Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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The Rotten Apple

Mensaje por Irïna K.V. of Hanover el Lun Abr 10, 2017 11:25 pm

La cobardía era probablemente la primera característica que le habían advertido que era patética para un noble, y aún más, para un monarca. Si hubiese prestado más atención en sus clases de protocolo, o a las largas charlas que su profesor de historia dedicaba a halagar la valentía de los reyes de su patria en el pasado, probablemente no se hubiese topado con tantos obstáculos en su vida, o por lo menos, hubiera encontrado una forma más directa de sortearlos, en lugar de escoger por defecto la ruta de escape. No podía evitarlo. Aunque su corazón, su espíritu, que indudablemente pertenecía a la misma familia de aquellos reyes de los que tanto había oído hablar, le dijeran que ella podía hacerlo, su cerebro que se empeñaba en querer analizarlo todo de la forma más lógica posible, le advertía alto y claro que estaba equivocada. Que correr era la opción más inteligente cuando no puedes salir de la situación sin salir dañada. Objetivamente, el dolor no es agradable para nadie, pero lo es menos aún cuando no tienes a nadie para respaldarte en caso de que el impacto sea demasiado grande como para soportarlo a solas.

Aquella situación se le antojaba demasiado peliaguda como para decir nada inteligente, o para sugerirle a los agresores que el diálogo era la mejor forma de debatir las cosas, así que en menos de un segundo decidió echar a correr, dejando atrás lo que se suponía que sería la comida que debería servirle para el resto de la semana. Lejos de sentirse estúpida, la reina pensó, "¿qué demonios?, entre morir de hambre o ser golpeada hasta la muerte lo primero me deja más margen de acción para hacer algo al respecto", claro que lo hizo antes de darse la vuelta para descubrir que aquellos tres hombres seguían persiguiéndola a pesar de que ya no tenía nada encima que pudieran quitarle. Al menos, nada de valor.

Empujando la gente a su paso, sorteando a personas, carros y casetas de vendedores ambulantes, tratando de abrirse camino entre aquel mar de personas, Irïna se sentía más impotente de lo que se había sentido nunca. Si sólo no hubiese escogido aquel atajo para volver de vuelta al motel, si sólo no hubiese presenciado cómo aquellos hombres transportaban lo que supuso que era una persona desde una casa a un carruaje, si en lugar de gritar por la sorpresa se hubiese escondido... No había tenido mucho tiempo a arrepentirse, sin embargo; cuando se quiso dar cuenta estaba rodeada, temblando, luego arrojó el bolso como distracción y echó a correr... Y ahora, allí estaba, siendo perseguida entre el gentío, reprochándose no haber hecho nada por ayudar a quien estuviese dentro del carruaje, a la vez que temiendo el momento en que sus piernas cedieran y fuera alcanzada. Quería pedir auxilio, pero la voz no le salía. Apenas podía respirar, debido al esfuerzo. Entonces, ocurrió.

Al querer voltear la cabeza para ver si los había perdido, no vio a la persona que estaba agachada ante ella, y antes de darse cuenta, ya estaba en el suelo. Un súbito dolor le recorrió el brazo derecho, y en la distancia, pudo ver el rostro de aquellos desconocidos, confundidos. La habían perdido. Antes de que la persona con la que había tropezado dijera nada, llevó una mano a la boca ajena y la cubrió levemente. - P-por favor, ¡por favor! No alce la voz o me encontrarán... -Suplicó, tratando de recuperar el aliento.





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Re: The Rotten Apple

Mensaje por Kala Bhansali el Lun Abr 17, 2017 4:09 pm

Llevaba los francos dentro de un pequeño saquito de terciopelo oscuro colgado de la cintura de la falda, escondido entre los pliegues de la misma para que no fuera el blanco de las miradas de ladronzuelos dispuestos a llevárselo. Tenía que comprar alimentos varios, tantos como sus ahorros le permitieran, pero su lista de provisiones se completaba, básicamente, con aquellos que no fueran perecederos a largo plazo, como arroz y legumbres. Su dieta no variaba mucho, a decir verdad, pero, por suerte, no pasaba demasiado hambre a menudo. Su carpa atraía a mucha gente que dejaba sus francos a cambio de visiones del futuro. Así había sido desde que empezó a trabajar en el circo gitano, pocos años después de su llegada a París. Algunos días eran más productivos que otros, pero mantenía un nivel de ingresos suficiente, que ya era más que muchos de los habitantes de la ciudad.

Entró en el mercado como cada vez que necesitaba hacerse con cualquier cosa. Era el lugar en el que más variedad había, y más diferencia de precios también. Desde puestos para los más pudientes hasta otros más orientados a gente con recursos muy limitados, justo como ella. Kala ya conocía aquellos que merecían la pena de verdad, puesto que muchos aprovechaban para vender fruta y verdura a precio barato, pero en mal estado. Por eso no tardó apenas tiempo en terminar lo que había ido a buscar y, además, le sobraron un par de francos. Se paseó entre los puestos con el saco agarrado con una mano y la cesta de mimbre con sus compras colgando del brazo contrario hasta que llegó a un puesto de fruta verdaderamente apetecible. Entre todo, vio unas manzanas, verdes y brillantes, que llamaron su atención casi antes de llegar al puesto.

¿Cuánto por las manzanas? —preguntó al tendero.

Éste murmuró, o gruñó, mejor dicho, el precio de la fruta, y aunque Kala estuvo a punto de dar media vuelta por el poco carisma que transmitía, terminó comprando un par de manzanas con los francos que le sobraban. El hombre no era agradable, pero tenía muchas ganas de comer algo fresco, por una vez.

Guardó una en la cesta y limpió la segunda con la falda, lista para llevársela a la boca. De hecho, iba a darle el primer mordisco cuando alguien chocó con ella por detrás, tirando la manzana al suelo. El hombre ni siquiera pidió perdón a la gitana por el tropiezo. ¿Para qué? Maldijo en tamil y se agachó para cogerla cuando, de pronto, sintió como otra persona se tropezaba con ella. ¿Es que la gente no tenía ojos en la cara? Cogió la manzana con rabia y la metió en la cesta antes de mirar a esa segunda persona, que había caído al suelo junto a ella. Quiso decirle algo, pero no tuvo ocasión puesto que la joven le tapó la boca con la mano. Kala arrugó el ceño sin comprender, pero miró hacia atrás y vio a unos hombres de pie, mirando a su alrededor, buscando a alguien claramente. La joven que había tropezado con ella parecía verdaderamente angustiada y la gitana sintió una repentina empatía hacia ella. Intentó calmarla con un gesto de la mano y la agarró de la muñeca para llevarla tras el puesto de fruta.

Aquí no nos pueden ver —dijo, asomando un poco la cabeza entre las cajas—. ¿Estás bien?



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Re: The Rotten Apple

Mensaje por Irïna K.V. of Hanover el Sáb Jun 10, 2017 11:28 pm

El escozor procedente de su brazo derecho le resultaba vagamente familiar. En el pasado solía tropezarse constantemente y a causa de eso sus golpes eran bastante frecuentes, claro que en aquella ocasión no estaban sus sirvientes para socorrerla, ni Lorick para curarle las heridas, ni sus padres para reírse y recordarle que las señoritas no deberían correr, y mucho menos sin mirar hacia dónde iban. De haber tenido doce años menos estaría llorando al ver la sangre brotar lentamente por la rozadura, o por el dolor que le produjo intentar girar la muñeca. Pero sabía que sus lágrimas en aquel momento no servirían para nada: allí era una más, una desconocida, y además, una con problemas bastante graves. Así que rogó mentalmente que la persona con la que había chocado -por culpa suya, claramente-, fuese lo bastante considerada para apiadarse de ella y de su rostro encogido por el pánico, y no comenzara a gritar "ladrón" o a acusarla por ser tan torpe. Cuando al fin enfocó la vista para toparse con una hermosa y exótica joven, agradecida por oír aquellas tranquilizadoras palabras, todo su cuerpo se relajó de golpe, y entonces, sólo entonces, permitió que de sus ojos brotaran unas cuantas lágrimas, que eran más de alivio que de otra cosa.

Gracias... De verdad, muchas gracias. No teníais por qué ayudarme y aún así lo habéis hecho a pesar de ser culpable de tropezar... Yo... ¿Estoy bien? Supongo... -Murmuró, demasiado nerviosa para imitar el acento debidamente, aunque dudaba que nadie pudiera identificarla por eso. Asomó la cabeza del mismo modo que la otra joven, sólo para comprobar que, en efecto, seguían buscándola. El miedo volvió a tensarla de repente, por lo que retrocedió de golpe, comenzando a hiperventilar. - Por qué no he podido mantener la b-boca cerrada. ¡Maldita sea! Quién me manda a intentar ayudar cuando soy incapaz de hacer nada. Estúpida... Estúpida... Lo siento... Lo siento... -Dijo en apenas un hilo de voz, de forma entrecortada, y sufriendo lo que era prácticamente un ataque de nervios. Tras unos minutos de ese modo, cogió aire y suspiró con lentitud, centrando su atención en la muchacha que la había ayudado. O comenzaba a tranquilizarse o sus problemas podrían empeorar. - ¿No os he lastimado, verdad? ¿Cómo puedo compensaros? Y-yo... a-ah... De veras que no os había visto. -Aunque no se olvidaba de aquellos que la seguían, su ética la instaba a atender a la persona a la que había agraviado. 

Con la mano que estaba sana, rasgó sus ropajes levemente, y con el trozo de tela que sustrajo aplicó presión en la herida. No era grave, pero dolía. En ocasiones como aquella odiaba ser así de débil. ¿Quién podría esperar que alguien como ella protegiera a otros cuando era así de "delicada"? Aunque lo sintiera por la persona en el carruaje, probablemente sólo habría empeorado su situación de haber intentado algo distinto a echar a correr. E incluso haciendo eso había fracasado. Se sentía tan inútil, tan perdida, tan vulnerable, que lo único que quería era hacer un hoyo en la tierra y enterrar la cabeza hasta que todo pasara. Un poco dramático, ciertamente, pero !ah!, dioses, su suerte no podía ser peor. Ni a comprar podía salir sin causar algún revuelo. 




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Re: The Rotten Apple

Mensaje por Kala Bhansali el Jue Jun 29, 2017 5:02 am

La cara de terror de la muchacha no era desconocida para Kala: ella misma había sufrido ese mismo miedo, tan intenso que hasta impedía respirar, y lo había visto reflejado en innumerables rostros ajenos igual que lo veía ahora en Irïna. Volvió a mirar entre las cajas sólo para comprobar que aquellos tres hombres seguían ahí, mirando a su alrededor y preguntando a personas aleatorias algo que ella no podía saber, aunque suponía qué podía ser. No hacía falta ser un erudito para atar cabos al ver a la joven aterrada y a esos tipos buscando algo sin darse por vencidos. La gitana se mordió el labio y se volvió hacia la joven, que había empezado a llorar.

No hay de qué —contestó con una sonrisa, intentando tranquilizarla. Se dio cuenta de su acento y de su vocabulario culto y formal, que no se parecía en absolutamente nada a aquel que se hablaba en el campamento. La miró de arriba a abajo con discreción (ya estaba bastante nerviosa como para que encima pensara que Kala la estaba haciendo un análisis minucioso), y su aspecto, aunque no era especialmente extravagante, sí dejaba claro que aquella joven era una pudiente—. No digas eso, no… —La sujetó de los hombros en el momento en el que retrocedió de golpe y antes de que tirara una de las columnas de cajas apiladas tras ella. Con suavidad pero con firmeza, la movió de manera que cambiaran la posición de ambas, quedando Irïna en el lugar de Kala y viceversa—. Shh… Tranquila, respira despacio. Yo estoy bien. —Volvió a mirar a través de las cajas. Parecía que seguían sin verlas, algo que la tranquilizó. Estaba empezando a contagiársele el nerviosismo de la muchacha—. No tienes de qué disculparte —dijo con las manos todavía en los hombros de la joven—. Estaba agachada, es normal que no me vieras, y más si estabas huyendo de ellos.

La soltó en el momento en el que vio su herida. Había salido peor parada que ella, que tan sólo había recibido los dos golpes, el del hombre que había tirado su manzana y el de ella después. Fue bastante resolutiva, o eso le pareció, dada la clase social a la que creía que pertenecía, cuando rasgó parte de su falda y se tapó la rozadura con ella. Siempre las había imaginado más refinadas en ese aspecto, cuidando sus ropajes y su apariencia por encima de todo. Tal vez las había juzgado mal, pero tampoco había tenido oportunidad de poder valorarlas en profundidad; sólo por ser gitana la mayoría la ignoraba, y por supuesto nunca iban al circo gitano, donde ella pasaba gran parte del tiempo. Kala sonrió al ver que se encontraba con una mujer muy distinta a lo que había imaginado. Al dueño del puesto de fruta, al contrario, no pareció que el hecho de que estuviera en un aprieto —y, además, herida—  fuera motivo suficiente para que ambas permanecieran entre sus cajas, invadiendo lo que consideraba que era su espacio para la venta. Enseguida empezó a incriminar a ambas mujeres y, aunque Kala intentó convencerlo de que las dejara estar ahí un poco más, él no hizo más que alzar la voz hasta tal punto de que los tres hombres empezaron a sospechar que algo ocurría detrás de aquellas cajas. Por la posición en la que estaban, a Irïna no podían verla, pero sí a Kala, y ella a ellos. Se acercaban despacio y apartando a la gente de su camino, pero sin pausa y con la mirada fija tras el tenderete.

No grites —le advirtió con la voz más dulce que fue capaz—, pero esos hombres están viniendo hacia aquí. —El tendero seguía gritando y la gente empezaba a amontonarse en torno al puesto de fruta—. Vámonos de aquí. Ven, sígueme.

La agarró del brazo sano y salió de entre las cajas, intentado que ella quedara oculta entre la gente y otros bultos que había entre los puestos. Que vieran a Kala no importaba. ¿No era una simple gitana? No sería la primera vez que alguien de los suyos armaba un escándalo en el mercado por alguna cosa robada, y si pensaban que las quejas del hombre iban dirigidas sólo a ella sería probable que terminaran dejándola marchar sin más problema. La idea no había sido del todo mala, salvo por un pequeño factor que la morena no había tenido en cuenta: la gente se movía, y las barreras que ahora las cubrían podían desaparecer en cuestión de segundos. Y, efectivamente, así es como pasó. De pronto se vieron en mitad de la plaza, completamente al descubierto y a la vista de aquellos tipos que, por supuesto, las encontraron.

Corre —le susurró tirando de ella y echando a correr para intentar salir de allí.



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Re: The Rotten Apple

Mensaje por Irïna K.V. of Hanover el Miér Ago 16, 2017 4:19 pm

En el mundo hay muchas clases de personas. Las hay de las que, por naturaleza, son bondadosas y hacen lo que pueden por ayudar a los demás sin necesitar nada a cambio. Una parte de Irïna quería confiar en que a pesar de las apariencias, la mayoría de la gente que la rodeaba pertenecía a aquella categoría. De veras que quería creerlo, pero las circunstancias en que se encontraba eran culpa de aquellos en los que una vez confió, así que era difícil seguir pensando aquello. Eso la convertía en alguien desconfiado por naturaleza, especialmente en los últimos tiempos. Por defecto, tendía a pensar que quien tenía delante pertenecía a otra clase de persona, aquellas con intenciones ocultas: claramente la mayoría. Era triste que su mentalidad se hubiera visto influenciada hasta tal punto, pero no es que pudiese hacer nada al respecto. Ojalá nadie quisiera obtener nada cuando realiza una buena acción, pero la realidad demostraba que no era así. Por eso mismo, su primera inclinación ante la respuesta tranquilizadora y hasta amable de la desconocida, fue la desconfianza. De hecho, no había nada ni en la mirada ni en la actitud de la mujer que le resultara lo más mínimamente sospechoso, pero no podía evitarlo. Quizá esa fue la razón por la que reaccionó tensándose cuando la otra chica la tocó con intención de calmarla.

En menos de un instante, sopesó sus opciones. ¿Qué podía hacer en caso de que aquella situación se torciera? ¿Cuánto dinero llevaba encima? ¿Le pediría únicamente dinero la mujer a cambio de ocultarla, o tendría que darle algo más? Por seguridad nunca llevaba demasiado, era peligroso y, en cierto modo, innecesario. Los lujos eran algo a lo que, a pesar de estar acostumbrada, había renunciado sin problemas a cambio de protegerse a sí misma y su identidad. Mientras estuviera en París debía pasar lo más desapercibida posible, cualquier conflicto no solamente podría destapar su tapadera, sino resultar en un conflicto entre los reinos de Escocia y Francia, dado que la situación entre ambos se había tensado últimamente debido a su ausencia en el trono. ¿Qué haría pues, si la joven decidía destaparla por no poder pagar por su silencio? ¿Qué tenía que pudiera darle a cambio? Aunque las palabras de la otra no parecían llevar intenciones ocultas, los nervios, el pánico y la inseguridad no la dejaban centrarse en eso... Estuvo a punto de comenzar a correr sin escuchar nada más, cuando el dueño del puesto comenzó a alzar la voz en su dirección. 

Ah... no... yo... ah... No queremos causar problemas... Sólo necesito un momento... Estoy cansada y herida, ¿lo podéis ver, buen señor? A cambio puedo comprarle algunas manzanas... Por favor... B-baje la voz. -Lo único que le quedó claro tras aquel intento era que el hecho de estar intentando esconderse y además intentar que el tendero se callara, sólo sirvió para que éste se percatara de que algo iba mal y comenzara a gritar con más intensidad. No le importaba nada de lo que estaba diciendo, ni siquiera parecía interesarle el estado de sus mercancías, que comenzó a mover de un lado a otro, sólo quería que ambas mujeres desaparecieran de su vista. Si se había percatado del peligro o no era un misterio, pero no tenían tiempo para eso, y la otra muchacha, por suerte, fue lo bastante rápida para darse cuenta de que los que las seguían ya las habían encontrado. Ahora sí que la escuchó, esta vez convencida de que sólo quería ayudarla, y comenzó a correr tras ella, mirando hacia atrás de vez en cuando.

Si vamos juntas vos también estaréis en peligro. Ya me habéis ayudado antes, ¡ahora deberíamos separarnos! -La mejor forma de pagar aquella bondad gratuita era asegurarse de que aquella mujer no corriera ningún peligro, y más ahora que podía ver a los hombres acercarse más a ambas. El gentío parecía reducirse a medida que se alejaban del mercado y avanzaban por calles y callejuelas, pero aquello no la tranquilizaba precisamente. No sabía qué hacer, o dónde esconderse, y tampoco podía olvidar el hecho de que por su culpa otra persona estaba en peligro. Que por su torpeza, de nuevo, alguien podía salir herido. - Maldita sea...

- ¡Deja de correr! Será peor para ambas... Sólo queremos preguntarte algo y te dejaremos ir... 
-Aquellas palabras, lanzadas a modo de grito, fueron seguidas por carcajadas de parte de los otros dos maleantes. Sabía lo que significaba, pero cada vez se sentía más cansada, y por si fuera poco no tenía ni idea de dónde estaba... Al girar en la siguiente esquina, sintió que la sangre se le helaba. No había salida. Estaban atrapadas. - Vaya, vaya... ¿Son dos? Creí que sólo esa cría nos había visto... Bueno, como sea, portáos bien y no os pasará nada~ Dijo uno de los que Irïna había visto llevarse a aquella persona. No parecía demasiado convincente. La joven dio un paso al frente y negó con la cabeza.

Ella no ha visto nada, sólo empezó a correr conmigo porque creía que la seguían a ella, y no a mi... -Sorprendentemente, la voz no le tembló tanto como creía que lo haría.




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