Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Dame una señal (Narcisse Capet)

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Dame una señal (Narcisse Capet)

Mensaje por Chantelle Reuven el Lun Mar 20, 2017 9:48 am

-Dios mío, yo siempre te he servido –Chantelle Reuven susurraba sus oraciones arrodillada ante el altar.

La misa matutina había terminado ya y aunque ella no lo notaba, pues estaba concentrada solo en sus oraciones, el resto de los feligreses había ido abandonando poco a poco Notre Dame. Ella, en cambio, se había tomado unos minutos para encender algunas velas. La mirada de Nuestro Señor la llamó desde el altar y cuando ella alzó los ojos y encontró los de Él, tan misericordiosos… no pudo evitar caer de rodillas ante su imagen.

Chantelle tenía un aguijón clavado en el alma. Servía a Dios porque había hecho una promesa hacía mucho, muchísimo tiempo –toda una vida atrás cuando solo era una adolescente llena de miedos- y por eso, por servirle a Él, había resignado muchas otras cosas. Una pregunta daba vueltas en su mente, bailaba en su corazón que solo sentía culpa, ¿cuanto tiempo dura una promesa? ¿Cuándo se consideraba ya cumplido un pacto como el que ella había hecho con el Creador?
Quería una vida tranquila, quería ser la mujer que nunca había podido ser, quería cuidar de sus dos hijos… Pero tenía que ser la espía que siempre había sido, debía seguir con su misión como fiel servidora de la causa de la Santa Inquisición.


-¿Te he servido ya lo suficiente? ¿Te he entregado ya a todos los herejes que esperabas recibir de mí? Házmelo saber, Dios mío. Muéstramelo –le rogaba con las manos entrelazadas y pegadas a su pecho.

No podía hablarlo con nadie más que Él y debía confiar en que le diera alguna señal, en que de alguna forma le mostrara cual era su decisión. ¿A quién podría confesarle sus dudas y deseos? Tenía amigos dentro de la organización, pero ni en ellos podía confiar y eso era algo que su vida al servicio de Cristo le había enseñado: a sospechar de todos.


-Dame una señal, Señor mío. Solo una señal y yo entenderé si aún te soy útil o si ya puedo retirarme a vivir una vida más tranquila, sabiendo que te he ofrendado los mejores años de mi vida.

Pasó unos minutos más, a la espera de sentir una paz que nunca llegó. Chantelle secó sus lágrimas e intentó componer su gesto antes de ponerse en pie.
Salió con paso apurado y el golpeteo de sus zapatos retumbó en el santo recinto. Cuando estuvo fuera deslizó su mantilla negra de manera delicada para volver a descubrir su cabeza y el viento frío rozó la piel de su rostro.
Su cochero la aguardaba en la puerta para acompañarla hasta el carro de la familia, en cuanto él se le acercó ella se prendió de su brazo y suspiró. Antes de comenzar a andar, Daniel le dijo:


-Señora, un chiquillo me ha dejado esta nota para usted.

Chantelle lo miró, buscando que le dijese algo más, pero el hombre negó con la cabeza haciéndole saber que eso era todo lo que sabía. Se apuró a abrir el sobre –algo arrugado- y leyó:

Tengo información importante. La espero aquí al anochecer

No sabía quién era –ninguno de sus habituales informantes haría algo así-, hasta podía creer que se trataba de una trampa. Pero lo mismo daba porque, más rápido de lo que ella esperaba, Dios le había dado la señal que ella tanto le había pedido.




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Re: Dame una señal (Narcisse Capet)

Mensaje por Narcisse Capet el Miér Mayo 24, 2017 2:43 pm

Leía un expediente con recato y detenimiento, era algo extenso, contaba con muchos temas diversos, cosa que no era nada malo, sin embargo muchos detalles se encontraban remarcados y nada podía pasar por alto.

Narcisse se conocía cada uno de los expedientes que estaban en su oficina, en otras y en la biblioteca de la iglesia o el vaticano. Muchos de ellos no los sabía de memoria, pero tenía archivos que detallaban de que trataban cada uno. Todo por orden alfabético. Para tener el control inminente y saber los puntos débiles de cada soldado, dentro y fuera de la organización, debía leer sobre ellos.

Chantelle, ella era la del presente; la del ahora.

Podía reconocer a una mujer maltratada en su interior. Lo sabía porque ella también lo había sido, lo había estado, y lo seguía estando. Lo que no entendía era el porqué de sus manías y su rendimiento. Fue por eso que leyó y leyó. Se aventuró a una vida ajena que le fascinó. El sufrimiento ajeno siempre minimizaba el propio. Si se comparaba, por supuesto.

Después de unas 10 hojas la cosa fue cambiando. Narcisse sacó un pedazo de pergamino, su pluma de tinta y el tintero, así que fue tomando anotaciones. La joven tenía hijos, dos, además el padre de los niños murió de forma sospechosa y repentina. Frunció el ceño un momento antes de seguir leyendo. Una historia rara, trágica, pero nada fue de lo común. ¿O sí?

Narcisse quiso saber más, aunque parte de su lectura le ayudó a hilar cabos. Supo entonces que algo en su hija pequeña era distinto de lo normal. Leyó un poco más y terminó por comprender porque tanta su fe. No le gustaba la gente que creía demasiado, aunque muchas de ellas le sorprendieran. Sin mucho que pensar mandó una misiva, citó y se dirigió al lugar.

A la mayor de las hermanas Capet le gustaba el aire libre, los espacios naturales, y la soledad. No gustaba de lugares concurridos porque hasta el menos pensado podía escuchar las conversaciones y usarlo en tu contra. Así que la reunión en un pequeño jardín detrás de la Catedral de la ciudad. Nadie nunca la transitaba porque ella tenía gente custodiándola, así que dio la indicación que solo a la pelirroja la dejara pasar.

La líder de los bibliotecarios se recostó en un camastro y disfrutó de un vaso de agua. Observó las estrellas y la luna. Todo parecía en orden, todo se encontraba en calma. La vida no era mala para ella, pero tampoco era la que deseaba. Si tan sólo sus padres no hubieran muerto de esa forma, quizá sólo de ella manera sería completamente feliz. La presencia de su hermana no le era demasiado grata, mucho menos su existencia. Su insufrible hermana menor no le aportaba nada, la quiso ayudar y sólo obtuvo desprecio. ¿De qué se trataba la existencia entonces?

Espero, porque eso debía hacer, esperar a que el destino uniera esas vidas y concluyera expedientes a medias.


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Re: Dame una señal (Narcisse Capet)

Mensaje por Chantelle Reuven el Miér Jun 14, 2017 1:25 pm

No sabía con qué se encontraría. Segura estaba de que no la había citado allí uno de sus habituales informantes, pues tenían otras formas de contactarla mucho más sutiles y seguras… ¿Qué debía esperar de aquel encuentro entonces?
¿Una nueva misión? No creía que sus superiores fuesen a arriesgarse reuniéndose con ella en el corazón de la ciudad, pero con ellos nunca se sabía, a veces tenían las formas más extrañas y Chantelle ya no intentaba comprenderles, todo le daba igual pues estaba cansada de la vida que llevaba y no le convenía cuestionar más cosas, no tenía sentido.
¿Enemigos que volvían a ella buscando venganza? Podría ser, sí. En todos esos años se había hecho de algunos enemigos, entre ellos algunos condenados que ahora trabajaban como soldados de la Santa Orden, pero que no habían olvidado su rostro y que sabían bien que habían sido capturados gracias a ella.

Iba armada al encuentro, por supuesto que sí, pues todo podía esperarse. Si hubiera podido elegir, tal vez hubiera optado por no acudir, por fingir que nunca había sido convocada… pero no tenía opción de elección. Si cabía la posibilidad de que Dios la necesitase para llevar a cabo una misión, Chantelle no podía mirar hacia otro lado.

Llegó al lugar a la hora señalada. Se adentró en la catedral sin saber bien qué esperar del encuentro ni a quien debía buscar. Había algunos fieles rezando sus rosarios, el sector de confesionarios también estaba activo.

Un hombre se acercó a ella –demasiado tal vez- y sin mediar palabra apoyó su palma en la espalda baja de Chantelle para guiarla por el costado de la edificación hacia un sitio en el que ella nunca había estado.
Suspiró, casi sonrió también, al identificar en él y en sus modos las claras formas de la inquisición. Comenzó a ver, entonces, que en instantes estaría delante de alguien importante para la organización, un superior.

Ingresaron al jardín trasero y el hombre la dejó frente a otra mujer. Nunca la había visto, era evidente que se trataba de alguien importante, pero Chantelle no la reconocía. ¿Qué quería de ella? ¿Por qué la habría citado?


“Porque es una señal de Dios”, se dijo, mientras se inclinaba levemente a modo de cordial saludo.

-Buenas… noches –dudó, pues aunque eran las últimas horas de la tarde, el cielo ya estaba oscuro sobre su cabeza. Estaban en ese momento del día en el que resulta difícil saber cómo se debe saludar, pero un buenas tardes o un buenas noches lo mismo daba-. Usted me dirá el por qué de este encuentro. –Sí, estaba ansiosa.




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Re: Dame una señal (Narcisse Capet)

Mensaje por Narcisse Capet el Sáb Jun 24, 2017 10:31 am

Su vida tenía muchos antes y después de varias situaciones. El primero fue tras la muerte de sus padres, la dulce niña amorosa tuvo que desaparecer para poder tomar responsabilidades que no le correspondían. No sabía nada de administración, sin embargo tuvo que asumir esos conocimientos para poder manejar correctamente sus riquezas, sin ayuda de alguien que les estafara más de lo que les retribuía; otro punto importante de choque en su ser fue la muerte de su marido, siendo ella la autora intelectual, se dio cuenta que en ese mundo y en esa realidad, no existiría nada ni nadie que la detuviera en sus propósitos, y por eso, mucha más secretos fueron escondidos bajo su almohada, la inquisición empezó a valorarla, protegerla y enriquecerla. El tercer quiebre de su vida vino con la muerte de su sobrino, aunque la vida de su hermana poco le parecía importar, aquella criatura inocente no debió pagar platos rotos, por eso y más se iba a vengar.

Narcisse había sido engañada por mucho tiempo por la iglesia, creyó que ellos eran sus aliados y aunque sabía de las traiciones dentro de la institución, tontamente creyó que con ella no ocurrían. Al final de cuentas lo descubrió, el engaño era uno de los puntos que a Narcisse más le enfadaban, porque subestimaban todo lo que era. Es por es que tomó otra postura, estudió con recelo los expedientes de cada inquisidor, poco a poco fue abriendo los ojos de algunos, les ayudó a descubrir la verdad, de enterrar sus tormentos y dolores, de poder tomar venganza contra quien correspondía realmente.

Fue así como llegó a esa mujer pelirroja. Leyendo al detalle todo aquello que escondía entre líneas su historial, descifrando oraciones que creían podían enterrar pero que nunca se lograría; la observó aproximarse, parecía intranquila, sin embargo eso no restaba su naturalidad a la hora de pararse en modo de defensa. Inteligente, sin duda, en cualquier momento el golpe letal podría aparecer para destrozarlas.

- Mucho gusto, Chantelle. – Aunque siempre mostraba sus manías soberbias al hablar con un inferior, lo cierto es que como seres humanos nunca los menospreciaba. – He leído mucho sobre usted, su presente y su pasado, eso me hace una idea de lo que podría pasar en su futuro – Sonrió con ligereza, no intentó ser brusca para hablar. Narcisse sabía que existían palabras que podían crear bloques de hielo que impedían llegar a ciertas metas.

- Cuéntame, que esperas de esta noche. – Hizo una ligera pausa para que ella pudiera comprender a lo que se refería. – Si desea podemos presentarnos un poco más, entrar en calor y en confianza – Negó – No te preocupes por las interrupciones, mucho menos por quienes pueden llegar a escuchar, esta área es mía, sólo mía, y gente de mi confianza la vigila. Así que estamos seguras. Me aseguré que nadie supiera nos encontramos aquí, ellos creen que estás en casa – Se encogió de hombros, a la mayor de las hermanas Capet no se le escapaba ningún solo detalle. No sólo para proteger la vida ajena, sino para protegerse. Narcisse se propuso no llegar a la muerte sin conocer el verdadero rostro del asesino de sus padres, y claro, culminar su venganza.

Hizo una pequeña seña para que la siguiera y se adentraron un poco más, en aquella zona había comida más atrayente y bebidas frescas que aminorarían la noche. Si, también líquidos embriagantes.

- No llevamos alimento alguno, así que podemos cenar mientras conversamos. - La invitó con una sonrisa.


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Re: Dame una señal (Narcisse Capet)

Mensaje por Chantelle Reuven el Vie Ago 11, 2017 12:18 am

Sí que estaba sorprendida al haber sido convocada para aquella inesperada reunión y que sea, además, con alguien que poseía un alto rango dentro de la organización la desorientaba aún más, pese a que probablemente debería sentirse halagada. Ella debía de notarlo, pues la actitud de Chantelle era más que clara: notoria. Cuánto más cuando la mujer le refirió que había estudiado sobre ella, de seguro había leído su hoja de vida, su legajo, pero ¿por qué?

“¿Para qué?”, se preguntó a sí misma, intuyendo que podía tratarse de una misión realmente importante.

Se contuvo de preguntarle qué creía ella que ocurriría en su futuro. No tenía sentido hacerlo, tal vez más adelante en la conversación la mujer le hiciese alguna referencia al respecto.


-En realidad no sabía qué esperar –le respondió sin rodeos, franca como sabía ser-. Creía que me encontraría con algún informante, algún chiquillo deseoso de venderme información sobre algún brujo a cambio de unas monedas. Sí que esto ha sido sorpresivo, pero yo siempre estoy lista para lo que sea, una reunión con un informante o con una superior, yo siempre estoy preparada para lo que surja –le aseguró, pues cierto era.

La vida no había sido benévola con Chantelle Reuven, tal vez fuese por eso que siempre estaba a la defensiva, como si temiese siempre que algo malo le sobreviniese. No podía confiarse entonces, quería oír lo que la mujer tuviese para decir, estaba realmente intrigada, pero había algo –quizás ese pasado tormentoso que le había tocado transitar con toda la dignidad que le fuese posible- que no le permitía estar cien por ciento relajada en presencia de su superior.


-Sí, hablemos si lo desea –le dijo y la siguió hasta los interiores-. Y realmente me parece una gran idea la de cenar.

El lugar era algo gris, pero tenía el estilo de todas las construcciones santas y más, como si su constructor hubiese puesto especial esmero en aquella zona de Notre Dame, pese a que no se hallaba permitido su ingreso a cualquiera.

La mujer le aseguró que estaban solas, que el área era suya y que sus hombres la vigilaban para que no hubiese fugas de información. Bien, eso era de vital importancia. Mas Chantelle no podía dejar de pensar en qué era eso muy bueno –o realmente malo- que había hecho para haber llamado la atención de aquella mujer. Estaba inquieta, necesitaba conocer el motivo central de aquella imprevista reunión. Solo deseaba que no tuviese que ver con sus hijos, que la organización descubriese que sus mellizos -Kaleth y Lucille- eran en verdad cambiantes había sido por años su temor más latente.




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Re: Dame una señal (Narcisse Capet)

Mensaje por Narcisse Capet el Lun Oct 09, 2017 6:47 pm

Narcisse no tenía un motivo claro del porqué estaba ayudando a esa mujer. Quizá solo la movía la vengüenza, las ganas de destrozar a aquellos que le vieron la cara de tonta y creyeron que la podían subestimar. Así se sentía ante Inquisición, como un titere como el resto, al que habían engañado con riquezas y pseudo poder. Debía vengarse, haría de los mayores aliados para derrocarlos y no dejarse pisotear con alguien más. La mejor forma de sumar apoyo, era diciendo la verdad.

Por un breve momento, siguieron caminando, hasta estar ya por tomar asiento en la pequeña mesa improvisada. A Narssice eso le gustaba, tener privacidad y encima un ambiente privado y tetrico, eso ayuntaba a la gente miedosa y de pensamiento débil, por lo que era más díficil que escucharan su conversación.

Un cocinero de la entera confianza de la Inquisidora apareció, llevando varios cortes frente a ellas. Narcisse era amante de la carne, así que escogió el más juzgoso que había, claro, todos lo eran, pero a su preferencia ese era el mejor. Sonriente, esperó a que su acompañante hiciera también su elección.

- Primero que nada quiero que sepas sé eres una de las mejores que tenemos en nuestras líneas, no sólo lo dicen los superiores, también tus compañeros de facción, ellos importan más en opinión que los demás – Sonrió. Narcisse reconocía lo importante que era la voz de las multitudes más que del resto, quienes convivían contigo tienen más juicio de valor que los que se dejan llevar por números – Sin embargo no existe mucho por los pasillos, sobre tu historia, así que quisiera me compartieras un poco del porqué estás aquí – La miró a los ojos antes de beber unos tragos de agua. – Tu carpeta se encuentra en una zona confidencial, y quisiera me comentaras a qué crees que se deba. Últimamente estoy encontrando detalles que no me parecen coherentes, y si te interesa, podría revelarte información que puede ser de importancia para ti, sólo debes de decirme primero, lo que ocurrió. ¿Qué te trajo a la Inquisición?- Guardó silencio.

Narcisse no podía simplemente revelar información, sin tener algún dato de por medio, por eso esperó a que ella le compartiera algo de su vivencia, necesitaba saber si hacía bien al revelarle detalles de su pasado, o era mejor simplemente callar y buscar alguna mentira piadosa para decirle sobre el encuentro.  


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Re: Dame una señal (Narcisse Capet)

Mensaje por Chantelle Reuven el Jue Oct 19, 2017 2:48 pm

La siguió, sin saber si estaba ante la oportunidad de su vida en la organización o marchando a su ruina. No entendía las circunstancias, estaba alerta como siempre, como tan bien le habían enseñado. Desconfiar de todos –hasta de su familia-, era una de las bases que debía tener todo espía, solo en Cristo se hallaba la verdad, las personas eran movidas siempre por propios intereses y ni siquiera el Papa estaba exento de eso.

Tenía hambre, por lo que el aroma de la comida la reconfortó, aunque no le hizo perder de vista lo realmente importante. Se sentó a la mesa, sonrió agradecida y se dispuso a comer al ver que la mujer hacía lo mismo, pero en ningún momento bajó la guardia.


-Gracias por esta invitación. Se ve delicioso y huele aún mejor –le dijo y se acomodó la servilleta de tela sobre el regazo-. Oh, ¿ha hablado con mis compañeros? –Eso la descolocó por un momento y, aunque pudiese parecer extraño, también la entristeció pues el único compañero que de verdad le importaba tenía el peor de los conceptos sobre ella. Ellos se habían traicionado mutuamente.

A punto estuvo de decirle que no tenía por qué contarle nada privado, que antes de hablar de ella al menos la mujer debería presentarse y explicar sus intenciones… pero calló a tiempo, sabiendo que no le convenía causar una mala impresión sin importar cuales fuesen las intenciones de ella. ¿Por qué quería saber de ella? ¿Qué sucedía?


-No comprendo, ¿quiere saber de mí? Seré directa, ¿hay algo malo en mí historial? ¿Algo está mal en mi legajo de vida? Desconozco por qué mi archivo está en el área confidencial –le dijo y era cierto-, tal vez sea por mi familia. Los Reuven hemos servido a Dios siempre en las filas de la Santa Inquisición, pero mi padre y mis tíos siempre fueron muy herméticos –le aseguró y comenzó a comer para restar dramatismo a la confesión-, fue por eso que llegué a la Orden. Mandato familiar, es tradición en mi familia que uno de los hijos varones sirva a Cristo en la inquisición, pero mi padre solo tuvo hijas y por eso he sido yo quién siguió la tradición.

¿Qué era lo que le parecía incoherente? ¿Qué había descubierto esa mujer de ella? ¿Acaso esa cena era una trampa? ¡Qué pecado que una carne tan tierna y especiada fuese una trampa! No podía dejar de pensar en sus hijos, miraba a los ojos a la mujer intentando descubrir si había dado con la verdad de todo aquello, si sabía cual era la naturaleza de lo único que Chantelle amaba en verdad en la vida.




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Re: Dame una señal (Narcisse Capet)

Mensaje por Narcisse Capet el Vie Nov 10, 2017 10:01 pm

La líder de facción nunca tuvo un encuentro amistoso, todo se resumía al trabajo o el interés propio, quizá ese momento también rayaba a su beneficio, sin embargo el cansancio la cegaba, el hartazgo la transformaba; el momento de romper cadenas se encontraba frente a sus narices. Ambas inquisidoras mantenían un historial impecable, eso de acuerdo al desempeño, eran respetadas, temidas, odiadas y admiradas, por eso Narcisse se podía ver reflejada en la chica, además, a las dos la Inquisición las había utilizado y defraudado.

No sabía cómo empezar una conversación, por eso resultaba preferible que una persona se desahogara. La inquisidora recordó a sus padres, ellos, a pesar de sus rangos, jamás se creían por encima de los demás moralmente, tenían muy claro que los seres humanos eran iguales ante los ojos de Dios, él trabajo era otra cosa. ¿Por qué a Narcisse le costaba tanto trabajo ser cómo ellos? Detestaba su falta de tacto tanto como sus deseos de pertenecer a algún tipo de círculo social; se detestaba tanto como amaba.

- Nuestras familias, claro, es una tradición ser parte de la Inquisición, es una herencia que no podemos romper aunque seamos mujeres, eso es parte de nuestro gran orgullo también ¿No lo crees? – Sonrió. Narcisse podía notar los hombros rígidos de la chica, sin duda se encontraba a la defensiva; no la culpaba.

Antes de entrar al tema principal, debía lograr que le tuviera confianza, para debelar un secreto tan grande, se necesitaba compartir un poco de empatía y fe a la otra persona, si no, las cosas podrían salir un poco de control. A ninguna de las dos les convenía aquel detalle.

- Debes saber que todos gozados de diferentes archivos en las diferentes facciones; por ejemplo, en la de Bibliotecarios se encuentra la de tus padres, tus abuelos y generaciones anteriores, tanto como la que estás formando, en la de soldados se encuentra tu habilidad para combatir en un campo y así sucesivamente. Yo me encargo de estudiar cada uno de los expedientes de las facciones, debo reconocer que llamaste mi atención, no por tu apellido, tus habilidades son las que sobresalen. – Sonrió un poco antes de beber un poco de vino. – Cómo tu superiora necesito conocer tus aspiraciones, qué deseas hacer después de que tu cuerpo ya no sea lo suficiente para poder combatir, necesito hacer un  expediente y mis recomendaciones, si te sirve, mi palabra es la última – Se encogió de hombros – Podríamos empezar la noche comentando eso, después hablaremos de temas más importantes – Le guiñó el ojo – Pero anda, come un poco mientras platicamos, no deseo que tu cena se enfríe – Suspiró.

Narcisse debía ser cautelosa, no entorpecer el proceso, a veces desear derrocar a alguien no es suficiente, tampoco lo conveniente, a veces tomar el poder podría resultar más interesante, pero la inteligencia siempre debía ir por encima de todo. Si ambas lograban compaginar, probablemente llegarían muy lejos, bien dicen por ahí, dos cabezas piensan mejor que sólo una.


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Re: Dame una señal (Narcisse Capet)

Mensaje por Chantelle Reuven el Jue Ene 11, 2018 6:52 am

Entendía lo que la mujer quería decir, pero si pudiese ser por completo sincera, Chantelle no diría que se sentía orgullosa de pertenecer a la inquisición. Nunca había sentido orgullo, ni siquiera en un juventud, para ella ser parte de la Orden había sido más como un castigo. Un mandato familiar al que había obedecido.

Así que había leído sus expedientes, bien. Chantelle era, por lo general, modesta aunque tampoco iba a negar lo que ya sabían todos: era una excelente espía. Muchas misiones habían llegado a buen puerto gracias a ella y a sus investigaciones, por el tacto y la gracia con la que se hacía de informantes que le susurraban aquí y allá. Había vivido en Roma, pero hacía unos años que ya había regresado a su tierra y nada había cambiado, Chantelle seguía logrando todo lo que se proponía. Aún así, la respuesta que tenía para darle a aquella líder podría llegar a sorprenderlas a ambas, a cualquiera que hubiese leído acerca de Chantelle en verdad:


-Le asombraría saber que mis ambiciones son las de cualquier mujer de mi edad. Solo que no soy como cualquier mujer… Mis hermanas ya tienen nietos, pasan sus tardes en círculos de costura o tocando el piano, yo en cambio no hago más que envidiarles esa tranquilidad en silencio, eso y no dejar de perseguir herejes, de espiar a las bestias, claro. –Segura estaba de que la respuesta había sorprendido a la otra mujer, incluso para ella era fuerte oír aquellas verdades, pero a la vez necesitaba expresarlas, hablar con alguien que sí podría entenderla-. ¿No le ha ocurrido alguna vez? Eso de sentirse en verdad agotada, cansada de la rutina de la Orden y a la vez saber que no se puede parar, que no hay como dejar de servir a Cristo en esta empresa que nos toca llevar.

Dio un bocado, extrañamente se sentía alivianada al haber hablado con tanta franqueza y ahora le encontraba otro sabor –uno más profundo y real- a la comida que se llevaba a la boca.

-Entonces, me pregunta por mis aspiraciones, podría decirle la verdad, que desearía poder ver que le dí a Cristo los mejores años de mi vida, que es momento de vivir una vida tranquila. Pero claro que sé que no es eso lo que espera oír de mí, quizás quiera la respuesta protocolar, la moralmente correcta. Y le diré, entonces, que nada me haría más feliz ni me llenaría tanto como cristiana, que seguir sirviendo a Dios en mi facción, aunque haciendo trabajo de inteligencia, claro, sin salir a espiar yo misma.

La miró mientras se llevaba la copa de vino a los labios, ya no importaba si confiaba o no en aquella mujer, todo se había dado de forma extraña ese día y parecía que por ese camino seguiría la noche. Había sido sincera porque así lo había necesitado, ¿de qué tenía que arrepentirse entonces?

-¿Le ha sucedido? –se atrevió a preguntar-. ¿Alguna vez ha sentido deseos de dejarlo todo y recomenzar?




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Re: Dame una señal (Narcisse Capet)

Mensaje por Narcisse Capet el Dom Mar 18, 2018 3:48 pm

Narcisse suspiró profundamente, tanto, que al momento de ingresar aire a sus pulmones, sintió un profundo dolor a la altura de su pecho. Ambas parecían guardar más secretos de lo que alguna imaginó. Se notaba que algunas de sus acciones e incluso movimientos se encontraban más que estudiados. La práctica hacía el maestro en términos de disciplina, porque las emociones, por más escondidas que se tuvieran, llegaban a alterar los sentidos de cualquiera.

¿Qué si lo he pensado? — Inevitablemente sonrió. En la Santa Inquisición siempre te enseñan de lealtad, constancia, disciplina, fidelidad y trabajo, pero nunca especifican que debes guardar silencio por tu bien en algunas cosas y que nunca se puede parar. Se trabaja con muñecos de madera que tiene funciones manuales y que no importa lo que hay adentro, simplemente las misiones que se deben completar. Se cansaba ¿Para qué mentir? Claro que lo hacia, era muy difícil a veces no llevar 8 horas encima de sueño o una buena porción de alimento; aunque existían las facciones, todos eran soldados, herramientas para seguir dando poder a esa institución que nada tenía de Santa, pero si tenía mucho poder. 




Me he cansado un par de veces y en ocasiones he dejado todo para intentar una nueva vida, aunque creo que es difícil, siempre regresamos, todos, es parte de nosotros, nos criaron para esto — Muy a su pesar, claro, aunque ella era la que impedía su partida.




— Las mujeres de la Orden deseamos normalidad porque no tenemos tranquilidad, más bien nos asignas más responsabilidades, es una tontería, pero es una especie de castigo — Era real, incluso en la Iglesia no daban tratos equitativos e igualitarios entre género.




Estaba hambrienta, aquello que parecía iba a ser un encuentro de simples negocios y alianzas, resultaba se estaba tornando más intimo de lo que ella imaginó. No se quejaba, pero tomando en cuenta su historial, casi nunca realizaba ese tipo de relaciones, mucho menos las conexiones. ¿Acaso era parte de las jugarretas del destino?




— Si lo deseas, puedo hacer una solicitud directa al Papa y te solicito en mi facción. Somos bibliotecarios, pero somos la cabeza de todas las misiones. — Suspiró. Era cierto, todo lo que ocurría en aquella institución corría a manos de ellos. Solamente de ellos, porque ellos planeaban incluso hasta las derrotas que se necesitaban para poder llegar a una meta que se necesitaba del todo. — Solo debes pedirlo. Ser espía a veces es aburrido — Quizá lo decía por su intento fallido. Solo se empezó a reír. 




Narcisse se veía cómoda en aquel encuentro. Cómoda y en su estado natural. 




Ojalá hubiéramos tenido una vida más tranquila, quizá con ella habríamos cumplido algún deseo de amor y fantasía. Todos lo merecen, ¿No lo crees? — Narcisse se había casado, sí, pero ese matrimonio había sido un gran desastre y tragedia que llevó de la mano sangre y más mentiras por parte de la Inquisición, pero esa era otra historia que se debía resolver con el tiempo.


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Re: Dame una señal (Narcisse Capet)

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