Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Paradis de l'enfer [priv. +18]

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Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Erline D'Amencourt el Vie Abr 28, 2017 5:04 am

Humo rosa. El sonido de sus propias carcajadas la devolvieron al salón donde estaba sentada en un sillón de orejas, vestida sólo con la bata de seda china de un imposible color azul turquesa y bordados de flor de loto. El opio la había hecho alucinar y veía el humo de colores, pero ya se estaba pasando el efecto.

Últimamente se había aficionado peligrosamente a la sustancia, presa del aburrimiento, de la desidia, de que cada día fuera igual al resto. Como siempre, intentaba llegar al límite de las cosas, buscando en esa cercanía al abismo cualquier rastro de sensación nueva y estimulante. Pero el opio ya le había dado todo cuanto podía ofrecerle.

Con los ojos enrojecidos y una sensación de embotamiento, lanzó la pipa a la chimenea. No era lo que buscaba. La destrucción que causaban los opiáceos no valía la pena en comparación de las emociones que aportaban. Se hizo un ovillo en el sillón y se dejó llevar por el letargo que la sumió en una siesta de horas. No abrió los ojos hasta que alguien del servicio la sacudió suavemente. Tenía visita.

¿Visita? ¿Quién? no recordaba en qué día estaba. El maldito opio la había atrapado y realmente ya era viernes. ¡Ah! cierto, el viernes tenía programada ua cita con un nuevo y posible cliente. Su contacto de París le dijo que ese hombre valía la pena, que había estado un tiempo fuera de la ciudad, posiblemente preso, y que tenía negocios allende de los mares. Mmmmmm...un preso. Esperaba que hubiera cometido algun delito mejor que estafar al erario público, quizás fuera interesante conocer a un asesino, pues la mayoría de sus clientes sólo eran tiburones de los negocios, ratas que urdían complots en la sombra. ¿Miedo? en absoluto. Su vida no corría peligro, nadie de alta clase mataba a una prostituta de su calaña cuando podían tenerla y disfrutarla sin temor a represalias. Ella enganchaba como la más potente droga, era su opio particular, su adrenalina, la emoción que le hacía falta a sus tristes vidas. ¿Pero quién le daría esa emoción a ella? Tendría que seguir buscando.

-dile que espere, estaré en unos minutos, ofrécele algo de beber.

No era cortés hacer esperar, pero por otro lado aumentaba la curiosidad de quien esperaba. Subió la escaleras y se metió en la bañera, necesitaba sacudirse el embotamiento que las amapolas le habían producido. Se colocó un camisón de seda china, color perla, con toda la espalda surcada de tiras de encaje que lo sujetaban a su estilizado cuerpo, y encima otra bata, esta vez negra, también de seda, con tigres y dragones orientales bordados en colores cálidos como el naranja, el rojo y el ocre. Por la algo la llamaban la Viuda de Seda.  Su pelo húmedo lo recogió con un palito de plata en forma de aguja terminado en un brillante (que perteneció a la anterior emperatriz china) y bajó las escaleras liviana como una hoja hasta entrar en el inmenso salón donde habían hecho pasar al desconocido.

- buenas noches monsieur. Siento la espera.- Algo en su lenguaje corporal, en sus gestos y en su expresión, decían que no lo sentía en absoluto, pero esa dualidad que destilaba la rodeaba como una misteriosa aura. Fijó sus ojos de gata en la figura que tenía delante. Vaya sopresa... era joven y estaba bien hecho. Un delicuente en toda regla, la velada empezaba bien.- me atraparon los brazos de otro hombre, uno al que llaman Morfeo, y no me pude resistir. ¿Le han servido algo de beber?


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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Joe Black el Vie Abr 28, 2017 9:48 am

Desidia, eso era lo que embargaba mi cuerpo por las calles de París. Desde que logré escapar de mi eterna prisión había disfrutado de muchos placeres, un compromiso truncado por no ser capaz de contener lo que era, una bestia sedienta y noches de masacres sin fin que delataban que uno de los Black había vuelto a París.
No entendía ese miedo que mostraban mis hermanos, la mayoría recluidos en sus prisiones voluntarias, se encargaban de manejar desde estas el paso de la vida del resto de la humanidad.
Assur aun seguía sumergido en la alta sociedad vampirica, mas se empeñaba en mantener un equilibrio entre el consejo, el resto de vástagos y nosotros.
Frenaba mis ansias de hacer lo que fuera necesario para demostrar que nosotros eramos los herederos de Cain y que el resto descendían en linaje de uno de los siete originales ¿como osaban sublevarse contra sus padres?

Yo no temía al caos, de echo estaba convencido que para que una civilización surgiera, la anterior tenia que perecer.
Yo era no de esos jinetes de la apocalipsis, solo que los demás me habían abandonado acomodados a una vida mundana que no aportaba nada mas.
Odiaba la paz pues fui educado para la guerra, mas de momento, le daría a Assur esa tregua que me había pedido.

Volviendo a lo que acontecía aquella noche, mi desidia. En el prostíbulo del Satne había probado distintos lechos, muchas mujeres de todos los colores, olores y sabores y mi placer se reducía al momento en el que las embestía dejándolas trémulas sobre el lecho, pues después volvía esa sensación de vació que colmaba con opiaceos, alcohol y sangre.
La madam me recomendó acudir a una mansión donde al parecer una mujer ejercía de forma selecta la prostitución.
Decía que su cuerpo era un fruto que jamas habría probado, mas fuerte que las drogas, pues quien probaba su piel quedaba sentenciado a ella.
Me sonó a reto, y nada me atraía mas que la promesa de la perdición.

Aquella noche me calcé mi mejor traje, uno echo a medida que me quedaba como un guante. Sin corbata, pero elegante monté de forma salvaje sobre mi negro corcel y atajé esa distancia que separaba su mansión de la mía.
Empezaba el juego y estaba dispuesto a apostar y perder si lo que ponía sobre la mesa valía la pena como para arriesgarlo todo a una carta.
Una doncella me hizo pasar a una gran sala de estar, decorada para la ocasión. Mis pardos se perdieron en los distintos cuadros, todos con escenas eróticas, orgías, placeres ocultos por mascaras y un retrato de un cuerpo desnudo dándome las espalda. Larga cabellera que se perdía en su culo, redondo, terso y dispuesto.

La mujer no tardó en volver, al parecer la puta se iba ha hacer de rogar, una copa de bourbon servida en mi mano y mi reloj de bolsillo haciendo tic tac.
Apuré la copa entre mis labios con la misma desidia que me había llegado a ese lugar, tiempo, eso era lo que me carcomía, había disfrutado de una eternidad, mas a su vez había estado preso casi una vida.
Tiempo que pasaba sulfurando a la bestia que en mi interior rugía clamando la presencia de esa mujerzuela a la que pensaba pagar.

Mis ojos se perdieron finalmente en ese cuerpo cubierto de satén que con altivez y cierto deje de indiferencia se presentaba ante mis ojos.
Como una diosa griega, su belleza no conocía parangón, unas disculpas que me pusieron a mentira y el contoneo de un cuerpo que desprendía una fragancia a frutada por la que cualquier hombre hubiera perdido la razón.
Solo había un inconveniente para que su plan maestro funcionara y dejarme embobado esperando mi turno para perderme en su inmaculada piel, que no era cualquier hombre, de echo, ni siquiera era un hombre.
Ladeé la sonrisa sin pronunciar palabra alguna, mi cuerpo se orillo al ajeno dejando la distancia adecuada para que lo quisiera todo sin darle nada. Como el depredador que era, la volteé apreciando la mercancía que estaba dispuesto a probar si llegábamos a un satisfactorio precio por tal manjar, mas antes algo tenia que quedarle claro.

Mis dedos rápidos afianzaron el punzón de su pelo haciendo que este cayera en cascada salvaje sobre sus hombros.
Pude ver su desconcierto frente a mi atrevimiento, quizás demasiadas confianzas para un primer encuentro sin monedas de por medio.
Mi mano en su mentón para que me mirara con esos ojos desafiantes, solo una advertencia que no necesité enmascarar.
-No me gusta esperar -sentencié contra sus labios sin tan siquiera tocarlos.
Mi aliento se perdió unos instantes en su boca hasta que la distancia volvió a reinar ante ambos.
-Seré sincero, estoy aquí porque me han dicho que vos sois todo un reto ¿estáis dispuesta a jugar y perder todo lo ganado hasta el momento?



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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Erline D'Amencourt el Vie Abr 28, 2017 5:44 pm

Ohm. Una fiera salvaje rondando a su presa, eso es lo que le parecía el extraño. Así que no le gustaba esperar. Erline recuperó el gesto en apenas medio segundo, no era fácil de intimidar, había estado expuesta al peligro desde los doce años. No le duró mucho la época en la que las noches eran largas y odiosas, en las que el control de su cuerpo y su vida no lo tenía ella, hasta que un día de tormenta entendió que la fragilidad no servía de nada, no inspiraba compasión a nadie. Era mejor ser la araña que tendía la tela que el insecto que caía en ella.

Entreabrió los labios lo justo, mientras el caballero respiraba sobre su boca, y se humedeció los labios antes de contestar. Sus manos habían recorrido su bata sin pedir permiso y el cuerpo de acero de aquel dios griego era muy apetecible, pero la Viuda de Seda sabía cómo jugar a aquella excitante partida.

- Le han informado bien. Pero entonces... dígame. ¿qué es lo que desea? ¿un alivio rápido?...- fijó sus ojos líquidos sobre los del hombre y se movió despacio desplazándose hacia un lado y sentándose en el sillón.- Eso puede proporcionárselo cualquiera. Todas las mujeres saben abrirse de piernas..- acompañó sus palabras con un movimiento, abriendo las piernas provocativamente, sin llevar nada bajo el camisón. Se estiró como una gata al sol y cruzó de nuevo las piernas.- Pero no. Usted va buscando otra cosa... Puede tomarlo ahora, sin más, nada se lo podría impedir... o puede dejar que haga lo le han dicho que hago. Pero para eso primero hay que ser... prácticos.

Apoyó el codo sobre el reposabrazos y se sujetó la cabeza con una mano, haciendo que su larga melena pareciese una cortina alrededor de su cabeza.
- todo tiene un precio, pero lo discutiremos después.- se levantó y caminó alrededor del vampiro, aunque no sabía que lo era, sabía de su existencia por alguna compañera, pero no había visto ninguno. Posó sus dedos sobre la cintura esculpida del caballero y los deslizó por las lumbares a la vez que lo observaba caminando alrededor suyo.- No puedo llevarle al abismo que desea si no sé cuál es...¿tiene un sed que no sabe cómo saciar?... deje que la toque con mis manos y me la beba..- hablaba figuradamente, sin saber que la metáfora estaba siendo en realidad bastante literal.- ¿tiene un deseo oscuro corroyendo sus entrañas? enséñemelo, sabré liberarlo. Tiene el paraíso del infierno justo al otro lado de ese abismo... deje que le lleve al borde y lo empuje...porque usted busca ese "algo más" que le falta...¿cierto?.

Se detuvo frente a él y deslizó los dedos que iban palpando su anatomía sobre el traje hasta alcanzar su nuca, que le sirvió de apoyo para apretarse contra él y hablarle a apenas un centímetro de su boca, igual que había hecho Joe apenas unos segundos antes.

- o puede follarme como a un animal, salir por la puerta y no recordar jamás esta aburrida noche. Usted elige.

Se mordió el labio inferior imperceptiblemente y se separó de Black dirigiéndose a la mesa donde reposaba el vaso de bourbon del cainita, el cual cogió entre las manos. Hizo el gesto de apurarlo, incluso llegó a pegar el borde del baso a sus labios pero luego lo dejó sobre la mesa y giró el rostro con la sonrisa bailando en los ojos, pero sin asomar a la boca.

- Tic, tac. El tiempo corre.


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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Joe Black el Dom Abr 30, 2017 3:32 am

La dama no se amedrento, algo que sin duda jugó a su favor. Si algo me aburría mas que una puta era una dispuesta a complacer.
Ladeé la sonrisa cuando esta puso distancia entre nuestros cuerpo, era de las pocas que lo hacia, quizás porque estaban acostumbradas a viejos babosos o insulsos hombres de negocios a los que no se les levantaba al final del día.
Por contra yo no era nada de eso, claro que eso ella aun no lo sabia.

Me relamí los labios fijándome en su ojos líquidos que me contemplaban con un reto velado en la mirada.
-¿Un alivio rápido? -reí ante sus palabras, ambos sabíamos que no había venido a eso -todas las mujeres saben abrirse de piernas y todos los hombres hundirse en ellas. Creo que coincidimos en eso señorita...? -dije esperando que me dijera su nombre pues las presentaciones no habían sido dispuestas.

Sus piernas se abrieron en el sofá acompañando a cada una de esas excitantes palabras que parecía arrastrar frente a mis ojos dispuesta a hacer magia con ellas como la buena aduladora que era.
Mas no le faltaba razón en ninguna de ellas.
-Me gusta ser practico, no necesito sentimientos de por medio, solo el infierno ¿puedes ofrecérmelo? -mis ojos centellearon frente a su mirada.

Estaba dispuesto a pagar cualquier precio siempre que ella cumpliera su parte, arrastrarme al abismo mas oscuro y después soltarme.
-No necesito faro, ni ancla, ni siquiera barco para desafiar la tormenta, quiero que me aboques a ella y me dejes tan indefenso que tenga que suplicar por un cabo al que aferrarme ¿lo entiendes?

Ciertamente jugaba con una ventaja sobre ella, mi inmortalidad, esta había convertido mi vida mundana en desidia y ahora necesitaba volver a aquellos años pasados donde cabalgaba creando el caos junto a mis hermanos.
-Muchas son las mujeres que me han prometido algo distinto, nuevo y la mayoría esta bajo tierra en este momento.
No soy un buen hombre, de echo la mayoría podría asegurarle que ni siquiera soy un hombre si no mas bien una bestia ¿entiende en l oque se esta metiendo ofreciéndome sus piernas?

Parecíamos dos titanes sin darnos tregua, sus dedos por mis abdominales, dorsales y esa mirada en la que juraría ver al mismo demonio si no supiera que este lo tenia ella enfrente.
Sus dedos en mi nuca, me atrajo despacio, labios entreabiertos que no se rozaron pero si se acariciaron con el incinerante aliento del otro para acoger sus palabras.
-No sera rápido pequeña, mas no juraré que no dolerá.

Se separó de mi para contonear sus caderas hasta la mesa donde quedaba mi vaso de bourbon, lo llevo a sus labios sin dejar de mirarme, no dio ni un trago cuando lo devolvió a su lugar emitiendo con sus labios un ronroneo en forma de tic -tac.
-¿cuando empezamos? Estoy deseando comprobar de lo que sois capaz y si valéis lo que decís, si os convertís en una necesidad para mi, yo seré vuestra droga, por lo único que deseareis vivir.
En ese momento ella desconocía cuanta verdad encerraban mis palabras, mas algo me decía que tarde o temprano lo descubriría.



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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Erline D'Amencourt el Dom Abr 30, 2017 4:13 pm

Escuchó detenidamente sus palabras, las mujeres que le habían ofrecido algo distinto estaban bajo tierra. Una bestia. No era un bueno hombre, ni siquiera era un hombre... ahá. Era un asesino, y por eso lo habían condenado y apresado. ¿Y no era mucho peor aprovecharse d ela economía y que el pueblo muriese de hambre? ¿no había tanto delito en eso como en las manos manchadas de sangre de aquel hombre? Ella no era nadie para juzgar, la vida era ambigua, sólo se regía por un solo principio: ella misma. Si era bueno para ella, estaba bien, y punto.

Erline, pero muchos me llaman la Viuda de Seda. Adivine por qué.— le hizo una mueca irónica, pues iba vestida porcompleto de seda.— Hablemos del precio entonces y no perdamos más tiempo. No le voy a pedir dinero, señor...— dejó puntos suspensivos en su pregunta invitándolo a decir su nombre.— Dicen las malas lenguas que ha estado usted preso y acaba de decirme que sus manos están llenas de sangre, que no es un buen hombre.— hizo una larga pausa y sonrió ladina balanceando el vaso entre sus dedos, confiada como una gata de su letal belleza. — Quiero que me invite a cenar...en la capilla de la cárcel de la Bastilla. Solos usted y yo. Consiga eso, y daré por pagada esta noche.

Podía pedir el mejor restaurante, podía pedir joyas, dinero y bailes de cuento. Pero quería cenar en la maldita iglesia de una cárcel. Porque quería ver a Joe Black entre esas rejas y enfrentándose cara a cara a Dios si es que éste existía. Ella creía que no, pero no sabía qué creencias podía tener él. Posiblemente tampoco creyese en dioses, pero su objetivo no era ir a rezar a la capilla, obviamente, y tampoco a cenar, esa era la excusa, aunque posiblmente acabasen de rodillas. Aquello iba a ser un sacrilegio en toda la regla, pero la idea la estaba poniendo a cien. El único inconveniente es que había más soldados allí que en toda Francia y Black tendría que mover muchos hilos para conseguir algo así.

Una vez lanzado el reto y sopesada la reacción del invitado finiquitó la copa de bourbon dejándola sobre la mesa. El vaso se volcó y rodó, pero la dama no le hizo ni caso, caminó hacia Black y posó las manos en su camisa deslizándolas hacia arriba hasta agarrar el cuello y estrecharlo con un movimiento brusco.

No prometo que el infierno no vaya a dolerle también a usted... pero no voy a enseñarle mis cartas aún, señor Black, se tendrá que conformar con un vis a vis de presentación, al menos hasta que compruebe que un Black paga sus deudas.

Tiró con saña de la camisa abriéndola por el medio, haciendo saltar todos los botones. Que se comprase otra, se notaba que era pudiente. Paseó sus jugosos labios por el pecho del hombre, y le sorprendió lo fría que tenía la piel. Ella ardía, tenía el sol de Haití que heredó de su madre metido en las venas.— ¿tiene alguna preferencia? en esta mansión hay todo tipo de habitaciones.




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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Joe Black el Lun Mayo 01, 2017 8:56 am

Por fin la cosa se ponía interesante, hablar de negocios, ahora me diría su precio, uno que fácilmente podría pagar. Mi economía me permitía comprarlo todo y desde luego una mujer no iba a ser la excepción a ese todo.
Claro que no esperé sus siguientes palabras, al parecer no era dinero lo que ansiaba, como no, con esa pudiente mansión, dudaba que atesorar monedas fuera su hobby.
Quería una romántica cena en la capilla de la prisión la Bastilla, juro frente a lo dioses que la risa me sobrevino, desde luego que esa mujer era diferente.
-Pensé que me pediría una cara joya -sentencié con cierto deje de diversión en mi voz -sinceramente dios y yo no nos llevamos excesivamente bien señorita Erline, discúlpeme si la tuteo.

Mis ojos delinearon su cuerpo con deseo, mientras su clara mirada me desafiaban como nunca otra lo había hecho.
-dudo que sea invitado con facilidad a la casa del señor, mas, si eso deseáis, cenaremos frente a ese triste cristo crucificado, os doy mi palabra. Claro que no prometo que no sera una noche difícil de olvidar, el demonio no tiene las puertas abiertas en ninguna capilla ¿espero lo comprendáis?

El vaso rodó por la mesa cuando finalicé mis palabras, poco o nada le importo mi amenaza velada, mas bien creo que vi reflejada en su cara la emoción del peligro que un asesino despiadado netre sus piernas le causaba
Cuan equivocada y acertada estaba al mismo tiempo la dama.
Ladeé la cabeza al sentir su cuerpo orillarse al mio con descaro, mi boca se entreabrió acogiendo su aliento y con ellas esas palabras que me prometían dolor.
-Soy adicto al dolor viuda de seda, una costumbre que he adquirido en i largo encierro plagado de torturas, así que “no se contenga” -susurré contra sus labios -a fin de cuentas va a necesitar mas de un as en su manga de seda.

Tintineo de los botones cayendo al suelo, sus manos aferrando mi camisa que se abrió por el brusco tirón de las manos de la dama
Ladeé la sonrisa, atrayendo sus caderas hasta que impactaron contra mi alzada virilidad.
Su aliento choco contra el mio, dos titanes templándose, depredadores que analizaban las debilidades del adversario antes de abalanzarse sedientos de sangre.

Labios carmesí que recorrieron mi pecho frio como el hielo pero que bajo estos ardía como el fuego.
-Aquí -sentencié sin mas alzándola de las nalgas para dejarla caer con violencia sobre la mesa. El vaso de buurbon vació aun rodaba por esta, asomó al borde del precipicio y como fiel ejemplo de nosotros mismos estalló contra el suelo haciéndose añicos.
Vidrios bajo mis botas, satén arremangado y solo unas bragas que rompí sin darle tregua.
Era pudiente, podría comprarse una colección de estas.

Nuestros labios colisionaron sedientos del otro, aquel encuentro solo seria un calentamiento, el inicio de algo que seria excitante, peligroso y esperaba que adictivo.
-¿sientes el infierno? -le pregunté arrastrando mis dedos por su delicado muslo rumbo a su caliente feminidad.
Negó jadeando contra mi boca, una daga ocupo rauda el lugar de mi mano, ahora si logrando estremecerla, la hoja la paseé por sus labios bajos, surcando lentamente la trinchera que se mojaba contra el frió del acero.
-¿no he prometido que no os dolerá -gruñí observando sus oscurecidos ojos -¿deseáis continuar?






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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Erline D'Amencourt el Lun Mayo 01, 2017 3:58 pm

Una cena "romántica" no era la definición exacta de lo que deseaba, era más bien "un polvo sacrílego en la iglesia de una cárcel". Pero daba igual, había accedido y ese era el punto. Y ahí estaba la bestia feroz respondiendo a sus labios.

Supuso que Black también estaría de acuerdo con un primer encuentro de "aquí te pillo, aquí te mato" pero esperaría que el siguiente fuera a otro nivel. Bueno, realmente estaban allí, sin nada mejor que hacer, y sería un desperdicio negarse aquella carne tan bien puesta. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba de un buen cuerpo. La mayoría de sus clientes solían ser hombres que superaban los 50 años, pues esa era la franja de edad media a la que se tenía una buena fortuna. Algunas veces había estado con hombres apuestos o bien hechos, pero eran las excpeciones, y se agradacía un cambio tan apetitoso.

Le arrancó la ropa interior, como no esperaba menos, pues ella le había reventado la camisa, y cuando notó sus dedos surcando el laberinto de su piel, reaccionó de inmediato humedeciéndose. Recorrió con sus labios la nuz y el cuello del vampiro cuando notó el frio metal intercambiarse por los habilidosos dedos. Se contrajo un instante, dudaba que fuera a rajarla, no tendría puto sentido, pero si así era pues... de algo había que morirse, el día que le tocase ella no podría hacer nada para impedirlo, aceptaba que su vida no estaba en sus manos sino en las del destino. Agarró el pincho de plata que estaba sobre la mesa, el que le había quitado Joe para soltarle la melena y lo pinchó entre las costillas, hundiendo sólo la punta que era como un punzón y acto seguido lamió su barbilla sin soltarlo.

mientras no estropee nada que luego se lamente de haber perdido...— susurró. Una puta fea y marcada por cicatrices no era deseable. Esperaba que Black no fuera de ese tipo de hombres que cargaban con saña contra una mujer para luego dejarla en la cuneta. Esperaba que tuviera intención de darle aún algo más de utilidad, porque los sádicos eran peligrosos, pero lo eran más si sus víctimas les entregaban su miedo y su dolor.

Tener una daga entre las piernas era bastante sobrecogedor, pero ese punto de miedo la excitaba más, y sí estaba dispuesta a ir más allá, prefería morir en el más intenso de los placeres que vivir una vida de muchos años teniendo que necesitar a alguien que le limpiase las babas, sola y decrépita. Y si Joe se pasaba de la raya, ella no dudaría en defenderse como fuera, no tenía escrúpulos; era una puta, había hecho de todo lo que implicase fluidos corporales, sangre incluida.

Tras lamer la barbilla cazó sus labios y se afanó por besarlos, morderlos e invadir con su lengua el terreno vetado.


Última edición por Erline D'Amencourt el Mar Mayo 02, 2017 4:07 pm, editado 1 vez




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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Joe Black el Mar Mayo 02, 2017 12:07 pm

La viuda de seda no se amilano ante la idea de una daga paseándose sobre su gran don. Ladeé la sonrisa al sentir sus labios impacientes recorrer mi nuez, mi cuello, cálido aliento que erizo mi piel y como no, el filo del punzón que se hundió ligeramente en mis costillas mostrándome que yo no era el único depredador, aunque sin duda si el mas peligroso de los dos.

Ladeé la sonrisa al escucharla hablar contra mi boca, esa que tomo salvaje, sin miramientos, colisionando con vigor para que nuestras lenguas serpentearan venenosas en un duelo a dos.
Mordí su mandíbula, un jadeo escapó contra ella, su cuello, aquella vena palpitante bajo mis labios, el olor era demencial y mi sed abismal.
Sus montañas se convirtieron en el lugar que coronar, sus duros pezones contra mi lengua, pechos que saqué con mis manos de esa seda rasgándola a mi paso con tal facilidad que el encuentro se convirtió en el de dos fieras incapaces de parar.

Descendí por su vientre, ombligo hasta que el monte de venus aun acariciado por la daga acaparó mi atención.
Elevé la mirada hasta la ajena, su boca entreabierta y sus ojos puestos en la mía. Por ella pasé la daga, ahora caliente por el contacto con su piel, mojada por su sexo, sabia deliciosa y mejor iba a saber.
Volví a dibujar sus labios bajos con el filo, esta vez sajando en a cara interna de estos un diminuto corte que la hizo sangrar, y que quedaría cerrado en cuento mi boca entrara en contacto.

La daga cayó al suelo, ella gruño de placer y dolor, en ese momento hundí mi lengua en su feminidad, apoderándome del sabor férreo de la sangre que se fundía con el elixir de su excitación.
Aferré las caderas con las manos atrayendola mas contra mi. Su cuerpo tumbado sobre la mesa, gimiendo por el desenfrenado moviendo de mi lengua contra su botón.

Jadeé calcinando su feminidad con mi aliento, serpenteé por la trinchera de su sexo, mientras esta se arqueaba en la mesa necesitada de mas, todo a decir verdad. Sus dedos en mi pelo, tiró de mi hundiéndome en su interior.
-¿La bastilla? -susurré entre jadeos roncos sintiendo como se mojaba cada vez mas y mas.
Tiro de mi pelo para que ascendiera, quería sentirme dentro y yo follármela.
Gruñí cuando de nuevo nuestras bocas colisionaron violentas, sus manos buscaban liberar mi hacha de guerra. Botón del pantalón que cedió bajando lo justo para que mi hombría rugiera en busca de su laberinto mas que dispuesto para ser devastado en esta gesta.
Mis rodillas en la mesa, sus piernas alzadas sobre mis hombros y nuestros sexos acariciándose, bailando para el otro, hasta que el martillo golpeó el yunque y de un golpe me introduje en su interior con rudeza.
Sus paredes me envolvieron, mojadas, sedientas, calientes. Mi mi miembro se bario paso entre ellas entrando y saliendo casi al completo mientras ambos jadeábamos contra la boca del otro.




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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Erline D'Amencourt el Mar Mayo 02, 2017 4:51 pm

Sintió el corte en los labios inferiores, dolía menos que un desgarro, podía llevarlo. Había practicado cosas más espeluznantes y dolorosas. Lo que no esperaba es que le gustase lamer la sangre, eso era más... raro. Pero bueno, la gente tenía filias y fetiches bastante extravagantes y ella no juzgaba a nadie,  prefería probar para opinar. Y de todas formas era la opinión de una puta, así que no contaba; pero si le hubieran preguntado, le había gustado la combinación.

¿Iban a empezar con sexo oral? bien, no diría que no a una buena ración de placer gratuito, y además el moreno parecía saber lo que se hacía, el delincuente no estaba decepcionando por el momento.

si... en la Bastilla...quiero ponerte ... mmmm... ahhh...de rodillas a rezar...— se retorció de placer pero conseguía contenerse lo suficiente para replicarle y azuzarlo más. Al parecer las provocaciones veladas surtían efecto en Black. Era curioso como cada hombre tenía sus propios mecanismos y lo que funcionaba en unos no funcionaba en otros. El placer que la invadía era salvaje y abrasador como el de la lava volcánica, o quizás es que ella ya hacía tiempo que no se daba un homenaje con un cuerpo diseñado para los pecados más oscuros como el del vampiro.— si sigues así, seré yo quien tenga que pagarte y no al revés...— gruñó cuando aprisionó su clítoris con hambre y lo torturó hasta que la electricidad se apoderó de su espina dorsal enviándole descargas intensas de escalofríos. Hasta que por fin se elevó sobre la mesa y la acometió con la furia de quien acaba de ser aceptado en el Edén. Jadeó contra su boca, entreabriendo aquellos labios henchidos de deseo, mordiendo, lamiendo y acariciando con la lengua cada centímetro de piel que se ponía tiro. A esas alturas debería pasarle desapercibida su temperatura corporal, dado el momento ardiente que estaban compartiendo pero algo no le cuadraba. Seguía frío, como si nada lo consiguiera destemplar, como si el deseo incendiario no llegara a su piel. Era inquietante, quizás hasta desagradable, aunque lo demás estaba siendo tan placentero que lo pasó por alto.

Abrazó su cintura con las piernas y se movió en una danza sensual acompañando cada movimiento con el propio cuerpo y emitiendo de vez en cuando algún jadeo, algún gemido y otros tantos suspiros. Cada vez que sus miradas se encontraban se medían de nuevo, provocaban al contrario alentándole a ir un poco más allá; un poco más fuerte, un poco más rápido, un poco más profundo... hasta que la danza comenzó a fundir la seda dejando sólo carne trémula.




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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Joe Black el Miér Mayo 03, 2017 4:16 pm

Pronto la viuda de seda se fue contra mi boca, ladeé la sonrisa complacido por sus palabras.
-Quizás algún día os lo cobre -sentencia deslizando mi mirada turbia hacia mi envainada espada.
-¿Porque no me ayuda con mi bragueta? -musité deteniéndome a escasos centímetros de ella, contemplando sus profundos ojos azul mar y deslizando mi mirada hacia aquellos labios carnosos que ahora se entreabrían frente a mi.

No espere una respuesta, para que mentir, era demasiado impaciente para hacerlo, la quería y para ya.
Enrede mis dedos en su cabello y tire de este con firmeza, dejando así su inmaculado cuello al descubierto, que lamí deleitándome en su sabor y olor hasta llegar a su mandíbula casi perfecta. La recorrí rozando mis dientes de principio a fin, terminando con un jadeo frente a su boca.

Para ese entonces mi hombría luchaba por salir de mis pantalones, impaciente por que la dama la liberara.
-Os deseo -susurre frente a su boca mientras mi mano soltaba su pelo y bajaba salvaje recorriendo su espalda., camino hacia sus nalgas.

Su mano me complace, buscó el botón y de deshizo de este clavando sus esmeraldas en mis pozos oscuros de deseo.
No lo dude, como martillo contra yunque me hundí gruñendo en su interior.
Tomé sus nalgas con fuerza, metiendola y sacándola entera de su laberinto, envistiendola una y otra vez. Su cuerpo se arqueo por pura excitación, apoyando su cabeza contra la madera con la boca entreabierta mientras mis labios succionaba su turgentes pechos.
Lamí sus pezones que botaban con cada sacudida, corone la cúspide de sus montañas, arrastrando por ellas mis dientes, devorando su piel con mi boca.
-¡Mas! -rugí contra su cuello, ahora lamiéndolo y mordiéndolo salvajemente.

Sentía que estaba apunto de explotar, mi polla vibraba con fuerza en su interior, paredes que la envolvían húmedas y calientes, contrastando con mi marmoleo cuerpo.
Sus uñas en mi espalda, gruñí nuevamente, sintiendo su deseo, entre mas dentro, mas fuerte.
La mesa crujía con cada brusco movimiento, la empalaba sin tregua, los dos nos habíamos perdido en una danza infernal que no conocía rival.

Sus caderas me buscaban en un delicioso vaivén, sin duda era una experta en complacer, gemía contemplándome, regalándome el placer que dibujaba su rostro mientras se mordía los dedos para que no la oyera el servicio.
La imagen de la mujer expuesta sobre la mesa, con el pelo castaño en forma de abanico, sus pechos alzados rebotando frente a mis ojos y acariciados, ofrecidos por ella a mi boca una y otra vez entre suplicas de que los tomara me estaba volviendo loco.

Le llevaría la misma Bastilla a su casa si eso me pedía, gruñí entrando hasta las profundidades de su feminidad, arrasando todo a mi paso, sembrando el caos, un ultimo gruñido cuando mi hombría convulsionó en su interior.
La empujé de las caderas para meterme mas dentro, últimos coletazos de mi hombría en su interior mientras caía sobre ella por unos instantes para recuperar el aliento.

Nuestras respiraciones se acompasaron, me alcé regalandole una ladeada sonrisa antes de salir, enfundar mi miembro y volver a colocar el pantalón en el sitio.
-Un placer, os avisaré cuando tenga la Bastilla para los dos -dije hundiendo mis tempestades en sus verdes.




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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Erline D'Amencourt el Jue Mayo 04, 2017 10:58 am

No pudo reprimir media carcajada por la salida tan teatral que había tenido el señor Black. Llegó como un espectro, se comportó como una tormenta y se fue con las prisas de un ladrón irrespetuoso encantado de conocerse a si mismo. A cualquier aficionado al espectáculo, le hubiera gustado presenciar ese. A fin de cuentas la vida era un inmenso teatro donde cada cual interpretaba su papel y se tomaba las licencias que creía pertinentes.

Joe Black había conseguido su atención, tenía un cuerpo pensado para el pecado y una ausencia total de moral, unido a un comportamiento digno de un vodevil. Oh, sí, le había gustado. La toma de la Bastilla iba a ser memorable.

Pasaron los días, y no supo nada más de aquel hombre de tacto frío y oscuros deseos. Empezaba a pensar que habría perdido el interés y que lo prometido no sería deuda. Tampoco pasaba nada, no es como si le hiciera falta el dinero o la hubieran traicionado, pero tenía buenas expectativas sobre él y con el paso de los días se iban diluyendo. Al menos un buen polvo se había llevado. No debía ser fácil conseguir la capilla de la Bastilla... bah! mejor no pensarlo, había más ojos y más manos interesados en ella, prefería vivir al límite cada momento y no pensar en el mañana.




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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Joe Black el Jue Mayo 04, 2017 1:26 pm

Había pasado casi una semana desde mi encuentro con la viuda de seda. No es que me costara lograr que la capilla de la bastilla quedara dispuesta para nosotros, si no mas bien que mi vida había estado sumida en un caos.
Disponía de mucho dinero, el problema es que tras pasar siglos preso por la inquisición, nadie me conocía, meterte en los negocios de los mas poderosos siempre conllevaba tener hilos de los que tiras, apellidos y aliados y esa era mi pretensión cuando monté aquella fiesta de compromiso donde las mujeres solteras acudieron como moscas.
Quizás debí elegir una sumisa que me esperara en casa abierta de piernas, pero supongo que la idea de doblegar a una cazadora me excitaba demasiado como para dejar pasar la oportunidad.

Con la viuda de seda por el contrario, disfrutaba de el placer de ser yo, sin necesidad de poner la mascara frente a esa sociedad marchita que me importaba una mierda.
Con ella era placer en estado puro, mi momento de paz tras todo este caos, aunque sinceramente pensaba mas bien entablar una batalla a muerte entre sus piernas.

No lo dudé, en cuanto tuve una noche para mi, pedí que enviaran un cochero a por ella a su casa, no pregunte si tenia planes o por el contrario estaba esperándome como si fuera lo único que existiera en su mundo.
Fuera como fuera, no aceptaría una negativa, así que vestido para la ocasión, tome mi negro corcel y me crucé de punta a punta París rumbo a la Bastilla.

Todo estaba dispuesto como ordené, la capilla había quedado vacía y cerrada para nosotros.
Al lado del altar una botella de vino tinto, dos copas y algo de fruta para degustar.
Me quité la chaqueta lanzandola sobre uno de los bancos de las primeras filas, aflojé el nudo de la corbata dejándola caer abierta sobre mi pecho. Caminé sereno contemplando las distintas imágenes cristianas.
Tenia que reconocer que aquellas figuras eran interesantes, reflejaban otra época, otros tiempos...
Allí cristo crucificado, el salvados de la humanidad, el que dio su vida por la del resto.
Sonreí con cierta diversión pintada en el rostro, mientras ladeaba ligeramente la cabeza contemplando aquella replica inexacta de su dios.



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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Erline D'Amencourt el Vie Mayo 05, 2017 5:49 am

Afortunadamente cuando el cochero llegó reclamándola de parte de Joe Black, no tenía ningun plan. Esa noche estaba sola en su mansión, tomando un baño y leyendo a Moliere, del cual iban a representar una obra en breve en el Teatro Royal. Así que ese demonio de fría piel había conseguido que le cediesen la capilla de la cárcel más famosa del mundo... esa noche pintaba interesante.

Salió del baño y aplicó una gota de un aceite oriental sobre las muñecas, de inmediato su piel emanó el sutil aroma de la madera, el jazmín, la orquídea y el sándalo. Se vistió acorde para la ocasión, ella era la viuda de Seda ¿no? su vestido era negro como la noche, de ese suave material, con intrincados bordados de colores y ceñido a su cintura como un guante. Escogió con esmero la ropa interior, de raso y encajes a juego, negros y con apliques de los mismos colores que el vestido, se recogió el pelo en una cola de caballo que enganchó en su nuca con alfileres largos de pedrería y una sobrero con velo de encaje negro que le cubría apenas los ojos y la nariz. Lista para un velatorio muy especial.

La visita era a la cárcel, a la iglesia, no a un banquete en la playa, debía ir acorde a las circunstancias. Cuando el cochero la dejó en la puerta, observó el imponente edificio de piedra, de torreones altos y compactos, diseñados para resistir cañonazos, asaltos y asedios. Su cara oriental daba al Sena, y un foso la rodeaba para impedir que pudieran colocar escalas o similares. Un único puente le daba entrada y la puerta se le antojaba una oscura boca con dientes de hierro, dispuesta a engullirla y no dejarla salir nunca más.

La Bastilla:

Allí estaba todo el mal de París recluido, anidando, asándose a fuego lento en el pozo del odio, el rencor y la maldad. Erline supuso que Joe habría estado recluido allí, ella no sabía que eran los calabozos de la Inquisición los que lo habían acogido, por eso eligió la cárcel como punto de encuentro.

Cien mil escalofríos la recorrieron al cruzar el puente, el ambiente estaba cargado y las miradas turbias se paseaban por su cuerpo sin pudor alguno. Si abriesen las puertas de las celdas... En su imaginación el espectáculo fue dantesco, demasiado incluso para ella. Sacudió la cabeza y se apresuró a llegar a la capilla la cual estaba cerrada pero sin cerrojo. Notaba la adrenalina bombeada en las venas, corriendo rauda en aquel ambiente hostil y cargado de peligro. Empujó la puerta que chirrió sobre sus goznes y respiró ese ambiente decrépito con olor a cera, polvo, humedad y lágrimas. Cerró la puerta a su espalda y pasó el cerrojo, no quería visitas intempestivas.

El sonido de sus zapatos resonó en los adoquines, lento, seguro, acompañado del roce de la seda sobre sí misma. En el primer banco estaba Joe sentado, observando los santos y efigies variadas que representaban la más alta catadura moral, la encarnación de la virtud, el bien y la paz.

Se sentó a su lado mirando al frente, como él, observando aquellos rostros alargados, místicos.

¿Cómo se siente al volver a los barrotes? ¿como en casa?..— la pregunta iba cargada de veneno pero en realidad quería saber qué efecto había tenido la cárcel en Black. Si no descubría los secretos más profundos de sus clientes no podía ofrecerles lo que ellos mismos ansiaban pero desconocían.




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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Joe Black el Dom Mayo 07, 2017 10:56 am

Pasos lentos, calmos, pero que con seguridad pisaban el adoquinado suelo. No me giré, ni me puse en pie para recibirla, a fin de cuentas aquí las formalidades quedaban a un lado ,eramos nosotros, ella la viuda de seda, furcia por la noche dama por el día y yo esa bestia que se alimenta no solo de sangre si no de los miedos y pesadillas.

La seda recorría su cuerpo cuando tomó asiento a mi lado, ambos mirábamos a los santos, esos que con sus rostros alargados parecían suplicar un milagro.
Siempre me pregunté porque reflejaban tanta tristeza sus retratos, creo que eran el reflejo de una sociedad que se dedicaba al sacrificio para complacer a otros.
Dicen que la religión era el opio del pueblo, no podía estar mas en desacuerdo, se notaba que esos fieles no habían fumado opio, si no, no dirían que la religión y su tristeza podía tener comparación con el opio y su éxtasis.
-No sabe cuan acertada es esa afirmación, mas no, mi reclusión fue infinitamente mas tortuosa que la que ofrecen a los hombres de esta prisión. La bastilla -susurré acercando mis labios a su oído -es un juego de niños comparado a donde estuve yo.

Enarqué una ceja recuperando mi posición.
-Es por eso señorita que decidió esta ubicación ¿cierto, pensó que volver a mi pecaminosa tortura me destrozaría por dentro, que encontraría un hombre tembloroso que encuentra el infierno entre tus piernas como única salvación de su alma ¿cierto?

Ladeé la sonrisa con cierta diversión, recorriendo aquel perfecto cuerpo que me seria ofrecido como premio, sacrificio o los dos.
-Mi alma ya esta perdida señorita, no tiene salvación. Pero.. ¿y vos? Os vestís de seda en busca de diversión, de nuevas experiencias que no encontráis porque todo os sabe a ceniza, vació como lo estáis vos misma y si yo pudiera prometeros algo distinto..y si os dijera que conozco una droga mas fuerte que el Opio que os llevara a un lugar insospechado.
¿Que daríais por volar sin alas? ¿venderíais vuestra alma al demonio?

Me incorporé dejándola meditar mis palabras, porte altivo, elegante en busca de esas copas que junto a la buena botella de vino reposaban junto al altar.
Repleté sendas acercándome de frente a la dama.
-¿Queréis beber? -pregunté con cierto tono en el que escondía una simbología distinta -puede que hoy bebáis mas de lo que creéis. Tenemos tiempo de embriagarnos del otro, de que Cristo sea testigo de como nos mancillamos.
¿Quieres morder la manzana conmigo? -pregunté divertido tendiéndole la copa -vayamos calentándonos ¿te parece? Pronto te sobrará la seda.



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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Erline D'Amencourt el Lun Mayo 08, 2017 4:04 pm

El ambiente era pesado, una calma asfixiante que estaba muy lejos de ser la calma que ofrecían los jardines de su mansión, o una suite en el Ritz, o una cueva perdida en las montañas (aunque eso no lo había probado, sólo salía de la ciudad envuelta en lujos, y de la mano de Olivier sólo visitó lugares de ricos, no la campiña.)

La voz de Joe en su oído, hablando en susurros, parecía la del mismísimo Satanás tentándola, y no podía excitarla más. Así que no había estado en la Bastilla, decía haber estado en una cárcel peor donde el tormento aplicado hacía que el alma de los hombres se perdiera para siempre en la oscuridad.

La viuda de seda esbozó una sutil sonrisa y ladeó la cara para clavar sus felinos ojos en los del inmortal.

a decir verdad, no pretendía encontrar un despojo balbuceante. Tan sólo quería ver qué provocaría este ambiente en alguien que se ha pasado media vida enjaulado. Ya tengo mi respuesta... provoca hambre.— entreabrió los labios acercándose a los suyos y mordiendo el aire.

Se separó despacio y se levantó, caminó hacia una estatua de una virgen que tenía flores en su pedestal. Las olió y despacio se quitó el sombrero dejándolo allí.

¿Drogas? por qué no, aunque creo que las he probado casi todas.— siguió caminando despacio y se detuvo delante de otra estatua, esta vez un santo con la mano en alto y cara de estar temiendo que se le cayera el cielo encima. Allí se descalzó de sus zapatos. Siguió hasta el altar central donde estaba la botella y las frutas.— aunque si dice que es tan potente, tendré que probarla. ¿Me dejará a su merced?.— Entornó los ojos y dejó caer el abrigo en el suelo desafiando con la mirada a Black.— una mujer drogada y sin voluntad en una fortaleza llena de delincuentes. Es de lo más insensato ¿no cree?.— sus labios no sonreían pero su mirada decía lo contrario.

Cogió la manzana del cuenco y la mordió clavando sus ojos en los de Joe intensamente, en ese juego de miradas que hablaban entre ellas y a veces decían algo distinto de lo que expresaban los labios.

no tengo alma que perder, me la robaron con doce años.— Le tendió la manzana mordida como símbolo de que era una nueva Eva, una pecadora sin remedio, consciente de ello y que invitaba al demonio liberado de su jaula a pecar con ella en la casa del Señor.— Y si Dios quiere mirar, que mire y aprenda algo.




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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Joe Black el Mar Mayo 09, 2017 1:02 pm

Mis ojos seguían el recorrido de sus pasos huecos, tacones que se perdían en el remoto silencio.
Su cuerpo serpenteaba como el de una delicada serpiente, bella, hipnotizante y mortal, quizás esto ultimo dada mi condición era lo que mas me excitaba de la viuda de seda.

Ladeé la cabeza al ver como el sombrero quedaba abandonado sobre la mano de una virgen, las flores apenas acariciadas por sus dedos parecían resentirse. Esa mujer era peligrosa, un caos con sabor agridulce. Me relamí los labios atento a su figura, como un depredador al acecho no perdí la compostura.

Los zapatos quedaron esparcidos en el suelo, la cara del pobre santo lo decía todo y mi divertida sonrisa era la imagen perfecta de lo excitante que me estaba pareciendo esta partida.
-Quedaría a mi merced, aunque ¿no lo esta ya Erline?
La sonrisa se borró de mi rostro, ojos clavados en los de la dama, no esperaba respuesta, pues ya la conocía, lo bueno de las mujeres de vida alegre es que nunca se enamoran de un cliente, aquí ninguno buscaba eso, solo pasión, excitación y esa dosis de cinismo que albergamos los dos.

Su abrigo se deslizo por esa piel nívea, cuidada, perfumada, desde mi posición podía olerla, así como el perturbador bombeo de su corazón.
-Cuidado pequeña, no acabes drogada sobre el altar con una colección de presos pasando por tus piernas -bromeé con cierta ironía sin despegar mis lascivos ojos de ella.
-¿Y bien? ¿estáis dispuesta a apostar?

La respuesta vino en forma de manzana, claro símil a la tentación que Eva puso en Adam. Me alcé de mi sitio, despacio, casi trazando un circulo hasta que acabé frente a si, entreabrí la boca esperando que llevara la fruta roja a mis labios y allí la mordí dejando que un jadeo escapara de estos.
Nunca me había resultado tan excitante probar lo prohibido como aquel día.

Por un momento nuestros cuerpos se rozaron, la fruta cayó al suelo y de frente nos miramos.
Su respiración agitada impulsada contra mi boca era deliciosa, orillé mis labios a los ajenos, baile aun sin rozarnos y una sonrisa ladina como colofon final al apartarme para caminar con paso seguro hacia el pequeño portón que había tras el altar.
Ahí guardaban el cuerpo y la sangre de cristo. Bueno, eso decían los inútiles cristianos, pues una mierda de dios era si era pan su carne y vino su sangre.

Tomé todo los utensilios llevándolos hasta el altar, allí los deposité con suma delicadeza, las reliquias había que cuidarlas a decir verdad.
Ladeé la sonrisa hundiendo mi mirada en sus esmeraldas antes de sacar de mi cinto una daga y cortar mi mano dejándola sangrar sobre la copa.
Apenas un chorro, mi sangre era demasiado poderosa, la colocaría hasta un punto insospechado, así que, decidí mezclarla con la de cristo.

Caminé hacia ella con la respiración agitada, sus labios se entreabrieron al sentir mi respiración tan cerca.
-Beber todos de el, pues esta es mi sangre que sera derramada... -le tendí la copa sin apartar mi turbia mirada.



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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Erline D'Amencourt el Miér Mayo 10, 2017 4:34 pm

Lo siguió con los ojos cuando se acercó al sagrario a sacar las reliquias y lo que se suponía que era la sangre y el cuerpo de Cristo. Aquello estaba empezando a ponerse jodidamente sacrílego y blasfemo y consiguió que la recorriese un relámpago de excitación. Cruzar las líneas prohibidas,adentrarse en el terreno de la profanación de algo, provocar al destino, a los dioses o lo que fuera que hubiese si es que había algo más entre la tierra y el cielo. Había hecho muchas cosas prohibidas en su vida, pero aquella estaba llegando a un límite que...no. Al revés, Ampliaba los límites. Si hacía aquello ¿qué no sería de capaz de hacer?.

Observó a Joe cortarse la muñeca y verter la roja savia de sus venas en la copa. Vaya... un fetichista de la sangre. No era el primero que se encontraba, mientras la sangre no fuera la de ella, todo bien. ¿le habría puesto la droga cuando estaba sacándolo del sagrario? no le había visto echar nada, pero igual se refería a que la sangre era la droga...pffff. La sangre la tenía en el plato cuando cenaba un filete poco hecho y tampoco era para tanto. Si fuera tan espectacular ninguna mujer descansaría del sexo cuando tenía el periodo...en fin. Era un asesino chalado, no podía esperar otra cosa que rarezas.

Se acercó a él y tomó la copa dándole un trago, sabía a vino dulce, los curas sabían lo que se hacían al oficiar la misa. Al principio no notó nada pero cuando la sangre del vampiro entró en contacto con su organismo corrió rauda contaminando cada célula en un brevísimo espacio de tiempo. Lo primero que le sucedió fue que de pronto no veía bien, sus ojos se tornaron negro por la enorme dilatación de pupilas. Después sintió el subidón súbito elevando la temperatura de su cuerpo, corría como una oleada que comenzaba en el estómago y se irradiaba hacia el resto del cuerpo. A continuación la sensación placentera que la sacudió y perdió el equilibrio, cayendo hacia atrás, flotando en el jodido limbo. En su cuerpo se libraría mas tarde una batalla, porque la sangre del cainita era una trampa mortal, por un lado el placer, la sensación de flotar y por otra el ansia de morder, de destrozar, de matar algo y destruir. Todo ello flotaba a lomos de esa sangre maldita que Erline acababa de ingerir.




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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Joe Black el Jue Mayo 11, 2017 11:26 am

Sus esmeraldas brillaban con violencia como si ese instante fuera algo que le provocaba mas placer por el pecado que iba implícito al beber de copa sagrada.
No tenia aun la menor idea de hasta que punto la sangre de un demonio y no la de cristo se mezclaba con el vino.
No escatimó, un buen trago mientras mi dedo empujó mas la copa para que siguiera bebiendo hasta terminar el contenido por completo.

Me orillé contra su cuerpo, mis ojos en esa boca ahora manchada ligeramente de alcohol, mi lengua la limpió en un gesto tentador, férreo sabor a mi mismo y nuestras respiraciones entrechocando como las espadas en un duelo.
La vitae no tardó en cumplir su cometido, pupilas que se dilataron, empezaba el viaje hacia el infierno y dios iba a ser testigo de ello.
Excitado contemple como la dama se retorcía ligeramente, sudor que perló su rostro, mientras deslizaba sus manos por su cuello con la boca entreabierta jadeado suavemente.
-Así pequeña -susurré llevando mi brazo a su espalda antes de que sus piernas flojearan y cayera de forma estudiada en mis brazos.
La alcé en volandas acercándola sobre el altar, mi brazo tiró con violencia todo lo que sobre este había quedado dispuesto antes de preparar la copa que ingirió la dama.

Tintineo contra el suelo por el metal y su cuerpo sobre la fría piedra de mármol erizando su piel por completo. El altar acogía como sacrificio un cuerpo que se arqueaba extasiado por la sangre inmortal que corría con virulencia cada molécula de su ser.
Corriente nerviosa que la llevaba al limbo para luego dejarla caer por un alto precipicio hacia el abismo.
-Hoy invito yo a este viaje, mas..me recompensaras -susurré contra su boca invitándola a pecar, esta asentía sin saber bien a que lo hacia.

Las bragas fueron rotas con fuerza por mi mano, ya no había vuelta atrás, el juego acababa de empezar. Cartas sobre la mesa ¿quien guardaba el as?
Mi boca se hundió en su húmeda feminidad haciendo a sus caderas danzar en busca de mi lengua que ávida paladeaba su excitación.

La seda se movía contra el atril y su propio cuerpo, la imagen era demencial y mis ojos rojos se alzaron para mirarla mientras seguía con la tortura, deleitándome de su sabor, del ruido celestial que emitía su boca henchida de placer.



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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Erline D'Amencourt el Dom Mayo 14, 2017 9:50 am

Sus cuerdas vocales no dejaron ni un sólo sonido por emitir cuando gemía. El viaje había sido tan potente que ahora su sensibilidad estaba aumentada y todo se sentía el doble de intenso. Alcanzó un orgasmo bajo la tortura de su lengua, pero lejos de apagarse y relajarse, se incorporó. La oscuridad de aquella sangre había contagiado a Erline de su esencia demoníaca y vengativa, quería morder, destrozar, matar; quería sangre, dolor, sufrimiento. Estaba ardiendo como una brasa y sus impulsos rugían como los de una fiera sin control.

Agarró a Joe del pelo, levantándolo de entre sus piernas y quedando frente a frente. Sus labios impactaron violentamente y su lengua rebuscó con hambre en el interior. Se separó mordiéndole primero el labio inferior y luego el superior. Tras separarse le calzó una torta en la mejilla y después otra, estallando en carcajadas después, estaba completamente desatada. Volvió a besarlo con furia y enroscó sus piernas alrededor de la cintura impulsándose para que ambos se separaran del altar y dieran contra la peana de una virgen que sostenía un ramo de flores en las manos.

Allí buscó la anatomía erecta de Joe y ella misma se encajó sobre él. Su respiración era rápida y superficial, jadeaba, gemía y se movía a un ritmo demencial. Volvió a enroscar los dedos entre sus mechones y se agarró con saña, tirando de él. Arañó su piel y mordisqueó su mandíbula, el lóbulo de la oreja y bajó hacia el hombro, pero se detuvo en la curva del cuello donde marcó los dientes sin piedad, haciendo que brotaran apenas unas gotitas de sangre, tenía ganas de morder y desgarrar pero sus dientes no podían equipararse a los de un vampiro. Frustrada por no conseguir lo que la sangre le hacía desear, ahogó un rugido que se quedó en gruñido y se quedó mirando a Joe a los ojos un instante. Estiró la mano y cazó un candelabro que estrello contra el hombro del cainita. ¿Estaba loca? en ese momento se podría catalogar como un episodio de enajenación transitoria. Si supiera cómo hacerlo, en ese momento lo habría desollado, colgado por los pies y desangrado, tal era la oscuridad que desataba sus peores instintos.

Ahí estaba el secreto: la sangre no convertía a alguien bueno en malo, tan sólo exacerbaba la oscuridad que uno mismo tenía. Erline tenía enterrados en su fondo instintos psicópatas, asesinos, homicidas. Pero había conseguido mantenerlos a raya, aprendiendo a sacar ventaja en la sociedad "civilizada". Pero ahora no necesitaba controlarlos, por primera vez se sentía capaz de desatarlos sin miedo a que sucediese algo, de experimentar y sentir algo de una vez por todas.




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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Joe Black el Dom Mayo 14, 2017 11:04 am

La oscuridad se convirtió en mi compañera, sus dedos se hundieron en mi pelo para tirar con fuerza sacándome de entre sus piernas.
Jadeé contra su boca, relamiendo el sabor que aun me quedaba de ella. Ojos rojos que mostraban la bestia que yo era, mas los suyos dilatados por el éxtasis desafiaban las tormentas.
Impacto contra mi boca, abordándola con rudeza, saqueó cada centímetro de esta, enredándose en el botín para juntos danzar en el infierno sin fin.
Un mordisco a mi labio inferior mientras nuestras bocas una frente a otra exhalaban el aire de forma pesada.

Dos tortas fue el regalo salvaje que me ofreció como caricia, un gruñido gutural como respuesta. Mis dedos se hundieron en su pelo tirando de este para surcar su garganta con violencia, dejando que mis colmillos delimitaran el sendero que mi lengua tras ellos continuaba.
Reía como una loca, completamente ida por el poder de la droga.
Se impulsó con las piernas hasta que mi espalda se estampó contra la figura de la virgen que acogía el pecado con los brazos abiertos y flores en las manos.
Ladeé la sonrisa, esperaba que aprendiera esa mujer a la que el espíritu santo tomo un día como follaban los demonios y lo que se perdía.

Su mano se deslizó por mi pantalón, necesitada tomo mi miembro endurecido y se lo introdujo en su interior, estaba mojada, mucho, baile de los siete velos que se trasformaba en llamas, en fuego.
Sus dedos en mi pelo, obligándome a dejar mi cuelo al descubierto, boca ardiente que lo recorrió todo a su paso, mordiéndome la nuez hasta que sus dientes se clavaron en mi yugular tratando sin mucho éxito de sacar mas de dos gotas de elixir que logro tomar.
Gruñía ofuscada por no poder tener mas, quería todo y yo dosificaba el cuando y el donde y eso la enloquecía.

Gemía sin poder contenerse, mis caderas la buscaban haciendo que el hacha se hundiera con tanta fuerza que apenas podrían sostenerla después sus piernas.
Me miró por unos segundos, en sus ojos vi al depredador, ese que hambriento acecha en el bosque tras haber encontrado alimento y sin mediar palabra tomo un candelabro estampandolo en mi hombro.
Quería sangre, percibía su desazón y eso me ponía muy bruto, demasiado, no podía olvidar que era con una humana con lo que estaba tratando.
Mi mano aferró su cuello girándola, ahora la virgen acogía como improvisado lecho su espalda, las flores se esparcían por su castaño pelo mentiras esta jadeaba aun apenas sin lograr tomar mas aire del que mi boca sedienta le daba.
El martillo impacto contra el yunque tremendas las embestidas que movían a la virgen.
Su boca sedienta me buscaba, mi lengua recorría la suya con destreza.
Me mordí el labio permitiendo que en ese beso la sangre fluyera excitándola, convirtiéndola en la amante perfecta pues la noche era oscura como ella.
Mis dedos en su carne se hundían, mientras ambos jadeábamos como bestias.

Mi boca se hundió en sus pechos, erguidos, suplicantes de que arrasara con la cúspide de esas montañas que como astas de toro me llamaban.
Rasgué su piel, dejando que la sangre fluyera por mis labios, manchando mi rostro, sorbí dando tirones mientras esta se perdía en la placentera sensación de sentir como se abandonaba por completo a mi , a mis designios.

Esta mujer estaba dispuesta a todo, mi futura esposa por el contrario solo deseaba librarse de este monstruo, irónica la situación del hombre que no encuentra en casa lo que ha de buscar fuera.



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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Erline D'Amencourt el Lun Mayo 15, 2017 5:43 pm

Más sangre que manaba del labio del vampiro y enloquecía a Erline, sedienta, ansiosa, necesitada de más líquido rojo que le proporcionara la saciedad que todas y cada una de sus células reclamaban. Sorbió la vitae sin darle respiro, pidió más sin darle tregua al empuje del cainita, pues la combinación de esa sangre con el sexo salvaje la habían enloquecido de una forma como jamás había sentido. No escatimó en jadeos, gemidos, gruñidos y gritos. Su garganta ejecutó a la perfección la sinfonía del placer a dos voces.

No es que no le gustase el sexo, pero le podía gustar tanto como al cocinero la cocina, no dejaba de ser también un trabajo que se acababa volviendo rutinario. Sin embargo aquello era fuera de lo común, ni siquiera podía pensar en ello, estaba completamente abandonada a la locura oscura y carmesí en las que la había sumido Joe.

Las embestidas frenéticas del vampiro unido a sus propios movimientos descontrolados aumentaron el roce y el placer hasta sumirla en un orgasmo tras otro, contra la virgen, a los pies del santo, sobre el altar o los bancos. El subidón le duró todo el tiempo que Joe continuó proporcionándole sorbos de sangre. Ambos disfrutaron del desenfreno, de la sangre derramada, de toda la herejía de aquel acto, que provocaba a una religión entera, a sus pilares y a su dios. El escenario parecía sacado de una novela de Lovecraft, la triste capilla gris de una prisión manchada de sangre, mancillada sin ningún respeto ni consideración por una abominación, un monstruo, y la concubina que lo había llevado allí. El aire estaba saturado por un aroma a sangre, sexo y cera de las velas que ardían iluminando escasamente los rincones del santo lugar. Tras abrasarse y consumirse una y otra vez, el cuerpo de la viuda de seda dijo basta, no podía aguantar más, no era tan resistente como un inmortal, necesitaba parar o le estallaría el corazón, que le bombeaba a un ritmo endiablado.

Su pecho subía y bajaba, sus labios entreabiertos jadeaban buscando aire que respirar y el sabor metálico de la sangre rezumaba en su boca. Las pupilas seguían dilatadas y apenas distinguía la forma borrosa del crucificado sobre su cabeza, contemplándola. Sentía el cuerpo de Joe clavado en el suyo, atrapado en su interior hasta que se estremeció alcanzando el clímax, pero no podía moverse, de pronto toda la energía se había disipado abandonando su cuerpo y dejándola casi como muerta. Había sido un viaje al infierno en toda regla, uno que había estado muy bien, pero ahora necesitaba encontrar la forma de regresar a su persona, levantarse, vestirse, las cosas básicas. La mente iba en piloto automático y el cuerpo no respondía, necesitaba unos minutos.

Lo normal hubiera sido notar la respiración de Joe, su aliento sobre la piel pero...no respiraba. ¡Maldita sea! no respiraba. Empezó siendo un sonrisa amplia pero de pronto su abdomen se contrajo en espasmos, estaba riendo a carcajadas, pero éstas todavía no podían salir de su garganta, no le quedaban fuerzas. Por fin consiguió materializar alguna y reir a rienda suelta. Era del todo espeluznante, inquietante, devastador.

eres...jajaja.. eres... un... vampiro.

Esa epifanía le había provocado una risa floja que no podía parar, él era un vampiro y ella iba puesta hasta las cejas de su sangre. Glorioso. Grandioso. Un jodido vampiro, más muerto que una piedra había conseguido que ella sintiera el mayor subidón de su vida, había experimentado la adrenalina de la sangre, de la muerte, de la sed de vitae y los instintos homicidas y destructores. No estaba nada mal. Cuando la certeza de lo que estaba diciendo llegó a su cerebro, dejó de reir. Eso cambiaba mucho las cosas, pero no estaba en disposición de entablar una conversación al respecto todavía.




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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Joe Black el Mar Mayo 16, 2017 12:39 pm

Ambos nos habíamos sumido en un frenesí inagotable, como si nuestros cuerpos siempre hubieran estado hechos para encajar de este modo y no otro, danzaban una peligrosa danza de embestidas sacrílegas frente a los apenados ojos del crucificado.
La estatua de la madre se movía virginal frente a las sádicas embestidas de mi cuerpo contra el ajeno que las recibía rasguñado mi espalda como un animal hasta hacerme sangrar.
Sus dientes marcaban mi piel ,era una bestia salvaje, indómita, que quería mas de todo.
La estatua impulsada por los demonios calló al suelo estallando en pedazos.
Gruñí contra su boca sintiendo que como la misma piedra blanca de la imagen esculpida, yo también me sentía al borde de esparcirme dentro de ella.

Sus ojos turbios por la droga, dilatados, miraban perdidos en un limbo de pasión. Cuerpo que se estremecía contra el mio regalándome un sin fin de jadeos, gemidos cuyo único protagonista era yo.
Sentencie con mis labios su cuello ,repasando su mandíbula, navegando por su boca entreabierta hasta que mi hombría hundida en ella hasta los cimientos explotó. Sus caderas danzaban ardientes acogiendo mi simiente, los dos estábamos completamente enajenados por el momento. Yo porque era una bestia a la que le habían permitido dar rienda suelta a sus impulsos en un ambiente tan tétrico como hermoso y ella porque drogada de mi vitae no sabia posiblemente ni donde estaba.

Ladeé la sonrisa apoyando mi boca en sus pechos, succionandolos, repasándolos con mis colmillos para arrancar de nuevo dos jadeos a su cuerpo, estaba agotada, lo notaba por lo inmóvil que ahora estaba, extasiada por ese todo que ahora corría por sus venas y desgarrada por mis ruda embestidas que cicatrizarían con facilidad pues mi sangre obraba mas milagros que solo el de condenarla al éxtasis mas absoluto.

Salí de su interior cuando esta hizo el intento de moverse para poder vestirse, mi brazo, no abandono su cintura permitiendole flotar todavía en la espesura del infierno, pues creo que solo veía brumas.
Reía sin parar buscando su ropa y admito que esa mujer me estaba volviendo loco con cada roce.
-Si, soy un vampiro -respondí ladeando la sonrisa mientras deslizaba la ropa por su cuerpo como si se tratara de una niña.
Estaba tan colocada que sus intentos por mantenerse derecha eran vanos.
-Deja que te lleve a casa, hablaremos mañana o cuando me invites a la siguiente velada -susurré en su oído a sabiendas que esas palabras las recordaría cuando se le pasara el colocon que llevaba..

La dejé apoyada en uno de los atriles, la risa había menguado, parecía darse cuenta ahora de la gravedad de sus palabras. Allí, arrodillada me miraba tomar la ropa para con destreza cubrir mi cuerpo.
-No me temas, no te haré daño -susurré acercándome a ella.
Mi capa negra cubrió su cuerpo, la alcé por la cintura contemplando esos dos ojos que todavía oscurecidos me miraban fijamente.

La saqué de la capilla dejando atrás suelo sagrado con olor a sexo, sangre y pecado. Nada en ese lugar seria como hasta el momento, pues el demonio y su concubina lo habían mancillado hasta puntos insospechados.
La alcé por la cintura subiéndola en el carruaje dispuesto para ella, quedo sentada en sobre el rojo raso mientras sus ojos me buscaban quizás anhelando que hiciera este viaje con ella.
-Buenas noches Erline -susurré desde la puerta ladeand la sonrisa antes de cerrarla y dar dos golpes al carro para que le cochero emprendiera la marcha.

Sinceramente esperaba noticias de esa mujer. Mi vida estaba sumida en un caos que yo mismo me había buscado. Mi futura esposa no me permitía tocarla, me odiaba,amaba a un mequetrefe cazador por el que perdía el culo y en Erline encontraba consuelo, placer. Esta velada había ido demasiado bien como para dejar escapar la oportunidad de volvernos a ver, mas la decisión era suya ¿vendería su alma al diablo?



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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Erline D'Amencourt el Mar Mayo 16, 2017 3:43 pm

La noche había sido caótica, apocalíptica y estaba completamente agotada, pero empezaba a recobrar la lucidez. La acompañó al coche y le dio instrucciones al cochero para que llevase a la dama sana y salva a su residencia.

Se sentía hueca, ligera, como si algun tipo de lastre enraizado en su persona hubiera sido soltado, como si algún tipo de lodo ponzoñoso hubiera sido removido. Agotada, aturdida y muy hambrienta, así es como se encontraba, a la par que estaba saciada y satisfecha. Todo era contradictorio en su cuerpo y ese caos abrumador la tenía desconcertada y maravillada. Ella era una máquina perfectamente calculada, calibrada, con todo bajo control y ese frenesí la había descontrolado como un vendaval.

Durmió todo y el día parte de la noche siguiente, cuando despertó pasó dos horas en el baño, relajando la musculatura contraída de el esfuerzo realizado. Acabó con un desayuno que bien podía ser la comida de una familia y finalmente se entregó de nuevo a la sábanas limpias. Lo que había descubierto de Joe debería haberla asustado, pero hacía tiempo que se preguntaba si aquello eran invenciones de los compañeros del Satine y le producía mucha curiosidad.

¿Era Joe inmortal? ¿Era una bestia sedienta de sangre? había comprobado que lo era en el sexo, pero realmente ¿podría ser como un león furibundo cazando un ciervo? ese salvajismo la intrigaba y la motivaba a saber más. ¿Cómo funcionaba eso del vampirisimo? ¿Si estaba muerto, cómo era posible que su cuerpo funcionase mejor que el de un vivo? demasiadas preguntas sin respuesta.

Lo que tenía claro es que era un demonio desatado y cruel, sediento de los placeres de la carne mortal, abandonado a la lujuria y a la oscuridad. No parecía tener filtro ni límite, a fin de cuentas no tenía nada que perder y todo el tiempo del mundo. Pero por la misma regla de tres, Erline entendió que su inmortalidad lo hacía insensible, que el hastío de la repetición de los mismos hechos y aconteciemientos siglo tras siglo, lo tendrían sumido en un tedio insoportable. Su vida estaría tan vacía y carente de emociones como la de la propia viuda o más.

Ella podía sacarlo de ese tedio, era muy creativa, era inteligente y tenía el instinto depredador de una serpiente, que se enrosca poco a poco, asfixiando lenta y dolorosamente hasta engullir la presa que se cree a salvo entre sus cálidos anillos. En su mente se fue formando una idea a la que debía dar forma, porque los encuentros casuales podía ser placenteros, pero cuanto más preparada la función, más impacto tenía.

Los siguientes días los dedicó a ciertas labores necesarias, quería información sobre Joe Black y con sus contactos y posición no tardó en conseguirla. Estaba a punto de celebrar su enlace con una familia rica venida a menos, al parecer su prometida era una mujer de armas tomar. Esas eran las mejores. Ella rompía lanzas por toda aquella mujer que fuera capaz de imponer su voluntad de la manera que supiera o pudiera. La esclavitud era cosa del pasado y ninguna mujer debería ser esclava a no ser que lo fuera voluntariamente, que lo eligiera por algun motivo.

Se esperaba la presencia de Black en una fiesta en la mansión Von Kleimt, al parecer el barón había fusionado con éxito varias empresas, aumentando considerablemente su fortuna, y la puesta de largo de su hija menor la había convertido en una excusa para citar a toda la alta sociedad y a los empresarios importantes. A fin de cuentas, ahora la viuda era la señora de sus negocios y no es que tuviera muchos con Von Kleimt, pero su presencia allí no extrañaría en demasía.

Se presentó en la fiesta con un espectacular vestido de seda negra bordado con motivos orientales en rojo. Los intrincados dragones se fusionaban con las flores del almendro y los kois, los peces de colores japoneses. Llevaba su larga melena recogida en la nuca con un largo tirabuzón escapando del peinado y en el cuello reposaba una espectacular gargantilla de rubíes y ónices. Guardaba el luto a medias, no se podía decir que fuera descarada del todo, pero tampoco era un vestido negro convencional, cada pliegue se ajustaba a su figura e insinuaba lo suficiente para hacer que la imaginación del que la contemplara volase. Su estilo bohemio, lejos de las rigideces de la moda parisina, solía arrancar críticas pero iban diluidas en la misma cantidad de envidia, porque a pocas personas podría quedarles tan bien ese tipo de tejidos y bordados.

Saludó a varios "viejos conocidos", que desde que se casó con Olivier y accedió a sentarse en los mismos salones que sus respetables esposas, le profesaban un respeto y una consideración digna de mencionar. Nadie quería que sus secretos más sucios salieran a la luz, y ella disfrutaba de ser la guardiana de esos secretos, manteniendo siempre la corrección y no metiendo a sus antiguos amantes en líos innecesarios. Pero podía hacerlo, y eso la volvía poderosa.

Tenía en mente varias cosas, pero una de ellas apenas la había dejado dormir, sentía como un motorcillo interno que no paraba de funcionar desde que probó la sangre de Joe. Había sido un viaje muy potente, pero no era eso lo que buscaba en concreto en ese momento. Esa sensación era como un anhelo materializado en mordisco, en hambre, algo que la empujaba a aparecer en esa fiesta, localizar la cabellera revuelta de Black y acercarse hasta él, cogiendo una copa de champán mientras le susurraba al oido.

Ave maría purísima...pérdoneme padre porque he pecado. Me fui de una iglesia sin santiguarme.




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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Joe Black el Miér Mayo 17, 2017 6:53 am

Habían pasado días desde la ultima vez que vi a la viuda de seda, no negaré que pensé en ella a lo largo de breves instantes, supongo que porque esa mujer lograba despertar una parte pasional, al limite de lo prohibido que me excitaba en demasía.
Me prometí darle tiempo y espacio, ahora que sabia que era un vampiro era decisión suya que nuestro “peligroso juego” continuara o no.
Estaba seguro que a estas alturas ya sabría que iba a desposarme con una dama de clase alta, una mujer que me odiaba en lo mas profundo de su ala y que no me saciaba porque mi presencia le asqueaba.
Di mi palabra de no tomarla hasta después de la boda y como buen caballero que era pretendía cumplirla a no ser que esta me liberara de tan pesada carga.

Frente al espejó de mi cámara anudé al cuello la corbata, odiaba llevarla, me oprimía no permitiéndome sentirme libre.
Un traje azul marino de corte ingles hecho para mi por las mejores modistas de París y por último los gemelos.
Hoy se celebraba una fiesta en la mansión Von Kleimt, la puesta de largo de su hija mayor se convirtió en una cita obligatoria para la alta aristocracia.

No tenia muchas ganas de acudir, imaginé que pasarían la noche hablando de negocios, de esa fusión de empresas exitosa que había hecho a su familia ganar una buena fortuna.
Intentaría escaparme de la fiesta en cuanto mi presencia pasara desapercibida, claro que eso era algo complicado teniendo en cuenta que mi ego iba a juego con la intriga que un desconocido recién llegado a París despertaba.

Me adentré en la fiesta parándome a saludar a varios conocidos, otros simplemente me pedían consejo para hacer fortuna y muchas damas de las que conocí en la fiesta en la que elegí prometida que se acercaron a saludarme y darme la enhorabuena por mi reciente compromiso.
Finalmente logre quedar solo frente a la barra pidiendo una copa que me ayudara a sobrellevar la tortura de esta soporífera fiesta.

La voz inconfundible de Erline a mis espaldas me despertaron de la ensoñación, mi sonrisa se ladeo con cierta picardia y me giré para enfrentar sus esmeraldas.
-Sin pecado concebida...le impondré como penitencia el regresar a esa capilla para redimirse de sus actos a poder ser de rodillas

Tomé otra copa de champan para la dama y se la agradecí deslizando mis ojos hasta su boca, sabia que teníamos ambos que mantener la compostura en ese lugar, algo complicado cuando su boca era tan apetecible como la mas cara de las botellas.
-¿me buscabais? -pregunte haciendo alarde del ego del que gozaba.

Di un sorbo de la copa dejando que el burbujeante liquido ámbar entrara por mis labios lentamente.
-Estáis preciosa con ese vestido negro, aunque confieso que la imagen que guardo en el recuerdo era tremendamente mas excitante.



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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Erline D'Amencourt el Jue Mayo 18, 2017 12:50 pm

Observó la percha que ofrecía el vampiro, era un cuerpo perfecto, que a pesar de estar muerto, de tener muchos años y haber sufrido a saber cuantas cosas, parecía como de otro mundo. Los vampiros le parecían criaturas fascinantes. Seguramente los hubiera también viejos, escuálidos o arrugados, pero éste en concreto le parecía la criatura sobrenatural más increible del mundo. Muerto y vivo. Depredador y humano. Demonio y pecado. Carne y sangre. Definitivamente quería saberlo todo sobre ellos.

¡Oh! pues tendré que ponerme medias, no quiero que se me agrieten las rodillas.— Sonrió provocadora y tomó un sorbo de champán.Se movió hacia un lado y tomó entre los dedos un bombón que estaba coronado con una frambuesa, mordisqueándolo mientras estudiaba la mirada de Joe.— Tengo que reconocer que mis recuerdos son borrosos, pero la sensación de bienestar todavía perdura, no me importaría tener que deshacerme de este vestido de nuevo.

Se acabó el bombón y le lamió el pulgar sonriendo de medio lado después.— ciertamente le buscaba, sí. Tenía la esperanza de que le apeteciese dar un paseo conmigo, hay algunas preguntas que me gustaría que me contestase, es pura curiosidad.

Salieron a pasear a los jardines de la mansión Von Kleimt y hasta que no estuvieron fuera Erline no se enganchó del brazo de Joe, ante todo las apariencias mandaban y él era un hombre prometido.

No he dejado de pensar que para estar muerto, está usted muy vivo...para qué negar que en la Bastilla me lo pasé muy bien. Las leyendas no hacen justicia a los suyos. ¿Dónde está la criatura grimosa, calva y de orejas puntiagudas que se arrastra por los cementerios y alcantarillas? ¿Cómo es posible que existan? es una maldición? un embrujo? nacen así? tengo mil preguntas que me rondan por la cabeza.

Sus ojos manifestaban la curiosidad, la chispa de emoción que se producía cuando algo lograba captar su interés y sus sentidos, y eso era algo que hacía mucho tiempo que no sucedía.




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