Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Valcourt Blâmont el Vie Abr 07, 2017 11:54 pm

“Sólo el latido unísono del sexo y el corazón puede crear éxtasis”.
Anaïs Nin

Obsesivo; su templo genera la ansiedad de fornicar esa noche, justamente después de haber ejecutado a un prisionero de máxima índole bestial, como le excita la sangre derramándose de los segmentos mutilados, el imponer la fuerza a la hora de desmembrarlos, su trabajo era una excitante labor que no podía concluir en solo ese episodio, oh, claro que no, su atracción debía ser complacida ante un menguante momento, el invitar a una con cualidades especiales, no cualquiera, porque sus gustos son refinados, tanto que podía decirse que puede escoger la perfección entre sus manos y posesionarse de ello. Nadie se negaría a tan excelso amante, porque es demasiado apasionado, brinda placeres inimaginables, superados a los orgasmos habituales a los que los hombres y mujeres se jactan solo en encamar. Y con él, era un arte el fornicar, el unir los cuerpos, hasta su caravana en separar las piernas tiene, cada acto, cada momento era memorable, que pronto se descubriría con la elegida. Hubiese sido perfecto acudir al burdel con las vestimenta ensangrentada, ese mismo uniforme que viste a la hora de sentenciar, más no es adecuado, y más para alguien que se hizo famoso de la noche a la mañana. Un conserje al que todos temen, y adoran a su vez.

Sin más preámbulo, se arregla, cambiando de ropaje, vistiendo de la manera caballerosa; su traje negro con los brillosos zapatos y no se diga de los artefactos, su bastón, con su sombrero, un ejemplar hombre de elite, que camina con el porte en alto, la gallardía en la mirada y su perfecto andar, dirigiéndose al burdel,  la mayoría se ha enterado que merodea aquel lugar, siendo uno de los principales señores que deja un capital mayor que los que acuden, el dinero no era de su importancia, cuando algo desea, es porque amerita el precio que ofrece, sabiéndose que si fuese por él, nada alcanzaría a pagar tremendo disfrute.

Recibido como merece, y se ha ganado, no todos tienen la fortuna de conocerle, podrán oír de él, más nunca dirigirse cercanamente, es muy selectivo, ahí es donde se destaca por su particular estética, que al entrar, las miradas salían sobrando, no se enaltece por lo que es, sino los demás hacen verlo de aquella manera, acercándose la matrona, pidiendo su especialidad, una hetera, conservadas solo a aquellos que del oro traslucen sus ojos, pero no entraría en detalle con ello, estaba ya imaginando a su musa mientras  avanza a la habitación asignada, tomando la perilla la matrona y la gira con el empuje, a punto de encontrarse con quien armara una escaramuza entre sabanas de seda, y los sentidos alterados.


«No hay ningún criminalista que niegue que todo crimen en su origen es el producto de la miseria. Pues bien; se me acusa de excitar las pasiones, se me acusa de incendiario porque he afirmado que la sociedad actual degrada al hombre hasta reducirlo a la categoría de animal»
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Re: Sort Dronning; erotisk møde

Mensaje por Nora Salazar el Dom Abr 09, 2017 6:15 am

Como cada inicio de mes, contaba los francos que, con paciencia y esfuerzo, había conseguido reunir durante esas últimas cuatro semanas. Lo contó una, dos y hasta tres veces, obteniendo siempre el mismo resultado, que no era, ni por asomo, bueno. Suspiró y se dejó caer en la silla. De todo ese dinero, había una parte que terminaría siendo invertida en remedios para no sufrir el mismo destino que su madre. Ella, Nora, había sido un accidente que le había costado la vida a la mujer que le dio a luz. No se culpaba por ello, claro, porque ¿qué podía haber hecho ella? Nada, la señora Salazar había tenido mala suerte, y su hija no pensaba permitir que algo así le ocurriera a ella también.

Recogió todas las monedas y las guardó junto con el resto de sus ahorros, en una caja de madera al fondo de uno de los cajones del guardarropa. Aquella era su pequeña fortuna que algún día esperaba utilizar para salir de allí. Sí, algún día terminaría con todo aquello, saldaría todas las deudas que pudiera tener y dejaría de ganarse la vida vendiendo su cuerpo. Ese era su objetivo, pero lo cierto era que no había pensado qué haría después, una vez que estuviera fuera de allí. La triste realidad era que no sabía hacer nada más que compartir las sábanas con hombres y mujeres, Madame Moreau ya se había encargado de ello. Ni siquiera le había enseñado a leer y, por supuesto, tampoco a escribir; los francos sabía contarlos por necesidad —y porque algún cliente satisfecho le había dado unas nociones básicas—, pero qué contenta estaría la dueña del burdel si tampoco supiera cómo hacerlo. En resumen, era una analfabeta que nada sabía de la vida y a la que salir de allí se le antojaba un sueño hermoso, pero poco práctico. Además, dentro del burdel tenía techo, comida caliente a diario y, por supuesto, protección, algo que no sabía si conseguiría fuera. Si alguna vez dejaba el oficio, necesitaría muchos más francos de los que ya tenía ahorrados. Al menos, soñar era gratis.

Escondió la caja debajo de la ropa y cerró el cajón antes de quitarse el vestido que llevaba. Pronto recibiría al primer cliente de aquella tarde, y Moreau siempre les repetía que tenían que estar listas unos cuantos minutos antes de la hora. Guardó el vestido en el armario y sacó una bata de fina seda que poco dejaba a la imaginación una vez puesta. Tras ponérsela, se sentó en el tocador frente a un espejo velado por el tiempo y esperó la hora arreglándose el cabello, buscando posibles imperfecciones en la piel y jugueteando con los botes y pinceles que tenía por allí. Escuchó que unos pasos se acercaban a su puerta, y para cuando ésta se abrió, Nora ya estaba de pie y con su mejor sonrisa en el rostro, esperando al hombre que había pagado por pasar unas horas con ella. Moreau dejó que él entrara en la habitación y cerró la puerta, dejándolos solos en la habitación.

Buenas noches —saludó, acercándose hacia Valcourt—. Me llamo Nora.

La bata que llevaba siseaba con cada paso que daba la joven. Se podía apreciar el movimiento de sus senos bajo la tela, que marcaba cada una de las curvas y protuberancias de su cuerpo, fueran cuales fueran.



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Re: Sort Dronning; erotisk møde

Mensaje por Valcourt Blâmont el Sáb Abr 22, 2017 5:36 pm

Nora, ahí estaba, cuán esbelta finura se menea en un minué perfecto; sensual, provocativo, con una delicadeza reflejante en su piel, y el tenue de esta, resalta sus rasgos, y los detallados de su templo. Le observo desde los pies; en la manera en la que se balancea, hasta el rostro, enfocándose en su bata que mantiene a esos redondos y duros senos, ¿cómo lo sabía si no los ha acariciado? Era fácil, es un grandioso espectador, pero no fue por lo que le hizo inclinar la cabeza hacia quien se convirtió al fin en su musa, —y era el permiso, pero en su caso, la palabra de que le tocaría, aquella reverencia ejecutada—. Si no, a esos sedosos cabellos negros, caían como una cascada por su espalda, dando unos pasos más cuando ella se acercaba, resonando el golpe de la puerta tras cerrarse, rodeo en caminata a la dama, porque eso eran para él, —al menos con sus musas; bellas, y valiosas, perpetuas en belleza y adoradas con la grandeza de los hombres—. Extendiendo la mano hacia sus cabellos, rozando con su espalda y entrelaza los dedos con ellos, deslizándolos, apreciando la manera en que descienden, y persiguiendo la comisura de sus labios cuando se mueven de manera atrayente, conservando su sonrisa, más con el índice, acaricia esos carnosos labios, deseables, y húmedos que le invitan a gustar de ellos, ansioso de lamerlos, tirar de ellos con los propios y hasta morderlos, una sensación que a simple vista resurge, ladeando la cabeza, poseía una voz espléndida, tanto que sus armas eran potentes hacia Valcourt, motivado a desplazar el índice por su mentón, por su cuello, por la separación de sus senos, descendiendo un poco más, encontrándose con su ombligo sobre la tersa tela, formulando un círculo pero continúa, empleando la palma en esta ocasión y ahí, el tesoro escondido, la clave de la pasión, y el amor a las divinidades, palpa su base, el centro de la excitación y el lugar donde todo es excitante…

— Nora, eres realmente bella, a comparación con la reseña, fue muy descortés pues no logró describirte a la perfección. Pero, no deseo que me complazcas por hacerlo, ni que actúes por solo el dinero, aquí el precio no importa, estoy habilitado a pagar lo que exijas. Sin embargo, para poder satisfacerme, quiero que en verdad lo sientas, que no imitas gemidos, si quieres verlo de esta manera, digamos que he venido a complacerte, ya que ese es el secreto para hacerlo conmigo.

Mientras se dirige a ella con caballerosidad, tornándose su voz potente y deseosa, gruesa y con acicates inexplicables, ya había demandado por la realidad de la situación, sólo así llegaría a su orgasmo, porque se necesitan de dos para ello, y no solo por maniobras o porque el cuerpo arroje simplemente una reacción. Dedicándose a masajear por debajo de la bata, y por encima de su sexo, acercándose a su rostro, olfateando al acariciar con la nariz, reservadamente lo realizaba, emprendiendo besos cortos hasta llegar a sus gruesos labios, donde termino delineándolos con la extremidad del órgano húmedo. — Llámame Valcourt, pronúncialo.

Susurro muy cerca de sus labios, esperando el momento en que lo haga y así poder adentrar la lengua, para surcar su cavidad con lindeza, presentándose ante ella, y sobre todo ante su intimidad, ya exponiendo su objetivo.


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Re: Sort Dronning; erotisk møde

Mensaje por Nora Salazar el Dom Mayo 21, 2017 4:16 pm

Él la rodeo despacio, al ritmo que la situación exigía, y ella giró ligeramente la cabeza para poder seguirle con la mirada, perdiéndole de vista sólo cuando llegó tras ella. Sintió el roce de los dedos sobre su espalda cuando los entrelazó con su pelo, y eso hizo que el vello de todo su cuerpo se erizara al paso del escalofrío que le recorrió la espina dorsal. Cerró los ojos durante escasos segundos y, cuando los volvió a abrir, Valcourt se encontraba frente a ella acariciando sus labios con el índice. Cuando lo deslizó cuello abajo, Nora pasó la punta de la lengua por los labios, casi como si quisiera saborear el rastro que había dejado él sobre ella. Disfrutó de cada segundo que duró el descenso pausado de los dedos ajenos por su cuerpo, desde el cuello hasta el ombligo, donde las cosquillas la obligaron a sonreír y a tensar su vientre. Siguió bajando la mano, esta vez con la palma completamente extendida, y Nora la siguió con la mirada, curiosa y excitada a la vez. Sí, excitada, porque aquella forma que tenía de acariciarla era algo de lo que, desgraciadamente, no disfrutaba a diario. Asintió a sus palabras con una tímida sonrisa en el rostro (¿tímida? ¿ella?), a falta de algo mejor que decir. Dentro de aquella habitación sobraban las palabras, y más todavía en una situación como aquella, donde la bestialidad de unos había dado paso a la delicadeza de Blâmont.

Aguantó la respiración tras la primera caricia sobre su sexo y fue soltando el aire despacio en la medida que continuaba. El cosquilleo que le produjo el camino de pequeños besos le hizo prestar atención a lo que ocurría en la parte de arriba, y no en la de abajo, de su cuerpo. Entreabrió los labios para recibirle, pero cuál fue su sorpresa cuando él no continuó besándola, sino que le pidió que dijera su nombre en voz alta. Nora se acercó a él y agarró su camisa a la altura de la cintura, mientras que la otra mano ascendía hasta el cuello de Valcourt. Lo acarició con las yemas de los dedos siguiendo el dibujo de su mandíbula, desde la barbilla hasta la oreja, y, sin separar su rostro del ajeno, cumplió con su petición.

Valcourt —susurró rápido junto a sus labios.

La mano que había quedado en la cintura subió hasta el cuello de la camisa del hombre y desabrochó los dos primeros botones, deslizando los dedos después por debajo la tela para poder tocar su pecho. Las caricias en su bajo vientre seguían y Nora dejó escapar un sonoro suspiro, aferrándose al cuello ajeno con fuerza. Agarró la mano libre de Valcourt y la subió hasta uno de sus senos, aprentándolo dentro de la de él y haciendo que lo masajeara. La respiración entrecortada chocaba contra el rostro de él mientras el deseo crecía con cada roce. Desabrochó los botones restantes y abrió la camisa dejando el pecho y el vientre de él semicubierto. Fue deslizando las palmas de sus manos desde las clavículas en sentido descendente, deteniéndose sólo al llegar a la cintura, donde se aferró con fuerza para aguantar el siguiente gemido, disimulado con un suspiro, pero claramente audible.

Valcourt —repitió para pedirle algo que ni ella sabía bien qué. ¿Que parara? ¿Que siguiera? ¿Cuánto hacía que un hombre no se dedicaba a darle placer con esa pasión? Demasiado, y la falta de costumbre estaba haciendo que pareciera una virgen en la noche de bodas.



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Re: Sort Dronning; erotisk møde

Mensaje por Valcourt Blâmont el Jue Jun 15, 2017 3:05 pm

La sensualidad se expande, les une como un imán que no se debe de perder en las irises, esa mirada cautivadora, provocativa, y atrayente. Valcourt la desea con intensidad, adorando su piel, e idolatrando sus largos cabellos. Es una obsesión deleitarlos, son de su preferencia como los de Nora; la suavidad, el brillo, esto posee la magia del cuidado del cuerpo. Sediento ante esa carnosidad, la manera en la que pasea su lengua por sus labios, el ir bajando poco a poco a familiarizarse con su piel, masajeando su femineidad, mirándole con firmeza, mientras observa su sonrisa, es satisfactorio como responde a sus caricias, elevando el ímpetu, posando besos delicados, y ascendiendo hasta que en esos labios, ese aliento, su carne rozaba con la propia, su cercanía le envolvía su perfume; un dulce, un afrodisiaco para elevar su excitación, notando como su cuerpo se desata, su pecho agitado, ansioso de pegarse a su cuerpo, que así como él deseaba hacer tantas cosas, ella las anhelara, moviendo de un lado a otro el rostro para acariciar con su barba sus mejillas, deslizando la falange desocupada al contonear su curva, un costado que detonado la tersa tela se enmarañaba con el movimiento, escuchando su nombre, su voz le invito a caer a sus labios, los recibió con una presión, otorgando un beso corto, pero el suficiente para tatuar el sabor, y el humedecerlos un poco.

Mientras ella le acariciaba el pecho, y sus clavículas, invadió un poco más su intimidad, ascendiendo la mano libre a petición de ella, y al percibir su seno, apretujo, consecutivamente hizo presiones, masajeándolo, un movimiento dulcísimo, en ambos segmentos, alzando en específico dos yemas de los dedos prosiguiendo a una masturbación, encantado de ver como su fluido se esparce por estos, es lo que quiere, es lo que aclaman sus dedos al insinuarse, candentes llevan un ritmo, contorneando sus labios de nueva cuenta hasta ir descendiendo, dejando que la barba rozara por su pecho, y como un hombre esclavo de una musa, se inclinó a sus senos, olfateando discretamente, poniéndose de rodillas lentamente hasta meterse por debajo de su bata, era corta, por lo que indicó una de sus manos que se sostenga de sus hombros, abandonando la base de su sexo, por ir acariciando por completo sus piernas, besándolas, lamiendo entre estas. Desplegándose la lengua hasta ir al monte de venus, y ahí, un dulzón, una delicia capturó, los sabores eran diferentes, cada uno poseía una sensación propia, le estaba preparando, le estaba consumiendo su interior en lengüetazos, no vulgares, nada de él parecía asqueroso, sino, tiene una habilidad para hacerlo creativo, esperado, pedido más que nada, abriendo la boca, lo suficiente para ajustarse a los labios menores e ir meneándola, compartiendo fluidos, penetrando lo posible hasta durar lo suficiente para satisfacer.

En un momento dado, de ya haber humedecido lo necesario, le toma del brazo, y le alza, cargándole y caminando en dirección a la cama, posándola con suavidad que se posesiona de sus labios tras darle un beso corto, contorneando su cadera y presionándose contra ella, haciendo fricción con su bulto entre esas piernas, alzándose para ir desprendiendo de la camisa, y del pantalón, jugueteando con ella, una complicidad con los movimientos para desnudarse, meneando la cadera, como si le estuviese penetrando; sensual, profundo y sumiendo el abdomen y liberándolo, bailando eróticamente, que gira, siendo oportunidad de ella, al tenerla encima, tomando ese tiempo para que con los pies se vaya retirando el pantalón por completo y el calzón que arrastras iba, siendo cubierto el dotado falo por las posaderas de Nora, una perfecta mujer para tomar, acariciando sus piernas, enfocando su mirada, y una sonrisa traviesa, pues ¿por qué no jugar al mismo tiempo?


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