Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Hold your breath and count to five | Privado

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Hold your breath and count to five | Privado

Mensaje por Lucille Reuven el Mar Abr 11, 2017 4:02 pm

Hacía días que Lucille no tenía paz. No dormía bien, no comía y se sentía débil. Estaba siempre nerviosa y atemorizada. Había resuelto, en parte, su situación. Ya que nada ganaba dando vueltas en su cama, en su casa a salvo de todo, había decidido instalarse ella misma en el orfanato y dormir allí hasta que todo se solucionase.

¿Solución? ¿Qué solución podría haber para algo así sí la policía no había atendido a sus reclamos? ¡Prácticamente se habían burlado de ella, diciéndole que no tenían personal que destinar para la búsqueda de unos huérfanos insignificantes! ¡Cuánto le habían dolido las palabras hostiles del agente que la atendió! Claro que no eran insignificantes, para Lucille los niños del orfanato lo eran todo… Su vida, sus días –y ahora también sus noches- las daba por ellos. ¿Cómo podían no tener en cuenta su dolor? ¿Por qué no le importaba a las autoridades lo que estaba ocurriendo allí?

Caminaba por el pasillo largo del sector de las habitaciones mientras la tormenta se desataba sobre la ciudad y con la luz de sus rayos penetraba en el lugar. Con una cruz de madera entre las manos, Lucille iba y venía deteniéndose cada tanto para asomarse en cada dormitorio y comprobar que todo estaba tranquilo, que los niños y niñas dormían en las filas impersonales de camas.
No estaba sola, pero así se sentía. Las tres ancianas que cuidaban de los niños dormían en su habitación. Adam, el cochero de la familia Reuven, la había acompañado, tomando uno de los dormitorios libres para poder descansar y, a la vez, estar cerca en caso de que algo sucediese.

Hacía dos semanas que estaban así las cosas en el orfanato. Marie había sido la primera en desaparecer del lugar, todos creyeron que era solo una travesura, que la niña no tardaría en regresar… Pero el pasado viernes había desaparecido Maureen y los niños juraban que no sabían nada de sus compañeras, que no estaban al tanto de ningún plan de fuga de parte de ellas. Nicoleau, de once años, había desaparecido la noche anterior y ella ya no necesitó que ocurriese nada más para saber que debía trasladarse temporalmente al orfanato, si la policía no cuidaba a sus niños en las noches lo haría ella.

Descendió por la escalera central –que crujió bajo su peso- y se dirigió a la cocina para tomar un vaso de agua. Las lámparas altas estaban siempre encendidas en aquel sector, pues los niños solían bajar para buscar algo que beber en la noche y los mayores no querían correr el riesgo de que alguno terminase quemado al intentar iluminar el lugar.
Daba el segundo trago cuando un sonido la sobresaltó. Venía del exterior, estaba segura pues –aunque odiaba su condición y evitaba hasta pensar en lo que ella en verdad era- sus sentidos se hallaban hiper desarrollados.


“Alguien ha venido por otro de los niños”, se asustó, hundiéndose en la desesperación.

Otra vez el sonido, como si algo chocase en el exterior. Provenía del frente de la casona. ¿Debía despertar a Adam? No, tal vez sólo fuese el viento de la tormenta… Aunque creía percibir cierta presencia no podía asegurarlo, tal vez el miedo la estuviera volviendo loca.
Sin pensar demasiado, Lucille tomó una cuchilla afilada, de las que usaba la cocinera para desgrasar las carnes, y camino hacia la puerta de entrada. ¿Qué estaba haciendo? ¿Saldría en bata y despeinada al frío de la noche, a la tormenta, blandiendo una cuchilla gastada sólo porque había creído oír algo? Sí, era exactamente lo que haría. Cerró los ojos, concentrándose sólo en identificar qué o quién estaba fuera. Corrió el seguro de la puerta y puso su mano en la llave.


“Uno. Dos. Tres. Cuatro. Estoy loca. Cinco”, contó mentalmente. Luego de eso abrió los ojos y la puerta, el viento húmedo y helado ingresó en el orfanato y le golpeó el rostro.


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Re: Hold your breath and count to five | Privado

Mensaje por Sokolović Rosenthal el Sáb Jul 15, 2017 7:52 pm

¡Maldita sea! Ineptos, bastardos e inútiles todos, ¿cómo es que el negocio no está resultando? ¿Cómo carajos es que no hay mercancías? Las embarcaciones llegaron, no las que se contaban, y en cada carga; menos de la mitad se contaron, mujeres tanto niños, un conteo mezclado que claramente no era satisfactorio para el Conde. Su negocio se vio afectado por un virus que se propagó y todo por no seguir las demandas del proxeneta. ¡Vaya manera de desperdiciar su tiempo! Y nadie vivió para contarlo, no hay segundas oportunidades, y al primer error muy caro lo pagan, sino, podrían ir a preguntárselos a los responsables de sus idioteces, pero lastima, muertos ya se encontraban, pudriéndose en el fondo del mar. Lo que no le sirve lo desecha, lo que no produce lo corta de raíz. Por ese motivo tuvo que ir en búsqueda de reemplazo de esa mercancía, tenía poco tiempo, y debía prepararlos para la entrega. Por lo que maquinó toda esa extensa noche, el problema eran los jóvenes que en mayoría demandaban, en el mercado es la más demandada, y por ende más difícil de complacer los gustos a los compradores. No debían de ser niños de cualquier hoyo, debían poseer belleza y habilidades, y se dedicó a mover sus influencias, halló unos cuantos, pero no los suficientes, aún necesitaba más, por lo que camino en las calles de París, recorriendo hasta en los peores lugares, siendo interesante que no todos los que viven en la calle, son utilizables, lastima, pero es trabajo crítico al que debía ser perfecto el producto.

Tanto el Conde como sus demás trabajadores iban por distintos caminos, y el clima no ayudaba en nada en esa ocasión, pronto se comenzó a escuchar los truenos, como si alarmaran a los niños para esconderse que el mal les acecha, así se torna la noche, y en cuanto el agua caía con violencia, río el inmortal, no era impedimento alguno, así se esté destrozando el cielo, él continuaba con su búsqueda. En colegios, en las plazas, hasta en los albergues como suelen ser los lugares perfectos donde no les importa si uno de ellos desaparece, y que suerte le llueve, frente a sus ojos un edificio le detuvo, donde las iniciales lo nombraban “orfanato”. Ahí es donde deben yacer sus pequeños, ahí es donde el dinero duerme con tranquilidad. Y ahí es donde se encontró con su mina de oro.

Inicio con la captura de una pequeña, y seguido de otra, hasta que ahora mismo, no iba a robar uno, quería ese lugar asegurado, conocerlo más, y así sacar ventaja de este. Llegó el momento de entrar por la puerta principal, y tocó esta después de haber rodeado el lugar para saber lo suficiente. Su afán de obtener información para usarla a su favor es primordial, el desagrado de que le tomen por sorpresa es que verifica lo que es de valor.

Más, demoraban a su llamado, quizás confundían el toque con el sonido de un trueno, la tormenta estaba recia, y él empapado sin importarle, al fin de cuentas, necesitaba adentrarse a este, conocer la movilidad y los trabajadores, quería inspeccionar que el ser invitado a dormir, es lo que esperaba. Pero seguían sin atenderle, y con exactitud percibía que alguien merodeaba en el interior: los pasos, la respiración, todo lo distinguía con claridad, que poco a poco descubría los movimiento, se acercaba alguien, y por la fragancia captada, una mujer, extraño aroma, y familiarizado en un cambiante al parecer, pues resulta que su sentido está muy interesado en los cambiapieles, porque parece ser que es su especialidad para cazar. Y ante el cerrojo, y la puerta abrirse, la vio, ahí estaba, dio unos pasos y cerró la puerta por el viento que en ese momento fue una buena excusa para cerrarla, ya que se portaba violento aún y como estaba el clima, era lo mejor. Y que tenga piedad de él, aunque era curioso, porque ella sabría con exactitud qué es un inmortal…Entonces, ¿le echaría o que haría? Pero mientras ve lo que sucede, saca un poco de humanidad, y mentiroso ante todo.

— Señorita, lamento la molestia, pero me han robado y tuve que caminar por el área y me encontré con este lugar, no tuve otra que tocarle. Espero que no le importe si me da asilo mientras la tormenta se apacigua. (Hizo pausa, observando su cuerpo, al menos fingía ser un inmortal indefenso, pero por su atuendo y habla, se nota que es de realeza) ¿Se encuentra bien? Espero no haberla asustado, pero como están las cosas, me fue imposible continuar en la calle.


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Re: Hold your breath and count to five | Privado

Mensaje por Lucille Reuven el Sáb Ago 05, 2017 12:53 am

Era un inmortal. Lo sabía por el aura que lo envolvía. Lucie suspiró asustada, reprimiendo sus temblores a duras penas. ¿Qué debía hacer? No había estado cerca jamás de un vampiro, sí que los había visto y por eso podía reconocerlos, pero nunca había hablado con ninguno. Solo sabía sobre ellos lo básico; y que podía haber muchos vampiros buenos. Su madre –una inquisidora- solía hablarle de sus compañeros condenados con mucha admiración.

“Tal vez sea un inquisidor, un condenado, que supo de los problemas del orfanato y ha venido a ayudarnos”, se permitió fantasear con aquella idea, pero se juró no hacerse ilusiones. No habían pasado ni diez segundos y ella ya se había armado en su mente la escena ideal.

Rápidamente decidió no mencionar nada –ni de su condición, delatada por el aura, ni de sus fantasías-, ¿qué podía decirle? En cambio se hizo a un lado para dejarle ingresar, parecía que lo había estado pasando realmente mal en el exterior.


-Pase, por favor. Que tiempo tan horrible está haciendo, la tormenta se ha vuelto realmente violenta –dijo, refugiándose en el clima para poder acomodar sus ideas.

Se volvió hacia el hombre mientras escondía rápidamente la cuchilla dentro de la manga de su bata. Sería una vergüenza que él la viese esgrimiendo un arma tan pobre, realmente penoso. Cuánto más si era en verdad un inquisidor que quería ayudarle.
Le señaló en silencio el sillón del salón recibidor, invitándole a acomodarse, a refugiarse en la vieja casona del orfanato. Allí donde decenas de padres se habían sentado a la espera de recibir al fin un niñito al que adoptar y hacer parte de su familia.


-Voy a encender el fuego –le dijo y avanzó hacia la chimenea, aprovechó para dejar allí la desafilada cuchilla, sobre el mármol, y descubrió que no tenía ni idea de cómo se encendía el fuego aquel-. Bueno… No sé cómo debe hacerse, ¿acerco el aceite de alguna de las lámparas? –le preguntó a su inesperado invitado, al refugiado, pues Lucille suponía que todos los hombres sabían cómo armar un buen fuego.

Al fin pudo detenerse a observarlo. Iba empapado, la tormenta se había ensañado con él, pero vestía con un estilo que evidenciaba su clase. ¿Qué hacía un hombre como él solo en la calle a esas horas? ¿Dónde estaba el cochero que debería de acompañarle? Lucille sentía que debía desconfiar de la situación –deshacerse por fin de las estúpidas idealizaciones-, mas había algo en su mirada que le daba tranquilidad, sus movimientos eran seguros y determinados.


-¿Podría ayudarme a encender el fuego? –le pidió-. Así sus ropas húmedas no tardarían en secarse. Si gusta puedo preparar té, o buscar alguna bebida que pueda calentarle…

“¿Los inmortales beben té?”
, se preguntó de pronto. No lo sabía, y por supuesto que sería señal de vulgaridad hacerle al hombre una pregunta semejante.


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Re: Hold your breath and count to five | Privado

Mensaje por Sokolović Rosenthal el Lun Sep 11, 2017 1:25 am

¡Ay! Hasta el Conde tiene encanto para la actuación, un perfecto artista ante todo; posee tantas habilidades y su capacidad insuperable, que si lo ven, es una joya de oro; muy caro y dificultoso para su obtención. Tan brillante, se jacta de más poder, y es que tiene con qué presumir, no es un hombre que solo alardea por alardear, sino tiene bases, evidencia por ser quien es: una grandeza en las negociaciones, en los placeres más violentos y sobre todo en sus peticiones, un deseo que no comúnmente se termina, siempre queriendo más, siempre buscando la manera de obtener y rodearse de lo que tanto había fincado para disfrutar, porque no solo es el dinero lo que le place, más bien este carece de valor en cierto sentido, pues la manera de obtenerlo es lo que realmente prefiere. Así como al mirar a la cambiapieles, secretamente sus pupilas dicen que se trata de un caballero, que está en busca de justicia y paz, mientras su piel endurecida grita lo contrario, pero, ¿quién interpreta a la piel? Nadie, ni un gesto, ni un movimiento quizás, nada. Y aún al estar frente a ella, empapado, con altas expectativas de ella, porque así quiere que sea, debía cumplir con su labor para no perder ganancia alguna, ya que resulta que no es un hombre que se vence con facilidad. Sin condicionar, pero parece que todos temen de él, se ve como tiembla, como el miedo le recorre el cuerpo, y eso que no la ha visto desnuda. Pero no quería obtener con facilidad a sus niños, y que de ser así solo emplearía sus habilidades y con una demanda terminaría todo, no, así no, por lo que trataba de interpretar esa mente, avanzando hacia la especie de un salón, aprovechándose de su amabilidad, y generando más para que no caiga en la duda de su presencia, más no hizo caso al sonido de un resbalar de metal, ¿portaba acaso un arma? Vaya, no es tan confiable después de todo, ¿qué habrá sucedido para que porte una, y más en ese lugar? Quizás, solo quizás, sus trabajadores ya habían secuestrado a niños de ese lugar y por ello su alarma, lo averiguaría pronto.

Sin tomar asiento, observaba a discreción el lugar, y en ciertos lugares exponía su observancia, actuando de manera normal, y el ver que no tenía idea de como prender la chimenea, se acercó, otorgando el labor, no podía hacer más que eso, y que viera su inofensiva presencia, así se debía ganar la gente.

— No se preocupe, permítame hacerlo, así mientras lo hago aprende para la siguiente ocasión. En verdad agradezco su amabilidad, realmente está muy feo el clima para permanecer ahí, Y si no le importa, me gustaría desprender la ropa mojada, ¿tendría alguna vestimenta que me pudiera ofrecer? Solo en lo que se seca esta, porque demoraría más si la traigo puesta. Y no se preocupe, estoy bien así, como vera, mi condición solo me permite ingerir sangre, pero por favor no se alarme, no tengo hambre.

Se dedicó a darle fuego a la chimenea y explicándole de manera detallada el cómo debía hacerlo, metiendo para sacar información, poco a poco hallando la manera de entablar la conversación, y en cuanto termino y el fuego se propago, alumbrando el lugar, comenzó a despojarse de su abrigo, colgándolo a un lado de la chimenea para que le diera el calor suficiente. Confesando su verdadera condición, solo para interpretar que no es un hombre de mentiras.

— Veo que es la única que mantiene este orfanato, ¿no cuenta con suficiente personal? Perdone que sea entrometido, pero he sabido que se están perdiendo los niños de las calles, al igual de prostitutas y personas de escasos recursos. Y para ser la única, debo prevenirla. Ah, que grosero soy, me presento, soy Rosenthal, Sokolović Rosenthal.

Ejecuto el Conde una leve inclinación, acercándose más al fuego, donde pudo teñir sus pupilas de este y verse extremadamente hermoso con esa luz, dejando unos segundos en silencio, solo para que confié de quien es, porque su nombre se oye en todas partes, y así no dude en exponer sus inquietudes. Y bien deberían decir que desconfíen de quien confían, que las personas no son como se ven, y el exacto ejemplo era él.


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Re: Hold your breath and count to five | Privado

Mensaje por Lucille Reuven el Vie Oct 06, 2017 2:41 am

Se marchó, dándole la espalda, en busca de ropas que prestarle. Sería difícil hallar algo que le quedase, el hombre era ancho de espaldas y de considerable estatura. Mientras caminaba hacia las habitaciones del personal, Lucille no podía dejar de extrañarse ante lo que estaba viviendo esa noche tormentosa. ¡Le acababa de confirmar que era vampiro! ¡Con total resolución había dejado caer la verdad acerca de su alimento, como si tal cosa! No sabía si temblar o reír…

Ingresó en la habitación que solía ocupar Sergei, el viejo jardinero, cuando elegía quedarse a dormir allí (no en esa oportunidad, lamentablemente para ella). Revolvió un poco y no tardó en dar con algo de ropa, la camisetilla –de esas que los hombres usaban a la hora de dormir- le iría, pero los pantaloncillos no. Tomó una manta, con la idea de ofrecerle que se cubriese con ella mientras su pantalón se secaba en la cercanía del fuego.

Cuando volvió a estar junto a él, Lucille le tendió lo que había traído. Sentía cierta adrenalina ante su presencia, por eso no podía hablar. Sólo lo veía moverse y la admiración se mezclaba con el temor. ¡Ya sabía ella que esa no sería una noche tranquila! ¡Lo había presentido desde el principio!
El fuego brillaba y era perfecto, perfecto para –a su vez- iluminar la perfección del cuerpo de él.


-Es un placer conocerle. Mi nombre es Lucille, Lucille Reuven; soy quien dirige este lugar. Y no estoy sola –se apuró a decirle, para que no la creyese vulnerable-, ahora duermen pero las dos celadoras y mi cochero personal están aquí también.

¿Podría ser que, por el temor que sentía producto de las desapariciones, se estuviese apresurando a juzgar al hombre? Se sintió más tranquila al saber que él estaba al tanto de lo que en la ciudad ocurría. ¡Al fin alguien que podía comprenderla!

-¿También se están llevando indigentes? Oh, sí… Me han faltado niños, por eso yo misma me quedo a dormir aquí en lugar de volver a mi hogar. Sé que no es mucho, pero ¿qué más puedo hacer? La policía ya me ha dicho que no tienen tiempo que malgastar en huérfanos… mis niños están tan desvalidos. Le pido disculpas si me he comportado de forma reticente con usted, caballero. Comprenderá que tengo motivos para desconfiar, pero puede pasar la noche aquí… aunque supongo que antes del amanecer deberá irse si el clima lo permite, dada su condición.


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Re: Hold your breath and count to five | Privado

Mensaje por Sokolović Rosenthal Hoy a las 1:25 pm

Van y vienen las respiraciones apaciguas, soñadoras sensaciones se perciben, con claridad sabe que son sus pequeñas mercancías, ahí, bajo el mismo techo yace su negocio, que con malicia mezclo una idea que para muchos serian lógica más para sí mismo representaba una idoneidad, porque alguien como él, no es posible que requiera objetos que sin duda alguna son bajezas para él. Más es necesario jugar a ser humano, por lo que en cuanto se fue, el comenzó a recorrer el lugar, sigiloso y habido, claro, sin dar sospechas ya que tiene presente que se halla ante una cambiante y no ante un humano cualquiera, esa fue la diferencia del porqué tendría que aparentar. Que es como un común hombre que observa el lugar solo por mera curiosidad de saber dónde se encuentra, quizás por seguridad y comodidad.

Reincorporándose al sitio en el que debía estar, el fuego comenzaba a elevar la temperatura y era algo irónico. Él desdeña la calentura, el calor le provoca repulsión por el hecho de que le hacen percibir la esencia de su hermano. Y el estar envuelto en esa temperatura, le desquiciaba, más debía seguir la farsa y que se escondieron las llamas en sus pupilas, porque tremendas son estas, hizo un buen trabajo al darle fuego a la chimenea…¡Ruidos!, ya estaba cerca de nuevo, su aroma tan penetrante y conservadora, que se acercó a ella en cuanto llegó al recinto y tomo lo que traiga consigo misma, recargándolo por sobre el sofá, escuchándola, despojándose de su gabardina, para después ir desabotonando la camisa y caminó hacia la reja de la chimenea donde extendió la ropa sin que esta se ensucie con el humo. Mientras continuaba con el asombro pintado en sus palabras. Emitio una amplia sonrisa en sus labios, gesto que no demostró, lo oculto en cuanto se quitó la camisa y su pecho expuso, entonando su muscularidad, su piel brillosa y hermosa, una abrumadora imagen que pronto se cubrió al ponerse aquella camiseta.

— Lucille Reuven, ya veo, y por favor no me malinterprete, solo me sorprende que teniendo personal haya sido usted quien atendiera a la puerta. Más sospecho que es por la desaparición de sus niños.

Si supiera que todo lo que habla la cambia pieles es una valiosa información para el Conde, pues de manera sospechosa está inspeccionando, asegurando ese lugar para sus méritos porque ya una vez puesto el ojo en este es imposible que les deje en paz. Este era el inició de todo lo que les espera. Y miro su pantalón, solo prosiguió a quitarse los zapatos y sus medias.

— Así es, se ha informado la desaparición de muchos, y es una tristeza que a los más débiles se consideren. ¿Esa fue la respuesta del oficial? Que lamentable, deberían de velar por todos y no solo por los que pueden pagar impuestos. No se preocupe, hasta ahorita ha sido muy amable, es entendible su postura además de que soy un hombre, y a estas horas se es mal visto. Me disculpo por sí representó una molestia. En cuanto deje de llover, me iré.

Se dirigió detrás del sofá sin que ella le viese el cómo se desnuda de su cadera hacia abajo, el pantalón con obviamente su ropa íntima se quitó, quizás no fue necesario pero dado que todo estaba mojado pues no perdía nada con sentirse a gusto. Y se envolvió aquella cobija en esa zona, sin despegar la mirada en ella por ningún momento.

— Lo que puedo hacer por usted como agradecimiento, es brindarle mi ayuda. Primero debemos saber cada cuando desaparecen, el tiempo en el que fueron por última vez vistos, los lugares que suelen concurrir. Si no salen de aquí, que partes está permitido que vayan ellos, y las rutinas que se llevan. Para así saber a dónde es que se exponen, y si el personal es de verdad fiable pues se debe de desconfiar de todos.

Comentó, tan descarado en sus propósitos, nadie sabe que esconde tras esa manga, que poco a poco debía desviar este asunto. Y ahí verá el cómo para que no sea a sus hombres quienes descubran, ya que ella le previno.


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