Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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The "blessings" of excess are only a burden on us |Alchemilla Gillespie|

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The "blessings" of excess are only a burden on us |Alchemilla Gillespie|

Mensaje por Dennis Vallespir el Jue Abr 27, 2017 7:00 pm

De noche, rebuscando entre las tabernas del lugar, no tan mugrientas como podría verse en la falsamente edulcorada capital, pero lo bastante humildes como para que un grupo de sinvergüenzas de clase alta se despreocuparan en una celebración como aquélla, Dennis empezó la noche. Mas no iba a acabarla de esa manera.

Sólo cambiaría de sitio.

El ya-no-tan-joven —¿alguna vez lo había sido? O más bien, ¿alguna vez lo había dejado de ser?— Vallespir pasaba por una extraña regresión al segundo peor episodio de su vida, con los mismos amigos que le llevaron a París la primera vez y con los mismos con los que regresó a su tierra natal convertido en hombre lobo por culpa de aquel misterio que después de tantas lunas llenas, comenzaba a desvelarse.

¡Por fin! Cuán blasfemo era al describir la posible solución a aquella patología hereditaria como orgásmica, pero esa misma noche resultaba inevitablemente apropiada.

Aquellos personajes —no existía otra palabra más certera— habían regresado más de quince años después para visitarle y hacerle recordar un poco del vago sustento que algunos llaman 'amistad'. Aburridos por la alienación de Luxemburgo y el burdo aroma del campo, habían llegado con ganas de olvidarse de sus propias cadenas y emular el hedonismo que caracterizaba a algunas clases inferiores a la suya. Lo que también podía ser un eufemismo de 'reventarse de juerga hasta que el tabernero les echara a la calle'. Por eso mismo, a algunos cuantos —claro está, los más elocuentes— se les ocurrió que sería mucho mejor trasladarlo todo a la finca de uno de ellos.  

Y pensar que aún se negarían a emplear el término 'orgía organizada en casa' por ser demasiado ordinario —mejor, demasiado contundente—...

Afortunadamente —para ellos, por descontado, pues el lado pobremente maduro de Dennis ya se había hecho a la idea de su cruz tras aceptar que el evento se llevara a cabo—, él ya no bebía. Es decir, no si podía evitarlo y eso excluía cualquier influencia con la que la zorra —irónicamente siempre pensaba en un animal antes que en una ramera, debía de ser por la naturaleza que, para colmo, compartía con ella— de Abigail Zarkozi hubiera irrumpido en su vida recientemente. Y a pesar de las balbuceantes insistencias de sus camaradas, nada conseguía derrocar al trauma de ser abstemio, ni siquiera una de tantas algarabías sexuales en las que acababa envuelto. Incluso si era más discreto de lo que su promiscua fama le achacaba, no podía decirse que se tratara de la primera, ni mucho menos de la última.

Así pues, antes de dirigirse en varios carruajes al lugar definitivo de los hechos, la remesa de prostitutas que habían solicitado desde la taberna llegó para que escogieran el género que ellos quisieran llevarse mientras que el resto se quedaría allí para la clientela del local. A él le daba igual, por supuesto, hacía ya una temporada que su apetito carnal no exigía demasiada atención y aunque eso no menguaba un ápice su destreza en el catre difícilmente la encontraba saciada en los senos ajenos. Sin embargo, cuando uno de sus colegas ya achispados le rodeó los hombros con el brazo y le pidió que le ayudara a elegir entre la hilera de mujeres, sus ojos dieron con una mirada para la que no estaba preparado. Hasta si eso era lo único que realmente podía reconocer en un envoltorio que no había visto nunca antes.

—¡Virgen puta, Dennis, que me aspen si la ciudad en la que vives no es la mejor del mundo para el amor! ¡Mira bien a ésta! ¿Qué opinas? ¡Me han dicho que viene con sorpresa, ama o sumisa al gusto del consumidor!

No apartó la vista del rompecabezas mental que, ¿sin ton ni son?, le estaba provocando la visión de aquella belleza ambulante en cuestión, no sin archivarla primero para sus adentros con un solo vistazo experimentado. Natural, pero curtido.

Algunas cosas nunca cambian. Que se lo dijeran a una…

¿Y había realmente una sola allí delante?

—Mejor sería al gusto de la 'consumida', para variar —le respondió finalmente con indiferencia y una ironía más que hastiada para zanjar de una vez aquellas idioteces jocosas fruto de la testosterona. Sentirse el único cuerdo entre tantos adultos hipócritas no podía ser menos oportuno ni más irónico.

Jodidamente simbólico.


Última edición por Dennis Vallespir el Dom Dic 17, 2017 12:07 pm, editado 1 vez



Lobo hombre en Paris... Su nombre, Dennis.

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Re: The "blessings" of excess are only a burden on us |Alchemilla Gillespie|

Mensaje por Alchemilla Gillespie el Lun Mayo 01, 2017 2:48 pm

¿Nunca te cansas de esto, Alchemilla? Prepararte para hombres, nunca mujeres, que no van a valorar nada, ni tu rostro, ni tu aroma, ni nada, sólo porque quieren empalarte. Estropear ese cuerpo, nuestro cuerpo, vendiéndolo a quien pueda pagarlo, porque ¿qué más da! ¡A quién le importa, no es como si fuera todo lo que tienes, como si, de no poseerlo, no quedara nada de ti y todo fuera a pasar al olvido...!

Cerré los ojos con fuerza y tuve que detenerme, apoyada en la pared de ladrillo con una mano mientras la otra la llevé a la frente, apretando suavemente, intentando que el pálpito fuera menos intenso. Con cada latido de mi corazón, el dolor se extendía un poco más, corrompiendo todos mis pensamientos, dificultándome incluso algo tan sencillo como mirar hacia la calle embarrada en la que estaba caminando, en dirección a la taberna. Encima la voz lo hacía peor, rebotaba y con cada palabra se volvía más afilada, como si fuera un cuchillo que se me clavara en la herida y hurgara...

¡Sí! Sí, esa soy yo, tu cuchillo, tu arma, tu destrucción; todo lo que temes, lo que te matará.

Me obligué a sobreponerme en cuanto las otras mujeres me preguntaron si me pasaba algo. No, sólo me ha deslumbrado la llama de la farola, no es nada. Una excusa, por supuesto, pero les daba tan igual como a mí lo que hacían los serenos (¿cómo demonios sabía que ellos eran los que se ocupaban del alumbrado?); continuaron avanzando, y yo lo hice también, a la zaga, con la respiración lenta, y absolutamente nada dispuesta a ser vendida como cada noche.

¡Eso es, rebélate, haz algo, impide que nos manejen y utilicen y tal vez puedas serme útil!

¡Ya me rebelaría, ya, pero contra esa voz! Con cada cosa que decía, mis pasos se volvían más firmes y más rápidos, hasta que alcancé la taberna casi antes que mis compañeras, que se metieron con mi ansia viva por llegar. ¿Tanto necesitaba el dinero...? No, más ansia me provocaba que me la metieran para ver si así ella se callaba; durante el acto solía estar silenciosa, y ya casi incluso lo buscaba, aunque los clientes, como aquellos, fueran borrachos totalmente desagradables que no conseguirían encajarla ni aunque se la llevaras tú al lugar correcto.

Te estás enfadando... Eso es bueno. Pero no todo es lo que parece, ¡atenta!

¿A qué debía estarlo? ¿Al hombre que no bebía, que no participaba con los demás, que se acercaba despacio? ¿A ese? No veía nada extraordinario en él, pero ¿cómo podría si me iba a estallar la cabeza y trataba de no concentrarme en nadie para no grabar ningún rasgo en mis pensamientos? No recordar nada me estaba volviendo específica con lo que sí quería guardar para la posteridad; los clientes casi no valían la pena, al menos normalmente, ni siquiera él...

Mira más. Mira mejor. ¡Míralo, míralo, detecta el peligro!

¿Qué era eso que rezumaba...? ¿Esa especie de halo místico, como si fuera un santo, y que parecía rugir con cada paso que daba? Lobo, sí, y no lo dije yo, lo dijo ella, pero era cierto, no cabía duda. Aquel hombre era un licántropo, que por no ser luna llena (¿cómo demonios sabía eso! ¡Y cómo demonios existían seres así! No lo comprendía, ¡por favor, necesito que alguien me lo explique! Oh, ¿en serio...? Qué tierna.) era humano, pero la bestia se encontraba dentro de él, y tal vez pronto dentro de mí, porque se acercó guiado por otro, un baboso que nos miraba para seleccionar a una de nosotras como premio.

¡Asqueroso! Hay que ponerlos en su lugar, a él, a todos.

¡Pero no podía! Si hablaba, me quitarían la paga; si decía lo que pensaba, me someterían contra mi voluntad y sin nada a cambio, sería mucho más doloroso que si simplemente me dejaba, como la sumisa que él anunciaba que podía ser, dependiendo de qué quisiera cada hombre que me fuera a poseer. Y habían sido tantos... De eso estaba segura, aunque sólo recordara a algunos; a él no lo recordaba, al que abrió su bocaza para responder a la estupidez del otro, pero sentía que lo conocía. No sabía por qué ni cómo, pero lo hacía...

– La consumida desea que seas su coco, monstruo. ¿Qué te parece eso? – no pregunté, ¡juro que yo no hablé! Pero fue mi boca la que se movió, mi voz la que salió de mi cuerpo (aunque no sonara como mía en absoluto), y realmente yo la que se comportó así. ¿O no...? Porque yo me noté la sorpresa, me llevé las manos a la boca para tapármela por lo que había dicho, pero parte de mí sonreía, y esa parte era cada vez más fuerte... y estaba cada vez más descontrolada.

Porque soy yo quien tiene el control. No tú, ni tampoco Dennis Vallespir: yo.



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Re: The "blessings" of excess are only a burden on us |Alchemilla Gillespie|

Mensaje por Dennis Vallespir el Miér Jun 28, 2017 7:55 pm

Y no creyó escucharla aquella vez, sino que escuchó con toda claridad cómo la voz de la única persona que le había llamado así se elevaba por encima de las otras en aquel espectáculo de carne que si iba a destacarse en su largo repertorio, sin duda sería gracias a un fantasma con el que había soñado. A fin de cuentas era un niño muy, muy raro.

Aunque en rarezas, la bruja loca de los callejones no le dejara precisamente atrás.

—¿Qué es lo que has dicho? —inquirió, con el ceño fruncido y la mirada molesta en aquella repentina confusión que sólo una criatura como la jodida Alchemilla Gillespie podía provocar en él. La muchacha —una con tetas, seguramente vagina y cabellos largos pero que definitivamente no era la jodida Alchemilla Gillespie— de repente se había llevado las manos a la boca y parecía compartir la misma confusión que el hombre al que acababa de arrojar aquella pulla envenenada sin ton ni son.

—¡Épale, hermano, tiene carácter, eh! —soltó como el retrasado espectador que era, en una mezcla de risotada e hipo.

Eso, tú cabrea al hombre lobo bipolar e inestable de tu colega que acaba de reencontrarse con la mujer que lo descontroló en las mismas calles que pisáis ahora y que vuelve con un disfraz triste y corrompido. Bello, a pesar de todo, como no podía ser de otra manera con esa hija de…

—Al carruaje con las demás, entonces —zanjó de golpe y porrazo, con una frase desinteresada que, no obstante, había pronunciado en el tono más autoritario de la noche, mostrándose realmente como el que mandaba allí entre tanto cabestro de clase alta; por guía, por sobrio y por dominante. Aún no había acabado ni siquiera de decirla que él ya daba media vuelta para salir de la taberna sin volver a mirar directamente a los ojos de aquel disparate que olía como el puto paraíso terrenal que se suponía que debía ser… Pero no debía ser quien creía que era, no, sencillamente No Era Posible.

La prostituta en cuestión no viajó en el mismo carruaje que él, ni que ninguno de sus amigos en realidad, iban todas en otro que custodiaban los criados de Fabien, el dueño de la famosa finca a la que se dirigían. Dennis se pasó todo el trayecto mudo, con los ojos fijos en una luna lejos de ser llena, el codo apoyado en la ventana y toda la palma de la mano abarcándole la mejilla. Las sacudidas continuas del vehículo eran lo único que movía la repentina seriedad de su cuerpo, que contrastaba peligrosamente con las carcajadas alcoholizadas del ambiente que desconocía su tormento.

No, definitivamente algunas cosas nunca cambian.

No la buscó una vez la fiesta estuvo completamente trasladada a los dominios más perturbadoramente sensuales en su ocultada hipocresía. Las profesionales se desperdigaron por la terraza y la vivienda, ambientada y abatida de todas las comodidades dignas de pasar a formar parte del burdel más elegante de la ciudad. Casi como trabajar en casa y en más de un sentido. Servicio personalizado hasta en los platos de comida y diversas formas de alcohol y estimulantes con las que señores y putas eran bien atendidos. Y la música, representada allí en directo, se esparcía para emular a los aposentos más impúdicos de aquel tipo de comitivas en el Renacimiento. O donde quiera que fuera que el sonido se te incrustaba tanto en los tímpanos como a Dennis le parecía sentir, aunque algo le decía que eso no era del todo culpa de los instrumentos.

La noche siguió sin toparse con ella, sin querer toparse con ella, sin permitirse un solo pensamiento acerca de que estuviera aún más loco de lo que había aceptado ser en silencio. Ocupó su mente, como era de esperar, en el resto de brazos femeninos de la velada, sin llegar a nada más que los besos de cintura para arriba, incluso él se sorprendía de aquella supuesta castidad que no había buscado conscientemente pero a fin de cuentas y por muchos ambientes así en los que hubiera participado, prefería la intimidad de sus propias perversiones.

De esa guisa acabó; los pantalones ligeramente desabotonados, chaleco y camisa abiertos y el pelo increíblemente bien peinado. Divisó una de las pocas botellas de vino que había alejadas del servicio de la casa y en contra de toda la prudencia de su raciocinio, se movió directamente a por su objetivo, haciéndose con una copa por el camino en tanto evitaba pisar la cabeza de un amigo o las nalgas de una cubana. Cuando llegó finalmente a la bebida, se percató entonces de que Ella estaba a pocos pasos, recostada contra la pared. Hacía sólo unos segundos que uno de los consumidores se había alejado de allí, quizá empachado ya de deseo, y Dennis les echó una ojeada hermética, con la copa sorprendentemente llena por primera vez en toda la noche, y en muchas de su vida. Dio el primer sorbo tras apoyarse él también en la pared y volver a clavar su mirada al frente.

No dijo nada, porque eso era lo que había escuchado en la taberna, sí: nada en absoluto, pobre señorito cuerdo.



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Re: The "blessings" of excess are only a burden on us |Alchemilla Gillespie|

Mensaje por Alchemilla Gillespie el Lun Jul 10, 2017 2:30 pm

¿Es que no había aprendido nada en el tiempo que llevaba en el burdel, indeterminado pero definitivamente una gran cantidad, para saltarle con ese insulto? ¡A los clientes no se les humillaba a menos que lo pidieran explícitamente! Y por raro que pareciera, a mí desde luego me lo había parecido en cuanto salí a la calle una vez y los hombres iban con actitudes dominantes pese a haberme pedido algunos de ellos que los sometiera, lo había aprendido; había aprendido eso y todo lo necesario para sobrevivir y para que mis compañeras no me hundieran en el burdel, ¿y para qué? ¡Para hundirme yo sola!

¡No, no, no te eches el mérito de algo que no ha sido cosa tuya! Ya me regodearé en tu caída cuando finalmente mueras, fulana, pero esto ha sido cosa mía.

Por supuesto, no era yo la que me saboteaba, pero al mismo tiempo sí lo era porque vivíamos en el mismo cuerpo, y aunque no pensáramos igual (jamás estaba de acuerdo con ella, eso lo tenía muy claro), parecíamos la misma. El cambio en la voz parecía pasar desapercibido para todos los demás salvo para mí, que notaba que ni siquiera era mi tono cuando abría la boca y no controlaba lo que decía, pero ¿quién le prestaba tanta atención a una prostituta? Ni siquiera él (Dennis), que no me quitaba ojo de encima, se había dado cuenta, ¿no?

Oh, sí se ha dado cuenta, ¡me conoce en profundidad! Pero no lo ha querido creer. No te confundas porque no es lo mismo.

¿Entonces me conocía? No, no me conocía, la conocía a ella, pero ¿de qué? Si mi propia identidad era un misterio, la suya lo era todavía más, pero únicamente porque lo que captaba de la dueña de esa voz me resultaba tan repulsivo que no quería siquiera acercarme. A veces, pese a que estuviera obsesionada con recuperar la memoria, creía que no valía la pena si eso implicaba conocer más a la huésped no bienvenida de mi cabeza; la ignorancia podía dar la felicidad, y por eso él se había marchado... por eso yo, a veces, no quería ni escucharla ni saber más de ella.

Pero me vas a escuchar porque yo también vivo aquí, yo estoy en ti, ¡yo seré quien te derrote de una maldita vez!

Esta vez aguanté el impulso de llevarme las manos a la cabeza y apretar para ver si se marchaba, pero sólo porque nos sacaron de allí rápidamente. Me dejé conducir por la corriente sin oponerme demasiado, tal y como había estado haciendo demasiadas veces y demasiado tiempo aunque no supiera exactamente cuánto, y así fue como terminé en un carruaje en dirección a lo que después averigüé que era la misma fiesta, pero en otra localización. Vicios de gente pudiente, supuse, que podían permitirse, amén de contratar vicios varios, trasladarlos a donde les viniera en gana.

Tú has elegido trabajar para ellos, así que ahora te fastidias y tragas lo que te venga. Pero no literalmente, es preferible escupir.

Demasiado acostumbrada a hacerlo para sentir repugnancia, me adentré en esa maraña de cuerpos y de carne que se quería mezclar con otras carnes diferentes en busca de alguien que quisiera mis servicios; para mi (escasa) sorpresa, no me faltaban los candidatos. Sin embargo, pese a estar haciendo mi trabajo y fingir que le ponía todas mis ganas (resulta que era una buena mentirosa, eso lo estaba descubriendo en detalle aquella noche), permanecía seca, seca y dócil como no había sido con el hombre, ¿Dennis?, cuya pista había perdido hacía un rato.

Nos evita. Nos evita porque no sabe qué pensar de ti y de mí.

Bueno, pues yo también podía evitarlo, y me mantuve ocupada y llenando bien mis arcas pese a no recibir ni una pizca de satisfacción por parte de los hombres que venían, me tocaban, me pedían que los devorara y se marchaban, demasiado borrachos para exigir nada más. Para mi fortuna, los hombres sólo veían lo que querían ver, y su placer les impedía percibir la ausencia del mío propio, así que los despaché rápido, como un burgués en sus negocios (suponía).

Qué fría te has vuelto, fulana... ¿Por qué no bebes algo para calentarte?

Fruncí el ceño y decidí no obedecer; no se trataba de una decisión diferente a otra que tomara habitualmente con respecto a ella, pero sí lo hice con más firmeza mientras permanecía apoyada en una columna, contemplando cómo se marchaba el último, por el momento, de mis clientes de la noche. Tanta fuerza debí de hacer que no escuché los pasos que se acercaban hasta que no fue tarde, y entonces, al girarme en esa dirección, lo vi de nuevo, caótico y atractivo; la excitación fue inmediata.

Y eso que tú ni siquiera lo has probado...

– Lamento mi comportamiento de antes, no sé lo que me ha sucedido. Probablemente haya sido cosa del licor de la madame. – me excusé y me acerqué a él, apoyando una de las manos en la parte desnuda de su pecho mientras con la otra jugaba con un mechón de mi pelo, completamente metida en el papel. – He oído que te llamas Dennis. – mentí, pero él no tenía por qué saberlo, y entonces sonreí. – Yo soy Alchemilla. – me presenté. Un error, por cierto, pero aún no podía saberlo.

Yo sí. ¡Y me encanta!



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Re: The "blessings" of excess are only a burden on us |Alchemilla Gillespie|

Mensaje por Dennis Vallespir el Vie Dic 15, 2017 8:41 pm

El frío de las callejuelas de París no se parecía en nada al ardor agobiante de los cuerpos y los perfumes de las fincas aristócratas, aquél era un impacto de contrastes del que Dennis sería consciente de un momento a otro. Concretamente, el que desvelara el misterio paranormal, más que sobrenatural, que desprendía su exuberante acompañante. Si acaso podía llamar así a una de tantas prostitutas que otra jauría más de desgraciados envueltos en seda, vino y heteropatriarcado se agenciaba como ganado para sus noches de entretenimiento.

¡Ay, pobre y confuso animal! Claro que podría llamarla así si se diese el caso de que, en efecto, fuera todo eso, pero mejor que nadie sabía que el caos mental de sus recuerdos a través de sus propios oídos habían atestiguado momentos atrás en la taberna que esa 'acompañante' que ahora correspondía a su mirada y se le acercaba lentamente, se encontraba a mil jodidas millas de ser una de tantas.

Estuvo tentado de adecentarse todo, camisa, pelo y expresión facial, incluso si ésta la tenía mucho más impasible e irritantemente magnética de lo que él mismo se imaginaba. El interminable historial que llevaba dilatándose desde aquel mordisco bajo la luna llena rara vez le hacía dudar en situaciones carnales, la seguridad formaba tan parte de su rostro como de sus movimientos experimentados. Aquella ocasión, no obstante, se diferenciaba claramente de las habituales porque a su seguridad en los parajes de la carne había que sumarle la de su propia locura. Esa misma que le había alentado a unir las delicias de aquella mujer a una mezcla problemática como la que aquella noche proporcionaba al haberla escuchado decir lo que creía haberla escuchado decir. Así que, de nuevo, esa 'acompañante' estaba a punto de lidiar con un Dennis Vallespir especialmente complejo.

Al principio de su nuevo acercamiento todo fue bien, fluido, apetecible; una trabajadora sexual en condiciones, cuyos gestos medidos no perdían naturalidad en su contacto. Por un momento, hasta un veterano como él se hubiera llegado a olvidar de la desconfianza que lo había originado todo… y entonces, la repentina declaración de sus palabras volvieron a estallarle en toda la cara, con un efecto tan inflamable que el resto de la jodida finca también hubiera ardido bajo la tensión de su mirada.

Alchemilla… Para no tratarse de una especie venenosa, parecía esforzarse por hacer méritos. El hombre los recordaba abriéndose paso en su organismo a través de la sangre, la saliva y otros fluidos. Dicho así, sonaba menos agradable de lo que ambos habían sentido entonces, sobre las sucias baldosas de la tildada 'ciudad del amor'. Buen intento contra la confusión que, a pesar de cuales fueran sus insistencias, no se largaba y menos si aquellos labios carnosos tampoco dejaban de expulsar ese tipo de revelaciones.

Durante unos segundos, los ojos fueron lo único en seguir hablando allí, quietos y clavados en el otro a diferencia de aquel ambiente agitado a su alrededor. La frialdad cromática de sus ojos verdes, encharcados por el vasto azul donde en aquellos precisos instantes podría ahogarla si quisiera —¿y no quería?—, buscó desesperadamente en los de ella para encontrar un resquicio de lo que tanto seguía costándole creer que volvía a tener delante. Una persona distinta que escondía un secreto muy, muy familiar, incluso si sólo lo había tenido entre las piernas una vez.

De acuerdo, fueron más de una… ¡No iba a permitir que sus bipolaridades se perdieran en detalles cuando ya no estaba dejando escapar ni uno solo! Ahora, los sentidos del licántropo estaban todos y cada uno en guardia.

Se dispuso a decir algo que reflejara su puto asombro, lo necesitaba después de un descubrimiento semejante. Sin embargo, no abrió la boca y legó a sus pupilas el derecho a comérselo todo hasta que, de no ser una metáfora, a la piel de la jovencita ya no la cubrirían ni los hilos de su escasa ropa, desgarrada por la bestia. Dennis mantuvo intacta la firmeza de su machacado hermetismo, casi en una vaga reminiscencia de lo que fueran sus primeros tratos hacia la bruja chiflada cuando le pareció una simple muchacha desvalida, y echó un lento y contundente vistazo a su entorno. Aquella vez, no estaban solos y él tampoco estaba seguro de cómo volvería a reaccionar en caso de gozar de una intimidad igual de salvaje que la de aquellos callejones. Si había sacado alguna cosa en claro de su encuentro fortuito, era que no le convenía exponerse en público, ni con más gente cerca, a lo que la buena de Alchemilla conseguía despertarle.

Así pues, simplemente separó la espalda de la pared y se colocó de frente, con el calor de su sombra completamente cernido sobre ella, tranquilo y depredador, mientras deslizaba el brazo por encima de sus largos cabellos y detenía el puño más arriba, sin cortar el intercambio de miradas en ningún momento.

—Y dime, Alchemilla —Volver a pronunciar su nombre en voz alta se escuchó igual de traicioneramente sensual en su cabeza que fuera de ésta—, ¿es la primera vez que la madame te hace beber ese licor? Porque visto lo visto, a cualquier consumidor de esta fiesta le encantaría probarlo. No al nivel de probarte a ti, está claro, pero eso ahora mismo sólo me incube a mí.

Si alguien pretendía burlarse de él, nadie iba escapar al bruto clamor de sus colmillos. Ni siquiera una posesión.



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Re: The "blessings" of excess are only a burden on us |Alchemilla Gillespie|

Mensaje por Alchemilla Gillespie el Dom Ene 14, 2018 10:08 am

¿Por qué demonios mi nombre era un error? No tenía por qué serlo, ¿no? Si lo conocía, si yo lo hacía, tenía que ser un cliente, y aunque no fuera de las que se echan flores (¿no lo era?), solía dejarlos satisfechos, de modo que si se acordaba de mis servicios, era bueno. La otra opción era que Alchemilla fuera otra cosa, que no se refiriera a mí, pero no podía ser, ¿no?, porque mi nombre era de lo poco que había recordado entonces, al despertar sola, y tenía que ser cierto...

Nunca lo sabrás, me temo. ¡Nunca, jamás, no quiero y no te dejaré!

¡Pero cómo pensaba defenderme entonces de él si no podía saber siquiera qué errores cometía! La escuché dejar de reírse en mi cabeza, un pensamiento que no sabía de dónde había salido y que seguramente me atacaría durante demasiado tiempo, al no poder controlarla yo ni tampoco ponerle fin. Porque no podía, creía, no me sentía con fuerzas ni capaz de enfrentarme a una batalla perdida de antemano... ¡Ya basta, por el amor de todos los santos, detente ya!

Ah, pero es tan divertido verte sufrir...

Decidí ignorarla porque era lo mejor que podía hacer y lo que más me ayudaría a lidiar con la situación, y mi forma de hacerlo fue enfocarme en Dennis y en su pregunta, que me hizo fruncir un poco el ceño. ¿A qué venía? ¿Cuánto sabía? ¿Sabría algo siquiera o era yo misma tratando de explicar de algún modo lo extraña que me sentía en esa maldita situación, aun con un hombre atractivo elevándose sobre mí y abarcándome por completo? Lo sabía hasta antes de que me tocara, él era hombre suficiente para hundirme por completo en él y olvidar, pero ¿olvidar el qué, si no recordaba nada? Era todo demasiado confuso.

– Alguna vez. A la madame no le gusta que nosotras pasemos sed, porque entonces no nos ocupamos de saciar la de nuestros acompañantes. – respondí, correcta y demasiado superficial, pero tampoco podía esperarse mucho de mí si estaba atrapada por su mirada, demasiado azul en comparación con la mía, claridad contra una confusión que él no comprendía y que yo sólo era capaz de disimular algunas veces, no siempre.

No te preocupes, él sabe qué es lo que tiene que mirar, ¿o te crees que te está estudiando a ti?

No pude evitar molestarme por eso, ¿sería cierto que no me estaba mirando a mí aunque me tuviera delante? Sin embargo, me tragué la molestia enseguida y traté de pensar con claridad, porque no siempre estaba ella tan habladora y me daba tantas pistas. Sentía una idea formarse, casi podía leerla bien si me concentraba lo suficiente, sólo tenía que conseguir frenar un momento y...

Ah, no, eso no lo vas a conseguir.

– ¿Sólo te incumbe a ti, Dennis, en serio? Creía que teníamos una larga lista de seres como referencia. ¿Ya no te parezco una rata? – se me movieron los labios, salió mi voz de mi garganta, pero ni sonó como mi voz ni sonó, tampoco, como algo que yo diría. Ni toda la amnesia del mundo era capaz de hacerme dudar de eso: las palabras que acababa de decir no habían sido mías, no me pertenecían, pero en vez de huir por lo que acababa de pasar, decidí fruncir el ceño y mirarlo, apretando los puños para que ese dolor... ¿Qué? ¿La ahuyentara?

Soñar es gratis.

– Nos conocemos. O tú conoces a una parte de mí. Y ahora es cuando crees que estoy loca porque he reconocido tu mirada antes, me mirabas por primera vez, y después cuando he hablado he visto familiaridad. – razoné, como pude, si es que a balbucear cosas sin usar ni un poquito de lógica se le podía llamar así, pero no dejé ni que ella me interrumpiera ni que él interviniera porque estaba harta de que todos me mandaran callar y nadie me dejara expresarme.

– Pero no, no estoy loca. Y aunque yo no te conozco, hay algo dentro de mí que sí, y tú conoces a Alchemilla, ¿no? No es un nombre muy común, de eso estoy segura. – afirmé, mirándolo casi con desesperación, aunque mis palabras me sonaban débiles y casi sin fuelle hasta a mí, que era la que las había dicho o, mejor dicho, intentado afirmar con rotundidad.

Has sonado como una maldita presa intentando rebajarse la condena por pena y sin conseguirlo, eres patética. Déjame a mí.

– Ignora a la fulana, Dennis, ¿quieres? Es una situación circunstancial esta en la que nos encontramos, aunque dudo que le hagas ascos a este envoltorio como tampoco se lo hiciste al anterior en su momento. – afirmó, y ya no pude hacer nada, no era dueña ni de mis sensaciones ni de mis pensamientos, mucho menos de mis movimientos. Por eso, sólo pude asistir, atónita, al beso que ella le dio, y que aunque utilizó mi boca no se sintió como mío, sino mucho más agresivo, casi con odio, incluso con miedo...

Besar al coco no significa dejar de temerlo.



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Re: The "blessings" of excess are only a burden on us |Alchemilla Gillespie|

Mensaje por Dennis Vallespir el Jue Mar 15, 2018 10:34 am

A un hombre, mujer, ser vivo a rasgos generales, que haya soportado las torturas y deformaciones a las que la anatomía se ve sometida cuando abandona su humanidad bajo la luna llena que ilumina el proceso sin misericordia, pocas cosas pueden sorprenderlo en su naturaleza y mucho menos si están relacionadas con los cambios físicos. Eso podía ayudar a hacerse una idea de lo descomunal que era aquel descubrimiento que tenía delante, porque a pesar de estar manejándolo con su resistencia habitual —por muy inestable que fuera, la resistencia seguía siendo uno de los rasgos más fieramente inamovibles en Dennis Vallespir—, estaba sorprendido y a la vez, no le sorprendía nada estarlo cuando se trataba de la traicionera y desesperante Alchemilla Gillespie. A fin de cuentas, y aunque todavía no hubiera sido víctima de sus habilidades en el terreno, no dejaba de ser una maldita bruja. Para llegar a rivalizar con el resultado de una maldición sobrenatural, tenía que ser a lomos de algo igual de sobrenatural. Como, por ejemplo, la magia.

… Vaya, estaba realmente jodido si caía en la cuenta de que aquella pobre desgraciada no había necesitado de brujería para colisionar en su vida y aun así, lo había hecho en mitad de unas callejuelas mugrientas y ahora volvía a hacerlo en una puta bacanal de perfume y corbatas. Si esa vez también había de por medio asuntos de hechicería, no quería ni imaginarse en qué demonios se iba a ver envuelto. Sobre todo porque, además, había aumentado el número de personas implicadas. Menos mal que un libertino como él nunca había pensado que tres eran multitud. En eso las dos mujeres estaban de suerte.

O no.

—Joder, Alchemilla, ¿qué se supone que está pasando ahora? ¿A qué perros del averno más retorcido has ido a cabrear esta vez? —inquirió, después de volver a escuchar el tono despectivo y reaccionario de aquella voz que llevaba tanto tiempo sin perforar su mente. Dios, y todos los santos a los que apelaran los cristianos en este caso, sabían que al mundo no le convenía estar cerca cada vez que eso pasaba— Eres tú… Joder, casi no puedo creerme que seas tú —repitió, tan enfurecido como fascinado, mientras la observaba sin separarse un solo centímetro de esa posición invasiva y abrumadora entre él mismo, la joven y la pared, que por mucho que invadiera y abrumara se veía incapaz de liberar y menos cuando a pesar de todo, calzaba tan bien con la situación. Irónico, que algo que le permitía disimular frente al público inconsciente también lo acercara más y más al borde del precipicio.

Sin embargo, la otra voz que había presente se antepuso de nuevo y en su proceso de reconocimiento y asimilación, le recordó que seguramente provenía de la persona a la que en realidad pertenecía ese cuerpo. Esa vida a la que afectaba directa o indirectamente con su aparición —y a juzgar no sólo por el calor que mantenía en contacto sus pieles, era bastante directa—. De repente, la inestabilidad cromática de los ojos del licántropo se hizo todavía más caótica al debatirse entre la búsqueda de unos rasgos que ya no existían y la exploración del terreno descubierto, desconocido pero atrayente. Y aquel verde azulado que no dejaba de extenderse por toda ella, a pesar de lo intrusivo, se volvió arrolladoramente hipnótico. Apetecible.

—Tú no eres Alchemilla, de eso no hay duda —afirmó, ahora a la prostituta, más recuperado y con más solemnidad que como había empezado todo—. Si no es un nombre tan común, como tú misma dices, no creo que lo compartáis también. Sabes cuál es el mío y el de ella, pero… —y su mirada se detuvo en sus labios— ¿Cuál es el tuyo?

Como no podía ser de otra manera, justo cuando empezaba a reponer fuerzas en su cabeza y a maniobrar para alcanzar un poco de estabilidad, la hija de La Grandísima reapareció para interrumpirles y volvió a hacer lo que tan bien se le daba en su presencia: volver a ponerlo todo del jodido revés abalanzándose sobre él con su boca. El sabor y la carne de un recuerdo que habría bastado para desbancar a la luna llena y reunirse con la bestia que los dos conocían de sobras. Pero no aquella otra chica, y por muy curtida que estuviera en las atrocidades masculinas, nada la prevenía de enfrentarse a la piel del lobo. Era el coco de Alchemilla, pero eso no quería decir que no pudiera arrasar con el resto de almas que encontrara en su camino, y más si a pesar del duelo moral, también se sentía atraído por el otro extremo.

No cortó el beso enseguida, ni tampoco planeó acabar con las manos en sus muslos y recrear aquel empotramiento casi mítico contra la pared del callejón esa vez con la pared aterciopelada de aquella mansión, mientras permitía que el ardor y los jadeos formaran una espiral en torno a sus siluetas enmarañadas que ya no sabía a cuál de las dos mujeres le estaba provocando.

—'Situación circunstancial' para nosotros, pero… ¿También para ella? –rugió con la frente pegada a la suya tras el último mordisco, manteniéndola ahí presionada y sujeta— ¿O acaso te refieres a otra cosa? Porque te sigue encantando aparecerte en cualquier forma y tamaño, puerca, quizá no estés hablando de nosotros… —reflexionó conforme ataba cabos y hacía palpitar todo lo que encontraba arriba y abajo en el crescendo del acorralamiento— Joder, sabía que algunos vagabundos robaban, pero tú tenías que ir un paso más allá y hacerlo con los cuerpos. Dime, ¿qué ha sido del tuyo? ¿Es por eso que no dejas a la dueña de éste que se exprese? Escucha, seas quien seas, no permitas que esta loca de las calles se quede con el control absoluto, tú y yo tenemos experiencia con el resultado y no necesita explicación.



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Re: The "blessings" of excess are only a burden on us |Alchemilla Gillespie|

Mensaje por Alchemilla Gillespie el Mar Abr 03, 2018 9:10 am

¿Tendría él la más mínima idea de lo que se sentía en mi situación? Esclavizada en mi propio cuerpo, testigo de lo que alguien hace sin el más mínimo control ni la posibilidad más remota de controlar la situación; nada, sólo ver y dejarse guiar mientras la rabia te llena por dentro, completamente, y sólo deseas gritar. Imaginaba que algo parecido sí conocería, dado que era un lobo (¡y un coco!), pero jamás tal cual.

No, él no es esclavo de su naturaleza y de nadie, no como tú.

Sus palabras dolían, casi tanto como el beso del que se separó, no lo hice yo, cuando ambas necesitamos respirar, y quizá él también, ¿los monstruos necesitan respirar? ¡A saber! En un momento dado, fui capaz de volver a recuperar el dominio de mí misma e hice lo único que estaba en mis manos: cerrarlas en puños y utilizarlas para apartarme de él y que el aire, viciado pero fresco en comparación al inexistente entre nosotros dos, me pudiera aliviar un tanto.

Fulana, lo has disfrutado, no hace falta que mientas. Alchemilla sabe cuándo dices la verdad...

¡Cállate de una maldita vez, bruja estúpida!

Y se hizo el silencio. Tuvo un poso de molestia, y fui consciente de que la había enfadado, pero no se había ido por eso, sino porque la magia que ella poseía a veces se le volvía en contra y me obedecía a mí. Esos escasos momentos, valiosos como los que más, apenas se producían, y estaría segura de agradecérselos a alguna divinidad si supiera que había alguna escuchándome. Como no era el caso, opté por intentar tranquilizarme por mi cuenta, una vez gozaba del regalo inesperado del silencio y pese a no encontrarme sola.

– No sé cuál es mi nombre. – balbuceé. Me di cuenta, entonces, de que tenía las manos tapándome la cara, como si me resultara horrible la idea de volver a la situación de la que acababa de salir, y me obligué a bajarlas a ambos costados de mi cuerpo y a encararlo. No me haría nada, no tenía por qué hacerme nada; cualquier miedo que pudiera sentir por él era residual, parte de esa obsesión de Alchemilla por su coco, que no me pertenecía. ¿No...?

– No sé si esto es circunstancial o no. Todo lo que recuerdo, desde que puedo hacerlo, es esa voz constantemente ahí, susurrándome las cosas que cree que hago bien y mal y torturándome cuando no sigo sus mandatos. – resumí. Era muchísimo más complicado que eso, pero ¿cómo le decía eso a alguien sin que me tuviera por loca? Si había hablado era únicamente porque él parecía conocer a Alchemilla, la había reconocido, pero no por confiar en él. Si no confiaba ni en mí misma, ¿cómo iba a permitirme hacer lo propio con alguien más?

Ahogando un suspiro, me aproximé hasta que mi espalda quedó apoyada en la pared y, agotada de pronto por las circunstancias cada vez más fuera de mi control, me dejé resbalar hasta que terminé sentada en el suelo, apoyada sobre las rodillas y mirándolo desde abajo. Más o menos así me sentía, casi sentí ganas de reír por lo apropiado que era haberme vuelto diminuta en un mundo que parecía querer controlarlo y decidirlo todo por mí, pero me contuve porque eso habría sido una señal más de locura que ni él podría ignorar.

– No sé qué ha sido de su cuerpo. Tú la conociste... ¿Qué puedes decirme de ella? – pregunté, intentando por todos los medios no sonar tan suplicante como sabía que estaba haciéndolo. Debía aprovechar esos minutos preciosos en los que ella no se encontraba presente, sino enterrada en lo más profundo de una mente que no comprendía, la mía propia; debíamos usarlos porque no sabía cuándo iba a volver, y en cuanto lo hiciera, tal vez sería ya demasiado tarde.

– Supongo que su cuerpo moriría. No lo sé, pero me imagino que esa es la única manera de que ella haya necesitado de otra carne a la que aferrarse. – deduje, abrazándome por fin las piernas. Aunque no tenía manera de saberlo con seguridad, intuía que eso era lo que había pasado con la misma certeza que sentía, a veces, hacia otras cosas, como que había sido prostituta antes de que ella apareciera en mis pensamientos. Así que supuse que había muerto... Sólo para resucitar dentro de mí, fuera yo quien fuese.



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Re: The "blessings" of excess are only a burden on us |Alchemilla Gillespie|

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