Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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El sutil arte de la caza {Libre}

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El sutil arte de la caza {Libre}

Mensaje por Rasmus A. Lillmåns el Miér Mayo 10, 2017 8:30 pm

Despertó con la cabeza embotada, y la terrible sensación de que se olvidaba de algo. Abrió los ojos lentamente, topándose de lleno con la más absoluta oscuridad. Como si hubiese despertado de un sueño para meterse en otro diferente. Miró hacia el lado derecho de la cama para luego dibujar una sonrisa satisfecha. Aquel lado era el que siempre había estado vacío. Intacto. Frío. El lado sin usar. Pero ahora, el cuerpo cálido de Emilia le hacía compañía. No podía describir cuan dichoso se sentía por ese hecho. Quitó un par de arrugas de la superficie de la colcha, roja como la sangre, y se volteó para observar el techo, como si la verdad acerca del universo se hallase en aquella lisa y uniforme superficie. Pensar en cuánto habían cambiado las cosas en apenas unos meses siempre le sorprendía en el mejor de los sentidos. Tras perder a su familia, a su progenie, y dejar atrás a su hija a fin de protegerla, jamás se imaginó que sus heridas fueran nunca a llegar a sanar. Pero poco a poco lo estaban haciendo. Era un proceso lento y lleno de obstáculos, pero que lograba hacerle olvidar sus dudas y miedos a ratos.

En cuánto a qué era aquello que se le olvidaba, probablemente se tratara de la necesidad de alimentarse. Y es que dormir junto a la joven hacía que su apetito fuera mucho más incontrolable. Aún así, se esforzaba al máximo por no perder el control y atacarla, aunque eso implicara dar más viajes a la ciudad, algo que, francamente odiaba. Quizá, después de todo, el amor lo estaba convirtiendo en un monstruo aún peor. A fin de proteger a la mujer que amaba, que lo tenía obsesionado, bebía la sangre de otros inocentes mucho más a menudo. Aunque eso no fuera algo que le dijera a ella. Por eso es que esperaba hasta que ella estuviese dormida para salir de caza.

Se incorporó lentamente, sumido en sus pensamientos y teniendo aún las brumas del sueño recorriéndole la cabeza. Prendió una vela con cuidado y acto seguido inspeccionó la habitación de forma pausada, recorriendo cada rincón con la mirada. Los años lo habían vuelto desconfiado, y hacía un par de noches que tenía la extraña sensación de que algo malo iba a suceder. Ahora debía ser extremadamente cuidadoso. Después de todo, había una humana, su compañera, en una casa a la que tenían acceso vampiros. No podía dejar nada al azar. Se vistió con unos pantalones sencillos y una camisa de color negro, para luego resguardarse bajo una larga gabardina también de color negro. Minutos después, tras asegurarse de cerrar la habitación principal, salió al exterior con rostro sereno. La noche lucía oscura pero hermosa. La Luna, llena, plena, se alzaba en mitad del firmamento, gobernando la noche como siempre hacía.

Paseó por las calles repletas del bullicio propio de esas horas. Aún no eran ni las diez de la noche, y la ciudad entera bullía de vida y de gente. Sin embargo, cuando observaba detenidamente, se daba cuenta de lo terrible de la escena. Ninguna de aquellas personas se saludaba entre ellas. Todos eran seres humanos, seres vivos, idénticos. Y se limitaban a ignorarse mutuamente, como si la interacción entre ellos no fuese importante. Eran incapaces de preocuparse por algo ajeno a sus propias vidas. Hacían oídos sordos a las miserias de los demás, como si por no mirar lo evidente, fuera a desaparecer. Entremezclados entre los grupos de personas que charlaban animosamente, habían varios niños pequeños de aspecto triste y hambriento, que alzaban las manos esperando por la bondad de alguien que tal vez nunca llegaría. Las víctimas del sistema, los peor parados de la ciudad, y del mundo. Un par de chiquillos se acercaron a él un tanto temerosos, por su aspecto extraño y su gesto contrariado. Solía causar aquella reacción con bastante frecuencia. Era un hombre alto, de casi dos metros de altura, musculoso y de aspecto salvaje. ¿Acaso era de extrañar la expresión de temor que dibujaban aquellos que se acercaban a él? Dibujó una gentil sonrisa, y se agachó hasta situarse a la altura de los niños, a los que tendió una bolsa llena de monedas de oro. Sus miradas se iluminaron al mismo tiempo, y todos entonaron un "gracias" al que no supo responder. Sonrió nuevamente mientras se alejaban, y continuó su paseo sin prestar atención a nada más. Una figura alta, destacando entre la multitud. Una noche fría de festejos. Felicidad y miserias compartiendo el mismo espacio, sin llegar a tocarse nunca. Él, sin embargo, se movía en el mundo neutro de las tinieblas donde, aunque nada es lo que parece, es fácil identificar la mentira.

A veces, cuando daba aquellos paseos, cuando se alejaba de Emilia, la sed inesperadamente desparecía. Sabía bien el motivo, aunque no era capaz de decirlo en voz alta. El deseo que sentía por ella lo hacía perder el control, y aunque esa reacción fuese normal, y bastante más humana de lo que parecía... la verdad era que odiaba al Rasmus que no era capaz de controlarse a sí mismo. Sumido en aquellos pensamientos, siguió su camino observando cuidadosamente todo cuanto ocurría a su alrededor. Finalmente, y como era usual, acabó en los suburbios. Después de todo, los lugares oscuros realmente eran la guarida perfecta para las criaturas de la noche.
Y aunque la sed se hubiese apaciguado un poco, no volvería a casa sin haberse alimentado. Sólo necesitaba encontrar un aroma, ese aroma que le llamaría desde cierta distancia, que lo hacía recordar sus ansias.

La paciencia siempre había sido una de sus virtudes.




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Re: El sutil arte de la caza {Libre}

Mensaje por Diodore Pomeroy el Mar Mayo 16, 2017 1:20 am

No solía estar tan tarde de la noche fuera del área del orfanato o la capilla, como Sacerdote debía levantarse muy temprano en la mañana para preparar la capilla antes de la primer eucaristía. A pesar de que no asistían muchas personas (la mayoría eran los mismos niños y las monjas del orfanato) debía mantener el lugar limpio y organizado como Dios mandaba. Así pues que no era para él normal estar divagando por las calles a tales horas. Caminaba apresuradamente cargando un canasto entre sus brazos, había visitado el mercado en la tarde luego de la misa pues la madre superiora había dicho que faltaban ingredientes para la sopa de los niños.

Sabía que no era directamente su responsabilidad hacer ese tipo de mandados, pero sabía también que no habían otros hombres a parte de él en el convento y que las monjas mantenían muy ocupadas con todo el trabajo que daban los niños, por eso no estaba de más echarles una mano con las compras.

Buscando una buena oferta con el queso y el pan, había perdido la noción del tiempo, apenas tenía unos cuantos francos (generalmente donaciones de los feligreses) y debía gastarlos sabiamente para sacarles el mejor provecho. Entre más queso y pan llevara por el mismo precio, mejor podrían alimentar a los niños. Luego en su camino de regreso se había perdido por los callejones a los cuales no estaba acostumbrado. Llevaba poco menos de un mes desde que lo habían transferido para encargarse de la capilla del Orfanato y no estaba muy familiarizado a navegar por la ciudad, mucho menos en la oscuridad, cuando las calles todas lucían tan similares y era tan fácil confundirse.

Se encontró caminando solo por uno de los callejones con la extraña sensación (que le iba subiendo por la espalda y le cosquilleaba en la nuca), de que era observado desde algún punto en la oscuridad.

- Virgen santísima – Murmuró sintiendo un escalofrío por la espalda, apresurando el paso, aunque no estaba muy seguro en que dirección debía caminar para volver a la calle principal.



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Re: El sutil arte de la caza {Libre}

Mensaje por Rasmus A. Lillmåns el Dom Jun 11, 2017 12:04 am

El destino, o más bien, la mala suerte, quiso que en lugar de toparse con el aroma que despertase su apetito, lo hiciera con la esencia de otro no muerto. Uno que, por cierto, arrastraba consigo el olor de varias presas distintas en sus ropajes, como forma de demostrar sus malas intenciones. Nunca había comprendido por qué los seres como él, capaces no sólo de razonar como humanos, sino con el "don" -maldición en su caso- de vivir eternamente hacían cosas como esa. Matar por matar para él no tenía sentido. Podía ser irónico teniendo en cuenta su puesto como militar, y las historias que se contaron sobre el guerrero que fue en el pasado, pero en su vida como luchador jamás había interferido en guerras que no tuvieran un fundamento detrás. El asesinato a sangre fría, debido a la sed, se concentraba solamente en los primeros años de su existencia como vampiro, y su conciencia aún se lo reprochaba de vez en cuando. ¿Cómo lo hacían? ¿Dónde estaba el interruptor que deshacía la culpabilidad y la convertía en sangre fría, para cazar presas una tras otra sin sentir remordimiento alguno? Él usaba sus dones para hacer que aquellos de quienes bebía no sufrieran y olvidaran lo sucedido para seguir con su vida. Aunque necesitaba beber de más gente, al no asesinarlos de algún modo seguía pudiendo decir que era, de algún modo, inocente, o al menos, considerado. 

No necesitó mucho para percatarse de que el vampiro al que comenzó a seguir inmediatamente era completamente distinto a él. Lejos de ser neófito, pero mucho más joven que él mismo. Debía ser lo bastante fuerte para controlarse, así que obviamente había decidido no hacerlo. Ahora el problema era cómo proceder. Mantenerse lejos de aquella clase de problemas era lo que le había permitido sobrevivir sin demasiados contratiempos durante todos los años que llevaba en París, pero no podía simplemente ignorar algo que era claramente un peligro para todos. Se mantuvo unos pasos por detrás, esperando ver sus movimientos. Si tenía suerte, su caza ya había terminado, y si iba a su escondite, podría darle caza y enjaularlo con ayuda de sus sirvientes o incluso de los soldados. Pero al verlo torcer entre los distintos callejones se dio cuenta de que estaba siguiendo un rastro. Seguía de caza. Así que el objetivo era completamente distinto. Debía prevenir el próximo ataque...

Justo cuando el otro vampiro estaba a punto de atrapar a la víctima entre sus fauces, Rasmus se abalanzó sobre él, haciendo que tanto el humano como ambos sobrenaturales rodaran por el suelo. - ¡Corra! ¡Márchese de aquí! -Gritó mientras intentaba retener al vampiro, quien no dudó un instante en clavar los colmillos en su brazo derecho, zafándose de su agarre. Su primera intención fue volver a abalanzarse sobre el hombre, pero Rasmus se lo impidió, retorciéndole una de las manos hasta que sus huesos crujieron bajo la fuerza de su agarre. Enfurecido, el vampiro desgarró su estómago antes de escapar, dejándolo boca arriba, con la sangre brotando lentamente desde su abdomen. Un suspiro se escapó de sus labios. Aquello no era bueno. Si perdía sangre su sed se haría más fuerte, y eso era lo último que necesitaba. - ¿Qué hace aquí? ¡Le dije que se marchara! Puede volver a por usted y no creo que pueda ayudarle esta vez. -Su voz sonó más grave que de costumbre, casi como un gruñido, aunque su súplica resonó claramente por el estrecho callejón. - Maldita sea...




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Re: El sutil arte de la caza {Libre}

Mensaje por Diodore Pomeroy el Sáb Jun 17, 2017 2:36 am

No lo sintió llegar, sólo sintió el golpe cuando algo le atacó por la espalda, fue tan rápido que no fue consciente de lo que pasó, sino que rodó por el piso y cuando se giró aún en el suelo, vio como dos hombres forcejeában y peleaban entre si. ¿Uno de ellos intentaba morder al otro? ¡Tenía largos colmillos y le había mordido! ¡Oh por Dios bendito! ¡No podía ser tan mala su suerte de toparse con uno demonio de la noche!.

Se quedó atónito observando la pelea, su instinto de conservación le pedía a gritos que saliera corriendo de allí, pero sus piernas estaban paralizadas, el Vampiro se alejó no sin antes herír al pobre hombre de buen corazón que le había salvado, un hombre que tenía una apariencia bastante salvaje para ser el típico ciudadano Parisíno. Temblando Diodore logró ponerse de pie, aquel no era su primer encuentro con un Vampiro, pero si el más desagradable, pues el Vampiro que había conocido tiempo atrás parecía ser una buena persona en el fondo. Este, sin embargo le había ataco sin mediar y de no ser por la ayuda de ese hombre probablemente estaría muerto.

- ¡Me ha salvado la vida! - Exclamó cuando por fin pudo hablar - Dios lo bendiga por tan misericordiosa acción - Se apresuró a decir y de inmediato se acercó al hombre para examinar las herídas - No se ve muy bien... debemos ir a un hospital, esas herídas pueden infectarse - Se apresuró a decir, el hombre no parecía tener intenciones de ir a un hospital, parecía simplemente desesperado para que él escapara - Si usted se queda aquí también correra peligro, debemos escapar los dos - Atinó a decir el sacerdote.

- Era un Vampiro ¿Ve...verdad? - Murmuró mirándo por un lado hacía el callejón oscuro como esperando que en cualquier momento el espéctro apareciera de nuevo - Es... usted muy valiente como para enfrentarse a una criatura sobrenatural - Agregó, aún podía sentir su corazón latiendo con fuerza  dentro de su pecho.



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Re: El sutil arte de la caza {Libre}

Mensaje por Rasmus A. Lillmåns el Miér Ago 16, 2017 4:56 pm

Rogó mentalmente que aquella persona fuera lo bastante lista como para salir corriendo a la primera oportunidad. Pero no fue así. Seguramente el miedo, además de la impresión, lo había dejado paralizado. Por suerte había logrado ahuyentar al otro vampiro, pero ahora que lo había enfurecido las posibilidades de que él mismo se convirtiera en objetivo eran bastante altas, así que necesitaba marcharse de allí lo antes posible. Pero no podía. Cuando el humano recuperó la compostura lo bastante como para levantarse, en lugar de correr tal y como él le había instruido, se acercó a él, haciendo que el dolor de sus heridas se hiciera ridículo en comparación con el de su garganta, que comenzó a arder a causa de la intensa sed que le había despertado oler su sangre. La notaba palpitar bajo su piel, rápidamente a causa de la adrenalina, llamándole, invitándole, incitándole... Por un instante estuvo a punto de dejarse llevar por su instinto. por esa salvaje sensación, mas al fijarse más detenidamente en el hombre, y en sus ropajes, su mente se lo impidió.

Aquella era probablemente la peor noche que había tenido en muchos, muchos años. No sólo no era una persona normal y corriente, sino que además de conocer la existencia de los vampiros debido al ataque, se trataba de un sacerdote. Uno de aquellos hombres que supuestamente "Dios" había elegido para juzgar y perdonar a los mortales. - Le he dicho que se marche, ¿acaso no me ha escuchado? -Gruñó el vampiro, que comenzó a arrastrarse para intentar alejarse del hombre tanto como pudiera. A pesar de que su conciencia le decía alto y claro que aquello no era algo que pudiera ni debiera hacer, los instintos eran más fuertes, y necesitaría sangre para recuperarse. Necesitaba salir de allí, o lograr que el hombre se marchara. - ¡No necesito un hospital! ¡Sólo márchese! ¡Él volverá, y lo hará más furioso por haberle atacado! Si no quiere morir, ¡LARGO! -A pesar de la crudeza de sus palabras y de su tono, estaba más suplicando que otra cosa, porque a pesar de no querer, de tratar de calmarse, sus colmillos eran ahora evidentes.

No soy valiente. Tan sólo estúpido. Si lo comprende, márchese de aquí. Esa criatura es peligrosa... Casi tanto como yo. Váyase Padre, por favor. Murmuró cuando su espalda finalmente chocó con una de las paredes. Ahora, dentro de la penumbra, se sentía más seguro. La oscuridad era confortable, estaba hecho a ella, formaba parte de su vida, de su ser. Se llevó una mano al abdomen, aún sentía la sangre brotar, una sangre que, a pesar de ser inútil en su caso, necesitaba para sobrevivir aunque no fluyera. Que irónico. A medida que se sentía más débil, la herida iba cerrándose, y su sed se iba incrementando. No faltaba mucho para que perdiera el control. 




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Re: El sutil arte de la caza {Libre}

Mensaje por Diodore Pomeroy el Mar Sep 12, 2017 12:35 am

Se quedó de pie observando al otro, escuchando lo que decía, conforme sus palabras (casi gritos) salían de su boca, Diodore pudo notar los colmillos prominentes del otro, su cabeza daba vueltas para ese momento, intentando comprender lo que estaba presenciado, sin duda alguna, su salvador era otro Vampiro, por eso le pedía que se fuera, porque sabía que el otro volvería a atacar. Diodore era la presa en ese cuadro y aunque esa revelación lo sorprendió, el hecho de ser salvado por otro ser de la noche fue aún más impresionante.

Se tomó unos momentos para recuperar su compostura y ignorando todo lo que le otro decía, se acercó con pasos lentos hacía las sombras en donde su salvador se había ocultado.

-Usted es también un Vampiro – Afirmó cuando estuvo a un metro de él, no podía negar que tenía miedo, su corazón latía inclusive más rápido que momentos atrás, pero además de eso, Diodore tenía una corazonada y su intuición con las personas casi nunca fallaba – Pero así como... todas las criaturas del señor, usted tiene buenas intenciones – Dio un medio paso tanteando su suerte – Me ha salvado de una muerte segura y aunque está herido... aún así intenta alejarse de mi para no atacarme -

Meneó la cabeza suavemente, lo que iba a hacer a continuación era una locura, lo sabía, pero no podía dejar a ese pobre hombre en esas condiciones, no después de lo ocurrido.

- Puede... beber... un poco de mi – Murmuró extendiendo su brazo delgado hacía él, arremangandose la sotana casi hasta el codo – Al menos así podrá recuperar fuerzas ¿Verdad? ¿No es así como funciona? - Preguntó, no era experto en Vampirisimo, pero se hacía a la idea.



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Re: El sutil arte de la caza {Libre}

Mensaje por Rasmus A. Lillmåns el Dom Sep 17, 2017 2:11 pm

Aunque lo que quedaban de sus heridas no eran más que rasguños en apariencia, a su alrededor poco a poco se había ido formando un charco de sangre de color oscuro, algo que le indicaba la mucha fuerza de voluntad que, pese a negarlo, todavía le quedaba. En cualquier otra circunstancia la cordura habría abandonado su cuerpo hacía un buen rato. Pero ahí seguía, resistiendo a su monstruo interior y advirtiéndole al mortal que huyera de él antes de que fuera demasiado tarde. Aunque le asaltaba la pregunta de cómo estaba soportando su sed tanto. ¿Era por un condicionado respeto producido por la posición del otro hombre? ¿O acaso en algún rincón de su yerto corazón seguía viviendo la esperanza de que hubiera un Dios allí afuera, que los gobernaba a todos desde más allá? Sea como fuere, de ser visto por cualquier otro sobrenatural de su misma edad, o al menos alguno que hubiera vivido lo suficiente, su existencia se convertiría en un mal chiste. No sólo perdonaba a un humano, sino que además se sentía intimidado por algo tan banal como un sacerdote, un mensajero de un Dios que había vivido menos que él lo había hecho. ¿Cómo si no explicar el hecho de no haberlo visto jamás?


Rasmus gruñó por lo bajo al ver, con los orbes enrojecidos entrecerrados, que el mortal seguía obcecado en acercarse. Ahora estaba acorralado, no tenía escapatoria, y la sed era incluso más acentuada. Necesitaba alimentarse. No sólo porque lo deseaba, sino porque dudaba que en caso de haber un nuevo enfrentamiento pudiera hacer algo para defenderse. Y francamente, no quería morir en un callejón putrefacto, sería mucho más patético que hacerlo de sed: despedazado por un enemigo que en cualquier otro escenario era inferior a él en muchos sentidos. - Discúlpeme, Padre, pero su sentido de la bondad lo hace ser demasiado temerario. ¿Ve toda esta sangre? Es imposible que "un poco" sea capaz de hacer que me recupere. Ya de por sí había salido a cazar esta noche, ya que llevaba unos dos días sin hacerlo. No tiene sangre suficiente, ni yo el control necesario para detenerme antes de que acaba muerto. -Suspiró alzando una de sus manos, ensangrentada con la sangre del otro vampiro, y comenzó a lamerla. 


- ¿Qué gana usted, ayudando a un demonio? ¿No somos acaso los enemigos de su Creador? Seres que se alimentan de humanos, ¿no es acaso ese un pecado capital? La bondad que yo pueda demostrarle no es una que la mayoría le mostraría, incluso yo mismo, en unos minutos, puede que cambie completamente. -Los colmillos le dolían, ardían, al hallarse tan cerca de un banco de sangre tan suculento, pero no ser capaz de beber de él. Aquello había alcanzado el punto de la tortura hacía rato. Sus ojos viajaban intermitentemente desde el fondo del callejón, por donde el otro inmortal había huido, y la yugular del hombre que se hallaba frente a él. Sin embargo, no pudo pararse a pensar demasiado rato, ya que en ese momento comenzaron a escucharse a lo lejos los pasos furiosos de alguien que se acercaba... Demasiado rápido para tratarse de un humano. Y por lo visto, no volvía sólo. - Padre, ayúdeme a levantarme. Yo seré el cebo, y así usted podrá escapar.




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Re: El sutil arte de la caza {Libre}

Mensaje por Diodore Pomeroy el Lun Sep 18, 2017 12:32 am

La bondad no lo hacía temerario, lo hacia tonto. Alguna vez le habían dicho y aún así ahí seguía siguiendo sus instintos. La explicación lo sorprendió y arqueó las cejas en asombro, conocía poco sobre los Vampiros, por lo tanto no estaba seguro de que tanta sangre era necesaria para que se sintiera satisfecho, ni siquiera sabía cuantos libros de sangre podría tener su cuerpo, la medicina no era una de sus fuertes. La idea de caer muerto luego de haber sido drenada toda su sangre le aterró. Ese hombre no estaba bromeando cuando le había dicho que corría peligro.

-No es cuestión de ganar nada personalmente – Le respondió ante las preguntas - No devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, ese es el verdadero camino de un siervo de Dios – Le explicó, no podía abandonar a alguien que le había salvado la vida – Todos tenemos la capacidad de hacer el bien y el mal... eso lo he aprendido por experiencia, no por las sagradas escrituras – Agregó, cierto era que él era un hijo de la noche, el pecado hacía parte inherente de su ser, pero había mostrado bondad y Diodore no iba a pasarla por alto.

Sin embargo Diodore sabía que la situación no era la idónea para filosofar, entendía el riesgo que corría y lamentablemente su sangre no podía ser de ayuda para ese hombre. ¿Moriría si lo dejaba atrás como cebo para poder escapar?. El conflicto interior que sentía era desgarrador.

- Prométame que sobrevivirá – Dijo al fin, asintiendo con la cabeza – No podré irme a sabiendas de que usted puede morir por mi culpa – Agregó dispuesto a correr por su vida.



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Re: El sutil arte de la caza {Libre}

Mensaje por Rasmus A. Lillmåns el Lun Sep 18, 2017 1:21 pm

Por un momento envidió la fe de aquel hombre con todo su corazón. Ser capaz de aceptar que todos somos capaces de cosas buenas y malas era algo en lo que él ya había dejado de creer hacía tiempo. Porque cuando las malas superan cierto punto, no le parecía posible que las buenas valieran lo mismo que en el caso de ser realizadas por alguien netamente bondadoso. Él, en su época de neófito, había cometido crímenes atroces, tan terribles que ni los seis mil años de vida que había vivido después le parecían suficientes para ganarse la salvación por ellos. Por más actos de buena voluntad que hiciera, eso no lograba que sus manos estuviesen menos manchadas de la sangre de tantos y tantos inocentes como con los que había acabado. Claro que eso el sacerdote no lo sabía, pero ante el concepto "vampiro", debía suponer que nada bueno iba asociado a las criaturas que existían bajo ese nombre. Rasmus no era una excepción. Haberse reformado no lo exculpaba. Por más humanos que salvara, su alma no regresaría, y ese era un hecho que no podía negar. 

No se preocupe por mi, soy más duro de lo que parezco. Después de todo ya morí una vez, hace muchos años atrás, y aquí sigo ahora... -Farfulló el inmortal, aunque su voz era mucho más grave y adolorida, tal era la agonía que sentía por estar tan cerca de su presa y negarse a sí mismo alimentarse de ella. Pero además, la sensación de peligro inminente no estaba ayudando. - No se culpe por mi muerte, Padre, pero si usted sobrevive, recuerde a mi alma maldita en sus oraciones, eso será suficiente pago por algo tan minúsculo como protegerle. Después de todo, ayudar a quien está en apuros es un deber, ¿no es así? -Dijo para luego levantarse dificultosamente. Los pasos resonaban cada vez más cercanos, y pronto, sombras comenzaron a dejarse entrever en la distancia, recorriendo el callejón que daba al lugar donde ellos se encontraban. Pronto, muy pronto, estarían acorralados.

Demasiado tarde... -Masculló el egipcio cuando las sombras tomaron forma, dejando ver a cuatro vampiros de aspecto fiero, que seguían al presumiblemente recién "cenado" inmortal con el que antes se habían topado. - Quédese detrás de mi. Siga mis instrucciones y trataré de protegerle tan bien como pueda, pero si en algún momento encuentra la oportunidad de escapar, hágalo sin dudar ni mirar atrás. ¿Entendido? -No esperó oír la respuesta, cuando dando un salto se colocó frente al sacerdote, plantando cara a los atacantes con una mueca salvaje en el rostro. Ahora tenía cinco posibles bancos de sangre más a su disposición, si es que las fuerzas no le flaqueaban ahora.

- Casi totalmente desangrado y sigues con vida... Como pensaba, debes ser viejo. ¿No sabes que es de mala educación robar a otros? Seguro que ese clérigo puede darte una lección al respecto. -Los cuatro vampiros se carcajearon al unísono, dejando claro quién era el líder. - Por interferir, te las verás con nosotros... -En un abrir y cerrar de ojos, las cinco criaturas se lanzaron de cabeza a por el vampiro mayor, que comenzó a repelerlos velozmente, lanzándolos hacia atrás y contra las paredes adyacentes. El sordo estruendo de sus cuerpos al chocar con la piedra recorrieron las calles desiertas. Había empezado.




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Rasmus A. Lillmåns
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Re: El sutil arte de la caza {Libre}

Mensaje por Diodore Pomeroy Ayer a las 9:23 pm

Cierto era que el Vampiro había muerto una vez, aún así había regresado al mundo como un ser maldito, Diodore había leído muchos manuscritos sobre ellos, luego de su primer encuentro con un Vampiro meses atrás, la iglesia los condenaba, su existencia desafiaba todo lo sagrado, sin embargo ¿No había Jesus resucitado también? Jesus era el hijo de Dios, pero así mismo todas las criaturas eran hijos e hijas del altisimo padre. ¿Significaba esto que los Vampiros hacían parte de la creación del padre y sus misterios?.

Estaba dispuesto a huír, ya lo había decidido, pero entonces el Vampiro había dicho que orara por él. Un hombre que reconocía su propio pecado, era un hombre que mostraba arrepentimiento y ante los ojos de Dios, el arrepentimiento y el deseo de enmendar sus pecados era un sinonimo de benevolencia. Había bondad en ese Vampiro, no sólo por salvarlo, sino por tener deseo de encontrar la salvación. Quizás su alma aún tenía chanche de redimirse.

Entonces fue cuando aparecieron no sólo uno sino 4 Vampiros, Diodore se encontraba en las sombras detrás del hombre como se lo había pedido, su mente giraba en todas las direcciones, tenía que controlar el miedo que sentía y hacer algo para ayudarle, de lo contrario no podría perdonarse así mismo. Los Vampiros eran demasiado rápidos para sus ojos, cuando la pelea comenzó lo único que podía ver eran manchas moviéndose entre las paredes del callejón.

En cuestión de segundos tomó la desición, con el cuerpo lleno de adrenalina corrió tan rápido como pudo y agarró uno de las lamparas de aceite que alumbraban el callejón. No eran muy pesadas (afortunadamente para él) así que la pudo tomar con ambas manos sin problemas. Encomendandose a Dios y con el corazón a punto de salirsele del pecho tiró el candelabro contra la masa de Vampiros.

La lampara se quebró con el impacto y el aceite baño las capas de dos de ellos, casi al instante una enorme llama se encendió recorriendo el camino dejado por el aceite y ambos hombres comenzaron a gritar y moverse con frenesí tratando de escapar del fuego. Diodore corrió hacía el Vampiro que le había salvado la vida, aprovechando la distracción, al parecer el enorme fuego era lo suficientemente amenazador para que los demás Vampiros se detuvieran a mirar aterrorizados, enseñando sus colmillos y hiseando como gatos en celo.



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Re: El sutil arte de la caza {Libre}

Mensaje por Rasmus A. Lillmåns Hoy a las 6:42 pm

Pese a lo que pudiera parecer, y a pesar de la nostalgia, el tedio, el dolor y la culpabilidad que teñían sus días y sus noches, Rasmus no se había planteado nunca el morir nuevamente, y esta vez, de forma definitiva. No porque, en el caso de los sacerdotes o los creyentes, pensara que el suicidio era un pecado, sino porque consideraba que ceder ante su propia debilidad y regalarse a sí mismo un desenlace rápido e indoloro no era lo que merecía. Si había vivido durante tantos siglos, durante tantos milenios, era para cumplir la sentencia que le había sido impuesta por tantas atrocidades cometidas desde su regreso a la "vida" como criatura de la noche. Fuera cual fuera el castigo, era su deber sufrirlo en silencio, y hacer todo cuanto pudiera para remediar el daño una vez causado. Así que la posibilidad de morir por su propia mano era algo que no consideraba, pero era diferente cuando se trataba a menos de otro. Durante un tiempo, después de que abandonase la Inquisición, había estado esperando por el momento en el que aquellos que una vez consideraran sus compañeros se tornasen en su contra. Porque a pesar de ser y haber sido un soldado que peleaba por el bien, un monstruo no dejaba de ser un monstruo. Pero eso tampoco le había ocurrido, así que había seguido viviendo.

Ahora se le planteaba la última de las opciones que alguna vez había considerado, cuando se trataba de una manera de poner fin a su existencia de una vez y para siempre. Y era morir para proteger una vida. ¿Qué mejor forma de mostrar arrepentimiento? No era algo que buscara, obviamente, pero sí que le alegraría saber, en caso de que ocurriese, que su última acción en este mundo fuera dirigida a salvar a alguien. Claro que eso sólo tenía sentido si, después de él morir, la salvación del inocente estuviese garantizada. Pero aquel no era el caso. Él bien sabía lo mucho que los vampiros son dados a guardar rencor, y a perseguir las presas que se le escaparon alguna vez, especialmente aquellas que los dañaron de algún modo. Precisamente por eso, a pesar de estar al borde de la desesperación, sediento y malherido, estaba peleando con todas sus fuerzas. Lo que tenía en mente no era algo complicado como la necesidad de morir por otro para así salvar su alma, sino la simple convicción de que salvar a aquel hombre era lo correcto. 

Cada vez que sus garras se hundían en la carne ajena, y a su vez, las ajenas se hundían en la suya, podía notar como si una alarma en su cabeza sonara a todo volumen. Estaba en el límite, en muchos sentidos... Por eso ni siquiera se lo pensó, y en un instante en que uno de los vampiros enemigos se abalanzó contra él, Rasmus lo sujetó con fuerza por los brazos, quebrándolos por la presión del agarre, y hundió sus colmillos en el cuello, succionando inmediatamente después. La sangre de otros vampiros, a pesar de no ser tan "nutritivas" los cargaban de una fuerza descomunal, fuerza que utilizó para repeler al resto una y otra vez, mientras retrocedían. Pero no parecía ser suficiente. Necesitaba algo, un punto de inflexión, o la pelea se eternizaría. Sorprendentemente el golpe de suerte fue dado por el humano, quien prendió fuego a otras dos criaturas. Sumada a la que él había destruido, sólo quedaban dos: el jefe y otro más, que salió corriendo en cuanto vio cómo Rasmus corría hacia él.

Aprovechando el momento de confusión, tomó al sacerdote por el brazo y comenzó a correr a toda velocidad, dejando atrás rápidamente al vampiro que antes los había atacado, y que ahora había vuelto a ser derrotado, quien ahora gritaba maldiciones a la espalda de ambos. - Quién lo diría, es usted mucho más fuerte y valiente de lo que aparenta, ¿o debería decir temerario? Gracias por su asistencia, Padre, y discúlpeme por arrastrarlo conmigo de esta forma, pero teníamos que salir de allí. -Dijo el vampiro con una media sonrisa, que a pesar de su aspecto fiero, acentuado por el rastro de sangre que goteaba de sus colmillos aún visibles, hicieron que sus facciones se volvieran inmensamente más gentiles. Cuando estuvieron lo bastante lejos, y amparados por la oscuridad de otra callejuela, esta vez mejor iluminada, soltó al hombre y se alejó unos pasos. Pronto la sed regresaría con más fuerza que antes, debido al esfuerzo de la pelea. Pero sorprendentemente, se sentía bien. ¿Era a causa de la adrenalina que la lucha había hecho bombear? ¿O por haber sido "salvado" por un sacerdote? No sabía la respuesta a esas preguntas, pero tampoco importaba. - Mi nombre es Rasmus, Padre, gracias por haberme salvado. -Dijo finalmente y, tras limpiarse la mano bruscamente contra sus ropajes, la extendió para estrechar la ajena.





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Re: El sutil arte de la caza {Libre}

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