Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

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My Salvation, My Curse [Privado]

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My Salvation, My Curse [Privado]

Mensaje por Garrus Vakarian el Lun Abr 24, 2017 1:30 pm

Hacía unas semanas que había podido escapar de un encuentro con los perseguidores de la inquisición que me pisaban los talones, había decidido ir por el bosque que era una zona que me era familiar y en donde en mí forma de pantera les podría dar esquive con la agilidad y la rapidez que en ese estado me confería. Pero no solamente había un humano y un cazador que me habían perseguido, sino que también un hechicero que me podría haber puesto las cosas muy difíciles cuando sobre todo el cazador logró darme con su arma en mí hombro, una bala que había penetrado en la piel y había hecho que una herida profusa sangrara y me hiciera perder fuerzas poco a poco.

De no haber sido por la intervención de una joven hechicera, la cual había encontrado de casualidad en el bosque en mí huida de aquellos hombres de la Inquisición, y que sin conocerme de nada y sin saber de qué iba todo el asunto se había puesto de mí lado, me había dado tiempo para que intentara recuperarme aunque eso no había sido posible, y con su magia había acabado con uno de los tres hombres, con el más poderoso de todos, para luego encargarme con las pocas fuerzas que me quedaban de los dos últimos arrebatándoles la vida.

Y ya no recordaba nada más salvo despertarme lleno de vendas, en forma humana, y diciéndome que tenía una maldición. Una maldición, de verdad, de esas que son como profecías que se cumplían al pie de la letra si no hacías lo que se te había encomendado. Miré mis manos de nuevo subiendo la vista a los brazos, las manchas que habían aparecido significaban que la maldición se había puesto en marcha, aunque no recordaba exactamente que me hubieran maldecido y mucho menos cuando me habían puesto tal maldición. La hechicera no había podido discernir muy bien qué tipo de maleficio era ni cómo pararlo… solo sabía que cuando pasaban un par de semanas las marcas se hacían más grandes, e incluso habían empezado a aparecer pequeñas marquitas por mí pecho.

Según Evolet, la joven hechicera que había salvado mí vida y a la que le estaba eternamente agradecido, las marcas significaban el comienzo de la maldición y según ella estas poco a poco irían consumiendo mí vida conforme se fueran extendiendo por mí cuerpo, ¿cómo pararlas? Conseguir que lo que fuera que tuviera que hacer… lo que al maldecirme predestinaron para mí. ¿El problema? Que no sabía siquiera qué era lo que debía de hacer, o si alguien debía de ayudarme. Pero… últimamente, llevaba unas noches teniendo un sueño que era muy parecido, lo había achacado con pesadillas pero al decírselo a Evolet esta me dijo que quizás podrían ser como pistas de lo que debía de hacer porque justamente habían empezado en la época en la que habían salido las marcas.

Por más que había intentado hacer memoria de lo que pasaba en el sueño e incluso con técnicas que ella había intentado no habíamos podido dar con nada y no había forma ni manera de que me acordara de algo. Además que poco podía ver en aquellos sueños, todo estaba muy borroso, había la figura de lo que creía era una mujer por la vestimenta, pero no podía ver su rostro o mucho menos oír su voz… era una pequeña pista, sabía que estaba relacionado con una mujer pero para mí mayor desgracia, no sabía si estaría en París, si seguiría viva o no… si estaba muerta, estaba condenado a muerte.
Por eso ahora me encontraba paseando por el bosque, porque era el único sitio donde me sentía más en paz, donde al conectar con la naturaleza me sentía tranquilo… y era lo que necesitaba en ese momento: tranquilidad. Pero uno nunca obtiene lo que quiere y pude escuchar los pasos de alguien que se aproximaba hacia donde yo estaba.



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Re: My Salvation, My Curse [Privado]

Mensaje por Selina Greystoke el Vie Mayo 05, 2017 10:17 pm

Muchos eran los acontecimientos en mi vida que se habían sucedido desde mi llegada a Paris. Habían transcurrido ya un par de meses y lo que comenzó como un suceso sombrío debido a la razón de mi llegada, llenar el papeleo para el acta de defunción de mi gemela, llorar la ausencia de Devina y hacerme a la idea de que nunca volvería a ver mi propia imagen reflejada en otro rostro, poco a poco fue apaciguándose. Dicen que el tiempo es el mejor remedio, en mi caso aún la extrañaba, siempre la evocaría, pero el dolor y le sensación de soledad iban amainando. Sabía el por qué ahora no me sentía sola, una luz brillante había entrado en mi vida en la figura de un joven con el que me topé por casualidad y a quien ahora esperaba ver ansiosamente cada día, aunque he de admitir que aún mis propios sentimientos hacia él me confundían, pero no por ello dejaban de ser menos verdaderos o menos ciertos.

Sin embargo, y aunque ahora su presencia en los breves encuentros que se propiciaban a menudo, me devolvían la calma y sosegaban mi espíritu, no podía olvidar que seguía siendo una cazadora, y como tal, debía continuar con lo que había empezado ya hace cuatro años. Por esa razón me entrenaba tan arduamente como siempre, procurando mantenerme en forma, el asunto era fácil porque ahora tenía a mi cargo la enseñanza de alguien más, pero en días como hoy en los que no nos encontrábamos, acudía al bosque con mis armas encima, con la intención de practicar con ellas. Mi puntería era perfecta, pero me gustaba practicar con mis armas de fuego al igual que con las blancas, con el par de dagas que movía entre mis dedos con pericia y de paso mantenerme en forma física ejercitándome durante un par de horas.

El tener una figura delgada y menuda me era muy útil, lo que me faltaba en tamaño lo compensaba con agilidad y mi tenacidad no era menor a mis fuerzas. Mi energía se volvía desbordante por lo que corría hacia el bosque muy temprano por las mañanas, cuando me era sencillo escabullirme de mi castillo y hacer a un lado mi papel de baronesa. Mi personal estaba acostumbrado a ese hábito mio y no me cuestionaba, sabían también perfectamente que la escolta que conformaban mis guardias únicamente me acompañaba en los actos oficiales. Ya me había habituado a esta dualidad en mi vida, a que la gente no tuviera la menor idea de que lady Greystoke, la baronesa de Inglaterra, era una cazadora que erradicaba bestias voraces y demonios insaciables de su ciudad, gracias a un legado que empezó hace siglos por parte de los ancestros de mi madre, y que me fue heredado tras su fallecimiento.

Ahora me encontraba en el bosque, gastando mis energías al realizar mi rutina física cuando me incorporé de un salto y corrí con la intención de alcanzar un arroyo para rellenar mi cantimplora y calmar mi sed. Mis piernas me llevaban como una saeta en esa dirección cuando alcancé a ver una sombra negra con el rabillo del ojo. La presencia logró tensarme y con rapidez me agaché detrás de varios arbustos que me sirvieron de tapadera para contemplar en ese camuflaje que era lo que me acompañaba en el bosque.

Mis ojos azules detectaron entonces a una pantera. La miré con sorpresa, no solo por el hecho de que dicho animal estaba completamente fuera de lugar en un bosque parisiense si no porque ahora recordaba que en las pasadas noches me había despertado tras soñar con una. No era extraño que tuviera sueños repetitivos pero este había sido particularmente inquietante, aunque no lograba recordar el por qué, tan solo que me había despertado con mis latidos acelerados y una sensación de extrema angustia atenazándome el pecho.

Lentamente me fui movilizando tras los arbustos, de forma silenciosa, algo que conseguía gracias a mis años de práctica, hasta detenerme a un par de metros del animal. Tenía que admitir que era majestuoso, tenia un pelaje brillante, y sus ojos refulgían frente al sol. Sin embargo no encajaba en este ambiente y teniendo en cuenta los restos de personas destrozadas que encontré hace unas semanas en esta misma zona no podía descartar que la pantera fuera la causante.

Me puse de pie con las manos sobre mi cinto, las armas al alcance, para delatar así mi presencia y observarle directamente a los ojos. No pronuncié palabra alguna, la ponderé en silencio, preguntándome como es que de repente podían materializarse los sueños y si este en particular podría al menos no ser uno que se tornara en pesadilla al descubrirse como un depredador al que tuviera que dar caza.





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Re: My Salvation, My Curse [Privado]

Mensaje por Garrus Vakarian el Mar Mayo 23, 2017 10:54 am

Me gustaba dar largos paseos por el bosque en la forma de animal que más me gustaba: la pantera. Sabía que era bastante improbable que se encontraran panteras en los bosques de París porque no era una animal autóctono de la zona, sin embargo la sensación de libertad que me confería cuando podía ver, sentir y ser dicho animal era demasiado liberador como para poder dejarlo pasar. No solo era la visión y los sentidos aumentados de dicho animal, sino que también podía tener su agilidad, su rapidez y su fuerza así como la velocidad que tenía la pantera. Cuando corría por el bosque en esa forma sentía que era libre, que nada me impedía ni me ataba, como si no fuera realmente del mundo que me rodeaba. Era la mejor sensación que había sentido en muchos años.

Porque controlar las transformaciones no era nada fácil y mucho menos la bestia que realmente era dicho animal, las ansias de cazar y de comer, de perseguir a las presas como el depredador que era… era algo bastante complicado. Por suerte pude encontrar en la huida de la Inquisición que tuve que hacer a un hechicero, uno muy sabio del que aprendí muchas cosas, a controlar todas y cada una de las formas que podía adquirir. La más fácil era la del gato, con ella podía pasearme por la ciudad pasando desapercibido y enterándome de nuevas noticias que podrían ayudarme. Las más complicadas la de pantera y la de leopardo, aunque mayormente la que más me gustaba era la de la pantera, el pelaje negro me confería un camuflaje perfecto en la noche y así había podido escabullirme varias veces de haber sido apresado.

No supe cuánto tiempo estuve corriendo, saltando, trepando por los árboles con la agilidad que el ser pantera me confería, adentrándome en ese bosque que ya conocía y que sentía casi como mi segunda casa. El tiempo lo dividía en estar con la joven hechicera que había descubierto aquella maldición, me había salvado la vida y le debía esta hasta que pudiera pagarla de algún modo y por eso mismo me había convertido como su protector. Los cambiantes nos sentíamos bastante bien y teníamos afinidad con los hechiceros, quizás porque estos también estaban ligados con la magia como lo estábamos nosotros y no nos sentíamos amenazados frente a ellos.

En mi recorrido paré al bajar tras uno de los árboles notando que había un arroyo cerca, podía oír con claridad el ruido del agua que corría atravesando el bosque y no dudé en acercarme para poder beber tras todo el tiempo que había estado corriendo por el bosque, liberando adrenalina que enchufaba de alguna forma mí cuerpo. Con paso lento aun en forma de pantera me acerqué hacia el arroyo que había oído y me acerqué al borde para agachado poder beber tranquilamente, combatiendo la sed que tenía y calmando un poco el cuerpo y las energías.

Ni siquiera me había percatado de que no estaba solo en el lugar cuando un movimiento casi imperceptible de haber sido humano, captó mi atención haciendo que alzara la vista hacia unos arbustos que había al otro lado del arroyo. Pronto comencé a olfatear notando el olor a humano centrándome justo de dónde provenía. Por el perfume que llevaba podía saber que se trataba de una mujer… mujer que se alzó quedando de pie dejándose ver clavando sus ojos azules en los míos más oscuros, portaba sendas dagas en sus manos y supe que estaba en presencia de una cazadora. Por norma general los cazadores no iban tras los cambiantes, porque no les suponíamos ninguna amenaza, pero quizás la mujer que tenía delante de mí pensaba que de verdad era una fiera y que iba a atacarla.

Mis ojos se fijaron en ella de forma fija, observando sus ojos azules, el atuendo que llevaba, y el pelo rubio que le caía en hondas y… algo en mí interior me hizo quedarme quieto donde estaba, como si algo me estuviera avisando sobre aquella mujer… como una intuición. Lejos de levantarme y mostrarme en forma amenazadora, me tumbé observándola y adelanté una de mis patas para dejarla estirada, la cola se movía como si fuera un gato pero en tamaño más grande que observaba despreocupado a un humano. No había señal de amenaza en mis gestos, estaba tranquilo porque algo en mi interior me estaba advirtiendo… y tras lo que me había dicho Evolet, no sabía bien qué pensar. Bostecé haciendo que mis colmillos quedaran a la vista pero mis ojos, oscuros pero algo diferentes de todos los animales, pues estos reflejaban que había algo más que el animal que se veía a simple vista se fijaron en ella… y no pude apartar la mirada, rezando para que no se abalanzara sobre mí, porque no quería hacerle daño.



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