Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Vår skjebne -Privado

Mensaje por Valeria Cannif el Vie Abr 21, 2017 9:17 am

Pasaron un par de meses desde la boda en Verona. Dos meses repletos de complicidad y ese amor extraño, como lo habían calificado algunos. Su embarazo iba perfecto, tres meses. El vientre ligeramente abultado, sus dos pequeñas iban creciendo día a día, fuertes como su padre y seguramente, el mismo carácter que su madre.

En sí, no había cambiado nada. seguían viviendo en la mansión Cavey , claro que había dejado de ser su inquilino para convertirse en su esposo. Quien iba a decir que él, Hoör Cannif fuese capaz de descongelar su frío corazón. Un corazón ahora rebosante de ese amor prohibido, felicidad y pasión. Nunca nadie le había dicho tanto con una mirada y él… se había convertido en todo su mundo, por muy caótico que fuese cuando se conocieron. El mundo de Valeria no era el de una simple mujer de clase alta, los negocios de su padre seguían haciéndole sombra y al menos, ahora… había podido con ellos.

Últimamente, se levantaba muy cansada por las mañanas…aparte de lo evidente. Las noches entre las sabanas, cuerpos enredados, risas y miradas cómplices.. y para Valeria, lo mejor…despertar a su lado. Desde que volvieron del viaje, las orbes del noruego era lo último que veía antes de dormir y al alba. Entre ronroneos y sonrisas, besos suaves y susurros… las mañanas se habían vuelto un ritual de caricias y nuevas promesas que se profesaban con solo mirarse a los ojos. Claro que, no habían dejado de discutir y reconciliarse del mismo modo de siempre.

Aquel día, estuvo muy ocupada en su despacho con unas cartas importantes que debía dejar escritas . invitaciones a fiestas, pagos, felicitaciones por su embarazo… dejó esas cartas a un lado y las que había escrito frente a ella. sin darse cuenta, permaneció allí toda la tarde. Un escalofrío le recorrió el cuerpo, fue así cuando se percató de que era hora de encender velas. Y como de costumbre, sus pasos le llevaron a la enorme ventana del enorme despacho…aún a sus sentidos, llegaba el olor de uno de los incontables puros que su padre fumaba. No le extrañó, ahora olía a violetas. En el jarrón de cristal labrado, un ramo de violetas…sus flores favoritas.

Sus orbes esmeraldas, buscaron el corcel de su marido sin éxito. Se suponía que no estaría mucho tiempo fuera de casa y menos tanto tiempo cazando. Valeria, había estado indispuestas estos dos días anteriores y la mayor parte, la pasó durmiendo… cuando despertó fue directa al despacho pero ¿y él? supuso se encontraba en las caballerizas, con su corcel blanco al que por fin había domado…solo con imaginarlo, sonrió de medio lado. Él y no otro sería capaz de hacer ciertas cosas.

Una de las criadas, llamó al gran portón del despacho y Valeria, dio paso. Le traía un té rojo con unas pastas de mantequilla. A la misma hora de cada noche, las mismas pastas y el mismo té, uno de esos antojos estúpidos. Aceleró el paso hasta tomar una pasta con los dedos y darle un mordisco, mordiéndose el labio inferior, odiaba las pastas de té… y sin embargo le estaba riquísima.

-¿Y el señor? ¿Ha salido a montar? Me despedí de él… anoche. -no, anoche no… despertó unos minutos para comer y él no estaba, pero ¿volvió? -¿Cuándo fue la última vez que viste al señor? Habla -tono cortante, imperativo… no le cuadraban los días. Su indisposición le había borrado y nublado la mente, ahora confundida…nerviosa, esperaba una respuesta que tardaba demasiado en llegar -Señora, el señor lleva dos días fuera… desde que partió hace dos amaneceres no ha regresado -

El rostro de Valeria cambió de golpe a uno más serio, ojos verdes vidriosos. Nunca había estado dos días fuera, menos sin decirle nada… algo le había ocurrido y aquellos ineptos ni se lo habían comunicado. Muy enfadada, la echó del despacho con una simple mirada. No, no iba a pedir que lo buscasen , lo haría ella misma. No era normal estar tanto tiempo fuera y… no, era mejor no pensar porque su enfado estaba alcanzando niveles desorbitados. Ataviada con su traje de montar y dos criados intentando convencerla de que no saliese, Valeria bajaba las escaleras como aquel día pero de un modo diferente. No llevaba su vestido rojo, ni el gesto relajado… sus orbes llameaban de preocupación, sus pasos seguros estaban dispuestos a… buscarle allá donde estuviese.

-Mi corcel. Ahora -






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Re: Vår skjebne -Privado

Mensaje por Höor Cannif el Vie Abr 21, 2017 9:53 am

Llevé de nuevo la jarra a mis labios mientras aquella morena de ojos verdes me contaba lo divertidas que eran las fiestas gitanas y trataba de convencerme de que tenia que probar la cerveza negra que allí se servia.
Relamí mis labios apurando la espumé mientras mis ojos se paseaban por su cuerpo y una risa ebria escapaba de mis labios.
Sus bucles de cuervo se perdían entre mis dedos mientras nos mirábamos el uno al otro entre risas.

La verdad es que en el norte también era muy habitual beber frente a las hogueras, posiblemente en eso nuestras culturas no difirieran demasiado. En el norte cada fiesta se repletaba de alcohol, cánticos y fuera por un motivo u otro siempre acabábamos borrachos.
Apenas hacia un par de días que llegué del norte, mi misión, buscar la espada que podría derrotar a los seres sobrenaturales.
¿Una leyenda? Quizás solo fuera eso, una leyenda, pero algo me decía que esa espada existía y yo la tenia que encontrar para volver empuñándola al norte y cumplir con mi cometido liberarlo del influjo de mi tío.

La dama choco su jarra con al mía tratando de recuperar mi atención ,a lo que respondí con un “Skol” y volví a llevar la jarra a mis labios bebiendo mas de la mitad de un trago.
La bebida de París no era como la del norte, esperaba sinceramente que la cosa mejorara cuando esa morena me llevara frente a las llamas y me diera de beber algo mas fuerte que esto.
Mi boca se orilló hacia la ajena sin vergüenza ninguna, ella lo deseaba y yo también, el viaje había sido largo y todo hombre tiene necesidades al fin y al cabo.
Por una noche de placer no iba a perder el norte.

No llegaron nuestros labios a encontrarse cuando las puertas se abrieron de golpe. El invierno frio entro por ellas y una rubia despampanante vestida de montaraz las atravesó hundiendo en mis pardos sus esmeraldas.
Se me cortó la respiración, era preciosa, mis labios se entreabrieron y un jadeo escapó de ellos mientras mi mirada se perdía en la inmensidad de su cuerpo y en ese vaivén de caderas que se orillaba a mi sin ningún detenimiento.

Ladeé la sonrisa, que suerte la mía, una morena y una rubia, al parecer París era la tierra de las mujeres y el amor, porque en una noche había triunfado con dos.
Sonoro bofetón el que la amazonas me arreó en la mejilla, gruñí desafiando su mirada poniéndome en pie y la gire bruscamente estampandola contra la barra, mi cuerpo su prisión y mi mano sobrevoló el ajeno buscando algún tipo de arma pues estaba seguro que mi tío la había enviado para desarmarme con su mirada y matarme con una afilada daga.
-¿Quien demonios eres? -pregunté con la respiración entrecortada aferrando sus muñecas con fuerza con una de mis manos mientras la otra seguía repasando su contorno para descubrir el acero.



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Re: Vår skjebne -Privado

Mensaje por Valeria Cannif el Vie Abr 21, 2017 5:59 pm

Rumores le comunicaron que Hoör Cannif se encontraba bebiendo y recorriendo las tabernas de Paris. No era extraño, ambos habían cerrado locales , ebrios y entre risas pero una cosa era beber una noche y otra estar dos malditos días ausente. No comprendía nada pero iba a averiguarlo por sí misma. No le importaron las advertencias y los consejos con no montar a caballo dado su estado. Estaba tan cabreada, contrariada e impotente  que no era capaz de pensar con claridad y menos en las consecuencias.

Iba a encontrarle costase lo que costase y luego si tenía que castigarle, matarle con sus propias manos…lo haría. Los mozos la seguían pisándole los talones sin atreverse a respirar tan siquiera. Esa mujer de fuego, incansable… buscaba con ansía dónde se encontraba su marido. ¿Acaso era mucho más interesante estar de taberna en taberna que volver a su lecho? Se recorrió con la última cuatro tabernas  y nada. lejos de la mansión Cavey, quedaba la situada en el centro de la ciudad. Tenía que estar ahí sí o sí.

El corcel negro, aquel que relinchó un par de veces al verla y reconocerla… le avisó de que esa era la taberna en cuestión. Los mozos, no se atrevieron a seguir más sus pasos, aguardaron con ambos caballos fuera. De un salto, bajó del imperial corcel blanco… sin tambalearse, esa mujer parecía haberse forzado  entre las mismas llamas del infierno. Y ese mismo infierno, se podía ver reflejado en sus ojos verdes. No le importaba donde estuviese, ni las personas que se encontrasen allí, quería encontrarlo y lo hizo, sentado en la barra y muy bien acompañado… ¿qué diablos se creía que estaba haciendo?

Por unos segundos, se detuvo sin poder creer lo que veían sus ojos. ¿Iba a besar a aquella tabernera? La rabia se mezcló con los celos, unos celos enfermizos que le llevaron a acortar la distancia que los separaban y no poder evitar cruzarle la cara de un sonoro guantazo. Decepción reflejada en sus orbes esmeraldas. Y la decepción se transformó en confusión. Aquel gesto brusco de atraparla, la forma en la que la miraba. Algo no iba bien, un escalofrío le recorrió de la cabeza a los pies, mordiéndose los labios con fuerza… sin comprender a qué venía aquello.

-¿Qué diablos…estás diciendo? Suéltame, condenado noruego. -oyó de fondo la risa de aquella mujer que no contenta con haberse atrevido a acercarse a él, ahora se burlaba de ella -Acaba pronto con ella, te tengo demasiadas ganas…extranjero -palabras de aquella mujer que la encendieron, recorriendo cada poro de su piel. el detonante para explotar, su fuerza y actos sorprendían. ¿cómo un cuerpo tan menudo podía tener esa fuerza? Se zafó de él y no lo pensó demasiado…

La daga con la que tantas veces habían jugado los dos, fue sacada de su escondite. Ahora, jugaría pero de otro modo. Mirándola a los ojos, esperó a que la mujerzuela le devolviese la mirada para cogerla desprevenida. La tomó de su muñeca, dejando la palma de la joven sobre la barra. Sonrió traviesa, peligrosa y la daga, la clavó en el centro de la mano de la mujer que no tardar en dar sus primeros gritos de dolor. Valeria no sabía lo que hacía, estaba tan ciega de odio y desconcierto que se lo hizo pagar. La muchacha apenas podía mover la mano pues Valeria se la había clavado en la barra.

-La próxima vez… -se inclinó a su oído para que solo ella le oyese -Como vuelva a verte rondándole, mirarle o simplemente respirar su mismo aire…tu cabeza me servirá de adorno en alcoba -apenas él pudo escucharlo, la pregunta de “¿quién demonios eres?” seguía retumbando en su cabeza -¿Quién demonios es esta, Hoör?  -dio un par de pasos hacia atrás…desconcertada… intentando buscar respuestas, unas que no le gustaría.

-Soy el demonio... tu demonio -murmuró con el ceño fruncido, buscándole en aquella mirada parda que tanto le recordaba...a la primera vez. Alzó la mano, dispuesta darle otra cachetada... solo de recordar lo cerca que había estado de esa mujer la desquiciaba -Tengo más, si tengo que clavar tu miembro en la barra como la mano de esa maldita zorra, lo haré, no me cabrees -

Un nuevo desafío.... no, no era como cualquier otra.






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Re: Vår skjebne -Privado

Mensaje por Höor Cannif Ayer a las 8:35 am

La rubia se revolvía entre mis brazos con el ceño fruncido y el gesto frio como la noche mas sobria. Me llamó noruego, conocía mi procedencia, algo que daba mas veracidad a mi idea inicia, que mi tío la hubiera enviado para acabar conmigo.
Cualquiera con ojos en la cara perdería el juicio por esa mujer, mas estaba claro que su comportamiento voraz me había puesto en sobre alerta antes de tiempo.

La morena parecía tan contrariada como yo, oía su risa y su afilado comentario para que dejara a la loca y continuar ambos por donde nos habíamos quedado. Los ojos de la rubia centellearon, imposible me resulto detener su avance y sacando una afilada punta hundió el acero en la mano de la tabernera clavandola en la barra entre serias amenazas.

Acorté la distancia, la tomé por la cintura elevándola del suelo mientras esta pataleaba, mis pardos se perdieron en los verdes de la mujer herida esperando que se encontrara bien.
Pronto fue atendida por el hombre que servia las bebidas y una de sus hijas mientras yo me llevaba a la rubia a una pequeña habitación lateral que hacia las veces de almacén.
Allí la solté, por el camino me lanzo improperios,amenazas y como no, mi nombre alto y claro.
Parecía creer conocerme y estaba claro que lo hacia, pero yo no la recordaba de nada y con lo buena que estaba dudaba que me hubiera olvidado si me hubiera colado entre sus piernas.

La solté allí, mi mano acortó la distancia al mango de mi bastarda y desenvainandola coloqué el filo en su inmaculado cuello esperando que mi amenaza nada velada la detuviera en el intento de clavar mi polla no sabia bien donde.
-¡Explícate mujer! Mi paciencia es breve y mi tiempo también ¿quien demonios eres? ¿quien te envía? ¿y por que sabes mi nombre?
El filo acaricio su piel, su pecho subía y bajaba desbocado, parecía un animal salvaje acorralado antes de expirar su ultimo aliento.

Mis ojos delinearon su figura, labios que se entreabrieron casi arrancándome un jadeo, ambos nos desafiábamos con la mirada hasta que ladeé la sonrisa con cierta diversión.
-Pareces una mujer celosa -atajé entre risas sin bajar el acero de su cuello -¿y si lo discutimos en la cama? Me has jodido la noche con la morena, peor unas jarras mas, bajas esos humos y nos divertimos un rato, seguro que después de quedar saciada de varón ves las cosas con algo mas de claridad.

Sus esmeraldas me atravesaron, parecía incrédula por mis palabras, iba a avanzar mas de nuevo le marqué con el acero su lugar.
-Lo siento preciosa, peor creo que de momento es mejor que mantengamos las distancias, no me fio de ti, pareces saber demasiado sobre mi y tengo demasiados enemigos como para confiar en una loca por muy sexy que sea.

Observé sus pechos abultados, por allí se deslizo el canto de mi espada mientras me relamía los labios.
-¿entonces? ¿Olvidamos las copas en la taberna y pasamos a lo realmente interesante? Me hospedo en un hotel ¿vienes?



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Re: Vår skjebne -Privado

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