Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Cazador cazado. (Priv. Samara Alighieri)

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Cazador cazado. (Priv. Samara Alighieri)

Mensaje por Hector Lebeau-Fortier el Miér Mayo 10, 2017 11:05 pm

Corría por los tejados de París como una sombra que se desdibujaba bajo la luna. Buscaba el amparo de las chimeneas, de la altura de un edificio sobre otro para perderse de vista, las torretas, los alféizares de las ventanas para saltar de uno a otro. Corría como si no hubiera un mañana. Y realmente no lo habría si no corría como alma que lleva el diablo. Porque esa noche él, que siempre había sido el cazador, era la presa. Corrió y corrió, hasta que no pudo más.
No tenía el pulso acelerado ni la respiración alterada. Era un vampiro, estaba por encima de esos detalles. Pero sí estaba agotado, porque ni siquiera había podido alimentarse con propiedad. ¡Le habían interrumpido!
El pobre iluso había sido descubierto en el callejón, en un burdo intento de seducción a una desdichada humana que pretendía convertir en su presa. Pero oh, ante él tenía una visión arrebatadora.
Llevado por la impresión, deseando esa suave caricia de aprobación. Quizás algo de sangre compartida. Pero se llevó un chasco. Un chasco y una buena herida. Sólo la suerte le libró de que le estacasen el corazón. Aun así, la madera clavada en su hombro iba drenando su energía con cada momento que pasaba mientras corría.
Necesitaba un lugar seguro. Un lugar donde arrancarse el pedazo astillado y dejar que su cuerpo sanase.
El único lugar al que podía ocurrir para eso era a la casa de su señor. Una mansión en la zona noble, ricamente amueblada y que no daba el aspecto de ser el fuerte en que Héctor Lebeau-Fortier lo había convertido.

Robert Atwood, que así se llamaba el muchacho, trabajaba para Fortier desde hacía apenas diez o doce años. Había empezado haciéndole pequeños recados, recogiendo algún paquete para él, llevándole en el coche de caballos a alguna reunión o fiesta. Poco a poco había ido desempeñando más y más tareas. Todas sencillas y que no implicaban un alto grado de confianza. No obstante, le habían dado acceso a algunas dependencias de la mansión y su señor era muy reservado con quienes dejaba entrar en sus dominios. Muy pocos eran los privilegiados, así que no cabía en sí de gozo. Hector le había acogido cuando su Sire cayó a manos de unos cazadores. Pudo haberle dejado morir, pero supo verle una utilidad. Robert había correspondido el gesto con fidelidad.

Esa noche, Hector le había pedido que dejara un pequeño paquete en casa de uno de los miembros del Consejo, Nicolas Flamel. Había cumplido puntualmente sus indicaciones, pero al volver... se había distraído un poco y había acabado metido en un lío. Uno gordo. Fortier no iba a estar nada contento. Nada de nada.

Pero no podía pensar en eso ahora. Lo que quería era llegar hasta la verja de la mansión, atravesarla y sentirse a salvo. Porque si conseguía cruzar la línea de la propiedad de su señor, sus opciones de sobrevivir se incrementarían. Hector se había tomado muchas molestias estableciendo trampas y conjuros.

Cambió de dirección de nuevo, encarando la avenida casi al final de la cual se alzaba la mansión. Un poco más. Un poco más. Pero aquella vampira le pisaba los talones...


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Re: Cazador cazado. (Priv. Samara Alighieri)

Mensaje por Samara Alighieri el Dom Jun 04, 2017 4:56 am

Interminables horas confinada en la habitación del hotel habían ido sucediéndose lentamente desde mi llegada a París la madrugada anterior. Incontables minutos que había dedicado a imaginar todas y cada una de la infinitas formas en las que llevaría a cabo mi tan anhelada venganza. Terminaría de una vez por todas con la existencia del inmortal que se había convertido en mi Sire, y al que odiaba desde esa fatídica noche en la que dejé de ser una simple humana para convertirme en aquello que más detestaba.

A pesar de haberme transformado en una criatura de la noche,  había conseguido conservar ciertos principios que ya poseía en mi vida humana, así como mi profesión. Seguía siendo la misma cazadora de seres sobrenaturales que había sido antaño, especialmente de vampiros, de quienes además me alimentaba desde que me convertí en uno de ellos. No era solo el odio y el rencor que sentía hacia esos seres lo que me hacía haberlos escogido como mi alimento, sino el éxtasis que invadía todo mi cuerpo cada vez que la sangre de estos monstruos resbalaba por mi colmillos. Sentía como un extraño poder me embargaba con cada vidad inmortal sesgada, como mis habilidades se tornaban más agudos y mi fortaleza aumentaba cada noche.

Apenas había anochecido cuando el carruaje que el hotel había dispuesto para mi transporte se detuvo en la dirección indicada, un conocido y céntrico local nocturno donde se reunían gente de toda clase social, especialmente cazadores. Esperando pasar desapercibida, mi único objetivo en aquel lugar era conseguir información sobre ese inmortal al que buscaba, aunque sin hacer feos a ningún tipo de vampiro qu se cruzase en mi camino.
Estaba a punto de atravesar el umbral de la puerta de dicho local, cuando un extraña aura llamó mi atención por encima de las demás y cada uno de mis sentidos se posaron en el dueño de ésta, un joven inmortal acompañado de una inocente joven que desconocía la suerte que corría.

Minutos después ambos habíamos descubierto nuestra naturaleza y recorríamos las callejuelas de París a un ritmo sobrehumano entre callejones y tejados; el joven intentando librarse de mí, y yo tratango de alcanzarlo para obtener someterlo a un duro interrogatorio para después darle muerte. Los vampiros más antiguos conocían al resto de sus congéneres, y tal vez tuviese suerte y éste supiese más de lo que aparentaba.
No podía negar que el inmortal estaba en perfecta forma fisica, pero yo también lo estaba y tras cruzar siguiendo sus pasos medio París, opté por poner el punto final a esa perseccución, acortando distancias con rapidesz en cuanto dejamos atrás las calles más concurridas de la zona.

Me abalancé sobre el vampiro que parecía querer alcanzar una gran mansión que se observaba al fondo de la avenida. Clavé sin compasión mis colmillos en su cuello, derribándolo al suelo mientras mis manos sujetaban con fuerza sus hombros para hacerle retroceder.
-Donde está tu Sire?- pregunté en tono neutro, mientras le daba la vuelta y le inmovilizaba con un sola mano.- Si me ayudas, podrás salvar la vida. Solo piensa en que la información de que me des debe ser cierta.




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Re: Cazador cazado. (Priv. Samara Alighieri)

Mensaje por Hector Lebeau-Fortier el Vie Jun 16, 2017 10:53 pm

Salvar la vida.

Ambos sabían que eso no era posible. Si le mentía, ella le mataría, si le decía la verdad, le mataría su señor. No tenía demasiadas opciones y, en el fondo, prefería morir a manos de aquella mujer que enfrentarse a lo que Fortier podía hacer con él. Porque de lo que el Antiguo era capaz... prefería no averiguarlo. Bastante tenía con lo que le había visto hacerle a otros.

Se dejo inmovilizar sin oponer demasiada resistencia, porque sabía que aquello sólo empeoraría su situación. Levantó los ojos hacia los de la mujer y sonrió.
Sí, sonrió, aunque en su mirada había un brillo diferente.
-Buen intento.
Apenas unos segundos después, el rostro del muchacho se contrajo en una mueca de intenso dolor y miedo. Comenzó a sangrar por la nariz y los oídos. Apretó los ojos, que parecía que se le iban a salir de las cuencas.
Y poco después quedó completamente relajado. Inerte, como si durmiera un plácido sueño, con la mirada perdida, la boca abierta, pero ya no en esa mueca grotesca. La sangre manchaba su rostro. Ya poco o nada podría confesarle a la cazadora, porque alguien más había intervenido.

Tan cerca de su mansión, los poderes mentales de Héctor Lebeau-Fortier eran más fuertes. La conexión que tenía con el muchacho era más férrea y, por tanto, le permitía acceder a su mente y poseer su cuerpo.
Como fichas en un gigantesco tablero, el vampiro prefería sacrificar un peón por proteger al rey. Los peones eran fáciles de sustituir. Bien era cierto que ése en concreto le era útil, pues conocía bien la ciudad y sabía cómo moverse sin ser visto, tenía habilidades que su señor sabía aprovechar. Pero nada que no pudiera ser subsanado con algo de tiempo. Y precisamente tiempo era lo que le sobraba al vampiro.

Sentado cómodamente en el sillón de su biblioteca, iluminada por la luz de una pequeña vela que tenia por el simple placer de ver bailar la llama, no porque necesitase su luz, dio un trago a una copa de brandy.
Al final de la calle, las rejas de la mansión Lebeau-Fortier se abrieron. Una muda invitación a entrar... no se sabía si a salir.


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Re: Cazador cazado. (Priv. Samara Alighieri)

Mensaje por Samara Alighieri el Lun Jul 03, 2017 3:31 am

Mis ojos refulgían de un rojo intenso cada segundo que transcurría frente al joven lacayo que mostraba tener una gran valentía, o una soberana estupidez, según se mirase. No esperaba que me confesase cada punto de su existencia en un abrir y cerrar de ojos, pero que osase sonreír de esa forma y además responderme con tanta sobervia era algo que no podía permitir si quería infundirle el temor que necesitaba para que delatase a su Sire.

Dispuesta a hincarle de nuevo mis colmillos en su yugular dejando su vida pendiente de un hilo, mantuve con fuerza su agarre para someterlo a mi merced. Pero entonces sucedió algo que no esperaba, un simple hecho que a la vista de cualquier otro hubiese sido tachado de brujería pero que yo sabía bien lo que significaba. Entre gestos de agonía y pánico, y proporcionándome la vista de una dantesca escena entre la sujección de mis manos, la vida del joven fue perdiéndose entre mis dedos como el alba con la salida del sol; doloroso, sin opción alguna a otro final que no fuese desaparecer.

Dejé caer su cuerpo inerte al suelo, escudriñando con la mirada a mi alrededor. El contacto mental con su Sire era sin atisbo de dudas excepcional, pero para ello éste no debía de andar muy lejos o por el contrario no se hubiese constatado de la precaria situación en la que se encontraba su súbdito.Mantuve mis sentidos alerta a la espera de encontrarme un aura inmortal o lo que hubiese sido más de esperar, el ataque de un vampiro milenario a quien le han roto su juguete.

Mi búsqueda no tardó en darse por finalizada puesto que metros más adelante la reja exterior de la gran mansión que se levantaba frente a mí se abrió de par en par ante mi ladina sonrisa. ¿Tan fácil? Quizás me había equivocado y el vampiro que creía encontrar tras ese muchacho no era tan antiguo como imaginaba, sino un neófito con séquito. Mejor, cuanta menos experiencia más fácil me resultaría darle caza, me animé a mi misma mientras caminaba ritmicamente hacia el lugar, aminorando el paso en cuanto crucé los límites de la propiedad y la oscuridad se hizo sobre mí. Era el momento de jugar al gato y al ratón, y sin parecer prepotente, ganar a ese juego era mi especialidad. Sonreí con malicia esperando con ganas el siguiente movimiento de mi oponente


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Re: Cazador cazado. (Priv. Samara Alighieri)

Mensaje por Hector Lebeau-Fortier el Miér Jul 19, 2017 8:38 pm

La mansión Lebeau-Fortier era una fortaleza. Una con mucho estilo y buen gusto, pero fortaleza al fin y al cabo. Héctor se había asegurado en sus largos años de ir consiguiendo suficientes amuletos y trampas para que nadie pudiera entrar en ella sin su consentimiento. Durante las horas de luz, gruesas láminas de plomo cubrían las ventanas, impidiendo el paso de la luz al interior. Pero nada de simples planchas de metal liso y basto, no. Cada una de ellas estaba finamente tallada con una rica filigrana, con detalles dorados, que quedaba oculta tras un tapiz durante la noche, dejando pasar la luz de la luna a sus anchas. Los ventanales eran inmensos, de modo que toda la estancia podía bañarse en plata al morir el sol. La propiedad contaba con unos bonitos jardines que cuidaban primorosamente cada noche tres de los acólitos del vampiro. A su alrededor, la verja que había cruzado ya la cazadora.

Todo parecía en calma. Había luz en algunas ventanas. No era necesaria, pero era una de esas reminiscencias que les quedaban de cuando fueron humanos. En la casa habitaban una veintena de personas, todas bajo las órdenes del señor del lugar. Todas ocupando sus posiciones estratégicas, aparentemente despreocupadas, pero conscientes de todo cuanto se movía en la mansión.
-Dejadla entrar -murmuró Hector en un susurro, que se extendió hasta los oídos de todos y cada uno de sus subordinados.

Sentía curiosidad por saber las intenciones de aquella mujer. Mientras esperaba que llegara hasta él, abrió un discreto armario de madera barnizada en un rincón de la bien nutrida biblioteca y sacó una botella de vino especiado. Ah, qué buenos recuerdos le traía.
-No es tan divino como el tuyo, Dionisos, pero ella no sabría apreciarlo.
Se rió solo de sus palabras, de la ironía que ocultaban, de la forma en que ese afilado puñal de sarcasmo hendía sus propias entrañas. Para cuando la mujer llegó a la biblioteca, sin toparse con nadie en el camino y sin tener acceso a ninguna otra estancia, porque la casa sólo mostraba paredes lisas hasta la escalera y más paredes lisas en aquel pasillo, con la única excepción de la puerta a la habitación donde se encontraba el vampiro.
-Bienvenida, querida. Si deseaba venir a visitarme, no era necesario matar al mensajero.


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Re: Cazador cazado. (Priv. Samara Alighieri)

Mensaje por Samara Alighieri el Dom Ago 20, 2017 9:51 pm

Hermosos jardines cuidados con mimo se abrían ante mi atenta mirada a cada paso que daba hacia el edifcio principal. La oscuridad ocultaba la mayoría de éstos y tan solo la escasa luz una creciente luna que coronaba el cielo esa noche, bañaba debilmente el camino pedregoso hasta la entrada. Podía sentir la presencia de otros seres a mi alrededor, no solo dentro del edificio, sino también ocultos entre los grandes setos que les servían de parapeto.

A pesar de que me sentía observada y que aquella ilusoria tranquilidad que parecía rodearme no era más que un camelo, el simple hecho de que el dueño y señor de aquella mansión hubiese dado órdenes de dejarme el camino libre me hacia suponer que no pretendía una confrontación directa conmigo, o al menos no en un principio. Posiblemente mi aura le hacía confiar en cuales serían mis intenciones de la visita, lejos de imaginarse que la razón para estar allí no era otra que darle caza.

Una enorme puerta de madera noble que se alzaba ante mí con eleganciam se abrió sin problemas ni sonidos grotescos cuando la empujé con suavidad tras bajar el picaporte. La misma pulcritud que había podido observar en el exterior se mantenía dentro de la mansión, donde el orden y la sensación de hogar eran más que palpables. Aquel inmortal se había concienciado a mantener su guarida con el aspecto de una casa normal y lo había logrado con creces. Era una lástima que tanto esfuerzo fuese a resultar inútil cuando esa noche todo quedase reducido a cenizas.

Sonreí ladina, negando ligeramente con la cabeza cuando, siendo consciente del engaño óptico que estaba sufriendo, la única puerta que encontré abierta fue la de una estancia iluminada al final de un largo pasillo. Me recordé que debía felicitar al vampiro antes de matarlo por su ingenio, y hasta tal vez preguntarle como lo había conseguido; puesto que a pesar de haber visto desde el exterior varias alcobas iluminadas, no fui capaz de encontrar la entrada a ninguna de ellas durante el largo pasillo que recorrí hasta llegar a donde él quería que llegase.

-Gracias por su hospitalidad, monsieur.- susurré esbozando media sonrisa al cruzar con cautela el umbral de la habitación, que para mi sorpresa era una increible biblioteca con antiguos volúmenes que valdrían una fortuna.- Lamento su pérdida, nunca confié en la veracidad de los mensajeros, siempre tienden a tergiversar la información.

Abrí el botón que mantenía cerrada la capa que portaba con el fin de esconder las armas que tenía ocultas a la espalda frente a miradas indiscretas, avanzando un par de pasos más hacia mi anfitrión.- Y dígame, mi señor, ¿cuál era el mensaje que quería darme?- mis ojos refulgieron carmesí durante unos segundos. Podía sentir la tensión de todos mis músculos predispuestos para el ataque. Sabía que no estábamos solos, que otros seres nos observaban pendientes de mi respuesta por lo que no sería una pelea fácil; más para que engañarnos, nunca lo eran.


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