaría, la culpa la licantropia. Sus padres desconocían que la maldición acechara a su hija y supongo que ella solo quiso mantenerlos al margen de toda esa locura.
-Tranquila, te guardaré el secreto -susurré guiñándole un ojo -si tu guardas el mio.

No imaginaba una buena carta de presentación el “buenos días, soy un cazador, me paso la vida arriesgando mi vida y por cierto cazo a seres como su hija ¿nos tomamos el postre? “
No pude evitar reír frente a mis propios pensamientos. Por surte la distancia entre nuestros cuerpos fue acortada por Annabel y mis brazos la recibieron ansioso para probar el manantial de su boca que me resultaba infinitamente mas embriagador que cualquier buen vino.
-Creía que no vendrías nunca -susurré jadeando mientras nuestros cuerpos se incendiaban con cada salto del carro.

Ladeé mi sonrisa cuando escuché su petición, mas bien exigencia, hice un mohin divertido haciéndome de rogar mientras mis dedos se deslizaban por la cintas de su corseé.
-Te quiero -susurré contra su boca -dime cuanto me deseas -pedí sintiendo sus dedos perderse en mi rostro.
Jadeé contra este, lo quería todo, todo aquí y ahora, mas el carro se detuvo y frustrado fruncí el ceño.
“hemos llegado” susurro privándome no solo de su embriagador cuerpo si no de sus besos.

Ambos nos apeamos, el jardín era amplio y bien cuidado ,se notaba que era trabajado a diario por el servicio de la mansión.
Aferré su mano enlazando mis dedos, mi corazón latía con fuerza contra la pequeña caja que portaba en el chaqué.
-Vamos, hacia atrás solo para coger impulso.
Juntos atravesamos el jardín hasta alcanzar la escalinata de piedra blanca con sendas columnas talladas con motivos florales que sujetaban el porche del caserón.
Allí sus padres nos aguardaban.
-¿Estas preparada? -pregunté depositando un casto beso en su mejilla.
Hoy cambiarían nuestras vidas.


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Re: Lazos familiares [privado]

Mensaje por Annabel Hemingway el Miér Abr 12, 2017 2:16 am

-Vamos, hacia atrás solo para coger impulso.- Lo observé de reojo mientras decía eso, me gustó, me inducía los ánimos que necesitaba para enfrentarme a mis padres. Enfrentar era la palabra correcta, había postergado cada invitación a la mansión que me vio terminar de crecer, incluso en las fiestas de rigor. Me ocupaba de enviar un enorme paquete cargado de regalos para mi padre, madre y hermanas y me imaginaba que con ello les complacería, apartando de mi mente el hecho de que de alguna manera les defraudaba.

La mano de Agarwaen se había entrelazado con la mía en un tibio gesto, mi mirada parda descendió observando nuestras manos al caminar. Era la primera vez que lo hacía, se sentía bien, enlazar nuestros dedos, aunque me hacía sentir extraña, como si lo estuviese viendo todo desde fuera y no terminara de creerme que podía gozar de un pequeño detalle como ese.

-¿Estas preparada?- preguntó y me besó en la mejilla. Mi ceja se arqueó cuando lo hizo. ¿Acaso se creía que eso era un beso? Padres o no padres al final del porche no iba a admitir que me besara de esa manera. Mis pasos realizaron un pequeño alto en el camino y de manera rápida tiré de su mano para correr hacia uno de los árboles que se encontraban a ambos lados de los arbustos podados.

De un tirón lo atraje hacia mi apoyando mi espalda en la superficie rugosa del tronco, rei porque sabía perfectamente que nuestra repentina desaparición no guardaba las formas de etiqueta ni mucho menos, pero eso no me importaba. Me importaba buscar sus ojos azul cielo y cerciorarme de que realmente estaba a mi lado, de que no se trataba de un espejismo.

Le agarré de la camisa y tiré de él hacia mi empujándonos contra el árbol. Mis labios buscaron los suyos, deteniéndose sobre estos. -No estoy lista hasta que no me des un beso de verdad.- Mi aliento se mezcló con el suyo en unos segundos en que mi mirada le exigía lo que mis palabras ya habían pronunciado. Nuestros labios chocaron, nuestras lenguas voraces se encontraron apasionadamente, saqueando todo a su paso. Mis palmas tironearon inquietas del cuello de su camisa. Por qué tenía que tener puesta una corbata, usualmente llevaba la parte superior de su camisa abierta, ahora me ocultaba su piel. Sus manos envolvieron mi cintura pegándome más a él y mis dedos inquietos palparon la tela sobre su pecho, sentía sus músculos tensos por debajo de ella calcinando mis dedos y los latidos de su corazón compitiendo con los mios.

Me separé a desgana de sus labios, con la respiración entrecortada. -Después…- susurré en una promesa que me hacía pensar en el momento en el que volviéramos a estar a solas. Recomponiéndome a duras penas tiré de él para que abandonásemos el árbol y reanudásemos el camino hacia el porche.

Mis padres se encontraban aún de pie al final de la escalinata, no estoy segura de que se les estaría cruzando por la cabeza. Padre tenía un aire serio pero sosegado. Lo observé unos segundos, seguía igual de alto e imponente. Madre estaba tan elegante como de costumbre, su mirada contrastaba con la de padre, podía ser fría a veces. De sobra sabía que no era su hija favorita, contrario a padre que siempre sintió inclinación por mi.

-Madre, padre.- Me acerqué paseando la mirada entre los dos.

-Bienvenida Annabel.- Fue padre quien rompió el silencio, observándome con sus pardos ojos, similares a los mios, sentía que su mirada me atravesaba. Sabía lo que pensaba pero que no decía. Me reprochaba no haberles visitado antes pero al mismo tiempo estaba orgulloso de mi, siempre lo había estado por alguna razón que se me escapaba. Me sentía culpable, por no decirle, me llevaba mi secreto conmigo.

Madre me saludó antes de pasear sus ojos sobre Agarwaen. -Fue toda una sorpresa recibir tu nota, pensábamos que nos habías olvidado, por supuesto estarás ocupada con tus amigos en la capital.- Su tono era displicente, para ella era la oveja negra, pero no dejaba de interesarle con quien me codeara. Su entusiasmo no fue el más grande al ver a Agarwaen, lo había analizado con una sola mirada y al no conocerle seguramente asumía que era uno de mis amigos “bohemios” carentes de fortuna.

Padre nos instó a entrar, nuestro mayordomo, Grayson me saludó con efusión y nos acompañó al salón principal antes de retirarse para dar instrucciones en la cocina.

-Hubiera sido considerado de tu parte el avisarnos con más tiempo, hemos tenido que correr, la cocinera ha pegado el grito en el cielo…- Madre hablaba mientras dos de mis hermanas aparecían en el salón, las más chicas, Delia e Imogen. Habian crecido, ya tenían catorce y quince años. Se acercaron a saludar, corteses pero distantes. No me extrañó, madre las consentía, las preparaba para casarse "bien". Lamenté que mi hermana mayor no estuviera presente, le habría gustado Agarwaen y ella a él.

-Padre, madre, permítanme presentarles a…- de repente me percaté de que no podía presentarle con su nombre completo. -a Agarwaen.- Apreté mis labios, madre prestaba atención a mis hermanas e ignoraba a mi acompañante. -Lord Gerard Hemingway y lady Eleanor Hemingway.- Indiqué con rapidez, presentándole a mis padres.

-Madre podrías al menos prestar algo de atención a mis presentaciones, Agarwaen se ha tomado la molestia de acompañarme porque es mi pretendiente.- exploté. Lo dije más alto de lo que imaginaba y ahora si, mi madre fijó toda su atención en él. La mirada de mi padre se volvió inescrutable al escuchar mis abruptas palabras.

-¿Pretendiente?-

-Así es.- Tomé asiento en el sofá grande. Ahora las miradas estaban fijas en nosotros. Era mi turno de explicar, y no sabía por donde empezar. Mister Greyson hizo acto de presencia, traía una bandeja con bebidas. -En unos minutos estará listo el almuerzo.- Hizo el anuncio mientras la tensión aumentaba en el salón.

Tomé la mano de Agarwaen y busqué la intensidad de su mirada antes de continuar. Sus ojos azul cielo eran como un océano profundo, allí estaba junto a mi, atractivo como nunca con ese traje que sabía que no terminaba de gustarle pero que llevaba puesto para darme gusto, para conocer a mis padres. De repente el ambiente se aligeraba con solo mirarlo y las palabras brotaban de mi boca por si solas. -Es el hombre al que amo.-


Última edición por Annabel Hemingway el Sáb Mayo 06, 2017 11:59 pm, editado 1 vez




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Re: Lazos familiares [privado]

Mensaje por Agarwaen el Miér Abr 12, 2017 6:22 am

Parece que mi beso en la mejilla no resultó suficiente, no pude evitar ladear la sonrisa cuando la impulsividad de Annabel tiro de mi mano para perdernos así en el jardín ocultando nuestros cuerpos tras un tronco de una encina vieja.
Su boca contra la mía, sus dedos arrugando de mi camisa, tironeando de esta para pegarme mas a ella.
Mi boca se entreabrió dándole paso a su lengua, que sedienta rozó la mía prometiéndome un rato de piernas abiertas sobre el lecho de su habitación.
Jadeamos ambos por el contacto de nuestros cuerpos que con el roce iban calentándose pidiéndonos mas que un simple beso mientras los padres nos esperaban atónitos en el porche.

Se separo prometiéndome un después que mi oscurecida mirada azul acepto de buen grado, y tras ella recolocando mi hombría, volví al camino de baldosas que nos llevaría directo hacia el matadero.
No pude evitar ladear la sonrisa por mis pensamientos y como si esta lo imaginara me dio un golpe suave en la boca del estomago.
Así llegamos frente a un hombre de aspecto imponente y aspecto serio. Vestido de forma impoluta y que rompió el hielo dando a su hija una formal bienvenida, permanecí en silencio, limitándome a sonreír a la madres que me inspeccionaba de arriaba abajo.
Una mujer sobria, elegante y bastante autoritaria por como reprochó a su hija la ausencia de noticias en todo este tiempo.

El hombre nos hizo entrar, cogidos de la mano, mis dedos seguían nerviosos acariciando su palma nos adentramos en su hogar. Allí un hombre de mediana edad, el mayordomo del lugar saludo a Annabel con efusividad, así como las dos hermanas menores que no igualaban en belleza a mi futura esposa, mas sin duda cuando crecieran arrebatarían mas de un corazón.

Una ligera reverencia a las señoritas que sonrieron tímidas tiñendo de carmesí sus mejilla.
Saqué un ramo de flores que tendí a la madre con suma educación, que pasara mis días y noches de caza no implicaba que no tuviera nociones de protocolo, de echo, ser príncipe implicaba justo lo contrario.
-Me he quedado corto con el ramo, debí imaginar viendo a su hija de donde había sacado esa belleza de la que hace gala -le dije con caballerosidad a la madre entregándole el ramo -me permitiría tomar dos rosas -dije con una picara sonrisa mientras las sajaba del ramo de veinticuatro y depositaba una en la mano de cada hermana.
-No os hacen justicia -aseguré antes de volver junto a Annabel que conversaba con su padre.

La madre no parecía muy convencida ni con el ramo, ni conmigo y pronto se deshizo de el dándoselo a una doncella para que lo pusiera en agua.
Supongo que imaginaba que era un pobre desgraciado que nada tenia que ofrecer a su hija, se equivocaba en eso, mas no en que no era el marido ideal para una mujer, mi vida acariciaba a la muerte cada noche y le susurraba cada día.

No se bien que sucedió después, pues tras la presentación formal Annabel salto con rabia asegurando que yo era su pretendiente.
Mis ojos claros se perdieron en su mirada parda la notaba nerviosa y el ambiente parecía enrarecerse pro momentos. Ambos padres me miraban como si trataran de descifrar en mi algo mas de esa noticia.
Annabel soltó de pronto que me amaba y yo sonreí alargando mi mano para tomar la suya.
-Señor Hemingway, he acompañado a su hija porque deseaba sinceramente conoceros, no voy a fingir ser lo que no soy, así que si me permite tutearlo admito que me sentiré mas cómodo.
.Mi nombre es Athan Demetrius aunque siempre me han llamado “Agarwaen”
Conocí a su hija en París, aunque procedo de Grecia, provengo de una familia bien situada y me enamoré de su hija hace ya algunos meses que hemos utilizado para conocernos. Estoy seguro de la decisión que he tomado y por eso hoy le pido frente a usted y su consentimiento la mano.

Me alcé del sofá y saqué de mi chaqué una caja que abrí frente a los ojos de mi futura esposa.
-Es una reliquia familia, este anillo a pasado durante siglos de generación en generación y hoy lo utilizo.. -dije clavando mi rodilla en el suelo -para pedir matrimonio frente a sus padres a la mujer de la que me he enamorado ¿quieres casarte conmigo?
Ladeé la sonrisa esperando con seguridad esa respuesta afirmativa, como no hacerlo, estábamos esperando un hijo , no podía ser mas feliz en este momento.


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Re: Lazos familiares [privado]

Mensaje por Annabel Hemingway el Dom Mayo 07, 2017 2:09 am

Ahora era el turno de Agarwaen de hablar, con su mano en la mía me sentía más serena, así que observando la mirada de sus ojos azules dejé que fuera él quien explicara la situación. Con el rabillo del ojo veía a mi madre, sabía que la frase -provengo de una familia bien situada- habría capturado su atención, aunque la tenue línea de sus labios me hacía notar que no estaba aún del todo convencida, padre por otro lado tenía oscurecida la mirada, mis ojos se detuvieron en los suyos unos segundos, yo era su hija predilecta, por supuesto el que me presentara en casa con un pretendiente inesperado debía sorprenderle sobremanera. Sus ojos seguían fijos en Agarwaen, estudiando al hombre que se presentaba como interesado en su hija y quien ahora dio a conocer su nombre, lo cual provocó que mis ojos pardos volaran de regreso hacia él, sus palabras dieron un giro inesperado, ese -y por eso hoy le pido frente a usted y su consentimiento la mano- provocó que mi corazón diera un vuelco violento, similar al que sientes cuando realizas un clavado insensatamente desde un peligroso risco motivada por la emoción que te produce el descenso antes de golpear el agua del mar. ¿Qué?

Me puse de pie cuando él lo hizo, de su chaqué vi que sacaba una pequeña caja, mi mente dio vueltas. ¿Qué estaba haciendo? Su rodilla sobre el suelo, mis ojos pardos clavados en él. Me faltaba la respiración. -¿Quieres casarte conmigo?- Los objetos del salón daban vueltas a mi alrededor, podía sentir mi pecho apretado a punto de explotar, la mirada se me oscureció y mis rodillas cedieron, no me enteré de nada más.

Cuando desperté me encontraba en mi antigua habitación, sobre mi antigua cama. Ignoraba cuanto tiempo estuve inconsciente. El médico familiar se encontraba a mi lado tomándome el pulso. Me conocía desde niña, pero… no tenía la menor idea de lo que yo era ahora. Lo tomé de la muñeca, estábamos a solas, la confidencialidad médico-paciente vino a ser bastante oportuna en este momento. Cuando salió de la habitación llevé mi mano a mi vientre, acariciándolo despacio con las yemas de mis dedos, mi bebé estaba bien.

Padre entró en la habitación con un par de zancadas de sus largas piernas. -El médico ha dicho que estás bien pero que no está de más que descanses por hoy. A ver si me explicas Annabel, que es todo este asunto de que traes a casa a un hombre del que nunca nos has hablado y que pretende casarse contigo. La última vez que hablamos dijiste que nunca te casarías con nadie.- Su mirada parda me reprochó antes de tomar asiento en una silla a la par de mi cama. -Te conozco hija, y se lo que sentías por François Brouillard, Recuerdo la expresión de tu rostro cuando se presentó a pedir tu mano. ¿Qué sucede ahora? ¿Te sientes presionada por tu edad? ¿No quieres estar sola? Si has derrochado tu dinero y necesitas a alguien que te mantenga, puedo ayudarte. No tienes que atarte a un hombre en un matrimonio por conveniencia.-

Negué con la cabeza enfáticamente. -No, padre… lo que dije en el salón es cierto, yo le amo.- Me incorporé sentándome sobre el colchón, y dejando mi espalda reposar sobre la almohada. Mi padre me miraba con escepticismo, él había sido testigo de mi gran amor por François. -No tiene idea padre de como ha sido todo. Agarwaen… él entró en mi vida cuando menos lo esperaba, me devolvió todo aquello que pensé perdido para siempre. Ambos somos difíciles, ambos tuvimos que tumbar barreras, acabar con muchos impedimentos para finalmente poder llegar adonde estamos. Incluso… llegué a escapar de él, pero la separación no sirvió más que para percatarme de que es el hombre de mi vida.- Hice una pausa para tratar de explicarme. -Lo amo con todo lo que soy, únicamente soy feliz cuando estoy con él pero… temo no merecer esa felicidad.- Al fin lo había dicho en voz alta, sin tapujos, y sabía que mi padre lo veía además en mis ojos, me costaba creer que merecía ser feliz con él.

Él me tomó de la mano y la presionó entre la suya, tras unos segundos de silencio escuché su voz grave. -Nunca he dicho esto, amo a todas mis hijas pero temo que tus hermanas menores contraigan nupcias con la persona equivocada, más que todo producto de un arrebato, o de las ideas absurdas que tu madre coloca en sus cabecitas y temo cual sea el resultado que dichos matrimonios traigan a sus vidas. Pero cuando se trata de ti Annabel no tengo el mismo temor, porque te he visto amar, y si amas a este hombre tanto como dices estoy seguro de que le darás todo lo que eres, y que con esa entrega le harás feliz. En cuanto a François, no debes sentirte culpable, él no querría que dudaras, querría que te dieras una segunda oportunidad. No quiero volver a escucharte decir que no mereces ser feliz, ya has sufrido bastante en esta vida hija, ya es tiempo de que pienses en ti. Una segunda oportunidad de encontrar a la persona adecuada no siempre se presenta en la vida.-

Mi padre carraspeó, nunca antes me habló así, tan sinceramente y mucho menos de sentimientos. -Ahora más vale que este hombre te haga feliz. Aún debo tener una conversación bastante seria con él.- Mi alma se sintió más ligera, era cierto que la vida me daba otra oportunidad, tenía derecho a buscar mi felicidad, a luchar por ella. Ahora era decisión mía agarrar al toro por las astas y no echarlo a perder. Alcé la mirada, padre se había levantado y recuperaba ese aire serio y algo temerario que me hacía pensar que estaba listo para encarar a su futuro yerno.

-Espere padre. ¿Dónde está Agarwaen? Por favor permítame estar a solas con él unos minutos. Aún no le he respondido y no quiero que piense…- Se me iba el alma al suelo al pensar que pudiera creer que quería darle una negativa. A los pocos segundos escuché esos pasos familiares, corrí hacia él cuando traspasaba el marco de la puerta. -¡Si!- Mi mirada ansiosa se detuvo en sus ojos cielo. Por favor, que no hubiera recapacitado y cambiado de opinión porque esa palabra que acababa de pronunciar era la más sincera y la más importante que había dicho en toda mi vida. -¡Mi respuesta es si!-




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Re: Lazos familiares [privado]

Mensaje por Agarwaen el Dom Mayo 07, 2017 11:00 am

Annabel palideció frente a mi pregunta, como si no fuera lo que esperara la sentí confusa hasta que se desmayó. Cuerpo débil que se desplomó sobre mi raudos brazos que salieron a su encuentro. Mil y una ideas se pasaban por mi mente en ese momento, he de admitir que ninguna buena. Mi mayor preocupación la vida del hijo de ambos que gestaba en su vientre, también la de que un “no” fuera la respuesta que escapara de sus labios, quizás lo había meditado y se había dado cuenta ahora rodeada de su familia que no quería un cazador en su vida, que luchar por lo nuestro le venia grande y que prefería criar sola a nuestro vástago.
No era la primera vez que huía de mi ¿y si estaba volviendo a hacerlo?

Aquello no había salido precisamente como esperaba, si lo hubiera hecho, ahora estaría paladeando sus cálidos labios con un “ si” atesorado en ellos, por ende seguía en silencio al padre que me guiaba escalaras arriba para depositar a una Annabel sin conocimiento en el camastro de su cuarto.
La madre había llamado al medico. Nervioso y en una habitación contigua que prepararon para mi y que me recorrí como un animal salvaje de punta a punta infinidad de veces, esperé noticias.

De nada sirvió la copa de whisky que me sirvió una de las doncellas, ni siquiera saber que el medico había llegado, necesitaba verla, sujetar su mano y estar allí para escuchar el estado de mi hijo.
Aun así guardé el decoro, no quería que los padres vieran reflejado en mi al hombre impulsivo que era, mas tras vaciar la copa y ver que nadie venia a darme buenas nuevas salí de ese pequeño salón para yo mismo descubrir como estaba la mujer con la que creía tener un proyecto de vida, mi utopía.

Pasos raudos por le pasillo, era Annabel que descalza corría hacia mis brazos. Los abrí acogiendo su pequeño pero musculoso cuerpo, mi nariz acarició la ajena frente contra frete y un “ si” que inicio el principio de una vida dura pero nuestra.
-¿El bebe? -susurré contra su boca casi en un imperceptible susurro.
Asintió relajándome antes de fundirnos en un beso largo, húmedo, necesitado. La alcé en volandas dándole una vuelta mientras reía, su pelo castaño azotaba el viento mientras ambos reíamos felices porque ahora si, ella era mi prometida.
-No te prometo una vida fácil Annabel, pero si una conmigo
Reí de nuevo enarcando una ceja antes de que hablara.
-No, no es un castigo si es l oque ibas a decir -bromeé feliz volviendo a besadla.

El carraspeo del padre de esta que nos observaba desde el final del pasillo me hizo bajarla, no consiguió borrar mi eterna sonrisa, mas si que me detuviera en mis besos y simplemente afianzara su mano andando hacia él.
Dijo que Annabel debía tener reposo y que el deseaba intercambiar unas palabras conmigo ahora que me iba a convertir en su marido.
Asentí, estaba dispuesto a negociar la dote, y calmar sus inquietudes pues yo era un desconocido para ese hombre que amaba a su hija por encima de todo.

Besé la mejilla de Annabel, mis azules se perdieron un instante en esos pardos que me recordaban al bosque.
-Ahora vuelvo, duerme un poco, te vendrá bien -susurré antes de separarme de ella para seguir al padre hacia el matadero, quiero decir al despacho.


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