Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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The house of wolves {Vasiliy Korsakov}

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The house of wolves {Vasiliy Korsakov}

Mensaje por Abigail S. Zarkozi el Vie Mar 17, 2017 6:45 am

En ciertas ocasiones, cuando la situación verdaderamente lo requería, no podía dejar de preguntarme algo: si todos los inquisidores bajo mi mando que anhelaban verme muerta para conseguir mi puesto (entre ellos, y muy especialmente por ocupar el lugar de honor, ¡enhorabuena!) vieran la cruda realidad de un liderazgo, ¿seguirían queriendo convertirse en lo que yo detestaba cada día más...? De puertas afuera, la Inquisición era un gran ejército de fanáticos en el que te encontrabas desde auténticos fieles a la Iglesia y a los designios de la Biblia a otros, como yo, que nos aprovechábamos de ella para sobrevivir; fuera cual fuese su composición, lo cierto era que parecía llena de acción, de aventura y, por qué no decirlo, a veces hasta de diversión. Por supuesto, no ignoraba que nos dedicábamos a asesinar, pero también había otro tipo de misiones que no tenían nada que ver con eso, como las de recopilar información o las de obtener códices y libros antiguos... ¡Y cómo olvidar a aquellos que se dedicaban a inventar nuevos cachivaches que solamente a veces utilizábamos los demás, pobres y comunes mortales! Ah, efectivamente desde fuera la Inquisición parecía un ejército bien engrasado y dominado por los líderes, pero lo que nadie aprendía realmente hasta que no entraba de lleno a esa posición era que las misiones las dirigías sobre el papel, si tenías la fortuna de saber escribir, y que el exterior no lo pisabas, a veces, ni para ir a tu propia casa a dormir. Desde luego, al haber heredado el puesto del desgraciado de mi progenitor tras su no-tan-accidental muerte yo conocía un poco de la mecánica del liderazgo, pero no supe realmente hasta qué punto era una labor tediosa, tan obcecada que estaba con ascender y ya estaba, hasta que no me encontré detrás de una mesa, sentada en una silla que se me clavaba en todos los huesos y con la vista cansada de tanto documento. Más o menos en ese momento supe cuánto echaba de menos volver... y cuán poco podía hacerlo.

En fin, la cuestión era que mi vida se había reducido últimamente a organizar a los demás, que en mi defensa se me daba estupendamente, y la última misión que había podido ejercer física y literalmente por mí misma fue en un pueblo diminuto del que había vuelto casi con las manos vacías y con la vida de muchos monjes en mi cuenta, ya que los había salvado a todos. Tras eso, el encierro volvió a ser constante, en parte porque el anterior líder (por supuesto, ¿cómo no iba a estropear algo así Gregory...? No sólo iba a fastidiar a sus hijos) había dejado una maraña tras de sí que necesitaba ordenar, y en parte por el papeleo habitual del puesto. Quise creerme que en cuanto terminara de ordenar los expedientes de los inquisidores de mi facción (huelga decir, por supuesto, que el mío era el más grueso de todos, y además estaba lleno de muchos de mis pecados, cosa que no me sorprendía ni lo más mínimo) terminaría, y por eso dediqué días y noches enteros, durmiendo apenas un par de horas, a tal servil función. Sin embargo, la falta de escriba me estaba pesando mucho, y cuando por fin terminé los informes se me habían acumulado las misiones, por lo que tuve que comenzar a asignarlas como podía, atendiendo lo justo a las peticiones particulares de cada uno de los inquisidores. Realmente, ¿a mí qué demonios me importaba que prefirieran cazar vampiros a cambiantes...? Si tantas ganas tenían, que se buscaran ellos sus misiones; en mi caos administrativo no podía andarme con concesiones, y por eso cabreé a unos cuantos de mis inferiores al mandarlos a misiones que detestaban, pero en las que normalmente no solían tener problemas (¡de nada, eh!). Y si bien normalmente me mandaban sus quejas por carta, había ocasiones en las que me daban aún más problemas al contármelo en persona; por supuesto, ese iba a ser el caso aquella noche, cuando estaba con la camisa abierta, el corsé a la vista, el colgante del crucifijo entre los pechos apretados por las ballenas de una prenda que apenas me los contenía y una trenza deshecha cayéndome por la espalda mientras leía el enésimo informe del día.

– Déjame adivinar, Korsakov, no te ha hecho nada de gracia que te haya mandado a ti solito a cazar a unos cuantos licántropos, igual que a mí no me ha gustado un pelo que se te hayan escapado varios. ¿Qué pasa? Las noticias vuelan. Así que, dadas las circunstancias, me temo que iré contigo a ocuparme del asunto. Ah, por cierto, buenas noches. ¿Algo más que quieras añadir?



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Re: The house of wolves {Vasiliy Korsakov}

Mensaje por Vasiliy Korsakov el Jue Abr 20, 2017 9:29 pm


“There is scarcely any passion without struggle.”
― Albert Camus, The Myth of Sisyphus


Aún no podía hacerse a la idea de que la líder de la facción de la Inquisición a la que había ingresado (obligado por su padre) era una mujer tan joven. Le sorprendía la falta de años, no lo que tuviera entre las piernas. Su pueblo nómada era una sociedad matriarcal, así que ese tema tan occidental de la supuesta superioridad del hombre, también le causaba confusión. Le inquietaba además que fuera una de esos llamados “condenados”, término que le parecía benevolente para los que eran llanamente monstruos. No, no podía hacerse a la idea, pero acataba como el soldadito modelo que era. Nadie podía quejarse, si alguien cumplía órdenes sin refutar, era él. Y es que veía en cada misión un peldaño más para alcanzar su gran lance, su venganza. O su retribución, mejor dicho, porque sabía que era imposible dar caza al lobo que había atacado a su madre, sin embargo, se juró por los dioses de su pueblo y este nuevo dios del Oeste, que mataría a tantos hijos de la luna como pudiera.

Al ingresar a aquel lugar de la catedral, miró a otro lado. ¿Cómo alguien tan descuidado los lideraba? Y aunque aceptaba que Zarkozi era una mujer pragmática, aún encontraba muchas vicisitudes en todo ese asunto. Soslayó cuando la mujer habló primero y dejó caer un montón de papeles frente a ella, y encima de los que ya revisaba.

Mi informe —dijo y pareció que con ello marcaba su salida. Suspiró, levantando y bajando los hombros para luego esconder las manos en la espalda. Hizo una reverencia educada. Vasiliy era todo lo que te esperabas que fuera un salvaje que ha aprendido modales apenas recientemente. Se notaba en el cuidado y la exageración de los mismos.

No eran unos cuántos —refutó, aunque moduló la voz para no parecer altanero. Estaba especialmente susceptible desde que conocía a ese vampiro que se había vuelto un dolor de cabeza. Ciro lo distraía tanto, aún cuando no estaba cerca, que uno creería que estaba enamorado. Fue ese pensamiento recurrente la causa del fallo en la misión. Si se le podía llamar a eso fallar. Había acabado con la mitad de la manada… él sólo, por todos los cielos.

Además, pude recabar información. Todo está en el informe —señaló con el mentón los documentos que acababa de dejar frente a ella. La vista y la curiosidad lo traicionaron y la miró, sólo para voltear el rostro de nuevo, como si estuviera prohibido hacerlo—. A la otra agradecería un compañero. Quizá… quizá mi trabajo hasta ahora ha demostrado que soy eficaz, sin embargo, no dejo de ser un hombre, mortal, con todo lo que eso conlleva —la miró de nuevo, aunque se concentró en su rostro hermoso y feroz—. Acampé en las cercanías del asentamiento de estos licántropos por días, con apenas lo necesario; no se me proveyó de todo lo que necesitaba y aún así hice mi trabajo —aunque hubo dureza en su voz, también había un marcado intento por no parecer molesto, ni que se estaba excusando.

Como sea. Si das la orden, puedo regresar. Conozco sus hábitos, aunque no dudo que los hayan cambiado después de mi emboscada. Y sé hacia dónde huyeron, más al Norte. Creo ser el hombre indicado para seguirles la pista. Soy un rastreador por naturaleza, y si se adentraron a zonas más septentrionales, no habrá nadie más en la Inquisición que sobreviva en la tundra. Sólo… un compañero —pidió—, que no seas tú —tuvo que agregar.

No sería la primera vez que lo emparejaban con un condenado, pero odiaba, repudiaba, detestaba a los licántropos y todo lo que ellos significaban. No quería fallar de nuevo, estar cerca de uno significaba desconfianza, turbación. Vasiliy había pulido esa manera suya de manejarse en la que parecía que no poseía sentimientos, en aras de llevar a cabo sus cometidos, estar cerca de ella, o cualquier hombre lobo, ponía en riesgo esa habilidad.

Se quedó ahí, de pie, esperando una respuesta. Aunque sabía que Zarkozi no era de las cumplieran caprichos. Era pragmática, después de todo. Si funcionaba, entonces no había necesidad de cambiar las cosas. Y como líder que estaba destinado a ser, y nunca fue, podía comprender eso. Sus traumas de la niñez eran estorbos para su misión, esta, las venideras, cualquiera.


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Re: The house of wolves {Vasiliy Korsakov}

Mensaje por Abigail S. Zarkozi el Mar Abr 25, 2017 2:47 pm

Alcé la mirada cuando él habló, un poco (bastante) sorprendida de que no hubiera aceptado la pregunta como lo que era: absolutamente retórica. ¿A aquellas alturas no me conocía lo suficiente, aunque fuera de oídas, para saber que como líder era un tanto autócrata? ¡Por todos los demonios, que era ruso, y los zares eran el mejor ejemplo que se me ocurría para intentar hacer valer mi autoridad! Por supuesto, la clave estaba, como siempre, ahí, en ese intentar que implicaba que no lo conseguía nunca por completo, pero a diferencia de otros de sus compañeros, a él le tenía que reconocer cierto mérito: si no me aceptaba no era por ser mujer, era por ser loba... cosa que había podido elegir en la misma medida, por cierto, pero eso a todo el mundo se le olvidaba, especialmente dentro de la Iglesia. Ah, había tantas cosas que se pasaban por alto y se ignoraban en ese mundillo del que formábamos parte... yo, por ejemplo, estaba dejando de lado muy conscientemente los modales porque estaba agotada, y por eso me inclinaba hacia delante aun a riesgo de que el corsé no me cubriera por completo (cosa que no había borrado de mi mente, por cierto, pero por eso no planeaba disculparme). Él, por su parte, se estaba olvidando de que no era el líder y no podía exigirme nada, y se lo permití en la misma medida en que le estaba permitiendo el tono acusador de su voz: con cierto interés, curiosa por ver hasta dónde podría y quería llegar él si lo pinchaba lo suficiente, pero al mismo tiempo cautelosa, y consciente de que si pisaba la delgada e invisible línea roja que había trazado a su alrededor, se metería en serios problemas, por supuesto por su culpa. Su cara bonita sólo podía librarlo de unos cuantos, me temía... Hasta con mi debilidad, por todo el mundo sabida, por los hombres que eran capaces de mantenerse firmes ante mí y presentarme batalla; incluso así podía llegar a un punto imperdonable.

– Media manada... La otra media sigue por ahí, pudiendo infectar a cualquiera cuando se acerque la luna llena. No todos son como yo e intentan controlarse cuando no pueden hacerlo; algunos van a morder a propósito, y estos son de ese selecto grupo que nos da mal nombre a los demás, como a tu informe más le vale reflejar. De todas maneras, no dejo de encontrar fascinante que seas tan atrevido para recriminarme que no se te dio lo suficiente y que quieres un compañero que no sea yo, como si tu amada líder no pudiera soportar cualquier desafío que se presente, y que no tengas el valor para pedirme que te dé las herramientas en cuestión o para elegir tú mismo qué compañía quieres. Tan eficaz que eres para unas cosas y tan poco para otras...

Se suponía que había acudido para quejarse y recibir respuesta a sus peticiones (demandas, más bien), probablemente contara con eso, pero conmigo las cosas nunca eran tan sencillas como lo parecían de antemano, y obviamente esa situación no iba a ser ninguna excepción a semejante y tamaña afirmación: ¡me negaba en redondo! Así pues, cogí su informe y dejé que se me deslizara entre los dedos mientras lo ojeaba por encima, en un silencio solamente roto por las hojas rozándose las unas contra las otras; en cuanto lo terminé, más rápido de lo que él probablemente había pensado que sería capaz de estudiarlo, me incorporé y me acerqué a él para examinar su cuerpo con ojo crítico. No contenta con ello, me permití incluso tocarlo, sonriendo con cada respingo que daba y que sabía que eran producto de su rechazo a los licántropos en general, no solamente a mí, aunque también hubiera una parte de él que tampoco se sintiera a gusto conmigo como Abigail, la mujer que lo estaba acariciando, no había otra palabra para ello. Y aunque había algo de erótico en el gesto porque, en fin, el erotismo sólo me lo quitaba cuando se trataba de mi hermano Roland, le estaba examinando las heridas que le habían hecho y que detallaba en ese informe que acababa de leer: como era de esperar, coincidían a la perfección, pero ¿qué si no se podía esperar de un hombre que seguía las reglas tan a rajatabla como él? Otros soldados podían y debían admirarlo en ese sentido: Vasiliy, el extranjero; Korsakov, el ruso, tenía un expediente impoluto, solamente roto en parte por esa misión que lo había llevado hasta mí, y que yo misma planeaba ayudarle a solventar de una vez por todas. Así pues, cuando terminé mi repaso, le di un golpecito suave en la barbilla desde mi altura, considerablemente inferior a la suya, para que alzara el rostro y retrocedí hasta la mesa, en cuyo bordé me apoyé para quedar frente a él, sin obstáculos de por medio.

– La situación es la siguiente, Vasiliy: la facción está ocupada, ahora mismo, en su totalidad. Te dejaría que vieras los informes de las misiones en curso, pero soy tu líder y debes confiar en mi palabra, porque mi tiempo me ha llevado que así sea y que todos tengáis algo que hacer. Por supuesto, entraba dentro de lo esperable, hasta para alguien tan... extraordinario, si quieres, como tú, que no seas capaz de terminar la misión tú solo; mea culpa, lo admito, no hay problema. Precisamente por eso, voy a ir contigo para solucionarlo, pero la ventaja es que si te portas bien, tendrás un informe maravilloso y sin un solo fallo que se refleje en tu expediente, además de que me tendrás contenta y tal vez tenga en cuenta tus reclamaciones para el futuro. Y por si eso no fuera suficiente, dime una cosa: ¿qué hay mejor que un lobo para enfrentarse a otros lobos...? Donde tú fallas, yo actúo: podemos hacer un muy buen equipo, y además, no conozco la tundra, ¿quién mejor que tú para enseñármela? Discute todo lo que quieras, pero tu compañera voy a ser yo. Si quieres quejarte o gritarme, ahora es el momento, pero dudo que tengas sangre suficiente en las venas para hacerlo.



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Re: The house of wolves {Vasiliy Korsakov}

Mensaje por Vasiliy Korsakov el Dom Mayo 28, 2017 6:08 pm


En posición de firmes, alto y esbelto como era, Vasiliy no despegó la vista de Abigail. Pero de su rostro, que todo lo demás lo distraía demasiado. Las fosas nasales se ensanchaban mientras trataba de guardar compostura. Podía ser tomado como el salvaje que no sabe nada de Occidente, sin embargo, era inteligente, bastante para su propio bien, y comprendía los delicados sarcasmos de la gente del Oeste. Y aunque le exasperaban, esta vez se guardó todo. A veces le decían que esa iba a resultar su perdición, el guardar tanto y externar tan poco; no obstante, ese no era el día para ponerse a analizar dicha situación.

Entornó los ojos rasgados y no contestó nada. Mantuvo también las manos en la espalda, aguardando mientras ella leía, y es que no sabía si quería que se quedara o se marchara y hasta no recibir una orden clara, él no iba a actuar. Se puso alerta cuando  Zarkozi se le acercó y lo tocó. No pudo evitarlo, ni todo ese autocontrol suyo era capaz de mantener la compostura ante el roce de aquellos letales dedos. Tragó saliva y mantuvo la vista al frente, como un maldito idiota. Sintió la respiración más agitada, y se odió por ello. Y aún así, logró captar las palabras ajenas. Sólo volvió a mirarla cuando la tuvo enfrente, ¿qué pretendía esta mujer? ¿Provocarlo? Pues bien, no iba a darle el gusto, aún cuando sus ojos lo traicionaron y éstos la recorrieron de arriba abajo. Fue breve y fugaz, pero sucedió.

Abrió la boca para refutar al fin, y se encontró en una encrucijada moral de esas que detestaba, porque su sentido del deber a veces le estorbaba más de lo que le ayudaba. Quería responderle, y aún así, aunque fuera lo que fuera, Abigail Zarkozi era la líder de su facción, y por tanto, le debía respeto, aunque éste acabara tan pronto saliera de la puerta.

Imagino entonces, que no tengo remedio —su voz sonó plana, controlada y es que estaba reprimiendo absolutamente todo—. Aunque… —fue a continuar y se detuvo, la batalla interna se notaba incluso en su rostro, en su cuerpo de hombros tensos—, aunque no lo hago para tener un expediente impecable. Entiendo si no me conoces lo suficiente. No soy el más abierto y ni el más transparente de tus soldados, pero la perfección nunca ha sido mi meta, sino cumplir con mi deber. A veces pueden ser sinónimos, pero a veces no, y no me importa. Me parece… me parece relevante aclararlo —conforme fue hablando, su cuerpo pareció relajarse, aunque no lo suficiente.

Jamás voy a levantarte la voz, me confundes —continuó—, tú eres la líder, y yo obedezco. Y creo que hasta ahora lo he hecho bien, sin chistar —quiso agregar que eso era raro entre sus colegas, cuyos egos no les permitían seguir órdenes de manera correcta, sin embargo Vasiliy tampoco era de esos que echaban tierra a los demás. Su trabajo hablaría por ellos, no él.

Supongo que puedo encontrarle las ventajas a la situación —aquella reflexión fue más como para sí mismo, aunque la expresó en voz alta. Le iba a costar trabajo, sin embargo, ahí estaba de nuevo ese exacerbado sentido del deber que a ratos parecía absurdo, que no lo dejaba vivir en paz si quiera—. Estaré atento a lo que continúe y podemos partir desde el punto donde ya no pude seguirlos, de ahí siguieron hacia el Norte, quizá ahora ya hayan alcanzado las planicies cercanas a Dinamarca, si continuaron con paso constante —usó una voz profesional, algo desapasionada y circunspecta. Se quedó quieto, con el pecho fuera y el mentón en alto, una vez más, esperando una orden tácita por parte de Abigail. Irse o quedarse no estaba en sus manos, sino en las de ella.


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Re: The house of wolves {Vasiliy Korsakov}

Mensaje por Abigail S. Zarkozi el Lun Mayo 29, 2017 2:36 pm

No me sorprendió lo más mínimo tener razón, y no porque pensara que nunca me equivocaba (vamos a ver, era un licántropo por culpa de un error, estaba más que claro que lo hacía de vez en cuando; tampoco constantemente, ¿eh? Por ahí sí que no pasaba), sino porque, aunque no fuera del todo, algo sí que lo conocía. Lo del deber y su amor por él me sorprendía, y me hacía plantearme darle la enhorabuena por ser capaz de sentir algo por alguna cosa, aunque no fuera un ser humano; sin embargo, no me sorprendía tampoco demasiado por el sencillo hecho de que encajaba bien con él. Por cerrado y misterioso que se mostrara, yo no hacía las cosas a medias y me informaba de a quién llamaba a mi despacho antes de hacerlo; cuestión de principios, por un lado, pero de un mínimo de savoir faire por otro, ya que de alguna manera tenía que demostrar que no me habían dado el puesto de líder en la tómbola, ¿no? No es como si muchos fueran a creerme ni así, pero los hechos hablaban por sí mismos: la facción no se había hundido (de momento), hacíamos misiones exitosas y yo lo conocía a él, un pedazo de hielo de la tundra, un poquito, lo suficiente para hacerle abandonar esa frigidez suya y que me mirara de arriba abajo al menos una vez en la vida. ¡Bien, ya podía darme por satisfecha! Sonriendo, porque realmente no tenía motivos para no hacerlo, asentí despacio y continué mirándolo por el sencillo hecho de que era un placer para la vista, tanto por su altura (una de mis muchas perdiciones cuando se trataba de hombres... ojalá fuera la única, pero me temía que no y que mi carne era particularmente débil) como por el exotismo de sus rasgos. Había algo en él, probablemente que era completamente opuesto a mí ya que se guiaba por el deber y no por la supervivencia y la consecución de objetivos propios y egoístas, que me atraía, y si él elegía ignorarlo era cosa suya, no mía: no iba a portarme bien para nadie, y mucho menos para Vasiliy Korsakov.

– Es bueno saber que mientras sea tu deber, te vas a comportar como un buen soldado. Te vuelve más fácil de dirigir que si fueras un, qué sé yo, licántropo egoísta, o algo parecido a eso. También te hace un poco más frustrante porque estaría bien saber qué te está pasando por la cabeza en cada momento, pero tendré que conformarme con lo que pueda deducir al mirarte; al menos, mientras decidas que prefieres ser obediente y cerrado en vez de desafiante y abierto. Para eso ya estoy yo, supongo... Por eso creo que nos complementamos, y dado que hemos llegado a esa maravillosa conclusión de por qué debemos trabajar juntos, ¿qué mejor momento que el ahora para marcharnos? Vamos, no es como si tuvieras nada mejor que hacer... Yo lo sé bien.

Mientras hablaba me fui acercando a él, con la mano descendiéndome por el escote del corsé hasta alcanzar la llave con la que cerraría mi despacho, y consciente de que, aunque se resistiera, su vista seguiría centrada en mí porque no podía evitarlo. Cuando llegué a su altura, no literalmente porque me sacaba más de una cabeza y yo no era precisamente baja para ser una mujer, le hice un gesto para invitarlo a que me siguiera, y cuando vi que se puso en marcha inicié el camino hacia la armería que se encontraba al lado de mi despacho, y que era para mi uso privado. Precisamente por eso, ya que no dejaba que otros entraran, tenía una ligera capa de polvo porque, en fin, estaba en dique seco de misiones desde hacía un tiempo, y a las pruebas, evidentes incluso para él, me remitía. Indiferente a ello, no obstante, me adentré en la estancia y comencé a buscar entre mis armas aquellas que pudieran servirnos a los dos para cazar licántropos, lo cual no dejaba, en cierto modo, de ser un poco suicida. No me sentía particularmente cómoda yendo a por los que eran como yo, y no por hipocresía (había caído en eso muchas veces, desde luego las suficientes para que hubiera dejado de importarme), sino porque me recordaba demasiado bien que yo podía ser la siguiente si no tenía cuidado. El hecho de que soliera tenerlo no quitaba que las posibilidades de errar fueran muchas, sobre todo teniendo en cuenta que no era inmune a los fallos, así que tenía cierta sensación de incomodidad en la boca del estómago que disimulaba muy bien, aunque no tanto como él porque eso sí que era imposible: ¡me daría algo si no expresaba, al menos, alguna cosa! En cuanto terminé con las armas, me acerqué para agarrar un par de bolsas en las que guardarlas, y sin ningún pudor, mientras él estaba ocupado en esa tarea que le había mandado sin hablar siquiera (¿sería así el futuro de mi mandato?), empecé a desvestirme para poder ponerme ropa más abrigada, más acorde al lugar al que iríamos.

– Elige lo que necesites; total, no lo usa nadie más que yo, así que es preferible que mi compañero de misión pueda aprovecharse de todo esto. También tengo algunas prendas y una cantidad considerable de monedas para emergencias; tal vez encuentres algo que te sirva. Y en cuanto a los caballos, me temo que eso tendremos que conseguirlo fuera de aquí, y si conoces a alguien que ofrezca bestias que tengan aguante, soy toda oídos. La mayoría de los que conozco yo están más interesados en hacerlos veloces que resistentes, como si a las mujeres nos gustara algo que acaba demasiado rápido...



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Re: The house of wolves {Vasiliy Korsakov}

Mensaje por Vasiliy Korsakov el Mar Jul 11, 2017 10:24 pm


Si seguía mordiéndose la lengua de ese modo, iba a terminar con la boca sangrando, y eso que él aguantaba bastante calladito y aguantando. Tenía una paciencia infinita, o casi, porque ahora Abigail, la persona más contraria a él en la que podía pensar, estaba poniendo en entredicho todo en lo que creía y consideraba aquello una afrenta muy grande, pero todavía aguantable como para no responder aunque fuera en su samoyedo natal. Era obvio que lo estaba provocando, pero estaba obstruyendo la claridad de sus pensamientos que ya no sabía si estaba buscándole tres patas al gato o en realidad estaba pasando todo aquello. Alzó más la vista cuando se bajó el escote… ¡maldición!

No estuvo seguro que partir en ese mismo instante fuera lo mejor. Era apresurado, algo nacido de un impulso. Otra vez estuvo a nada de cuestionar a su líder. Alguien con la sangre tan caliente nunca era la mejor opción para guiar; él lo sabía bien, entre los suyos una cabeza fría se apreciaba más. No obstante, y para darle aún más la razón, simplemente obedeció y la siguió, agradeciendo ir detrás y ya no verle ese escote que parecía pronunciarse más a cada segundo, como si estuviera hechizado y empeñado en descolocarlo.

Ingresó sin saber qué esperarse, por lo que sabía, podía ir directo a una trampa. Y de algún modo así fue. Antes de girarse para verla de nuevo, contempló el lugar maravillado, sus rasgos pétreos se tornaron más humanos. Pudo haber sido coaccionado para unirse a la Inquisición, pero dentro de él habitaba un guerrero que amaba la batalla. Comenzó a ayudarla a recolectar las armas que creyó más propicias para su misión, sin dejar de ver los detalles del lugar que, aunque rústico, poseía todo lo que a él le gustaba. Por desgracia, su embelesamiento terminó cuando sus ojos aterrizaron en ella, que se estaba quitando la ropa.

Agradecería que fueras un poco más pudorosa —su voz salió agitada al tiempo que se daba media vuelta para evitarla—. Sí, creo que con estas armas bastará, es mejor no llevar mucho peso. Agradezco la ropa, y preferiría que tú tomaras el dinero. Muchas alianzas en terminado por malos entendidos con el oro. En cuanto a los caballos… —por puro instinto quiso girarse, era extraño estarle hablando sin verla de frente. Regresó a su posición original cuando notó que no había terminado—. En cuanto a eso, conozco a un hombre en las afueras de París sobre el camino que sale hacia el Norte, lo cual resulta conveniente para nuestra ruta. Es un ruso de nacimiento, no como yo, y por tanto sabe de animales que aguanten —explicó sin apenas hacer una pausa. Hablando más rápido de lo que ameritaba.

Advierto que sus animales no son baratos, supongo que para eso nos servirá el dinero —otra vez se intentó girar, aunque ahora con más cautela y Abigail ya había terminado, lo que le resultó tranquilizador—. Durante el viaje no habrá problema, cazaremos —anunció. Y aunque seguía manteniendo aquel respeto que obviamente ella se empeñaba en mancillar, habló con aplomo, como sintiéndose a cargo de la empresa, sólo por saber la ubicación más o menos exacta de aquella jauría de lobos.

Toma unas mantas, y partamos —les iban a hacer falta. Conforme avanzaran el clima iba a empeorar. La miró fijo a los ojos, aún con esa ropa, que cubría mucho más y eso le alegraba, era una mujer hermosa. Recién llegó a Occidente, ninguna mujer blanca llamó su atención como le habían dicho que lo harían, es más, él llamó más la atención de las mujeres de la alta sociedad rusa que lo recibieron como una divertida curiosidad para su entretenimiento en las varias fiestas a las que asistió antes de partir, como parte del plan de su padre para poder ganarse los favores de los rusos. Pero debía admitir que en la fiereza de Abigail había algo que, desde luego, no encontró en aquellos bailes sin sentido.

Una igual, tal vez. Guerrera, aunque su sangre caliente la enfrentaba a esa cabeza fría suya. Quizá lo más inteligente y mejor era complementarse, como habían dicho, aunque hasta ese momento Vasiliy le dio el peso adecuado a esas palabras. Asintió, como diciéndole que estaba listo y que, una vez más la seguiría.

Por favor, ten un poco más de vergüenza en nuestro viaje, serán varios días, y… —no terminó la frase porque no supo cómo. Se lo estaba pidiendo en serio, con una limpia educación aprendida no hace mucho, acorde a los modos del Oeste. ¿Y qué? ¿Qué debía continuar? Cualquier terminación era sólo darle armas y satisfacción a Abigail.


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Re: The house of wolves {Vasiliy Korsakov}

Mensaje por Abigail S. Zarkozi el Sáb Ago 05, 2017 3:58 pm

Para un hombre que tenía la fama de ser tan inexpresivo como el hielo del que provenía, Vasiliy me estaba mostrando una considerable cantidad de emociones en el escaso rato que llevábamos juntos, y no sabía si sentirme honrada, preocupada o, simplemente, divertida, a juzgar por cuáles eran exactamente las que mostraba. Lo cierto era que su recato me divertía, pues estaba acostumbrada a que la mayoría de hombres se enfadaran y no avergonzaran cuando me comportaba con la desvergüenza de siempre; por otro lado, su expresión al ver las armas había sido casi tierna, como si por un momento pudiera contemplar la idea de que teníamos un disfrute en común. Sin embargo, al pasarse tan rápido como había venido, no me dejaba más remedio que quedarme con el recato, el pudor y la vergüenza, que continuó demostrándome mientras yo me vestía y, sin que sirviera de precedente, le hacía caso. ¿Le impediría esa reserva suya darse cuenta de que había hecho el tremendo honor de escuchar a un inferior sin discutirle nada? Dada la fama que tenía entre sus compañeros, de cabeza hueca a fulana pasando por todo lo que había en medio de los dos términos, la situación era como para enmarcarla, pero me dio la impresión de que no se daba demasiada cuenta, de tan centrado que estaba en recordarme que me comportara. Así pues, cuando él terminó (mejor dicho, no terminó) de hablar, en vez de poner los ojos en blanco me limité a sonreírle, con los dos bultos que tendríamos que cargar durante el viaje delante de nosotros, y regodeándome en su expresión incluso mientras me movía, con lentitud, para buscar las mantas que él había dicho que necesitaría. Si le había hecho caso, e incluso si seguía escuchándolo, era porque él provenía del norte, y yo no; él era de sangre fría, adaptable (suponía) a un clima como el que tenía dentro, y yo no, y nada más. Valoraba la experiencia tanto como los demás, pero una de las consecuencias de hacer lo que me daba la gana casi siempre era que, en general, nadie me creía; qué apropiado era que se cumpliera lo de Pedro y el Lobo cuando yo misma era una loba, ¿no...?

– ¿Y no quieres que te incomode? Tendrás que acostumbrarte a mí. La única ventaja que se me ocurre es que conforme avancemos, con eso de que hará más frío, tendré menos motivos para retirarme la ropa, ¿no te anima eso? De igual modo, tú eres el experto, no tengo problema en reconocerlo en esto, así que sólo tu cabecita sabe a qué demonios nos enfrentaremos y eso te pone en una situación interesante que te debería relajar un poco. Sí, yo me ocuparé de las monedas, pero en cuanto ascendamos, tú serás quien me va a controlar a mí. Si yo fuera tú, me iría preparando mentalmente para eso.

Aunque la situación tenía poco de seductora de por sí, incluso si yo me había empeñado en no comportarme y en enseñarle más piel de la que él era capaz de asimilar, no pude evitar que el tono me saliera algo ronco al final, como si la perspectiva de que él me dominara (¡a mí!) me excitara lo más mínimo. Eso, en mi defensa, estuvo totalmente fuera de mi control, pero lo que sí estuvo bajo mi poder fue la decisión de separarme de él, a quien no recordaba hacerme acercado tanto, terminar de recoger mis enseres y tomarlos para, después, salir de allí en dirección al “ruso de nacimiento”, como si a mí me importara que él no lo fuera, que nos vendería los caballos. Sin apenas cruzar palabra, llegamos enseguida, y mientras dejaba a Vasiliy negociar por las bestias, que valían lo que él había dicho que lo hacían, las ensillé y preparé con nuestras armas, mantas, alimentos y dinero, todo lo necesario para aquella misión en la que él se había metido con más dudas que equipaje, de eso estaba muy segura. Solamente cuando tocó pagar me acerqué a ellos, aunque lo hice a mi subordinado y no al otro, que me miraba como si fuera un filete; acostumbrada como lo estaba, me agarré del brazo del no-ruso de nacimiento, le dediqué una sonrisa a su acompañante y le pagué la cantidad que pidió para, después, llevarme casi a rastras a mi helado compañero de viaje hasta su caballo para poder salir cuanto antes. Sin necesidad de telepatía, ya podía oírlo en mi cabeza despotricar contra mí y contra mi impaciencia, pero ¿acaso no se había dado cuenta de que formábamos un buen equipo precisamente porque él compensaba todo lo extrema que podía ser yo? ¿Cuántas fronteras tendríamos que recorrer antes de que lo asimilara de una vez? Esperaba que no muchas, pero como ya nos habíamos puesto en marcha, era cuestión de tiempo descubrirlo.

– El rastro es débil, pero lo noto, ahora puedo seguirlo yo misma. Si me concentro... Sí, están por allí. Francamente, apestan; ni siquiera yo en mis peores días de luna llena soy tan repulsiva, pero eso nos puede facilitar seguirles el rastro durante un tiempo, hasta que se hayan dado cuenta y lo empiecen a intentar borrar. Es entonces cuando deberás entrar tú, rastreador; yo creo que alcanzo unos pocos kilómetros, pero dudo que siga pudiendo para el final del día. Así que estate preparado, ¿de acuerdo? Te voy a necesitar mucho dentro de poco.



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Re: The house of wolves {Vasiliy Korsakov}

Mensaje por Vasiliy Korsakov el Miér Sep 13, 2017 6:05 pm


Esa mujer estaba empeñada en sacarlo de sus casillas, estuvo seguro. No encontraba otra explicación. Pudo entender, hasta cierto punto, el encanto en ello; su rectitud y frialdad eran el último bastión para romper, pero creyó que tenían cosas más importantes en qué ocupar sus mentes como para esas niñerías; si bien Abigail le parecía en extremo veleidosa como para ocupar el puesto que ocupaba, incluso ella debía verlo. No… esto era otra cosa, ella era así, concluyó. Estaba en ella ser tan exasperante, y pobre de él, que había caído en sus garras, casi literalmente. Tragó saliva, no supo si lo dicho iba con otra intención o no, y ya no quiso seguir dándole alas, y prefirió continuar.

Al menos, el camino de la catedral hasta la linde de la ciudad, donde el ruso les vendió caballos, fue silencioso. Vasiliy lo conocía, y en realidad nunca se había fijado mucho en él. Era un hombre con buenos caballos, era todo. Pero en la breve interacción que tuvo con Abigail, pudo aprender más de ese hombre que en todos sus encuentros anteriores. Odió cómo miró a Abigail, odió esa idea Occidental de que las mujeres estaban para el deleite de los hombres. No dijo nada, pero debió hacerlo. Y tampoco apartó a su líder —porque eso era, aunque ella hubiera dicho que en algún punto, él tomaría el control—, cuando ésta se acercó a él más de lo que le pareció correcto. Se dejó llevar, sin chistar, aunque lo que a él le sobraba de paciencia, ella parecía necesitarlo.

Todo era tenso cuando se trataba de ella. ¿Por qué? Qué poder poseía que hacía eso? Y no hablaba de sus habilidades de licántropo, no, lo que apreciaba a medias era algo mucho más básico y mucho más grande a la vez. Su belleza, quizá, pero eso era reducirlo a algo muy pobre.

Montó su caballo, bien ensillado por ella y comenzaron a dejar atrás la ciudad. No le gustaba hacer viajes así de improvisados, sin embargo, estaba consciente que como miembro de la Inquisición era una eventualidad que tarde o temprano se le iba a presentar, y ahí estaba ahora. Se detuvo sólo cuando ella habló. Miró el camino que se perdía en la línea del horizonte. Su jamelgo relinchó y dio una coz al suelo, levantando tierra.

Eso nos servirá. Cuando dejes de notarlos, será mi turno. —Asintió, sin mirarla, con la vista al frente en el sendero y la misión, con ese estoicismo que, sabía podía desquiciar a cualquiera, y si era sincero, Abigail era de la que mejor se lo tomaba. Sólo la soslayó ante lo último. No le gustó cómo sonó eso, pero creyó que ya estaba escuchando de más, o significando erróneamente las cosas. Respiró profundamente.

Espoleó al corcel, pero avanzó a trote. De vez en cuando miraba sobre su hombro, para comprobar que ahí iba ella, con él. No atrás, a un lado, y fue la primera vez desde que llegó a Occidente que sintió un recuerdo real de su verdadero hogar en las tundras. Esa nostalgia era peligrosa. Todo eso que Abigail atizaba era un estorbo, en el mejor de los casos. Sacudió la cabeza.

Si seguimos con buen paso, podríamos llegar a Bruselas para mañana, si no paramos para dormir —dijo del modo más desapasionado que pudo. Flemático, casi glacial—. Eso si estamos dispuestos a descansar largo y tendido una vez en Bélgica. Son buenos caballos, pero no debemos forzarlos —continuó y al fin clavó los ojos rasgados en Abigail. Era la primera vez que la contemplaba de lleno desde que dejaron París. Lucía como imaginó que lo haría, como una guerrera. Alzó el mentón.

Abigail, quizá estás acostumbrada, no me importa, pero como te miró el vendedor de caballos… se va a repetir, ¿no crees que es mejor que vaya solo? Quizá mandar pedir refuerzos, puedo dejar un rastro para ellos. —Sabía que lo que estaba diciendo era tremenda estupidez. Además, ¿por qué se preocupaba? Lo había incomodado de sobremanera, y ello le había traído pensamientos que lo hacían flaquear. Y por Dios que no podía flaquear ahora.

Esperó una negativa, una burla, un reclamo. Quizá todo a la vez.


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Re: The house of wolves {Vasiliy Korsakov}

Mensaje por Abigail S. Zarkozi el Lun Sep 18, 2017 1:29 pm

Las esperanzas son unas consejeras pésimas, yo lo sabía y la vida se encargaba de no dejar de demostrármelo en ninguna circunstancia, así que debía de haber estado preparada, ¿no? Es decir, ya me había hecho a la idea más o menos de que el hielo del que estaba hecho Korsakov también afectaba a su cabeza y no se creería que iba a ir con él hasta que no cazáramos juntos a la manada de licántropos, pero una parte de mí había aceptado que, después del rato que habíamos pasado, ya lo habría aceptado... Sólo que no, no lo había hecho, y así lo demostró su pregunta, ante la cual sólo tuve una respuesta (que él viera, claro. Si me oyera dentro de mi cabeza, se habría sonrojado hasta él, ¡y no por el frío precisamente!): poner los ojos en blanco y aferrar las riendas del caballo con más fuerza. Íbamos a un buen ritmo, yo me encontraba a su altura y la misión parecía ir viento en popa, ¿qué mosca le había picado pensando que iba a echarme atrás en ese momento si no lo había hecho hasta entonces? De verdad, no lo entendía, y vale que no estaba haciendo muchos esfuerzos por hacerlo, pero es que él tampoco me daba la oportunidad si no dejaba de discutirme cosas que creía claras hasta ese momento, porque yo podía batallar con mucho, pero contra cabezas duras... No. Mis capacidades de licántropa llegaban hasta un límite que yo tenía bastante claro, y las que poseía como mujer las solían equilibrar la mayor parte del tiempo, pero con él siempre parecía haber una irregularidad clara porque, si no, no me explicaba qué demonios estaba pasando para que la situación se me antojara algo ya visto y para que me exasperara tanto. ¡Si incluso una parte de mí sabía que lo decía por lo que creía que era mi bien...! El problema era que no compartía esa concepción suya de que otros decidieran lo que era bueno para mí; probablemente de ahí radicara el problema, que traté de solucionar con la mayor diplomacia posible, tratándose de mí.

– Siempre se repite. Más o menos a la quinta te acostumbras, y a la décima te suele dar igual. Admito que es molesto cuando estás en una misión, pero ¿qué le voy a hacer? Suerte que estás tú ahí para compensar mi posible poca paciencia, ¿no? ¡Anda, si va a resultar que sé lo que hago y te he elegido por un motivo...! Te lo digo en serio, creo que podríamos llegar a trabajar bien juntos, y aunque hasta ahora sólo sea algo que yo creo, las circunstancias y la misión lo irán diciendo. De momento, nos hemos apañado bien, y siempre y cuando asimiles que eso de ahí atrás es un riesgo que sucederá... no veo por qué tengo que dejarte solo o que no podamos ocuparnos. Bien, y con respecto a lo de los caballos, lleguemos hasta Bruselas. Dudo que el rastro que yo pueda captar llegue hasta tan lejos, así que es tan buen lugar como cualquier otro para detenernos.

Mis palabras sonaron a orden, y dado que seguía siendo su líder y, en esencia, su superior, no tuvo más remedio que obedecer a lo que le había dicho, que era básicamente lo que él me había sugerido, para ir dirigiéndonos hacia Bélgica. Aparentemente, la manada había tenido la misma idea, y salvo algún camino que tomaban diferente al nuestro pero que terminaba derivando en el que Vasiliy y yo seguíamos, el rastro estuvo claro hasta medio camino más o menos. Llegados a aquel punto, le indiqué que había dejado de captarlo bien y que lo sentía lejano, con otros olores superpuestos en un claro ejemplo de que lo estaban tratando de disimular como buenamente podían, no muy bien por el momento. Después de dedicarle las primeras palabras en horas, él se tomó su tiempo para evaluar el rastro que podía ver, y dado que seguía dirigiéndose hacia Bruselas, los dos decidimos continuar hasta allí, de modo que el resto de la noche transcurrió con nosotros sobre nuestros caballos y con el amanecer sorprendiéndonos entrando en la ciudad. Una vez allí, aunque me dolía todo el cuerpo y estaba agotada, me obligué a preguntar con educación a un lugareño acerca de la posada más cómoda que pudiera recomendarnos, y con la información que obtuvimos nos dirigimos hacia allí, donde, para mi (escasa) sorpresa, solamente quedaba una habitación libre, daba igual cuánto pagáramos. Dado que nuestro casual informante nos había dado a entender que no había otra posada decente en la ciudad, y que estábamos demasiado cansados y demasiado cortos de tiempo para andarnos con tonterías, decidí aceptar la habitación disponible y conducir a mi silencioso y taciturno acompañante (no por las circunstancias, en general lo era) hasta la habitación, en la que, por supuesto, solamente había una cama. Contuve un suspiro y me froté los ojos y las sienes, demasiado agotada para hacerle ascos; aparte, tampoco era como si a mí me molestara compartir la cama con él o con cualquier hombre si la situación lo requería, pero el problema no era yo, sino él y sus recelos hacia mí, que seguramente se alzarían aún más de lo normal dadas las circunstancias en las que habíamos terminado por encontrarnos. Así pues, dejé mis cosas, puse los brazos en jarras y lo miré, ladeando la cabeza.

– Los dos necesitamos el descanso, así que ni se te ocurra proponer que uno de los dos duerma en el suelo porque eso no va a pasar. No nos queda más remedio que dormir los dos ahí, pero si te ofende mucho que duerma cerca de ti me aseguraré de colocar algo de ropa o lo que haga falta en medio para que estés a una distancia prudencial y no te sientas incómodo. Te necesito despejado para seguir el rastro a los licántropos en cuanto salgamos de aquí.



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Re: The house of wolves {Vasiliy Korsakov}

Mensaje por Vasiliy Korsakov el Dom Oct 22, 2017 4:09 am


La miró nada más. De ese modo, le dejaba bien en claro por qué era la líder de los soldados, tenía una capacidad de comando que cualquier líder samoyedo le envidiaría. Siendo su pueblo una sociedad matriarcal, Abigail habría podido llegar lejos con los suyos. Entornó la mirada nada más y asintió, ¿qué más podía hacer? Sólo obedecer, había sido condicionado para ese. Fue una suerte que el resto del camino no hablaran mucho más, salvo ese punto donde él se bajó para ver los indicios de los rastros que la manada que perseguían habían dejado. Algunos bastante claro, otros que le parecieron en extremo obvio, como para distraer, pero en general, todos conducían a Bélgica, y de acuerdo a sus cálculos, debían seguir en territorio germano, aunque ya muy cerca de la frontera con Dinamarca.

Que no hablaran más, y cuando lo hiciera, Abigail tomara el mando de manera tan clara le servía mejor. Decidió que esa era mejor manera de continuar, aunque a ratos la saliva le supiera amarga por no abrir la boca en absoluto. Tenía odios muy arraigados hacia los que eran como ella, pero en ese momento no tenían cabida y debía afrontarlos con entereza. Se dio cuenta que la mayoría de sus protestas nacían de ese animadversión, excepto una, quizá, el hecho de que no le había gustado cómo el vendedor de caballos la había mirado; ese asunto se había quedado en su cabeza más de lo que a él le hubiera gustado. Tal vez porque era recordatorio de lo mucho que no encajaba en la sociedad occidental.

Así que la siguió en cada paso que dio, aunque en teoría, y poco cómo estaba el rastro en ese punto, tenían el liderazgo (de la misión) compartido, y muy pronto él tomaría el mando. No estuvo contento con nada de lo que ella habló con el encargado de la posada, pero en una suerte de auto castigo, no dijo nada y aceptó. Aunque eso sí, una vez en la habitación, fue a protestar, iba a decir que él dormiría en el suelo, y ella, como si le leyera el pensamiento, no lo dejó. La miró sin expresión por un rato, y luego sólo asintió, para meterse al baño y regresar a los pocos minutos, con ropa más cómoda para descansar.

No me ofende, desde luego —al fin habló, sintió torpeza al hacerlo, por no haber pronunciado palabra durante horas—. Sé que… —Fue a decir que sabía que ella sabría comportarse, pero no terminó la frase. De nuevo, se repitió que llevara la fiesta en paz. Una parte de él tomó como regaño lo que hablaron todavía en territorio francés, y no quería que eso se repitiera.

Sin mirarla, se acomodó en la orilla izquierda de la cama, con apenas la sábana encima, hasta la cintura y dándole la espalda. Estaba cansado, pero por alguna razón no podía dormir.

¿Es común? Es decir, ¿es común que salgas a misiones? Yo… no sabía que los líderes también lo hicieran. Entiendo que este caso es especial, pero no me gusta pensar que lo haces porque me consideras un inútil —habló en su misma posición y sólo se acomodó, haciéndose todavía más hacia la orilla, aunque un centímetro más y caería de la cama. Tal vez esa era su intención para poder dormir en el suelo como no le dejó proponer.

Perdón si de pronto me pongo conversador. —Carraspeó—. Sólo… es una pregunta válida, ¿no? Nunca te he visto en acción, aunque he escuchado cosas, ya sabes, de gente que lleva más en la Inquisición. Sé por esos rumores que eres buena en lo que hace, por algo llegaste a donde estás, eso creo… Como sea, confieso que me emociona poder verte en batalla, sólo que… sólo que… debemos confiar uno en el otro para que esto salga bien. —¿Por dónde empezar de toda las tonterías que dijo? Mismas que quizá soltó así como si nada porque no la estaba viendo, y porque estaba agotado y el cerebro no le funcionaba bien. Primero estaba el hecho de que se dijo emocionado, ¿es que acaso él era capaz de sentir tal cosa… o lo que fuera, para acabar pronto? Y luego ese asunto de la confianza, cuando era obvio que era él mismo el que no se fiaba de ella, por cargar con una maldición que quizá, y muy probablemente, la propia Abigail no pidió. Estaba siendo injusto, y para alguien que se jactaba de su rectitud, eso quedaba muy, muy mal. Se hizo un ovillo en su lugar, y las rodillas quedaron fuera del colchón.


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Re: The house of wolves {Vasiliy Korsakov}

Mensaje por Abigail S. Zarkozi el Dom Nov 05, 2017 12:40 pm

Pues sí, lo necesitaba, ¿y qué? No se me iban a caer los anillos por admitir una realidad, y mucho menos cuando a aquellas alturas ya casi me había acostumbrado a su (silenciosa) presencia, tan fría como cabía esperar de un hombre que venía de las estepas y que parecía especialmente creado para camuflarse con ese paisaje de eterno hielo y nieve hasta el infinito. O eso había oído, vaya, pues no había tenido demasiadas oportunidades de abandonar París durante mi vida bajo el yugo de mi padre, y únicamente como inquisidora había podido tener algo de libertad, irónico teniendo en cuenta que había cambiado una dominación por otra bastante parecida. En cualquier caso, no me había lamentado nunca y no iba a empezar a hacerlo en aquellas circunstancias, ni me apetecía ni, tampoco, iba a interrumpirlo cuando había decidido hablar. ¡Que se paren las rotativas y que alguien avise al Vaticano: los milagros verdaderamente existen! Con atención, como no podía ser de otra manera, rodé en la cama hasta colocarme de perfil para mirarlo... bueno, lo que podía ver de él: su espalda fuerte, con los músculos marcados y cuyo rastro intuía bajo las ropas, aunque se estuviera mostrando bastante recatado y no me permitiera ver nada más allá de eso. Aun con la mirada deslizándoseme por sus omoplatos y por la línea recta de su columna, escuché todo lo que salía de esa boca que no podía ver (pero luego la fama de cruel me la llevaría yo...), aún algo perpleja por su decisión de volverse conversador. ¿Iba a resultar que el gélido eslavo de ojos rasgados era más de lo que parecía a simple vista...? ¡Vaya, quién lo habría dicho! Hasta si fracasábamos, al menos la misión había servido para aprender eso de uno de mis inferiores, así que, en cierto modo, no había estado tan mal el esfuerzo, ¿no...? Cualquier consuelo era bueno ante la perspectiva de que él tuviera que guiarme por el corazón del continente, con un liderazgo que no le pertenecía pero que, a regañadientes, le había tenido que ceder.

– Era más común antes, cuando era un simple soldado de a pie, e incluso cuando era mano derecha de otro líder, porque se presupone que ellos se encargan de los asuntos mundanos que los líderes no tienen tiempo de manejar. ¿Es frecuente? No lo sé. Intento salir cuanto puedo, no me gusta estar encerrada, así que supongo que puedes decir que sí, porque no eres el primer soldado con el que voy de misión en el tiempo que llevo liderando la facción. Desde luego, no es porque seas un inútil, no estarías dentro de la Inquisición si lo fueras.

Tuve que hacer un esfuerzo horroroso, casi sobrehumano, para no acariciarle la espalda mientras hablaba, y ni siquiera lo pude evitar del todo al final, aunque fui capaz de contenerme para simplemente hacerle un gesto para que se girara y me encarara. En cuanto lo hizo, lo agarré de la camisa y lo acerqué un poco, no tanto a mí como al centro de la cama, porque si en algún momento se desconcentraba lo más mínimo terminaría por caerse, ¡y eso sí que tendría delito...! No quería ni imaginarme la cara con la que me presentaría de vuelta en la Inquisición con un informe fallido en el que explicaba que el fracaso de la misión se debía a que mi compañero se había caído de la cama, roto una pierna y vuelto incapaz de seguir un rastro, que era para lo que lo había elegido. Pero, claro, conociéndolo a él y a su incapacidad de saber por dónde iban mis pensamientos, me obligué a mí misma a explicarle por qué lo había hecho, con un escueto (e irónico, ¿a alguien le sorprende eso?) te quiero entero, Vasiliy, no desmadejado en el suelo y con los huesos rotos. Claro, por supuesto que había contado con que la consecuencia de acercarlo era que lo tenía delante, mucho más cerca que hasta entonces, pero, por favor, me merecía algo de crédito: cuando la situación lo requería, y por mucho que desease lo contrario, solía ser capaz de contenerme, y por eso me obligué a mantenerme en el rincón de la cama que estaba ocupando, tapada con la sábana y con mis propios cabellos, extendidos como si se trataran de una manta. Por suerte, aún no hacía demasiado frío y era capaz de soportarlo sin problemas, pero tenía la sospecha de que cuanto más nos alejáramos de París, peor lo iba a pasar, así que debía despedirme de esas noches cálidas cuanto antes porque no durarían, lo sabía. Sí que esperaba que durara un poco más nuestra tregua, que él había decidido comenzar y que yo, por mi parte, continuaría encantada.

– Llevo entrenando desde que era una niña. Vengo de una familia de inquisidores, mi padre solía ser el líder de la facción antes que yo y desde que nacimos, tanto mis hermanos como yo, sabíamos que formaríamos parte de esto. No quiero aburrirte con la historia de mi familia, aunque seguramente hayas oído rumores, pero sí, soy buena. Y cuando me mordieron, en vez de hundirme, me hice mejor; puedo ser un monstruo hasta cuando no es luna llena, y eso es algo que deberás tener en cuenta. ¿Sabes? Si te he traído ha sido, precisamente, para decidir si confío en ti, pero creo que el problema no soy yo, sino que lo eres tú. No me parece del todo bien que me pidas confianza, cuando sabes que te voy a proteger porque es mi deber y porque no te he dado motivos para que dudes, y que tú seas el primero en desconfiar. Pero a lo mejor es cosa mía y se te pasa cuando me veas luchar, quién sabe. Sólo espero que no me decepciones, Vasiliy, porque me caes bien y creo que sería una lástima que dejes de hacerlo.



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Re: The house of wolves {Vasiliy Korsakov}

Mensaje por Vasiliy Korsakov el Lun Ene 01, 2018 10:16 pm


Sabía que en las misiones uno debía hacer sacrificios, que no eran para pasárselo bien, que no eran paseos o días de campo, pero de lejos, esta era la que más lo estaba torturando, y no supo por qué. Además, llevaban a penas un día en el camino y esto se podía prolongar indefinidamente. Tragó saliva. La podía sentir, literalmente la sentía junto a él, su corazón latiendo, ¿o acaso era el propio? Y si era el suyo, ¿ella, con esas potestades otorgadas por la luna, era capaz de escucharlo? ¿Se estaría burlando de él, de sus nervios, de su estupidez? Cerró los ojos fuerte, como para tratar de tranquilizarse, quiso normalizar la respiración y terminó por contener el aire.

Sólo volvió a respirar cuando se giró y ella lo haló al centro de la cama, por un momento temió lo peor, pero a esas alturas, ¿qué era lo peor? Ya no sabía ni cómo priorizar las amenazas. Tragó grueso, y asintió nada más, aturdido.

Ahora estaban de frente, y respirar volvió a ser una actividad difícil, que dolía cada vez que el aire, viciado del perfume ajeno, entraba y salía de su cuerpo. Podía ver los ojos ajenos, claros a diferencia de los suyos, brillar con la escasa luz que se colaba a la habitación, y la única vela prendida que seguía en una repisa, demasiado lejos como para delinear algo más, aunque de esa mirada, Vasiliy logró descifrar el resto: hermosa, lo era, y no iba a negarlo.

Se sintió extrañamente tranquilo al escucharla hablar en aquel tono casi confesional. La situación lo rebasaba y quizá lo mejor era no tratar de encontrarle explicación a algo que obviamente no lo tenía.

Míranos ahora, hablando de nuestras vidas en la oscuridad —dijo, y sonrió, aunque por la penumbra reinante, no estuvo seguro si sus ojos lobunos lo habrían detectado. Era raro que él sonriera, y que recordara, jamás lo había hecho frente a ella—. No, no es eso, es que... —Luchó con las palabras, quiso volver a darle la espalda, pero no pudo, sólo se acomodó mejor en su lugar, y eso lo acercó, sin querer, un poco más a ella.

Confío en ti, como líder y como guerrera, no confío en ti como criatura de la noche. Mi madre murió ante mis ojos, defendiéndome de alguien como tú, espero que comprendas la encrucijada en la que estoy. Mi padre siempre me ha dicho que soy un necio por no dejar ir ese recuerdo, ni esa tonta idea de vengarla, que no importa lo que haga, me dice, jamás voy a encontrar al responsable; pero no puedo apartar la idea de mi cabeza —al fin dijo, en un hálito, raudo y en susurros. Pareció que quería decir más y se arrepintió al final. Él no era de los que vendieran sus batallas, qué hacía ahí ahora, hablando con Abigail, de entre todas las personas, compartiendo una cama con ella y sintiendo el corazón desbocado, amenazando con salirse por la boca.

Espero no decepcionarte. Mi vida entera ha sido cumplir expectativas, estoy acostumbrado a cubrirlas o sufrir las consecuencias, aunque… ¿sabes? No es por presumir, pero jamás he defraudado a nadie —sonó casi bromista de ese modo. Sus ojos oscuros eran difíciles de distinguir entre las sombras, pero brillaron brevemente—. Supongo que eso, caerte bien, es un halago, lo voy a tomar como tal, para sentirme más tranquilo. Descansa Abigail, mañana nos espera un día largo, pero si salimos al alba, quizá acortemos la ventaja que nos llevan —continuó. Hablar de “trabajo”, si se le podía llamar tal, lo hacía sentir más seguro que seguir compartiendo secretos familiares mutuamente.

Guardó silencio después de eso, pero no cerró los ojos, ni se volteó. Se quedó ahí como obseso, mirándola, o lo que alcanzaba a distinguir, el cabello oscuro, la sábana delineando curvas, la piel morena de los brazos.

¿Ya te dormiste? —preguntó al cabo de unos minutos.


Última edición por Vasiliy Korsakov el Dom Ene 28, 2018 2:27 am, editado 1 vez


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Re: The house of wolves {Vasiliy Korsakov}

Mensaje por Abigail S. Zarkozi el Dom Ene 14, 2018 10:03 am

Jamás me había confesado. Para eso debía creer que había cometido pecados, o debía siquiera creer en el concepto, pero no lo hacía desde hacía muchos años, y la cosa no tenía pinta de que fuera a empezar a cambiar ahora, ¿para qué? La experiencia me había demostrado que lo que otros llamaban pecados eran simplemente los actos que cometías sin que te importaran los estándares de otros, algo que chocaba de plano con la libertad que yo quería, necesitaba, para mí misma; ¿para qué molestarme, entonces...? Y más si siempre tendría las de perder: de entre todas las cosas que mi querido padre me había enseñado, una de las que más recordaba era el hecho de que a él siempre se le perdonaría todo, por ser hombre y humano corriente y moliente, mientras que a mí jamás se me consentiría ni una falta, simplemente por no tener nada colgando entre las piernas y por haber sido mordida por una bestia hacía ya varios años. Así pues, ¿para qué molestarme? Y, sobre todo, ¿para qué admitirlo ante alguien que no me iba a perdonar si ni siquiera creía necesitar perdón? Por todo eso, nunca había pisado un confesionario con las intenciones más puras en mente, y la situación con Vasiliy se me antojaba lo más parecido a eso que experimentaría nunca, ¿no?, porque a fin de cuentas nos estábamos sincerando con el otro, para buscar su perdón o qué sabía yo. Desde luego, por mi parte, no iba a rendirle cuentas a él, mi inferior, pero Vasiliy casi pareció querer disculparse por el hecho de odiarme por ser lo que era; algo, por cierto, en lo que no había tenido poder de decisión alguna, como recordatorio. Aun así, le permití hablar, le permití abrirse, sonreírme y observarme, sin dormirme y con la atención más puesta en él de lo que hasta entonces, debía admitirlo, me había permitido. Si no aprovechaba la ocasión cuando ésta se me ponía en bandeja, en la penumbra y los dos compartiendo cama, ¿cuándo lo haría...?

– No, no estoy dormida. Estaba pensando que jamás te había oído hablar tanto y quería aprovecharlo para recordarme, mañana cuando sea de día y te avergüences de esto, que eres capaz. También pensaba que verte sonreír no está del todo mal, aunque eso se lo debo a esa naturaleza que tanto odias... Y puedo entenderlo. Comprendo tu odio hacia los míos, pero al mismo tiempo hay una parte de mí a la que le molesta que así sea cuando yo, personalmente, no te he hecho nada. En cuanto a lo demás... ¿Quién soy yo, precisamente yo, para pedirte que te olvides de una venganza? Me han crucificado por los rumores de la mía, y no pienso confirmarlos ni desmentirlos, pero sería hipócrita por mi parte desalentarte en eso, y no me siento hipócrita esta noche. ¡Enhorabuena, has realizado un milagro!

Se me debió de notar la sonrisa en la voz porque hasta yo la capté sin dificultad alguna. No era difícil atraparme con ese gesto, aunque pocas veces era sincero, y la diferencia con la situación era que entonces lo estaba siendo, por algún motivo que desconocía, ya que tampoco había mentido al decirle que me caía bien y eso era demasiada honestidad para alguien que elegía la verdad que más le convenía en cada momento, como yo. ¿Qué me estaba pasando...? ¿Me estaba volviendo menos yo con cada instante que transcurría, con cada palabra que intercambiaba con el gélido inquisidor que dependía de mí, no podía ni debía olvidarlo? Algo se me revolvió dentro con la sola idea, quizá el estómago o quizá la parte de mí misma a la que le gustaba cómo era la yo de antes, no la de aquella noche. Como consecuencia, hice lo único que se me ocurrió en aquel momento, y que además era lo que mejor se iba a sentir: esa certeza la tenía desde el primer momento en que lo había visto, creyendo ser tan inalcanzable para mí que había sentido la necesidad de demostrarle que se equivocaba incluso entonces, sin apenas conocerlo. ¿Y qué fue eso que hice, ese comportamiento tan mío que parecía provenir de una persona diferente a la que había estado dialogando con él con calma, casi con paz? Muy sencillo: reducir aún más la distancia que nos separaba hasta que mi piel rozara a la suya, mi aliento contra el suyo, y en la oscuridad de la noche, obligándolo a que me sintiera sin necesidad de verme, ya que tal vez si lo hacía me apartaría. Quizá... Pero quizá no; seguramente no. Vasiliy estaba tan relajado como lo había estado yo, su mirada se había deslizado por mí y mi cuerpo varias veces, creyéndose seguro en la oscuridad reinante, y había decidido darle lo que los dos parecíamos desear: un beso. Y no un beso cualquiera, conmigo nunca lo eran; fue un beso intenso, que empezó despacio y terminó conmigo enredada en él, en sus piernas y en su lengua mientras mis dedos se abrían paso a través de su ropa, aferradas a su pecho.

– Vas bien, Vasiliy. De momento ni me has defraudado ni me has decepcionado, pero creo que sí que deberíamos dormir. Mañana nos espera un largo día.



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Re: The house of wolves {Vasiliy Korsakov}

Mensaje por Vasiliy Korsakov el Dom Ene 28, 2018 2:57 am


Por una vez, después de tantos años, tras el ataque que le arrebató a su madre y la desición de su padre de rendirse ante el Zar, tras el crudo y duro entrenamiento de la inquisición y esa adopción a la fuerza de la cultura occidental, Vasiliy se sintió en paz. Y quizá fue demasiado consciente de ello, porque ese estado no tardó en verse interrumpido.

Rio un poco, y aunque se sintió invadido por Abigail que confesó haber visto su sonrisa aún en la oscuridad, todo le causó gracia. Debía darle la razón, ella en específico no le había hecho nada, e incluso, para usos de la misión, podía dejar de lado el odio infundado por otro licántropo hace tantos años, uno que quizá murió de frío en la tundra, o quién sabe qué habrá sido de él. Incluso creyó que no eran tan diferentes, no después de haber escuchado parte de su historia, tampoco pretendía que ahora la conocía por completo, Abigail se le figuraba una de esas personas que jamás terminas de conocer, y ese era parte de su encanto.

Fue a decir algo más, sin embargo, todo sucedió demasiado rápido. La sintió más cerca, demasiado, más de lo que era prudente, y cuando quiso quejarse, los labios ajenos ya se habían apoderado de los propios, peor aún, se miró a sí mismo correspondiendo aquello, sin siquiera cuestionarse nada, como si no tuviera otra opción, sólo esa, besarla de regreso. ¿Qué demonios hacía? ¿Qué demonios pasaba? En lugar de alejarla, la tomó de los antebrazos para acercarla aún más, cuerpo contra cuerpo, y si ella se enredó en él, fue porque él se lo permitió, porque dejó que aquellas largas piernas dominaran a las suyas, y los dedos ajenos lo recorrieran por debajo de la ropa.

Odió que rompiera el contacto, y se odió por tener ese pensamiento. Dio una bocanada de aire, no supo qué hacer. Era un guerrero excelente, un rastreador infalible, un soldado impecable, pero era un completo idiota cuando de ese tipo de cosas se trataba, ¡a su edad!

Claro —dijo muy quedo, afectado todavía y sin pensarlo dos veces, se giró, para volver a darle la espalda. No se alejó, no quería arriesgarse a que volviera a tocarlo para acercarlo y llevarlo al centro de la cama. Se quedó muy quieto, pensando en lo mal que estaba todo aquello. En lo erróneo que era. Cerró los ojos, y pensó que quizá sólo se había tratado de algo del momento, por haber estado hablando de sus vidas, en la oscuridad.

No fue hasta bien entrada la madrugada, que logró dormir.

***

Aunque logró conciliar el sueño sólo hasta que la fría luz de la mañana se coló por la única ventana, se puso de pie muy temprano para comenzar a alistarse. Miró a Abigail un momento, sacudió la cabeza y fue directo al baño. Lo que había sucedido esa noche, había sido algo sin importancia, se dijo mientras se miraba al espejo al lavarse la cara. Cuando regresó, ella ya estaba despierta también. Trató de no mirarla, la piel bronceada, el cabello oscuro, la figura perfecta. No debía mirarla, si quería cumplir con esta empresa cabalmente.

Será mejor que reanudemos la marcha cuanto antes —dijo como si se tratara del Vasiliy del día anterior, antes de la conversación en la cama y el beso. Ese Vasiliy frío y recto, que parecía tan falto de emociones que era inverosímil—. Si nos apresuramos, podríamos llegar a Hamburgo a buena hora, sin cansar a los caballos —continuó hablando, desapasionado, mientras acomodaba sus cosas para partir cuanto antes. Tragó saliva, para alguien que no había sido criado bajo los preceptos de la culpa católica, estaba sintiendo demasiada en ese momento, ¿y si él había provocado todo? No debía permitirse otra debilidad de esa índole.

Y aún así, cuando se dijo todo, se atrevió a levantar la vista para verla. Dios, era casi como si hubiera olvidado lo hermosa que era en ese afán de no ser tentado, pero ahí estaba, delineada por la luz de la mañana.


Última edición por Vasiliy Korsakov el Jue Abr 12, 2018 8:15 pm, editado 1 vez


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Re: The house of wolves {Vasiliy Korsakov}

Mensaje por Abigail S. Zarkozi el Dom Feb 11, 2018 3:41 pm

Aunque su reacción había decepcionado a una parte de mí, la que se había percatado al momento de que él había despertado de su eterno letargo con mi maldito beso, había otra parte que tenía muy claro que, en cuanto dejara de forzarlo, volvería a su auténtico ser; esa parte, además, se sentía satisfecha por tener razón, así que la decepción era, en todo caso, muy minoritaria, apenas digna de mencionarse. Es más, ni siquiera me impidió conciliar el sueño rápidamente, puesto que la experiencia que tenía de todos los años dormitando entre las distintas torturas que se le ocurrían a Gregory para mi hermano y para mí me había regalado la capacidad de poder dormirme en cualquier condición. Eso tenía, sin embargo, su lado malo: al estar a merced de una bestia como mi amadísimo progenitor, también había desarrollado un sueño muy ligero, que se veía interrumpido con estímulos muy ligeros, demasiado teniendo en cuenta mis sentidos aumentados por la licantropía. Así pues, aunque descansé (afirmar lo contrario era mentir, y a mí misma yo jamás me contaba mentiras...), me desperté en cuanto él se marchó de la cama, con la actitud avergonzada de un amante lleno de remordimientos y que sabe que ha cometido un error. Ah, si tan solo me hubiera me hubiera dado la oportunidad de terminar lo que había empezado, entonces sí tendría motivos para arrepentirse por haber tenido una noche completamente inapropiada conmigo, pero había decidido volver a como estábamos antes de ese infame beso, y yo decidí hacer lo propio... volviendo a ser la Abigail desvergonzada de siempre, claro, ¿cuál si no? Ante su vista, que sentí clavada en mí pese a que se resistiera a mirarme, me estiré y permití que las sábanas y mis propias ropas se me resbalaran, dejando a la vista toda la piel posible para que él se diera un banquete mientras remoloneaba un momento y, después, me levantaba.

– Claro, no vaya a ser que los caballos, reemplazables, se cansen... Te dije ayer que te necesitaba despierto, rastreador, y eso implica tu mente. No nos sirve de nada que me empieces a repetir cosas evidentes como si fueras un loro y ya está, no estoy tan dormida para no recordarlo. Anda, ve preparando lo que necesites, estaré lista en diez minutos.

Intenté controlarme, de verdad que sí, pero siempre era superior a mis fuerzas y a las ganas reales que tenía de portarme bien, y esa vez no fue una excepción: desde mi tono, juguetón, hasta el roce que le robé a sus labios cuando pasé por su lado, pasando por el hecho nada accidental de apartarlo con la cadera al dirigirme hacia una zona más apartado, Vasiliy tuvo que enfrentarse a mí en plena luz del día, sin la noche para ocultar su rubor ni, tampoco, sus respuestas... mucho más interesantes, ¡dónde va a parar! Pese a su apariencia estoica, había sido tan receptivo que me había llegado a sorprender, e incluso cuando me había acercado a traición, no tenía problemas en admitir que así había sido, había reaccionado de una forma que dejaba la puerta abierta a muchas posibilidades interesantes. Sin embargo, no teníamos tiempo de pensar en eso, así que me di prisa en asearme un poco, vestirme y recoger mis cosas para que Vasiliy no tuviera nada que echarme en cara al respecto. Imaginaba que, con la paciencia que solía caracterizarlo, ni siquiera le había parecido una espera demasiado larga, pero ¿quién sabía lo que pensaba cuando ni siquiera estaba segura de que era el mismo hombre con el que había compartido la cama...? No podía saberlo, apenas lo conocía aunque hubiera empezado a dar pasos en la dirección correcta, y la verdad era que tenía cosas mejores en las que pensar, así que cuando estuve lista le hice un gesto que él, pronto y bien mandado, obedeció para que pudiéramos salir de la posada en dirección a los caballos en los que, después, nos montamos. Todo dependía ahora de él, ya que yo era incapaz de seguir el rastro demasiado disperso de los licántropos, así que me imaginaba que sería la parte más aburrida de la misión, y como una parte de mí se negaba a limitarme a no hacer nada y obedecer, decidí hablar, en vista de que él no requería ya de su total concentración.

– ¿Has estado alguna vez en Hamburgo? Sé que eres de una parte diferente del continente que yo, y también que si has llegado hasta Francia has tenido que viajar por mucho de Europa, pero no sé por dónde viniste. Lo cierto es que toda esa zona yo no la domino del todo, no he viajado lo suficiente hacia allí, así que esa es otra responsabilidad más que tienes en esta misión. ¿No te encanta tenerme como una doncella a la que tienes que rescatar y ayudar...?



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Re: The house of wolves {Vasiliy Korsakov}

Mensaje por Vasiliy Korsakov el Jue Abr 12, 2018 9:05 pm


Estuvo listo en minutos y a pesar las obvias transgresiones de Abigail hacia su persona, contuvo todo lo que sentía, era un maestro para eso, pero esta vez fue porque ni él mismo sabía qué era lo que pasaba por su cabeza. Solía decirse en su fuero interno que era importante conocerse a uno mismo, y había trabajado duro en ello, incluso antes de la llegada a Occidente; no saber ahora lo que sucedía lo desesperaba, aunque su usual estoicismo no lo diera a entender así. De ese modo, la siguió —la obedeció—, montó a caballo, esos que su jefa, pues eso era en términos simples, dijo que eran prescindibles. Aunque nunca lo dudó, le quedaba cada vez más claro que disfrutaba con torturarlo, de lo que sí se dio cuenta era que resultaba muy fácil de torturar de ese modo.

Cabalgaron hombro con hombro, si acaso él ligeramente al frente, porque era el rastreador, a eso había ido. Y a eso se iba a limitar, se dijo. Pero, como era siempre, Abigail pareció no poder ponerse en paz y comenzó a hablar; la soslayó con ese gesto inescrutable que sólo abandonó la noche anterior. Asintió, sin embargo, tardó un poco más en abrir la boca.

Mi viaje fue paulatino —dijo al fin—, no fui a París directo de Siberia. Primero estuvo San Petersburgo, pero bajé por el Báltico: Tallin, Riga, Vilna, más tarde Varsovia, Munich y Frankfurt, finalmente París, no toqué la parte norte del Sacro Imperio —explicó y se detuvo de pronto, haciendo que su caballo se levantara un poco ante la repentina pausa. Giró el rostro para ver a Abigail, tarde o temprano debía hacerlo, no podía seguir viajando con ella sin posar sus ojos en su figura, aunque ahora le pareciera el pecado hecho mujer… y sólo había sido un beso, y no era católico aunque estuviera en la Inquisición, y se dijo hasta el hartazgo que había sido circunstancial; aun así, parecía que la imagen de ella le quemaba los ojos y el pecho.

Creí que habrías viajado más, conocido todos los sitios bajo el dominio de los Estados Pontificios —le dijo, pero era obvio que eso no era lo que lo había detenido—. ¿Ves eso? —Entonces señaló una parte adyacente al camino con el pasto apelmazado—. No puedo asegurarte que fueron ellos, pero sin duda una buena cantidad de caballos y personas pasaron por aquí no hace mucho. La hierba está amarillenta, lo que quiere decir que posiblemente tenga así unos tres o cuatro días, exagerando. —Se bajó del caballo y se agachó ahí donde había señalado, lo palpó con la mano extendida.

Algo no me gusta en todo esto. Deberían llevarnos más ventaja. —Alzó el rostro para verla—. Sugiero cambiar el rumbo, o detenernos. Si están haciendo tantas paradas, es probable que… —No terminó la frase, se puso de pie y colocó la mano sobre sus ojos para taparse el sol y mirar más allá. A lo lejos vio una columna de humo.

Eso. Si se están deteniendo es que están haciendo campamentos bastante seguido, o llegando a poblados pequeños para crear caos, lo vi con mis ojos, es el estilo de esta manada en particular. Esa columna de humo hacia el Norte puede ser de cualquiera de las dos opciones. ¿Quieres ir a averiguar? —propuso y se acercó a ella. La miró muy sereno.

Abigail —musitó—, debemos concentrarnos, lo de ayer… —¿En serio creyó que ese era el momento para hablar de eso? Definitivamente le faltaban habilidades en ese ámbito—. No quiero que interfiera, mi récord es impecable, tú lo sabes, pero… pero eres una distracción muy poderosa. —Buscó palabras sin darse cuenta que sonaron aún peor de lo que pretendía. Apretó los puños y después de no poder mirarla, ahora parecía no poder despegar los ojos rasgados y oscuros de ella. Se dio cuenta que, sí, eran parecido, pero también diferentes y ello debía pesar más, quiso que pesara más, deseó que fuera insalvable para no tener que seguir buscando pretextos.

Exacto. ¿Pretextos a qué, exactamente? Sacudió la cabeza y su expresión era diferente, no lo hizo a propósito, simplemente reflejó por una vez cómo se sentía realmente: confundido y desvalido. ¿Acaso le estaba pidiendo ayuda? Era eso, o le estaba rogando que terminara de matarlo, pues morir en las fauces de un lobo, como su madre, le pareció en ese instante la única manera correcta de dejar de existir.


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Re: The house of wolves {Vasiliy Korsakov}

Mensaje por Abigail S. Zarkozi el Dom Jun 17, 2018 9:16 am

Por un momento llegué a creer que la única que no podía mantenerse callada tanto tiempo era yo, puesto que por muy intensa que hubiera sido la otra noche (poco teniendo en cuenta mi historial; demasiado, aparentemente, para él; si nos la repartíamos entre los dos salía como resultado algo más interesante de lo que había sido en realidad), Vasiliy parecía haberse apagado rapidísimo, demasiado incluso. De no contar con una memoria buena, no prodigiosa pero sí cercana a estarlo, me habría preguntado si realmente lo había llegado a probar o si había sido un suelo mío; por fortuna, sabía que él se había quedado con un buen recuerdo de mí, y eso hizo más amena la espera mientras aguardaba a que él se decidiera a hablar. Terminó por hacerlo, al final, y yo casi suspiré de alivio, de no ser por su tono hacia el final, una vez terminó de informarme acerca de la manada en el tono más académico y aburrido posible; ese tono consiguió que se ganara una mirada incrédula por mi parte, la reacción inevitable por parte de cualquiera a la que se le llamara distracción... Porque podíamos estar los dos de acuerdo en que a veces lo era, pero ¿acaso me había excedido lo más mínimo desde que los dos habíamos abandonado la posada y nos habíamos dirigido en la búsqueda de la manada que era nuestra misión? Misión, por cierto, a la que le había conseguido quitar toda la parte emocionante al catalogarla como un simple trámite que teníamos que realizar y ya estaba: Korsakov tenía el serio problema de que parecía estar muerto por dentro y lo pagaba con quienes no lo estábamos, y a punto estuve de decírselo con mi tono menos amable dentro del amplio abanico de farsas cordialidades que como mujer debía manejar. Si no lo hice fue porque, ya hacia el final, había terminado por acercárseme y había puesto cara de animal apaleado que busca algo de lástima por parte de su dueño o de cualquiera que pudiera dársela; de lo contrario, ay, lo habría lamentado...

– Si lo que quieres es que me porte bien, tranquilo. Sigo siendo una mujer, Vasiliy, tengo menos problemas a la hora de controlarme que vosotros los hombres, y eso que pareces estar haciendo un esfuerzo consciente por ofenderme un poquito más con cada cosa que sale de esa boca tuya. No, no he viajado tanto como creías, ¿cómo hacerlo si me pasé unos cuantos años de mi vida prisionera en mi propia casa? ¿O es que no has oído las historias? Muchas de ellas son ciertas. Pero, bueno, eso te lo dejaré como tarea para cuando volvamos, por el momento debemos centrarnos en la manada. Teniéndola allí delante, no seguirlos me parece una pérdida de tiempo, así que adelante.

Pese a que él se hubiera convertido en el rastreador del grupo, al encontrarse el aroma demasiado difuminado para que mi olfato pudiera captarlo, mi voz fue una auténtica orden, y como tal debía tomársela. Tal vez uno de mis sentidos se hubiera visto truncado, pero la maldición había supuesto que el resto también se intensificaran, y la columna de humo que él había visto de lejos yo la captaba clarísima una vez me fijaba en esa dirección, así que parecía la decisión correcta acercarnos. De todas maneras, por si acaso, me aseguré de que seguía tan armada hasta los dientes como siempre, por si nos tocaba enfrentarnos a ellos, y sólo cuando lo hube comprobado decidí agarrar las riendas de mi caballo y separarlo del de Vasiliy para, así, seguir la marcha. No necesitaba que él me indicara ya, cuando el objetivo estaba a mi vista; pese a la distancia, podía apañarme bien sola, que era como mejor funcionaba pese a que la Inquisición raramente me permitiera realizar las misiones conmigo misma como única compañía, y por un momento me permití fantasear con que no tenía a nadie cerca, mucho menos a él... Sin embargo, el momento pasó en cuanto él se puso a mi lado y yo recordé que le había elegido por sus talentos como rastreador, que aún podrían serme útiles. No me quedó más remedio que obligarme a tragar la molestia que él me había hecho sentir por sus palabras poquísimo atinadas, y eso requirió de tanta concentración por mi parte que no llegué a hablar de nuevo, lo cual debió de sorprenderle sobremanera al hombre que debía de pensarse que no me callaba ni debajo del agua. La verdad es que ni siquiera lo miré para comprobarlo, y simplemente continué avanzando hasta que la columna de humo se fue haciendo cada vez más grande, a medida que nos aproximábamos, hasta un punto en el que consideré que estábamos a una distancia razonable para decidir el siguiente paso a dar sin que fuéramos captados ni atrapados. Eso no me apetecía lo más mínimo.

– Bien, ¿y ahora qué sugieres? ¿Ves algo que te permita hacerte a la idea de sus intenciones, de sus objetivos, de su número, cualquier cosa? Recuérdame por qué te he traído, Korsakov, haz que merezca la pena que estés aquí conmigo.



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