Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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El sutil arte de la caza {Libre}

Mensaje por Rasmus A. Lillmåns el Miér Mayo 10, 2017 8:30 pm

Despertó con la cabeza embotada, y la terrible sensación de que se olvidaba de algo. Abrió los ojos lentamente, topándose de lleno con la más absoluta oscuridad. Como si hubiese despertado de un sueño para meterse en otro diferente. Miró hacia el lado derecho de la cama para luego dibujar una sonrisa satisfecha. Aquel lado era el que siempre había estado vacío. Intacto. Frío. El lado sin usar. Pero ahora, el cuerpo cálido de Emilia le hacía compañía. No podía describir cuan dichoso se sentía por ese hecho. Quitó un par de arrugas de la superficie de la colcha, roja como la sangre, y se volteó para observar el techo, como si la verdad acerca del universo se hallase en aquella lisa y uniforme superficie. Pensar en cuánto habían cambiado las cosas en apenas unos meses siempre le sorprendía en el mejor de los sentidos. Tras perder a su familia, a su progenie, y dejar atrás a su hija a fin de protegerla, jamás se imaginó que sus heridas fueran nunca a llegar a sanar. Pero poco a poco lo estaban haciendo. Era un proceso lento y lleno de obstáculos, pero que lograba hacerle olvidar sus dudas y miedos a ratos.

En cuánto a qué era aquello que se le olvidaba, probablemente se tratara de la necesidad de alimentarse. Y es que dormir junto a la joven hacía que su apetito fuera mucho más incontrolable. Aún así, se esforzaba al máximo por no perder el control y atacarla, aunque eso implicara dar más viajes a la ciudad, algo que, francamente odiaba. Quizá, después de todo, el amor lo estaba convirtiendo en un monstruo aún peor. A fin de proteger a la mujer que amaba, que lo tenía obsesionado, bebía la sangre de otros inocentes mucho más a menudo. Aunque eso no fuera algo que le dijera a ella. Por eso es que esperaba hasta que ella estuviese dormida para salir de caza.

Se incorporó lentamente, sumido en sus pensamientos y teniendo aún las brumas del sueño recorriéndole la cabeza. Prendió una vela con cuidado y acto seguido inspeccionó la habitación de forma pausada, recorriendo cada rincón con la mirada. Los años lo habían vuelto desconfiado, y hacía un par de noches que tenía la extraña sensación de que algo malo iba a suceder. Ahora debía ser extremadamente cuidadoso. Después de todo, había una humana, su compañera, en una casa a la que tenían acceso vampiros. No podía dejar nada al azar. Se vistió con unos pantalones sencillos y una camisa de color negro, para luego resguardarse bajo una larga gabardina también de color negro. Minutos después, tras asegurarse de cerrar la habitación principal, salió al exterior con rostro sereno. La noche lucía oscura pero hermosa. La Luna, llena, plena, se alzaba en mitad del firmamento, gobernando la noche como siempre hacía.

Paseó por las calles repletas del bullicio propio de esas horas. Aún no eran ni las diez de la noche, y la ciudad entera bullía de vida y de gente. Sin embargo, cuando observaba detenidamente, se daba cuenta de lo terrible de la escena. Ninguna de aquellas personas se saludaba entre ellas. Todos eran seres humanos, seres vivos, idénticos. Y se limitaban a ignorarse mutuamente, como si la interacción entre ellos no fuese importante. Eran incapaces de preocuparse por algo ajeno a sus propias vidas. Hacían oídos sordos a las miserias de los demás, como si por no mirar lo evidente, fuera a desaparecer. Entremezclados entre los grupos de personas que charlaban animosamente, habían varios niños pequeños de aspecto triste y hambriento, que alzaban las manos esperando por la bondad de alguien que tal vez nunca llegaría. Las víctimas del sistema, los peor parados de la ciudad, y del mundo. Un par de chiquillos se acercaron a él un tanto temerosos, por su aspecto extraño y su gesto contrariado. Solía causar aquella reacción con bastante frecuencia. Era un hombre alto, de casi dos metros de altura, musculoso y de aspecto salvaje. ¿Acaso era de extrañar la expresión de temor que dibujaban aquellos que se acercaban a él? Dibujó una gentil sonrisa, y se agachó hasta situarse a la altura de los niños, a los que tendió una bolsa llena de monedas de oro. Sus miradas se iluminaron al mismo tiempo, y todos entonaron un "gracias" al que no supo responder. Sonrió nuevamente mientras se alejaban, y continuó su paseo sin prestar atención a nada más. Una figura alta, destacando entre la multitud. Una noche fría de festejos. Felicidad y miserias compartiendo el mismo espacio, sin llegar a tocarse nunca. Él, sin embargo, se movía en el mundo neutro de las tinieblas donde, aunque nada es lo que parece, es fácil identificar la mentira.

A veces, cuando daba aquellos paseos, cuando se alejaba de Emilia, la sed inesperadamente desparecía. Sabía bien el motivo, aunque no era capaz de decirlo en voz alta. El deseo que sentía por ella lo hacía perder el control, y aunque esa reacción fuese normal, y bastante más humana de lo que parecía... la verdad era que odiaba al Rasmus que no era capaz de controlarse a sí mismo. Sumido en aquellos pensamientos, siguió su camino observando cuidadosamente todo cuanto ocurría a su alrededor. Finalmente, y como era usual, acabó en los suburbios. Después de todo, los lugares oscuros realmente eran la guarida perfecta para las criaturas de la noche.
Y aunque la sed se hubiese apaciguado un poco, no volvería a casa sin haberse alimentado. Sólo necesitaba encontrar un aroma, ese aroma que le llamaría desde cierta distancia, que lo hacía recordar sus ansias.

La paciencia siempre había sido una de sus virtudes.




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Re: El sutil arte de la caza {Libre}

Mensaje por Diodore Pomeroy el Mar Mayo 16, 2017 1:20 am

No solía estar tan tarde de la noche fuera del área del orfanato o la capilla, como Sacerdote debía levantarse muy temprano en la mañana para preparar la capilla antes de la primer eucaristía. A pesar de que no asistían muchas personas (la mayoría eran los mismos niños y las monjas del orfanato) debía mantener el lugar limpio y organizado como Dios mandaba. Así pues que no era para él normal estar divagando por las calles a tales horas. Caminaba apresuradamente cargando un canasto entre sus brazos, había visitado el mercado en la tarde luego de la misa pues la madre superiora había dicho que faltaban ingredientes para la sopa de los niños.

Sabía que no era directamente su responsabilidad hacer ese tipo de mandados, pero sabía también que no habían otros hombres a parte de él en el convento y que las monjas mantenían muy ocupadas con todo el trabajo que daban los niños, por eso no estaba de más echarles una mano con las compras.

Buscando una buena oferta con el queso y el pan, había perdido la noción del tiempo, apenas tenía unos cuantos francos (generalmente donaciones de los feligreses) y debía gastarlos sabiamente para sacarles el mejor provecho. Entre más queso y pan llevara por el mismo precio, mejor podrían alimentar a los niños. Luego en su camino de regreso se había perdido por los callejones a los cuales no estaba acostumbrado. Llevaba poco menos de un mes desde que lo habían transferido para encargarse de la capilla del Orfanato y no estaba muy familiarizado a navegar por la ciudad, mucho menos en la oscuridad, cuando las calles todas lucían tan similares y era tan fácil confundirse.

Se encontró caminando solo por uno de los callejones con la extraña sensación (que le iba subiendo por la espalda y le cosquilleaba en la nuca), de que era observado desde algún punto en la oscuridad.

- Virgen santísima – Murmuró sintiendo un escalofrío por la espalda, apresurando el paso, aunque no estaba muy seguro en que dirección debía caminar para volver a la calle principal.



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Re: El sutil arte de la caza {Libre}

Mensaje por Rasmus A. Lillmåns el Dom Jun 11, 2017 12:04 am

El destino, o más bien, la mala suerte, quiso que en lugar de toparse con el aroma que despertase su apetito, lo hiciera con la esencia de otro no muerto. Uno que, por cierto, arrastraba consigo el olor de varias presas distintas en sus ropajes, como forma de demostrar sus malas intenciones. Nunca había comprendido por qué los seres como él, capaces no sólo de razonar como humanos, sino con el "don" -maldición en su caso- de vivir eternamente hacían cosas como esa. Matar por matar para él no tenía sentido. Podía ser irónico teniendo en cuenta su puesto como militar, y las historias que se contaron sobre el guerrero que fue en el pasado, pero en su vida como luchador jamás había interferido en guerras que no tuvieran un fundamento detrás. El asesinato a sangre fría, debido a la sed, se concentraba solamente en los primeros años de su existencia como vampiro, y su conciencia aún se lo reprochaba de vez en cuando. ¿Cómo lo hacían? ¿Dónde estaba el interruptor que deshacía la culpabilidad y la convertía en sangre fría, para cazar presas una tras otra sin sentir remordimiento alguno? Él usaba sus dones para hacer que aquellos de quienes bebía no sufrieran y olvidaran lo sucedido para seguir con su vida. Aunque necesitaba beber de más gente, al no asesinarlos de algún modo seguía pudiendo decir que era, de algún modo, inocente, o al menos, considerado. 

No necesitó mucho para percatarse de que el vampiro al que comenzó a seguir inmediatamente era completamente distinto a él. Lejos de ser neófito, pero mucho más joven que él mismo. Debía ser lo bastante fuerte para controlarse, así que obviamente había decidido no hacerlo. Ahora el problema era cómo proceder. Mantenerse lejos de aquella clase de problemas era lo que le había permitido sobrevivir sin demasiados contratiempos durante todos los años que llevaba en París, pero no podía simplemente ignorar algo que era claramente un peligro para todos. Se mantuvo unos pasos por detrás, esperando ver sus movimientos. Si tenía suerte, su caza ya había terminado, y si iba a su escondite, podría darle caza y enjaularlo con ayuda de sus sirvientes o incluso de los soldados. Pero al verlo torcer entre los distintos callejones se dio cuenta de que estaba siguiendo un rastro. Seguía de caza. Así que el objetivo era completamente distinto. Debía prevenir el próximo ataque...

Justo cuando el otro vampiro estaba a punto de atrapar a la víctima entre sus fauces, Rasmus se abalanzó sobre él, haciendo que tanto el humano como ambos sobrenaturales rodaran por el suelo. - ¡Corra! ¡Márchese de aquí! -Gritó mientras intentaba retener al vampiro, quien no dudó un instante en clavar los colmillos en su brazo derecho, zafándose de su agarre. Su primera intención fue volver a abalanzarse sobre el hombre, pero Rasmus se lo impidió, retorciéndole una de las manos hasta que sus huesos crujieron bajo la fuerza de su agarre. Enfurecido, el vampiro desgarró su estómago antes de escapar, dejándolo boca arriba, con la sangre brotando lentamente desde su abdomen. Un suspiro se escapó de sus labios. Aquello no era bueno. Si perdía sangre su sed se haría más fuerte, y eso era lo último que necesitaba. - ¿Qué hace aquí? ¡Le dije que se marchara! Puede volver a por usted y no creo que pueda ayudarle esta vez. -Su voz sonó más grave que de costumbre, casi como un gruñido, aunque su súplica resonó claramente por el estrecho callejón. - Maldita sea...




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Re: El sutil arte de la caza {Libre}

Mensaje por Diodore Pomeroy el Sáb Jun 17, 2017 2:36 am

No lo sintió llegar, sólo sintió el golpe cuando algo le atacó por la espalda, fue tan rápido que no fue consciente de lo que pasó, sino que rodó por el piso y cuando se giró aún en el suelo, vio como dos hombres forcejeában y peleaban entre si. ¿Uno de ellos intentaba morder al otro? ¡Tenía largos colmillos y le había mordido! ¡Oh por Dios bendito! ¡No podía ser tan mala su suerte de toparse con uno demonio de la noche!.

Se quedó atónito observando la pelea, su instinto de conservación le pedía a gritos que saliera corriendo de allí, pero sus piernas estaban paralizadas, el Vampiro se alejó no sin antes herír al pobre hombre de buen corazón que le había salvado, un hombre que tenía una apariencia bastante salvaje para ser el típico ciudadano Parisíno. Temblando Diodore logró ponerse de pie, aquel no era su primer encuentro con un Vampiro, pero si el más desagradable, pues el Vampiro que había conocido tiempo atrás parecía ser una buena persona en el fondo. Este, sin embargo le había ataco sin mediar y de no ser por la ayuda de ese hombre probablemente estaría muerto.

- ¡Me ha salvado la vida! - Exclamó cuando por fin pudo hablar - Dios lo bendiga por tan misericordiosa acción - Se apresuró a decir y de inmediato se acercó al hombre para examinar las herídas - No se ve muy bien... debemos ir a un hospital, esas herídas pueden infectarse - Se apresuró a decir, el hombre no parecía tener intenciones de ir a un hospital, parecía simplemente desesperado para que él escapara - Si usted se queda aquí también correra peligro, debemos escapar los dos - Atinó a decir el sacerdote.

- Era un Vampiro ¿Ve...verdad? - Murmuró mirándo por un lado hacía el callejón oscuro como esperando que en cualquier momento el espéctro apareciera de nuevo - Es... usted muy valiente como para enfrentarse a una criatura sobrenatural - Agregó, aún podía sentir su corazón latiendo con fuerza  dentro de su pecho.



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