Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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The Sands Of Time ~ Privado {+18}

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The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Naitiri Zahir el Miér Mar 22, 2017 11:12 am

Recuerdo del primer mensaje :

El día por fin había llegado y era la hora en que el paréntesis se rompía y debíamos de volver a seguir, o a empezar, con el propósito que nos había llevado hasta allí. Fui hasta mí camarote para cambiarme de ropa cerciorándome de que tenía todo listo y preparado para en terminar de desayunar coger las cosas y partir, salí recorriendo los pasillos por última vez hasta el comedor donde me senté con el vikingo para desayunar de forma tranquila, y una vez terminado volver al camarote y coger las cosas, cuando fui a cubierta él ya estaba allí. Ya se podía empezar a notar el calor que hacía aquel día y en aquellas tierras, siempre hacía calor en Egipto y al menos me alegré de haber traído la ropa adecuada para la ocasión. Dejé que él llevara una de las maletas y antes de bajar del barco me despedí de la familia a la que habíamos salvado la niña y finalmente bajamos para pisar tierras egipcias.

Por un par de segundos cuando mis pies tocaron el suelo, por extraño que pareciera, me quedé quieta sintiendo de nuevo aquella sensación que había sentido cuando volví hacía poco tiempo. “Estoy en casa”, eso fue lo que cruzó mí mente y que me hizo portar una sonrisa en el rostro más animada, nada como estar en casa para sentirte mejor y así era como me sentía en esos momentos. Miré a mí acompañante y le hice un gesto con la cabeza para que me siguiera entre la multitud, debíamos de coger otro barco para poder llegar hasta Guiza aunque este era mucho más pequeño del que habíamos utilizado para llegar hasta allí y que era muy común para navegar por el Nilo.

El vikingo destacaba entre la multitud no solo porque era más alto que la media de los que allí había, sino por su tono de piel algo más pálida, su pelo, sus ojos azules y sobre todo por la ropa que llevaba que destacaba entre las que solían utilizar allí. Llegamos hasta la zona donde estaban los barcos y compré los dos pasajes que nos llevarían hasta Guiza, apenas sería el recorrido de un par de horas y no tardaríamos mucho en llegar, debíamos de navegar por el Nilo ya que el barco no podía hacerlo por las mismas dimensiones de este y porque aquellos barcos eran más prácticos para navegar por el Nilo.



-Seguro que este barco te hace sentir más nostalgia que el otro –apunté sentándome en la popa del barco, el sol brillaba en el cielo y se reflejaba en las aguas del Nilo que seguramente no tardarían dentro de poco en llenarse de cocodrilos y caimanes ya que se iba acercando el bueno tiempo. Este tipo de barco era más similar a los que usaban ellos y de hecho era el que más usábamos nosotros también. La leve brisa era bien recibida para soportar un poco el calor y lo miré durante unos segundos, ¿cuán bien se le daría aguantar el calor?- ¿Estás bien? –Pregunté para ver cómo estaba llevando ese calor y saqué uno de los libros que traía en una de las maletas- hay bebida por si te apetece tomar algo, quizás una cerveza egipcia bien fría te venga bien –le sonreí dejando que decidiera si quería o no  y miré lo que tenía apuntado en el libro durante unos segundos. El escaso par de horas que estuvimos abordo pasaron –por suerte para mí- sin ningún incidente que comentar al respecto, parecía que él estaba bastante cansado y no sabía si era por el calor que hacía aquel día.

Conforme llegábamos a Guiza desde lejos se podían observar las pirámides que se alzaban en lo alto incluso desde esa distancia, pirámides que había ido a verlas cuando era pequeña y que en mí vuelta también había vuelto a ir. Mí madre había estado trabajando también en ellas y cuando era pequeña siempre había querido trabajar como lo hacía ella. Lancé un suspiro observándolas y ya que él no había estado nunca en Egipto, aunque si esperaba que hubiera oído hablar de las pirámides, le conté un poco por encima cuál era cada una y un poco su historia. La esfinge no se veía porque estaba detrás de una de las pirámides y esta la tapaba, así que no le comenté nada al respecto. Por fin llegamos hasta la ciudad de Guiza y le hice una seña para que me siguiera, volver a pisar sus calles, perderme entre su gente, el ambiente del lugar… era como si nunca me hubiera ido de aquel país, de aquella ciudad… sentía bien volver a pisar aquellas calles y caminar por la zona.



-No te pierdas vikingo, aquí dudo que puedan entenderte si te pierdes –le lancé una mirada divertida mientras seguíamos andando. Sabía exactamente dónde iba a llevarlo, al mismo lugar donde me había hospedado yo cuando hice aquel tour por Egipto y paré en aquella ciudad la primera. Era una zona tranquila y alejada, solamente habían familias viviendo allí y muchas de ellas se dedicaban a los mercados callejeros, así que sería el mejor lugar para quedarse que mejor cualquier hotel donde pudiéramos llamar más la atención como turistas. Viviendo en una casa, y yo al ser egipcia, sería más probable que pensaran que estábamos juntos a que pensaran que éramos turistas. No tardamos mucho más de media hora hasta que entramos en aquella zona residencial, allí vivía un amigo de mí madre de hacía mucho tiempo quien fue quien me encontró donde quedarme a mí vuelta y a quien iba a acudir de nuevo. Giré por una de las calles viendo que había niños jugando en ella y les sonreí mientras paraba en una de las puertas que había y tocaba esperando que estuvieran en casa. A los pocos segundos un hombre mayor me abrió la puerta a lo que yo le sonreí- Hawis –él apenas tardó un par de segundos en reconocerme y en saludarme, nos invitó a pasar y miré al vikingo para que estuviera tranquilo.

Hawis había sido compañero de mí padre mientras ella trabaja en las pirámides, me conocía desde pequeña y sabía mi pasión, la misma que la de mi madre. Se extrañó de verme de nuevo por allí y le conté brevemente que venía porque el museo me había mandado, no iba a contarle la razón principal porque eso no debía de saberlo nadie. Le pregunté si seguía teniendo aquella casa que una vez me dejó y si estaba disponible para que pudiéramos quedarnos, por suerte para nosotros estaba libre y no dudó en dejárnosla. Le dije que le pagaría por aquello y aunque dijo que lo hacía como favor por ser hija de Tahirah, yo me negué en rotundo y acordé en pagarle algo… ya había sido bastante generoso en el pasado. Como era de esperar el vikingo no se había enterado de nada porque Hawis no hablaba francés, así que cuando se fue a por la llave le comenté brevemente qué era lo que habíamos hablado, por si acaso pensaba que había dicho algo que no debiera.


-Shukran* Hawis –me despedí de él agradeciéndole y me giré para mirar al vikingo, era algo frustrante no poder llamarlo por su nombre, pero se había empeñado en no decirme nada- Vamos, ya tenemos sitio donde quedarnos –le sonreí y cogí la maleta para salir por la puerta y comenzar a andar calle abajo. La casa que nos había dejado estaba un poco más para abajo, así que apenas tardamos diez minutos en llegar, metí la llave en la cerradura y abrí la puerta pasando dentro y cerrando cuando él entró. Abrí todas las ventanas para que entrara la luz y ventilara el lugar, dejé la maleta en el suelo y lo miré a él- Mejor que cualquier hotel donde podamos llamar más la atención, ¿no crees? Esto es una zona residencial y aquí todos son comerciantes y mercaderes, no creo que encontremos problemas –fui abriendo ventana tras ventana y luego lo miré a él, parecía bastante cansado y llevé mis manos a la cintura- Pareces cansado, vikingo. ¿Estás bien? ¿Es por el calor? –Terminé preguntando porque hacía bastante para la época que estábamos, y se avecinaba más calor- Deberías de darte una ducha, te ayudará con el calor y seguro que hay ropa cómoda en alguna habitación –tampoco quería obligarle, pero parecía que realmente lo necesitaba. Yo misma estaba por darme una ducha y cambiarme de ropa, la humedad, la calima que seguramente se formaría conforme se acercara el calor hacían el ambiente mucho más caluroso- Ve y hazme caso por una vez, mientras veré qué hay para poder hacer la comida y hablaremos del plan a seguir, ¿te parece bien? –Me acerqué hasta él y puse mis manos en su espalda como si intentara moverlo, pero era más fuerte que yo y no conseguí hacerlo- Venga vamos, o sino me colaré yo primero en el baño –reí levemente y me acerqué hacia la cocina para ver qué era lo que podía hacer mientras él se bañaba. La casa era de dos plantas, las habitaciones y el aseo principal estaban arriba mientras que el salón y la cocina estaban bajo.

Terminé por subir antes que él y me metí para darme un baño rápido y ya dejarlo a él mientras hacía la comida, me puse un vestido de lino que era para verano de manga corta, escote en "U" de color blanco y ya bajé para empezar a preparar la comida. Faltaban algunos ingredientes así que salí mientras el se daba el baño a comprar lo que necesitaba y volví para terminar. Cuando él ya se había bañado yo estaba por terminar de cocinarlo, en su mayoría era arroz y carne y un poco de verduras, era lo más rápido para hacer. Cuando me giré en la cocina estaba observándome apoyado contra el marco y sonreí, ya estaba casi todo listo.


-¿Puedes sacar un par de platos y llevarlos al salón? Están en ese armario –le señalé con la cabeza y me giré para terminar con lo que estaba haciendo esperando que me hiciera caso. Dejé cada cosa en un bol y lo saqué al salón y luego volví a la cocina sacando una jarra y dos vasos que dejé sobre la mesa, me senté en la mesa y lo miré- ¿Mejor tras el baño? No pensaba que iba a hacer tanto calor –me puse en el plato un poco de cada cosa que había en el bol y lo miré- Después hablaremos de cuál es nuestro plan, ¿tienes un plan? –Enarqué una ceja observándolo, no sabía muy bien qué era lo que tenía en mente precisamente.



*Shukran: Gracias


Última edición por Naitiri Zahir el Dom Abr 02, 2017 9:01 pm, editado 1 vez


 

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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Naitiri Zahir el Miér Abr 12, 2017 1:33 pm

No sabía exactamente si me iba a responder a la pregunta que le había hecho, desde que lo había conocido no me había respondido prácticamente a casi nada de lo que le había preguntado, y eso que no habían sido pocas las veces que lo había hecho. Era una mujer curiosa, era algo que iba innato en mí y además aquel hombre siempre me suscitaba ciertas dudas y preguntas. Incluso había sido vago y extremadamente corto en sus respuestas cuando le pregunté por la reliquia que habíamos ido a encontrar, y para ser sincera, pensaba que únicamente lo había hecho porque tarde o temprano yo también sabría lo que era, sino ni me habría respondido. Así que, ¿qué probabilidad había de que me contestara la pregunta de si lo había dicho de verdad? Claro que, si me respondía a esa pregunta el aluvión de preguntas sería tan eterno y grande que me podría pasar la noche entera perfectamente haciéndole preguntas.

Algo me decía que igual que las otras veces no me iba a responder tampoco, podía notarlo en la forma en la que me miraba cuando lancé la pregunta y porque además sonrió de lado como si sin palabras me dijera “no te lo voy a decir”, así que me mordí el labio frunciendo el labio porque iba a dejarme con toda la duda y que recayera únicamente en mí el que pensara si lo había dicho de verdad o no. Además, ¿por qué iba a decirme que esas palabras eran mentira en un momento como ese tan… íntimo? Volvió a sonreírme de nuevo fijando sus ojos en los míos cuando le dije que me gustaba, admito que me había costado decirlo pero… simplemente porque hacía tiempo había cerrado esa puerta, pensaba que sería la forma más fácil para no volver a sufrir como lo había hecho, negarme a todo, no dejar que nadie entrara en mí vida y sin embargo… de la nada había aparecido él y había puesto mí vida patas arriba.

Tenía que decirlo, le había dado algo de emoción en estos últimos días que estaba pasando con él. Mí vida era muy monótona, casi rutinaria y maquinaria en la que iba del trabajo a casa, a pasar tiempo con mí perra, con esa adolescente ahora sobre hormonada que me daba dolores de cabeza de vez en cuando, visitar a Astrid cuando podía… ¿hombres? Más bien pocos. Los que tenía que ver en el museo y ya está, ¿había tenido posibilidades de tener algo con alguno? Sí, de hecho hasta uno se insinuó pero… no había llamado mí atención, no había despertado esa chispa en mí interior como la había despertado él. Tenía que reconocer que había “vivido” más esos días con él que en el último año, también porque me recluí a ordenar y organizar mí vida cuando un vampiro decidió secuestrarme y romper todo mí mundo… no había sido fácil, pero salí d esa.

Escondió su rostro en mi cuello y pude sentir su aliento contra este de forma entrecortada, notando su respiración sobre mí piel dejando pequeños escalofríos, su nariz rozando el lugar y sus labios recorrerlo de forma lenta mientras me dejaba seguir hablando, como si no quisiera interrumpirme en lo que le estaba diciendo. Sus ojos volvieron a mirarme cuando le dije que no había habido maldad en mis palabras la pasada noche, aunque me gustó escuchar de su parte que su reacción había sido como la de un niño y que entendía que había estado con más hombres, como él con más mujeres y que… no siguió hablando, pude ver que apretaba la mandíbula y terminaba por disculparse por su forma de actuar. Sonreí mirándolo y recorrí su mejilla bajando por su mandíbula y mentón recorriéndolo con la yema de mis dedos.


-Disculpas aceptadas –parecía que habíamos terminado con ese tema así que acorté la distancia entre nuestros rostros y busqué sus labios con los míos, finalizando aquel tema al menos, en un beso lento en el que mí mano se quedó en su nuca. Nos separamos y me quedé observándolo durante unos segundos hasta que finalmente yo también le confesé, siendo sincera y franca, lo que había disfrutado como ninguna otra noche y sus manos me acercaron más de la cintura a su cuerpo para de nuevo besarnos, pero esta vez un beso más pasional que me hizo jadear contra sus labios, dejando un breve beso antes de separarme y reírme entre dientes viendo como me buscaba de nuevo… pero sabía que aquel vikingo podía llevar la situación de nuevo a su terreno y teníamos que descansar. Se había tomado con humor mí comentario sobre los vikingos y, del mismo modo, me respondió haciendo que riera de nuevo antes de capturar mis labios de nuevo tirando de mí labio inferior.

No había mucho más que decir por parte de los dos y realmente deberíamos de descansar, si yo sentía el cansancio en el cuerpo él no quería ni pensarlo. Volvimos a besarnos de nuevo esta vez un beso lento, casi sentido, un beso largo que era como si marcara el final de aquel día al que nos habíamos visto sometidos, con tantas cosas, tantas emociones y sentimientos encontrados o al menos por mí parte… al menos, había acabado bien el día. Cuando nos separamos de aquel beso le sonreí mirándolo y acomodé mí rostro contra su cuello cerrando los ojos, dejando que su cuerpo me envolviera de nuevo, que su calor traspasara mí cuerpo y me relajara notando su pecho subir y bajar de forma lenta, tranquila, sintiendo su respiración contra mí pelo.

Podía sentir una de sus manos enredarse en mí pelo creando un leve cosquilleo que me hizo sonreír aun contra su cuello, la otra mano recorría mí cuerpo por diferentes partes y mi mano recorría de su brazo a su espalda, de forma lenta dejando que mis yemas crearan una leve caricia sobre su piel sintiendo como el cansancio vencía mí cuerpo, no supe quién de los dos se había quedado durmiendo antes, si fue él o si fui yo… solo sé que el lugar estaba completamente en calma cuando mis ojos se cerraron por completo al caer rendida por el sueño, sintiendo su mano todavía enredada entre los mechones de mí pelo.




Desperté abriendo los ojos notando que la habitación estaba completamente a oscuras, apenas entraba un resquicio de luz por ningún lado, claro que era lo más normal que ya estábamos bajo tierra y la entrada estaba tapada por una alfombra para que no se viera. Las luces de las velas eran tenues y estaba algunas consumidas ya, por lo que no sabía si era de día o de noche, pero notaba mí cuerpo completamente descansado y repuesto, como si fuera lo que hubiera necesitado y, en verdad, así era. Me di cuenta de que al igual que cuando había despertado la primera noche que había dormido con él en el barco ahora estaba a mí espalda no tenía uno de sus brazos rodeando mí cintura, pegándome contra él en un férreo abrazo del cual no me había soltado. Miré por encima de mí hombro viendo que tenía su rostro sobre mí pelo y sonreí de lado, sin querer moverme demasiado. Tampoco supe en qué momento nos habíamos tapado, pero así era.

Me levanté quitando de forma lenta con cuidado el brazo de mí cintura y sin hacer ruido cogí la llave y me acerqué hacia la trampilla abriéndola despacio, solamente la abrí un poco dándome cuenta de toda la luz que entraba por el lugar, así que volví a cerrar y bajé dejando la llave donde estaba, metiéndome en la cama bajo las sábanas de nuevo observando el vikingo que, despreocupado y tranquila, seguía durmiendo sin haberse enterado de nada. Seguramente lo necesitara más que yo, así que me quedé mirándolo con una sonrisa dejando que durmiera.

Mis dedos recorrieron su rostro de forma leve sin intención de despertarlo, cuando más descansara mejor sería para él. Debía de revisarle las heridas que tenía, seguramente tras no haberme hecho caso y hacer esfuerzo quizás se le hubiera abierto un poco. Teníamos que ir a casa a por su espada y a por los cuadernos y los papiros, si nos estaban buscando como él decía debíamos de darnos prisa, quizás quedarnos con esa llave fuera la mejor opción, como este había otros lugares por la ciudad y sin la llave no podías acceder al pasadizo. Ni siquiera me di cuenta de que mis dedos estaban acariciando sus labios, perdida en mis pensamientos sin verlo realmente a él, que sentí sus labios apresando mí dedo volviendo a traerme donde estaba. Mis ojos lo buscaron y parecía que tenía mejor aspecto, le sonreí quitando los dedos de sus labios.


-Buenos días –dejé un beso en sus labios y me separé para mirarlo- es de día, ya lo he comprobado. ¿Estás mejor? –Pregunté ahora deslizando mí mano por su pecho mientras él no perdía tiempo y me acercaba a su cuerpo, pude ver que me iba a reprochar lo que había hecho pero levanté el dedo para callarlo- tenía que comprobar que era de día y lo he hecho con cuidado, no me miraes así –rodé los ojos ante su actitud y bajé la sábana justo para que cubriera a partir de su cintura fijándome en cómo estaban ahora las vendas, me mordí el labio porque de la herida que quería ver tendría que quitarla para ver cómo estaba- túmbate, y estate quietecito –le advertí antes de levantarme y buscar la caja donde había puesto todas las cosas que cogí cuando fuimos a curarle y volví a la cama, sin importarme que estuviera desnuda en lo más absoluto- En curarte creo que deberíamos de ir a la casa para coger las cosas que necesitamos de allí, o podemos quedarnos allí. Estos túneles conectan con casi toda la ciudad, podríamos ir hasta allí por aquí bajo y no levantar sospechas de este lugar –ya había quitado la venda y lo miré- recuerdo algunos lugares y uno de ellos está cerca de la casa, podría servirnos como atajos –miré la herida y lancé un suspiro, supuraba un poco debido seguramente al esfuerzo que había hecho mientras… volví a mirarle- te dije que no hicieras esfuerzos, ¿alguna vez piensas hacerme caso? En serio Ubbe, si no te cuidas de esta herida no va a sanar nunca –cogí una de las gasas y se la limpié para luego volver a vendarla de nuevo, las demás estaban bastante bien. Dejé todo a un lado y subí para estar medio recostada contra su cuerpo apoyando el codo en el colchón y mí mano en la cabeza, dejando que mí pelo cayera todo por un lado- ¿Crees que es una buena idea? Si nos movemos por aquí bajo no podrán localizarnos, y mientras, puedo empezar a traducir allí los papiros y… desayunar, yo no sé tú, pero tengo hambre –mordí su labio inferior divertida, debíamos de empezar a movernos.


 

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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Ubbe Cannif el Miér Abr 12, 2017 4:12 pm

Entreabrí lo labios al sentir como me los acariciaban, la sensación era placentera, incapaz de abrir los ojos aunque despierto me deje hacer. Me gustaba sentir sus dedos trazar el recorrido de mi mandíbula, mis pómulos, el surco de mi frente, cicatriz que narraba una gesta pasada que quizás algún día le contaría frente a la chimenea.

Apresé su dedo con mis labios abriendo los ojos para enfrentar sus pardos, no tardo en mirarme, pues hasta entonce eran mi boca la dueña de sus atenciones.
Ladeé la sonrisa cuando atajo la distancia y sobre estos posó un rápido beso que yo hubiera hecho eterno.

Enarqué una ceja al decirme “buenos días” y pronto ella misma se delato con palabras, lo había comprobado, esa egipcia terca no podía tener su culo quieto en mi lecho ni por un segundo.
Iba a replicar mas fue esta vez su dedo mas rápido y me silencio para proseguir ella hablando.
-Sigues igual, terca, desobediente, haberme despertado y si hubieran seguido el rastro hasta aquí y al abrir la compuerta te hubieran encontrado, ni me hubiera enterado, Joder Nai, tienes que usar la cabeza -rugí enfrentando mis azules ojos a los de ella que ahora me miraban con ganas de hacerme callar y no con un beso precisamente -esto no es un juego, no puedo vivir...(sin ti)-guarde de nuevo silencio. Había aprendido la lección, no hablar de mas y menos decir cosas que aun siendo verdad era mejor callar, ya me sentía bastante estúpido.

Mas para mi sorpresa me ignoro, resoplé cuando bajo la sabana para mirar mis heridas pidiéndome que estuviera quieto ¿pero me había oído?
Resople de nuevo negando con la cabeza resignado, le daba igual que le dijera lo que no debía hacer, mas por esta vez se la iba a pasar, pero a la próxima...juraba por Odin que la pondría sobre mis piernas y la azotaría hasta que me doliera la mano.
La miré pensativo, sus palabras no eran descabelladas ir por los túneles nos daría cierta ventaja y pasaríamos desapercibidos, si decía que esto comunicaba con toda la ciudad ¿por que no probar?
Asentí concediéndole la petición hecha, cuando tenia razón se la daba, claro que de normal la tenia yo, era un hecho constatable.

Ladeé la sonrisa cuando habló de mi herida, y enarqué una ceja mirándola desafiante.
-Osea, si follamos y me quedo complacido como con la mejor de las gestas...mal, porque he hecho un esfuerzo, ahora... dejarme ebrio en tu casa, e irte a la excavación cuando te lo he prohibido terminante por razones evidentes...ahí no dices ni palabra ¿que acaso no me esforcé bastante mas contra esos licantropos?

Ahí la había pillado, tenia que reconocerlo y no pude evitar echarme a reír encarcelando su cintura con mis brazos para que se dejara caer sobre mi. La busqué, su cuerpo desnudo era un reclamo y mi hombría también desnuda evidenciaba las ganas de seguir esforzándome aquella mañana.
-Curala después, vamos a enredarnos en las sabanas otra vez -le pedí acariciando su nariz con la mía, provocandola con mis labios, lamiendo su boca para que se entreabriera.

Gruñí cuando se incorporó de nuevo dejándome con las ganas y fruncí el ceño cabreado, quería hundirme en ella y Nai insistía en aplicar gasas sobre la maldita herida ¿no veía como estaba?
Si, lo veía pero le importaba una mierda, pues ahora continuaba con lo de descifrar los papiros.
Le señale la sabana abultada con las dos manos.
-No, no me he traído la bastarda por obra de magia, es otra cosa. Si adivinas que, te toca un viaje directo al orgasmo.

Nai se rio por mis ocurrencias mas siguió a lo suyo mientras yo enarcaba una ceja, ese “ te quiero” había hecho mucho daño.
Resoplé y me puse en pie, al parecer no iba a sacar a esa mujer terca la idea de ponernos en marcha de la cabeza.
Me coloqué los pantalones enfundando mi hombría y la camisa después mientras contemplaba a la preciosa mujer que no me hacia caso. Ella se colocaba un minúsculo vestido que no hacia mas que acrecentar mis ganas de su cuerpo.
-Me pasaría la vida hundido en ti -aseguré emprendiendo el camino dejando un azote en su trasero al pasar por su lado.

Así empezamos a recorrer aquellos túneles bien trazados, mas pronto me di cuenta de algo en lo que no había caído hasta ahora, quizás porque estaba distraído en cada incineraste movimiento de la egipcia.
Esos túneles no estaban sucios, era como si siguieran siendo utilizados, como si aquella red de alcantarillado fuera frecuentada cada día.
-¡Mierda! -rugí deteniendo a Nai, mas demasiado tarde, con ese ultimo paso una red salio del suelo apresandonos a ambos en ella, ahora parecíamos dos conejos en manso de un cazador.
Cazadores que no tardaron en salir, todos armados hasta los dientes, bueno a los que les quedaban dientes.
Por su aspecto, eran ladrones, pobres miserables, asesinos y demás chusma de la ciudad que se concentraba en ese lugar imponiendo su propia ley.

No salíamos de una y nos metíamos en otra, alcé las manos para que no dispararan ninguna de las ballestas, no entendía ni una palabra de lo que decían, mas imaginaba que si lo hacia Nai, así que la miré para que me tradujera.
Si eran ladrones nuestra libertad tendría un precio y estaba mas que dispuesto a escucharlo.


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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Naitiri Zahir el Jue Abr 13, 2017 12:35 pm

Nada más despertarse y decirle que había comprobado que ya era de día porque había abierto la trampilla para ver si era de día o no, comenzó a decirme lo terca que era, que seguía siendo igual y también desobediente… que debería de haberle avisado cuando fui a comprobarlo porque podrían estar fuera esperando a que saliéramos, vale, le concedía ese pequeño detalle pero solamente había abierto lo justo para comprobarlo. Se le veía preocupado cuando me dijo que podían haberme llevado y que él ni se enteraría y que además, debía de utilizar la cabeza. Me daba un sermón de buena mañana enfadado clavando sus ojos azules en los míos color miel, decía que no era un juego y que no podía vivir… y se calló, no siguió la frase y yo no le pregunté al respecto por ella.

Rodé los ojos sin siquiera hacerle caso y quité la sábana para mirar sus heridas que seguramente la que más grave tenía tendría algo por lo que había hecho anoche, él tampoco me hacía caso alguno así en ese término estábamos los dos en un claro empate. Le pedí que se quedara quieto y noté la forma en la que me miraba como si no diera crédito a mis palabras, ya que básicamente había pasado de lo que me había dicho. Ya había subido a ver si era de día o no, era innecesario que me replicara por algo pasado y no quería centrar mí atención en ese detalle.

Le conté que lo mejor sería ir por los túneles, recordaba hacia donde llevaban algunos de ellos y prácticamente cubrían toda la ciudad por bajo, nos sería de lo más útil para pasar desapercibidos y nos daría mucha ventaja, se lo dije porque quizás esa idea le gustara más que pasear por las calles de la ciudad llamando la atención como lo hacíamos y siendo más probable que nos encontraran de esa manera. También le dije, tras mirar como tenía supurando la herida de nuevo que debía de cuidarse, quizás no le estaba dando la importancia que tenía pero… no era un juego tampoco. Podía matar la herida que tenía si no llegaba a curarse y él parecía que se lo tomaba todo en serio, consiguiendo que me frustrara con su actitud.

Abrí mí boca cuando lo vi mirándome de esa forma, como si me desafiara, con una ceja enarcada saliendo esas palabras de su boca. ¿De verdad acababa de decir lo que había escuchado? Oh si, lo había dicho sin ningún tipo de duda. Lo fulminé con la mirada por que sí, sabía que se había esforzado con los licántropos pero anoche le dije que no se moviera después de haberme pasado la mitad del día en aquella habitación en la que no sabía si iba a salir con vida, en la que habíamos curado sus heridas que tras la pelea se había hecho. Rió tras sus palabras como si se hubiera proclamado vencedor y aferró mí cintura poniéndome sobre él aunque yo estaba recostada a su lado, su nariz rozó la mía en un intento de provocarme de nuevo, sus claras palabras de perdernos en las sábanas de nuevo… lo miré sin apartar mí mirada de la suya y fruncí el ceño.



-No estoy de acuerdo, tampoco, en lo que hiciste anoche cuando te dije que no te movieras y tú obviaste mí recomendación cegado por la pasión. Yo tratando de ser delicada para no abrirte los puntos y tú sin pensar siquiera en ello… soy bastante capaz de llevarte al orgasmo estando sobre ti –le recriminé, pero lo que peor me había sentado había sido su otro comentario- Ya sabías desde antes siquiera de coger el primer barco que tenía que sobrellevarlo con mi trabajo, me da igual lo que me digas al respecto, no pienso perderlo por esto y espero que te quede claro –hice una leve pausa- Me prohibiste que fuera a la excavación como si tuvieras algún tipo de poder sobre mí, como si fuera una esclava que debe de obedecer tus órdenes… que te quede claro, vikingo, que no sigo órdenes de nadie… hace tiempo que dejé de hacerlo y soy libre para tomar mis propias decisiones –me enfadaba, sobremanera, que siguiera actuando como si fuera mí dueño y mi señor- Si no te hubieras largado así por la noche me habrías acompañado de primeras, y quizás las cosas fueran diferentes. ¿Sabes lo que más me cabrea? Que cuando te llevamos para curarte estabas medio muerto, nos afanamos para no perderte y casi lo hicimos, casi te quedaste en esa maldita cama –lo miré de forma fija, intentando que viera lo grave que era la herida a la que no le daba importancia- me pasé medio día en esa habitación, velando por ti, preocupada porque no sabía si ibas a despertar e incluso sintiéndome culpable en parte por ello. Así que hazme caso cuando te digo que te puede matar ésta herida si sigues pasando de ella, Ubbe. Al menos haz que mí esfuerzo y lo mal que lo pasé ayer no quede en vano –dejé un beso sobre sus labios y tras aquello me levanté poniendo algo de distancia para comenzar a recoger las cosas ahora que ya había terminado de curarle. Lo miré y negué con la cabeza divertida cuando nombró cómo se encontraba y que me llevaría al orgasmo si lo adivinaba… aquel vikingo era insaciable.

Comencé a mirar por los armarios que había buscando algo de ropa que pudiera ponerme mientras por el rabillo del ojo veía que él también comenzaba a vestirse, al final encontré un vestido que no dudé en ponerme parecido al que yo me había traído, ligero y fresco para soportar el calor que hacía en aquella ciudad. Justo cuando terminé de ponérmelo sintiendo su mirada fija en mí oí sus palabras antes de que dejara un azote en mí trasero que me hizo fulminarlo, entre dar órdenes y los azotes no sacaba a aquel vikingo de sus costumbres. Rodó los ojos y lo seguí tras abrir con la llave aquella puerta que conducía a los túneles y que nos llevarían hasta el otro lado de la ciudad donde teníamos la casa. Ahora que lo tenía delante de mí una vez la puerta cerrada, sonreí con picardía por lo que iba a decirle ya hacerle.



-¿Es costumbre vuestra en el norte, dar un azote a las mujeres como si les dijerais “venga muévete” o “andando, nena”? –Pregunté todavía a su espalda porque siempre me daba azotes cuando nos poníamos en marcha, así que cuando pasé a su lado divertida por aquello mí mano también le dio un azote en su trasero pasando delante de él puesto que la que sabía el camino era yo- Tú también tienes un buen trasero, “andando vikingo” –dije para echar a reírme por mis palabras y mí gesto. Era él quien llevaba una antorcha iluminando el lugar mientras yo recordaba hacia qué dirección debíamos de dirigirnos para no salir en el sitio equivocado. Oí cómo se quejó deteniéndome pero… fue demasiado tarde, mí pie ya había pisado esa zona del suelo activando una trampa que nos hizo caer en una red elevándonos sobre el suelo. Genial, atrapados en una red en mita de un túnel que a saber quién podría pasar por allí para sacarnos… claro que si estaba puesta la trampa sería para evitar que alguien como nosotros pasara.

No pasó ni un minuto cuando nos vimos rodeados por un grupo de hombres que venían armados, algunos incluso con ballestas, que nos apuntaban y nos gritaban por estar allí, en su territorio, además de cómo habíamos llegado hasta el lugar y diversas cosas en ese mismo sentido. Por su aspecto podría decir que eran ladrones e incluso podrían ser cazadores también, uno de ellos se adelantó preguntándonos qué hacíamos allí y cómo habíamos llegado, a lo que le contesté que sabía de aquel lugar por un cazador que me lo había dicho, que si en algún momento corría algún peligro podría ir por aquel lugar. Pareció dudar y no me creyó al principio, así que pidió que nos bajaran de la red. La cortaron y caímos al suelo siendo apresados por varios de ellos que nos ataron las manos para que no intentáramos nada, parecía que aquel hombre no tenía el poder y el mando así que dijo que “él” nos juzgaría.


-Creo que nos llevan ante su líder –miré al vikingo mientras nos ponían las cuerdas apresando nuestras manos- él decidirá lo que hará con nosotros e intentaré negociar que nos liberen. Al parecer nos hemos metido en su territorio y no les gustan las visitas –resumí para que se enterara de lo habíamos hablado ya que él no entendería absolutamente nada- Seguramente nos pedirán algo a cambio de nuestra libertad… si es que nos dejan libres –caminamos rodeados siguiendo a los hombres hasta que llegaron a una especie de puerta, que estaba bien camuflada con el entorno y que seguramente habríamos pasado desapercibido si hubiéramos pasado por allí, y nos metieron dentro de otro pasadizo algo más pequeño que llevaba a otra puerta donde había una sala bastante grande, decorada como si fuera la de un faraón, con reliquias, joyas, oro, diversos divanes y cortinas que hacían una zona algo más íntima a un lado. Nos empujaron para dejarnos en medio de la sala y nos obligaron a quedarnos de rodillas mientras “él” aparecía por uno de los lados vestido de forma más elegante que sus hombres, estaba claro quienes hacían el trabajo sucio. Ni siquiera nos miró cuando entró sentándose en el diván que teníamos enfrente mientras al parecer, su segundo al mando, le decía que nos habían encontrado en los pasadizos. Le cambió la cara y fue entonces que nos miró, primero se fijó en el vikingo y frunció el ceño aunque parecía algo extrañado de ver a un hombre como él, que distaba de cómo era el resto de hombres de piel más oscura y algo más pequeños, y luego posó su mirada en mí. Sonrió de lado y se acercó sin quitarme la vista de encima, como si estuviera contento con lo que veía y una sonrisa que no presagiaba nada bueno. Se paró delante y su rostro cambió cuando elevó mí mentón para que lo mirara, parecía dudar y extrañado.
-¿Naitiri? –mis ojos lo miraron con extrañeza al haberme reconocido y chasqueó sus dedos para que nos dejaran solo mientras yo intentaba averiguar de qué me sonaba aquel hombre. Hacía años que no estaba en Egipto, y mi anterior visita fue muy breve como para conocer a alguien, menos a él, lo recordaría- ¿Eres tú? –Él también parecía dudar por aquello aunque no sabía por qué, pero me era familiar.
-Sí, lo soy… ¿quién eres? –Él sonrió y sacando una pequeña daga que llevaba en un cinto cortó el agarre de mis manos dejándome libre.
-Pero mírate, eres igual que Tahirah –fruncí un poco el ceño por ello, eso quería decir que me había conocido de cuando había vivido siendo pequeña antes de salir de allí. Abrí mis ojos cuando finalmente logré reconocerlo.
-¿Zaid? –Pregunté mirándolo de arriba abajo, ahora que lo veía podía ver esa similitud con el niño que un día fue mí vecino y mi mejor amigo- Tú si que eres igual que tú padre –me cogió del brazo poniéndose algo serio mirando hacia la puerta y luego mirarme a mí.
-Creí que os habíais ido a Grecia, pero… ¿qué estás haciendo aquí? Esto es peligroso, has tenido suerte de que os han encontrado mis hombres sino… os habrían matado –miró ahora al vikingo que venía conmigo y luego a mí- ¿Viene contigo? –Asentí con la cabeza y le cortó también para liberar sus manos de las ataduras- ¿Cómo has encontrado este lugar?
-Soy egiptóloga y encontré unos mapas e investigué –resumí brevemente- ¿cómo es que tú eres el líder… todo esto?
-Hay que sobrevivir Nai –me giré al vikingo para decirle quién era y por qué nos había soltado, Zaid al verme hablar en francés comenzó a hacerlo él también presentándose él mismo con el vikingo, a lo que yo lo miré alzando una ceja- Tengo… compradores franceses –aún así se notaba que no lo hablaba al cien por cien, tenía ese deje característico nuestro. Miré alrededor y luego lo miré a él sabiendo qué era lo que vendía.
-Así que… vendes reliquias, ¿eh? –él solo sonrió y se sentó en el diván cogiendo fruta de un cuenco que tenía al lado- Intuyo que no nos dejarás marchar así como así, así que… ¿cuál es el precio?


 

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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Ubbe Cannif el Vie Abr 14, 2017 1:17 am

Apreté los dientes, desarmado y encarcelado como un vulgar ladrón en una red de conejos, me sentía ridículo, es mas, impotente pues no podía defendedla, había cruzado no solo la distancia que separaba el norte de París y posteriormente de Egipto, si no también el tiempo para cuidar de esa mujer que junto a mi quedaba encarcelada.
Si esos vulgares parias creían que iba a dejarme vencer con cuatro armas de filo, la tenían clara, yo era un vikingo y nosotros luchamos o morimos, así de sencillo.

Quizás por eso no repliqué a ninguna de las palabras que Nai había utilizado conmigo en la cámara donde habíamos dormido, pues era cierto, la herida podía matarme, lo sensato guardar cama y no exponerme a una infección. En un par de semanas estaría recuperado y listo para la batalla, mas ¿tenia ese par de semanas? La respuesta la conocíamos los dos, así que ¿por que preocuparte de algo por lo que no puedes hacer nada? Puede que muriera, estaba herido, cansado y ya vine del futuro bastante tocado con un veneno que corría por mis venas sin darme tregua, pero nadie cuidaría de ella como yo, seguía en pie y no caído, protegiéndola, así que dijera lo que dijera, ella y no yo era mi máxima preocupación.

Naí no tardó en explicarme lo que esos tipos decían, así que me limité a enarcar una ceja inconforme con lo de desviarnos de la ruta para conocer a ese tal “líder” aunque si algo sabia es que cuando el “jefe” caía los otros lo seguían y luchar contra uno, era mas fácil que contra una jauría.
Ese era mi plan, asestar una muerte rápida a su jefe y obligarlos a dejarnos ir, pues todo guerrero comparte esa filosofía de vida: Si el alfa cae, la manada es mía.

Pronto quedamos atados y guiados por esa panda a través de una camuflada puerta que hubiera pasado desapercibida ante los ojos de cualquiera, de ahí un pasadizo estrecho que desembocaba en una puerta algo mas ostentosa cuyo umbral lleva a una sala bastante mas grande y plagada de joyas, tesoros varios, pinturas, todo muy sobrecargado.
Varios divanes dispuestos, en ellos doncellas de muy buen ver equipadas con poca ropa, que bebían vino de copas de oro grabados en filigranas.
-No te preocupes Nai, te sacaré de aquí -prometí hundiendo mi mirada azul en ella.

Dos hombres nos obligaron a doblegarnos para recibir al “jefe”, claro que yo no vivía de rodillas y me encaré a estos luchando por mantenerme en pie.
Algo que no pareció gustarles nada pues a la fuerza e intentando usar todas sus mañas lo intentaron una y otra vez.
Naitiri me miraba furiosa, no entendía posiblemente mi terquedad y como de nuevo herido hacia esfuerzos por algo tan nimio para ella, tan importante para mi.
Mis dioses no se arrodillan ¿por que clavar yo mi rodilla en el suelo frente a un pagano?

Desistieron cuando una mujer de cabellos negros como el azabache y mirada penetrante les indicó que lo hicieran.
“Lo queremos vivo” aportó a sus dos lacayos “muerto de nada nos servirá”
Sus ojos se perdían en mi camisa y la herida que supuraba.
Mas todo aquello quedó relegado a un segundo plano cuando el tal “jefe” entro en el gran salón.
Silencio por parte de todos, cabezas bajas para recibir a su dios y este que se dirigió hacia nosotros para ver las presas capturadas hoy.

Primero se centró en mi, supongo que mi gesto desafiante no le gustó, mas no hizo comentario alguno hasta que sus malditos ojos se hundieron en los de mi acompañante.
¿La conocía? Mi mirada se enturbio ante la familiaridad con la que se trataban, mi sangre hervía por como esos ojos recorrían su cuerpo y ella ni siquiera se percataba de eso.
¿Precio? Bien sabia que precio pondría ese patán, y desde luego no estaba dispuesto.
Me interpuse entre ambos encarandome al “amigo” de la egipcia.
-Por tu bien déjanos seguir nuestro camino y te perdonaré la vida, podrás seguir con esta pantomima que tienes montada, de lo contrario tu mundo caerá contigo.

Nai tiraba de mi brazo hacia atrás mientras ambos nos encarabamos el uno al otro.
Las ballestas hacia mi persona, el silencio y la tensión de la sala era algo mas que evidente, no estaban acostumbrados a que nadie osara tan siquiera mirarlo.
-No tengo tiempo que perder -rugí agarrándolo de la pechera y lanzandolo contra la pared dispuesto a entablar batalla directa.
Oía los gritos de Nai hostigandome a dejarlo ¿que acaso le gustaba ese mequetrefe de tres al cuarto?

La mujer volvió a entrar en escena, pantalones cortos que mostraban media nalga, cintura de avispa, una camisola blanca y un chaleco de piel que la entallaba a su cuerpo.
Junto a su mano una daga que colocó en el cuello de la egipcia mientras sus pardos me miraron desafiantes.
-Suéltalo y la soltaré, solo estamos hablando, tiempo tendrás de luchar después.

Rugí aflojando el agarre de aquel tipo y alcé las manos en su posición en señal de rendición, nada podía hacer si la vida de la mujer que amaba estaba en juego, vi aquella sonrisa ladeada, la del triunfo, mas en algo se equivocaba, podía haber ganado una batalla, mas la guerra no había sido librada.
El hombre se recolocó la camisa acercándose de nuevo a la egipcia, se me llevaban los demonios al verlos hablar, recordar viejos tiempos.
-¿Tengo que aguantar esta soporífera tertulia? -pregunté irritado -¿dinos que demonios quieres y acabemos con esto.

La mujer se acercó a mi, alzó mi camisa sin pedir permiso y deslizó sus dedos por la venda mojada.
-Necesitas descansó ¿acaso no sabe esa mujer como dártelo?
Rugí frente a su cara ,empezaba a cansarme toda esa situación.
-Lo que necesito es que nos digáis de una vez lo que queréis para poder seguir nuestro camino -ordené desafiándola con la mirada.
Tomé su mentón y lo alcé para que dejara de mirar mi cuerpo y cada herida que lo recorría y se centrará en mis palabras.




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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Naitiri Zahir el Vie Abr 14, 2017 2:03 pm

Si la suerte estaba de nuestro y ya comenzaba a pensar que no era así, quizás podríamos salir de aquella situación en la que nos habíamos metido. No habíamos salido del todo de una y ya nos estábamos metiendo en otra, me pregunté si tendríamos algún día tranquilo allí mientras encontrábamos la reliquia, pero algo me hacía pensar que no iba a ser así y que no íbamos a poder encontrarla sin que no pasara un día sin tener un altercado. Justo lo que más necesitábamos ahora, y sobre todo, lo que más necesitaba el vikingo. Había pensado que utilizar aquellos túneles nos ayudarían a poder pasar más desapercibidos, a no tener que ir mirando por cada calle que nos estuvieran siguiendo y sin embargo… habíamos caído en una trampa.

No sabía quién iba a ser el jefe así que esperé de alguna forma, e incluso rogué, para que el vikingo se comportara y me dejara intentar manejar la situación a mí porque si lo hacía él seguramente sabría cómo iba a acabar la historia. Nos condujeron por aquellos pasadizos que tenía el túnel, con diferentes caminos que tomar hasta que nos llevaron ante una sala tras una puerta escondida donde había varios divanes donde descansaban algunas mujeres que bebían y tenían cuencos llenos de fruta, nos dejaron en el centro de la sala y nos obligaron a ponernos de rodillas. Lo miré cuando me dijo que no me preocupara, y que me sacaría de allí, y por un momento me dieron ganas de decirle que no hiciera promesas que no sabría si iba a poder cumplir. Un empujón más fuerte en mí hombro hizo que cayera de rodillas y que apartara la mano de aquel hombre que me había empujado hacia abajo.

El vikingo, por el contrario, se negaba a que le pusieran de rodillas y lo miré de reojo rogando que aunque fuera por una vez no presentara batalla. Mentiría si dijera que no me tenía preocupada, sobre todo esa herida suya, a la que iba a prestar especial atención. Por más que lo intentaron no consiguieron doblegarlo y aunque una parte de mí en el fondo le gustó ver que no se doblegaba ante nadie, otra parte mucho más sensata lo fulminó con la mirada porque aunque a mí tampoco me gustara, quería intentar salir de esa situación sin tener que luchar como habíamos estado haciendo últimamente.

La voz de una de las mujeres, que iba vestida igual de forma provocativa como el resto los paró ante intentar que se arrodillara y esta clavó sus ojos en el vikingo y luego pasó a mirar la camisa que llevaba y la herida que tenía, pero no nos dio tiempo a más porque entró el jefe haciendo que todos agacharan sus cabezas cuando entró. Tras fijarse en el vikingo y luego en mí fue cuando él me reconoció, admito que de no haberlo hecho yo quizás tampoco lo hiciera pero era una carta que jugar a mí favor, y pensaba utilizarla a toda costa. Que el jefe de aquellos hombres fuera alguien que conociera cuando éramos niños era una baza a nuestro favor, si era astuta e inteligente, podría jugar bien unas cartas que nos sacarían de aquel problema.

El vikingo se adelantó una vez nos soltaron interponiéndose entre Zaid y yo, encarándose a él quien también lo miraba de forma desafiante. Tiré de su brazo intentando que quitara esa actitud pero parecía que se le había metido algo en la cabeza porque esa vez de nada sirvieron mis manos acariciando su brazo intentando disuadirlo, como otras veces. Pronto nos apuntaron con las ballestas que tenían y el silencio reinó en el lugar ante la osadía del vikingo y su nula paciencia. Le acababa de amenazar cuando no debería de haberlo hecho, debía de haberme adelantado pero no pensé que se pusiera de esa forma. Volví a tirar de su brazo para que se apartara pero pareció que ni notó mí toque porque, de un momento a otro, cambió.

Cogió a Zaid de la pechera alegando que no tenía tiempo que perder y lo estampó contra la pared en lo que yo abrí ligeramente los labios sin pensarme que podría llegar a tal punto en el que quería volver a pelear, ¿se había olvidado de mis palabras en aquella habitación? No debía de hacer esfuerzo alguno y ya lo estaba haciendo de nuevo. ¿No se daba cuenta, de que sabiendo que tenía amistad con él, podría intentar hallar una solución? ¿Tan ciego estaba como para no verlo? Ninguno de los dos parecía estar dispuesto a ceder ante el otro y los miré a ambos con las ballestas siguiendo apuntándoles, si disparaban él era ahora mismo un blanco perfecto.


-¡Ubbe! –Lo llamé esperando que entrara en razón pero parecía que estaba más cabreado y más furioso, pronto antes de siquiera poder dar un paso sentí el filo de una daga contra mí cuello, el frío me hizo sisear y mirar a la mujer que ahora me cogía contra ella y dejaba amenazante la daga como clara advertencia de lo que haría si no lo soltaba. Es más, se lo dijo y pude ver que no le gustó nada en absoluto aquella amenaza contra mí, y que levantó sus manos sin dejar de mirarla para soltar a Zaid y esta, a su vez, me soltó a mí. Él se acercó a mí y miró al vikingo de mala manera sin duda sin gustarle lo que había hecho y su actitud tras habernos soltado, otros quizás ya nos habrían matado.
-Deberías de controlarlo –le lanzó una mirada y luego me miró a mí, no comenté nada al respecto porque no quería volver a encender una llama otra vez, así que pensé en volver al inicio e intentar hallar una forma de pago para salir.
-Mira Zaid, a pesar de que me he alegrado mucho de verte, no pretendíamos entrar aquí bajo y no hemos venido con ninguna intención hacia vosotros ni hacia nadie, solo pretendíamos utilizarlos como atajo, nada más –hice un gesto con mi mano como si eso fuera todo- ni siquiera sabía que esto estaba “habitado” y de haberlo sabido ni hubiera entrado… no buscamos problemas –me miró de forma fija durante unos segundos como pensando si le estaba diciendo la verdad o no, se acercó a mí y en voz baja para que solo pudiera oírle yo, me habló.
-El caso es que si fuera por mí os dejaba marchar, pero tengo una reputación que mantener… -se alejó y lo miré, sí, por el sitio y cómo estaba decorado podía darme cuenta de que se había convertido en un paria y que utilizaba las reliquias y demás de su propia cultura y país para ganarse la vida… algo que hizo que hirviera por dentro. Los que unos hacíamos de nuestra forma de vida estudiándolos y comprendiéndolos, otros lo utilizaban para ganarse la vida vendiéndolos a los extranjeros que, sin duda alguna, pagaban una fortuna por tan valiosas reliquias. Me fijé entonces en que la misma que se había acercado al vikingo y que había puesto la daga en mí cuello ahora volvía a acercarse a él mientras Zaid volvía a sentarse en el diván como si esperara una oferta por mí parte. Ahora sin siquiera decir nada había levantado la camisa que llevaba este observando su torso y pasando su mano por el lugar y en la venda que le había puesto en la herida antes de salir. Sus ojos no dejaban de mirarlo como si fuera un trofeo el cual podía mirar y tocarlo, como si estuviera allí para ella y fruncí el ceño ante sus palabras. ¿Descanso? Casi me dieron ganas de reírme y de saltar para contestarle, pero me mordí el labio con fuerza viendo que el vikingo levantaba su rostro para que dejara de mirarlo, pidiendo que nos dijeran el precio para irnos.
-¿Podrías apartar tus manos… de él- de la herida que tiene apártate- y alejarte? –Más bien no fue una pregunta echa con amabilidad en ninguno de los sentidos- salvo que tengas nociones de medicina y quieras dar una segunda opinión –comenté con sarcasmo a lo que ella me miró y enarcó una ceja riéndose.
-¿Y si quisiera echarle un vistazo y no con fines… médicos? –Puso una mano en el pecho del vikingo e iba a responderle tampoco de buenas maneras cuando Zaid habló.
-Sabah –la mujer lo miró y ante un gesto de él de la mano se apartó del vikingo y me miró a mí- Muy bien, ¿qué puedes ofrecerme para que os deje marchar? –como había dicho tenía una reputación que mantener, era más que lógico que no nos dejara marchar a la fuerza- Si no hay un trato que me convenza, él pasará a engrosar el número de mis hombres y tú… bueno, supongo que sabrás cuál es tú lugar –sí, por las demás que tenía sabía cuál sería ese lugar.
-Comercias con reliquias, ¿no es así? –Pregunté aunque no hacía falta adivinarlo, él mismo se había delatado y lo que había en el lugar lo decía aún más- Se ha descubierto una nueva excavación a las afueras de la ciudad…
-Sí, lo sé –me cortó- las noticias vuelan si sabes donde y a quién preguntar… pero no dejan entrar a nadie que…
-Que no esté cualificado, sí. Yo puedo entrar a esa excavación sin que me pongan ningún tipo de problema –me miró enarcando una ceja y recordó que le había dicho que era egiptóloga.
-¿Y qué me propones? –parecía que había captado su interés con lo de la excavación.
-Ya que como sabes no puede entrar nadie, te propongo un trato: se ha hallado una cámara a la que todavía no se ha podido entrar, están intentándolo todavía –lo miré- cuando esté abierta puedo llevarte y darte una parte de lo que pretendía llevarme para el museo. A mí no me pondrán pegas alguna porque tengo una autorización, no se van a parar a mirar qué me llevo o no.
-Pero yo también podría entrar a coger esas reliquias, ¿en qué te necesito? –Sonreí de lado y me crucé de brazos.
-En que la cámara está llena de trampas para llegar a ellas, y salvo que quieras perder a decenas de hombres… y salvo que alguien sepa de historia y leer jeroglíficos, bueno, no podrías llegar. Sabes que están bien custodiadas cuando llegan a esa cámara fuera por guardias, tendrías que esperar a que las lleven, las cataloguen y luego las expongan en un museo… claro que, si esperas tanto tiempo corres el riesgo de que otro te las quite te quedes sin nada –me miró de forma fija, estudiando la propuesta que le estaba haciendo.
-¿Y de qué porcentaje estamos hablando?
-Del treinta por ciento –se rió por ello y pidió más, pero no estaba dispuesta- El treinta es un número bastante favorable para ti, teniendo en cuenta que las vas a vender en el mercado negro casi por el triple de lo que valen. Yo obtengo lo que quiero para mí trabajo y tú te aseguras de llevarte seguro un treinta por cierto cuando puede que la cifra sea cero –lo meditó durante unos segundos y podía jurar que me estaba poniendo de los nervios.
-Está bien, pero… ¿cómo sé que cuando te vayas cumplirás con tú parte del trato? –Miró al vikingo- ¿Lo dejas aquí como pago para asegurar nuestro trato? –Miré al vikingo que tenía su mirada puesta en mí, no había intervenido en ningún momento cosa que agradecí, aunque podía notar el cabreo que le recorría por entero. No podía dejar que se quedara allí, no iba a ceder ante eso así que… miré mi mano, viendo el anillo de plata con grabados que me había hecho librarme del licántropo en la excavación. Lo giré un par de veces y me lo quité mientras me acercaba hacia él y se lo daba.
-No podría decirte el valor sentimental que tiene esto para mí, vale más que cualquier reliquia a la que más beneficio le hayas podido sacar –lo miré- era de mí madre, es lo último que me queda de ella y de su recuerdo –lo cogió observándolo- murió hace mucho tiempo y me lo prometió dar cuando me convirtiera en egiptóloga como ella –en verdad iba a ser su medallón lo que me diera, el que cambiara el objeto no quitaba la tristeza de mis palabras- le habría gustado ver que he seguido su legado... -me separé un poco volviendo al lado del vikingo- volveré a por el anillo y cumpliré mí parte del trato, te lo prometo –me miró girando el anillo entre sus dedos, como conoció a mí madre esperaba apelar a aquel recuerdo y que cediera.
-Está bien, hay trato –cedió y suspiré algo más tranquila- mis hombres os acompañarán hasta la salida hacia donde os dirigíais. Habéis tenido suerte, otro no os hubiera siquiera ofrecido un trato y a estas alturas estaríais muertos, la gente no quiere que nadie ajeno vaya por estos lugares –mandó un par de hombres a que nos llevaran hasta donde les dijera y me miró antes de que pudiéramos salir de allí- espero que cumplas con tu parte del trato, Naitiri –y sin más pudimos salir de aquella sala donde ya penaba que no podríamos salir.


 

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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Ubbe Cannif el Sáb Abr 15, 2017 12:20 pm

Por fin el tal Zaid tomo la sensata decisión de hablar de negocios, así que enarcando una ceja y apretando los puños por la rabia que me invadía en ese preciso momento me mantuve en silencio, básicamente porque no entendía ni una palabra de lo que se decían, aunque el parecía demasiado cariñoso con ella, hasta el punto de susurrar en su oído algo que hizo que de nuevo gruñera dando un paso hacia ambos. La tal Sabah de nuevo poso su mano sobre mi pecho para detener mi avance, como si eso fuera suficiente para lograrlo.
-Si tu “jefe” le pone una mano encima lo mataré -dije en un perfecto nórdico que no entendió, mas que le hizo dibujar una divertida sonrisa en sus labios creo que casi leyendo en mis ojos el claro cabreo que llevaba encima.

Seguí fijándome en aquella pantomima en la que ambos  negociaban el precio de nuestra salida, si tuviera la bastarda en mis manos yo iba a darle precio justo a este entuerto. Su cabeza rodando por los suelos seguro que seria un precio justo por aguantarlo.
Gruñí de nuevo cuando vi que la egipcia se quitaba el anillo de plata que portaba en su dedo.
Poco entendía de esa conversación, mas al escuchar la palabra madre y sus gestos compungidos no necesité mas para atar cabos. Seguramente era una joya entregada por su madre en su infancia, posiblemente para ella tenia un valor inimaginable.
-Nai no -ordené centrando mis azules en sus pardos.

Desvié la mirada hacia la mujer que me acompañaba, en un perfecto francés le pregunté ¿que había ocurrido para que Natiri le pagara con ese anillo de plata? A fin de cuentas no tenia un gran valor económico y ese hombre parecía un comerciante, un hombre de negocios, dudaba que el valor sentimental tuviera importancia alguna para él.
Fue entonces cuando lo comprendí, la joya solo era una señal de pago. Lo que habían estado negociando era parte de las reliquias que había en la excavación y eso implicaba dos cosas.
La primera que tendríamos que volver a ella, un lugar posiblemente vigilado por los sobrenaturales nórdicos, no estaba dispuesto a que Nai volviera a correr peligro alguno, así que no, no volveríamos allí.
Segundo, que de descubrir que ella había sustraído parte de estas reliquias para entregarlas a un ladrón perdería su trabajo, ese por el que tanto había luchado y no estaba dispuesto a que eso sucediera.
No volvería al burdel, eso podía jurarlo frente a mis dioses, por encima de mi cadáver la despedirían del museo de historia.

Tenia que pensar rápido, conociendo a esa egipcia testaruda no me obedecería, nunca dejaría el anillo de su madre en manos de ese hombre si no pensara cumplir su promesa y volver con las reliquias por el.
Ladeé la sonrisa de forma seductora relamiendome los labios y de nuevo alcé el mentón de la mujer de cabellos azabaches.
-Dime pequeña ¿que crees que tu amo puede desear mas que esas reliquias?

Su risa entrechoco contra mis labios mientras su mejilla rozaba la mía y su boca se perdió en mi oído para hacerme una confidencia.
Al parecer había una corona egipcia, una reliquia muy antigua y bien enjoyada custodiada por muchas trampas en estos mismos laberintos, algo que quedó sellado por los antiguos hace tiempo y que muchos habían tratado de coger perdiendo su vida en el intento.

Me acerqué a ese tal “jefe” que parecía sellar el trato con la egipcia con un apretón de manos.
-Tengo una propuesta mejor -aseguré hundiendo mis ojos de forma desafiante en los del egipcio.
-Cogeré esa corona para ti.
El silencio se hizo en la estancia durante unos segundos para luego oír los rumores de unos y otros hablando entre si.
Nai se negó en rotundo, parecía no entender que pretendía hacer cuando ella había conseguido que nos soltaran.
-Devuelvele ese anillo de plata y a cambio te daré la corona que llevas años anhelando poseer.
Sabia que había acaparado toda su atención, pero dudaba de mis palabras o quizás de mis capacidades a fin de cuentas estaba herido -no tienes a nadie en toda esta habitación capaz de hacerlo y a no ser que me hayas cogido especial cariño mientras te he empotrado contra la pared, dudo temas por mi vida, así que, piénsalo ¿que tienes que perder?

El egipcio meditó mis palabras mientras ahora la mujer sujetaba a Nai por los brazos que gritaba con todas sus fuerzas por evitar lo que según ella era un claro suicidio.
Said depositó el anillo de plata en mi mano, claro símbolo de que aceptaba el trato y ordenó a la mujer que soltar a Naitiri, a fin de cuentas ya nada podía hacer, habíamos sellado un trato entre hombres.
Está corrió hacia mi, golpeó mi pecho con rabia y yo solo aguanté sus envites en silencio, entendía como se sentía, pero yo no podía arriesgarme a perderla y volver a la excavación era justo eso, un riesgo que no pensaba asumir.

Said ordenó que nos acompañaran a una habitación pequeña donde podría prepararme para el trabajo que estaba a punto de cumplir, vendas, alcohol para desinfectar heridas, aguja e hilo y algunos potingues mas que no sabia para que servían.
Hundí mi mirada en la egipcia que parecía buscar desesperada otra salida que no estuviera custodiada.
-Nai, ayúdame, aprieta fuerte las vendas, necesito tener movilidad.
Había varias armaduras, piel, cuero tachonado incluso una de placas, un escudo. Me encogí de hombros sin saber muy bien a lo que me enfrentaba.


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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Naitiri Zahir el Dom Abr 16, 2017 11:39 am

Sabía que Zaid era listo, pero apelar a su lado contrabandista sería la mejor de mis opciones, también sabía que como él habrían otros que hubieran puesto sus ojos en la excavación y que querrían también las reliquias, si otros las obtenían él no tendría beneficio alguno y no sería bueno para él. Claro que eso a mí no me importaba en absoluto, lo único que yo quería era una solución sin tener que usar la fuerza. Le acababa de hacer creer que en esa misma sala habían trampas solamente para que tuviera que ir yo y que nos necesitara de alguna manera, no era cierto, en esa cámara no había ninguna trampa pero eso era algo que él no debía de saber, y decidí arriesgarme y hacerle creer que yo era la única que podría hacer que consiguiera las reliquias y que no murieran decenas de sus hombres.

Pero la carta más importante, la que más debía de hacerle creer que era verdadera y la que decidiría de forma definitiva si ganábamos o perdíamos… era la del anillo. Él quería algo como pago o fianza por el trato que estábamos hablando pero ninguno de los dos tenía nada que ofrecerle para hacerle ver que íbamos a cumplir con nuestra parte del trato, así que jugando la baza más importante de todas e intentando que se lo creyera… jugué la carta maestra del anillo. Jugué la baza de que conocía a mí madre y sabía que había sido egiptóloga, no me gustaba mentir ni engañar de esa forma pero era la única salida que veía posible para que aceptara mí propuesta. En realidad aunque le fuera a dar el anillo, de lo que hablaba era del medallón que me había dado Ubbe. Ese, y no el anillo, era la verdadera pieza que tenía más relevancia y más importante era… pero aunque cambiara el objeto mis sentimientos y la tristeza en la voz no eran fingidas, eran reales. Le quise dar algo de pena aprovechando que nos conocíamos desde pequeños, que ese hombre hacía años era el niño con el que solía jugar las tardes cuando mis padres trabajaban y cuya pista perdí cuando me fui del país.

Cuando el pacto y el trato ya estaba “firmado” y pensaba que nos iba a dejar marchar… tuvo que acercarse y hablar con Zaid. Lo miré con los ojos algo abiertos sin poder creerme que le estuviera haciendo esa propuesta… ¿una corona? ¿De qué narices estaba hablando? El silencio reinó en el lugar y supe que debía de ser algo importante porque los murmullos se sucedieron y Zaid lo miraba de forma fija, evaluando sus palabras. Recordé, entonces, algo que había encontrado en aquellos mapas cuando los descubrí por primera vez. Había una leyenda grabados en ellos y no supe en ese momento si sería falsa o no, pero los escritos hablaban sobre una corona de oro, una corona engarzada con forma de serpiente que recordaba mucho a la que llevaba Tutankamón en su tocado dorado. Llena de joyas que había pertenecido a un antiguo faraón y que, según contaban, estaba escondida en aquellos túneles… “custodiado” por trampas.



-¡No! –Fue lo primero que dije sin saber por qué, ahora que tenía un trato, el vikingo le ofrecía otro en el que se tenía que jugar la vida para ello. ¿No había visto que nos íbamos a ir con lo que yo había hecho? ¿Qué todo había sido una mentira y un ardid para poder irnos… que nada de lo que dije fue verdad? ¿Cómo podía ser tan idiota? Me dieron ganas de gritarle lo imbécil que era por hacer aquello, ¿no entendía que me había salido con la mía? Maldición, quise matar al vikingo en ese preciso momento y recé para que Zaid se negara en rotundo, ya tenía un trato conmigo. Fulminé al vikingo con la mirada, enfada con él por la gran estupidez que había hecho, abría la boca ligeramente sorprendida por que le pidiera que me devolviera el anillo… ¡me daba igual el anillo! Pero él parecía haberme creído como Zaid, y ahora le decía que si no sentía cariño por él que le dejara, que le traería la corona que nadie había podido llevarle. Volví a negarme gritando ante tan descabellada idea por su parte, se había vuelto loco y era un enorme suicidio lo que le estaba presentando. Lo peor, es que Zaid lo estaba meditando- ¡No puedes aceptar! –La mujer me apresó para que no me moviera y no interfiriera y la miré con odio, ahora sentía ganas de hacerle algo a esa mujer que comenzaba a odiar más por momentos. Deseé tener algo de fuerza, saber defenderme o pelear para librarme y darle como estaba deseando hacer, viendo que portaba una sonrisa en sus labios, disfrutando con el espectáculo. Me giré revolviéndome para mirar a Zaid- ¡Tienes un trato conmigo, no puedes hacer otro trato con él! Por Ra, que no aceptara. Zaid me miró y supe lo que iba a hacer antes de que dijera nada.
-Los negocios son los negocios, llevo años tras esa corona y no soy el único. Si él me trae la corona, seréis libres. Y si muere no pierdo nada, salgo ganando en todos los sentidos –vi como le entregaba el anillo devuelta a sus manos y la mujer me dejó libro, me revolví encarándome unos segundos y luego me acerqué al vikingo cerrando mis manos en sendos puños, sintiendo como la palma de mis manos me picaba y lo fulminaba con la mirada. Me paré delante de él y descargué mis puños con rabia y fuerza en su pecho, por idiota, por imbécil, por temerario, por suicida… por haberse condenado de esa forma.

Zaid mandó a dos de sus hombres que nos llevaran a una sala donde se pudiera preparar el vikingo con utensilios médicos y medicinales, armas, escudos, armaduras… no me fijé en nada de eso, y cuando nos dejaron a solas en la habitación ni siquiera miré al vikingo, me puse a buscar alguna otra salida que estuviera escondida, como por la que nos habían metido, sin prestar atención al hombre que tenía tras de mí. Estaba cabreada y enfadada con él en un punto máximo, ¿Por qué tenía que solucionarlo todo con peleas y batalla? No estaba en condiciones e ir a buscar la corona sería su sentencia de muerte… y me negaba.
No encontraba nada y comenzaba a desesperarme, mí trato había sido mucho mejor y no nos hacía correr ningún riesgo y él no parecía entender que aquello era sumamente peligroso. Si tantos otros lo habían intentado y no lo habían conseguido era, claramente, por un motivo más que razonable: porque era un completo suicidio conseguir esa corona.

Seguí buscando por las paredes rogando porque hubiera algo que se me hubiera pasado o que no estuviera a simple vista y nos sacara de allí, algo debía de haber, alguna pequeña puerta… cualquier cosa. Solo me paré cuando me llamó para que lo ayudara, seguía de espaldas a mí y bajé mis brazos de forma lenta por mis costados hasta dejarlos completamente bajados, volví a fruncir el ceño aún sin mirarle y me cabreé porque me pidiera que le ayudara, ¿a llevarlo a su muerte? Estaba muy equivocado si iba a dejar que fuera a por esa maldita corona, y si no podía hacerlo porque el vikingo era tan testarudo, cabezota y terco como yo misma era… no iba a poder evitar que fuera con él.



-No –dije negándome a ayudarle sin girarme todavía, el cabreo que tenía no conocía ni límites ni parangón en ese momento y juraba por Ra que me estaba conteniendo para no estallar allí mismo, porque aún seguía pensando cómo había podido ser tan necio como para pedir algo como aquello. Pareció extrañarse por mí negativa y me giré para mirarlo de lado viendo que él miraba lo que debía de coger para ir a por la corona- no pienso ayudarte con las vendas –su mirada fue a la mía y pudo ver lo enfadada y cabreada que estaba en ese momento- ¡Eres un maldito idiota! –le acusé girándome para quedar de cara él e ir acercándome de forma lenta, porque como lo tuviera delante iba a hacer mucho más que darle un merecido mandoble en su rostro- ¿Por qué has tenido que hacer eso, por qué no has podido quedarte callado? Maldición, ¿tengo que explicarte todas y cada una de las cosas? –Lo fulminé con la mirada y, ante lo que iba a decir, bajé el tono para que no nos oyeran- Era todo mentira, un ardid para que nos dejaran ir… ¿pero cómo puedes ser tan…? –Ya no encontraba muchos más adjetivos de los que le había dicho y me mordí el labio con fuerza por eso- …puedes quedarte con el puñetero anillo, ¿sabes siquiera lo que es la estrategia y cómo se usa? Por dios, deberías de saberlo, precisamente tú, que eres guerrero y poder ver estas cuando las tienes delante –me exasperaba de sobre manera- ¿Es que no me escuchaste cuando te dije que necesitas reposo? Viking jævla drittsekk* -le volví a dar otro golpe en el pecho, tremendamente enfadada por lo que acababa de hacer- No me pasé la primera noche en vela cuando llegamos ni la mitad del día de ayer en vela cuidando de que te recuperaras de la herida, manteniéndote con vida, temiendo porque murieras, trayéndote de casi una muerte en cierto momento para que tú ahora decidas ir a un completo suicidio… ¿a eso se reduce todo? ¿A morir por una herida, o morir luchando, o morir por un suicidio?... Pues me niego –mí tono había bajado siendo ahora algo más grave y afilado, desafiante, enfadada con el hombre que tenía delante de mí, sin saber por qué me importaba de esa manera el que él muriera. Quizás porque no había gastado todos mis esfuerzos por mantenerlo con vida como para que él se lanzara a la muerte- Además, ¿quién te ha dicho que hay una corona que…? –Me callé porque, ¿quién iba a ser sino?- Sabah –murmuré casi con desprecio, miré hacia otro lado unos segundos, odiaba a esa maldita mujer y ahora me daban ganas de matarla- voy a matar a esa arpía desgraciada –murmuré para volver mí vista al vikingo. Ahora ya no nos podíamos echar atrás, tenían un pacto y él debía de cumplirlo… nada delo que yo dijera podría hacer cambiar de opinión a ninguno- Veré qué puedo hacer –dije de forma fría separándome de él para coger lo necesario, vendas nuevas, gasas, ungüentos que ayudarían con la herida. Volví y le quité la venda viendo que supuraba, le lancé una mirada furibunda y la limpié para aplicarle un ungüento y volver a ponerle gasa y una venda de forma más apretada como había dicho que hiciera, así con las zonas donde tenía las heridas. Limpié mis manos y elevé mí rostro con mí pelo cayendo por uno de mis hombros y lancé un suspiro- Si piensas que voy a dejar que vayas solo estás muy, pero que muy equivocado. Voy a ir contigo quieras o no, así que no me mires de esa forma –levanté un dedo para silenciarlo sin dejar que hablara- ¿crees que no van a haber trampas en el lugar? No tienes nociones suficientes y yo sí, te puedo ayudar de ser necesario y creo que vas a necesitar de mí ayuda, irás tú delante y yo me quedaré detrás si quieres pero no pienso quedarme en este lugar mientras tú te vas, ¿crees que me va a deparar algo mejor si no vuelves con esa corona? Hazme caso por una maldita y puñetera vez en tú vida –me giré para ir hacia la puerta y salir antes que él, avisando a Zaid de que nos íbamos los dos y que sus guardias nos llevaran al lugar antes de que el vikingo protestara.

Nos condujeron por los pasadizos de aquel lugar hasta llevarnos a uno algo más profundo donde el lugar estaba más oscuro de lo normal. Una puerta hecha de oro con grabados custodiaba la entrada y daba una clara señal de que dentro habría algo importante. Había una inscripción arriba del todo que guardaba el paso y alentaba a que no cogieran la corona que había en el interior, pues solo encontrarían muerte… demasiado alentador y seguramente nadie se habría fijado en la advertencia que había puesta con jeroglíficos. Los guardias nos  dieron una antorcha a cada uno y nos abrieron la puerta dejando ver telarañas en el lugar y hacernos una seña para que entráramos antes de decirnos que tuviéramos suerte… seguramente pensarían que íbamos a morir, como tantos otros, ahí dentro.

El vikingo entró el primero y yo fui tras él para que ellos cerraran las puertas de nuevo dejándonos en aquel pequeño túnel apenas iluminado por las antorchas, no tenía nada de especial y se podía ver la roca tallada cuando hicieron el túnel. Seguimos andando hasta dar con una cámara algo más grande y nos paramos para observarla, había antorchas en la pared a cada lado de la puerta y las encendimos aunque no se veía demasiado. Me di cuenta de que había como una acequia en el lugar que atravesaba la habitación, y al acercarme pude comprobar que estaba llena por un líquido dentro, cuando acerqué la antorcha esta prendió el lugar e iluminó la habitación por completo, antes de que el vikingo diera un paso hacia delante lo paré poniendo mí brazo por delante de su cuerpo.



-Mira al suelo –habían como piedras con jeroglíficos y entendí que solo pisando los correctos podríamos pasar aquella primera trampa. Miré la cámara intentando averiguar qué era lo que debíamos de pisar y me di cuenta de que habían pequeños agujeros por ambos laterales, seguramente esa sería la trampa, los egipcios antiguos tenían predilección por ese tipo de cosas- Leí en los mapas que se decía que la corona llevaba una cobra, como la que llevaba Tutankamón en su máscara funeraria… eso quiere decir, que la representación de la cobra tiene que ser la deidad… -hice una leve pausa, el fuego era otra de las señales- deidad que era señora del cielo, representaba el calor del sol… y la llama del fuego –concluí mirando hacia el suelo-Uadyet, tenemos que pisar los jeroglíficos que escriben su nombre para pasar, si pisamos mal activaremos la trampa –iba a andar cuando el vikingo me paró cogiéndome del brazo negándose a que cruzara, que debía de ser él y negué con la cabeza- No hay garantías Ubbe, pero tenemos que cruzar –volvió a negar con la cabeza y me tiró para atrás alegando que iría él primero y que le indicara los que debía de pisar, que él iba delante y yo detrás… lancé un suspiro, no iba a ceder en eso y asentí con la cabeza indicándole cuáles debía de pisar, indicándoles su posición para que pasara, cuando logró hacerlo sin activar la trampa lo hice yo hasta llegar al otro lado- Suerte que he venido, porque sino no habrías cruzado.



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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Ubbe Cannif el Dom Abr 16, 2017 6:07 pm

Enarqué una ceja cuando esta me ofreció como respuesta un rotundo “no” ¿no iba a ayudarme con las vendas?
Vale que entendía su cabreo, pero había salvado el maldito anillo de su madre ¿que pensaba que lo había hecho porque me gustaba jugarme la vida?
No, lo había hecho porque sabia lo mucho que quería a su madre, lo mucho que la echaba de menos y si esa joya le pertenecía no podía dejar que quedara en manos de un ladrón de tres al cuarto.
Quizás cuando había oído un “te quiero” de los labios de otro hombre había sido mentira, pero para mi esas palabras significaban demasiado, algo que jamas pronuncie y que no pronunciaba a la ligera, yo me jugaría la vida sin dudarlo por ella y eso estaba haciendo, aunque no lo entendiera.

“Eres un maldito idiota” ladeé la sonrisa mientras su cuerpo se orillaba al mio e intuía que no para darme un beso, me habia llamado cosas peores, entre ellas bastardo, así que podría soportar lo de idiota, de echo viniendo de ella y en su estado casi lo tomaba como un alago.
Mi rostro pintó una sonrisa socarrona cuando dijo que si tenia que explicármelo todo y me preguntó cual era le motivo de mi acto suicida?
Guardé silencio, si tenia la respuesta, mas ella no estaba preparada para escucharla y quizás tampoco yo para decirla.

Entonces bajó el tono y me dijo que todo era mentira, abrí los ojos entendiendo ahora el porque de ese enfado, había metido la pata, aquello que había dicho era todo mentira, una burda estrategia para que nos soltaran, dejaran libres, mas su idea no era ni regresar a la excavación, ni volver a por un anillo que no tenia valor ninguno.
Tensé le gesto apretando aquella joya de plata que ahora chocaba con la palma de mi mano hundiéndose en ella.
¿Como podía ser tan necio? Claro que entendida las estrategias, mas no estas, yo sabia de la guerra y como hacerla, mas las dobles palabras de las damas eran demasiado complicadas.
En el norte las cosas se decían sin dobleces, claras.

No acabó ahí su afilado discurso, mi gesto se iba tensando al ritmo de sus palmadas en mi pecho.
-¿Te he pedido yo que me cuidaras? ¿que pasaras una de todas esas malditas noches que ahora me echas en cara en vela?
No, lo has hecho porque has querido, tu sabrás porque... -sentencié elevando el tono de mi voz con un claro cabreo -¿que no entiendes? Que arriesgue mi vida por salvar la tuya? ¿que para mi todo sea luchar o morir? Esa es mi maldita cultura Naitiri, nací con una espada de madera en la cuna, aprendí antes a sujetarla que a andar, y cuando corría la madera se convirtió en una prolongación de mi en cada uno de mis juegos del día a día.
Luego vinieron los férreos entrenamientos, ahora era el acero el que sajaba mi piel, entrenaba tanto que sentía que iba a desfallecer y si creía que eso era lo peor, no era nada comparado con la primera gesta en la que luche, muerte, sangre, miembros desquebrajados y ese nauseabundo olor a cuerpos descomponiéndose, alaridos de los caído..si me forje a fuego, a acero, ese soy yo, un necio que no entiende de subterfugios y que todo lo soluciona del mismo modo, alzándose para combatir una y otra vez y si ese hombre no es el que te gusta, no hallaras en mi otra cosa. ¿Sabes? Disfruto siendo eso, un guerrero, un vikingo y en el Valhalla esta mi sitio.

Mi mirada la desafió quizás porque su discurso era el mismo que el que Nai me dijo antes de que cruzara el portal, quizás porque esta discursion era demasiado parecida a la que allí mantuvimos y en ese momento logró que no fuera a verme partir.
Quizás como en ese entonces guardaba para mi lo mas evidente, que crucé el portal herido porque quería cuidar de ella y que ahora me había propuesto para una misión suicida justamente por lo mismo.
¿Que no entendia esa maldita egipcia?

No tardó en atar cabos para descubrir que era Sabah la que me había hablado  de la corona, no entendía que importaba de donde hubiera sacado la información, la cosa es que allí estábamos ambos mirándonos a los ojos cargados de rabia y dedicándonos palabras que aunque sentíamos no eran del todo ciertas.
-¿estas celosa? Apunté con un deje absurdo que no pretendió mas que lo mismo, desesperarla como lo estaba yo ahora mismo.
-Llevo tragándome como te mira el Zaid ese desde que entre a estos malditos túneles, lo mataré -sentencié casi rozando sus labios para dejar caer esas palabras casi arrastrándolas de modo desafiante.

Me ayudo finalmente con las vendas, gesto de frialdad el de ella, el mio completamente tenso, con el ceño fruncido y ese anillo hundido en la palma de mi mano mostrando la ira que me embargaba en ese preciso momento.
Discutir con ella no iba a servirme de nada, se había empecinado en venir, mas si lo hacia cumpliría mi demanda y seria ir tras de mi y regresar atrás si yo caía en el intento, creo que no era mucho pedir teniendo en cuenta que yo había cedido.

Así en silencio sepulcral nos llevaron hasta la entrada, Naitiri miraba todo a su alrededor, tratando de descifrar cada señal que nos pudiera ayudar a salir airosos de aquello, por contra yo, afianzaba el escudo que había tomado a mi antebrazo.
Nos adentramos en el interior de una sala, a nuestras espaldas las puertas se cerraron estábamos solos, parcos en palabras y sin tan siquiera rozarnos.
Yo andaba delante decidido a atravesar aquello costara lo que costara, ella por el contrario escudriñaba las paredes buscando los grabados que le dieran pistas sobre donde nos encontrábamos.
Dejó caer la antorcha y el suelo se ilumino, no tardo en descifrar parte del jeroglífico, fue así como detuvo mi avancé, al parecer si hubiera dado un paso en falso hubiera disparado una trampa.
Me pidió que mirara el suelo, así lo hice mientras me trataba de explicar su deducción.
-No te molestes, soy un necio que solo sirve para la guerra -susurré con rabia en mi voz.
Impedí que pasara para hacerlo yo, a fin de cuentas ese era el trato acordado y protegerla era mi única misión...

Me indicó por donde debía pisar y así logramos llegar hasta el otro extremo de la sala con vida, la oí asegurar que sin ella jamas habría cruzado.
-Me subestimas egipcia -aseguré sin desviar mi vista del frente para seguir andando hasta la siguiente sala.
Me detuve en la puerta, veía agujeros en las paredes, era como un corredor de la muerte y algo me decía que por esos agujeros no saldrían precisamente flores.
-Tengo un escudo, creo que lo vamos a necesitar, pégate a mi -le pedí afianzando con mi brazo su cintura.
Coloqué el escudo frente a nuestros cuerpos y me encogí lo máximo que pude para cubrirnos tras este, un paso y las saetas salieron disparadas por lo orificios en nuestra dirección, el escudo hizo su papel, claro que no aguantaría muchas si íbamos despacio.
Corre rugí acompañando su avance a toda velocidad mientras me encargaba de cubrir su cuerpo para que no recibiera impacto alguno.
Me llevé algún roce de flecha, nada importante. Por suerte habíamos cruzado la segunda sala, por desgracia el escudo quedaba inútil, así que lo deje caer a un lado.
-Bueno, al menos este maldito vikingo sabe usar el escudo -le recrimine ladeando la sonrisa.

La detuve antes de emprender el camino y coloqué el anillo que aun aferraba en mi mano en su palma con suavidad.
-No quiero el anillo, te lo regalo -sentencie hundiendo mis azules en sus rasgada mirada.
Esa terca egipcia no era capaz de ver nada aunque se lo pusieran delante de los ojos, luego me llamaba a mi necio.


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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Naitiri Zahir el Dom Abr 16, 2017 8:39 pm

El camino desde que salimos de aquella guarida hasta las puertas donde nos dejaron los hombres fue en total y absoluto silencio, ellos hablaban durante el camino mientras que nosotros permanecíamos callados cada uno en nuestros pensamientos, en un silencio algo incómodo y sobre todo tenso, muy tenso. Recordé mientras nos conducían por aquellos pasadizos el momento en que me había echado en cara haberme quedado esas horas en vela por cuidar de él, que no me lo había pedido… ¿cómo tenía tal desfachatez al decirme eso? No, claro que él no me lo había pedido pero, ¿acaso tenía elección alguna? ¿Dejaba que se muriera frente a mis ojos cuando podía ayudarlo a curarse? Sabía que me lo había dicho por el momento, porque estábamos los dos bastante enfadados y porque pensé que se lo había echado en cara…

¿No se había percatado que, si lo hice, fue porque me preocupaba por él?  Ya le había dicho varias veces que no debía de hacer esfuerzos por la herida, que la tenía algo grave y el veneno no se había curado del todo. Luego no me había quedado más remedio que escucharle decir que luchar y morir era en lo que se basaba su vida, que era un vikingo, y que en eso consistía toda su vida… aparte de que el Valhalla lo aguardaba. Maldito bastardo… el caso es que sabía que tenía razón, que todo lo que me había dicho era verdad y sin embargo… no me gustaba. Pero, ¿Por qué parecía que me lo había dicho con una intención la cual por el momento se me escapaba?

Lo que más me cabreó, sin duda alguna, fue que insinuara de esa forma si estaba celosa por lo de Sabah… maldita arpía, era pensar en ella y entrarme ganas de poder darle lo que se merecía. ¿Y si estaba celosa, qué pasaba? Seguramente que se alegría de oírlo, pero no se lo iba a decir nunca, porque en el fondo no sabía si lo estaba o no… pero me había molestado que esa maldita mujer le hubiera informado sobre la corona, de no haberle dicho nada ahora no estaríamos de camino a un suicidio. Y por si me había quedado alguna duda, él me las despejó cuando me dijo que había tenido que aguantar cómo me había mirado Zaid todo el rato, lo que él no entendía es que yo veía en Zaid una vía para poder salir –o al menos eso había pensado- sin tener problemas, aparte de mirar al que una vez fue mí mejor amigo. Pude sentir su aliento contra el mío de forma entrecortada y sus palabras totalmente ciertas y verdaderas, y sabía que podría matarlo llegado el momento.

Y por fin habíamos llegado a las puertas, las abrieron y nos dejaron solos dentro para cerrarlas a nuestro paso. Seguíamos sin hablarnos y de esa forma nos adentramos hasta la primera de las trampas, trampa que logré sortear atando cabos observando las señas que había en el lugar para luego indicarle al vikingo por donde tenía que ir para que no pisara en falso. Había algunos cuerpos, esqueletos todos, tirados por el suelo que no daban muchas pistas de por dónde podías pasar o que era lo que pasaba si pisabas en un sitio que no era y se activaba la trampa, tampoco quería saberlo realmente, sabía que los antiguos egipcios eran muy dados a ese tipo de trampas y solían ser bastante crueles llegado el caso. Lo miré mal fulminándolo con la mirada cuando me dijo que no me molestara, y que solo era un necio que solo servía para la guerra.

Podría jurar, en ese mismo momento, por Ra, e incluso también por Odín… que me dieron ganas de pegarle de nuevo mientras mis manos se cerraban en un puño ante sus palabras, ¡que vikingo más desquiciante! Sin duda alguna tenía la innata habilidad y capacidad para sacarme de mis casillas, hice caso omiso de sus palabras aunque lo seguí fulminando con la mirada hasta que le dije donde debía de pisar para poder pasar, y una vez lo hizo él fui yo quien le siguió para encontrármelo en la otra parte de la sala, donde me dijo que no lo subestimara y rodé los ojos por el comentario, cruzándome de brazos.


-Claro, porque de los dos eres tú quien sabe sobre egiptología y el único que sabe leer e interpretar los jeroglíficos y los grabados –comenté con sarcasmo aunque pude ver que él no dejaba de mirar hacia el frente, a la siguiente sala que no sabíamos lo que podía depararnos, pero viendo la primera nada bueno seguro. Lo miré cuando dijo que íbamos a necesitar el escudo y que me pegara a su cuerpo, su brazo rodeó mí cintura y yo me pegué tal y como había dicho aferrándome a su cintura y a la camisa que llevaba. El escudo lograba taparnos en gran parte, un primer paso y una flecha se clavó en el escudo, haciendo que pegara un leve bote de la sorpresa viendo como la punta había atravesado el escudo aunque lo había parado… maldición, yo no estaba hecha para ese tipo de cosas aunque si avanzaba, en realidad, era porque estaba aferrada al vikingo y lo seguía con cada paso que daba. Mas como la primera se sucedieron impactando contra el escudo, pasando por nuestro lado… podía oír el leve zumbido que hacían cuando nos pasaban y tras su orden de correr ni siquiera lo pensé, mi cuerpo actuó por si solo y lo seguí corriendo hasta que logramos pasar aquella segunda trampa. Logramos pasar y sortear la segunda sala y me aparté un poco de él cuando soltó el escudo una vez pasado todo el peligro.

Lo volví a mirar cuando me dijo que al menos sabía utilizar el escudo y lo fulminé, ¿íbamos a estar así todo el rato? Porque comenzaba a cabrearme más todavía y me parecía algo frustrante que no dejara de repetir ese tipo de cosas. No hice comentario alguno porque no quería discutir mucho más con él, sintiendo en mí cuerpo la adrenalina todavía de aquella carrera entre flechas tapados con un escudo, y comencé a andar solamente para pararme cuando su mano aferró mí muñeca impidiendo que siguiera andando y me giró para quedar de nuevo de cara a él. Me dijo que no quería el anillo y que me lo regalaba, mientras lo dejaba sobre la palma de mí mano con suavidad, sintiendo sus ojos azules sobre los míos color miel. Miré el anillo que había dejado en mí mano y luego lo miré a él de nuevo. Entendía por qué había hecho aquello, él también se había pensado que hablaba de verdad con lo de mi madre y lo había hecho por eso, porque pensaba que era cierto. Era todo un gesto, aunque aquello me hubiera enfado sin remedio alguno por llevarnos a donde estábamos ahora.



-Gracias –sonreí de forma leve por el detalle y volví a colocar el anillo en el dedo de nuevo, subí mí mirada notando que seguía mirándome antes de proseguir enlazando ambas miradas durante un breve periodo de tiempo, el tiempo suficiente en el que al final terminé por acortar la distancia y apoyar mí rostro contra su pecho, aún con la adrenalina recorriendo mí cuerpo por lo que acaba de vivir- Ubbe… ¿Podemos dejar de discutir? –Sabía que teníamos caracteres fuertes, y que no sería la última vez en que estuviéramos en esa tesitura… pero ahora mismo no era lo que necesitaba, ni de él, ni de mí- de verdad que no me gusta –aunque era cierto que eso no se podía evitar, y al final ambos habíamos estallado de nuevo. Y más veces que lo haríamos en el tiempo que nos quedaba allí, eso era algo que tenía bastante claro. Elevé mí rostro para acercarlo al suyo sintiendo su respiración chocar en mí rostro y su aliento mezclarse con el mío- Es mejor estar juntos en esto y olvidarnos de rencillas, ¿no crees? Vamos a poder con esto; yo aporto la inteligencia y tú la fuerza… yo creo que formamos un gran tándem –sonreí de lado y luego me mordí el labio alzando mis manos por su pecho hasta terminar rodeando su cuello- encontremos esa corona para poder largarnos de aquí, tenemos muchas cosas que hacer –terminé por acortar la distancia hasta capturar sus labios y besarlo, era hora de dejar la rencilla atrás, igual que las peleas y las discusiones, aquel lugar no nos iba a conceder siquiera un fallo y prefería no estar enfadada de dar el caso, no quería estar de mal humor. Me separé dejando un mordisco en su labio inferior y ahora si me encaminé hacia la siguiente sala entrando con cuidado para ver que nos deparaba. Nada más entrar, al pisar, una de las baldosas cedió bajo mí peso y se pudo oír cómo se activó un mecanismo que iluminó la estancia y el fuego cobró protagonismo, saliendo de diferentes lados de la sala que cortaba el paso hacia la salida que estaba más adelante.- Oh, genial… ¿cómo vamos a cruzar eso? –Pregunté más para mí misma que para que me contestara él. Comencé a mirar por las paredes para ver si encontraba algo, siempre había algo que nos indicaba alguna pista, el resto ya dependía del conocimiento de cada uno.

En el fuego siempre había un mismo patrón a seguir que si lo conseguías memorizar podías trazar un camino evitándolo pero, aunque lo hicieras, debías de ser lo bastante rápido como para apartarte porque de lo contrario… podía ver que el vikingo parecía pensarlo porque era la solución más evidente, había cadáveres por todo aquel recorrido dando a entender que lo habían intentado y habían fracasado… así que no iba a ser una de las opciones. Tenía que haber otra forma, a los constructores les encantaba poner no solo trampas, sino también pruebas que podían desactivarlas o intentar pasar sin que estas se activaran como en la primera cámara… debía de hallar la forma para evitar cruzar por ahí, era un completo suicidio. Mirando una de las paredes y casi de casualidad, cuando uno de los fuegos que salía de la pared iluminó una zona, pequeña y casi ajena a la vista, que brilló durante unos segundos.



-Espera… -dije para que el vikingo dejara de mirar de esa forma el fuego, con su tendencia suicida seguro que se lo estaba hasta planteando- Ubbe… ven un momento –le pedí mientras yo estaba en la pared bajo donde había visto aquello que había brillado por la llamarada de fuego. Cuando llegó a mí lado lo miré sonriendo de lado por lo que iba a decirle, aunque se me antojaba más decírselo como una orden como hacía él conmigo- Súbeme –pedí extendiendo mi brazo para indicarle a donde quería llegar exactamente- creo que he encontrado algo –esperé a que me ayudara a subir y me estiré un poco para llegar hasta donde quería, parecía que la imagen esa no estaba pintada, sino como tallada, como si fuera una joya porque tenía un hueco a su alrededor, como si estuviera encajada- ¿Llevas la daga encima? Déjamela –extendí la mano para que me la diera y con la punta de esta con cuidado logré meterla por uno de los lados y sacar lo que en un principio pensé que sería una ilustración más. Me bajó con cuidado dejando sus manos en mí cintura y yo quité el polvo que cubría el objeto, ante su pregunta de “qué es” lo alcé para que lo mirara- Un escarabajo… -un escarabajo esculpido en una joya de color verde- se suponía que se lo ponían a los difuntos durante la momificación, y se ponía en el pecho justo sobre el corazón… -lo miré brillando por la luz de las llamas y luego miré la pared- Tiene que haber un hueco, en alguna de las pinturas donde el corazón esté vacío, es un escarabajo del corazón, puede que sea la clave para parar eso y poder cruzar –aseguré mirándolo, y me separé para comenzar a buscar por un lado mientras él lo hacía en el otro. Al final fue él quien encontró lo que le había dicho, y tal como estaba el otro tenía que alzarme. Lo miré riendo entre dientes- Ya sabes… súbeme –hice un gesto con la cabeza y esperé a que lo hiciera para colocar el escarabajo sobre el corazón, encajando en el hueco y parando así el mecanismo del fuego, cuando me bajó miré hacia donde ahora el fuego ya no estaba y podíamos pasar, para volver a mirarlo- ¿Qué harías sin mí? –Pregunté con diversión sin ninguna intención de burlarme- espero que sea la última prueba –igualmente con cautela atravesamos el lugar pero no se activó ninguna de las llamas, pasamos a la última sala donde justo en el medio, iluminado por un haz de luz, estaba la corona que Zaid quería. Él llevaba una de las antorchas y esa vez fui yo delante sin siquiera pensar que podría ver otra trampa más en el lugar- Espero que no hayan más… -y me callé, más bien, lancé un grito cuando al adentrarme en la sala mi pie no tocó suelo alguno y mi cuerpo cedió hacia delante, por suerte la rapidez y agilidad del vikingo que me sujetó por el brazo y tiró con fuerza de mí haciendo que cayéramos al suelo de la otra sala hizo que me salvara de lo que fuera que hubiera, o que no hubiera,  en el suelo.

Mi cuerpo sobre el suyo aferrándolo con fuerza, con el susto en el cuerpo y la adrenalina fluyendo por este como un torrente sanguíneo. Había cerrado los ojos y tenía mí rostro contra su cuello y la respiración rápida, mí corazón bombeando con rapidez. Uno de sus brazos entorno a mí cintura y su otra mano enredada en mi pelo, intentando calmarme. Un “Mira por donde vas” que no ayudó en nada en ese momento me hizo lanzar un suspiro, pero luego preguntó si estaba bien y elevé mí rostro para mirarle, a lo que asentí para levantarnos y darnos cuenta que llegar a la corona, no iba a ser nada fácil. No había un camino directo a ella y un vacío se extendía a nuestros pies.


 

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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Ubbe Cannif el Lun Abr 17, 2017 6:19 am

Ladeé la sonrisa al escuchar ese “gracias” no tenia porque dármelas, a fin de cuentas el anillo era suyo, aunque ahora posiblemente pudiera significar lo que un maldito vikingo suicida estaba dispuesto a hacer por ella. No creo que existiera mejor declaración, ni siquiera la de esos franceses estúpidos que clavaban la rodilla en el suelo soltando por su boca sandeces varias de promesas eternas. Conmigo tampoco tendría eso, ni una vida tranquila, quizás no tendría nada de lo que en el fondo deseaba porque yo era temerario, imprudente, forjado para la batalla, criado de un modo distinto al suyo.

Su cuerpo se acercó al mio, su cabeza descanso contra mi pecho mientras mi mano sobrevolaba la distancia que la llevaba hasta su oscura melena. Elevó la mirada para dejar que nuestros alientos chocaran entrecortados, fruto de la trampa de aquella sala, de su cercanía y de la acalorada discursion que llevábamos encima desde que nos metieron en aquella cámara.
-Yo tampoco quiero discutir contigo, es solo que eres..terca, insoportable, incapaz de dar tu brazo a torcer nunca y obedecer para ti es una utopía -Mis palabras chocaron contra sus labios y estos se entreabrieron dispuestos a discutirme cada palabra, tiempo que aproveche para hundir mi lengua en ellos dispuesta a entablar un tórrida batalla, como un huracán arrasé con toda su boca, lo necesitaba.
-¿como hemos quedado? No discutir recuerdas -susurré con una ladeada sonrisa aun contra sus labios. Me relamí mientras esta acariciaba mi pecho antes de que sus manos se enredaran en mi cuello. Mis manos la atrajeron por la cintura, pegando su vientre a mi alzada virilidad.

Sus ojos me buscaron y me limité a reír sin mas mientras desviaba la vista hacia el siguiente lugar a sortear.
No tendría una vida tranquila, no mentía cuando lo decía, yo le tenia ganas siempre.
Naitiri empezó a caminar, vi como su pie activaba no se que mecanismo al pisar una baldosa, mi brazo corrió con ímpetu rodeándola mientras mi cuerpo trataba de protegerla de algo que no sucedió, nada afilado fue lanzado hacia su posición, así que me limité a enarcar una ceja y mirarla separando poco a poco nuestros cuerpos.
-Mira por donde pisas pequeña egipcia o me mataras de un ataque al corazón antes de que el veneno haga lo propio -bromeé guiñándole un ojo.
Su ceño se frunció, no le gustaba que hablara de la muerte con tanta vehemencia pero para mi, la muerte formaba parte de la vida.
No era un necio sabia lo que me jugaba cada vez que mis pies tocaban el campo de batalla, el problema es que cuando miras a la parca tantas veces de frente dejas de respetarla.

Acaricié con mi nariz la ajena antes de separarme para mirar el incesante fuego, parecía seguir un patrón, algo que me dio una idea.
-Creo que puedo cruzar, quizás al otro lado haya un mecanismo para detenerlo y me puedas acompañar mas si no es así, prometo volver con la corona, por Odin espérame aquí.
“Espera” rugió al verme casi tomar impulso para intentarlo, ladeé la sonrisa dispuesto a replicarle a decirle que confiara en mi, podía hacerlo, mas ella me pidió que fuera y la verdad la idea de volver a paladear su boca era tan tentadora que así lo hice.
Claro que entonces descubrí porque me había llamado, necesitaba que la aupara, al parecer había visto algo en lo alto de la pared.

La tomé de la cintura y la eleve como a una pluma, quedó en vilo un momento en el que aferré sus muslos dejándola así alcanzar con facilidad aquella pieza que ahora tras pasarle la daga y un “no te cortes” para que la sacara, quedaba en sus manos.
“un escarabajo”
-Perfecto, ya tienes con que entretenerte mientras atravieso la sala -le dije dejando un beso efímero en sus labios.
Mas ella me detuvo por el brazo, al parecer el escarabajo era la clave para que esas llamas cesaran.
No tardó en identificar el otro lado de la pared donde había que colocarlo y de nuevo la aupé para que lo colocara en el pecho de n ose quien.
Fuere como fuere funciono, las llamas cesaron y la sala quedo completamente tranquila, lista para ser atravesada sin mas peligro que el que esa egipcia y yo nos matáramos por el camino.
-No se que haría sin ti -apunté entre risas -supongo que cruzar las incandescentes llamas del infierno para conseguir el falso anillo de tu madre, por Odin, se menos convincente a la próxima o hazme una señal para que entienda tu burda mentira. Como para fiarme de ti en otras circunstancias ¿acaso me dices lo que quiero oír? -bromeé de nuevo orillandola por la cintura para besarla con suavidad -porque se que no hay nadie que me supere en la cama...-añadí con seguridad absoluta -que si no.

Íbamos hablando mientras esta negaba cuando dio un grito ahogado, no tarde ni un segundo en que mi brazo afianzara su cintura y tiré de ambos cayendo así a la otra sala librandola de aquel vació que por poco la hubiera engullido
Fruncí el ceño clavando mis orbes azules en los suyos.
-mira por donde pisas -le recriminé, mas pronto mi cuerpo se relajo acariciando su pelo, enredando en sus bucles infinitos mis dedos -Ya esta pequeña ¿estas bien? -pregunté buscando su parda mirada.
Asintió, permanecimos así unos instantes, acompasando el sonido de nuestros corazones, acariciando los labios ajenos con la respiración del otro mientras nuestros ojos seguían enlazados de forma silenciosa.

Cuando su cuerpo abandonó el mio me faltó algo, seguramente los 50 y pico kilos de peso, sonreí ante mis propios pensamientos.
-Bien, veamos ahora que hacemos -pensé en voz alta acercándome al borde del precipicio para ver que toda la sala era vació y solo quedaba en pie un especia de altar en el centro sujeto por una columna, sobre este la corona.

Alcé la mirada al techo, no parecía haber nada, la sala era diáfana. Lo único que sobresalía en la estancia era una pequeña reja situada en el techo, como un respiradero, creo que ahí podría enganchar la daga para que me sirviera de garfio.
Até un extremo de la cuerda que había cogido en la habitación del escudo a esta y sin pensármelo dos veces la lancé como lo haces al cazar un caballo salvaje.
Necesité varios intentos hasta que esta quedo firmemente enganchada o al menos eso esperaba pues desconocía si aguantaría mi peso.
-Nos vemos ahora preciosa -susurré acercando mi boca a la ajena por un segundo para no darle tiempo a recriminar mi nuevo acto suicida.

Tomé impulso y me deslice junto a la cuerda por el vació hasta que logré alcanzar la columna dejándome caer sobre esta.
Mis ojos se perdieron de los de la egipcia
-Esto ha sido pan comido -le dije guiñándole un ojo con esa seguridad de la que hacia gala.
Mas demasiado pronto había hablado, pues la rejilla se rompió y de esta empezaron a caer sobre mi cuerpo escarabajos, serpientes y otros bichos de los que traté de zafarme.

Podía ver el pánico en los ojos de Naitiri, mas nada comparado con los propios, no por los escorpiones que ahora caían sobre mi, si no porque tras ella venia una manada de gatos escuálidos que parecían mas propios de otro mundo que de este. Corrían como si descendieran del mismo Hell, emitiendo unos maullidos terribles dispuestos a abalanzarse sobre la carnaza y devorarla, ella era seguramente el único alimento que habían tenido en todo este tiempo.
-Mierda, Naitiri no mires atrás, mírame, mírame- rugí sacando el arco y las flechas.
Sentía los mordiscos por todo mi cuerpo , picaduras, mas tensé el arco que portaba a mis espaldas y una saeta tras otra fui disparando suplicando que la egipcia no moviera ni un pelo, pues los gatos estaban a su espalda, mi tiro tenia que ser certero y desde luego las condiciones no eran las mejores dadas las circunstancias.


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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Naitiri Zahir el Lun Abr 17, 2017 8:32 pm

Ya habíamos pasado tres de las salas así como las pruebas que había en cada una de ellas, cuando pudimos apagar el mecanismo que había activado la secuencia de fuego me pregunté cuánta gente habría logrado pararlo… quizás no mucha, quizás nadie dado que la corona seguía donde estaba. Porque seguramente todos se habrían lanzado de cabeza como lo hubiera hecho el vikingo, con la genial idea, de traspasar el fuego con aquel patrón que aunque se podía memorizar, parecía que sería imposible cruzar de esa forma. Nadie habría reparado en encontrar una segunda alternativa y estaba claro que no habían visto el escarabajo en forma de joya que detenía el mecanismo. Por suerte para él lo había visto a tiempo antes de que cruzara, como el suicida que era, por la parte del fuego.

Lo miré responder ante la pregunta que le había hecho, en realidad no se lo había preguntado para que me respondiera, sino más bien como una pregunta que hacía en tono divertido ahora que por una parte habíamos decidido por mutuo acuerdo, aunque no estuviera de acuerdo con las palabras que me había dedicado tras pasar la lluvia de flechas, no volver a discutir. Si yo era terca él tampoco se quedaba muy atrás… pero no quería volver a entablar batalla. Lo miré ante su respuesta de que le hiciera una señal para saber que estaba mintiendo y sonreí de lado cuando dijo si le decía lo que quería oír, riendo por ello sin poder evitarlo.


-No siempre te digo lo que quieres oír, a veces no escuchas siquiera lo que te digo –sonreí- pero sí, te digo siempre la verdad aunque tú no quieras escucharla y aunque luego no me hagas caso alguno… -como, por ejemplo, nada de esfuerzos- La próxima vez prometo hacer un gesto para que sólo tú puedas entender que estoy mintiendo… no suelo hacerlo, pero ahí era bastante necesario -Me mordí el labio observándolo ante sus siguientes palabra y enarqué una ceja con diversión- menudo fanfarrón estás hecho, ¿le sueles preguntar eso a todas las mujeres para saberlo al cien por cien? –Reí entre dientes negando con la cabeza- Mis palabras fueron ciertas, aunque a veces me gusta no obedecerte en las cosas que dices y no te digo lo que quieres oír porque, lo más seguro, es que no lleves razón alguna… como tú mismo has dicho: obedecer para mí es una utopía –le devolví sus propias palabras contra sus labios ahora que se había acercado a dejar en beso en mis labios y volví a besarlo, de forma más leve aunque no le restara pasión por ello, tal y como me había besado para “sellar” que no íbamos a discutir más. Otra sala más nos aguardaba, y esperaba que fuera la definitiva del todo.

Pero si pensábamos que todo había terminado no podíamos estar más equivocados, y si no tuviera esos reflejos que poseía quizás mí cuerpo cediera ante la nada que se extendía en esa habitación, por suerte para mí había logrado cogerme a tiempo y ahora estábamos tumbados en el suelo yo sobre su cuerpo mientras calmaba mí respiración por el susto, eso sí que no me lo había esperado. Lo miré cuando me recriminó que mirara por donde pisaba, por esa vez tenía razón, pero no me ayudaba en absoluto en el estado en el que estaba, pero luego sus dedos se hundieron en los rizos de mí pelo y cerré los ojos unos segundos en los que el corazón me latía con rapidez.

Un asentimiento de cabeza fue todo lo que obtuvo cuando me preguntó si estaba bien y alzaba mis ojos para mirarle, por unos instantes nos quedamos de esa forma mientras yo intentaba normalizar mí respiración y acompasarla a la suya que estaba más relajada que la mía, volví a asentir de nuevo sin quitar mis ojos de sus azules  antes de levantarme para ver qué hacíamos para llegar al otro lado aunque en esa ocasión fue él, y no yo, quien puso remedio. Yo solo me limité a observar lo que se le había ocurrido para pasar y luego lo miré cuando se acercó porque sabía, sin duda alguna, que me iba a decir que me quedara y que lo esperara. Bien, pues había acertado de lleno. Lo vi cruzar hacia el otro lado y pese a que no lo veía demasiado estable llegó al otro lado y me miró guiñándome un ojo para seguro tranquilizarme… pero no podíamos tener algo de suerte.



-¡Ubbe! -Grité desde el otro lado viendo como toda clase de bichos caían sobre él y se los quitaba, sin poder hacer nada por ayudarlo porque seguro que si decidía cruzar él mismo cortaría la cuerda para que no pasara. Vi serpientes, y peor, vi escorpiones… quizás las serpientes no tenían por qué ser venenosas y recé porque los escorpiones no le picaran porque, si un par de ellos lo hacían… ¿qué iba a poder hacer yo para ayudarlo? El miedo se apoderó de mí parada en la entrada de la sala sin poder hacer otra cosa que mirar, sintiéndome impotente por no poder ayer en aquel momento… y eso no fue lo peor de todo, por si aquello no bastara y fuera suficiente desde mí espalda, aunque a lo lejos, comencé a oír… maullidos. Iba a girarme cuando escuché su voz pidiéndome que no mirara atrás, y que lo mirara a él. Lo hice, aunque no pudiera ver todos aquellos bichos sobre él mis ojos se centraron en los suyos viendo como sacaba el arco, las flechas y disparaba en mí dirección contra los gatos que se acercaran en mí dirección, no era difícil oír los maullidos que daban mientras se acercaban.

Cerré los ojos por un momento, no porque me diera miedo de que me diera, sabía que haría todo lo posible para no darme pero… costaba ver que se afanaba por salvarme cuando él seguramente estuviera en peores condiciones, era un vikingo terco, cabezota y obstinado que no miraba por él, algo que había hecho que me enfadara muchas veces por su nulo valor hacia su propia vida. Los volví a abrir cuando la última flecha que tenía y la lanzaba, podía escuchar los zumbidos de estas cuando pasaban por mí lado y esa en concreto llegó hasta rozarme la mejilla al ser disparada, pero no me moví, no hice gesto alguno… no sentí el dolor, estaba más preocupada por él atenazada por el miedo que ni quejido alguno salió de mis labios.

Tan solo podía estar ahí, inmóvil, contemplando sin poder hacer nada sintiéndome impotente, débil… de nuevo no podía hacer nada por las personas que me importaban, ¿no había jurado la última vez, que no volvería a encontrarme en una situación parecida y de hacerlo pondría remedio? Sin embargo, ¿qué cambio había producido en mí vida para que eso no pasara? Ninguno, me había recluido en una rutina sin peligro alguno en la que no me había hecho faltar recordar porque juré no volver a sentirme débil, y ahora, estaba recordando por qué debía dejar de serlo… otra vez. Ningún maullido se oyó de fondo y cuando giré mí vista levemente pude ver que los pocos que quedaban habían sido lo suficientemente listos como para irse ante una muerte segura, me giré a mirar al vikingo y le grité para que cogiera la corona y volviera, o que simplemente volviera sin la corona… me daba absolutamente igual aquella maldita corona, y el maldito trato que habían firmado.

Como pudo quitándose lo que tenía por encima que caían al vacío cogió la corona, hecho que subió como si de un bloque muy pequeño se tratara, que ante el peso de la corona ya no se vencía, que activó un mecanismo que hizo de puente entre las dos partes de la sala y que crucé tan rápido como este estuvo operativo para llegar a su lado y quitarle lo que tenía por encima, rodeé su cintura y le apremié a que nos fuéramos de allí rápido antes de que algo más pasara. En realidad estaba temiendo que le hubieran vuelto a inyectar veneno otra vez, no iba a ser nada bueno para él y cuanto antes saliéramos de allí, antes llegaríamos para curarlo. Él tenía aferrada la corona y le sonreí como si quisiera tranquilizarlo, y tranquilizarme a mí de paso, pasando una a una las salas en las que ya parecía que ya no funcionaba ninguna de las trampas.

Llegamos a la puerta y lo notaba algo cansado, de hecho tenía un poco de sudor en la frente y di unos golpes en la puerta para que nos abrieran, no pasaron ni cinco segundos cuando los hombres nos abrieron y nos miraron atónitos por salir y con vida, y además llevar la corona como habíamos prometido. Comenzaron a decir sobre la proeza que habíamos hecho y que nadie había conseguido salir con vida, preguntando además a qué nos habíamos enfrentado… pero en ese momento no estaba para nada de eso, tenía al vikingo que notaba que perdía un poco de fuerza en el agarre que mantenía en mí cintura y aquellos hombres preguntándome por qué nos habíamos encontrado.


-Ayudadme a llevarlo, creo que tiene veneno… -no lo dije en francés, por supuesto, para que el vikingo no entendiera nada. Ellos me miraron de una forma que decía “no nos importa”, a lo que fruncí el ceño y lo miré- ¿Qué creéis que hará Zaid cuando se entere de que habéis dejado morir al único hombre que ha conseguido la corona? Le diré que no quisisteis ayudarme, y si os quedáis la corona… ¿de verdad no lo va a saber y sabrá que no la habéis conseguido vosotros? –No les di tiempo a pensar- ¡Venga vamos! –No pasó ni un segundo en que cargaran con él y nos moviéramos deprisa para volver a la guarida, cualquier comerciante que se preciara era un hombre de palabra porque debía de mantener una fama y una reputación, si no volvíamos o si lo hacía yo sola y les contaba lo que había pasado… bueno, no hacía falta decir más cuando se habían movido rápido para ayudarme y porque Zaid parecía tener como una mano muy dura con quienes le desobedecían. No tardamos ni menos de la mitad del tiempo que utilizamos cuando nos llevaron en plantarnos allí, podía ver las marcas de las mordeduras de las serpientes en los orificios de la camisa mientras aferraba con las manos la maldita corona que nos había llevado a esa situación.

Cuando entramos en la sala de nuevo donde Zaid nos esperaba este nos miró al entrar, al igual que sus hombres, sorprendido por haber logrado volver con vida. Miró al vikingo que iba cargado por sus hombres, el cual ya estaba de nuevo inconsciente, y luego me miró a mí para fijarse en la corona que llevaba entre las manos. Estaba en un estado en que iba a saltar en cualquier momento porque no podíamos perder más tiempo y todo parecía ir a cámara lenta. La mujer volvió a acercarse al vikingo y la fulminé con la mirada mientras lo examinaba aún cargado por los hombres y apreté la corona entre mis manos. Zaid me extendió la mano pidiéndome que le entregara la corona y pasé a fulminarlo a él con la mirada sabiendo que era lo único que le importaba, y lo único con lo que yo podía negociar.


-Antes de entregarte la corona y dejar que nos vayamos me vas a dejar que use esa sala para curarlo… -él me miró enarcando una ceja mientras Sabah no se apartaba, él me dijo que ese no era el trato y… fue lo que me faltaba por oír- Nos hemos jugado la vida para conseguirte esta maldita corona –la levanté con mí mano- algo que tú ansias y anhelas desde hace tiempo y que no has podido tener… ¡deberían de haber sido tus hombres los que la consiguieran! –Le grité sin importarme que era nuestro billete para irnos, estaba cabreada con la situación y estaba desperdiciando un tiempo crucial- ¡O tú si tanto la querías! Como contrabandista que eres debería de decirte que “lo que encuentro primero me lo quedo”, es vuestro lema, ¿no? –Escupí sin importarme, él me miró frunciendo el ceño por mis palabras pero sabía que tenía razón- Pues yo ha le encontrado primero, y yo me la quedo –se hizo el silencio en la sala y sentí todas las miradas sobre mí- La corona, por irnos y curarlo… se lo debes –tras unos segundos le hizo un gesto a sus hombres para que lo llevaran a la sala y solo cuando salieron de dejarlo dentro le lancé la corona a los pies para que él mismo la recogiera- Ahí tienes tú preciada corona, disfrútala –sí, desde luego que fui mordaz con mis palabras pero había llegado a un tope y no me importaba su estúpida corona, aunque sabía que había pertenecido a un antiguo faraón, que por estaba bien custodiada y que debería de exhibirse en un museo donde todos pudieran disfrutar de ella, y no alguien como él. Pude sentir como la mirada de la mujer ahora me fulminaba a mí con la mirada, pero pasé de ella y cuando pasé por su lado para ir hacia la cámara su mano apresó mí muñeca, me giró de un brusco movimiento aposta que me hizo daño y… ni siquiera lo pensé. Solo fui consciente de que mi mano se había estampado en su rostro y que estaba se había quedado sorprendida por mí gesto. Me gruñó con rabia e incluso fue a pegarme, si no fuera porque Zaid la paró antes de que hiciera nada- Si tienes un médico que me acompañe, porque voy a necesitar ayuda –me giré para encaminarme a la cámara- y te sugiero que no sea ella –fue lo último que dije antes de adentrarme en la sala donde lo habían dejado en un diván que había y lo primero que hice fue romper la camisa y ver la gravedad del asunto, tenía varias mordidas y picaduras. Un hombre mayor entró y me preguntó que había pasado, tras contárselo comenzó a buscar lo necesario y me preguntó si sabía si las serpientes eran venenosas, a lo que no supe contestarle. Le pusimos todo lo que tenían allí, sabía del veneno sobre todo de los escorpiones y no era la primera vez que lo trataba, así que le pusimos antídoto para todo y curamos sus heridas, me tranquilizó antes de irse y me recordó que tenía una herida en la mejilla de la cual me había olvidado por completo, se fue para dejarme a solas con él. Me tumbé a su lado y lancé un suspiro- Tranquilo vikingo, esta valquiria no va a dejar que te vayas todavía… -dije en nórdico sobre sus labios antes de dejar un beso en estos.  


 

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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Ubbe Cannif el Mar Abr 18, 2017 6:35 am

La vi cerrar lo ojos al sentir las saetas pasar raudas como halcones a por la presa señalada. Su cuerpo permaneció quieto, solo el raudo movimiento de su pecho causado por la entrecortada respiración del tenso momento lo movía ligeramente.
La ultima flecha rozo su mejilla, plumas que la acariciaron, mas no hubo queja, solo un ligero temblor fruto del pánico que posiblemente esa mujer mundana que no había sido forjada para la batalla debía sentir en ese memento.
Sangre, cuerpos de esos animales sin pelo en sus pies, los que quedaban huyeron despavoridos logrando que yo aflojara mis músculos y luchara ahora si, por apartar de mi todos esos bichos que me habían mordido.

Naitiri grito para que cogiera la corona, solo quería que volviera con ella, seguía asustada aunque no corría riesgo su vida. Alargué la mano, el cuerpo me pesaba no solo por las heridas que ya arrastraba si no posiblemente por el veneno que raudo corría por mis venas esparciéndose por mi organismo.
Le dediqué una sonrisa para tranquilizarla cuando afiancé la joya buscada y frente a mis ojos se alzo una especie de puente de piedra que emergía de la nada.

La egipcia corrió como alma que lleva el diablo hasta mi lado, apartó con rapidez lo que aun me quedaba por encima. Miedo, preocupación,  sus ojos en los míos mostraban lo que su sonrisa trataba de ocultar, sabia lo mismo que yo, que esos bichos me habían mordido y que de no encontrar pronto un antídoto estaba mas muerto que vivo.
No hizo comentario, solo me aseguré de portar la daga en mi cinto, llegada la hora la empuñaría, nada temía mas que ir a Hell y no al Valhalla.

Acaricié con mis labios los ajenos, tantas cosas que decir y debía guardar silencio. Mi cuerpo caía ligeramente sobre el ajeno, mis intentos por mantenerme en pie erraban en cada paso hasta que llegamos a otra sala que no parecía tener trampa alguna, mis ojos se entrecerraban, camino similar al que hice desde el campo de batalla aquel día en el que la saeta se hundió en mi costado.
-¿Niels? -pregunté mirándola, ya no veía -Synnobe esta con Hakon -gruñí tratando de zafarme para ir a ayudar a mis hermanos en esa batalla a melé en la que estaban inmersos.
Cerré los ojos, mi cuerpo cedió al completo sobre sus hombros que ya no podían darme sustento.
-¿Nai? Estoy bien -susurré buscando sus labios, hundiendo la rodilla en el suelo para ponerme en pie de nuevo, después solo oscuridad.


Abrí los ojos, pestañeando varias veces, la luz de las velas iluminaba mi rostro, sacudí la cabeza para tratar de espabilarme hasta que sentí la mano de Nai en mi pecho para que no tratara de incorporarme.
-¿esto es el Valhalla? -bromeé con una ladeada sonrisa – Tengo a mi Valkiria ¿y mi cena?
Rodeé su cintura siseando al moverme para hacerle un hueco en mi lecho, esta se dejo caer suavemente a mi lado, como si pensara que de no hacerlo me alzaría para buscar su boca una y otra vez. Sus dedos recorrían mi mejilla,mandíbula, cuello, cerré los ojos dejándome cuidar mientras una tonta sonrisa se pintaba en mi cara.
La miré fijamente, sus pardos se hundieron en mis azules, tenia muchas preguntas.
-¿Que ha pasado con la corona? -pregunté, aunque podía intuir que el tipo ese ya lo tenia. Sabia que estábamos en la habitación donde me preparé para entrar en ese laberinto de trampas, lo que significaba que aun estábamos en esos malditos túneles -¿cuanto tiempo he dormido? Hay que moverse.

Tensé mi cuerpo tratando sin éxito de incorporarme, estaba agotado, como si una manada de búfalos me hubiera arroyado.
Mi cuerpo estaba caliente por las fiebres, necesitaba descanso, peor no podia tomarlo.
Mis labios se orillaron a su boca, lamí su labio inferior tirando con suavidad de este, mi mirada se perdió en su mano, giré el anillo de plata con mis dedos.
-Me hubiera salido mas barato ir a robárselo a un dragón -bromeé entre risas volviendo a estampar mi boca contra la ajena, introduciendo mi lengua con calma en su interior, paladeando cada resquicio de su boca, saqueándola sin tregua. Lenguas que serpentearon ajenas al mundo en el que nos encontrábamos. Jadeé contra su boca sediento de mas, de ella, orillandola por la cintura a mi cuerpo, necesitaba su calor, su olor y por desgracia también ponernos en movimiento, el tiempo iba en nuestra contra.
-Pasame el chaleco, tengo beleño negro mezclalo con cerveza, funcionará calmará el dolor y me ayudará a ponerme en pie, casi flotaré -bromeé.
Lo usábamos para las batallas, era fácil con eso entrar en frenesí no sentir nada, una droga potente, no quería usarla, no tan pronto pero mi cuerpo no daba mas de si.


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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Naitiri Zahir el Mar Abr 18, 2017 12:14 pm

Mientras nos alejábamos de aquellas cámaras llenas de trampas que bien nos podrían haber matado, sujetándolo contra mí para que siguiera andando y pudiéramos llegar hasta los hombres donde ellos lo cargarían mejor que yo sola, pronunció el nombre de su primo y lo miré de reojo. ¿Estaba delirando? Al parecer así era, y eso solo significaba que el veneno estaba actuando en su cuerpo y que iba en una carrera a contra reloj, debía de darme toda la prisa que pudiera para llegar y utilizar esa sala donde había visto medicinas y demás utensilios en botes para hacer curaciones y alguna poción, y suministrarle algo para el veneno. Yo sola era algo difícil moverlo y cada vez notaba más que él perdía las fuerzas y que su cuerpo cedía más contra el mío, habló sobre dos personas más que me pregunté si también serían familia y quizás así fuera, porque intentó soltarse de mí agarre pero no tenía fuerzas para eso… llegué justo a tiempo para que los hombres me ayudaran, cuando él perdió la consciencia.

Por suerte teniendo la corona en mí poder le eché un pulso a Zaid, uno que no se esperaba y que cambiaba los términos de la negociación, sabía que no iba a negarse puesto que esa corona era una de las cosas que más anhelaba, así que me aproveché de ello y gracias a ello y con la ayuda de uno de sus médicos pudimos atender al vikingo. El hombre sabía sobre venenos y lo que se hacía, así que me fue dando indicaciones para que mirara mientras él buscaba los antídotos, también me dijo las plantas que podía utilizar en caso de que no tuviera nada a la alcance de mí mano. Me tranquilizó al decirme que estaba fuera de peligro y antes de salir me recomendó y recordó al mismo tiempo que debía de curarme ese rasguño de la mejilla, el cual había olvidado.

No supe exactamente cuánto tiempo había pasado, quizás un par de horas, hasta que por fin despertó. Lancé un suspiro y dejé que poco a poco se acostumbrara a la luz de la habitación, pero cuando quiso incorporarse puse una mano en su pecho y negué con la cabeza, necesitaba descansar un poco más. Su pregunta me hizo observarlo durante unos segundos en los que negué y luego sonreí levemente ante la mención de la cena, sin que pudiera evitarlo se movió para dejarme un hueco rodeando mí cintura y sabiendo que no iba a parar hasta que me tumbara a su lado así lo hice, acomodándome a su lado con nuestras miradas cruzándose, fija en la otra, y mi mano recorriendo su pecho de forma leve. Me mordí el labio por su pregunta, si supiera que le había echado un pulso a Zaid no sabría si se alegraría o me recriminaría por ser tan arriesgada e imprudente, así que decidí omitirlo.



-Se la he entregado a Zaid, pero antes volví a cambiar los términos del trato para que me ayudaran a curarte –hice una leve pausa- empiezo a pensar que te gusta que cuide de ti y que te gusta tenerme como tú enfermera personal –reí levemente con tono jocoso, volvió a intentar incorporarse y negué con la cabeza no dejando que lo hiciera- No el suficiente para que descanses, tómate un momento –comenté dejando mí rostro apoyado sobre su hombro esperando que me hiciera caso por un momento. Sus labios no tardaron en buscar los míos y lamió el inferior y tiró con suavidad de este, provocando que un leve jadeo escapara de mí boca. Sus ojos bajaron hacia mí mano y seguí el recorrido para ver que observaba el anillo. Reí por su ocurrencia sobre un dragón y que habría sido más barato robárselo, a lo que negué con la cabeza por el humor que presentaba- Quizás, pero en esa materia no podría haberte ayudado –comenté con una sonrisa antes de que su boca buscara de nuevo la mía, los míos se abrieron lo suficiente para dejar paso a su lengua que de forma calma recorrió mí boca y yo me dejé hacer para luego responderle al beso de la misma forma que él, cuando se separó mordí su labio inferior notando el jadeo sobre mis labios y sus manos pegando mí cintura a su cuerpo, tuve que sonreír por ello dejando mí rostro apoyado en su cuerpo olvidándome por un momento que debíamos de ponernos en marcha, pero al parecer a él no se le había olvidado.

Me mandó a por algo de su chaleco y enarqué una ceja porque el nombre de la planta me sonaba, me levanté para buscarlo y se lo entregué no muy convencida con que le calmara a tal extremo el dolor, pero si le ayudaba no me oponía. Se lo entregué y me senté a su lado ahora que se había incorporado, mientras él se tomaba aquello yo me di la licencia de coger una pequeña caja de madera y meter algunas cosas que tenían allí que quizás nos pudiera ser útil en otra ocasión y volví junto a él, sabía que era hora de salir de allí y de movernos aunque quise concederle un pequeño descanso más. Estando delante de él me incliné hasta dejar nuestros rostros a la misma altura, dejé una mano en su mejilla y acorté la distancia para dejar otro beso en sus labios, me separé y lo miré con una leve sonrisa.



-Vamos, es hora de irnos de aquí
–cogí su mano y tiré de él para ayudarlo a levantarse y sin soltarlo salí de allí notando las miradas de todos puestas sobre nosotros, me quedé ante Zaid a una distancia prudente y lo miré. Mí vista fue hacia la mujer que tenía una leve marca por haberle estampado mí mano en el lugar, la misma que llevaba el anillo, y volví mí vista al hombre- Hemos cumplido el trato y te hemos entregado la corona, es justo que nos dejes marchar –nos miró a ambos durante unos segundos y nos hizo una seña como que podíamos irnos, dos hombres nos acompañaron todo el camino por los pasadizos hasta que nos dejaron de nuevo en una de esas casas, dejándonos en el exterior. Salimos y reconocí que estábamos cerca de la casa donde nos quedábamos. Salimos a la calle y miré al vikingo respirando tranquila- Creo que no he echado tanto de menos la superficie como lo he hecho hoy, venga vamos –comencé a caminar no muy deprisa ya que intuía que debía de estar bastante cansado y agotado viendo a la gente que decoraba las calles y las casas, ni siquiera me había acordado del día que era y de la fiesta que había.

Llegamos hasta la casa y abrí la puerta para dejar que pasara, al parecer todo seguía tal y como lo habíamos dejado y me cercioré de que los papiros al igual que los cuadernos estaban, al igual que su espada… quizás no hubieran encontrado la casa todavía. Me tranquilizó un poco, si nos hubieran llegado a descubrir habríamos perdido absolutamente todo… por suerte, no era así y esta nos acompañaba un poco. Lo miré, parecía tan cansado aunque se esforzara por no aparentarlo… tenía que hacer que descansara por el resto del día, aunque conociéndolo iba a ser una tarea bastante complicada y difícil.



-Deberías de darte un baño, seguro que te alivia bastante. Vamos, te acompaño –me costó convencerlo lo que no estaba escrito, era tan testarudo y terco que se negó en rotundo alegando que no debíamos de perder tiempo… el tiempo que esperara, necesitábamos descansar por un día y no me iba a quitar esa idea de la cabeza. Al final conseguí que se diera el maldito baño y yo, de mientras, le preparé algo para que se tomara cuando terminara del baño, cuando bajó ya bañado yo estaba sentada en el sofá repasando los cuadernos de mí madre, lo miré mientras bajaba y le hice una seña para que se sentara a mí lado, le entregué un vaso con un líquido dentro que ya preguntó si era hidromiel y negué con la cabeza- Es para el veneno, solo para asegurarnos así que… venga, no estará bueno pero te curará. Te picaron mucho, es mejor llevar precaución por lo que pueda pasar –realmente, mentí. Lo que llevaba era un calmante leve que le haría descansar porque sabía que él no me haría caso alguno, así que eso le ayudaría bastante- He comenzado a mirar los cuadernos, hay un trabajo muy minuciosos en ellos –comenté para que se centrara en la conversación mientras el calmante hacía su efecto, pocos minutos bastaron para que al final cayera rendido. Sonreí y lo tumbé en el sofá para que descansara, aún quedaba mucho día por delante hasta la noche y le haría mucho bien para su cuerpo tomar reposo y descansar.

Esas horas hasta la noche las dediqué a hacer anotaciones sobre lo que encontraba en los cuadernos que pudiera ayudarme a traducir los papiros, ahí había mucha información y me pregunté cuánto tiempo le habría llevado a mí madre el reunirla. Leía cosas que jamás había leído antes y aprendí de otras que jamás se contaron… como si fuera una historia secreta que debía permanecer oculta en la historia. Antes de que el sol comenzara a esconderse en el horizonte decidí tomar un baño, estaba algo cansada y me dolía un poco la espalda y el cuello por la postura, porque había trabajado sentada en el suelo pegada al sofá donde descansaba el vikingo. Tras el baño bajé para darme cuenta de que seguía durmiendo, pero cuando bajé y me senté en la orilla del sofá me di cuenta de que se estaba despertando. Mis dedos acariciaron su rostro cuando despertó y sonreí dejando un beso en sus labios, sabía que podría enfadarse pero no me importaba.



-Hola otra vez, vikingo –le sonreí acariciando ahora su pecho con mi mano- ¿Te encuentras mejor? Antes de que lo preguntes, has estado durmiendo todo lo que restaba de día, aunque la noche pronto llegará –se le notaba hasta mejor cara y aunque se enfadara por lo que había hecho yo estaba más tranquila al saber que había descansado, nada que ver cómo estaba cuando se despertó en los pasadizos, que la que traía ahora- Ubbe, me gustaría hacerte una propuesta por esta noche –me mordí el labio, seguro que pensaba en otra cosa y eso me hizo algo de gracia- me gustaría que nos tomáramos esta noche… libre, que nos olvidáramos por un momento de los papiros, tú espada, los cuadernos, las reliquias, los lobos… todo –lo miré de forma fija- sé que no hemos venido a eso pero, créeme, lo necesito –sabía que se iba a negar, así que seguí antes de que dijera nada- No sabía qué día era pero, ¿te acuerdas los adornos que hemos visto en las calles? Hoy se celebra una fiesta en honor a que empieza la primavera, ya sabes, música, bebida, comida… quizás no sea como las fiestas del norte pero las nuestras también tienen nuestros encantos –bajé mi vista un momento a la mano que jugaba con los dedos de la suya y volví mí vista a sus ojos azules- Hace muchos años que no voy, desde prácticamente que salí de aquí con ocho años y… me gustaría ir. Te lo digo porque quiero que vengas conmigo, porque me gustaría enseñarte la otra cara de esta ciudad que no has visto y de la cual es la que a mí me gusta, a la que estoy acostumbrada, y de la cual guardo muy buenos recuerdos. La otra cara que no es lucha y muerte, esa de las leyendas y seres mitológicos, de dioses de la cual yo en su día cuando era pequeña me enamoré –lancé un leve suspiro- Voy a ir, pero no quiero tener que salir a hurtadillas como una adolescente que no hace caso de su padre y se escabulle sin que lo sepa. Habrá mucha gente y muchos guardias, no van a poder hacernos nada rodeados de tanta gente. Mucha comida, mucha bebida, música, bailes… es de noche y no vamos a perder tiempo alguno, nos sentará bien y nos divertiremos, te lo prometo. Sino, te dejo darme esos azotes, que dijiste en su día, por mentirosa –reí entre dientes dejando un breve beso en sus labios- Solos, tú y yo –la última baza para que aceptara mí propuesta- seguro que no me niegas nada cuando me veas con el precioso vestido rojo puesto que tengo arriba, y que querrás arrancarme cuando volvamos –dejé un mordisco en su labio inferior- Una noche Ubbe, es todo cuanto te pido y no estamos perdiendo el tiempo, simplemente lo disfrutamos. Al volver… mandas tú –exhalé mi aliento sobre sus labios y dejé otro beso antes de apartarme y comenzar a subir por las escaleras- Arriba te he dejado ropa que te cambies, ¡venga vamos! La fiesta comienza cuando salga la luna –le grité antes de perderme en la habitación, cerrar la puerta, y comenzar a cambiarme. No había dejado ni que replicara nada.


 

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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Ubbe Cannif el Mar Abr 18, 2017 1:34 pm

Espolvoreé el beleño negro sobre la jarra de cerveza que me trajo y la apuré hasta la ultima gota. Cerré los ojos relamiendome, y pronto dejé escapar el aire de forma pesada por mis labios sintiendo el subido que aquella droga provocaba en mi cuerpo.
Moví el cuello a los dos lados, el frenesí me invadía, mis músculos se tensaron como arpas y casi sin meditar en mi estado me puse en pie acercándome a la egipcia para rodear su cintura y perderme en su boca con ansia, ahora el tiempo no me parecía demasiado importante no cuando lo único que necesitaba era usar esa pared como lecho y tomarla de nuevo.
Rudo introduje mi lengua en la ajena, colocado sentía que flotaba, solo sus manos pudieron interponer cierta distancia.

Salvada por dos guardias que provocaron que rugiera por la interrupción, guardé la compostura pues Nai apresó mi brazo al ver mi intento claro de envalentonarme con ellos por no permitirme cumplir mi voluntad, perderme en su cuerpo.
-¿Que puto problema tienen los egipcios? En el norte cuando un hombre viene de una gesta todos sabemos que lo primero es montar a tu mujer, luego celebrar y beber hasta no tenerte en pie.
Negué con la cabeza relamiendome los labios para paladear el sabor de ese beso que había quedado impregnado en ellos y los seguí hasta el salón donde el tipo ese nos esperaba con la corona en sus manos.
De nuevo sus ojos se pasearon por el cuerpo de mi preciosa mujer, gruñí encarandome a él, mas Nai se colocó de frente para evitar todo enfrentamiento. Prendía como la pólvora por la droga que recorría mis venas y que me permitía a su vez mantenerme en pie, no sentía nada, no había dolor, solo adrenalina pura y dura.

Enarqué una ceja al ver a la mujer que había estado manoseando mis heridas con un buen moraton en la mejilla en forma de mano y un anillo sellado en ella.
-Osea ¿a mi no me dejas matarlo y tu cuando yo no miro te lías a golpes con esa?
No pude evitar echarme a reír, Nai me fulminaba con la mirada por no decir la cara de circunstancias de la otra egipcia.
Nai buscó mis labios para callarme, entendía que en mi estado podía liarla en cualquier momento, así que calmo la situación logrando que de nuevo me perdiera en su boca con necesidad absoluta y casi sin darme cuenta estábamos fuera.
-¿estabas celosa? -pregunté rodeando su cintura con mi brazo mientras mordisqueaba su cuello con suavidad, acariciándolo con mi nariz, parecía un pulpo pues por mas que la egipcia luchaba por separar mis manos de sus caderas, cintura y demás, no lo lograba, algo que al final provoco su risa.

Miré los adornos, parecía que se estaba preparando un fiesta bastante impresionante, nada tenia que ver con las norteñas, pero la ciudad quedaba engalanada para ella, así centre risas cómplices conmigo apresando su cuerpo y su espalda acariciando mi pecho, llegamos hasta la casa donde habíamos descansado los primeros días que pasamos en Egipto.
Corrí hacia mi espada, la alcé con una mano sintiéndola templada en mi mano, y la sacudí en el aire comprobando su firmeza, su acero silbó rabioso en aquella sala.
-No sabes lo que la he echado de menos -bromeé desviando mi mirada hacia la egipcia que me miraba sonriendo como si estuviera viendo a un niño con su juguete recién abierto.
Su cuerpo pronto acaparó mi atención, los efectos de la droga remitían y mi cansancio hacia clara mella en mi. Su rostro contra el mio, mordió mi labio inferior poniéndose de puntillas para convencerme de que tomara un baño, que me haría bien, pero no teníamos tiempo para eso, así que le repliqué tantas veces como pude, alegue a la seguridad, a todo, mas ella finalmente y como de costumbre se salio con la suya, así que acabé en el baño ,solo metido en la tina.
-Al menos podías bañarte conmigo -le recriminé con un grito desde arriba -las mujeres norteñas bañan a sus hombres y les hacen otras cosas.

Acabé y limpio y bastante mas relajado bajé junto a ella al sofá, estaba preciosa peleándose con esos diarios que daba vueltas sin parar tratando de encontrar la información necesaria que nos llevara a la reliquia.
Me acerqué sin molestar y bese su cuello dejando que mi aliento impactara en este, elevo la mira para de nuevo encontrarse nuestros labios con tibias caricias que dieron paso a un beso cálido, sentido, al menos por mi parte.
Junto a ella tenia una jarra, ladeé la sonría relamiendome después.
-¿hidromiel? -pregunté, por fin esa mujer pensaba en aquello que me gustaba, pero pronto me di cuenta de que no se trataba de eso, si no de el maldito antídoto que sabia a rayos -las cosas no cambian -dije con resignación llevándolo a mis labios.
En el futuro Nai también me daba esa mierda, ya podía mezclarla con alcohol por Odin, era asqueroso.

Sus labios me buscaron después de que lo apurara, una recompensa al amago trago. Siguió hablándome, mas me costaba mantener los ojos abiertos, me pesaba todo el cuerpo, su cuerpo se multiplicaban en distintas imágenes.
-¿Me has drogado? -pregunté enredando las palabras -Por Odin, eres...-no acabé la frase cuando mi cuerpo cedió frente al suyo y sentí como sus manos me acomodaban en el sofá, me dejé hacer y solo entreabrí los labios al sentir el calor de los suyos, mi mano trato de aferrar la suya, mas no llegue y caí en un profundo sueño.

Abrí los ojos horas después, Naitiri seguía a mi lado ,al menos esta vez no habia hecho de las suyas y me había dejado tirado.
Su sonrisa ilumino la estancia, acaricio mi pecho con sus dedos ,mientras me preguntaba con toda la cara del mundo que como estaba.
-¿Me has drogado? -pregunté incrédulo -eres terca, cabezota, incapaz de dar tu brazo a torcer y encima recurres a vulgares trucos para lograr tus objetivos.
Enarqué una ceja cuando esta sonrió sin tenerme en cuenta ni una sola de mis palabras, como si ya diera por echo que me iba a enfadar y le importara bien poco que eso sucediera.
Dejé escapar el aire resignado, era cierto, lo necesitaba, no iba a reconocerlo, pero me encontraba infinitamente mejor después de esas horas de placido sueño.

Ahora era ella la que nerviosa trataba de pedirme algo, mis ojos se hundieron en sus pardos sintiendo como sus dedos se paseaban enjugatados por la palma de mi mano haciéndome cosquillas, sintiendo las durezas por el sujetar de la espada y enredándose en mis dedos con suavidad.
-¿Que quieres? -pregunté ladeando la sonrisa. Mis mirada se fijó en ese anillo que bien me podría haber costado la vida y ahora fueron mis dedos los que lo giraron despacio pensando en cosas que nunca diría.
Alcé la mirada al hablarme de los adornos, esos que habíamos visto por las calles mientras llegábamos a la casa.
-Si, me he fijado, parece que va a haber una fiesta ¿no?
Esta asintió y no tardo en decirme que quería asistir a ella, iba a replicar por el peligro que eso podía suponer, mas tenia razón, desde que nos conocimos habíamos buscado esa reliquia, habíamos estado a punto de perder la vida y habíamos discutido infinidad de veces, ambos merecíamos una noche para nosotros, de beber, reír, besarnos, no se, una noche en la que celebráramos que seguíamos juntos. Ella lo necesitaba y para que mentir también yo.
No me hice de rogar y lo del vestido que iba a arrancar al volver basto para hacerme poner en pie.
-Vamos a esa fiesta -susurré contra su boca surcándola con fiereza -bebamos,divirtámonos y después volvamos a quitar ese vestido que lago me dice que estará de mas y me calentará la noche entera mas que la bebida.

Subimos escaleras arriba dispuestos a arreglarnos para la ocasión, no tarde demasiado en estar listo, claro que pronto entendí porque ella se tomó su tiempo.
Mis ojos se oscurecieron al momento, mis labios se entreabrieron y creo que se me escapó un jadeo.
Un vestido rojo perfectamente amoldado a su cuerpo marcaba cada curva que ponía mas que recta mi hombría.
-¿Dices que solo puedo quitarte el vestido al volver de la fiesta? -pregunté con una picara sonrisa extendiendo mi mano para tomar la ajena y ayudarla a bajar las escaleras -ufffff, estas preciosa.




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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Naitiri Zahir el Mar Abr 18, 2017 8:28 pm

Al llegar lo miré ir hacia la espada y cogerla diciendo que la había echado de menos, y no me extrañaba, siempre la llevaba encima y cuando más la había necesitado no la tenía.
Volvió a buscarme de nuevo pese al cansancio que tenía y pude hacer que se bañara mientras lo oía quejarse desde arriba, si me bañaba con él no podría preparar el calmante que metí en la bebida que más tarde le di y que le hizo dormir durante el resto del día, algo que le iba a venir muy bien. Cuando despertó sabía que se iba a enfadar, pero me importaba más bien poco porque lo necesitaba. Sus ojos consiguieron centrarse en los míos cuando le pregunté qué tal estaba y me miró frunciendo el ceño, preguntándome directamente si lo había drogado. Bueno, pues sí… así había sido.



-He tenido que hacerlo porque no me ibas a dejar alternativa, necesitabas descansar y puedes decirme todo lo que quieras… pero sé que te ha sentado bien porque solo hay que ver la cara que traías cuando te has levantado antes, y la que tienes ahora tras las horas de sueño. Necesitabas reposo y sabía que, con lo terco, testarudo y obstinado que eres no ibas a hacerme caso
–le devolví sin importarme que se enfadara, en lo que él estaba dormido había pensado pedirle que fuéramos a la fiesta que había esa noche, me apetecía mucho ir y nos iba a venir muy bien a los dos. Mis dedos acariciaron su mano mientras le explicaba lo que quería y él me decía, con una sonrisa ladeada, que le dijera lo que quería pedirle. Ahora su mirada bajó al anillo de nuevo y miré cómo sus dedos lo giraban puesto en mí dedo, produciéndome unas leves cosquillas al ser girado. Sabía que se iba a negar a lo de la fiesta, si me había costado horrores convencerle de que se tomara un simple baño, ¿cuánto me costaría convencerlo para la fiesta? Pero quería ir, de hecho, es que iba a ir… solo que prefería evitar el numerito de la mañana anterior en la que me tuve que escabullir como si estuviera haciendo algo malo, y a él le sentaría bastante bien.

De los días que llevábamos allí nada más que había conocido la cara oscura de Guiza, una cara que yo misma había descubierto en el viaje y quería hacerle ver que había otra cara que debía de conocer, y si no era a través de la fiesta no iba a conocerla nunca. Dejarse envolver por la magia del lugar, las leyendas, los mitos, las historias de los Dioses, toda la mitología que a mí me pequeña me enamoró y me hizo tener el trabajo que a día de hoy tenía. Nuestras culturas no eran tan diferentes, cambiaban algunas cosas, pero eran muy parecidas y estaba convencida de que le iba a gustar. Nada mejor como la fiesta de la entrada de la primavera para ello, el punto álgido era justo a media noche con las ofrendas que se hacían, la gente cantando, bailando, bebiendo, comiendo… iba a conocer esa cara y sabía que le iba a gustar.

Los dos necesitábamos una noche para olvidarnos del motivo verdadero por el que habíamos ido allí y disfrutar, y no había mejor noche que esa cuando era la fiesta y las ofrendas, ya tendríamos el resto para volver a la realidad pero por esa noche… quería escapar un poco de ella. ¿Qué había de malo en que fuéramos dos personas más en mitad de una fiesta, llena de tradiciones y leyendas, de cultura, que había perdurado durante milenios? Nos merecíamos ese descanso, por mí; porque estaba al borde de lo que podría decirse que era mí zona tranquila en la que en mi día a día no había mucho sobresalto y estaba llegando al límite, y por él; porque necesitaba una noche de descanso y de despejarse que de otra forma no me haría caso de tener.

No pude evitar reírme cuando hablé finalmente del vestido, sabía que iba a prestar especial atención a ese detalle y sobre todo al hecho de que luego pudiera quitármelo… era un punto débil en el vikingo, uno que él mismo había expuesto, y si debía de jugar esa carta por Ra que lo haría. Se levantó sin ponerme pega alguna, buscó mí boca para invadirla se esa forma tan… salvaje pero que desprendía pasión al mismo tiempo que tenía, y estuvo de acuerdo conmigo. Debía de grabar ese momento en mí mente, por una vez no me había puesto pegas y había aceptado, así que no dije nada y volví a reírme cuando hizo alusión al vestido… si él supiera cómo era el vestido… bueno, le daría la sorpresa.

Nada más subir aproveché para bañarme mientras él se cambiaba, le había dejado ropa típica que solía ponerse los lugareños para las celebraciones y que no fuera nada que no le hiciera sentir incómodo, y luego fui a la habitación para sacar el vestido del armario. No me había preguntado de dónde lo había sacado, y no iba a decirle que lo había dejado solo mientras dormía un momento porque fui a comprar la ropa, pero ya había tomado la decisión en ese momento y confié en que podía hacer que fuera a la fiesta conmigo. Lo saqué del armario y lo dejé extendido sobre la cama, me mordí el labio contemplándolo y me pregunté si no me pondría alguna pega por ello pero… muchas irían de esa forma vestida, me encogí de hombros y no hice caso de ese pensamiento que tan rápido como llegó se fue.

Me miré en el espejo para ver cómo quedaba el vestido, este era de tela fina y suave que se ajustaba a mí cuerpo. Tenía solo un tirante en uno de los lados que caía hacia el mientras que en el otro lado no había,  bajo el escote este un cinturón dorado, que llevaba una cenefa decorativa en negro como si fueran olas, bajaba por los costados ya la mitad del muslo una abertura que caía hasta el final del vestido y que me permitía movilidad, el collar de mí madre que se veía y un brazalete dorado en uno de los brazos. Un poco de maquillaje, lo justo para realzar mis ojos y mis labios y… lista.

Mientras bajaba por las escaleras hacia el comedor donde él ya sabía que estaría esperándome me pregunté si me quitaría ya el vestido o si podría aguantar toda la noche viéndome con el puesto, la primera reacción la tuve cuando entré en su campo de visión y sus ojos me recorrieron despacio sin perder detalle alguno mientras yo seguía bajando peldaño a peldaño, sonreí al ver cómo sus labios se entreabrían observándome y terminé por soltar una risa ante su pregunta cogiendo su mano para terminar de bajar las escaleras y quedarme delante de él, le sonreí por el cumplido y arreglé el chaleco que llevaba para mirarlo a los ojos sin dejar de sonreír.


-Gracias, tú también estás muy guapo vestido así –le lancé una sonrisa sincera y me mordí el labio sin contestarle todavía a la pregunta del vestido- Bueno… había pensado que me lo quitaras aquí cuando llegáramos, y salvo que quieras que me vean desnuda… -ladeé la cabeza un poco- cosa que sé que no, pues sí, solo me puedes quitar el vestido cuando lleguemos –alcé un dedo en su dirección- ¿Podrás aguantar? –Le desafié divertida, quizás así también hacía que aguantara un poquito más- Venga vamos, seguro que la fiesta ya ha empezado –cogí su mano con la mía y tiré de él para dirigirnos a la puerta y salir mezclándonos con el ambiente de las calles. Las calles y las casas estaban adornadas e iluminadas como con farolillos con figuras y la gente ya estaba en las calles con los puestos que habían montados, llenos de comida, de bebida, artesanía, joyería, incluso juegos típicos para conseguir premios… de muchas cosas diferente- Deberíamos de ir hacia la plaza, o si quieres puedo darte un tour por las calles… aún hay tiempo para la media noche –la última vez que había acudido a esa fiesta había sido con mis padres y yo era muy pequeña, y tal y como recordaba se podía oír la música por el lugar y la ciudad se llenaba de música y de vida, me acerqué a uno de los puestos y tiré de él para que me siguiera donde había diferentes platos, enormes todos ellos, y cogí un trozo de carne de uno que llevaba salsa y me giré a él- prueba esto –le di el trozo para que probara y luego lamí los dedos manchados mientras él degustaba- era mi favorito de pequeña –cogí dos jarras vacías que había más adelante y las llené para darle una al vikingo- la gente ofrece lo que tiene sin pedir nada a cambio, solo algunos puestos que no sean de comida lo hacen, y para ellos es como una ofrenda… no estás obligado a hacer una, pero también puedes ir a la plaza y dejar otra ofrenda diferente antes de que sea media noche –expliqué porque yo no sabía cómo serían sus fiestas- no será hidromiel y no estarás en el norte pero estoy convencida de que no diferirá mucho de las fiestas que hacéis allí, bueno… vosotros siempre tenéis el plus del sexo en vuestra cultura –sonreí medio divertida por ello, ya me lo había dejado en claro ese pequeño detalle muchas veces- espero que disfrutes de este descanso, y de esta noche. Por nosotros, skol –dije levantando la jarra a modo de brindis y beber de ella, al terminar me acerqué rodeando su cuello para besar sus labios apoderándome de su boca por unos momentos, en los que dejé un mordisco en el labio inferior antes de separarme.

Le sonreí y entre risas seguimos avanzando por las calles probando de diferentes puestos los tipos de comida que había, dándonos de comer y con las jarras en la mano sin parar de reírnos, noté que los dos estábamos diferentes sin la preocupación o el estar pendiente de que pudieran atacarnos, como liberados… y me gustó, ya era hora de que disfrutáramos un poco. Notaba las miradas sobre nosotros y supe que no era porque llevaba una espada en su espalda, era consciente de que él llamaba la atención y eso me provocaba una sonrisa ladeada. Su brazo ahora rodeaba mí cintura, faltaba poco para la media noche y aunque yo iba por mí segunda jarra, el desconocía ya las que se había tomado. Mis ojos se centraron en un puesto que había de juegos, donde vi un peluche de una pantera negra que me hizo tirar del vikingo en la dirección donde estaba. Era como la que una vez había querido de pequeña y no pude obtener.

Pese a las risas del vikingo que me decía que era un juego de niños lo miré de reojo y le saqué la lengua, como si fuera una niña pequeña, antes de pagar al hombre para poder jugar. Eran cinco aros que debías de meter en diferentes lugares para conseguir puntos y obtener así lo que querías, tras mí intento… no conseguí lo que quería, para diversión del vikingo por haber fallado un juego de niños, al girarme lo miré y le puse morritos como si fuera una niña pequeña de verdad insistiéndole en que quería el peluche para que jugara él y lo consiguiera de mí. Al final, tras mucho insistirle con esa sonrisa socarrona de diversión que portaba en sus labios, acabé mordiendo su labio inferior buscándolo y provocándolo y… no le quedó más remedio que jugar. Para él no fue nada complicado, claro, ¿cómo iba a serlo si era un guerrero? Obtuve mí peluche y se lo agradecí besándolo siendo yo esa vez quien traspasó sus labios y mí lengua arrasó con su boca terminando en un beso un poco más lento con un mordisco en su labio.



-Gracias –le sonreí y volví a tirar de él enlazando nuestras manos para acercarnos donde había gente tocando música y había gente bailando alrededor, me fijé en una niña pequeña que tendría quizás ocho años que estaba bailando con un traje que la hacía parecer como una pequeña princesa, sonreí cuando se fijó varias veces en nosotros y aunque primero pensé que era el peluche, en realidad se fijaba en el vikingo, cosa que me hizo gracia- creo que le gustas –murmuré para luego ver como más tarde la niña se acercaba hacia nosotros, a lo que terminé por agacharme para quedar a su altura- hola preciosa –la saludé y me sonrió presentándose- dime, ¿quieres el peluche? –porque lo más lógico es que fuera lo que quería en realidad, y negó con la cabeza- ¿Ah no? –me hice la sorprendida y tuve piedad con ella- ¿quieres.... bailar con él? –La niña lo miró y le regaló una sonrisa- pues no se hable más –me levanté cogiendo la jarra del vikingo  dándole un pequeño empujón- Venga, no puedes negarte a este encanto de niña que ha tenido el valor de acercarse, si fuera ella, yo también lo habría hecho –le sonreí divertida- venga, corre a bailar con ella… yo te espero aquí –otro momento que iba a grabar en mí mente, sin duda alguna.


 

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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Ubbe Cannif el Miér Abr 19, 2017 5:22 am

Tomó mi mano tras lanzarme un reto que no sabia si podría superar pues mis ganas por montarla eran inmensas y aun no habíamos salido de la casa.
Ladeé la sonrisa negando, tenia razón en algo, la quería desnuda pero solo para mi, así que me dejé arrastrar entre risas perdiéndonos por las engalanadas calles de Egipto.
La música era envolvente, así como los distintos olores que desprendían los puestos con carpas de colores. Los farolillos iluminaban las calles y las gentes animadas bailaban al ritmo del son de distintos instrumentos bebiendo y comiendo por allí por donde pasaban.

Abrí la boca para degustar un trozo de carne con salsa, estaba buenísimo, me relamí los labios antes de acortar distancia y besar los ajenos cerrando los ojos para convertirlo en un beso mas largo de lo esperado.
Seguimos fundiendonos en el ambiente como dos personas mas, que simplemente se divierten, atrás quedaban las batallas, la reliquia, los pergaminos y diarios, solo ella y yo y esa forma de mirarnos.
Tomé la jarra que me dio repleta de cerveza y pronto la llevé a mis labios para aplacar mi sed, pese a ser de noche, hacia calor para mi, estaba acostumbrado a las temperaturas nórdicas y Egipto era caliente, casi tanto como la mujer que me acompañaba.

Reí cuando hablo de que sus fiestas posiblemente no diferían mucho de las mías, claro que en eso tenia razón nosotros siempre teníamos el plus de sexo.
-Hay que entrar en calor -dije sin perder la ladeada sonrisa que pronto volvió hasta sus labios para apresarlos.
-En el norte tenemos fiestas distintas, supongo que esta es la que mas se parecería a la de la cosecha, la fertilidad..en ella rendimos tributo a la diosa Freya para que convierta nuestros campos y mujeres en fértiles.
También se hacen ofrendas, mas bien sacrificios y se bebe, se baila, se come y se folla ¿si no para que pedir que nuestras mujeres sean fértiles? -dejé escapar unas carcajadas dejándome llevar de su mano hacia el centro de la plaza.
Omití otras celebraciones bastante mas barbaras, que posiblemente no le gustaran en absoluto y que por supuesto nada tenia que ver con las ofrendas caritativas de las que ella hablaba, si no del sacrificio de un vikingo para acompañar a Odin y a nosotros en la batalla, prósperos saqueos y defensa de nuestras ciudades que quedaban mas desprotegidas de hombres y en su mayoría era vigiladas por las escuderas.
Claro que nuestras mujeres no eran precisamente féminas como cualquiera de las que por allí podía ver, las nuestras eran fuego, templadas como nosotros con el acero, fuertes, afiladas como dagas, sin duda solo las norteñas parían vikingos.
Bueno, y mi madre, que era de París, pero llevaba a mi padre a raya por muy vikingo que fuera.
Me reí de nuevo siguiéndola por las distintas calles, mi brazo rodeaba su cintura, reíamos sin parar brindando, animados, habíamos perdido la noción del tiempo, simplemente nos disfrutábamos.

Nos detuvimos en un carro donde habían montado un sencillo juego para ganar distintos peluches, a Nai se le antojo uno, así que decidida me pidió que sujetara su jarra para lanzar unos discos que tenia que encalomar con puntería dentro de unos palos.
No pude evitar que me diera un ataque de risa por su torpeza mientras esta me aniquilaba con la mirada para poco después y pensándoselo mejor acortar distancias y hacer lo que siempre hacia, convencerme de todo con algo tan sencillo como sus labios contra los míos y su aliento embriagándome de deseo.
-Esta bien -susurré contra su boca sintiendo un pequeño mordisco en mi inferior, que relamí mientras caminaba hacia el puesto y tomaba los discos que colé con facilidad en su determinado lugar.
Tomé el peluche y se lo entregué no sin antes pedir mi premio, un beso húmedo que pego también nuestros cuerpos, mis manso se deslizaron por su cintura, cadera, muslos, jadeé contra su boca mientras esta reía y tomaba la pantera poniendo de nuevo distancia entre nosotros.
-Por Odin -repliqué fundiendo mi oscurecida mirada en sus pardos resignado.
De nuevo enlazamos las manos y nos dirigimos hacia la plaza principal donde se congregaba la mayor parte de la gente, la música sonaba alta, la gente bailaba y mis manso sobrevolaban su cuerpo plagandola de caricias mientras mis labios recorrían su cuello con suavidad.
Me fijé entonces que se separaba para hablar con una niña que miraba la pantera, creí que se la regalaría y enarqué una ceja, mas pronto descubrí que no era la pantera si no yo al que se quería llevar de trofeo a casa.
-La niña tiene buen gusto -dije entre risas dejando mi jarra sobre un barrica de madera colocada a modo de mesa y tomé la mano de la pequeña mientras miraba de reojo a la egipcia como sonreía.

Allí se bailaba muy distinto a como lo hacia nosotros frente al fuego, parecían tener un patrón y no precisamente ese salvaje al que yo estaba acostumbrado, si que miré a los demás hombres para tratar de copiar algo que ni de lejos me salia, me reí mirando los oscuros ojos de la niña y la alcé en brazos dejándonos llevar por el ritmo frenético de la música, bailar era bailar, que mas daba como, este era mi modo.
La niña reía sin parar, continuamos hasta el fin de esa melodía y despidiéndome de ella regresé junto a la morena preciosa de vestido rojo que seguía mirándome con sus pardos rasgados.
-¿Esas sola? -bromeé tendiéndole la mano para que la tomara y de un tirón seco pegué nuestros cuerpos. La música de nuevo sonaba, mis labios acariciaron los ajenos dejando que mi agitada respiración se perdiera en ellos -¿bailamos? -pregunté bastante animado





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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Naitiri Zahir el Miér Abr 19, 2017 2:31 pm

La ciudad estaba tal y como la recordaba en esa fecha y en esa festividad en concreto donde se daba paso a la entrada de la primavera y la gente hacía ofrendas para conmemorar la entrada. El ambiente era el mismo que cuando la última vez que lo pude presenciar que fue mí último año de estar en Guiza y sonreí ante los buenos recuerdos, enseñándole al vikingo aquella fiesta que distaba mucho de lo que había conocido de mí país y de mí ciudad, ese era el Egipto que yo recordaba, y no el que había vivido esos días que llevábamos allí. Los guardias patrullaban las calles y estaba todo tan lleno de gente que podíamos darnos el lujo de saber que no nos iban a atacar, no con las calles tan abarrotadas como lo estaban. Los farolillos adornaban las casas y las calles plagando estas de colores diferentes, los aromas que se combinaban en el aire, la música que llenaba todo de vida… habían un buen ambiente y pensé que íbamos a pasar una muy buena noche.

Le escuché cuando habló sobre algunas tradiciones que ellos tenían así como sus festividades y sí, la que se celebraba allí era parecida a la de la cosecha, aunque claro, sabía que los vikingos tenían más cosas que añadían en sus fiestas y que algunas también eran muy distintas que diferían de las nuestras pero en eso consistía cada cultura, cada una rendía culto a su manera aunque muchas se parecieran. Y es que si te parabas a pensarlo por un momento la cultura Egipcia y la Nórdica se parecían muchísimo, ambos tenían muchos Dioses a los que adoraban y eran los creadores de todo lo que había en la tierra, se hacían ofrendas a estos, cultos y festividades muy parecidas aunque cada uno a su manera. Pero en lo que a mitología se refería eran casi iguales… como el vikingo y yo, tan iguales que muchas veces chocábamos y explotábamos teniendo las pelas que teníamos.

Los dos teníamos caracteres fuertes que chocaban, y aun así después de haber pasado todos estos días juntos se notaba que había cierta complicidad entre los dos, no entendía por qué había aparecido tan pronto y quizás fuera porque estar en momentos al borde de la muerte cambiaban las cosas… aparte de esa complicidad lo que no se podía negar que había desde el primer momento había sido atracción, claro que al principio lo único que había querido era alejarme y huir del vikingo que me había secuestrado. Y el claro ejemplo era que no parábamos de buscarnos en todo momento, besos, caricias, miradas… todo apuntaba a lo que realmente pasaba. Pero es que cuando estábamos así, sin discutir, me sentía cómoda con él y no me daba vergüenza mostrar ciertos aspectos que tenía, como por ejemplo, el infantil con el peluche.



-¿Sabes? Algún día me gustaría ver alguna celebración vikinga, sé que tenéis diferentes en cuanto a… bueno, algunas son un poco más… ¿fuertes?
–Dije ladeando un poco la cabeza, porque no quería ofender para nada sus costumbres- pero, si te paras a pensarlo, ambas son bastante parecidas. Como tú y yo –alegué porque cuanto más lo pensaba más veía que era así- somos tan parecidos que chocamos, de hecho, de vez en cuando me pregunto si habrá algún día que nos discutamos y que lo pasemos “en paz”… creo que sería todo un reto –reí sin poder evitarlo tras haberme conseguido el peluche y decidir ir hacia la plaza central- Por eso decidí estudiar también la mitología nórdica, porque tenía muchos matices parecidos con la egipcia y me dio curiosidad… -y yo, que era una mujer de lo más curiosa, pues no pude evitar estudiarla. Tiré de él para llevarlo hasta la plaza donde había más gente bailando al ritmo de la música que se estaba tocando, sentía sus dedos acariciar mí piel, su respiración en mí cuello y sus labios dejando caricias por este. Había rodeado mí cintura con su brazo quedando tras de mí, mi mano libre recorría su brazo que me sujetaba mientras veía a la gente bailar frente a nosotros, ya era la cuarta o la quinta vez que la mirada de esa niña se cruzó con la mía y me mordí el labio divertida por ello, era consciente de que algunos nos miraban porque es que el vikingo llamaba la atención allá por donde iba, no solo su altura sino también su constitución, la tez más blanca que la nuestra… además de algunas miradas de algunas jóvenes, igual que en el barco que me hacía sonreír sin poder evitarlo. Claro que también sentía que me miraban, pero estaba acostumbrada a que lo hicieran y no reparé en darle importancia alguna. Giré mi rostro para dar con sus labios y besarlos no sin antes decirle que le gustaba a esa niña… niña que, más tarde, se acercó y yo quité el agarre del vikingo para hablar con ella. Era una niña preciosa, tenía unos ojos verdes que cautivaban y su pelo negro como la noche caía en hondas y pequeños tirabuzones igual que el mío- Venga, corre a bailar con ella –le animé al vikingo mientras los veía alejarse y sonreír de lado apoyándome contra una de las paredes que había detrás.

Mis ojos contemplaron divertida como el vikingo intentaba imitar los pasos de los demás hombres mientras la niña se movía con gracia y soltura al ritmo de la música que sonaba, no pude evitar reírme al ver que no lo conseguía pero lejos de quedarse quieto cogió a la niña en brazos y comenzó a bailar con ella para mí sorpresa, observándolos mientras la niña reía en sus brazos divertida por lo que el vikingo hacía. Crucé un brazo por mi pecho y apoyé el otro codo sobre la mano del brazo que había cruzado, sin dejar de mirarlos, con la jarra en la mano. La llevé a mis labios para dar un trago y mordí el borde de este sonriendo observándolos. Sin duda alguna era una imagen muy diferente del vikingo serio y fiero que había visto algunas veces, sobre todo cuando peleaba. La niña se despidió del vikingo con la mano y luego me miró para sonreírme y despedirse con la mano a un gesto que respondí. Vi que él se acercaba y me preguntó si estaba sola, a lo que me señalé incrédula y miré hacia ambos lados como si buscara a alguien, para luego tomar su mano y que me pegara a su cuerpo dejando antes la jarra.



-Debo de decirle, señor, que he venido acompañada por un hombre rubio y de ojos azules también que no creo que vea con buenos ojos el que me haya pedido de bailar –sonreí tratándolo como si no lo conociera- y déjeme decirle, que es un vikingo… además de un poco testarudo, terco, cabezón y… celoso –lo miré divertida por aquella- yo que usted, me pensaría dos veces el invitarme a bailar y mucho más tenerme tan cerca de usted –no pude evitarlo más y ante su cara me eché a reír divertida dejándome llevar para bailar- Así que quieres bailar conmigo… bueno, hace mucho tiempo que no bailo así pero haré mí mejor intento – dejé un breve beso en sus labios y comencé a moverme al ritmo de la música como lo hacían las mujeres, hacía años que no bailaba pero al parecer me acordaba de los pasos, sonreí viendo que él intentaba ir al ritmo pero no podía así que dejé que fuera él quien me llevara y yo bailara a su mismo son porque así iba a ser más fácil, en un momento dado la canción me separé y todas las mujeres que habíamos nos movimos hacia una dirección cambiando de pareja y miré al vikingo divertida porque no entendía qué pasaba y miraba a la joven con la que ahora bailaba como disculpándose por no saber muy bien los pasos, y al final volvimos a movernos de nuevo acabando con la pareja que habíamos empezado el resto de la melodía hasta que esta llegó a su fin. Había sido muy divertido y reí rodeando mis brazos entorno a su cuello mientras los músicos hacían una pausa- has estado muy bien, no sabía que tenías una vena de bailarín –reí divertida acortando la distancia para buscar sus labios y fundirnos en un beso, en una batalla apasionada de nuestras lenguas donde él rodeó mí cintura y me pegó a su cuerpo el tiempo que nos besamos, me separé de sus labios y mordí el inferior tirando de él de forma suave para soltarlo finalmente- Ven, vayamos a beber algo –me había entrado sed después del baile y de aquel beso y de nuevo cogí dos jarras, yo no sé cuántas se había bebido él, pero aquella era mí tercera y ya empezaba a notar el puntillo que llevaba la otra noche.

Le dije que lo mejor era ir al río en un rato así que aprovechamos para comer algo más, porque lo necesitaba si iba a seguir bebiendo, y al final entrelazando nuestros dedos lo conduje hasta el río que es donde se harían otras de las ofrendas y la que más me gustaba porque la luna, llena y hermosa iluminando todo con su luz, daba un aspecto mágico al lugar y al momento. Ya había algo de gente pero sabía que se iba a llenar así que tiré de él y nos metimos como por un muelle que había más pequeño de lo normal donde no había nadie y llegando hasta el final de este le dije que se sentara, para hacerlo yo después. Quité los zapatos dejándolos tras de mí y dejé que mis pies tocaran el agua del río, estaba algo fresquita pero venía bien para el calor que hacía por la noche. Se podía oír la música que provenía de las calles y que luego más tarde acabarían todas allí para la última ofrenda que se hacía, justo a media noche. Toqué el medallón de mí madre que llevaba al cuello, observando la luna que brillaba llena en lo alto alumbrándonos con su luz.



-¿Estás bien? –Pregunté mirándolo porque si yo tenía calor, él no me lo quería ni imaginar teniendo en cuenta las temperaturas que hacían- Sabía que ibas a pasar calor aquí, esto para vosotros es como un verano fuerte ¿no es así? –Miré por un momento las aguas del río, moviendo mis pies en estas y sonreí con algo de malicia- bueno… siempre puedes darte un chapuzón –reí entre dientes para luego dejar un mordisco en su cuello- Oye, ¿quién es Synnobe y Hakon? –Pregunté porque se lo había querido preguntar antes, pero no había encontrado el momento para ello, sentí su mirada en mí y sonreí de lado- los nombraste cuando salíamos de la cámara donde estaba la corona, también nombrase a Niels pero él ya sé que es tú primoesperé por su respuesta y luego lo miré- mmmm, cierra los ojos un momento –vi como enarcaba una ceja e hice lo mismo para luego sonreír- va, no te hagas de rogar. Cierra los ojos y extiende la mano derecha –pedí para ver como me hacía caso, acerqué mi mano a su rostro como si fuera a pegarle y no hizo movimiento alguno, así que saqué de una pequeña bolsita de satén negra que tenía guardada y saqué lo que había dentro para engancharlo en su muñeca- Ya puedes abrirlos –dije para ver la pulsera, una muy parecida a la que llevaban los vikingos adornaba ahora su muñeca- te la regalo –dije como me había dicho él con el anillo y sonreí. En una de las veces que había ido a por bebida la había comprado a escondidas y lo había guardado- tómatelo como… una pipa de la paz –reí entre dientes y dejé que me lo agradeciera aunque quizás me dijera que no hacía falta, apoyé la cabeza en su hombro y miré hacia el río- ¿Sabes? Esta ofrenda es la que más me gusta porque a media noche pasarán barcos donde a esta altura más o menos soltarán palomas, así como pétalos de flores que cubrirán el río unos farolillos para iluminar el cielo, como una ofrenda… hay gente que también los suelta, la música suena, la gente canta… no sé, tiene algo especial y es una imagen bonita con la luna de fondo sobre el río –lancé un suspiro y luego me reí brevemente con los ojos cerrados todavía apoyada sobre él- Ubbe… no me dejes beber más que empiezo a notar los efectos de las jarras... otra vez –comenté en un tono gracioso.


 

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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Ubbe Cannif el Miér Abr 19, 2017 4:51 pm

Ladeé la sonrisa cuando esta me hizo saber con cierta picardia en sus gestos y una voz deliciosamente envolvente, que había venido acompañada de un peligroso vikingo cuyos celos no conocían parangón, lo decía en broma, mas no tenia ni idea de hasta que punto estaba dando en el clavo.
-¿a si? -pregunté acariciando su nariz con la propia -creo que correré el riesgo, una mujer como tu bien vale el peligro de enfrentarme con ese bárbaro -apunté con descaro uniendo mi risa a la suya que moría en nuestros labios.
Me sentía francamente bien con ella, eramos lo mas parecido a una pareja, eramos incapaces de dejar de buscarnos, provocarnos. Juegos de miradas, roces y en parte mostrábamos una cara al otro que al menos en mi caso pocas veces dejaba ver a nadie, yo era bastante mas parco en mis relaciones, iba a lo que iba, pasar un buen rato, beber y calentarme lo suficiente para pasar una buena noche, mas pocas veces el alba me encontraba con la dama señalada, con ella pasaría mi vida entera sin pensármelo siquiera.

Me dejé llevar a la pista de baile, un efímero beso y todos nos colocamos en posición. De nuevo mis ojos sobrevolaron a los hombres presentes que hacían gestos extraños con manos y pies, mis vanos intentos por imitarlos hicieron reír a la egipcia y a varias damas mas que sin duda valoraban mis erróneos esfuerzos.
Me encogí de hombros divertido, no es que hacer el ridículo me importara demasiado cuando el alcohol corría por mis venas, así que pronto deje de imitar y baile a mi manera, como si frente a mi hubiera una hoguera y los cánticos de guerra y hermandad recorrieran aquel lugar.

Lo que no esperé para nada es que cambiaran de pareja, fruncí el ceño primero al ver que un hombre tiraba de la mano de mi mujer, claro que pronto me di cuenta que no era un descerebrado que quería perder la cabeza aquella noche de un tajo, si no que todos hacían lo propio y una dama ocupó el lugar de Naitiri, relajándome ahora al saber que la noche no se empañaría por tener que partirme con nadie la cara.
Me disculpé con la morena de ojos verdes como los gatos, mi ritmo en comparación con el suyo era caótico, mas esta parecía divertida disculpar mis erráticos movimientos y a no tardar demasiado Naitiri volvió a mi lado tomándome las manos.
Así acabó la música y mis labios se perdieron en los suyos sediento de todo aquello que me había sido arrebatado por unos larguísimos minutos.
-No sabes muchas cosas de mi -aseguré guiñándole un ojo cuando bromeó sobre mi faceta de bailarín -ten en cuenta que como tu dices, también nosotros celebramos fiestas no muy distintas a estas, nuestras culturas son similares,  quizás la mía un tanto mas salvaje, mas a fin de cuentas todos los hombres buscamos algo parecido, una vaina para nuestra espada -bromeé guiñándole un ojo con picardia -la mía envaina bien en la tuya ¿te has dado cuenta? -pregunté divertido.

Demasiado alcohol, era la segunda confesión del día que iba encaminada hacia el mismo camino que lo había hecho el anillo antes de esto, por suerte ella no era norteña y no sacaría mas conclusión de esa frase que la de que quería metersela entre las piernas, mas para un guerrero esa frase significaba mucho mas de lo que en apariencia ella podía imaginar.
Pocas mujeres logran darte esa paz como para hacerte envainar la espada, hoy ella me estaba dando ese momento de sosiego.
Ademas de que nuestros constantes piques bien demostraban que entre nosotros nunca se perdería el fuego que toda relación necesita para seguir ardiendo.

Volvimos a coger unas jarras de cerveza y tras comer algo para que mi preciosa egipcia no cayera redonda por el alcohol consumido nos fuimos al rio, el paisaje era perfecto, tanto que me quedé unos minutos simplemente observando cada detalle de luz que reflejaba en esas aguas claras.
Casi se podía ver el fondo y en ellas reflejaban las estrellas que hoy parecían brillar con la misma fuerza que nuestros ojos al mirarnos al otro.
Tiró de mi para perdernos por un muelle pequeño donde aparte de nosotros no había absolutamente nadie, ladeé la sonrisa imaginando todo lo que haría en ese lugar con ella y pronto nuestros cuerpos quedaron orillados el uno al otro con las manos enlazadas y sentados descalzos en el borde con los pies rozando el agua.
-Estoy bien, la cerveza ayuda, pero hace mucho calor.
Reí al escuchar lo de darme un chapuzon, no me parecía en absoluto una idea descabellada, mas bien todo lo contrario.
Su cabeza reposaba sobre mi hombro cuando me preguntó por Hakon y Synnobe ¿como demonios sabia esos nombres? La miré confundido mas pronto ella me explicó el porque, algo que hizo que mi gesto se relajara de nuevo mostrandole una sonrisa.
-Synnobe es mi hermana melliza, Hakon mi hermano mayor. Hakon fue encontrado por mi madre con cuatro años y criado desde entonces como un Cannif, así que mis padres han criado a tres vikingos testarudos -bromeé guiñándole el ojo.

Ella sonrió contra mis labios, parecía tener una sorpresa para mi y me pidió que cerrara los ojos, algo que hice casi de inmediato extendiendo la mano como ella me había pedido, sentí como trajinaba en mi muñeca y al abrir los ojos vi una pulsera bastante similar a las nórdicas que hacían en mi tierra.
Alcé la mirada perdiéndome en su mirada, nunca había recibido un regalo y me quede quieto sin saber bien como actuar. Sonreí de forma sincera girándola en mi muñeca, pasé la yema de mis dedos por ella, era importante para mi porque procedía de Naitiri.
Atajé la distancia que separaba nuestras bocas y la tome con lentitud, embebiendome de su sabor, enredando mi lengua en un baile lento, sentido, que poco o nada tenia que ver con la rudeza de otros vividos.
-Gracias -susurré contra sus labios -no tengo nadam as que esto -susurré aun pegado a su boca.
Tiré de un colgante que pendía de mi cuello ,el martillo de Thor, el mismo que llevaba tatuado en la espalda y anudé la cinta de cuero a su cuello.
-Me lo regalo padre cuando me convertí en hombre, quedatelo

No tardó en explicarme lo que sucedería en el rio y de lo que trataban las ofrendas que a media noche se harían, mas yo pensaba en otra cosa, así que sin pedir permiso tiré de su vestido quitandoselo por la cabeza mientras esta me miraba con cara de que me había vuelto completamente loco. Loco por ella. Sin pensármelo dos veces enredé su cintura con mi brazo y me deje caer muelle a bajo con ella enredada en mi cuerpo hasta que el agua nos cubrió a ambos.
-Decías que no te dejara beber mas, que notabas los efectos del alcohol, nada mejor que un baño para eso -bromeé entre risas mientras esta con el ceño fruncido golpeaba mi pecho para después enredarse en mi cuello fundiendo sus risas a las mías.
Nuestros alientos entrechocaron entrecortados, presos de la cercanía de nuestros labios, de la ciada y de la excitación que al menos en mi caso se evidenciaba golpeando con dureza su vientre desnudo.

Mi lengua se perdió en su boca,  saqueó el drakkar que naufragaba en sus aguas Sin brújula, ni faro surqué cada resquicio de cordura que en ella quedaba, ojos cerrados para paladear aquel sabor fresco a alcohol, a ella, a fuego y a agua.
-Te deseo -confesé escogiendo esta vez las palabras para no asustarla.


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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Naitiri Zahir el Miér Abr 19, 2017 8:15 pm

Cuando terminamos de bailar reí al ver la cara que había puesto de desconcierto cuando vio que cambiábamos de pareja de baile, aunque a la joven que le tocó bailar con él no parecía molestarle que él intentara por todos los medios llevar el mismo ritmo de los pasos que llevaban los hombres, aunque más bien lo había dado por perdido. Cuando terminó me afirmó que no sabía muchas cosas de él, bueno, eso era bastante cierto ya que apenas nos conocíamos de semana y media, era complicado conocer tanto a una persona aunque con todo el tiempo que había pasado con él ya empezaba a distinguir cuando le enfadaba algo por sus gestos, y lo que podía enfadarle porque es lo que tenía convivir con una persona todas las horas del día, que al final el mínimo gesto ya sabes lo que significa.

Escuché también sus palabras y lo miré enarcando una ceja por el doble sentido, pervertido, que había en ellas pero… no sabía por qué algo me decía que había otro sentido el cual no estaba pillando en ese momento y que se me escapaba por alto, al fin y al cabo, no era una norteña como él y creía que había un significado que se me escapaba de mí comprensión, pero igualmente guardé la frase en mí memoria y ya encontraría la pieza que me faltaba de ese puzle. Envainar la espada… podía ir, y sabía que también iba un poco, por el lado pervertido de la misma pero, envainar la espada también significaba ¿dejarla de lado? Me mordí el labio y no pensé demasiado en ello, con las jarras que llevaba encima no era capaz de racionar al cien por cien.

Al final terminamos en el muelle con los pies sumergidos en el rio y el peluche que había ganado para mí a mi espalda mientras contemplábamos la luna y el paisaje que se nos presentaba ante nosotros. Aún seguíamos con las manos entrelazadas, me gustaba sentir su tacto cálido envolver mi mano y entrelazarse con mis dedos, me daba sensación de seguridad y protección, como si nada pudiera pasar estando de esa forma. Era una noche calurosa para estar en el mes en el que nos encontrábamos, aunque las jarras de cerveza ayudaban a que el calor aumentara, y sabía que lo estaría pasando un poco mal porque de donde él venía no era tan común que hiciera tanto calor, más bien todo lo contrario, acostumbrados a climas más helados. Por eso mismo fue que le pregunté y la idea de darnos un chapuzón, aunque parecía que lo decía a broma, no lo era tanto… pero lo quise dejar pasar por el momento.

Al final tuve que preguntarle quienes eran esas dos personas que había nombrado cuando salíamos de coger la corona, no podía evitarlo, era una mujer tan curiosa que era superior a mí y a mis fuerzas… así que viendo que la situación estaba tranquila con mi rostro apoyado en su hombro acabé por formularle la pregunta. La tercera persona que había nombrado ya sabía quién era así que solo me quedaba saber de los otros dos. Me miró confundido por lograr saber esos nombres y le conté que los había llamado en un determinado momento, pareció comprenderlo y fue entonces cuando me dijo que ella era su melliza… su melliza. Eso quería decir que se le tenía que parecer mucho porque igualmente eran hermanos, aunque no fueran gemelos. Resultó que tenía un hermano mayor que habían adoptado sus padres y que lo habían educado como tal, algo parecido había hecho yo con Alessia aunque no la adopté, pero la quería como a una hermana pequeña.



-Así que… se puede decir que, de nacimiento, tú eres el mayor pero Hakon por edad te gana –intenté hacerme en mi cabeza una imagen de cómo podría ser Synnobe ya que si eran mellizos algo tendrían que parecerse aunque menos que los gemelos… reí levemente entre dientes porque me costaba imaginarme a Ubbe como si fuera una mujer y era una tarea imposible, ante mí risa y sintiendo su mirada negué levemente con la cabeza para excusarme- estoy intentando imaginarme a tú melliza, pero es difícil pensar en ti como si fueras una mujer –volví a reír levemente y me mordí el labio- ¿También es rubia con ojos azules como tú? ¿Y él, como es? ¿Tú melliza es más guapa que tú? ¿También es una guerrera? –Lo sabía, muchas preguntas, pero es que la curiosidad me podía y casi no sabía nada de aquel hombre- tres vikingos testarudos… pobre de tú madre, la paciencia que tuvo que tener con vosotros –sonreí divertida por la broma y negué levemente con la cabeza. Estábamos solos por el momento en aquel lugar y se respiraba una paz y una tranquilidad que había necesitado, así que agradecí que aceptara ir a esta fiesta y me acompañara porque él también lo necesitaba igual que yo, y no me había equivocado, estaba siendo una noche diferente, de lo más interesante y tremendamente divertida… por no decir ni hablar del tonteo que llevábamos toda la noche jugando el uno con el otro, parecía que aquello incluso nos había unido un poco más.

Fue cuando decidí darle mí regalo e hice que cerrara los ojos para dejar la pulsera, una muy parecida a las vikingas, que adornara su muñeca. Su mirada buscó la mía cuando vio la pulsera y sonrió de forma sincera haciendo que sonriera yo también por ello viendo que la giraba en su muñeca y la repasaba con su dedo. Acortó la distancia y me besó de una forma más lenta, más sentida y placentera en un ritmo lento y suave el cual le dejé hacer y yo simplemente le seguí de igual forma dejando una de mis manos en su mejilla. Le sonreí cuando me dio las gracias y negué levemente con la cabeza, lo miré confusa cuando dijo que no tenía nada para darme, ¿qué era lo que tenía que darme? No había pedido nada a cambio por aquello, era un regalo, y los regalos no se hacían para recibir algo a cambio. Lo vi tirar de un colgante que llevaba en su cuello y que tras quitarlo lo ató al mío, era un martillo y supuse que sería de su dios Thor, lo acaricié con mis dedos escuchando que se lo regaló su padre cuando se convirtió en un hombre.

Después de eso poco más me dejó decirle salvo que no me dejara beber más, lo que él entendió que necesitaba algo para despertar y ante mí atónita mirada me quitó el vestido de forma rápida y cogiéndome de la cintura… caímos al agua. Un grito ahogado quedó atascado en mí garganta y golpeé su pecho cuando el agua nos cubría. ¡Estaba loco! La gente no tardaría demasiado en comenzar a llegar y nos iban a encontrar a los dos ahí, en el río, y yo desnuda… pero al parecer a él le divertía la situación porque se rió y me cogió de la cintura para pegarme a su cuerpo. El agua estaba algo fría y él decía que nada mejor como un baño para bajar los efectos del alcohol… no lo dudaba, pero tampoco esperaba que fuera de esa forma.


-¡Estás loco! –le dije entre risas dejando mí aliento contra sus labios, que él no tardó en acortar la distancia y besarme arrasando todo a su paso, rodeé su cuello con mis brazos notando su miembro dar contra mí vientre en cada movimiento, en cada roce… era increíble lo insaciable que era aquel hombre, parecía no cansarse nunca y estar siempre listo para presentar en ese sentido batalla. Mis labios se separaron de los suyos y dejaron un jadeo sobre estos mientras lo miraba, alcé la mirada y pude ver las jarras, los zapatos y el peluche en el muelle donde habíamos estado sentados, para luego bajar mí vista a él y con una mano coger el colgante que me había dado- No tenías por qué darme nada, Ubbe, te hice el regalo de la pulsera porque quería… no por esperar nada a cambio –mordí su labio inferior y lo miré- ¿Seguro que quieres que lo tenga yo? Es un momento muy importante de tú vida, tú primera gesta ¿no es así? Lo atesoraré, te lo prometo Ubbe –Pregunté recordando lo que él me había contado en el barco cuando llegamos a Egipto y surcábamos el Nilo- Tan joven… -dije más para mí que para él- por cierto, ¿qué edad tienes, vikingo insaciable? –Reí levemente contra sus labios para volver a besarlo y luego esconder mí rostro por su cuello- Por Ra Ubbe, te juro que como venga alguien y me vea así… juro que te mato –mordí el lóbulo de su oreja con un poco menos de recato, como dándole a entender que hablaba en serio- esto se va a llenar de familias, de niños y aquí las exhibiciones no están permitidas… Por Odin –dije imitando lo que decía él- ¿qué quieres, que nos acusen de escándalo público o… pretendes dar envidia al resto de hombres si nos pillaran, por hundirte y estar en mí interior y hacerme disfrutar de placer? –Pregunté con un tono de picardía en su oído, volviendo a dejar otro mordisco- Eres insaciable… ¿lo sabías? –Pregunté algo divertida por ello- ¿Alguna vez quedas saciado, vikingo, o siempre quieres más? –Aunque ya sabía la respuesta a esa pregunta antes de que él me la respondiera, estaba claro que nunca quedaba saciado. Yo también notaba el deseo recorrer mí cuerpo pero no era el lugar adecuado e ideal para ello, igual que nosotros habíamos ido allí con tiempo otros más lo harían para coger sitio- El trato era que me quitabas el vestido en casa, no fuera de ella –pese a todo es que no podía enfadarme, el punto que llevaba lo hacía todo algo más divertido y aunque no pensaba hacer nada por mucho que así lo deseara, no quitaba para que me divirtiera… hasta que alguien llegara, entonces todo se acabaría- sabía que no ibas a poder aguantar –tiré de su labio inferior con diversión, aunque no sabía por qué me había desnudado cuando era consciente de que no quería que nadie me viera desnuda, de hecho, había llegado a pensar que si no aguantaba me tomaría con el vestido puesto pero ¿aquello? Las cervezas que se habían tomado habían nublado su juicio, y aumentando su deseo, como me pasaba a mí.

Pero el vikingo estaba más acostumbrado a ese tipo de cosas que yo, sus manos recorrían mí cuerpo provocándome, incitándome a dejarnos llevar y a perdernos en ese deseo que nos consumía a los dos pero yo no estaba tan decidida a ella, sabía que pronto llegaría la gente y me iba a morir de la vergüenza si nos encontraban de esa forma, así que preferí no jugar con él ni provocarle porque sabía que no iba a llegar a nada. De hecho, mientras nos besábamos todavía dentro del agua se podía comenzar a escuchar cómo la gente comenzaba a llegar, en diferentes partes pero ya llegaban y ahora sí que no iba a hacer absolutamente nada aunque estuvieran lejos, porque sabía que iban a llegar más y más y aunque el momento fuera algo idílico, con la luna alumbrándonos sobre nosotros brillando junto a las estrellas… le miré y negué con la cabeza.


-Prometo compensarte en casa cuando volvamos, lo juro, pero ahora por favor sube al muelle y tápame para que me ponga el vestido –vi que tenía reticencia a mí petición, me mordí el labio y lo miré- Ubbe… si no subo ahora y me tapo es probable que más tarde me vea alguien desnuda antes de que me vista y… dudo que sea lo que quieres –mordí su labio y le hice un gesto para que subiera y al final pareció que me hizo caso. Sin mucho esfuerzo subió por el muelle justo por donde habíamos caído y se giró para estirar sus brazos para que cogiera sus manos, y cuando las aferré tiró de mí con una facilidad que me subió sin esfuerzo al muelle de nuevo, tapándome con él que era más alto y ancho que yo cogí el vestido y me lo puse ante su atenta mirada antes de tapar mí cuerpo con él, le sonreí y me acerqué para besar sus labios de forma lenta, enredando nuestras lenguas, en un beso cargado de puro deseo- Gracias –dije antes de volver a sentarme de nuevo y hacerle unas palmaditas a mi lado para que se sentara no sin antes coger las jarras y darle la suya para seguir bebiendo, menos mal que éstas estaban llenas porque habría sido todo un espectáculo si alguno de los dos hubiera ido con la ropa mojada a por más bebida. Mis labios tras beber recorrieron su cuello dejando un beso en el lugar volviendo a enlazar nuestras manos, viendo la pulsera que le había regalado con cada movimiento que él hacía- Me gusta como te queda la pulsera –comenté observándola con mis ojos, cuando los alcé vi que él los tenía en los míos color miel y nos quedamos así durante unos segundos en los que volví a acortar la distancia y besarle otra vez dejando luego mis labios sobre los suyos- Creo que el baño no me ha despejado nada –reí brevemente y miré hacia el principio del río- pronto comenzará la última ofrenda –la gente ya se había aglomerado un poco más en la orilla aunque nosotros seguíamos solos en aquel muelle- Dime, ¿cómo es… la fiesta parecida a esta que tenéis vosotros? ¿Qué ofrendas hacéis? Dime, ¿hay más vikingos sexys con vena de bailarín por allí, o tú eres el único? –Reí divertida por la pregunta que hice solamente para ver su cara y lo que me contestaba- Ahora me dirás que me he llevado el único que era sexy y bailarín que había –seguí la broma esperando que él la siguiera también- creo que me siento afortunada –pese a que el vestido estaba mojado en ciertas partes no tenía frío para nada, ayudaba a soportar el calor que estaba haciendo. Volví a apoyar la cabeza en su hombro, disfrutando del momento de tranquilidad que nos estábamos dando y de su compañía con una actitud que distaba de las que me había topado con toda la tensión que habíamos tenido en las últimas horas.


 

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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Ubbe Cannif el Jue Abr 20, 2017 5:28 am

De nuevo nuestras risas se fundieron en un beso entrecortado, ardiente mientras de sus labios escapaba un “¡Estas loco” le había costado darse cuenta, pensé con cierta diversión acariciando mi nariz con la ajena, entreabrí la boca para perderme en sus labios surcarlos con el desasosiego que mi hombría mostraba contra su vientre desnudo.
No era necesario decir que me moría por tomarla allí mismo,  mi respiración se tornaba pesada, entrecortada. La dama por lo contrario estaba menos dispuesta a exhibirnos en publico de ese modo.

No se si para distraerme de mi cometido, pues mis manos buscaban sus nalgas para alzarla y pegar nuestros sexos en un vano intento de convencerla de lo contrario, me preguntó por el colgante.
-Si no quisiera que lo tuvieras, no te lo habría regalado -aseguré hundiendo en ella mi mirada oscurecida antes de que mis labios chocaran con los ajenos como las olas del mar contra las rocas, mi lengua la provocó antes de seguir hablando.
-Fue mi primera gesta, padre me lo regalo antes de acudir a esta, a mi hermana le regalo un colgante con la imagen de los dos lobos Skool y Hati.
Son fieros hijos de Fenir y persiguen respectivamente al sol y la luna, dicen que solo los atraparan cuando llegue el Ragnarok pues Odin los maldijo.
Hay veces que Skoll y Hati se acercan demasiado tratando voraces de devorar a los astros, así, se producen los eclipses.

Volví a atajar la distancia entre nuestros labios, tire con suavidad de su inferior, relamiendome después.
-Recuerdo esa guerra como si fuera ayer, creo que nunca olvidas tu primera vez, la primera vez que arrebatas vida y sientes que en cualquier momento puedes perder la propia. Padre y Hakon protegieron a Synnobe, así que yo me las arreglé como pude por mantenerme en pie y aquí sigo mucho tiempo después -bromeé atajando la distancia de nuevo para deslizar mis dedos por su colgante -estoy seguro de que Odin me protegió ese día y estoy convencido de que también lo hará contigo.
Acaricié con mis labios los ajenos, dejando que su aliento me embriagara.
-Antes me preguntabas si nos parecemos mi hermana y yo, la verdad es que no, ella es morena, con los ojos verdes. Niels y yo tenemos buena mano con las mujeres, pero mi hermana es el centro de atención de cualquier hombre que tenga ojos en la cara, aunque la verdad pese a haber tenido muchas propuestas de matrimonio, no ha aceptado ninguna.
Hakon es el mas centrado de nosotros, nos saca cuatro años y aunque yo soy el mayor por nacimiento, siempre he sido el del medio. Hakon es un hermano para mi, cuando yo nací el ya estaba allí y aunque a padre le costo aceptarlo como un hijo mas, algo que le llevo a muchos enfrentamientos con madre, para los demás siempre fue lo que es, un hijo para mi madre, un hermano para nosotros.
Tengo 26 años ¿y tu? -pregunté contemplando su cuerpo desnudo escapandoseme un jadeo al sentir el roce de ss pechos erguidos contra mi cuerpo.
-Ufffff -resople con la voz ronca por el deseo.

No tardo en reírse por el estado en el que me encontraba, alegando que nos detendrían por escándalo publico.
-Vamos Nai, no hay nadie, lo haré rápido, estoy muy excitado, no me costará -susurré atajando la distancia apresando su cuerpo contra la pared del muelle y mi cuerpo como cárcel de piel y hueso contra su pecho.
Mi boca intentó callarla, mostrarle mi clara necesidad de ella, lengua de fuego que se adentro en su boca arrancándole un jadeo.
Aludió a los dioses para detenerme, de nuevo me recordaba que pronto aquello estaría lleno de niños, hombres que verían su cuerpo desnudo, gruñí desquiciado ,quería entrar dentro de ella, y nunca llevé bien el no como respuesta.

Posé mi frente contra la suya, no quería enfadarme, no era el momento de una rabieta de niño por no conseguir lo que quería.
-No, nunca quedo saciado de ti -aseguré relamiendo mis húmedos labios sintiendo como su respiración entrecortada chocaba con lo míos -esta bien -acaricie mi nariz con la suya besándola despacio -después me recompensaras.
Ladeé la sonrisa y deje escapar el aire pesado contra su boca en claro reticencia a su petición, si en vez de discutir si nos iban a pillar o no, se la hubiera metido, ya habríamos terminado y estaríamos ahora complacidos los dos.
Luego podría de sobra volver a quitarle el vestido en casa, pero joder, lo que va delante, va delante.
Ademas el momento era idílico, con las estrellas reflejándose en el agua, los haces de luz plata muriendo sobre su tostada piel desnuda, la sombra del muelle dándonos clandestinidad, era preciosa y la deseaba de un modo desesperado.
-Te deseo -volví a escoger las palabras antes de separarme para tomar impulso con los brazos y subir con facilidad al muelle.

Desde arriba la alcé tomando sus manso con las mías y elevándola hasta que su cuerpo quedó nuevamente pegado al mio.
-Ufff -resople de nuevo observándola con la mirada oscurecida de arriba a bajo.
-No tienes ni idea de las ganas que te tengo -reconocí observando como rápidamente cubría su cuerpo con el vestido rojo que la verdad, no ayudaba en nada a calmar mis ánimos.
Volvimos a tomar asiento, mi mano busco la ajena enredando mis dedos mientras mi mirada se perdía en el firmamento ¿estarían los míos viendo las mismas estrellas? No pude evitar pensar en Niels, él estaba en este tiempo tratando de evitar su muerte siendo aun un no nato, sabia que era un buen guerrero, pero eran tiempos difíciles para ambos. Él tenia que enfrentarse a un hechicero cuyo poder era enorme, dominaba las artes oscuras, la nigromancia y aunque Niels era capaz de luchar y ganar, no pude evitar sentir una punzada de preocupación por él, a fin de cuentas era el pequeño de todos nosotros.
Para mi tampoco era mucho mas fácil, tenia un ejercito de sobrenaturales tras la reliquia, proteger a Nai era mi prioridad pero necesitaba ese maldito objeto para salvar el norte, me sentía entre la espada y la pared, porque algo me decía que si seguía con su búsqueda Nai correría peligro y eso era algo que me torturaba por dentro.

Creo que esta se dio cuenta de mi desasosiego, pues de nuevo sus labios buscaron los míos, creo que lo interpretó mal, pensó que estaba así por no haberse dejado montar, algo que me hizo sonreír y perderme con calma en su boca, paladeando su sabor que de nuevo sabia a alcohol.
-Al final me tocaré llevarte en brazos a casa bromeé cuando me dijo que no se había calmado con el baño -me pones mucho -aseguré volviendo a tomar su boca con cierta necesidad.
-El norte esta lleno de vikingos tercos que bailan frente a las llamas, pero tu te has llevado al único capaz de soportarte -bromeé contra su boca antes de dar un tirón y subirla a horcajadas sobre mi.
-No veo a esa gente de la que hablas -jadeé contra sus labios -¿estas segura de que vendrán? -pregunté sin despegar mis ojos de su boca y hablando contra esta.

Mis manos empujaron hacia abajo sus caderas mostrandole lo cierto que era que jamas me saciaba de ella.
-Ubbe -replicó tratando de hacerme entrar en razón. Mi frente contra la suya, me estaba volviendo loco y lo peor es que ella lo sabia.
Atrás, en el rio empezaban las ofrendas, varios barcos con gente en ellos e iluminados por faroles llenaban las aguas.
Su cuerpo se ladeó mientras mis brazo rodeaban su cintura para junto a ella ver como las palomas volaban plagando el cielo de un tono blanco que se fundía con las propias estrellas.
Era fascinante ver todo aquello con ella, con la tranquilidad de aquél muelle, sin pensar en nada que no fuera ese instante y nosotros pegados el uno al otro.
Mordí su cuello con suavidad, dejando allí hundida mi cabeza
-que bien hueles -susurré acariciando su yugular con mis labios.


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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Naitiri Zahir el Jue Abr 20, 2017 10:58 am

El agua estaba un poco fría pero tener su cuerpo junto al mío ayudaba para que no se notara demasiado, estaba completamente loco al habernos tirado al río pero no pude evitar reírme por el gesto, en verdad hacía calor y no nos venía nada mal refrescarnos un poco. Me aseguró que quería que tuviera el colgante y lo miré acariciar este con sus dedos alegando que una vez lo protegió a él, y que ahora también me protegería a mí. No le interrumpí en ningún momento escuchando su relato de la primera vez que había acudido a una batalla, era un poco duro empezar a sumergirte en el mundo de la guerra con tan sólo nueve años pero eran sus costumbres y eso habían forjado al vikingo que tenía ahora delante de mí.

Mis dedos recorrieron su rostro y bajaron hasta su cuello para rodear su espalda dejando que hablara, que contara aquella anécdota de su primera batalla, debía de ser duro quitar la vida a alguien siendo tan joven. Tiró de mí labio inferior y sonreí dejando que me contara sobre aquellos dos lobos que su padre le había regalado como colgante a su hermana y la historia, sabía de ella porque también había estudiado su mitología pero sonreí al escucharlo contarme sus leyendas, me encantaban ese tipo de cosas desde muy pequeña y mí madre siempre tenía que contarme alguna. Mi nariz acarició la suya y luego recorrió su cuello para dejar un beso en sus labios ahora contándome cómo era su hermana. Morena y de ojos verdes, nada que ver con el vikingo que tenía delante. Ladeé un poco la cabeza cuando dijo que su hermana había rechazado todas las propuestas de matrimonio y sonreí levemente.


-Tienes mucha suerte de tener a Synnobe, a Hakon y a Niels… créeme, sé de lo que hablo. Seguro que fue bonito crecer junto a ellos hasta convertiros en los adultos que sois ahora, y eso os ha unido más. ¿Qué de travesuras no habréis hecho siendo pequeños? Seguro que muchas –comenté pensando en un momento en la idea de la familia, de crecer junto a ella… yo por el contrario no solo era hija única, sino que había tenido que crecer y madurar lejos de mí padres en un mundo donde para mí solo había oscuridad. No pude evitar que, por un breve momento, una pizca de melancolía me recorriera porque el último recuerdo que tenía de mí familia, junta, había sido en aquel fatídico viaje a bordo de un barco. Quité esa sensación mordiéndome el labio no queriendo que aquel recuerdo triste empañara ese momento- Así que tienes buena mano con las mujeres, ¿eh? –Dije con algo de diversión dejando un mordisco en su labio inferior- Y tú, ¿también has rechazado propuestas? Bueno, la pregunta correcta sería ¿quieres casarte? –Yo tenía muy clara esa respuesta, siempre la había tenido en realidad- Creo que cuando erais pequeños me da la sensación de que tanto tú, como Niels erais unos traviesos y les dabais dolores de cabeza a vuestros padres, ¿me equivoco? –Me atreví a preguntar imaginándome a un Ubbe de niño que me hizo sonreír- yo en cambio era bastante buena, no daba mucha guerra como la doy ahora –reí entre dientes notando cómo sus ojos recorrían todo mi cuerpo desnudo y se le escapaba un jadeo antes de decirme su edad- Veintiséis… me ganas por dos años, yo tengo veinticuatro –no tardó demasiado en acorralarme contra la pared del muelle y su cuerpo intentando convencerme de que necesitaba hundirse en mí interior, arrasó mí boca con un beso que me hizo soltar un jadeo notando su necesidad y su deseo, pero no era el momento aunque sí podría haber sido un buen lugar de no ser porque pronto acudirían más personas y el hecho de pensar que nos pillaran podía con cualquier cosa. Otro día, otro momento no me habría importado dejar que el deseo y la necesidad ganaran, y aunque él pudiera pensar que me costaba decirle que no en realidad sí que me costaba, bastante además.

Terminó cediendo a mí petición y fue él primero quien dejando un suspiro en mis labios subió al muelle con facilidad y con mucha más facilidad me subió a mí recorriéndome con la mirada antes de que pudiera ponerme el vestido. Era un vikingo insaciable y ya me había dicho que nunca quedaba saciado de mí, algo que me hizo negar con una sonrisa en los labios mientras me ponía el vestido de nuevo antes de que la gente llegara. Lo miré ya vestido cuando dijo que no sabía las ganas que me tenía, pero sí, me hacía a la idea aunque no lo dijera y sonreí siendo yo quien acortara la distancia para besarlo esa vez reclamando su boca con la mía tirando de su labio inferior antes de separarme.


-Sólo porque lo haga parecer fácil no significa que lo sea para mí… -murmuré sobre sus labios antes de separarme, dándole a entender que a mí también me costara pese a que no pudiera demostrarlo como lo hacía él. Nos volvimos a sentar en el muelle con el peluche a mí espalda junto a las jarras, buscó mi mano con la suya y volvió a entrelazar los dedos quedándonos por un momento en silencio, disfrutando del momento, de la vista que teníamos delante, de la compañía, de todo… me perdí en recuerdos hasta que subí mí vista a él viendo que contemplaba a las estrellas como lo había estado haciendo yo, pero parecía más… melancólico, quizás añoraba su hogar, su tierra, su gente… no podía culparlo porque sabía lo que era eso, y era muy duro. Acaricié su mejilla con la nariz para captar su atención y cuando giró el rostro para mirarme le sonreí y volví a besarlo de nuevo, de forma tranquila y pausada dejando mí mano libre sobre su mejilla. Al separarme reí dejando que mí aliento chocara contra sus labios- ¿Me vas a llevar en brazos como una princesa? –Enarqué una ceja divertida por ello y él volvió a arremeter contra mí boca alegando que le ponía mucho. Por Ra, no dejaba de buscarme y de provocarme cosa que me hacía gracia, no su estado, sino el que no pudiera estarse quieto y controlarse- ¿Ah sí? ¿El único que puede soportarme? Qué poca paciencia tienen entonces los vikingos –dije con diversión recorriendo su mandíbula con mis labios- Pues tú te has topado con la egipcia más curiosa que puede haber sobre la faz de la tierra, además de otras cualidades que ya conoces y… no sé si otra habría podido aguantar ese carácter que tienes –porque él tampoco se quedaba atrás. Me puso sobre él y reí negando con la cabeza notando como sus manos presionaban mí cintura para que sintiera lo excitado que estaba en ese momento, le miré notando que su mirada estaba fija en mis labios y asentí con la cabeza- totalmente segura de que van a venir, de hecho, ya hay gente –porque faltaba poco para que empezara la última ofrenda y aquello se iba a llenar de gente de un momento a otro.

No me moví de esa posición aunque él siguiera con que no venía gente haciendo que riera y me preguntara cuántas jarras se habría bebido aunque sabía por qué lo estaba diciendo, su nombre escapó de mis labios en un suspiro para luego reclamar de nuevo sus labios hasta que la nueva ofrenda comenzó, me senté esta vez sobre sus piernas ladeando mí cuerpo rodeando su cuello con uno de mis brazos y vi como los barcos cruzaban por el río soltando las palomas, las flores que ahora se veían sobre el río por la luz de la luna que brillaba sobre el lugar. La música marcaba el ritmo de unos cánticos en honor a aquella ofrenda mientras de los barcos salían farolillos iluminando así el cielo mientras iban subiendo, en una imagen muy bonita que contrastaba con la luna y las estrellas brillando en el firmamento, en el río se podía ver la luz de los farolillos que iban subiendo poco a poco. Mis dedos recorrían de forma leve su cuello, su oreja e incluso se enredaban en su pelo sin patrón alguno, por libre. Sonreí notando el mordisco que dejó en mí cuello y dejé un beso en su frente al tener su cabeza reposada en mí cuello.



-Según cuentan las leyendas se le rinde ofrenda a la diosa Renenutet, diosa de la alimentación y las cosechas que junto a su marido Sobek, quien fue un dios cocodrilo que creó el Nilo, ayudó a su mujer con las cosechas para que estas prosperaran. Mi madre siempre me decía que se le rendían tributo a ambos y que por eso los barcos surcan el río y dejan pétalos de flores, los farolillos suben hasta el cielo para que Ra, desde lo alto, pueda ver las ofrendas que los mortales hacemos dando gracias por tener buenas cosechas. Renenutet también es considerada una diosa de la fertilidad, y los cánticos es para que ayude a que la tierra esté fértil y se pueda cosechar –mis labios buscaron ahora los suyos y dejaron un beso en ellos lamiendo el inferior de estos- ¿A qué huelo, Ubbe? –No era la primera vez que decía que olía bien y me había entrado la curiosidad por saberlo. Los barcos se alejaban por el río siguiendo su camino y la gente poco a poco se iba marchando volviendo de nuevo a la fiesta, para algunos aún quedaba mucha celebración por delante solo habían parado para ver la última ofrenda que se hacía en esa noche- Gracias por aceptar venir conmigo, no recuerdo la última vez que disfruté de una fiesta así, y desde luego que mí último recuerdo de esta celebración fue de niña y… ahora me ha gustado mucho más –le sonreí antes de dejar otro beso en sus labios bajando mí mano por su pecho de forma leve, me separé para mirarlo a los ojos- Venga vamos, aún tenemos un largo camino para volver a casa y podemos seguir comiendo, bebiendo… para muchos la noche es joven y, ¿por qué no para nosotros? –Dejé un beso más corto en sus labios y me levanté para coger la jarra que todavía tenía cerveza y poner bajo mí brazo la pantera de peluche para volver a tirar de él de nuevo hacia las calles llenas de gente, nos quedaba un recorrido hasta casa y nadie dijo que no podríamos disfrutar de este.

Me acerqué esta vez a uno de los puestos de comida pero esa vez en concreto al de los postres y dulces que había y cogí alguno para probarlo, y le di de probar preguntándole que le gustaba para que los probara. Había de muchas clases pero a mí los que más me gustaban eran los que llevaban chocolate, así que cogí un trozo y lo probé soltando un leve jadeo de lo bueno que estaba dándole de probar a él también. Había fruta troceada y al lado chocolate derretido, así que cogí un trozo de fruta mojándolo con el chocolate y se lo di para que lo probara pero en el último momento me lo comí yo dejándolo a él esperando la pieza de fruta, cosa que hizo que me riera y la siguiente vez sí que le di la pieza de fruta con el chocolate.

Mis dedos se habían manchado del chocolate pero en vez de limpiarlos yo maché su nariz y el centro de sus labios con el chocolate y reí entre dientes para luego ser yo quien elevándome limpiara la nariz y sus labios fundiéndonos en un beso que me hizo jadear contra sus labios y morderme el mío propio observándole a los ojos, sentido, cargado de deseo y de pasión. Le di un beso más corto antes de seguir tirando de él perdiéndonos por las calles de la ciudad, yo poco más bebí porque ya había tenido suficiente pero él no sabía ya cuántas jarras llevaba encima, aprovechando para comer o al menos hacerlo yo en donde se notaba que en las calles ya solo quedaban mayormente adultos que seguían bailando, bebiendo, comiendo y riendo disfrutando de la fiesta. Llegamos a la plaza central de nuevo donde seguía habiendo más gente y en donde aún quedaba la mitad del camino para llegar a casa, y aunque el deseo me consumía por dentro disfruté de cada momento de aquella fiesta, sabiendo que momentos de tranquilidad como ese no tendríamos muchos y quería disfrutarlos.



-¿Cuántas jarras te has bebido ya? –Pregunté más por curiosidad que por otra cosa, porque no parecía ir muy afectado y yo iba con el punto, pero estaba bastante bien y podía mantenerme en pie y andar derecha no como la otra vez- Mejor, ¿cuántas jarras necesitarías para ir borracho? Si yo con tres ya estoy así… -reí porque recordaba que me había dicho que había empezado a beber con nueve años, la misma edad con la que había emprendido su primera batalla- Dime, ¿todos los vikingos os iniciáis tan pronto en… todo? –Me mordí el labio por el doble significado que podría llevar la pregunta y no especifiqué dejando que él me respondiera y sobre todo a qué me respondía- ahora entiendo por qué eres tan sumamente bueno en la cama, por Ra –se me escapó y me tuve que reír dándome cuenta de lo que había dicho sin pensar y sin filtro alguno para luego llevar una mano a mí boca- Ups… creo que ya no mido mis palabras –alegué apoyando mí rostro en su pecho sin parar de reírme, vale, había descubierto que beber tanta cerveza hacía que dijera las cosas sin pensarlas siquiera.


 

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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Ubbe Cannif el Jue Abr 20, 2017 12:59 pm

Con mi cabeza aun hundida en mi cuello ladeé la sonrisa al escuchar sus palabras, tenia razón, había tenido suerte con la familia que me había tocado y aunque no se puede decir que fueran laxos con nosotros, si no mas bien todo lo contrario, todos mis recuerdos estaban plagados de buenos tiempos.
-En realidad somos seis. Te he hablado de mis hermanos y de uno de mis primos, tengo dos primas mas, Lilitt y Violette. Ambas son mellizas y hermanas mayores de Niels. Tienen de la misma edad que Synnobe y yo, nacieron apenas unos meses antes. Violette es una guerrera como mi hermana, pero Lilith posee el don del oráculo, es hechicera y la verdad es que tiene el mismo carácter que su madre, pobre del que cargue con ella, con todos mis respetos a mi tía -bromeé entre risas.
-Entre nosotros, si eres oráculo no puedes follar o el don lo pierdes, así que imagina el pringao que se la lleve -reí de nuevo a carcajada libre.
A mi también me afectaba el alcohol y quizás estaba hablando de mas con ese largo árbol genealógico que estaba poniendo frente a sus ojos.
La lengua se me había soltado casi al mismo ritmo que las manos, pues era incapaz de no acariciar cada parte de piel desnuda que dejaba aquel maldito vestido al descubierto.

Era cierto, el muelle se había llenado de gente, ella sentada sobre mi, con el cuerpo ligeramente ladeado, mis labios acorralando su piel, cuello, mandíbula, jadeé contra esta necesitado de ella, era difícil aguantar las ganas y también las palabras que quemaban en mi garganta y que el alcohol empujaba y mi cordura callaba.
-Hueles a fuego, a maderos e incienso. Hueles a especias, a agua fresca y a grosellas que es de l oque esta hecho el jabón que usas -bromeé hundiendo mis ojos azules en los suyos -a eso hueles pequeña egipcia.
Se mordió el labio y yo me perdí en ellos con rabia, introduciendo mi lengua de forma ruda, paladeando su lengua que pronto se enzarzo en cruenta batalla con la mía.
-No hagas eso -pedí entre jadeos.

Resoplé volviendo a perder mi mirada en los barcos, en los faroles que iban ascendiendo por los cielos mientras escuchaba aquella historia, también mi pueblo estaba plagado de leyendas, aunque la mayoría eran bastante mas violentas, claro que yo descendía de un pueblo de guerreros, nuestros dioses estaban forjados con la fuerza del acero.
-No toda mi cultura es vikinga, mi madre es de París, allí conoció a padre. Aunque si es cierto que Synnobe y yo hemos abrazado la religión de padre,mi hermano Hakon se debate entre ambas.
Nunca he entendido bien que pueden ver los cristianos en un dios crucificado por su pueblo, no entiendo ese sacrificio que de nada vale ¿por que si eres un dios dejarte matar? No es mas valiente luchar hasta el final.
Tampoco me cuadra a mi eso de la paloma que fecunda a la virgen Maria ¿por que no baja el dios ese y se divierte entre sus piernas? ¿Que acaso no sabe encontrar el agujero por donde meterla? La religión cristiana no tiene mucho sentido ¿no crees?

Me reí al recordarme lo de si tenia buena mano con las mujeres, negué divertido separándome un instante para dar un trago y relamerme después.
-Hasta que te conocí si, después Niels me ganó la batalla de muescas en la espada -bromeé entre risas -quiero decir.. -pronto caí en el error, maldita cerveza -que ahora seguro que Niels me esta ganando, porque desde que te conocí solo ando contigo enredado.
Di un nuevo trago para proseguir respondiendo a sus preguntas y porque no , lanzar también yo una de las mías.
-No he rechazado propuestas, lo que no he hecho es hacerlas -dije con seguridad, supongo que todo hombre necesita sentar la cabeza en algún momento. Si tu pregunta es si creo en el matrimonio, te diré que si, no podría contestar lo contrario cuando he crecido viendo a mis padres como se miran cada día, he crecido escuchando de fondo sus jadeos, así que la respuesta es que si.
Guardé silencio mirando el firmamento, quizás de seguir en el norte le hubiera pedido matrimonio, tenia ya la edad para ello y la verdad también claros mis sentimientos, solo que...no se

Aparté de mi cabeza ese pensamiento, estaba aquí y tenia que recordar que la mujer que tenia frente a mi no sentía ni una cuarta parte de lo que a mi me movía ella, así que toda muestra de afecto que implicara algo mas de un “ te deseo” debía de estar terminantemente prohibida, demasiado había hecho y dicho ya.
-¿y tu? ¿has rechazado alguna propuesta? ¿has amado como para aceptarla alguna vez?
Casi cuando esa ultima pregunta escapó de mis labios supe que no me iba a gustar la respuesta, endurecí el gesto, hundiendo mis azules en su mirada parda.

Cambié pronto de tema, aquello nos iba a llevar a un terreno pantanoso donde no tenia el menos interés de hundirme, así que volví a mi infancia.
-Niels y yo hemos sido complicados, digamos que hemos dado bastantes quebradero de cabeza uno y otro. Si yo te contará -bromeé entre risas volviendo a sumergir mis labios en su piel para beber de ella.
De nuevo jadeé notando su tez caliente contra mi ropa mojada, mis labios rozaron los ajenos, demasiada gente, demasiadas ganas y las palomas surcaban el cielo como si nada.
-Te llevaré al lecho como un saco de patatas, las princesas son solo para los cuentos de hadas - bromeé entre risas deslizando mi mano por su muslo dejando que mi aliento impactara contra sus labios.
Decía que para ella era complicado también el apartarme pero por Odin yo estaba que no podía mas, cada palabra salia ronca de mi boca y ella sin embargo reía sin apara seguramente fruto del puntillo de alcohol que llevaba encima y que a decir verdad me excitaba de sobremanera.

Me levanté para ayudarla una vez pasó toda la celebración en el rio, así dijo que podríamos regresar a casa dando un paseo en el que podríamos beber y seguir comiendo.
-No bebas mucho mas saco de patatas o no te enteraras cuando te la meta -bromeé depositando un suave mordisco en su hombro mientras rodeaba su cintura para seguir andando por las abarrotadas calles de Egipto.
Nos detuvimos en un puesto de dulces, yo seguía bebiendo de otra jarra que me había servido por el camino cuando la vi tomar uno y jadear por el sabor a chocolate, enarqué una ceja mirando el espectáculo de esa mujer que tenia frente a mi y que por Odin me estaba volviendo loco.
-Sigue que a este ritmo juro por mis dioses que no llegas a casa -aseguré devorándola con la mirada.
Esta sonrió acercándome una pieza de fruta untada en chocolate que nunca llego a mis labios, fui a quejarme, a paladear su sabor directamente de su boca cuando de nuevo me ofreció y esta vez mis labios acapararon la pieza y la mastique relamiendome después.
Estaba buenísima, la fruta y ella.
Me mancho con los dedos con ese aire infantil del que hacia esta noche gala y que tanto me gustaba, atrás había quedado esa mujer de férreo carácter que disfrutaba llevándome la contraria, ambas estábamos relajados, felices, y quizás algo mas por mi parte que no pensaba permitirme ni pensar.

Me limpio con su boca las manchas de chocolate para después sumergirnos con los ojos cerrados en un dulce beso que se alago en el tiempo y en el espacio, húmedo, sentido que me arrancó mas de un jadeo mientras mis maso sobrevolaban cada parte de su cuerpo.
-He bebido bastantes y aunque no lo creas, estoy borracho, bueno no de caerme, pero noto el alcohol, he hablado mucho mas de la cuenta hoy, créeme -aseguré contra su boca -pero he ido bastante peor, de no tenerme en pie, cuando me junto con Hakon y Niels y salimos solos las borracheras son épicas, claro que no es cerveza lo único que bebemos.

Me reí frente a su siguiente pregunta, empuje sus caderas contra mi cuerpo volviendo a chocar mi abultado miembro contra su vientre.
-¿quieres que busquemos un callejón y te lo demuestro -susurré contra sus labios -creo que es evidente que nos iniciamos pronto y que encontrada la mujer adecuada no nos saciamos nunca, me pasaría la vida follado contigo -aseguré entre risas volviendo a rodear su cintura para seguir andando.
-Sabia de sobra que no había mejor hombre que yo en la cama -dije con aire de superioridad -no es para mi una sorpresa la afirmación de la que hablas.

Ella reía sin parar contra mi pecho, yo hacia lo propio contra su pelo, ambos estábamos tan a gusto que el resto de la gente parecía haber desaparecido.
Mis dedos recorrían su piel, me incineraba cada roce de nuestros cuerpos, era evidente que los dos ardíamos por dentro pues nuestras miradas oscurecidas y turbias por el alcohol se decían mucho mas que las palabras.
Tiré de su mano hacia un callejón, mas por desgracia estaba ocupado por otra pareja a la que como a mi, le había dado un apretón.
Me dio la risa, a ella también, nuestros labios se buscaron cómplices para seguir andando y bebiendo camino a casa.
-Gracias por esta noche, la necesitaba.






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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Naitiri Zahir el Jue Abr 20, 2017 8:20 pm

Escuché todas y cada una de las palabras que dijo sobre su familia, haciendo en mi mente o al menos intentándolo una imagen global de lo que era su familia, añadiendo cada miembro de ella que me iba contando, sus primas que eran hermanas y mellizas también como él y Synnobe, sus edades, lo que eran cada una… reí sin poder evitarlo cuando me confesó lo que significaba poseer el poder del oráculo y negué con la cabeza dándole un leve golpe en la nuca al decirme que no podría mantener relaciones sexuales porque perdería el don, algo que si pasaba todo el mundo sabría. A él le divertía bastante y me hacía saber también lo importante que era para él el sexo, bueno no me extrañaba ya que me lo había dicho un par de veces y era cierto que su cultura estaba muy unida al sexo… solo había que ver lo insaciable que era.

Sus labios recorrían mi mandíbula, mí cuello, y sonreí cuando me dijo a lo que olía no sabiendo que pudiera oler a todas esas cosas, era la primera vez que alguien me daba una información tan detallada de a lo que olía mí piel, aunque imaginaba que algunas se debían al haber estado por las calles esa tarde, pero sí que me quedé con la de grosellas… y con que era el jabón que utilizaba. Cierto era que, las veces que me había bañado siempre había olido mí piel y me había dicho lo bien que olía. Lo miré de forma fija sonriendo por ello y dándome cuenta del detalle que había puesto en esa frase, casi riéndome después por lo de “pequeña egipcia” que me hizo bastante gracia. Acorté la distancia besando sus labios para luego volver a decirme, por enésima vez, que no me mordiera el labio… ¿lo había hecho? No me había enterado.


-No lo hago siendo consciente… es una manía que tengo –y de la cual al parecer no me percataba de ella. Le escuché hablar ahora sobre las culturas y que su madre había crecido en París y sabia de ambas religiones, al vivir yo también en la ciudad francesa era conocedora también de la religión cristiana aunque no era partidaria, yo ya tenía mí religión y no debía de cambiarla. Sonreí porque era una de las pocas veces que estaba hablando tanto y le dejé hacer, de normal, solía ser yo quien sacaba información y ahora lo estaba haciendo él así que sonreí acariciando y enredando mis dedos en su pelo, escuchándolo. A mí tampoco me convencía mucho lo que se decía pero, ¿quién era para juzgarlo? Respetaba todas las religiones como así también me gustaba que respetaran la mía pero no pude evitar reírme, a carcajada, con lo de la paloma negando con la cabeza porque había sido de lo más gracioso- Yo creo que siempre se tiende a exagerar un poco y más bien pienso que son todo como metáforas. Los humanos tenemos que tener algo en lo que creer Ubbe, y la fe mueve montañas –no iba a discutirle pero sí, poco sentido tenía esa parte de la historia. Enarqué una ceja cuando dijo que Niels le ganaba desde que me había conocido y me pregunté cómo podría saberlo si no estaba allí, rectifico enseguida pero igualmente me quedé con aquella frase aunque quizás simplemente se había equivocado por las jarras que llevaba encima. Lo dejé estar cuando me respondió que no había pedido matrimonio a nadie- Mmmm, corrígeme si me equivoco pero, ¿no deberías de estar comprometido al menos? Eres de la realeza, ¿no? No me digas que no has tenido ninguna oferta porque no me lo creo… ¿una mujer no le puede hacer una proposición a un hombre? –Pregunté porque, que él no las hiciera, no significaba que nadie le hubiera propuesto ninguna- no me creo que nadie te haya hecho una proposición –negué medio riendo para luego escuchar sus preguntas y lanzar un suspiro antes de responderle como había hecho él- ¿Se puede rechazar algo que nunca se te ha sido propuesto? –Respondí con otra pregunta y terminé por negar con la cabeza- Nunca me han propuesto matrimonio por lo que nunca he aceptado o rechazado nada… -me mordí el labio ante la última pregunta- crecí toda mi vida diciéndome que no podía, o no debía, amar así que… es lo que hice –porque, ¿qué de bueno aportaría al negocio una cortesana enamorada? Nada- no es que lo creyera, es que más bien no he tenido suerte en el amor. De hecho es que ni siquiera sé realmente lo que es amar a alguien… ¿pasión, atracción, lujuria? Sí, eso sí pero lo otro es un sentimiento mayor que no he experimentado –había tenido varios momentos de mí vida en los que especialmente me habían hecho daño cuando creí amar pero, en el fondo, incluso hasta yo misma sabía que no era así, que no he amado a nadie. Tampoco ayudaba el hecho de que desde que había vuelto de mí retiro a Egipto, en el que pasé unos meses recorriendo el país no me había vuelto a fijar en un hombre de nuevo, mucho menos fijarme en cómo me había fijado con el vikingo. Mis ojos se fijaron en los suyos tras mí confesión y me encogí de hombros sin darle mucha importancia- Pero si tú pregunta fuera, si me quiero casar… la respuesta sería sí. Cuando encuentre al hombre adecuado que me haga perder la cabeza, y me vuelva tan loca, que solo quiera pasar el resto de mis días con él –mí mirada se fijó en la suya observando sus ojos azules, oscuros y brillantes como el mismo cielo- y tener hijos, una niña y un niño, y que tengan la vida que a mí me quitaron y no pude disfrutar… ¿tú quieres tener hijos, Ubbe? Tienes buena mano con ellos –recordé con una sonrisa la niña que había bailado con él, así finalmente nos levantamos una vez terminado las ofrendas y negué con la cabeza cuando me llamó “saco de patatas”, que llevarme en brazos era cosa de cuentos de hadas.

Dejó un mordisco en mí hombro y nos adentramos en las calles llenas de la gente que quedaba celebrando la fiesta, nos paramos en un puesto de dulces donde cogí un par y le di de comer a él un par de trozos también degustándolos, para luego mancharle con mis dedos llenos de chocolate y una advertencia por su parte de que si seguía así no llegaríamos a casa, uh, clara indirecta de que volvería a quitarme el vestido antes de tiempo. Él decía que no iba tan borracho y que lo había estado más de lo que iba ahora… y lo creía, ¿cuánto saque tendría el vikingo bebiendo? Mí límite estaba en tres porque notaba los efectos de las jarras en mí cuerpo, uno de ellos hablar más de lo necesario y darle a su ego esa inflada de la que ahora se estaba haciendo gala y de la cual yo no podía dejar de reír. No iba a decirle cómo era el sexo con él porque ya lo había dejado bastante claro, pero reí entre dientes mirándolo al decirme esas palabras, me mordí el labio y murmuré ahora pegando mis labios a los suyos.


-Mmmm, ¿soy la adecuada, vikingo? –Pregunté dejando mí aliento contra sus labios- eso suena tremendamente placentero, toda una vida entre orgasmos –aseguré dejando un mordisco en su labio inferior antes de seguir andando por las calles- Ya ya… dile a tú ego que ya lo sabemos y que lo hemos oído –comenté entre risas dejando un mordisco en su brazo que era lo que tenía más a mano en ese momento- ¿Y yo, cómo soy en la cama? Aparte de “endemoniadamente buena y sexy” –volví a reír sin poder evitarlo, divertida, tranquila, disfrutando de la situación y del momento. Mí rostro quedó riéndose contra su pecho y sentí su aliento entrecortado también por la risa en mí pelo, sentía sus dedos recorrer mí piel allí donde el vestido dejaba trozos sin cubrir y alcé mí rostro para mirarlo a los ojos, me mordí el labio notando mí deseo y el suyo propia y me incliné para besarlo, devorándolo todo a su paso, pegando mí cuerpo al suyo para tras separarnos dejar que tirara de mí mano hacia un callejón, ninguno de los dos podíamos más y era algo bastante evidente, llevábamos provocándonos toda la noche, incluso más diría yo. Pero justo cuando entramos al callejón tuvimos que salirnos riendo porque había otra pareja que se nos había adelantado y les dejamos privacidad, nos reímos y volvimos a salir a la calle de nuevo besándonos otra vez antes de continuar camino. Me agradeció la noche alegando que lo necesitaba y le sonreí sincera acariciando su rostro con la mano que tenía libre ya que en la otra llevaba el peluche que me había conseguido, yo ya había dejado de beber- Gracias a ti por venir conmigo, yo también lo necesitaba y he disfrutado muchísimo… ojalá todas las noches fueran como esta, me ha gustado conocer y saber más de ti y descubrir otras facetas que no sean esa de mandón que tienes a todas horas –reí entre dientes y me elevé para besarlo otra vez, antes de dejar que continuara camino a la casa, dejé que diera unos pasos delante de mí y sonreí divertida- pero, mejor que llevarme como un saco de patatas… -cogí carrerilla y tomando impulso subí sobre su espalda rodeando su cuello con mis brazos, haciendo que él tuviera que pasar sus manos por mis piernas para cogerme y que no me cayera, mientras no paraba de reírme. Me acerqué a su oído y terminé la frase-… llévame a caballito -dejé un mordisco en su lóbulo y dejé que por unos minutos me llevara así mientras movía mis piernas con cada paso que daba como si fuera una niña pequeña.

Mis labios recorrieron su cuello de forma leve en una caricia, rozando también esa zona con mí nariz para luego dejar pequeños mordiscos mientras le indicaba por dónde tenía que ir. Como no quería que cargara demasiado conmigo por como tenía las heridas, e incluso en mí estado me acordé de ello me bajé llegado cierto punto aunque sabía que para él no pesaba demasiado, no cuando había visto cada músculo definido de su cuerpo y cuando me había cogido en la cámara del fuego para levantarme sin esfuerzo alguno, como sino pesara nada, o cuando me había alzado al muelle... pero igualmente, no quería que se abrieran por mí culpa y ya estaba bebiendo más alcohol del que debería con esa herida, pero por esa noche se lo permitiría.

Si alguien me hubiera dicho que íbamos a pasar una noche como esa después de los días que habíamos pasado no me lo habría creído, porque casi parecía imposible poder pasar una noche tranquilos sin que nada pasara, nada de lobos, nada de hombres persiguiéndonos, ni de luchas, ni de sangre, ni de reliquias, ni de discusiones… libres, como si solo fuéramos dos personas más de aquella ciudad que disfrutaban de la fiesta que se celebraba. Todo eran risas, besos y caricias y había descubierto una faceta del vikingo que de otra forma quizás nunca habría visto y conocido, claro que él también había visto facetas mías que también diferían de mí comportamiento de todos los días… como la que había hecho que llevara una pantera de peluche en una de mis manos tal y como si fuera una niña pequeña, que había hecho reír al vikingo cuando le había pedido que la consiguiera.

Cogidos de la mano atravesamos las calles que nos faltaban hasta llegar a la casa entre risas, besos, y caricias como… como si fuéramos una pareja más, una de las que tantas habían en la fiesta. La luna brillaba en lo alto junto a las estrellas y me fijé ahora que había levantado nuestras manos entrelazadas para, con su dedo índice pincharme como si fuera un niño con mí mejilla haciendo que riera, la pulsera que bajo la luz brillaba con cada movimiento que hacía. Al final giré mí rostro y en vez de dar con mí mejilla apresé su dedo entre mis dientes y reí teniéndolo cogido por la mitad de este. Me dijo que lo soltara y negué divertida para mover los dientes inferiores con diversión y lamiendo el dedo viendo que respiraba con pesadez por ello, mientras yo disfrutaba de aquello.

Un “Nai” que dijo de forma pesada y ronca y que al final terminé por soltar su dedo para acto seguido notar su mano en mí nuca y acercarme a él para besar con necesidad pura y dura, una que yo también tenía y notaba. No tardamos mucho en divisar por fin la casa de nuevo, aunque ninguno de los dos se apresuró por llegar porque quizás los dos sabíamos que aquel momento idílico que estábamos viviendo no volveríamos a vivirlo de nuevo, porque cuando la luna se esconda y el sol salga de nuevo volveríamos a nuestra misión, y porque en realidad no quería que acabara la noche, de hecho lancé un suspiro frente a la puerta antes de abrirla y me giré para mirarlo.



-No es justo, ¿lo sabes no? –Pregunté observándolo elevando mí mirada a la suya, sabía que no iban a ser todos los días como ese, era consciente de ello pero… había disfrutado tanto con tan poco que era reacia a que acabara tan pronto- Ubbe, prométeme que cuando todo esto termine volveremos a tener una noche como esta, aunque no sea fiesta local –lo miré de forma fija y antes de que pudiera decir o hacer nada, mí dedo meñique se enlazó con el suyo y sonreí- has hecho una promesa y debes cumplirla –reí para girarme de nuevo y abrir la puerta de la casa donde pasé primero y dejé el peluche sobre el sofá, llevábamos horas fuera y parecía que había pasado en cuestión de minutos. Me apoyé en el marco de la puerta de la entrada al salón y me mordí el labio observándolo- Ahora es cuando tienes que arrancarme el vestido y hacerme gemir de placer –sonreí de forma pícara recorriendo mí perfil con una de mis manos hasta dejarla en mí cintura sin apartar mis ojos de los suyos.


 

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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Ubbe Cannif el Vie Abr 21, 2017 6:46 am

Sedientos nuestras bocas chocaban con la del otro, las risas inundaban la noche procedentes de nuestros labios, bromas que nos gastábamos el uno al otro como cualquier pareja mas de las que plagaban Egipto aquella noche de fiesta en la que ambos habíamos bebido bastante y en la que a decir verdad estábamos pasándolo en grande.
Salto a caballito sobre mi espalda, con ese carácter infantil del que había hecho gala durante la noche entera. Giré mi rostro para besar al saco de patatas que ahora se había trasformado por arte de magia en amazonas, sus labios acariciaron los míos un instante antes de morder mi cuello lentamente dejando que su aliento impactase en este.
-No, no he hecho propuestas de matrimonio, ni las he tenido. Han habido conversaciones de los padres de algunas mujeres con mi padre, pero padre siempre ha respondido que eso era cosa mía y que era algo que debían hablar directamente conmigo.
Erlend siempre ha pensado que los matrimonios de conveniencia son un error, ya exponemos bastante nuestra vida en el campo de batalla como para tener que volver a unas piernas que no te aporten nada. Cuando vuelva de la guerra lo haré  frente a una mujer a la que desee y con la que me complemente, una digna va... -guardé silencio por no decir como terminaba esa frase “una digna vaina para mi espada” -valquiria que me de paz en tiempos de guerra.

Ladeé la sonrisa, pese  ir ebrio lo arreglé bastante bien.
-Y claro que quiero hijos -reí divertido caminando con ella a cuestas por las calles rumbo a nuestra casa -muchos, que corran por la casa espada en mano, enseñarles a luchar, a ser hombres y escuderas y por las noches que caigan dormidos en su lecho mientras nuestros jadeos acunan sus sueños.
Mordí mi labio inferior dejando la jarra que llevaba en uno de los barriles dispuestos en forma de mesa y llevé mi mano a su cuello, acariciándolo por debajo de la falda para sujetarla y que no tuviera que hacer fuerza con los brazos.
-¿Tu solo dos? A mi me gusta demasiado hacerlos como para tener solo un par -bromeé guiñándole un ojo -y como follas de una forma endiabladamente sexy dudo que solo sea ese el numero de hijos que tengas -añadí respondiendo así a su anterior pregunta.

Con ella encontraba todo, no era solo sexo, si no mucho mas, así que compararla con cualquier otra que hubiera ocupado mi cama era absurdo. Con ella tocaba Hell por el incinerante movimiento de sus caderas, mas a su vez rozaba el Valahalla con cada beso que depositaba en mis labios, era una mezcla explosiva, ella era la elegida y de eso no tenia duda.
Sacudí mi cabeza, tenia que centrarme y el alcohol no me dejaba, ya me había saltado todas las normas habidas y por haber “no toques nada”
¡A la mierda ese no toques nada! Lo había tocado todo y a decir verdad deseaba seguir haciéndolo. Perdía el norte, nunca mejor dicho sumergido en su piel, pues por momentos olvidaba mi misión incluso la idea de volver me resultaba ambigua.
Conocía mi deber para con mi pueblo, pero el egoísmo me orillaba a este presente en el que podía tener una vida con ella si lograba que me quisiera.
Repetir una noche como esta, era una utopía casi perfecta.

Dejé escapar el aire confundido, tenia que centrarme y dejar de pensar sandeces, ella tenia que vivir su vida y yo no formaba parte de esta ¿o si? Era todo complicado, demasiado y yo estaba borracho, no era el momento de pensar en nada de esto.
Bajo de mis espaldas, rodeé su cintura con mi brazo pegando su cuerpo contra el mio, besos caricias, risas que nos regalaban momentos inolvidables. Juntos atravesamos las calles que nos separaban de la casa mientras nos devorábamos con la mirada.
Mi aliento impactaba contra su boca una y otra vez, lamió mi dedo casi en el portón de la casa.
-Nai -susurré con la voz ronca.
Mi cuerpo se convirtió en la prisión del suyo, carne y huesos que impactaron contra el portón, sus dedos arrugaron mi camisa, mis manos por sus muslos alzando el vestido ligeramente.
Jadee con brusquedad contra su boca, tiró de mi labios inferior, lengua de fuego que se enredó en la ajena, serpenteando entre ellas, paladeando el sabor a alcohol, a nosotros.
La respiración entrecortada nos sentenciaba ambos, acaricié con mi nariz la ajena. Cerré los ojos posando mi frente contra la de ella, su risa impacto en mis labios tratando de acertar la cerradura con la llave, mientras nuestras bocas volvían a entrar en duelo.
Mi mano contra la puerta, empujé con mis caderas clavando mi virilidad en su vientre, jadeé de forma ronca contra su boca abierta.
-Por Odin, abre esa puerta -supliqué con la voz ronca pues el espectáculo que estábamos dando bajo el umbral era digno de ser observado.

Se separó ligeramente, ahora si la cerradura cedió, y la casa quedo abierta para nosotros.
Sus ojos rasgados se hundieron en los míos, quería que le prometiera otra noche como esa cuando todo acabara, en ese momento le hubiera prometido el mismo Valhalla, estaba completamente perdido en su piel, mas no me dejó responder cuando enredo nuestros dedos como si eso fuera una promesa.
Enarque una ceja entre risas, mirándola sin poder contenerme para bajar la mirada hasta nuestros dedos.
-Por Odin ¿que haces? -pregunté sin poder dejar de reír.

Esta se adentro en la casa y yo cerré la puerta tras de mi observando como dejaba la pantera en la mesa, se bajaba de esos tacones de escándalo mientras se tambaleaba hasta el umbral de la puerta del comedor. Mis ojos siguieron el vaivén de sus caderas y un gruñido escapó de mi garganta cuando dijo que ya podía desnudarla.
Dejé escapar el aire de forma pesada y acorté con dos zancadas la distancia que nos separaba.
Mis manso se aferraron a esa tela roja, de un tirón la desgarré   para hacer el vestido jirones que cayeron al suelo deslizándose por su tostada piel.
-te compraré uno, lo juro -susurré impactando con mis palabras sus labios antes de chocar rudamente con ellos, lengua que atravesó su precipito de forma salvaje, enredando nuestras lenguas en un pecaminoso baile.
Mi cuerpo aprisiono el suyo, encarcelándolo contra mis músculos. Su cuerpo se arqueaba contra el mio, frotándose.
Virilidad endurecida contra su vientre, martillo contra yunque necesitado de hundirme en ella, llevábamos la noche entera perdiéndonos en el otro, tonteando, deseándonos y ahora estaba tan excitado que me era imposible contener la pasión que sentía.

La giré con brusquedad, sus pechos acariciaban el marco de la puerta endureciéndose al ser rozados contra esta, sentí su jadeo cuando mi mano acaparo su mojado sexo, frote en el mi palma, friccionando con algo tan simple su clítoris, calentándola para mi.
Sus caderas me buscaban, mi boca mordió su cuello, mi aliento contra su nuca, mi otra mano buscando el botón de mi pantalón para desenfundar mi mandoble y darle una estocada.


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Re: The Sands Of Time ~ Privado {+18}

Mensaje por Naitiri Zahir el Vie Abr 21, 2017 11:23 am

Me parecía extraño que me dijera que no había recibido propuestas de matrimonio y me pregunté si algunas mujeres en el norte estarían ciegas, o quizás es que estaban mudas y por eso no había recibido ninguna. Decía que algunos padres de algunas mujeres habían hablado con el suyo para concertar un matrimonio, y que su padre por extraño que sonara decía que lo hablaran con él. Muchas culturas hacían matrimonios de conveniencia para sus hijas, para darles un buen estatus o bien para que la familia tuviera una posición elevada… así que se podría decir que él tenía suerte de que su padre no creyera en ese tipo de matrimonios, para mí el hecho de casarme significaba que amabas a la otra persona, ¿Cómo se podía pasar el resto de toda una vida con una persona que no amabas? Yo había estado en el pasado atada a algo que no me gustaba hacer y fue cuando más decidí que solo me casaría por amor, sabía lo que era estar con alguien al que no querías y ni siquiera te atraía y no pensaba volver a pasar por eso.


-¿Erlend es tú padre? –Pregunté aunque sí, no hacía falta preguntar aquella obviedad tan grande- me gusta su forma de pensar y creo que tiene razón. Eres un afortunado Ubbe, no todos los padres harían lo mismo por sus hijos, y ahí se ve que realmente quiere lo mejor para ti –dejé otro mordisco en su cuello y lamí la zona mientras me seguía llevando a caballito, mucho mejor que llevarme como un saco de patatas como me había dicho- Una digna valquiria que te de paz… -repetí sus palabras acariciando su cuello con mí nariz- Mmmm… yo puedo darte paz, por lo que… ¿me dejas ser tú valquiria? –Pregunté sobre su oído más como a broma que otra cosa envalentonada por el alcohol. Reí, sin poder evitarlo, cuando dijo que quería hijos y que quería muchos, y criarlos como lo habían criado a él espada en mano y viendo el amor que sus padres tenían, él decía que había crecido con los jadeos de ambos escuchándolos… y no me extrañaba para nada que dijera lo mismo de los suyos.- Ya sé que a ti te gusta demasiado hacerlos, es la verdad más grande que te he oído decir –mordí el lóbulo de su oreja divertida por la situación y luego dijo que si solo iba a tener dos- Bueno… primero dos y después ya veré, cómo se nota que tú solo los haces vikingo –le dije riendo porque para él era muy fácil decir que quería muchos, pero no iba a ser él quien tuviera que tenerlos, me reí cuando afirmó cómo en la cama y negué con la cabeza divertida con la conversación surrealista que estábamos manteniendo los dos, de un futuro muy lejano que a saber si alguno de los dos tendríamos realmente- ¿Un par de pares te va bien, o siguen siendo pocos? –Volví a reír de pensar que quería muchos hijos, como si fuera tan fácil y dejando claro que no era él quien tenía que traerlos al mundo… él solo se quedaba con la parte placentera y ya.

Por fin llegamos a la puerta de la casa donde mí espalda chocó contra esta mientras intentaba abrir la puerta con la llave, tarea muy complicada cuando tenía al vikingo pegado contra mí cuerpo arrasando con su boca la mía, no dejando ningún resquicio de mí cuerpo que sus manos no recorrieron, buscándome, provocándome. Además el estado en el que iba hacía más difícil abrir la puerta y más cuando el vikingo no me daba tregua alguna. Rugió que abriera la maldita puerta y mis ojos lo miraron de forma fija, fulminándolo porque parecía que no quisiera abrirla y el mayor culpable de que no pudiera era él que no me dejaba. Terminé por girarme y separarme y finalmente logré abrir la puerta pero antes me giré para que me hiciera una promesa, antes de pasar dentro y finalizar lo bien que lo habíamos pasado aquella noche. Cuando preguntó qué hacía reí aún con su dedo meñique enlazado al mío y negué con la cabeza.



-Se llama “promesa de meñique” y se dice que quien hace una promesa así la está haciendo “de corazón”, así que vas a tener que cumplirla llegado cierto momento aunque… también tiene otra historia y significado diferente... ya te contaré la historia del hilo rojo –pasé dentro dejando el peluche a un lado y quitándome los tacones para quedarme en el marco de la puerta y hacerle ver aunque no lo supiera que ya podía quitarme el vestido. No tardó ni dos segundos desde donde estaba en llegar frente a mí dejando escapar un gruñido de su interior que me hizo reír entre dientes sabiendo cómo estaba, aunque yo no me quedaba atrás tampoco. Sus manos aferraron el vestido y de un tirón este quedó roto hecho jirones que fue cayendo por mí piel hasta dejarme completamente desnuda frente a su mirada. Sonreí cuando juró que me compraría uno con sus labios sobre los míos- más te vale –murmuré antes de que me besara de forma salvaje, atravesara la barrera de mis labios y su lengua buscara la mía en un baile lleno de lujuria y pasión, provocándome, dejando escapar todo el deseo que habíamos estado conteniendo durante la noche. Mí espalda quedó contra pared y su cuerpo me encarceló al lugar pegando su pecho al mío mis manos recorrieron su pecho y sus brazos mientras nos besábamos, mí cuerpo se arqueaba hacia el suyo notando su miembro dar contra mí vientre en un claro ejemplo de cómo estaba de excitado y de necesitado.

Se separó de mí boca y me giró haciendo que ahora mis pechos se rozaran y friccionaran contra la pared pegándome a esta, su mano bajó hasta mí sexo que ya estaba más que húmedo y lancé un jadeo cerrando los ojos echando la cabeza hacia atrás, notando como me acariciaba con la palma de su mano y mis caderas se movían de forma involuntaria contra esta, buscando más, queriendo mucho más. Gemí y me mordí el labio al notar que ahora me rozaba el clítoris provocándome una sacudida, mordió mí cuello y apoyé la cabeza en su hombro escuchando de fondo que se quitaba la ropa mientras mí respiración era agitada, llevé una de mis manos aferrando la muñeca de la mano que tenía en mí sexo y la apreté con fuerza para que parara o iba a terminar así. Cogió mí mano y la dejó contra la pared para pasar a recorrer mí perfil, la otra se enredó en mí pelo y giró mí rostro para dejar que nuestros labios se acariciaran, lamí estos antes de notar ahora su miembro ya libre recorrer mí sexo a lo que mordí su labio inferior y moví mis caderas antes de notar como se hundía en mí interior.

Cerré los ojos y gemí contra sus labios por ello notando cómo comenzaba a moverse en mí interior, necesitada de que lo hiciera con el deseo recorriendo mí cuerpo. Mi mano fue a su pelo y lo aferré con fuerza antes de que nuestras bocas volvieran a juntarse en un beso abrasador en el que jadeos y gemidos escapaban de mis labios. Su mano abandonó mí pelo y pasó a recorrer mí garganta con sus dedos, haciendo que mí cuello quedara estirado por completo donde dejó a pasar mordiscos mientras se movía con furia y pasión en mí interior y yo me dejaba llevar sin poder evitar moverme contra él, cegada por el momento y por las sensaciones que recorrían mí cuerpo.

En un momento dado salió de mí interior provocándome un gruñido de claro desacuerdo por ello y lo miré con el pecho subiendo y bajando con rapidez, los ojos brillando por la excitación y el deseo y justo cuando iba a decirle algo me giró de nuevo de cara a él, su boca volvió a buscar la mía y me elevó de las nalgas para que rodeara su cadera con mis piernas, mis manos recorrieron su rostro bajando por su pecho y sus brazos mientras nos enredábamos en un nuevo beso y mi cuerpo lo buscaba moviendo mí cadera contra su miembro, necesitada de más y de él. La pared habría sido tan buen lugar como otro cualquiera, pero esta vez me dejó sobre la mesa del comedor, y en cuanto mis nalgas tocaron la madera de esta volvió a hundirse en mi interior con fuerza.


-Ubbe -gemí contra sus labios siendo yo ahora entre embestida y embestida la que le quitaba la camisa que llevaba, mis piernas apretándose contra su cintura, sus manos recorriendo cada centímetro de mí piel que tenía a su alcance, nuestros labios buscándose, mordiéndonos, besándonos dejando que la pasión reprimida y acumulada durante toda la noche estallara en aquel comedor y sobre aquella mesa. Mis manos recorrieron todo cuanto estuvo a mí alcance y arqueé mí cuerpo notando su boca ahora torturando mis pechos, lamiéndolos, succionándolos, mordiendo mis pezones… no podía más, sentía que me abrasaba por dentro y cada movimiento en el que se hundía en mí interior era una tortuosa delicia que me estaba volviendo loca. Hice que su rostro subiera de nuevo al mío enredando mis dedos en su pelo y fui yo quien esa vez arrasó y devoró su boca con todo a su paso, la otra mano bajaba por su espalda notando los músculos de esta, dejé mí mano entre sus omoplatos y clavé las uñas notando como me acercaba al orgasmo y todo mí cuerpo ardía por dentro- No puedo más… -dije contra sus labios mirándolo a los ojos, viendo estos azules, oscurecidos y brillantes por el placer mientras todo mí cuerpo se tensaba ante el inminente orgasmo.


 

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