Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Dominic Custler el Lun Mayo 01, 2017 11:01 am

Había vuelto a quedarse solo, igual que años atrás cuando los vampiros le arrebataron todo cuanto amaba. Se habían ido todos y se había despedido de ellos con una sonrisa como siempre hacía, escondiendo lo que realmente sentía. La hermana Bernadette, la monja que le estuvo ayudando desde que llegó a París, se había ido de su lado para seguir adelante con su vida, lo cual era lógico, pues nunca tuvo más motivos para llevar al hábito que esconderse de aquellos que la perseguían. Le deseó suerte y no volvió a verla. Y Stein... Acababa de lanzar a los brazos de una mujer al hombre al que amaba, pues su relación jamás habría funcionado, no a escondidas y siendo tres en la ecuación. Y su mejor amigo, su único amigo, Corbin, se había ido con ellos. Los tres serían felices y no podía culparlos por ello, pues fue su elección el no poder soportar compartir un amor. No era esa clase de hombre, con el tiempo habría acabado volviéndose loco. Si es que no lo estaba ya.

Rió. Una carcajada seca y melancólica escapó de su ronca garganta, afectada por los litros de alcohol con los que parecía querer ahogarse, y de los cigarrillos, uno tras otro, con los que inconscientemente se daba muerte lentamente. Cualquiera que le viera podía llevarse una idea errónea de lo que estaba haciendo allí: en medio del puente, sentado en la baranda de piedra con los pies colgando en dirección al agua, parecía estar a punto de arrojarse hacia esta. Con lo fría y revuelta que estaba, suerte tendrían si encontraban algún resto de su cuerpo. Pero no, no era suicidarse su intención. Jamás lo sería. Tal vez no fuera el religioso más devoto, pero la doctrina del padre Marcus a lo largo de su infancia le impedía siquiera pensar en aquella absurda idea. Simplemente estaba ahí porque en las tabernas no querían servirle más alcohol, en el prostíbulo podría encontrarse con Corbin y, bueno, el motivo tal vez más importante: la Inquisición estaba buscándole para cortarle probablemente la cabeza y las pelotas por la traición ya descubierta.

-Tal vez sea momento de cambiar de aires. De todos modos los franceses nunca me han caído bien - dijo en voz alta, tal vez demasiado alta, antes de darle otro sorbo a la botella de whisky. - Además ni siquiera saben hacer un buen whisky - balbuceó, completamente borracho.

El aire mecía su cabello revuelto, su débil silbido era todo cuanto se escuchaba en el lugar. Las calles oscuras, desiertas, se sentía el sereno que vigilaba cada puerta. Su expresión era la misma de  siempre: despreocupada, perdida en la nebulosa etílica; el rostro de un don nadie. Si no había sido atacado aún por alguna criatura, era porque estas sabían que no podían menospreciar su patético aspecto. Siempre estaba alerta, aunque no lo pareciera, y bajo su casi ceñido abrigo reposaban varias armas con las que al menos los haría huir.




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Re: The meaning of life | privado

Mensaje por Miklós L. DeGrasso el Lun Mayo 01, 2017 2:46 pm

Laborc se había esfumado. Pam, ya estaba: la valiente pantera se había ido, había corrido tan lejos como se lo habían permitido sus patas fuertes y sus músculos desarrollados, de ese felino que Eszter habría amado más que a su hijo de haberlo conocido, y que tras su marcha había dejado la nada más absoluta en él. Qué irónico que le hubiera sucedido consigo mismo, con la identidad animal que él más identificaba con Miklós, lo mismo que con su hermana: la diferencia principal radicaba en que él había visto morir a Imara con sus propios ojos, porque los Finnegan así lo habían deseado para hacerle sufrir, y la pantera simplemente se había largado. ¡Bendita ella, cuánta fortuna! Si Miklós pudiera sentir algo, seguramente la envidiaría con cada maldita fibra de su ser, pero esa era otra: ya no podía sentir nada. La apatía eterna, existencial, a la que ya debería haberse acostumbrado, volvía a aparecer con aún más fuerza, y esta vez no había absolutamente nada que se colara entre sus rejillas: ni dolor, ni pena, ni rabia, ni frustración, ni nada. Laborc se había convertido en Miklós, y Miklós, el magyar, estaba completamente muerto por dentro, su mirada no decía nada, y su expresión aún menos, a juego con un hombre que lo había perdido todo. ¿Y acaso podía ser de otra manera cuando todo lo que había amado en su vida (¡nada más que eso, para lo único en lo que no había sido un egoísta de cuidado y se había conformado con tan poco...!) le había sido arrebatado? La primera vez había sobrevivido, aún no tenía particularmente claro cómo, pero esta... esta no iba a dejar nada de él, era como un tornado que arrebataba todo a su paso y que lo había dejado desnudo, en blanco, como jamás había querido ser, como ahora no le importaba devenir. A fin de cuentas, le daba igual todo; si le hubiera importado lo más mínimo, no estaría en esa situación, para empezar.

Miklós no era exactamente guapo, en eso podía estar de acuerdo casi todo el mundo. Atractivo sí, claro, con esos pómulos firmes, esa mandíbula marcada y esos ojos azules y fríos que eran, en tiempos, lo más expresivo de su rostro; hasta una capa de roña y de sangre, como la que a veces lo cubrían, lo volvían aún más atrayente. Sin embargo, nada de eso sobrevivía ya en él: su piel, cerúlea, aparecía tirante y escamada; sus labios, secos; sus ojos, con enormes bolsas y negras ojeras. Su cuerpo, aún musculoso porque no le había dado tiempo a destrozarse tanto a sí mismo, se veía encorvado, y arrastraba los pies en su camino a... ¿A dónde se dirigía? No lo sabía. Se había planteado la iglesia, pero sabía que el perdón de Dios no lo iba a recibir ya a aquellas alturas, y además su padre inquisidor también la había diñado, así que, sinceramente, ¿qué le quedaba? Se enfadaría con el Santísimo por haber decidido terminar con ese tira y afloja que el pecador húngaro y él habían estado manteniendo desde hacía casi sesenta años, pero, una vez más, eso implicaría sentir algo, y Miklós se encontraba fuera de todas esas consideraciones. No, a falta de hacerlo literalmente (y hasta ganas le faltaban, pero volvíamos al problema de siempre), se encontraba metido en un hoyo tan profundo como el que sus pies parecían ir clavando en la tierra con cada paso, en paralelo a un río en el que ni se fijaba, igual que ignoraba los puentes que lo atravesaban y permitían el paso de una orilla a otra. Sus propios problemas eran mucho más importantes que eso, ¿no...? Bueno, tal vez, pero seguía siendo un animal (aunque se supiera incapaz de convertirse en pantera, al menos desde que todo había sucedido), y poseía sus sentidos; así pues, escuchó al hombre, primero, y lo vio, después, sentado en el puente y con el mismo vacío interior que él. Tal vez por eso decidió interactuar... por eso y porque, total, qué más daba. – Los hay peores que los franceses. Los escoceses, por ejemplo, por muy buen whisky que hagan, son rastreros y lo peor. Al menos a los franceses te los ves venir. – opinó.

Si hubiera podido sentir algo, tal vez se habría asustado por lo apática que sonó su voz, en consonancia con su aspecto; la ventaja, precisamente, de estar sumido en el vacío existencial era que no sólo no se preocupaba, sino que encima se la traía bien al pairo haber, potencialmente, estropeado un (¿tal vez?) suicidio ajeno.



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Re: The meaning of life | privado

Mensaje por Dominic Custler el Jue Mayo 11, 2017 2:25 pm

Una voz rompió el silencio del que hasta entonces no se había dado cuenta. Una voz que acalló el murmuro del agua corriendo y del viento silbando. Una voz que, en definitiva, era desconocida para él, mas no despreciada. Tal vez, después de todo, solo necesitaba algo de anónima compañía que ayudara a sacudir y alejar los fantasmas que empezaban a rondarle. Fantasmas con los que cada vez se sentía más incómodo, sobretodo tras haber saboreado lo que se sentía no tenerlos cerca. Pero ahí estaban de nuevo, acechando cual manada de lobos hambrientos, recordándole no solo el pasado, sino también lo que acababa de perder por haberse dejado llevar por los sentimientos. Ah, si pudiera echar el tiempo atrás... ¿Cambiaría algo? Probablemente no. Si el hombre tropezaba dos veces con la misma piedra, él tenía un plus de hacerlo una tercera. No tenía remedio, qué se le iba a hacer.

Volteó el rostro hacia su anónimo amigo y sonrió con un aura relajada que siempre le caracterizaba, pero que no sentía en ese instante en su interior. - Debo decir que entonces me llevaría bien con los escoceses. Se parecen a nosotros, los americanos - soltó una risa suave entre dientes antes de observarle más detenidamente. Era guapo, aunque su testimonio fuera poco de fiar. Entre el alcohol y su debilidad por los hombres de pómulos marcados no podía ser muy objetivo. Sin embargo, no fue lo que más llamó su atención. No tenían la misma altura, ni el mismo acento, mucho menos la misma complexión... y, aún así, era como verse en un espejo. Los dos lagos negros bajo un par de ojos cansados; la piel pálida, huyendo del sol por rondar malos caminos, y la misma soledad como compañera que cargaban en los hombros.

-Veo que no soy el único a quien le pesa el alma esta noche. No seré muy buena compañía, pero tengo alcohol de sobras que podemos compartir - alzó el brazo que sujetaba la botella, meneándola para hacer bailar el líquido que apenas había descendido de la boca de cristal. Volvió la vista al horizonte tenuemente iluminado por algunas viviendas aún despiertas, sin importar si el desconocido aceptaba o no. Si se quedaba o seguía su camino errante. Él siguió hablando, pues de por sí era de lengua activa. - Espero que no seas de esos que van en contra de la religión, porque de vez en cuando se me escapa algún sermón. Gajes de servir como cura desde adolescente. Aunque no descarto una discusión sobre creencias, cualquier cosa me viene bien para olvidar qué hago aquí.




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Re: The meaning of life | privado

Mensaje por Miklós L. DeGrasso el Mar Mayo 16, 2017 2:34 pm

¿Los americanos eran rastreros? Miklós no lo sabía. No se había relacionado con nadie de ese continente; demonios, ¡si ni siquiera se había relacionado con mucho más que europeos en toda su vida...! Las excepciones habían existido, por supuesto, gloriosas en su brevedad, pero la tónica general de la vida del húngaro habían sido sus compatriotas, especialmente los húngaros, y precisamente por una húngara se encontraba metido en ese hoyo en el que se ahogaba cada vez más, sin detenerse ni por un momento. Pensar en ella le dolería si Miklós no hubiera decidido anular por completo cada maldito sentimiento que hubiera podido albergar en su interior desde niño: sólo existía indiferencia, y precisamente por eso se acercó al otro, al americano; por eso y, por descontado, por el alcohol, en el que casi mejor debería bañarse para ver si, así le hacía el efecto que él deseaba. Tendría que tener cierto cuidado con la posible tentación de, una vez empapado, encender una cerilla y verse arder como si todo fuera un auto de fe, como tantas veces que había deseado la Inquisición verlo de esa guisa antes y después de que DeGrasso lo reconociera; conociéndolo, seguramente lo tendría, porque Miklós no era suicida y... bah, esa historia estaba muy vista a aquellas alturas. Así pues, considerando todas las posibilidades a su alcance con el desinterés que lo inundaba todo en su vida, se encogió de hombros y subió al puente con él, sentándose a tiempo de escuchar cómo el otro, con ese acento tan extraño que se le ponía a los angloparlantes al destripar el francés, le preguntaba acerca de su relación con la religión. No contento con ello, también mencionó algo de hacer de cura de adolescente, y con eso el desconocido se ganó que Miklós lo mirara, mínimamente curioso por entender algo que en su fe católica no encajaba muy bien: ¿era cura ya o no, si lo había sido?

– Soy... Bueno. Era creyente. Me educaron católico desde que era un crío, aunque era difícil de entender por qué demonios creía cuando sabía ya entonces que acabaría entrando al infierno a hombros y por la puerta grande simplemente por existir, sin importar mis acciones. Ahora... ya no sé si lo soy. Supongo que sí, sigo creyendo en Dios, pero tengo la certeza de que nos ha abandonado a todos, así que ¿de qué sirve? – reflexionó, y no supo si lo hizo más para sí mismo o para el hombre que lo acompañaba, pero lo cierto fue que poner sus temores religiosos encima de la mesa no le había hecho sentirse ni una pizca mejor. Se necesitaría un milagro, uno de los de verdad (convertir el agua en vino no contaba, aunque en opinión de Miklós era uno de los milagros más prácticos que se podían hacer), para que eso sucediera; si el húngaro comenzaba a sentirse algo menos hundido, bueno, tal vez sus dudas en la divinidad se esfumaran por completo. – No tengo inconveniente con los curas, aunque no ejerzan siempre como tales. Me resulta difícil asimilar que un cura pueda estar buscando consuelo en algo que no sea agua bendita, pero siendo americano, como dices, supongo que será cosa vuestra. – observó, para, a continuación, coger la botella que el otro le había ofrecido con cierta delicadeza (no se la arrancó de las manos, vaya; Miklós era capaz de eso y de mucho más por obtener lo que quería) y darle un buen trago, largo como sólo un bebedor experto era capaz de darlo sin ahogarse ni quemarse con el fuego del licor. Al menos en eso sí que podía decir que tenía cierto talento; en eso, por supuesto, y en todo lo que tuviera relación con la más pura autodestrucción. – Con la Iglesia tengo mis disputas, puras tonterías, pero habiendo sido cura, ya sabes cómo se las gasta. Es con la Inquisición con quien me llevo peor, y eso que hace no demasiado estuve a punto de entrar... Pero, claro, no lo hice. ¿Qué pinta alguien como yo ahí metido? Así que vuelve a ser quien me persigue. – comentó.

¿Habría dicho Miklós todas esas verdades de saber quién era el otro? Probablemente, dado su estado mental; sin embargo, no las habría dicho de no haberse encontrado a alguien dispuesto a escuchar, y aunque sólo fuera por eso, Dominic había conseguido una gran hazaña con respecto a Laborc, y más concretamente a traerlo de vuelta.



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Re: The meaning of life | privado

Mensaje por Dominic Custler el Mar Jun 06, 2017 2:51 pm

Quien avisa no es traidor, que decían, y tal como advirtió previamente a su recién adquirido compañero nocturno, tocar la religión ante él suponía riesgo de diarrea verbal. Y es que, devoto o no, crecer junto al padre Marcus le marcó notablemente de por vida. La visión que aquel hombre tenía de la religión era más parecida a las escrituras que en lo que había deteriorado el tema en esa actualidad y, más importante aún, nunca usó su fe en beneficio propio, a diferencia de los orondos curas europeos que usaban el nombre del Señor para llenar aún más sus arcas. Había más pecado en la Iglesia que en las retorcidas calles francesas, tal vez por ese motivo seguía en París; la culpabilidad por su grotesco estilo de vida no pesaba tanto en la consciencia si alzaba la cabeza y veía lo que hacían los de "arriba".

-Abandonar... - negó con la cabeza y sacó una pequeña caja metálica en cuyo interior, perfectamente alineados de forma paralela, había siete cigarrillos previamente liados. Se llevó uno a la boca, quedando de inmediato pegado a su labio inferior, de modo que mientras hablaba este oscilaba sin riesgo a caer. Tras encenderlo le ofreció a su misterioso amigo. - La gente está muy equivocada. Dios no es un solucionador de problemas. No es el alcalde de una gran ciudad a quien poder ir a reclamar. Dios es un padre que nos ha dado la vida y una educación, y está en nuestras manos decidir qué camino vamos a tomar. Toda acción tiene sus consecuencias. Joderte la vida y luego rezar cuando tienes la mierda hasta el cuello no  te servirá, no es así como funciona. Culpar a Dios por abandonarte cuando tú mismo te has metido en el hoyo es un acto de ceguera - no hablaba en segunda para señalarle directamente, hablaba más bien en general. Él también se había encontrado en aquella situación y tardó su tiempo en darse cuenta que la culpa siempre era de uno mismo, las pataletas no servían absolutamente de nada.

Se detuvo de repente y le miró con una sonrisa cargada de circunstancias. - Lo dicho, tengo un problema con eso de los sermones - reclamó la botella con una mirada y dio un buen trago que saciara su garganta, totalmente torturada por tantos días regodeándose en la misma pena. ¿Qué estaría haciendo su demonio a escasas horas de la boda? No, no, céntrate Dominic, pasa página.

-Así que te persigue la inquisición... - arqueó las cejas y se quedó mirando el río. ¿Sería cosa de la casualidad o más bien de la causalidad? Aquel encuentro nocturno, silencioso y repentino, se estaba tornando místico. Que el azar quisiera juntar a dos proscritos perseguidos parecía una broma del destino. - Ya somos dos. ¿Quieren darte muerte o solo unos azotes de advertencia? Porque si es lo segundo, amigo mío, te aconsejo alejarte de mí. El pecado de la traición es para ellos peor incluso que andar bebiendo sangre de vírgenes de alta casta. Podría haber intentado mentir, pero aquí entre nosotros, se me da fatal. Con lo que me gusta el póker y soy pésimo jugador.




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Re: The meaning of life | privado

Mensaje por Miklós L. DeGrasso el Jue Jun 08, 2017 2:05 pm

Cierto, él se lo había buscado, pero a diferencia de todos los religiosos de moral propia laxa y ajena estricta que había conocido en su vida, su interlocutor era capaz de mantenerse en términos con los que el húngaro podía estar más o menos de acuerdo, que no del todo. En su opinión, si Dios los había creado a todos (eso no lo discutía) y en la Biblia estaban recogidas varias veces que había intervenido directamente en disputas de su rebaño, ¿por qué no hacerlo ahora? Durante la primera parte de su vida había sido bueno, un cristiano ejemplar, pero cuando había tenido problemas Dios no lo había ayudado, ni siquiera había hecho acto de presencia: nada. Por eso, Miklós había decidido condenarse él solito a base de pecados que él sabía que lo eran; por eso, al principio había tenido grandes problemas para asimilar su fe y compaginarla con sus actos, pero ¿después? Después había llegado su convencimiento del abandono, y nada de lo que el otro pudiera decirle al respecto le haría cambiar de opinión; sin embargo, no era del todo inútil que hablaran, puesto que al mantener una conversación en términos tan teológicos y metafísicos, Miklós podía centrar su atención en algo que no fuera su dolor, lo cual era de agradecer. Inconscientemente, pues no era una decisión que hubiera tomado de haber tenido la posibilidad, siguió todas sus palabras aunque no lo mirara y su vista se desplazara a lugares aleatorios, como la botella o la pitillera llena de siete (seis, en cuanto él cogió uno; esa clase de detalles colmaban su atención) cigarros, que él no se moría precisamente por probar. Si no estaban rellenos de opio, él prefería tomarse el tabaco como rapé, esnifándolo; aquel era uno de sus vicios más antiguos, con lo cual no le sorprendía haber pensado en ello cuando hablaban, precisamente, de pecados varios...

– No estoy ciego, el hoyo es mi culpa. Cada palazo que he dado para retirar un poco de tierra y encajar mejor ha sido mi responsabilidad. Lo de antes, sin embargo, no. – replicó, sin entrar en detalles, porque definitivamente no se encontraba ahí en la conversación. Por mucho que ese momento de su vida en el que había sido (y parecido, que en él nunca iba a la par eso) hijo solo fuera menos doloroso que aquel en el que había tenido hermana y, casi, hija, seguía sin querer tratarlo, pues su mente podía volverse inestable y abrazar, del todo, la apatía en la que se había visto inmerso sin elegirlo. Hablando de hoyos en los que había terminado, ese era, sin duda, el peor de todos, porque ese no se lo había buscado. – Muerte, definitivamente. Unos azotes habrían bastado hace años, sólo por mi comportamiento, pero una vez saben lo que yo soy, definitivamente es muerte, no tengo más remedio que aceptarlo. Y por nacer, fíjate; la Inquisición es curiosa en eso, ¿no? Deja mucho lugar para solventar los pecados de los que acusa... – reflexionó, mordaz, pero su tono se mantuvo tan neutro como su mirada y sus pensamientos; Laborc, el desaparecido, seguía sin dar señales de vida, y ese Miklós vacío que hablaba con el “sacerdote” americano estaba muerto por dentro, no cabía mucha duda al respecto. – Beber sangre de vírgenes no es nada comparado con la traición, cierto. En mi caso, qué decirte: me acusan de lo mismo. Y he cometido muchos, muchísimos pecados en mi vida, pero asesinar a un inquisidor a sangre fría con el cual tenía un lazo importante y conocido por el Santo Oficio no es uno de ellos. Pecador, sí; bastardo condenado, ¡por supuesto! Estúpido, no. Así que me da lo mismo alejarme que quedarme, me parece que estamos igual. ¿Brindamos por ello? – propuso.

Miklós ignoraba qué era lo que había hecho el otro, igual que tampoco había detallado mucho que lo buscaban por asesinar a su padre (aunque no lo hubiera hecho) y por ser un cambiante, pero la noche era joven, y aún tendría mucho tiempo de hacerlo... si es que quería, claro. Por lo pronto, era dudoso que así fuera.



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Re: The meaning of life | privado

Mensaje por Dominic Custler el Vie Jun 30, 2017 12:15 pm

-Puede parecer, de hecho lo más probable es que lo sea, injusto que te persigan por el simple hecho de nacer. No es difícil entrever por tus palabras que eres un cambiante, lo cual hace que me sienta obligado a preguntar - giró la cabeza y le miró con media sonrisa relajada, pues ahí nadie estaba para juzgar los pecados de otros, no era más que una charla entre dos proscritos amantes de la botella y la noche -, ¿habría sido distinta tu vida de no haber sido lo que eres? Porque aquí donde me ves no soy más que un humano que a duras penas se mantiene hoy en pie. Abandonado al nacer, lo más seguro es que mi madre fuera puta, pero sigo siendo solamente un amasijo de huesos y vísceras retorcidas y, aún así, aquí estoy, pensando dónde largarme para que la Inquisición no me de cariño en alguna de sus máquinas de tortura. Elecciones, querido desconocido, las elecciones nos llevan a donde estamos. Podría haber mantenido mi celibato y condenar al brujo que me ha llevado a donde estoy ahora, pero tomé otro camino y asumo las consecuencias.

Dio un generoso trago a la botella y la apoyó en el barandal de piedra, justo a su lado al alcance del cambiante. - Hay otra cosa que tener en cuenta, y es que hoy en día la religión va de la mano con el poder. Y así no se puede predicar el Bien. Mientras sea más importante la cantidad reunida en sus arcas que el bienestar de la gente a quien supuestamente deben cuidar, hombres como tú seguirán siendo una amenaza para ellos. Eres el factor miedo. Tienes la fuerza para derrocar su imperio, por eso os persiguen, no hay ningún motivo religioso tras ello en realidad. Y te lo dice alguien que ha pasado muchos años, más de los que recuerdo, trabajando para ellos. ¿Es injusto? Sí. ¿Es motivo suficiente para encontrarte con la mierda hasta el cuello? Yo digo que no, puesto que ha estado siempre en tus manos la capacidad de elegir qué camino tomar.

Se puso en pie en el barandal como quien no quiere la cosa y bajó de un salto al mismo nivel que el otro, mientras se abrochaba la casaca negra que le cubría hasta las rodillas. En medio de la negrura más espesa solo se vería su mirada, pues la barba de varios días abandonada ocultaba gran parte de su rostro. Su mirada, velada por la cantidad de alcohol que corría por su sangre, era tan serena como las palabras a continuación, aunque el contenido de su mensaje pronosticara todo lo contrario.

-Ahora, hijo, me veo en la urgente necesidad de decirte que, una vez más, tomes una elección. En estos momentos se están acercando dos inquisidores por la entrada al puente de mi espalda, y no voy desencaminado si digo que por tu lado no tardarán tampoco en aparecer. ¿Cómo lo sé? Ya habrá tiempo para explicaciones, ahora lo importante es: ¿te quedas a pelear o me acompañas a algún otro solitario lugar donde poder disfrutar de más tranquilidad y, cómo no, de una botella más?

Spoiler:
Perdona la tardanza T_T




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Re: The meaning of life | privado

Mensaje por Miklós L. DeGrasso el Lun Jul 10, 2017 2:25 pm

Miklós ni siquiera necesitó pensar para saber la respuesta a la pregunta que el otro le había hecho: sí, su vida sería igual hasta si hubiera nacido humano, porque habría seguido siendo el hijo de una gitana, y la persecución habría continuado siendo intensa. Es más, incluso se habría encontrado en una enorme desventaja por el hecho de que, claro, siendo gitano no contaba con la fuerza y la habilidad de la pantera (a la que no sentía en ese momento como suya), así que ni siquiera habría podido defenderse de la Inquisición como siempre había hecho y siempre hacía. Le pesara a quien le pesase, especialmente a él mismo y sobre todo dadas las circunstancias y su enorme pérdida, Miklós siempre había sido un animal; Laborc o no, la naturaleza del húngaro era de bestia, no de humano, y en los animales existía algo llamado instinto de supervivencia que hacía que, aunque a veces lo deseara, su propia naturaleza les impedía morir. En el caso del húngaro, ese instinto estaba desesperadamente vivo a raíz de su propio tren de vida, frenético cuando lo había necesitado para ver si así sentía algo (entonces había creído que ni por esas, pero ahora se daba cuenta de lo equivocado que había estado), e incluso a través de las circunstancias. Así pues, poco importaba que él fuera medio suicida y viviera por y para el peligro, igual que no importaba demasiado que odiara su existencia sin Imara y a veces quisiera ponerle fin: algo se lo impedía, algo que un creyente como él asociaba con Dios, pero que, fuera lo que fuese, existía con fuerza en su interior. Con tanta fuerza, de hecho, que Miklós continuamente se encontraba luchando por probar los límites, y ni una sola de las palabras del religioso con el que se había encontrado iba a hacerle renegar a algo que era tan parte de sí mismo como solía serlo la pantera.

– Sí, bien, estoy de acuerdo, con casi todo pero bueno. Mis elecciones las tomaron por mí antes de que yo pudiera y eso me condenó del todo, yo sólo ayudé a cavar mi propia tumba. – replicó, distraído, pues estaba agudizando el oído y el olfato, sus sentidos más desarrollados como gran felino que era (y hasta el otro lo sabía, aunque no era muy difícil deducirlo al verlo), para ver cuánta razón tenía el otro. Apenas le sorprendió saber que sí, eran cuatro, pero más porque ya no le sorprendía nada que por otra cosa, la verdad. – Vete a otro sitio a beber si tú quieres. Ah, y coge la botella, tienes cara de necesitarlo, pero la mejor solución para mí no suele ser esa, sino esta otra. – replicó, sacudiendo la cabeza, y al momento siguiente se plantó ante el otro, en el lugar que antes ocupaba Miklós, un enorme león con el pelaje negro, una de sus señas de identidad más arraigadas. Bien, tal vez la pantera se había marchado y fuera incapaz de recurrir a ella, pero el león era la bestia más parda de todas en las que se transformaba, y por ello la eligió para lanzarse a por los inquisidores que lo perseguían, pues sabía que así lo haría sin piedad y con violencia. ¡Cuán sangriento resultó el espectáculo final! No le importó al león si el inquisidor borracho lo miraba o no, si le importaba la sangre o no, y tampoco ser herido: el león hizo su voluntad y de los inquisidores no quedó nada, con consecuencias en su pelaje en forma de golpes y heridas graves, pero ¿a quién le importaba? Estaban muertos. Como él por dentro, pues no sintió nada, ni siquiera cuando se transformó y se limpió parte de la sangre que aún le quedaba en el cuerpo humano. – Vendrán más detrás de ellos. Ahora tal vez deberías echarme un sermón sobre lo pecador que soy o invitarme a esa botella, una de dos. – sugirió, aún más apático que antes.

No dejaba de resultar curioso, al menos para él, que habiendo hecho algo que se suponía que debía de haberlo estimulado, se sintiera igual de vacío que antes de hacerlo... Así de dolorosa había resultado la muerte de Imara para él, tanto que ya no podía sentir más dolor, y, por eliminación, tampoco nada de lo demás.



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Re: The meaning of life | privado

Mensaje por Dominic Custler el Mar Jul 18, 2017 9:56 pm

La elección estaba entonces en sus manos. Marcharse por donde había venido, perderse entre las sombras como bien sabía hacer porque, al contrario que la bestia que se formó ante sus ojos y por muy diestro que fuera en la pelea, cobarde o no sus elecciones siempre trataban de evitar cualquier enfrentamiento que finalizara en más muertes innecesarias. No era él quien debía juzgar el pasado de aquellas pobres cuatro almas cuyo final ya estaba escrito. No. Esa tarea siempre era del de Arriba. Las únicas excepciones eran vampiros y lobos, pues la maldición que pesaba sobre sus cabezas dejaba sus almas a libre albedrío. Ni Cielo, ni Infierno, no había lugar para ellos. O al menos era lo que había aprendido en los libros más antiguos. El otro camino a tomar, el finalmente elegido por andar desvariando, era quedarse y esperar a que su más reciente desconocido acabara la matanza que, de repente, se le antojó como una buena vía de escape para todo aquel amasijo de sentimientos que oprimían sus entrañas. Le envidió -un pecado más que añadir a la interminable lista- por ser capaz de abalanzarse a aquella cruzada sin sentido guiado por el impulso de supervivencia.

Dominic era un hombre de muchas caras. La religiosa. La divertida. La distraída y siempre bondadosa. La del fiel amigo que antepone a los demás. Pero también había otra, mucho más oscura, contra la cual luchaba diariamente para mantener a ralla. Habitaba en él un ego rencoroso y ansioso por provocar dolor a los demás, nacido cuando la maldad aún era un concepto indeterminado y desconocido para él, años atrás. Habría sido sencillamente sublime dejarse llevar del mismo modo que su nuevo amigo y sesgar aquellas vidas, pero entonces... ¿en qué le convertiría aquel acto depravado? No le preocupaba el Infierno, pues ya había aceptado que le habían reservado un sitio entre las eternas llamas, mas no podía permitir convertirse en aquello que más odiaba sobre todas las cosas: un asesino a sangre fría. Porque esa noche podrían ser cuatro inquisidores, pero nada le aseguraba que en un futuro no fuera un simple borracho que le tirara la copa por un desafortunado empujón.

Así que simplemente observó, botella en mano, el rápido desenlace de aquellas desgraciadas almas en manos de la bestia. De precioso pelaje, no le pasó inadvertido el detalle. Desvarió unos minutos más preguntándose en qué animal se convertiría él en caso de haber nacido como uno, hasta que el silencio volvió a ser protagonista -fugaz, pues con el estómago lleno y la botella vacía, esta rompió en pedazos no muy lejos- y encendió el enésimo cigarrillo de la noche.

-O ambas - resolvió con una sonrisa austera -, pero la sed vuelve y el tiempo apremia. Acompáñame, nuevo amigo, conozco un lugar donde nadie nos encontrará.

El lugar mentado no era otro que su vieja y aún a medio construir parroquia de la zona pobre. Un orgullo pronto caído en el olvido, pues aquella tal vez sería la última vez que dormiría o yacería al amparo de su techo. El polvo había desaparecido, las vigas habían sido renovadas, pero las ventanas seguían cubiertas por tablones a la espera de encontrar un hueco en su ajetreada existencia para repararlas. No había velas que iluminaran su interior, ya no, pero fueron tantas las noches allí a solas que conocía cada centímetro desde la modesta entrada hasta el altar. Aquel seria el último lugar donde irían a buscar, pues nadie pensaría que con la vida pendiendo de un hilo osara volver al lugar de los terribles acontecimientos.

-Ponte lo más cómodo que puedas. Debe haber un colchón en alguna parte, aunque probablemente esté manchado de sangre. - Habló mientras se dirigía al sagrario, donde en lugar del vino y las hostias esperadas, había escondidas algunas botellas de whisky que, durante la ausencia de su ya desaparecida -y quisquillosa- monja, logró reunir. - Ahora que hemos compartido botella y somos cómplices de asesinato, creo conveniente que nos conozcamos un poco más. Empezaré yo, dejándote a elección si quieres compartir las penas que vamos a ahogar en estas horas venideras. He sido cura más tiempo del que recuerdo, me enseñaron a poner en duda todo cuanto viera u oyera, y esa enseñanza, sumada a mi carácter de por sí rebelde, han hecho de mí el párroco menos ortodoxo que puedas conocer. He ido de putas, me he emborrachado hasta el punto de perder en varias ocasiones la consciencia y no he tenido reparo alguno en mirar las posaderas de más de un feligrés. Qué le voy a hacer, soy un hombre después de todo. El alzacuellos solo es una promesa al hombre que me crió, quien me pidió encarecidamente que por favor siguiera el camino de la luz. Su error fue no especificar más.

Se sentó en uno de los bancos y apoyó los pies en el de delante con tanta naturalidad que evidenciaba la costumbre.

-Mi mayor error, tal vez, fue liberar a un brujo de la muerte en una oscura mazmorra de la inquisición. No contento con eso, acabé enamorándome de él. Siempre me he negado cualquier vínculo emocional por el estilo de vida que llevo. Cura de día, cazador de noche. Nunca hubo lugar para enamoramientos, hasta que llegó él con sus endiablados ojos azules y esa sonrisa que prometía el mejor sexo. Soy débil, lo confieso. El tonteo duró un tiempo, pero anoche fuimos descubiertos por los mismos que le condenaron y puedes imaginar que ya no soy mucho del agrado de mis "jefes". Unas horas después le acompañé al lugar donde iba a casarse con la mujer que ama y aquí me tienes: ahogando mis putos sentimientos en alcohol y preguntándome ¿qué viene ahora? No tengo dinero, ya no tengo profesión y mi mejor amigo se ha unido a ese matrimonio. Un trío de lo más poco común, si puedo permitirme el opinar. Así que estoy solo y borracho. Mala combinación, como sé por experiencia.




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