Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Poulenc's rules (Privado)

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Poulenc's rules (Privado)

Mensaje por Alix Poulenc el Sáb Mayo 13, 2017 2:54 pm

En honor a la verdad, ella se lo había buscado. No podía desaparecerse tres días –y lo peor: dos noches- de la casa, sin hablarlo antes con su hermano, y pretender que a su regreso Yves estuviese feliz con ello.
En general, Alix estaba complacida con su vida. Todo lo que quería lo obtenía, desde lo material hasta lo emocional, también tenía a su Yves. ¿Qué más podía desear si todo era perfecto? Aire. Eso buscaba.
Gracias a una mera casualidad, había conocido a un joven hechicero. No era tan poderoso como ellos, pero sus vastos conocimientos sobre hierbas la habían asombrado. Con él había pasado los últimos días, aprendiendo y disfrutando de eso que el joven transformaba en un arte. No había hecho más, pero no podía confiárselo a Yves pues él no lo entendería y de seguro acabaría matando a su nuevo amigo…

Regresó al atardecer, pero no buscó a su hermano. Estaba cansada y no quería discutir, dejaría que algún sirviente le informara que ella estaba en la casa ya.
Tomó un baño en su habitación y, en tanto disfrutaba del agua tibia y perfumada, le anunció a una de las empleadas que no bajaría, que cenaría allí.
Dos horas después, mientras se alimentaba, pensaba con enojo en lo extraño que era que Yves no la hubiese buscado ya, que no hubiera aparecido… ¿qué sería más importante que verla a ella luego de tres días de lejanía? ¡Lo odiaba cuando hacía esas cosas! Alix estaba acostumbrada a un Yves adorador de ella y cuando él se salía de ese rol la descolocaba por completo, las piezas del engranaje que los unía y movía dejaban de complementarse y eso –esa falla en lo que eran y serían siempre- la sacaba de su eje.


“Sí que debe estar furioso”, pensó y, pese a que le importaba, decidió no hacer nada al respecto. Era ella ahora la ofendida por la falta interés que su mellizo estaba mostrando, ya habían pasado al menos cinco horas desde su llegada y él no había ido a ella para demostrarle cuanto la había extrañado y necesitado.

No se demoró mucho más, rápidamente se acomodó en su cama. Ya podría solucionar lo que a su hermano le ocurría por la mañana, fuese lo que fuese. Tenía que pensar alguna mentira para decirle, algo convincente que justificase su desaparición sin aviso… Una visita a alguna amiga, una presentación de música a la que quería acudir… No, con nada de eso lo convencería pues Alix odiaba a las pocas amigas que tenía; y siempre que iba a la ópera lo hacía con él ya que compartían esos momentos con sumo placer.

Se adentraba en el sueño profundo poco a poco cuando algo la sobresaltó, una puerta se había cerrado con fuerza. Y no era cualquier puerta, Alix estaba segura que alguien había ingresado en la habitación que estaba frente a la suya: la de Yves. Sólo podía ser él.


“Está tan enojado… ni siquiera ha pasado a saludarme, a verme”. Se giró en la cama y cerró los ojos, la actitud infantil de su hermano no le robaría el sueño.

Y empezaron las risas… Risas femeninas que se mezclaban con la voz de Yves. Al principio creyó que soñaba, que era ella misma la que reía, pero no era así y cuando lo supo Alix se incorporó de golpe, como impulsada por una fuerza superior, y saltó fuera de la cama.
No podía ser real, tenía que estar oyendo mal o imaginando todo aquello, pero lo era pues algunos minutos después –mientras ella giraba por la habitación de un lado al otro atormentada- las risas y los susurros mutaron, se transformaron, y Alix ya no lo pudo soportar. Se envolvió con una bata de seda negra y salió de su habitación.
Se detuvo junto a la puerta del dormitorio de él, torturada por lo que oía. Ya no podía engañarse creyendo que eso era irreal, que no estaba sucediendo, ¡quería matar a Yves! ¿Cómo era capaz de algo así?
Se debatía entre hacer un escándalo o entrar en silencio, pero a Alix Poulenc solo le tomó un instante saber qué era lo que en realidad le convenía hacer.


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Re: Poulenc's rules (Privado)

Mensaje por Yves Poulenc el Mar Jun 20, 2017 10:37 pm


Si se hubiera aparecido durante las primeras 24 horas, lo más seguro que con un beso, él la hubiera perdonado en un instante. Cuando se sumaron 24 horas más, Yves decidió que la trataría con indiferencia por un rato, y ya luego verían. Pero cuando se cumplió la tercera jornada, simplemente estalló. No era secreto para nadie en esa casa lo caprichoso y voluble que podía llegar a ser, sin embargo, este cambio de humor, del silencioso enojo a la rabiosa furia (mucho más escandalosa) atemorizó a más de uno de sus sirvientes, quienes durante un buen par de horas lo estuvieron evitando.

De ese modo, decidió que lo mejor era salir. Aunque se dijo que no iba a buscarla, mientras avanzaba a pie por la ciudad, volteaba a todos lados, rogando ser capaz de verla a la distancia. Verla y decirle que regresara, que ya no estaba enfadado. Y como ese sueño vago no sucedió, se enojó aún más. Cabreo que ya desquitaría con alguien, algún pobre diablo que se cruzara en su camino. El pensamiento llegó a él en el momento justo, pues iba pasando fuera de la casa de los de Fleury. Siendo la hija mayor, Sandrine de Fleury una de esas niñas ricas con las que su hermana había trabado amistad por conveniencia, porque si conocía a Alix como lo hacía, sabía su verdadero sentir al respecto.

Se hizo presente en la casa de Fleury con el pretexto de buscar a Alix. Consiguió que Sandrine le diera un paseo por los jardines donde, siendo el demonio que era, le prometió delicias si iba con él. «Vino y algo más» le había dicho a esa niña recatada tan aburrida que entendía la animadversión que Alix sentía por ella. Sabía también que era apuesto y que, como más de una de las amigas de su hermana, Sandrine lo veía como posible partido. Ambas familias de abolengo lo verían con buenos ojos.

Consiguió que Sandrine se fuera con él a escondidas, «por una noche» le había prometido. Así, toda una noche, completa. En parte lo hizo porque si se hartaba y terminaba sacrificándola para satisfacer a algún duque infernal, no lo tomarían como sospechoso.

Al arribar con la chica del brazo, una sirvienta se acercó para decirle que Alix ya estaba en casa. Aunque muchas emociones hirvieron en su pecho, Yves se mostró indiferente y en cambio, llevó a Sandrine a un salón donde bebió con ella vino, como había prometido. Era ese diablo que te mima, que te vuelve sano y fuerte, para que a la hora de matarte tu sangre sea más dulce. La joven de Fleury no tardó en sentirse mareada y con ese pretexto, Yves le dijo que fueran a su habitación.

Yves jamás había estado con otra mujer que no fuera su hermana, y a decir verdad no tenía intenciones de consumar nada; le daba algo de asco a decir verdad. Follar con Alix era como follar consigo mismo, y sólo él mismo (y por consiguiente su melliza) no le parecía repugnante. Sólo quería que Sandrine, si es que sobrevivía la noche, tuviera la sensación de que algo había pasado. Ella, y Alix también, a la que podía sentir en su habitación, durmiendo, aunque aún sin alcanzar un sueño profundo.

Besó aquí y allá a Sandrine en un sofá de su habitación. Jugó con su ropa, hasta desabrocharle la blusa. La chica, tonta como era, estaba agitada y sonrojada, y no paraba de reír. Yves sólo le sonreía, pero hablaba poco, era ella la que no dejaba de parlotear. Entonces la mano ajena fue hasta su entrepierna. Dio un respingo, ¿era realmente malo si se revolcaba con esta mujer? Su hermana se había largado tres días, y dos noches, quién sabe con quién se había ido a meter. ¿Lo iba a hacer por venganza? Podía fingir con facilidad que Sandrine era Alix. Claro, la joven era bonita, aunque no al grado que su hermana, y tenían más o menos la misma complexión. Se apoderó de la boca ajena en un largo y posesivo beso, pero fue sólo eso: dominación. Ni siquiera pasión. Se acomodó encima de la joven sin separarse y en ese instante, sintió la luz, el viento y la presencia del exterior.

Se giró y la luz del pasillo le dio directo en la cara. Estaba ahí, Alix, mirándolos con esos ojos como los propios. Yves sonrió. Sonrió satisfecho y se puso de pie.

Hermanita, no sabía que ya habías regresado —mintió—, ah, ella… te presentaría, pero creo que ya se conocen —esa era la guinda al pastel. Que Alix conociera a la mujer que hace tan sólo unos segundos había estado bajo su cuerpo, el lugar que sólo le pertenecía a su melliza.


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Re: Poulenc's rules (Privado)

Mensaje por Alix Poulenc el Lun Jun 26, 2017 2:24 am

Sonreía. Sonreía como si nada anormal estuviera sucediendo allí, como si fuera una noche más, una noche corriente en la que Alix entraba en su recamara para dormir tomada de su mano, abrazada a él. Yves sonreía -como si ella fuese una estúpida quinceañera a la que con facilidad podía engañársela-, porque la conocía bien, porque la conocía más que nadie y sabía que le había dado un golpe certero. Así lo entendía ella y por eso enfurecía cada segundo un poco más.

El primer impulso de Alix fue arrojarse sobre él y arrancarle los labios a trozos, esos labios que le pertenecían sólo a ella, pero que ahora –iluminados de lleno por la luz del pasillo- evidenciaban lo traidores eran. No lo hizo. Por supuesto que hubiera querido hacer un escándalo, gritar y romper unas cuantas cosas a su paso huracanado, pero no lo hizo. Se obligó a revelarse como un ser imperturbable, a no perder la cabeza frente a la estúpida Sandrine. Ya tendría tiempo para ser genuina, para evidenciarle su dolor a Yves, pues sólo ante él se abría cuando quería ser leída. Sandrine no tenía por qué atestiguar su orgullo herido, tenía otros planes para ella.

Luego de que Yves hablase –de que la punzase con frases provocadoras-, Alix caminó lentamente hasta quedar frente a él. Era perfecto, amaba como brillaban sus ojos cuando la maldad lo tomaba –en menor o mayor medida, lo mismo daba en verdad-, pero saberse la destinataria de su malicia le dolía.


“¿Qué has hecho?”, le preguntó con la mirada prendida fuego. Apretaba con fuerza los puños al costado de su cuerpo para controlarse, para no caer en la tentación de comenzar a gritar. No lo ayudaría a saborear aquel triunfo.

-Claro que la conozco. -Se giró para observar a la mujer, necesitaba comprobar con sus ojos que no había ocurrido lo que ella imaginaba-. Siempre tuvo alma de furcia y que bueno que la has traído Yves, pues hacía tanto que deseaba decírselo a la cara… -Sandrine de inmediato abrió la boca para decir algo, pero su voz no salió-. Tú te callas –le ordenó Alix, tan fría, tan feroz.

Nunca le había tenido gran estima, en general la gente le parecía molesta e inservible rápidamente. Odiaba sociabilizar, le molestaba tener que hablar de tal o cual cosa para sentir que pertenecía a un circulo privilegiado, detestaba tener que vestir de determinada forma o disfrutar de lo que la sociedad decía que debía disfrutar. No servía para jugar ese juego de falsedad durante largos periodos de tiempo, en cambio en eso Sandrine se movía como pez en el agua. Era una niña consentida, proveniente de una familia que se creía más importante de lo que era, una muchacha que había nacido para ser el adorno de algún hombre. En cambio Alix había nacido para brillar. Las diferencias entre ellas eran muchas, cualquiera podría notarlo, y por eso le dolía que su mellizo la hubiera elegido para pasar su noche. ¿Qué habría pasado en aquella recamara si ella no abría la puerta?


“¡Qué asco, que asco!”, pensó repugnada ante la imagen que su mente le brindaba.

-Toda la vida juntos y recién ahora conozco tus gustos, hermanito. Creí que preferías a mujeres mucho más bellas, bellas como yo, a mujeres más interesantes y no tan fáciles. Pero compruebo lo que siempre se ha dicho: todos los hombres son iguales –suspiró, dramática como era-. ¡Que desilusión! Te hacía especial, diferente, te creía el mejor hombre de todos. El único perfecto.

Se acercó a su hermano un poco más. No le importaba que Sandrine estuviera oyendo todo aquello, Yves y ella sabían bien que la estúpida muchacha no podría cotillearlo con nadie. Sin tocarlo, pues estaba ardiendo a causa del enojo, Alix se puso en puntillas de pie y le susurró al oído:

-Quiero que muera, Yves. Te tocó y quiero que muera.


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Re: Poulenc's rules (Privado)

Mensaje por Yves Poulenc el Vie Ago 18, 2017 5:51 pm


Entre ellos no podían ocultar nada. No cuando se veían de frente de ese modo. Quizá omitieran partes en sus historias, para no herirse, o para herirse más, sin embargo, estando juntos, era imposible que no supieran qué era exactamente lo que pasaba por la mente del otro. Yves no sabía si era cosa de haber nacido juntos, o era algo que sólo compartían ellos dos, cuyo nexo iba mucho más allá del linaje Poulenc. Su unión se había forjado en el infierno, y honraban ese hecho con creces.

Agachó la mirada sólo para acomodarse la ropa. Fue como si Sandrine ni siquiera estuviera ahí. La ignoraron, Alix soltó su veneno y Yves lo gozó como si mirara unas oscuras flores abrirse por las noches. Flores de ponzoña, del color de la sangre a la luz de la luna, hermosas y letales, como su melliza. Soltó una risa desparpajada cuando calló a la chica de Fleury. Se dio cuenta que había conseguido su cometido, aunque no supo en ese instante a qué precio; con Alix no se sabía.

Soslayó a Sandrine, una sonrisa lacerante adornaba su rostro, como si le declarara a la chica con ese gesto, que había sido sólo un instrumento. Vio el miedo y la confusión en esos hermosos, limpios e inocentes ojos. Así eran sus víctimas favoritas, las que hacían decir a todo París «¿por qué esto tuvo que pasarle a ella? ¡Era tan buena!». Exacto, precisamente, para mandar un mensaje de miedo y zozobra. Ser bueno, ser una persona recta, no te exentaba de las atrocidades del diablo.

Oh, vamos hermanita —comenzó—, no seas así, es tu amiga. Si tengo tan mal gusto, quizá tú también lo tienes por elegirla para tu círculo —dio un paso al frente. Volvió a echar un vistazo a Sandrine, quien ya se había incorporado y se alisaba la falda. Estaba sonrojada. Seguro creería que sólo era una disputa tonta entre hermanos. No era secreto para nadie que los Poulenc eran muy unidos, claro, nadie sabía hasta qué punto lo eran en realidad.

No hay mujer más bella que tú, Alix —pronunció con tono burlón, aunque en verdad lo creía—. Pero si eso ya lo sabes. Eres mala, lo sabes también, pero quieres que te lo repita, y no sólo eso, sino que lo haga enfrente de mujeres que no te llegan ni a los talones —giró lentamente para ver a Sandrine que fue a protestar.

Oh, vamos niña, ¿creías que en verdad yo podía estar interesado en ti? —Escupió con altivez y volvió a reír—. Nadie es suficiente para mí. O casi nadie —arqueó una ceja y en ese momento Alix, sin tocarlo pudo notarlo, se acercó para decirle algo al oído. Yves asintió.

¿Así nada más? —Antes de que su melliza se alejara, la tomó del brazo, y la obligó a quedarse cerca. Él sí que se acercó, mucho. Una inusitada intimidad, inapropiada para unos hermanos—. Quería que sufrieras más, y de paso ella también —susurró contra la piel de Alix. Sus labios rozaron la mejilla de su hermana.

La soltó y dio un paso hacia atrás. Se giró hacia Sandrine, que seguía tan confundida como al principio. De nuevo intentó protestar, pero Yves negó con la cabeza y eso la hizo callar. Era una pobre niña tonta, acondicionada para obedecer a los hombres. Ahí era donde Alix salía victoriosa, ella podía dominar a cualquiera que se le pusiera enfrente. Claro, el repentino deseo de dar muerte, que lograba excitarlo cuando se trataba de un trabajo conjunto con Alix, no le hizo olvidarse del porqué había armado todo ese teatro.

Tal vez me la folle frente a ti, Alix. ¿No crees que sería justo? Después de que te largaste por tres días, creo que sería un buen castigo —dijo, mirando a Sandrine, sin despegar los ojos de ella. La chica dio un respingo—. Quizá la mate también. Y no te dejaría participar, como castigo también —se giró para ver a Alix. Le sonrió.

Ese momento fue aprovechado por Sandrine para tratar de huir. A pesar de su estupidez, se dio cuenta que las palabras de Yves no eran una retorcida broma. El heredero Poulenc ni siquiera se movió de su lugar. Sólo estiró la mano, y los pestillos de la puerta se cerraron.

¡¿Qué demonios son ustedes?! —Al fin exclamó la prisionera, recargada en la puerta, y con los ojos plagados de lágrimas—. ¡Déjenme ir! —Continuó con voz chillona.

Es irónico que lo digas así, niña. Tu pregunta te responde. Eso somos, demonios —Yves sintió una inicua satisfacción de todo eso. Se movió, pero no hacia ella sino hacia Alix—. Antes de que mueras, te dejaré ver algo maravilloso, un secreto terrible y hermoso. Lo haré porque no podrás contárselo a nadie —y con ello, estirando el cuello, alcanzó la boca de Alix con la propia. Fue un beso lleno de lascivia, de pasión, de hambre.


Última edición por Yves Poulenc el Dom Oct 29, 2017 9:37 pm, editado 1 vez


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Re: Poulenc's rules (Privado)

Mensaje por Alix Poulenc el Dom Sep 03, 2017 11:48 pm

En la profundidad de la casa que los hermanos Poulenc compartían cualquier cosa podía suceder. Todos lo sabían allí y todos lo callaban. Alix estaba orgullosa de eso, de saber que el temor que ellos infundían era suficiente para cerrar bocas y tejer vendas para los ojos de los empleados.

¡Estaba tan enojada! ¡Con él, con aquella idiota, con todos! ¡Hasta con su padre (que en el infierno estuviese ardiendo)! Se visualizó a sí misma incendiando la casa con todos sus habitantes dentro, hasta podía oírlos gritar y clamar piedad… En su breve visión, Yves también gritaba y suplicaba su clemencia. Pero todo acabó gracias a la voz de su mellizo, esa capaz de llevarla de un lugar a otro, de el enojo más puro al placer más dulce… Le decía que era la más hermosa, que era la más cruel, ella ya lo sabía, él siempre se lo decía, pero lo que amó fue ver la expresión desconcertada de su ex amiga.


-Oh, mira lo boba que luce con esa expresión –se mofó, dirigiéndose a su hermano como si la otra no existiese.

Cuando él la sujetó, Alix no hizo amago de soltarse. Su táctica acababa de cambiar rotundamente, lo que necesitaba con urgencia ahora era marcar su territorio, dejarle en claro a aquella estúpida que Yves era suyo, suyo y solo suyo, y que quien lo mirase con deseo moriría sufriendo cosas que ni siquiera a los inquisidores se les había ocurrido imaginar para torturar…


-Ya he sufrido suficiente, te lo juro  –le dijo, acariciándolo con delicadeza y siendo testigo de la idea que se iba formando en la cabeza de Sandrine, aunque él podría decirle que él había penado durante noches enteras por su ausencia. Sí, que lo dijera si quería, ya le daba igual, tenían un tema de mayor relevancia frente a ellos-. El día en el que estés con otra mujer, será también el día en el que pierdas tu virilidad –amenazó con seriedad, mirándolo a los ojos con furia.

¿Por qué? ¿Por qué la obligaba a ir de una emoción a otra sin medias tintas? Y, como si fuese capaz de leer sus pensamientos, Yves volvió a hacerlo; la llevó a una nueva emoción al jugar con la mente de Sandrine de esa forma, al revelarle el secreto que la joven ya había descubierto.
Correspondió a su beso con idéntica pasión. Con la cadencia intensa de quienes se han besado durante toda la vida, de quienes se conocen en las luces y en las sombras. Estaba enojada, no lo olvidaba, pero Alix había extrañado los brazos de Yves durante esos días de separación. Había necesitado el perfume de su piel y la intensidad de sus besos que la dejaban con la respiración agitada. A su pesar, tuvo que separarse de él al advertir que Sandrine intentaba, una vez más, correr hacia la puerta para escapar de aquellos demonios que orgullosamente se habían confesado ante ella. ¿Por qué no aceptaba su realidad y ya?


-No, no te vas a ningún sitio –Con dos pasos rápidos llegó a ella. La puerta permanecía trabada pues hacer eso no representaba ninguna dificultad para ellos, su casa les respondía siempre-. Esta fiesta acaba de empezar ¡y sí que nos divertiremos! –le dijo, sin hacer caso de los gritos desesperados de socorro que Sandrine daba.

No pudo reprimir más sus deseos. Aquella horrible niña había tocado a Yves… La tomó por los cabellos y con fuerza tiró de ellos, quería lastimarla desde ese mismo instante, quería que lamentase durante lo poco que le quedaba de vida haberse metido con lo que a Alix le pertenecía, con lo que más amaba.


-Sufrirás –le prometió-, nadie toca lo que es mío y se queda luego sin sufrir las consecuencias.

Acabó por arrojarla con todas sus fuerzas hacia el rincón de la habitación. Sandrine cayó de espaldas sobre un pequeño banco de madera que se hizo pedazos. El dolor y las lágrimas le desfiguraban el rostro, pero a Alix eso no le importaba. No había tenido piedad nunca con nadie y no tenía planeado empezar a tenerla esa noche con alguien como ella.


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Re: Poulenc's rules (Privado)

Mensaje por Yves Poulenc el Lun Oct 30, 2017 8:36 pm


Yves rio a carcajadas que se elevaron como una pira funeraria. Parecía un niño pequeño que veía un espectáculo que le placía demasiado, le faltó nada más aplaudir. Ver a su hermana tomar así a la pobre tonta de Sandrine fue un poema de locura y muerte. No intervino de momento, la dejó hacer con esa pobre niña rica lo que le placiera. De los dos, Alix era la más ingeniosa a la hora de torturar, y eso ya era decir bastante; además, sumiso y contento, siempre la dejaba tomar la batuta en todo: con la fortuna, con sus encuentros por las noches, con los rituales, con la muerte que daban como mensajeros de la misma, no…, ellos eran la muerte misma que ha tomado dos formas y dos rostros pero sigue actuando como una sola entidad. Un dios Jano corrupto y maldito que lo único que sabe es propagar podredumbre y miseria.

Al fin dio un paso al frente, sólo para seguir las acciones; en su rostro, esa sonrisa macabra se mantuvo como una máscara que causaba pesadillas. La realidad era otra, ese rostro que vestía todos los días, de heredero correcto y caballero amable, era su verdadera careta. Éste, disfrutando del dolor ajeno, era el verdadero Yves.

¿Cómo piensas acabar con ella? —Miró a Sandrine en el suelo, doliéndose del golpe, llorando a mares, tratando de decir algo, pero a él no le interesaba. Tomó a Alix por la cintura y se plantó a su lado. Le habló muy cerca del oído, aunque no como para que la víctima en turno no pudiera escucharlo.

Deslizó la nariz por la mejilla y la mandíbula de su melliza. Ah, cómo la había extrañado, y es que al final no importaba lo que ella hiciera, él le iba a ser fiel como perro, uno endemoniado, pero perro al fin, que camina entre las piernas y debajo de la falda de su ama. Si querías controlar a Yves, debías controlar primero a Alix, y esa era tarea virtualmente imposible.

¿Sabes? —continuó, y se separó un poco, aunque no la soltó. Si el lazo de sangre que lo unía no estuviera palpable en absolutamente todo, de hecho podrían pasar por esposos, como tanto a Yves le gustaba decir—. Deberíamos dejar que vea primero lo que somos capaces de hacer. —Deslizó la mano de la cintura a un poco más abajo en la perfecta figura de su hermana.

La soltó, sólo para acomodarse de espaldas a Sandrine, la vio por encima de su hombro al tiempo que besaba a Alix en la comisura de los labios y rozaba con sus largos dedos y sobre la tela del fino vestido, uno de los senos de su melliza. Sonrió aún más, al ver el horror dibujado en el rostro de la otra, la intrusa, la próxima occisa. Le pareció divertido que se escandalizara con esos movimientos, cuando tenía cosas más importantes con cuáles preocuparse.

Ya sabes, hermanita. Darle el espectáculo completo. —Volvió el rostro para rozar los labios de Alix con los propios. Sonaba tan perverso cuando la llamaba así—. ¿Tenemos algún ritual pendiente? ¿Alguna deuda con el señor Arioch? Podríamos pagarle con la sangre de esta tonta, y con mi semilla en tu vientre, como ha sido siempre. —Aunque los movimientos de Yves no cambiaron mucho en esencia, sí se pudo notar un talante diferente, más lascivo y lujurioso sobre el cuerpo de su hermana.


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Re: Poulenc's rules (Privado)

Mensaje por Alix Poulenc el Vie Nov 10, 2017 11:17 pm

-Dilo de nuevo, Yves –le exigió, mientras los brazos de su hermano se ajustaban a su cintura y ella disfrutaba de sentirse deseada-. Dilo para que ella vuelva a oírte, dí que soy la mujer más poderosa que conoces, la más bella, la única… Dilo y tal vez así pueda borrarse de mi mente la sucia escena en la que te imaginé besándola, ¡qué espanto! –Tembló de rabia, de indignación y de posesión-. No puedo soportarlo, ¡le quemaré los labios! –le juró con voz firme, para que ella oyera bien, y cerró un puño junto al pecho de su hermano.

Estaba enojada, sin dudas preferiría irse y así castigarlo con más indiferencia, con otra noche de añoranza, pero no podía, no podía porque lo había extrañado, porque lo había necesitado y porque tenían una mujer a la que matar. Pese al enojo que aún tenía, la idea le parecía perfecta, muy propia de la mente maravillosa de Yves.


-Te admiro –le susurró con los labios pegados al filo de su mandíbula, y no supo si él la oyó, porque la admiración era mejor que el amor, un sentimiento más fuerte-. Ya no quiero pelear más contigo, me falta el aire cuando estamos mal, Yves. –Parecía una súplica, podría tomarse así pese a que Alix Poulenc no era dada a actitudes que demostrasen debilidad.

Sí, que Sandrine los viera, que viera al hombre que había deseado convertirse en una bestia bajo el cuerpo de esa diosa que ella nunca podría ser. Que desease haber tomado otras decisiones ese día, que maldijese por lo bajo al recordarse intentando seducir a aquel demonio. ¡Que se sintiese la más estúpida de las mujeres al volver a oír en su mente las palabras vacías que había dicho para generar en él deseo!

Correspondió a los besos de Yves, se dejó seducir y erizar por sus caricias, por lo que la cercanía de ambos cuerpos provocaba en el aire. La sangre llamaba a la sangre, deseando que ellos dos volviesen a estar unidos como cuando compartían el vientre materno, necesitando que crecieran a la par como siempre había sucedido en sus vidas. Alix tomó el rostro de su hermano entre sus manos y lo obligó a mirarla a los ojos, ellos nunca le mentirían, podía leerlos, tenía ese don. El pecho se le calentó de pasión, pero también de orgullo al ver como brillaba aquella mirada maligna, creativa y poderosa.

Se deshizo del abrazo de Yves y caminó lentamente hasta el rincón donde se refugiaba la invitada de honor de aquella ceremonia. No le hizo falta nada más que mirarla a los ojos de forma sostenida para ordenarle a su cuerpo que se paralizase; la vida la había bendecido con el don de la dominación, por lo que podía ordenarle qué hacer sin que la muchacha pudiese resistirse.


-¿Cómo, Sandrine? Dime, te lo ruego, ¿cómo pudiste creer que alguien como Yves Poulenc podría fijarse en ti? –Se rió de ella, no pudo evitarlo, mientras se aflojaba el nudo de su bata de cama negra para poder deshacerse de ella-. Me gustaría que supieras que esto te lo has ganado por ser tan codiciosa, por aspirar a tener lo que nunca podrías alcanzar. Tú te has buscado tu propia ruina, querida. -Se lo decía como si estuviese dándole la lección más importante de la vida.

Le gustaba saber que, mientras los viese, la muchacha imaginaría cosas terribles para su final, cosas que ni siquiera se acercarían a la que sería su realidad. Le excitaba saber que Sandrine rezaría para que el encuentro entre los Poulenc fuese eterno, que durase toda una vida, ya que luego de la saciedad de sus cuerpos llegaría la muerte para ella.


-Yves –susurró y volvió a él, se abrazó a su cuello y pegó a su cuerpo-, pensaba pasar una noche tranquila, pero aquí estamos –le molestaba que las cosas se salieran de su control, de sus planes, pero no podía negar que aquella noche inesperada resultaba prometedora-. No sé si le debemos algún ritual a nuestro señor, pero ¿cuánto él ha rechazado un sacrificio de sangre y pasión?

Repasó con sus dedos el labio inferior de su mellizo, lo hizo con fuerza y por eso no podía considerarse aquello como una caricia. Le hubiera gustado decirle la verdad, que lo había extrañado, que aunque se había marchado para poder sentir cierta libertad, al final había acabado necesitándole, pero no podía y tampoco le hacía falta, estaba segura de que él podía sentirlo, que sabía lo que ella estaba pensando.


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Alix Poulenc
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Re: Poulenc's rules (Privado)

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