Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Paradis de l'enfer [priv. +18]

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Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Erline D'Amencourt el Vie Abr 28, 2017 5:04 am

Recuerdo del primer mensaje :

Humo rosa. El sonido de sus propias carcajadas la devolvieron al salón donde estaba sentada en un sillón de orejas, vestida sólo con la bata de seda china de un imposible color azul turquesa y bordados de flor de loto. El opio la había hecho alucinar y veía el humo de colores, pero ya se estaba pasando el efecto.

Últimamente se había aficionado peligrosamente a la sustancia, presa del aburrimiento, de la desidia, de que cada día fuera igual al resto. Como siempre, intentaba llegar al límite de las cosas, buscando en esa cercanía al abismo cualquier rastro de sensación nueva y estimulante. Pero el opio ya le había dado todo cuanto podía ofrecerle.

Con los ojos enrojecidos y una sensación de embotamiento, lanzó la pipa a la chimenea. No era lo que buscaba. La destrucción que causaban los opiáceos no valía la pena en comparación de las emociones que aportaban. Se hizo un ovillo en el sillón y se dejó llevar por el letargo que la sumió en una siesta de horas. No abrió los ojos hasta que alguien del servicio la sacudió suavemente. Tenía visita.

¿Visita? ¿Quién? no recordaba en qué día estaba. El maldito opio la había atrapado y realmente ya era viernes. ¡Ah! cierto, el viernes tenía programada ua cita con un nuevo y posible cliente. Su contacto de París le dijo que ese hombre valía la pena, que había estado un tiempo fuera de la ciudad, posiblemente preso, y que tenía negocios allende de los mares. Mmmmmm...un preso. Esperaba que hubiera cometido algun delito mejor que estafar al erario público, quizás fuera interesante conocer a un asesino, pues la mayoría de sus clientes sólo eran tiburones de los negocios, ratas que urdían complots en la sombra. ¿Miedo? en absoluto. Su vida no corría peligro, nadie de alta clase mataba a una prostituta de su calaña cuando podían tenerla y disfrutarla sin temor a represalias. Ella enganchaba como la más potente droga, era su opio particular, su adrenalina, la emoción que le hacía falta a sus tristes vidas. ¿Pero quién le daría esa emoción a ella? Tendría que seguir buscando.

-dile que espere, estaré en unos minutos, ofrécele algo de beber.

No era cortés hacer esperar, pero por otro lado aumentaba la curiosidad de quien esperaba. Subió la escaleras y se metió en la bañera, necesitaba sacudirse el embotamiento que las amapolas le habían producido. Se colocó un camisón de seda china, color perla, con toda la espalda surcada de tiras de encaje que lo sujetaban a su estilizado cuerpo, y encima otra bata, esta vez negra, también de seda, con tigres y dragones orientales bordados en colores cálidos como el naranja, el rojo y el ocre. Por la algo la llamaban la Viuda de Seda.  Su pelo húmedo lo recogió con un palito de plata en forma de aguja terminado en un brillante (que perteneció a la anterior emperatriz china) y bajó las escaleras liviana como una hoja hasta entrar en el inmenso salón donde habían hecho pasar al desconocido.

- buenas noches monsieur. Siento la espera.- Algo en su lenguaje corporal, en sus gestos y en su expresión, decían que no lo sentía en absoluto, pero esa dualidad que destilaba la rodeaba como una misteriosa aura. Fijó sus ojos de gata en la figura que tenía delante. Vaya sopresa... era joven y estaba bien hecho. Un delicuente en toda regla, la velada empezaba bien.- me atraparon los brazos de otro hombre, uno al que llaman Morfeo, y no me pude resistir. ¿Le han servido algo de beber?


Última edición por Erline D'Amencourt el Mar Mayo 02, 2017 4:05 pm, editado 2 veces


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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Joe Black el Jue Mayo 18, 2017 2:39 pm

Provocadora, si una palabra podía definir a la dama de seda, sin duda era esta.
Dispuesta a todo por salir del tedio de una vida demasiado clásica para una mente que parecía pertenecer a su tiempo, me tentó con su mordaz respuesta. ¿Medias? Ladeé la sonrisa, sin duda era resuelta la dama.
Tomó un bombón llevándolo a su boca sin apartar de mis ojos sus esmeraldas, me relamí contemplando aquella devastadora imagen que me llevaba a imaginar cosas bastante mas pecaminosas que degustar chocolate en publico.

Saludamos a un par mas de personas, por supuesto guardando las formas, ambos teníamos un nombre que mantener y a fin de cuentas yo era un hombre prometido y ella una reciente viuda apenada por la perdida de su amado esposo.

Sonreí hundiendo mis ojos en los suyos, admitía buscarme y al verdad no me sorprendía, había visto en ella la curiosidad implícita en sus ojos ,así como la lujuria pintada en sus labios, quería saber y por ese motivo y no otro me buscaba.
Mi mundo le fascinaba, mi sangre aun la hacia sentir bien, plena, eufórica, distinta mas bien.
Sabia lo que era ese viaje que ella había emprendido y conocía como la arrastraría al infierno conmigo.

Acepté de buen grado dar ese paseo por los jardines y solo cuando estuvimos lo suficientemente lejos de miradas indiscretas le tendí mi brazo para que esta lo tomara con delicadeza.
Tras sus primeras preguntas una sonrisa picara se instaló en mi cara, acerqué mis labios a su oído como si estuviera a punto de desvelarle el mayor secreto conocido.
-Falacias, nunca hemos sido seres calvos de orejas puntiagudas, bueno, quizás algunos seres de la noche degeneran en eso, nosferatu los llaman y créeme, no gozarías abriéndoles las piernas a esos engendros como lo has hecho conmigo.

Mi boca acarició el lóbulo de su oreja dejando que mi aliento moviera su pelo ligeramente recogido.
-Nada tiene esto que ver con un embrujo señora D Amnecourt. Somos convertidos por otros seres de la noche como nosotros, la inmortalidad es un don que se otorga.
Mi mano se posó en la parte baja de su espalda guiándola hacia un laberinto de altos arbustos perfectamente recortados, en su centro había una fuente de gran belleza que podría servirnos como lugar tranquilo para conversar de todo aquello que la dama necesitara saber.

Mis ojos se centraron en su cuello ,deslizándose por aquel vestido rojo de encajes negros.
-El vestido no le hace justicia cuando la he visto desnuda -susurré con picardia.
Tenia que admitir que estaba preciosa, pero...la imagen de esa mujer sobre el altar semidesnuda aun quedaba guardada en mi retina.
-Me ha hecho pensar en vos mas de una vez esa bata de seda que portó a nuestra ultima cita. -dije con cierta diversión, esperando que intuyera que tipo de pensamientos había tenido y acerca de que.



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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Erline D'Amencourt el Vie Mayo 19, 2017 6:42 am

Asintió levemente a sus explicaciones escuchando con atención. Había hipotetizado con muchas cosas, pero lo cierto es que la realidad era la más lógica de todas.

debería tener miedo...supongo. Pero no lo tengo. Rara vez lo tengo.— Esa reflexión era privada pero lo dijo en voz alta. Realmente había una falta de sentimientos algo alarmante, quizás podría tener un cierto grado de psicopatía. Quizás fuera algo innato, propio, o quizás lo hubiera adquirido con los años... quién sabe. Pero no recordaba haber llorado demasiado cuando se quedó huérfana tras le epidemia ni tras las primeras duras noches de burdel. Pasada la angustia del primer momento, se centró en escalar y en conseguir lo que estuviera en sus manos, siendo práctica.— quizás por eso me guste su compañía, porque tal vez me haga sentir alguna cosa. Le propongo un trato: yo le doy algo que sé que desea ahora mismo y usted...me complace un pequeño capricho. Es tarde para la mayoría de los mortales pero para los que vivimos de noche, el día acaba de empezar y estoy hambrienta.

Se pegó a Joe, desplazándolo hasta un muro de setos, sobre el cual se apoyó la espalda de su chaqueta. Bajó la mano por su vientre y la coló por el pantalón llegando hasta su miembro. Entreabrió los labios pasando su lengua por una hilera de blanquísimos dientes.

Le cambio mi cena por la suya. Yo le ceno a usted y usted se cena a alguien... quiero ver cómo lo hace ¿Tenemos trato?

Tenía en mente dónde encontrar a alguien a quien se pudiera cenar Joe, quería ver cómo un vampiro de alimentaba y drenaba a su víctima, quería ver sus colmillos, la sangre, el acto de la muerte que le daba la vida... no había visto nunca algo así. Habia visto peleas, navajazos, alguna violación, pero jamás un vampiro asesinando a su víctima.

Desabrochó el cinturón y el botón y sacó la mano acompañando al sable. Se deslizó despacio hacia abajo, arrodillándose en el suelo de gravilla. Sonrió para sí misma pensando que sus medias iban a quedar hechas un asco. Entreabrió los labios y acarició con ellos el miembro del vampiro, primero de un lado, después de otro. Deslizó la lengua por su contorno y por el glande, comprobando que estaba erecto pero frío. Qué curioso era eso. Se detuvo un momento clavando aquellos ojos verdes y cristalinos en los de Black, observando cómo éstos se tornaban rojizos. Así que no se lo había imaginado, el deseo se los teñía de carmesí. Lo sujetó con ambas manos y los introdujo en su boca, humedeciéndolo a su paso, jugando con la lengua y acariciándolo con ella. Se movió despacio, englobando su anatomía suavemente, hacia dentro y hacia fuera. Lo sacó y lo lamió de nuevo, repasándolo con sus labios jugosos, mordisqueando su piel y vuelta a empezar.


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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Joe Black el Vie Mayo 19, 2017 3:22 pm

Pronto el laberinto nos engulló, perdiéndonos entre sus altos muros perfectamente recortados, regalándonos la intimidad que buscábamos.
Ladeé la sonrisa escuchándola hablar, parecía ni temerme a mi, ni hacerlo con nada de lo que hasta el día de hoy le había pasado.
Me fascinaba el talante de esa mujer, su vida no debía de haber sido fácil, pero algo me decía que conseguía todo lo que se proponía, solo hacia falta verla ¿como se llega de ser una ramera a ser de la nobleza?
Quizás esa pregunta también se la hicieron con mi madre, claro que nuestra historia es bien distinta.

La viuda de seda se pegó a mi orillando nuestros cuerpos contra el muerte de setos, sus palabras susurradas contra mi boca sonaban provocadoras, como si de nuevo un juego pecaminoso se presentara para ambos. ¿ como no aceptarlo?
Me relamí los labios escuchando su propuesta, no sonaba mal, ella me cenaría a mi y yo cenaría a un tipo cualquiera, a decir verdad, ganaba en ambas partes de la apuesta.

No se lo pensó, ni siquiera necesitó respuesta, pues su mano rauda sobrevoló la distancia ínfima que nos separaba para desabrochar el botón y colarse por mi pantalón bajándolo ligeramente sacando el mandoble junto a su mano que ya lo plagaba de caricias calentándolo.
Mis labios se entreabrieron, bajando la cabeza para observar sus turbadores movimientos, no se lo pensó, como si rezara un padre nuestro sus rodillas contra la tierra y sus ojos alzados para contemplar las brasas que se encendieron en mi mirada.

Los labios de Erline se pasearon por el tronco de mi miembro, acariciándolo con suavidad, primero por un lado, después por el otro, pronto su lengua entró en el juego, lenta recorrió mi glande, lamiéndolo, apoyándolo entre sus labios para saborearlo antes de lentamente envolverlo con su cálida boca.

Mi espalda contra el seto, respiración errática que escapaba por mi boca, mis manso se posaron en su pelo, dejándola hacer.
Su lengua saqueó mi frenillo, moviéndose rauda por el para después volver a cambar la velocidad en una tortura que no dejaba de hacerme jadear.

Húmeda su boca recorría cada resquicio de mi piel, rozaba el infierno hasta el ritmo me hizo empujar contra ella con fuera, atrayendola por el pelo.
Incapaz de detener aquel satánico vals me esparcí en su boca, la sentí gemir de placer sabiendo lo que en mi había provocado, se relamió, al parecer la cena estaba deliciosa.
Ladee la sonrisa ayudándola a alzarse, mi respiración aun entrecortada murió en sus labios antes de tomarlos, relamiendome de ese beso largo, húmedo y prolongado en el tiempo.
-¿Y bien señora D Amencourt? ¿que desea de mi? ¿quien sera mi afortunada presa de la noche? -pregunté con superioridad.
Para mi cumplir el trato no suponía nada, pues a fin de cuentas cada noche salia a cazar, que mas me daba un desgraciado mas.



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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Erline D'Amencourt el Mar Mayo 23, 2017 5:18 pm

Se sacudió las medias en la zona de las rodillas, tenían algo de hierba prendida entre las hebras, males menores de aquella profesión. Se arregló el pelo que se le había salido del recogido, no se avergonzaba de lo que era, ni de lo que hacía. El sexo, la seducción y utilizar su cuerpo y sus armas para conseguir lo que quería no era peor que explotar a obreros oprimidos para ganar dinero, o extorsionar a un socio, o casarse por viles monedas y títulos. Al menos ella era honesta con lo que sabía hacer y no se las daba de mojigata de reputación intachable.

Se alisó los pliegues del vestido y levantó la barbilla oteando el horizonte, estaba sonando una melodía en la sala de baile de la mansión donde se celebraba las fiesta. Compuso una sonrisa cargada de ocultas intenciones, una de esas sonrisas que siempre escondía algo más de lo que mostraba.

Hora de bailar, señor Black, y le toca a usted. Tiene suerte de que no sea la más fea de esta fiesta.— Sus palabras conetnía muchos dobles sentidos, alguno aún estaba por descubrir.

Se sujetó a su brazo y lo guió hasta donde su cochero la esperaba pacientemente. Le dio un par de indicaciones y subieron ambos al carruaje que les sacó de la zona residencial de París para llevarlos cerca del puerto. El paisaje fue cambiando, desde las más opulentas casas y jardines a los edificios pestilentes donde se hacinaban los de la más baja clase. Caras toscas, ropas raídas y suciedad. Olores que ofendían a cualquier nariz que osas respirar. Se detuvieron en una plazoleta y descendieron del coche. La dama volvió a sujetarse del brazo del vampiro bajo la macilenta luz de un farol de gas que apenas arrojaba un poco de brillo amarillento.

Espero que no le importe pasear, la noche es joven todavía.— Caminaron varias calles abajo y luego torcieron por un callejón a la izquierda que los sacó a una especie de placita oculta de la vista de la calle principal. Sobre una puerta desgastada de madera había un rótulo metálico con letras pintadas en rojo óxido que rezaba "Elixir". Era un burdel de baja estofa. Erline se sentó en un banco de dicha placita instando a Joe a sentarse con ella.— sólo será un ratito, a quien hemos venido a buscar no tardará en salir.

Le dio conversación a Joe sobre lo que había estado escuchando por ahi de su inminente matrimonio, de las barbaridades que se cotilleaban en la alta sociedad, y evidentemente no le dijo nada de que su amigo Jack sabía de la Bastilla y no sólo él, su "hijastro" Emmanuel la había seguido también hasta allí con la intención de liquidarla y quedarse con lo que él creía que le pertenecía. Había corrido peligro virtualmente porque en realidad eran ellos los que deberían preocuparse si supieran quién era Joe Black.

Detuvo sus palabras abruptamente cuando el sujeto salió del Elixir, era un hombre fornido, vestido mejor que los simples obreros, grueso y con una calva que remataba con una coronilla de pelo blanco a modo de corona trasera. Quizás Joe lo conociera, quizás no. Era el concejal Desmarais, un político de segunda fila, que de normal iba predicando sus virtudes, como político intachable, marido y padre devoto...pero solía acercarse a los bajos fondos a dar rienda suelta a sus peores instintos.

Erline le indicó a Joe que ese y no otro era el tributo que quería, era el premio que había pedido a cambio de sus atenciones. Se acercaron al callejón, siguiéndolo y ella se detuvo al principio del mismo, quería observar la escena con todo lujo de detalles.

Observó a Joe agarrarlo de forma que el patético y miserable concejal se debatía inútilmente moviendo sus grasientas carnes como una vaca en las manos del matarife. Casi podía hasta oirlo mugir. Las manos del vampiro sepraron su cuello para dejar al descubierto su yugular que apenas se veía bajo la papada. Vio los ojos rojos de la bestia, los colmillos reluciendo y clavándose en la carne sin piedad. Los gimoteos de Desmarais eran tan ridículos que casi rompió a reir. Siguió la escena con atención, sin despegar los labios hasta que la sangre comenzó a brotar de aquel cuello sin control, Joe retiró los colmillos, pero no estaba muerto. De alguna forma estaba preguntándole a Erline si quería matarlo, ella asintió en silencio. La mano de Black atravesó el pecho de aquel infeliz y extrajo el corazón de un seco movimiento. El pobre diablo cayó al suelo convulsionando dos veces y con los ojos abiertos.

Erline se quedó quieta unos segundos en silencio, observando la escena a cámara lenta, fascinada por la sangre y el latido del órgano en las manos de Joe. Caminó despacio, un pie delante del otro hasta detenerse frente al cadáver de ojos abiertos. Despegó los labios y le habló al muerto, como si tuvieran un diálogo antiguo que acabar.

¿sabes lo que es la moralidad, querido Desmarais? son las barreras que los mediocdres imponen al mundo para que su patetismo sea menos visible, quede menos molesto.— Alargó las manos y cogió aquel corazón notando la sangre resbalar por sus manos y cómo se movía levemnete aún, hasta que dejó de hacerlo.— Ahora mismo hay mil millones de personas en este mundo, y hubo otros miles que la pisaron antes. La mayoría va de aquí para allá sin saber qué hacer con su vida, muchos desperdician su potencial, los que son como tu no tienen nada que ofrecer al mundo y otros... simplemente no tienen suerte. Pero la gente como tú deja una huella tras de si que es aplastada por el peso de la historia. Unos pocos tienen el coraje de cambiar las cosas, y lo hacen porque son capaces de crear sus propias normas. No imaginabas cuando tan sólo era una cría que sería yo quien acabase con tu doble moral, siempre creíste que no saldría de aquí, y lo hice, establecí mis normas ya lo ves.

Echó un último vostazo al corazón y lo lanzó a un lado donde un par de gatos callejeros se detuvieron a a olerlo. Se giró sobre sus talones y salió del callejón esperando a Joe. La escena no le había producido ni un solo sentimiento de repulsión, de culpa, de remordimiento, de horror. Acababa de matar a alguien indirectamente, había visto la crueldad del acto, la sangre y la violencia y no sentía nada, al menos no en ese momento. Se miró las manos llenas de sangre y luego miró a Joe.

Le invito a una copa en mi casa.



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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

Mensaje por Joe Black Ayer a las 7:21 am

Su mano sobre mi brazo, así, con una ladeada sonrisa reflejada en esas peligrosas esmeraldas caminamos lentamente por los jardines de la mansión rumbo a donde nos esperaba el cochero.
Ambos íbamos a abandonar la fiesta juntos, y posiblemente eso diera de que hablar, algo que realmente no me preocupo en demasía, pues ni mi matrimonio era uno por amor ni ella parecía una de esas mujeres que se deja llevar por lo que dice de ella la alta sociedad.

Subimos en el carruaje, entre conversaciones banales el paisaje fue cambiando, desde las opulentas casas bien decoradas con motivos florales, calles iluminadas y engalardonadas para la ocasión a una zona tétrica, llena de podredumbre y mujeres de la mas baja calaña ofreciendo su cuerpo al mejor postor.

Nos apeamos en una plazoleta cuyo olor a orín, a enfermedad y a alcohol apestaba, un lugar nada adecuado a gente como nosotros, claro que los depredadores tienden a adaptarse bien a cada circunstancia que se les platea delante.
Caminamos como si lo hiciéramos por un palacio, con la elegancia de los que saben flotar y así tomamos finalmente asiento en un banco frente a una mierda de burdel donde cualquiera podría salir con ladillas y otros males.

No tuve que preguntar para saber que de ese lugar provenía la mujer que me acompañaba, mas lejos de eso casarme cierto desazón, me cautivo, ahora entendía esa oscuridad que ostentaba, la vendetta corría por sus venas y olía dulce, apetitosa.
Conversamos sobre mi reciente futuro matrimonio, no porfundizaramos en el tema, tan solo la elección de la dama y como trascurrió aquella fiesta.

Sus palabras se detuvieron abruptamete al ver salir por la puerta un hombre calvo, gordo y a decir verdad bastante desagradable a la vista humana incluso una presa que jamas hubiera elegido como alimento, no me gustaba el exceso de grasa, ni siquiera en la vitae que consumía habitualmente.
Me puse en pie, presa marcada, depredador al acecho y sin tener que cubrir demasiado mi rastro pues en ese lugar de degeneración las muertes no tenían mayor importancia, atrape al tipo por el cuello adentrándome sin esfuerzo con el cerdo gritando al callejón del lado.
La matanza empezaba y la verdad es que no me deleité con aquel que nada atraía a mi ser, ladeé su cuello ante la atenta mirada de la dama y así mis ojos echos fuego delinearon sus labios antes de hundir mis colmillos en el cuello del marrano y con grandes tirones succionar gran parte del alimento que me daba sustento.

Podía sentir cierta excitación en la viuda de seda, y al separarme con los labios chorreando sangre y relamerme esta comenzó un discurso posiblemente estudiado que repitió frente al moribundo.
Su asentimiento basto como para desde la espalda introducir mi mano por su espina dorsal y sacarle el corazón.
Le dejé deleitarse de este acto, que viera a su verdugo morir mirándole a los ojos y para finalizar el pecaminoso momento le entregué el corazón sacando un pañuelo para limpiar mi mano de todo rastro carmesí.
-¿Una copa? Acepto -susurré volviendo a tenderle el vaso para alejarnos de aquel lugar que había marcado un antes y un después para ambos.



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Re: Paradis de l'enfer [priv. +18]

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