Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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The Shadow and the Lion [privado]

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The Shadow and the Lion [privado]

Mensaje por Skadi Rendahl el Vie Abr 14, 2017 10:42 pm

Una noche más en la que la sombra se pasea por la ciudad de Paris. La luna brillaba en lo alto, en cuarto menguante, sobre ese espacio luminoso. Loki me permitía ver a un astro rojo cuyas gotas de sangre se deslizaban sobre la superficie esférica, goteando en el espacio estrellado el líquido escarlata que teñía a su vez las estrellas, manchándolas para recordarme que hasta lo más blanco e impoluto en apariencia también podía sangrar, que no existía lo meramente bueno, y que si el dios del caos me favorecía aún, lo hacía porque todavía tenía grandes planes para mi. Sé que en mis sueños intentaba seducirme, mantenerme a su servicio, y sé que gracias a él me había acostumbrado a la oscuridad, pero la antigua Skadi, la sombra que llegó a Paris y la mujer que ahora era yo continuaba su inesperada metamorfosis, retazos de cada una persistían y era difícil predecir cual se impondría sobre la otra.

Encuentros en la ciudad, revelaciones, la certeza de que a pesar de no haberme permitido sentir me percataba de que aún lo hacía muy a mi pesar. La vida no me había sido favorable pero tampoco me había quebrado, tenía que soltar el pasado, ahora me percataba de ello. Es solo que de vez en cuando el hacerlo era demasiado difícil, aún escuchaba las risas inocentes que compartía con mi mejor amigo cuando éramos niños, recordaba a mi hermano y la forma en que junto a él luché en el campo de batalla una y otra vez, pensaba también en ese viejo lobo que se topó conmigo unos días atrás, en como sus revelaciones lograron que me percatara de tantas cosas, de la traición de un rey al que juré servir, y de mis deseos de continuar, contra viento y marea.

Caminaba por las calles, percatándome por primera vez al desplazarme sobre ellas de todo lo que con anterioridad no quise ver. Un trío de músicos tocaba el violín y las panderetas en una esquina. Me detuve frente a ellos, hacía tanto tiempo que no me daba la oportunidad de escuchar algo que me gustaba, o de hacer algo por un mero disfrute. La brisa que golpeaba mi rostro era fría pero me gustaba, metí mis manos en mi abrigo y observé a los músicos, la maestría con la que un hombre alto y de barba tupida de color rojizo tocaba el violín. No sonreí porque no estaba acostumbrada a hacerlo, pero algo se removió en mi interior. Al percatarme dejé caer unas monedas en un sombrero que una rubia de curvas exóticas mantenía a sus pies mientras sus caderas se movían y sus manos tocaban la pandereta. Di la media vuelta y me alejé.

Poco a poco dejé el laberinto de callejuelas atrás, ya no estaba en el centro de la ciudad, me dirigía de vuelta al hostal adonde pasaba mis noches en vela. Antes de dar el siguiente paso le escuché, caminaba detrás mio, se detenía cuando yo lo hacía y procuraba mantenerse a escondidas aprovechando las sombras sobre las banquetas adonde los faroles no alcanzaban a iluminar. Sonreí de medio lado al percibirlo. Un puñal dirigido hacia mi, lo esquivé con una rápida pirueta, y caí sobre mis rodillas flexionadas. El sujeto lanzó un segundo puñal en mi dirección. Alargué mi mano para tomar la espada bastarda que llevaba a mi espalda y me dirigí hacia él esquivándola de nuevo. Mi sonrisa fría en el rostro a medida que nos acercábamos, las paredes de las callejuelas fueron testigos del choque de las armas, del ruido de los aceros. Un sonido explosivo me tomó por sorpresa. Apreté los dientes, la bala de un revólver escondido me había rozado y yo le había herido a él en un costado con mi espada.

El sujeto huyó. Me moví con rapidez para no perderle la pista mientras la ciudad quedaba atrás. La zona era bastante oscura, los faroles escaseaban. A lo lejos observé como el asesino se escabullía para entrar en un terreno rodeado de una malla alta que trepé antes de saltar del otro lado y caer sobre la tierra. Mi mirada observó todo con rapidez, habían varias carpas en el lugar. Una más grande en el centro desde la cual escuché ruidos de voces y diversos carromatos.

Aún corría cuando tropecé, mi pie se enredó con algo pequeño que inevitablemente hice rodar. No veía a quien perseguía por ningún lado. Maldije y me acerqué a la pequeña bola que había quedado patas arriba, alcé una ceja y me acurruqué junto a ella. Con un rápido movimiento la volteé y la alcé por el cogote. Un gato me observaba con sus enormes ojos azules. Lo contemplé sorprendida antes de arrugar la nariz, yo no era precisamente afectuosa, y los seres adorables en apariencia me desconcertaban. -¿De qué jaula te has escapado?- pregunté mientras lo mantenía colgado en el aire.



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Re: The Shadow and the Lion [privado]

Mensaje por Aasim el Miér Mayo 10, 2017 12:28 am

-¡Salta el aro, vamos maldición!- Bramó el mago y domador del circo (aunque no fuera ni uno ni lo otro) para luego azotar el látigo en una de mis patas. Se escuchó el sonido de estallido que incluso molestaba a los oídos de todo quien estuviera cerca. En cuanto el cuero abrió mi piel rugí al aire, más irritado que adolorido; aquello no suponía nada, parecía ser que el muy imbécil aún no se había dado cuenta de que sus “castigos” no me afectaban en lo más mínimo, salvo que conseguían ponerme de un muy mal humor. ¿Cuántas veces tenía que saltar el aro? llevaba desde antes del amanecer haciéndolo y el muy idiota siempre decía “otra vez”; y si vacilaba o de plano, me sentaba en protesta, era un latigazo más.

La primera vez que fui reprendido por mi necedad pasó lo mismo, es decir, nada. Salvo que le amenacé con las garras. Aún recordaba su cara de asombro al darse cuenta de que, además de poder cambiar de forma, mis heridas sanaban apenas eran hechas; fue divertido durante la primera semana, pero conforme pasaba el tiempo y yo amanecía cada vez más porfiado, aquella cualidad mía dejó de sorprenderle al punto en el que era algo más en su vida ahí. Halastor llevó su mano libre a su nariz, pellizcándose. -¡Enciérrenlo, no me sirve más por hoy! -Ladró. De las sombras emergió una figura, luego otra y otra más hasta que eran seis artistas del circo rodeándome. Cada uno armado ya fuera con fusiles, látigos o con cuerdas y cadenas de plata. Rodé los ojos, cuando era hora de volver a la incómoda jaula todos entraban en alerta. A decir verdad, pude haberme quedado quieto, que me colocaran el collar con la cadena y acabar con todo eso, pero estaba tan de mal humor que quise desquitarme con ellos.

En el último instante, el león se convirtió en un pequeño y ágil gato que salió corriendo antes de que cualquiera pudiera detenerlo. Abandoné esa área que estaba lejos de la carpa, donde estaban todas las jaulas de animales y seguí corriendo, sin rumbo fijo o intenciones de escapar (aunque mis perseguidores no supieran); tan solo buscaba entretenerme un rato burlando a quienes se empeñaban en atraparme. Lo que pasaría después me importaba muy poco. Seguí andando velozmente y hubiera continuado de esa forma de no ser porque de repente sentí un fuerte golpe en el estómago, haciendo que tropezara y rodara sobre mi cuerpo al menos unas dos veces, quedando boca abajo.

Me quejé mentalmente a pesar de que el dolor era inexistente, tan solo me había sacado el aire. Estuve tendido como estaba, intentando recuperarme pero una mano me tomó por el cogote sin previo aviso, levantándome de la tierra con movimientos bruscos. Alcé la cara y para mi sorpresa, había una mujer, una joven delante mío. Molesto porque me habían atrapado traté de darle un zarpazo a pesar de que estaba fuera de mi alcance, lo único que pasó fue que el movimiento causó que comenzara a girar en el aire un par de veces. Joder, qué humillante.

De pronto, los artistas que me perseguían (aunque claro, ninguno en su vestuario) llegaron corriendo a donde estaba la mujer. -¡Señorita, aléjese de ese animal! -Exclamó uno acercándose con jaula en mano, también con aleaciones de plata ¿por qué no? -Le pertenece al circo y se ha intentado escapar. -Continuó, extendiendo la mano, esperando a que me entregara. Mi reacción fue inquietarme en su agarre, retorciéndome como pude.



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Re: The Shadow and the Lion [privado]

Mensaje por Skadi Rendahl el Vie Mayo 19, 2017 1:39 am

Durante unos escasos segundos contemplé al pequeño animal de aspecto adorable, parecía un muñeco de felpa observándome con sus ojos rasgados de color azul. Claro que no lo era y la diferencia la notaba en como su respiración hacia subir y bajar su pequeño pecho. Nunca fui muy dada a las mascotas, pero mi hermano tenía un gato cuando éramos pequeños. De repente el pequeño bicho que mantenía alzado por el cogote me lo recordaba y eran pocos los recordatorios que tenía de mi hermano. Por supuesto, las memorias nunca desaparecerían, pero objetos tangibles que hubiesen sido suyos y que yo aún tuviera conmigo eran casi inexistentes. Llevaba un colgante en mi cuello que le había pertenecido y que servía para recordarme que el pasado había existido y cual habría de ser mi único futuro y por qué este siempre estaría teñido de sangre.

Había que admitir, sin embargo, que este especimen no se parecía en carácter al que se restregaba afablemente entre las piernas de mi hermano años atrás, años que pertenecieron a otra Skadi, en otra vida. Un movimiento rápido y se zarandeó entre mis dedos, quedando aún colgado meciéndose. Había intentado darme un zarpazo cuando mi rostro estaba cerca pero yo era ágil y años de práctica me habían enseñado a esquivar las sorpresas ofensivas, por lo que esta fue fácil de eludir. Su intento provocó que sonriera con lentitud. -Así que tu apariencia es engañosa.- El pequeño bicho era beligerante y seguro se había molestado por el golpe inusitado que le propiné inadvertidamente. Lo hubiera liberado justo ahora de no ser porque una serie de sujetos hicieron acto de presencia para reclamarle como de su propiedad.

Tan pronto escuché las palabras moví al pequeñajo entre mis manos, sabía que mientras lo tuviera agarrado de esa parte de su anatomía no podría intentar de forma efectiva darme un nuevo zarpazo. -No sabía que ahora el circo se dedicaba a la captura de gatos.- Observé con mediano interés la jaula que uno de ellos cargaba en su mano. -¿No les alcanzan los medios para conseguir tigres que salten los aros?- Les regalé una sarcástica sonrisa. El que no fuera aficionada a las mascotas no era indicativo de que aprobara que los animales estuvieran enjaulados en lugares como estos. Acababa de percatarme de que me encontraba en un circo.

Una sonrisa sombría se dibujó en mi rostro. Se equivocaban al llamarme señorita porque no lo era y me hacían perder el tiempo, el hombre que me había atacado aún debía encontrarse en los alrededores. -Me temo que el gato es el menor de sus males. Se ha colado algo peligroso en el lugar y si no os cuidáis podríais acabar mal.- Justo en ese instante se escuchó un disparo que salió de las sombras y que les hizo saltar a todos antes de que se lanzaran al suelo muertos de miedo. Fuese quien fuese quien intentaba acabar conmigo esta noche aún se encontraba en el circo.

Apreté los labios, me estaba cansando de los atentados en mi contra, este era el segundo en dos semanas y eso nada más terminaba de confirmar el hecho de que el rey de Noruega había decidido que la sombra le resultaba prescindible al no trabajar más para él. -Sin embargo ese no es el peligro al que me refiero.- Saqué mi espada de su vaina para que les quedara claro. -He decidido no entregarles el gato. Si alguien objeta es bienvenido a intentar reclamarlo.-




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Re: The Shadow and the Lion [privado]

Mensaje por Aasim el Sáb Jul 01, 2017 8:32 pm

Como si la situación en ese momento no fuera ya de por sí difícil para poder salir del embrollo en el que había acabado por meterme, las cosas se tornaron peores. Lo que ocurrió después de que los demás artistas del circo, mis perseguidores, hicieran acto de presencia ayudó a ello. Mientras giraba mi pequeña cabeza de un lado a otro, intentando no perder detalle de lo que acontecía, se escuchó un sonido que conocía muy bien; y al que no le tenía mucho afecto: se oyó un disparo no muy lejos de ahí. Los recuerdos que venían a mí con ese sonido causaban una mezcla poderosa de emociones, despertaban mi instinto a pelear; lejos de que me asustara, me provocaba ira.

La joven de cabellos dorados tenía un fuerte agarre sobre mí, pero no por ello dejé de moverme, menos ahora que sabía que alguien cerca tenía en su posesión un arma de fuego y que no temiera usarla. De mi pequeña garganta salió un bufido al aire como muestra de obvia incomodidad, era desprecio por aquél sonido de detonación. Sin más preámbulos, la joven comenzó a blandir una larga y afilada espada: lo hizo con un movimiento tan suave y preciso que el arma apenas produjo sonido alguno al ser desenfundada, mostrando la familiaridad que tenía su portadora a con su espada. La sorpresa y admiración por aquello hicieron que me quedara quieto y callado antes de poder darme cuenta; mis ojos azules y rasgados estaban fijos en el acero que reflejaba la luna.

De ahí hubo un intercambio de palabras (si es que se le podía llamar así). A pesar de que solo entendía palabras sueltas de lo que hablaba entendí perfectamente que era una amenaza, o más bien un reto. Los artistas del circo se incorporaron luego de haberse casi tirado al suelo ante el disparo, luego se miraron los unos a los otros a espera de que alguien objetara o tomara el desafío que la rubia había colocado sobre la mesa.

Una figura no muy lejana surgió de entre las sombras, reconocía al dueño de esa silueta y su presencia no era precisamente bienvenida. Volví a bufar, aunque más quedito. La sombra se acercó hasta que la luz desenmascaró sus facciones afiladas; era Halastor, el mago del circo, mi amo.

-Yo objeto. -Dijo con toda la calma del mundo, casi parecía que lo que había pasado unos minutos antes entre nosotros se hubiera esfumado. Se reconocía cuál era su función en el circo aunque no estuviera con su vestuario, tenía delineador en los ojos y su sombrero de copa adornando su cabello negro. Con un movimiento elegante extendió la mano como quien espera recibir algo en su palma. -Jovencita… -prosiguió. -Déjese de juegos y entrégueme a Aasim. Es mi propiedad primero, luego la del circo. Le sugiero que me lo devuelva o me veré en la necesidad de informar a las autoridades sobre los destrozos a la propiedad así como los inconvenientes que ha ocasionado con su… espada.



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Re: The Shadow and the Lion [privado]

Mensaje por Skadi Rendahl el Sáb Ago 26, 2017 1:27 am

Al parecer el pequeño luchador que llevaba aún en mi mano resultaba muy preciado para el circo, cosa que me hizo desconfiar y volver a ver al pequeñajo de enormes y rasgados ojos azules que por momentos bufaba entre mis dedos. Estaba acostumbrada a no confiar del todo en lo que veía frente a mis narices, mi primer encuentro con los demonios de la luna llena hace unos cuantos meses atrás me había demostrado que podía esperar de todo. Sin embargo, algo había en la pequeña bola peluda que me distraía de mi habitual humor sombrío.

Tenía espíritu, me había lanzado las zarpas y por causa de sus movimientos aún se balanceaba en el aire pero se había quedado quieto cuando desenvainé la espada, algo que no pasé por alto antes de que mi azul mirada regresara a los artistas del circo que se habían quedado petrificados. Decisión inteligente puesto que yo jamás amenazaba, solo desafiaba y el que tomara el desafío siempre quedaba con la seguridad de que la sombra hacía lo que decía, de un modo u otro.

Parece que alguien tenía cojones o quizás era plena idiotez, me pareció más bien lo segundo cuando un sujeto se acercó extendiendo la mano hacia su perdición. La sonrisa ladeada y sombría se acentuó en mis labios. -Adelante, notifíquele a las autoridades que me ha visto y pague las consecuencias de su decisión, ya que le advierto que de hacerlo será el último comunicado que saldrá de su gaznate antes de que se lo corte.- Me encogí de hombros. -Me imagino que su estupidez no valora el alcance de sus amenazas por lo que debo darle una demostración.-

Dichas las palabras moví mi espada, ya le había advertido, no me podían culpar de no hacerlo. Uno, dos. Los movimientos surcaron el aire y el acero desgarró su camisa, provocando un corte que iba desde su antebrazo hasta su mano. Fue algo ligero pero efectivo, la sangre comenzó a manar de su piel mientras los ojos se le desorbitaban y le escuchaba lanzar un alarido. -Mejor una cicatriz que una garganta degollada.- Ya había dicho mucho y nunca malgastaba mis palabras. La única razón por la que no le corté el brazo de un tajo fue porque a pesar de su delito de estupidez yo no andaba por la vida matando circenses, mis blancos eran distintos.

Alcé la espada en el aire moviéndome en semi círculo mientras la apuntaba hacia todos. -Ahora, espero que nadie hable de mi presencia aquí esta noche. Confirmen si han comprendido la seriedad de mis palabras.- El hombre herido seguía aullando de dolor mientras los demás con rostros lívidos como la misma luna que nos iluminaba asentían y se hacían a un lado para dejarme pasar. Caminé entre ellos y con dos piruetas salté hacia el techo de un carromato perdiéndome entre la oscuridad del circo medianamente iluminado.

Caí en tierra del lado opuesto con las rodillas flexionadas y continué mis movimientos como la sombra que aprendí a ser, ágil, veloz y silenciosa. -Al parecer creas todo un alboroto, no sé por qué eres tan preciado pero no creo que estuvieras ansioso por regresar con ellos ¿o me equivoco? - Miré al pequeño bicho mientras caíamos del otro lado de la malla que rodeaba al circo. Los entrometidos le habían dado ventaja a mi oponente por lo que sus huellas sobre la húmeda tierra se convertían mi mejor pista a seguir. Sonreí al mirarlas. -Vamos a dar un paseo tú y yo.-

Llevaba un bolso colgando de mi espalda que abrí para introducir en ella al pequeño felino y tras hacerlo con un movimiento de mi muñeca, la cerré lo suficiente como para dejar su cabeza por fuera pero restringiendo el movimiento de sus pequeñas patas. Me coloqué el bolso por enfrente a manera de canguro y comencé a seguir las huellas bajo los haces de la luna. Como siempre, Loki teñía al astro de hilos sangrientos que goteaban en el horizonte recordándome lo que esperaba de mi... y lo que yo era...



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